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BARTOMEU MELIÀ LLITERES


  EL PARAGUAY INVENTADO, 1997 - Por BARTOLOME MELIÀ


EL PARAGUAY INVENTADO, 1997 - Por BARTOLOME MELIÀ

EL PARAGUAY INVENTADO

BARTOLOME MELIÀ

Diseño de portada e ilustraciones:

OSVALDO SALERNO

Diagramación y corrección: ALEJANDRO MATOS

CENTRO DE ESTUDIOS PARAGUAYOS

“ANTONIO GUASCH”

Distribuidora Montoya S.J.

Asunción del Paraguay

1997 (134 páginas)

 

 

COMPOSICIÓN (DETALLE)

Impresión de piezas metálicas sobre papel. 1974

OSVALDO SALERNO

 

SUMARIO

ADVERTENCIA PRELIMINAR

RECUPERAR LA MEMORIA, UN RETORNO HACIA ADELANTE

INVENTAR EL PARAGUAY

DEL GUARANÍ DE LA HISTORIA A LA HISTORIA DEL GUARANÍ

PERO, ¿QUIÉN LE TIENE MIEDO A LOS GUARANÍES?

LA SOLUCIÓN INDÍGENA

LA CULTURA PARAGUAYA ENTRE ECOS Y SILENCIOS

APRENDER GUARANÍ, ¿PARA QUÉ?

BILINGÜISMO Y ESCRITURA

EL CREPÚSCULO DEL PARAGUAY

¡NDE BÁRBARO!

EN BUSCA DE LA TIERRA SIN MAL Y DE LA MEMORIA PERDIDA;

BARTOMEU MELIÁ ENTREVISTA A AUGUSTO ROA BASTOS

BIBLIOGRAFÍA


 

 

ARTE NO

Impresión de cartón corrugado sobre papel troquelado. 1981

OSVALDO SALERNO

 

ADVERTENCIA PRELIMINAR

Si en la década de los 70 tuve que inventarme el Paraguay de Una nación dos culturas, para darle un lugar a mi utopía -único modo de vivir en un país de afinidad electiva-, la invención ha te nido exigencias todavía mayores en estos años 90. Creo que nadie puede vivir en un país si no lo descubre y lo inventa cada día.

Después de un destierro -si así puede llamarse al destino de quien es apenas un transterrado en este suelo- y de una espera de trece años en que siempre estuve al acecho delante de la puerta cerrada, volví a un Paraguay en olor de transición cuando parecía abrirse un generoso horizonte en el cual bastaría andar para abrir caminos.

Pero muy pronto comprendí que más que una transición hacia una meta señalada, el deber de invención y descubrimiento era más necesario que nunca. Los espejismos estaban lejos de haberse disipado. La verdad, que ahora podía por fin ser proclamada, debía primero ser encontrada. Un motivo más para empeñarse en la invención del Paraguay, sin prisa, pero sin pausa.

Los escritos que aquí encontrará el lector fueron dados a conocer en revistas y periódicos, y están sin duda marcados por los circunstancias del momento. En su conjunto, sin embargo, responden a la preocupación e inquietud por encontrar un país del cual más que imágenes estatuarias, bien definidas y dibujadas, tenemos apenas los bocetos que servirán para dar forma y cuerpo a lo que puede ser.

Voy a confesar que muchos de los temas tratados responden a preguntas que paraguayos y paraguayas hicieron a quien consideran un estudioso de la cultura, de la historia y de la lengua de este país. Otros son contestaciones un tanto polémicas a cuestiones que me parecieron peligrosamente planteadas y mal resueltas. Frente a tales situaciones, yo recordaba algunas experiencias, consultaba los libros de la biblioteca, hurgaba en mis papeles, en mi memoria, en mis emociones -¿por qué no?- para darme una respuesta que sabía podía ser compartida por otros caminantes; mi Paraguay inventado no tiene nada que ver con una meta o una conclusión; me daría por muy satisfecho si pudiera ser apenas una guía para que cada uno pueda realizar su propia invención. Creo que es una manera alta y digna de ejercer la libertad.

No hay más Paraguay que el que nos inventamos cada día, que amanece en la carne y en el aliento de sus mujeres y hombres y que va a dormir y a soñar bien o mal en lo que podrá ser el mañana.

Una nación - dos culturas tuvo el privilegiado honor de contar con diseños gráficos del profesor Livio Abramo. Aquí es Osvaldo Salerno quien ha colocado una secuencia de grabados que, al menos para mí, son también una invención en la que se plasma como en un sudario la figura del dolor y la esperanza de los hombres y mujeres de un pueblo.

Una lectura atenta por parte de Alejandro Matos, de quien he recibido y aceptado numerosas sugerencias, sin duda ha contribuido a mejorar este trabajo. Gracias.


 

DE LA SERIE LAS MANGAS

Collage e impresión de prenda de vestir sobre papel. 1977

OSVALDO SALERNO

 

RECUPERAR LA MEMORIA,

UN RETORNO HACIA ADELANTE

 

No hay duda de que el hecho cultural de un país es un ejercicio paciente que exige ciertas condiciones de desarrollo. Yo diría que existe una ecología cultural fuera de la cual la producción se hace difícil, si no imposible. La dictadura destruye esta ecología cultural. ¿Cómo? Cortando algunos árboles más señalados: son los escritores y los científicos en el exilio, y modificando el medio ambiente de las culturas hacia un monocultivo de frases hechas y repeticiones sin gracia.

