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JUAN BAUTISTA AYALA


  PLANES DE OPERACIONES EN LA GUERRA DEL CHACO, 1969 - Por JUAN B. AYALA


PLANES DE OPERACIONES EN LA GUERRA DEL CHACO, 1969 - Por JUAN B. AYALA

PLANES DE OPERACIONES EN LA GUERRA DEL CHACO

Por JUAN B. AYALA

Asunción – Paraguay

1969 (64 páginas)

 


JUAN B. AYALA

General de Brigada (S. R.)

Hizo estudios en la Escuela Superior de Guerra de París.

Jefe de Estado Mayor General en los años 1931-1932, época de la movilización y concentración de las fuerzas de la República para la guerra del Chaco.

Organizó el  II  Cuerpo de Ejército y Comando en Jefe en la batalla de Toledo.

Reorganizó el  I Cuerpo de Ejército y comandó en jefe en la batalla de Aliguatá-Campo-Vía.

Ministro de Guerra y Marina y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de la Nación.

Impreso en los Talleres Gráficos de la Escuela Técnica Salesiana Teniente Fariña y Capitán Figari

 

EXORDIO

Tan sólo por rendir culto a la verdad histórica, me veo en la inexcusable obligación de volver a ocuparme de un tema relacionado con la guerra del Chaco.

Al estallar la guerra con Bolivia en 1932, ejercía yo la Jefatura del Estado Mayor General y desde tan elevado cargo hube de dirigir la movilización general de las tuerzas de la República y, como ya expresara en anterior oportunidad, el señor coronel don Arturo Bray: “más por  vía del azar que por su gerarquía o sus aptitudes, asumieron la tremenda responsabilidad de preparar a la Nación en Armas, para la lucha, a (través de las etapas preliminares de la movilización y concentración de las fuerzas armadas”.

El tema a desarrollar en este trabajo lo he titulado: “PLANES DE OPERACIONES DE LA GUERRA DEL CHACO”, con el propósito de rebatir afirmaciones falaces, que se han venido repitiendo en diversas oportunidades, afirmando que “el Paraguay no tenía Plan de Operaciones y que el Estado Mayor había pensado defender el Chaco en la costa del Río Paraguay” o que “se pensó defender el Chaco, después de haberlo entregado a Bolivia”. (The Epíc of the Chaco, Mariscal José F. Estigarribia).

Este trabajo alienta por tanto, un sólo y exclusivo propósito, el de rectificar juicios erróneos acerca de un importante aspecto de la guerra del Chaco. Para ello daré a conocer los auténticos Planes de los Estados Mayores de los dos países en guerra.

Así espero que, en forma definitiva, se podrá estudiar en adelante la contienda del Chaco en su aspecto estratégico y formular todas las críticas, pero a base de documentos auténticos.

Aunque considero redundancia, dejo aclarado que, al escribir estas líneas, no me ha guiado el ánimo de restar prestigio a nadie, sino el de colaborar, sincera y lealmente, a que la historia se escriba sobre la base del respeto a la verdad.

Al publicar los documentos incluidos en este trabajo, no creo que se me pueda acusar de indiscreción. Han trascurrido ya cerca de cuarenta años de la guerra y estoy con el criterio del doctor don Vicente Rivarola que: “el pasado pertenece en absoluto a la Historia, que es y debe ser la expresión exacta de la verdad, libre de toda consideración y preocupación de cualquier orden que sea; pués, no puede ni debe haber Historia sobre la base de ocultaciones, mentiras y tergiversaciones, en favor 0 en contra de nada o de nadie”.

J. B. A.

Asunción, Enero de 1969.

 

CAPITULO I

CONCEPTOS SOBRE LA ESTRATEGIA Y EL ESTADO MAYOR GENERAL

Antes de entrar en materia y a los efectos de una cabal interpretación de la exposición, voy a incursionar brevemente, en los intrincados laberintos de la estrategia y su organismo técnico de ejecución, es decir, el Estado Mayor General.

Quiero también dejar sentado que, los conceptos vertidos en la materia, son resumen de lo que había estudiado, aprendido y considerado como útiles y convenientes para ponerlos en práctica llegado el caso.

 

LA ESTRATEGIA

La estrategia es la ciencia del Comando en Jefe.

La estrategia es la prolongación del esfuerzo de la diplomacia.

El gobierno coordina los objetivos de la estrategia y la diplomacia, y moviliza los recursos materiales.

El Gobierno de acuerdo con el Comandante en Jefe, adopta un plan de operaciones e imparte las directivas generales para la conducción de las operaciones.

El Comando en Jefe, desde el tiempo de paz, con los organismos técnicos, prepara el complicado mecanismo Ejército, para su eficiente empleo de acuerdo con el plan de operaciones.

La estrategia es ciencia difícil y comporta procedimientos y principios, que el Comandante en Jefe debe estudiar y preparar minuciosamente desde el tiempo de paz: el terreno de los teatros de operaciones, los efectivos, organización, armamentos de los dos adversarios, red de sus comunicaciones, capacidad de producción industrial, intención probable del enemigo, etc.

“La estrategia es una ciencia que reposa sobre principios que a nadie le es permitido olvidar. Todos los grandes generales de la antigüedad y los que más tarde han seguido sus huellas, han hecho grandes cosas, porque han asimilado las reglas y los principios naturales de la ciencia de la guerra, es decir, la exactitud de las combinaciones, la concepción exacta de los medios a emplear, la resistencia de las dificultades”. (Napoleón).

“La estrategia prescribe buscar decididamente el grueso del ejército enemigo, primer objetivo. El General en Jefe debe, desde el primer paso adelante, tener bien determinado el objetivo final de la guerra, para converger a dicho fin todas las líneas de su plan, comenzando de la primera batalla. La determinación de este objetivo final y decisivo, puede indicar la política, que nos dirá porqué se recurre a la guerra y porqué se empuña la espada y se abandona la pluma”. (FOCH).

Los principales principios de la estrategia son:

a)      Atacar las comunicaciones del enemigo, asegurando las propias.

b)      Concentración de fuerzas superiores en el punto decisivo.

c)       Reunión de las fuerzas formando masa operativa.

d)      Orientación adecuada que conduce al empleo de la masa en la dirección más ventajosa.

“En el porvenir como fue en el pasado, habrá siempre ejércitos de maniobra y ejércitos de ataque frontal: los primeros llevando la decisión y los otros preparando la batalla, con la vanguardia del sistema napoleónico o centro del sistema de Moltke. Los primeros encargados del ataque decisivo, con efectivos muy reforzados y los segundos reducidos, manteniendo la solidez e inviolabilidad indispensable”. (FOCH).

e)       Seguridad que permite libertad de acción, es decir, la posibilidad de ejercer el esfuerzo de acuerdo con el plan concebido, a pesar de la reacción enemiga.

f)       Una superioridad constante de fuerzas en el teatro de operaciones donde se busca la decisión.

En la movilización de 1928, se quebrantó el principio estratégico de la reunión de fuerzas formando masa operativa. Se dispersaron las fuerzas a lo largo del Río Paraguay, desde Puerto Galileo sobre el Río Pilcomayo a Bahía Negra.

En la batalla de Toledo, en una acertada orientación estratégica de las tropas del Comando en Jefe boliviano general Hans Kundt, le faltó cargar la superioridad de fuerzas para buscar la decisión.

En la batalla de Boquerón concurrieron grandes efectivos, pero no se constituyó masa operativa, porque el Comando paraguayo buscaba cerrar el sitio alrededor del fortín, y el Comando boliviano arrojaba a la batalla tropas a “cuentagotas” “para ser batidas por fracciones” pero no por voluntad del Comando paraguayo, sino por decisión del Consejo de Generales realizado en Muñoz, que decía en parte: “En Boquerón se está decidiendo la suerte de Bolivia”. La decisión boliviana debió ser, retirar las tropas del fortín y constituir la masa operativa y buscar una gran batalla, como parece fue idea del entonces coronel David Toro.

El principio estratégico de más difícil aplicación, es la coordinación de las maniobras en el tiempo y espacio. Cuántas batallas fueron perdidas por falta de coordinación de este elemental principio Waterloo, Tuyutí. etc.

Al promediar la batalla de Waterloo, divisó Napoleón una nube de polvo, levantada al parecer por una columna en marcha. Exclamó el insigne estratego: “¡Gruchy o Blücher!”. Si el primero, significaba la victoria; si el segundo la derrota. Gruchy a quien el Emperador había encomendado la persecución de Blücher, no “acudió al campo de batalla al estampido del cañón”; el prusiano llegaba a tiempo para reforzar las extenuadas tropas de Wellingtón y forzar la decisión.

 

CAPITULO II

EL COMANDO EN JEFE

No basta preparar y realizar una maniobra, por magistral que fuese; se necesita una mano vigorosa, que sólo puede ser la del jefe supremo.

Por la delegación de mando por parte de Moltke en la decisiva batalla que culminó con la victoria del Marne, en la primera guerra mundial, dice el general Debeney: “comandante de Grupo de Ejército, Oficial de enlace, nada reemplaza al Jefe, cuando el Jefe, no manda. El Jefe de los Ejércitos alemanes lanzó sus Ejércitos con vigor en una grandiosa maniobra muy bien concebida, para luego abandonar el timón”.

No es posible ejercer el mando desde centenares de kilómetros.

Es una doctrina que parece axiomática, pero a la que se falta con deplorabilísima frecuencia. Al comienzo de la guerra del chaco, el comando boliviano comenzó impartiendo órdenes desde La Paz, desde 1.200 kilómetros y el comando paraguayo desde 300 kilómetros del teatro de operaciones. Este sistema hizo escuela y normalmente los Comandantes de Grandes Unidades en el Chaco, casi nunca ocuparon sus puestos reglamentarios.

“Al primer cambio de tiros con el enemigo, Napoleón corría a la vanguardia, no solamente para estar mejor informado, sino también para ver de cerca, dirigir sus servicios de informaciones, tomar en la mano la conducción de la vanguardia, en que las acciones de las descubiertas y sus progresos van a servir de base a su maniobra”. (Foch).

“Y es así cómo el general diariamente y a veces por espacio de horas, conduce y adapta sus combinaciones a nuevas situaciones”. (Von der Goltz).

El mando es una atribución inalienable del Jefe, un atributo que no se puede compartir con nadie, y la primera y más esencial condición de la victoria.

El comando boliviano preconizó desde el primer día de la guerra, la maniobra sobre puntos geográficos, como Isla-poí, Coronel Martínez, Rojas Silva, etc., que en la vastedad del Chaco no tenían ningún valor militar. Se implantó ese sistema de conducción de parte de ambos comandos, hasta Campo Vía, que fue una enseñanza dada en el sentido de que los Ejércitos deben maniobrar contra el enemigo y no contra los fortines o puntos geográficos. Después de Campo Vía, se empezó a maniobrar contra el enemigo y se produjeron Strongert, El Carmen e Yrendagüé.

La íntima y leal colaboración entre el Jefe de Estado Mayor y el Comando en Jefe es indispensable. El binomio Gneisenau-Blücíher venció a Napoleón; Ludendorff-Hindebourg venció a Samsonoff; y Garay-Estigarribia realizó prodigios en el Chaco y consiguió la paz.

 

CAPITULO III

ESTADO MAYOR

El Estado Mayor es un organismo técnico por excelencia. En el ejercicio de su función es todo y es nada; porque su autoridad propia es nula, su irresponsabilidad es completa. No tiene la libertad de expresar una idea, porque no habla jamás en su propio nombre. Siempre ordena “Por Autorización”. Todo, porque a pesar de eso, si el Estado Mayor es malo, el Ejército entero puede ser puesto en peligro. Se vio el peligro de la desastrosa movilización y distribución de las fuerzas en 1928 con el Estado Mayor de la época y la ordenada movilización y concentración de las fuerzas con el Estado Mayor de 1932, que infundía confianza al país.

Con frecuencia se oye decir: “El Estado Mayor no ha hecho tal o cual cosa. El Estado Mayor ha cometido tal otro error’’. Son expresiones sin sentidos, porque a la verdad, no puede existir un Estado Mayor sin Comando en Jefe.

En diciembre de 1928, a raíz del incidente de Vanguardia, fue designado Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de la Nación el general de División, Patricio Alejandrino Escobar: se suprimió el cargo en julio de 1929, al asumir la cartera de Guerra el general Manlio Schenoni; a mediados del año 1931, con motivo de los choques de Masamaklay, fue nombrado para el cargo el general Manuel Rojas A., con el mismo título.

El general José Félix Estigarribia sólo fue Comandante en Jefe del Ejército en campaña (Comanchaco), sin jurisdicción sobre los Servicios Auxiliares de retaguardia. (Marina, Intendencia de Guerra, Arsenales, Dirección de Sanidad, Departamento de Guerra, etc.).

Hemos dicho que el Estado Mayor no es nada, porque no le corresponde adoptar decisiones trascendentales: pero su labor es tan importante en los llamados detalles: el bienestar de las tropas, la coordinación de las operaciones, la regularidad de sus movimientos, de sus aprovechamientos, etc., y lo más importante, la reunión de los elementos de decisión del Comando en Jefe.

Una de las grandes cualidades del Estado Mayor es la abnegación, el trabajo silencioso, muchas veces desde el tiempo de paz, sabiendo de antemano, que será eclipsado por la gloria del Comando en Jefe y por la de su patria. ¿Quién lo recuerda a un coronel Juan Manuel Garay, Jefe de Estado Mayor del Ejército del Chaco?.

Hasta mediados del siglo XIX la responsabilidad del Estado Mayor era muy precaria, asícomo la gloria en todos los tiempos, siempre perteneció en exclusividad al Comando en Jefe. Dice el general Buat: “se ha oído jamás discutir a Napoleón la paternidad de sus victorias o de sus derrotas para atribuirlas a Berthier?. Se ha pretendido alguna vez decir que en 1815, Soult haya sido el vencido en Waterloo?”.

