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ALFREDO M. SEIFERHELD R.


  LOS SELLOS POSTALES PARAGUAYOS - Por ALFREDO M. SEIFERHELD


LOS SELLOS POSTALES PARAGUAYOS - Por ALFREDO M. SEIFERHELD

LOS SELLOS POSTALES PARAGUAYOS

© ALFREDO M. SEIFERHELD

 

 

            El recordar la riqueza de nuestras emisiones ha tenido tanta profusión que precisamente ella cerró a menudo las puertas a varias reseñas -unas más- sobre el tema. Trataremos en este capítulo de dejar una constancia documentada dé lo que representan para el coleccionista que las reúne en procura de una mejor diversificación de sus colecciones.

            Un trastorno fue que en la práctica no siempre las fuentes oficiales, como ser los decretos y resoluciones, fueron seguidas al pie de la letra. Hemos cuidado que las tomadas se ajusten a la realidad para evitar equívocos de difícil reparación. Y sin agotarlas, creemos que dichas fuentes fueron revisadas en buena parte, quedando otros sitios potenciales de investigación futura. Por demás es bien sabido, que de numerosas emisiones paraguayas nunca existió una documentación oficial que las respaldase.

            Nos propusimos representar a todos los sellos del Paraguay por medio de un grupo que hiciera de paradigma, sea por originalidad, curiosidad o espontaneidad en su aparición, motivo, causales o situaciones creadas con posterioridad. Demostraremos que nuestras emisiones postales con destino al franqueo deben seguir siendo un motivo de orgullo para quienes se apasionan filatélicamente por el Paraguay. Más aún, deben ser un motivo de incentivo porque van cargadas de historia pura, con el nombre de "Paraguay'' en su estampa, en su confección, mensaje y sentir.

            Hay emisiones manchadas por la distorsión de sus motivos; no podríamos ocultarlas ya ni avergonzarnos de ellas. Helas aquí, compartiendo -no por eso privilegiadamente- un lugarcito en la historia de nuestros sellos.

            Desde sus albores marcados por los primeros ensayos, dejando atrás los sellos desperdigados del "León" hasta las pruebas, provisionales y extensas o restringidas series, todo deberá ser, tomado como componente dé años de expendio de sellos postales, que en su contexto representan al Paraguay y al ideal de sus habitantes, Así, nuestros sellos ofrecidos en ventanillas nunca pecaron por extralimitados, ni fueron empleados por uno u otro partido político para sus fines. Siempre conformaron -hasta hoy- modelo dé ecuanimidad cuando no de justicia.

            En esta reseña no contemplamos ningún estudio de un sello en su contextura, características, variantes, posición de hoja, etc., trabajo que corresponde a un catálogo especializado o a algo similar. Un enfoque más preciso de los años sesenta hasta nuestros días está contenido en el capítulo VI, por ser tema de meditación exhaustiva.

            Pedimos al lector, trate las emisiones abarcadas con honestidad, disculpando los errores y esquivando de ellas al fantasma de autores falsos o a los manejos no filatélicos de los cuales algunas fueron víctimas al igual que sus coleccionistas. Buscamos la felicidad con los sellos, el goce de poseerlos sin acosamientos históricos, ¿cuántas veces nada más que de historietas? que confunden en gran medida.

            El filatelista tendrá siempre la última palabra. Y los apreciará porque serán merecedores de su estima. Jerarquizar los sellos equivale a prestigiar la filatelia, su filatelia. Bajo estas constantes puede sentirse ampliamente satisfecho.


ANTECEDENTES DE NUESTROS PRIMEROS SELLOS POSTALES


            En el marco de un estudio relativo a ellos destacaremos los intentos, frustrados por varios motivos, de dar al país sus primeros sellos. Tales inquietudes se remontan a los años de la administración de don Carlos A. López, Para el efecto, señalaremos algunos antecedentes que derivarían en el uso de los primeros sellos de correo de 1870.


INTENTOS NO CONCRETADOS


            Con el resumen postal introductor pudo el lector ubicarse en el tiempo y en las circunstancias que rodeaban, al movimiento de correos de aquellos años en el Paraguay.

            El 25 de noviembre de 1842 sancionó el Soberano Congreso General presidido por don Carlos A. López la Ley que establecía los símbolos patrios. ". . . en el lado opuesto un círculo con la inscripción "PAZ Y JUSTICIA" y en el centro un león en la base del símbolo de la libertad" (Archivo Nacional de Asunción, volumen 253, N° 3). Era un punto de partida de un ordenamiento institucional que debía reflejarse en los documentos oficiales, papeles de Hacienda y finalmente en los sellos de correo.

            El catálogo de sellos paraguayos, confeccionado en 1944 a iniciativa de la Dirección General de Correos y Telégrafos del Paraguay, decía: "Hay cierta gente estudiosa que asegura haber visto un decreto del Presidente Don Carlos Antonio López, de fecha 1842, autorizando la impresión de los primeros sellos paraguayos, lo que en principio sería bien factible, si se tienen en cuenta las ideas emprendedoras y de progreso que tenía esté gobernante...". (p. 10) No concordamos en absoluto con esta opinión por considerarla simplemente utópica. ¿Cómo podía una nación aislada como la nuestra, cuya independencia no estaba reconocida en el exterior y carente de un sistema postal regular, imponer un delicado mecanismo de franqueo previo rechazado aún por todos salvo por sus iniciadores ingleses? La mentalidad y el aislacionismo eran aún factores determinantes que imposibilitaban aquella concepción. Podría sí, haberse tratado de una marca, pero no, de un sello adhesivo superpuesto.

            Por el 1849, la impresión de billetes de banco se realizaba ya en nuestro país; veremos su trascendencia trece años después. En un mensaje del 30 de mayo de 1849 decía el Presidente López: "En la nueva emisión (de papel moneda) como en la primera, el sello nacional se ha colocado en el centro; en lugar de la rúbrica original del Gobierno, se mandó poner de estampilla, y á la firma del Tesorero y Colector general se agregó la del oficial Interventor".

            La conveniencia de poseer sellos propios presumen algunos se debió a la iniciativa del entonces Brigadier General Francisco Solano López tras su viaje efectuado a Europa en junio de 1853 juntamente con un selecto grupo de coterráneos. De vuelta para enero de 1855, la idea cobró cuerpo y su necesidad se mostró con más fuerza al paso de los años y del fortalecimiento de las relaciones postales exteriores. Sin embargo, nada hace pensar que en los años cincuenta aquello hubiese pasado de meros proyectos.

            En la revista francesa "Magazine Pittoresque" de 1866 escribía M. Rondot, según referencias de Charles J. Phillips: "En enero 1864 (debe ser 1854), el General Francisco Solano López pidió al Sr. Stern, grabador de París, de confeccionarle el diseño de un sello postal destinado al Paraguay, El diseño consistía en el escudo de la República. Tan pronto cómo había sido hecho el cuño, el General López llevó consigo las pruebas a Asunción y nada más se supo del asunto.

El cuño quedó en poder de Monsieur Stern ...". (Ch. Phillips, "The Stamps of Paraguay", p. 7).

            Ya este cuño en poder de un Sr. Hulot -según lo refiere el célebre filatelista francés Dr. Legrand- fueron hechas numerosas replicasen variados colores.

DISEÑO DE STERN


            En una visita reciente a la imprenta parisiense, que aún subsiste, no pudimos consignar indicios de aquella impresión de muestra. Tenemos la certidumbre de que nada ha quedado en ella. El estudioso filatelista argentino Cnel. José H. Lauritto posee tres ejemplares distintos de dichas unidades, a saber: 1 real rojo carmín, 2 reales verde oscuro y 3 reales azul oscuro, todos de fina confección.

            La adopción por Corrientes de sus primeros sellos desde agosto de 1856 permitió un mejor conocimiento del sistema en vigencia, lo cual empero no fue suficiente para reexaminar la conveniencia de instaurarlo para el Paraguay.

            Refiere Phillips que hacia 1860 fue sometido al Presidente López un ensayo, destinado al primer sello adhesivo paraguayo, sin mencionar su procedencia. Afirma que en 1869, al ser ocupada Asunción, fue capturado entre otras cosas el molde de dicho ensayo, mediante el cual fueron hechas numerosas reproducciones en Buenos Aires, hacia 1870 (Obra cit., p. 6).

ENSAYO PRESENTADO A DON CARLOS A. LÓPEZ

NO ADOPTADO POSTALMENTE


            En la tercera edición del catálogo "Mount Brown" de 1862, se incluía este ensayo como existente en varios colores. Más tarde fueron hechas numerosas imitaciones buenas y deficientes, tanto en color como en diseño y tamaño.

            Como habíamos referido, eran continuas las emisiones de billetes de banco, impresos por litografía en el Paraguay. Aun cuando el Presidente López intentó obteneros por el procedimiento del grabado, debió desistir  por ser "excesivo el premio del grabador"  (discurso al Congreso Nacional del 14 de marzo de 1857). Se mantuvo el sistema litográfico para los mismos. Es de señalar, como una característica casi regular en ellos, la confección de diseños ornamentales idénticos para sus cuatro esquinas. Traemos esto a colación por lo que a continuación se expone.

            En los meses postreros de la administración de don Carlos A. López pusiéronse a circular billetes con la denominación de 5 pesos, con las rúbricas de Juan C. Valle y J. Benítez. La singular característica de éstos era de que como adorno en sus cuatro esquinas llevaban la mismísima figura del sello postal presentado al Presidente años atrás. Su única distinción era la anulación de la palabra "correo" que naturalmente no correspondía. Tal, el empleo de aquellas pruebas, quizás las únicas destinadas a un fin similar.

            Escribe José H. Lauritto sobre el particular: "No caben dudas sobre la legitimidad de este ensayo, ya que su posterior aparición en los billetes de banco no hace sino atestiguar la intervención del gobierno paraguayo en su gestión. Particularmente estimo que una de las razones que pudieron haber llevado a no emplearlo para el franqueo postal obedece al hecho de que el sello no consigna valor de franquea alguno y por lo tanto no resultaba práctico para el servicio al que pensaba destinárselo". (Ref. al autor, 30/VII/74, p. 2).

            Tras la muerte de don Carlos A. López acaecida el 10 de septiembre de 1862 asumió la dirección del gobierno Francisco Solano, quien ya con los acontecimientos que se sobrevenían relegó la iniciativa de confeccionar sellos para los correos de la República. Aquellos cuños originales fueron empleados, como queda visto, para reimpresiones, sin que definitivamente se usara un solo ejemplar a modo de porte.

            Por decreto del 25 de marzo de 1865 fueron, aún impresas varias denominaciones de billetes adornados con aquel ensayo, ahora ya con y sin el recuadro original. Culminaba así el uso extrapostal de estos diseños.

            Otra razón de su no adopción para correos era patente: las relaciones, especialmente con el Imperio del Brasil, empeoraron notablemente. Las duras notas intercambiadas y el apresamiento en fecha 12 de noviembre de 1864 del buque "Marqués de Olinda" dieron la señal del inicio de hostilidades, que se prolongarían por largos años.

            La guerra trajo la destrucción del Paraguay en casi todos los órdenes; las actividades postales fuera de las oficiales no pasaron de una que otra modificación de marcas y colores.

            El sellito grabado en Boston; Estados Unidos de América, que se intentó hacer circular como el primero paraguayo con fines interesados, no prosperó. Era el engendro de un grupo de estafadores norteamericanos de la firma S. Allen Taylor, establecida primeramente en Albany en 1865, que lo puso en venta en aquella nación adulterando la correspondencia como proveniente del Ministro Residente en el Paraguay Carlos A. Washburn. Ante el desmentido de la misión norteamericana aquello se esfumó. Algunos catálogos de la época lo consignaron incluso como primera emisión. Su diseño: un barco navegando, con el valor de "5 cents", más la inscripción "República del Paraguay".

            Esta fantasía fue originalmente impresa en color rojo naranja, muy bien grabada. Existe una falsificación de la misma, con varios matasellos, también espurios.


ANTECEDENTES CERCANOS


            Principios de enero de 1869: ocupación de Asunción por tropas de la alianza. Luto y, miseria en el Paraguay. El vencedor imponía su voluntad y nuestro correo no podía excluirse de aquella premisa, aunque bien pronto iría haciéndose autónomo en su administración.

            No es éste un trabajo que tenga por misión tratan el drama de ese momento, por demás de dominio público y encarnado en la resistencia del Mariscal Francisco S. López al inicio de la Campaña de las Cordilleras. De ahí que eludimos explayarnos más a fondo sobre los sucesos, de aquella injusta conflagración.

            Es la época en la que, según Phillips, habría caído en poder de los ocupantes aquel molde original de un segundo ensayo.

            Escribe Gomes Freire Esteves sobre el espíritu público de la Asunción de entonces: "Tras la ocupación militar de la capital por las fuerzas aliadas, comenzó a repoblarse la ciudad con los sobrevivientes de la guerra, de las emigraciones en masa, de los prisioneros, dé los paraguayos recién venidos del exterior, de los vivanderos de todas nacionalidades qué acompañaban a los aliados, de turistas y curiosos que acudían a ver los vestigios del país sojuzgado". ("El Paraguay Constitucional, 1870- 1920" p. 17).

            El correo argentino estableció estafetas ambulantes en distintos sectores del territorio, como quedó señalado. La ocupación de Asunción trajo cambios en la marcha de la administración postal de Humaitá, la que a cargo de Guillermo Zanda hubo de trasladarse a nuestra capital para principios del 1869.

            Zanda recibió autorización de Gervasio Antonio de Posadas, Administrador General de Correos de la Argentina en Buenos Aires, para continuar al frente de la oficina de Asunción, lo que efectivamente hizo aquél a partir del 20 de enero, día de su establecimiento. Como franqueo siguieron usándose los sellos argentinos "Rivadavia" con el matasellos rombo a líneas, de Humaitá.

            El 15 de agosto de 1869 se constituyó en el Paraguay un Triunvirato gubernamental, bajo cuyas órdenes quedó nuestra administración postal. Mientras se preparaba la transferencia de las pertenencias del correo argentino, el gobierno nombraba el 4 de noviembre al propio Guillermo Zanda como "Administrador General de Correos Interino", teniendo en cuenta sus servicios anteriores. Días después se efectuaba el traspaso de las pertenencias; quedaba en poder de la nueva dirección una balanza y "una caja de sello para inutilizar estampillas".

            El 8 de noviembre comunicó Zanda a Gervasio de Posadas su nombramiento, y que "La correspondencia que con esta fecha se remite a esa Dirección, General y Administraciones subalternas irá sin estampillas, timbrada únicamente con el sello de esta Administración, mientras el Gobierno Provisorio dispone la impresión de estampillas. . ." ("Anuario de Correos", Buenos Aires 1870, p. 69).

            Para el día 13 del mismo mes y año respondía Posadas en términos reveladores para descorrer el velo que cubre nuestra primera emisión. Tras confirmar la anterior, satisfecho de la instalación de la Administración de Correos en el Paraguay, y asegurar "la conveniencia de que se celebré un Tratado Postal", concluía:

            "Antes de terminar esta comunicación debo significar a V. que á pedido de los Sres. Egusquiza y Bedoya -actual miembro este último del Gobierno Provisorio- formulé dos proyectos de Decreto, uno reglamentando y creando la Administración General de Correos de esa República, y el otro creando y reglamentando la aplicación de los timbres postales para el franqueo de las correspondencias. Esos trabajos, los puse en manos del Sr. Bedoya el 23 de junio último, y dos días después el mismo Sr. Bedoya me avisó haberlos recibido, expresándome que en oportunidad no sólo se serviría el Gobierno Paraguayo de esos trabajos sino que utilizaría mis ofrecimientos para la fabricación de los timbres postales, provisión de útiles & a. Todo lo que creo oportuno  poner en conocimiento de V., reiterándole los mismos ofrecimientos". (Anuario cit., p. 70).

            Por entonces era responsabilidad de José Díaz de Bedoya la atención de los asuntos de Hacienda del país. En honor a la verdad es necesario hacer ajustes en cuanto a la "creación de la Administración de Correos" que, bien ya señalamos, estaba creada desde la colonia.

            Del párrafo transcripto se desprende que la concepción de los sellos postales para el Paraguay debió partir de G. Posadas, del mismo modo que la tarifa postal. Fue éste quien eligió la Litografía San Martín de Roberto Lange para imprimir dichos sellos; el mismo que confeccionara la serie argentina de "Escuditos", de 1862.

            Guillermo Zanda dio creíblemente su visto bueno al planteo, de igual modo que Bedoya, quedando a cargo de Gervasio A. de Posadas lo referente a la primera serie nacional. El 16 de noviembre del mismo año el Triunvirato puso a conocimiento público qué ". . . estando establecida la Administración de correos y siendo necesario establecer también el porte que debe pagar la correspondencia.. ." acordaba y decretaba:      "Por carta sencilla que no exceda de 4 adarmes de peso, 5 centavos.