Lo que yo sentía en el Paraguay, sobre todo entre 1969 y 1976, era que estábamos en un campo de palabras prohibidas, sin que se supiera muy bien qué se prohibía y por qué se prohibía. ¿Será que tal artículo o tal frase o tal palabra, se puede decir y se puede publicar? Esta era la pregunta que nos hacíamos o que me hacía cuando pedía la colaboración de alguien para alguna de las revistas que dirigía en la época: Suplemento Antropológico, Acción y Estudios Paraguayos.

No quiero decir que no se produjo cultura en el Paraguay de los últimos 30 años. Pero esa cultura me parecía marcada por tres características: el recelo, la timidez y, en el otro extremo, la desesperación. Se ha dicho que estábamos dominados por el miedo. Yo diría que también por la pereza. En el campo de la cultura, las dictaduras producen, sobre todo, pereza. La cual, con frecuencia, queda internalizada. Programas como "La voz del coloradismo", por Radio Nacional, siempre fiel a sí mismo en su retórica repetitiva, quedarán como un monumento de la rutina perezosa.

Su misma agresividad era rutinaria. Una dictadura como la de Stroessner, de un modo natural -aunque parezca paradójico-, al mismo tiempo que encierra al pueblo en un discurso repetitivo limita la creación cultural para las élites. La producción cultural en el Paraguay ha tenido en estos años buenas expresiones, y muy creativas, pero éstas han estado casi exclusivamente reservadas a las élites. ¿Cuáles serían los efectos en la producción cultural de una prolongada dictadura? Estos efectos no deben entenderse, creo yo, por lo que dejamos de hacer en el pasado, por los frutos que no producimos, sino por los efectos permanentes en el modo de producir cultura. Esto es, en la falta de ejercicio que sentimos para pensar libremente y en la pereza que la dictadura nos inculcó como excusa.

 

NADIE ENTREGA SU LIBERTAD

La respuesta a esta situación no puede ser de nuevo dictatorial, como si la solución viniera de uno solo o de un solo equipo. En este momento, hay que producir un espacio en el que las palabras circulen libremente. Pero también responsablemente. Me refiero, evidentemente, al modelo de asamblea guaraní. En ella se puede hablar hasta igualar las palabras. Se unifican los modos de ver y de sentir unos con otros. Se crea un consenso, pero nadie entrega definitivamente su libertad a nadie. El consenso se hace históricamente cada día, en cada ocasión.

Cuando escribimos con J. L. Caravias y otras personas que estuvieron trabajando en las Ligas Agrarias el libro En busca de la tierra sin mal, tomamos una idea del teólogo alemán Juan Bautista Metz: "No es una casualidad que la destrucción de los recuerdos es una de las medidas típicas de la dominación totalitaria".

Considero que es una prioridad importante recuperar la memoria del Paraguay. Esta memoria está depositada en las formas de vida del pueblo paraguayo, desde la lengua hasta los modos de producción social y económica, y su misma fe religiosa. Por otra parte, lo paraguayo no es sólo lo rural, aunque esto sigue siendo una referencia sumamente creativa. Saber lo que ha pasado realmente en estos años es también una prioridad. ¡Cómo cuesta hacer una crónica objetiva y seria de los últimos años, sin caer en generalidades ideológicas!

Hay que reconocer que diversos estudios realizados en la Iglesia Católica son, tal vez, las contribuciones más importantes en este sentido. Pero estos conocimientos no son todavía del dominio popular. Por una opción muy personal, doy una importancia grande a la memoria en la construcción de la cultura guaraní. Volver a las matrices de su pensamiento, de su sistema económico, de su organización social, es volver al futuro. Es un retorno hacia adelante.

En mis viajes por Europa puedo sentir hasta qué punto el sistema guaraní, incluso como filosofía de vida, ejerce un verdadero poder de fascinación en la búsqueda de nuevos caminos. El pensamiento moderno se siente atraído por experiencias de este tipo. Es claro: no se trata de imitar ni de reproducir formas de vida arcaicas, sino de ver sus contribuciones en un diálogo de culturas. La poesía guaraní, por ejemplo, despierta admiración y suscita emoción artística.

El asunto puede parecer anecdótico, pero tiene la fuerza de ciertas periferias que avanzan poderosamente sobre los supuestos centros. No es fruto del azar que durante la dictadura de Stroessner se haya dado la mayor agresión contra las tierras indígenas y su modo de ser. Los territorios habitados por los guaraníes, así como los propios guaraníes, han sido considerados intrusos y, al fin, los más extranjeros en su propia tierra.

GUERNICA

Impresión de prenda de vestir sobre papel. 1977

OSVALDO SALERNO 

 

INVENTAR EL PARAGUAY

 

No basta geografía, queremos un paisaje con historia.

Jorge Guillén, Despertar español IV,

en Clamor (1957)

 

La geografía del Paraguay ha sido en los últimos siglos muy cambiante. Guerras desafortunadas y gestiones diplomáticas aún más desafortunadas encogieron su espacio geográfico hasta los límites actuales, figura apenas en miniatura de aquella nostálgica Provincia Gigante de las Indias. Y si se considera el primitivo territorio de los antiguos Guaraníes la reducción es todavía más considerable; el viejo solar guaraní está hoy repartido entre varios Estados naciones, dividido por sus no tan invisibles muros de Berlín.

