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ALFREDO M. SEIFERHELD R.


  ECONOMÍA Y PETROLEO DURANTE LA GUERRA DEL CHACO, 1983 - Por ALFREDO M. SEIFERHELD


ECONOMÍA Y PETROLEO DURANTE LA GUERRA DEL CHACO, 1983 - Por ALFREDO M. SEIFERHELD

ECONOMÍA Y PETRÓLEO DURANTE LA GUERRA DEL CHACO

APUNTES PARA UNA HISTORIA ECONÓMICA DEL

CONFLICTO PARAGUAYO-BOLIVIANO

Por ALFREDO M. SEIFERHELD

Editorial EL LECTOR,

Asunción-Paraguay 1983 (535 páginas)

 

"El petróleo en la cuestión del Chaco es un factor muy importante. Existe la más fundada sospecha de que la guerra del Chaco fue causada por la necesidad de dar salida a los productos por un oleoducto exclusivamente controlado por la Standard Oil". (De un memorándum confidencial pasado por el presidente paraguayo Dr. Eusebio Ayala al ministro en Buenos Aires Dr. Vicente Rivarola a finales de octubre de 1934).

 

 

 

PRÓLOGO

 

         ECONÓMIA Y PETROLEO DURANTE LA GUERRA DEL CHACO escrita con fluidez, método y objetividad es un gran aporte a la cultura paraguaya.

         Su autor Alfredo M. Seiferheld, nos entrega otra obra de trascendencia bibliográfica. Espíritu investigador, temperamento en equilibrio, visión clara de analista  y sólida formación intelectual consagran a una joven personalidad académica.

         Mucho se ha escrito sobre la guerra del Chaco, pero hasta la aparición de este libro no se ha estudiado con tanta seriedad el alcance y la motivación económica de esa tragedia americana.

         El autor parte de las caracterizaciones estructurales de dos pueblos mediterráneos. Nos         presenta al mestizo y criollo paraguayos con sus virtudes y defectos, al quechua y aymará, aborígenes que conforman el ochenta por ciento de la población boliviana, en su penosa situación socio-económica.

         El hombre necesita de estímulos, sean éstos orgánicos o psicológicos. Cuando faltan esos estímulos el ser humano se ve disminuido en sus facultades.

         Los grandes pensadores han insistido: “Si queréis una humanidad realizada, dadle amor y proteínas”.

         La alimentación inadecuada y el trato inhumano desatan y precipitan las reacciones de los humillados.

         El mestizo y criollo paraguayos registran indicadores favorables que a la hora de la definición en el campo de Marte harán sonar el clarín victorioso de las armas paraguayas.

         Mientras el soldado compatriota era tratado con espíritu comunitario por sus jefes, los combatientes del altiplano acusaban el rigor del despotismo de sus oficiales criollos.

         En las líneas paraguayas se sentía confianza, estaban imbuidos sus protagonistas de la fe en el triunfo. La patria constituía no un simple valor abstracto, era el ideal supremo generado en la honrosa tradición libertaria de los Comuneros, en el holocausto de sus niños mártires, en la santa pasión de sus mujeres y en la llama votiva de Cerro Corá.

         La estructura económica del Paraguay al iniciarse la guerra del Chaco se cimentaba en algunos rubros agrícolas, en la ganadería y en las industrias tanineras del Alto Paraguay. Su Balanza de Pagos con relación a Bolivia registraba cifras inferiores.

         La economía de Bolivia depende aún de sus minas. El estaño y el petróleo son sus principales rubros de producción. La agricultura incipiente.

         Dos pueblos sub desarrollados que requerían la comprensión y el apoyo de las organizaciones políticas y financieras de naciones ricas, fueron sin embargo desatendidas para convertirse en un importante mercado de armas y de intereses imperialistas.

         Uno de los primeros paraguayos no protagonista en escribir sobre la guerra del Chaco es Alfredo M. Seiferheld. Nos presenta con atildado estilo una visión diferente de esa conflagración insensata entre países hermanos.

         El esfuerzo económico de la nación, durante la guerra, fue un factor positivo en beneficio del ejército paraguayo.

         Consciente de la importancia decisiva del apoyo logístico en la contienda el Senador Nacional Dr. Francisco C. Chaves, en una sesión Parlamentaria del mes de julio de 1921, expresaba cuanto sigue. “Hoy día no sólo se defiende a la    patria con el arma al hombro, se la defiende también solucionando el problema de la subsistencia mientras el ejército pelea. Es necesario que hayan otros que trabajen la tierra con la misión nobilísima de proporcionarle alimentos, ropas, etc. El ejército que no tenga todos los elementos necesarios no puede constituir fuerza invencible”.

         En la retaguardia asumieron la responsabilidad de producir, heroicas mujeres, niños, y esforzados ancianos que hicieron el milagro de duplicar nuestra producción algodonera y mantener un nivel óptimo en la cosecha de otros rubros. Es que el pueblo estaba motivado. La tesis de que el Chaco era paraguayo nunca        fue puesta en duda. En las escuelas, en los colegios, en la universidad, en los talleres, en las chacras y en los cuarteles se afirmaba con convicción plena acerca de ese legítimo derecho.

         Los abogados de la patria como el talentoso Blas Garay, el erudito Manuel Domínguez, el maestro Cecilio Báez, el sociólogo Ignacio A. Pane, el vehemente Juan E. O’Leary, el historiador Fulgencio R. Moreno, el jurista Teodosio González, el estudioso Alejandro Audibert, el tribuno Adriano Irala y el previsor Luis A. Riart, prepararon psicológicamente al pueblo paraguayo para el gran sacrificio. Los alegatos de Benjamín Aceval y Juan Cancio Flecha acerca de los derechos del Paraguay sobre el Chaco, sumados a los aportes de Antolín Irala, Juan León Mallorquín, Gerónimo Zubizarreta, Enrique Bordenave, J. Isidro Ramírez y Juan Stefanich constituyeron piezas de gran valor jurídico.

         Los arsenales al mando del severo Ingeniero Capitán José A. Bozzano movilizaron la industria bélica durante las veinticuatro horas. El ejemplo de su director comprometió el honor de los reservistas de retaguardia. A este respecto podemos afirmar que la victoria de Nanawa en julio de 1933, como otras, fue posible por el aprovisionamiento oportuno de las granadas de mano fabricadas e nuestros arsenales.

         Valoramos la obra del académico Alfredo M. Seiferheld porque hurga en un campo aún no tratado. Bien sabemos que los libros sobre el desarrollo de la campaña guerrera cuentan con una abundante bibliografía. La cuestión, diplomática fue puesta a juicio de los lectores con las memorias de Vicente Rivarola y últimamente con la correspondencia entre el Dr. Rivarola y el Dr. Eusebio Ayala, entonces Presidente de la República del Paraguay.

         El deshonesto juego de la empresa Standard Oil fue acusado por el Senador americano H. Long, quien denunciaba que la citada empresa petrolera corrompía a altos funcionarios bolivianos incitándolos a ir a la guerra contra el Paraguay.

         El autor de este libro, con mucha responsabilidad, acopia datos documentados en los cuales se encuentra la mejor pista acerca de las causas de ese inicuo crimen social que es la guerra.

         El Senador Huey Long, hombre leal, llamó a la conciencia de sus pares a fin de interferir las maniobras dolosas de los petroleros afectados, quienes al financiar la guerra a Bolivia esperaban el gran negocio de explotar millones de acres de territorio paraguayo, parte de ellos ayer reconocidos en un laudo por el Presidente norteamericano Rutherford B. Hayes, como propiedad plena del Paraguay.

         Después de la Revolución de 1922/1923 el estadista Eligio Ayala concedió prioridad a la defensa nacional. El país con escuálidos recursos y sin crédito tuvo que afectar una buena parte de su presupuesto a la preparación del ejército. Los episodios de fortín "Sorpresa" con la trágica desaparición del apuesto Teniente Adolfo Rojas Silva hizo apresurar los preparativos bélicos. Corríamos contra reloj.

         El Dr. Eligio Ayala tuvo que luchar contra la imprevisión de sus antecesores y contra un enemigo tenaz vinculado a los grandes centros financieros del oro negro.

         Para triunfar en una guerra se requieren medíos económicos, conducción financiera y diplomática, alta estrategia militar y un pueblo con sólida moral.

         Si bien el Paraguay estaba en franca desventaja respecto de Bolivia en cuanto a medios económicos, podemos afirmar que la conducción financiera a cargo del Presidente Eusebio Ayala fue ajustada a nuestra realidad, la conducción militar con el General José Félix Estigarribia fue acertada; hombre de pueblo, Oficial en Francia, combatiente en varias revoluciones, estaba preparado para la gran responsabilidad. El Conductor Estigarribia organizó un Estado Mayor de grandes Jefes y movilizó oficiales capaces y con cualidades innatas para la conducción. El valer del soldado paraguayo se encargaría de las otras etapas victoriosas.

         El autor reconoce a la historia su trascendencia científica. Subalternizar hechos pretéritos que se dieron como tales con algún fin predeterminado, desechando las fuentes naturales de estudio, no es hacer historia, sino hacer novela. Sus etapas, de fuentes de "crítica" o análisis y selección del material, de "síntesis" u ordenamiento y de ‘exposición’, no pueden ser soslayadas si se persigue un resultado en concordancia con la disciplina y el rigor requeridos.

         Errores y aciertos se cometieron y se anotaron en la conducción político-militar de la guerra del Chaco. El momento del cese de las hostilidades, afirma el historiador Seiferheld, arroja un balance favorable para el Paraguay con respecto a Bolivia. Nuestras tropas se hallaban situadas cerca de los contrafuertes andinos y nuestra producción agrícola superando las cifras logradas en tiempos de preguerra.

         Entre las causas que confluyeron a desatar la tormenta en el cielo Boreal pueden citarse: 1°) la expansión territorial a que aspiraba Bolivia para obtener una salida sobre el Río Paraguay que así la uniría al Atlántico, 2°) los intereses creados de la Standard Oil que a través de políticos y militares del Altiplano procuraban asegurarse la cuenca petrolífera del Chaco, y 3°) la agresividad de los altos mandos bolivianos.

         Un nacionalismo geográfico con pretensiones anexionistas, estimuló a mandatarios y jefes militares a desatar esa cruenta guerra. Inexplicable bajo todo punto de vista ya que Bolivia estaba en posesión de un extenso territorio sin ocupación, y el índice de civilización de sus habitantes inferior al Paraguay.

         Ese nacionalismo hipertrófico creó una gran empresa militar, con cuantiosos empréstitos guerreros, y militares extranjeros contratados a un alto costo.

         Como segunda causa anotamos la tiranía del capitalismo extranjero, con olor a petróleo.

         Esa ideología imperialista basada en la escuela filosófica de Hegel obnubiló a los dirigentes del Altiplano. Baste recordar las soberbias afirmaciones de los Salamanca, Saavedra, Guachalla y otros que exhortaban a su pueblo en estos términos. "Hay que dejarnos del embrollo de los títulos y cédulas reales, y lo que hay que hacer, es fundar fortín sobre fortín, hasta llegar al Río Paraguay".

         “Nuestros derechos irán hasta donde lleguen nuestras fuerzas”

         “Hay que pisar fuerte en el Chaco”

         “Hay que polonizar al Paraguay”

         El oro negro era uno de los factores múltiples del guerrerismo boliviano.

         Esa mutilación moral signaba a todo un pueblo bajo la tiranía interna y externa.

         Por último el belicismo de políticos y jefes militares, con sueños de gloria, insolentes y enfermos de vanidad, arrastró a su nación a la guerra.

         El pacifismo paraguayo se reflejaba en el pensamiento de su pueblo, que aspiraba a una solución jurídica del problema. Pero cuando la soberbia del guerrerista Salamanca y sus seguidores nos llamó a concurrir al campo de Marte, afloraron a plenitud las virtudes del pueblo paraguayo.

         La guerra predica el culto a la violencia, y los pueblos sometidos a la violencia son siempre esclavos.

         El Gobierno del Paraguay, en un histórico documento con fecha 15 de setiembre de 1932 determinó las bases de una paz sobre fórmulas equitativas y jurídicas. Así, proponía el cese inmediato de las hostilidades, la desmilitarización del Chaco, la desmovilización y el arbitraje. Si Bolivia quiere la paz, decía, “no hay razones para mantener tropas en el interior del Chaco”.

         La propuesta una vez más fue rechazada. El territorio Boreal se llenó de cadáveres con 30.000 paraguayos y 62.000 bolivianos; tributo de dos pueblos inocentes llevados a la hoguera por la megalomanía y la codicia de aprovechados traficantes que veían en el dinero el fin de la vida y no un simple medio de valoración económica.

         Al término de tres años de guerra, Paraguay y Bolivia quedaron exhaustos. En lo político, la inestabilidad en sus gobiernos, con golpes, asonadas y revoluciones.

         En lo económico, una aguda crisis. El presupuesto boliviano presionado por las deudas externas contraídas para financiar la guerra.

         La producción distraída en gran parte para la destrucción.

         Muchas fábricas ociosas y extensiones de tierra feraz sin cultivo.

         La miseria, el luto, la mutilación, la orfandad, las epidemias y el desequilibrio, son siempre la consecuencia inmisericorde del cruce de armas.

         La post guerra desencadenó la anarquía política con su quiebra institucional. La depresión económica fue manifiesta y la crisis moral desvió conciencias.

         Este libro nos ilustra con sus informaciones documentadas y nos deja mensajes para la noble reflexión. Su contenido es denso y armonioso.

         Congratúlome en prologar las páginas de esta obra que, en su contexto, desarrolla brillantemente el estudio de uno de los capítulos más apasionantes de la guerra del Chaco.

         Que la justicia, la paz y la libertad rediman por siempre a Paraguay y Bolivia.

 

MIGUEL ÁNGEL PANGRAZIO

 

 

ÍNDICE

PROLOGO

INTRODUCCIÓN

I - ECONOMIA Y FINANZAS EN EL PARAGUAY DE PREGUERRA

·         Presidencia Constitucional de Eligio Ayala (1924-1928)

·         Adquisición planificada de armamentos

·         Los años de transición: gobierno de José P. Guggiari (1928-1932)

II - SOCIEDAD Y ECONOMIA BOLIVIANAS EN VISPERAS DEL CONFLICTO DEL CHACO

·         Política y economía bolivianas de preguerra

·         Presidencia del doctor Daniel Salamanca

·         Penetración en el Chaco y armamentismo boliviano

·         Apéndice documental

III - CONDUCCIÓN ECONÓMICA DEL CONFLICTO

·         El territorio en disputa

·         Los mennonitas en el Chaco paraguayo

·         Movilización total en el Paraguay; movilización parcial en Bolivia

·         Eficacia del aparato productivo paraguayo. La Dirección General de Economía y Abastecimiento

·         Impacto de la agricultura en la economía paraguaya

·         Los altibajos de la ganadería

·         La industria nacional

·         La Junta Nacional de Aprovisionamiento

·         La Junta Nacional de Auxilios del Paraguay

·         La retaguardia en el Paraguay

·         Dificultades financieras en el Paraguay

·         Colectas de oro en el Paraguay

·         Economía de guerra en Bolivia

·         Alimentación y paga del soldado paraguayo

·         Abastecimiento al soldado boliviano

·         La ayuda económica argentina al Paraguay

·         Préstamos en efectivo

·         La compañía "Carlos Casado Limitada"

·         Movimientos de comestibles a través de la frontera argentina del Pilcomayo

·         Ocupación argentina de territorio paraguayo

·         Cooperación chileno-peruana con Bolivia

·         Comercio exterior paraguayo durante la guerra

·         Creación del Ministerio de Economía en el Paraguay

·         Los prisioneros de guerra

·         El fin de la guerra y las economías exhaustas

IV - EL PETROLEO Y EL LITIGIO DEL CHACO

Concesiones bolivianas a la Standard Oil

Presencia de la Royal Dutch Shell en el Paraguay

Deslealtades de la Standard Oil en Bolivia

El oleoducto por territorio argentino; el río Paraguay

Aprovisionamiento de combustibles al Paraguay

El carburante nacional

Aprovisionamiento de combustibles en Bolivia

El petróleo y la guerra del Chaco: Denuncias del Senador Huey Long

El petróleo en la posguerra

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

         Dos países pobres, sufridos y mediterráneos de Sudamérica se vieron enfrentados de 1932 a 1935 en lo que el Dr. Eusebio Ayala calificara en un momento de ofuscación y fastidio de `guerra estúpida': Paraguay y Bolivia, con una inmensa frontera desértica, sangraron por las venas de sus pueblos que luchaban por tierra sin tener tierra. El humilde agricultor paraguayo, parasitado y sin buena alimentación, se convirtió en soldado trocando sus rudimentos de labranza por el fusil. En Bolivia, el indio quechua y aymará y el minero expoliado secularmente, bajaron a un territorio del cual ninguna noción tenían. Ambos se enfrentaron sin odios, sin conocerse.

         El soldado boliviano que no había poseído nunca tierra, era compelido a luchar por algo que le era tan extraño como el concepto de frontera. "¿Quién podía exigirles patriotismo a esos hombres salidos de las fincas donde vivían sometidos a instituciones que provenían de la colonia -se interroga el boliviano Mariano Baptista Gumucio-, sin retoque alguno, semi-esclavizados, ajenos no solamente a la cultura impresa, sino incluso al idioma oficial del país? Cuando algún oficial de buena voluntad trataba de inculcar en los flamantes soldados, la obligación que tenían de defender su tierra, no faltaba alguno que con lógica aplastante le contestaba en tartajeante español que ellos no tenían tierra, que la tierra era de los patrones y que por tanto aquéllos debían ocuparse de defenderla, si tanto la querían”. 1

         En el Paraguay, a su tumo, el Chaco era un territorio inhóspito y desconocido. Grandes empresas latifundistas de capital extranjero ostentaban la propiedad de miles de leguas cuadradas, generalmente en forma rectangular, con muchos kilómetros de costa sobre el río Paraguay. Para algunos, la lucha con Bolivia se desarrollaría inevitablemente "en el patio de los Casado"; en alusión a la principal propietaria de aquellos dominios, tan sólo históricamente conocidos.

         Las apetencias de las incipientes empresas petroleras norteamericanas que detectaron el aceite de las piedras en el Chaco, forzaron también indirectamente a una definición sobre el territorio en litigio. Para Bolivia y su diplomacia, que había obtenido éxitos truncos en las negociaciones sobre la cuestión, el problema era esencialmente territorial. Para el Paraguay, se trataba de una cuestión de límites; definir hasta dónde iban sus linderos Norte de aquel inmenso triángulo comprendido entre los ríos Paraguay, Pilcomayo y Parapití.

         La oligarquía taninero-ganadera del Paraguay y los barones del estaño en Bolivia, empujados ahora por los hallazgos petrolíferos, se vieron enfrentados en una lucha de intereses, sin por ello dejar de desconocer, por lo menos en punto al Paraguay, un verdadero sentido de identificación patriótica con relación al territorio del Chaco, sobre cuya posesión secular venía enseñándose en las escuelas de toda la república.

         La guerra, estallada en 1932, que pareció concluiría en negociaciones de paz allende las fronteras, se prolongó por tres largos años. A su término, profundas transformaciones políticas se dieron en ambos países, que resultaron aún más empobrecidos tras el conflicto. Pero con una diferencia sustancial: el Paraguay quedaba ocupando la mayor parte de su territorio en disputa, reteniendo una gran extensión del mismo cuando concluyeron las negociaciones de paz en 1938 en Buenos Aires. Para el Paraguay, así, por encima de los sufrimientos de la guerra, ella fue favorable en sus resultados; El Chaco, incorporado definitivamente a su suelo era, en amplitud, mucho mayor que toda la mesopotamia que poseía, y es hoy su más valiosa reserva.

         Pero la guerra no se hizo solamente en el frente. El funcionamiento de ambas economías, fue trascendente en sus diversos aspectos y derivaciones para el éxito o el fracaso final de las operaciones bélicas. Este tema, sorpresivamente soslayado por historiadores, economistas y protagonistas de la guerra, especialmente paraguayos, movió en su trasfondo todos los engranajes de la maquinaria militar montada en el Chaco Boreal.

         Detrás de cada combatiente existía una madre, una hermana, una hija, una novia, muchas de ellas convertidas en viudas y huérfanas. Detrás de cada soldado vestido de caqui o de verde-olivo existía un complemento económico que permitía su movilización y su supervivencia en condiciones penosas las más de las veces, en aquel agresivo territorio. Ambos soldados fueron a la guerra salidos de minas y capueras, de valles llanos y de regiones montañosas, del calor y del frío. Ambos eran hermanos de raza americana, pero extraños separados por miles de kilómetros y miles de penurias. "Sereno, impenetrable, de sensibilidad embotada, falto de conocimientos geográficos hasta la total ignorancia -pinta al soldado boliviano su compatriota el TCnel. Carlos Soria Galvarro-, esclavizado, subyugado por el patrón, por el soez mando del corregidor... ¿qué podrá saber de lo que era la guerra con el Paraguay? Fue arrancado de su pasividad primitiva y conducido a los cuarteles para cambiar su rudimentaria vestimenta por el uniforme de soldado... Más por sumisión que por convencimiento se improvisó miliciano y venció enfermedades, luchó contra alimañas y pudo llegar frente a un enemigo a quien no conocía ni le guardaba odio ni rencor... ".2

         “En los rostros escuálidos y sucios de mis camaradas -escribe por su parte el entonces universitario paraguayo Arnaldo Valdovinos- adivino la angustia de esta interrogante: ¿Por qué sufrimos el castigo de esta guerra que no queremos, que no la quisimos, que no pudimos quererla nunca?”. Y refiriéndose a los miles de compatriotas que buscaron sustento allende las fronteras antes del conflicto, "para ir a buscar en la generosidad de otros horizontes un refugio a sus inquietudes y a su pobreza", Valdovinos concluye afirmando: "Y son estos mismos hombres que no encontraron hospitalidad en su propia tierra los que ahora volvieron del exilio forzoso para ofrecer el sacrificio supremo de sus vidas a la Patria que les fue hostil e ingrata. Ellos no tienen hogares que defender. Estas tierras en las que han venido a cavar trincheras para salvar al Paraguay, con la masculinidad de sus esfuerzos, de la audacia imperialista, son explotadas hasta hoy por la más insensible casta de terratenientes que pueda imaginarse. El Chaco es paraguayo. Pero de la explotación de la mayor parte de sus riquezas no se beneficia el paraguayo".3

         El soldado paraguayo también concurrió al Chaco sin conocer al que sería su adversario, De todos los países vecinos, de quien menos se sabía era del boliviano. De los yerbales del Norte a los campos de cultivo y pastoreo del Sur, del Este al Oeste de su tierra ubérrima, el paraguayo abandonó su labrantío, para vestir el uniforme. "Vestuario y equipo; eran bastante más que pasables, escribe el TCnel. Antonio E. González. Pantalones y blusas brin verde olivo o azul o negro con listas o teñidos de verde con anilina. Bolsas de munición y de víveres de loneta, de tamaño diverso. Gorra o sombrero. Cinturón de cuero curtido o crudo, de tropa o civil. Zapato de cuartel o particular. Caramañola de lata, de latón, de guampa de vacuno, de aluminio, o una simple lata de aceite vacía. Manta negra o color "beige "' o tejida a mano o poncho. En fin, cada soldado tentó mucho más de lo que nadie jamás soñó que podía dársele. Con este arsenal, 200 cartuchos, su ración de yerba; su bombilla, su guitarra, su machete y su buen humor inagotable, el campesino guaraní se sentía el primer soldado del mundo". 4

         Pero por encima de la realidad palpable, que ambos pueblos entendían suya, hacía su aparición un nuevo elemento, llamado a convertirse en el más importante factor de poder económico del siglo XX: el petróleo. Descubierto el líquido vital en Bolivia, este país concedía en exploración y explotación a la Standard Oíl una extensión de tres millones de hectáreas en los departamentos de Santa Cruz, Chuquisaca, El Beni, La Paz y Tarija. Corría el año 1920 y el problema entorno del Chaco seguía latente. La presencia de petróleo en Tarija, territorio vecino al Chaco en disputa, hizo incrementar los afanes de disputa por una geografía que ya no era el viejo desierto que nadie osaba hollar.

         Acaso no haya sido el petróleo el factor más gravitante o el único desencadenante del conflicto en 1932, pero sus raíces subterráneas añadieron su cuota a la chispa que encendió la hoguera en junio de 1932. En pleno conflicto, muchas mentes lúcidas vieron la inocultable trascendencia del petróleo. El entonces Arzobispo del Paraguay Monseñor Juan Sinforiano Bogarín, que llevaba poco más de 40 años como cabeza eclesiástica nacional, escribía el 3 de enero de 1935 al Dr. José P. Guggiari, ex-presidente de la República, sobre la necesidad de que se conozca a fondo el tema del petróleo. "Creemos, le advertía Bogarín, que alguna vez terminará esta inicua guerra y que se empezará el trabajo de la reconstrucción del país para recubrir las grandes grietas abiertas en la economía nacional. Ahora bien, como se afirma que en el Chaco -regado hoy con tanta sangre paraguaya- existen yacimientos petrolíferos, posiblemente se pensará en su explotación ya que ese líquido constituirá una importante arteria de nuestra riqueza. Por eso, es necesario meditar a tiempo, en la forma en que será más conveniente encarar el magno problema de la explotación del petróleo a fin de no incurrir en los engaños y errores en qué han caído otros países, y evitar para el nuestro los graves como irremediables males que pueden ocasionamos la imprevisión y la ligereza con que se proceda en esta cuestión". (*)

         No siempre, desgraciadamente, la historia ha sido comprendida como lo que debiera ser: la exposición objetiva de los hechos, tal como ellos ocurrieron en un momento determinado, sin intención de enmendar el pasado o de ceñirlo a requerimientos presentes, sean éstos dogmáticos, políticos, económicos, etc. En dicho contexto, es de admitir que importantes etapas de la historia de nuestras naciones del continente han sufrido mutaciones por efecto de las palabras con que fueron narradas. Todo esto ha conspirado hacia un reencuentro fraterno de nuestros pueblos, cada uno de los cuales estudia su historia y no la historia. El campo de la guerra del Chaco y sus muchos aspectos aún poco dilucidados se han prestado -y se siguen prestando- a interpretaciones tanto antojadizas como subjetivas, en disonancia con lo que se pretende al exponer los hechos históricos que, sabido es, se dan solamente una vez y en un momento determinado, no repitiéndose nunca más como tales.

         Ellos son, por tanto y en abstracto, universales cuando se “re-crean” por la mano del historiador que pesquisa. La historia es así, una disciplina que tiene, como toda ciencia, sus métodos, es decir, sus caminos apropiados para que el investigador ponga en presente un hecho pasado. Subalternizar hechos pretéritos que se dieron como tales, con algún fin predeterminado, desechando las fuentes naturales de estudio, no es hacer historia, sino hacer novela. Traer a colación situaciones de un pasado mediato o inmediato, discriminando las fuentes, sin importar si aquéllas fueron o no refutadas, si otras fueron o no consideradas, si encierran una verdad o no la encierran, esclavizándolas a fin de llegar a la conclusión deseada, no es hacer historia sino hacer ficción, y no significa arrojar luz sobre un hecho pasado, sino ensombrecerlo.

         Nunca estará de más referir que la disciplina histórica no permite ignorar sus pasos obligados si se pretende comulgar con la verdad, objetivo final y único de toda investigación. Sus etapas de  “heurística” o de fuentes, de "crítica" o análisis y selección del material, de "síntesis" u ordenamiento y de “exposición”; no pueden ser soslayadas si se persigue un resultado acorde con el rigor requerido. Quien intente hacer una historia subalternizada o interesada, no tiene sino que pasar de la "heurística" a la "exposición", pero no estará haciendo historia. Tiempo es que desterremos pues también nosotros el prejuicio de que historia puede hacerla y enseñarla cualquiera -abogado, economista, médico, bachiller o ingeniero- por el sólo hecho de haber leído algo de ella.

         Por lo demás, en nuestro país la narración histórica ha quedado a menudo a cargo de políticos u hombres que no han visto siempre tales acaeceres desde ángulos objetivos, sin permitir por ello muchas veces -sobre todo cuando se era historiador y protagonista a la vez- que lo pasado se explique en función de los colores que realmente tuvieron, y no de los colores hacia los cuales aquéllos eran más sensibles. La guerra del Chaco ha sido una jornada de sangre y sufrimiento sobre la cual se ha escrito mucho y poco: mucho en lo militar y poco en la interpretación analítica y desapasionada de sus causas. Algunos sugieren que debe esperarse la desaparición física de todos sus protagonistas para hacerla más verídica. No lo entendemos así. Muchos de sus actores pueden contribuir a hacerla más o menos verosímil con su testimonio o con su silencio.

         La realidad histórica, en su contenido último, es, en esencia, intergiversable; sale a luz aunque se le cierren todos los caminos, aunque quede en abstracto, aunque nunca haya sido recreada. Errores y aciertos se cometieron en la conducción político-militar de la guerra del Chaco, tanto por parte paraguaya como boliviana. Sin embargo, la incontrastable realidad de la situación al cese de las hostilidades el 14 de junio de 1935 arrojaba un balance favorable para el Paraguay. Sus aciertos debieron haber sido mayores que sus errores, y viceversa para el país adversario. Los errores paraguayos, que los hubo, deben así ser juzgados como tales, pero sin buscarles otras razones que las puramente humanas, sin ver al equivocado a través de un color o de una ideología. Lo mismo vale para los aciertos, frutos de un esfuerzo mancomunado de todo el pueblo. La historia, como casi todas sus verdades, es mucho más simple de lo que equivocada, aunque honestamente, se supone.

         Acaso resulte inoportuno adelantar aquí algunos aspectos de la economía nacional durante el conflicto, nervio motor que, en última instancia, hizo posible la victoria. Pero existen razones que por sí solas se imponen. Una de ellas es que en el Paraguay, en los años de guerra, la producción agrícola, a la cual se abocaron decenas de miles de mujeres campesinas, superó las cifras logradas en tiempos de preguerra. Productos y subproductos existían si no en abundancia, en cantidad suficiente para cubrir las necesidades del frente. Que ello no se haya materializado en muchas ocasiones, es un problema que merece una consideración especial. Hubo incluso alguna escuela de la república en la cual, en tiempos de guerra, sus niños jugaban "guerrilla" con galletas. Esta afirmación, que puede entenderse episódica, no significaba que tales alimentos se desperdiciaban, sino que ellos existían sin ser el Paraguay productor de trigo. El Dr. Manuel Bedoya, hombre probo que ejerció la presidencia de la Junta Nacional de Aprovisionamiento durante gran parte de la guerra, señala que las necesidades del Ejército nunca fueron pospuestas por la Junta a intereses particulares o a influencias o razones que no fueran las que la patria requería en esos momentos de peligro colectivo. Y es por eso que nunca le faltó al soldado su locro, su galleta, su azúcar y mucho menos podría faltarle su yerba...” 5 Esta opinión si bien no corresponde en un toda a la realidad teniendo en cuenta las muchas necesidades del soldado en el frente, explica por su parte el espíritu que animaba a la retaguardia para proveerlo en sus requerimientos físicos, el cual no decayó en momento alguno.

         Las guerras registran siempre una causa económica entre las muchas que les dan origen. La voluntad boliviana por acceder a un puerto sobre el río Paraguay es hoy admitida como válida para explicar en gran medida el fenómeno de la guerra del Chaco. A ésta se sumaron varias otras, cuya gravitación iba de la mano con los vaivenes de la política interna del Altiplano. Al poco tiempo de estallar la del Chaco, al frente del gobierno paraguayo se hallaba un financista; al frente del de Bolivia un político de parecidas inclinaciones, autor del libro “La teoría del valor”, pero falto del necesario equilibrio emocional. Y mientras Eusebio Ayala concibió la guerra aplicando muchas de cualidades de un gerente comercial -había sido abogado y gerente de una empresa extranjera en él Paraguay y su único libro "Temas monetarios y afines" delataba una de sus principales inclinaciones- Daniel Salamanca debió vérselas con conflictos de política interna en un país que nunca se unió para concentrar los esfuerzos hacia la guerra. De tal suerte, en 1932 se enfrentaban dos hombres públicos de moral, ambos con estudios de especialización en temas económicos. Pero mientras Salamanca vivía las constantes discordias, y era esclavo de sus propios ímpetus, la economía y sus manejos no salieron de las manos de don Eusebio durante la guerra. Este hombre hizo en alguna medida las veces de Ministro de Relaciones Exteriores, de Hacienda y de Economía, sin por ello dejar de reconocer el capital humano de los hombres que cubrían las respectivas secretarías de Estado.

