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  LOS PUEBLOS INDÍGENAS EN BUSCA DE SUS INDEPENDENCIAS (BARTOMEU MELIÀ)


LOS PUEBLOS INDÍGENAS EN BUSCA DE SUS INDEPENDENCIAS (BARTOMEU MELIÀ)

EXPOSICIÓN

PUEBLOS INDÍGENAS EN EL PARAGUAY

«ÉRAMOS NOSOTROS, LOS QUE VIVIERON POR ACÁ»

Centro Cultural de España Juan de Salazar

Mayo de 2011, Asunción, Paraguay

Curador CARLOS COLOMBINO

con la especial colaboración de

BARTOMEU MELIÀ, s.j.

 

Museografía y montaje

MARTA SALERNO - HILARIO VERA

Obras expuestas

COLECCIÓN CENTRO CULTURAL DEL LAGO / AREGUÁ

CENTRO DE ARTES VISUALES/MUSEO DEL BARRO/ ASUNCIÓN

Fotografía

GUIDO BOGGIANI

MIGUEL CHASE SARDI

BJARNE FOSTERVOLD

FERNANDO ALLEN

TIDE ESCOBAR

NICOLÁS RICHARD

ROCÍO ORTEGA

TICIO ESCOBAR

(Archivo del Departamento de Documentación e Investigaciones del CAV/MdeB)

JOSÉ MARÍA BLANCH

GLORIA SCAPPINI

Ambientación sonora

Música ayoreo /Recopilación de YSANNE GAYET.

Música mbya/ Recopilación de MITO SEQUERA/Edición del CAV/MdeB

Audiovisual

Documental de YSANNE GAYET

 

 

LOS PUEBLOS INDÍGENAS EN BUSCA DE SUS INDEPENDENCIAS

 

BARTOMEU MELIÀ, s.j.

 

¿Dónde están? ¿quiénes son? ¿cómo son los pueblos indígenas que están el Paraguay? La Independencia del Estado paraguayo, ¿les ha permitido transitar por un camino más libre y digno, más independiente?

 

MUCHAS HISTORIAS, UNA SOLA COLONIA

 

Desde la primera colonia comenzada por los años de 1524, esa región de América que llamamos Paraguay, dividida por un río de ancha y tranquila corriente que sin embargo separa más que una cordillera de montañas, ha tenido dos historias que pueden parecer diferentes, pero que en realidad son una sola. Esta historia está marcada por el colonialismo a la que han sido sometidos los pueblos indígenas y que después fatalmente se ha extendido a la mayoría del pueblo paraguayo. Al final el mismo colonizador sufre los males que impuso al colonizado.

El colonialismo significa sobre todo dos cosas: la sustitución de las poblaciones primeras por una población nueva y el dominio que esa población advenediza pretende y en gran parte consigue sobre los originarios.

Nuestros conocimientos de poblaciones originarias son escasos. A esos protopobladores del Paraguay se les llega a dar una profundidad de tiempo de 10.000 años; por lo menos está probado científicamente que los abrigos y refugios del Paraguay oriental son de hacia 5.200 años atrás. Quedan de ellos hachas, raspadores, otros instrumentos de piedra y alguna preciosísima punta de flecha de cuarzo finamente trabajada.

Sus rastros se definen más por la conservación de los paisajes ecológicos que por su transformación.

Puede ser que los Aché-Guayaquíes sean remanentes de esas poblaciones, que al fin se guaranizaron lingüísticamente, pero en otros aspectos de su cultura material y modo de vivir mantuvieron su identidad, que siguió siendo nómade, sin cerámica y con agricultura muy reducida. Pero la palabra y los cantos eran su patrimonio más preciado. Han sobrevivido hasta hoy y muestran una notable energía, aun después de las persecuciones y masacres de que fueron objeto hasta la década de 1970 del siglo XX.

Bajaron después desde el norte hacia el Paraguay, sociedades de guaraníes amazónicos, con masivas y compactas migraciones, que desplazaron y arrinconaron a los anteriores.

