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ANTONIO V. PECCI


  PYAPY (CORAJE) - Por ANTONIO V. PECCI - Coautora NATALY VALENZUELA


PYAPY (CORAJE) - Por ANTONIO V. PECCI - Coautora NATALY VALENZUELA

PYAPY (CORAJE)

TEATRO POR LA MEMORIA

Por ANTONIO V. PECCI

Coautora NATALY VALENZUELA


La obra se basa en un texto inspirado en torno a la vida de militantes y luchadoras contra la dictadura como Carmen Soler, doña Coca Lara Castro, Julia Pe­rruchino y Esther Ballestrino. Carmen Soler fue ade­más de militante política, una destacada poetisa. Y uno de sus poemas se titula precisamente "La alondra heri­da" que da título a su libro de versos, al cual apelamos

La pieza intentará que el espectador se apropie de conceptos claves como 'tortura', 'detenidos-desapareci­dos', 'pyrague', 'víctima', 'represor', 'dictadura', 'demo­cracia', 'justicia social', 'derechos humanos', etc.

La técnica dramática está basada en el 'distancia­miento' brechtiano y apelará al uso de carteles, música, máscaras y otros elementos y recursos escénicos.

Y el concepto general es de "Teatro portátil", fácil­mente transportable de un lugar a otro y adaptable a distintos espacios lo que será definido por el grupo tea­tral.

Se inscribe dentro de una corriente relativamente nueva de Teatro y Memoria que aborda hechos y perso­najes de la época stronista (1954-1989).

PERSONAJES

El Narrador

Un hombre

Una mujer.

 

ACTO ÚNICO

ESCENA I

NARRADOR. —Esta obra es una mirada y un mensaje sobre un tiempo histórico de oprobio y de ver­güenza, pero también de lucha y de ideales que alimen­taron la fe de muchos compatriotas. Que afrontaron persecución, prisiones, exilio en su lucha por librar al país de una dictadura que hizo de la violación a los de­rechos humanos una práctica sistemática. Desde 1954 a 1989 un hombre dirigió con mano de hierro el país pretendiendo acallar las ansias de libertad de un pueblo y aplastar toda crítica. Ese hombre fue el general Alfre­do Stroessner.

(MUJER TARAREA PRIMEROS COMPASES DE PATRIA QUERIDA.)

De cómo se vivía y la suerte que corrieron los jóvenes y adultos, los hombres y mujeres, gente de la ciudad y del campo reflejados en un hombre y una mujer, quie­nes representan genéricamente los padecimientos de los luchadores por la libertad.

(HOMBRE TARAREA OTROS COMPASES Y CANTA ESTROFA DE "PATRIA QUERIDA", MARCHA CANTADA EN LAS MOVILIZACIO­NES CIUDADANAS DE LA ÉPOCA. LUEGO AL­GUNOS VERSOS DE CARMEN SOLER.)

Esta obra está vestida con los versos de una gran lu­ chadora y militante por la libertad, cuya pluma captó y expresó su dolor y sobre todo el de sus compatriotas. Fue la voz de una poetisa que no calló, sino que sintió el impulso de cantar sobre esos años sombríos y las ga­nas de libertad de todo un pueblo. Carmen Soler sufrió prisión, tortura y exilio, pero jamás perdió la esperanza de que su patria alcanzaría la libertad y su pueblo el bienestar y la igualdad.

VOCES.—“Madrina… madrina…”

Doña Coca fue la madrina de muchos presos aban­donados a su suerte en los calabozos policiales, a quie­nes ella hacía llegar alimentos, ropa, medicamentos y daba noticia de sus familiares y a los organismos de de­rechos humanos del exterior. Así incansablemente año tras año, pese a los maltratos de los jefes policiales. Por eso se ganó el apelativo de “madrina” de los presos po­líticos.