         Y así, mientras en el Paraguay la conciencia era plena y efectiva sobre la pertenencia del Chaco Boreal -de ahí la movilización total- en Bolivia muchos entendieron aquélla como una guerra colonialista, en el sentido del descubrimiento de un territorio tan contrastante con la majestuosa geografía del Altiplano. Con el correr de los meses, esta diferencia se haría notoria. La honradez con que se manejó en retaguardia paraguaya todo lo atinente a la guerra, así como el celo que orillaba los límites de la avaricia con que fue empleado cada centavo del erario nacional paraguayo, poco tentó en común con los gastos descontrolados operados en Bolivia ya de antes de la guerra, donde una notoria malversación de fondos a destinarse originariamente para adquisición de armamentos y municiones de guerra, fue advertida al término del conflicto. Todo esto sin dejar de recordar, igualmente, los gastos operados en plena guerra en transporte de artículos suntuarios para algunos altos mandos bolivianos, en tanto el soldado carecía de lo elemental para su sustento diario.

         El trabajo que aquí presentamos no rebasa en sus pretensiones los límites estrictamente historiográficos; aunque de su título pueda inferirse lo contrario. El autor ha intentado presentar los aspectos salientes de la economía durante la campaña chaqueña, con prescindencia de mucho material, para que ello sirva de basamento a un estudio exclusivamente económico sobre la materia, especialidad que no es afín a quien suscribe estas líneas.

         Entiéndase entonces como intención nuestra la de proponer, a lo sumo, determinadas conclusiones, mas no imponerlas. La tarea de rescatar y compendiar estos indicadores -que de por sí justificaría una labor como ésta- merece a nuestro criterio, ir acompañada en el futuro por otra que desmenuce los elementos, juzgue y analice los mismos a la luz de conocimientos más rigurosos en la materia.

         Acaso por ello este trabajo presente aspectos de aridez, recargado como está de cifras y resultados estadísticos, sin un preciso orden cronológico, todo lo cual debió supeditarse al deseo de reunir una información coherente sobre los más variados aspectos del quehacer económico durante la guerra, donde por razones de mejor comprensión no pudieron ignorarse, por poner ejemplos, la alimentación del soldado, la producción agro-ganadera, la búsqueda del líquido vital, y otros ingredientes que como la Sanidad de Campaña delatan cuestiones directamente vinculadas a la economía nacional.

         Por lo demás, y en atención a las características de este trabajo, el mismo exhibe su mayor contenido con referencia a la economía del Paraguay antes y durante el conflicto chaqueño. Si bien no se ignora lo que acontecía en el bando opuesto, entendimos innecesario profundizar en él por desconocer la existencia de alguna obra de parecido tenor, edita en Bolivia; la cual puede complementar e inclusive corregir los aspectos omitidos o errados sobre el proceso económico boliviano n este periodo troncal de su historia.

         La guerra fue afrontada por todo el Paraguay sin distingos de credenciales políticas ni situación económica, aunque no por ello deba omitirse la existencia de excepciones a tan amplia regla. En el Chaco se encontraron e identificaron todos, acérrimos enemigos, políticos de otrora, profesores y estudiantes, seminaristas y sacerdotes. Allí estuvieron hijos de ministros con hijos de campesinos, hijos de indígenas con hijos de extranjeros, hijos de patrones con hijos de sirvientas, viriles soldados y oficiales llegados de Rusia y paraguayos retomados del exterior para la defensa de la patria.

         Fue la abnegación de paraguayos y bolivianos aquella lucha. De universitarios que cambiaron libros por granadas, de sacerdotes que de improviso también tenían en sus manos el fusil sin descuidar el crucifijo, de médicos que olvidados del bisturí empuñaban bayonetas, de músicos que desmemoriados de sus guitarras servían el mortero, de pilotos que acostumbrados a volar en paz sobre las campiñas hoy vomitaban acero y fuego sobre esa misma tierra, de campesinos que ya no empleaban el machete para carpir sino para abrir senderos de patrullaje.

         Entre 1900 y 1918, aunque sin mayor rigidez de época, nació la gran mayoría de paraguayos y bolivianos que, sin saberlo, combatirían y se conocerían como soldados en el Chaco. Eran aquellos años de turbulencia política en los dos países mediterráneos de Sudamérica. Cada uno venía de una guerra perdidosa, mutilado y humillado, mas no vencido. El triángulo del Chaco sería la prueba del holocausto de dos pueblos y su término el reencuentro con la fraternidad. La lección ha sido severa, pero debe ser aprendida.

         Que ojalá nunca más paraguayos y bolivianos estén enfrentados al drama de una guerra que desangra y destroza. Que estos años transcurridos hayan cerrado las cicatrices de quienes viven en el recuerdo de aquel fragor. Recordemos por ello al ex-combatiente, desaparecido o sobreviviente, de arriba abajo, con el orgullo de quien contempla una figura forjada en el yunque. Evoquemos la figura del soldado desconocido, que conoció una guerra que no quería. Y si de aquellos años de incomprensión rescatamos un sentido de comprensión presente, la guerra habrá tenido una explicación. Y ella podría ser enseñada a las generaciones futuras para que nunca más Marte enseñoree en estas tierras.

 

EL AUTOR

 

 

NOTAS

 

1) Baptista Gumucio, Mariano, "Historia Contemporánea de Bolivia" (1930-1976), Primera Edición, Gisbert y Cía S.A., La Paz, 1976, pp. 418/19.

2) Soria Galvarro; Carlos, en Baptista Gumucio, "Historia Contemporánea de Bolivia", cit. p.419.

3) Valdovinos, Arnaldo, "Bajo las botas de una bestia rubia", Santiago Puigbonet, editor, Asunción, 1933, pp. 96 y 104/05.

4) González, Antonio E., "La guerra del Chaco", Tipografía Cupolo, San Pablo, Brasil, 1941, p.44.

(*) La carta, citada por Carlos Pastore en "La lucha por la tierra en el Paraguay" (Edit., Antequera, Montevideo, 1972, pp. 396/97) y escrita a raíz de la publicación del folleto "El problema del petróleo y la guerra del Chaco" del general argentino Alfonso Baldrich, decía más adelante: "A todo esto me dirá que Ud. no forma parte del gobierno, a quien incumbe el deber de adoptar las medidas pertinentes al caso. No ignoro lo uno ni lo otro, pero, así y todo, dentro o fuera de aquél, Ud. -como todos los paraguayos capacitados- no debe mirar indiferente esta cuestión, sino preocuparse de ella sea como tribuno, representante del pueblo, periodista o sea como simple ciudadano, para evitar que el capital extranjero venga a ponemos la soga al cuello después de tantos sacrificios hechos para conservar nuestra heredad del Chaco".

"He llegado a una edad avanzada y se acerca el día en que el Señor me llame a rendir cuenta de mis actos -como lo hará con todos los hombres-, pero, aun después de mi desaparición de esta tierra que tanto amo, no quisiera que sus hijos viniesen a ser esclavos, juguetes del capital extranjero".

         Más no le digo, estimado amigo, pues con lo dicho adivinará ya mis deseos. Lo que le pido es que Ud., entre los problemas que se presentarán en la post-guerra, tenga muy presente el del petróleo; no lo olvide un momento y haga valer toda su capacidad, toda su in fluencia, su todo a fin de evitar que ese codiciado líquido venga a incendiar todo el país cuya zona occidental tan valientemente están defendiendo nuestros heroicos soldados". "Rogándole considere esta carta como mi testamento ológrafo -para eso va escrita de mi puño y letra- saludo a Ud. con mi estima de siempre. Juan Sinforiano Bogarín".

5) Bedoya, Manuel, "Actuación de la retaguardia en la guerra del Chaco", Junta de Aprovisionamiento, Imprenta Militar, Asunción, 1957, p. 108.

 

 

 

IV

 

EL PETROLEO Y EL LITIGIO DEL CHACO

 

         Ningún elemento ha sido motivo de tanta polémica y de tantas opiniones encontradas antes, durante y después de la guerra como el petróleo; aceite que las entrañas de la tierra producen por descomposición de materias orgánicas y cuyo valor de carburante ha ido creciendo desde finales del siglo XIX, a partir del empleo cada vez mayor de los motores a combustión de sus derivados. Dos grandes compañías se disputaban, allá por los años veinte del presente siglo, la propiedad, exploración y explotación de los más ricos campos petrolíferos en el mundo, entre los que se contaban algunos de Sudamérica. Por un lado la Royal Dutch Shell, de capitales anglo-holandeses, y por el otro la Standard Motor Oíl of New Jersey, de propiedad norteamericana, cuyos métodos de penetración en nuestro continente comenzaron a ser censurados cuando se conoció su intervención, en los años diez, en procesos desestabilizadores de la política mexicana.1

         El hallazgo de petróleo en una zona muy próxima al Chaco ocupado por Bolivia y reclamado por el Paraguay, hizo que los emporios petroleros norteamericanos observaran con interés la región, que se creía muy importante en reservas de hidrocarburos. Se afirmaba, según Alipio Valencia Vega, que "habiendo sido el Chaco, en épocas de la era geológica terciaria, el lecho de un gran mar mesozoico, allí se habían depositado fabulosas cantidades de materias orgánicas que bajo la presión de capas superiores y durante milenios, formaron un extenso y enormemente valioso depósito subterráneo de petróleo. Los indicios se daban precisamente en los últimos contrafuertes de la cordillera andina hacia el oriente, en el encuentro de los llanos con la cordillera...".2

         Con tales antecedentes, no hubo de demorar la presencia de la Standard Oíl en territorio boliviano, estableciéndose, previa concesión a testaferros de la empresa, la llamada "Standard Motor Oíl of Bolivia". Luego de azarosas actividades, la compañía llegaría a explotar desde los años veinte importantes campos en la Argentina y Bolivia, algunos de estos en zonas limítrofes.

         El establecimiento de la Standard Oíl en Bolivia no era accidental. Respondía a un plan trazado por los Estados Unidos, que se habían lanzado a la ocupación de grandes extensiones potencialmente ricas en petróleo. El hecho de que a comienzos de los años treinta circularan ya en el mundo unos treinta y seis millones de automóviles movidos a derivados del petróleo, da una idea aproximada de la magnitud de las necesidades en combustibles, tanto para tiempos de paz como de conflicto armado. En dicho contexto se inscribían, por ejemplo, las declaraciones formuladas el 19 de diciembre de 1924 por un Directorio Federal designado por el presidente Calvin Coolidge, e integrado por los ministros de Guerra, Marina, Interior y Comercio (este último Herbert C. Hoover, futuro mandatario) para la conservación del petróleo en los Estados Unidos ante su creciente consumo. "Existen en Méjico y en la América del Sur, decía el informe, inmensos campos petrolíferos de gran rendimiento, y en aquellos otros que no han sido todavía perforados los estudios geológicos han dado resultados promisores. Es de importancia esencial que nuestras compañías adquieran y exploten intensamente esos yacimientos, los que no sólo deben constituir una fuente de aprovisionamiento, sino que su control también debe estar en manos de nuestros conciudadanos". 3

         Así las cosas, y a pesar de que el litigio por el Chaco era muy anterior al hallazgo de petróleo en sus zonas aledañas y a la posibilidad potencial de obtenerlo en él, su presencia añadió un elemento altamente perturbador, por cuanto, de un día a otro, aquello dejó de ser el "infierno verde" o el "desierto" como lo calificaban, con justeza, cronistas y viajeros de la época que conocían de su hostilidad y de las penurias para adentrarse en él. De lo que no cabía duda alguna era que Bolivia, impulsada por la empresa concesionaria de petróleo, ponía ahora sus ojos en la posibilidad de dar una salida al producto a través del río Paraguay, por territorio cuya soberanía ostentaba el Paraguay.

         Los mismos hallazgos de petróleo y los estudios que realizaba la Standard Oíl en Bolivia abrieron perspectivas insospechadas para el territorio y motorizaron la penetración boliviana para ocupar, con presencia militar, lo que podía ser la principal palanca impulsora de su desarrollo económico. Empero, con el paso del tiempo se exageraría la participación real que el "oro negro" tuvo en el desenlace del conflicto, el que a nuestro modo de ver también hubiera sobrevenido, aunque en circunstancias diferentes, de no haber mediado el líquido viscoso cuya importancia crecía al ritmo del progreso tecnológico.

         J. Natalicio González refleja así una opinión muy arraigada en los años que siguieron al curso de la guerra cuando afirma en 1938 que "el diferendo paraguayo-boliviano nunca provocó la pasión de los pueblos, y seguramente no hubiera epilogado en una guerra si hacia 1910 no se llegara a comprobar la existencia de yacimientos petrolíferos en el Chaco". 4

         El ingeniero y general argentino Alfonso Baldrich, una autoridad en la materia en aquellos tiempos, también denunciaba durante la guerra que el petróleo había sido la causa invisible de ella." En contraposición, estaban quienes sostenían que no se debían extremar las posiciones. Policarpo Artaza, periodista y legislador durante el gobierno de Eusebio Ayala, afirmaría en 1957 que no es lógico suponer que la Standard Oíl deseara la guerra, y que Bolivia estaba interesada en primer término en la dominación territorial "y sólo como asunto secundario en la construcción de un oleoducto". La contradicción entre esta afirmación y la tesis sostenida durante toda la guerra por el diario "El Orden" de Asunción bajo, su dirección, en el sentido de que la Standard Oíl impulsaba `la guerra, Artaza explicaría diciendo que aquélla era una "propaganda que los paraguayos supimos utilizar sin creer en ella porque conocíamos profundamente el pensamiento boliviano". 5

         Las rectificaciones de Artaza, quien durante la guerra ocupara también la presidencia de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados, delatan una faceta que debería ser mejor considerada: la de la propaganda que con motivo del petróleo fuera "leit motiv" de la prensa paraguaya. Empero, sería un error de proporciones atribuirlo todo a ella. El petróleo fue una realidad durante el conflicto, como realidad fue el interés de la Standard Oíl por conservar la zonas concedídales por el gobierno de Bolivia, a fin de proceder a su explotación y, sobre todo, al traslado del crudo a las regiones de comercialización, especialmente al Río de la Plata, donde el Uruguay constituía un importante mercado en expansión.

 

         CONCESIONES BOLIVIANAS A LA STANDARD OÍL

 

         La existencia de los "jugos o bitúmenes de la tierra" era conocida en Bolivia desde los tiempos de la colonia en que el suelo y el subsuelo eran de propiedad de la corona española. En 1867 el General Mariano Melgarejo concedía por vez primera un permiso de explotación petrolífera; a dos ciudadanos alemanes: Habían pasado por entonces apenas ocho años del inicio del "boom" comercial del petróleo en los Estados Unidos de América. De ahí en más fueron dictadas diversas leyes para la materia, las cuales hacían hincapié en la propiedad estatal del petróleo. Refiere el ingeniero Enrique Mariaca Bilbao que bajo el gobierno liberal del general Ismael Montes fue promulgada la ley del 12 de diciembre de 1916 que reafirmaba la propiedad del Estado sobre las reservas de petróleo, aunque otorgaba un diez por ciento de beneficios en concepto de regalías para los explotadores. Por esa época se habían adjudicado ya a casi cien compañías o sociedades un total de 3.740.000 hectáreas de territorio boliviano. 6

         "Los primeros intentos y los más serios para explotar el petróleo, afirma Sergio Almaraz, se realizaron entre 1916 y 1920. La 'Farquard', inglesa, y la 'Calacoto' chilena, perforaron cuatro pozos, dos en Cuevo y Charagua y dos en Calacoto de Pacajes. Ninguna de las perforaciones dio resultado, debido a la deficiencia técnica del trabajo... Muchos años más tarde la compañía `Águila Doble' formada por capitales bolivianos, trató de efectuar perforaciones en Cochabamba, sin resultado alguno. Estos fracasos no desanimaron a los especuladores: Hasta 1916 se habían adjudicado más de 3 millones de hectáreas de tierras petrolíferas".7

         El técnico boliviano Mariaca Bilbao señala por su parte que en 1920, el gobierno del Dr. José Gutiérrez Guerra abre la época de las "concesiones africanas" en Bolivia, levantando la reserva fiscal que había sido dictada por el gobierno del General Montes e implementando una nueva ley de fecha 24 de febrero del mismo año, que abría ancho cauce a la especulación. "Sin cuidarse de guardar las apariencias, señala Mariaca Bilbao, pues fue público y notorio que personeros de gobierno negociaron y prepararon los contratos de concesión con los norteamericanos Richmond Levering y Jacobo Backus, días antes de obtener las facultades especiales y en el hecho, el Ministro de Hacienda concedió extensiones considerables en la región petrolera a estos dos especuladores... No había duda alguna que importantes sumas de dinero fueron puestas en juego como gratificaciones y coimas y la corrupta administración liberal no vaciló en medrar a expensas de los altos intereses nacionales. R. Levering obtuvo en esa forma una concesión de 2.355.000 hectáreas por el título de 66 años, comprometiéndose a pagar una regalía del 15 por ciento para el Estado y además, un impuesto sobre las utilidades del 20 por ciento con lo que quedaba eximido de cualquier otro impuesto".8

         Detrás de los citados especuladores se hallaba la mano de la Standard Oíl, cuyos técnicos tenían realizadas las mejores investigaciones, reveladoras de que la zona subandina y pedemontana era, según referencias de Eugenio Stebinger, "un territorio de posibilidades petrolíferas comparables tal vez a todo el Estado de California o de Wyoming antes de su desarrollo".9 La Standard Oíl aparecería muy pronto en Bolivia adjudicándose aquellas tierras; por cuanto los "beneficiarios" lejos estaban de contar con capital y la infraestructura requerida para el cateo.

         En 1921, con la revolución estallada en Bolivia, el Partido Republicano conducido por Bautista Saavedra asumía la conducción política del país y el 20 de junio del mismo año se dictaba una Ley Orgánica del Petróleo, sancionada cuatro días atrás por el Congreso. Se trataba, al decir de Amado Canelas O., de una buena ley, "muy probablemente la más progresista de su tiempo en toda la América Latina... Sin embargo, sus bondades quedaron pronto anuladas por el poder y la influencia de la Standard Oíl, demostrándose así que no hay buena ley que valga frente a los monopolios y que realmente no hay otra alternativa que someterse a ellos o expulsarlos". 10

         La poderosa empresa norteamericana se haría así presente en el escenario económico de Bolivia con un ropaje de indudable solvencia financiera, aunque no moral. Más de una voz honesta se levantó en favor de la Standard Oíl como la mejor garantía de explotación petrolífera de sus riquezas; el gobierno boliviano, urgido de recursos, no tenía otra salida que la compañía norteamericana la que, al mismo tiempo, jugaba su propio juego. El Presidente Saavedra afirmaba que "mientras no se entregase esta explotación a una compañía poderosa que tuviese río sólo los capitales indispensables para emprender con éxito tal empero, en un país mediterráneo y sin vías de comunicación como el nuestro, sino también la capacidad y la experiencia industrial necesarias en este género de trabajos, no podríamos palpar un beneficio práctico para la Nación en orden de uno de sus mejores productos”.11

         A pesar de ellos, otras voces divergentes se alzaron en Bolivia, en atención a los antecedentes poco ortodoxos de la empresa. Pero ellas serían, para entonces, voces "clamantis in deserto". La Standard Oíl había sabido ganar no solamente parlamentarios, sino también dirigentes políticos, militares y periodistas, poniendo en práctica un sinnúmero de recursos apropiados para casos cómo aquél en que un país pobre se echaba en brazos del único que a los fines prácticos, como afirmaba Saavedra, podía materializar en beneficios económicos aquella riqueza natural del país.

         Todo estaba preparado para que la Standard Oíl hiciera su irrupción en el panorama boliviano, suscribiendo con el Estado un contrato en fecha de 27 de julio de 1922 a través del cual la compañía se aseguraba el monopolio de la explotación de petróleo, que debía secretamente quedar como reserva futura en tanto ella explotaba campos más cercanos a los Estados Unidos de América como los existentes en México y Venezuela. Sobre sus antecedentes, la Memoria del Ministerio de Industrias de Bolivia, correspondiente al mismo año, afirmaba: "A principios de 1920, y previa expedición de la ley de autorización, el gobierno otorgó dos concesiones para el reconocimiento técnico de aquellos yacimientos, y para su explotación en sociedad con el Estado: la primera a favor de la firma americana Richmond Levering y Cía. de Nueva York, y la segunda a favor del ciudadano don Jacobo Backus, cada una por un millón de hectáreas, en condiciones tan liberales que les daba toda clase de franquicias, sin restarlos a la obligación de establecer trabajo inmediato, que es lo que conviene a Bolivia. La primera fue elevada al rango de escritura pública en 1° de marzo de 1920, y la segunda ha quedado en estado de concesión sin escritura alguna. Parece que la firma Richmond Levering y Cía. no tenía capacidad financiera suficiente para cumplir las obligaciones que había contraído, y vendió sus derechos a otra compañía, la `Standard Oíl Company of Bolivia', constituida con un capital de 5.000.000 de pesos oro (debe decir dólares americanos). Como en otra época se había discutido y aprobado ya en la Convención nacional la ley de petróleos que imponía a los adquirientes de concesiones petrolíferas la obligación de obtener del gobierno la aprobación de la transferencia de derechos, el representante de la `Standard Oíl Company of Bolivia' se presentó al gobierno pidiendo, no sólo la aprobación de dicha transferencia, sino también la modificación de algunas cláusulas del contrato para hacerlo viable, especialmente la de reducir la participación del Estado en el producto bruto, del 15 % a que se había comprometido Richmond Levering y Cía. al 11 y 1/2 % contemplado en la ley de petróleos".12

         En el antedicho documento, la Standard Oíl se comprometía, entre otras cosas, a realizar una inversión del orden de los cincuenta millones de dólares, así como a establecer refinerías para el consumo interno y externo, iniciando la producción a dos años de la firma del contrato. Pero el tramo por recorrer entre el contrato documentado y los hechos prácticos fue mucho más largo; por lo demás, la Standard Oíl no tenía intenciones reales de cubrirlo. Dando largas a la cuestión, la empresa no llegó a cumplir ni remotamente lo pactado. La intención solapada era reservar las tierras que se creían en extremo ricas en yacimientos, para cuando se agotaran las otras en explotación dentro y fuera de los Estados Unidos, a las que se sumaban nuevos campos de la Standard en territorio iraquí y en las Indias Orientales, feudos de la Royal Dutch Shell. Al mismo tiempo, las concesiones en Bolivia, sumadas a las obtenidas en la Argentina sobre la base de una misma estructura geológica, hacían de antemural a las pretensiones de la rival anglo-holandesa que contaba con sustento indirecto en el Paraguay a través de algunas empresas de capital inglés que operaban en este país.

         La Standard Oíl no llegó así a realizar las inversiones prometidas, como tampoco a abastecer en todas sus necesidades al mercado boliviano. Conrado Ríos Gallardo, ex-Ministro de Relaciones Exteriores de Chile y decididamente paraguayista ya desde sus tiempos de canciller (1927-1931) afirmaba años después que la Standard Oíl comenzó trabajando con un millón de hectáreas en los departamentos de Chuquisaca, Santa Cruz y Tarija. Fuera de las concesiones Levering y Backus existían otras menores de diez, cuarenta, sesenta y doscientas mil hectáreas. "Las posiciones fueron cambiando, afirma Ríos Gallargo; la Standard Oíl comenzó a ganar terreno en todos los frentes, para pasar después de paciente y hábil trabajo a reunir en su dominio tres millones ciento cuarenta y cinco mil hectáreas, que ocupan casi tres grados geográficos. A don Jacobo Backus y a Richmond Levering y Cía., por sus concesiones que sumaban dos millones de hectáreas, pagó la suma de 5.000.000 de dólares, agregando a esta superficie casi un millón y medio más de hectáreas, mediante el contrato celebrado con el gobierno que presidió don Bautista Saavedra. Total: alrededor de 32.000 kilómetros cuadrados por cinco millones de dólares. ¡La riqueza que existe en esta inmensa superficie es inconmensurable!".13

         Los hechos,          sin embargo, habrían de probar que tal riqueza no era inconmensurable y que una irracional explotación como la llevada a cabo después la redujo considerablemente. Pero la Standard Oíl, beneficiaria del gobierno en importantes concesiones, se hacía presente también en otros campos de la vida del país, fuera de los petrolíferos, interviniendo sus representantes en decisiones de índole estrictamente política. A esto se sumaban los requisitos que los empréstitos norteamericanos habían exigido por aquellos años, como quedara visto, tales como los de que un ciudadano de este país fuera Director General de Aduanas y otro Director de Minas y Petróleo, con lo cual se completaba el cerco tendido por el capital extranjero en una Bolivia fuertemente hipotecada. Llegó inclusive a darse el caso de compra de víveres en las vecinas provincias argentinas por medio de vales expedidos por la Standard Oíl.

         También en el Paraguay existía el firme convencimiento acerca de la riqueza de los yacimientos petrolíferos bolivianos y, por derivación de la existencia de hidrocarburos en el territorio disputado. Esto no haría sino agudizar el interés por el Chaco, en cuyo juego no podía descartarse la presencia del capital anglo-argentino que buscaba, además, impedir la presencia norteamericana en la región.

         La Standard Oíl inició en Bolivia los trabajos de desmonte, construcción de caminos y casas provisorias; llegaron las primeras máquinas y los elementos de perforación. Empero, subsistía un problema fundamental: el de cómo hacer llegar el crudo exportable al mercado internacional.       Las vías factibles eran, en teoría, las siguientes: Un oleoducto por territorio argentino, hasta Santa Fe; el ferrocarril argentino desde Embarcación a Formosa y de aquí el río Paraguay; un oleoducto tendido rumbo al Pacífico salvando imponentes alturas y, finalmente, un oleoducto a través del Chaco en litigio. De todos estos probables caminos, era el último el más conveniente.

         El declive natural del terreno rumbo al río facilitaría la labor y evitaría añadir demasiadas estaciones de bombeo, aunque estaba la contrapartida de las bajantes del Paraguay que impedirían un tráfico regular durante todo el año. Los oleoductos, en la región, eran cañerías de 15 a 20 centímetros de diámetro construidas por tramos, según el nivel del terreno, con estaciones de bombeo entre diez y cincuenta kilómetros. Contaban, asimismo, con tanques de donde el petróleo era impulsado de estación en estación.

         Para 1927 la Standard Oíl nada había aportado aún al fisco boliviano en concepto de regalías, y sí enviado algún petróleo clandestinamente a sus refinerías en territorio argentino -como se verá más adelante- violando las disposiciones contractuales. El diputado Abel Iturralde denunciaba el 5 de octubre del mismo año en las Cámaras a la compañía norteamericana: "El presidente Saavedra y sus ministros, decía Iturralde, han sido engañados, alucinados por esa compañía que manifestaba que `en tres años explotaría una cantidad considerable de petróleo'. La defensa de los abogados del contrato se ha basado en estas afirmaciones: han dicho que el año 24 manaría gran cantidad de petróleo y que el gobierno tendría dos o tres millones de sobrante en su presupuesto, y al terminar el año 25 más de cinco millones en efectivos, con los cuales se pagarían los intereses del empréstito Nicolaus, y avanzando los años Bolivia sería un emporio de riquezas, que su erario tendría ingentes entradas y que su presupuesto se duplicaría en 10 años. Hemos llegado al año 1927, y no vemos un solo litro de petróleo entregado al gobierno por concepto de la participación del 11 % . De esta manera  esas grandes ventajas que ofrecieron al gobierno no se han hecho efectivas, y ahora esa compañía sólo paga patentes misérrimas de 2 y medio centavos, como se establece en el artículo que ha publicado esta compañía en todos los diarios de la ciudad". 14

         Empero, opiniones como las de Iturralde no fueron tenidas en cuenta. Quienes impugnaban a la Standard no ofrecían, en contrapartida, una solución al problema del encierro del petróleo boliviano que debía salir al exterior para producir las tan precisadas divisas con que amortizar los empréstitos contratados poco tiempo atrás. La importancia de los derivados del mismo en la economía mundial, como el fuel oíl que desplazaba al carbón, la nafta, el querosén, el gas oíl para motores Diesel, las parafinas, los lubricantes, etc., avalaba por sí sola un creciente interés comercial en los productos. A esto se sumaba la polarización de las fuerzas de control de los mismos. Por un lado el Reino Unido de la Gran Bretaña, que pasó de las compañías privadas Royal Dutch Co, la Shell Co. y la Anglo Persian Oíl Co. a dos empresas, la Royal Dutch Shell que explotaba yacimientos en Venezuela y la Anglo Persian en Irán. En los Estados Unidos, en contrapartida, el control estatal era impreso sobre las explotaciones en su territorio, incentivándose a la vez su agresiva presencia en el exterior a través de las filiales de la Standard Oíl Company of New Jersey, lo cual permitía, simultáneamente, una injerencia política a través de esta todopoderosa empresa. "Un ex-Secretario de Estado, Charles Evans Hughes, después en funciones de Consejero de la Standard Oíl de New Jersey -lo que demuestra una vez más la intercambiabilidad de labores gubernamentales y de la administración de los grandes negocios- definía muy bien, según el ingeniero Enrique Mariaca Bilbao, la línea impresa a la política norteamericana al decir que la política externa del gobierno norteamericano tiene su mejor expresión en la frase `puertas abiertas' para la incursión de las compañías petroleras      norteamericanas, convenientemente implementada con el apoyo del Departamento de Estado". 15

         El ingeniero Alfonso Baldrich, general del Ejército argentino, afirmaba en 1927 que "en Bolivia impera la Standard Oíl y los intereses americanos; en la aberracional penetración geográfica formada por el Tarija y el Bermejo, hay una cuña yankee bajo el pabellón boliviano, y esa cuña está llena de petróleo, y ese petróleo dará mucho que hacer. Además de cuatro millones de hectáreas concedidas en cateo, y cuatro concesiones para explotar dos millones quinientas veinte mil hectáreas en Chuquisaca, Tarija y Santa Cruz, tenía otro millón más en sociedad con el Estado; ya tenemos pues... metida en las entrañas de nuestra América confiada, a la famosa Standard Oíl, actuando con su dinamismo detrás de la soberanía virtual de un país mediterráneo y geográficamente bloqueado". 16 Coincidía con él su compatriota el General Enrique Mosconi, que ocupara el alto cargo de Director de Yacimientos Petrolíferos Fiscales de la República Argentina, cuando el 9 de julio de 1928, en recordación de un aniversario patrio, afirmaba que Bolivia había perdido su independencia económica y que se hallaba en camino de malograr su independencia política ante el abierto intervencionismo de los intereses extranjeros.17

         En la Argentina, que muy pronto nacionalizaría sus petróleos, se hicieron oír a finales de los años veinte diversas advertencias sobre la indeseada compañía norteamericana. El presidente del Centro de Estudiantes de Ciencias Económicas de la Capital Federal afirmaba el 27 de julio de 1928 que "estamos aún a tiempo de salvar el petróleo argentino de las empresas extranjeras, especialmente de la Standard Oíl cuyos funestos antecedentes son conocidos en su propio país, y entre nosotros por hechos denunciados ya, no obstante su incipiente intromisión, fiel reflejo de la precocidad demostrada en devastar las zonas petrolíferas y destruir los obstáculos que se opongan al logro de sus fines". 18 Mosconi, Baldrich y otros alertaban, al mismo tiempo, sobre los peligros que corría Bolivia e indirectamente el Paraguay en aquella lucha que se vislumbraba injusta y desigual.

         Para mediados de 1929, la Standard Oíl tenía perforados 21 pozos en Bolivia, según una información proporcionada por la misma compañía a la Dirección General de Minas y Petróleo, y que ésta diera a publicidad en 1930. Se habían hecho, hasta el 29 de julio de 1929, once perforaciones en el Departamento de Tarija, cuatro de éstos en la provincia de Gran Chaco, en dos de las cuales habíase hallado petróleo. En Santa Cruz se perforaron ocho pozos, y dos en el departamento de Chuquisaca. Para 1930 se continuaba perforando, o se iniciaban los trabajos, en otros nueve pozos. 19

         Por aquella época, y en base a la obligación contraída por la Standard Oíl de perforar un pozo cada cincuenta mil hectáreas de concesión, la empresa había solicitado le fuera reducida el área a un millón de hectáreas, elegidas entre las que se habían mostrado con mayores probabilidades potenciales después de serios estudios geológicos y de trabajos de exploración de superficie. Los pozos corresponderían así a la nueva área solicitada. La Standard Oíl, que había encontrado petróleo en nueve de los veintiún pozos, e indicios y manifestaciones en otros cinco según su propio informe, había construido, al mismo tiempo, diversos caminos que eran simultáneamente empleados por el Ejército de Bolivia, tales como aquéllos que se dirigían a su zona de trabajos: Bermejo, Camatindi, Camiri, Macharetti y Sanadita. Para 1929 la empresa había abonado apenas algo más de 26.000 pesos bolivianos en concepto de patentes, a razón de 2 y medio centavos por hectárea. Esta tasa le fue aumentada a 10 centavos en 1930, lo que produjo unos cien mil bolivianos en el mismo concepto por dicho año. Para 1931 se estimaba recaudar ciento cincuenta mil pesos.