Pero, a pesar de su geografía, y casi en contra de ella, hay un Paraguay que está más allá del Paraguay. En realidad está también más acá de sus fronteras. Hay un Paraguay que no coincide con el Paraguay. Ni el Paraguay contiene todo el Paraguay, pero tampoco todo el Paraguay es Paraguay. No basta, pues, geografía. Hay que buscar y extender la vista hacia un paisaje con historia. Y con cultura.

Es cierto que no se inventan los hechos, que son como la materia de la historia, pero se puede -y se debe- inventar su lectura y su sentido. Los pueblos, cuando se sienten con suficiente salud política, social, económica y cultural, son capaces de inventarse de nuevo, de crear sentido para sí mismos y nueva razón de ser. El presidente de los Estados Unidos de América, Bill Clinton, al asumir su cargo por primera vez prometía inventar América. Era la ilusión y la utopía de un gobernante joven y optimista que tenía fe en el futuro.

 

 

CUANDO EL FIN ES PRINCIPIO

Cuando algunos nos querían hacer creer que estábamos en el fin de la historia, llegados ya a una terminal de donde no parten más trenes, sino los rutinarios colectivos de circunvalación que dan siempre vueltas alrededor de un único y monótono centro, resulta que hay mucha gente que no quiere subirse a este transporte de masa y prefiere inventar su propia ruta y su propio camino, aunque sea a pie. Sería el final de la historia la no historia, la renuncia a darle un sentido a la historia, por lo menos como proyecto de vida más libre y humana. Más que una aldea global el mundo se está convirtiendo en una megápolis de innumerables bandos y hordas, especializados en venganza; una guerrilla de bandas.

En sentido positivo, el fin de la historia es el comienzo de las historias. Si la realidad es desconcertante -el hombre lobo para el hombre-, ¿es posible todavía inventar un sentido y un orden concertado?

La invención sólo es posible desde la libertad frente al dominador. Fuera del dictado de la uniformidad es donde se puede imaginar la pluralidad.

"Reducir a vida política y humana", que fue uno de los proyectos de la corona española para los pueblos indígenas de América -y que consiguió realizaciones notables, como las Reducciones jesuíticas de Guaraníes en el Paraguay-, suena hoy a utopía. Ya pasaron los tiempos en los que se podía imaginar el plano de la ciudad futura. Brasilia, la última gran "reducción" de los tiempos modernos, ideal y genialmente proyectada por Lúcio Costa, acabó en lo que acabó: un caos. La dialéctica del Paraguay pasa por la dialéctica de su colonización.

Creo que el Paraguay no puede ser inventado, sin que se tenga en cuenta su colonización. Entender su colonialismo y pensar en su descolonización es una tarea que tenemos todos. Sólo se inventa, en realidad, lo que ya se ha encontrado, por lo menos con la imaginación. Pero, ¿es que todavía nos colonizan?; ¿cómo?, preguntará alguno

 

MI HISTORIA DEL PARAGUAY

No siendo paraguayo de nacimiento ni de primeras letras, noto que me siento bastante libre para imaginar una historia del Paraguay no escolar ni convencional.

A mi parecer, hasta fines del siglo XIX no hay propiamente una historia paraguaya, sino una historia de guaraníes coloniales. Son los grandes momentos de esta historia guaraní colonial, pues, los que hay que buscar, como "huesos perdidos" que den consistencia a la columna vertebral de nuestra historia.

El primer acto propiamente colonial no fue la llegada de los españoles, de los "cristianos", y la fundación de Asunción en1537, sino la instauración de la encomienda por Domingo Martínez de Irala, en 1556. Con esta medida el colonizador forzaba al Guaraní, como no había tenido coraje -ni posibilidades- de hacerlo antes, a entrar en el sistema político, cultural y económico deseado por los colonos. Desde ese momento toda la historia gira en torno de las relaciones del encomendero con el Guaraní y del Guaraní con o contra el encomendero. Pero durante siglos el Guaraní todavía será capaz de pensarse a sí mismo desde su propio modo de ser. Las continuas rebeliones de los Guaraníes contra el "(des)orden colonial" muestran que hay una historia guaraní con plena vigencia. Sin contar que la encomienda no se extendía todavía realmente al territorio guaraní, que continuaba siendo lugar "poco o nada batido por el español".

Un segundo período decisivo se inicia con la "reducción" de los Guaraníes por los frailes franciscanos, primero, y los padres jesuitas, después, sin olvidar los pueblos de indios regentados por el clero secular. La importancia de este modo de colonialismo es que se hace casi sin población de colonos -no entraban en los pueblos y "reducciones" ni españoles, ni mestizos, ni mulatos, ni negros- pero con lo más firme -y lo más fecundo- que tiene el colonialismo en sí, que es el culto y la cultura. En este colonialismo no hay nada de mestizaje racial, pero se dan aquellos cambios culturales y religiosos, que producirán un nuevo modo de vida. La vía del colonialismo mitigado, bastante humano y providente -la conquista espiritual- llegaría mucho más lejos y sería más amplio que cualquier encomienda directa, que en el caso del Paraguay carecía de programa planificado. Los encomenderos nunca supieron ni pudieron crear un plan, ni siquiera económico, de explotación racional ni de creación cultural. Colonia lamentable la de esos colonos hispanos, que no sabían cultivar el suelo, pero sí lamentos y quejas. Tal vez lo que se puede agradecer en ellos es que no sabían colonizar. Su fuerza, su única e importante fuerza, que se mostraría efectiva, es que hacían parte de un mundo colonial más amplio que trabajaba a su favor.