MUJER.—Este es el ombligo de mi hijo. Demasiado lindo era… Esos sus ojos lo que siempre me gustaron… grandes. Ternura había adentro… Esos ventanales ne­gros y profundos... ahí yo me pierdo… Viajo parece…. Volvéke che memby, cuidate… portatekena bien… (LE PONE EL SEA.). Callados, refugiados en el silencio…. así las cosas son mejores… (EL TREN SE VA.). Yo no sé para que lo que la gente quiere cambiar las cosas… si así podemos vivir también, no nos falta ko nada, no pa­samos ko hambre. En silencio son mejores las cosas… Luchar?, yo también lucho... Para vivir lucho… Sabe lo difícil que es el día a día. Pero en mi casa procuro mejorar mi vida y la de mis hijo... (MIRA EL OMBLI­GO.). Pensar que apenas y se le escuchaba llorar cuando era bebe’i, pero a los dos años ya volaba. Corría por todos lados como esas máquinas y hablaba como esos loros, Pancho le decíamos por eso (SE RÍE.) Su juego preferido eran las escondidas (LO BUSCA CON LA MIRADA.). Todos los mitã’i del barrio andaban tras de él, porque era el más inteligente... Le dirigía luego a todo su grupo… Esos sus ojos ko le brillaban cuando se acercaba para tocar tambo, como esas balas le pasa­ba al que se quedaba en el árbol para llegar hasta ahí, acusado Ramoncito detrás del árbol.. tamboooooooo… sus carcajadas se escuchaba en toda la cuadra (HACE SONIDO DEL LATIDO DEL CORAZÓN CON LAS MANOS.). Pero ya es tarde… y no llega del co­legio, ¿será que le paso algo? Este mi hijo desde el día que empezó a caminar no paro más… Cuántas tardes me quedé en lo de González planchando esperando que vuelva… Demasiado enamorado está de su novia me dijo, y por eso tarda tanto. Está grande ya y no le pue­do pues prohibir que ande por ahí con esa chica. Ya tiene diecisiete, tiene que probar, tiene que convertirse en hombre.

Las madres nacimos para esperar… en silencio… con paciencia.

Cada vez viene menos, está medio rejuntado con ella parece. Me visita dos veces por semana. Con tal que no deje su estudio y la chica no se embarace… Yo ko con mi trabajo en el mercado le ayudo si es que puedo, vendo aloja ro’ysã porã.

(ESPERA.)

Pero ahora sí que no le veo más (LO BUSCA CON LA MIRADA.). Se me perdió ite. En qué será que anda… No me gusta nada si que esto. Apurado siempre está, con unos libros medio escondidos… Esos sus ojos le brillan como cuando quería tocar tambo…

(SE ESCUCHA UN GRITO.)

 

ESCENA II

SE QUEDA ELLA EN PENUMBRAS. INTE­RROGATORIO.

MUJER.—No sé, hace rato que no le veo... No me diga eso por favor… Bueno es... inteligente…tres tengo. Diecisiete, sí, treinta y cinco… No sé yo. Ese no es... No puede ser... En el colegio todavía… un mes por ahí… ¿Falta mucho?... No les conozco… Lindos ojos tiene... ¿Foto?... Yo no sé… Tres ya le dije…sí, diecisiete, pero no les conozco. Ese no es él. Un mes. ¿Él está bien? ¿Cómo está? Hace rato que no le veo. Lléveme, no im­porta, igual nomás. Eso no es cierto. No, le digo, ¿cómo no voy a saber si yo le parí? Confusión seguro es. ¿Está bien? ¿Dónde? No sé nada yo. ¿Él dónde está? No le creo, lléveme, quiero ver esos sus ojos para saber si es él. Lléveme, no importa, no me suelte, lléveme, no quiero la calle, lléveme. ¿Ese pasillo? ¿Al fondo? No me suelte, quiero verle, por favor. Diecisiete tiene, esos sus ojos, no quiero, basta ya, esos sus ojos, a las escondidas no, por favor, no, lléveme, cámbieme por él, no quiero salir, ya basta, no quiero, ¿por qué?, eso no es cierto. ¡Yo le parí! ¡Cállese, cállese, cámbieme, no me suelte, llévemeeeeee! (GRITA.).