         La compañía había informado oficialmente que al 31 de agosto de 1931 tenía realizadas inversiones por 54.210.843,68 pesos en territorio de Bolivia en propiedades, equipos, campamentos, muebles y enseres, material y maquinarias de perforación, refinerías, construcciones inconclusas, caminos, etc. 20

         A pesar del escaso margen de beneficio que quedaba a Bolivia por tal concepto, no le faltaba razón a Margaret Alexander Marsch cuando en su libro "Nuestros banqueros en Bolivia" afirmaba que "las inversiones norteamericanas en Bolivia exceden a las de cualquier otro país en unos cuarenta o cincuenta millones de dólares". 21 Obviamente estaban considerados en esta conclusión el valor potencial de las tierras en concesión, la "Patiño Mines" inscripta en el Estado de Delaware, así como las cifras oficialmente entregadas por la Standard Oíl como invertidas en Bolivia, las que no compadecían, con mucho, con la realidad.

         El investigador alemán Juergen Westphalen afirma que la estructura petrolífera de Bermejo fue la primera en ser explotada por la Standard Oíl el año 1925, produciendo 424 m3. Hasta 1935, año del final de la guerra, la producción en Camiri, Bermejo y Sanandita alcanzó las siguientes cantidades en metros cúbicos: 22

 

         Año            Camiri                 Bermejo               Sanandita

         1925         -                           424

         1926         -                           1.608                   1.210

         1927         2.412                   2.608                  1.349

         1928         858                      1.763                   -

         1929         942                      4.386                   2.690

         1930         4.387                   2.616                   891

         1931         777                      -                           1.382

         1932           1.009                 -                           5.658

         1933           8.179                 -                           9.635

         1934           12.131               -                           12.985

         1935           14.395               -                           11.584

 

         De las cifras transcriptas puede notarse el incremento habido desde 1933 cuando el gobierno de Bolivia decidió manejar las refinerías elevando la producción, y desmintiendo con ello a la compañía norteamericana que se había mostrado reticente a hacerlo aduciendo el escaso rendimiento de los pozos. A pesar de los notorios aumentos habidos en atención a sus necesidades extraordinarias, la producción boliviana no fue autosuficiente. La actividad extractiva debió complementarse con compras realizadas en los yacimientos y refinería de la Standard Oíl en Talara, Perú, como de otras provenientes de la West India Oíl de la Argentina y del Brasil vía Puerto Suárez, ambas también de la Standard Oíl, lo que explica las razones por las cuales la compañía se mostró siempre remisa a producir en Bolivia, prefiriendo antes bien dedicarse al contrabando del producto.

 

 

         PRESENCIA DE LA ROYAL DUTCH SHELL EN EL PARAGUAY

 

         Aunque difícilmente pueda probarse que la Royal Dutch Shell se halló al margen del conflicto paraguayo-boliviano por la posesión del Chaco, su trascendencia en él estuvo lejos de tener la importancia de la Standard Oíl en el sector boliviano. Mucho simplismo había en concluir que la guerra del Chaco era una guerra entre dos poderosas empresas petrolíferas que se disputaban la supremacía, aunque existen indicios innegables de que mientras la Standard Oíl se inclinaba decididamente hacia Bolivia, por obvias razones, su antagonista aparecía ajena al conflicto, si no partidaria del Paraguay a través de la Argentina.

         Desde comienzos del siglo XX y finales del anterior, diversos combustibles refinados llegaban al Paraguay por vía de importación, surcando el río del mismo nombre. Así, para 1915, la casa Rius y Jorba de Asunción representaba a la West India Oíl Co. y vendía en plaza kerosén "Calorta" y nafta "Wico", aunque en cantidades limitadas.23 Años después, la razón social Manuel Ferreira representó en el Paraguay los productos Shell, cuya demanda se incrementó a la par que aumentaba el parque automotor del país. Se trataba, pues, de un mercadeo rudimentario de productos que por entonces no suscitaban mayores comentarios.

         En 1921, y con motivo de las concesiones otorgadas por Bolivia para exploración petrolífera, así como de la medida adoptada por el Paraguay en favor de los ciudadanos mennonitas de América del Norte, el Chaco comenzó a llamar la atención de las autoridades paraguayas, como futura fuente de riqueza. La prensa de Asunción no pudo ser extraña a estas novedades y su entonces decano, "El Diario", dedicó un comentario extenso al Chaco y a su porvenir. Fechado el 30 de septiembre de 1921 concluía con esta perspicaz reflexión: "El gobierno de Bolivia ha hecho una concesión de 400 leguas, entre Santa Cruz de la Sierra y Yacuiba, a una empresa norteamericana para la explotación de petróleo, estando ya compradas las máquinas perforadoras, y como el Chaco oriental de Bolivia colinda con una parte del Chaco paraguayo, éste será en breve explotado, buscándose la misma riqueza petrolífera que se ha descubierto en la república vecina. Nuevos horizontes de porvenir y riqueza se presentan al Paraguay con la explotación del Chaco, cuyas riquezas son desconocidas, y forman una reserva de halagüeñas esperanzas para nuestro país".24

         De ahí en más, nadie podía desconocer en el Paraguay el papel que habría de tocar al petróleo en la lucha por avanzar en un territorio que de pronto ofrecía insospechados frutos. Los hallazgos de petróleo en Bolivia, en los años siguientes, no hicieron sino confirmar cuanto se suponía encerraba el subsuelo chaqueño. "Esta nueva circunstancia -afirma el Dr. Carlos Pastore citando una carta de Eusebio Ayala a Eligio Ayala fechada en Washington el 2 de mayo de 1925- impuso al gobierno de Asunción la obligación de realizar el estudio de los problemas relacionados con la explotación de las fuentes petrolíferas de los territorios de los países sudamericanos, encomendando esta labor al Embajador en Washington, Eusebio Ayala, cuyos resultados pudo apreciarse durante el desarrollo de la guerra del Chaco".25

         Para el escritor brasileño Julio José Chiavenato, la guerra del Chaco exhibía, como trasfondo, una disputa regional entre la Standard Oíl y la Royal Dutch Shell, en la cual se habrían utilizado a testaferros en ambos países, como también del Brasil y la Argentina. Empero, y si el autor aporta pruebas de la presencia de la Standard Oíl en Bolivia, no ocurre lo mismo con la supuesta participación del capital anglo-holandés del lado paraguayo, donde solamente teje suposiciones. Una de éstas, mentada por Chiavenato, señala que Liborio Justo, hijo del mandatario argentino y participe "entre bastidores" de las negociaciones de paz posteriores a la guerra, habría dicho que "en Bolivia, donde domina el capital norteamericano, la Standard Oíl necesitaba de una salida al río Paraguay para sus pozos de petróleo ubicados al Este del país. Pero detrás del Paraguay la compañía inglesa Royal Dutch trató de evitarlo. Esta fue la causa del conflicto que tuvo ensangrentado al continente".26 Como en la afirmación anterior, tampoco aquí se ofrecen más pruebas que aquellas esgrimidas como lugares comunes en su oportunidad, especialmente por los sectores pacifistas, para quienes la guerra era apenas una lucha de intereses y no un conflicto que se venía arrastrando desde que el Paraguay y Bolivia advinieron a la vida independiente.

         Un elemento sin duda turbador en aquellos años estuvo dado por la negativa argentina de conceder en 1929 a Bolivia la construcción de un oleoducto en su territorio con punto final el puerto de Santa Fe. Esta cuestión de la cual nos ocuparemos más adelante, generó de inmediato sospechas, de parte de la Standard Oíl, de que la mano de la Royal Dutch y los capitales ingleses habían impedido el proyecto que, de realizarse, hubiera ofrecido a la compañía americana una salida a su producción petrolífera no sólo de territorio boliviano, sino también argentino. En aquella circunstancia, resultó evidente que las influencias británicas jugaron en contra, pero se está lejos de inferir, como consecuencia de ello, que el Paraguay algo tuviera que ver en ello.

         Nada hace suponer, entonces, salvo los elementos proporcionados por la propaganda, que la compañía inglesa estuviera alguna vez interesada en buscar petróleo en territorio paraguayo antes de la guerra. Su objetivo no era sino cerrarle el camino a su rival y aguardar el momento oportuno de hacerse presente en el escenario. Todo esto no impidió que la mencionada propaganda, del lado paraguayo, aludiera en más de una oportunidad a que el país había rechazado proposiciones de exploración para no entregar su soberanía, como lo había hecho parcialmente Bolivia. "En el curso de esta guerra -decía una audición propalada en 1934 por Z.P.9 Radio Prieto de Asunción- se han presentado sindicatos interesados en yacimientos petrolíferos, ofreciendo adelantos importantes de dinero a cambio de concesiones de cateo y explotación con cláusulas de exclusividad". Esta afirmación no era sino producto de la fantasía del locutor, en momentos en que el Paraguay se debatía en una tremenda orfandad de recursos. Más serio y creíble es en cambio un párrafo de la exposición paraguaya presentada ante la Sociedad de las Naciones en septiembre de 1934, que señalaba que "por lo que toca al Paraguay, ninguna empresa de importancia ha buscado en él concesiones de petróleo. Cualquiera sea la influencia de los intereses petroleros, ella no pudo haberse producido sino del lado boliviano".27

         En mayo de ese año y por vez primera, aparentemente el gobierno y los altos mandos militares de Bolivia denunciaban que la Royal Dutch Shell estaría ayudando al Paraguay en el conflicto. Tristán Marof, exponente del trotskismo boliviano, afirma que en 1934, el gobierno de La Paz "expresó que el Paraguay tenía a sus espaldas a una compañía petrolera que no podía ser otra que la Royal Dutch. La prensa boliviana -señala Marof- se valió de esta oportunidad magnífica para disculpar sus reveses militares, acusando furiosamente a los petroleros británicos y a los industriales argentinos de favorecer moral y materialmente a su adversario, sin advertir que Bolivia se encontraba en idéntica posición, respaldada por la Standard Oil".28 Lo de "idéntica" era obviamente un eufemismo del dirigente izquierdista boliviano, cuya tesis sustentaba precisamente que la lucha tenía su origen en los dos consorcios petroleros.

         En este juego de influencias, un personaje habría de atraer la atención de paraguayos y bolivianos: Spruille Braden, ligado con su padre William a concesiones otorgadas por Bolivia y Chile para búsqueda de minerales y del líquido viscoso que movía la maquinaria de la guerra. Diplomático y petrolero a la vez, Braden encarnaba a la perfección el arquetipo del político norteamericano de los años veinte y treinta. Altanero y soberbio, transitó simultáneamente los caminos de las negociaciones diplomáticas, supeditándolos a menudo a los intereses petrolíferos. Cuando en 1937 Bolivia decidió la nacionalización de las propiedades de la Standard Oíl, la lucha se entabló en un nuevo terreno y Braden, a la sazón representante norteamericano ante la Conferencia de Paz que se desarrollaba en Buenos Aires, antepuso, sin interferencia de protestas oficiales paraguayas, el tema del petróleo al de la solución arreglada del conflicto. Sus propias Memorias reflejan aquella actitud de dualidad que fue parcialmente responsable de dilatar la solución final del diferendo.29

         Era evidente, por otra parte, que el tema del petróleo comenzó a ser seriamente considerado en el Paraguay a la par que su Ejército iba recuperando importantes zonas del Chaco, lindantes con las de explotación boliviana. Existía firme convicción en el papel marcadamente anti paraguayo jugado por la Standard Oíl y en la necesidad de anteponerle los intereses argentinos y británicos en punto de futuras explotaciones. El Dr. Francisco C. Chaves apunta como "ayuda memoria" una conversación mantenida el 24 de enero de 1935 con el Dr. José P. Guggiari en el puerto de Asunción, donde ambos habían concurrido a despedir a don Ramón I. Cardozo, que viajaba a Buenos Aires: "Hablamos del régimen legal del petróleo" anotaba Chaves. "Petróleo Nacional, le dije; No, me contestó: hay que ir por etapas. Tenemos que dar el monopolio por un cierto número de años para después nacionalizar. Una compañía inglesa, me agrego".30

         No podía tratarse, obviamente, sino de la Royal Dutch Shell, que para J. Natalicio González era "el interesado principal y oculto en despojar al Paraguay de sus yacimientos petrolíferos",31 afirmación rotunda para la cual tampoco ofrece pruebas el fogoso político y escritor paraguayo. En parecido sentido, el Dr. Arturo Frondizi, poco después presidente argentino, afirmaría en 1956 que en la guerra del Chaco "en primera línea aparecen Bolivia y Paraguay; pero detrás de ellas están: de la primera, la Standard Oíl of New Jersey; detrás de la segunda, los intereses económicos generales del capital anglo argentino invertido en el Chaco Boreal, en enormes factorías y feudos que realizan la explotación del pueblo paraguayo, y los intereses especiales de la Royal Dutch Shell representada por su filial con concesiones en esa región (que vuelven a renovarse terminado el conflicto). Vale decir, que, detrás de cada bando bélico, actúa la fuerza efectiva de un bando capitalista… Pero también del otro lado de la trinchera, el gobierno anglófilo de Justo no descuidó ni por un momento, en el terreno diplomático y militar, el apoyo y la defensa del conjunto de los intereses económicos británicos que estaban en peligro por la guerra".32

         Personalmente sostenemos que la intervención de la Royal Dutch Shell -al margen del choque de intereses que fue importante- no tuvo la repercusión atribuídale durante y después del conflicto paraguayo-boliviano. Fue, antes bien, un fantasma hábilmente movido por el gobierno paraguayo para hacer de contrapeso a la innegable influencia de su gemela rival en Bolivia, sin perjuicio de la actitud dual asumida por ésta allí desde los tiempos de preguerra.

 

 

         DESLEALTADES DE LA STANDAD OÍL EN BOLIVIA

 

         El ingreso de la Standard Oíl a Bolivia, a través de la compra efectuada en Nueva York a la Richmond Levering del millón de hectáreas por 2.500.000 dólares el 25 de julio de 1922, estuvo signado por el fraude: tales transferencias estaban prohibidas según el contrato originalmente suscripto por la empresa concesionaria con el gobierno de Bolivia. Este precedente no fue óbice para que la Standard aumentara luego en varios millones el número de hectáreas bajo su control, a despecho de la legislación vigente. No debería pues sorprender que la compañía obrara de allí en adelante en disconformidad con las leyes y los intereses bolivianos, anteponiendo siempre los suyos. Así, se adueñó de concesiones como la obtenida por "The Bolívian Oíl Co, Land Sindícate Limited" que abarcaban, según Pedro López en "Política Petrolera", nada menos que cuatro grados geográficos, es decir, "toda la región del Chaco Boreal". La concesionaria había asumido el compromiso de construir un puerto en Laguna Gaiba, sobre el río Paraguay, el que nunca se llevó adelante.33

         La Standard Oíl precisaba de un puerto para el embarque de su futura producción al Río de la Plata. Sin embargo, ella se cuidó muy bien de afirmar que el Chaco era boliviano, tratándolo más bien de "territorio disputado" antes que adjudicarle soberanía al país que le había permitido su presencia. Este criterio probaba, por sí solo, que la compañía adoptaría una actitud dual en caso de conflicto sin asumir un compromiso bien definido con ninguna de las partes, a pesar de que las concesiones se las otorgaba Bolivia.

         Bajo el gobierno de Hernando Siles (1926-1930) se conocieron las primeras defraudaciones por parte de la Standard Oíl al fisco boliviano. La empresa, que se hallaba explotando y exportando petróleo, negaba rotundamente estar haciéndolo. "La compañía -afirmaba el Dr. Gustavo Chacón- presentó 19 declaraciones juradas afirmando que jamás había explotado petróleo en Bolivia y menos exportado ninguna cantidad. Las sanciones no pudieron aplicarse por falta de pruebas". 34

         Sólo en 1935, ya terminada la guerra, se tendrían las pruebas del tráfico ilegal realizado por ella desde principios de 1926 a través de un oleoducto clandestino que cruzando el río Bermejo unía Aguas Blancas en Bolivia con Aguas Blancas en la Argentina. Los rumores sobre este tráfico comenzaron a correr en Bolivia hacia 1930, pero apenas fueron tenidos en cuenta. El General Alfonso Baldrich escribía en Buenos Aires el 11 de marzo de aquel año que la Standard Oíl había hecho "tentativas solapadas y subrepticias, tendiendo las cañerías desde Aguas Blancas (Bolivia) a Aguas Blancas (Argentina), sin haber pedido autorización a nuestro gobierno tal como si para ella la Argentina fuera una prolongación del protectorado o factoría que ha construido vergonzosamente en el Altiplano". 35

         En aquel candente 1930 era derrocado en Bolivia el Presidente Siles, asumiendo el mando una Junta Militar. La consideración que merecía la conducta de la Standard quedaba relegada a segunda instancia. Cuestiones inmediatas reclamaban la atención del gobierno, algunas que hacían a su misma seguridad interna. En tanto, la empresa norteamericana proseguía sus faenas sin mayores interferencias, pero con la complicidad de algunos altos funcionarios bolivianos.

         El procedimiento era sencillo y rutinario: en la zona boliviana de Bermejo se había descubierto petróleo. La región limitaba con territorio argentino, separado por el río del mismo nombre y por la Juntas de San Antonio. La Argentina negaba el paso de combustibles bolivianos para exportación, pero estaba dispuesta a adquirirlos. La Standard Oíl tenía particular interés en abastecer el mercado uruguayo, de mucho consumo por entonces, así como el del Río de la Plata en general. La empresa, para el logro de sus fines, ocultó al gobierno de Bolivia el hallazgo de varios pozos productivos a fin de eludir el pago de los impuestos correspondientes a los años de explotación y mantener, igualmente, sus concesiones como si no hubiesen pasado del régimen de simple exploración -que pagaba ínfimos impuestos- al de producción que debía abonar sumas mucho mayores. En 1932, año del inicio de la guerra, el petróleo cobraba valor estratégico, amén de comercial: La compañía lo exportaba a través del citado oleoducto que cruzaba el río Bermejo, con destino a su subsidiaria, la Western India Oíl Company. La producción era de unos 800 barriles diarios que se refinaban en Elordi, de propiedad de la Standard Oíl en territorio argentino.

         Estallada la guerra, la compañía no dio muestras de apearse de su postura de sospechosa dualidad: produciendo para Bolivia y apoyando en los Estados Unidos sus reclamos -no debe olvidarse su influencia para el logro        de importantes empréstitos en los años veinte y la compra de armamento durante la guerra- se declaraba por otra parte neutral, pero vendía combustibles al Paraguay a través de la Argentina (parte del cual provenía de la misma Bolivia). "La Standard Oíl, afirma Enrique Mariaca, no jugó limpio con el pueblo y el gobierno bolivianos en los momentos dramáticos y decisivos de esta campaña (del Chaco) y esto constituyó un fermento que años más tarde maduraría hasta conducir a la caducidad de las concesiones de esta empresa... La insolencia de la Standard llegó hasta la negativa para el abastecimiento de los carburantes requeridos para la contienda". 36 Carlos Montenegro, otro defensor de las riquezas del subsuelo boliviano, afirma que la compañía "dañó a la patria con su silenciosa política negativa que aisló la enorme fortuna petrolífera de Bolivia y la condujo de tal modo criminoso, que esa fortuna sirvió al interés enemigo, actuando siempre contra el interés nacional". 37

         Sin excepción, historiadores y escritores bolivianos censuran la conducta de la Standard Oíl en su país antes y durante la guerra. Eduardo Arze Quiroga, compilador de la importante documentación del archivo de Daniel Salamanca subraya que la Standard

se comportó durante el conflicto "como un ente comercial frío que, además de negar a Bolivia la provisión de gasolina de aviación que requería para su fuerza aérea, vendió combustible, simultáneamente, a los dos ejércitos en guerra. A Bolivia en boca de pozo al precio de 0,18 Bs. por litro y al Paraguay, desde el lado argentino, a un precio correspondiente". 38

         La falta de gasolina de aviación en Bolivia durante la guerra; era por demás visible a través de numerosos cifrados cursados por su Ejército. E inclusive en 1941 el entonces canciller boliviano Alberto Ostria Gutiérrez denunció en el Parlamento "que, hechas las averiguaciones por la Legación de Bolivia en Buenos Aires se llegó a comprobar por datos fidedignos que la Standard Oíl vendía petróleo al Paraguay durante la campaña del Chaco y concedía importantes créditos a este país. Un funcionario de la Legación de Buenos Aires, cuando la desempeñaba el señor Julio A. Gutiérrez, ha declarado que por entonces la agencia filial de la Standard Oíl en esa capital hacía embarques de petróleo al Paraguay durante la guerra del Chaco". 39

         Sin fundamento lógico la aseveración del ex-canciller Ostria en el sentido de que la Standard Oíl había concedido importantes créditos al Paraguay -por lo demás un absurdo en aquellas circunstancias- podía sí darse fe a los negocios que ella realizaba a la vez con ambos países, más aún cuando el curso de las hostilidades, a partir de diciembre de 1933, indicaba un resultado desfavorable para Bolivia y la necesidad, de parte de la compañía americana, de adecuarse a las nuevas circunstancias. A pesar de todo, la Standard Oíl negó siempre su participación, directa o indirecta, en el conflicto. Así, en agosto de 1934 la publicación "The Lamp", de dicha compañía, hacía un extenso análisis de la cuestión, calificando como "área en disputa" el territorio del Chaco y afirmando que en él no existía zona petrolífera explotada, como era en efecto. "Los yacimientos de petróleo en la base de los cerros andinos -decía el artículo- se hallan al Oeste de los 63 grados de longitud. Al Este de ese meridiano se extiende un terreno quebrado y luego viene el Chaco, inmensa llanura cubierta en su totalidad por depósitos aluviales, y hasta el presente no se ha tenido el menor indicio de que exista allí petróleo". Más adelante, la empresa señalaba no tener más de 350 mil hectáreas de concesión en tanto otras bolivianas poseían arriba de tres millones. Su producción, afirmaba, es de apenas 207 barriles diarios, los que "se refinan en las pequeñas refinerías que allá tiene la empresa". El mismo escrito contenía aunque desapercibido, un elemento significativo: delataba que la Standard Oíl vendía petróleo a Bolivia y, al Paraguay, en proporciones más o menos equivalentes.40 Está afirmación no dejó de provocar la reacción de la prensa paraguaya. "En nuestro Ejército -escribía `El Diario' Dominical el 21 de octubre de 1934- no se consume una sola gota del petróleo de la Standard Oíl, de modo que es una falsedad temeraria la afirmación de la compañía". 41

         La guerra absorbió las mejores energías de los dos pueblos. El gobierno de Bolivia relegó para mejores días el tratamiento de las denuncias llegadas a él sobre la deslealtad de la Standard Oíl a partir de la instalación del oleoducto que cruzaba el río Bermejo, así como de la venta indiscriminada que hacía de combustibles para ambos Ejércitos. Sergio Almaraz, citando a José A. Deheza da cuenta de las primeras revelaciones en el caso del oleoducto clandestino: "El agente de la aduana boliviana, Pompilio Guerrero, en 1935 reveló que en los primeros meses de 1926 había descubierto el oleoducto clandestino construido por la Standard Oíl a través del río Bermejo. Ese funcionario dijo que desde Orán (Argentina) había enviado un oficio al Director General de Aduanas informando sobre su descubrimiento. Al cabo de 15 días se presentó un nuevo funcionario en Fortín Campero con un oficio de la Dirección General de Aduanas para mí, por el que se ordenaba entregue en el día el Resguardo a dicho señor Aguirre, sin hacerme saber mi nuevo destino. Regresé a La Paz y hecha mi declaración al señor Director (de Aduanas) William Magowan, éste me ofreció otra situación tan pronto como se presente una vacante. Guerrero cuenta que Magowan expresó con referencia a la denuncia que la Standard Oíl jamás puede hacer contrabando de petróleo, es una compañía sumamente seria, es multimillonaria, su denuncia es falsa. A mí me consta que la Standard Oíl es correcta por haber sido yo empleado de la Standard".42

         El ex-funcionario norteamericano de la Standard Oíl, que ocupaba aquel puesto como consecuencia del empréstito Dillon Read no podía obrar de otra manera si deseaba ser consecuente con sus funciones. Pero su presencia era la demostración ostensible de la intromisión y del enfeudamiento boliviano en los años veinte. En septiembre de 1926, tras las denuncias de Guerrero, el encargado de la compañía en La Paz, R. C. Wells escribía a quien ocupaba similar cargo en Buenos Aires, significándole que "el peligro no es que nosotros tengamos que pagar Bs. 1.000 (que sería el equivalente de la regalía del 11 %). Porque si el asunto llega en realidad a hacerse serio, ese sería un arreglo muy agradable. El peligro verdadero es que nuestros “impuestos de producción” sean hechos efectivos, que seamos multados; y la acusación de mala fe de nuestra parte". 43

         Apenas concluida la guerra la denuncia acerca del oleoducto clandestino tendido a través del río Bermejo acaparó la atención general. El pozo boliviano N° 2 del Bermejo, uno de los más ricos de la zona, habría producido millares de barriles con destino al campamento petrolero de Aguas Blancas, en territorio argentino, supuestamente empleados como combustible para equipos de perforación que la Standard Oíl poseía en dichos suelos. La situación adquirió un nuevo cariz cuando a finales de octubre de 1935 dos diputados argentinos, Rafael N. Lencinas y José María Saravia recorrieron la zona y denunciaron desde allí oficialmente la existencia del citado oleoducto clandestino en la provincia de Salta, colocado por debajo del lecho del río. La noticia impactó en Bolivia que aún sufría los efectos de la desastrosa conducción político-militar de la guerra y que se hallaba particularmente sensibilizada ante cualquier denuncia que, como ésta, podría significar deslealtad y algo más contra los intereses del país. La humillación y la burla de que se sentían víctimas sus dirigentes ante las revelaciones de los legisladores argentinos tornaron forzosa la adopción de medidas contra la compañía norteamericana. Las circunstancias empero, no eran propicias. "La sanción contra la empresa, por defraudación, se habría producido en 1935, afirma Gustavo Chacón, pero en la Conferencia de Paz actuaban personajes norteamericanos vinculados con la compañía culpable. La Standard Oíl perjudicó la defensa de Bolivia durante la guerra del Chaco; y los servidores de la `internacional del petróleo' podían malograr la paz que con tanta ansiedad buscaban dos pueblos hermanos que por incomprensión se agredieron." 44

         Las denuncias de los diputados Saravia y Lencinas eran las más serias efectuadas hasta entonces respecto de los oleoductos subrepticios. "La Prensa" de Buenos Aires publicaba el 29 de octubre de 1935 una entrevista con aquél, motivada por anteriores declaraciones suyas y tras la investigación "in situ" realizada por ambos legisladores. "El doctor Saravia -decía “La Prensa” - manifestó que había visitado en compañía del doctor Lencinas la zona de Agua Blanca, en el territorio limítrofe con Bolivia y separada de este país por el río Bermejo. Añade que encontraron a orillas del mismo río y sobre la parte argentina cuatro pozos de la compañía Standard Oíl, uno de los cuales está en la misma orilla y separado por unos 110 metros del pozo más próximo de la banda opuesta del río y situado en tierra boliviana. Agrega que este pozo produce un afloramiento de petróleo a la superficie sin necesidad de bombear y por medio de una cañería que no es como la de los otros pozos de perforación, sino de extracción de petróleo, según lo comprobaron con el técnico de Yacimientos Petrolíferos Fiscales ingeniero Grannini. Los pozos situados en el territorio boliviano, dice el doctor Saravia, se les informó que están cerrados, no obstante que, como se sabe, son los más ricos que la compañía Standard Oíl posee en Sudamérica. Añade que en el caso de extraerse allí petróleo éste no tendría salida sino por el territorio argentino, en la zona de Agua Blanca. Según la citada empresa, jamás extrajo petróleo de los pozos bolivianos. Debido a esta circunstancia, nos agregó, de estar cerrados los pozos de Bolivia, la presión del gas hacia abajo es muy fuerte y ello facilita la salida del petróleo al pozo más cercano situado en la República Argentina y por el cual aflora el combustible. De ahí, continuó el doctor Saravia, que no resulta raro el hecho de que estos pozos situados en territorio argentino sean los que más producen de los que posee la compañía Standard Oíl y también los Yacimientos Petrolíferos".45

         En el mismo reportaje, el legislador argentino hacía otras interesantes revelaciones, probando que la infracción era evidente, "no solamente en la introducción del petróleo en la Argentina sin pagar el impuesto correspondiente, sino que se perjudicó también a la provincia (de Salta) en lo que le corresponde a ésta por concepto de regalía, la cual se calcula sobre la base que la empresa declara, sin control alguno... Las cifras que le dieron al ingeniero Cánepa (Enrique P. Cánepa, subgerente técnico de Yacimientos Petrolíferos Fiscales) eran de una producción de cien metros cúbicos de petróleo argentino por día, mientras que veinte días después el encargado de la Standard en Agua Blanca le declaró al citado ingeniero Grannini (también funcionario de Y.P.F.) que producían 150 metros cúbicos diarios y al día siguiente al diputado Lencinas le informaron en la destilería de Manuel Elordi, que es el punto de concentración del petróleo, que la producción era de 200 metros cúbicos diarios".46

         Si las preocupaciones en la Argentina estaban dadas exclusivamente en punto a una probable falta de pago en concepto de regalías, para Bolivia la cuestión asumía ribetes de un contrabando de sus riquezas naturales. Al día siguiente, 30 de octubre de 1935, el Ministerio de Industria de Bolivia daba a público conocimiento un comunicado, que señalaba haberse iniciado un proceso contra la Standard Oíl. Por su parte, el señor Pedro Nolasco López, subsecretario de dicho Ministerio afirmaba: "Es de advertir que las autoridades de Salta desmentían telegráficamente la construcción y explotación del oleoducto, pero posteriores investigaciones de las autoridades bolivianas permitieron establecer que efectivamente había sido ingeniosamente construido el oleoducto y que la cañería se hallaba pegada al puente colgante que une ambos campamentos petrolíferos. En esta forma -afirmaba Nolasco López- era conducido el petróleo al Bermejo desde el año 1926 hasta el día del descubrimiento... En esta forma la Standard  Oíl exportaba clandestinamente la preciada riqueza del país. Sobre la base de la producción clandestina, construyeron cuatro tramos de oleoductos en la provincia de Salta. De Aguas Blancas a la destilería Manuel Elordi un oleoducto de 3,5 pulgadas y de 66 kilómetros de largo. De Manuel Elordi a la estación ferroviaria Hickmann, de igual diámetro y de 60 kilómetros de largo, de San Pedro a Vespucio de 33 kilómetros de largo y de Vespucio a Hickmann de 74 kilómetros. Se sabe que de Hickmann a Formosa se conduce petróleo crudo en estanques y que después ese petróleo es llevado a la refinería que posee la Standard Oíl en la ciudad de Campana. No se puede precisar exactamente el monto de la exportación clandestina, pero por datos de origen argentino se ha podido establecer que el campamento Bermejo comenzó a producir en el año 1925, deduciéndose que en los diez años transcurridos se habrá exportado en esa forma por lo menos 9.189.000 barriles".47

         Simultáneamente, el Poder Ejecutivo argentino devolvía el expediente de la investigación, autorizada ya desde junio de 1935, para que la misma sea ampliada por parte del directorio de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, a la luz de las recientes investigaciones de los diputados Lencinas y Saravia. Con alguna demora y movido por las nuevas denuncias, el presidente Justo daba a conocer un informe presentado sobre el particular por el ingeniero Cánepa, el cual señala que tras una revisión prolija de la zona fronteriza en cuestión, no se hallaron indicios de existencia de oleoductos clandestinos y que existía coincidencia entre las cifras de producción dadas por la compañía con los registros oficiales. Según dicha relación "el petróleo que ha estado elaborándose en la destilería que la Standard Oíl Co. tiene establecida en la localidad de Elordi -provincia de Salta- y el que ha salido de dicha provincia para ser elaborado en la destilería que la misma compañía posee en Campana, corresponde en su totalidad a producción argentina."48

         El mismo documento señalaba más adelante que a juicio del técnico informante, "la situación de sospecha en que se ha colocado la Standard Oíl Co. tiene posiblemente su origen en la forma irregular con que procedió dicha compañía al instalar una cañería desde la mina de Bermejo, en Bolivia, hacia el campamento de Aguas Blancas, territorio argentino, en el año 1925, sin autorización aparente del gobierno nacional...". 49

         Urgido por las precitadas denuncias, el presidente de la S.A. Argentina Standard Oíl Co. Mr. F. C. Schultz salía por su parte al paso de ellas afirmando a finales de octubre de 1935 que en junio de 1925 el gobierno argentino había autorizado a la compañía intercambiar materiales entre los campamentos que poseía río Bermejo de por medio y que para el funcionamiento de maquinarias y calderas se había instalado una cañería de cinco centímetros de diámetro por 250 de longitud para transportar combustible a tales fines. "A partir del año 1926 esta compañía afirma que no ha existido oleoducto alguno a través del río Bermejo salvo en los lugares donde ambas márgenes del río están dentro del territorio exclusivamente argentino, oleoducto Agua Blanca-Elordi, construido recién en 1933". 50

         Parecida postura asumía, al mismo tiempo, el gobierno de la provincia afectada, cuyo Ejecutivo afirmaba que "el gobierno de Salta no conoce ni admite la existencia de ninguna cañería internacional clandestina". Tales afirmaciones, a pesar del énfasis puesto en ellas, contradecían básicamente el informe dado a conocer en Buenos Aires de autoría del ingeniero Cánepa, que admitía la existencia de una cañería que cruzaba el río Bermejo.