 

LOS CHAQUEÑOS

 

Si hay una realidad y una historia mal conocida, distorsionada y muy tenida en menos en el Paraguay es la de los pueblos indígenas chaqueños. Los nombres incluso de esos pueblos, dónde están, sus cualidades y culturas no entran si quiera en la memoria y conocimiento de los paraguayos más cultos.

La mayoría de esos pueblos son conocidos –cuando lo son– por sus apodos y marcantes: indios chulupíes, indios lenguas, indios moros, indios tobas, indios guaycurúes…

Sus autodenominaciones son muy diferentes: Ayoreo, Ebytoso, Ishir, Nivaklé, Lumnana, Maká, Enlhet, Enxet, Sanapaná, Angaité, Guaná, , Maskoy –parecerá complicado, pero hay que respetar la realidad y variedad–.

A su vez se distribuyen en cuatro grandes grupos étnicos: Guaycurú, Maskoy, Enimagá y Zamuco.

De hecho estas naciones indígenas son los pobladores más antiguos en el Paraguay.

El gran Chaco desde hace miles de años estuvo habitado por naciones de tipo racial Pámpido, que se desarrollaron como diferentes por lengua y cultura, independientes y sin sujeción al mundo colonial que tuvieron siempre en jaque. Cuando el gran Chaco es más bien un complejo ecológico sin fronteras políticas esos pueblos se relacionaban sin trabas con parientes de su misma nación que hoy están en Argentina y Bolivia.

Es cierto que algunas de las tribus, sobre todo las más cercanas al río Paraguay, como más expuestas al contacto con la sociedad colonial, llegaron a desaparecer, como los Agaces y Payaguáes, Guentusés, Guatatáes y Yaperúes, entre otros. A veces el mestizaje con otros indígenas los ha descaracterizado en lengua y modo de vida, pero de todas esas familias lingüísticas hay sobrevivientes hasta hoy. Maká y Ayoreo, por ejemplo, preservan su identidad con gran fuerza y orgullo.

Su tipo de economía de reciprocidad, es decir, cuando los bienes circulan y se intercambian sin moneda y sin trueque, y son dados con entera gratuidad a quien se quiere y según las necesidades, les mantenía con gran autonomía e independencia.

Productos de la caza y la recolección, así como de la pesca, eran distribuidos en la familia, entre parientes, con amigos y aliados.

Los chamanes, hombres y mujeres, jugaban un rol muy importante como líderes espirituales, profetas y eficientes curadores, además de conducirlos por caminos de futuro.

 

LOS GUARANÍES

 

La vida humana en el Paraguay no había comenzado con los Guaraníes, pero es cierto que el Paraguay actual tiene en los guaraníes su principal origen y fundamento.

Eran los principios de nuestra era, hace unos 2.000 años cuando los guaraníes en sucesivas oleadas bajaron al Paraguay.

Ocuparon esas hermosas tierras de montes y campos, de fuentes y arroyos. Los ríos eran las rutas que facilitaron su expansión; entraron por el río Paraná, pasaron a la cuenca del río Uruguay y ocuparon los valles del sur del Brasil.

Las primeras descripciones de su modo de vida, de su cultura y economía cuando se hizo con un mínimo de objetividad y respeto nos muestran sociedades de migrantes, aunque no propiamente nómades, agricultores que cultivan una innumerable serie de plantas alimenticias, cazan y recogen miel, viven en aldeas de casas grandes, celebran fiestas, beben vinos fermentados en grandes vasijas y servidos en recipientes de diverso tamaño y formas delicadas. Son muy dados a religión. Tienen sus hombres-dioses que cantan, curan y profetizan, son poetas de palabra inspirada. Buscan y cuidan el «buen vivir», el teko porã; su economía es la del jopói, es decir, de «manos abiertas recíprocamente».

Admiramos hasta hoy sus grandísimas ollas y vasijas —obra exclusiva de mujeres—, que se han encontrado a lo largo y ancho de todo el Paraguay oriental y en los montes subtropicales de Argentina y del sur del Brasil. Estas vasijas ya inservibles como recipientes eran usadas frecuentemente para enterrar a los muertos, a veces con sus alhajas de collares y otros adornos.