 

ESCENA III

NARRADOR.—Y así permanecían detenidos “por orden superior”, eso valía más que una ley. Y si los pe­riodistas o los extranjeros preguntaban mucho entonces decían que estaba detenido bajo el artículo 79 del Esta­do de Sitio. Y así por meses y años: Antonio Maidana, Margarita Báez, Julio Rojas, Capitán Ortigoza.

ACTOR (GESTICULANDO Y HABLANDO POMPOSAMENTE COMO SI ESTUVIERA EN UNA RUEDA DE PRENSA.).— Señores periodistas extranjeros, es absolutamente falso que en nuestro país existan detenidos políticos, lo que sí pueden decir y les exijo… perdón, les pido que transmitan, es que en el país sí tenemos tras las rejas a delincuentes políticos. (SE PASEA GESTICULANDO.) ¡Bandidos! que per­turban el orden público y crean la división de la familia paraguaya, siguiendo las consignas moscovitas y cuba­nas, pero aquí han sido juzgados y condenados en los tribunales. (POMPOSO) Ejem, gracias al gobierno del líder de la Segunda Reconstrucción disfrutamos de paz y progreso y tenemos una democracia sin comunismo.

 

ESCENA IV

VUELVE LA LUZ ANTERIOR

MUJER.—Siempre le gustó jugar a las escondidas... Rápido corrió para tocar tambo… Se perdieron mis ventanales negros y ya no puedo viajar más… Este es su ombligo... En silencio es mejor, callados nomás…. (TREN QUE PASA.).

Cartel: La alojera

¡Aloja! ¡Ro’ysã porã la aloja!

Por las calles sube el grito que a la indiferencia baja.

El sol resbala en las piedras y va a dormir en el agua.

Sobre la mancha que hace un naranjo en la vereda,

Mientras se tuesta los pies en la parrilla de piedra

—flor morena, fruto amargo—, pide su pan la alojera.

¡Aloja! ¡Ro’ysã porã la aloja!

Bailan las trenzas esclavas

sobre el balde cuando el jarro

rebosa de agua dorada.

Y me araña la garganta

la aloja de miel de caña

que se prepara en mi patria.

Es dulce y fresca la aloja

y la alojera ¡qué amarga!

Sus doce años de niña,

sus doce años amargos,

sus doce años de vieja

sangran en su grito largo:

¡Aloja! ¡Ro’ysã porã la aloja!

Aloja dulce, ¡bien dulce!

¡Vende la alojera amarga!

 

ESCENA V

NARRADOR.—Stronismo. Régimen implantado en el Paraguay mediante un golpe de Estado el 4 de mayo de 1954 donde fue derrocado por las armas el presidente Federico Chaves y se dio vía libre a la pose­sión del poder a un joven y ambicioso general, Alfredo Stroessner. Comenzaba así una nueva época de persecu­ciones y represión arbitraria contra cualquier ciudadano que osara criticar alguna medida del nuevo régimen. Las cárceles comenzaron a llenarse de jóvenes idealistas, de opositores conocidos y hasta de sacerdotes que estu­vieron junto al pueblo.

Estaba prohibido el derecho la reunión, hasta tal punto que en la calle tres personas no podían estar jun­tas. Eso ‘violaba’ el Estado de Sitio o la ley 209. Había que respetar la paz… de los sepulcros.

ACTOR.—‘Usté y usté está violando la ley, no pue­de estar reunido tre persona. (EL PYRAGUE ENOJA­DO.) ‘Y yo qué é… siga pue, subversivo’.

NARRADOR.—Y esos eran los famosos ‘pyrague’, los espías de pies peludos, contratados muchas veces, o ‘colaboradores’ como taxistas, mozos, funcionarios.