         Para "El Diario" de La Paz     se trataba, en cambio; de "un flamante caso de cirugía, o sea la transfusión de aceite dinámico de un organismo a otro". El mismo afirmaba, según los cables internacionales, que "la Standard Oíl ha perforado 35 pozos, tres de los cuales son surgentes, y que el petróleo boliviano era transportado de Agua Blanca por un oleoducto argentino hasta la costa del río Bermejo, continuando luego hasta la estación Hickmann, donde era transbordado a los vagones-tanques del ferrocarril a Formosa, para después ser cargado en embarcaciones que bajan el río Paraguay hasta las destilerías que la empresa posee en Campana. La exportación clandestina durante los nueve años de infracción se calcula en 9.189.000 barriles". 51

         Unos días después, a comienzos de noviembre de 1935, los legisladores denunciantes, que seguían en la provincia de Salta, se dirigían por carta al presidente Agustín P. Justo, dando por terminada su investigación. "Desde la llegada a ésta del ingeniero Cánepa, quien se ha puesto en contacto con el personal de la Standard y el gobierno de la provincia, interesados en entorpecer la comprobación de nuestras denuncias -informaban ambos- hasta hoy, que damos por terminada nuestra participación por carecen de las más elementales garantías de imparcialidad, no hemos encontrado sino dificultades insalvables". Más adelante los dos diputados señalaban que era más probable, en atención a declaraciones de testigos y nuevos datos obtenidos, la existencia de una inclinación para extraer petróleo de Bolivia antes que de una cañería clandestina como se creía generalmente. La falta de cooperación técnica para desentrañar, la incógnita movía a Saravia y Lencinas a concluir que "en esta forma y condiciones resultaría estéril todo esfuerzo al no existir una cooperación seria y decidida de parte de quienes pueden y deben aportar conocimientos técnicos, ya que la comprobación se haría únicamente, por estos medios, dado el procedimiento o sistema de que estaría valiéndose la Standard para succionar petróleo boliviano". 52

         En la Argentina las investigaciones no prosiguieron por las razones expuestas por los denunciantes, no así en Bolivia dónde nadie olvidó las acusaciones, que se sumaban a varias otras en perjuicio de la compañía norteamericana. El gobierno de Tejada Sorzano continuó las pesquisas, pero sin adoptar sanción alguna, la que correspondió tomar a su sucesor, el coronel David Toro mediante Resolución Suprema del 13 de marzo de 1937 que declaraba "la caducidad de todas las propiedades de `The Standard Oíl Co. of Bolivia', dentro del territorio de la República, por defraudación comprobada de los intereses fiscales", pasando en consecuencia todos sus bienes a propiedad del Estado boliviano. 53 "Hemos obrado en estricta justicia, afirmaba el Ministro de Minas y Petróleo TCnel. Antenor Ichazo, en la seguridad de hacer respetar los derechos nacionales, que desde hace muchos años fueron desconocidos y burlados por la Standard Oíl, que a más de defraudar los intereses del fisco por un valor aproximado de seis millones de bolivianos, se negó sistemáticamente a la explotación del petróleo, causando graves dificultades para la economía del país y creando situaciones difíciles, contrarias a las disposiciones legales contenidas en los contratos vigentes". 54

         Poco antes de morir, el General David Toro afirmaba haber comprobado durante su gobierno, "que la Standard Oíl llegó a, sacar petróleo de Bermejo hacia la Argentina y ese petróleo nutría las necesidades del Paraguay; yo he tenido después en mi poder -decía Toro- una constatación de que esto era cierto, dada por el propio Saavedra Lamas a cambio de que Bolivia votara por él para ganar la medalla (premio Nobel) de la Paz".55

         La Standard Oíl no jugó limpio con Bolivia durante la guerra. Acaso las cantidades exportadas según denuncias bolivianas no reflejen cifras reales, pero cae de suyo que la empresa no se comprometió incondicionalmente con el país que le había otorgado importantes concesiones. Fluctuando hábilmente -cabe admitirlo- según las oscilaciones de los acontecimientos bélicos, cuando advirtió que el curso de los mismos no se inclinaba hacia Bolivia corno había supuesto en un principio, adoptó una actitud más bien contemplativa, sin realizar mayores esfuerzos por proveer de combustibles al país donde operaba el que debió abastecerse durante todo el curso de la guerra también de pozos y refinerías peruanos.

        

 

         EL OLEODUCTO POR TERRITORIO ARGENTINO; EL RÍO PARAGUAY

 

         Los hallazgos de petróleo en Bolivia plantearon de inmediato la interrogante de cómo trasladarlos prácticamente a los centros de consumo. Varias posibilidades fueron barajadas, entre ellas la de un puerto sobre el río Paraguay. Bolivia era soberana de éste por el tratado de Petrópolis suscripto con el Brasil en 1903, pero en una zona de terrenos bajos a la altura de Coimbra, inaptos para construir un puerto. Es así que a la par que militarmente su Ejército ocupaba nuevas posiciones en el Chaco, comenzó a plantearse con seriedad, por parte de la Standard Oíl, la posibilidad de llevar el crudo a través de un oleoducto tendido en territorio argentino, el cual debía desembocar en Santa Fe o en Campana, donde la compañía tenía una importante refinería.

         La empresa norteamericana, que había obtenido en 1922 y 1923 concesiones de cateo en las provincias argentinas de Salta y Jujuy, así como permiso para la instalación de refinerías, contaba con influencias en el país. El haber logrado por decreto del 9 de mayo de 1927 la habilitación extraordinaria del resguardo de Aguas Blancas para el paso de materiales -la cual fue mantenida durante toda la guerra- 56 prueba este aserto. Bajo la segunda presidencia de Hipólito Yrigoyen, el gobierno boliviano de Hernando Siles planteó oficialmente en 1929 la construcción, en territorio argentino, de dos oleoductos, uno de ellos desde Mirtle, sobre el Bermejo, hasta la estación ferroviaria de Embarcación. El otro, el fundamental, el que partiendo de Yacuiba (Bolivia) debía alcanzar el puerto de Formosa; Santa Fe o Campana, estos dos últimos sobre el río Paraná. La solicitud estuvo a cargo del doctor José María Escalier, a la sazón Ministro en Buenos Aires y médico de vasta vinculación en importantes sectores argentinos. 57

         Para la Standard Oíl, el logro de este propósito habría sido decisivo en su política de monopolizar el manejo del crudo boliviano, a la vez que cerraba definitivamente las puertas a una posible irrupción anglo-holandesa a través de la Royal Dutch Shell. Sin embargo, los planes argentinos de estatizar en forma coherente los petróleos de su país, actitud motorizada por el general Enrique Mosconi, director de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, serían una valla insalvable para la solicitud boliviana, amén de importar una actitud consecuente con la política trazada en ese país. En una carta-sugerencia dirigida al presidente Yrigoyen, Mosconi advertía poco después de haberse dado ingreso a la petición del Dr. Escalier: "Considero que no conviene a los intereses de nuestro país acordar la concesión de ninguno de los oleoductos en cuestión, el segundo de los cuales constituye un verdadero corredor de mil quinientos kilómetros de longitud desde la frontera de Bolivia hasta los puertos de nuestro litoral, que se entregaría a la Standard Oíl Co. para uso de ella y del gobierno de Bolivia. Semejante solicitud de concesión no corresponde al estado moral y a la capacidad económica, técnica e industrial de nuestro país... Conceder lo solicitado por la Standard Oíl Co., por más que ello interese al gobierno de Bolivia, importaría salvo mejor opinión de V. E. una grave desventaja para nuestro país y el arraigo de una compañía extranjera cuyas modalidades e intereses no concordarán nunca con los procedimientos e intereses de nuestra nación". 58

         Abordando la misma cuestión, el general Baldrich afirma que el gobierno argentino se negaba a la construcción del oleoducto, salvo dentro de una racional preservación de su independencia.

"El control -señala el ingeniero y militar argentino- lo ejercería la Argentina, quien lo construiría con la garantía del petróleo boliviano, reintegrándosele su costo en amortizaciones. Pero Bolivia no quería salida tributaria sino independiente, es decir, el libre tránsito, porque así convenía a los planes futuros y pérfidos de la Standard Oíl, a fin de dominar después el mercado del Plata y del Atlántico, que es su gran objetivo. Tres veces insistió el ministro boliviano con igual resultado negativo". 59

                Como consecuencia de tal desenlace, el 7 de marzo de 1930 el Ministro de Hacienda de Bolivia doctor Manuel Mier y León declaraba en La Paz que el gobierno de su país tenía intención de destacar una delegación a Buenos Aires con el objeto de tratar la solicitud del oleoducto, ya que no perdía la esperanza de que el gobierno argentino admitiera el enorme perjuicio que venía causando a la industria petrolífera boliviana con su negativa. "Se procurará, llegar a un acuerdo -afirmaba en tono casi amenazador dicha Secretario de Estado- o dejar establecido que hay un país que trata, consciente o inconscientemente, de asfixiar a su vecino, impidiéndole la salida de sus riquezas naturales con lo cual tendremos un caso para exhibirlo a la conciencia universal".60 Cuatro días después el general Alfonso Baldrich replicaba desde las columnas de "La Argentina" de su dirección, enfatizando que "la actitud asumida por el ministro de Hacienda de Bolivia, al amenazar a la Argentina con exhibirla ante la conciencia universal como un país que consciente o inconscientemente busca la asfixia de los vecinos, es una insolencia sin nombre. Hemos dicho ayer y ratificamos hoy nuestro punto de vista, o sea que el lenguaje empleado no es boliviano y sí yanqui, pues el idioma propio del imperialismo norteamericano es inconfundible por lo altanero y por lo ofensivo"61

         El 13 de marzo de 1930, suavizando considerablemente el tono, el ministro de Hacienda afirmaba confiar, para la construcción final del oleoducto, en "el altruismo, equidad y espíritu de confraternidad de ese país hermano, cuyas prendas morales están en razón directa de su prodigiosa vitalidad". Hacía luego hincapié en los beneficios recíprocos que aportaría aquella vía, comenzando por los brazos que serían empleados en la zona de trazado y construcción y mencionaba, finalmente, antecedentes de similares proyectos en Asia y Europa.62

         Aplicando, según Baldrich, la diplomacia del llanto y del halago en lugar de la fracasada arrogancia, Bolivia y la Standard Oíl se jugaban sus últimas cartas. La oposición de elementos nacionalistas argentinos impidió, inclusive, la llegada de la anunciada delegación a Buenos Aires. El camino por oleoducto en territorio argentino estaba cerrado definitivamente y otras serían las futuras directivas políticas y militares en Bolivia, a menos que el país se desligara de la Standard Oíl formando un ente petrolífero estatal, cambio poco menos que inadmisible en aquellas circunstancias. La única salida planteada en la Argentina, en el sentido de utilizar el ferrocarril argentino hasta Yacuiba (cuyos fletes eran mucho más altos que los costos de transporte por oleoducto) o la construcción de éste de exclusiva propiedad argentina, no interesaban a Bolivia ni a la Standard Oíl, que deseaba conservar el control de tales medios de transporte. No debe sorprender que en estas circunstancias se volviera a avivar el viejo pleito del Chaco, cuya posesión por la fuerza significaría para Bolivia y la Standard alcanzar el río Paraguay atravesando territorio propio.

         El 9 de septiembre de 1930 es derrocado en la Argentina el gobierno radical de Yrigoyen, como lo había sido en junio el de Hernando Siles. Los gobiernos de Uriburu y, particularmente, el del general Justo, sucesores de aquél, se hallaban fuertemente influenciados por los intereses británicos, consolidados a partir de 1930. La Standard Oíl fue perdiendo terreno en la Argentina, siendo poco después definitivamente nacionalizados sus bienes, los que, en ningún momento habían conseguido arraigarse con fuerza en el país. En Bolivia, en cambio, la situación era diferente: la compañía conservaba importantes concesiones, pero geográficamente encerradas. Descartada la salida por oleoducto en territorio argentino, el Chaco Boreal era el camino, a pesar de las dificultades que ofrecía el río Paraguay en algunos tramos con aguas poco profundas. Para la Standard Oíl, un puerto sobre este río significaría además, un lugar apropiado de almacenamiento de combustibles Y para. Bolivia no solamente la probabilidad potencial de una terminal ferroviaria, sino también la unión con el Brasil, ventaja de la cual este país usufructuaría en primer término.

         El juego de los intereses empujaba así también inexorablemente a la guerra. Cerrando el paso a las pretensiones bolivianas estaba el Paraguay, que reclamaba como secularmente suyo aquel territorio. El 6 de agosto de 1932, en su mensaje al Congreso de Bolivia, el presidente Daniel Salamanca afirmaba: "No es posible que Bolivia se resigne a ser una nación perpetuamente enclaustrada. Bastará mencionar un caso en este momento. Bolivia tiene en la vertiente oriental de sus montañas grandes riquezas petrolíferas, con varios pozos ya perforados que podrían entrar en inmediata explotación. Harto necesita de esos recursos y se ve obligada a contemplarlos como riqueza estéril. Bolivia no puede llevar esos petróleos a la Argentina porque este país, en vista de sus intereses, le cierra el paso con fuertes derechos protectores. El remedio natural y lógico sería el de construir un oleoducto al río Paraguay. Pero allí está la República del Paraguay, detentadora de territorios bolivianos, cerrándole también el paso. Bolivia no puede resignarse a vivir miserablemente como país aislado del mundo y tiene que buscar las condiciones necesarias a la plenitud de su vida".

         Difícilmente, con mayor autoridad y claridad expúsose en los albores de la guerra la manera cómo Bolivia y sus dirigentes veían aquel problema, artificiosamente creado por la Standard Oíl: Al mes siguiente, el 27 de septiembre de 1932 regresaba a La Paz el coronel José Ayoroa, quien entrevistado por "La Razón" de la capital boliviana afirmaba categóricamente la influencia del petróleo en la guerra, aunque en el sentido de que la Argentina procuraría obtener petróleo boliviano a través del río Paraguay para su propio consumo, desprovisto así éste de su carácter de concesión extranjera, con lo cual fomentaría, según Ayoroa, las pretensiones paraguayas de entrar en contacto con la zona petrolífera.63 Precisamente en tren de dar al petróleo boliviano un carácter más nacional y dirigiendo también su mirada al Pacífico, fue suscripto el 24 de diciembre de 1932 un contrato entre un denominado Grupo petrolífero oriental de Bolivia con Chile, para la construcción de oleoductos desde territorio boliviano hasta Antofagasta y Tarapaca. Sin embargo, el río Paraguay seguía siendo la meta más ansiada y la solución, aparentemente, menos compleja en opinión de los conductores políticos y militares de ese país. Lejos estaban de imaginar que a la larga sería, por la guerra, la más sangrienta, costosa e infructuosa de todas.

         Por lo demás, la construcción de un oleoducto de unos setecientos kilómetros, sea por territorio argentino o paraguayo al río Paraguay tenía entonces un costo que orillaba los 40.000.000 de pesos argentinos, suma que excedía con mucho las posibilidades financieras de Bolivia, máxime cuando ellas se hallaban comprometidas con los gastos extraordinarios emanados de las hostilidades abiertas en forma masiva desde mediados de 1932.

         Incuestionablemente, la búsqueda de una salida al petróleo boliviano por medio del río Paraguay -para lo cual era menester atravesar territorio paraguayo- contribuyó al estallido de la guerra. Detrás de la resistencia paraguaya no podrá desconocerse tampoco la presencia de los capitales anglo-argentinos en el Chaco, cuya soberanía Bolivia disputaba y que controlaban importantes extensiones dedicadas a la explotación ganadera e industrial, ligados a centros de poder en Buenos Aires y Londres.

 

 

         APROVISIONAMIENTO DE COMBUSTIBLES AL PARAGUAY

 

         Las necesidades en materia de petróleo y derivados crecieron considerablemente en el Paraguay con motivo de la guerra, más aún cuando quedó comprobado que los transportes de tracción a sangre -que se había supuesto eran los ideales para los duros caminos del Chaco- no podían ser empleados por la carencia de agua en numerosos sectores. Patente entonces la necesidad de acudir a los medios mecánicos, debió establecerse un racionado plan de utilización de combustible que el país debía obtener en su totalidad del exterior, más concretamente de la Argentina.

         La aguda carencia de nafta comenzó a sentirse en Asunción a comienzos de 1933, cuando el producto, que se vendía al público a 6,25 pesos el litro comenzó a escasear. Solamente el Estado poseía un limitado stock en sus depósitos municipales para las necesidades más perentorias de servicios básicos. El producto venía entonces como uno más de importación, en cajones que conteniendo dos latas, totalizaban 32 o 40 litros. Las cantidades mayores llegaban usualmente en tambores de 200 litros.64 Al mes siguiente, y a pesar de los requerimientos extraordinarios, el mayor volumen de nafta contratada en el extranjero era de 2.500 cajones,65 lo que encuentra su explicación en el hecho de que el gobierno, comenzando por el presidente Eusebio Ayala, mantuvo permanentemente su fe en que las negociaciones diplomáticas llevarían de un momento al otro a la paz.

         La adquisición normal de combustibles y lubricantes quedó a cargo, durante toda la guerra, de la Junta Nacional de Aprovisionamiento, que proveía así de nafta común, nafta de aviación, fuel oíl y alcohol rectificado. El procedimiento consistía, al igual que para la compra de otros productos, en la presentación, por parte de la Intendencia General de Guerra, de un pedido, el que era derivado al Jefe de la Sección Transportes de la Junta que obtenía las cotizaciones de las firmas de plaza encargadas de su importación. "En la compra de este artículo, afirma el entonces presidente de la Junta de Aprovisionamiento Dr. Manuel Bedoya, la Junta se veía frente al monopolio mundial, puesto que las tres firmas (West India Oíl Company, Shell y Meck) se ponían de acuerdo al formular sus ofertas. En cada licitación, dos eran las firmas que cotizaban un precio ligeramente más elevado que la tercera, a quien naturalmente se adjudicaba la compra, turnándose las otras para ser en las subsiguientes licitaciones las que ofrecían unos centavos menos y adjudicarse consiguientemente la compra. Así rotaban las tres firmas como adjudicatarias en las adquisiciones de nafta. Sólo en una oportunidad se presentó un cuarto competidor, una firma rusa que vino a romper el trust, haciendo una oferta más ventajosa que las tres restantes. Resultado de ese nuevo concurrente a licitación fue el beneficio de $ 38.000 moneda argentina que pudo obtenerla Junta en la compra de una partida de 5.000 tambores de nafta de 200 litros. Desafortunadamente para los intereses del Estado la firma rusa en cuestión no volvió a presentarse en las licitaciones subsiguientes debido a causas que nunca llegamos a desentrañar".66

         Las causas, que debieron estar en el juego de intereses de las tres compañías monopolizadoras, establecido a través de sus representantes locales, evitarían, junto con otras razones, el regular aprovisionamiento de carburante. La nafta común era entregada usualmente por la Junta en el puerto de Asunción a la Intendencia General del Ejército con rumbo al Chaco, quedando una pequeña fracción para las necesidades locales. La nafta de aviación restaba un poder de la Dirección de Aviación en tanto que el fueloil para la Armada era adquirido ocasionalmente a través de ésta, así como del Ministerio de Guerra y Marina, proveído por la Compañía Argentina de Navegación Mihanovich, que hacía trasbordos directos a los buques paraguayos. En el caso del fuel, señala Bedoya, el estudio del precio, calidad y pago corría a cargo del Ministerio de Guerra. 67

         Escapaba sin embargo al control de la Junta Nacional de Aprovisionamiento las gestiones reservadas que desde principios de 1933 venía llevando adelante en Buenos Aires el ministro Vicente Rivarola para la provisión regular de combustibles al Paraguay por parte de la Argentina. Fracasadas las tratativas de Mendoza en febrero de 1933, el problema del carburante se hizo perentorio para el Paraguay y debía ser resuelto sin demoras. Sobre este particular, recuerda Rivarola en sus Memorias que "juntamente con gestiones de carácter financiero que venía realizando desde algún tiempo atrás, venía empeñándome en conseguir combustible líquido, en cantidad suficiente y con regularidad, para las necesidades del Ejército en el Chaco, con el presidente Justo y sus ministros militares... Buscábase la forma y los medios para condescendérseme, y cuando ellas fueron halladas y se me comunicaron, recién entonces (febrero de 1933) escribí al presidente Ayala diciéndole: “Tendremos nafta y fuel-oíl para todas nuestras necesidades, sin tener que preocuparnos de su abono inmediato”. Y había hecho un telegrama al Ministerio de Guerra el 22 del mismo mes, diciendo: “Ruego comunicárseme consumo mensual en ésa de nafta y fueloil”, seguido de este otro: “Tengo satisfacción comunicarle que por gestiones espontáneas mías puede Gobierno suspender adquisiciones directas nafta y fuel-oíl, pues remitiré mensualmente necesidades nuestro consumo dentro de cantidades expresada su 317 (6.000 cajones de nafta y 400 toneladas de fueloil). De pago no tienen por qué preocuparse por el momento. Primera remesa saldrá dentro breves días".68

         "Y así -prosigue Rivarola- desde ese mes de marzo de 1933 hasta el día en que renunció el ministro de Marina almirante Pedro S. Casal, a su cargo, con toda regularidad hacíanse a Asunción los envíos mensuales de nafta y fuel-oíl, en las cantidades mencionadas".69 El mismo diplomático escribía confidencialmente al presidente Ayala el 23 de marzo del mismo año el procedimiento seguido: "La nafta y el fuel-oíl la Dirección de Yacimientos Petrolíferos facilitará al Ministerio de Marina y éste, a su vez, nos lo facilitará entregándolos a Mihanovich para su transporte a Asunción. Todo en la cantidad de nuestras necesidades. Esto ya está resuelto, así que podría ya suprimirse la adquisición en ésa, pues espero hacerles la primera remesa muy en breve". 70

         El 19 de agosto de 1933 Rivarola se extendía en más comentarios sobre el tema, respondiendo una anterior del presidente Ayala: "Ud. debe estar informado, decía Rivarola, que, desde meses atrás y por gestiones espontáneas mías, fuel-oíl y nafta nos proporciona Yacimientos Petrolíferos Fiscales, por cuenta del Ministerio de Marina, a precio de costo y a pagar cuando nos venga bien... El fuel-oíl y la nafta tenemos cuatrocientas toneladas del primero y seis mil cajones de la segunda, por mes, cantidades a que de ahí se me comunicó ascienden las necesidades mensuales".71

         ¿De dónde proveía parte de dicho combustible? Es la pregunta que pocos han procurado responder. La República Argentina no era autosuficiente en petróleo: Explotaba yacimientos en Comodoro Rivadavia (Chubut), Plaza Huincul (Neuquén) y Orán (Salta). Once eran las compañías particulares que durante la guerra trabajaban en el país en las zonas de Comodoro Rivadavia, Salta-Jujuy, Plaza Huincul y Mendoza. Según estadísticas correspondientes a 1934, Yacimientos Petrolíferos Fiscales producía 835.565 m3 y los pozos particulares 1.394.056 m3. En cuanto a su distribución por zonas, Comodoro Rivadavia alcanzaba 1.725.385 m3, Plaza Huincul 172.504, Salta 323.287 y Mendoza 8.445 m3. El país ocupaba por entonces el décimo lugar en producción petrolífera en el mundo, debiendo importar entre un 10 y un 15% de sus necesidades. Gran parte de las compras argentinas eran de fuel-oíl y, en menor proporción, de nafta.

         ¿Se hallaba, en tales condiciones, posibilitada la Argentina de ofrecer en venta importantes cantidades de combustible al Paraguay, parte de las cuales debía a su turno importar pagando los precios internacionales? No resulta difícil avanzar en una respuesta, máxime aún si consideramos las dificultades de transporte que existían por la época desde Comodoro Rivadavia, como también de Mendoza y Neuquén. Buena parte del carburante, especialmente la nafta, provenía entonces de los yacimientos de Salta, alimentados a su vez en cierta medida y clandestinamente por yacimientos bolivianos. Así, el Paraguay llegaría a consumir paradójicamente alguna nafta boliviana durante la guerra, del mismo modo como lo haría Bolivia con algunos productos agrícolas paraguayos industrializados, aunque en circunstancias diferentes.

         La Standard Oíl abasteció igualmente a Bolivia durante parte de la guerra con derivados del petróleo vía Puerto Yrigoyen. Los mismos provenían de Elordi en Salta, llegaban a Embarcación, de ahí por ferrocarril a Puerto Juárez y de este punto a Puerto Yrigoyen por camiones, de donde cruzaban a Puerto Linares. Simultáneamente buques surcaban las aguas internacionales del Río Paraguay rumbo al Norte, a Corumbá, de donde partían a Puerto Suárez, asiento de la V División boliviana.

         El petróleo, que también llegaba a Formosa en grandes camiones, sería transportado durante la guerra por ferrocarril. Un antiguo morador de Formosa nos refirió que hacia 1927-1928 se hizo en la zona la prolongación del tramo ferroviario Las Lomitas-Embarcación, presumiblemente para transporte de petróleo y que después, durante la guerra, los trenes llamados "Los petroleros", con tanques para petróleo crudo llegaban de Embarcación, que era un importante cruce de rieles, hasta un muelle de la fábrica de tanino de una compañía argentina, yendo este combustible oficialmente al Sur. No venía nafta sino crudo y tales transportes causaban inquietud entre los pobladores, dado el incendio que se declaró en una ocasión a causa de este material inflamable.72

         Simultáneamente, también se transportaba nafta refinada de Elordi, (propiedad de la Standard Oíl), que llegaba a Formosa y parte de la cual llegó a ser consumida en el Paraguay. Un dato curioso durante la guerra fue el del denominado "boli querosén" que se empleó en el Paraguay en limitadas cantidades, de color rosado y olor nauseabundo. No hemos podido detectar dónde se le dió tal apelativo, pero en pueblos como Yuty y otros, se lo tenía por tal.73 La coincidencia en esto radica que en Bolivia al querosén llegó a añadírsele en un momento dado un colorante para evitar su contrabando a la Argentina.

         A pesar de todo, subsistió durante la guerra una crónica escasez de combustibles, especialmente de nafta, lo que hizo que fuera reclamado insistentemente el monopolio de este producto por el Estado.74 La Junta Nacional de Aprovisionamiento, a cuyo cargo corrían las importaciones normales (pues en forma paralela llegaba el producto contratado por Rivarola en la Argentina) llegó inclusive a adoptar el racionamiento en retaguardia, atendiéndose en primer término -a través de cupos- las necesidades de los transportes de carga del interior y los camiones capitalinos, luego los automóviles de médicos y los de servicios de urgencia, para finalmente considerarse los vehículos particulares.75

         La provisión obtenida por el ministro Vicente Rivarola comenzó abarcando fuel-oíl y posteriormente nafta. "La cuestión de la nafta quedó arreglada con intervención del ministro de Hacienda" escribía Rivarola al presidente Ayala el 30 de marzo de 1934. Y añadía: "Espero que en los primeros días de abril podrá salir la primera partida de un millón quinientos mil litros. Y en los meses posteriores seguirá haciéndose igual provisión". 76

         Por entonces y con motivo de la depreciación monetaria, el precio de venta al público de la nafta (al 1° de julio de 1934) había subido a doce pesos de curso legal el litro. Las necesidades del consumo seguían creciendo al prolongarse las distancias que debían recorrer los servicios logísticos del Ejército paraguayo, con sus centenares de unidades de camiones movidas a nafta. En febrero de 1935 estos requerimientos habían trepado al millón seiscientos mil litros mensuales con tendencia a incrementarse aún más.77

         Los envíos de la Argentina, que no fueron nunca regulares, tropezaron con la mora en los pagos por parte del Paraguay. "Yacimientos Petrolíferos Fiscales -escribía Vicente Rivarola a Eusebio Ayala el 16 de marzo de 1935- no encuentra inconveniente para entregarnos mensualmente los un millón quinientos mil litros (de nafta) y la cantidad de aceite que necesitamos; siempre qué el gobierno haga entregas de dinero equivalentes al importe de dichos suministros, de manera a evitar que su deuda exceda del margen actual... Agrega que entiende no exigir el pago de los suministros, al Paraguay sino que la deuda del gobierno no aumente"78

         En el choque de intereses, Bolivia hacía permanentes acusaciones a la Argentina de sostener materialmente al Paraguay en la guerra. La propaganda sobre un supuesto complot por el que ambos países de apropiarían de la riqueza petrolífera boliviana formaba parte de la guerra. Es así como el 27 de febrero de 1935 la Legación de Bolivia en París declaraba a la agencia United Press que "las noticias cablegráficas que recibimos de La Paz nos informan casi simultáneamente con el retiro del Paraguay de la Sociedad de las Naciones, que la Compañía Petrolera Argentino-Paraguaya de Buenos Aires recibió gran número de pedidos para que tomara a su cargo la explotación de los yacimientos petrolíferos que el Paraguay espera capturar". Estas declaraciones movieron al canciller argentino Dr. Carlos Saavedra Lamas a desmentirlas el mismo día, haciendo constar "que no existe la tal Compañía Petrolera Argentino-Paraguaya de Buenos Aires. Así, decía Saavedra, lo informa la Dirección General de los Yacimientos Petrolíferos Fiscales de la República Argentina, no figurando la pretendida compañía inscripta en la Dirección de Minas del Ministerio de Agricultura ni registrada en la `World Petroleum', guía donde se anotan todas las compañías mundiales de petróleo". 79

         Era natural que el avance de las tropas paraguayas en los comienzos de 1935 motivara semejantes reacciones. El coronel Carlos J. Fernández, Comandante del I Cuerpo de Ejército paraguayo recuerda la elaboración de un plan para tomar perforaciones petrolíferas bolivianas del cerro Teiguate, una de cuyas torres causaba profunda obsesión en las tropas paraguayas, que desconocían, empero, si ella producía o no. El 3 de marzo de 1935 el comandante de la Séptima División Paraguaya, mayor Enrique Godoy Cáceres, se trasladó a distancia próxima del objetivo, para estudiar una acción sobre el mismo, llegando a la conclusión de que tropas del R.I.2 podían llevar adelante los trabajos preparatorios. La operación, sin embargo, fue pospuesta en atención a las probabilidades de una paz próxima y las dificultades que ofrecía el escabroso terreno. 80

         Cuando en junio de 1935 llegó el cese de hostilidades, el Paraguay seguía siendo aprovisionado de combustible por parte de la Argentina. Numerosos decretos de carácter reservado dictados entre 1932 y 1935 atestiguan las compras realizadas inicialmente a través de la Junta Nacional de Aprovisionamiento y de casas comerciales locales y más arde también con intervención de la compañía Mihanovich. Entre otros podemos citar el decreto No 44.967 del 19 de septiembre de 1932 que autoriza la compra de 10.000 cajones de nafta "Energina" de la casa Sheli Meck Argentina Ltd. así como aceite y gasoil, y también una pequeña partida de grasa de la casa West Oíl Cía. Otro decreto del 27 de diciembre de 1932 autorizaba adquirir por medio de la Compañía Argentina de Navegación (Mihanovich) cuatrocientas toneladas de fuel oíl para consumo de los cañoneros "Paraguay" y "Humaitá". El 31 de diciembre de 1932 se aprobaba un contrato suscripto entre la Junta Nacional de Aprovisionamiento y la casa Rius y Jorba para la provisión de 1.000 cajones de kerosén "Carso" para consumo del Ejército y el 8 de febrero de 1933 se aprobaba la compra a la West India Oíl Company de 2.500 cajones de nafta Wico Verde para el Ejército y Armada paraguayos. Otros decretos reservados aludían a la adquisición de nafta de aviación, como el N° 52.553 del 9 de junio de 1934 que aprobaba el contrato celebrado entre la Junta y la West India para provisión de cien mil litros de nafta "Stanavo". La citada compañía proveyó así hasta el término de la guerra de importantes partidas de nafta y fuel oíl para las necesidades del Ejército paraguayo, no debiendo sorprender que ella fuera una de las filiales de la Standard Oíl.