            Por carta de 4 á 8 adarmes, 10 centavos.

            Por carta de 8 á 12 adarmes, 15 centavos y así sucesivamente".


            Continuaba el decreto con otros artículos más. Téngase presente, para facilitar la relación, que un adarme equivalía a 179 centigramos aproximadamente. El derecho de certificación quedó fijado en 2,5 centavos o centésimos.

            Otra relación de interés es la existente entre los reales y los pesos. La conversión de 1 (un) real equivalente a 10 (diez) centavos la respaldamos de esta manera:

            a) Decreto del 18 de febrero de 1854 cuyo artículo 2º estipulaba: "El Peso fuerte de plata tendrá en la República el valor dé diez reales".

            b) Ley sobre papel sellado del 29 de agosto de 1877, art. 17: "Los reales de que habla la presente ley se entenderán de diez centavos de peso fuerte cada uno".

            Siguiendo con el desarrollo, es sabido que durante principios del año 1870 se trabajó en Buenos Aires en la confección de los sellos, usándose acá mientras tanto las marcas ya citadas. Se cerraba la etapa previa a la primera emisión nacional, que aunque de autoría de un gobierno impuesto por los aliados, es reconocida y apreciada sin apasionamientos.

            En tanto, el 5 de marzo se conoció en Asunción la muerte del Mariscal Francisco Solano López en Cerro Corá. El 3 de julio se realizaron elecciones de ciudadanos para la Convención Nacional; en pugna se hallaban el "Gran Club del Pueblo" y el "Club del Pueblo".

            Veremos más adelante que los nuevos sellos en "reales" trajeron bastante confusión cuando que, la tarifa ya estaba confeccionada en "centavos". Debió arbitrarse otra medida -una nueva tarifa- para solucionar el diferendo. Por demás, aquélla era totalmente inadecuada a las necesidades de los valores que encerraba cada sello.

            El uso paralelo de reales y pesos se explica por la dócil aceptación del Paraguayo de la circulación ancestral de "reales". Es de suponer que las dificultades iníciales fueron grandes, por cuanto, para el natural era toda una novedad el sistema del sello adhesivo.

            Ante ello, los Primeros nacionales nacieron a la par que muchos prohombres, siendo testigos de una progresiva reconstrucción que abarcó todos los niveles patrios en demostración de entereza para sobrellevar lo adverso. La nación se irguió del holocausto y a los sellos postales les cupo el honor insigne de estar presentes y de aportar su nobleza en tan magna empresa.


LOS "LEONES PARADOS" DE AGOSTO DE 1870


            Transcurridos algunos días de ese mes, pusiéronse a disposición del usuario los primeros sellos postales del Paraguay. La fecha comúnmente aceptada de 1° de agosto es convencional, con un sustento que no entraremos a rebatir. Para el miércoles 10 insertaba "La Regeneración -periódico donde se publicaban oficialmente los decretos y resoluciones- por primera vez un aviso que incluía esta lacónica frase:

            "En la misma Administración (de correos) se expenden timbres para el franqueo de las cartas y también se expenden en la Tesorería General de la República. Asunción, Agosto 9, de 1870". (N° 129).

            Este anuncio, que es más extenso, siguió publicándose por varios días. La Administración de Correos se había trasladado a la calle de Ribera N° 2, cuya exacta ubicación sería hoy la encrucijada de las calles Alberdi y Benjamín Constant, cerrada ésta por entonces en dirección noroeste a la bahía. En ese sitio permaneció la administración por varios años.

            Antes de continuar conviene aclarar que la carencia casi total de documentos del año 1870 imposibilita un trabajo más sólido sobre el tema. He ahí la razón de nuestra dificultad mayor, con la cual por demás han tropezado otros estudiosos de la materia.

 


ANATOMÍA DE LOS VALORES


            Estos fueron tres, todos del mismo tamaño:


            1 real,  color rosado

            2 reales, color azul opaco o azul obscuro

            3 reales, color negro claro, obscuro y/o grisáceo.


            El papel era para todos idéntico, no habiéndose probado la existencia de otro que no fuera el peculiar blanco, ligeramente tizado y de débil constitución. La goma tuvo un tono levemente anaranjado, que se acentuó con el tiempo. El fondo del diseño era de líneas horizontales en todos los ejemplares.

            Un real: Valor en números y letras, traía el león de la libertad encerrado en un perfecto círculo. Las líneas del fondo continúan, al igual que en los demás valores, más gruesas al atravesar los gorros frigios. Su león es el más delgado de los tres y sostiene un gorro achatado en lo alto.

            Dos reales: Único sello sin el valor en cifras. León de pie en un óvalo con caracteres similares al anterior.

            Tres reales: Símbolo, tradicional del sello paraguayo. León de pie en un rombo de esquinas redondeadas; trazos similares a los otros valores.


EVOLUCIONA SU EMPLEO


            La tarifa postal sufrió un cambio con la circulación de estos sellos. Guillermo Zanda se había retirado de la Administración y en fecha 9 de agosto se aprobó la nueva tarifa postal presentada por el Secretario del Interior para la Adm. de Correos de la República, la cual fue comunicada con copia autorizada al encargado interino de esa repartición. Se contemplaban las tarifas en reales, estipulándose el mínimo en un real por cartas hasta nueve gramos destinadas a la Argentina y al interior del país.

            El oficial interventor de correos don Juan B. Bergeire se encargó de la circulación de los primeros sellos, Múltiples fueron sus recomendaciones. Veamos una: "Se previene al público y al comercio, que no saldrá para el exterior ninguna carta que no tenga los timbres postales necesarios, creados por la ley de la materia" (extracto de una advertencia del día 12).

            Notorias eran las dificultades de inculcar a la población su uso, porque los sellitos "Rivadavia" sirvieron casi con exclusividad al invasor. Si recordamos los problemas europeos entre 1840 y 1855 por el mismo motivo, no debe sorprender esta reacción.

            Para el día 23 de agosto se trasladó el uso de los nuevos sellos a las agencias marítimas, como indica otro aviso:

            "A fin de facilitar al comercio el mayor tiempo para el franqueo de cartas del día de despacho de correspondencia, en la agencia marítima a que esté consignado el vapor que la ha de conducir, habrá un empleado de esta oficina para recibir y franquear las cartas hasta media hora antes de su salida. Asunción, Agosto 23 de 1870". ("La Regeneración", 28/VIII/1870, N° 137).

            Con los años, el servicio mejoró. Ya desde diciembre de 1869 se habían reorganizado las vías postales de comunicación y pronto otras oficinas como la de Paraguarí recibieron sellos y cancelaciones para su correspondencia.

            Por buen tiempo rondaron los primeros sellos en las oficinas postales de diversos sectores de la República. Su empleo marcó el inicio de un sistema distinto, con derivaciones históricas para nuestro país.


CONSTITUCIÓN DE PLANCHAS


            Cada una de las tres piedras litográficas se constituyó con cien tipos diferentes, diseñados individualmente. Equivoca Phillips al atribuir una composición basada en sucesivas transferencias de veinte ejemplares, que es correcta para una 2º tirada de los sellos de dos reales reimpresos sin asentimiento postal.

            Los bordes de hoja miden un centímetro, con leves variantes de acuerdo a si son superiores, inferiores, izquierdos o derechos.


TIRADAS APROXIMADAS


            Del sello de 1 real se recogió desde un principio la cifra de 20.000 unidades, aunque sin citarse una fuente exacta. El Dr. Enrique Parodi escribía en noviembre de 1894 que ''... no hace mucho, en el Tesoro del Correo de la Asunción se hallaban aún 7.000 de las 20.000 unidades". ("Revista de la Sociedad F. Argentina", Año 1, N° 1, p. 7/8). De éste total, la mitad se habilitó en "1" centavo por resolución del 8 de mayo de 1884. Una buena partida recibió a destiempo el resello "5" y otra utilizóse para falsificaciones. De esto se deduce que el sello de referencia es menos abundante de lo presumible al verlo en casi todas las colecciones paraguayas.

            Del sello de dos reales no se conocen cifras. La necesidad de la época no debió haber sido grande. Existen, como veremos, numerosas réplicas que hicieron aparentar una cantidad mayor. Estimamos la genuina en 4.000 piezas, ya que en su existencia presente este sello es más escaso que el de tres reales.

            Del 3 reales se cita por doquier la cifra de 3.000 ó 4.000 unidades, recogida ésta por Victor Kneitschel en su catálogo de sellos paraguayos. Mientras no se demuestre lo contrario será tomada como base.

            Tal vez nos quepa en un futuro mediato la oportunidad de develar estas incógnitas gracias a fuentes inéditas.


SUS PRUEBAS Y ENSAYOS


            Pese a que debieron existir como pasos previos a la impresión de los sellos definitivos, fueron destruidos en su totalidad, sin conocerse en la actualidad los originales.

            En cuanto a los supuestos legítimos, Phillips destaca el sello de dos reales en cuatro colores distintos. Los demás, que se conocen sobre papel o cartulina, son réplicas con nuevas piedras.

            De cualquier manera, éste material, por provenir íntegro de diseños rehechos, se considera espurio.


REIMPRESIONES


            Durante mucho tiempo corrió el no acallado rumor de que nuestros tres primeros sellos fueron reimpresos. Sin embargo, ninguna diferencia -salvo los tonos en el color y alguna deficiencia natural de las planchas- se observa entre los conocidos.

            El Dr. José Tomás Barboza escribía como estudioso hacia 1923, que ". . . para finés del siglo XIX aún se podían adquirir en Tesorería sellos de la primera emisión". Esto desvirtúa en parte aquella inquietud, aun cuando sólo hayan sobrado ejemplares de 1 real.

            Es difícil creer que el gobierno decretara reimpresiones entre los años 1870 al 77 cuando se acentuaba la conveniencia de emplear la denominación "centavos". Para más, la abundancia de estos ejemplares nunca lo hizo necesario, y si a esto añadimos su escaso uso, sobran razones para aseverar que oficialmente no existen reimpresiones.

            Por demás, no hemos hallado ninguna documentación relativa.


EJEMPLARES SOBRE CUBIERTA


            Son indiscutibles rarezas. Justipreciarlas cuando de algunas no existen sino contadas piezas, queda a cargo de los interesados que pujan por una oferta ocasional.

            Las cubiertas legítimamente circuladas se cotizan a muchas veces el valor del sello adherido, al punto que ninguna relación existe entre ambas cosas: son como especímenes completamente distintos. Quien las posea debe conservarlas con celo porque está en presencia de piezas muy escasas.


SUS MATASELLOS


            No es amplia la variedad de marcas que concurrieron durante el uso de estos sellos. Tampoco las detallaremos porque hay buenos estudios. Don Pedro Weisz tiene publicado uno muy interesante en Buenos Aires sobre las marcas hasta el 1907. Todos los trabajos irán enriqueciéndose a medida que nuevos datos amplíen el tema.

            No está demás poseer un sella duplicado -aun defectuoso- si mediante él se agrega una nueva marca a la colección.


FALSIFICACIONES


            Han sido reiteradamente imitados los tres valores. Destacamos el hecho para conocimiento de quiénes lo ignoran.

            Las mal llamadas reimpresiones crean entre los sellos de 2 reales el principal peligro, porque aunque muchas son burdas, son de riesgo. Amén de éstas, están las réplicas en colores similares, llamadas pruebas. De cualquier manera está confirmado qué ningún sello fue rehecho con las piedras originales.

            En cuanto al dentado horizontal de que vienen provistos algunos sin uso y usados de tres reales, debió tratarse de una separación privada que nada de oficial tuvo Este sello normal fue además falsificado por Jean de Sperati; sus características son conocidas por los expertos. Del mismo modo por estafadores desconocidos, pero en forma sumamente burda.

            En nuestra opinión, para comprobar la legitimidad de cualquiera de estos sellos basta un limpio ejemplo dé un real, sin goma y con reverso natural. El tipo de papel es la prueba contundente -hasta el momento- puesto que nadie ha tenido ocasión de ver un sello de éstos, falsificado sobre papel original.

            Lo consideramos el análisis definitivo, fácil de realizar y exentó de conocimientos ó vasto material. Sobre el particular, el experto compatriota Julián A. Troxler ha efectuado varios estudios.


CONCLUSIÓN


            Está visto qué pese a todo poco se sabe sobre esta primera emisión. No hemos intentado profundizarla, sino más bien tocar sus puntas salientes.


REMINISCENCIAS DE UN AYER VIVIENTE EN LOS PRIMEROS SELLOS:


            La monotonía de aquel reducido espacio que ocupaba la Administración de Correos asunceños de agosto de 1870, se alteró al llegar a ella las primeras planchas de sellos postales, contratadas en la imprenta bonaerense. De la Tesorería General pasaban los sellos a medida que se requería su uso. Con la tarifa de portes que pendía de una de sus paredes, los primeros valores con la figura de un león que parecía caminar apoyado cual un anciano a un bastón, en contraste con el típico león de arrogante figura extendido en la superficie, veían la luz en forma casi desapercibida.

            Era más trabajoso para el usuario este sistema del papelito, que hacía además necesario usar la marca anteriormente empleada para inutilizarlo. Doble trabajo sin duda.

            Todo estaba previsto para el cambio, que no sorprendió a los comerciantes porque muchos de ellos veían llegar a diario estas figuritas de la correspondencia exterior. La oficina abría sus puertas a las nueve de la mañana en horario continuado hasta las cuatro; los días de despacho de valija la apertura tenía lugar ya a las siete horas.

            El correo se había trasladado de un sitio que la historia no recogió, y que fue provisional, a otro ubicado en la calle de la Ribera N° 2, con un patio baldío a un costado y un caserón en ruinas al otro; éste, más tarde demolido a insistencia de la comunidad. Un letrero "Admon. de Correos" indicaba a secas su ubicación. No lejos, la Convención Nacional Constituyente sesionaba en busca de una nueva Constitución.

            Allí los sellos estuvieron en venta a partir de los primeros días de agosto, y hasta ahí recurrieron los juntadores de novedades, y se llegaron -¿por qué no?- los de sellos postales. La modorra de los años mantuvo su estatismo en esos tres sellitos, de los que el rosado circulaba con mayor regularidad.

            No se disponía en la Administración sino de un mostrador y de un libraco que hacía ver parte de las hojas de los sellos y donde sus bordes servían de tiras de apuntes, notas al margen y cálculos. Además de una balancita, la cajita de porteo con las marcas y la almohadilla, una persona en su interior bastaba.

            Pasó el tiempo y aquello fue recuerdo; el correo cambió e ingresaron a él otros empleados. Con ese local ya vacío y sus moradores alejados, todo quedó atrás, años después.

            Nadie recuerda ya que de ahí surgieron los sellos clásicos nacionales que tanto apreciamos.


LAS HABILITACIONES EN "5" CENTAVOS


            La necesidad de una radical transformación de las tarifas postales a la moneda corriente iba evidenciándose con fuerza, al tiempo que requería una actualización más acorde al costo de los portes, para permitir un mayor usufructo por el pueblo. Lo entendió así el gobierno qué, consultando el servicio interior y exterior, decidió poner en vigencia a partir del 1° de enero de 1878 una nueva tarifa postal, aprobada por el Congreso Legislativo como Ley del 4 de septiembre de 1877. Estipulaba en algunos párrafos:

            "Por cartas sencillas que no pasen de nueve gramos, cinco centavos.

            "Por cartas de diez á diez y ocho gramos, diez centavos". Etcétera.

            "Los libros, folletos, grabados, litografías, música y otras impresiones, pagarán cinco centavos por cada 500 gramos o fracción de ellos",

            Bajo el rubro de "Cartas a Domicilio" se estipulaba que "por cada carta suficientemente franqueada, cinco centavos". Tales, algunos de los puntos más destacados de esta tarifa postal, cuya importancia veremos a renglón seguido.

            Consecuentemente las autoridades se vieron obligadas a modificar los sellos en uso, lo cual fue impuesto por decreto del 31 de diciembre del mismo año. Conozcamos parte del mismo, que echa luz sobre estas habilitaciones.

            "Art. 1° Declárase nulo el valor espresado en los actuales timbres postales, con excepción de los de diez centavos.

            Art. 2° Sobre los demás timbres, se estampará por la administración de correos un cinco (5) en cifra grande y tipo de imprenta, los que circularán por el valor de Cinco centavos.

            Art. 3° Los particulares que tengan timbres del valor de los inutilizados, podrán cambiarlos en la espresada administración durante todo el presente mes".

