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ALFREDO M. SEIFERHELD R.


  EL ASILO A PERON Y LA CAIDA DE EPIFANIO MÉNDEZ, 1988 - Revisión técnica: ALFREDO SEIFERHELD


EL ASILO A PERON Y LA CAIDA DE EPIFANIO MÉNDEZ, 1988 - Revisión técnica: ALFREDO SEIFERHELD

EL ASILO A PERON Y LA CAIDA DE EPIFANIO MÉNDEZ

UNA VISIÓN DOCUMENTAL NORTEAMERICANA

Revisión técnica: ALFREDO SEIFERHELD

Composición y corrección: JOSÉ LUIS DE TONE

Documentos: Record Group 59, Departamento de Estado,

Archivo Nacional de Washington, Estados Unidos.

Editorial Histórica. Asunción-Paraguay 1988

Serie: “Documentos para la historia”

 

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El Archivo Nacional de Washington fue calificado por un historiador boliviano como el Archivo de Indias del siglo XX. La comparación está basada tanto en el volumen de los documentos recogidos en cada uno de ambos repositorios, como en el papel que España jugó en América entre los siglos XVI al XVIII, y los Estados Unidos en el siglo XX. De allá provienen estos papeles que por primera vez conocerá el lector paraguayo.-

Son en su mayoría informes de la Embajada norteamericana en Asunción remitidos al Departamento de Estado en 1955, año en el que ocurrieron tres hechos trascendentes en la política paraguaya: el asilo, en septiembre, del ex – Presidente argentino Juan Domingo Perón; el “Reencuentro partidario”, en octubre, del dividido Partido Colorado de gobierno y, finalmente, la caída, en diciembre, del polémico Epifanio Méndez Fleitas.-

Aún existen muchos sobrevivientes, citados en los documentos que pueden dar también su versión sobre los sucesos allí descriptos. Ellos no son la historia definitiva en sí, pero su contenido nos permite trasladarnos siete lustros atrás para evaluar cómo se satisfacían los requerimientos de información de la potencia más grande del mundo acerca de un país casi oculto en las selvas sudamericanas que, sin embargo, era también una pequeña pieza – pero pieza al fin - , en el complejo rompecabezas de la “guerra fría” que en 1955 se hallaba en su apogeo.

 

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EPIFANIO MENDEZ: Nació poco más o menos en el año 1918 en el pintoresco pueblo de San Pedro del Paraná. De padres humildes -trabajadores del agro generoso- pasó su infancia y adolescencia entregado a las faenas rurales, y formando su mente y corazón en la modesta escuela pueblerina. Del ambiente hogareño aprendió la disciplina de la dignidad y del trabajo, y ese incoercible estoicismo que otorga la vida, cuando ésta es un constante trajinar en procura del sustento material y espiritual.

Luego de abandonar el solar nativo en brazos de su destino, lo vemos ensayar sus primeros escarceos literarios en la señorial Villarrica, donde sus versos se plasman al conjuro del paisaje telúrico a través de una sensibilidad casi virgen. "Bajo la verde arboleda" es un clamor primigenio, casi elemental. Libro escrito con el corazón e iluminado por casi crepusculares ideales que subyacen en su espíritu y que a su vez traen un mensaje de la tierra de sus años primeros.

Ingresa en el Colegio Nacional de la ciudad guaireña. En poco más de dos años conquista el título de Bachiller en Ciencias y Letras. Para subvenir a sus necesidades consigue un puesto en la Compañía Telefónica local. De noche trabaja y de día estudia. Participa activamente en las luchas cstudiantiles. Llega a ocupar la presidencia del Centro "Unión Estudiantil".

Egresado del Colegio, frecuenta incansablemente la buena lectura. Le atraen las disciplinas sociales y políticas. Del plano teorético pasa al práctico, ingresando en el Gran Partido Colorado, en donde pronto se distingue por su entusiasmo juvenil y por el caudal de idealismo patriótico que traza rumbos a su militancia política.

Epifanio Méndez es escritor fecundo, periodista ágil (fue director de "La Razón", órgano del Partido Colorado), pensador político denso. Fué asimismo director de la revista "Cultura". Actualmente es Jefe de Policía de la capital, cargo que desempeña con la altura de sus antecedentes. Miembro conspícuo de la Junta de Gobierno del Partido Colorado, líder de la Juventud Colorada, el renacimiento paraguayo cuenta en él un propulsor incansable. - BARÓN DUARTE PRADO, Asunción, mayo de 1951.

FOTO DE PORTADA: El titular del Banco Central del Paraguay, Epifanio Méndez Fleitas, izq., de pie, saluda al Ministro del Interior Tomás Romero Pereira, durante un acto en dicha institución a mediados de 1955. Sentado, en medio de ambos, el Presidente por el período 1954-58, General de División Alfredo Stroessner.-

 

 

EL ASILO A PERON Y LA CAIDA DE EPIFANIO MENDEZ

ALFREDO M. SEIFERHELD

JOSE LUIS DE TONE

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

         El presente corpus documental, continuación cronológica y temática de la caída de Federico Chaves. Una visión documental norteamericana,1 abarca un periodo decisivo en la consolidación, en el Paraguay, del gobierno del General de División Alfredo Stroessner, así como en el relacionamiento internacional del país, en especial con la Argentina, los Estados Unidos de América y el Brasil.

         Los papeles aquí reproducidos, previa traducción, pertenecen al año 1955 y unos pocos a comienzos de 1956. En este tiempo se produjeron tres acontecimientos que habrían de tener honda repercusión en el Paraguay: el derrocamiento, y posterior asilo, en septiembre, del ex-Presidente argentino, Teniente General Juan Domingo Perón; la precipitada unificación del gobernante Partido Colorado al mes siguiente, como una consecuencia directa de la revolución argentina y, finalmente la caída, en diciembre de 1955, del Presidente del Banco Central del Paraguay y ex-Jefe de Policía de la Capital, Epifanio Méndez Fleitas, el último de los civiles colorados con influencia en el Ejército paraguayo, varios de cuyos amigos militares también fueron, en consecuencia, radiados, trasladados o dados de baja. Con Epifanio Méndez se utilizó en aquel entonces el eufemismo de una supuesta "Misión Cultural" a España, como una forma de explicar su salida del país y su posterior definitiva expulsión.