 

 

         EL CARBURANTE NACIONAL

 

         De mucho tiempo antes de la guerra fue preocupación en el Paraguay la necesidad de sustituir parcialmente los gastos en concepto de derivados del petróleo mediante el empleo de carburante de origen vegetal. "Consumiendo kerosene pagamos oro. Este oro quedará en el país si consumimos alcohol" afirmaba la prensa en 1909.81 La inquietud por dar salida a este producto era, inclusive, de unos años atrás. En julio de 1902 el diario "El Paraguay" dedicaba al alcohol un extenso artículo titulado "E1 alcohol y sus aplicaciones modernas; una industria de gran porvenir en el Paraguay", que hacía hincapié en el empleo del mismo en autovehículos y motores de pequeñas locomotoras. "El alcohol, afirmaba el articulista, ha venido a reemplazar ventajosamente el petróleo para el alumbrado", subrayando que mediante las lámparas de alcohol para uso doméstico "se ahorraría anualmente la suma de 40.055 oro, que representan 590.000 cajones de petróleo importado del extranjero". (*)

         Con el correr de los años se mantuvo la preocupación por dar al carburante de origen vegetal más aplicaciones: En octubre de 1909 la Sociedad Nacional de Agricultura realizó en su local un interesante experimento de empleo de alcohol y su ventaja sobre el petróleo y derivados para variados usos, concluyéndose que la luz obtenida con alcohol era mejor que la conseguida mediante el kerosén. Por su parte, en junio de 1922 una comisión oficial integrada por miembros del gobierno e industriales elevó al Poder Ejecutivo un estudio sobre ensayos hechos en distintos motores a combustión interna con carburante de origen nacional.

         Por decreto del 21 de septiembre de 1931 suscripto por el presidente José P. Guggiari, se constituyó una comisión para dirigir y reglamentar "la fabricación de un carburante nacional a base de alcohol". Integraban la misma los doctores Rodolfo Ritter y Ricardo Boettner, y los ingenieros Ladislao Vaccaro, Gustavo Crovato, Gustavo Goener y Baltazar Ballario, el Cap. José Bozzano (h) y los señores Quinto Censi y Adalberto Friedmann, estos últimos industriales productores de azúcar. La comisión, refiere el Dr. Boettner, llegó a recomendar -y así se hizo- el empleo del 5 al 10% de alcohol absoluto que por entonces fabricaba la Azucarera Paraguaya S.A. a base de caña de azúcar, para su mezcla con combustible importado.

         Sin embargo, el principal problema que encontraba la mezcla de alcohol con nafta era su escasez. A pesar de las condiciones favorables durante la guerra, el carburante nacional podía obtener se si se producía alcohol en grandes cantidades lo cual en la práctica no aconteció.

         Las mezclas realizadas durante la guerra consistieron en alcohol rectificado con nafta, pero empleadas solamente en retaguardia. "Nunca, afirma Manuel Bedoya, se la usó en los vehículos del frente, pues son conocidas las dificultades con que se tropezaba antes de obtener un resultado satisfactorio con el uso de esa mezcla de combustibles". 83

         Durante la guerra también se experimentó en el Paraguay el denominado gasógeno o gas pobre, que consistía en producir, mediante el añadido de un dispositivo al motor del vehículo, óxido de carbono por combustión de madera o carbón, el que iba al motor y lo ponía en funcionamiento. En diciembre de 1934 el ingeniero Henri Proumen realizó en Asunción algunas pruebas con gasógeno llenando los tanques con leña, pero sus resultados no fueron trascendentes.

 

 

 

         APROVISIONAMIENTO DE COMBUSTIBLES EN BOLIVIA

 

 

         Si Bolivia se asemejaba al Paraguay en los años de preguerra en su reducido consumo de derivados del petróleo, cifraba, en cambio, exageradas esperanzas en que su explotación habría de permitirle dar el gran salto hacia adelante, para sacar a su economía del subdesarrollo. La guerra y, al mismo tiempo, la escasa productividad de sus campos petroleros -al menos la exhibida por los concesionarios-colocó a Bolivia en la necesidad de buscar fuentes externas de aprovisionamiento para satisfacer las crecientes demandas de sus unidades motorizadas que debían cubrir centenares y miles de kilómetros por caminos tortuosos y polvorientos. El país, que no producía nafta de aviación ni lubricantes, debió hacerse de ellos pagando en divisas oro en Talara, Perú, refinería también de la Standard Oíl ubicada en el litoral Pacífico cercana a la frontera peruano-ecuatoriana, de donde venía a Arica para pasar a Bolivia. La producción boliviana de crudo, que antes de la guerra abastecía sus exigencias propias, no pudo alcanzar empero más que para las operaciones militares desde 1932, forzando así a una constante importación para cubrir los servicios de la retaguardia. A pesar de ello, eran rutinarios los reclamos que el alto mando militar boliviano hacía al Ejecutivo para que se regularice el suministro.

         "Falta absoluta de gasolina perjudica grandemente" escribía el general Hans Kundt al presidente Daniel Salamanca el 2 de mayo de 1933 comentando operaciones militares en el sector Gondra. Y el 11 del mismo mes y año, con motivo del probable cierre de las fronteras argentinas, señalaba al mandatario la necesidad de aumentar la producción de gasolina en Sanandita y Camiri, donde operaban dos refinerías de la Standard Oil.84  El 22 de junio de 1933 el general alemán comunicaba a Salamanca que debía de utilizarse una nueva ruta, más extensa, para acercar combustibles al frente: "Por cierre de Puerto Yrigoyen, Linares pierde importancia para el abastecimiento, debiendo los víveres y nafta transportarse desde Villa Montes y Santa Fe hasta Tres Pozos para 20.000 plazas de Primer Cuerpo y hasta Conchitas para 7.200 plazas del Segundo Cuerpo. Dirección de Abastecimiento debe entregar víveres en San Antonio, Villa Montes y Santa Fe con transportes propios". 85

         Una de las pocas informaciones oficiales que hallamos acerca de la importancia de las compras de combustibles peruanos por parte de Bolivia durante la guerra la dio en noviembre de 1933 el entonces cónsul y agente aduanero boliviano en Mollendo, Donato Cusicanqui, quien afirmaba que su país se halla adquiriendo mensualmente unas doscientas toneladas de gasolina y kerosén del Perú, entre otros productos. "La exportación de gasolina, kerosene; petróleo crudo y otros productos -señalaba el cónsul- nos da el siguiente cuadro comparativo: En el primer semestre, de 1932 Bolivia compró al Perú 1.818.740 kilos con valor  de pesos 171.549,00. En el primer semestre de 1933 esas adquisiciones sumaron 3.567.174 kilos con un valor de pesos 574.039:00".86

         La información, publicada poco después en Asunción, ratificaba cuanto ya conocía el mando militar paraguayo: que la producción boliviana no cubría sus exigencias. Esta suposición estaba avalada por el hecho cierto de que en varias posiciones bolivianas ocupadas por tropas paraguayas, fueron hallados cajones vacíos de nafta peruana "El Inca" que procedían, sin ninguna duda, de Talara.

         En marzo de 1934, el gobierno de Bolivia decidió restituir a la Standard Oíl la producción de combustible en Camiri, que usufructuaba aquél desde finales de octubre de 1932 con el compromiso -que la empresa no cumpliría- de producir una determinada cantidad de gasolina y nafta de aviación, a fin de evitar en lo posible la sangría de divisas que representaban las compras, casi todas del Perú. El texto del respectivo decreto señalaba: "Visto y considerando: la necesidad de consumir preferentemente gasolina nacional para las necesidades de la campaña, con mayor razón dentro del considerable aumento de consumo que ocasionará la adquisición de nuevas unidades motrices y de aviación; que se ha llegado a convenir un punto de equidad con la Standard Oíl Co. of Bolivia, al fijar un precio para la gasolina de camiones y de aviación y para el kerosene, debiendo en tal virtud la compañía aumentar la destilación de estos productos hasta llenar la casi totalidad del consumo fiscal, reembolsándose con dichos precios de los gastos en que incurra con motivo de las nuevas instalaciones; Que todas las autoridades técnicas del Supremo Gobierno han aconsejado aceptar tales precios por ser convenientes en comparación al costo de gasolina importada que se paga en oro".

         "Con los informes de la Dirección de Obras Públicas, de la Dirección de Transportes y de la Dirección General de Aprovisionamiento de gasolina y lubricantes, se resuelve: Artículo 1°) Quedan suspendidos los efectos de la resolución suprema de 31 de octubre de 1932 mediante la cual el Estado tomó a su cargo la explotación de los pozos petrolíferos de Camiri; Artículo 2°) La Standard Oíl Co. of Bolivia, en cambio, conforme a su oferta de 7 de diciembre de 1933 presentada al Ministerio de Industria, ampliará sus instalaciones de destilería de petróleo en Bolivia hasta producir mensualmente cuatrocientos mil litros, de gasolina, de aviación de superior realidad, tipo `otano 80', conforme a las especificaciones de la Inspección Fiscal de Petróleos y ochocientos mil litros de gasolina para automóviles, cuyos precios de venta al Supremo Gobierno serán de cuarenta y cinco centavos (moneda nacional) el litro de gasolina de aviación y al mismo precio actual de diez y ocho centavos la gasolina para automóviles. Para el kerosene se fija el precio de diez y siete centavos el litro. Las ampliaciones de sus destilerías quedarán concluidas y la producción nueva estará disponible en el término de 90 días después de notificada esta resolución suprema a la compañía. Todo el residuo proveniente después de la destilación de gasolina y kerosene será de propiedad y entregado libre de todo gasto al Supremo Gobierno; Artículo 3°) El Supremo Gobierno consumirá por lo menos trescientos cincuenta mil litros de gasolina de aviación y setecientos mil de gasolina para camiones de la producción de la compañía". 87

         A pesar de todo, la falta de suficiente gasolina fue permanente obstáculo para la regular movilidad del Ejército boliviano, cuyos mandos indicaban en abril de 1934 el aumento del consumo de gasolina a un millón de litros mensuales, cifra que no se había aún alcanzado. 88 Por su parte, el 18 de agosto del mismo año, con motivo de la caída de Picuiba y 27 de Noviembre, el General José L. Lanza, ante la posibilidad de quedar encerrado, solicitaba del presidente Salamanca la compra urgente de gasolina en el Brasil, vía Puerto Suárez, la que fue de inmediato ordenada a través del Ministerio de Defensa.89

         El crónico déficit en materia de combustibles está igualmente patente en decenas de mensajes del Ejército de Bolivia, que fueron descifrados durante la guerra en el Paraguay y que delatan los altibajos habidos en todo momento por satisfacer la creciente demanda de gasolina y aceites. Reproducimos, cronológicamente, algunos de ellos:

 

De C.P.1 (Comando      II Cuerpo) Nº 305 -- Pls, 23 Agosto 23/933 8.30 horas Para Dirección General Etapas, Villamontes -- Cif. 786/71

Careciendo absolutamente gasolina segundo cuerpo, insinúo remisión inmediata, General Osorio.

 

De Tres Pozos Nº 185 Pls. 20 Agosto 29/933 20.00 horas Para Dirección General Etapas, Villamontes -- Cif. 159

Ofrecen 600 cajones gasolina 25 pesos de autoridades de Argentina. Estación Juárez demanda pago 168.000 pesos almacenes víveres tránsito. Rivera.

 

De Villamontes Nº 431 Pls. 124 Septiembre 14/933 21.50 horas

Para G.J.E.C, Muñoz -- Cif. 461/573

Parte combustibles: En Villamontes 27.000 litros gasolina, 2.800 esencia, 3:600 benzol, 3.000 aceite delgado, 2.380 grueso, 1.000 extra-grueso, 257 kilos grasa, 11.000 litros aceite para aviones, 250 latas Mobiloil, 59 latas Mobiloil y 48 Mobilunican. En Cururenda: 400 litros aceite delgado, 800 grueso, 400 kilos grasa. Despachado a Tres Pozos: 6:000 litros gasolina, 1.600 aceite. A Conchitas: 1.600 gasolina, 400 aceite. Consumido en Cururenda: 3.000 litros gasolina. General Sanjinés.

 

De Tres Pozos Nº 39 Pls. 15 Octubre 13/933 10.15 horas Para Dirección General de Etapas, Villamontes -- Cif. 48

Primer Cuerpo reclama insistentemente falta gasolina. Campero.

 

De La Paz No 211 Pls. 80 Noviembre 9/933 17.15 horas

Para G,J.E.C, Muñoz Cif. 29/358

Supremo Gobierno con dictamen afirmativo consejo ministros, dictó fecha 31 octubre resolución por la que Estado toma a su cargo mientras duración guerra pozos petrolíferos, cambios instalaciones, refinería y anexos a fin destilar gasolina en cantidad suficiente necesidades ejército, para lo que gobierno efectuará instalaciones ampliatorias y minguerra remítele correo mañana copia indicada resolución. Esmayorino,

 

De Muñoz Nº 364 Pls. 39 Noviembre 16/933 17.00 horas

Para Dirección General Etapas, Villamontes -- Cif. 476/159

Tres Pozos comunica no tener existencia gasolina aviación. Acá sólo disponemos para algunas horas. Disponga remisión inmediata con orden de hacer pasar hasta Muñoz. Teniente Coronel Blacutt, p.o.

 

De La Paz Nº 80 PIs.     58 Diciembre 2/933       16.20 horas

Para G.J.E.C., Muñoz   - Cif. 93/225 A su cif. 395

Comprendo que problema inmediato más grave es provisión y gasolina y estoy tomando medidas de urgencia comenzando por requisición de existencias en el país. Hemos adquirido 150.000 litros que dentro de 20 días encontraránse en Villazón. Mindefensa.

 

 

 

De Villamontes Nº 2.216        Pls.41         Julio 19/934         17.10 horas

Para General Lanza -- Ingavi  Cif, 180

Camiri podrá enviarle cada semana solamente cuatro mil litros gasolina. Me es imposible por el momento remitir mayor cantidad por aumento considerable consumo. General Sanjinés.

 

De Puerto Suárez Nº 54 Pls. 74 Agosto 11/934  16.09 horas

Para Etapas, Cochabamba -- Cif. 382/340

Para Lloyd Aéreo Boliviano. Después formalizado pedido gasolina a Río, telegrafié Standard Río insinuando avisar día embarque. (Standard contestó que ahora no podía vender puesto Corumbá sino puesto Río). Lamentamos falta seriedad esta compañía. Estamos insistiendo contar incumplimiento nuestro compromiso. Telegrafío urgente Río: apuren envío divisas. Obligamos arreglar satisfactoriamente. Lloyd Aéreo Boliviano.

 

De C.P.O Roboré No 336 Pls. 65 Octubre 27/934

Para Teniente Coronel Candia, Santa Cruz, C.P.L.      -- Cif. 354/296

Empieza escasear gasolina y falta carros no puedo traer la cantidad de Brasil. Igual ocurre víveres.... General Lanza.

 

De Santa Cruz     Noviembre 21/934       16.00 horas

Para General Lanza, Roboré -- Cif. 40/700 -- Urgente

Telegrafiamos Cochabamba quede Tunari Santa Cruz para atender los limitados y urgentes pedidos gasolina. Santa Cruz está casi agotada gasolina que debernos recibir... Rogamos hacer radio urgente general Sanjinés Villa Montes para que de inmediato ordene vengan camiones con gasolina Camiri objeto impedir suspensión vuelos por falta gasolina. Lloyd Aéreo Boliviano.

 

De Villamontes Nº 3657 Pls. 147    Enero 26/935       16.25 horas

Para VUK -- C.P.W. -- Cif- 93/965 -- Urgente

Para Servicio Gasolina: Es urgente remita de inmediato 6.000 litros gasolina; instrucciones director Etapas debe seguir elaborando gasolina aviación con un medio aproximado de 5 litros diarios. Espero urgentemente me comunique los despachos efectuados en estos últimos tiempos, tanto de gasolina como de esencia. Ascarrún, Jefe de Servicio Gasolina.

 

De C.P.Z., Puerto Suárez        Nº 22 Pls. 137 Febrero 15/935 17.45 horas

Para SEW C.P.N. La Paz -- Cif. 21/660 -- Urgente

Para Mindefensa: Suyo cifrado 760. Cotización Cif Puerto Suárez setenta y cuatro mil seis cajón, pero nosotros correríamos riesgo desde momento embarque gasolina en Río de donde vendrá parte o desde Nueva York todo pago en reis contra entrega documento mitad en 15 días y saldo en 30 indicando no pueden asumir responsabilidad todo viaje hasta Puerto Suárez. Teniente Coronel Gamarra

 

De C.S.M. - No 171      Pls. 62 Febrero 27/935 20.30 horas

Para Etapas -- Gutiérrez -- Cif. 18/260

Para Teniente Coronel Galindo: Este momento despachamos mil litros nafta. Existencia gasolina abundante, falta envases dificulta despachos. Sanjinés.

 

 

De Gutiérrez        Nº 322        Pls. 82 Abril 19/935     21.30 horas

Para Santa Cruz -- Cif. 18/385 -- Urgentísimo

Comando Tercer Cuerpo pide urgentemente gasolina informando sólo tienen dos mil litros para dos días. Sírvase efectuar inmediata remisión a Roboré, comunicando día y cantidad enviada. Enviamos gasolina a esa. Coronel Gutiérrez.

 

De Santa Cruz Mayo 10/935  10.00 horas

Para Comando Superior --     Cif. 93/365

Con últimos vuelos nuestra existencia gasolina agotada. A partir mañana suspenderánse vuelos. Esta suspensión obedece a falta colaboración transportes Ejército para despachos gasolina Vilavila-Santa Cruz. Lloyd Aéreo Boliviano.

 

De Tarija Nº 28 Pls. 41 Junio 1/935          10.00 horas

Para Comando Superior -- Cif. 18/170     Urgentísimo recomendado

Falta gasolina anuncióse oportunamente. A la fecha ningún camión moveráse. Coronel Quintela.

 

De Gutiérrez  Nº 406     Pls. 216 - Junio 7/935   9:00 horas

Para Villamontes --       Cif. 11/1.065

A su cifrado 73/310. Transcríbole siguiente: "Con 50 mil litros enviados Cochabamba y Villazón, compra La Quiaca 16.300 litros y 1.500 tambores Mullar y Pacheco habría existencia gasolina para unos 255 días: Por tanto en reemplazo propuesta casa Poklepovik sería preferible comprar si aún fuese necesario hasta mil tambores mes Talara. Precios con envases más favorables como explico mi cifrado 1.840, pudiendo llegar a Villazón dentro dicho plazo. Espero respuesta. Mindefensa". Se ha pedido Mindefensa active remisión gasolina. General Sanjinés.

 

 

         EL PETRÓLEO Y LA GUERRA DEL CHACO.

         LAS DENUNCIAS DEL SENADOR HUEY LONG

 

         La crisis económica de finales de los años veinte volvió la mirada de los dirigentes políticos bolivianos hacia las importantes concesiones de la Standard Oíl, que no daban mayor provecho a Bolivia. Con las minas en ostensible declive de rendimiento, el petróleo era un asidero importante y una fuente de recursos para recomponer la economía y crear algún excedente financiero. La compañía norteamericana aducía por entonces que los fletes ferroviarios eran en extremo onerosos en la Argentina -vía natural de salida del petróleo fracasado el proyecto del oleoducto- resultando más competitivo el crudo peruano. La situación, sin embargo, variaría radicalmente si Bolivia poseyera un puerto sobre el río Paraguay, para exportar petróleo inclusive a los Estados Unidos. "Entonces, afirma el estudioso boliviano Alipio Valencia Vega, el gobierno de Daniel Salamanca, como una salida a la crítica situación económica que afligía a Bolivia y tratando de satisfacer la insinuación de la empresa petrolera norteamericana sobre el puerto fluvial en el río Paraguay, se lanzó a la guerra con este país, sin mayores consultas ni preparativos".90

         Aunque la explicación de la causa de la guerra bajo responsabilidad de una sola compañía resultaba poco convincente y en extremo sensacional, en el Paraguay tanto la prensa de oposición, en primer término, como la oficialista, dijeron ver en la Standard Oíl a una de las causantes del conflicto. El diario "Patria", órgano del opositor Partido Nacional Republicano (colorado), abría el fuego en Asunción contra la compañía, -en momentos en que la ofensiva paraguaya era contenida en los campos de Saavedra después de varios meses de avances ininterrumpidos. Los ataques de la prensa paraguaya se renovaron como consecuencia de un desmentido dado a conocer por el Ministro norteamericano en Asunción, Mr. Post Wheler, en el sentido de que la Standard Oíl no estaba involucrada en la guerra a favor de Bolivia. “La Standard Oíl, afirmaba la circular, es la única compañía petrolera americana que opera en Bolivia y ella no ha suministrado fondos ni créditos de ninguna clase al gobierno boliviano, ni tiene conocimiento siquiera de la (referida) adquisición de camiones y aeroplanos por parte de dicho gobierno. La citada empresa no posee ni camiones ni aeroplanos de su propiedad en Bolivia. Esta compañía no ha efectuado un solo pago a Bolivia desde el año 1928, fecha en que vencieron sus últimos impuestos". 91

         El vocero opositor se reafirmaba, en cambio, en su convicción de que la Standard Oíl sí tenía que ver con la guerra, argumentando que así lo había escrito, desde el Chaco, el presidente del partido Tomás Romero Pereira. "Frente al desmentido formal de un diplomático que merece todos nuestros respetos -afirmaba 'Patria'- nos creemos en el deber de fundamentar nuestras afirmaciones. El ministro norteamericano verá entonces que el presidente del partido Colorado y el diario que en la prensa defiende los intereses de esa poderosa asociación política, no tienen el hábito de lanzar al público afirmaciones vacías de fundamento... Entre tanto, ¿podría explicar el señor ministro por qué razón han caído en manos de nuestras tropas, a raíz de las primeras victorias de nuestras armas, uniformes de soldados americanos? El pueblo paraguayo aún aguarda una explicación decorosa de este hecho inconveniente que compromete gravemente la neutralidad norteamericana en el conflicto del Chaco”. 92

         El 26 de enero de 1933 el "New York Times" de Nueva York publicaba un extenso artículo sobre la participación de la Standard Oíl en Bolivia, en el cual la compañía se defendía de las versiones sobre su participación en la guerra. La traducción del mismo es la siguiente:

         WASHINGTON, 25 de Enero. Los rumores que circulan en ciertos países sudamericanos en el sentido de que la Standard Oíl Company (New Jersey) ayuda a Bolivia económica y materialmente en su guerra del Chaco con el Paraguay, fueron traídos hoy a consideración del Gobierno de Washington a raíz de la manifestación formulada por la Compañía Norteamericana negando enérgicamente todo fundamento a tales rumores.

         En la declaración presentada por la Standard Oíl Company (New Jersey) al Secretario de Estado Stimson y Sub-Secretario de Estado White, se hace pública la denegación y se explica el origen infundado de los rumores. Mr. Stimson dice no haber hallado fundamento alguno a las acusaciones y aceptó la negativa como completa y concluyente.

         La declaración de la Standard Oíl Company dice parcialmente:

         No existe asomo de verdad en los rumores y sueltos periodísticos que han circulado en el sentido de que entidades o personas vinculadas con la Standard Oíl Company (New Jersey), apoyan a la República de Bolivia financiera y materialmente en la disputa del Chaco contra la República del Paraguay. Ni esta Compañía, ni ninguna de sus "filiales" ha ayudado directa ni indirectamente, ni procurado influenciar en forma alguna á los bolivianos en esta controversia.

         La Standard Oíl Company of Bolivia "filial" de la Standard Oíl Company (New Jersey), posee una concesión de terrenos petrolíferos en la región Sud-Este de Bolivia, pero todos los terrenos incluidos en la concesión se hallan fuera del territorio disputado.

         La interpretación de la cláusula de esta concesión referente a impuestos fue motivo de controversias con el Gobierno Boliviano durante varios años. Se  llegó a un acuerdo en esta disputa y el Gobierno Boliviano dictó una resolución el 12 de Julio de 1928 confirmando el acuerdo y poniendo de manifiesto todos sus detalles.

         Bajo este acuerdo la Standard Oíl Company of Bolivia adelantó al Gobierno Boliviano a cuenta de impuestos, la suma de 1.000.000 (un millón) de bolivianos (362.976 dólares) para ser acreditada contra impuestos futuros.

Este contrato fue elevado a instrumento público firmado por ambas partes y tanto los diferentes departamentos del gobierno boliviano como los diarios tuvieron el más amplio conocimiento del mismo.

         Un gobierno sucesor del que celebró el acuerdo, procuró anularlo y exigió un pago adicional de 1.500.000 (un millón quinientos mil) bolivianos. La Compañía se negó a satisfacer esta exigencia haciendo presente que con el referido pago de 1.000.000 (un millón) bolivianos había satisfecho toda obligación por concepto de impuestos hasta el año 1936 inclusive. La controversia fue más tarde sometida a la Corte Suprema de Bolivia ante la cual se encuentra todavía pendiente.

         A raíz de los incidentes ocurridos en la frontera de Bolivia y el Paraguay en el año 1929, Bolivia requisó parte del equipo de transporte a tracción mecánica y animal, perteneciente a la Standard Oíl Company of Bolivia. La Compañía presentó una reclamación al gobierno con motivo de este hecho y los elementos requisados le fueron devueltos.

         El acuerdo sobre los impuestos y la requisación del equipo de transporte de la Standard Oíl Company por el Gobierno boliviano han dado pávulo a los políticos extremistas y a los propagandistas de ideas subversivas para decir que la Standard Oíl Company ayuda al Gobierno boliviano en la controversia del Chaco, tanto económica como materialmente. No existe fundamento alguno para hacer tales insinuaciones ni para la propaganda realizada.

         Algunos despachos de la prensa aseguran que la Standard Oíl Company está interesada en instalar oleoductos a través del territorio en disputa, para hacerlos llegar hasta un puerto sobre el Río Paraguay. Tal oleoducto no existe, ni siquiera el proyecto de establecerlo. Los antecesores de la Standard Oíl Company of Bolivia, decidieron hace 12 años que no era practicable la instalación de oleoductos a través del territorio que constituye el motivo de la actual controversia y la conclusión a que llegaron los ingenieros en aquella época ha sido corroborada por los ingenieros de la Standard Oíl Company of Bolivia. Si el gobierno de Bolivia por su propia cuenta ha proyectado algo en este sentido la compañía no tiene conocimiento ni participación alguna en el asunto.

         El único oleoducto que se proyectó para el transporte del petróleo fuera de Bolivia debía pasar paralelamente a las concesiones que tiene actualmente la Compañía, yendo a salir al Norte de la República Argentina y no cruzaría el territorio arriba mencionado por ninguna parte, según los planos preparados por los ingenieros de la Standard Oíl Company en 1925.

         Las acusaciones abiertas o insidiosas de que la Standard Oíl Company ayuda a Bolivia en la actual controversia sobre el Chaco contra el Paraguay son absolutamente falsas.

         El extenso comentario, que pretendía ser una defensa de la actuación de la compañía en Bolivia frente a los cargos paraguayos, resultaba al mismo tiempo una autoacusación por incumplimientos de ella con aquel país. El 8 de marzo de 1933 la Standard Oíl reproducía el citado artículo como "publicación solicitada" en la prensa paraguaya bajo el título de "Resultan infundados los rumores de que la Standard Oíl ayuda a Bolivia en el Chaco", y el agregado del siguiente párrafo: "Es interesante recordar el hecho de que aunque la Standard Oíl Company of Bolivia en cierto tiempo poseía o tenía en arrendamiento los derechos sobre el suelo y el subsuelo de 3.237.500 hectáreas, hace dos años abandonó la mayoría de dichos terrenos, para no verse obligada a pagar al gobierno boliviano los impuestos correspondientes, conservando en la actualidad tan solo 590.000 hectáreas". 93

         Estas declaraciones oficiales, sin embargo, no convencieron en el Paraguay. A finales de marzo del mismo año se reproducía en "El Diario" de Asunción la acusación de un prisionero boliviano, en el sentido de que la Standard Oíl había facilitado a Bolivia 20.000 blusas (chaquetillas) cuyos botones llevaban el escudo norteamericano, una de las cuales estaba en poder del Ejército paraguayo. 94 Otras de estas piezas irían cayendo con el correr de los meses en poder paraguayo y su procedencia nunca pudo ser satisfactoriamente explicada por la Legación de los Estados Unidos de América en Asunción. Ellas provenían, en efecto, de este país aunque no habían sido donadas por la Standard Oíl, Además, tenían el inconveniente de que siendo saldos de uniformes norteamericanos empleados en la guerra mundial europea, el soldado boliviano se "derretía" dentro de ellos en el verano chaqueño. Tal una faceta poco conocida de la "ayuda" americana a Bolivia.

         Un documento de origen boliviano, emanado el año 1934 del Consulado paraguayo en Formosa, entonces a cargo de Alfonso Dos Santos, también atribuia -como todas las acusaciones de los pacifistas bolivianos hechas fuera del país- directa injerencia a la compañía petrolera norteamericana en la guerra. El mismo afirmaba en parte: "Aunque el Estado Mayor (boliviano) lo niegue vehementemente es innegable que la Standard Oíl proporciona ayuda al gobierno boliviano y, si no, ¿quién entrega los 300.000 bolivianos diarios gastados en la guerra? No se ha recurrido; a empréstitos extranjeros porque no hay país que quiera fomentar una matanza estéril. Los ingresos de la nación sólo alcanzan a 40 millones de bolivianos y toda esa suma sólo alcanza para cuatro meses de guerra. ¿Entonces?... Sólo hay una respuesta: Standard Oíl. La codicia petrolífera de la Standard nació en la administración del presidente Siles, quiso comprar una parte del Chaco en 150.000.000 de bolivianos e implantar allí la explotación y transporte del petróleo, establecer las costumbres yanquis y el inglés como idioma oficial de todos los habitantes. Había comprobado mediante sus numerosos ingenieros que los pozos por abrirse en Tarija, Santa Cruz y Chuquisaca podían abastecer de petróleo al mundo entero. Y el único problema era darle salida... por el río Paraguay ya que la República Argentina no quiso cederle sus terrenos para la construcción de un oleoducto. No pensó en ningún instante que con el dinero invertido en sostener una guerra pudo haberse construido una extensa red de ferrocarriles que llevara el petróleo hasta el Pacífico, porque eso le resultaba obtenerlo demasiado caro y luego porque se reserva para la postguerra su última carta. Si la guerra se decide por Bolivia, como lo afirmó un alto empleado yanqui, arreglará con ella las deudas de guerra acabando de esta manera por administrar el Chaco y ser un Estado independiente dentro de otro Estado. Y si es el Paraguay quien gane convendrá con él el paso del petróleo hasta el río, reservándose en último caso a llevarlo por la vía del Pacífico, pues este líquido estará siempre bajo sus manos, ya que los yacimientos se encuentran en zonas que están fuera del campo de operaciones, como Cochabamba, Santa Cruz, Tarija y Chuquisaca". 95

         Aunque estas afirmaciones resultaban sumamente infladas, reflejaban el espíritu de la época y la postura de numerosos intelectuales bolivianos que no sólo se habían negado a combatir por su país, sino que realizaron una campaña de desprestigio de la conducción boliviana allende sus fronteras, cuyas repercusiones no han sido todavía evaluadas con justicia, ya que contribuyeron en grado sumo al descrédito de Bolivia y con seguridad parcialmente también a su derrota.

