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Carlos Colombino


  EL CANGREJO INMORTAL, Obra de HELIO VERA - Ilustración de CARLOS COLOMBINO


EL CANGREJO INMORTAL, Obra de HELIO VERA - Ilustración de CARLOS COLOMBINO

EL CANGREJO INMORTAL

Obras de HELIO VERA

 Ilustración de tapa: CARLOS COLOMBINO

Editado con el apoyo del FONDEC

Editorial Servilibro,

www.servilibro.com.py

Asunción-Paraguay,

2007 (219 páginas)

 

 

Helio Vera nos entrega, en este libro, una selección de artículos publicados en la prensa, en distintas épocas. Con su proverbial ironía, a veces no exenta de crueldad, analiza hechas y personas de nuestro país. Lo hace desde la perspectiva del observador comprometido con el destino del Paraguay. Sus comentarios ofrecen una visión descarnada de nuestra realidad, con sus vicios ancestrales y sus largas angustias. Los textos reflejan la visión del mundo del autor, una visión signada por el humor, y con definida intención crítica.-

 

 

 

PRÓLOGO

Para un periodista, la hora del cierre tiene la solemnidad del lúgubre toque de difuntos; de la llamada a la oración que el muecín salmodia desde un alto minarete; del tañido del ángelus, que ordena al labriego la esperada pausa del mediodía. En un diario, es el instante en que el jefe de taller comienza un paseo impaciente en su guarida, entre bobinas gigantescas y máquinas trepidantes; en que el jefe de redacción se pone a rugir, exigiendo a los periodistas la inmediata entrega de los originales, para que sean llevados a la sala de composición.

Todo el complejo proceso de producción de un periódico tiene en esta hora su encrucijada decisiva. Un atraso en la cadena tendrá consecuencias fatales en la impresión y, por tanto, en la distribución a los cuatro puntos cardinales. Es el momento en que el hueco en la página todavía abierta resplandece como un sol de medianoche, y ejerce la gravitación de un agujero negro en una galaxia perdida. Todos se ponen nerviosos. Algunos sorben tazas y tazas de café, otros chupetean espasmódicamente la bombilla del tereré, y los menos se envuelven en fétidashumaredas de cigarrillo. Pero las ideas son reacias a la coacción, y prefieren replegarse en los sitios más recónditos del inconsciente, inmunes a las súplicas y a los sollozos.

Para un columnista, cuyo artículo es la pieza justa que falta para cerrar una página, el trozo que se necesita para completar el rompecabezas, esta hora es fatídica. La acumulación de estos lapsos estresantes a lo largo de los años abre el ancho camino del infarto. Por eso, se hunde en la desesperación cuando escucha la primera tempestad de rugidos del jefe, clava la mirada en el cielorraso, mudo y huraño, pero no encuentra respuestas. Se mira las uñas, pero tampoco ellas tienen repuesta para sus angustias. Los zapatos son igualmente lacónicos, y sólo muestran una burlona superficie, generalmente polvorienta. Siente que los ojos del jefe se dirigen hacia la máquina de escribir, como si ésta pudiera vomitar líneas de texto por sí misma.

Hay un problema adicional, que convierte al columnista en alguien esencial en ese instante que resume todos los instantes de la vida cotidiana de un periódico. No se trata de la importancia de su artículo sino del lugar que este ocupa en la cadena de producción: generalmente, las secciones de opinión son las primeras enviadas a la sala de impresión. Se supone que pueden ser escritas con mucha anticipación. Hasta podrían ser escritas el día anterior. Sus redactores tienen la misión de despejar el escenario para que después entren las páginas críticas, que se acumularán, una tras otra, a lo largo de la noche: las de noticias, las policiales, la sección deportiva, con los resultados de los partidos de la noche. Por último, la tapa sacramental, obra de los virtuosos.

Por eso es indispensable que quienes escriben para las secciones de opinión trabajen anticipadamente. Puede hacerlo. La lógica dice que pueden hacerlo, porque su materia es perdurable, y no está cargada de ese factor de imprevisibilidad que es la noticia. Error. Escriben sobre el filo de la navaja, bajo la coacción del cierre inminente, en medio de gritos, amenazas y puteadas. Es ahí donde todo el proceso comienza a trancarse.