            El 2 de enero de 1878 fue nombrado Administrador General de Correos don Silvano Sánchez, en reemplazo del renunciante Hipólito Machaín. Se debió a aquél la confección y circulación de las primeras habilitaciones.


            Se deduce del decreto, que el resello a emplearse sería un "5" en cifra grande, también a interpretarse por el que consideramos pequeño -desde que no hay patrón que determine qué se entendía por "grande" - ya que ambos circularon casi simultáneamente desde los primeros meses de 1878. Creemos que marzo o abril fueron los de lanzamiento paulatino; las piezas más antiguas que se conocen canceladas, datan de esa época.

            El 5 de enero ponía la Administración de Correos a la vista del público el sgte. aviso: "Se previene al público, de acuerdo con la nueva ley de correos, que toda persona que reciba carta deberá pagar cinco centavos por cada una, tanto si la recibe en su domicilio como si se presenta a sacarla directamente de esta Administración, sin perjuicio del sello correspondiente si las cartas vienen sin franquear". ("La Reforma", 8/I/1878, N° 667, p. 4).

            Seguían usándose evidentemente los sellos en "reales". Los primeros datos que fueron registrados en publicaciones extranjeras resume admirablemente Charles J. Phillips, y por considerarlos claves los reproducimos:


            "5" en negro sobre 3 reales: "Le Timbre - Poste" de mayo 1878.

            "5" en azul sobre 3 reales: "Le Timbre-Poste" de junio 1878.

            "5" en (?)         sobre 2 reales:"Le Timbre - Poste" `-de julio 1879.

            "5" en negro sobre 1 real: "Philatelic Record" de agosto 1879.

            "5" en negro sobre 2 reales: "Philatelic Record" de agosto 1879.

            "5 + 5" azul sobre 2 reales: "Le Timbre - Poste" de noviembre 1879.

            "5"en azul sobre 1 real: "Le Timbre-Peste" de julio 1880. (Obra citada, p. 14).


            Deduciente dé este resumen y de los sellos conocidos, es que los primeros resellados fueron los de tres reales, que eran los de menos uso dado su valor. Y nos animamos a creer que tanto el resello grande como el pequeño sobre este valor fueron quizá los primeros.

            Del instrumento gubernamental puede sacarse la conclusión que los sellos de 1 real no fueron autorizados para ser sobrecargados, quedando ellos -los de diez centavos- como normales. Mucha fue la polémica tendida en tiempos pasados en derredor de éstos. Se cree que algunos fueron inobjetablemente empleados, pero nada más que de complacencia o error, aunque pudieran haberse filtrado en momentos de escasez. Todo esto difícil de comprobar actualmente.

            Charles J. Phillips los considera auténticos, otros rechazan tal calificativo. Así, un escrito de fecha 31 de mayo de 1895 del estudioso francés de sellos paraguayos Esteban Latour y dirigida al eminente José Marcó del Pont, decía en sus partes principales:

            "En cuanto al sello de 1 real, rosa, con sobrecargo 5, sea azul o negro, o de cualquier color que sea, ha existido solamente en la forma indicada por Vd., es decir, que ha circulado en el año 92 por complacencia.

            Los obliterados con fechas del 78 no tienen para mí ningún valor, y para que no hayan más dudas al respecto, le transcribo algunos renglones tomados de una carta que me fue dirigida, respecto de esos sellos, por un ex-administrador del correo del Paraguay:

            "Timbres rosados de un real con 5. El timbre rosado sobrecargado con número 5 jamás ha sido emitido por la Administración de Correos; debo decirle que estos días pasados he visto un gran cuadro mandado confeccionar por la Dirección de Correos y destinado a ser exhibido en la Exposición de Chicago. En el mismo se ve, entre los otros timbres de la emisión del 70, un timbre rosado de un real con número 5; averigüé con el Director por qué colocaba ese timbre fuera de emisión en aquel cuadro, y me dijo que porque lo había visto anunciado en ciertos catálogos, de sellos de Correos y que porque le habían asegurado que había estado en curso. Así el Director actual va a confirmar con su palabra oficial lo que jamás hubo".

            Espero que estos datos aclararán el valor que se debe dar a esas milagrosas fantasías, entre las cuales figuran también las con triple y cuádruple sobrecargo". (Revista de la Sociedad Filatélica Alemana, Noviembre 1930, págs, 396/97, Bs. As.).

            Sin duda, este escrito es revelador y valioso. Por su parte, la "Guía Filatélica Sudamericana", también del año 1895, comentaba sobre los resellados del 1878 en estos términos:

            "No está de más el poner en guardia a los coleccionistas contra las muchas falsificaciones de estos sellos; desde verdaderas recargas aplicadas posteriormente, que abundan en Europa, hasta aquellas en que todo es falso, probablemente fabricadas, con la ayuda de la fotografía, en particular sobre el de 3 reales de que hablamos antes. Abundan, de los años acá, sellos auténticos de 1 real con recarga, legítima también, de 5 en negro y azul. Probablemente es artículo de fabricación moderna. En octubre de 1892 llegaran a Buenos Aires algunas cartas franqueadas con dos sellos de éstos. En nuestra opinión este hecho no prueba nada, pues bien pudiera la persona que las ha mandado, estar interesada en probar su autenticidad". (".G.F.S.", Luis, Sobrino, p, 110/11).

            En cuanto concierne a los demás valores, muchas incógnitas deberán aún develarse sobre su origen y empleo.


LO INTRÍNSECO Y EXTRÍNSECO DE LOS RESELLADOS


            Pasaremos revista a algunos aspectos que hacen directamente a las sobrecargas. Los hemos ligado para mejor comprensión.


SU CONSTITUCIÓN


            No caben dudas que el material empleado fue madera, descartándose todo tipo de metal -que no sé habría desgastado como los originales- o goma, que no hubiera creado líneas tan perfectas y contornos tan bien parecidos como se aprecian en los resellos auténticos. Las narraciones recogen la versión de que se trató de lapacho o de palo santo, ambas maderas de buena resistencia.


EL TIPO


            Era el utilizado en las imprentas nacionales. Lo hemos visto en billetes, periódicos, numeraciones de actas, etc., tanto el grande de 15 mm. de alto como el pequeño de 9 1/2. Esta medidas claves son para determinar su legitimidad.


SUS COLORES


            Es un riesgo sentar afirmaciones categóricas sobre aspectos de los provisionales paraguayos empleados en su inmensa mayoría en 1878. Y dentro de esas dificultades la que más interrogantes ha planteado es la del color -o de los colores- que pueden conceptuarse "genuinos" en un amplio sentido.

            Desde que los resellos eran aplicados a mano, presumiblemente a medida que eran necesarios y con tipos tal vez únicos, surgió el tema del color a que debió recurrirse. Por exclusión, el análisis no va más allá de dos colores básicos, con no pocas derivaciones, y descartándose como falso el violeta.

            a) Negro grisáceo, similar al empleado para los matasellos.

            b) Azul claro -cielo- también en uso en Asunción e interior.

            Estos dos colores básicos tuvieron que haber sufrido mutaciones propias de la escasez de una tinta igual, lo que probaría su resello paulatino, y no efectuado a un tiempo como algunos afirman. Comprobado está que era la misma tinta que mojaba los matasellos nacionales. No está demás afirmar que dichas tintas se obtenían entonces de elementos orgánicos, mezclados con aceite. Todo esto hace imposible asegurar qué existan colores "originales" con los cuales fueron habilitados los primeros sellos nacionales.

            Estas conclusiones no deberán considerarse terminantes. Servirán sí, lo esperamos al menos, para interesar al estudioso en un capítulo tan obscuro como el de los colores normales de estas habilitaciones.


LA POSICIÓN


            La normal para los "5" altos fue la vertical o la ligeramente inclinada; para los chicos la horizontal en ambas direcciones. La existencia de sobrecargas invertidas, tiradas a un lacto u otras variantes debe tomarse como un accidente sin importancia. Lo esencial era entonces habilitar los valores modificando su denominación. Creemos que si se prefirió la posición horizontal para los resellos pequeños fue de forma a evitar confundirlos con los diseños del león que tenían obviamente una posición vertical.


¿DÓNDE Y QUIÉN LOS RESELLÓ?


            No descartamos del todo la posibilidad de su aplicación en la Tesorería General de la República donde se conservaban los sellos, pero nos inclinamos a pensar que fue hecha en la Administración de Correos, según decreto, sea por su propio administrador o el auxiliar de la misma, los únicos activos a la sazón. Es igualmente posible que haya sido contratada una persona para el efecto. Tampoco rechazamos la posibilidad de haberse efectuado algunos resellos ya con los sellos adheridos a la correspondencia, muy especialmente de aquéllos retornados por sus dueños.

            Como la cantidad sobrante de ejemplares de dos y tres reales no podía ser grande, vista su tirada y los años transcurridos, algunos colegas presumen un resellado simultáneo de éstos.

            Lo volvemos a descartar por los muchos sellos totalmente legítimos que merecen ser tomados como tales aun faltos de un resello perfecto.



LAPSO DE USO


            Entre las primeras fechas de mediados de marzo (Víctor Kneitschel cita el 16 de ese mes) y la llegada de la nueva emisión para septiembre de 1879 transcurrieron dieciocho meses. Es posible que para mediados de este año pudo haberse recurrido al resello de algunos valores de 1 real, aunque personalmente tenemos dudas.

            Conviene destacar al mismo tiempo, como lo decía la Guía Sudamericana ya en 1895, que existen numerosas falsificaciones de estos resellos, muchas burdas pero otras peligrosas.

            La cancelación -si es usada- ayuda a distinguirlas. De todos modos, los resellos originales, que no eran difíciles de rehacer, deambularon en la oficina de Asunción y bien pudieron haber servido para habilitaciones a destiempo.

            Cualquier aporte de datos sobre el tema será plausible porque a medida que los años huyan será más difícil llegar a la médula de estos resellos que cubrieron un período de transición en los correos del Paraguay.


SUS INCIDENCIAS


            Prueba de que el Paraguay fue en su aspecto postal, sobre todo hasta principios del siglo XX, el país de lo improviso la dio su segunda emisión nacional, que se debió a una iniciativa de encomio para lograr reducir los portes y hacer asequible al usuario el empleo de los correos, cuyas primeras mensajerías iban salpicando el territorio.

            Si bien los resellos no fueron logrados en forma correcta, ubicándonos en el momento de su empleo comprobamos que se justifican plenamente. Al fin de cuentas, ¿qué importaban delicadeza o filatelia como pretendemos hoy? Ambos números "5" fueron artísticos y bien equilibrados. Su inicio era una necesidad bastante anterior, pero surgieron en forma abrupta tras la resolución gubernamental citada.

            Quedarán para el estudio estos resellos, ubicados en la pobreza de una administración postal; cumplidores de un servicio social de fomentación de relaciones, de enlace amistoso y de comprobante de un pago por el servicio prestado.

            Al filatelista se le otorga el mérito de haberlos conservado y permitido que otros entrasen en contacto con ellos. Poca cosa, sólo en apariencia.


LOS PRIMEROS SELLOS "NO EMITIDOS"


            La que debió ser nuestra segunda emisión definitiva de dos sellos diferentes, y la primera perforada, quedó al margen de toda función postal a consecuencia de un notable desentendimiento entre quienes la encargaron y la imprenta argentina de Roberto Lange, el que tal vez debido a ese desliz no recibió autorización posterior de imprimir sellos nacionales, excluyendo su emisión de reemplazo.

            Hallábase aun en vigencia la tarifa de franqueo reducido a partir de cinco centavos y pendía la espada de Damocles de que los resellados se agotarían irremediablemente. Los nuevos sellos, ordenados en 1879, vendrían a llenar una urgente necesidad.

            Al comprobarse el error por parte de los representantes paraguayos en el Sentido de que los sellos traían la denominación de "reales" y no la de "pesos" con su subdivisión, y no queriendo el gobierno con razones fundadas gastar por sellos inútiles, se encomendó la urgente reparación del error con la utilización de un parecido diseño, y donde fuera alterada la palabra equivocada por la de "centavos", más otros toques en el mismo. Era evidente que aún empleándose aquella leyenda, los valor de 5 y 10 reales no eran de ninguna utilidad. La emisión fue rechazada en pleno.

            Se llegó al acuerdo, al parecer, de que los impresores venderían los sellos como "no emitidos", a filatelistas de Buenos Aires, lo cual se hizo. Llegaron muchos sellos al Paraguay con intento de hacerlos sellar y circular: algunos lograron filtrarse como curiosidades. El valor de 5 reales fue impreso en color naranja, mientras que el de 10 en un tono castaño rojizo.

            Meses después estuvieron listos los sellos de cinco centavos, y luego los de diez, que impresos en color castaño los primeros y en verde los segundos, circularon con buen intervalo de tiempo. Los de 10 c. a partir de fines de agosto de 1881.

            La mayoría de los catálogos incluye los citados "no emitidos" como verdaderos sellos postales, sin cotizarlos en condición usada. Hacen la salvedad de que se trata de "no circulados".

            El Paraguay pagaba con aquella emisión su derecho de piso.


PRIMER SELLO POSTAL DE USO FISCAL


            Nadie se hubiera imaginado que en 1883 un pequeño grupo de sellos impresos en reemplazo de los errados, jugaría un interesantísimo papel.

            En fecha 1° de febrero de 1883 debía entrar a regir en nuestro país una nueva ley de papel sellado, promulgada el 6 de diciembre de 1882. No contándose aún con las estampillas fiscales requeridas; el gobierno autorizó el 23 de enero del mismo año, la habilitación de "timbres postales de cinco y diez centavos fuertes" para papeles determinados en los artículos 7, 19 y 20 de la susodicha ley. Correspondían respectivamente a:

            Todo cheque por giro de dinero y todo recibo de dinero cuyo importe alcance a treinta pesos fuertes: una, estampilla de cinco centavos.

            Todo escrito firmado por abogado, defensor o procurador, salvo en causa propia: una estampilla de diez centavos.

            Toda escritura autorizada por un escribano público: una estampilla de diez centavos.

            Es de aclarar que todos estos sellos debían ser inutilizados con la rúbrica de quienes suscribían los papeles citados. Al día siguiente, 24 de enero, comenzaron a emplearse estos sellos postales. Caducaron el 20 de marzo, es decir en un plazo menor de dos meses.

            Muchas veces el filatelista se topa con estos ejemplares anulados a mano, pero son muy contados quienes conocen su real significación. Al analizarse este hecho se reconocerá que estamos frente a indiscutibles rarezas nacionales, desde que fehacientemente se comprobó su utilidad fiscal. Tratándose de documentos completos, ellos se acercan sin temor a los sobre portadores de los primeros sellos nacionales.

            Este acontecimiento, el único admitido oficialmente, enriquece la filatelia nacional por incorporar piezas ocultas tras los años. Su mejor credencial es la necesidad que impulsó a emplearlas.


LOS PRIMEROS EJEMPLARES OFICIALES PARA EL PARAGUAY; ANTECEDENTES


            Su emisión fue una de las más pintorescas, tanto por los sellos en sí como por las causas que la lograron. Fue la primera injerencia directa de la filatelia que provocaba una serie postal para nuestro país. Relataremos cómo fue aquello.

            Nombrado por el gobierno nacional el 2 de abril de 1881 Cónsul General del Paraguay en la Rep. Argentina con residencia en Buenos Aires, don Federico Alonso era un hombre culto e interesado por la filatelia. Como cónsul recibía la correspondencia oficial marcada de la forma habitual. Abrigaba la esperanza de lograr une serie de valores oficiales para el país, cuya necesidad hizo ver al gobierno en algunos escritos.

            Este, viendo los sellos americanos y muy en especial los argentinos del mismo carácter, convino en comisionar al propio Alonso -que se habría ofrecido- para la impresión de los primeros sellos paraguayos de empleo estatal. Corría 1885.

            Federico Alonso ordenó, en base a las tarifas existentes, la impresión por cuenta, y riesgo del gobierno paraguayo de una serie de sellos sin perforar, sobrecargada con la leyenda "oficial". Ella púsose a circulación en fecha 20 de agosto de 1886 con siete valores distintos. La Dirección General de Correos y Telégrafos hizo saber de que se trataba de una "emisión provisional de estampillas oficiales para uso en el franqueo dé la correspondencia a países extranjeros". ("El Orden", 20/VIII/1886).

            Los sellos fueron impresos sobre papel de reverso a líneas onduladas, con símbolos y letras. Así, la, "A" para el valor de 1 centavo hasta la "G" para el de 20. En cada uno podía observarse la inscripción "1886". Los diseños representaban alegorías patrióticas. Son hasta hoy los únicos nacionales con impresiones al reverso.