         Spruille Braden, ligado directamente a las concesiones petrolíferas en Bolivia, afirma que "el descubrimiento de depósitos de petróleo en Bolivia complicó hasta cierto punto la situación. Pero la influencia del petróleo fue muy exagerada por los comunistas y otros que presentaban la guerra como una lucha entre la Standard Oíl de New Jersey (a la cual yo había vendido sus acciones bolivianas) que apoyaba a Bolivia y la Shell que apoyaba al Paraguay".96 El mismo diplomático y petrolero norteamericano señalaría más adelante que "las potencialidades del petróleo boliviano no eran precisamente ignoradas. La Argentina tenía ambiciones en esa dirección y el Brasil no quería que la Argentina obtuviese dicho petróleo. Además, el Brasil tenía interés en desviar las exportaciones paraguayas (a la Argentina) y trató de construir un ferrocarril desde San Pablo hasta Corumbá sobre el río Paraguay, pero el transporte por tren era mucho más caro que los embarques fluviales". 97

         En el Paraguay, obviamente, no se desconocían los alcances de la riqueza, petrolera boliviana, ni las intenciones de la Standard Oíl por dar salida a la misma. "Agentes paraguayos del servicio de espionaje en Buenos Aires, señala el Capitán David H. Zook, obtuvieron mapas detallados de la región (zona de Camiri y pozos petrolíferos) levantados por la Standard Oíl, y gracias a ellas el Ejército paraguayo poseía mejores datos que los mismos bolivianos”. 98

         La prensa paraguaya proseguía, simultáneamente, su campaña de hostigamiento, digitando las responsabilidades de la compañía. Poco a poco fue creándose un auténtico clima de convencimiento de que la guerra no tenía sus antecedentes inmediatos en una cuestión territorial o de límites, sino en la zona petrolífera cuyas trampas del subsuelo se suponía contenían importantes yacimientos. Arnaldo Valdovinos, universitario y periodista paraguayo, reproduce en marzo de 1934 algunos documentos de cateadores de petróleo en el Chaco, uno de ellos de un ingeniero Green quien habría afirmado: "En la zona que se dilata entre el meridiano 60.o de Greenwich, y el 62.o 30' y 40" debajo del paralelo 20.o hasta el 23.o y 38',la Standard Oíl Company cateó y comprobó la existencia de diez y nueve yacimientos petrolíferos. Diez de ellos están entre los paralelos 20.o y 21.o. Los otros entre el 21.o y 24.o al Oeste del meridiano de Greenwich". El mismo Valdovinos transcribe parcialmente una carta del Dr. León Suárez, internacionalista argentino, a un intelectual paraguayo cuyo nombre no revela, datada en 1927 y que contenía, a su juicio, observaciones reveladoras: "Me consta-habría escrito León Suárez- que hay más de veinte yacimientos petrolíferos en la zona occidental del Chaco Boreal, explotables, que necesitan de oleoductos por donde derramarse en el río Paraguay. Los que están a la altura geográfica de Bahía Negra (20.o) podrían salir arriba de fuerte Olimpo. De no facilitar esa salida el Paraguay, vendrá la guerra con Bolivia, es decir; con la Standard Oíl Company". 99

         El 14 de mayo de 1934 el diario "Daily Herald" de Londres responsabilizaba de la guerra a los traficantes de armas, haciendo directa alusión a los intereses petroleros norteamericanos en la guerra. "¿Por qué no se pone término a esta guerra?" se interrogaba el diario londinense, afirmando a renglón seguido: "La intervención de la Sociedad de las Naciones y de los gobiernos que no están representados en la entidad ginebrina no logró restablecer la paz. Los beligerantes compran armas en Europa y Estados Unidos; reciben tanques de Gran Bretaña, aviones de Italia, y se tiene entendido que los intereses petroleros norteamericanos no dejan de facilitar, de otras maneras, la continuación de las hostilidades". 100

         Sin embargo, todo lo que hasta entonces se había afirmado respecto de las responsabilidades del petróleo, y concretamente de la Standard Oíl en la iniciación del conflicto, no pasaba para muchos de meras especulaciones. Faltaba un último elemento detonante, y el mismo provendría de donde menos se esperaba: del Senado de los Estados Unidos de América. Mr. Huey Long, representante por el Estado de Luisiana pronunciaba el 30 de mayo de 1934 un violento discurso acusador a la Standard Oíl Company. Su texto, parcialmente transcripto por las agencias noticiosas, se conocía en Asunción en su versión completa en junio del mismo año a través de los diarios de sesiones proveídos por el ministro en Washington Dr. Enrique Bordenave. Los incrédulos que restaban en el Paraguay y fuera de él tenían ahora un buen elemento de apoyo para cambiar de opinión, aunque desconociesen el trasfondo de la cuestión.

         Muy pocos sabían fuera de los Estados Unidos quién era Huey Pierce Long Jr., gobernador del Estado de Luisiana desde 1928 y Senador por el partido demócrata desde 1930. Conocido por su verba inflamada, había gobernado sin muchos escrúpulos a su estado natal, que encontró con evidentes muestras de atraso: "Luisiana -escribe Arthur M. Schlesinger Jr.- era un criadero de radicalismo tan natural como sus pantanos lo eran de la fiebre. Ningún estado de la Unión se había desgobernado por tanto tiempo. La antigua oligarquía, una triste alianza de hombres de negocios de Nueva Orleans y de dueños de plantaciones del norte del estado, controlada por los servicios públicos, los ferrocarriles y la Standard Oíl de Luisiana, había manejado las cosas sin ninguna oposición sería casi desde la reconstrucción. Ningún estado tenía una proporción tan elevada de analfabetismo: en 1928, cuando eligieron gobernador a Huey Long, probablemente una quinta parte de la población blanca de las granjas no sabía leer ni escribir. Ningún estado trataba peor a sus niños; en Luisiana, los niños y niñas trabajaban largas horas en los campos de caña y de fresas, en las fábricas y en las empacadoras de camarón". (**)

         Long; cuya administración operaria grandes cambios en Luisiana, pronto se vio enfrentado a la oligarquía, donde la Standard ocupaba sitio prominente. En 1929 había requerido de la legislatura un impuesto ocupacional del 5% para cada barril de petróleo a ser refinado. "La Standard Oíl y otras corporaciones -refiere el mismo autor- consideraban el impuesto correo un fatal precedente. Los constitucionalistas consideraban que la técnica de gobierno personal de Huey Long amenazaba la democracia. La oligarquía veía que su poderío se desmoronaba ante las embestidas de un rústico revolucionario". En consecuencia, iniciaron un proceso contra éste, haciéndole una serie de cargos, de los cuales resultó absuelto pero profundamente resentido: "Acostumbraba pedir favores para hacer las cosas, dijo. Esto no dio resultado. Ahora soy un dinamitero y los dinamitaré de mi camino". (***)

         En 1930 fue electo Senador. "Después de una campaña turbulenta, señala Schlesinger citando a Forrest Davis, que culminó con el       secuestro de dos hombres que amenazaban con poner al descubierto la corrupción del gobierno, Long triunfó en las elecciones". El revolucionario de Winnfield, donde había nacido, llegaba a Washington. "Parecía un niño demasiado crecido y con muy malos hábitos" diría de él John Dos Passos. "El vilipendio era su arma principal" comentaba Schlesinger, para añadir: "Sus terribles invectivas fronterizas constituían el eslabón entre su propia inteligencia superior y la oleada de envidia de las turbas que se le enfrentaban. Expresaba lo que sus oyentes habían sentido por largo tiempo, pero que no podían decir. Era un ídolo, como ellos mismos hubieran querido ser, libres, expresivos y aparentemente sin temor. Sólo cuando bajaba de la tribuna, cuando los guardaespaldas lo rodeaban empujando hacia atrás a sus admiradores y moviéndose como una cuña hacia la limusina negra, sólo entonces se hacía evidente que Huey Long era un cobarde, el peor de los cobardes -decía su hermano Earl- que Dios ha dejado vivir." (****)

         Aquella fuerza de convicción impuso Long en sus dos denuncias contra la Standard Oíl relacionadas con el conflicto del Chaco. Rival potencial de Franklin Delano Roosevelt para las elecciones de 1936, había sido calificado por éste como no de los dos hombres más peligrosos del país. La Standard Oíl no cesaría, por su parte, en sus empeños por destruir a quien había cuestionado su poderío. La reproducción taquigráfica de los cargos hechos por Long contra ella en la sesión del 30 de mayo de 1934 es la siguiente: 101

         Mr. Long. Sr. Presidente, deseo discutir esta cuestión de la tarifa en relación con nuestros problemas latino-americanos y las complicaciones cubanas. Hace unos pocos días se nos presentó una resolución que buscaba impedir el embarque de municiones y elementos de guerra para el Paraguay y Bolivia. Estoy convencido  de que esa resolución estaba respaldada por un buen propósito y que se la   presentó con buena intención. Aprobamos la resolución con muy poco debate.

         Pocos meses antes de que se presentara esa resolución, estábamos interesados en la revolución cubana, y tanto el Congreso como nuestro departamento ejecutivo habían tomado medidas de consideración con motivo del enredo cubano.

         Deseo que se me oiga respecto a lo que implica la guerra paraguayo-boliviana. Como ocurre habitualmente, son hoy las fuerzas de las finanzas imperialistas las responsables de la guerra entre Bolivia y Paraguay, como son los intereses financieros de este país (Estados Unidos) los responsables, en gran parte, de las condiciones que prevalecen en Cuba.

         Tengo ante mí un breve memorándum que muestra lo que implica la presente guerra entre el Paraguay y Bolivia. Sólo recientemente ha tenido lugar una explotación considerable de petróleo en lo que se conoce por "área del Chaco" del Paraguay. El Paraguay está bañado por un río navegable, conocido por "Río Paraguay", que corre a lo largo de la línea fronteriza de la Argentina el Brasil y el Paraguay, y que desemboca en el Océano Atlántico.

         La Standard Oíl Co. de New Jersey, corporación norteamericana, promotora de revoluciones en la América Central, Sud América y México desde que ha deseado obtener concesiones de petróleo, ha encontrado necesario poseer el territorio del Chaco. El territorio del Chaco ha sido declarado de pertenencia paraguaya y ha sido conservado por el Paraguay por tanto tiempo, que prácticamente no hay persona razonable que pueda abrigar duda alguna acerca de quién sea el propietario del Chaco.

         Ya en 1874 surgió una controversia entre la Argentina y el Paraguay sobre quién era dueño del territorio del Chaco, y se pidió a los Estados Unidos que mediaran en la disputa, El Presidente de los Estados Unidos en aquella época, Mr. Rutherford B. Hayes, dio un dictamen, en que el Paraguay para usar sus propias palabras "tiene justo y legal título al territorio del Chaco". Esto no solamente fue reconocido por la Argentina, no solamente fue reconocido por el Paraguay; fue reconocido por Bolivia, y se ha considerado que es la base sobre la cual los Estados Unidos lo han proclamado todo en relación a las controversias sudamericanas referentes al territorio del Chaco. Se nos dice que está hoy en vigencia un acuerdo que reconoce el territorio del Chaco como parte del dominio paraguayo.

         Pero, Sr. Presidente, se ha descubierto petróleo en el Chaco y en Bolivia. Parece que costará mucho dinero alcanzar la parte profunda del río con el petróleo de la Standard Oíl Co. que se ha descubierto en Bolivia, y Bolivia, por eso, se encuentra necesitada de un oleoducto hacia las aguas paraguayas navegables, que no quiere adquirir en los términos y condiciones que serían exigidos por el Gobierno paraguayo.

         No solamente eso, sino que el territorio del Chaco es rico en sí mismo en recursos naturales y probablemente en depósitos minerales. De modo que se ha desencadenado una guerra; ¿financiada por quién? La guerra es entre Bolivia, país con unas 3.000.000 de habitantes, emprendida contra el Paraguay, país con una población probablemente inferior a 1.000.000 de habitantes, aunque parte de su población es en gran medida transitoria; muchos de sus pobladores se emplean en la época apropiada: (seasonally) en algunos de los países que rodean al Paraguay para sembrar y recoger las cosechas. Pero la Standard Oíl Co. de los Estados Unidos y otros intereses afiliados son culpables de promover esta guerra y proveer fondos a Bolivia sin otro propósito bajo el sol de Dios que arrebatar ese territorio de aquel pequeño país sudamericano que ya fue declarado por Norte América como dueño del Chaco. Una vez tras otra, Norte América ha juzgado las diferencias y sostenido que era territorio paraguayo, y Bolivia lo ha reconocido, la Argentina lo ha reconocido, y los Estados Unidos lo han reconocido, Sr. Presidente, por un periodo casi de 60 años. No obstante ese hecho, nos hemos reunido aquí el otro día para considerar una resolución con la que pretendíamos declarar nuestra neutralidad.

         ¿Qué sucede? Sucede, me lo informan así fidedignamente personas que tienen razones para saberlo, que Bolivia, mediante la ayuda de la Standard Oíl Co., se ha equipado abundantemente con municiones de guerra y otros combustibles necesarios para emprender su guerra ofensiva contra el Paraguay. El Paraguay no ha penetrado un pie en territorio boliviano. Cada pie de avance ha sido hecho por el ejército boliviano.

         Tengo en mis manos un documento oficial publicado por el Gobierno boliviano. Es un contrato celebrado por la Standard Oíl Co. de New Jersey, corporación norteamericana, por el que ésta acuerda suministrar el petróleo y la gasolina que necesita Bolivia para poder llevar adelante su guerra ofensiva contra el Paraguay. El documento está en castellano, pero voy a leer la traducción de parte de él.

         (Cuatrocientos mil litros de gasolina (aproximadamente 100.000 galones) para aviación y 800.000 para camiones mensualmente. (Aproximadamente 200.000 galones).

         Reproducimos a continuación el Decreto respectivo del gobierno boliviano; que tomamos de "El Diario" de La Paz, edición del 14 de Marzo ppdo.:

         El Ejecutivo, ha dado el siguiente decreto supremo:

         Vistos y Considerando:

         La necesidad de consumir preferentemente gasolina nacional para las necesidades de la campaña (guerra) con mayor razón dentro del considerable aumento de consumo que ocasionará la adquisición de nuevas unidades motrices y de aviación;

         Que se ha llegado a convenir un punto de equidad con la Standard Oíl Co. de Bolivia.

         Se sabe, Sr. Presidente, que ella pretende siempre ser una compañía y un producto del país mismo o de parte del país que expolia, exactamente como cuando congelaba el territorio de Louisiana, la Standard Oíl Co de Louisiana pretendía ser allá el producto de nuestro territorio nativo, contra cuyos ciudadanos en ese tiempo dirigía un embargo por un oleoducto.

         Que se ha llegado a convenir un punto de equidad con la Standard Oíl Co. de Bolivia, al fijar un precio para la gasolina de camiones y de aviación y para el kerosene, debiendo en tal virtud (debido a la fijación del precio) la Compañía aumentar la destilación de estos productos...

         Ella aumentará el precio, Sr. Presidente, porque lo necesitan allá para la guerra en este momento.

         -hasta llenar la casi totalidad del consumo fiscal, reembolsándose con dichos precios de los gastos en que incurra con motivo de las nuevas instalaciones.

         No voy a leer más. He leído suficientemente para que el Senado pueda saber que mis observaciones a este respecto están fundadas, y envío a la presidencia el texto castellano y la traducción, Sr. Presidente, y pido que a la conclusión de mis observaciones ambas piezas se publiquen en el Diario (de Sesiones del Congreso) en columnas paralelas.

         El Presidente. (Mr. Clark ocupa la mesa). Si no hay objeción, así se ordena.

         Mr. Long. Sr. Presidente, los Estados Unidos son parte prácticamente en esta guerra emprendida en nuestros días contra el Paraguay en la América Latina. Este Gobierno, que se ha afirmado como protector; este Gobierno, que se ha declarado a sí mismo como hermano mayor; este país, que siempre ha juzgado la disputa y ha adjudicado al Paraguay el título y la propiedad de este territorio del Chaco, consistente en un área aproximadamente del tamaño del Estado de Louisiana; -ha permitido que un interés capitalista, por el hecho de tener un campo de petróleo en Bolivia y porque esa parte del territorio paraguayo es rico en depósitos minerales y otros recursos naturales-por todos esos hechos ha permitido que este equipo de la Standard Oíl fuera a aquél país, corrompiendo al Gobierno boliviano ya que no pudo corromper al Gobierno paraguayo, y que se emprendiera una guerra agresiva; y que ese equipo proporcionara las municiones y elementos para conducir la guerra hoy día.

         El Gobierno de los Estados Unidos, después que Bolivia se hubo aprovisionado de las municiones de guerra y de los combustibles necesarios para emprender una guerra agresiva en el territorio del Paraguay, en territorio que los Estados Unidos, como jueces, han adjudicado al Paraguay -territorio reconocido por la Argentina, reconocido por el Brasil, reconocido por Bolivia, de acuerdo con el fallo de los Estados Unidos,-se cruza ahora de brazos y declara su neutralidad, mientras su intereses capitalistas procuran allá robar ese territorio al pobre pequeño Paraguay, que sólo cuenta con una población de 850.000 almas.

         Estos criminales han ido allí y han alquilado sus asesinos. A este mismo elemento, que no conoce esa cosa que se llama propiedad humana, que explota a este pueblo en revolución tras revolución, siempre que tenga a su lado a los grandes intereses capitalistas de Wall Street, se le importa nada de la decisión judicial del Presidente de los Estados Unidos. Para ese elemento la decisión no vale un ardite; no vale ni el papel en que está escrita. Y lo mejor que hemos hecho es cruzarnos de brazos en una majestuosa y beatifica neutralidad, después que Bolivia fuera financiada por la Standard Oíl Co. y celebrara un contrato por el que esta empresa le suministraría los combustibles necesarios para la guerra, y Norte América va ahora a encerrar al pequeño Paraguay, que no ha obtenido el dinero, país invadido por Bolivia, mediante la financiación de la Standard Oíl Co. de los Estados Unidos.

         Sr. Presidente, ese es el beatífico género de política de Gobierno que hemos adoptado el otro día, y nuestros diarios y el pueblo generalmente fueron engatusados por la proposición en que nos declarábamos neutrales, en la creencia de que somos un maravilloso país amante de la paz, mientras la Standard Oíl Co. financia en aquel país un ejército extranjero, importa soldados en ese país, les da municiones, procura arrancar una comarca del Paraguay porque el Paraguay no se deja corromper por la Standard Oíl Co y la Standard Oíl Co. tiene a Bolivia bajo sus talones.

         Si permitimos que una cosa de este género siga adelante, si este país (Estados Unidos) permite que los amos imperialistas de las finanzas sigan adelante, los enredos en los cuales este país se verá envuelto serán insuperables.

         Han intentado pretender que cierto interés extranjero se está entrometiendo en el asunto; que la Dutch Shell Oíl Co. es una empresa británica y está interesada. ¿Por cuánto tiempo piensan que podrán engañar al pueblo con esa manifestación?

         Sr. Presidente, la Dutch Shell Oíl Co, que ellos llaman compañía británica, se ha afiliado allá con la Standard Oíl Co. demasiado frecuentemente para que nadie lo discuta. Hay allá demasiadas propiedades conjuntas de acciones de compañías que explotan los países latinos-americanos, para que alguien se engañe con esa declaración que ella pretende hacer tragar al pueblo norteamericano. No hay absolutamente nada de lo que sostiene en esa declaración.

         Sr. Presidente, aquí está el fallo de Norte América. Aquí está la decisión judicial dada por los Estados Unidos 60 años atrás. Aquí está el territorio que fue adjudicado al Paraguay. Es territorio del Paraguay. Siempre ha sido territorio del Paraguay.

         El Presidente. Ha expirado el tiempo del Senador sobre la enmienda.

         Mr. Long Tomaré 20 minutos sobre el proyecto.

         Leo un informe sobre esta materia.

         Bolivia ha invadido la zona...

         Sr. Presidente, de acuerdo con este informe...

         que el Presidente Hayes adjudicó al Paraguay...

         Que no está en discusión...

         y ha tomado posesión de ella "manu militari".

         Esto es, por la fuerza de las armas.

         Bolivia no solamente ha violado el fallo Hayes sino también el pacto de statu quo que firmó con el Paraguay en Buenos Aires en 1907. Bolivia ha hecho esto a pesar de haber renovado en cinco protocolos sucesivos el pacto de statu quo de 1907. Y lo que es más, el pacto de 1907 está en plena vigencia legal aún hasta el mismo día de hoy.

         Todo lo cual estaba basado en la decisión tomada por el Presidente Rutherford B. Hayes en 1874, con motivo de una controversia entre la Argentina y el Paraguay en aquella época, y el gran país argentino quiso arrebatar este territorio de esa pequeña potencia, el Paraguay. Pero ella (la Standard Oíl Co. ha ido a Bolivia, país de 3.000.000 de habitantes, donde ha adquirido todas las concesiones de petróleo, es casi tan fácil para ella, Sr. Presidente según yo entiendo la topografía de ese país, llevar su oleoducto al mar, como lo es llevar el oleoducto a través del Paraguay hasta el Río Paraguay, que es navegable y que conduce al Océano Atlántico, y probablemente el territorio del Chaco como parte del Paraguay es igualmente tan valioso que pueda volverse importante para los negocios de la Standard Oíl Co...

         Aquí están los Estados Unidos, con el azúcar que se vende dentro de sus fronteras más barato que el azúcar que se vende en cualquier otro país, empeñándose en desarrollar un negocio doméstico de azúcar; aquí están los intereses de Wall Street que han ido a Cuba y han colocado centenares de millones de dólares a la disposición del Gobierno cubano y de los intereses privados en Cuba. Han adquirido, de una vez aproximadamente todo cuanto Cuba posee por dentro; y ahora, con ese elefante blanco en sus manos, para salvaguardar al Chase National Bank y sus afiliados, se proponen venir a decir al agricultor americano: "Tienes que favorecer la agresión que debe perpetrar nuestro capital doméstico invertido en un país extranjero; debemos arruinar el mercado; debemos arruinar el comercio, no sólo de los cubanos, no sólo de los paraguayos, sino debemos arruinar los negocios de los norteamericanos para que algo pueda obtenerse de ello, que probablemente salve las inversiones que hemos hecho".

         ¿Cuánto tiempo toleraremos esta agresión al Paraguay? ¿Va a permanecer ocioso el Gobierno americano y permitir que la Standard Oíl Co. promueva una guerra, por intermedio de Bolivia, contra el Paraguay, por un territorio que los Estados Unidos ya han reconocido, y con mucha justicia, como parte del Paraguay? ¿Vamos a sentarnos aquí y permitir eso bajo el pretexto de nuestra neutralidad?     Si es así, ¿por qué no hemos entrado nunca en acuerdo con los países más pequeños, como hermano mayor, para arbitrar la integridad territorial de los mismos e impedir rompimientos como el que tenemos ahora? ¿Por qué Norte América se muestra tan silenciosa? Norte América nunca ha estado tan beatíficamente neutral en ninguna otra guerra que tuvo lugar en aquel territorio; Norte América ha tomado alguna clase de partido; Norte América ha dicho algo; Norte América está ahora silenciosa, más silenciosa que una tumba. No decimos nada porque el "papá grande" del sistema capitalista americano ha ido allá a robar al Paraguay de los 850.000 naturales que son dueños de ese país. Norte América está perfectamente silenciosa, beatíficamente silenciosa.

         Observo que mi buen amigo M. Vincent Astor, a quien nunca he visto, tiene mucho que hacer con algunos de estos intereses. Es gracioso, Sr. Presidente, cómo Ud. los vincula a todos. Todo lo que Ud. tiene que hacer es mirar bajo el barril y Ud. encontrará el móvil cada vez que Ud. mira. Mr. Vincen Astor es uno de los directores del Chase National Bank, y allí Ud. encuentra todo el interés que es menester encontrar. El Chase National Bank, Sr. Presidente; es conocido como el "Banco Rockefeller"; el Banco Rockefeller es el Banco Standard Oíl; el Chase National Bank es la Standard Oíl Co.; el Chase National Bank es Rockefeller; es la Standard Oíl Co.; la Standard Oíl Co. es Rockefeller y viceversa; todos en la misma "clique". Aquí está Rockefeller, con un ejército, robando al Paraguay, tomando el Chaco, metiéndose como agresor y tomando un territorio fallado como parte del Paraguay hace 60 años; y aquí está el mismo Chase National Bank, otra institución Rockefeller, cogiendo bonos ilegales, dándoles validez y vendiéndolos al Gobierno de Cuba; y aquí esta Norte América, beatíficamente silenciosa, en constante retiro, mientras las municiones privadas de guerra son suministradas a esos países Latino Americanos. Esa es la agresión imperialista de los Rockefeller y del Chase National Bank y de la Standard Oíl Co.

         Sr. Presidente,     si los Estados Unidos contemplan impasibles que sigan adelante estas cosas, si los Estados Unidos permiten que esa clase de alianza use los elementos de este país contra sus propios tratados más allá de sus fronteras, si los Estados Unidos toleran que la Standard Oíl lleve a cabo este género de designio ilegal, sin conciencia, criminal, imperialista, -entonces debemos empezar a comprenderlo hoy, Día conmemorativo, hora de luto, para que por primera vez el Día conmemorativo tenga su verdadero espíritu y alcance como día de luto del pueblo americano, no tanto por lo que se ha perdido en el pasado- no enteramente por eso- sino por el hecho de que los principios imperialistas, la dominación de la Standard Oíl Co. y la combinación de Vincent Astor, los Rockefeller y el Chase National Bank, se han vuelto más poderosos que los solemnes tratados y pronunciamientos del mismo Gobierno de los Estados Unidos.

         Notoriamente dura la acusación de Long, no sólo para la Standard Oíl sino para toda la política exterior norteamericana, ella encontró casi inmediata réplica en el ministro de Bolivia en Washington Dr. Enrique Finot. Un cable de Associated Press fechado en esta ciudad el 3 de junio de 1933 y publicado al día siguiente en "La Nación" de Buenos Aires señalaba: "El senador Huey Long anunció ayer que hará caso omiso de la carta del ministro boliviano señor Finot, en la cual desmiente las declaraciones que hizo él ante el Senado, de que la empresa Standard Oíl promovió la guerra del Chaco y que el Paraguay es una víctima de las pretensiones de conquista de Bolivia. Sin embargo, dio a entender que pedirá que una comisión del Senado investigue el asunto. El senador dijo, entre otras cosas, lo siguiente: “En este caso, el señor Finot no es más que un asalariado. Es la Standard Oíl la que ha promovido la guerra y quiero tratar con sus directores. Si el encargado de un surtidor de nafta de la Standard Oíl me hubiese escrito la carta, no le haría caso por la misma razón. Quiero tratar con el personaje principal”. A esto replicó el señor Finot: “Quiero que me conteste a mí, pues deseo que el mundo conozca los antecedentes del plan paraguayo de conquista. Si los cargos formulados por el señor Long, de que la Standard Oíl corrompió al gobierno de Bolivia incitándolo a ir a la guerra contra el Paraguay no se desmienten, habrá una revolución en Bolivia y el gobierno caerá”. Más tarde Mr. Long dijo: “Supongo que la carta fue escrita en las oficinas de la Standard Oíl. No contestaré a Finot, pero plantearé el asunto ante el Senado, para exigir una investigación judicial". 102

         El 7 de junio el Senador Long arremete por segunda vez y con mayor violencia aún en contra de la compañía petrolera norteamericana, señalando de nuevo que la invasión boliviana del Chaco negaba validez al fallo Hayes, emanado del ex-presidente norteamericano, y que su intención era entregar a dicha compañía el territorio laudado a favor del Paraguay en 1878. El representante de Luisiana afirmaba más adelante: "Existe una sola manera de impedir que jamás la Standard Oíl Co. disponga de armas y ella consiste en que el gobierno de los Estados Unidos se apodere de este criminal, de este culpable, de este asesino llamado Standard Oíl Co. a quien me refiero. La garganta de este bandido que hemos bautizado debe ser acogotada, diciéndole: “Asesino doméstico, asesino de extranjeros, conspirador internacional, banda de ladrones y salteadores que habéis desafiado el fallo pronunciado bajo la bandera de los Estados Unidos y que reclamáis la existencia bajo sus leyes, vándalos de este continente, alejaos de Sudamérica cuando la bandera del gobierno dé los Estados Unidos atestigua un fallo que debe ser insultado para justificar vuestra agresión”. La Standard Oíl Co. está financiando la guerra del Chaco, en la esperanza de obtener dos millones cuatrocientos mil y tantos acres de territorio que hoy explota, esforzándose en obtener el derecho de abrirse camino a través de este territorio laudado en favor del Paraguay por los Estados Unidos y reconocido como paraguayo por otros países interesados. Y los Estados Unidos se mantienen `beatíficamente neutrales' y mientras tanto el ladrón favorecido, el asesino favorecido, se aprovecha de esa pobre pequeña raza que hoy sólo cuenta con 850.000 personas, con decenas de millares que yacen en sus tumbas".

         "La. Standard Oíl -proseguía Mr. Long- puede contestar, valiéndose de uno de los ministros bolivianos para escribirme diciéndome que yo no comprendo por qué ellos hacen esto o aquello, pero tenemos presente sus declaraciones en las que expresan que ellos no prestan ninguna atención al laudo Hayes y que se apoderan de ese mismo territorio laudado a favor del Paraguay por Hayes. No es posible extraviarse. La cuestión es si el gobierno de los Estados Unidos tolerará semejante insulto o si cumplirá con su deber, es decir llamar al orden a los culpables, exigiendo que cesen de inmiscuirse en los asuntos extranjeros". 103

         Aplicando la táctica de que el ataque es la mejor defensa, la prensa boliviana apuntó al senador norteamericano, más aún cuando el Senado de aquel país aceptó iniciar una investigación de lo denunciado. "Mister Long, escribía la prensa paceña, el senador americano que tratara de promover escándalo en el Congreso de la Unión hablando de la supuesta ayuda que la Standard Oíl presta a Bolivia y de la pobreza y miseria del pueblo paraguayo que ha trocado el arado por el fusil, el senador Long está complicado en un grave delito y las autoridades de Nueva Orleans, Estado de Luisiana, han exigido la detención formal, acusándose a Mr. Long de dos graves delitos: desacato a los tribunales de justicia ante los que fue citado por un delito anterior, y segundo por ordenar a las fuerzas del Estado de Luisiana el asalto y secuestro de las listas municipales de electores. De este modo tan inesperado como intempestivo aparece el abogado del Paraguay de cuerpo presente, en su verdadero papel de personaje de escándalo y político sin escrúpulos, después de haberse presentado como apóstol de los ideales desarmamentistas, abogando en favor del Paraguay, que ciertamente no anduvo muy inteligente en elegir este defensor sin prestigio ni honestidad". 104

         Del mismo modo, el cambio de nombre del fortín Loma Vistosa por el de "Senador Long" fue calificado en Bolivia como prueba "del servilismo de esclavos del Paraguay"; para lo cual añadían igualmente los cambios de nominación de otros dos fortines por los de "Luis Alberto de Herrera" y "Conrado Ríos Gallardo" (Fernández y Rancho Ocho).

         Llevada en este tono la controversia, difícilmente podían hallarse puntos de contacto. La prensa de Asunción no quedaba atrás en componer con sus linotipos párrafos como este: "En Bolivia la Standard encontró terreno abonado para    su obra de corrupción. Presidentes de la República fueron simples lacayos suyos: Bautista Saavedra, Siles, Salamanca, el simulador máximo, tuvo que agachar la cabeza y bailar al compás del tambor como un pobre títere". 105

         Las denuncias del Senador Long, sumadas a otros elementos coincidentes, hicieron que en el gobierno paraguayo se tomaran        ; ahora con mayor seriedad las implicancias del petróleo y de la Standard Oíl en el conflicto del Chaco. A partir de 1934, en que el Paraguay avanzó sobre importantes extensiones de terreno volviendo por vez primera factible la posibilidad de apropiarse de los campos petrolíferos en explotación por la Standard Oíl, la guerra adquirió otro cariz. El ministro argentino de Relacionen Exteriores Dr. Carlos Saavedra Lamas había señalado al embajador norteamericano Weddell en forma confidencial, que la verdadera cuestión del problema era ahora la económica. 106  El presidente Eusebio Ayala no escapó a tales parámetros y el 12 de septiembre de 1934 escribía al ministro Vicente Rivarola por vez primera sobre este particular. “La Standard Oíl ayuda a Bolivia, decía Ayala, pero sin ánimo de mezclarse en  la política. Bolivia posee alrededor de 8 millones de hectáreas de los más ricos terrenos petrolíferos. Se trata de una fortuna fabulosa que haría de la zona uno de los más grandes centros de producción del mundo. La S.O. (Standard Oíl) no ha revelado al gobierno boliviano toda la inmensidad de la riqueza del subsuelo. De las 8 millones de hectáreas, la S.O. tenía concesión antes de la guerra más o menos 600 mil (algunas concesiones caducaron). Durante el conflicto, adquirieron la casi totalidad de los yacimientos pagando fuertes sumas que Salamanca invirtió en armamentos".