Pasan los minutos y el columnista se estruja el cerebro, fatiga la mente y busca algún motivo de inspiración. Habla con los colegas, revisa otros periódicos, hace un par de consultas telefónicas. Nada. Las neuronas siguen allí, adormecidas. El agujero en la página sigue intacto; pero ya empieza a titilar, como la estrella roja del amanecer; ya se estremece, como un volcán a punto de vomitar ríos de lava candente. Entonces, no queda más remedio que pedir tiempo, como los técnicos de básketbol. Pero el jefe de redacción es inmune a esos pedidos de socorro. A veces se le insinúa, para sacarle elcuerpo a la jeringa, que se carece de temas. La respuesta, en aquellos tiempos remotos en que yo ocupaba un sitio en una redacción, era un grueso exabrupto:

-¡Pues entonces -rugía el jefe- escriba sobre la inmortalidad del cangrejo!

Bicho extraño este crustáceo coloradote. Hasta me resultó inmortal, virtud que ya quisiera el hombre para sí, y que nunca pudo lograr. Más de una alocada aventura fue desatada por el anhelo de eludir el zarpazo inevitable de la muerte. La poción de la inmortalidad fue la meta de los alquimistas, la obsesión de los exploradores de tierras desconocidas. Hubo quienes situaron la solución en el agua burbujeante de cierto manantial escondido en la selva; otros, en una fórmula lograda a fuerza de mezclar sustancias multicolores y evanescentes en un laboratorio colmado de probetas, retortas y serpentinas.

Este libro reúne varios artículos dispersos redactados bajo el malhumorado imperio de la hora del cierre, cuyo animal heráldico es, precisamente, el cangrejo inmortal. La selección no obedece a lógica alguna. Sólo evité aquellos demasiado vinculados con hechos que ocurrían en ese momento, porque exigirían explicaciones interminables. Los incluidos en esta selección pretenden bastarse a sí mismos, y no necesiten de la descripción de su contexto. A veces, este será muy obvio. Si el lector no logra descifrarlo, lo sentiré por él. Podrá encomendarse al ubicuo cangrejo, que deambula, entrechocando sus pinzas, por todas las salas de redacción del mundo. Tal vez logre despertar su benevolencia.

HELIO VERA

 

ÍNDICE:

·         EL CANGREJO INMORTAL

·         NUEVA VERSIÓN DEL GÉNESIS

·         LA MUERTE DE UN INTELECTUAL

·         DE CAMERÚN, CON AMOR

·         AL ACECHO DE LOS CAPRICHOS

·         EL RETORNO DE GIUSEPPE BÁLSAMO

·         CAPERUCITA Y EL “LOBBY”

·         EL DEBATE SOBRE EL NUEVO CÓDIGO PENAL

·         EL ESPECTÁCULO DEBE CONTINUAR

·         ¿HABRÁ LLEGADO LA NOTICIA?

·         EL SECRETO MEJOR GUARDADO

·         EL MUNDO DE LOS TECNÓCRATAS

·         ALBRICIAS: HA LLEGADO LA TRANSPARENCIA

·         SOBRE LLOVIDO, MOJADO

·         LOS OTROS DAMNIFICADOS

·         EL BOSTEZO DE LOS REMOLONES

·         LOS COSTOS DEL SEPELIO

·         LOS LEONES HERBÍVOROS

·         EL MEJOR HOMENAJE AL DOCTOR LEBRÓN

·         EL SUEÑO DE ESOPO

·         EL ESPEJO ARGENTINO

·         ELLA, LA CASQUIVANA

·         EN EL PAÍS DE LOS TUERTOS, EL CIEGO ES REY

·         LLEVEMOS LA “CIVILIZACIÓN” A LOS AYOREOS

·         DE LA CULTURA DEL “ARRIERO PÓRTE” A LA CULTURA DE LA LEGALIDAD

·         ESTO NO ES UN QUILOMBO

·         MENTE POSITIVA, MENTE POSITIVA

·         RECONCILIACIÓN CON UN AMIGO

·         “PALABRAS, PALABRAS…”

·         TODO POR UN CERTIFICADO

·         LA JUSTICIA TARDA, PERO NO LLEGA

·         YO SOY ACCIONISTA DEL BNT ¿Y USTED?