Indudablemente existe la responsabilidad del Estado Mayor pero es exclusivamente interna en el Ejército. Ya en las guerras napoleónicas se ha probado que, por más brillante que sea un Comandante en Jefe, no puede prescindir de un buen Estado Mayor. Si en Waterloo Napoleón hubiera       tenido a Berthier en vez de Soult (excelente combatiente), quizás la suerte de la batalla hubiera sido otra, porque como existe una ciencia y un arte de la guerra, también existe una ciencia y un arte de Estado Mayor. El mariscal Foch para socorrer al ejército italiano en el desastre de Caporeto, concurrió con su jefe de Estado Mayor el general Weygand y la batalla de los Lagos Masurianos la ganó el mariscal Hindenbourg, pero asistido como Jefe de Estado Mayor por un gran estratego el mariscal Ludendorff.

Es de rigor que exista en el ejército, desde el tiempo de paz, un Comando en Jefe, que debe trabajar íntimamente con el Estado Mayor General en la organización de las fuerzas armadas y en la preparación de los planes de operaciones. Declarada la guerra, son esos mismos hombres quienes deben asumir la responsabilidad de poner en marcha el mecanismo que montaron desde el tiempo de paz.

 

CAPITULO IV

PLAN DE OPERACIONES

Un plan de operaciones lo determina la situación internacional, juego de posibles alianzas y el terreno que ofrecen los teatros de operaciones y líneas de aprovisionamientos y evacuaciones.

El plan fija los objetivos de la guerra, preparación y coordinación del conjunto de medios de lucha y recursos de cuales dispondrá el país. Con estos recursos y medios y las instrucciones generales, conducirá las operaciones el Comando en Jefe.

El plan de operaciones inicial es el conjunto de los planes de maniobra, de informaciones, de concentración, de cubertura, de movilización y transporte.

El plan designa el teatro principal, los objetivos a alcanzar, los puntos a conservar y la actitud inicial a observar, ofensiva o defensiva.

A pesar de obtener del Estado Mayor los medios y las instrucciones necesarias, el Comando en Jefe, necesita saber del enemigo sus intenciones probables y el tiempo que necesitará para entrar en campaña.

Tan pronto termina la concentración, se debe iniciar inmediatamente la ofensiva, por la moral y por tomar la iniciativa, impidiendo la concentración enemiga o entrada en acción de grandes masas, como ocurrió en los primeros meses de la guerra del Chaco.

Para preparar un plan de operaciones, no es necesario ser un Schlieffen o poseer el genio de Napoleón. Creer en el genio como elemento exclusivo para el éxito, sería aceptar el mesianismo peligroso, que sustituiría al esfuerzo necesario y posible, por la fé ingenua en espera del hombre providencial.

Un plan de operación racional exige nada más que un trabajo metódico y asiduo de una personalidad ferviente y equilibrada, sabiendo rodearse de colaboradores eficientes y de agentes de información datados de gran probidad intelectual, capaces de proporcionar datos especiales indispensables.

“Un hombre ajeno a toda noción de ciencia militar cree ver en el desarrollo de una campaña, la ejecución de un plan de operaciones aún más allá del primer encuentro con el grueso de las fuerzas del adversario, preparado de antemano en todos sus detalles y seguido fielmente hasta el fin. Un Jefe de Ejército tiene siempre ante sus ojos el objetivo esencial que persigue; las diversas alternativas no le hacen perder de vista, pero nunca puede asegurar el procedimiento ni las vías por cuales cuenta llegar al objetivo”. (MOLTKE).

Por tanto, la tarea del Estado Mayor en la preparación del plan de operaciones desde el tiempo de paz, abarca especialmente: organización, movilización, transporte, concentración, alimentación de tropas y estudio del teatro de operaciones, hasta las primeras grandes batallas.

Después de las grandes batallas, se producen una serie de actos en los cuales los grandes estrategos apenas nos indican los principios, pero no los detalles de ejecución. Ya son tareas y concepciones exclusivas del Comando en Jefe y su Estado Mayor.


CAPITULO V

TRABAJOS DEL ESTADO MAYOR GENERAL

(Desde enero de 1931 a junio de 1932).

Los trabajos del Estado Mayor General en un año y medio fueron fecundos en resultados inmediatos y en proyecciones para el futuro.

El personal lo constituyó un grupo de Oficiales jóvenes, Tenientes Primero y Segundos: Antonio E. González, Fructuoso Flores, Dámaso Sosa Valdez, Bernardo Aranda, Amancio Pampliega, Guido Chase Sardi, Enrique Paats, Vicente Politeo Smith; cartógrafos Sres. Mazó Guanes y Alberoni Vega Saya; y los capitanes Sampson Harrison y Aparicio Miranda Núñez, quienes prestaron relevantes servicios en la movilización y organización “relámpago” y comando del II Cuerpo de Ejército, el primero como Cuartel Maestre y el segundo como Jefe de Estado Mayor en las batallas de Toledo y Aliguatá-Campo Vía.

Trataré de mencionar brevemente las obras más importantes realizadas por el Estado Mayor General en el corto período de un año y medio:

1.      —Se  fundó la Escuela Superior de Guerra bajo la dirección del distinguido coronel argentino Abraiham Schuweitzer y con la colaboración de un selecto grupo de Jefes argentinos. Empezaba a funcionar el Segundo Curso cuando estalló la guerra. Los alumnos de esta Institución Superior constituyeron los planteles de los Estados Mayores de las Grandes Unidades en la movilización.

2.      —Se  hizo funcionar un curso acelerado de Oficiales de Reservas con un grupo de estudiantes universitarios, en el actual edificio que ocupa la Escuela Militar y que culminaron sus estudios prácticos en una maniobra en los campos de Vi- lleta.

3.      —Se  fundó la Escuela de Sub-Oficiales que inició sus cursos en marzo de 1932 en el cuartel de Villa Hay es. De este Institutos egresaron un plantel de jóvenes aspirantes a Suboficial que demostraron ponderable eficiencia en la campaña.

Los que no cayeron en las batallas, alcanzaron el grado de Oficial y algunos a la fecha ostentan con orgullo los entorchados de coronel de la Nación con destacada actuación en la guerra del Chaco.

4.      —Se  impartió una Directiva para la instrucción de las Unidades, desde el Grupo de Combate hasta la División, impreso en más de 250 páginas en formato grande.

5.      —Se  instaló en el Estado Mayor General una pequeña imprenta y tanto en ella como en otras particulares, se imprimieron unos diez reglamentos, desde julio del 31 a junio del 32.

6.      —¡Seredactó en 'tres ejemplares la organización del Ejército, arma por arma, desde el Grupo de Combate hasta la División. Este trabajo duró por espacio de ocho meses a razón de 12 a 14 horas de labor diaria. El cuadro señalaba la dotación exacta de personal, armamentos, herramientas, equipos, y ganados. La movilización tenía que efectuarse en dos etapas, pero no se llegó nunca a la segunda.

7.      —Se  realizó una estadística, incompleta por falta de tiempo, de personal movilizable, pueblo por pueblo, en todo el territorio nacional. Se contemplaba no paralizar en el primer llamamiento las industrias y las reparticiones públicas indispensables.

8.      —La  Sección Cartográfica trabajó intensamente en el período y presentó en la movilización las primeras Cartas Militares del Chaco, Dentro de su imperfección, sirvieron de orientación en los teatros de operaciones.

9.      —Se hizo un estudio de los cañones Vickers 75 como piesas de acompañamiento de infantería. (Una piesa vieja Krupp fue empleado en Toledo como cañón de acompañamiento de infantería, emplazado en el fortín, al mando del teniente Cecilio Báez. Actuó con mucha eficiencia y fue mencionado y recomendado tal empleo por el general Kundt).

10.    —Se  confeccionaron varios millares de caretas antigas, que no se llegó a distribuir a las tropas.

11.    —Se  realizaron estudios iníciales para la construcción de un ferrocarril de trocha angosta, de Villa Hayes a Nanawa con vista a solucionar el fundamental y grave problema del transporte, factor esencial en la guerra. El Estado Mayor General insistía sobre los ferrocarriles estratégicos. Pedía con insistencia la prolongación de las vías férreas privadas existentes en el Chaco, especialmente la de Puerto Casado, que tuvo una feliz iniciación, ya durante la guerra, pero fue abandonada después.

12.    —Enel Estado Mayor General funcionaba, adjunto al Departamento de Transportes, una Sección Marina. Esta Sección estudió la movilización de la Marina Nacional en cuanto al transporte: capacidad de bodegas, sea para tropas, ganados o materiales; fuerza de arrastre de los remolcadores y posibles acoplamientos, capacidades de chatas, etcétera, y así, la movilización de la Marina Mercante en cuanto al transporte funcionó eficazmente desde el primer día.

13.    —La  movilización y organización de las unidades de paz y de nueva formación, así como la concentración en la zona de Isla-poí. Fue el trabajo cumbre del Estado Mayor General, preparadas en el perentorio plazo de un año y medio. Su ejecución fue el resultado del empeño del Jefe, de los jóvenes Tenientes del Estado Mayor de los Servicios Auxiliares y la decidida colaboración del pueblo.

14.    —Enabril de 1931, el Jefe de Estado Mayor propuso al Gobierno la creación de la primera Gran Unidad del Ejército, cuya zona de acción sería Puerto Casado. Los informes que se recibían mostraban que el adversario cargaba su centro de gravedad operativo en la zona Arce-Boquerón. Propuso como único candidato para él Comando de la novel Gran Unidad al teniente-coronel José Félix Estigarribia, quien se hallaba disponible después de las maniobras de Campo Grande. Aceptado el candidato por el Gobierno y nombrado el Comandante de la P División de Infantería, partió el Jefe a hacerse cargo del Comando de la Unidad, previo cambio de opiniones sobre las futuras operaciones en el Chaco con el Jefe de Estado Mayor General.

El teniente-coronel Antonio E. González, ex-Jefe del Departamento de operaciones del Estado Mayor General de la movilización, hace referencia a aquellos lejanos acontecimientos en los siguientes términos:

“Así concluyó el ciclo breve, laborioso y de tenaz empeño del Estado Mayor General de preguerra. Así sirvieron a la Nación tanto el Jefe como los jóvenes Oficiales que colaboraron bajo las órdenes y la dirección del Jefe, en aquel histórico Estado Mayor de 1931—1932. El lector ha de comprender, sin duda, cuánta ha de ser la satisfacción que inunda mi espíritu al recordar aquellas labores tan pesadas cuanto oscuras, cuyas proyecciones fueron las victorias en los cañadones del Chaco. No diré por cierto que Boquerón, Nanawa, Toledo, Aliguatá, Cañada El Carmen, Yrendagüé y el Parapití fueron abra del Estado Mayor General y mucho menos que el mariscal Estigarribia e infinito número de oficiales superiores y subalternos que han sido los titulares legítimos de aquellos hechos históricos; pero sí diré que aquellos hechos no habrían sido victoriosos, de no tener sus raíces nutricias en el año y medio de tenaz y silenciosa labor de pre-guerra del Estado Mayor General, especialmente en la movilización, completamiento y concentración del ejército de julio a setiembre de 1932. El general Juan B. Ayala fue quien gestó, planeó e impulsó la magnífica movilización, organización y concentración del ejército; quien concibió y preparó la ejecución del plan de operaciones inicial, si es que puede darse este nombre a las decisiones que se 'tomó bajo la presión de los acontecimientos. Fue el organizador y primer comandante en jefe del histórico II Cuerpo de Ejército de invicta pujanza, el vencedor de Toledo y finalmente quien concibió, planeó y ejecutó la gran batalla de Aliguatá que culminó en Campo Vía. Tte. Coronel Antonio E. González”.

Esta breve reseña general de las actividades del Estado Mayor General la hago con el fin de dejar aclarado el concepto de que, en un plan de operaciones, no es cuestión de concebir un objetivo, si no se cuenta con los medios de ejecución.

Organizado el ejército, dotado de los elementos necesarios, sea armamento, equipo, transporte, etcétera, y concebidos y preparados los planes y en posesión de las informaciones más concretas posibles sobre las intenciones probables del enemigo, había que preparar minuciosamente la movilización y concentración de las fuerzas, desde donde se iniciará la ofensiva o la posición de apresto en espera del ataque.

En 1932, la movilización y concentración de las fuerzas armadas terminó en 36 días, cuando los movilizados bolivianos no habían alcanzado todavía Tarija. Como la dijo el coronel Arturo Bray: “proeza en verdad digna de encomio si cuando se recuerda que, apenas un año y medio antes, no existía en la caja fuerte de nuestro Estado Mayor General, ningún plan de movilización que fuera guarismo de un aprovechamiento racionalizado de nuestro potencial humano”.

El doctor Justo Pastor Benítez, Canciller de la victoria dice en su obra “Mariscal Estigarribia”: “El teniente-coronel Juan B. Ayala realizó una movilización que superó a todos los cálculos, así como sugirió desde el primer momento la necesidad de formar una masa operativa, una concentración de efectivos, en lugar de dispersar las fuerzas por el largo litoral”.

El Ejército que primero concentra, el que primero se halla en condiciones de emprender la campaña, tiene la inmensa ventaja de la iniciativa y la de poder someter al enemigo a su voluntad. Es lo que ocurrió en los primeros meses de la guerra del Chaco.

“Hay muchos buenos Generales, pero ven demasiada cosas, yo no veo sino una, las masas enemigas. Yo trato de destruirlas, de seguro que los accesorios caerán enseguida por sí mismos”. (Napoleón).

Dice el coronel Dámaso Sosa Valdez (ex Jefe del Departamento de Transportes en la Movilización), en una conferencia dada sobre la batalla de Boquerón en el Círculo de Jefes y Oficiales Retirados: “se perdió la sorpresa táctica, sin embargo, el mérito extraordinario está en el acertado despliegue estratégico de nuestro Ejército, que adelantándose en su movilización y concentración, presenta sobre el campo de batalla de Boquerón, el Primer Cuerpo de Ejército en pie de guerra hasta en una primera faz, en condiciones de obrar del fuerte al débil, causando sorpresa estratégica, por su fuerza, composición y armamento, frente a un enemigo que abrió las hostilidades descuidando la movilización y concentración previa y sin las más mínimas precauciones de sentido común. Es que desde 1928 nos estaban corriendo con la vaina”.