         "Entre el gobierno boliviano y la S.O. -seguía diciendo la carta de Ayala- no existe un perfecto entendimiento respecto a la explotación. Aquél desea que se explote cuanto antes y al máximo rendimiento, con objeto de cobrar las regalías contratadas y vigorizar así las finanzas. En cambio la S. O. no tiene el menor interés en una pronta explotación, siendo su propósito mantener los yacimientos bolivianos como reserva del porvenir. A las exigencias de Bolivia la S.O. responde con la exposición de las dificultades insalvables para la comercialización del petróleo. Las dificultades se refieren al transporte. Todo lo que se ha conseguido es que se produzca combustible para el Ejército. Según informe de la S.O. al gobierno boliviano, las vías de transporte posibles son: a) oleoducto al río Paraná, de preferencia a Santa Fe; b) ídem al río Paraguay. Transporte por superficie se excluye. Se considera preferible el oleoducto al río Paraná, a puerto de aguas profundas. Pero el gobierno boliviano piensa que el oleoducto debe salir por territorio boliviano y de aquí el empeño en obtener un puerto. Las razones que determinan a Bolivia nos impelen a nosotros a negarle en absoluto puerto del litoral. Nuestro país no puede vivir tranquilo con un emporio petrolífero en sus puertas, dirigido por la tornadiza e inescrupulosa política boliviana. Esto además de razones de otro orden que son obvias. A la Argentina no le conviene que se desvíe el torrente de actividades derivadas de la industria petrolífera, de su territorio. Si Bolivia tiene litoral apropiado, tendrá `volens nolens' que pasar por territorio argentino, que es desde luego según los peritos la vía mejor". 107

         Mes y medio después el presidente Ayala volvía a insistir sobre el particular ante el ministro Rivarola, en un memorándum confidencial y sin firma dirigídole a éste. De su texto se desprende ya con firmeza el convencimiento del mandatario paraguayo de que la Standard Oíl no era una mera observadora del conflicto, y que el petróleo era un elemento importante dentro de aquel engranaje. Este es el texto del documento:

         El petróleo en la cuestión del Chaco. Es un factor muy importante. Existe la más fundada sospecha de que la guerra del Chaco fue causada por la necesidad de dar salida a los productos por un oleoducto exclusivamente controlado por la Standard Oíl. El discurso del general Justo en Salta produjo cierta buena impresión en los círculos del comando boliviano, pero pronto el Gobierno influyó para que no se hable más de un oleoducto por territorio argentino, pues la S.O. mostró los serios inconvenientes. Hemos tenido ocasión de leer un rapport diplomático del Agente de una gran potencia sobre este asunto, muy ilustrativo. La S.O. muy discretamente y por medios indirectos trata de influenciar algunos Gobiernos que podrían intervenir en la solución del conflicto. Algunos trabajos han sido realizados en el Brasil, en Chile, en el Uruguay. En este último país, a causa de la simpatía de que goza en el Paraguay, se cifra una gran esperanza. La S.O. cree que el Gobierno de Terra se esforzará por que Bolivia obtenga un puerto conveniente sobre el río, a satisfacción de ella. Al Brasil se le trata de convencer de que el petróleo boliviano sacado por Bahía Negra servirá para desarrollar el estado de Matto Grosso y para proveerle de abundante combustible en caso de cualquiera dificultad internacional. El Gobierno de Río no se deja al parecer impresionar por los argumentos basados en un peligro de conflicto con la Argentina, al menos hasta ahora. Chile según los informes se inclina fuertemente en favor de la S.O. Se atribuye esta inclinación parte a los trabajos de la Compañía y parte a la idea de derivar las actividades e intrigas de Bolivia hacia otro punto cardinal que el de su frontera.

         Se piensa que para el Paraguay y para otros países vecinos la instalación de la S.O. en territorio propio en el mediterráneo americano sería una fuente de graves  riesgos. Se sabe lo que ha hecho en otros países: corromper, explotar despiadadamente, no realizar más obras de progreso que las requeridas por su industria, crear problemas sociales prematuros y luego ir con los trastos a otra parte. El puerto de Bahía Negra no es de ningún modo el que conviene. Pero conseguida la salida se pedirá más. El objetivo parece ser Puerto Pinasco. Hay pues la convicción más absoluta de que a menos de ceder la mayor parte del Chaco a Bolivia, la paz no será una realidad. Tal vez el medio de resolver el problema sea convencer a la S.O. que la Argentina no opondrá obstáculo a un oleoducto que pase por su territorio. En los consejos de la Compañía predomina sin embargo una prevención muy fuerte contra la Argentina. Se prevé que sólo después de algunos años de explotación infructuosa ese país comprenderá su error de querer excluir las grandes empresas privadas y entonces otorgará concesiones. La salida por el Alto Paraguay del petróleo boliviano cree pondrá en malas condiciones de competencia á los Yacimientos fascales argentinos. 108

         Un elemento aparentemente poco significativo se sumó en contra de la compañía norteamericana cuando el 13 de septiembre de 1934 la Dirección General de Correos y Telégrafos de la Argentina decidió clausurar la estación radiotelegráfica LPU en Tartagal (Salta), propiedad de la Standard Oíl, por haber transmitido noticias no relacionadas con sus fines. Se trataba de información sobre la guerra y movimientos en territorio argentino, la que llegaba a Yacuiba y de allí pasaba a centros públicos de Bolivia. La decisión argentina, que provocó un incidente entre la empresa y el gobierno, fue adoptada en garantía de su neutralidad y probó, una vez más, el juego dual de la Standard Oíl.

         Cuando el 15 de enero de 1935 la Sociedad de las Naciones decidió levantar unilateralmente el embargo de armas que pesaba sobre Bolivia, manteniendo el mismo sobre el Paraguay, muchos creyeron ver los hilos de la cuestión movidos por la Standard Oíl. El senador Huey Long volvió a cargar con este motivo subrayando "que la Standard Oíl ha financiado la guerra del Chaco y los millones de Rockefeller están manteniendo vivas a la Liga de las Naciones y a la Corte Internacional de Justicia. El embargo de armas contra el Paraguay y en favor de Bolivia parece ser un mensaje firmado por Rockefeller diciéndole a Paraguay: `no toque el suelo donde hemos localizado pozos de petróleo'". 109

         En el Paraguay ya no cabían dudas acerca de la actitud de la Standard Oíl, más aún con la presunción -que los hechos posteriores demostraron errada- de que el Chaco albergaba un reservorío fabuloso en riqueza petrolera. El Senador por Luisiana se había puesto en un terreno riesgoso. En marzo de 1935 el diario "El Orden" de la capital paraguaya reproducía un comentario radial de ZP9 que advertía que "la vida misma (de Long) está amenazada por esbirros pagados por misteriosos agentes". 110 Seis meses después, ya cuando la metralla había dejado de matar en el Chaco, Huey Long caía asesinado en los Estados Unidos.(*****)

 

 

         EL PETRÓLEO EN LA POSGUERRA

 

         Ya antes del cese de hostilidades de junio de 1935 el petróleo se manifestó como un poderoso factor de negociación diplomática. El Paraguay, que había afirmado en la XV Asamblea de la Sociedad de las Naciones reunida en septiembre de 1934 que en un estado de relaciones normales y amistosas no pondría obstáculos a un comercio de tránsito del petróleo boliviano por su territorio 111, no pensaba realmente de estos términos en su cúpula gubernativa. Eusebio Ayala temía a una Bolivia poderosa al Norte, cuya inestabilidad política la arrojase un día, más fuerte que en 1932, sobre el Paraguay. La propia cabeza eclesiástica representada por el Monseñor Juan Sinforiano Bogarín se inquietaba ante la perspectiva de que el petróleo paraguayo cayese en manos de empresas extranjeras, como se lo había hecho saber en enero de 1935 al ex-presidente José P. Guggiari. 112 Había certeza de que el Paraguay había obtenido una importante faja petrolera y que debía explotarla para su beneficio. "La posesión de la zona de petróleo, escribía Ayala a Rivarola el 22 de febrero de 1935, nos servirá además para recuperar nuestras pérdidas y levantar el país de la postración en que habrá de quedar". 113

         Concluida la guerra, el 3 de agosto de 1935 el gobierno paraguayo dictaba el decreto N° 58.325 por el cual se creaba una "Comisión Geológica y Minera" dependiente del Ministerio de Economía, "encargada de realizar estudios e investigaciones geológicas, geofísicas y mineras, como también la determinación de unidades de explotación y pertenencias o cateos de minas de explotación; sean minas metalíferas o no metalíferas, incluyendo los hidrocarburos sólidos, fluidos o gaseosos". Era este el primer paso concreto dado aquí a la búsqueda de consolidar lo que se entendía era su riqueza petrolífera. Fue designado jefe de dicha comisión el ingeniero en minas y geólogo Dr. Trian T. Serghieso (******)

         Paralelamente, el tema del petróleo se movía de manera inadvertida pero segura en las negociaciones a cargo de la Conferencia de Paz reunida en Buenos Aires. No pasaba desapercibido el interés argentino -a los ojos del Brasil y del representante norteamericano Spruille Braden- por obtener la producción de los yacimientos petrolíferos existentes en el subsuelo chaqueño. De ahí que Braden afirmaría que Rodrigues Alves (representante brasilero) "se convenció que Saavedra Lamas intentaba proponer un acuerdo territorial del Chaco de modo a asegurar el máximo de influencia argentina sobre el Paraguay y Bolivia. Especialmente el control argentino sobre Santa Cruz y las regiones petrolíferas". 114 En el fondo, era una cuestión de predominio. Braden tuvo la misión de hacer hasta marzo de 1937 todo el esfuerzo para que tales campos continúen en poder de Bolivia, lo que equivalía a estar en manos de la Standard Oíl y de los Estados Unidos. Bajo tales parámetros se manejaba esta singular figura de la diplomacia y del petróleo.

         Para Bolivia, en cambio, se trataba ante todo de quebrar la política argentina que so pretexto de tratarse de la Standard Oíl cerraba el paso del petróleo boliviano por su territorio. El presidente José Luis Tejada afirmaba poco después de concluida la guerra que "no es desconocido el criterio argentino acerca de la cuestión. El inteligente y habilísimo canciller argentino Saavedra Lamas tiene sintetizada su idea en la frase: “Argentina debe utilizar al Paraguay como tapón, para evitar que los productos del Oriente de Bolivia salgan al río, y así se vean obligados a tomar la vía argentina, afirmando la hegemonía económica de mi país en Sud América'". 115 Franca coincidencia existía entre esta apreciación y la inquietud del presidente Ayala, citada más atrás, de que "a la Argentina no le conviene que se desvíe el torrente de actividades derivadas de la industria petrolífera, de su territorio". Los esfuerzos bolivianos darían sus frutos parciales cuando en diciembre de 1936 los cancilleres de Argentina y Bolivia Carlos Saavedra Lamas y Enrique Finot suscriben un acta para la constitución de una comisión mixta boliviano-argentina que debía tomar a su cargo el estudio para la construcción y financiación del ferrocarril Yacuibá-Santa Cruz de la Sierra pagaderas en petróleo que era el viejo anhelo boliviano y que podía revertir muy favorablemente en su economía, atrayendo por lo demás a intereses argentinos hacia Bolivia.

         En febrero de 1936 los vientos de la política paraguaya, se orientaron hacia un rumbo diferente y en el gabinete del Cnel. Rafael Franco sentó plaza, como Ministro de Agricultura, don Bernardino Caballero, quien el día 23 declaraba que en ningún caso el Estado admitirá la explotación petrolífera por compañías extranjeras. "El Estado -afirmaba Caballero- nacionalizará todo yacimiento petrolífero que llegue a ubicarse dentro de su dominio territorial y lo explotará directamente sin la intervención directa ni indirecta de ninguna empresa extranjera". 116

         Esta postura, que pecaba de poco realista, no era del todo compartida por el Dr. Francisco C. Chaves -poco después autor del proyecto de régimen legal del petróleo y de su exposición de motivos- quien en sus apuntes personales anotaba el día 27 de febrero: "Estoy muy de acuerdo con el monopolio del Estado del petróleo. Pero de poco servirá si a su vez no monopoliza el Estado los medios de transportes terrestres y fluviales, bien entendido que entre los primeros deben incluirse los oleoductos. Rockefeller transformó su pequeña empresa industrial en la más formidable y poderosa máquina capitalista mediante el monopolio `de los transportes terrestres y fluviales'. 117

         El proyecto sobre régimen legal del petróleo, de autoría del Dr. Chaves, luego Presidente del Banco de la República, fue presentado a comienzos de mayo de 1936 al gabinete del coronel Franco. En la exposición de motivos leída por el ministro Caballero se afirmaba que "la influencia del petróleo en la vida interna y externa de los Estados modernos es tan grande y preponderante que con razón se puede decir que la cuestión del petróleo es cuestión fundamental, porque no solamente es garantía de riqueza sino también es prenda de seguridad para la soberanía nacional. El Estado que careciese de este producto, nunca podrá precautelar debidamente su independencia".

         La exposición subrayaba más adelante: "Frente al dilema de optar entre el sistema de las `concesiones' y el del `monopolio del Estado', no vacilamos en inclinarnos decididamente en favor de este último. Las dolorosas vicisitudes que han sufrido aquellos países en los cuales la industria del petróleo ha caído en manos de entidades privadas, son muy convincentes y más que suficientes para rechazar semejante régimen, aprovechándose así la experiencia ajena, harto aleccionadora y triste. Las razones de carácter fiscal, social o político en que el monopolio puede apoyarse, confluyen todas ellas en el caso del petróleo. Inmensos recursos para el Estado por lo que al aspecto fiscal se refiere: se evita que el pueblo sea explotado por la avidez del interés privado es aspecto social, y en lo político, conservar en manos del Estado lo que es necesario y útil para la defensa de su integridad territorial".

         El documento dejaba, empero, abiertas las puertas a una rectificación: "No descarto, decía, las objeciones que ya sea el prejuicio o el interés privado pueden formular contra el monopolio del Estado. Pero aun en la hipótesis de que las objeciones fuesen capaces de provocar una discrepancia de buena fe, aun así, sostengo la ventaja de que comencemos la exploración y explotación del petróleo mediante el monopolio oficial. Si acaso resultase un error su adopción, el error sería fácil de corregirse. No así si tuviéramos que reaccionar en el tiempo contra el sistema de las concesiones particulares. La reacción habría de costarnos incalculables sacrificios pecuniarios y probablemente conflictos enojosos con gobiernos a cuya nacionalidad pertenecen los capitales invertidos en las concesiones y con sus derechos adquiridos". 118

         El citado régimen del petróleo, convertido en ley, declaró de dominio privado inalienable e imprescriptible del Estado el petróleo, adoptando el monopolio como sistema de exploración, explotación e industrialización del mismo. El artículo sexto de la ley constituía, como repartición anexa al Ministerio de Agricultura, los "Yacimientos Petrolíferos del Paraguay", que debía integrarse con cinco miembros paraguayos.

         Sin embargo, el mismo Chaves era consciente de la inconveniencia, en aquellos momentos, de enfrentar a los grandes intereses petroleros, dada la precaria situación del gobierno que no había sido reconocido allende sus fronteras. En sus apuntes, el destacado político colorado había subrayado: "Hoy 26 (de marzo de 1936) entregué a Bernardino Caballero, Ministro de Agricultura, el proyecto de régimen legal del petróleo y su exposición de motivos. Confidencialmente le dije: el gobierno debe meditar sobre si dada la situación política del país, conviene o no postergar la sanción del proyecto, que significa cerrar herméticamente el Paraguay al capital privado interesadísimo como se sabe por adquirir en todas partes del mundo el petróleo. Más claro: evitar que los trust petrolíferos reaccionen contra el gobierno de la revolución al desahuciarlos declarando el monopolio del Estado".

         El 3 de julio de 1936, en reunión mantenida en horas de la noche entre el presidente Franco, el ministro del interior Germán Soler, el Dr. Francisco C. Chaves y un personaje no identificado que traía proposiciones concretas para exploración petrolífera y que decía haber estudiado varios años el tema, éste afirmaba saber dónde hacer perforaciones en la Región Oriental del país, pues aquí existirían ricos yacimientos. En sus notas personales el Dr. Chaves recuerda: "Presentó (el ofertante) tres proposiciones, de las cuales dos eran de 'concesiones' para explorar y explotar el petróleo y la última de 'indicar al gobierno los puntos fijos donde hacer las perforaciones y extraer el petróleo'. En cuanto a la primera proposición... se puede contemplar y sería la única aceptable. Que se obliguen a señalar los sitios fijos donde hacer las perforaciones y una vez constatada la existencia de una mina de petróleo que ellos deberán ubicar exactamente, abonarles en dinero la suma que se acuerde. El presidente se dirigió al señor y le dijo: 'puede hacer su presentación al gobierno'. En los corredores ya de la casa y de despedida le manifesté: 'su gobierno debe resolver si cuál es más conveniente, o cerrar las puertas a los trust o dejar que sigan alimentando las esperanzas de obtener concesiones. Yo le repito, señor presidente, opto por lo primero'". Días después Franco consultaba con Chaves sobre este particular, quien anotaba estas reflexiones: "¿Qué le parece?, me dice el presidente. Mi convicción es profunda en este asunto, le contesté al coronel Franco. Soy enemigo en forma absoluta de otorgar concesiones a capitalistas para la exploración y explotación del petróleo paraguayo. Es más: el transporte mismo, su industrialización y comercio deben quedar en poder del Estado. Un país como el nuestro que fácilmente puede ser bloqueado no debe otorgar concesiones de su petróleo a nadie. Países que lo han hecho están reaccionando a favor del monopolio integral por parte del Estado". 119

         Las posibilidades de hallar petróleo siguieron siendo alimentadas por mucho tiempo en el Paraguay. En diciembre de 1936 volvía el ingeniero Serghiesco, para proseguir tareas de prospección, ahora en las zonas aledañas al cerro Lambaré, donde por entonces se procedía a una limpieza del terreno. El ingeniero de origen rumano era partidario de hallar primeramente petróleo para luego legislar sobre la materia. Los resultados, sin embargo, no dieron sus frutos y en mayo de 1937, con motivo de viajar dicho técnico a Europa, el ministro de Agricultura Guillermo Tell Bertoni lo autorizó a buscar financiación para la exploración, explotación e industrialización del crudo, que constituía, sin ninguna duda, el principal obstáculo. La autorización tendría vigencia hasta el 31 de diciembre de 1937. 120 En los hechos, sin embargo, aquello no fue más allá de agosto, mes en el cual fue depuesto el gobierno de Franco y reemplazado por el del Dr. Félix Paiva.

         En Buenos Aires, el nuevo ministro paraguayo Dr. Higinio Arbo volvía a plantear al gobierno paraguayo una vieja inquietud suya: la vinculación con el Uruguay en materia petrolífera, punto sobre el cual había trabajado en sus tiempos de representante ante este país. En una extensa carta fechada el 23 de abril de 1938, Arbo informaba al ministro de Relaciones Exteriores Dr. Cecilio Báez de sus contactos con el delegado uruguayo ante la Conferencia de Paz, Dr. Pedro Manini Ríos para establecer dicha conexión: "Teniendo en consideración -decía Arbo- que nada vincula mejor a los pueblos que los intereses creados; que la cancillería boliviana realiza su acción diplomática con el arma de sus yacimientos petrolíferos y de sus ricas minas de estaño como lo demuestran sus acuerdos con Perú y Chile y los últimos convenios comerciales y de unión ferroviaria que suscribió con la Argentina y el Brasil; y recordando que en el Uruguay existía interés por vincularse con el Paraguay para el cateo y explotación de petróleo, interés que provoqué yo mismo en la época en que ejercía el cargo de ministro ante el gobierno uruguayo, le dije al doctor Manini Ríos, lo siguiente: “Cuando yo ejercía el cargo de ministro de mi país en el Uruguay, conversé con el doctor Baltazar Brum, presidente entonces del colegiado, con el doctor Rossi y otras personalidades políticas sobre la conveniencia para nuestros dos países, de llegar a un acuerdo para la exploración, cateo y explotación del petróleo que puede haber en el Paraguay. Posteriormente, conversando con el gerente general del Banco de la República, señor  O. Morató, éste llegó a decirme que se podría formar un consorcio entre el Banco Agrícola del Paraguay (único Banco oficial en aquel entonces) y una entidad como la ANCAP del Uruguay, los que constituirían una entidad jurídico-comercial con un directorio por partes iguales; que el capital podría ser facilitado por el Banco de la República". (*******)

         Arbo señalaba a Báez su convencimiento de haber interesado a Manini, planteándole que el crudo a hallarse en el Paraguay podría refinarse en Montevideo. "Me permito sugerir -escribía al canciller- el estudio del proyecto de buscar un acuerdo con el Uruguay, para la formación de un consorcio comercial paraguayo-uruguayo, con el objeto de hacer la exploración, cateo y explotación del petróleo que puede existir en nuestro país".

         Ese mismo mes el gobierno de Paiva dictaba el decreto N° 5.919 designando una comisión especial que debía dictaminar sobre una negociación presentada por el ingeniero Serghiesco en re presentación de un "Grupo Capitalista Petrolero Uruguayo". Aquélla estaba integrada con el ministro de Economía Dr. Andrés Barbero, el Fiscal General del Estado Dr. Raúl Sapena Pastor, el Intendente Municipal de Asunción Ing. José Bozzano y el ingeniero de minas del Departamento Nacional de Obras Públicas Fernando Saguier Caballero.

         La propuesta de Serghiesco, avalada precisamente por la ANCAP uruguaya que tenía en su país el monopolio de la refinación, era así la continuación de los esfuerzos iniciados en 1935. En junio de 1938 el gobierno elaboró las bases de un anteproyecto de concesión para la búsqueda o cateo de petróleo en territorio paraguayo, regulándose los permisos por plazos de cuatro años, renovables una sola vez. Los hallazgos permitirían al descubridor la explotación exclusiva de los depósitos de petróleo, inicialmente con una regalía del 25 % para el Estado. 121 Sin embargo, las tratativas fracasaron y se abandonaron los proyectos de búsqueda de petróleo en la región oriental.

         Antes de regresar, Serghiesco había manifestado la conveniencia de que la Conferencia de Paz, que sesionaba en Buenos Aires, aludiera concretamente al problema del petróleo en sus negociaciones y no esquivara su consideración a sabiendas que todos los órganos de publicidad lo consideraban como uno de los causales básicos de la guerra. 122 Por entonces, en efecto, quien más quien menos se sentía en condiciones de opinar sobre un tema que motivaba a la opinión pública en el Paraguay. Se sucedían aquí los "hallazgos" de petróleo en la zona del río Apa, en las serranías de Caacupé, en los bañados del Ñeembucú, pero todos nada más que en la concepción ideal de pobladores, vecinos y algunos que otros que se decían técnicos o entendidos. En puridad de verdad, lo único que existía de concreto era que Bolivia conservaba como un secreto de gran valor, la información de que la zona de Mandyyupecuá, ocupada por el Ejército paraguayo, era sumamente rica en petróleo, a tal punto que Bolivia cedería finalmente en la mesa de negociaciones sus pretensiones de obtener un puerto de aguas profundas sobre el río Paraguay, a cambio del compromiso paraguayo de desocupar Mandyyupecuá, como a la postre aconteció, aunque sin beneficio de inventario, por cuanto posteriores exploraciones no dieron resultado alguno.

         En Bolivia, por su parte, la legislación petrolera era modificada, pero contradiciendo la nueva mentalidad surgida con motivo de la guerra. El 24 de octubre de 1936, bajo el gobierno del coronel David Toro, se dictaba una "Ley Orgánica de Petróleos" en reemplazo de la del 20 de junio de 1921. En sus considerandos se afirmaba la necesidad de "sustituir a la ley de 20 de junio de 1921 con otra que contemple mayores facilidades para los capitalistas e industriales que se interesen en la industria petrolífera, garantizando al mismo tiempo los derechos del Estado". La ley, que según el investigador boliviano Amado Canelas suponía un inaudito retroceso, establecía igualmente concesiones de permisos de explotación a perpetuidad. 123

         Esta concepción, que lejos estaba del proyecto nacionalista impulsado en el Paraguay por Francisco C. Chaves, no habría de perdurar mucho tiempo. El 21 de diciembre del mismo año era creada la entidad "Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos", aun no caducadas las concesiones de la Standard Oíl. Y.P.F.B. tendría como tarea "la exploración y explotación del petróleo y sus derivados dentro de las zonas que se le asignasen especialmente; como también la comercialización, transporte y exportación del petróleo y sus derivados dentro de todo el territorio de la República". En sus considerandos se afirmaba que "las necesidades de la República imponen que el control del petróleo y sus derivados y su utilización sean efectuados por una entidad fiscal de conveniencia colectiva", así como que "la importación y situación de los citados combustibles en el mundo, su significado económico y su valor con respecto al Estado imponen cada día más que estos recursos sean puestos bajo control directo de la nación". El mismo Canelas despeja la incógnita de esta incongruencia al afirmar: "Lo curioso es que estos conceptos... los suscribían los mismos que admitieron la conveniencia del regresivo sistema de la adjudicación y rindieron pleitesía ciega al capital privado. La razón es ésta: Gustavo Chacón se hallaba ya de regreso, habiendo logrado encauzar, no sin esfuerzo, el criterio de los gobernantes de ese entonces en materia de política petrolera". (********) Y respecto de esta misma figura, añade Canelas que "es imposible no admirar y respetar su indeclinable posición en defensa del petróleo boliviano para los bolivianos, posición que ha mantenido invariable, desde su retorno del Paraguay, donde estuvo prisionero. Desde ese entonces, la historia de nuestro petróleo se conjuga con la suya". 124

         Los ex-prisioneros de guerra, entre los cuales se hallaba Chacón, constituían uno de los grupos acaso mejor pertrechados en ideas. Sus principios modificaron la política petrolera seguida después de la guerra por Bolivia e iniciaron una de alto contenido americanista. Unidos desde sus tiempos de prisioneros en una logia denominada "Radepa" (Razón de Patria), contribuyeron a encauzar los manejos del petróleo hacia una orientación firme y libre del monopolio extranjero. Así y bajo su influencia, en marzo de 1937 hicieron caducar las concesiones de la Standard Oíl of Bolivía y cuatro meses después era depuesto el coronel David Toro y reemplazado por el TCnel. Germán Busch. "El gobierno de Busch -afirma Sergio Almaraz- sostuvo con firmeza la política nacional del petróleo iniciada por Toro. En su manifiesto dirigido a los excombatientes y que fuera proyectado por Roberto Prudencio, Gustavo Chacón (Ayudante de Busch) y Víctor Andrade, se proclamó: “Vamos pues a reafirmar la nacionalización de los petróleos, ya que todos los que estuvimos en el Chaco en las horas de peligro hemos podido experimentar la absoluta inconveniencia de que esa riqueza estuviese en manos de capitales extranjeros. El petróleo boliviano va a ser explotado por el Estado, porque así lo exigen los altos intereses nacionales". 125

         La caducidad de la Standard Oíl, dictada el 13 de marzo de 1937 por Resolución Suprema, fue la culminación de aquel proceso. "Convocado el Consejo de Gabinete -recuerda Chacón- pocas personas sabíamos lo que en él se trataría... Después de una larga exposición de Jorge Muñoz Reyes, el incorruptible batallador en defensa de nuestros petróleos, y de Dionisio Foianini, el creador de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, le escuché decir al General Toro: `He medido todos los peligros que para mi honra y para nuestro gobierno representa esta medida; con serena firmeza sostengo que este Decreto debe firmarse ahora o nunca". 126

         El hecho trajo aparejado un cambio notorio en las negociaciones de paz. Ahora Spruille Braden ejercía presión sobre las naciones limítrofes con Bolivia para que ésta no llegara a acuerdo alguno sobre su petróleo, de modo a posibilitar, nuevamente, su captación por la Standard Oíl por falta de mercados prácticos. Al mismo tiempo, la diplomacia boliviana se empeñaba por lograr acuerdos bilaterales que le permitiesen exhibir mayor vigor en la mesa de negociaciones de Buenos Aires. Así, en noviembre de 1936 suscribía con el Brasil dos protocolos, uno para la explotación y aprovechamiento del petróleo boliviano por territorio brasileño y otro sobre intercambio ferroviario. Al mes siguiente se firmaba en Buenos Aires un acuerdo sobre estudios económicos con Chile "con el deseo de estimular las vinculaciones comerciales y económicas entre sus respectivos países y facilitar las diferentes relaciones que la vecindad les impone". 127

         En ese mismo año de 1936 llegaba a La Paz Horacio Carrillo, el ex-ministro argentino en Bolivia, con el propósito de obtener concesiones petrolíferas en vista de la decreciente producción en los campos patagónicos y de Comodoro Rivadavía. La firma de un memorándum entre éste y el entonces presidente Toro movería a comentarios, especialmente en el Brasil que tenía pendiente un ofrecimiento de construir un oleoducto de Camiri a Corumbá, largo de 800 kilómetros, cuyo costo era entonces de ocho millones de dólares. Poco a poco se evidenciaba así una puja entre el Brasil y la Argentina por el petróleo boliviano, de la cual saldría también perjudicado el Paraguay ante la presión de los intereses creados. 128 Guillermo E. Feliu señalaba entonces respecto de dichas negociaciones y sus resultados para Bolivia que "la guerra con Chile le significó el salitre, la guerra con el Brasil le privó del caucho, la campaña del Chaco le va privando del petróleo, ¿quién la irá a privar del estaño?'' 129

         En febrero de 1938, siguiendo la coincidencia de intereses con Argentina y el Brasil, Bolivia firmaba con este país un tratado para el aprovechamiento del petróleo en una zona en los departamentos de Santa Cruz y Chuquisaca. Se constituía para ello una comisión mixta de exploración y reconocimiento y el Brasil, por dicho documento, se ratificaba en su compromiso incumplido de construir el ferrocarril que debía unir el puerto brasileño de Corumbá, sobre el río Paraguay, con la ciudad de Santa Cruz de la Sierra.