·         EL SUEÑO DE LA JAULA PROPIA

·         POPULISMO MBYA

·         LOS MALANDRINES

·         ARMAS BAJO CONTROL

·         LA LECCIÓN DEL ARREPENTIMIENTO

·         EL DIALECTO DEL MEDIO PELO PARAGUAYO

·         “ESTAMOS EN EL PARAGUAY”

·         “¡QUÉ PASE EL DESGRACIADO!”

·         TODO AL REVÉS

·         EL CONCURSO DE MISTER AEROLÍNEAS

·         LA LAPIDACIÓN FRUSTRADA

·         EL CRIMEN DE LAS LETRAS

·         LAS DISCUSIONES “VICENTINAS”

 

 

 

EL CANGREJO INMORTAL

 

Gracias a la ley electoral, hoy se puede hablar de todo, menos del tema más sabroso: las elecciones municipales del día de hoy. Un adjetivo más sonoro que de costumbre, un verbo más activo que lo habitual, podrían ser interpretados como propaganda. Nos expondríamos a que el juez electoral de turno, Jorge Rolón Luna, nos arroje la ley sobre la cabeza. Literalmente hablando, claro.

No se puede hablar de la cultura, porque la cultura estuvo, en cierto modo, en el medio del debate preelectoral; ni del pavimento, porque es una de las funciones de la administración municipal; ni de los baches..., perdón, no dije nada; ni de Roa Bastos, porque anduvo dando vueltas por ahí. Tampoco de Chilavert, porque, como todos sabemos...

Esto me recuerda a una expresión que se utilizaba en estos casos en las redacciones de otros tiempos. "Entonces -rugía un jefe de Redacción escriba sobre la inmortalidad del cangrejo". Bicho extraño este crustáceo. Hasta había sido inmortal, virtud que ya quisiera el hombre para sí. La persiguió, sin éxito, Ponce de León, en los pantanos de la Florida. Nunca la encontró.

Pero cuánta diferencia existe entre el cangrejo de hoy y el de aquellos tiempos. El actual sujeta la ley entre las pinzas; el de entonces, el garrote. En aquellos tiempos, el tema de la inmortalidad cangrejil era la mejor manera de evitarse "problemas". Los "problemas" podían incluir desde ser llamado "para averiguaciones" al edificio de la calle Presidente Franco hasta ser puesto en Clorinda, con lo puesto.

Durante mucho tiempo, la única opinión que tenía el periódico más importante de la ciudad era una escueta columna llamada "Temas asuncenos". Allí se abordaban temas tan edificantes como los baches (otra vez) del pavimento, la irregularidad del itinerario de algunas líneas de ómnibus, y la suciedad del mercado.

Después, el mismo periódico inauguró pomposamente una columna editorial. Mejor no lo hubiera hecho. Cada editorial era una demostración fehaciente de que se puede escribir para no decir nada. El lector terminaba sin saber si el editorial estaba a favor o en contra de algo. Era, como dirían los especialistas, un ejemplo de literatura críptica.

En otro momento, cuando un sector de la prensa comenzó a alinearse contra el régimen, el asunto se puso más espeso. Las represalias se sucedieron, una tras otra. Periódicos clausurados, periodistas presos, publicaciones suspendidas. Y, sobre todo, el omnipresente "cháke", esa palabra que compendia un sinnúmero de amenazas preparadas para materializarse. Fue el momento en que, en uno de los periódicos incluido en el índex de la represión, se llegó a publicar un sabio y prudente editorial: "Cuidemos los arbolitos". Nuestro cangrejo se volvió ecologista.

 

 

NUEVA VERSIÓN DEL GÉNESIS

 

En una oscura cueva cercana a una playa del Mar Muerto, un pastor de cabras acaba de encontrar, prolijamente enrollados, una serie de documentos antiquísimos. Corresponden a la borrosa época de los esenios, una secta muy activa poco antes del nacimiento de Jesús. El hallazgo, celebrado por los arqueólogos de todo el mundo, se suma a otros que vienen ocurriendo desde la década de 1940, y que permiten arrojar nuevas luces sobre los textos bíblicos.

Después de semanas de arduo trabajo, un batallón de lingüistas especializados en arameo antiguo terminó de verter a idiomas modernos el contenido de los antiguos textos.

