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MARÍA ISABEL BARRETO DE RAMÍREZ

  CUENTOS Y POESÍAS - Obras de MARIBEL BARRETO


CUENTOS Y POESÍAS - Obras de MARIBEL BARRETO

PRINCESITA, REVUELTA EN EL BOSQUE,

EL GIGANTE DEL CERRO, PECECILLO DORADO,

CADA MES UNA FLOR, AMOR Y FAMA, EL LAGARTO Y LA LAGARTA,

y NIÑO DEL BICENTENARIO

Cuentos y poesías de MARIBEL BARRETO

 

 

 

MARIBEL BARRETO

(Quyquyhó, Paraguarí, 1936)

 

Docente y escritora. Licenciada en Humanidades por la Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción y Master en Letras por la Universidad del Norte, Maribel Barreto es miembro de Escritoras Paraguayas Asociadas (EPA) y de la Sociedad de Escritores del Paraguay (SEP). Tiene publicados hasta la fecha varios libros de cuentos, entre ellos: La otra orilla y otros cuentos (2002), El gigante del cerro y otros cuentos (para niños, 2002), El país de las aguas y otros cuentos (para niños, 2003), Los cuentos de María Julia (para niños, 2008) y Desde el silencio (2009). También es autora de dos novelas: Código Arapónga (2005) y El retomo de Arapónga (2007), y de tres poemarios: Rondas infantiles (2005), Romancero de Amor y de Olvido (2009) y Nube y cielo (para niños, 2010), su obra más reciente.

 

 

PRINCESITA

 

La tomaron en sueño, la alzaron en un camión enorme cuyos moto­res roncaban haciendo temblar al bosque.

La larga picada que abre el vientre de la intrincada selva africana ve pasar velozmente esa máquina infernal en cuyas entrañas ella se siente prisionera.

Aún no logra entender qué esta haciendo allí, profiere un sonido agudo para llamar a su mamá, pero el ruido del motor apaga su voz, se revuelca en el piso del camión.

Intenta mirar a través de las rejillas y sólo ve la oscuridad.

Los rayos de la luna penetran ese tupidofollaje y se proyectan sobre el sendero de tierra, siente el aroma de los follajes, se aturde, se desespera:
-Tengo que salir, liberarme, necesito ver a mi papá que me alimenta, ¡mamá, mamá!, tengo hambre, necesito caminar a tu lado para llegar a casa, allá cerca del río junto ala roca. Estos hombres malos me alejan de ti..., me están llevando...

De repente, ve una cara de pocos amigos cuyos ojos encendidos penetran dentro de la carrocería y luego grita ¡está bien!, ¡está viva! Lue­go alarga la mano y deposita una vasija con agua en el plan del camión.

Yo no voy a tomar esa agua; se dice a sí misma, estos hombres son malos, muy malos, me separan de mi mamá, yo quiero irme de vuelta; un frenazo la sacude, la sorprende, es que llegan a un cruce de carreteras.

El muy bruto grita a su compañero ¡vamos al oeste! Allá en el puerto nos esperan.

Ella tiene mucho temor, ¿qué se va hacer de mí?, ¿a dónde me lle­van? Estoy muy cansada, tengo sed, ¿y mi mamá?

Seguro que me está buscando, pero no podrá encontrarme, los hom­bres malos me llevan lejos, sí, yo siento que me alejo de mi tierra, los olores que me llegan son distintos, ¡no entiendo nada!

Unos rayitos de sol piquetean entre las rendijas de la carrocería, ya es de día.

El barquinazo es brusco y el camión se detiene. El camino se presen­ta barroso, el fango cubre la carretera, había llovido en esa zona, el agua llenó las zanjas y el camión quedó al borde de un precipicio que el chofer pudo ver a tiempo.

La pobre lloraba, se restregaba la cara por la carrocería, daba patadi­las con sus pies y olfateaba el aire como queriendo descubrir por donde andaba, el cansancio le venció y se extendió en el pisodel enorme camión. -¡Está dormida!, dijo el hombre malo.

-Dale agua, dale comida, le responde el otro.

Ella oía las voces y sentía terror, un terror cada vez más fuerte que la inmovilizó. Cuando el vehículo logró salir del fango y reinició la marcha. La pobre pudo abrir los ojos y vio que ya era de día.

El chofer aceleró y avanzó a gran velocidad, tenía que llegar a tiempo hasta el puerto, allí un enorme barco esperaba.

Grandes jaulas abrían sus puertas como bocazas que se querían tragar alguien.