            En su afán filatélico -otra explicación no cabe- encargó Alonso imprimir simultáneamente estos diseños sobre otro tipo de papel, pero ya perforado. Esto se hizo, y pusiéronse a circular desde el 1° de septiembre según aviso pasado al público donde constaba que ". . . desde el 1° de septiembre próximo pondrá (la Dirección Gral. de Correos y Telégrafos) en circulación la emisión definitiva de estampillas oficiales .. .", ("Revista de la S.F.A.", N° 141, Nov/Dic. 1910, p. 150).

            Si bien hasta los sobres filatélicos se deben a la iniciativa de Federico Alonso, su actitud sorprende. Aquello estuvo tan bien montado que a varios días de circular, la "emisión provisional" se había agotado e hizo "necesario" poner en venta la definitiva.

            Nuestro cónsul, en el cargo hasta principios de siglo cuando fue sustituido por don Pedro Saguier, vendió su existencia en Buenos Aires al Sr. Francisco Megías, quien en carta publicada en noviembre de 1910 señalaba que aquél, (Alonso) “...tuvo el consentimiento de su gobierno para que hiciera esa emisión, sin manifestarle la cantidad que había que hacer y cabe lo posible de que hiciera unos pocos sellos y viendo que le quedaba papel hiciera el resto". ("Revista de la Sociedad Filatélica, Argentina", N° cit., p. 151)

            Las posteriores maniobras con estos sellos -sus reimpresiones mal consideradas de segunda tirada- y que involucraron a varios personajes de la filatelia; rioplatense, constituyen historia aparte.

            En resumen: un claro ejemplo de acuerdo diplomático, filatélico, comercial y postal, digno de genios de las finanzas (...).


NUESTRA ÚNICA SERIE TELEGRÁFICA: SU POSTERIOR DESTINO


            Dediquemos unas líneas a la serie que destinada al servicio telegráfico, más bien fue paulatinamente habilitada para el correo normal cuando, caída en el olvido, algunos recordaron su existencia y le dieron uso práctico.

            Esta emisión única de nueve valores, fue impresa en Leipzig. Alemania, en hojas de 2,5 unidades por valor, y puesta en circulación para 1892. Cada sello llevaba la inscripción "Telégrafo Nacional" y su estampa era toda una obra artística. Confeccionada en un papel muy quebradizo, escasos datos se conocen sobre ella. Su origen debió ser la "Convención Telegráfica Internacional" vigente para esa época, y cuyos artículos 10° y 11° hacían referencia a la obligatoriedad del uso de la estampilla telegráfica en la contestación paga. (R. C. Vallejos, obra cit. en cap. I, p. 175/76).

            La tarifa de servicio interno era de treinta centavos por transmisión de dirección y firma, más dos centavos por cada palabra de texto. Aunque los progresos de las líneas telegráficas -que llegaron hasta Paso de la Patria- eran grandes, el uso de estos timbres impresos por "Giesecke y Devrient", se mostró con inconvenientes. Se decidió recurrir paulatinamente a ellos para fines netamente postales.

            Por resolución N° 58 de la Dirección General de Correos y Telégrafos de fecha 1° de mayo de 1896, "... la correspondencia para el interior de la República será franqueada con timbres telegráficos de 2 y 4 ctvs., los que han sido aumentados de valor imprimiéndose en ellos con tinta negra, las palabras "CORREOS", "5" y "CENTAVOS". (Revista del Centro Filatélico del Paraguay, N° 10, p. 1/2, julio 1926). Así surgieron sus primeras habilitaciones.

            En 1900 se habían agotado una vez más los valores postales de cinco, diez y cuarenta centavos, lo que hizo necesaria una disposición del 17 de julio que, autorizaba sobrecargar con las dos primeras denominaciones los sellos telegráficos de 30 centavos color verde y 50 centavos color gris y violeta. "Los sobrecargos están en tinta negra y borradas las cifras de treinta y cincuenta..." decía aquella disposición. Esta, habilitaba igualmente los valores telegráficos de 40 centavos en ese mismo valor postal. Se lo empleó hasta abril del sgte. año (Ref. Revista C.F.P. precitada, p. 2/3).

            Era el primer sello netamente de telégrafo, usado como tal para los correos de la República.

            Quedaban de la serie original los valores de 1,00, 2,00, 10,00 y 20,00 pesos que permanecían arrinconados; en forma de papel fueron inclusive empleados para fines personales. Su existencia concluyó el 28 de abril de 1922 cuando por orden de la Dirección de Impuestos Internos fueron incinerados entre otros los siguientes valores:

            335 estampillas telegráficas de $ 1.00

            2949    estampillas telegráficas de $ 2,00 

            1067    estampillas telegráficas de $ 10,00

            1182    estampillas telegráficas de $ 20,00


            Hasta la fecha de su definitiva destrucción -pasaron 30 años- estos cuatro sellos quedaron en buena cantidad en poder de numerosos coleccionistas: nótese la escasa cantidad destruida. No así los sobrecargados el siglo pasado, de los cuales pocos existen sin mácula y son rarezas. Así, los sellos de 2 y 4 centavos son más escasos de lo que se presume ya qué fueron los primeros en resellarse. Se desconoce el número de sellos que restó sin habilitarse, pero en ningún caso fue grande.

            Tras seis lustros perecieron fiscalmente los últimos sellos telegráficos del Paraguay; sólo algunos habían cumplido su misión original.


LOS LEGENDARIOS ACONTECIMIENTOS DE 1892


            Elegante y curiosa tónica, proporciona, a tantos años de distancia la narración de aquellos momentos que hicieron la ruina de muchos y la riqueza rápida de otros. Vayamos a los hechos, tal cual pudimos rehacer aquí su desarrollo.

            El año 1892 era el del cuarto centenario del descubrimiento de América, un año de singular relieve en las fechas memorativas. La adhesión de las Américas era completa y se evidenciaba en distintas esferas y estratos sociales, culturales, económicos, etc.

            Nuestro país, que no terminaba aún de cerrar sus heridas, se unió a los actos de homenaje en octubre. La Dirección General de Correos y Telégrafos, atrasada en cuanto al planeamiento de una evocación, volvió a recurrir al sencillo método del resello para salvar la circunstancia. Confeccionar un sello especial llevaría bastante tiempo, ya que ninguno había sido preparado aquí para correos hasta entonces.

            La salida por vía de una sobrecarga era la única. Así lo entendieron sus responsables; ella fue decidida y reglamentada por resolución de la dirección de fecha 11 de octubre, la víspera del aniversario. Enumerábanse reglas para resellar los valores, así como para la confección de sobres especiales solicitados por los filatelistas.

            Leemos en la resolución que el art. 2º estipulaba emplear como sellos-base, ejemplares por emitirse de la serie "Presidentes", con la figura del ex-Presidente don Cándido Bareiro, con un valor de 10 centavos. La sobrecarga llevaría la leyenda 1492 -12 de octubre - 1892". Sus compradores -decía la resolución- "podrán adquirir el ejemplar para franqueo o colección ese día desde las 5 a. m. hasta las 7 p. m.". La cantidad de sellos disponibles era limitada.

            Mientras el art. 7º ofrecía al público la posibilidad de sellar los valores para darles autenticidad, el 2º indicaba que las estampillas de esa serie no circularían excepto ese día. Tal la providencia en sus partes más destacadas. (De "Sellos y otros valores postales y telegráficos paraguayos", año 1944, D. G. C. y T., p. 38/9).

            Llegado el día 12 de octubre corrió un primer fuerte rumor especulativo. Los sellos y sus sobres portadores se agotaron pronto y principiaban a subir de cotización. Todo fue por las nubes al punto que días después se pusieron en venta propiedades y vehículos de tracción a sangre por hacerse de estos sellos que, según versiones, se vendían en Buenos Aires a fabulosos precios. "Eran los únicos resellados conmemorativos; estuvieron sólo un día en venta, etc.", eran los argumentos de peso.

            Contribuía a ese clímax el desconocimiento popular del asunto, la falta de comunicaciones rápidas y el hecho de haber sido ésta la primera sobrecarga conmemorativa. Fueron canjeadas joyas por sellos postales y la locura arrastró todo consigo hasta mediados de noviembre. Esto, según las crónicas de la época.

            La llegada del vapor "Centauro" procedente de Buenos Aires y la de especuladores a aquella capital, trajeron la verdad para los poseedores de estos sellos: los fabulosos precios constituían un mito y los sellos eran conocidos pero no cotizados como en Asunción. Todo se esfumó para quienes habían arriesgado sus bienes adquiriéndolos.

            La emisión total alcanzó a 55.000 ejemplares, cifra que da una carta transcripta más adelante. El Contador General de la Nación don M. Viveros se hizo presente el 13 de octubre en el Banco Agrícola controlando en presencia de otras autoridades los sellos no sobrecargados y que alcanzaban a un total de 345.000 ejemplares ("La Democracia", 14 de octubre 1892, p. 2).


LOS PRIMEROS SOBRES DEL DÍA DE EMISIÓN


            En el momento en que la corriente especulativa seguía en ascenso y habían rumores de adulteración de los sobres mencionados -que pasarían a ser los primeros nacionales del día de emisión- surgió una disposición de fecha 2 de noviembre que resolvía permitir a los poseedores del total de 10.642 sobres emitidos, presentarlos a la Dirección General para ser sellados con la marca que emplea la misma para sus comunicaciones, ". . . debiendo ser con la tinta negra especial que se emplea para la inutilización de los valores postales y colocado el sello en el frente del sobre, debajo de la estampilla". ("Revista del Centro F. del Paraguay'', N° 10, julio 1926, p. 9).

            El plazo fijado para el efecto fue de quince días para los poseedores de la República y sesenta para los del exterior.


PRIMERA Y ÚNICA PERFORACIÓN DE UN SELLO EN SU IMAGEN


            Mas, no todo había concluido. En instantes de mayor efervescencia se temió además la adulteración de los resellos sobre los valores guardados en la Tesorería del Banco Agrícola.

            En efecto, el Director General de Correos y Telégrafos don Ángel D. Peña remitió un escrito el 5. XI. 92 al Ministerio del Interior mencionando su aprobación por la medida anterior de sobresellar los sobres dándoles garantía, para agregar:

            "La Dirección General no ha adoptado igual medida con respecto a los timbres en razón de su reducido tamaño; pero cree prudente que para desvanecer toda sospecha

sobre aumento de la cantidad emitida y rodearla de la garantía requerida para conservar su prestigio, es indispensable adoptar asimismo alguna disposición tanto en obsequio de la repartición a mi cargo, cuanto de los encargados de la custodia de los valores postales. . .". "El medio qué propone esta Dirección al objeto expresado consiste en la perforación de cada uno de los timbres restantes en la forma que verá V. E. por la adjunta estampilla usada que al efecto acompaño...". ("El Coleccionista Argentino", Año I, N° 3, 15. XII. 1892).

            Las medidas propuestas fueron pronto aprobadas en todas sus partes. Por decreto del 7 del mismo mes fue nombrada una comisión verificadora de la operación, compuesta de los señores Gustavo Garasino, Ignacio Ibarra, Pedro Jorba, Francisco Milleres y José M. Fernández.

            Transcurrió aproximadamente un mes entre los resellos y las perforaciones en la imagen de los valores sobrantes, las que fueron hechas en forma tan rudimentaria que sus bordes se rompieron casi en el acto. Contribuyó a ello el papel de mala calidad.


PRIMEROS SELLOS SALIDOS DE TALLERES NACIONALES


            Sólo a principios de este siglo se logró confeccionar en propia tierra valores postales paraguayos. Los "Talleres Nacionales de H. Kraus" de Asunción fueron los beneficiados de la licitación ofrecida en 1901 para imprimirlos. Por entonces, como queda visto, éstas se efectuaban por resolución del Consejo de Agricultura e Industrias del Banco Agrícola del Paraguay, mediando anuncios de la Dirección General de Correos y Telégrafos.

            El diseño fue acabado en la imprenta en base a los sellos circulantes e impresos en la Argentina, que ya principiaban a agotarse. Fueron fabricados en planchas de 200 unidades formando dos grupos de 100, en hileras de diez por diez, separados por una franja y con la inscripción "Talleres Nacionales de H. Kraus" en la parte baja del margen derecho de cada hoja. Los sellos traían la tradicional figura del león de la libertad.

            Sus componentes aparecieron sucesivamente; fue el primero el de 2 centavos rosa, puesto a circular allá por abril del mismo año. Las sucesivas entregas de los demás determinaron un lapso de emisión que se extendió a junio de 1902.

            Estos sellos, deficientes en relación a los grabados e impresos en Buenos Aires, fueron el inicio de otros confeccionados ya con manos nacionales. El papel fue blanco de calidad irregular, lo que impide hallar piezas; usadas en condiciones normales. La tinta fue usualmente opaca y se encuentran muchos cambios de tono. El total de valores emitidos fue de ocho, duplicados en colores distintos los de dos, cinco y cuarenta centavos.

            El mejor estudio conocido de esta emisión se debe al Sr. E. H Hirschberg, publicado en el N° 266 de la Revista de la Sociedad Filatélica Argentina correspondiente a septiembre/octubre de 1931. (p. 139/46).


PRIMEROS TIMBRES DE ORIGEN FISCAL CON FUNCIÓN POSTAL


            El uso de un sello fiscal con fines postales -o viceversa como quedó visto- puede deberse a un error esporádico, sin que por ello sea tenido en cuenta. Opuesto es el caso de contarse con una resolución al respecto.

            Paralelamente a los sellos postales, el Paraguay imprimía sus valores de uso fiscal. Para abril de 1901 había sido lanzado a circulación un sello postal de dos centavos impreso en ésta, del mismo modo que otro de cinco centavos pardo violeta de igual procedencia. Empero, éste se agotó en parte desde junio, aunque restó en algunos sitios hasta diciembre. Esto hizo necesario recurrir a un sello fiscal de igual valor. Téngase en cuenta que se habían igualmente acabado los sellos de 5 centavos "Higinio Uriarte" empleados en ese momento, del mismo modo que el sello de 4 centavos y el de 1 (uno) de la misma serie confeccionada en ésta, y que suplían la carencia de sellos de cinco centavos.

            El sello fiscal al cual se debió recurrir era de "5 cents" pardo, de características normales, sin control numeral como los demás y con su valor indicado en guarismos y letras. Se lo empleó en el interior del país, en sitios donde se habían agotado las reservas de los nórmales. Su uso se prolongó mientras la provisión de sellos era irregular, hasta que para enero de 1902 fueron impresos nuevos timbres postales de ese valor en color violeta (Ref.: Revista de la Sociedad Filatélica Argentina, N° 84 de octubre 1901, p. 139).

            Hemos visto recientemente, un sobre original del 1901 -colección Ernesto Fischer- franqueado con un timbre de procedencia fiscal de 20 cent. azul + 5 c., cuyo uso igualmente debió ser autorizada. Sentando un paralelo entre los primeros sellos postales usados como fiscales y éstos, contemplamos que tuvieron un plazo de uso distinto, pero cumplieron como auténticos provisionales por lo que deben ser tenidos en cuenta por los filatelistas.

            Es conveniente por último hacer una aclaración: los citados timbres fiscales no tuvieron un empleo regular en los correos, sino qué suplieron temporales deficiencias de provisión, ya que también se conocen utilizaciones posteriores (años 1903, 1916, cte.).


EL PRIMER BISECTADO NACIONAL


            Queda visto que la primera serie hecha en el país trajo improvisaciones, pues poco transcurrió para que las oficinas postales de la República carecieran por completo del sello de un centavo, agotado el de reciente impresión.

            Una resolución de fecha 1° de julio de 1902 suscrita por el Director General don Carlos R. Santos autorizaba que a partir de esa fecha "...las estampillas corrientes de DOS centavos, gris, serán cortadas verticalmente, y serán usadas por UN centavo". (Phillips, obra, citada, p. 71).

            El Paraguay quedaba integrado a aquéllos que oficialmente recurrieron a esta medida para suplir en forma verosímil una exigencia postal. Debió prolongarse su uso aproximadamente hasta el 22 de diciembre, fecha de lanzamiento de otro sello, sobrecargado en "un centavo".

            Abundan los cortes de favor, cubiertos con marcas auténticas. En conocimiento de la tarifa postal y del tiempo de empleo, los riesgos de aceptar adulterados como buenos son menores.


LA RIQUEZA DE LOS HABILITADOS DE1907 AL 1909


            No siempre lo que rige como correcto para el servicio postal lleva igual apelativo en filatelia. Del mismo modo, muchas veces los juicios negativos vertidos sobre emisiones postales en el momento de su aparición se truecan por positivos con el correr del tiempo; veremos un típico caso.