El señor general boliviano Tabera, en su obra “Picuiba” páginas 136-137, dice: “Los paraguayos desde la iniciación del conflicto presentaron Regimientos de tres Batallones con un efectivo total de 1.600 hombres y Divisiones de tres Regimientos que hacían masas de seis mil soldados con gran potencia de fuego. Así, el Comando Superior del Paraguay, se lanzó a la guerra a buscar la batalla de aniquilamiento con estas potentes masas, mediante la maniobra de los “corralitos” o de los bolsones a lo Aníbal en Cannas, en Boquerón, Pampa Grande, Aliguatá-Campo Vía, El Carmen y pretendieron hacerlo con el Cuerpo de Caballería en Picuiba para poner fin a la guerra e imponernos la paz en Tarija y Santa Cruz”.

Todas las obras mencionadas en este Capítulo, son del Estado Mayor General en el corto periodo de un año y medio.

 

CAPITULO VI

CONDUCCION DE LA GUERRA DEL CHACO

Antes de entrar a estudiar los planes de la guerra del Chaco, pasaremos una breve revista sobre un interesante tema: conducción de la guerra por el binomio Presidente de la República-Comandante en Jefe.

La organización del mando es, en todos los ejércitos, cuestión capital. Por eficientes que sean los constitutivos, no se obtendrá de ellos provecho alguno si están mal comandados.

El Comandante en Jefe debe reunir las condiciones de firmeza, energía, voluntad de hierro, sano criterio, conocimiento de todos los elementos que constituyen el Ejército; tales deben ser las cualidades esenciales del Comandante en Jefe.

Antaño, no en pocas ocasiones los Jefes de Estado solían ser los Comandantes en Jefe; y naturalmente, cuando tenían cualidades para ello, nadie mejor para concentrar todos los poderes que tal cargo exige. Así se explican los grandes éxitos obtenidos por Gustavo Adolfo, Federico y Napoleón. En cambio, si el jefe de Estado no reúne condiciones, sería un error grave ponerlo al frente de un Ejército, donde su presencia sería embarazosa e inútil.

Dada pués, la organización de los Estados modernos, en tiempos de guerra el Jefe del Estado deberá nombrar casi siempre un Comandante en Jefe, permaneciendo el Presidente de la República al frente de la Nación que ha de regir y continuar la batalla diplomática, que no debe cesar, ni aún después de armar las armas en pabellón.

Fueron los casos de las dos naciones en guerra en el Chaco. Necesidad absoluta de designar un Comandante en Jefe.

El Gobierno paraguayo, como no había un general en servicio activo nombró Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de la Nación al general de Brigada Manuel Rojas A., retirado del servicio activo hacía varios años.

Expresé en “Guerra del Chaco hasta Campo Vía”: era bien comprensible que las tropas del Chaco no podían ser comandadas desde Asunción con eficiencia, sin cartas y en una región propicia a las improvisaciones y sorpresas de situaciones cambiantes por momentos”.

“Por principio el alto mando debe situarse en un punto desde el cual pueda intervenir personalmente, con su reserva estratégica, en las alternativas de las batallas. La tarea específica del comando exige ocuparse de los movimientos y maniobras de las fuerzas sobre el teatro de operaciones con los medios propios del ejercicio del mando, blandiendo frente al enemigo la espada desenvainada”.

Transcurridos algunos meses y ya en desarrollo las operaciones, fué nombrado Comandante en Jefe del Ejército paraguayo el tenienté-coronel José Félix Estigarribia, quien mantuvo el mando hasta la cesación de las hostilidades.

El Gobierno boliviano por su parte, desplazó al Jefe de Estado Mayor General, general Filisberto Osorio y retuvo en sus manos por un momento, la autoridad de Comandante en Jefe, del ejército en campaña nombrando al general Quintanilla comandante de las tres Divisiones del Chaco, como veremos más adelante.

La elección de Comandante en Jefe es difícil, pero una vez hecha, no queda más recurso que apoyarle y sostenerle a todo trance. Es lo que hizo el presidente Eusebio Ayala, con sus reiteradas visitas al Comando en el Chaco: logró la armonía y unidad de pensamiento entre el Gobierno y el Comando en Jefe en la dirección de las operaciones. Fueron dos Comandos que se consultaban constantemente con miras a los altos intereses de la Patria, el civil o diplomático y el militar estratégico. Es el1 sistema normal de conducción de la guerra, la armonía entre los dos “Comandos” y siempre el militar sometido a la autoridad civil, representante directo y responsable de los intereses de la Nación. Asi fue conducida la guerra del Chaco por el binomio presidente Eusebio Ayala-general José Félix Estigarribia.

No ocurría asi en Bolivia. Al producirse el incidente de Pitiantuta ya se produjo seria desinteligencia entre el presidente Salamanca y el Jefe de Estado Mayor, general Filisberto Osorio.

En su memorándum N° 507 manifestaba el señor general Osorio: “En la actual situación, el Supremo Gobierno no ha concretado definitivamente, en ningún documento, qué es lo que el Estado boliviano desea obtener del Paraguay por medio de las armas”; y el señor presidente Salamanca contesta dicha pregunta del1 Estado Mayor en los siguientes términos: “conforme a dichos antecedentes habría sido más lógico que el Gobierno preguntase, qué es lo que el Jefe de Estado Mayor se habría propuesto al desencadenar este conflicto con evidente imprudencia a pesar de los esfuerzos del Presidente de la República para evitarlo?” Y más adelante continúa con mayor violencia: “Cambiaron las cosas radicalmente con el conflicto internacional. Al toque decisivo de esta prueba, el Estado Mayor General reveló su completa insuficiencia para la dirección de las operaciones militares, no porque quisiera disputar y absorver esa alta función directiva, sino porque el Estado Mayor General la dejó caer en mis manos, mostrándose incapaz de ejercerla”.

El presidente señor Salamanca, en su carácter de flamante Comandante en Jefe y Jefe de Estado Mayor General, nombró al señor general Quintanilla Comandante de las tres divisiones del Chaco.

Dice el señor general Tabera en su obra “Picuiba”, que el capitán general Salamanca recibe súbitamente una iluminación de carácter estratégico y dirige el siguiente telegrama a su comando en Muñoz: “Retire tropas de Boquerón, déles la vuelta por Platanillos, Corrales, Toledo y amenace Isla-poí. Firmado Salamanca- Capitán General”.

El señor general Tabera continúa su interesante relato en su obra “Picuiba” en la página 120. “Este telegrama demostraba que el Estado Mayor General ya no existía y con motivo de una disposición sobre tropas que indicaba el Estado Mayor General, el general Quintanilla dirige un telegrama al Estado Mayor en los siguientes términos: “Pido Esmayoral tenga más confianza en aptitud comando Cuerpo de Ejército para conducción operaciones y se dedique atender servicio1 retaguardia. Fdo. General Quintanilla”.

Y asi se sucedieron los comandas de los generales Quintanilla, Lanza, Kundt, hasta llegar al general Peñaranda, después del “Corralito” al Pte. Sr. Salamanca a la terminación de la guerra.

Otra persona cuya influencia en el Ejército en campaña tiene 'trascendental importancia es el Jefe de Estado. Mayor. Es el confidente, el asesor y el compañero de trabajo del Comandante en Jefe. Por él pasan todas las órdenes, comunicaciones y asuntos que con el Ejército se relacionan. Es el llamado a desarrollar los planes del Comandante, de comunicarlos a los jefes de los demás Servicios, de dar diariamente la orden.

La estrecha vinculación que entre el Comandante en Jefe y su Jefe de Estado Mayor debe existir, apunta a la conveniencia de dejar a aquel la libre elección de la persona que ha de desempeñar este cargo. Todo Jefe de Estado Mayor impuesto es perjudicial al buen éxito de las operaciones. En 1870 las divergencias entre Bazaine y su jefe de Estado         Mayor Jarras, impuesto    por el Emperador, contribuyeron no poco a los desastres que sufrió el ejército refugiado en METZ.

Es necesario, por consiguiente,        que el Comandante en Jefe, pueda designar su Jefe de Estado Mayor. Es preciso que tenga la certeza de no encontrarse unido, en el momento más importante de su vida, a un hombre antipático, ó de mal carácter.

La elección del Comandante en Jefe paraguayo para su Jefe de Estado Mayor, fué excepcional. No podía ser más acertada, con el nombramiento del entonces mayor Juan Manuel Garay, militar preparado, y de fina cultura. Su actuación conciliadora y ecuánime en las horas de crisis, ha contribuido en mucho al éxito de las operaciones.

Terminada la movilización y concentración de las fuerzas paraguayas, el Jefe de Estado Mayor General paraguayo se dedicó a la prolongación de la vía férrea Puerto Casado, del kilómetro 160 a Campo Esperanza y posteriormente a organizar el II Cuerpo de Ejército; y el señor general Filisberto Osorio, Jefe del Estado Mayor General boliviano, desplazado por el señor presidente Salamanca, pasó a hacerse cargo del Comando del II Cuerpo de Ejército boliviano en el Chaco. La casualidad hizo que más tarde, los dos ex-Jefes de Estado Mayor General, se encontraran frente a frente en la batalla de Toledo, comandando el II Cuerpo de Ejército de sus respectivos países.

 

CAPITULO VII

PLAN DE OPERACION EN EL CHACO

El proceso de una guerra debe pasar por las siguientes etapas de rigor: movilización, marchas estratégicas, concentración y la batalla.

Empeñadas las grandes batallas victoriosas y la consiguiente destrucción del Ejército enemigo, ocupada la Capital y los puntos estratégicos, el vencedor dicta las condiciones de paz.

¿Podría conseguir uno u otro Ejército en lucha en el Chaco, la       ocupación de la Capital         enemiga, sus puntos estratégicos y dictar la paz? ¡Jamás! Cualquier plan de operaciones concebido en tales condiciones, no pasaría de una simple fantasía. Lo impiden las enormes distancias, los obstáculos naturales y los elementos en juego en la época. Terminó la guerra como tenía que terminar: por cansancio o extenuación.

¿Sería posible estudiar un verdadero plan de operaciones contra Bolivia en la vastedad    del Chaco con un Ejército de movilización de primera línea de 12.000 hombres? ¿Adónde se dirigiría la columna principal?. Sencillamente sería una concepción descabellada, como el caso de “patrullar desde Concepción, los alrededores de Villa Montes”.

Es peligroso divagar en campo que no se domina o no se conoce en absoluto. Tan sólo un lego, sin ningún conocimiento en materia militar como el doctor Daniel Salamanca, podría haber afirmado desde la ciudad de La Paz, sin conocer el Chaco: “A mi juicio la guerra contra el Paraguay debe librarse en el sudeste, concentrando allí las fuerzas posibles para descargar golpes decisivos que nos permitan imponer un tratado de paz en Asunción”.

La estrategia y la táctica están relacionadas tan íntimamente que la segunda, sin la primera, no podría cumplir sus fines; así como los movimientos ulteriores al iniciar una campaña, deben subordinarse al plan estratégico de conjunto y el comandante, encargado de dirigir una batalla, debe meditar profundamente sobre el empleo de sus 'tropas, el empleo de las diferentes armas, de acuerdo con el terreno, para obtener la victoria. Esto es lo que se llama plan de batalla. Para concebir un plan de batalla, es necesario conocer con bastante exactitud la situación del enemigo, efectivos, medios, etcétera, y fundamentalmente su posible línea de retirada. Pues con sólo batir al enemigo, la victoria será siempre inoperante y, muchas veces, con mayores pérdidas para el vencedor que para el vencido

En el plan estratégico concebido el 5 de octubre de 1933, que culminó en Campo Vía con una gran victoria, ésta se consiguió gracias a la difícil maniobra de retirada de ala del Ejército boliviano, en busca de la inexistente picada Caprile. En el plan primitivo estaba prevista la destrucción total del Ejército boliviano del Pilcomayo con la ocupación de Ballivián, al producirse el desastre en Aliguatá.

El coronel David Toro, de decisiva actuación en la guerra del Chaco, en un Memorial elevado al Comando Supremo desde Ballivián, con fecha 14 de agosto de 1934, con criterio escarmentado decía: “En repetidas oportunidades creí de mi deber sugerir al General en Jefe y a algunos personeros del Comando Superior, la necesidad imperiosa de elevar al Supremo Gobierno y al Parlamento, un Memorial Reservado que le mostrase la realidad desnuda de la guerra”.

“Juzgué por encima de toda otra consideración, que era imperativo y patriótico desvanecer la ilusión, siempre renovada, que permitía acariciar la esperanza de la victoria mediante una batalla decisiva. Y mostrar a los Directores del País, cómo conspiraban contra el éxito anhelado las condiciones adversas bajo cuyo imperio debimos sostener la campaña: características peculiares y hostiles del teatro de operaciones, dificultades económicas que se traducían en insalvables deficiencias de orden material y hasta progresivo agotamiento de las reservas de sangre del país”.

“Pensé que ya era tiempo de advertir, que estábamos empeñados en una guerra de aniquilamiento, en la que ninguno de los adversarios obtendría la completa victoria final. Y algo más, que dentro de este común desgaste suicida habríamos de llevar la peor parte, pués que, desde el forzoso trasplante de nuestras tropas a un clima y ambiente hostiles y la enorme distancia a la que operábamos con relación a nuestro centro de abastecimiento, hasta las ignoradas características de esta guerra especialísima, nos eran más desfavorables - y con mucho - que el adversario”.

Estas reflexiones muy atinadas de un Jefe del Ejército boliviano, de capacidad y cultura, reafirman la opinión del Estado Mayor General paraguayo, de que ninguno de los ejércitos en lucha en el Chaco, estaban en condiciones de asestar un golpe decisivo como para imponer después las condiciones de paz.