         Estos tres hechos, relatados a veces en sus mínimos detalles en los informes que la Embajada de los Estados Unidos de América en Asunción hacia al Departamento de Estado con asombrosa regularidad, se encuentran entremezclados, con otros de menor cuantía, pero lo suficientemente interesantes como para comprender por qué ocurrían ciertas cosas y cuál era la mayor preocupación norteamericana en ese tiempo en el Paraguay. Algunos documentos son bastante duros hacia el gobierno de Alfredo Stroessner -otros laudatorios-, a pesar de provenir todos de una representación diplomática que veía con buenos ojos el nuevo régimen cívico-militar y a cuyo frente se encontraba precisamente un Almirante retirado, Arthur A. Ageton. Pero a pesar de tratarse de informes interesados, y por lo tanto parciales, cuyas conclusiones pueden ser discutidas, son el mejor relato conocido hasta hoy sobre los tres sucesos centrales de 1955; no porque sean completos, sino simplemente porque no hay otros publicadas ni tan siquiera en forma de folletos o artículos periodísticos, Así, por ejemplo, el informe fechado el viernes 23 de diciembre de 1955, en el que se relata la situación del Paraguay de ese momento, es bastante objetivo y necesariamente interesante de conocer como una fuente básica a falta de otras menos comprometidas.

         Estos papeles, ahora convertidos por obra y gracia del tiempo en fuentes para la historia, se encuentran con millones de otros en el Archivo Nacional de Washington, repositorio considerado por el historiador boliviano René Danilo Arze Aguirre como el "Archivo de Indias del Siglo XX". Allí fueran copiados por el periodista paraguayo José Luis De Tone y más tarde compilados y seleccionados por el firmante de estas líneas, para ser entregados a investigadores e interesados en nuestro pasado reciente,    tan carente de material de este tipo. Su contenido, como hemos indicado en ocasión de la edición del anterior volumen, no debería ser sobrevalorado, pero tampoco tenido en menos. El mismo podrá sugerir al lector opiniones dispares, reversos de medallas poco conocidos, como también sorpresa e incredulidad. Redactados en el momento en el que se producían los hechos, carecían muchos de la posibilidad de alguna verificación con el tiempo, como también de algún vuelo literario. Pero tienen, como una suerte de testigos de su tiempo, la desinhibición propia de las cartas o las conversaciones reservadas, tan venidas a menos aquéllas en nuestros días.

         Al igual que en otros países latinoamericanos, preocupaban a los Estados Unidos a más de los temas rutinarios, otros como la expansión del comunismo, la inclinación peronista en algunos sectores del gobierno paraguayo, el anticlericalismo como expresión de esto último, y las crisis sucesivas en la Argentina y sus repercusiones en el Paraguay. Su Embajada no ocultaba siquiera la asistencia que prestaba a través del servicio de USIS (United States Information  Service – Servicio de Información de los Estados Unidos), para determinadas cuestiones que hoy, inclusive, pueden parecer banales, tales como la impresión de afiches anticomunistas y la reproducción de alguna polka General o Presidente Stroessner, por entonces ya de ejecución obligada    en todas las radioemisoras por orden del gobierno. Y conste que USIS no podía desconocer la absoluta falta de libertad de prensa y expresión que habla en el país.

         Aun no siendo partidarios de tediosos y largos introitos, existen puntos claves abordados por los informes que merecen, si no una rectificación -lo que cambiaría su sentido-, al menos una complementación. Muchos documentos concretamente referidos a la carrera politice de Epifanio Méndez Fleitas son, en buena medida, injustos, con prejuicios poco felices. En otros casos, siempre con Méndez Fleitas, hay una apreciación equivocada y un deliberado afán por poner en ridículo la actuación de esta conflictiva figura. La Embajada lo trataba usualmente en forma descortés, empleando términos como "astuto", "inescrupuloso", etc.

         Surge, sin embargo, de todo esto, una contradicción. Méndez Fleitas es la figura central de la mayor parte de los documentos elaborados en 1955.   Se menciona, pues, su prestigio y se lo considera como la primera figura política del país junto con Stroessner, sin darse a conocer las virtudes que estarían haciendo de él el posible substituto de Stroessner.

         Hay que destacar, por otra parte, que muchos documentos, a pesar de haber transcurrido más de 30 años de su elaboración,aún no han sido desclasificados, o sea librados al público, quizá para no comprometer las relaciones entre ambos países. Como nos era literalmente imposible emplear todos los que estaban en el archivo, en esta compilación ya de por sí selectiva, mucho material se dejó de lado y de casi todos los informes se extrajo lo relacionado principalmente con la política interna e internacional del Paraguay y a veces con temas significativos como los militares, religiosos, económicos, sociales, etc., siempre poniendo el mayor énfasis en lo político.

         Desde un punto de vista meramente técnico, hemos hecho ciertas modificaciones de subtítulos, para hacer más comprensible para los lectores los sucesos que se narraban en los informes. Los nombres propios mal escritos han sido corregidos y se ha tratado, en lo posible, de traducir escrupulosamente, no solamente el texto y el contexto, sino también el sentido de la información proporcionada por la Embajada norteamericana de Asunción al gobierno del Presidente Dwight Eisenhower.

         El asilo a Perón y la caída de Epifanio Méndez quiere ser apenas una referencia para conocer mejor el pasado y entender con más claridad el presente. Los Estados Unidos de América han sido, a menudo, en América latina, no solamente los principales testigos del acaecer político del continente, sino también sus protagonistas centrales. A esta regla no ha escapado el Paraguay en el curso de su historia, con mayor preponderancia en una u otra época.