Su arte plumario era exquisito, de que por desgracia han sido conservados muy pocos ejemplares por lo frágil de sus materiales. También la cestería —tarea de hombres— muestra un notable sentido estético aun en objetos utilitarios y de uso cotidiano.

El arte guaraní de rara belleza que nos impresiona, ha perdurado hasta hoy aunque los materiales de los que están hechos se hacen cada vez escasos; los montes han desaparecido y los pájaros de vistosas plumas han huido o han muerto.

Según indicios y cálculos fundamentados en datos serios, el número de guaraníes, distribuidos en numerosas aldeas extendidas por ese territorio subtropical que va del río Paraguay a la costa atlántica y del río Paranapanema hasta el estuario del Río de la Plata, habrá alcanzado los dos millones de personas.

 

LLEGARON LOS «OTROS» Y OCUPARON LOS TERRITORIOS

 

En el siglo XVI de la era cristiana llegaron los conquistadores y poco después los colonos, que se establecieron en esta tierra.

Hubo un reducido mestizaje de españoles y guaraníes inicialmente; los recién llegados parecían tan humanos como los mismos indios y fueron recibidos como tales. Fueron aceptados incluso como yernos y cuñados.

Se pensaba que practicarían también la única economía conocida, que era la del don gratuito.

Pero la conquista y colonización trajo, entre otras cosas, guerras, epidemias y malos tratos. Las relaciones amigables establecidas con ellos fueron muy pronto sustituidas por una historia agresiva; los guaraníes fueron y son las grandes víctimas de la historia paraguaya.

La lectura de la documentación histórica muestra que la colonia es destrucción, sustitución y en el mejor de los casos transformación profunda del modo de ser.

Más que descubrimiento lo que se dio fue el encubrimiento de realidades muy humanas y bellas, ciertamente diferentes, y que conquistadores y colonos eran incapaces de entender, no las querían entender.

La mayoría de los pueblos indígenas después de los primeros contactos desaparecieron sin más. De las 32 tribus o pueblos indígenas, contando también los del Chaco, que había en el siglo XVI sólo 20 se mantienen en la actualidad en el suelo patrio, según el inventario que presenta la doctora Bratislava Súsnik (1995:413-412).

Este hecho de dimensiones trágicas para la historia de la humanidad, de América y del

Paraguay, apenas es sentido como tal, y más bien aceptado como fatalidad necesaria frente a una supuesta civilización superior.

¿Cómo pudieron conseguir los conquistadores y colonos ir dominando a esos pueblos tan arraigados en sus formas de vida milenaria?

Ciertamente la guerra con medios desproporcionados —arcabuces contra flechas, caballos y perros contra personas de a pie desnudo— causó grandes estragos.

Pero aun la entrada, cuando era aparentemente amiga y suave, estableció desequilibrios internos a los que los indígenas no estaban acostumbrados. Otorgar excesivo poder a los supuestos caciques, concederles privilegios y atemorizarlos con eventuales represalias si no accedían a las demandas del colono, abrieron el camino hacia la corrupción. El nuevo sistema mercantil, que anulaba el sistema de reciprocidad y el don, creaba codicias, desigualdades y empobrecimiento.

Apoderarse del trabajo ajeno agravó el dolor y la miseria de los pueblos indígenas que entraban en la colonia.

Hubo rebeliones indígenas contra el sistema colonial –más de 25 en menos de un siglo, entre 1535 y 1610, la mayoría conducidas por líderes religiosos que no podían soportar el cambio de sistema; fueron derrotados y sometidos. Sólo tuvieron un relativo éxito cuando los indios huyeron a los montes fuera del alcance de los españoles. Ahí permanecieron libres en sus selvas hasta la mitad del siglo XX.

La colonia se impuso en la medida en que consiguió, por las buenas o las malas, avanzar sobre el terreno y apropiarse de los territorios indígenas. La destrucción de esos territorios es la más inicua y perversa táctica del mundo colonial. Sin territorio propio, sin tekoha, como dicen los guaraníes, —sin el lugar donde somos lo que somos— no hay teko, es decir no hay identidad, ni libertad ni posibilidad de continuar siendo.