ESCENA VI

Cartel: Bandos

Se prohíbe:

al hambre comer

a la boca hablar

al oído oír

a la sed beber

al fuego calentar

al miedo correr

al frío tiritar

a la alegría reír

al amor querer

al poeta cantar

al herido gemir

a la primavera florecer

a la pólvora explotar

(UN BAILE EN PANTOMIMA DE LAS PROHI­BICIONES: HABLAR, ESCUCHAR, MOVERSE FUERTE, GRITAR, SALTAR, MIRAR.)

 

ESCENA VII

NARRADOR (SE PASEA MIENTRAS LEE.).— “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. Artículo primero, Declaración Universal de los Derechos Humanos”.

¿Se respetaba eso en Paraguay?… mamópio

ACTOR (RISOTADAS DE FONDO.).—“Oipota ndaje la Constitución oje aplika hese, aipo derecho hu­manos…. Mba’e derecho humano katu piko…” (RI­SOTADAS.). (‘Quiere que se le aplique la Constitución dice…. Qué derechos humanos ni ocho cuartos… (RI­SOTADAS.).

NARRADOR.—Tipos de torturas que se daban en el Paraguay: maltratos verbales, golpes, trompadas, sablazos, o verdaderas palizas en las primeras horas de detención.

El Plantón, simple y aparentemente inocuo, a veces con la cabeza tapada, se transformaba por acción del cansancio, el miedo ante lo desconocido y la permanen­te hostilización de los captores en un verdadero marti­rio físico que se interrumpía brevemente con la caída del prisionero por agotamiento.

El colgamiento o suspensión del preso de las manos, de los pulgares o de los pies.

En las comisarías del interior era muy común el cas­tigo denominado Ñakyrã (cigarra), consistente en dejar largas horas al preso atado por las muñecas, colgado de un árbol de cara al tronco.

Y estaba la famosa ‘pileta’.

 

ESCENA VIII

Cartel: Sitio de la pileta.

(HOMBRE SENTADO EN UNA SILLA)

ACTOR.—Me llevaron a un cuarto pequeño donde había una bañera con agua marrón, hasta la mitad.

Me hicieron desnudar; quedé en calzoncillos

Me ataron las manos a la espalda y los tobillos en­tre sí. Instantáneamente alguien me tomó de los pelos y con un movimiento seco y violento me tumbó a la pileta. Un pyrague torturador me sostenía de los pies, el otro subió a horcajadas sobre mi pecho… tenía expe­riencia, no era fácil zafarme, me sujetaban la cabeza del cabello manteniéndola fuera del agua... todos gritaban …comenzó la pileteada.

VOCES.— ACÁ TE VAMOS A ENSEÑAR LO QUE ES LA LEY, AQUÍ VAS A APRENDER LA CONSTITUCIÓN NDE SUBVERSIVO. (LLA­MANDO.) ‘KURURU’ E APLICA CHUPE LA CONSTITUCION JA JA JA… ¡VIVA MI GE­NERAL STROESSNER AÑARAKÓPE GUARE! JAJUKAPÁTA KO’Ã COMUNISTAPE. EÑE’ẼPY CARAJO, QUIÉNES SON TUS COMPINCHES QUIERE SABER EL JEFE. (‘PIEL DE SAPO’, apli­cale pues la Constitución a este tipo, jajaja… ¡Viva mi general Stroessner carajo digo!. Vamos a matar a todos estos comunistas… Hablá pues carajo, quiénes son tus compinches quiere saber el jefe).

ACTOR.—Eran largas e interminable inmersiones. El pulmón me estallaba, todo el cuerpo se tensaba, sal­taba hacia Adelante pugnando por catapultar al subofi­cial que se sentaba sobre mi pecho.

Uno de ellos apretaba los pies hacia fuera de la pileta. El griterío de las acusaciones y puteadas se mezclaba con el creciente ruido interior, una especie de zumbido con convulsiones. Todo se confundía. Con el repetir de las zambullidas yo comencé a reaccionar con una fuer­za instintiva incontrolable buscando mantenerme fuera del agua. Cuando me permitían respirar, me tiraban agua a la cara, haciéndomela tragar en medio de toses y arcadas.