         Todo hombre quiere conocer sus orígenes, saber de dónde viene. Con el actual gobierno ocurre exactamente lo mismo. Muchos son los que desean saber cómo surgió, como se consolidó, y cuáles fueron las características de sus primeros años. En este sentido, el periodo de 1953 a 1955, cubierto por estos papeles -bien o mal-,   tiene, en buena medida, esta virtud. La historia oficial, que siempre ha pretendido distorsionar el real sentido de numerosos hechos históricos debe, con el correr del tiempo, ceder paso a la verdad. Pero no a la verdad a su turno distorsionada, como ocurre con numerosos documentos oficiales,     sino a la verdad tal cual ocurrió.

 

 

EL PARAGUAY DE 1955

 

         Qué es lo que ocurrió, sucintamente, en el Paraguay de 1955, el primero que de enero a diciembre completaría el General Stroessner? Los hechos de ese año y del anterior tienen dos ángulos de observación. Uno, desde el plano local y, otro, desde el plano externo. Aunque inseparables, actúan como si fuesen individuales. Los tres acontecimientos ya mencionados, entrelazados entre sí, fueron el derrocamiento o la llamada "Revolución libertadora" de septiembre de 1955, que motivo el asilo del Gral. Perón, un fenómeno en el cual la mayoría vio a Ménez Fleitas, dada su amistad con el depuesto mandatario, como el principal perdedor en el Paraguay. Al mes siguiente se produjo el llamado "Reencuentro Partidario", en el gonernante Partido Colorado, una unificación en donde Epifanio Méndez tuvo decidida participación. Y dos meses después, en diciembre, la definitiva salida de éste del Paraguay, hacia un exilio que concluyó solamente con su muerte en Buenos Aires, en noviembre de 1985.

         Desde un plano estrictamente local el año anterior,  1954, significó, según el politólogo paraguayo Benjamín Arditi, "el nacimiento de un nuevo orden".   Señala Arditi: "Es evidente que el golpe militar de 1954, apoyado por amplios sectores del Partido Colorado, representó algo más que el mero acceso al poder de una nueva constelación de fuerzas unidas por el pacto cívico-militar celebrado en ese año. Es decir, no fue un mero intento de restaurar el orden pre-existente o dé ocupar el lugar institucional del gobierno nacional. Más que eso, marcó el surgimiento de un nuevo poder, el punto de partida para la creación de un nuevo orden.2

         No solamente los sectores colorados apoyaron la nueva situación. Las quejas contra el gobierno de Chaves se hablan generalizado. En su gabinete faltaban, con contadas excepciones, ministros idóneos; comenzaba a institucionalizarse el contrabando y los inspectores de comercio eran de una asombrosa venalidad. Y aunque todo esto parece pequeño comparado con lo que vino después –al final de cuentas se trataba de un gobierno civil-, la gente de clase media quería un cambio, cualquier cambio. Y lo tuvo. Y el cambio pareció bueno en un principio, hasta que se descubrió que los nuevos salvadores sólo habían cambiando de método y, para más, varios no tenían intenciones de irse, como que no se fueron.

         El primer episodio de 1955,   el derrocamiento de Perón, significó el  resquebrajamiento de las buenas relaciones que el gobierno de Stroessner mantenía con la Argentina, y dentro de las cuales era Méndez Fleitas uno de sus pilares principales. Criticado por sectores de la oposición, y del mismo gobierno,    los planes de estabilización y fomento económico complementadas con el convenio paraguayo-argentino firmado en 1953, le valieron también al gobierno paraguayo la desconfianza de norteamericanos y brasileños, cada uno de ellos por motivos diferentes. Leopoldo Ostertag, uno de los seguidores más fieles, quizá el más fiel, de Epifanio Méndez Fleitas, ex funcionario del sector económico de la época, señala acertadamente la importancia que por entonces tenía "el maccarthismo enfermizo del periodo inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial, seguido de la guerra fría entre las dos mayores potencias del planeta". Ostertag recuerda también "el antagonismo estimulado al máximo entre los dos mayores países del Cono Sur,   el Brasil y la Argentina,  impulsado a su turno por corrientes extrañas o viejas rivalidades y la emancipación contra los poderes neo-coloniales, cuyos complejos no nos abandonan hasta hoy".3

         La división entre argentinistas y brasileñistas, observada,    por su parte, con atención por la Embajada de los Estados Unidos, significó también otro punto de fricción, acrecentado tras la caída de Méndez. Stroessner tomó la decisión de inclinarse hacia el Brasil y las consecuencias de aquella postura pueden observarse nítidamente hoy en la economía paraguaya, estrechamente ligada a la brasileña. El hecho de que a comienzos de 1956, según documentación norteamericana, el gobierno paraguayo hubiese buscado aviones en Brasil y en los Estados Unidos para defenderse de un posible ataque argentino, como en cierta forma sobrevino a finales de los 50 y comienzos de los 60 en forma de incursiones de paraguayos con armas proveídas por las Fuerzas Armadas argentinas, nos da la medida de los intereses y la tirantez existentes en aquellos momentos. Muy pronto, sin embargo, el derrocamiento, el asilo y la salida de Perón del Paraguay, se convirtieron en un hecho episódico. Pero las huellas permanecieron en el país. La rigidez de las relaciones paraguayo-argentinas se observaba en cualquier tipo de acto protocolar o social que se realizaba en el Paraguay.

         Este cambio de gobierno trajo, sorpresivamente, otra consecuencia en el Paraguay, esta vez de carácter interno: la unificación del Partido Colorado, dividido desde 1947 en dos sectores irreconciliables: los guiones, por un lado, liderados por Natalicio González, y los demócratas, a cuya cabeza se encontraba el recientemente derrocado Federico Chaves. Producido a finales de octubre de 1955 el señalado reencuentro, el frente interno colorado quedó fortalecido y, con ello, Stroessner consiguió un punto de apoyo notablemente importante en su ascenso y consolidación en el poder.