En “La II Guerra Mundial” de José Fernando Aguirre, en la página 109, se describe lo que fue el plan alemán para la invasión de Rusia, denominado “Barbarroja”, en los siguientes términos: “el plan inicial comprendía la acción simultánea de tres Ejércitos: Norte, Centro y Sur comandados respectivamente por los mariscales Ritter von Leeb, Fedor von Boek y Gerd von Runstedt. El de Norte marcharía contra Leningrado, mientras los fílandeses atacaban Carelia y el grupo de Ejércitos del general Eduardo Dietl, partiendo de Noruega, se lanzaba contra Murmamk en el Artico.

“El Ejército del Centro, frente a los pantanos del Pripet avanzaría sobre Moscou y el Ejército del Sur tendría Kiev como objetivo, para alcanzar Stalingrado.

“Alemania alineó 120 Divisiones de infantería, 15 Divisiones motorizadas y 19 Divisiones panzer; 3.500 tanques; 7.184 cañones; y su aviación se componía de 1.600 bombarderos, 720 cazas y 120 de reconocimiento y más de 3.000.000 de hombres sobre las armas”.

Este plan “Barbarroja” lo menciono en este trabajo, exclusivamente por curiosidad y con el deseo de llamar la atención del lector, acerca de un tipo o modelo de plan de operaciones de gran envergadura con sobrados elementos. Con ello no quiero significar que para preparar un plan de operaciones, sería de rigor contar con los efectivos y elementos del plan “Barbarroja” del Ejército alemán en la campaña de Rusia. Pero sí, los medios deben estar en relación con el objetivo, o mejor, al esfuerzo a exigir al Ejército en campaña.

¿Qué era lo que correspondía al Paraguay como plan para la guerra del Chaco? Reforzar las guarniciones de frontera, movilizar, concentrar, defender ciertos puntos estratégicos y observar al enemigo.

 

CAPITULO VIII

PLAN BOLIVIANO

La política boliviana era bien definida. Preparar un Ejército eficiente, provocar una guerra al Paraguay con el único objetivo: la conquista del Chaco Paraguayo, (política de guerra).

El primer objetivo que se propondría Bolivia sería el dominio del Río Paraguay, es decir, dispersar las pequeñas guarniciones del interior del Chaco y correr a la costa del Río Paraguay; con lo cual aislaría las guarniciones del Norte; impediría la movilización en dicha zona y podría ocupar ricos establecimientos ganaderos e industriales de la región, que le permitiría, en gran parte, subsistir a expensas del territorio enemigo.

En la obra “The Epic of The Chaco” del mariscal Estigarribia, página 15, refiriéndose al plan Kundt, se lee: “De acuerdo con el Servicio de Informaciones, el mencionado plan consistía en realizar seis concentraciones de 10.000 hombres desde Puerto Suares hasta la costa del Pilcomayo y converger todas ellas finalmente sobre Puerto Casado, para luego continuar avanzando y conquistar Concepción, Asunción, Villarrica e imponer las condiciones de paz”.

Sería un plan de lo más descabellado, pués no es concebible el pensamiento de maniobrar seis Grandes Unidades en la inmensidad del Chaco, separadas unas de otras por centenares de kilómetros, sin caminos, sin medies de transporte y con pretensiones de operar conjuntamente dentro de un plan, en el tiempo y en el espacio. No se concibe un disparate mayor.

El coronel señor Víctor Ayala Queirolo en su “Incógnita de Platanillos” página 14 dice: “El plan de operaciones cuya síntesis es:

a) “Movilización de 2.000 hombres, para cubrir la línea Boquerón-Arce, repliegue paulatino hasta Ballivián, atrayendo al Ejército paraguayo por la línea Saavedra-Ballivián y la de Platanillos-Ballivián, para este efecto se habían construido dos vías de comunicaciones que llamaban estratégicos.

b) “Aprovechar el repliegue para:

1) “Movilizar 20.000 hombres en cuatro divisiones en Ingavi y operar sobre fuerte Olimpo y, a caballo sobre el río Paraguay, progresar hacia el Sur”.

El plan mencionado por el coronel señor Ayala Queirolo, parece una concepción más aceptable, pues contempla la constitución de una masa operativa, que buscaría decisiones importantes. Pero adolece en mi concepto de fallas fundamentales, al concebir maniobras y batallas en campos totalmente desconocidos y prescindiendo de las inextricables espesuras de la maleza militar, en cuanto a evacuaciones y aprovisionamientos. Tampoco resulta fácil comprender la posibilidad de continuar la campaña “a caballo del Río Paraguay”, suponiendo el Río Paraguay dominado por la marina paraguaya y siendo la margen izquierda territorio brasileño. Por otra parte, la atracción que ejercería los 2.000 hombres ¿sería tan poderosa para arrastrar al Ejército paraguayo hasta Ballivián, mientras el grueso del Ejército boliviano desprendido de Ingavi, estaría “progresando hacia el Sud a caballo del Río Paraguay”?

De acuerdo con informaciones del Estado Mayor General en el período 1931-1932, la intención del Estado Mayor boliviano era atacar las guarniciones de Bahía Negra y Fuerte Olimpo y lanzar el grueso del Ejército en la parte Central del Chaco, sea en la línea Nanawa-Concepción o Boquerón-Casado, hasta alcanzar el Río Paraguay, donde se haría fuerte y con el “desconcierto y desmoralización del Paraguay, estaría éste dispuesto a aceptar cualquier condición de paz”. Esta apreciación no tenía en cuenta en absoluto la tradición guerrera del Paraguay. Manifestaban despectivamente que era “heroísmo de biblioteca”.

Descartaban el preponderante factor moral en la guerra.

En su Memorándum Op. N9 507/32, del 30 de agosto de 1932, el señor Jefe de Estado Mayor General, general Filisberto Osorio, en apoyo de su objetivo político, Fuerte Olimpo, dice: “El Alto Paraguay debe ser ese objetivo. Allí el problema se reduce al dominio de una sola margen, la derecha. La adquisición de pequeños barcos por el dominio de esa parte reconquistada para el abastecimiento desde el Brasil, no presenta las dificultades de la obtención de una escuadra fluvial de guerra, que sería necesaria más al sur”.

Todos los bolivianos, civiles y militares, afirman categóricamente de que el Chaco Boreal, desde Bahía Negra al Pílcomayo, es propiedad exclusiva de Bolivia, sin mentar título alguno. Será seguramente el único título la famosa Resalva del Brasil en el Tratado de la Triple alianza.



CAPITULO IX

VERDADERO PLAN BOLIVIANO

El general boliviano Tabera, en su obra acerca de la guerra del Chaco, titulada “Picuiba”, reproduce inextenso el plan boliviano, publicado por su compatriota el general Angel Rodríguez, ex-Jefe del Departamento de Operaciones del Estado Mayor General boliviano, en abril de 1932. Dicho plan era el siguiente:

“La 4° División en Muñoz atraería a las tropas paraguayas hacia Ballivián, para caer con un efectivo indeterminado desde Camacho sobre la línea de comunicación principal desde Puerto Casado; la 3° División organizada en Inga vi, pasando por General Díaz, tomaría Fuerte Olimpo y se aprovisionaría del Brasil para sostenerse indefinidamente; y por último la 5° División tomaría Bahía Negra. Estas Divisiones serían de un efectivo de 3.000 hombres cada una”. (Más o menos el plan mencionado por el coronel señor Ayala Queirolo).

Iniciadas ya las operaciones, el Jefe de Estado Mayor General, general Filisberto Osorio, envió al general Quintanilla en Muñoz, la Variante N° 1 al plan de operaciones ya mencionado, y por su especial importancia, lo transcribo inextenso:

 

VARIANTE N° 1 AL PLAN DE OPERACIONES N° 3

Los resultados de un plan de operaciones dependen de la mayor o menor parte de verdad que contiene las posibilidades que lo fundamentan, así como del modo cómo responden a la realidad. Por esto, todo plan de operaciones es modificable en algunas de sus partes, pero siempre en el sentido del objetivo fundamental del plan de operaciones primitivo.

“Los hechos se han adelantado a las previsiones más amplias. La guerra nos encuentra en un estado de preparativos inconclusos. La penetración y ocupación no están 'terminadas. Por consiguiente, los teatros de operaciones siguen siendo independientes unos de otros. En tal virtud, el Oriente, el Centro y el Sudeste sólo podrán colaborar a la acción del conjunto en las formas que establece la presente Variante.

 

I. CONSIDERACIONES DE POLITICA INTERNACIONAL

‘‘1.—La presión de las 19 naciones neutrales es favorable al Paraguay. El .Gobierno paraguayo manifiesta estar dispuesto a someter la cuestión de fondo a un arbitraje, siempre que Bolivia abandone las posiciones conquistadas por las armas. Se ha acogido plenamente a la doctrina de que “victoria no da derecho”. En caso contrario, sacrificaría en defensa de su soberanía hasta el último hombre.

“2.—Bolivia acepta, por su parte, el arbitraje, pero con una condición fundamental: limitar la zona arbitrable, sin desocupación de los fortines capturados, que, por otra parte, están dentro del territorio de su soberanía.

 

II. CONSIDERACIONES A LA CONDUCCION POLITICA DE LA GUERRA

“1.—Los objetivos políticos que persigue el Supremo Gobierno parece comprender la reintegración total del Chaco.

III. CONSIDERACIONES QUE FUNDAMENTAN LA VARIANTE

“1.—El objetivo militar que persigue este Comando, que podrá dar paso a las operaciones totales o parciales que de su parte persigue el Supremo Gobierno es la salida al Río Paraguay por Fuerte Olimpo.

“2.—Dependerá de las circunstancias externas (intervención de neutrales) e internas, el que la acción que se determina para las tres zonas sea desde el primer momento conjunta o aislada.

“3.—Será conjunta cuando el aislamiento en efectivos y medios de la 3° División pueda determinar el momento de la ofensiva del Sudeste para favorecer su marcha sobre el Río Paraguay.

“4— Será aislada cuando cualquier ofensiva paraguaya imponga la captura de Isla-poí y Coronel Martínez, antes que la 3° División se encontrase lista para emprender la marcha sobre su objetivo.

“5.—En ambos casos y por las condiciones especiales que reúnen sus Unidades, la 4° División será la que se apodere de ambos fortines. En previsión de esta ofensiva, que se presenta como la más probable, las Unidades de la 7° División deberán ser ubicadas desde ya en un dispositivo tal que le permita ocupar el sector de la 4° División y para mantenerse en él o ya para capturar Rojas Silva o Ayala (Nanawa). En todo caso, la ocupación de nuevos fortines en el Sudeste corresponderá a la iniciativa del Comando de C.I.C.E.

“6.—Cualquiera que sea el caso de la 4° División (conjunta o parcial), terminará con la ocupación de Isla-poí y Coronel Martínez, siendo su misión la de amarrar el mayor número posible de fuerzas enemigas para facilitar la ofensiva dé la 3° División en los casos marcados con los números 3 y 4.

“7.—La 5° División, si no es atacada antes, amoldará en su conducta a los progresos que alcanzare la 3° División, la cual, si tiene el éxito que se espera en la toma de Fuerte Olimpo, le habrá facilitado en forma efectiva su acción local sobre Bahía Negra. En caso de ser atacada antes, se defenderá en sus posiciones, mientras la 4° División toma la represalia.

“8.—Para la realización de esta Variante, esta Jefatura pondrá en juego todas sus energías, hasta alcanzar todos los medios posibles para que la 3° División tenga la potencia de empuje que le permita cumplir su misión con la mayor seguridad de éxito.

“La preparación de estas Variantes importa nuevas distribuciones y poderosas dificultades para los Comandos Superiores y subordinados del C.I.C.E. Necesario es vencerlos con el profundo sacrificio que demanda la más alta unidad de pensamiento y ejecución. Los intereses de la patria imponen a renunciar a éxitos brillantes para contentarse con resultados modestos pero positivos para los destinos de la República.

“La Paz, 17 de agosto de 1932. El General Jefe de Estado Mayor General. (Fdo. Filisberto Osorio”.

 

BREVE CRITICA AL PLAN DEL ESTADO MAYOR BOLIVIANO

1       —El Estado Mayor boliviano concibe conquistar el Chaco paraguayo con 12.000 hombres, distribuidos en cuatro columnas independientes dentro de la vastedad de ese territorio.

2.      —El plan no está de acuerdo con el reglamento de conducción de Grandes Unidades: No apartar las columnas una de otra, más de un día de marcha, para poder concurrir a la batalla al estampido del cañón. Corren riesgos las columnas de ser batidas por separado.

3.      —Efectivos muy reducidos afectados a las columnas, para misiones tan difíciles como capturar Fuerte Olimpo o Bahía Negra.

4.      —El Estado Mayor boliviano pretende mover las fichas sobre el desconocido tablero desde una distancia excesivamente grande para intervenir en las oscilaciones de las batallas. Por otra parte no menciona en su Variante la existencia de una Reserva General.

5.      —El plan declara que, “el objetivo militar que persigue es la salida al Río Paraguay por Fuerte Olimpo”. Sin embargo, quebranta el principio estratégico, de constituir la masa operativa para tratar de conseguir su “objetivo”. Dispersión de fuerzas, sin determinar teatro ni objetivo -principal.

6.      —Por el N° 3 del plan, el comando paraguayo debía esperar que, el “alistamiento en efectivos y medios de la 3° División se complete”, para que la “operación sea conjunta” con la ofensiva del Sudeste para facilitar la marcha sobre el Río Paraguay, es decir, la captura de Fuerte Olimpo.

¡La captura de Fuerte Olimpo no dependería de la ofensiva del Sudeste, sino de la resistencia que pueden ofrecer los defensores, de las decisiones del comando paraguayo y de las fuerzas que pueda cargar el comando boliviano, pues de acuerdo con el principio estratégico, la superioridad de fuerzas debe ser constante en el teatro ; de operaciones donde se busca la decisión„ objetivo militar del Estado Mayor boliviano.