            Aquello que calificaran los propios filatelistas de "locura de emisiones", "plaga de habilitaciones" y frases semejantes, se revirtió con el tiempo para pasar a considerarse como "uno de los grupos dé sellos más ricos en América Latina. Nos inclinamos hoy por esta última calificación, pues pocas series cumplieron como estas habilitadas una función tan netamente postal, tan eficaz y perdurable. Muy pocas dejaron escapar variedades solamente debidas a descuidos -excluyendo las de ex profeso que no faltan- reflejadas en defectos de impresión como consecuencia del rótulo de provisionales que llevan encima. Sintomático ejemplo de improvisación.

            Este grupo de un medio centenar de valores diferentes hace las delicias del estudioso, y lo que es mejor del estudioso medio. Quedará por siempre junto a los "Escudos Nacionales" como el conjunto de mayor atractivo filatélico, de cuantos emitió el país.

            Su antecedente es un decreto del 25 de marzo de 1904 por el cual se autorizó la confección de una larga serie de sellos postales, la más extensa hasta entonces, destinada a paliar de una vez por todas las tantas necesidades de valores postales, pues ella contemplaba todas las combinaciones posibles en base a la tarifa vigente. Es así que sus sellos aparecieron en dos partes: 21 valores con la imagen tradicional del león y 15 con la del Palacio de Gobierno. Además de un total de 29 sellos oficiales, que no sirvieron para tal fin.

            Pasaron dos años de su puesta en circulación y los valores bajos, sobre todo los de cinco centavos, se esfumaron. Para cartas hasta quince gramos era 5 centavos la tarifa vigente al interior, y 45 c. para Argentina y Prov. de Mato Grosso. Nada mejor, que resellar los valores existentes, principiándose por los de dos centavos, de poco uso y gran existencia, para proseguir con los demás oficiales de esa serie.

            Precisamente por un decreto del 25 de abril de 1908 se autorizó al recolector de impuestos internos a habilitar todos los sellos oficiales existentes en la oficina, que sumaban 799.192 estampillas, para el franqueo común de cinco centavos. El primer resello conocido de un sello normal ya había comenzado a circular desde el 15 de junio de 1907.

            Por Ley del 24 de abril de 1908 entraba a regir una nueva tarifa postal para el territorio paraguayo. La tarifa para cartas simples de quince gramos o fracción había sido elevada a veinte centavos. Consecuentemente, las necesidades obligaron a resellar valores con ese importe, a partir de junio, mes en que esa tarifa se hizo obligatoria.

            Finalmente llegóse incluso a habilitar sellos oficiales de 1 peso en 1 centavo para franqueo normal, reduciéndose así su valor en 100 veces. Todo esto hasta entrado el año 1909. Una de las causas de esta continua reposición de sellos de bajo valor estaba dada por el auge de la filatelia, que a principios de siglo los arrebataba para su venta al exterior.

            Botón de muestra del rechazo en el momento de este sistema de habilitaciones es un trozo de una carta que sobre el particular escribiera el filatelista don J. Bouguet, de Resistencia, a la S. F. A. a mediados de 1908:

            "Es de preguntarse si verdaderamente las rentas de la Rca. del Paraguay no logran recaudar para la impresión de una serie definitiva sin recurrir a todos estos argumentos, emisiones anteriores, recargos, etc. Se ha mandado comprar en la Oficina de Pilar, estampillas para completar la serie de actualidades, y el jefe de Correos contesta invariablemente que no puede vender estampillas, que es necesario presentar las cartas a franquear; espléndido método de aumentar las entradas nacionales. He visto llegar a Resistencia, cartas de Humaitá, con los 10 centavos argentinos, para aquí ser franqueadas por falta de estampillas en la oficina citada; no habrán filatelistas en el Paraguay que intervengan con su crítica, es de suponerse, pues es verdaderamente sensible esa falta...".(Revista de la Sociedad, Sept./Oct. 1908, N° 128, p. 114/115).

            Hacia marzo de 1909 se normalizó el franqueo con la provisión de timbres recientemente impresos con la paradójica inscripción "1908".

            Se cerró así una etapa de resellados, vasta y amplia, donde aparecieron variedades normales y no faltaron algunas adulteradas; donde la improvisación venció pero permitió a su vez a los correos deshacerse de miles de planchas de valores inservibles.

            La filatelia, que por ética rechazó en el momento estas series, las juzgó de otra manera al paso de los años, ya con sus cultores rodeados de otros factores, y desentendidos éstos de las causas provocadoras.


LOS SELLOS "ESCUDO NACIONAL": PRODIGALIDAD Y PUREZA


            El año 1913 marcó el inicio de la circulación de los sellitos luego tradicionalmente conocidos como "estrellitas", y que en realidad reproducían el escudo de nuestra bandera con la estrella, la palma y el olivo. Constituía un vertical desplazamiento, del popular león, postalmente en boga.

            Salvando las habilitaciones a que fueron sometidos algunos, los sellos con el escudo nacional crearon desde su aparición una constante preocupación entre quiénes los reunían.

            El coleccionista medio los tomó casi como "indeseables"; el serio como a una de las emisiones más ricas del Paraguay. Este concepto quedó algo desvirtuado por las incontables maculaturas qué empañaron su caminar, las que no restaron, empero, brillo a las variantes aparecidas en su constante reimprimir, desde su color, papel, dentados, etc.

            La primera emisión fue autorizada el 31 de octubre de 1911 a la Compañía Sudamericana de Billetes de Banco de Buenos Aires -licitó J. Dérliz Recalde en representación de la citada imprenta- con sellos normales, oficiales y deficientes (de multa). Es extraño que se volviera a insistir; con los oficiales, visto el destino dado a casi todos los anteriores. Estos, en su mayoría tampoco se emplearon y fueron resellados; tal el caso de nuestros primeros sellos aéreos, productos de una similar transformación.

            En principio estaban previstas tarjetas postales, que no llegaron a confeccionarse. La base de licitación establecía por ejemplo en su art. XVI para los sellos oficiales, que "... Serán en un todo iguales en tamaño grabado y colores a los respectivos valores, de los que sólo se diferenciarán por la palabra "Oficial" escrita en  blanco y en línea recta entre los dos círculos del grabado". Esto no fue así en todos los valores, pues faltan unos y sobran otros.

            Esta amplia emisión hizo presagiar de alguna forma el aluvión posterior, pero su vacío hasta el 1942 -año en que volvieron a aparecer sellos parecidos en un tamaño mayor, que sería definitivo- contrarió la lógica. Su forma práctica, su estampa patriótica y su familiaridad postal, especialmente en los años cuarenta y cincuenta, crearon una tanda de fieles amigos entre los tantos usuarios filatelistas que se acostumbraron a ver en ellos a rostros de gesto amistoso y a caras cambiantes como las facciones de sus observadores al paso de los meses.

            Los primeros escuditos de 1913 quedaron como los únicos impresos fuera del país. Veintinueve años transcurrieron hasta la aparición del similar diseño en 4 valores de uno y siete pesos duplicados. Y en fecha 22 de febrero de 1946 salió a circulación el primero con la inscripción "Céntimos". Era el de 5, color gris (Decreto del 18. 2. 46). Lo posterior fue un fluir constante, inagotable. El último decreto conocido y que autorizaba su reimpresión lleva fecha 20 de febrero de 1967 y fue cumplido aún en ese decenio con impresiones en los Talleres de Valores Fiscales de Asunción.

            La llamada evolución quiso que dejaran de aparecer en la década del setenta, cuando ya la anterior permitió deducir su ocaso. Los trocaron por valores más grandecitos y de diseños caprichosos. Los filatelistas reclaman la vuelta de su emisión y empleo controlados y sistemáticos para evitar confundir progreso con cambio, con sellos que como éstos cumplen una admirable función postal para ser al par, deleite del filatelista investigador; de aquél de pocos recursos que en busca de una variedad invierte su tiempo en hurgar montones de estas "estrellitas" tan bien conservadas.

            A las autoridades postales va el ruego de reconsiderar la medida y admitir nuevamente a estos sellitos tan mentados, tan ricos en acervo y tan predispuestos a servir de nexo entre un correo que progresa y los filatelistas que no se resignan a perder la ocasión de comprarlos en ventanillas o saborear el placer de lavarlos en cantidad, al permanente acecho de una variedad.

            Ojalá nuestros deseos, que son los de gran parte de la familia filatélica nacional, se vean realizados.


INICIO Y RAZÓN DE LOS RESELLOS "C" DE CAMPAÑA


            Trasladándonos a la época en la que el gobierno paraguayo estableció reglamentar el uso de los valores postales con destino al interior del país, es comprensible que la decisión emergiera de la necesidad de un mejor control y remuneración al personal postal de campaña, con ingentes dificultades en su trabajo; dificultades no subsanadas en muchos sitios recónditos.

            Por decreto del 7 de marzo de 1914 se autorizaba a la Dirección General de Correos y Telégrafos "... a vender a particulares con escritorios, oficinas o casas de negocios, valores postales con un descuento de 10 % en la primera compra y 5 % en las siguientes, destinados para su reventa al público".

            Recién el 8 de febrero de 1922 se inició el empleo de estos sellos sobrecargados especialmente, y ya sobre la base de una ley especial dictada para la materia bajo el N° 408 de fecha 1° de julio de 1920. Quedó, pues, aquel decreto ejecutivo como simple antecedente.

            Los primeros sellos fueron dos valores de la serie del Palacio Legislativo que de una tirada original de un millón de ejemplares por valor, recibieron una "C" gigante en forma vertical sobre sus imágenes. Los dos valores componentes eran de 0,50 y 1,00 peso moneda nacional. Más tarde ya se recurrió a una sobrecarga disminuida en volumen, semejante a una simple letra "C" mayúscula, como queriendo demostrar que las primeras tuvieron por misión poner en claro la razón de su empleo. Esta modalidad alcanzó más tarde a los enteros postales.

            Los sellos eran exclusivamente para el interior, considerándose sin franqueo aquellos sobres dejados con estos sellos en la central de Asunción y en sus sucursales.

            Fueron en un principio las ciudades mayores las beneficiadas con este sistema; trasladóse pronto su empleo a otros pueblos. Se hicieron luego sellos exclusivos para recibir la "C" y usarse en la campaña. Los más, fueron paralelos, existiendo provistos y carentes de este símbolo según su empleo se hiciera en Asunción o en el interior.

            No hemos hallado una disposición que derogase su empleo, pero los últimos sellos portadores de dichas sobrecargas aparecieron para mediados de 1939 en el valor de 10 pesos color gris claro, con la efigie de un "León Parado" y en un total de 10.000 ejemplares. Puede presumirse que los sobrecargados se emplearon normalmente hasta fines del año 1941, pudiendo haber seguido el uso por negligencia o costumbre. Es decir, que reinaron sin interrupción por espacio de 20 años. El último empleado fue el sello de 2,50 pesos violeta con la efigie del Tte. Coronel Fulgencio Yegros.

            Conviene hacer la aclaración de que desde el interior podían usarse sellos -sin "C", que simplemente no tenían descuento como veremos. Fue rara tal práctica. También hay ocasionales sobres asunceños con sellos "C" de franqueo complementario y sin valor como tales.

            Es sorprendente el pequeño número de errores de impresión cometido. Las omisiones, inversiones o duplicaciones de sobrecarga fueron poquísimas considerando los millones de sellos que la llevan consigo. Es curioso comprobar que pueden verse escasos ejemplares con la "C" a máquina de escribir, a falta de una sobrecarga de imprenta.

            Fue, pues, conforme a la Ley N° 408 que facultaba a la Dirección General de Correos y Telégrafos a vender valores postales a comerciantes de los pueblos del interior con menos 10 %, que se inició el uso de estos sellos sobrecargados. Dicha ley contemplaba aspectos atinentes al tema y fue reglamentada por el decreto N° 12.333 del 29 de septiembre del mismo año, Su árt. 6º indicaba que las estampillas llevarían un distintivo especial, consistente en una perforación que forme la "C" para su uso exclusivo en campaña. Por razones obvias se prefirió luego la sobrecarga tipográfica, como queda visto.

            Más de cuarenta sellos-tipos diferentes recibieron este resello que escribió una página muy peculiar en la historia de nuestros correos


LOS SELLOS "PRO -CRUZ ROJA PARAGUAYA" DE 1922:

SU SIGNIFICADO


            Productos de un año agitado fueron estos sellos emitidos por una "Comisión Pro Cruz Roja Paraguaya" con sede en Buenos Aires, y que vieron la luz el 18 de septiembre de 1922 con un valor de 50 centavos + 1 peso cada uno. Fueron inicialmente destinados al correo paraguayo y carecieron de valor de franqueo. (Ref.: "Revista de la Sociedad F. Argentina", N° 212, Sept./Oct. 1922, p. 217/19).

            Por Resolución N° 154 de la Dirección General -que los había recibido- se autorizó su venta por ventanillas, previa cancelación en grupo de cuatro con el matasellos "Dirección General de Correos, Asunción".

            Según la determinación, los valores podían ". . . ser aplicados en los sobres y paquetes al lado de las estampillas de franqueo". Su significado sería el de ser los precursores de los primeros sellos de beneficencia emitidos ocho años después, también con igual destino.

            Los valores no sellados nunca llegaron al correo central de Asunción.


APÓCRIFAS ESTAMPAS "REVOLUCIONARIAS"


            Tras el estallido de la revolución del 1922, algunos comerciantes ordenaron la impresión de sellos postales en Buenos Aires, con objeto de lucro y con la inscripción "Ejército Constitucional". Presumieron que podían desparramarlos por el país, lo cual no aconteció.

            Para octubre de ese año circulaban en Buenos Aires tres sellos con igual estampa pero en colores y valores distintos, todos con la típica figura del león de la libertad. El 10 de noviembre apareció otra serie que representaba al Palacio de Gobierno con valores que iban hasta 50 pesos, cuando el mayor era hasta entonces de veinte. La misma también se adjudicaba ser del "Ejército Constitucional" y al parecer llegó a ser empleado como franqueo en un correo revolucionario de Tacuru-Pucú, hoy Hernandarias.

            Quedaron como retratos de una etapa histórica de incomprensión. Para la filatelia, estos ejemplares testimonian aquellos hechos.


HABILITACIONES PARA EL CORREO AÉREO DE 1929


            Precediendo el contrato celebrado entre la Dirección General de Correos y Telégrafos y la empresa de aeronavegación Latecoeur, aquélla se vio obligada a habilitar sellos de forma a cubrir los valores faciales requeridos para el efecto por la nueva tarifa. Tuvo, como siempre en estos casos, que disponerse de emisiones en desuso y resellarlas. Nada más práctico que emplear tres "Escudos" del servicio oficial en los valores de 5, 10 y 50 centavos.

            Para el efecto fue promulgado el 4 de diciembre de 1928 un decreto cuyo art. 1° estipulara:

            "Imprímase por los talleres oficiales, con intervención de la Dirección de Correos y Telégrafos, los siguientes valores postales destinados al servicio aéreo de acuerdo con el modelo presentado por la Dirección de Correos y Telégrafos.

            30.000 estampillas de pesos 2,85 color verde olivo

            50,000de pesos 5,65 color tierra siena quemada

            30.000de pesos 11,30 color bruno Van Dick".


            Así, a fines de 1928 estos ejemplares estuvieron disponibles para el público. Sirvieron apenas dos meses, pues pronto se habilitaron otros. Es de destacar que los primeros aéreos fueron escasamente usados, siendo casi todos adquiridos para colecciones.


 


LOS PRIMEROS SELLOS DE BENEFICIO


            Mientras en otras administraciones era norma añeja el hacer circular sellos con adicionales de beneficencia, nuestro correo tan sólo para el año 1930 se decidió por decreto de fecha 2 de mayo a materializar su primera serie. Sus tres componentes circularon desde el mes de julio. El motivo central fue un homenaje benéfico Pro-Cruz Roja Paraguaya.

            A juzgar por las versiones y escritos del momento, tuvo ella buena acogida en nuestro medio, sin que el espectro de la emisión del 1922 haya hecho mella en los filatelistas. El decreto contemplaba varios valores, sin embargó aparecieron sólo algunos sellos: en principio los tres citados a 1,50 + 0,50 pesos, unicolores, en "violeta permanente, lava rubón y azul bronce".

            Todos éstos fueron impresos en hojas de cuarenta unidades. Se iniciaba con ellos un nuevo proceso de emisiones suplementarias que se vigorizaría entre otras con la serie Pro-Maternidad de 1941, una de las mejor logradas del Paraguay.

            En otro pasaje formulamos sugerencias atinentes a varios temas para los cuales debe estudiarse la posibilidad de emisiones benéficas. El altruismo sería mutuo y la filatelia llenaría uno de sus más caros propósitos: la solidaridad.


LAS PRIMERAS HABILITACIONES PARA EL "GRAF ZEPPELIN"


            Al principiar la llegada a Sudamérica de estos grandes dirigibles germanos que causaban sensación, también el Paraguay se aprestó a celebrar su aparición. Hubo, otra vez, que recurrirse a resellados para tal fin.