         Sobre cómo se gestó,    en parte, aquella unificación, conocemos el testimonio del por entonces canciller Hipólito Sánchez Quell, quien sostiene haber tenido decisiva participación en ella al lograr que Stroessner y el ex Presidente Chaves mantuvieran una conversación en su casa. Nos relata Sánchez Quell: "Cuando regresé de Nueva York para ejercer el cargo de canciller, mi primera visita fue para el Presidente caído, don Federico Chaves. El partido estaba dividido en chavistas, stronistas y guioneros. Yo deseaba fervientemente la unión partidaria. Un tiempo después, mientras me dirigía a mi despacho, doña Concepción Leyes de Chaves me paso subrepticiamente una esquela. Decía: "Federico desea conversar con el Presidente" Inmediatamente le comunique al General Stroessner. No era prudente que la reunión fuese en el Palacio de Gobierno ni en la Residencia Presidencial. Entonces ofrecí mi casa. Yo vivía en ese tiempo en Brasil y Coronel Bogado. La cita fue concertada, y mientras el ex Presidente Chaves entraba por la puerta de Brasil, el Presidente Stroessner entraba por la de Coronel Bogado. Esa tarde se gestó la unificación. Otros, entre tanto, gestionaban la fusión con los guioneros. Y poco después la convención sellaba solemnemente la unión partidaria",4 concluye diciendo Sánchez Quell.*

         Desde noviembre de 1955, el tema chavismo versus guionismo dejó de ser motivo de discusión en el Partido Colorado. Poco a poco, lo que comenzó a contar era la lealtad hacia el Presidente. Para demostrarla, bastaba recordar que en el primer gabinete de Stroessner había apenas un chavista, y ningún guión.

         El problema, mas semántico que real, comenzó nuevamente a plantearse, sorpresivamente, en los años 80, por parte de los integrantes del llamado "Movimiento de Autenticidad Colorada", M.A.C.,    que se declaraban "anti-chavistas" y herederos de los "guiones rojos". Poco después, mientras el ex-Presidente Higinio Morínigo afirmaba que el chavismo continuaba en el poder con

         Stroessner, lo que tenía mucho de verdad, otros políticos como Pedro Hugo Peña,  de esa extracción, rechazaban hablar del tema, diciendo que se trataba de un hecho superado y de un anacronismo sin sentido. El propio Stroessner nunca admitió simpatías hacia los guiones. Fresca estaba aún la humillación del 25 de octubre de 1948, cuando participó de un frustrado golpe contra el Presidente Natalicio González, que le valió el exilio de algunos meses en la Argentina,  pero tampoco toleró a los chavistas, que nunca lo habían aceptado del todo.

         He aquí quizá una de las razones de la validez de estos papeles norteamericanos, que explican la génesis de la lucha interna dentro del Partido Colorado y aclaran muchas cosas que se fueron dando con el tiempo,        hasta la convención del 1ro.   de agosto de 1987, tras la cual reapareció una semántica que parecía enterrada hacía por lo menos 30 años. El término "chavismo", con sinónimo de "traición",   fue utilizado de nuevo por vez primera, sin olvidar que durante 25 años un hombre de ese apellido habla ocupado todos los honores y privilegios como Presidente del Partido Colorado. Los telegramas de adhesión y felicitación a las nuevas autoridades del Partido llenaban las páginas del diario Patria. Uno de ellos provenía de un antiguo colorado, el Tte. Martín Suss, ex-combatiente del 47. Su texto resumía el cambio intempestivo que se habla producido en las filas del Partido Colorado, en favor de un sector llamado de los "colorados, combatientes y stronistas". Suss felicitaba a las nuevas autoridades presididas por Sabino A. Montanaro por su triunfo "después de 40 años de opresión del chavismo caduco y mentiroso".5 Y semejante texto se publicaba en Patria. Ello no era de extrañar si algunos días antes el mismo Montanaro había declarado que "el 1ro.      de agosto cayeron los restos del chavismo que aún seguían en el gobierno de Stroessner".

 

CAIDA DE PERÓN Y REUNIFICACION COLORADA

 

         Alfredo Stroessner se encontraba, en septiembre de 1955, ante una disyuntiva de hierro: por un lado su solidaridad con Perón que devolvió los trofeos de la Guerra de la Triple Alianza y condonó la deuda que tras ella se había impuesto al Paraguay, en premio a lo cual había sido distinguido como Ciudadano Honorario;  por el otro, debía obrar con extremada cautela para no dar pretextos a los "libertadores" argentinos de tomar cualquier medida desfavorable contra el Paraguay. Los cientos de kilómetros que unían o separaban al Paraguay de la Argentina y la vieja dependencia económica que se había establecido desde hacía siglos, no podían terminar de un día al otro. Había también la obligación tácita, sin herir la amistad peronista -sector político que mañana podría retornar al poder-, de expurgar, por imposición de los Estados Unidos, al Ejército y al Partido, de los simpatizantes del derrocado General. Y todo esto ante la observación atenta del Brasil, que no desaprovechó la oportunidad de acercarse y desplazar a la Argentina de su vieja posición. En aquellas circunstancias,     el Partido preparaba su convención de marzo de 1956, en la que se conocería a las primeras víctimas de la purga de diciembre del año anterior.

         Ocioso seria pretender en este libro explicar lo ocurrido en la Argentina en 1955, hasta la caída de Perón. La literatura en ese país, sobre el tema, es sumamente amplia y variada. Los informes de la Embajada norteamericana de Asunción sirven si como un complemento para seguir los pasos de Perón desde su exilio en la cañonera Paraguay, su traslado por el piloto Leo Nowak a Asunción, su estancia en el país y su salida rumbo a Panamá. En cambio resulta evidente que la partida de Perón dejó a Epifanio Méndez Fleitas sin el sostén para continuar su ascendente carrera política.