La prisionera fue babada por unos hombres con sombreros y calas rojas que sostenían un látigo en la mano derecha...

¡Oh! ¡Qué genial!, han conseguido traerla, es hermosa, ella será la princesita.

El dueño del circo pagó una fuerte suma a los cazadores y ordenó que ella subiera al barco.

Un niñito muy blanco, de tez rosada se acercó a ella y dijo: -¡Qué bella elefantita! ¡Qué tierna!, yo la cuidaré, será mi amiga. -Te irás con nosotros a París, a Londres, recorrerás el mundo, ¿sa­bes?

La elefantita no entendía nada, solamente quería volver con su mamá elefanta, no le interesaba recorrer el mundo en una jaula, ansiaba su liber­tad, su selva húmeda, su aire aromado y el calor de mamá elefante que le acaricia con su trompa humedecida y el empujoncito de papá elefante cuando ella se sentía cansada.

DE: Los cuentos de Maná Julia (Asunción: Editorial Servilibro, 2008).

También publicado en la Revista Ñe-engatú, Año XXIX, N° 173, Mayo de 2011.

 

 

 

REVUELTA EN EL BOSQUE

 

A lo lejos se oye el ronroneo de un motor, poco a poco se escucha más cerca, ya es un rugido ronco que se acerca... se acerca peligrosamen­te hacia la selva.

Chorley, el niño aché presta atención al ruido que se vuelve más cercaa cada instante; ¡es que se dirige hacia acá!, se dijo.

Trepó rápidamente a un árbol de incienso, subió hasta la rama más alta y allí se sentó para mirar.

Desde su atalaya, oteó a la distancia y divisó que una enorme topa­dora se acercaba.

Un gringo barrigón se bajó. A su lado, un joven moreno recibía órdenes precisas: empezará por este lado, luego avanzara hacia el norte; irá derribando primero los arbustos, luego los más altos quedarán para el motosierrista.

Chotey se alarmó cuando escuchó lo que decía el gringo, era alto, barbudo y fumaba en pipa; llevaba una campera de cuero marrón y un sombrero de alas anchas le cubría su cabeza.

Chotey se puso triste y pensó cómo podría evitar el desastre que se avecinaba. Se rascó la cabeza y meditó un momento, luego echó a correr hasta reunirse con sus amigos del bosque. Con el pulgar y el índice apretó su labio inferior y emitió un prolongado silbido que hizo eco en la selva.

A poco rato, apareció don Karaja, entonces Chotey le dijo: Amigo Karaja, van a echar el monte y vamos a morir todos, no tenemos a dónde ir, terminarán los alimentos y se secará el agua de la fuente. Contale a todos en tu colonia.

Karaja se encontró con doña Mirikinita, que era muy chismosa y el amigo Karaja le dijo: Señora contare a todos los miriquinás que van a echar el bosque y que moriremos todos si no hacemos algo para remediar.

Doña Mirikina, corrió a la comunidad de los Ka'i mirikina y les dijo: van a echar el monte y moriremos todos, necesitamos hacer algo para impedirlo.

En ese momento, pasaba don Jabalí con su hijito jabalicito que ve­nían a beber el agua en el manantial, ellos escucharon la noticia y fueron a contar a los demás jabalíes: vamos a morir todos si no hacemos algo, debemos levantarnos y hacer una manifestación.

Pasaba don Tapir muy tranquilo, estaba satisfecho, había comido suficiente cuando le saludó a don Jabalí levantando la pata derecha. En­ tonces el amigo le dijo: van a echar el bosque, derribarán los árboles y Vamos a morirnos todos, ya no tendremos comida, necesitamos reunirnos para protestar.

De acuerdo, movilizaré a mi gente. Por el camino se encontró con Jurumi, el oso melero, que traía un panal en la boca, iba para compartir con doña Osa hormiguera y sus hormigueritos.

El amigo tapir le dijo: van a echar los árboles, van a acabar con el bosque y nos vamos a morir: ¿A dónde iremos? Tenemos que reunirnos y hacer una marcha de protesta para que las autoridades entiendan.

-Es grave, dijo don Jurumi, iré a reunir a mi gente y saldremos juntos para defender nuestra tierra.

Mientras tanto, Chotey llamó con un silbido a todas las serpientes, a todos los lagartos, y les dijo: van a acabar con el bosque, debemos reunir­nos para defender la selva.

-Nosotros te apoyamos, ¿qué debemos hacer?

-Iremos todos a enfrentar a esa máquina infernal.

-Bueno, ¡vamos!; dijeron todos y se arrastraron hacia el lugar, ha­ciendo crujir las hojas secas.