Al parecer, la nueva contribución, que viene del remoto pasado, corrige radicalmente los primeros pasajes del Génesis, hasta hoy conocidos a través de malas traducciones, versiones interesadas y hasta groseras interpolaciones. Desde ahora, las cosas serán distintas. Ahora, después de arduos estudios, resulta que, el Génesis estaba escrito del siguiente modo:

"En el principio reinaba el orden, y el espíritu de Dios se solazaba con el equilibrio cósmico y el sereno movimiento de las estrellas. Cada cosa ocupaba su sitio, y cada sitio contenía una cosa. Dios ya había atribuido un nombre a cada uno de los seres y, de esa manera maravillosa, un elefante era un elefante y una lagartija era una lagartija. Nadie discutía sobre la denominación de las creaciones divinas, porque cada palabra tenía un solo significado; y este correspondía a un solo e irrepetible objeto".

"Los hombres y las mujeres se dedicaban al amor y paseaban, desnudos y tomados de la mano, a través de jardines fragantes donde cantaban los pájaros, y los leones dormitaban junto a las gacelas. Dios sonreía, satisfecho, y a veces bostezaba, tal era la placidez de la vida sobre la tierra. En algún momento, quizá para romper la rutina -los designios del Señor son inescrutables, y vedados a la comprensión de los hombres-, concibió la idea, que un coro de ángeles celebró como muy ingeniosa, de introducir algo de animación. Entonces se le ocurrió enviar a los periodistas a la tierra. Así comenzó el Caos".

"Rápidamente, los recién llegados introdujeron la confusión en los conceptos. Rechazaron el preciso vocabulario celestial y le introdujeron variantes inesperadas, que cambiaban según el humor, los intereses, los amores y las inquinas de los nuevos habitantes del planeta. Frecuentemente, el contenido de la palabra cambiaba radicalmente si cambiaba la relación con ella. Un tigre feroz podía ser llamado frágil paloma o tierna mariposa, si es que gozaba de la simpatía del periodista. Y estas, si el hombre las veía con hostilidad, eran rotuladas como serpiente venenosa o tarántula maligna".

"Para acentuar el Caos, y ante la desesperación de Dios, que ya no sabía cómo poner fin a tanto alboroto, distribuyeron la sabiduría según les convenía. A un sabio venerable, pero malquerido, lo trataban de asno redomado, de ignorante impenitente; por el contrario, un porquerizo, que sólo sabía de la alimentación de los cerdos, era aclamado como el propio oráculo de la sabiduría, si decía lo que el periodista quería oír."

"Más de un orangután, con las mandíbulas trepidantes de tanto morder cocos, recibió los honores de largas entrevistas realizadas por periodistas de nota. En estos casos, las opiniones del primate eran celebradas como si fuesen la mismísima emanación del Logos, la encarnación de la Gnosis, un fragante efluvio de la eternidad. Cuando el pobre hacía muecas desesperadas para exigir la renovación de los cocos en la batea, el interrogador, en vez de hacerle caso, ponía en sus labios rotundas declaraciones, y hasta citas de filósofos alemanes o de antropólogos norteamericanos. El primate aparecería después emitiendo severos aforismos y metáforas que respaldaban fieramente los puntos de vista del entrevistador".

"Por último, se estableció el principio de que la verdad surge de la repetición de un concepto, por absurdo que fuere, y no de la correspondencia entre éste y la realidad. De esa manera, bastaba con llamar cien veces zapallo a un avestruz para que la gente terminase por ver, en vez de las plumas y del largo cuello cimbreante, las semillas y la forma redondeada de esta nutritiva fruta. El secreto consistía en decir lo mismo hasta el cansancio, en cerrar los ojos ante las evidencias, en taponar los oídos ante las protestas de los sabios, en hacer caso omiso de las aclaraciones de los afectados; y, cuando estos pedían la publicación de sus comentarios, se les otorgaba un espacio infinitamente pequeño, a fin de desalentarlos de caer en la ingenuidad de reclamar una segunda aclaración".

"Dios, alarmado, al ver lo que ocurría, notó que había cometido un grave error, una inaceptable alteración del orden cósmico. Y Dios, como todos sabemos, es inmune a la equivocación. Por eso, con voz de trueno, llamó a la especie humana a rectificar rumbos, exhortándola a recuperar el uso de la razón y la práctica de la cordura, pero nadie le hizo caso. Se le exigió guardar silencio porque estaba poluyendo el medio ambiente con sus voces destempladas".