El tercer espacio histórico se abre en 1768 con la expulsión de los jesuitas de todos los dominios de la corona española, y por tanto también del Paraguay. Ésta expulsión tuvo el efecto irreversible de desorganizar el proyecto de colonia alternativo   -sin mestizos, hablando una lengua indígena y con una economía mixta de comercio exterior y reciprocidad, jopói, interior- que se había establecido en las Reducciones. Mal que mal, el Paraguay independiente de España, con el Dr. Francia y los dos López, mantuvo todavía muchas de estas estructuras hasta la Guerra de la Triple Alianza. Bajo muchos aspectos el Paraguay del siglo XIX es todavía una gran "reducción" laica, pero ya con vocación de "estancia del Estado".

El Paraguay entra en lo más específico del espíritu colonial apenas en el siglo XX. Sólo en este siglo se da la liquidación definitiva del usufructo de la tierra por el campesino y del indígena, que pasa en su totalidad a manos privadas. Sólo en este siglo se pasa a la castellanización, tímida por cierto, de las élites paraguayas a través sobre todo de escuela pública y privada, donde éstas han funcionado, fenómeno que recientemente toma mayor amplitud gracias a los medios masivos de comunicación. La economía de mercado empieza a imponerse como economía total, pero no está todavía plenamente aceptada en las relaciones sociales comunes y cotidianas, muy marcadas todavía por el parentesco y la "projimidad". La religión católica se folkloriza y, debido a la aparición de otros cultos y "sectas", deja de ser la primera en regir y determinar las grandes opciones de la vida -y de la muerte- del paraguayo.

 

CULTIVO, CULTO Y CULTURA

La más importante de las batallas -la madre de todas las batallas, diría alguno- será en el futuro inmediato de carácter cultural. La gran cuestión que subyace en todos los proyectos de largo alcance es hoy la cultura. La cultura ha dejado de ser un adorno o un complemento; la cultura es la que decide si los hombres van a comer hoy -y mañana- o no. No es pura casualidad que las guerras actuales sean más étnicas que económicas, más de pasiones que de comercios. Tildadas de fanáticas e irracionales, estas luchas provienen sin embargo de la triste y dolorosa situación de que quien no tiene cultura -¿mi cultura?- ni siquiera es, y por lo tanto no tiene tampoco derecho a comer ni a ocupar un lugar bajo el sol. El que no tiene cultura que no viva, es la amenaza que pesa sobre infinidad de hombres y mujeres en el mundo de hoy: migrantes, refugiados, exiliados, marginados y extranjeros en su propia tierra.

El profesor brasileño Alfredo Bosi ha escrito sobre la Dialéctica da colonizaçao (São Paulo: Companhia das Letras, 1992, 404 págs). El primer ensayo de este libro está dedicado al análisis de las palabras "colonia", "culto” y “cultura”. Son todas ellas palabras que derivan del verbo latino, colo, que significa "yo trabajo o yo trabajo el campo". Cultivar el campo era tan importante para un hombre del mundo latino que venía a ser el modelo de la vida misma; ser persona era cultivar la vida, colere vitam, como un campo -el campo de la vida-. En cuanto memoria el cultivo se convierte en culto; es, por ejemplo, el culto a los antepasados, que, ahora debajo de la tierra, son también trabajados y cultivados con respeto, a veces con temor, pero también con cariño. En cuanto proyecto y futuro, el cultivo es cultura: lo que se va a trabajar, lo que se va a producir y lo que se quiere ser. Cultivo, culto y cultura son tres dimensiones fundamentales del hombre en la tierra: su presente, su pasado y su futuro. La lengua latina era básicamente campesina y de ahí que el cultivo del campo venga a ser la metáfora de la vida misma en su totalidad.

A través de un proceso que aquí no se puede presentar con detalle, se pasó de cultivar la tierra a buscar tierra para cultivar. El habitante de una tierra pasa a buscar otra tierra, en principio para cultivarla también. El habitante pasa a ser colono. Entramos así en el proceso de colonización. La palabra colonización, de por sí, no debería despertar recelos ni temores. Muchas migraciones estuvieron movidas por necesidades muy humanas y por utopías sinceras y magnánimas.

Los hechos históricos han mostrado, sin embargo, que la colonización, por sus modos y prácticas concretas, se ha convertido en explotación económica y dominación política: colonización de cuerpos y de almas. Apoyada generalmente en un culto y proyectada hacia una nueva cultura, la colonización ha sido y es una realidad violenta y destructora que un pueblo ejerce contra otros pueblos. La historia de los Guaraníes del Paraguay fue marcada en su carne y en su espíritu por este tipo de colonización, si se acepta mi visión histórica del Paraguay presentada más arriba.

 

LA CULTURA UNIVERSAL

La cultura colonial tiene como rasgo distintivo no el diálogo, sino la instrucción. Habla antes de escuchar. Y no escuchando, puede mantener tranquilamente, a veces casi ingenuamente, sus propios perjuicios. Ni sospecha que pueda haber otra cultura. De ahí a negarla, sólo hay un paso. Desconocimiento y negación corren paralelos.