-¡ Oh! Me falta llamar a los loros, a las cotorras, a los tapiti. Debemos acudir en masa para defender nuestro bosque.

-¿A dónde van?, dijo doña Kiri kiri, con voz chillona.

-A Protestar, porque destruirán nuestro bosque y moriremos todos. -Yo me adhiero, traeré la bandada y también voy a invitar al amigo Taguato. Se esparció la voz de alarma y la población se puso en alerta. En marcha, dijo el indiecito Valente Chotey, que dirigió la manifes­tación.

Avanzaron desordenadamente, un gran tumulto en el bosque y ca­minaron hasta colocarse frente a la topadora que con el motor rugiente iba a empezar su tarea de destrucción.

¡Al ataque!, dijo Chotey, los Karaja lanzaron sus chillidos aterrado­res, los monos juntos chillaron, una bandada de loros furiosos atacaron al tractorista, secundados por los Taguató que se lanzaron sobre el pobre hombre, éste trató de espantarlos, pero las cotorras lo atacaron por la espalda, le picotearon en la cabeza y le arañaron el rostro.

Miró a su alrededor y vio que una tropilla de jaguares y tapires se acercaban peligrosamente, entonces se dijo: Si no corro, estoy perdido y huyó presuroso, abandonando su máquina con el motor encendido.

Chotey lanzó una carcajada y dijo a sus amigos: este monstruo se callará cuando se canse, no le hagan caso. Ahora ya nadie nos molestará y los manifestantes volvieron muy contentos a sus casas.

Y así fue, el gringo entendió el mensaje y resolvió dejar el bosque como reserva natural.

DE: Los Cuentos de María Julia

(Asunción: Ediciones y Arte, 2008)

 

 

EL GIGANTE DEL CERRO

 

Cuentan los hombres y las mujeres que habitan en las laderas del cerro, que en algún lugar de la cumbre existe un rincón secreto, una cueva habitada por un gigante barbado de enmarañada cabellera, dueño de muchos tesoros.

En ocasiones, las mujeres que lavan la ropa en el arroyo que baja del cerro, oyen una música de flauta, muy triste, pero cuando caminan en dirección al sitio de donde proviene, los sonidos se alejan. Cuando más caminan, los sones se diluyen cada vez más, hasta perderse en la distan­cia.

En algún tiempo, alguien lo vio cuando bajaba hasta la fuente. Allí bebía en un enorme porongo, luego cargaba el agua del manantial en dos grandes cántaros de barro. Dicen que sorbía desde el mismo cántaro por medio de una gran bombilla hecha de takuapi.

En verano, la gente que iba hasta la cascada, creía ver muy fugaz­mente silueta que se escondia en la cima. No se dejaba observar, pero se escuchabauna voz de trueno que llamaba a las bestias

.Dicen que con su estridente silbido alejaba a las serpientes. Se ali­mentaba de la carne del jabalí, que el mismo mataba, apretándole el pes­cuezo con sus manazas.

A su llamado, acudían sus amigos, los monos, que le bajaban las frutas de pacurí y de aguaí. También era amigo de los tapiti y de los tejuasaje.

De siesta, juntaba muchos rayitos de sol, los apretaba en un manojo que llevaba hasta su oscura cueva para alumbrarse durante la noche. Se divertía cosechando luciérnagas en las chacras de maíz, que los agricul­tores cultivaban al pie del cerro.

-Mira estas enormes pisadas, papá.

-Son las huellas del gigante del cerro.

-Se perdió el temerito blanco, la cría de la vaca overa.

-Habrá bajado el gigante y se lo habrá llevado para comérselo. Un atardecer de invierno, desaparecieron dos ovejitas del corral. Amanecía rosa y lila sobre los cerros, los dueños se dieron cuenta, faltan dos... Salieron a buscarlas, recorrieron los plantíos, subieron al cerro, ascendieron hasta la cima y no las encontraron. No había ningún rastro de ellas. Decidieron tenderle un ñuha al gigante. Armaron la trampa aborde del zanjón, allí esperaron pacientemente varios días, pero nada sucedió, el gigante no cayó en ella.

La madrugada estaba muy fría, los que quedaron de guardia cerca del cerro vieron unos brazos como de cien metros y unas manazas como de diez metros, que sostenían un caballo con la mano derecha y un toro con la mano izquierda, pero no veían el cuerpo, ni la cabeza. ¡Qué miste­rio! ¡Hasta hoy día!