         A fin de ganar tiempo y de conseguir una Junta de Gobierno leal, Méndez Fleitas planteó la reunificación o el reencuentro del Partido Colorado, iniciativa hoy atribuida en exclusividad al General Stroessner. Producido el reencuentro, el 27 de octubre de 1955, todo hacía suponer que Méndez y sus partidarios seguirían fuertes en el control de los sectores que se tenían asignados. Menos de dos meses después, sin embargo, se produjo un hecho inesperado, tanto para el propio Epifanio Méndez como para la Embajada de los Estados Unidos:  su final definitivo y su salida del país, de por vida. Sobre cómo sucedieron las cosas hay versiones sumamente encontradas. El propio Méndez confesaría en 1983 al periodista del diario ABC Color de Asunción,  Edwin Brítez, quien lo entrevistó en Curitiba, Brasil, que "ignoro realmente la causa de mi salida del país". Requerido sobre más detalles, Méndez afirmó:   "Un día fue llegando a casa -allá en San Pedro del Paraná, en el establecimiento que yo tenía-,  don Rigoberto Caballero, para pedirme viniese a Asunción a verlo al General Stroessner, quien desearía que yo saliese del país por un tiempo para facilitarle la solución de algunos problemas pendientes. Yo le acompañé a este amigo,   que era un gran amigo, con quien me unían y me unen muchas cosas. (Cuando murió mi padre, fue uno de los pocos amigos que me hicieron llegar sus condolencias). Bueno -prosigue diciendo Epifanio-, junto con don Rigoberto fuimos a casa del Presidente Stroessner,   y este me planteo la salida del país proponiéndome una “Misión Cultural” en España. Después –yo no sé la acepté en un primer momento-, fuimos a casa de don Rigoberto y allí hablamos largamente. En conclusión, le dije que si es a título de una colaboración, como no, con mucho gusto, me iría, pero que no querría permanecer mucho tiempo fuera, porque mi padre se hallaba enfermo y tendría interés en volver cuanto antes” 6

         Méndez Fleitas narra después que salió rumbo a España por un mes y un día, hasta que decidlo regresar al Paraguay; pero en Rio de Janeiro aguardó vanamente una respuesta positiva del gobierno  paraguayo. De allí se traslado al Uruguay, donde siguió esperando. Esperó hasta el final de sus días. La versión oficial, en cambio, era que Méndez se hallaba conspirando con el Comandante de la Primera División de caballería, Mayor Virgilio Candia, y con el jefe de la Policía de la Capital, Teniente coronel Mario Ortega. La "conspiración" provocó, obviamente, también la caída de todo el sostén militar de Méndez, entre ellos la del Mayor Candia. Su reemplazante en la División, el Teniente Coronel Sixto Duré Franco, quien habría de ocupar el cargo desde el 25 de enero de 1956, relata sobre este particular que "a fines de 1955,     se organizó un movimiento cívico-militar, mediante el cual un hábil político (Méndez Fleitas) copó casi todas las fuerzas, tanto en las Fuerzas Armadas, como dentro del Partido Colorado. Sin embargo,por un hecho fortuito, perdió el timón con que conducía inteligentemente la politica".7

         Sánchez Quell también habla de conspiración cuando afirma que contaba con el R.I. 14, la Policía y parte de la D.C. 1".  El entonces canciller relata: "El General Mario Coscia Tavarozzi, Jefe del Estado mayor, dirigió eficazmente la contraofensiva. El Mayor Hipólito Viveros, después General, traía constantemente los partes de su patrullaje. Conectando las líneas telefónicas, íbamos obteniendo amplias informaciones. El Mayor Mario Ortega, saliendo del R.I. 14, llegaba a casa de Epifanio Méndez. Este dictaba instrucciones al Mayor Virgilio Candia, que estaba en la D.C. 1. Ortega seguía rumbo a la Policía. Pero al amanecer el golpe estaba fracasado. Candia y Ortega se entregaron esa tarde. Y Méndez emprendió el camino del destierro".8

         La versión oficial, resumida en las palabras de Duré y Sánchez Quell es, como siempre, de una simpleza asombrosa. El titular del Banco Central del Paraguay recuerda, por su parte, que una madrugada, después de haber hecho música junto con Edgar Ynsfrán y otras personas, "me llamó el Comandante Ortega y me informó que el Capitán Cubas se habla sublevado contra su jefe divisionario, Mayor Candia, solidarizándose con él los Mayores Duré Franco y Rodríguez.

      Stroessner y la Junta de Gobierno del Partido, contra todo principio legal e institucional, respaldaron la subversión, premiando, a sus autores con la deposición del Mayor Candia y el relevamiento en masa de los oficiales que atacaron su autoridad. El primer día hábil concurrí al Banco y procedí exactamente que en enero de 1954. En cinco minutos me hallaba nuevamente desvinculado del cargo".9

         En cuanto a los responsables de la crisis militar, ni el General Alfredo Stroessner, ni el Mayor Virgilio Candia han explicado, hasta hoy, públicamente lo ocurrido. Los otros Comandantes de Regimiento,    Rodríguez y Cubas, siguen también en silencio. Del entonces Ministro del Interior, Tomás Romero Pereira, tampoco tenemos nada. Del otro sector afectado, la Policía, hay un breve testimonio de Ortega, su Jefe, que como señaláramos en la introducción del volumen anterior, arranca de los sucesos de mayo de 1954.   Para muchos, obviamente, el tiempo de hablar aún no ha llegado. Quizá aguarden días mejores, a riesgo de no verlos si es que transcurren demasiados para entonces. Pero la síntesis es simple: los unos,     acusados de conspirar, se defienden diciendo haberse anticipado, a su turno, a otra conspiración. Triunfa, como en los golpes de cuartel paraguayos -o como ocurría-, el que toma la delantera y el que menos escrúpulos tiene.