A veces se detenían un rato y yo lograba entender que estaban preguntándose si iba a declarar o no. Uno asomaba el rostro, me CONTROLABA, desaparecía, tomaba instrucciones en algún teléfono que estaba muy próximo, pues yo oía el murmullo de sus respuestas. Entre tanto los presentes se secaban el sudor. Alguien me sostenía la cabeza fuera del agua, yo bufaba y tenía arcadas.

VOCES.—TE GUSTAPA EL BAÑO, EMBO­JAHU KATU… TE CREES MUY GALLITO AJÉPA… NE AÑAMEMBY. HABLÁ O SINO NO LE VAS A VER MÁS A TU MUJERCITA NI A TUS FAMILIARES.

ACTOR.— El silencio era una mezcla de suspiros, arcadas, escupidas, comentarios banales de los tortura­dores. Había que reconocer que la mano era un poco cansadora también para ellos.

El zumbido y las convulsiones internas fueron cre­ciendo. Cuando me sacaban la cara del agua, las arca­das eran incontenibles…

Fue creciendo de a poco la sensación de que todo iba siendo distante…

El zumbido interior iba creciendo, el pecho parecía que me explotaba. Cada vez era más fácil para ellos piletearme… CADA VEZ TENÍA MENOS OXÍGE­NO, LA CABEZA PARECÍA QUE ME IBA A ES­TALLAR.

Perdí el control de los esfínteres, era un signo peli­groso.

Comencé a sentir temor a la muerte, comencé a sen­tir temor a la muerte, comencé a sentir temor a la muer­te…

(RONDA DE FIGURAS EN TORNO AL HOM­BRE: UNA MUJER MADRE EN GESTO SUPLI­CANTE, UNA MÁSCARA MALVADA DANZA, UN HOMBRE QUE LE TIENDE LOS BRAZOS.

JUEGO DE LUCES. MÚSICA A TODO VOLU­MEN “INDIA”.)

Por favor, ¡bastaaaaaaaa! (SE TIRA AL SUELO Y RUEDA CON LOS BRAZOS EXTENDIDOS HA­CIA UN RINCÓN Y OTRO DEL ESCENARIO ABSOLUTAMENTE DESAMPARADO Y DESES­PERADO.) ¡Bastaaaaa!

¡Cobardes…!

 

ESCENA IX

MUJER.—Yo le acompañé hasta el bote… Le hicie­ron cruzar el río y le tiraron en Clorinda. “aquí le de­jamos un subversivo” le dijeron a los gendarmes. Mba’e subversivo piko, él luchó por lo que creía.

Gracias a la Virgencita de Caacupé le largaron esos policías malvados, amigos de los robacoches y los trafi­cantes de cualquier cosa. Ahora el 8 de diciembre tengo que ir a pagar mi promesa desde el cerro Caacupé de rodilla hasta la Basílica.

HOMBRE (EN PRISIÓN).—Yo sé que algún día acabará Este calvario. Yo sé que algún día seremos li­bres, que iremos adonde nos plazca sin que nadie se in­terponga; que visitaremos a los amigos sin ser espiados; que tendremos muchos libros en la casa sin que uno se convierta en sospechoso. Lo sé como que todos los días sale el sol y se filtra por el techo y me toca, me ilumina, me da vida. (SE CONTORSIONA UN POCO DEL DOLOR.). Sé que he sufrido, pero sé también que otros han sufrido mucho más los golpes y las torturas, en In­vestigaciones, en la Técnica, en la Comisaría Tercera. Y hasta perdieron la vida, asesinados cobardemente en Caaguazú, en Chararã, en Alto Paraná, en Itapúa por las fuerzas de seguridad y la Guardia Urbana. Pero sé que el sacrificio de ellos no será en vano. Que un día el sol de la libertad alumbrará a nuestro pueblo. Y volve­remos a ser hermanos y retornarán nuestros exiliados y nos abrazaremos. (RUEDA POR EL PISO HACIA UN EXTREMO Y OTRO LOS BRAZOS EXTEN­DIDOS, ESPERANZADO.)