7.      —El  N° 4 del plan establece una disposición vaga o dudosa que dice: “Será aislada (la ofensiva), cuando cualquier ofensiva paraguaya imponga la captura de Isla-poí y Coronel Martínez, antes que la 3° División se encontrase lista para emprender la marcha sobre su objetivo. “De acuerdo al plan o pensamiento del Estado Mayor boliviano, si el Paraguay atacaba Boquerón por caso, como efectivamente atacó, las tropas del Sudeste tenía que “capturar Isla-poí y Coronel Martínez”. Orden absurda e imposible de ser cumplida. El Estado Mayor boliviano tenía obligación de estar informado que las guarniciones del Norte ya fueron reforzadas y que el grueso del Ejército paraguayo se estaba concentrando en Puerto Casado- Isla-poí.

8.      —Enlos N°s. 5 y 6 determina categóricamente como tarea a la 4° División apoderarse de Isla-poí y Coronel Martínez y a la 7° División capturar Nanawa o Rojas Silva y agrega como recomendación especial a la 4“ División “amarrar el mayor número posible de enemigos, para facilitar la ofensiva de la 3° División”. Esta última, una disposición fuera de lógica, porque aún en el caso improbable de que fueran capturados los fortines mencionados, estos hechos no influirían en otra batalla que se estaría librando en otro teatro, a centenares de kilómetros. Además, el mayor o menor número de tropas a ser “amarradas”, no dependería de la voluntad del Comandante de la 4° División, sino del Comandante en Jefe del Ejército paraguayo.

El señor Jefe de Estado Mayor boliviano, ya en plena guerra, estaba operando desde La Paz, en un terreno para él totalmente desconocido, maniobrando sobre puntos geográficos o sobre ranchos de pajas, como Coronel Martínez y Rojas Silva. Seguramente creía estar todavía en 19,28 y que se repetirían las operaciones de capturar ranchos desguarnecidos como “Mariscal López” y “Valois Rivarola”. Ordena el señor Jefe de Estado Mayor, “caso de ser atacada la 5° División boliviana”, la “4° División tomaría represalia” (pensaría en la intervención de los famosos Neutrales).

En realidad, la 4° División se enfrentaría con el grueso del ejército paraguayo y la 7° División andaría buscando, en la inmensidad del Chaco, Rojas Silva, un rancho con techo de paja, y 4 horcones de quebracho perdido en los fondos de Puerto Pinasco.

En ningún momento pensó constituir una masa operativa y buscar una gran batalla, por conseguir su objetivo militar la captura de Fuerte Olimpo.

 

CAPITULO X

PLAN DEL SEÑOR GENERAL FELIX TABERA

El general señor Félix Tabera, autor de “Picuiba”, al comentar el plan del Estado Mayor boliviano, pide que le sea permitido expresar su pensamiento contrario a la ocupación de Fuerte Olimpo, por las tropas de la 3° División y dice: “Juzgo que habría sido preferible encaminar dichas fuerzas hacia Gran Lago (Pitiantuta) y el ferrocarril Casado-Martínez, para cortar en un momento dado esta principal y tal vez única línea de aprovisionamientos del Ejército enemigo, claro está, que en acciones coordinadas con las tropas del Sudeste desde Camacho, Platanillos, y Arce, así como también, con el avance resuelto de la 5° División sobre Bahía Negra y Fuerte Olimpo. De este modo, las tropas del Sudeste y las de la 3° División, habrían librado la batalla de aniquilamiento estilo Cannas y de inspiración anibaliana, cuyos resultados sorprendentes y maravillosos no se habrían dejado esperar, y lo mejor, que dominado el adversario moral y materialmente en esta batalla, de por sí se habría efectuado la ocupación del Río Paraguay, de Puerto Casado a Bahía Negra, para luego fijar la frontera entre ambos países - creando una política realista que logre mover la diplomacia continental - trazando una recta de Fuerte Olimpo o Leda sobre el Río Paraguay, a Linares Ballivián sobre el Río Pilcomayo. Con lo que, Bolivia habría conseguido sin mayores sacrificios su anhelado objetivo político y firmado con el Paraguay un honroso tratado de paz y amistad”.

 

SOMERA CRÍTICA AL PLAN DEL SEÑOR GRAL. TABERA.

El plan del señor general Félix Tabera no deja de ser interesante, pues trataría de constituir una masa operativa para llegar al Río Paraguay. Pero resultaría de difícil aplicación, coordinar en el tiempo y en el espacio cuatro columnas: de Pitiantuta, Camacho, Platinillos, Arce, en el inhóspito Chaco y a 1200 kilómetros de sus bases de aprovisionamientos y evacuaciones y con la consiguiente posibilidad de ser batidas por separado.

El señor general Tabera, monta su maniobra sobre la base de una total inactividad del Ejército paraguayo concentrado en Puerto Casado-ísla-poí. Dicho Ejército se estaría “contemplando el ombligo”, esperando que se reúnan las columnas, “para que en un momento dado el ejército boliviano pueda cortar la única línea de aprovisionamiento”. Las tropas paraguayas levantarían las manos y el señor general Tabera, habría ganado la “batalla de aniquilamiento estilo Cannas y de inspiración anibaliana”.

En la guerra no se puede soñar. La guerra es realidad, de matar y morir. En la guerra el matar es trabajo. Decía un gran combatiente del Chaco:        “hoy  hemos trabajado bien, hemos matado diez enemigos, gracias a Dios”. ¿Cuántas veces en la guerra del Chaco, fueron dispersadas tropas bolivianas que habían interceptado nuestras líneas de aprovisionamientos?

Las batallas que se librarían en forma “resuelta” en Bahía Negra y Olimpo, no tendrían nada que ver con la batalla “estilo Cannas” que se estaría librando en la parte central del Chaco. Bahía Negra y Fuerte Olimpo serían otros teatros de operaciones como Tobrouk y Alamein.

Las “batallas de aniquilamiento estilo Cannas”, las realizaron los grandes Capitanes con maniobras relámpago, en coordinación de tiempo y espacio.

En la batalla que culminó en Campo Vía, el plan era para una “'batalla de aniquilamiento estilo Cannas anibaliana”. Los que no caían prisioneros tenían que pasar a la Argentina.

El señor general Félix Tabera, en su obra “Picuiba”, sueña a menudo con una “batalla de aniquilamiento estilo Cannas anibaliana”, como si tal maniobra fuera fácil. Con el plan de operaciones boliviano, distribuidas las fuerzas en cuatro débiles columnas en la vastedad del Chaco, jamás se hubiera producido una batalla de aniquilamiento.

Preguntaría al señor general Tabera: en caso de éxito con la aplicación de su plan ¿cuánto tiempo hubiera pensado mantenerse en Puerto Casado desde La Paz?. Ni un minuto, mientras los cañones de la Marina Nacional dominaran el Río Paraguay.

La guerra no es carrera de maratón, sino de quien resiste más.

El señor general Tabera se olvida que para dictar la paz, es necesario ocupar la Capital y los puntos estratégicos del territorio enemigo. Puerto Casado, que estaría a centenares de kilómetros del campo de la batalla “estilo Cannas”, no era la Capital, punto estratégico, ni tampoco Cerro-Corá.

La ocupación de Puerto Casado, parodiando al doctor Salamanca diría, “hubiera significado un golpe en el dedo meñique de la mano izquierda”.

“El objetivo del ataque estratégico debe ser la derrota completa del Ejército enemigo y la ocupación de la Capital. Obtener uno sólo de estos objetivos sería insuficiente, son necesarios los dos”. (Clausewitz).

 

CAPITULO XI

PLAN DEL PRESIDENTE BOLIVIANO DANIEL SALAMANCA

“A mi juicio - decía Salamanca una guerra con el Paraguay debe librarse en el Sudeste, concentrando allí las fuerzas posibles para descargar golpes decisivos que nos permitan imponer un tratado de paz en Asunción. Repetidas veces expresé esta opinión, que es la que quiere refutar el Estado Mayor, oponiéndole un plan de operaciones cuyo objetivo sería Fuerte Olimpo. Debo agregar que la mayoría de las opiniones que he tenido ocasión de conocer, coinciden con el Estado Mayor, en considerar Fuerte Olimpo como el objetivo preferible de la guerra, quedando mi parecer en una posición casi singular, y todavía pretendo tener la razón en este punto.

“Tocante a los esfuerzos y a los gastos que habría que realizar, en una y otra hipótesis, juzgo que un análisis cuidadoso, no acusaría una diferencia considerable, capaz de inclinar la balanza decisivamente en un sentido o en otro. Los sacrificios exigidos por una campaña en igualdad de condiciones deben ser proporcionales a la máxima capacidad o poder de resistencia del enemigo. Ahora bien; el Paraguay tendría con poca diferencia tanto poder de resistencia en el Sudeste, como en la región de Fuerte Olimpo. Para admitirlo, basta ver que la resistencia en la región de Fuerte Olimpo tendría por base el Río Paraguay, y permitiría al enemigo operar con tanta o mayor facilidad que en el Sudeste.

“Tocante a los resultados de una campaña victoriosa, la diferencia sería casi absoluta. La marcha sobre la Capital paraguaya sería un golpe asestado al corazón del enemigo y todo el Chaco sería el fruto de esta victoria que permitiría imponer inmediatamente un tratado de paz (si la solicitud de los países neutrales y vecinos no malograse nuestro triunfo). La captura de Fuerte Olimpo valdría tanto como un golpe en el dedo meñique de la mano izquierda. (Fdo.) Salamanca”.

 

COMENTARIO AL PLAN DEL PRESIDENTE SALAMANCA

Este plan no merece comentario. En todo caso, me ahorra la preocupación, si pretendiera hacerlo, su compatriota el señor general Tabera, quien lo conocía mucho al señor Salamanca y a quien le cedo la palabra: “Como se ve, el dirimidor y picapleitos de sayañas vallunas, con criterio propio, leguleyesco y efectista, se dirigió al Comando en Jefe oponiéndole el despatarrado plan operativo que acabo de 'transcribir, y que según él, estaba llamado a asestar un golpe feroz sobre el corazón del enemigo y no el meñique de la mano izquierda, como proponía el Estado Mayor General con la captura de Fuerte Olimpo. Tan disparatado como pueril lenguaje del Jefe del Estado, no merecería de mi parte, ni siquiera una sola palabra de recordación, si acaso no tuviera el interés de ilustrar el criterio del lector, respecto a la forma torpe y absurda como se condujo y guió la pasada campaña del Chaco.

‘^Salamanca, incapaz de comprender que la misión del Ejército movilizado en el Chaco era la de destruir al adversario moral y materialmente en la batalla de aniquilamiento, para luego recién pensar en la ocupación del objetivo político que se perseguía con la guerra, suponía con criterio de abogado, que sin reunir los medios necesarios, sería fácil descargar golpes sucesivos para imponer la paz al enemigo en Asunción. Cosa descabellada por cierto para un verdadero profesional, pero que sin embargo, tuvo su tácita aceptación por parte del estratego de uniforme, el .señor David Toro, quien, al negarse a dar cumplimiento a la acertada orden del general Kundt para que se replegaran las tropas del Kilómetro 7 de Saavedra hacia la línea Esteros-Muñoz, implícitamente puso en ejecución el descabezado e insensato plan presidencial que, de acuerdo con mis previsiones escritas es marzo de 1931, fatalmente debía conducirnos1 al aniquilamiento de nuestras tropas en el Sudeste, como sucedió con la 9° División en Aliguatá y otros subsectores que culminaron con los grandes de-sastres para el Ejército boliviano y la consiguiente entrega del Chaco al Paraguay”.

Ni una palabra más.

 

CAPITULO XIII

PLAN Y MANIOBRAS DEL GENERAL HANS KUNDT

Antes de entrar a estudiar el plan del general Kundt, hago la salvedad de que, el elemento más tiránico en la guerra, es el terreno, al cual se deben ajustar cuidadosamente los otros elementos en la conducción. En el Chaco dominaba la- impresión de que los técnicos europeos, se sentían extraños y desorientados en la vastedad del desierto chaqueño, donde escaseaban todos los elementos. El general Estigarribia, las pocas veces que recordaba al general Kundt, decía “nuestro aliado”.

No puedo ni quiero juzgar al general Kundt, en su actuación en los entretelones, como generalísimo del Ejército boliviano en la guerra del Chaco; pero sí, estoy de acuerdo con el señor general Félix Tabera de que, no tuvo “energía suficiente” para hacer cumplir sus órdenes y concepciones, si las tuvo, favorables a los acontecimientos.

Con el debido respeto a la memoria del ilustre general alemán Hans Kundt, “oficial superior, educado en la Escuela del Estado Mayor alemán y de una brillante actuación en la primera guerra mundial”, me permitiré comentar exclusivamente su actuación real, en el desempeño como generalísimo del Ejército boliviano en la guerra del Chaco.

El 6 de diciembre de 1932 se hizo cargo del comando en jefe del Ejército boliviano. Su primera resolución consistió en el repliegue de las tropas de la zona Masamklay-Saavedra a la de Muñoz-Platinillos (que según el señor general Tabera hubiera sido el aniquilamiento del ejército paraguayo); pero días después, no sólo no se dió cumplimiento a dicha resolución, sino que el Ejército boliviano continuó su conducta ofensiva, que le había impreso el breve comando del señor general Lanza. El 13 de diciembre el II Cuerpo de Ejército reconquistó Platanillos rechazando nuestra cubertura en dirección a Herrera, y dos semanas después, la 4° División emprendió un grande e infructuoso ataque sobre nuestras posiciones del Km. 12; al mismo tiempo, en la zona Camacho, comenzaban a llegar los elementos adelantados de la 3° División proveniente de Ingavi.

El 27 de diciembre el señor general Kundt impartió la Directiva N° 2 que en .sus puntos esenciales ordenaba: “La situación del enemigo no se presenta todavía con claridad absoluta. Es de suponer que el grueso del Ejército enemigo se encuentre todavía en la región de Aliguatá-Arce-Boquerón. El objeto de nuestras operaciones debe ser un ataque concéntrico de ambos Cuerpos de Ejército: el I.C.E. con el centro de gravedad en el ala derecha; el II C.E. en el ala izquierda, en lo posible con tendencia a cortar las comunicaciones del enemigo que conducen al Río Paraguay, lo que siempre significaría tener fuerzas considerables en el ala derecha del I.C.E. La región de Platanillos quedaría como un punto fijo, que debería ser sostenido contra cualquier ataque, pero sí no muy verosímil”.