Con otros medios, pero con los mismos fines, esa estrategia ha funcionado y se ha intensificado hasta hoy.

Dentro del mundo colonial hubo algunas políticas y leyes, que defendieron a los pueblos indígenas y permitieron que mantuvieran sus territorios. Los tres pueblos misioneros de los franciscanos y los treinta y dos jesuíticas fueron un relativo triunfo de humanidad en aquel contexto. Los guaraníes que en ellas vivieron, si bien colonizados en muchos aspectos, retuvieron tres aspectos esenciales de su cultura: la lengua, el sistema económico de reciprocidad, sin entrada ni circulación de moneda y un amplísimo territorio continuo, donde la entrada de colonos estaba muy restringida. Con la expulsión de los jesuitas en 1768, los derechos indígenas quedaron desprotegidos y los colonos pudieron entrar y desvirtuar el sistema de comunidad tan pacientemente construido.

 

DE LA COMUNIDAD A LA CIUDADANÍA INDIVIDUAL

 

Con la Independencia en 1811 los indígenas sufrieron a lo largo de doscientos años una segunda colonización, marcada por el abandono del Estado y por políticas de asimilación a un supuesto modo de ser nacional, que negaba la diversidad cultural y los desposeía de sus derechos y territorios.

El dictador José Gaspar de Francia en 1821 todavía reconocía como nación a los Mbayás o Caduveos, hacía un pacto de paz con ellos, pero los quería desarmados.

El siglo XIX, más que el tiempo colonial, configuró las situación jurídica, política y social en que se encuentran los pueblos indígenas en el Praguay. Y El presidente Carlos Antonio López a través del tristemente famoso Decreto del 7 de octubre de 1848 suprimió la institución del táva comunal, declarando extinta la “comunidad”,

lo que permitía al Estado apropiarse y disponer de las tierras de “los 21 pueblos de indios”, a cuyos miembros se concedía —por irónico trueque— la ciudadanía.

Art. 1º “Se declara ciudadanos de la República a los indígenas de los 21 Pueblos siguientes...” Art. 11 “Se declaran propiedades del Estado los bienes, derechos y acciones de los mencionados 21 pueblos de naturales...”

De esta manera se suprimía la esencia histórica, social y cultural de gran parte del pueblo guaraní paraguayo. La Constitución de 1870, promulgada después de la Guerra de la Triple Alianza, cuando el Paraguay estaba todavía ocupado por los extranjeros, legalizaba una posición discriminatoria contra los indígenas, dando atribuciones al

Congreso de “proveer a la seguridad de las fronteras; conservar el trato pacífico con los indios y promover la conversión al cristianismo y a la civilización” (Art. 72, inc. 13).

El Estado paraguayo fue llevado a privatizar las tierras fiscales, por supuesto sin consultar y sin tener en cuenta los legítimos derechos de las naciones indígenas, cuyos derechos permanecen hasta hoy y tienen que ser reivindicados. Dos grandes empresas se hicieron con una porción considerable del territorio nacional: la firma Carlos Casado, en el Alto Paraguay, y La Industrial Paraguaya S.A, en la zona de Alto Paraná.

La firma Casado, concretamente, despreció a los pueblos indígenas que atrajo hacia sí, los destruyó física y moralmente, les robó la lengua y la cultura; es decir, les robó el alma.

El proceso continuó. En 1904 se autorizó por Ley al Poder Ejecutivo el fomentar “la reducción de las tribus indígenas, procurando su establecimiento por medio de misiones y suministrando tierras y elementos de trabajo” (art. 31), pero “el poder Ejecutivo podrá disponer en las tierras fiscales de zona adecuada cuya extensión nunca superará las 7.500 hectáreas...” (Art. 2° de la Ley de 1907) y “para estimular estos trabajos el Poder Ejecutivo podrá conceder en propiedad a las personas o sociedad que emprenda las reducciones, hasta la cuarta parte de las tierras a ellas destinadas” (Art.

3). Tanto como la perversidad de los intereses privados, llama también la atención la ignorancia y cobardía de la clase dirigente, del poder legislativo y judicial. Hasta hoy se tiene que soportar la desvergonzada falta de justicia cuando se trata de cuestiones indígenas, y la ausencia incluso de imaginación y sentido común para tratar asuntos de tierras y territorios recientemente usurpados y robados.