Desesperado, amenazó fulminar el género humano con el rayo destructor que había convertido en polvo a las ciudades de Sodoma y Gomorra. Rápidamente se lo acusó de hurtar energía eléctrica de los cables de alta tensión de la ANDE y de eludir dolosamente el pago del consumo. Insistió en sus advertencias, y se le dijo que estaba tratando de coaccionar a quienes rendían culto a la libertad de expresión, divinidad de la temida especie de la gente de prensa, y hasta insinuaron que, seguramente, era un corrupto asalariado de González Macchi".

"Desmoralizado, quiso arriesgar un último intento y bajó a la tierra para meter en cintura a quienes le desafiaban. Para su descenso, eligió un sitio despoblado, justo cuando comenzaba una ocupación campesina, realizada precisamente en su nombre: la tierra es de Dios y, por tanto, es de todos; menos de su propietario. Cuando trató de explicarles que estaban equivocados, y que no debían talar todos los árboles para venderlos en el Brasil, porque Él había creado los bosques para solaz y alimento del género humano, casi lo molieron a palos. En seguida, fue tratado de pyragué. Trató de detener una columna de camiones cargados de rollos recién extraídos del monte, y el primero de los vehículos estuvo a punto de pasarle encima".

"Azorado, concluyó que en esos parajes su causa estaba perdida y se adentró en una ciudad. Estaba meditando en esquina oscura, pero el estrépito de una cachaca que vomitaba un enorme altavoz instalado en la baulera de unautomóvil casi le rompió los sagrados tímpanos. Protestó, y a gatas pudo esquivar una puñalada de los ocupantes del vehículo, que bailaban en la calle, mareados por la marihuana. El Señor, impresionado, buscó la soledad de la madrugada, y, cuando estaba a punto de amanecer, casi fue embestido por unos ocho vehículos conducidos por adolescentes borrachos que salían de una discoteca. Los llamó a la moderación y, en respuesta, recibió una lata de cerveza en la cabeza. La túnica celestial quedó afeada por un manchón amarillento. Les preguntó cómo podían circular a esa hora por la calle sin autorización de sus padres, y le gritaron que era un nazi".

"Amaneció. Una manifestación erizada de carteles pasó frente a él. Sus integrantes coreaban consignas contra la corrupción y exigían a gritos honestidad y transparencia. Pensó, con optimismo, que debía tratarse de una procesión de feligreses, rumbo a algún templo cercano. Miró mejor y pudo identificar a varios de los gritones, a los que tenía anotados en su lista negra, como candidatos seguros a ser enviados a la parilla eterna. Todos eran pájaros de cuenta. Estafadores, falsificadores de marcas, asaltantes, extorsionadores, traficantes de influencias, contrabandistas, vividores de la política, evasores fiscales, abusadores de menores. Los recordaba muy bien: eran truhanes incorregibles. Forajidos. San Pedro tenía instrucciones precisas de cerrarles la puerta del cielo en las narices y remitirlos inmediatamente al subsuelo llameante".

"La multitud vociferante pasó frente a Él, coreando consignas feroces, salpicadas de roncos "vivas" y de "mueras". Aprovechando su distracción, un caballo loco le arrebató la túnica y echó a correr. Dios corrió detrás del maleante, quien se zambulló velozmente en el Parque Caballero, que atravesó a la carrera hasta internarse en un callejón, boca de entrada de un abigarrado caserío. El Señor, que lo perseguía de cerca, de pronto le perdió de vista. A unas personas que tomaban mate en la vereda les preguntó si habían visto al ladrón y le respondieron, con aire de absoluta estupefacción, que por ahí no había pasado nadie, salvo un par de ratas hambrientas. En la esquina, un sujeto alto y moreno, de riguroso traje azul, le pidió la credencial partidaria, porque sólo con ella podía andar semidesnudo por la calle. Pero, si pagaba unos guaraníes, podía dejarlo pasar".

"No pudo más. Gruesas lágrimas celestes resbalaron sobre su mejillas". Compungido, reflexionó: "Esto no tiene arreglo. ¿Para esto envié a mi hijo a la cruz?".

Y se fue para siempre.