La Directiva prescribe que “antes de que el I.C.E. comience su decisivo ataque en la dirección Boquerón Falcón, será preciso limpiar el ala derecha propia, capturando los fortines General Duarte y Nanawa”.

Dice el Tte.-Coronel Antonio E. González: “A partir de este momento la captura de Nanawa a punta de bayoneta se convierte en afiebrada obsesión del general Kundt y el baluarte paraguayo se transforma en motivo de puja de valores morales, en que el ejército boliviano habría de agotar sus mejores energías”.

La Directiva N" 2 continúa prescribiendo: “Se organiza la 99 División con seis regimientos (es decir, unos tres mil hombres), que se escalonará entre Ballivián y Platanillos, con intención de constituir la reserva estratégica del Comando en Jefe. Dependerá del ataque contra Duarte y Ayala - dice textual-mente la Directiva - cuando comenzará la ofensiva el I.C.E., al que corresponderá iniciarla desde su ala derecha. A medida que el I.C.E. ganase terreno seguirá el avance del II C.E. con sus fuerzas principales sobre Toledo Isla-poí”.

La concepción estratégica del general Kundt define con entera precisión el planteo de una batalla general en un gigantesco teatro de operaciones y en dos fases sucesivas. La primera muy corta y la siguiente muy larga, puesto que su desarrollo y duración dependerá del juego de las circunstancias, entre las cuales la de mayor peso, será siempre la voluntad del adversario en oposición a la propia.

La primera fase consiste en destruir la 5° División paraguaya en Nanawa, pues su ubicación en un flanco extremo del dispositivo boliviano, molestaba el desenvolvimiento de la batalla general, cuyo objetivo está constituido por el núcleo principal paraguayo en la dirección Arce-Isla-poí. La segunda fase consistirá en llevar metódicamente el esfuerzo principal del I.C.E. boliviano por Aliguatá-Arce-Boquerón Isla-poí desde el sur y por Corrales-Toledo-Trebol-Isla-poí por el norte. El Co mando en Jefe coordinaría la acción de sus dos Cuerpos de Ejército y la 9° División quedaría vigilante como reserva general.

A fines de enero de 1933 se había puesto en ejecución una buena parte de la Directiva N° 2. La gran batalla de los Cuerpos de Ejército planeada por el general Kundt había obtenido resultados bien mediocres; la 3° División capturó Corrales el 19 de enero después de breve combate con el escuadrón R.C.7 “San Martín”; el 27 de diciembre en Km. 12 y del 20 al 23 de enero en Herrera, las 4° y 8° Divisiones bolivianas son obligadas a replegarse a sus bases con durísimas pérdidas.

“En Nanawa se luchó con extraordinaria tenacidad desde el 20 al 27 de enero, y hubo momentos en que nuestra 5° División, agotadas sus municiones, pareciera que no tenía posibilidad de contener el aluvión. Todos sabemos a qué altura rayó la pujanza en la legendaria Nanawa, y cómo los aviadores paraguayos proveyeron de cajones de proyectiles a los fusileros que hacían postreros disparos. No es preciso señalar más detalles de esta lucha heroica en que quizá se decidieron los destinos de la Nación”. (Tte. Coronel Antonio E. González).

Salvo la conquista de algún terreno, como Corrales, Mariscal López y General Duarte, la ejecución de la primera fase de la Directiva N° 2 no obtuvo el menor resultado positivo y ello se debe a que tanto la Directiva como la ejecución acusaron graves fallas como veremos más adelante.

Las pérdidas del Ejército boliviano ascendieron a cuatro mil hombres.

Las nuestras a menos de 500.

 

CRITICAS AL PLAN DEL GENERAL HANS KUNDT

a)      .—Error estratégico, porque el general Kundt establece la dirección Km. 12-Arce-Isla-poí como centro de gravedad, sobre la que el Comando en Jefe busca la decisión, pero en la ejecución la masa más potente actúa en Nanawa. No hubo orientación adecuada de una masa poderosa en la dirección más ventajosa.

b)      .—Elcentro de gravedad había de fijarse en la línea Corrales-Toledo-Isla-poí, porque el general Kundt debió saber que el ala Norte del Ejército paraguayo bacía un mes, que estaba todavía descubierta y que para cubrirla se estaba organizando apresuradamente un nuevo Cuerpo de Ejército. Si llevaba la masa principal sobre Toledo y conseguía rechazar al novel Cuerpo de Ejército, amenazaba toda la retaguardia del Ejército paraguayo.

c)       .—-Todos   los ataques fueron frontales; la concepción era de un gran envolvimiento, pero en la ejecución se redujo a ataques frontales, 'buscando el aplastamiento por la masa, la acción de rodillo y nada de maniobras ni marchas de flanco buscando la retaguardia del enemigo.

d)      .—No         hubo reunión de fuerzas formando masa operativa, pero sí dispersión.

e)       .—En          la batalla de Aliguatá-Campo Vía, cuando veía venir el alud sobre el ala izquierda de su dispositivo y no disponía de reserva general (otra falta grave), nos preguntamos por qué no ordenó una rectificación de línea y no volvió a las poderosas fortificaciones del Km. 7?

f)       .—Por        qué ordenó la retirada de ala en la batalla de Aliguatá, sabiendo que es la maniobra más difícil en el campo de batalla y conociendo sobre todo, lo raleado de sus «tropas de primera línea, que no estaban en condiciones de resistir una presión cualquiera del enemigo?. San faltas graves en “un jefe educado en la Escuela del Estado Mayor Alemán y de brillante actuación en la primera guerra mundial”.

g)      .—Elseñor general Kundt no se recordaba en Nanawa del consejo de su compatriota, el gran estratego alemán que decía: “no hay ejemplo de un Ejército batido que haya avanzado de nuevo con la llegada de un Ejército fresco. La desorganización será completa”. (Clausewitz).

Y       dice Foch: “Esta ley de la sucesión de esfuerzos en táctica es reemplazada en estrategia por la obligación de la convergencia de esfuerzos. No se puede pensar, en la ofensiva, en un Ejército de reserva, de segunda línea, para provocar la decisión; si no estaba en línea al empeñar la acción, n0 tiene tiempo, espacio ni la virtud requerida para producir la victoria”.

 

CAPITULO XIII

PLAN DE OPERACIONES DEL PARAGUAY

Se ha afirmado muchas veces, ya en libros, ya en conferencias, que en la guerra del Chaco, el Paraguay no tenía ningún plan de operaciones y que el Estado Mayor General pensaría defender el Chaco en las márgenes del Río Paraguay. Algunos hasta llegan a afirmar que no existía el Estado Mayor General.

Lo afirma el mariscal Estigarribia en su obra “The Epic of the Chaco”; el coronel Víctor Ayala Queirolo, en una conferencia leída en el Círculo de Jefes y Oficiales Retirados; y, últimamente, el 29 de setiembre del año 1967, aniversario de la Batalla de Boquerón, el señor Jorge R. García Delgado, recordando al conductor de nuestro glorioso Ejército, afirma a su vez, lo siguiente: “definía una doctrina clara y lógica, contrapuesta a los teóricos que querían defender el Chaco en las márgenes del Río Paraguay”.

También en la revista “Elite” de Caracas del 12 de agosto de 1967, encontramos sobre el mismo tema, una crónica de un articulista coin pujo de estratego y precisión de fecha y hora; afirma lo siguiente: “2 de julio (8 horas)' el Presidente paraguayo Guggiari nombra Comandante en Jefe al general Rojas, viejo soldado que desconocía el terreno sobre el que operarían las tropas y que contiene una hipótesis, estratégica opuesta a la de Estigarribia, planea una guerra defensiva con abandono del Chaco a los bolivianos, confiando en que las distancias de los centros de aprovisionamientos los dejaría prontamente inermes y serían presa fácil para el Paraguay”.

El cronista continúa diciendo: “Mientras tanto la Comisión de Neutrales arriba el 29 de agosto de ese mismo año (desde el 15 de agosto Ayala es el Presidente paraguayo), a la conclusión de que es preciso convenir una tregua de 60 días, para intentar en ese lapso crear zonas desmilitarizadas en la franja de operaciones, hasta concretar una .solución incruenta a los problemas. Pero Paraguay no podía aceptarlo. Siguiendo la desatinada conducción de Rojas, sus tropas han ido retrocediendo y se encontraba a esa altura de los acontecimientos en posición desventajosa”.

Esto marca supina ignorancia.

El 29 de agosto de 1932, las tropas de Rojas, no habían empeñado todavía ni siquiera la batalla de Boquerón, que comenzó el 9 de setiembre de 1982.

Para un mayor ordenamiento en mi exposición he de recordar que con fecha 31 de diciembre de 1930 fui nombrado por el Gobierno Jefe de Estado Mayor General del Ejército Nacional.

Antes de iniciar los trabajos en el Estado Mayor General, recibí una Instrucción Confidencial del entonces ministro de Guerra general Manilo Schenoni, cuya Instrucción decía: “Explorar el Chaco en todas direcciones para iniciar un período de actividades, que ya no debe terminar”.

Realizada la exploración, presenté al señor ministro de Guerra una BREVE EXPOSICION SOBRE LA DEFENSA DEL CHACO, que trataba de actitud probable del enemigo, ferrocarriles, caminos, comunicaciones, medios de transportes, cartas militares, pozos y tanques de agua, almacenes y ocupación del Chaco. Este documento fué transcripto inextenso en “Guerra del Chaco hasta Campo Vía”. Ahora trascribiré solamente partes que interesan a este trabajo. Lo denominaré Plan N° 1.

 

PLAN N° 1

Para preparar el plan de defensa del Chaco, es necesario considerar las intenciones probables del enemigo, si bien en la guerra, no se pueden prever todas las posibilidades. Los problemas serán resueltos a medida que se vayan presentando, de acuerdo a las circunstancias y las posibilidades.

“¿Bolivia optaría por la defensiva o la ofensiva-?

“Teniendo en cuenta sus pretensiones desmedidas, su aspiración a un puerto sobre el Río Paraguay, la aparente organización de su Ejército y la acumulación de materiales bélicos, hacen posible creer, de que optaría por la ofensiva.

“Aceptada esta premisa, resta saber cuáles serían las zonas probables de invasión. Ellas estarían marcadas claramente sobre el terreno, dada la imposibilidad de conducir grandes efectivos con sus bagajes, fuera de los caminos o rumbos conocidos y serían: Asunción, Concepción, Puerto Casado y Bahía Negra.

“Estudiaremos por separado la probabilidad de cada una , de las decisiones posibles del enemigo y las correspondientes “paradas”, dentro de un estudio teórico, pues en el terreno de la realidad, las medidas cambiarían de acuerdo a las circunstancias.

a) EL ENEMIGO SE DIRIGE SOBRE ASUNCION (plan Salamanca)

“Es una de las direcciones de invasión menos probable, por falta de caminas, por la enorme exigencia de medios de transporte y sobre todo, por la situación delicadísima en que se encontraría dicho Ejército, a medida que fuera acercándose a Asunción, internándose en el fondo de un “embudo” formado por el Pilcomayo y el Río Paraguay.

“La defensa se afrontaría con débiles fuerzas móviles frontales y la fuerza principal o grueso, sería lanzada sobre uno de los flancos o probablemente sobre la retaguardia, mediante maniobras por vía férreas, de cuyas construcciones trataremos más adelante.

“Conclusión: muy poca probabilidad de una ofensiva en dirección a Asunción.

“Necesidad de prolongar la vía férrea de Puerto Pinasco hacia el sur oeste para la maniobra de envolvimiento y construcción de caminos para las maniobras de flanco, ya sea desde Rosario o San Pedro”.

b)      EL ENEMIGO SE DIRIGE SOBRE CONCEPCION

“La conducción de grandes efectivos sobre Concepción puede' entrar dentro del cálculo de las posibilidades en época normal, pero en cambio, será completamente imposible, en época de grandes lluvias.

“La defensa contra la columna en marcha contra Concepción, se encararía manteniendo delante del enemigo, una fuerza móvil de cubertura y con la masa concentrada sobre la vía férrea de Pinasco en combinación con las fuerzas que saldrían de Asunción, efectuar una acción conjunta, realizando el clásico doble envolvimiento o en todo caso, caer sobre la retaguardia, amenazando sus líneas de comunicaciones, que es la guerra de movimiento con pequeños efectivos.

‘‘Conclusión: necesidad de prolongar la vía férrea de Puerto Pinasco con dirección general fortín Nanawa y construir caminos de comunicaciones de distintos puntos de la mencionada vía férrea al camino carretero actual Concepción-Nanawa”.

c)       EL ENEMIGO SE DIRIGE SOBRE PUERTO CASADO

“Es la hipótesis más probable, por la vía férrea existente, por la riqueza de la zona en ganados y productos agrícolas, por la perturbación que causaría a la movilización de las reservas del litoral, por la actividad de exploración desplegada en dicha zona y por el proyecto de camino existente desde Santacruz en dirección a Casado o fondo de Olimpo.

“Paraguay debe defender sus posiciones actuales, es decir, empeñar un combate serio en el interior del Chaco, por maniobras que no se puede anticipar, pero en cuya concepción y ejecución debe ser elemento imprescindible el ferrocarril.

“Conclusión: necesidad de prolongar la vía férrea de Puerto Casado hacia Toledo, la de Puerto Pinasco hacia Campo Esperanza o la vía férrea de Puerto Sastre hacia los fondos de, Olimpo o hacia Toledo”.

d)      EL ENEMIGO SE DIRIGE SOBRE BAHIA NEGRA

“Hipótesis casi segura, dadas las pretensiones bolivianas y la situación completamente aislada de la 5^ División que guarnece los fortines bolivianos al Norte de Bahía Negra.