 

ESCENA X (FINAL)

NARRADOR.—El 2 y 3 de febrero de 1989, en lo que se daría en llamar la "Noche de la Candelaria", sería derrocado el régimen del general Alfredo Stroessner. Se abría para el país un nuevo periodo de libertades: de reunión, de palabra, de libre tránsito por la Republica y de retorno de los exiliados.

MUJER.—¡Opáma la dictadura! ¡Por fin volvió mi hijo! Pudimos encontrarnos en nuestra casa, abrazar­nos... Le esperé con una jarra de tereré bien helado y una fuente de sopa paraguaya. Él me trajo para mi ves­tido nuevo y para mi zapato taco alto, argentino para má. Todos los vecinos vinieron a verle. Sus compañeros de colegio también. Y después se fueron a jugar futbol. ¡Demasiado me hallé!

HOMBRE.—Con la caída del tirano se inició la transición a la democracia. Pude volver a reunirme con mis amigos. A asistir a los mitines en la plaza Italia y frente al Panteón, sin que ningún policía te apaleara. De a poco fuimos dejando el miedo a hablar, a mar­char, a viajar, a escribir y decir lo que pensamos, a leer el diario que nos gusta a cada uno, a tener un libro en la mano. Pudimos actuar como personas normales, pen­sar incluso que había un futuro para nosotros y nuestros hijos.

NARRADOR.—Y se cerraba el periodo de la más larga y cruel dictadura que soportó el país, por casi treinta y cinco años. Y todo GRACIAS A LA LUCHA DE GENTE COMO CARMEN SOLER, DOÑA COCA DE LARA CASTRO, Margarita Báez, Julia Perruchino, ESTHER BALLESTRINO Y TANTOS LUCHADORES Y LUCHADORAS.

(MIENTRAS DICEN SU PARLAMENTO HOMBRE Y MUJER CAMINAN Y SE ENTRE­CRUZAN. SE PARAN, CAMINAN. PARECIE­RA POR MOMENTOS QUE UNO HABLA A LA OTRA Y VICEVERSA. O QUE SE HABLAN A SÍ MISMOS.)

MUJER.—¿Valió la pena Esta lucha de tantas muje­res y tantos hombres?

HOMBRE.—Muchos hombres y muchas mujeres que lucharon tanto… ¿Será que esta libertad la tendre­mos por mucho tiempo?

MUJER.—¿Será que habrá justicia social?

HOMBRE.—¿Será que habrá paz verdadera?

MUJER.—¿Otra dictadura vendrá?

HOMBRE.—¿Nuestros hijos podrán estudiar?

MUJER.—¿La tortura se acabará?

HOMBRE.—¿La ley se respetará?

NARRADOR.—Dejamos a ustedes las respuestas y por mi parte termino convocando a un hombre y a una mujer, y a los versos de Carmen Soler.

HOMBRE.—Alguien hendió y abrió el surco rojo  y sembró y se fue.

MUJER.—Y allí en el surco rojo nació el niño

sucio de sangre y tierra.

HOMBRE.—Sangre y tierra

Sangre suya y tierra ajena.

MUJER.—En el surco crece el niño

en el surco se hará grande.

HOMBRE.—Y la tierra será suya.

AMBOS.—¡Y la sangre será ajena!

 

(BAILAN UN “PATRIA QUERIDA” SIN TO­MARSE LAS MANOS, TOREÁNDOSE, DESPLE­GANDO SU ALEGRÍA.)

 

OPA (FIN)

 

 

 

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SEP DIGITAL - NÚMERO 6 - AÑO 1 - DICIEMBRE 2014

SOCIEDAD DE ESCRITORES DEL PARAGUAY / PORTALGUARANI.COM

Asunción - Paraguay

 

 

 

 

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