 

 

ALBRICIAS: HA LLEGADO LA TRANSPARENCIA

 

Ya no hay secretos, misterios, "cábulas", oráculos ni abracadabras. L transparencia absoluta ha llegado para quedarse, como una de las conquistas fundamentales del nuevo mandato constitucional Todo se sabe, nada se esconde. Ni siquiera los secretos de alcoba, otrora confiados a la hermética discreción de sábanas y almohadas, quedan ocultos a la sabia, severa y ecuánime apreciación de la perrada.

He recibido con alborozo esta centelleante novedad. Con ella quedan asegurados el buen trato, la sinceridad y la perennidad de las ideas. La posteridad no recibirá versiones truchas, manipulaciones, sofismas ni distorsiones de la sagrada verdad de los hechos y de los dichos. El principio que rige esta institución, incorporada a las sanas prácticas de la cúspide de la pirámide política, es el siguiente: "Todo se graba, nada se transforma".

En efecto, la cinta magnetofónica se encarga de la fiel y leal conservación de lo que se habla por teléfono, celulares, turú, banda ciudadana, walkies-tallkies, estaciones de radioaficionados, charlas de sobremesa, comentarios indecentes,chismes de mesas de café, coloquios con los "sombreros", chistes de velorios, charlas hot-line y otros.

Alguna dificultad se ha encontrado con el registro de las señas, como cuando se hace el corte de manga o se enarbola el dedo corazón al mencionarse a algún prócer nacional de los nuevos tiempos. Pero pronto la tecnología logrará, Dios mediante, superar este escollo contra el sinceramiento.

Una discusión entre dos matemáticos trataba de establecer cuántas veces las cintas grabadas podrían ir a la Luna y volver, si es que fuesen puestas una detrás de otra. Uno dijo que treinta; otro, más modesto, redujo la cantidad a quince. Los cálculos siguen, acompañando el ritmo de las grabaciones que realizan frenéticamente los herederos del famoso Quinto Piso, ahora situados, según ciertas infidencias, en un sitio distinto de la Antelco.

Mi propio compadre, Silvestre (Chivé) Mendieta, se vio en figurillas cuando su esposa le enrostró cierta plática subida de tono con una vecina de formas ampulosas. Silvestre trató de eludir el acoso de la Inquisición, alegando que sólo había ido a invitarla a una jornada de oración en favor de los pobres. Pero la patrona, ofendida por tanta caradurez, blandió la grabadora e inundó el aire con un llameante planteamiento a moroso. La voz de Chivé -el delator cuerpo del

delito- sonaba nítida y firme. Omito la reproducción de sus palabras en esta columna para no alborotar los sagrados derechos de la minoridad. El réprobo intentó dar nuevas explicaciones; entre ellas, que sólo estaban ensayando una radionovela, pero un zapatillazo que pasó rozando la oreja izquierda detuvo en seco las torpes excusas del compadre.

La cinta era, obviamente, un obsequio de la Central del Sinceramiento, en castigo por ciertas inconductas políticas de Chivé. Entre nosotros, amigo lector, se lo tenía bien merecido. Al fin de cuentas, la transparencia es uno de los requisitos más importantes de la democracia. ¿No lo cree?

 

 

EN EL PAÍS DE LOS TUERTOS, EL CIEGO ES REY

 

Para explicar la creciente sensación de inseguridad aparecen periódicamente las teorías más extrañas imaginables. Es interesante repasarlas, para que veamos cuán perdidos estamos, y qué lejos está la solución. De paso, comprobaremos que la pavada sigue ejerciendo su magistral dominio, hasta ahora indiscutido, en el razonamiento paraguayo.

Un experto extranjero, de esos que cobran muchos dólares para contarnos lo que ya sabemos, explicó que una de las causas más importantes era la falta de iluminación de las calles. Por lo visto no se enteró que los tortoleros, los caballos locos, los robacoches y buena parte de los asaltantes prefieren trabajar de día. Hasta estoy seguro de que si alguna comisión vecinal pide la extensión del alumbrado público ellos serán los primeros en firmar el documento. Así podrán contar mejor los billetes.

Otro argumento aburridor es el enunciado en un programa de televisión por un alto funcionario del Gobierno: la culpa la tienen los códigos Penal y Procesal Penal. Serían -explicó gravemente- demasiado modernos para el

Paraguay. Comprendo la nostalgia de este caballero. Pero ya debió haberse enterado de que el tejuruguái, la picana y la pileta son piezas arqueológicas y no instrumentos de uso cotidiano en la investigación. En vez de músculos, hay que usar el cerebro.