Uno de las características más persistentes de las culturas coloniales es su afirmación unilateral y su pretensión de universalidad. El verdadero colonizador piensa que él es la cultura, y el camino que él recorrió lo tendrán que recorrer los otros más tarde o más temprano. Muchos hechos le dan la razón y confirman esta idea. Los imperios son formas de vida que han sido capaces de imponerse como sistema y lenguaje universal. Esta fuerza de atracción no debe menospreciarse; hay en los imperios coloniales una racionalidad indudable que deriva sobre todo de la facilidad con que pueden manejarse algunas de sus ideas básicas.

El colonialismo capitalista ha mostrado en este sentido una vitalidad de astucia extraordinaria. En su aparente diversidad ha reducido a una gran parte de la humanidad a vestirse de la misma manera, a beber las mismas bebidas, a oler los mismos perfumes, a ver las mismas imágenes, a seguir los mismos itinerarios turísticos, real o imaginativamente, a abastecerse en los mismos supermercados. Hay más variedad entre las ceremonias rituales de dos tribus del Chaco o de la cuenca amazónica que entre todas las formas de religión de que se ha servido el colonialismo para su expansión y justificación. El poder de persuasión y de uniformización propio de los sistemas coloniales estriba más en su simplicidad que en su complejidad. Las llamadas lenguas de comunicación universal, como el inglés y el castellano, entre las que nos afectan más directamente, tal como son practicadas colonialmente, manejan apenas un millar de elementos; un niño los aprende fácilmente.

La economía de mercado es la reducción más simple posible para intercambiar bienes. Se puede así prescindir de aquellos factores humanos, que en otros tipos de economía en los que se practica el don y aun el robo vengativo, actúan de forma tan compleja y matizada. Vivir colonialmente es más fácil. Todo el mundo puede ir a Disneylandia y traerse un "original" gorrito, reproducido en millones de ejemplares. Y si no todos se igualan en tener una camisa de marca famosa, se igualan en imaginarse con ella algún día.

Globalizante y totalizante, el colonialismo se proyecta en el futuro, como única forma válida de vida, de pensamiento y de arte; su lenguaje es el "lenguaje humano", por excelencia. Su cultura es, en cierta manera, la negación de la creación de cultura.

Colonizado, ¿puede todavía el Paraguay aspirar a sobrevivir como unidad diferente? El panorama no es muy animador. El mundo no solo se divide en países ricos y pobres, del norte y del sur, sino en difusores de "cultura" y consumidores de ella; en creadores de tecnología y usuarios de tecnología; en dueños de lenguajes universales y perpetuos aprendices de estos lenguajes.

¿Podría el Paraguay aspirar a enfrentar esta situación con un modo de ser propio? En nombre del realismo, muchos paraguayos han renunciado definitivamente a ello. Aferrarse a una cultura paraguaya propia sería más una reivindicación para ocasiones folklóricas que para construir un futuro moderno y racional.

Pues bien, apostar en un futuro particular, a esto lo llamo inventar el Paraguay. Lo particular no es el particularismo guardado en una bola de cristal. La cuestión es tan importante que en ello se juega nuestra existencia y nuestro pan de cada día.

Inventar es entrar en el juego. La cultura propia ha de ser un elemento de "ataque", no de "defensa". Inventar es inventarse, no sólo a sí mismo y frente a los otros, sino también para los otros y con los otros. Si se inventa sólo para sí mismo se cae en la actitud central del imperialismo, tal y como hace el primer mundo con la tecnología. Si la cultura paraguaya no sabe o no aprende a inventarse para y con los otros, o bien caerá en el conservadurismo claustrofóbico o en la disolución suicida colgado de lo extraño y extrañante. La invención sólo es posible en el diálogo, no en el monólogo.

Baste por hoy el haber planteado la desconfianza frente a los lenguajes universales que son menos completos y satisfactorios de lo que anuncian. No se puede vivir a la sombra de los monumentos, por muy magníficos que éstos sean. Hay una casa para el más humilde de los mortales; construirla es inventarla.

 

DE LA SERIE MANGAS (DETALLE)

Impresión de manos y de prendas de vestir sobre papel

OSVALDO SALERNO

 

DEL GUARANÍ DE LA HISTORIA A LA HISTORIA DEL GUARANÍ

 

Providencialmente transterrado en el Paraguay, desde 1954 he procurado por los medios que estuvieron a mi alcance amar esta tierra que me recibía y conocer sus raíces. He procurado sentirla para sentirme. Por diversas circunstancias que sería largo enumerar, mi educación paraguaya había de darse en tres campos que siempre me parecieron privilegiados para penetrar el modo de ser paraguayo: el de la lengua, el de las sociedades indígenas y el de la historia. En los tres campos surgía un concepto clave, no siempre unívoco, que sentía como portador de significados todavía no bien desentrañados: el guaraní. La lengua guaraní, la sociedad guaraní, la historia guaraní han sido en estos últimos años la razón de mi pasión.

Ahora quisiera tratar el tema de la historia guaraní. Y la historia guaraní como forma de repensar la historia paraguaya. Alguien podrá preguntar con aire de escéptica objetividad si existe una historia guaraní, si toda sociedad indígena sin escritura y sin Estado no es por definición una sociedad sin historia, en espera de alguien que le haga su historia. Este prejuicio es más común de lo que podemos pensar de momento.