         En todo esto, sin embargo, existe también una insoslayable cuestión ética. En el Paraguay político de los últimos 35 años han sido numerosas las víctimas convertidas en una suerte de cómplices de sus victimarios por obra del silencio. Han callado torturas, persecuciones, injusticias y toda suerte de vejámenes. Muchas siguen callando hasta hoy. Qué tienen que perder por ejemplo, un Teniente Coronel Néstor Ferreira, o un Mayor Virgilio Candia, si narrasen lo acontecido en aquellos momentos? Absolutamente nada. Pero pierden mucho al no hacerlo. Pierden, ante todo, la credibilidad de otros oficiales que cayeron con ellos. Y no ganan reputación ante quienes no los conocieron. Qué argumento puede, por ejemplo,     refutar la opinión de mucha gente de que Federico Chaves mereció ser destituido pues al poco tiempo de presentar su "dimisión" aceptaba una embajada de manos de quien lo había despedido del sillón de López? El silencio en muchos casos ha provocado un daño tremendo. Cuantos años antes de que la denominada CONADEP, "Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas" de la Argentina publicara en 1984 su Nunca más,10 los paraguayos no hubiéramos podido editar, aunque fuese en el exilio, un libro parecido? Pero la desidia y la desinteligencia pudieron más. Epifanio Méndez fue,    en ese sentido, aunque en forma desorganizada, uno de los pocos políticos paraguayos exiliados que escribió sobre el gobierno de Stroessner durante su larga ausencia. Méndez, como quedó dicho, vivió varios años en el Uruguay, se trasladó a la Argentina y de ahí pasó brevemente a los Estados Unidos. Volvió a la Argentina, donde falleció. De su "Misión Cultural" a Europa,   entre finales de 1955 y comienzos de 1956, poco después ya nadie habló. Stroessner supo deshacerse mucho más fácilmente de lo que se presumía, de su principal competidor político.

         Méndez y varios de sus seguidores, así como otros prominentes colorados disidentes, fueron incluso expulsados del Partido a comienzos de los sesenta, sin haber tenido la oportunidad de defenderse ante la Junta de Gobierno de Asunción. Este recurso, el de la expulsión, empleado por casi todos los partidos políticos paraguayos a lo largo de su historia, apenas tuvo un significado formal, ya que en la práctica los afectados nunca dejaron de ser colorados.  Y el "epifanismo" se convirtió en mala palabra en todo el país. Sólo los que ocupaban altos cargos, sean ministeriales o en la Junta de Gobierno y que habían renunciado a la amistad con Epifanio,  estaban a salvo de cualquier intriga. Aquella palabra se usó, pues, como argumento para perseguir a los sospechosos de relación o ex relación con Méndez, sin distingos entre militares y civiles. El fantasma de Méndez Fleitas sólo terminó de alentarse con su muerte.

         El año 1955 representó, de esta forma, el comienzo de la atomización de la sociedad civil y la consolidación del poder militar y político de Stroessner. A pesar de su extremada juventud -tenía apenas 41 años, es decir uno más de lo que la Constitución estipulaba para ocupar el cargo-, al igual que muchas otros protagonistas políticos y militares de primera línea de la época, Stroessner fue ensanchando su círculo de lealtad imponiendo la voluntad militar a la civil. Con la sola excepción de Edgar L. Ynsfrán, luego Ministro del Interior (1956-1966), el elemento civil en el gobierno de Stroessner tuvo escasa preponderancia. Y debió ser la creciente influencia de Ynsfrán, la que le significó también su caída.

 

 

EL EPÍLOGO

 

         Como los papeles norteamericanos aquí reproducidos van solamente hasta finales de 1955, salvo algunas excepciones, parece necesario sintetizar lo que ocurrió por lo menos al año siguiente, en el que la mayoría de las predicciones norteamericanas se cumplieron. La largamente preparada convención del Partido Colorado, que abrió sus sesiones en el Teatro Municipal de Asunción el 4 de marzo de 1956, apenas resultó un acto pro-forma. En la lista ya no figuraban los simpatizantes de Méndez.  Pese a ello, el Presidente, que asistió al evento donde recibió simbólicamente la afiliación número uno, sostuvo que los convencionales acudían a esta cita "bajo el signo de la unidad colorada". En la lista del directorio figuraban, sin embargo, guiones, chavistas y unionistas, junto a los primeros stronistas que surgían en el escenario político paraguayo. Fue reelecto Presidente el arquitecto Tomás Romero Pereira, quien hasta hacia meses se consideraba el principal aliado y amigo de Méndez. Ello no impidió que la campaña contra éste comenzara de inmediato. Parecían lejanas las palabras pronunciadas por Stroessner el 24 de noviembre de 1954, cuando afirmaba en San Pedro del Paraná sobre su flamante y luego su más duro rival político: "Séame permitido, por todo lo expuesto, elogiar en este instante, y más que elogiar, celebrar como mérito de una generación, la presencia en el escenario político del país de un fervoroso soldado del progreso de su Patria, y que como tal, honra a su pueblo,  a su Partido y al gobierno nacional: me refiero al señor Epifanio Méndez. Conocéis su talento, y todos sabemos de su farrea voluntad. Los nombres valen, cuando podemos referirnos a los mismos porque existen obras capaces de inclinarnos en justo reconocimiento de los valores morales que esas obras representan. Yo quisiera en esta ocasión felicitar a San Pedro del Paraná porque ha dado nacimiento a un gran obrero, a un obrero necesario, que es todo un ejemplo por su dedicación constante en la tarea de contribuir al engrandecimiento nacional, en todos los órdenes de su fecunda actividad".**

         Como Presidente del Banco Central, en reemplazo de Méndez,  fue designado el 3 de enero de 1956 el Ingeniero Gustavo F. A. Storm, uno de los hombres que mayores simpatías despertaba en el seno de la representación diplomática norteamericana; y la Jefatura de Policía pasó a manos de Ynsfrán, un joven simpatizante de los guiones.