“Por consiguiente, Bahía Negra debe ser puesta en condiciones de defenderse independiente y ventajosamente, elevando el efectivo a un número razonable y ocupando al mismo tiempo Fuerte Olimpo por lo menos con un batallón de infantería como reserva exterior.

“Conclusión: Bahía Negra se mantendrá a la defensiva y por consiguiente sería reforzada y al mismo tiempo ocupado Fuerte Olimpo”.

e)       HIPOTESIS MÁS PROBABLE

“El enemigo se dirige sobre Bahía Negra y Puerto Casado y unidades de caballería incursionan en dirección a Concepción o Rosario.

“La situación de Bahía Negra y Puerto Casado serían encaradas en las condiciones ya expresadas y las incursiones de caballería se afrontaría con la organización eficiente de dicha arma”.

JUAN B. AYALA Tte.-Coronel y Jefe de Estado Mayor General

 

COMENTARIOS

Si bien estas previsiones no fueron una perfección, ni menos un plan “Barbarroja”, había la decisión de declarar Bahía Negra a la defensiva y concentrar el grueso en Puerto Casado, donde el Estado Mayor General esperaba el ataque principal, en las líneas Boquerón-Puerto Casado o Nanawa-Concepción.'

Existía de acuerdo a este documento, la decisión de defender el interior del Chaco, nuestras líneas de fortines, muy al contrario de lo que afirman los comentaristas de que se pensaba dejar a los invasores el camino libre hasta el Río Paraguay.

El Estado Mayor General estaba seguro de que la ofensiva boliviana vendría por la línea Boquerón-Casado. Por consiguiente, a indicación e imposición del Estado Mayor, la reunión de la masa operativa se efectuó en Puerto Casado.

Como prueba de que el Estado Mayor General estaba decidido a defender la línea de fortines, en el proyecto de ocupación del Chaco decía: “trasladar el regimiento de caballería “Valois Rivaróla” a San Salvador, 'tomando como base de operaciones la vía férrea de Pinasco y nuclear en Saladero Risso o Puerto Max, los regimientos “Corrales”, “2 de Mayo” y “Curupayty” constituyendo una División de infantería, con objetivo Nanawa o el frente Casado, al alcance de los ferrocarriles de Pinasco y Casado”.

El pensamiento operativo del Estado Mayor General estaba totalmente de acuerdo con los principios de la estrategia: reunión de las fuerzas, formando masa operativa; orientación adecuada que conduce al empleo de la masa en la dirección más ventajosa; y declarar a la defensiva los puntos estratégicos de Bahía Negra y Fuerte Olimpo.

En ningún caso aconsejó empeñar una batalla frontal, sino maniobrar sobre los flancos y las retaguardias, como fue el contraataque en Toledo y en la gran maniobra que culminó en Campo Vía.

A mediados del año 1931, alarmado el Gobierno por los aprestos bélicos bolivianos con visible propósito de agresión, el entonces ministro de Guerra, doctor Raúl Casal Rifoeiro, recabó del Jefe de Estado Mayor General una exposición por escrito sobre la defensa del Chaco, para el caso de un ataque sorpresivo por parte del ejército boliviano.

El Estado Mayor General evacuó la consulta del señor Ministro con el siguiente documento, también ya publicado en ''Guerra del Chaco hasta Campo Vía”:

 

PLAN N° 2 DEFENSA DEL CHACO

“El Estado Mayor General considera que, por el espíritu ofensivo de nuestras tropas y la superioridad de materiales del adversario, debemos de optar casi invariablemente por la defensiva estratégica y la ofensiva táctica.

“Para defender el Sector Casado, se necesita disponer de tropas de cubertura, de tropas móviles de maniobra y del grueso de las fuerzas, con el cual se empeñaría, en un lugar aparente, la batalla decisiva.

TROPAS DE CUBERTURA

“La fuerza de cubertura constituiría el regimiento de caballería de dos escuadrones en vía de formación al mando del mayor Tranquilino Ortiz Cabra!, que tendría como asiento Isla-.poí. Se encargaría de cubrir los fortines Boquerón, Corrales y Toledo y prepararía una serie de resistencias sucesivas, hasta llegar al campo de batalla elegido por el Comando.

TROPAS MOVILES DE MANIOBRA

“El regimiento N9 1 “Valois Rivarola”, constituiría la tropa móvil de maniobra, con asiento en el Kilómetro 160 o en otro punto aparente, donde no pueda presentarse el problema de abastecimientos y pueda a la vez, concurrir sin pérdida de tiempo, a la zona de sus futuras actividades.

“Iniciadas las hostilidades, el regimiento de caballería “Valois Rivarola”, cubriría instantáneamente las colonias mennonitas y el flanco derecho de la División de infantería, con misión de amenazar constantemente la retaguardia del adversario y con orden estricta, de atacar a fondo el día de la batalla decisiva empeñada por el frueso.

GRUESO DE LA FUERZA

“El grueso de la División, se concentrará en punto aparente, respondiendo a la defensiva estratégica y ofensiva táctica.

“La maniobra consistiría en declarar a la defensiva, fuertemente fortificado, uno de los regimientos y con los otros dos caer sobre uno de los flancos o si es posible sobre su linea de comunicaciones.

“Para realizar todo .esto, se necesita elevar en pie de guerra el regimiento N9 1 “2 de Mayo” y trasladarlo a Puerto Casado. Dotar a los regimientos de la correspondiente artillería y organizar la defensa de las líneas de comunicaciones.

“Es preciso hacer la consiguiente salvedad de que, la concepción de la maniobra del grueso, es teórica e ideal y su aplicación estará condicionada fuertemente al elemento más tirano el terreno, que hay que reconocer a fondo y amoldar a él los medios. No hay que olvidar tampoco, que los planes varían de un tiempo a otro, de acuerdo al terreno, los efectivos en Juego y los medios.

“Esta concepción, sería para los efectivos bolivianos conocidos hasta la fecha en el Chaco, en el sector Pilcomayo-Arce. Pues de ser atacado por un efectivo inmensamente superior por 12.000 o 15.000 hombres por caso, el Estado Mayor General considera que, la 1° División de "infantería, debe maniobrar y atraer al enemigo hacia un punto elegido para el contraataque con la 2íl División de infantería.

“Para establecer el plan de maniobra estratégica, de donde resultarían los planes de transporte, de concentración, de cubertura, etcétera, se necesita ante todo, conocer las particularidades del teatro de operaciones y las posibilidades del enemigo. Esta aclaración obedece a que el Estado Mayor General no cuenta con ningún plan preparado por los Jefes anteriores (poseso muchos creen que no existía plan alguno), y no se trata de una revisión o adaptación a la situación actual, sino de una concepción completamente original y personal. Por otra parte, por la magnitud del trabajo que importa un plan de guerra, fruto de años de constante labor, no puede merecer el 'título de tal, esta brevísima exposición sobre la materia, hecha al correr de la pluma y en tan escaso tiempo disponible, para la reflexión serena sobre un asunto de tanta importancia.

“El sector norte, por su situación independiente, debe declararse a la defensiva y por consiguiente, es conveniente prever a tiempo su movilización y dotación de elementos. Es necesario elevar el efectivo de paz a tres batallones y dotarlos de artillería moderna.

“La Armada Nacional contribuirá a la defensa de las costas y también realizará demostraciones, para atraer la mayor fuerza posible al Norte.

“Para distraer al adversario de las operaciones activas y para aumentar el desastre -cuando llegue la hora, se propone la formación de Unidades independientes en las zonas ventajosas de las líneas y serían Sector Casado, Alto Confuso y en el flanco de Bahía Negra, en colaboración con la flotilla, tomando como objetivo Vitriones, Vanguardia y tal vez Suares.

“Hasta este momento, Bolivia no ha concentrado fuerzas suficientes como para pensar en una ofensiva. Después de decretar la movilización necesita lo menos dos meses para organizar y concentrarse en el Chaco, para luego pensar en una ofensiva.

“El Ejército boliviano se compone en tiempo de paz, de seis Divisiones, de las cuales, hasta la fecha ha entrado solamente la 4° División en el sector Pilcomayo, más algunas unidades sueltas.

“La fuerza principal del adversario radica en su material y en su organización más completa. Su parte débil consiste en su poca cohesión entre los elementos constitutivos de su Ejército y principalmente en sus líneas de comunicaciones, enormemente dilatadas. La guerra ha de ser de comunicaciones.

“El mejor plan de guerra será el que concibe el Comando en Jefe, en el momento de la iniciacién de las hostilidades, después de considerar los beligerantes y el teatro. Por eso, siendo el teatro un desierto inhóspito y los medios de transporte aleatorios por el momento, con los elementos de juicio a manos, solamente se puede proponer combinaciones probables de las muchas que surgirían.

“En consecuencia: Paraguay debe declararse a la defensiva estratégica y ofensiva táctica.

“Iniciada las hostilidades, movilizar sus fuerzas y observar atentamente hacia donde se dirige la fuerza principal”.

JUAN B. AYALA Tte—Coronel y Jefe de Estado Mayor General


COMENTARIOS

El documento transcripto es la concepción para el caso particular, de que nuestras tropas de cubertura fueran atacadas sorpresivamente por tropas bolivianas. Naturalmente, no puede dársele el nombre de plan sino de previsión para el caso mencionado.

Sin embargo se explaya en las maniobras probables; que se debe optar por la defensiva estratégica y la ofensiva táctica; que la guerra ha de ser de comunicaciones; la guerra de guerrilla o de desgastes; que ante efectivos inmensamente superiores, el Estado Mayor General considera que la 1? División debe maniobrar y atraer al enemigo a un punto elegido, para empeñar el combate una vez reunida con la 2^ División.

La Instrucción N9 2 del 29 de julio de 1932 del Comando en Jefe general Manuel Rojas A., de acuerdo al plan del Estado Mayor General decía textualmente: “La intención de este Comando es, buscar la batalla con la totalidad de nuestras fuerzas DI, D2 y R.C.3, en la dirección donde se compruebe la masa del Ejército enemigo. De acuerdo con esta idea, es conveniente que la D.I. no se empeñe en una decisión aislada contra fuerzas comprobadas que son superiores. (Fdo.) Manuel Rojas A.”

El día 31 de julio de 1932, el Comandante en Jefe general Manuel Rojas A. recibe un Cifrado del Comandante de la

D.l Tte. Coronel José Félix Estigarribia en Puerto Casado que decía: “Este momento 9 horas comienza bombardeo artillería sobre Boquerón. Dispongo concentración mis tropas en Isla-poí. Pitiantuta llegará recién miércoles. D.l.”.

El Comandante en Jefe contesta dicha telegrama, el mismo día 31 de julio con el siguiente Cifrado: “Proceda agrupar su infantería sobre vía férrea, maniobrando en retirada, sin empeñarse a una decisión aislada ante fuerzas superiores. La intención es atraer enemigo para librar batalla con nuestras D.l, D.2, y R.C.3. General Manuel Rojas A.”

El Comandante de la D.l Tte. Coronel José Félix Estigarribia contesta que realizará “la primera acción retardatriz en Isla-poí, la segunda en Campo Esperanza y la tercera en Pozo Azul”.

Era la decisión lógica, porque el 31 de julio la D.2 no estaba todavía concentrada y en condiciones de entrar en batalla.

El Comandante en Jefe general Rojas A., si continuaba la ofensiva iniciada el 31 de julio en Boquerón, decidió librar una gran batalla, con el grueso del Ejército lo menos a 160 kilómetros del Río Paraguay y no en las márgenes de dicho Río, como se ha afirmado erróneamente.

 

CAPITULO XV

En los primeros meses del año 1932 el Estado Mayor General esbozó otro trabajo de previsión o plan con datos más completos en cuanto al teatro probable de operaciones e intenciones del enemigo, pero sin mayores variantes en cuanto a concepción propia, que denominaremos Plan N9 3 y es el siguiente:

 

PLAN N° 3 CONDICIONES GENERALES DEL TEATRO

“En un conflicto armado con Bolivia, el futuro teatro de operaciones sería el objetivo político, el Chaco Boreal.

“Las operaciones se desarrollarían en la zona inmediata a la actual línea de fortines de ambos ejércitos, teniendo como objetivo el Río Paraguay de parte de Bolivia y las estribaciones de los Andes de parte del Paraguay.

“Para el Paraguay, la base de operaciones, sería el Río Paraguay. Los bolivianos la tendrían que situar muy lejos, a distancia que no bajaría en línea recta de 800 kilómetros.

“Partiendo del Río Paraguay al oeste, la vida se torna difícil.

“Los cursos de agua que corren de Oeste a Este y desembocan en el Río Paraguay son todos salados y sus fuentes están ocupadas en la actualidad por nuestras tropas.

“La inmensa llanura, salitrosa en su mayor parte, se halla cubierta por palmares y montes bajos hasta el Río Parapiti al Norte; la cerranía del Chiriguaná por el centro y el Río Pílcomayo que desciende del N.O. al Río Paraguay.

“En la parte Sur del territorio, que limita con la República Argentina por el Pílcomayo, las condiciones son más favorables, pero la vialidad no es mejor, debido a los frecuentes desbordes del Pílcomayo por el deshielo de Los Andes.

 

ACCIÓN TACTICA

“Las condiciones generales del Chaco determinaría un tipo^ de combate especial, por tratarse de un terreno, donde la eficacia de las armas livianas, solo es posible a distancia media y muy raras veces a distancia de 1.000 metros.

“La característica de la conducción, será la guerra de movimiento, combates móviles y de sorpresa; no tan solo para batir las tropas enemigas, sino también para apoderarse de los depósitos de víveres, de las aguadas y de las comunicaciones.

“En el Chaco, Bolivia no se hallaría en ventaja. No encontraría ambiente favorable a sus armas. Bajar del alto a los esteros y desiertos sin agua, con tropas en número suficiente como para decidir una guerra, es una tarea poco menos que imposible. En cambio en el altiplano puede considerarse invencible por múltiples razones.

 

CONCENTRACIONES PROBABLES BOLIVIANAS

“De acuerdo a informaciones, el teatro de operaciones se dividiría en tres sectores: un sector principal y dos secundarios.