En otras palabras, el Estado carece de los medios para una investigación moderna. La dactiloscopía es anticuada, y no permite la individualización de quién dejó la huella de un solo dedo en el escenario de un crimen. La identificación fotográfica, que se realiza en vetustas carpetas, donde se alinean las caras de centenares de pícaros, también es anticuada, y se limita a la clásica pose de cédula de identidad. Se carece también de la mayoría de muchos de los medios más complejos de investigación, que permitirán obtener pruebas con rapidez y eficiencia. Sin hablar de que la propia formación profesional de jueces, fiscales y policías adolece de notorias deficiencias.

A ello se suma un factor de orden cultural: el rechazo de las normas que tiene la mayoría de la población. Este hecho se traduce en la pavorosa evasión de las obligaciones con el Fisco y el seguro social; el enorme parque de vehículos «mau» que circulan por tierra, ríos y aire; la práctica tradicional del contrabando; la institución nacional de la coima en la administración pública; la generalización del cuatrerismo y de la ocupación de tierras urbanas y rurales del dominio privado. Y también la renuencia a colaborar con la policía y con la justicia.

A todo esto se suman la paralización del Estado y su asombrosa tolerancia, cuando no su complacencia, ante la multiplicación del delito. Los ejemplos son tantos que fatiga repasarlos. La mayor parte de los bosques del Paraguay se fueron al Brasil por caminos que pasan ante comisarías, cuarteles y puestos de control fiscal. De la industria nacional queda poco en pie, después de haber sido destrozada por el contrabando. La inversión privada está huyendo del campo, ahuyentada por las ocupaciones públicas (llamarlas clandestinas es un chiste). El IPS está yendo a pique, no sólo a causa del saqueo de que fue objeto sino también debido a décadas de hacer la vista gorda a la evasión. Sin hablar de la extraòa costumbre de perder los pleitos que tienen sus abogados, virtuosismo que comparte con otras instituciones del Estado.

Me pregunto qué tienen que ver los códigos con todo este caos. Este problema no lo resolverán ni el código de Hammurabi, ni el Manual de Caza de Brujas, ni el Código de las Siete Partidas de Alfonso el Sabio, ni la ley de las XII Tablas, ni el Código de Suiza, ni las ordenanzas penales de Mahoma.

Es que el problema de seguridad no es consecuencia de los códigos vigentes. El problema de fondo es que nadie los cumple. Ni tampoco losanteriores, ni los futuros, ni los imaginados, ni los soòados. Vivimos bajo el signo de lo que los sociólogos llaman «anomia», que significa ausencia de normas. No quiere decir que no existan, sino que nadie les hace caso. La sociedad se rige por un sistema propio que no pasa por la ley sino por el enchufe, el poder o lo que sea. Y nada más.

En estas circunstancias, no hay código que valga. Por eso, la discusión sobre las leyes resulta de una ingenuidad asombrosa, cuando no de un completo desconocimiento del problema. De esa manera, no iremos a ninguna parte. Y la inseguridad seguirá creciendo como una bola de nieve que terminará por aplastarnos a todos.

 

 

LLEVEMOS LA "CIVILIZACIÓN" A LOS AYOREOS

 

Los españoles creyeron apropiado llamarlos "moros", porque su piel oscura, les recordaba a los habitantes del Norte de África. Los guaraníes les dieron el hombre de "pyta jovái", porque calzan unas sandalias rectangulares cuyas huellas impiden saber si vienen o se van. En eso, por cierto, no son nada originales. Los políticos hacen la misma cosa, incluso descalzos: uno nunca sabe hacia dónde se dirigen.

Se conocen a sí mismos como "ayoreo" y son uno de los últimos pueblos paleolíticos del mundo. Recorren largas distancias -docenas de kilómetros- en un día, en un vasto territorio situado en el Norte del Chaco. Viven de la caza y de los frutos silvestres. Los especialistas aseguran que su dieta es más equilibrada que la del occidental, y que se hallan muy bien nutridos. De hecho, su fortaleza física es muy superior a la de un "blanco".

Me dicen que es una de las pocas etnias que carece de una bebida alcohólica propia. La borrachera es, pues, desconocida entre ellos. Es u n aporte que la civilización está ansiosa por entregarles, para convertirlos en guiñapos humanos. Esto ya haocurrido con otras etnias chaqueñas, como las que sobreviven en las barriadas miserables de los antiguos puertos tanineros.