 

UNA SOCIEDAD SIN HISTORIA

Ante la afirmación de que el guaraní es un pueblo sin historia, probablemente buena parte de los lectores paraguayos reacciona instintivamente en el sentido de no poder admitir una sentencia de este tipo. Y no le falta razón. Algo así como si se nos dijera que la lengua guaraní que hablamos no es lengua; proposición que hiere nuestros sentimientos y contraría la evidencia. Sin embargo, la historia paraguaya convencional, la que hemos leído en nuestros libros de lectura de primaria, la que hemos estudiado en los manuales de secundaria, sistemáticamente le han negado al pueblo guaraní una historia propia. Apenas algunas obras de investigación más recientes y poco divulgadas, como las de la doctora Branislava Susnik, y estudios monográficos sobre fenómenos particulares de esta historia, como los del doctor Rafael Eladio Velázquez y el doctor Louis Necker, han iniciado la escritura de una historia guaraní en los términos en los que la entendemos.

 

EL GUARANÍ ENTENDIDO COMO PREHISTORIA

Por supuesto que la historia guaraní no es negada de una forma explícita y directa, pero sí ha sido negada general y sistemáticamente en lo que puede considerarse la historiografía convencional del Paraguay. ¿De qué modo? Simplemente relegándola a la prehistoria de la historia paraguaya, como también se ha hecho en la Argentina y, por la parte que les corresponde, en el Brasil y Bolivia, los cuatro países actuales que se sitúan sobre el territorio de la nación guaraní.

Efectivamente, las historias convencionales del Río de la Plata, cuando tratan del indígena lo consideran, generalmente, como una etapa prehistórica, no sólo en el sentido de que carece de una documentación escrita, sino en el sentido de que estaría destinada a desaparecer y ser substituida por los hechos y las instituciones coloniales. La historia colonial está, las más de las veces, concebida como la historia de una substitución: la substitución de la sociedad indígena por la sociedad colonial. Nada de extraño pues que en esta concepción lo indígena se presente apenas como valor residual, un "todavía" que "todavía no es". Incluso cuando se reivindica de nuevo la entrada de la sociedad indígena en la historia nacional, mentes bien intencionadas lo aceptan más como un acto de benevolencia y de reparación moral que como una exigencia propiamente histórica. Para la historiografía convencional, lo indígena es apenas un primer capítulo que se cierra sobre sí mismo, sin real continuidad con la historia posterior; a lo más quedaría el resabio de lo indígena en un siempre mal definido mestizaje, que se presta a las más diversas interpretaciones.

Acostumbrados como estamos a ver la prehistoria guaraní como una fase ya superada, nos preguntaremos tal vez a quién puede servir hoy una historia guaraní, si es que ella existe.

 

HISTORIA Y ESTADO

La negación práctica que la historiografía paraguaya ha hecho de la historia guaraní tiene una de sus explicaciones teóricas principales en la ideología de la historia universal lineal, de la cual los acontecimientos y personas son párrafos y capítulos particulares. La historia como tal sería la descripción de las etapas de un sistema mundial de evolución centrado sobre la aparición y desarrollo del Estado. La historia de las sociedades se entiende, de este modo, como la interpretación del fenómeno por el cual se da la incorporación y participación en el Estado.

Para el caso de América la historia sólo se ha entendido a partir de la aparición del Estado en estas tierras. Sólo el Estado, en este caso el español, habría hecho posible la eclosión de historia en este continente, mediante un proyecto civilizatorio que postula una sola economía, una sola lengua y una sola fe. Dentro de este esquema, las sociedades prehistóricas serán juzgadas y admitidas a formar parte de la historia, sólo y en cuanto se muestren aptas a ser integradas en esa única historia general.

El carácter asimilacionista de la historia occidental de la que nosotros haríamos necesariamente parte, se muestra claramente en su pretensión de juzgar toda acción histórica a partir de una única matriz.

Por esto, las mismas sociedades indígenas que viven en la actualidad sólo son pensadas en cuanto marginales al sistema mundial, ya sea porque sobreviven "todavía" frente a él, ya sea incluso porque le resisten. Debo confesar que yo mismo caí en la trampa de la reducción de la historia guaraní como historia de resistencia. Pero esto es negar la posibilidad de otra historia, que no es necesariamente pensada desde las categorías de la historia occidental.

El Guaraní de la historia, en la historiografía convencional integracionista, se define, dentro de esa lógica, por su "todavía no": un no-ser sería la definición misma de su ser. Es por ello por lo que su religión es juzgada con parámetros de alguna religión universal -en este caso la cristiana-, con la cual se buscarán concordancias y diferencias; lo mismo se dirá de su economía, aceptada como tal en cuanto se muestre con capacidad de acumulación capitalista; el grado de su política será medido según se acerque o no a las categorías civilizadoras del Estado. El Guaraní de la historia es un individuo que "todavía no es civilizado".

Pero, ¿corresponde esta ideologización del Guaraní a la realidad? ¿No oscurece más bien la comprensión incluso histórica del proceso paraguayo, al suponerlo completamente desvinculado de la historia guaraní? ¿No nos privamos con ello de una más alta comprensión de nuestras propias posibilidades históricas?