“I9 Sector Norte: Olimpo Bahía Negra (Secundario).

“29 Sector principal, entre el ferrocarril de Puerto Casado y camino Nanawa-Orihuela-Concepción.

Sector Pilcomayo-Confuso (Secundario).

 

PLAN DE OPERACIONES BOLIVIANAS

“Iniciada las hostilidades, atacarían previamente los fortines Patria y Galpón, mientras el grueso de las tropas marcharía por Santacruz y Cocal, para salir entre Patria y Bahía Negra y atacar esta posición.

“En el sector central, la línea Nanawa-Concepción es la más importante y la más corta, pero tiene grandes desventajas: malos caminos, pantanosos en época de grandes lluvias y desierto sin agua en época de sequía.

“Es probable que, en los primeros días de hostilidades, los bolivianos traten de tomar Nanawa, como cubertura y protección de sus comunicaciones.

“Por otro lado, quizá traten de apoderarse también de Boquerón, con objetivo de tomar la cabecera del ferrocarril. Estos dos puntos serían destacamentos de cubertura, con intención de asegurar la movilización y concentración de sus fuerzas.

“En general, si ambos beligerantes procedieran en forma correcta operativamente, siempre tendrán desventajas los bolivianos, a causa de su precaria línea de comunicación a su base (fortín Muñoz) con el resto del país. Es allí, fortín Muñoz, donde debe dirigirse el primer esfuerzo de los paraguayos.

“La lucha se trabaría en los montes y esteros. Una lucha terrible sin resultados capaces de decidir la guerra, sino por el agotamiento.

En el Sector Pilcomayo y Confuso es posible que el enemigo lance destacamento de caballería a lo largo del Pilcomayo en exploración y protección de dicha zona.

 

OPERACIONES PARAGUAYAS

“El Comando en Jefe del Ejército en campaña con su Estado Mayor, fijará dentro del plan general de guerra, los objetivos estratégicos, analizando las diferentes hipótesis sobre los proyectos del adversario, evitando juicio definitivo. Este trabajo del Comando en Jefe, debe tener tantas flexibilidades, que permitan durante las primeras operaciones, realizar cuantas variaciones sean necesarias en cuanto a concentración, composición de los destacamentos, ubicación de las reservas generales, etcétera.

“Para concebir el plan de maniobra estratégico, es necesario que el Comando en Jefe, se dé cuenta de las particularidades del teatro de operaciones y de las posibilidades del enemigo.

“En el teatro del Chaco, la línea fronteriza es la que a primera vista obsorve, nuestra atención, por ser desde donde se iniciará toda acción, bien sea ofensiva o defensiva. En ella se ha de realizar la concentración de las tropas y establecer las líneas de defensa de las tropas de cubertura.

“Desde luego, lo que se trata de conseguir en las primeras maniobras de una campaña, es la acumulación de fuerzas en determinados puntos para caer sobre el enemigo con superioridad de medios. Para conseguir esto, es preciso un desplazamiento rápido de grandes masas de tropas, de tal suerte que puedan cambiar de dirección sin que los obstáculos naturales les impidan su libertad de acción.

“Al estudiar el teatro de operaciones pueden presentarse dos apreciaciones: que el terreno sea favorable al Ejército paraguayo o favorable al adversario. En el primer caso, se deba llevar la ofensiva en la dirección determinada, reuniendo el máximo de fuerzas compatibles con el terreno y las comunicaciones. En el segundo caso, estabilizar el frente con una superioridad numérica, mediante severas economías en los frentes secundarios y lograr la victoria, atacando vigorosamente, mediante una activa preparación y decisión (maniobra concebida el 5 de octubre de 1933 que culminó en Campo Vía).

“En el caso de que en el primer momento, consigan los bolivianos una superioridad numérica en la frontera y por falta de buenos caminos y medios de transporte sea difícil la concentración, sería mejor adoptar la actitud defensiva activa, y terminado el despliegue estratégico, pasar a la ofensiva.

 

PLAN DE CUBERTURA

“Para cubrir la movilización, concentración y el despliegue estratégico de nuestras fuerzas, como también la formación de los servicios de retaguardia y organización de nuevas Unidades para la reserva estratégica, es urgente aumentar los efectivos de nuestras tropas de cubertura en Bahía Negra, Fuerte Olimpo, Boquerón y Nanawa.

Bahía Negra, con 2.500 hombres con su reserva en Fuerte Olimpo y con 4 piezas de artillería.

Fortín Boquerón con 2.500 hombres con 4 piezas de artillería.

Nanawa con 2.500 hombres con 4 piezas de artillería.

Fortín General Aquino y Delgado 500 a 600 hombres de caballería.

“Es decir el actual efectivo de paz de 4.711 hombres debe ser elevado a 10.000 hombres”.

JUAN B. AYALA

Teniente-Coronel y Jefe de Estado Mayor General

 

CONSIDERACIONES RESPECTOS A LOS PLANES

En 1932. El Estado Mayor General consideraba que no se podría estudiar un verdadero PLAN DE GUERRA en la vastedad del Chaco, con un efectivo de movilización de primera línea de 12.000 hombres. Pero sí, era posible y estaban estudian- dos los planes, de acuerdo          con         el teatro, los efectivos probables en juego y las intenciones del enemigo.

El Plan N° 1. Contempla el estudio de las cosibles direcciones de invasión del enemigo y la actitud del Ejército paraguayo en cada caso. Descarta la Posibilidad de una ofensiva sobre Asunción.

El Plan N" 2, es la intención o decisión del Estado Mayor General, para el caso de un ataque sorpresivo con los efectivos “enemigos entonces en el Chaco, pero insiste en el sector norte

Insiste, en la defensiva estratégica y ofensiva táctica. Que la guerra debe ser de comunicaciones, de guerrilla o de desgaste. Aconseja movilizar, concentrar y observar.

El Plan N° 3, es un 'trabajo más completo, elaborado con estudio del teatro de las futuras operaciones, con datos sobre armamentos y organizaciones del Ejército enemigo y sus probables intenciones operativas. Este documento constaba de 14 páginas y no se transcribe sino las partes que interesan a este trabajo. Concibe categóricamente: fuerza móvil en el ala izquierda, grueso en el centro y el ala derecha a la defensiva.

Según el Plan, las operaciones se desarrollarían en la zona inmediata a la actual línea de fortines de ambos ejércitos, teniendo como objetivo de parte de Bolivia el Río Paraguay y las estribaciones de los Andes de parte del Paraguay. Y no de que se “trataría de defender, después de haber entregado el Chaco”.

Más adelante, aconseja que por la “precariedad de su, línea de comunicación a su base fortín Muñoz, es allí donde debe dirigirse el primer esfuerzo de los paraguayos.

Seguidamente establece que en el Chaco, “la línea fronteriza es la que la primera vista absorbe nuestra atención, por ser desde donde se iniciará toda acción, sea ofensiva o defensiva. En ella ¡se ha ¡de realizar la )concentración de las |tropas y establecer la línea de fortificación de las tropas de cubertura”.

Jamás el Estado Mayor General pensó en defender el Chaco en la costa del Río Paraguay y mucho menos lo dijo.

Los originales de los Planes N9 1 y 2 mencionados en este trabajo, fueron entregados a los Ministros de Guerra de la época, el general don Manlio Schenoni y doctor Raúl Casal Ribeiro y quedaron copias en el Archivo del Estado Mayor General. El borrador del Plan N? 3 lo conservo en mi archivo particular.

 

CAPITULO XVII

POLITICA DE GUERRA Y POLITICA MILITAR

Se ha afirmado 'también en diversas oportunidades que, en la guerra del Chaco, el Paraguay no tuvo política de guerra y tampoco política militar.

Por tanto, me permitiré exponer en este trabajo, breves aclaraciones sobre tan importantes terminologías militares.

Política de guerra es la serie de combinaciones de que se vale un Estado para decidir acerca de la conveniencia, oportunidad y necesidad de emprender una guerra, determinando las operaciones necesarias para conseguir el fin que se propone.

Además, una nación puede verse obligada a empeñarse en una guerra por diversas causas: por defender su territorio, por equilibrio político, por cuestiones de honor, por interés comercial, etcétera.

Por tanto, la política de guerra de Bolivia estaba basada en los siguientes puntos:

1° La creencia bien o mal intencionada de sus presuntos derechos sobre la totalidad del Chaco paraguayo, apoyada por la Cancillería brasileña en el año 1869, de que el Chaco pertenecía a Bolivia; pero no comprendieron los bolivianos que lo que Brasil quería entonces, no era regalarles el Chaco en un arranque de generosidad, como si realmente le perteneciera, sino era evitar el tener frontera con Argentina por ese lado.

2°El interés en los yacimientos petrolíferos ligados con la Standard Oil y 3V. Lo que podríamos llamar psicosis mediterránea, vale decir, que esa condición de encierro en que vivía y vive pretendía solucionarla a costa de obtener una salida al Río Paraguay.

De acuerdo a estos argumentos, la política de guerra de Bolivia era llegar al Río Paraguay, conquistando la totalidad del Chaco o el objetivo mínimo del Estado Mayor boliviano, ocupar Puerto Casado u Olimpo y concertar un tratado de paz a base de una línea de Olimpo o Puerto Casado a Ballivián sobre el Pilcomayo.

De parte del Paraguay, su política de guerra consistía en defender sus derechos históricos a la totalidad del Chaco y que su pérdida significaba la renuncia a su propia soberanía. Su política de guerra era entonces, desalojar a los invasores del territorio nacional y arrojarlos sobre las estribaciones de los Andes, límite histórico de los dominios del Paraguay. Guerra de defensa nacional.

Consecuencia: los dos países en guerra tenían política de guerra.

Por política militar se entiende las combinaciones puramente militares, que encuadran dentro de un plan de guerra, independiente de la política diplomática. Abraza vastos dominios, como la organización y sistema militar del enemigo, su carácter nacional, recursos pecuniarios, fuerzas probables de primera línea y reservas, sistema de guerra que preconiza el Estado Mayor General, conocimiento de la geografía del territorio, obstáculos que pueden presentarse, etc. Un estudia acabado de todos estos elementos, constituye la política militar de un Estado y de rigor, necesario al Comando en Jefe, para una eficiente dirección de las operaciones en la guerra.

En el Plan N9 3, el Paraguay consiguió reunir importantes datos sobre organización, fuerzas probables de primera línea y estudio sobre los posibles campos de batalla.

En realidad, tanto Paraguay como Bolivia tuvieron política de guerra pero en la verdadera acepción no tuvieron política militar.

 

CAPITULO XVIII

REFLEXIONES

La guerra del Chaco tuvo por escenario un teatro excepcional: desierto sin agua, montes tupidos sin rutas (“Campo de Desolación” denominado en los mapas de la conquista), en tiempo de sequía sin una gota de agua y en tiempo de lluvia un inmenso lodazal, donde había que aplicar y adaptar los clásicos sistemas de conducción. A estas características especiales del teatro, había que agregar la escasez en ocasiones de elementos modernos de lucha, que en conjunto fueron causas de dificultad de las mejores concepciones.

Si siempre fué problema difícil obtener noticias del enemigo en la guerra, en el Chaco esa dificultad fue mayor, por las circunstancias ya mencionadas, las únicas fuentes de información fueron los reconocimientos, las patrullas y prisioneros, que sumado al desconocimiento del terreno, operábamos casi a ciega.

Las estrategia, ciencia flexible, había que amoldarla a las circunstancias y tratar de descifrar en su honor los misterios del teatro de operaciones. Por tanto, en la conducción no hubo demasiada estrategia y apenas lo indispensable de táctica. Pero sí, se ha demostrado una vez más de que, no siempre prevalece el que tiene más hombres y más dinero, la victoria sigue sonriendo al más capaz de realizar las combinaciones oportunas de los elementos en juego, dentro de los eternos principios de la conducción de la guerra y muy especialmente en los principios napoleónicos, fuentes de inspiración del mismo mariscal Foch.

Los que estuvimos en Francia en misión de estudios en los años 1926 a 1928, desgraciadamente ya no tuvimos la suerte de recibir las enseñanzas del glorioso mariscal Foch, que nos hubieran sido muy útiles en la guerra del Chaco, porque sus notables conferencias, editadas en los libros “Los Principios de la Guerra” y “Conducción de la Guerra para la Batalla”, las dictó en los años 1895 a 1900 y se retiró definitivamente de la Escuela Superior de Guerra el año 1911. Cuando llegamos a Francia, el mariscal Foch era un héroe nacional de 75 años,  con retiro absoluto del Ejército francés. Pero tuvimos la suerte y el alto honor de tener como profesor de Infantería al ilustre general Enrique Giraud de brillante actuación en la segunda guerra mundial.

A través de los conceptos vertidos en esta obra y, principalmente, con la transcripción de los documentos concernientes al tema desarrollado en ella, estimo haber cumplido, en debida forma, con los propósitos enunciados en el exordio.

Los que tuvimos el honor de defender la Patria en la guerra del Chaco, tenemos la primordial obligación moral de ser veraces en nuestros relatas y consideraciones, acerca de lo que hicimos y vimos en esa contienda. Así nos lo impone nuestra condición de paraguayos y soldados. Y lo reclama la trascendencia de vital importancia de esa etapa histórica, para el ulterior desenvolvimiento del país, libre ya de un gravoso problema de carácter internacional. Además las presentes y futuras generaciones paraguayas, tienen el derecho y la obligación de conocer la verdad acerca de lo que hizo el pueblo en armas, entre los años 1932 y 1935, en defensa de la soberanía nacional.

En esta obra he expresado la realidad efectiva de un aspecto de la guerra del Chaco, que se ha estado difundiendo en forma errónea. Por fortuna, al hacerlo así, no se ha menoscabado el prestigio ni la dignidad de nadie. Y se ha servido lealmente a la verdad histórica.

 

 

 

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GENERAL JUAN B. AYALA - COMANDANTE 2° CUERPO DE EJÉRCITO

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