            Por nota N° 456 había la Dirección General de Correos pedido autorización para transformar 40.000 sellos, con motivo de aquel arribo. El 19 de agosto de 1931 se ordenó habilitar dicha cantidad de sellos de cuatro pesos azul, mapa paraguayo del 1924, con una inscripción a tipografía y un "diseño del "Graf Zeppelin" en color negro que se colocará con un sello de goma. . .  a decir del instrumento gubernamental N° 41.035.

            Se crearon dos sobrecargas distintas, una de ellas con la inscripción "3 3 - Correo Aéreo - Graf Zeppelin" a tres líneas, y la otra igual pero conservando el valor original de 4 pesos, es decir, a sólo dos líneas. Cada sello recibió un dirigible como estampa a mano en el centro, la cual fue hecha inclusive por chicos contratados para el efecto. No se conocen casi ejemplares con fallas, pues el control fue permanente.


LOS "FELIZ AÑO NUEVO 1932"


            Fue la primera sobrecarga de este tipo conocida en un sello postal y equivalente a una tarjeta de felicitaciones. La emitió el Paraguay en vísperas del 1932 por disposición del 29 de diciembre de 1931. Fueron sobre dos valores con la efigie del Monseñor Juan Sinforiano Bogarín. La cantidad sobrecargada llegó aproximadamente a los 13.000 ejemplares para el sello color lila rojizo de 1,50 pesos y a 14.000 para el azul pálido con igual valor.

            Esto, si bien el decreto mencionaba 15.000 ejemplares por tipo.

            Las habilitaciones fueron readecuadas en 1933 a otros sellos, que ya implicaban, sin embargo, un cambio en su valor. Conforman una evidente innovación, luego adoptada a nivel internacional.


EL POLÉMICO "ROWLAND HILL" PARDUSCO Y AMARILLO


            El 15 de agosto de 1940 fue la fecha de lanzamiento en el Paraguay de una serie de cuatro sellos. Era distinta a las conocidas hasta ahí, pues, por vez primera, sus componentes reproducían otros sellos, cual ser aquellos leones de 1870 en su setenta aniversario.

            La referida serie evocaba el centenario del primer sello inglés y entre sus valores no pedía faltar la presencia de Sir Rowland Hill, reproducido en uno de cinco pesos a dos colores: pardo en la imagen central y verde en sus contornos. Hasta aquí todo lo normal.

            Pero este último sello trajo una insospechada derivación, pues se lo encontraba, en pocos ejemplares en color amarillo en lugar del verde natural, amén del pardo original. Desde el primer momento surgieron dos corrientes que se explicaban tal variante: la primera partidaria de considerar al sello un auténtico equívoco, producto de un descuido dé la Waterlow and Sons Ltd. al omitir la impresión de un supuesto color azul sobre el amarillo para formar el verde; la segunda lo consideraba una "variedad química", donde el azul fuera aislado mediante una solución.

            La lógica, aunque la "variedad" haya sido catalogada, se inclina por la segunda tesis. He aquí nuestras razones: a) la alteración química es factible; b) muchísimos sellos ahora amarillos conservan -analizados con lupa- pequeñas máculas verdes que son incontestables; c) una imprenta de aquella magnitud nunca hubiera impreso un color como el verde por etapas, sino que lo habría preparado previamente, por tratarse de un sello a dos colores; d) la cantidad de “amarillos” es muy superior a la habida supuestamente en origen, de una o dos hojas; f) nunca fue hallada una resolución oficial al respecto y presumimos que no la hubo. Hasta aquí nuestros argumentos.

            Si llegáramos a equivocarnos en este juicio nunca lo será del todo, porque confirmándose la casi utópica existencia de alguna variedad original, sus imitaciones cubrieron gran parte de las posibles reales.

            Y esto, sí, carece de punto de discusión.


EL SELLO EN FAVOR DE SAN JUAN: HUMANISMO Y GUARANÍES


            Hemos significado el cambio de nuestra unidad monetaria, ocurrido en 1943, de pesos a guaraníes.

            Los correos nacionales, al igual que el movimiento financiero, debieron adecuarse a la nueva denominación. El país, fiel a su tradición, recurrió como con los billetes de banco a lo más simple: resellar los valores anteriores. Curiosamente tuvo este sello en favor de la ciudad de San Juan otro aspecto de más interés. Veámoslo.

            Enero de 1944 significó un mes de luto para el pueblo argentino, ya que un terremoto se había producido el día 15 destruyendo la ciudad de San Juan. Nuestro país se asoció al duelo y la Dirección General de Correos canalizó uno de los aportes ejemplares, con participación de la filatelia nacional. Se obtuvo un decreto del Ejecutivo que, por ser el primero postal dedicado a un cataclismo, permanecerá como símbolo y ejemplo de cuanto puede lograrse con adicionales que encuentren comprensión filatélica y popular.

            Decía el decreto 2554 del 18 de febrero de 1944 en su artículo 1°:

            "Autorizase a la Dirección General de Correos y Telégrafos, para la habilitación del sello "Paz del Chaco - Presidente Ortíz, con la inscripción "Adhesión U.P.A.E.

Víctimas San Juan y Pueblo Argentino" con valor de 10 céntimos c/u. en cantidad de 100.000, de los que el 30 % del producido será destinado al socorro de las víctimas del sismo de San Juan".

            Sin analizar lo recaudado sino el gesto nacional, hoy, tras descorrer la cortina del pasado, hiere nuestras fibras íntimas saber que fuimos caritativos gracias al sello postal, con una ayuda hacia quienes en un momento de infortunio la precisaron.

            En cuanto al aspecto técnico cabe agregar que la impresión fue hecha primeramente sobre porciones de 25 sellos y más tarde sobre planchas de 100 unidades. Se establecieron de este modo dos tiradas.




SELLOS PARAGUAYOS CON SOBERANOS RASGOS ARGENTINOS


            Tras la visita al Paraguay del Presidente argentino Tte. General Juan D. Perón en el año 1954 aconteció algo curioso. Una serie, con las efigies del General Alfredo Stroessner y la del mencionado mandatario, fue ordenada para ser impresa en la Argentina por medio de la Casa de Moneda de la Nación, según decreto del 14 de agosto de 1954.

            Esta salió a circular en marzo de 1955; era la primera hecha por nuestro país en la Argentina en más de 40 años, y la última desde entonces.     

            Todo había sido normal, salvo el papel usado para los sellos, que era oficial para sellos argentinos y cuyas marcas de agua destacaban la abreviatura "R. A." y sus soles, símbolos del país vecino. Esto, aun cuando el decreto decía "papel sin filigrana".

            Fue un error poco ocurrente entre ambas autoridades postales y oficiales, pues pasó casi desapercibido en el marco cordial de las relaciones. Para ambas filatelias quedó una curiosidad incorporada al bagaje imborrable de los recuerdos.


ALGUNAS CURIOSIDADES DE MÁS ACTUALIDAD


            Relatemos cinco de ellas a modo de síntesis de las de esta época, considerando sus oscilaciones en cuanto hace a las emisiones resultantes.


LAS SERIES "EUROPA" DEL PARAGUAY


            Cuando en 1961 nuestro país se inmiscuyó en los recíprocos homenajes que en la "Comunidad Europea de Naciones" se brindaban entre sí los estados adherentes, pudo el hecho haberse tomado como un toque de alerta sobre la modalidad que habría de seguir el Paraguay en materia de emisiones: toda una excepción a la regla.

            Aquella serie, aparecida cuando agonizaba 1961, el 31 de diciembre, y que constaba de sellos perforados, sin perforar y cuatro bloques, no cayó en gracia a las europeos aunque algunos la obtuvieron para ponerla al margen como figuritas muy particulares. Ciertos catálogos, fieles a su tradición de incluir todo, no exceptuaron esta serie que era legal, y la apoyaron comercialmente.

            Casi todo "cuajó" y esta emisión quedó como una más sin hacer ningún bien al nombre del Paraguay; pero pocos se percataron acá de ello. Y cuando el manto del olvido caía, reapareció el fantasma de una segunda emisión, ya sólo de cuatro valores más dos bloques, en relación con los sellos y hojitas anteriores; una segunda emisión al fin. Su fecha de aparición: 17 de diciembre de 1962, es decir un año después.

            Era una reafirmación de indebida intromisión, un aval de que poco importaba lesionar principios. El mal asesorado correo paraguayo volvía a decir presente con un símbolo escogido para el viejo continente: el arbolito.

            Y más cerca aún, ya para 1969, una de las tantas hojitas recordatorias volvió a nombrar a "Europa" con el símbolo de la llave y su inscripción "CEPT". Un nombre que por supuesto nada de tabú tenía, pero cuyo homenaje estaba reservado exclusivamente con diseños comunes a las naciones europeas. Nada podría argumentarse en contra.

            Así fue. Ejemplos de escasa visión postal y de ninguna filatélica. Sellos con poco tiempo de intervalo en detrimento de todo y todos. Señal de alarma que lastimosamente no quiso ser oída donde debía. Los años demostraron que era el inicio. Un botón de muestra del desconocimiento de otros principios de comunidad. ¿Por qué hubo de violarlos?


EL INCREÍBLE FALSO REPRODUCIDO COMO LEGÍTIMO


            El 3 de junio de 1968 trajo una novedad de bulto en una de las emisiones coloridas. El título es delatador.

            ¿Ardid o pirueta postal? ¡Qué pregunta! Que sepamos, jamás pintor de cierto renombre ha firmado burdas réplicas de obras que pretendían ser suyas. Hacerlo equivaldría a reconocer su paternidad, y a perder personalidad falseando los hechos. En equivalente orden de cosas, admitió el correo paraguayo en su seno un sello que pretendía ser suyo y que no lo era. Y acogió al descarriado en la más solidaria de las formas: dándole cuerpo a manera de otro sello, reviviéndolo sobre un valor real como aquél quiso serlo.

            ¿Dónde estará ese privilegiado sellito -único en ser reproducido sobre otro original que pretendió recordarlo- honra suprema al impostor impuesto? Apareció semioculto en la serie denominada "Historia del sello del Paraguay en la Filatelia Temática" en el valor de 10 céntimos. Era de 1 real año 1870, con el resello "5" en color negro.

            Bonito legado, el del correo paraguayo, a la extra-filatelia. Dignificante forma de honrar pecando de ignorante. Y no sólo él fue tachado de tal, porque en el exterior se creía que aquí había filatelistas que dejaron de ser observados como seres extraños. ¿Dónde estaban cuando aquel sello vio la luz? ¿Dudaron acaso de su procedencia o no le dieron importancia por provenir del montón contratado? Nada se oyó salvo los corrillos diarios que pronto se borraron.

            Quedó el sello falsamente sobrecargado y pretendiendo ser otro. Como ni fue un engendro "artístico" -porque los hay a manera de falsos- por todos sus poros expele hoy una sonrisa de adúltero triunfante. Coronóse de gloria con una aureola inaudita.

            Fue más lejos que los demás, tal vez demasiado. ¡Vergüenza, cúbrete el rostro!


ESTRELLITA ESTRELLADA


            Sábado 24 de agosto de 1968, invierno en el Paraguay. Los filatelistas recibían, algunos parcamente, los más con contento, un nuevo sello de la alargada serie del "Escudo Nacional". Esta vez era un valor de 3,00 guaraníes color azul pizarra: Nada fuera de lo común, aparentemente. Su tirada: 50.000 ejemplares.

            Pero menuda sorpresa se llevarían al percatarse que en cada plancha, ocupando el número 35, resaltaba un error no conocido hasta la fecha. "Creo que estoy mareado" decía un colega sin atinar a comprender que sus ojos veían a la inversa. El extraño sello no era un "tête-bêche" como podría suponerse, sino una impresión inversa, tal como la reflejaría un espejo.

            Desconocedores de su importancia, muchos lo dejaron pasar; los más duchos acapararon el error en ventanillas mientras otros lo adquirían en sus respectivas hojas, seguros de que los demás siempre servirían para franquear. Se veía por entonces el error pegado a la correspondencia diaria. Faltaba cultura filatélica.

            Hasta que así como llegaron, todos los sellos se esfumaron luego de algunos días. Los atrasados y negligentes se preguntaron una y otra vez sobre qué podía argumentarse como razón del retiro de la circulación de todos los valores de 3,00 guaraníes. Una deducción se generalizó: los errores serán destruidos. "Bendita seas filatelia". "Qué suerte que compré varios ejemplares; qué lástima que estaba ausente; qué. . .". Un sello había nacido con estrella.

            La resignación se apoderó de todos. No faltaban los mal pensados que también tenían su presentimiento, cuya validez el tiempo se la dio con firmeza. Y como por arte de magia reaparecieron al cabo de unos días los valores de la impresión original. Pero por "casualidad" faltaban los errores. "Ya te dije que alguien...".

            Los informes extraoficiales hablaban de incineración.

            Pero de ser así, su mentor condenó alevosamente a los acompañantes de aquéllos, ya que siempre faltaba un vecino. ¿Desapareció junto? ¿Tuvo, culpa ante los ojos postales de haber acompañado a un bastardo? Ironías. Pero el hueco en cada plancha ofrecida ahora no correspondía a un solo sello, y de ello todos fueron testigos. Era demasiado sugestivo para no pensar mal.

            Muy peculiar manera de discernir sobre la destrucción de errores. Nunca habíamos pensado que ese mal pudiera haberse extendido, como un cáncer, a sus acompañantes más próximos.

            Quedamos convencidos que en nuestro correo hubo asesoramiento filatélico, por lo menos en este caso.

            Los mal pensados siguieron pensando mal; los otrora inocentes se plegaron a ellos. Cada ejemplar de los "incinerados" que luego se vio, asemejábase al Ave Fénix. Todos iban acompañados.

            Simple coincidencia...


LOS PRIMEROS SELLOS CON "HILOS DE SEDA" DEL PARAGUAY


            Aunque nuestro país tenía los suyos desde bastante tiempo atrás, ellos eran impresos en el exterior. Por ser un acontecimiento de alguna relevancia destacamos los primeros confeccionados acá, para evitar que pasen al olvido.

            En la primera semana de agosto de 1971 salió a circular, de la serie UNESCO, un valor de 25 G en color rosado fuerte y sobre papel más ordinario pero con fragmentos de hijos de seda. El mismo, algo más obscuro, también dejaba entrever con dificultad la típica filigrana "RP" múltiple.

            Estábamos en presencia del primer sello de correo, impreso y utilizado en el Paraguay, con fragmentos de hilos de seda. Era el inicio de un cambio en el tipo de papel empleado, que sigue en vigencia a varios años de distancia.


EL PRIMER, ADICIONAL-FISCAL PARA USO DE CORREOS


            El 7 de abril de 1973 apareció en nuestro medio este timbre adhesivo de neto corte fiscal. Aunque precedido de un noble propósito -ayudar al cartero- y aguardado por los filatelistas que presumían traería características postales, la viñeta desilusionó por los motivos que expondremos. Viciado desde su nacimiento por estar numerado como un típico valor fiscal, sin la inscripción "Correos del Paraguay", el aludido adicional de 2 guaraníes instaurado por decreto no tuvo arrastre filatélico. Esto debió ser natural de haber contado con rasgos postales, ya que estaba destinado a ayudar a los carteros. La figura de una mano sosteniendo una carta tampoco contribuyó al fin propuesto.

            Una falta de concepto y asesoramiento truncó el bello gesto en un sello indeseado; al no ser de uso obligatorio sino optativo debió calcularse que serían sus coleccionistas los compradores, pues lo optativo, debe reconocerse, ya no corre en esta época.

            El sello adicional de referencia fue un fracaso como tal. De aquí que algunas semanas después sorprendió al usuario que lo vio franquear correspondencia por sí sólo. Se pensó en una avivada, para quedar luego comprobado que el sello cumplía evidentemente una misión de franqueo, vista su escasa demanda, se había transformado por el uso en un sello postal más.

            Una manera poco ortodoxa de hacer filatelia, de servir al necesitado y de desarrollar una misión postal. Es evidente que el suplemento de 2 G debió, por tener número de control, destinarse a empleos fiscales en beneficio de sus funcionarios y no de los carteros, caso en el que la pieza hubiese debido tener las características habituales.

            Lástima grande por la magnífica ocasión desaprovechada.


CINCO ASPECTOS EN NUESTRAS IMÁGENES POSTALES


            Estas, típicos reflejos de nuestra idiosincrasia, sufrieron un continuado alterar que permitió el heterogéneo cuadro de estampas que cubren diversos aspectos de nuestra vida y de nuestra tierra. Veremos las que consideramos resaltantes, en forma narrativa, y sin entrar en minuciosos detalles propios de otro tipo de trabajo.