         Los vaticinios de los diplomáticos de Estados Unidos en sus informes en cuanto al destino de los disidentes colorados, también se cumplieron con la aceptación,  por parte de éstos, de numerosos cargos diplomáticos en el extranjero. El primero en hacer sus valijas fue el propio Federico Chavas,   quien el 3 de enero de 1956 juraba ante Stroessner como Embajador paraguayo en Francia, descabezando, de esta forma al sector denominado chavista del Partido Colorado. Ese mismo día, Juan Plate fue nombrado para igual cargo en la República Argentina. La sangría prosiguió en junio del mismo año cuando  Hipólito Sánchez Quell, que acababa de ser reemplazado como Ministro de Relaciones Exteriores por Raúl Sapena Pastor, fue nombrado Embajador en el Brasil. El 27 de junio juraron, por su parte, el General Herminio Morínigo como representante del Paraguay en Bonn y Numa Alcides Mallorquín, para Centroamérica. El 8 de mosto de 1956, la cabeza del sector guión, Natalicio González, aceptaba su nombramiento como embajador en México. Al año siguiente, Osvaldo Chaves, partió, con igual carácter, rumbo a Washington. Más tarde Víctor Morínigo, la segunda figura entre los guiones, fue a Italia y Venezuela y Ángel Florentín Peña a la Argentina y Chile. El General Stroessner alejó, de esta manera, a varios potenciales competidores políticos, que se desentendieron, inexplicable y definitivamente muchos, de la conducción partidaria. Cuando regresaron algunos, para recuperar sus posiciones, otros ocupaban sus lugares. El exilio, la prisión o el olvido fueron el epílogo en varios casos.

         En el terreno internacional, el gobierno paraguayo comenzó de inmediato a cortejar a su colega brasileño. Cortejo recíproco, porque el 6 de enero de 1956 Stroessner recibía las plenipotencias del nuevo Embajador del Brasil,  Luis de Guimaraes Gomes. A su turno, el día 20 del mismo mes, era el nuevo Embajador argentino, Felipe Yofre, el visitante de Stroessner en el Palacio de López. Resultaba evidente que ante el viraje intempestivo ocurrido en la Argentina, tanto este país como el Brasil se aprestarían a emplear nuevas fórmulas para acercarse al Paraguay. Pero había numerosas exteriorizaciones que delataban la diferencia que las relaciones paraguayo-brasileñas tenían ahora para el Paraguay. Solamente en los últimos diez días de enero de 1956,  el Paraguay y Brasil firman un convenio para establecer un puerto franco y depósito para mercaderías paraguayas en Paranaguá, sobre el Atlántico brasileño; el Brasil condecora a Stroessner con la Orden del Mérito Aeronáutico en el grado de Gran Cruz y el Presidente paraguayo, a su turno, preside una ceremonia de distinción al Agregado Militar brasileño, Coronel Hernani Pedrozza Hartmann, realizada el 21 de enero.

         El 1ro. de abril de 1956, en ocasión de la apertura de las sesiones legislativas, Stroessner alude a las relaciones paraguayo-brasileñas diciendo que con este país "tenemos una amplia política de Cooperación internacional". Esta nueva apertura se ratifica el 6 de octubre de 1956, cuando en el aeropuerto de Foz de Yguazú, Stroessner y el Presidente brasileño Juscelino Kubischek, se encuentran por primera vez. La "alianza perpetua" entre el Paraguay y el Brasil había nacido.

         Parecida calidez iban cobrando las relaciones paraguayo-estadounidenses, aunque aquí las inyecciones en dólares eran suficiente medicación para convencer al más dubitativo de sus posibilidades de curación. El gobierno paraguayo no lo era, ni mucho menos. En aquella época de la guerra fría, sus mandatarios se mostraban decididamente anticomunistas. Y cuando Stroessner se refirió, el 1ro. de abril de 1956, en su discurso al Congreso, a los Estados Unidos de América como nación "aliada espiritual y hermana mayor", lo hacía con un deliberado propósito, pero con convicción. Los créditos comenzaron a fluir y el país vio obras materiales antes desconocidas. Stroessner tuvo un año tranquilo,el que le permitió incluso viajes al extranjero, mientras la capital se llenaba de zanjas para colocar las cañerías del sistema de aguas corrientes.

         "La apuesta norteamericana del tiempo fue financiar el anticomunismo", sostiene el escritor paraguayo José Carlos Rodríguez. "Y para hacerlo -añade-, apoyaron a los Estados, y preferentemente a los ejércitos con quienes implementaron la Doctrina de la Seguridad Nacional.  Esta ideología propuso un orden subordinado al principio de seguridad, instó al militarismo o lo justificó ahí donde ya estaba establecido".12

         Evidentemente, los Estadas Unidos contribuyeron al fortalecimiento de los organismos de seguridad y represión en el Paraguay, que no permanecieron quietos a pesar de la notoria inexistencia del "peligro" comunista.  Detenciones y destierros se hicieron una norma. Torturas y vejámenes también. Muchos de los que tienen hoy una imagen romántica de los años 50, saldrían desilusionados si conocieran la historia política oculta del Paraguay. "Vencida la subversión", al decir del propio Stroessner ya en 1956 con referencia a lo ocurrido en diciembre pasado, el país quería "orden y progreso", sin olvidar la paz como atributo esencial. Incluso los mínimos detalles fueron considerados. Las radios tenían sus horarios para polcas dedicadas al General-Presidente y para citar sus frases mejor logradas. Carteles con su nombre cubrían las nuevas rutas y los pueblos y ciudades adherían, cambiándole el nombre de alguna vieja calle, con el del nuevo mandatario. Para lo más nimio que se inauguraba, se descubrían placas de bronce.

         El gabinete se reformó substancialmente en 1956. El 16 de mayo, Edgar Ynsfran era designado Ministro del Interior,   en reemplazo de Romero Pereira, Presidente del Partido, para quien se estaba formando un Ministerio sin cartera, que fue creado el 6 de junio, y cuya titularidad ocupó. Como Jefe de Policía fue nombrado el Teniente Coronel de Caballería Ramón Duarte Vera, la reestructuración, confirmada el 17 de mayo, hizo que el segundo gabinete de Stroessner quedara así constituido: en Hacienda, César Barrientos; Agricultura y Ganadería, Martin Cuevas; Industria y Comercio, Fabio Da Silva; Obras Públicas y Comunicaciones, Mario Coscia Tavarozzi; Defensa Nacional, Marcial Samaniego; Justicia y Trabajo, Ezequiel González Alsina; Educación, Raúl Peña; Salud, Enrique Zacarías Arza, a más de Ynsfrán. Tres eran los ministros militares, un número que casi siempre asignó Stroessner en sus gabinetes para los hombres de uniforme. Un hecho llamativo a partir de entonces fue que todos los Ministros de Interior serían civiles, en tanto que los Jefes de policía serian militares en actividad. Esto hace suponer que el titular del Ejecutivo y Comandante en Jefe, tiene la posibilidad de dirigirse directamente, como subordinado suyo, al Jefe de Policía, pasando por encima de la autoridad del Ministro del Interior, de quien aquel depende orgánicamente.