Los niños del lugar se vuelven ancianos, esperan sorprender al gi­gante cuando salga de la caverna y baje hasta el manantial en busca de agua. Hasta hoy día en noches tormentosas se escuchan los sones de su flauta llamando a los monos y haciendo huir al jaguareté. De repente cuando un relámpago alumbra la cumbre; una gigantesca sombra se es­conde presurosa perdiéndose en la cima.

Lo que no sabían los hombres y mujeres que habitaban en las laderas del cerro, lo que no saben, pero yo sí lo sé es que las ovejitas desaparecidas -que no eran dos-no fueron comidas por el gigante, que vivían contentas con el que les protegía de los lobos y de otros animales, el gigante era un pastor. Eso es lo que no saben pero yo sí sé.

DE: El Gigante del Cerro y otros Cuentos

(Asunción: Editorial Servili­bro, 2002)

 

 

 

PECECILLO DORADO

 

El pececito dorado

se queda dormido

sueña en la pecera

con su isla de coral.

El pececito dorado

no quiere jugar

está preso y solitario

en su caja de cristal.

El pececito dorado

se pone a soñar

que un delfín enorme

le quiere tragar.

El pececito dorado

se pone a temblar

porque una gran orca

lo quiere devorar.

El pececito dorado le envía

un suspiro a su mamá

y ella muy asustada

lo viene a salvar.

 

 

CADA MES UNA FLOR

 

Sol de enero

lluvia en febrero

jazmines en marzo

rosas de abril.

Verdes los campos

siembras en mayo

brotes en junio

frutos en julio.

 

En agosto las cosechas

setiembre muy florecido

octubre el aire fragante

noviembre días radiantes,

y diciembre la Navidad.

Vuelen azules mariposas

y el colibrí de flor en flor

las abejas en la flor de coco

y la perdiz en el pajonal.

 

***

 

AMOR Y FAMA

 

Conocí una vez una niña

la llamaban Carmencita

quería ser enfermera

bailarina o arquitecta.

 

Armaba rompecabezas

hacía de periodista

en la revista del cole.

 

Su carpeta colorida

con flores del arco iris

tarjetas, cintas y moños

en su mochila llenaba.

 

Cuando salió de la escuela

se hizo gran bailarina

la aplaudían en escenarios

la fotografiaban los diarios.

 

Un día conoció a un atleta

campeón de jabalina

y juntos saltaron la valla

del amor y la fama.

 

DE: Nube y Cielo

(Asunción: Ediciones y Arte, 2010)

 

 

EL LAGARTO Y LA LAGARTA

 

El lagarto y la lagarta

están muy enamorados

el lagarto en la laguna

la lagarta allá en el lago.

 

El lagarto le da un beso

la lagarta un empujón

mueve la cola y se ríe

el lagarto barrigón.

 

 

SAPITOS VERDES

Un sapito verde musgo

se baña en la lagunita

verde yerba, verde mar

agüita, cielo y cristal.

 

El sapito se zambulle

y en cada salto que da

besa la hierba en la costa

cerca del caraguatá.

 

Ahí dejó muchos huevos

al cuidado del conejo

se detiene a saludar

un caracol muy añejo.

Salen sapitos chiquitos

ojos saltones, negritos

saltando van hasta el agua

agua verde del charquito.

DE: Rondas Infantiles

(Asunción: Ediciones y Arte, 2000)

 

 

NIÑO DEL BICENTENARIO

 

Niño que navegas en las redes

el Paraguay lo ves pequeño

mira al cielo, relumbra un lucero

y millones de refulgentes estrellas.

 

Si buscas derroteros espaciales

y miras desde un telescopio gigante

encontrarás estaciones en Marte

y podrás iniciar viajes estelares.

 

Cuando abordes la nave del siglo

llévate contigo a los Próceres

a nuestros valientes del Chaco

y a los sones de Emiliano o Flores.

 

En tu mochila de cosmonauta

con una guitarra y un mate

canta una polca y tu himno

cuando despegue tu nave.

DE: Nube y Cielo

(Asunción: Ediciones y Arte, 2010)

 

 

FUENTE - ENLACE A DOCUMENTO INTERNO

 

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LITERATURA INFANTO-JUVENIL PARAGUAYA DE AYER Y HOY . TOMO I (A – H)

TERESA MÉNDEZ-FAITH

INTERCONTINENTAL EDITORA S.A.

Teléfs.: 496 991 - 449 738;

Pág. web: www.libreriaintercontinental.com.py

E-mail: agatti@libreriaintercontinental.com.py

Asunción - Paraguay. 2011 (424, Tomo I)

 



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