PERSONAJES PARAGUAYOS


            En todo tiempo el Paraguay ha sabido honrar a sus figuras conocidas, recordando a sus gobernantes, o prohombres de la libertad, la justicia y el derecho que merecieron bien de la Patria. Descartando los sellos contratados de actualidad que cubren un desenfrenado honor a foráneos, de valía y mediocres, juzgamos moderada la recordación postal a las personalidades compatriotas del pasado y del presente.

            Las primeras datan del año 1892 mediante una serie que reproducía los Presidentes y Vice-Presidentes hasta entonces, en conjunción con una similar política adoptada por otros países americanos. Luego vendrían los patriotas, los gobernantes, los hombres de letras y aquéllos que, aunque discutibles, la historia los recogió y plasmó en sellos.

            El cuadro de hombres paraguayos honrados quedaría por orden así integrado: Pte. Cándido Bareiro, Monseñor Juan Sinforiano Bogarín, General Bernardino Caballero, Capitán Pedro Juan Cavallero, Senador José S. Decoud, General José E. Díaz, Pte. J. B. Egusquiza, Pte. General Patricio Escobar, Dr. José Gaspar R. de Francia, el Indio Francisco, Pte. Juan B. Gill, Pte. Juan B. González, Beato Roque González de Santa Cruz, Pte. Dr. J. Natalicio González, Capitán Vicente I. Iturbe, Vice Pte. Salvador Jovellanos, Pte. Carlos Antonio López, Mariscal Francisco S. López, Pte. General Higinio Morínigo, Av. Silvio Pettirossi, Pte. Cecilio Rivarola, Pte. General Alfredo Stroessner, Vice-Pte. Higinio Ugarte, Tte. Coronel Fulgencio Yegros y Dr. Ramón Zubizarreta.

            Hacemos la aclaración de que esta nómina sólo contempla aquellos homenajes rendidos en forma de imágenes sobre un sello postal. En cuanto a los gobernantes, resalta el hecho de que desde 1902 hasta 1942 -en cuarenta y un años- dejó de aparecer sobre sellos nacionales la estampa de un Presidente de la República en ejercicio de sus funciones. El 24 de septiembre de 1901 cerraba la de J. B. Egusquiza un ciclo que debió recomenzar el 15 de agosto de 1943 con la del Presidente Higinio Morínigo. Hubo en aquel transcurso de tiempo una marcada modestia.

            Más adelante nos permitimos destacar las omisiones que a juicio nuestro deberían repararse, dedicando sellos postales de manera a reunir en éstos un caudal más amplio en temas nacionales a través de sus ilustres hijos.

            Con ellos se haría justicia.


LA CIUDAD DE ASUNCIÓN


            La capital de la República fue prácticamente la única ciudad que paseó su encanto altanero sobre nuestros sellos de correo. A su peculiar edificación dedicaron numerosos directores postales su homenaje en pequeñas miniaturas hoy filatélicas, que trasuntan, algunas por encima de la pobreza de su confección, un sentir de añoranzas en calles, parques, edificios o tallas de antaño y presente.

            Sus calles quietas de caprichosas piedras que el macadán fue cubriendo, sus patios y corredores olorosos, sus construcciones modestas y pequeñas que cubren lomas y acompañan arroyos, todo fue con el tiempo evocado en sellos trabajados con amor. Desde los primeros del servicio oficial que citan a la Asunción, dejando atrás las casonas desnudas hasta los días presentes, la ciudad comunera de baja estatura puede reunirse mediante sellos y postales en una temática muy sabrosa para quien la habita.

            En los sellos paraguayos aparecen sus templos y construcciones públicas, su casona de la liberación, su Puerto y sus monumentos, su estampa de hoy y de ayer, su fundación y sus atractivos diversos. Todo, contenido en sellos que la muestran pulcra y apacible como el atardecer destrozado por el sol.

            Los matasellos de correo que fijaron su nombre para siempre tampoco caerán en el olvido, pues, pertenecen a ella, y de ella han salido acompañando a los sellos.

            Coleccionad "Asunción en los sellos de correo", como la han visto poetas y sabios.


LA DEFENSA DEL CHACO


            Superada la negligencia de los timbres nacionales del 1924 que reprodujeron el mapa del Paraguay sin fijar fronteras con Bolivia, para causar asombro entre los filatelistas de la época, el Paraguay puso a circular tres años después su primer sello con el lindero chaqueño establecido, y que abarcaba el territorio reclamado por esta nación cómo legítimamente suyo.

            Bolivia, que en ese aspecto tampoco quedó atrás, se reafirmaba en sus sellos sobre la pertenencia de todo el Chaco Boreal y que constaba ya en una serie del 1928. Pero la llegada en 1931 de los cañoneros "Paraguay" y "Humaitá" fue un motivo más para que el pueblo exteriorizara su deseo de defender a la Patria: un sinnúmero de sellos rectangulares con la estampa de aquellas moles de acero fueron progresivamente emitidos por el Paraguay.

            Y en el año 1932 se llegó a los sellos de gran tamaño - uniformados de verde olivo- que en cinco colores y valores, tres para la campaña, reafirmaron nuestra soberanía con la inscripción de "El Chaco Boreal ha sido, es y será del Paraguay". Demostración efectiva de fuerza postal que habría de llegar lejos con su mensaje de valor, en réplica a las "agresiones" postales bolivianas.

            Fueron éstos, fragmentos de papel que, amén de otras millones de viñetas, colaboraron para consolidar el sentimiento nacional. Quedarán como monumentos de la defensa patriótica, que luego la filatelia supo recoger.

            Serán por siempre incontrovertibles.


EL CAMPO GUARANÍ


            El sector de mayor gloria nacional fue tal vez el más olvidado -aunque no del todo- por las administraciones postales que se sucedieron. Estas, contrariando sin notarlo similares propósitos de países hermanos que reproducían los frutos del campo, se decidieron esporádicas veces a llenar este requisito de deber hacia quienes roturan la tierra y ofrecen su sustento.

            La primera emisión tuvo para aquél un carácter de beneficencia, siendo emitida en 1930 con una sobretasa voluntaria de 50 centavos. Su centro destacaba la "Escuela Agrícola-Ganadera de Ypacaraí" y llevaba la inscripción "Patriotas y almas nobles, ayudad a esta institución cultural que forma hombres de trabajo y labra la prosperidad de la patria". Años después salieron algunos sellos laudatorios para la yerba y el tabaco. Epilogóse en 1940 con la serie de homenaje al Pueblo, algunos de cuyos valores reflejaban imágenes de la tierra ubérrima: el 3 pesos una Estancia de San Miguel; el 5 pesos un agricultor arando la tierra en San Lorenzo del Campo Grande; el 20 pesos, una carreta cruzando el arroyo Piribebuy y el valor de 50 pesos una vista de los campos de las Misiones.

            Con la bonita serie "Paraguay en Marcha" del 1961 volvieron a aparecer evocadoras reproducciones campesinas, para de ahí en más cubrirlas el olvido inexplicablemente.

            Nuestras campiñas merecen con sus productos una integral promoción a través de los sellos de correo. Sus ventajas para el conocimiento exterior serán múltiples y constantes.


INDEPENDENCIA DE ESPAÑA


            El movimiento emancipador que nos diera la libertad en el año 1811 no ha sido nunca olvidado por los correos nacionales. Es nuestra intención recordarlo también acá con algunas líneas. Retrocederemos las hojas del calendario postal para hacer desfilar los homenajes que sus administraciones han sabido brindar en todas las épocas a aquel acontecimiento y a sus gestores.

            Por una paradoja del destino fue en la Argentina, nación en principio reacia a reconocer nuestra independencia, donde se imprimieron los primeros sellos postales paraguayos en honor a aquel acontecimiento libertador. Corría 1911, año de su centenario, y fueron siete valores con la inscripción "1811-1911".

            En el año 1923 apareció una serie impresa en nuestro país, cuyo centro fue para ocho valores diferentes la casona otrora propiedad de los hermanos Martínez Sáenz, hoy "Casa de la Independencia". La leyenda era ésta: "1811 - Independencia Nacional - 1923" y más abajo en miniatura: "Casa colonial de la que partieron los conjurados en la noche del 14-15 de mayo de 1811".

            A fines de esa década aparecieron aún las efigies de los próceres Capitán Pedro J. Cavallero, Brigadier Fulgencio Yegros y Alférez Vicente I. Iturbe. Les siguió la reproducción de la "Jura de la Independencia" en tres sellos aéreos del 1930. Los sellos en honor a los tres libertadores anteriormente citados se repitieron luego en colores y valores distintos.

            El 20 de septiembre de 1940, al cumplirse el centenario de la muerte del Dr. Francia, púsose en circulación en su honor una serie de cuatro valores de reducido tamaño. La Casa de la Independencia volvió a reaparecer más tarde, en 1944, en dos sellos de la serie reproductora de motivos históricos nacionales.

            Durante el Sesquicentenario de la Independencia, en 1961, y en parte de 1962, se emitieron 65 sellos con aquella obligatoria inscripción. Entre ellos un grupo de valores con las efigies de Pedro J. Cavallero, José Gaspar Rodríguez de Francia y Fulgencio Yegros para correo ordinario; además un complemento de seis sellos aéreos con la estampa de la jura de la Independencia. Perteneciente a este grupo apareció en 1965 una serie de flora nativa qué había sido retenida en el correo central.

            Omitimos describir, o sea detallar, las marcas especiales y las sobrecargas que alteraron los sellos básicos, para limitar este resumen a las recordaciones brindadas en la forma precedentemente referida.


ASPECTOS TÉCNICOS DE NUESTROS SELLOS


            Añorar que todos sean paradigmas de conjunción artística, sin ramificaciones ulteriores, equivaldría a desear siempre un buen clima.

            Tampoco aquí se plantea esta posibilidad, y muy por el contrario descubriremos un Paraguay postalmente rico en variantes de sus sellos, muchas de ellas normalmente emitidas, otras anormalmente desaparecidas y algunas reaparecidas en sitios lejanos sin mediar la casualidad.

            Veamos algunas ramas, donde no puede hablarse de armonía entre ellas.


LOS IMPERFORADOS


            En 1870 aparecieron los primeros sellos paraguayos, los que, cuando la norma ya indicaba un predominio de los perforados, aún fueron sin dentar. Principio sano aquél, no permitió adivinar el grueso de emisiones imperforadas de todos los calibres que le sucedió, puestas o no a circular cuando la mayoría de las naciones había desechado las suyas.

            Las emisiones normales posteriores, salvo la primera oficial, fueron, vista la conveniencia, perforadas para separarlas con más facilidad. Este cambio no impidió lastimosamente qué al margen y por disímiles motivos, siguieran apareciendo sellos idénticos, sin perforaciones.

            En un principio como muestras y ensayos, luego decretados para el Museo Postal de Asunción y más tarde como acompañantes de sus iguales perforados, los valores de bordes lisos inundaron nuestro ambiente filatélico. Quedaba patente que el Paraguay podría coleccionarse también exclusivamente en este tipo de sellos.

            El siglo XX no registró cambios substanciales en cuanto al sistema de emisión mundial. Pero la práctica o rutina de los sellos sin perforar se volvió normal acá al punto de ser rara una serie impresa para nuestro país, y de la que se desconocían imperforados llegados a manos de filatelistas. Estos, en todas las épocas se hicieron de nuestros imperforados en parejas o unidades mayores. Y "si por desgracia" de alguna emisión no los había, sobraban sellos sin perforar en un todo -en dos o tres lados- cuyos dientecillos superfluos se cortaban para crearlos.

            La única serie que registra imperforación normal a uno o dos lados dé sus componentes fue la de homenaje a la Flota Mercante del Estado, en circulación desde 1948, y cuyos costados de hoja llevaban la típica huella de una impresión estadounidense. Luego, nada similar se conoció en el Paraguay. De la cadena de series nacionales surge que el Paraguay puede coleccionarse en forma perforada y también no perforada, con las consecuencias que un conjunto así debe reportar a su cultor; sin confundirlo con otro especializado.

            Los sellos sin perforación atraviesan internacionalmente una etapa de crisis: pertenecen al pasado y como tales se intenta rechazarlos. Partidarios de ésta medida que somos, no por ello dejaremos precisamente de valorar a aquéllos que dejaron su huella en el ayer.

            Los surgidos tal vez para fines que no cumplieron, son legales mientras se apoyen en resoluciones postales o ejecutivas. Agregar el resto -que forman los más- es simple decisión personal; habida cuenta de que en filatelia nadie dicta normas o reglas acatables al pie de la letra.

            Tampoco es nuestra intención hacerlo.


LAS VARIEDADES Y ERRORES


            Sin temor podemos argüir que el Paraguay es uno de los países más salpicados por la inconstancia de sus sellos postales cotejados entre sí. No constituye mérito alguno si pensamos que la gran mayoría proviene de fuente obscura, siendo sencillamente maculatura que aceptada como normal en las colecciones, permitió al tiempo inexorable cubrir su origen para constituirlas en fallas naturales, algunas hasta raras y buscadas.

            Se ha sentenciado que el Paraguay puede coleccionarse en sus sellos dentados como sin dentar; frase que encierra una verdad tangible. La abundancia de nuestros sellos sin dentar, cuando la emisión debió ser secamente dentada, es tan grande que todo lo hace posible.

            En otro orden de cosas, los cambios paulatinos por razones de improvisación en la coloración de los sellos, en sus papeles y dentados, sirven de ejemplo para reafirmar la amplitud del material desparejo que abarca este renglón. Es que casi siempre aquí fue normal obtener planchas semi-impresas y defectuosas que debieron ir al incinerador. Si no, que lo digan todos los coleccionistas que las exhiben "orgullosos".

            Esto, sin ser exclusivo pecado nuestro. Muchos países se enfrentan a dicha irregularidad, que pone en el mercado filatélico numerosos sellos imposible de haber escapado a un control serio, efectuado tras la impresión de sus sellos.

            Así se produjeron, y dejaron de producirse, simples errores. Salvo en los resellados, no conocemos un "tête-bêche" de esa naturaleza en nuestro país.

            La colección especializada del Paraguay, choca, pues, con varios problemas para quien se empeña en realizarla. Dos errores iguales y originales, producidos por un rudimentario medio de impresión cuando aún no había energía eléctrica, controlada y distribuida en nuestro país inducen, por la disimilitud existente, a pensar que uno es réplica del otro, aunque diste de ser así.

            El dilema de si cuáles ejemplares son buenos, y cuáles realmente variedades, carece ya aquí en muchos casos de una respuesta rápida y precisa. Esto como consecuencia de la actitud de algunos filatelistas y comerciantes que incitaron a actos en perjuicio de una filatelia sana, al no delatar el origen doloso de las variedades que poseían e incorporaban.

            El coleccionista que anhela iniciar una especialización del Paraguay deberá conformarse con los dentados, con las variantes reconocidas y aparecidas una o dos veces en cada plancha, con los matices de color, así como con las cancelaciones especiales. De complemento podrá agregar alguno que otro error de comprobada correcta procedencia.

            Reiteramos que éste problema no es privativo de nosotros, pero debemos al mismo tiempo aclarar que en otras latitudes tienen al menos la llave de la solución, gracias a escritos anteriores y a narraciones de filatelistas imparciales. En cambio, el gran pecado fue haber acogido aquí variedades sin identificarlas fehacientemente.

            Aunque mucho aún puede hacerse en un contexto global, es tarde para rehacer el rompecabezas.


LAS FALSIFICACIONES


            Decidimos dedicar unas líneas a este tema tan poco proficuo para pesar nuestro, constituido por los sellos y sobrecargas falsos y adulterados del Paraguay. Si nuestro país es abundante en variedades normales y anormales, no lo es menos en falsificaciones, marcas de favor, resellos a destiempo, reimpresiones u otro tipo de producción que cabe bajo el rótulo de negativo.

            La razón de nuestra incertidumbre por abordar este tema poliformo sigue siendo los pocos datos que tenemos. Hasta hoy no fue confeccionada una lista completa de todos aquellos facsímiles que consta haberse visto. Aludimos sólo al material normal, no a las falsificaciones de variedades auténticas que sabemos tropiezan inclusive con la duda de comprobarse su propia, autenticidad.

            Es de reconocer que no es tarea difícil hacer una nómina de aquellos sellos paraguayos de los cuales se conocen falsos impresos, como tampoco lo es el dar sus principales características. De esta forma, quien desee hacerse de un sello supuestamente original puede beneficiarse tratando de ubicarlo en esa lista; si está, debe sospechar y pedir asesoramiento.