La imprecisión y aun falta de catastros, sobre todo en el Chaco, han llevado a las naciones indígenas a un estado de indefensión grave, lo que no es de admirar cuando hasta a la misma soberanía nacional en esos territorios está hoy tan amenazada.

En 1958 se creó EL  DEPARTAMENTO DE ASUNTOS INDÍGENAS (DAI), con resultados másnegativos que positivos, que el INDI, instaladoen 1975, tampoco consiguió revertir,ya que no carece de poder para encaminaruna política en la que sean las comunidadeslas que tengan su propia voz y puedanhacer frente a una sociedad estructurada enmodos de vida que les sean enteramente contrarios.

Aires nuevos trajo la Constitución Nacional de 1992, en una democracia recién estrenada. El texto referente a los pueblos indígenas de la nueva Constitución de 1992 fue promulgada en los siguientes términos:

Art. 62. «Esta Constitución reconoce la existencia de los pueblos indígenas, definidos como grupos de cultura anteriores a la formación y a la organización del Estado Paraguayo»; Art. 63. «Queda reconocido y garantizado el derecho de los pueblos indígenas a preservar y a desarrollar su identidad étnica en el respectivo hábitat. Tienen derecho, asimismo, a aplicar libremente sus sistemas de organización política, social, económica, cultural y religiosa, al igual que la voluntaria sujeción a sus normas consuetudinarias para la regulación de la convivencia interna, siempre que ellas no atenten contra los derechos fundamentales establecidos en esta Constitución. En los conflictos jurisdiccionales se tendrá en cuenta el derecho consuetudinario indígena».

Sin lugar a dudas, los artículos del Capítulo V de la nueva Constitución son un avance sin precedentes en la legislación paraguaya, y más teniendo en cuenta que desde la Constitución de 1870 los indígenas eran constantemente ignorados.

Sin embargo, en un Estado que todavía se resiente demasiado del coloniaje inicial, las cuestiones de fondo siguen pendientes.

Vistas como “parcialidades” -ya nunca más como “naciones”, ni “pueblos”- las comunidades y pueblos indígenas son tratados como sobrevivientes en vías de asimilación a la única ciudadanía paraguaya. Reconocer y devolver su tierra a los indígenas necesita años para llegar a término. En territorios indígenas ni se piensa.

Es cierto que hay acciones muy meritorias de indigenismo y filantropía, que se hacen presentes en casos de emergencia, pero el Estado y la sociedad paraguaya mantienen sin saldar su deuda con los pueblos indígenas.

Hay que esperar que los mismos pueblos indígenas busquen y consigan sus independencias por tantos siglos negadas, superando su pesimista visión del Bicentenario respecto del cual la nación Guaraní declaraba precisamente el reciente 26 de marzo de 2011:

No considerar el Bicentenario de la independencia del Paraguay como aniversario para celebrar porque para nuestros pueblos solo fueron 200 años de despojo, discriminación, humillación, avasallamiento, persecución, saqueo y muerte.

Desde diversos ángulos es lo que muestran ese arte y esas voces de variado tono y contenido que se exponen hoy ante nosotros.

Una nueva historia ancha y ajena a la que se nos invita a entrar y participar, y no seremos excluidos.

 

OTROS DOCUMENTOS:

*- UN SIGLO DE ANTROPOLOGÍA GUARANÍ - CAINGUÁ - GLORIA SCAPPINI

*- PRESENTE Y FUTURO DE LAS LENGUAS CHAQUEÑAS EN PARAGUAY - HANNES KALISCH, Nengvaanemkeskama Nempayvaam Enlhet.

*- ARTE INDÍGENA: PRINCIPIOS Y DESENLACES – TICIO ESCOBAR

*. LAS NUEVAS TERRITORIALIDADES DESPUÉS DE LA INDEPENDENCIA – FABRICIO VÁZQUEZ

*- LA EXCLUSIÓN DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS DEL PARAGUAY – JORGE SERVÍN

 

 

 

 

 

 




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