Durante mucho tiempo, matar a un moro era lo mismo que matar a un carpincho o un yacaré. No eran cristianos; ergo, no eran gente. Dicen que hubo épocas en que el Ejército concedía al premio de la baja al conscripto que enviase uno al más allá. Y allá quedaba el mondo esqueleto del indígena, mirando al horizonte con sus órbitas vacías, en cualquier rincón del desierto chaqueño. Para obtener el premio, había que exhibir la oreja del aborigen asesinado.

Aceptemos que los ayoreo no estuvieron solos en esta situación. Los guayakíes del Alto Paraná pasaron por lo mismo. Cazar guayakíes -hombres, mujeres, niños- era un deporte que practicaban los obrajeros con ejemplar entusiasmo. Si alguien sobrevivía, generalmente un niño, se convertía en una especie de esclavo. Conocí algunos, y sé de qué estoy hablando. A propósito, "guayakí" es el hombre que les dieron los guaraníes, y que consideran insultante. Ellos prefieren llamarse a sí mismos "Ache".

Esto es normal. Todo grupo humano se ocupa de cargar de defectos a los que son distintos a él. A los "otros". De ese modo, los mira desde arriba. Y, al mismo tiempo, se afirma como superior. Los malvados son los otros. Y también los crueles, los malandrines, los ladrones, los pícaros. Esa actitud es parte del fenómeno conocido como "etnocentrismo". Consiste en que el grupo se ve a sí mismo como superior y, en consecuencia, puede subestimar a los otros.

Se los llama "salvajes" porque, en otras épocas, han asaltado algunas estancias y hasta matado a varias personas. Se los llama "salvajes" porque se pintan de negro para expresar un estado de ánimo hostil. Pero nadie se asombra cuando el blanco se viste de azul o de rojo, de pies a cabeza, para subrayar sus convicciones políticas. Nadie se acuerda que, para ellos, el "blanco" es una fuente inagotable de peligros, un animal más peligroso que todos los jaguares del monte.

La estrategia consiste en llenar al "otro" de defectos. Incluso, en negarle los rasgos típicos de la persona humana. Si no es gente, es un animal. Y si es un animal, puede y debe ser tratado como tal. Un ejemplo cercano es la actitud tradicional del paraguayo ante los indígenas. Para éste, ellos no son "cristianos" y, por tanto, no son seres humanos. Por consiguiente, pueden ser marginados, perseguidos y maltratados, asesinados los hombres, secuestrados los niños y violadas las mujeres.

Uno de los grupos que ha sido víctima de esta discriminación es, claramente, el de los ayoreo. Ya se ha explicado que los españolesles dieron el nombre de "moros", porque su piel oscura recuerda la de los habitantes del Norte de Africa.

Ya sabemos que son cazadores-recolectores, nómadas del desierto chaqueño. Y que su población total no llega a dos mil personas. También es conocido que pertenecen al tronco lingüístico Zamuco, al que también pertenecen los chamacocos.

Es a ellos a quienes, por ser "salvajes" se pretende llevarles nuestra "civilización". Si esta consistiese en entregarles tierra, darles educación y salud, y proteger su seguridad colectiva, podría quizá analizarse la propuesta. Pero sabemos que no es así. El proyecto es convertirlos en sujetos andrajosos, mano de obra barata y mendicante alrededor de las estancias. Y, por supuesto, objetos de toda clase de maltratos, de abusos, de discriminaciones. Incluyendo, naturalmente, la conversión de sus mujeres en presas del primero que pase.

Lo mejor que les puede ocurrir es mantenerse distantes de la "civilización", de sus hipocresías, de sus mentiras, de sus violencias. Se trata, simplemente, de dejarlos en paz. Será la única manera en que la sociedad nacional pague, aunque sea en una mínima parte, todas las atrocidades cometidas contra ellos. Para eso deberán ser mantenido lejos, incluso de quienes quieren convertirlos, a la fuerza, a una religión que se convierte en un nuevo instrumento de dominación, como lo ha demostrado una activa secta norteamericana.

Toda persona tiene derecho a elegir sus propios caminos. Sin imposiciones, sin violencias, sin coacciones. Los ayoreo también tienen ese derecho.

 

           

 

 

 

 

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