         El 4 de noviembre de 1956 el gobierno consiguió abortar una vasta conspiración liberal, quizá la mejor preparada y organizada de todas, desde la Argentina. Con los años, varios fueron,  hasta 1963, los intentos violentos por poner fin a los gobiernos de Alfredo Stroessner, sin excluir la escisión colorada de 1959, provocada por disidencias internas. Mucha gente pagó con la vida esos afanes, frecuentes en la historia paraguaya hasta 1947. En 1963 comenzó otra época, cuando un sector minoritario del viejo Partido Liberal se presentó a las elecciones contra el Partido Colorado. De esto también ha transcurrido ya un cuarto de siglo y los papeles norteamericanos -como los brasileños y argentinos, si éstos alguna vez se abrieran a los investigadores-,  podrían mostrarnos, como en el caso de este libro, la forma como se juzgó y observó la situación, para poner en nuestras manos otras piezas más de consulta sobre periodos conflictivos de nuestro pasado.

         Periodistas e historiadores acostumbran preguntarse cómo Stroessner consiguió sostenerse en el poder tantos años. El propio interesado le dio la respuesta,    en 1981, a una periodista chilena diciéndole que estaba en el cargo más que por sus propias virtudes, por lo errores de sus adversarios. Para este tipo de interrogantes hay un número indeterminado de respuestas, tantas como años lleva aquel observando la bahía de Asunción. Stroessner supo, en siete lustros, mantener atomizada a la oposición y satisfechos a sus partidarios. La propia oposición, al no haberse unido en tanto tiempo, permitió la prolongación indefinida de sus mandatos, cayendo una y otra vez en tretas y trucos tendidos por el gobierno, el que por un lado le otorgaba cierta libertad, para retirársela a su arbitrio cuando quería.   

         Para medir, finalmente, la validez de los análisis contenidos en los informes norteamericanos, basta recordar lo expresado el 5 de agosto de 1954 por el Encargado de Negocios de la Embajada de los Unidos en Asunción;          David M. Maynard y transcripto en el anterior volumen. Decía Maynard: "Es probable que con el General Stroessner como Presidente, surgirá una dictadura militar, pero es también posible que bajo esa dictadura militar habrá más libertad política, en el sentido generalmente aceptado de dicho término, que la que hubo en el Paraguay durante los últimos años".13 Si nos remitimos al periodo 1947-54, en que había ninguna libertad política, y al mismo tiempo pensamos en 1988, Maynard había intuido, con bastante claridad, lo que habría de ocurrir en el Paraguay de las décadas futuras.

 

         Alfredo M. Seiferheld

         Asunción, febrero de 1988

 

 

(*) Este relato apareció publicado en la revista del diario ABC Color del 30 de mayo de 1982.  Días más tarde Sánchez Quell nos refirió haber tenido una audiencia con el Presidente Stroessner, ocasión en la cual éste negó rotundamente tal versión. Desde entonces, dio a entender Sánchez Quell, Stroessner dejó de ser para él, el hombre de antes.

(**) Increíblemente -suponemos que por un descuido-,  este párrafo fue reproducido en 1979 por la Subsecretaria de Informaciones y Cultura de la Presidencias a cargo de Aníbal Fernández, en un primer volumen que contiene mensajes y discursos de Stroessner en el curso de sus primeros 25 años de gobierno.11

 

 

CITAS

 

1)      Seiferheld,  Alfredo M.y De Tone,José Luis, La caída de Federico Chaves. Una visión documental norteamericana, Editorial Histórica, Asunción, 1987, 140 pp.

2)      Arditi, Benjamín, Participación o abstención. Poder y legitimidad (II), en “Última Hora”, Correo Semanal, Asunción, 7 de noviembre de 1987, p. 13

3)      Carta de Leopoldo Ostertag a Alfredo M. Seiferheld, Curitiba, 5 de agosto de 1937

4)      Seiferheld, Alfredo M., Conversaciones político-Militares. Vol. III, colección Testimonios, Asunci6n, 1986, p. 108

5)      Suss, Martin, telegrama a la Junta de Gobierno del Partido Colorado, en “Patria”, Asunción, 9 de agosto de 1987

6)      Brítez, Edwin, Reportaje a Epifanio Méndez Fleitas. Archivo diario “ABC Color”

7)      Duré Franco, Sixto, La revolución de 1947 y otros recuerdos, Editorial Histórica, Asunción, 1987, p. 112.

8)      Seiferheld, Alfredo M., Conversaciones político-militares. Vol. III, cit., pp. 108/09.

9)      Méndez Fleitas, Epifanio, Diagnosis Paraguaya, Buenos Aires, 1965, p. 338.

10)    Nunca más, Informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, CONADEP, 6ª. edición, EUDEBA, Buenos Aires, 1984, pp. 490.

11)    Mensajes y discursos del Excmo. Señor Presidente de la República del Paraguay, Gral. de Ejército Don Alfredo Stroessner, mayo de 1954-diciembre de 1959, Subsecretaria de Informaciones y Cultura de la Presidencia de la República, Industrial Gráfica Comuneros S.A., Asunción, 1979, p. 143

12)    Rodriguez, Josñe Carlos, El nuevo rostro de América, en “Última Hora”, Correo Semanal, Asunción, 3 de octubre de 1987, p. 6.

13)    Seiferheld, Alfredo M. y De Tone, José Luis, La caída de Federico Claves, cit., p. 128

 

 

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