 

CULTURA E HISTORICIDAD GUARANÍ

En su libro Islas de historia; la muerte del capitán Cook; metáfora, antropología e historia, Marshall Sahlins (Chicago, 1985; Barcelona, 1988), muestra claramente que a "diversas culturas, diversas historicidades". Porque "diferentes órdenes culturales tienen sus modos distintivos, propios, de producción histórica" (1988:12).

Ciertamente el Estado, en las formas miopes en las que todavía lo vivimos y lo vivieron las generaciones pasadas, especialmente las coloniales, no admite otra historicidad que la que se ha dado a sí mismo, pero esto no quiere decir que haya conseguido anular los otros modos de ser cultural que viven en su seno, a pesar de no pocos esfuerzos y presiones, más o menos sutiles y violentas según los casos.

Esto quiere decir que, así como hay sociedades y culturas guaraníes, puede haber y de hecho hay una historicidad guaraní. El arte consistirá en descubrir la historia de estas sociedades y la historicidad que les es propia. Es de este modo como aparece en escena una nueva ciencia que se ha dado en llamar etnohistoria, de mayores alcances que lo que se puede suponer a primera vista, si se saben superar las dificultades metodológicas que le son inherentes.

La etnohistoria -y ya paso a considerar directamente la etnohistoria guaraní- no es simplemente una historia que trata del indio guaraní. No es el Guaraní en la historia, ni el Guaraní de la historia, sino la historia del Guaraní, en cuanto que es éste quien sabe sus tiempos y los siente. Y para ello hay que descubrirle sus propios esquemas culturales y la relación de sus valores. Recogiendo de nuevo proposiciones de Marshall Sahlins (1988: 9), se puede decir que "la cultura se reproduce históricamente en la acción", si bien también es cierto que "la cultura se ve históricamente alterada en la acción". Y así como es verdad que el orden significativo de la cultura tiende a mantener la coherencia convencional de la sociedad en cuanto un nosotros, la vida de los individuos se arriesga hacia actos empíricos creativos y peligrosos, más o menos bien realizados. Dejemos de momento la segunda parte del movimiento dialéctico entre estructura y devenir histórico, para ver cómo la cultura se reproduce históricamente.

Hay sociedades guaraníes en el Paraguay, como las hay en el Brasil, en la Argentina y en Bolivia, cuyas culturas se reproducen históricamente en sus acciones. ¿Qué quiere decir esto? ¿Qué es lo que reproducen específicamente a lo largo de años y siglos? Dicho de una manera sintética -y no sin riesgo de equivocarme-, lo que reproducen es la voluntad de un modo de ser que se expresa en un sistema simbólico, especialmente vehiculado por una lengua, que es el guaraní, que mantiene una economía de reciprocidad y que se configura como una sociedad sin Estado. Entender cómo se ha ido reproduciendo a través de los tiempos este sistema, las acciones que las personas han tenido que llevar a cabo para conservarlo y robustecerlo, la vivencia que han podido tener de sus riesgos e incluso de sus derrotas, pero también la tranquila y alegre conciencia por la posesión de un bien que ven perpetuarse día a día, haciendo continuamente memoria de su futuro, que saben no ha de acabar tan fácilmente, entender esto, digo, es acceder a esa otra historicidad que por muchas razones es un ejemplo y un impulso para renovadas actitudes de sereno heroísmo.

Vista de esta manera, la historia guaraní deja de ser un "todavía no" destinado a la primera aventura colonial que se presente, para ser un sólido y fuerte "ya" que ha luchado y sigue luchando consigo mismo contra los riesgos empíricos de las cosas de cada día, pero también contra el único modelo de una historia occidental que en definitiva les cambiaría radicalmente su ser.

 

LA HISTORIA PARAGUAYA EN LA HISTORIA GUARANÍ

Alguien podrá preguntar cómo ha venido a plantearse la reivindicación de una historia de la que nuestros libros nunca hablaron, de cuya existencia formal ni sospechábamos. Aquí se juntan elementos vivenciales, metodológicos y teóricos que han hecho posible el descubrimiento de esta realidad histórica.

Está en primer lugar la existencia del pueblo guaraní en sus diversas etnias, que por auto denominación y por voluntad propia se manifiestan como sociedades no coloniales ni reducidas. La etnografía de estas sociedades y el análisis de sus aspectos fundamentales, muestran que en realidad son sociedades sin Estado, no colonizadas. Y surge la cuestión de cómo han podido reproducirse en el tiempo, cuando la historia convencional ya les había decretado la muerte y su desaparición. Es aquí precisamente donde la antropología tiene que aportar algo a la historia. De nuevo citando a Sahlins (1988:17), "el problema reside ahora en desbaratar el concepto de la historia mediante la experiencia antropológica de la cultura". El dato irrecusable de la existencia de la cultura indígena como diferente postula una nueva historicidad. Más aún, esta nueva historicidad, al desbaratar los parámetros y las categorías de la historia convencional, se venga de ella pero sin menoscabarla: al contrario, la lleva a una comprensión más profunda de sí misma.

Para nuestro caso la cultura guaraní, con la nueva historicidad de que es portadora, será una clave para entender la historia paraguaya. Se puede leer la historia paraguaya en clave guaraní, como los riesgos empíricos que los individuos y la sociedad guaraní afrontaron en contacto y en contraste con la implantación del Estado junto a ellos; esto es, la introducción de una economía capitalista frente a su economía de reciprocidad y de jopói, el proceso de substitución de símbolos y valores, de religión y de arte.