            Caso notable, justamente los falsos nos traen a la memoria de que por algo existen; son imitaciones que hoy ya no valdría la pena hacer pero que fueron confeccionadas, muchas de ellas, en épocas de demanda de material paraguayo. Tal el caso de numerosos sellos aéreos de escaso valor.

            En todo caso la competencia de identificarlos es tarea del experto, y a él deberá recurrirse en caso de duda.


LOS MATASELLOS Y LAS MARCAS


            Nuestros correos pueden vanagloriarse de poseer una nutrida gama de matasellos y marcas que adornan las colecciones de ejemplares nacionales.

            Al desconocerse en el Paraguay la existencia de los precancelados, de las cancelaciones a máquina y prácticamente de las máquinas de franquear, los matasellos siempre aplicados a mano reúnen en sí un atractivo propio de nuestro ambiente y de nuestra forma de ser.

            Así, la historia recoge los curiosos precursores, los no menos interesantes matasellos dobles empleados con la serie: "Presidentes" a fines del siglo pasado y principios del actual, para sitios que como Tacuaral, Misiones; Tabapy, Valenzuela, Colonia Negra y otros escasas veces oímos nombrar; amén de las marcas negativas o mudas. Y ahí está su real valor: el preservar nombres que como Ajos, Barrero Grande, Caí Puente o Bobí se conservan en la expresión de un testimonio útil para nuestra cultura.

            Tuvimos épocas con regular empleo de marcas para vuelos especiales, con cancelaciones fechadoras y de horario, lamentablemente fuera de uso, que coronaron los aspectos distintos del quehacer postal.

            No deben faltar las críticas dirigidas con referencia al descuido para con las marcas en varios sitios de la República, la falta de unificación en el empleo de un sola color no diluente, y la no destrucción o conservación en los museos de los matasellos que luego corren entre particulares en perjuicio de la filatelia. Del mismo modo que las marcas actuales del "Día de Emisión", que quedan en poder privado sin control, pese a que deberían emplearse un solo día.

            Vale la pena, por sobre todo, reunir los ejemplares usados; hay en ellos más sabor a filatelia, hay aspectos desconocidos en otras colecciones. Es el mérito más pregonado de las marcas nacionales, su disparidad é ininterrumpido aporte de datos.


LAS PRUEBAS Y ENSAYOS


            Sin abarcar en exceso el tema, diremos simplemente que sus piezas conforman un interesante marco de estudio separado o de complementación de: una colección especializada.

            Desde nuestra primera emisión fueron necesarios los ensayos y las pruebas para su obtención correcta. El discernir sobre el destino final de estos productos escapó a las manos filatélicas y pudo llegar a ellas por vía normal, por error o por vía de la excepción.

            El Paraguay posee material de esta naturaleza, muy especialmente de los sellos y sobrecargas confeccionados aquí.


LAS MARCAS DE AGUA


            Ropaje fundamental en el estudio dé muchos sellos postales del mundo, en nuestro país es relativa su importancia salvo con los sellos "Escudo Nacional". Esto, debido al limitado número de marcas de agua o filigranas emitidas que derivan del papel empleado en la impresión.

            Los primeros sellos nacionales portadores de aquellas marcas aparecieron en el año 1881 con la serie de tres valores, réplica en la forma de los primeros del 70. La inscripción "Original Turkey Mill Kent"; en tres líneas sobre la hoja, no abarcaba todos los sellos.

            El Paraguay reúne en general diversas filigranas, con sellos que de igual estampa las portan en varias posiciones. El ingeniero Carlos A. Pollitzer tiene publicado un interesante estudio sobre ellas, que cubre las conocidas hasta el momento de la aparición de su trabajo. El catálogo de Víctor Kneitschel (1947) las reseña igualmente con fieles reproducciones.

            Debemos finalmente reconocer, que las marcas de agua sobre nuestros sellos postales han sido muy descuidadas por los filatelistas. Es de atribuir este hecho a la discontinuidad de su empleo, al factor de que son poco visibles las antiguas y al hecho de que casi nunca crearon auténticas variedades por ese mismo empleo irregular.

            Es uno de los campos vírgenes que se confunde con otros de posible cultivo intensivo por sus estudiosos.


HOMENAJES ADEUDADOS EN FORMA DE SELLOS POSTALES


            Que nuestros correos están en deuda con mucho y con muchos es una verdad que no escapa ni al somero observador de sus emisiones. Mantúvose el vacío tal vez desapercibido, sin percatarse las sucesivas autoridades de que ese silencio era registrado por los filatelistas, los únicos que conservaron los sellos, que retuvieron lo que en ellos se fijaba y lo que por consiguiente dejaba de hacerse.

            Y es sobre este silencio, en forma dé sellos de libre venta, que echaremos a rodar ciertas ideas, dando a conocer nombres de prohombres y hechos que conocidos, se ignora empero que jamás fueron recordados por sellos postales. Solamente ellos, y los billetes de banco donde poquísimos tienen el privilegio de estar, rinden una evocación tan especial.

            Talentos como quienes gestaron nuestra emancipación de España merecen una recordación más amplia que la brindada a sólo cuatro próceres. Restan sobre el tapete la inteligencia de un Fernando de la Mora; la valerosa decisión de doña Juana María de Lara, los aportes no menos significativos de Francisco Xavier Bogarín, Juan Manuel Iturbe, José Agustín Molas, Mariano A. Molas, Juan F. Recalde, Mauricio José Troche, Antonio Thomas Yegros y los del mismo Coronel José Félix Bogado, quien luchara en les Ejércitos del Gral. San Martín. Estos deben imperiosamente ser identificados con los correos mediante sus sellos.

            Y retrocediendo los años hallaremos ilustres compatriotas que como Ruy Díaz de Guzmán, Hernandarias, Hernando de Trejo y Sanabria y tantos más aún no fueron honrados de esta manera.

            La Patria, su filatelia y sus correos se unirían en un lazo más íntimo evocando éstos a tantos que en tantas formas lo dieron todo de sí por el Paraguay, sea al hacerlo admirado, al transmitir su cultura, al gobernarlo con capacidad o al aportar su trabajo para lograr la felicidad del pueblo. La nómina de quienes ya nos han abandonado es amplia, pero nos atrevemos a esquematizarla, conscientes que quedarán varios olvidados en este momento por nosotros, pero no por ello de menos merecimientos. Así los distinguidos próceres Benjamín Aceval, Mariano Roque Alonso, Eligio Ayala, Eusebio Ayala, Cecilio Báez, Andrés Barbero, José Berges, Pedro Pablo Caballero, León Cadogan, Ramón I. Cardozo, Efraím Cardozo, Roque Centurión Miranda, Narciso R. Colmán, Delfín Chamorro, Manuel Domínguez, Asunción Escalada, José Félix Estigarribia, Manuel Franco, Rafael Franco, Blas Garay, Eugenio A. Garay, Manuel Gondra, José P. Guggiari, Juan E. O'Leary, Fulgencio R. Moreno, Ignacio A. Pane, Rosa Peña, Valois Rivarola, Francisco Sánchez, Adela y Celsa Speratti.

            En otras sendas de la cultura, porque hay tantas, seleccionamos algunos aspectos como la música, la poesía, el teatro y la pintura. Cabría evocar a Pablo Alborno, Agustín Barrios, Jaime Bestard, Julio Correa, Eloy Fariña Núñez, José Asunción Flores, Aurelio García, Juan Max Boettner, Manuel Ortíz Guerrero, Félix Pérez Cardozo, Saturio Ríos, Emiliano R. Fernández, Juan A. Samudio, Natalicio Talavera y otros que legaran obras al intelecto nacional. Es hasta imperdonable que nuestros músicos más preclaros jamás hayan sido recordados donde tanto se los aprecia.

            La mujer paraguaya, anónimamente recordada a través de la enfermera de la Cruz Roja, en 1930 y de la mujer nativa, espera honores para enseñarlos a los cuatro puntos cardinales en forma de sus representantes más insignes.

            En otro orden de cosas, las ciudades del interior con sus sitios históricos que tan escasa o ninguna atención recibieron en los sellos, tienen sus aniversarios que se prestan a ello de manera a hacerlos conocer dentro y fuera del país, acompañados de los sabrosos paisajes de esta tierra. Sería un complemento turístico sumamente atractivo. Las iglesias de Capiatá y Yaguarón son claros ejemplos.

            Todas las producciones típicas; como la guitarra, y aquellos trabajos que parten de manos laboriosas, admirablemente conservados en su tradición, merecen esta honra postal. La promoción de nuestra lengua vernácula, el guaraní, no puede soslayarse de los sellos postales; su riqueza y sus cultores se merecen más que el silencio o la indiferencia de mudos sellos.

            Y las presentes sugerencias quedarían incompletas si olvidásemos a aquéllos que de origen extranjero se ganaron perenne estima nacional por sus insignes méritos. Tampoco podrían estar ausentes Francisco Acuña de Figueroa, Juan Bautista Alberdi, José de Antequera y Castro, Gervasio de Artigas, Juan de Ayolas, Félix de Azara, Rafael Barret, Moisés S. Bertoni, Fray Luis de Bolaños, Simón Bolívar, Sebastián Gaboto, Alejo García, Luis A. de Herrera, Elisa Alicia Lynch, Juan de Salazar y Espinosa, Máximo Santos, Max Schmidt y otros.

            Lentamente, agrupando las estampas de quienes hicieron nuestra historia, y de los sitios y hechos de gloria, los sellos postales del Paraguay abandonarán el papel de grandes ausentes en rendir loor y devoción ante el ara sagrado de nuestros mayores.

            Podría evocarse la memoria de estos próceres mediante series de pequeños sellos, de diez o más valores, con una efigie distinta en cada uno, y para todos los faciales en uso. El tamaño reducido facilitará su manejo, así como su cancelación y control. Esto, sin perjuicio de las series de tamaños mayores con otras motivaciones que las hasta aquí señaladas.


COMENTARIOS FINALES:


            Como colofón van dos enfoques que hacen al sello postal nacional, de cuyo tronco hemos entresacado la treintena de grupos de emisiones reflectoras de lo abarcado por el contexto general de nuestros sellos.

           

a) La apreciación del sello patrio


            Ella se destaca en el interés emanado de los filatelistas por obtenerlo. Es sabido que, paradójicamente, y contrariando mucho de lo señalado, nuestros sellos están en la actualidad entre los menos coleccionados de América. La razón será desmenuzada más adelante y afecta a todo el conjunto de series que siempre fueron legítimo motivo, de orgullo.

            Cada sello postal tiene su cotización, es decir su valor, determinado por la demanda y la oferta, y reflejado en catálogos y comercios del ramo. El fenómeno producídose en el Paraguay es peculiar porque delata un retroceso en el aprecio hacia sus sellos; carecería de lógica si tenemos presente el alarde hecho aquí en favor de su filatelia. Pero el cáncer contaminó las emisiones normales que por culpa de las abusivas modernas hizo posible una no discriminación, y arrojó antojadizamente al cesto de lo inservible el conjunto de emisiones nacionales.

            En síntesis, entre los objetivos de este trabajo está el pedir volver la vista hacia nuestros sellos normales, para enjuiciar los motivos que lograron se desviase aquélla. Hay razones optimistas para creer que llegaremos a la meta.

            Tal vez el acicate de que las tiradas de los sellos antiguos siempre han sido cortas, vuelva mañana a hacerlos deseados. Ello será reconfortante, pues hará renacer esperanzas en su futuro, que depende en igual medida de la promoción que reciban.


b) Se impone un rescate de los valores nacionales


            Los años de vida postal, basados en el empleo del sello adhesivo produjeron como en cualquier renglón artístico piezas de arte que atraídas por aquel "poderoso caballero que es don dinero" abandonaron el Paraguay y desangraron lo que luego sería su filatelia. A esto contribuyó la ausencia de coleccionistas capaces de mantener tan buenos ejemplares en el terruño. Así, lentamente, quedamos huérfanos de sus rostros atractivos y prolijos.

            Con los primeros sellos paraguayos no sucedió lo que con los modernos, pues fuertes coleccionistas de emisiones clásicas americanas se dedicaron a acapararlos. Debido a dicha demanda y a sus escasos ejemplares, éstos se volvieron aún más raros.

            El año 1970 vio pasar cien desde su aparición, con pocos ejemplares en el país. Sus coleccionistas hubieran querido ofrecer un homenaje exhibiéndolos, pero simplemente no era posible.

            La hora de despertar de ese letargo y pensar en los filatelistas paraguayos ha llegado. Es imperiosa la necesidad de que nuestras piezas clásicas vuelvan a la tierra natal para que mañana los cultores puedan ver en ellas su pasado, que sería al mismo tiempo su presente y su porvenir.

            Estos documentos deben retornar como salieron; coleccionistas ansiosos por poseerlos irán aumentando en la medida como aquéllos puedan volver a ser acariciados. Papelitos viejos pero dignos de las mejores colecciones, fueron un día transportados fuera del país. Llegó el momento de recuperarlos y valorarlos, de demostrarles que como un conterráneo intelectual que abandonó la Patria aquí será apreciado y será más útil que a la distancia.

            Esforcémonos en hallarlos, pues aportarán beneficios a nuestra escuálida reserva. Y si se encuentran perdidos en nuestro propio país, hurguemos y rescatémoslos de los rincones ocultos, de las cajas perdidas, de las baúles cubiertos de patina.    Reconocer la carencia de muchas piezas de las hasta aquí citadas implica una confesión cuya verdad debe tenerse en cuenta. ¿De qué vale haberlas creado y no poder compartir su presencia?

            Quien consiga cualquiera de las buenas recuperará del olvido un objeto de arte, un testigo inmutable de una época admirablemente registrada en su interior.


APENDICE:


IMPRENTAS QUE PARTICIPARON EN SU CONFECCIÓN


            Resumimos aquí la nómina de las que dieron nacimiento a nuestros sellos y que, como veremos, se hallan o hallaban establecidas en varios países. Las citadas se encargaron de la terminación de sellos o simplemente de sobrecargas, pudiendo registrarse ambos aspectos a la vez.

            Veámosla, con ruego de dispensas por las posibles omisiones, desde que se desconoce el origen de muchas sobrecargas de estricto corte provisional.

           

Litografía San Martín dé Roberto Lange, Buenos Aires.

L. Goumand, Buenos Aires.

Litografía de Guillermo Kraft, Buenos Aires.

Giesecke & Devrient, Leipzig, Alemania.

Talleres Nacionales de H. Kraus, Asunción.

Compañía Sudamericana de Billetes de Banco, Bs. Aires.

Talleres Gráficos "La Colmena S. A.", Asunción.

Talleres de Valores Oficiales, Asunción.

American Bank Note Company, Nueva York.

Waterlow & Sons Limited, Londres.

Security Bank Note Co., EstadosUnidos de Norteamérica

American Decalcomania Co., Chicago, U.S.A.

Talleres de Valores del Estado, Asunción.

Talleres de Valores Fiscales, Asunción.

Casa de la Moneda de la Nación Argentina, Buenos Aires.

S. A. H. Baguenier Desormeaux & Cie., París.

Institut de Gravare, París.

Imprimerie Chaix S. A., París.

Imprimerie Delrieu, París.

Casa de la Moneda, Santiago de Chile.

El Arte S. A., Asunción.

De la Rue de Colombia, Bogotá.

Litografía Nacional Porto, Lisboa.


LOS "TALLERES DE VALORES FISCALES"


            Instalados en Asunción, en una añeja y señorial construcción, el ex "Mercado del barrio", sus contornos y sus columnas de hierro son testimonios de un sólido pasado.

            Anteriormente "Talleres de Valores Oficiales", luego "Talleres de Valores del Estado", los actuales "Talleres de Valores Fiscales" tienen también a su cargo la impresión de sellos postales para nuestro país.

            Las dos máquinas offset "Marro" de Leeds, Inglaterra, con las que básicamente se contaba desde fines de los años treinta, fueron reemplazadas en 1971 por una "Rotaprint" Mod. R-30 Super, de procedencia alemana, que imprime por hora hasta 5000 hojas de sellos en el tamaño conocido aquí. La primera serie confeccionada en ella fue la del "Año del Turismo de las Américas", puesta en circulación el 16 de noviembre de 1972.

            Los "Talleres de Valores Fiscales" cuentan con sus correspondientes perforadoras y otros elementos propios del quehacer gráfico. El papel empleado desde años atrás para sellos postales es de procedencia inglesa.

            Los últimos sellos impresos en el país hablan de la calidad de esta "Rotaprint". Es de esperar que pronto todos nuestros valores sean íntegramente realizados en ella, sin necesidad de recurrirse a firmas del exterior.


Fuente (enlace interno) :

 

FILATELIA, CORREOS Y SELLOS PARAGUAYOS
 
 
MUNDO FILATELICO - BUENOS AIRES – ASUNCIÓN, 1975
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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