Cuando lleguemos a pensar la historia del Guaraní como sistema diverso y autónomo, podremos medir la magnitud de lo que ha sido la historia colonial del Paraguay. La historia guaraní nos permite pensar que la misma historia paraguaya no es sólo la gradual substitución de la sociedad indígena por el Estado de cuño occidental. La historia guaraní sigue presente en el Paraguay, aunque la sociedad que la sustenta pueda parecer marginal y poco significativa en términos cuantitativos.

 

CONSTRUYENDO UNA HISTORIA GUARANÍ

La historia guaraní, para hacerse, apela a una serie de recursos que no son habituales en la historia convencional, como son la arqueología y la mitología, pero insiste en las fuentes escritas tanto cuanto lo hacen las historias convencionales. Sólo que las fuentes escritas deberán ser leídas conscientemente desde otra hermenéutica distinta de las que produjo estas mismas fuentes. Aunque pueblos sin escritura y sociedades sin Estado, ellos piden y reclaman una lectura de lo que se dijo sobre ellos, desde categorías propias que ciertamente no eran las del escritor, autor que de una manera u otra miraba al indígena desde el Estado. Las fuentes documentales escritas tienen una centralidad que ciertamente no es la memoria indígena; ellas dan fe de otro registro y de otras intenciones. Pero, gracias sobre todo a la reversión antropológica, estas fuentes son susceptibles de ser reconvertidas a partir de otra centralidad que no les es propia, pero que puede iluminarlas con la verdad que conservó el dato en su objetividad. Por ello, se impone una lectura "memorizada" a partir de la sociedad indígena, en cuanto es esto posible.

Muchas noticias que aparecen en los documentos escritos pueden ser "imantadas" desde otro polo de atracción. Estas fuentes escritas deben ser relativizadas, es decir, colocadas en relación con otro centro que les es ciertamente extraño, pero no falso ni ilegítimo. De ahí la importancia de trabajar con fuentes primarias que todavía no fueron retrabajadas por los intereses coloniales y reutilizadas para fines didácticos y proselitismos políticos o religiosos. Las fuentes escritas, siendo productos de una cultura diversa, son materiales significantes cuyo sentido y valor pueden, sin embargo, ser procurados en el sistema indígena. Estos significantes son de dos tipos: descripciones generalizantes que equivalen a síntesis etnológicas -antropología histórica- y hechos captados en su irrepetible devenir -historia étnica-. La historia étnica se basa en estos últimos datos y hechos, pero se sirve de las descripciones etnológicas para interpretarlos y valorizarlos debidamente.

La paradoja consiste en tener que descolonizar una relación que en el acto de su misma producción y generación fue colonial. Hay que hacer una lectura excéntrica de las fuentes. La historia guaraní será siempre la historia de un pueblo sin escritura donde lo no escrito da sentido a lo escrito. Y esto es posible porque hay una memoria indígena; una historicidad propia, que es capaz de unir la excentricidad de la interpretación respecto al documento.

 

DESCOLONIZAR LA HISTORIA

La historia guaraní hoy no podría hacerse sin una referencia a la historia colonial, aunque no fuera más que por contraste con ella, y por los conflictos que con ella tuvo, pero no se reduce a ella. La corriente de agua que fue la sociedad guaraní, ancha y dilatada, no ha sido trasvasada enteramente a la historia paraguaya, como si esta fuera hoy la única corriente en que todas las aguas tuvieran que venir confundidas y confusas. Hay que dar gracias a Dios que existan etnias guaraníes en el Paraguay que con su diversidad cultural nos muestran lo que ha sido y es otra historicidad que nunca ha estado ausente de la sociedad paraguaya. La economía de jopói, la libertad de la persona que puede igualar su palabra a la de cualquiera en el aty, el uso de una lengua que sigue siendo indígena en sus palabras y en sus estructuras gramaticales, a pesar de sus reducciones de todo tipo, todo ello es todavía historia en el Paraguay.

Es por ello porque el papel de los antropólogos rurales, de los lingüistas y de los economistas no convencionales, así como de los politólogos abiertos a nuevos sistemas, pueden jugar un gran papel en la interpretación de la verdadera historicidad del Paraguay.

Tal vez se pueda decir que el Paraguay, para su propio orgullo y prestigio, tiene dos historias como tiene dos lenguas. El hecho de que no se haya conseguido la síntesis, que se haya querido privilegiar la historia del Estado en cuanto occidental, no debe desalentar la investigación de una nueva comprensión de nuestra realidad histórica. La historia del Guaraní es un camino a una más alta y más amplia historia del Paraguay.

SIN TÍTULO

Impresión de sogas y cuerpo humano sobre papel. 1976

OSVALDO SALERNO

 

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ANVERSO Y REVERSO

Impresión directa del cuerpo humano y sogas de papel. Díptico. 1983

OSVALDO SALERNO

 

DOCUMENTO II

Impresión del cuerpo del artista sobre papel. 1981

OSVALDO SALERNO

 

NO HABLO, NO ESCUCHO Y NO SIENTO

Impresión de cuerpo humano sobre papel. 1994

OSVALDO SALERNO

 

EL LÍMITE

Impresión de cuerpo humano sobre papel.

OSVALDO SALERNO

 




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