         Poco después del regreso a Bolivia de los prisioneros de guerra, se organizó en el Ministerio de Minas y Petróleos una comisión encargada de realizar estudios para el tendido de un oleoducto al río Paraguay, así como para la construcción de una refinería, iniciativas impulsadas por el Dr. Gustavo Chacón. (*********) Suscripto el acuerdo definitivo de paz, amistad y límites entre el Paraguay y Bolivia y ratificado el mismo en agosto de 1938 por un plebiscito en aquel país y por una Asamblea Nacional Constituyente en éste, se abrían las puertas a la anhelada cooperación. Los dos pueblos tendrían oportunidad de acreditar en la paz el mismo sacrificio ofrecido en la guerra.130

         El 28 de febrero de 1939, los ingenieros Guillermo Mariaca; Presidente interino del Directorio de Y.P.F.B. y Jorge T. Lavadenz, Gerente Industrial de la misma entidad, eran acreditados en La Paz para viajar al Paraguay con el objeto de discutir con su gobierno la posibilidad de construir el oleoducto que atravesase el Chaco hasta el río epónimo, así como la instalación de una refinería próxima a Asunción. Llegados a ésta a principios de abril del mismo año, las conversaciones fueron mantenidas a nivel del entonces ministro de Economía ingeniero José A. Bozzano. Reclamado ínterin por la prensa de Asunción, el ingeniero Lavadenz, afirmaba el 13 de abril que las tratativas "se desenvuelven en forma que permite decir que hay perspectivas favorables para establecer la refinería de petróleo en las inmediaciones de Asunción; con capacidad suficiente para abastecer todo el mercado paraguayo con petróleo boliviano. El establecimiento de esta refinería tendrá ventajas recíprocas ya que para nosotros constituirá un nuevo mercado a ese producto y para ustedes el obtener petróleo en condiciones de precio muy inferiores a los que ahora rigen. En cuanto al oleoducto -añadió Lavandenz- es cuestión ya más delicada, pues que insumirá varios millones de pesos y debe ceñirse a cuidadosos estudios técnicos previos. Ha de hacerse quizá más adelante, una vez que se llegue a ultimar con el gobierno paraguayo los detalles de este asunto, cuyas gestiones preliminares nos han traído a Asunción". 131

         De las declaraciones de Lavadenz se palpaba que la construcción del oleoducto no estaba contemplada para un futuro inmediato, si bien las gestiones financieras se hallaban avanzadas en Alemania con firmas particulares de este país, que se habían comprometido a otorgar a Y.P.F.B. un empréstito de cuatro millones de marcos oro a ser pagado en productos mineros bolivianos. Estos acuerdos, obviamente, no fueron bien vistos por los Estados Unidos y no habrían podido concluir satisfactoriamente debido a la guerra desencadenada unos meses después en Europa. Avanzadas las gestiones, el 21 de abril fue suscripto en Asunción el tratado ad-referéndum entre Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (Y.P.F.B.) y el Ministerio de Economía del Paraguay; cuyo texto era el siguiente:

 

 

TRATADO AD-REFERÉNDUM

 

         Entre el Poder Ejecutivo del Gobierno de la República del Paraguay, representado por su Ministro de Economía, Capitán de Navío Ing. Don José Bozzano, conforme al Decreto N° 13.466 de fecha 20 de Abril de mil novecientos treinta y nueve, por una parte, y Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (Y.P.F.B.), representada por el Ingeniero Señor Guillermo Mariaca, en su carácter de Presidente Interino del Directorio de la nombrada entidad, y por el Sr. Jorge Lavadenz, Gerente Industrial de la misma, y especialmente autorizados para intervenir en esta contratación, todo conforme a la Ley Orgánica de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, credencial otorgada por el Excmo. Señor Ministro de Minas y Petróleos en fecha veinte y ocho de Febrero de mil novecientos treinta y nueve, y credencial otorgada por el Señor Presidente Interino del Directorio Ingeniero Don Guillermo Mariaca a favor del Gerente Industrial Don Jorge Lavadenz, en fecha veinte y cinco de Febrero de mil novecientos treinta y nueve, documentos todos debidamente legalizados por funcionarios competentes de Bolivia y del Paraguay, que quedan agregados al expediente respectivo; por la otra parte, se conviene celebrar un contrato ad-referéndum para el tránsito de petróleo boliviano a través del Chaco Paraguayo y por vía fluvial y otras a mercados paraguayos o extranjeros, su almacenamiento en bruto o industrializado en territorio paraguayo y en zonas francas concedidas por el Gobierno del Paraguay, su refinamiento por medio de instalaciones adecuadas que permitan obtener todos los sub-productos del petróleo que comercialmente se justifiquen, de acuerdo con las condiciones y términos que se indican y conforme a las siguientes cláusulas:

 

I

         Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (Y.P.F.B.) instalará en una o varias zonas francas concedidas por el Gobierno del Paraguay, en usufructo gratuito mientras se mantengan en ella instalaciones relacionadas con la industria del petróleo, plantas de almacenamiento, recepción y despacho para petróleos, almacenes de materiales para las mismas y mercaderías, con todas sus dependencias y anexos necesarios, en una extensión total que no será menor de 2.000 hectáreas de superficie, sobre el Río Paraguay y en la margen derecha, cuyos frente y profundidad serán determinados oportunamente de acuerdo a las necesidades, por las partes contratantes.

         En una de las zonas francas se instalará el puerto terminal de un oleoducto que Y.P.F.B. estudiará y construirá por su cuenta, en cuanto las conveniencias económicas de la explotación de petróleo boliviano lo justifiquen, entendiéndose que los estudios se iniciarán a partir de los seis meses de ratificado este convenio por el Gobierno del Paraguay. Dicha zona franca estará situada en las inmediaciones de Puerto Militar, frente a Concepción y que en el futuro se denominará "Primera Zona", pudiendo las partes contratantes convenir que éste punto terminal del oleoducto sea instalado en otro lugar, si los estudios técnicos así lo justificaren, de acuerdo entre ambas partes contratantes.

         En la segunda zona franca que estará ubicada en las adyacencias de Villa Hayes, Y.P.F.B. instalará una planta refinadora, sistema "cracking", con capacidad para refinar no menos de    100 metros cúbicos de crudo por día, y producirá los siguientes combustibles: naftas desde el tipo octano 67 hasta el 80, sin uso de antidetonantes, y de superior octano con antidetonantes, si fuese necesario, kerosene, gas oíl, diesel oíl, en proporciones suficientes para abastecer las necesidades de los mercados paraguayos, incluyéndose los buques de pabellón paraguayo. Queda entendido qué en cualquier momento Y.P.F.B. podrá ampliar la capacidad de esta planta y producir otros derivados.

         Por este compromiso Y.P.F.B. adquiere el derecho exclusivo de destilar crudos, de procedencia boliviana, paraguaya o extranjera, para la República del Paraguay, por el período de treinta años, a partir de la fecha de ratificación del presente convenio.

         Y.P.F.B. se compromete a iniciar los estudios parada construcción de la planta refinadora inmediatamente después de la ratificación de este contrato y a comenzar la construcción dentro del plazo de un año, a partir de la misma fecha, debiendo estar terminada seis meses después de vencido el plazo anterior.

         Hasta tanto se habilite el oleoducto Bolivia-Río Paraguay, Y.P.F.B. podrá proveerse de crudos mediante tránsito por la Argentina y vía fluvial en buques tanques. Y.P.F.B. se compromete, a falta de sus propios buques, a utilizar los servicios de los buques nacionales paraguayos en todas sus necesidades, con preferencia en igualdad de condiciones.

         Los buques de pabellón extranjero en general que atraquen a las zonas francas conduciendo crudos exclusivamente, con destino a las refinería, abonarán tos mismos impuestos, tasas y otros derechos, iguales a los que tuvieren que abonar los buques paraguayos en los puertos en que se embarcaren crudos para las instalaciones de la Y.P.F.B.

         Los derechos portuarios correspondientes serán percibidos en oro sellado o en otras monedas de cotización internacional. Y.P.F.B. se obliga a gestionar del Gobierno Boliviano, las franquicias legales para buques nacionales paraguayos.

 

II

         Estas zonas francas estarán exentas, durante todo el .tiempo de la concesión, de todo impuesto fiscal, municipal o de la índole que fuere, creado o a crearse.

         El Ministerio de Economía otorgará a favor de Y.P.F.B. las escrituras que correspondan como formalización de los derechos de usufructo gratuito que son acordados por el presente contrato, por todo el tiempo de su concesión. En estas zonas francas Y.P.F.B. podrá instalar otras industrias que tengan relación directa o indirecta con la del petróleo, pero para la internación de los productos obtenidos de estas otras industrias a los mercados paraguayos, estará sujeta al régimen aduanero o disposiciones legales vigentes, sin perjuicio de que se pueda concordar un "modus vivendi" o convenios especiales para su internación. Ya que las mercaderías de uso general para Y.P.F.B., destinadas a la satisfacción de sus dependencias, estarán liberadas dé derechos aduaneros, esta entidad se compromete a no cederlas en venta o bajo otro concepto, a personas extrañas a la misma.

         Y.P.F.B. podrá exportar de las respectivas zonas francas previo el cumplimiento de las formalidades aduaneras de práctica, los productos y sub productos del petróleo, libre de todo derecho fiscal, municipal o de otra índole, creado o a crearse, durante todo el tiempo de la concesión.

         Los productos de otras industrias instaladas en las zonas francas pagarán para su internación y venta en territorio no neutral o en ocasión de su exportación, los mismos derechos previstos en las leyes vigentes, salvo convenios que por razones especiales celebrase el Poder Ejecutivo con Y.P.F.B.

 

III

         Convenidos entre el Gobierno del Paraguay e Y P.F.B. los puntos de internación en territorio paraguayo y terminal del oleoducto en el río Paraguay, el Poder Ejecutivo del Paraguay, previo estudio por YP.F.B., declarará camino público una franja de tierra de cien metros de ancho en toda la extensión del recorrido, a los efectos del artículo 19 del Decreto del 27 de Octubre de 1885, reglamentario de la ley del 16 de Julio de 1885.

         Dentro de toda la extensión declarada camino público podrá Y.P.F.B. construir el oleoducto en toda su extensión, debiendo el Poder Ejecutivo acordar todas las facilidades necesarias para llevar a buen término esta construcción.

         El oleoducto construido por Y.P.F.B., dentro de los términos del presente contrato, será de su dominio privado, bajo la garantía del Gobierno Paraguayo en toda la extensión existente en el territorio de la República, y, en consecuencia, no formará parte de los bienes industriales que en base a los términos de la concesión serán transferidos al Estado Paraguayo en su oportunidad.

 

IV

         El Gobierno de la República del Paraguay se compromete a establecer en su propio beneficio, la importación exclusiva de productos del petróleo en el territorio de la República, adquiriéndolos en su totalidad de las refinerías de Y.P.F.B., a partir de la fecha de la inauguración de la refinería, materia de este contrato, bajo el compromiso de esta entidad de proveerlos de manera que satisfagan en calidad técnica y cantidad, las necesidades generales de la República, durante todo el tiempo de la concesión, y se compromete, además, a mantener reservas mínimas de combustibles iguales a las necesidades del consumo total de un mes, de acuerdo a las cifras estadísticas que les fueren suministradas por el Ministerio de Economía, a base del consumo total de un año, de los convenios que se establecieren oportunamente.

         El precio de venta será el que resultare: de tomar los productos CIF, sin envase, Asunción y se computará en la siguiente forma:

         a) Precio base por unidad de medida en los mercados del petróleo, sobre la cantidad anual de consumo por productos, colocados FAS Río de la Plata, sin envase, o, en su defecto, cotizaciones del American Petroleum Institute para los mismos productos, en los mismos puertos.

         b) Más los fletes y seguros hasta el puerto de Asunción, que por el término de dos años se computará en $ o/s. 6.60 la tonelada métrica, a partir de la firma de este contrato.

         c) Al precio total que resulte, Y.P.F.B. hará una bonificación del cinco por ciento mientras tenga que abastecer sus refinerías con petróleo traído en tránsito por la Argentina, y hasta el diez por ciento cuando la refinería sea abastecida por el oleoducto referido en este mismo contrato.

         d) El pago de los productos vendidos por Y.P.F.B. al Gobierno del Paraguay, se efectuará mediante liquidaciones mensuales en moneda extranjera de cotización internacional, en la forma que acordarán las partes.

 

V

         Si la República del Paraguay dispusiere de petróleo nacional, se conviene lo siguiente:

         a) Y.P.F.B. lo destilará, por cuenta del Gobierno del Paraguay, al precio de costo por metro cúbico que resultare de la refinación, más un diez por ciento, o

         b) Y.P.F.B. lo adquirirá al mismo precio que costaren los petróleos bolivianos colocados al pie de la refinería.

         Ambas partes convienen en que en el tratamiento del petróleo nacional paraguayo, y en el del boliviano, se establecerán convenios especiales en tal forma que ambas partes contratantes actúen de perfecto acuerdo en cualquier trato con mercados extranjeros.

 

 

VI

         Y.P.F.B. construirá por cuenta y para el Gobierno Paraguayo, en Asunción o en otra población que el Gobierno creyere conveniente, una o más plantas de almacenamiento y distribución de combustibles dentro de las exigencias técnicas necesarias, invirtiendo en esta o estas instalaciones hasta la suma de cien mil dólares de curso legal. Los presupuestos y planos respectivos serán sometidos al Gobierno del Paraguay para su aprobación. Y.P.F.B. se compromete a administrar estas plantas de almacenamiento, por cuenta del Gobierno del Paraguay hasta tanto que éste se haga cargo de ellas, mediante el pago de su valor, el cual será establecido de mutuo acuerdo y en base al costo inicial, menos una depreciación que se establecerá al máximum de un tres por ciento anual; El Gobierno del Paraguay se hará cargo de la obtención de todos los terrenos necesarios para las instalaciones. Todo el material a emplearse en estas plantas de almacenamiento estará exento de todo impuesto fiscal o municipal, creado o por crearse.

         Siendo la construcción y administración de estas plantas por cuenta y para el Gobierno del Paraguay, éste podrá legislar en todas las disposiciones que crea conveniente para la distribución de los productos, pero las disposiciones de carácter técnico que responsabilicen a la administración serán atribución de Y.P.F.B. que se obliga a tomar todas las disposiciones necesarias para el mejor funcionamiento de las mismas. El personal podrá ser paraguayo, boliviano o de otra nacionalidad, pero Y.P.F.B, se reserva el derecho de designar al personal que técnica y administrativamente, será responsable durante su administración. Las partes podrán acordar oportunamente otros convenios por los cuales el Gobierno Paraguayo pueda hacerse cargo de la administración total de estas plantas de almacenamiento, bajo su control técnico y responsabilidad consiguiente. Queda establecido que Y.P.F.B. tratará, por todos los medios posibles a su alcance, adiestrar al personal paraguayo en las actividades técnicas de estas plantas para que en el menor tiempo posible pueda el Gobierno Paraguayo adquirirlas.

 

VII

         Las destilerías, al término de la concesión, podrán ser adquiridas por el Gobierno del Paraguay en las mismas condiciones previstas para el caso de las plantas de almacenamiento.

 

VIII

         Y.P.F.B. cooperará por todos los medios técnicos y administrativos posibles a su alcance y en concordancia con las leyes que gobiernan legalmente sus actividades, en el estudio, búsqueda, cateo, exploración y explotación de petróleo en el territorio del Paraguay con el Gobierno de esa República, de acuerdo a convenios que para este efecto acordasen las partes.

 

IX

         El oleoducto Bolivia-Río Paraguay es del dominio privado de Y.P.F.B. y en consecuencia no forma parte de los bienes que oportunamente y en base a los términos de la concesión otorgada por este contrato pudieren pasar al dominio del Gobierno del Paraguay, pero Y.P.F.B. se compromete a seguir suministrando petróleo crudo a las destilerías que pasen a propiedad del Gobierno Paraguayo y a las que puedan ser instaladas directamente por este Gobierno, en las cantidades suficientes para satisfacer las necesidades generales y comerciales de la República del Paraguay, y hasta donde lo permita la capacidad productiva de los yacimientos que alimenten al oleoducto y a la de conducción de éste.

        

X

         El privilegio o concesión para la refinación exclusiva del petróleo por Y.P.F.B. en el Paraguay es de treinta años, al final de cuyo plazo las instalaciones de refinación existentes pasarán al dominio del Gobierno Paraguayo, al precio de avaluación en el momento de entrega, conforme a las bases establecidas en las cláusulas VI y VII. Queda entendido que si en el plazo máximo de cinco años, prorrogable, por un término igual, a simple petición fundamentada de Y.P.F.B., no se hubiese dado comienzo a la construcción del oleoducto, la obligatoriedad del Gobierno del Paraguay de obtener los productos del petróleo, exclusivamente de las refinerías de Y.P.F.B., quedará sin efecto, salvo que ambas partes contratantes resolviesen ampliar dichos plazos.

 

XI

         Queda entendido que Y.P.F.B. podrá organizar la dirección industrial y comercial de sus instalaciones en las zonas francas y en el estudio y construcción del oleoducto en la manera que creyere más conveniente para su mejor explotación y administración.

 

XII

         En estas zonas francas el Gobierno del Paraguay construirá las instalaciones permanentes que para el ejercicio de sus funciones propias de soberanía necesitare, debiendo ser en sitios que no perjudiquen a las instalaciones técnicas o de dirección de Y.P.F.B., de acuerdo a sus informes, salvo lo que a este respecto convengan los Gobiernos de Paraguay y Bolivia, con relación a las cláusulas del tratado de Paz del 21 de Junio de 1938.      

 

XIII

         El personal superior y técnico será nombrado por Y.P.F.B. de acuerdo a sus conveniencias, debiendo ser paraguayo en una proporción del cincuenta por ciento el de carácter administrativo. El personal obrero y de maestranza será paraguayo en una proporción del setenta y cinco por ciento.

 

XIV

         El presente contrato ad-referéndum será sometido oportunamente a la aprobación de los respectivos Congresos Legislativos del Paraguay y Bolivia y elevado al rango de convenio diplomático.

 

XV

         Si en la ejecución del presente contrato surgieren dificultades respecto a la interpretación de alguna o algunas de sus cláusulas, ambas partes contratantes buscarán de solucionarlas con la intervención de sus respectivos Gobiernos, debiendo decidirse en última instancia por arbitraje u otros procedimientos amistosos.

         Firmado en tres ejemplares de un mismo tenor a un solo efecto, debiendo corresponder uno al Ministerio de Economía y dos a Y.P.F.B., en la Asunción, capital de la República del Paraguay, a los veinte y un días del mes de Abril de mil novecientos treinta y nueve.

 

 

José Bozzano                                                      Jorge Lavadenz

Cap. de Navío                                                    Gerente Industrial

Ministro de Economía                                            de Y.P.F.B.

 

Guillermo Mariaca

Presidente Interino del Directorio

de Yacimientos Petrolíferos

Fiscales Bolivianos

 

         Coincidentemente, el día de la víspera el gobierno del Coronel Germán Busch había dado un sorpresivo viraje político, disolviendo el Parlamento e instaurando de hecho una dictadura personal. La medida, según una comunicación oficial de la cancillería a cargo de Eduardo Diez de Medina, había sido adoptada en vista de "la desorientación del país, la descomposición política y administrativa, el cumplimiento de los fines de la convocatoria a la Convención y otras razones de orden económico y social". 132

         La nueva orientación política boliviana, sumada al hecho de que su presidente tuviera ascendencia germana y al compromiso que provenía de la Alemania nazi de facilitar a Bolivia el empréstito para la construcción del oleoducto, constituyeron motivos de seria preocupación en el Departamento de Estado norteamericano, precisamente en momentos en que el General José Félix Estigarribia, Embajador del Dr. Paiva en Washington, se hallaba negociando el primer y más importante préstamo nunca antes concedido al Paraguay por el país del Norte. El investigador norteamericano Michel Grow afirma con claridad al respecto: "En mayo de 1939, sin embargo, las negociaciones fueron intempestivamente interrumpidas por un informe de que el Paraguay estaba involucrado en la negociación de un acuerdo económico tripartido masivo, simultáneamente con Alemania y Bolivia. El gobierno boliviano había recientemente expropiado a la Standard Oíl Company en el Este boliviano sin compensación y Alemania se había movilizado rápidamente para sacar ventajas de la situación de través de la obtención de un monopolio para la exportación de petróleo boliviano. En este complejo sistema de canje, los alemanes ofrecieron asistencia técnica y financiera a la agencia estatal petrolera de Bolivia para la operación de sus pozos nacionalizados a cambio de petróleo boliviano. La asistencia alemana incluiría la construcción de un oleoducto de Bolivia hacia el Este, que terminará en un puerto paraguayo sobre el río Paraguay, desde donde el petróleo sería embarcado para Alemania. Por su parte, los paraguayos darían al petróleo boliviano un lugar preferencial en su mercado doméstico y ayudarían en el transbordo del petróleo hacia Alemania. A cambio de eso, los alemanes ofrecían la construcción de refinerías de petróleo en el Paraguay y también construir la ruta al Este que uniría a Asunción con el Brasil y el Atlántico". 133

         "El 24 de mayo de 1939, sigue afirmando Grow basado en documentos oficiales norteamericanos, Summer Welles informó a Estigarribia que los Estados Unidos encontraban tal proyecto 'objetable en varios aspectos' e indicó su sorpresa de que Paraguay asistiera a Bolivia en la explotación de pozos petrolíferos que los Estados Unidos consideraban de propiedad de la Standard Oíl. Países con recursos no explotados, dijo Welles, difícilmente pueden esperar atraer el capital necesario para explotarlos, a menos que ofrezcan seguridades a tal capital. Estigarribia, que para entonces había logrado la nominación presidencial del Partido Liberal y elegido `in absentia', aseguró a Welles que, como presidente, él no tenía la intención de honrar tal acuerdo y que en materia de política estaba en contra de sus intenciones el permitir que el gobierno del Paraguay se coaligue con Bolivia para un fin que sería perjudicial para la causa de la práctica del comercio liberal entre las repúblicas americanas y otras naciones del mundo, y para una acción tomada por el gobierno boliviano, que había resultado en la confiscación sin compensación de propiedades norteamericanas'. 'El ministro, asentó Welles, dijo que yo podía estar seguro de que a lo largo de su periodo presidencial el primer y primordial principio de su política exterior sería el establecimiento y fortalecimiento de las relaciones comerciales y políticas entre nuestras dos naciones'” 134

         El 13 de junio de 1939 los Estados Unidos acordaban finalmente conceder en Washington un importante crédito al Paraguay, a través del Export-Import Bank, para el sostenimiento de la moneda nacional y la construcción de obras públicas, especialmente caminos."Es parte de un impulso para estimular la industria y el comercio en el hemisferio occidental -afirmaba el diario 'The New York Times' al día siguiente y para combatir los intentos de Alemania e Italia para penetrar económicamente en Sudamérica". La misma información periodística añadía que "de acuerdo con informes de prensa, Alemania ofreció recientemente al Paraguay, a través del Cnel. Bruno Metlisky del Estado Mayor General alemán, construir una ruta automovilística de 220 millas de Asunción a Villarrica hasta la frontera brasileña... Las proposiciones alemanas contemplaban también el establecimiento de colonias industriales en la ruta, incluyendo fábricas de tejido y de tabaco, así como otras plantas para empleo de materia prima del lugar. El proyecto conjunto debía ser pagado con un impuesto a la gasolina y otros productos derivados del petróleo controlados por un monopolio estatal".135

         Estigarribia obtuvo así créditos por 3.500.000 dólares sacrificando el acuerdo con Bolivia, lo que resultaba comprensible en aquellas circunstancias. Por lo demás, sectores políticos paraguayos no identificados con el Partido Liberal de gobierno se habían manifestado contrarios al contrato suscripto el 21 de abril de 1939. El vocero "El Tiempo", perteneciente a un sector intelectual esencialmente católico y antiliberal, fue el primero en dar la voz de alerta, señalando en sucesivos comentarios editoriales los puntos a su entender cuestionables del tratado con Bolivia, entre ellos la concesión paraguaya de ceder el usufructo gratuito de una o varias zonas francas a Y.P.F.B., recordando que dichas zonas, si fuesen de propiedad privada, debían ser previamente adquiridas por el Estado. El 8 de mayo de 1939 el mismo vocero político cuestionaba que el ente boliviano no se comprometía a buscar el petróleo que pudiera existir en yacimientos paraguayos, lo cual era obvio dado que construía un oleoducto a un costo varias veces millonario para colocar el suyo. "Durante treinta años, decía además `El Tiempo', ninguna otra empresa que tuviese interés en la explotación del petróleo nacional (búsqueda, cateo y refinación) podría contratar con nuestro gobierno. Y esto es grave e inadmisible... El convenio debió limitarse a conceder a Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos el derecho exclusivo de destilar crudos de procedencia boliviana o extranjera". 137

         Días después la misma hoja descalificaba el convenio como perjudicial para el Paraguay y beneficioso para Y.P.F.B. "Lo más grave e inadmisible -decía el 10 de mayo- es que nuestro gobierno renuncie a toda libertad de acción durante treinta años en el caso probable de que mañana se descubran yacimientos petrolíferos explotables en nuestro país". 138

         Por su parte el opositor Partido Colorado, a través de su vocero "Patria" señalaba como graves las concesiones y privilegios otorgados a Y.P.F.B., sin contraprestaciones de parte de ésta que, según dicho órgano, no se obligaba a nada en concreto. El 18 de mayo de 1939 el Secretario de la nucleación política Dr. Juan Ramón Chaves dedicaba un extenso artículo crítico al convenio firmado en abril, señalando en primer término la importancia del petróleo para la economía de las naciones. "Los grandes países capitalistas, afirmaba Chaves, han ejercido en este sentido una verdadera hegemonía sobre otros países carentes de capital para movilizar su riqueza petrolera; Así tenemos a EE. UU. ejerciendo un verdadero imperialismo económico sobre los pueblos americanos". 139

         Chaves, que aclaraba no ser enemigo de un acuerdo con Bolivia, recalcaba la importancia que debía darse a la cuestión petrolera por sus entretelones, haciendo un somero análisis del tratado. No existe, señala, artículo alguno que obliga a Bolivia a construir el oleoducto, y este país no es gran productor de crudo; por el contrario, debe importarlo del Perú para su consumo interno. Más adelante el mismo se planteaba la posibilidad de que Y.P.F.B. vendiese o cediese su oleoducto o destilería a una empresa extranjera, por cuanto no existía cláusula prohibitiva de ello. 140

         Estas y parecidas críticas hechas en oportunidad de la firma del tratado y una vez conocido su texto, no tuvieron finalmente peso en la decisión de no avanzar en las gestiones ni buscar ratificar el acuerdo. La misma había sido tomada en Washington y el convenio nació muerto a pesar de los esfuerzos de paraguayos y bolivianos. Lo mató el Departamento de Estado en provecho propio y de la Standard Oíl, malogrando un buen propósito integracionista en la cuenca del Plata.

         El 15 de agosto del mismo año asumía Estigarribia la presidencia de la República del Paraguay y ocho días después, el 23 de agosto de 1939, se suicidaba en La Paz el presidente Germán Busch. Otros acuerdos serían suscriptos con posterioridad entre el Paraguay y Bolivia, 141 sin estar el petróleo ausente en ellos.

         El telón caía definitivamente sobre la absurda tragedia de la guerra y sus dolorosas secuelas. Lo afirmado por J. Natalicio González en junio de 1938 merece aún tenerse en cuenta: "Este drama no tendrá un desenlace feliz, sino el día en que en la dinámica de los sucesos dejen de intervenir los mercaderes del petróleo y en que la soberanía del pueblo sea un hecho efectivo tanto en Paraguay como en Bolivia. El entendimiento directo de los dos países interesados, sin mediadores que procuran inclinar la balanza a uno u otro lado según el juego de intereses ocultos, es el único método recomendable para alcanzar una reconciliación definitiva".

 

 

 

CITAS

 

1)      Baldrich, Alfonso, "El problema del petróleo y la guerra del Chaco", Ediciones de la "Revista Americana, de Buenos Aires" Buenos Aires, 1934, pp. 19/20.

2)      Valencia Vega, Alipio, opus cit., p. 471.

3)      Baldrich, Alfonso, opus cit., pp. 11/12. Idem "El Orden", 19 de diciembre de 1934.

4)      González, J. Natalicio, "El Drama del Chaco. El petróleo, la guerra y la oligarquía liberal", Editorial Guarania, Asunción, 1938, p. 3.

5)      Artaza, Policarpo, "El Dr. Arturo Frondizi y la guerra del Chaco", Conferencia leída por Radio Belgrano de Buenos Aires el 26 de marzo de 1957, Buenos Aires, 1957,p.3.

6)      Mariaca Bilbao, Enrique, "Mito y realidad del petróleo boliviano", Editorial "Los Amigos del Libro", La Paz-Cochabamba, 1966, pp. 45/46.

7)      Almaraz, Sergio, "Petróleo en Bolivia", Editorial Juventud, La Paz, 1958, p. 70.

8)      Mariaca Bilbao, Enrique. opus cit., p. 48.

9)      Romero Loza, José, opus cit., p. 36.

10)    Canelas, Amado O., "Petróleo: imperialismo y nacionalismo", Editorial Altiplano, La Paz, 1963, pp. 137/38:

11)    Mariaca Bilbao, Enrique, opus cit., p. 54.

12)    González, J. Natalicio, "El Drama del Chaco...", cit., pp. 6/7.

13)    Idem, pp. 718. Transcripción de Revista Hoy, Santiago de Chile, Nº 282.

14)    Cautelas, Amado O., opus cit, cita de Abel Iturralde, "El centinela del petróleo" por Moisés Alcazar, pp. 161/62.

15)    Mariaca Bilbao, Enrique, opus cit., p. 56.

16)    Baldrich, Alfonso, opus cit., pp. 27/28.

17)    "El Diario", Dominical, Año I, Nº 26, 15 de abril de 1934, p. 6.

18)    Santos, Carlos R., opus cit., pp. 30/31.

19)    "Informe de la Dirección General de Minas y Petróleos", Imprenta Atenea de Crespi Hnos., La Paz, 1930, pp. 40 y sgtes.

20)    Idem, ídem.

21)    "El Diario", Dominical, Año I, No 18, 18 de febrero de 1934, p. 8.

22)    Westphalen, Juerguen, "La industria petrolífera en Bolivia y su creciente importancia para la economía popular boliviana", Westdeutscher Verlag, Koeln y Opladen, 1963, p. 90, (Original en alemán).

23)    "El Diario", Año XI, Nº 2.944, 29 de abril de 1915, p. 2.

24)    Idem, Año XVIII, No 4.754, 30 de septiembre de 1921, p. 1.

25)    Pastore, Carlos, "La lucha por la fierra en el Paraguay", cit., p. 393.

26)    Chiavenato, Julio José, "A guerra do Chaco", (leía-se petróleo), Editora Brasiliense; Sao Paulo, 1979, p. 108.

27)    "Exposición de la causa del Paraguay en su conflicto con Bolivia", cit., p 85. 28) Marof, Tristán, opus cit., p. 168.

29)    Braden, Spruille, "Diplomats and Demagogs", The Memoirs of Spruille Braden, Arlington House, New Rochelle, New York, 1971.

30)    Chaves, Francisco C., Volumen de recortes sobre petróleo con apuntes personales. Archivo del autor.

31)    González, J. Natalicio, "El Drama del Chaco", cit., p. 18.

32)    Frondizi, Arturo, "Política y Petróleo", Edit. Raigal, Buenos Aires, 1956, p. 289.

33)    "El Diario", Dominical, Año l, Nº 20, 4 de marzo de 1934, p. 7.

34)    Chacón, Gustavo, Conferencia pronunciada el 8 de septiembre de 1958, Primer Foro Política, Problemas de la economía boliviana "Dinámica Económica". publicación de la Facultad de Ciencias Económicas, Universidad Mayor de San Andrés, Año I, Nº 2, enero-marzo 1959, La Paz 1959. p: 204.

35)    Baldrich, Alfonso, "La Argentina". 11 de marzo de 1930, cit. por Carlos R. Santos, Opus cit., p. 89.

36)    Mariaca Bilbao, Enrique, opus cit., pp, 62/65.

37)    Montenegro, Carlos, "Frente al derecho del Estado, el oro de la Standard Oíl", Editorial Trabajo, La Paz, 1938, p. 71.

38)    Arze Quiroga Eduardo "El pensamiento de Daniel Salamanca en la cultura de Bolivia", en "Documentos para una historia de la guerra del Chaco", IV, cit., pp. 446/47.

39) Almaraz, Sergio, opus cit., pp. 110/11,

40) "El Diario", Dominical, Año I, No 53, 21 de octubre de 1934, pp. 3 y 14, artículo "La riqueza petrolera de Bolivia".

41)    Idem, p. 14.

42)    Almaraz, Sergio, opus cit., p. 91. Véanse, además, otros capítulos de la misma obra sobre el particular.

43)    Idem, p. 93.

44)    Chacon, Gustavo, opus cit., p. 205.

45)    "La Prensa", 29 de octubre de, 1935, Buenos Aires.

46.)   Idem, ídem

47)    "La Nación;', 31 de octubre de 1935, Buenos Aires.

48)    Idem, ídem.

49)    Idem, ídem.

50)    "La Prensa", 30 de octubre de 1935, Buenos Aires.

51)    "La Nación", 1º de noviembre de 1935, Buenos Aires.

52)    Idem, 6 de noviembre de 1935.

53)    Almaraz, Sergio, opus cit. p. 115.

54)    González, J. Natalicio, "El Drama del Chaco", cit. p, 20.

55)    "El Diario", 24 de julio de 1977, La Paz, pp. 5/6.

56)    "La política argentina en la guerra del Chaco", cit., p, 87.

57)    Sánchez Bonifato, César L„ opus cit., p, 23.

58)    Almaraz, Sergio, opus cit., pp. 105/06.

59)    Baldrich, Alfonso, "El problema del petróleo y la guerra del Chaco", cit., pp. 29/30.

60)    "La Nación", 8 de marzo de 1930, Buenos Aires.

61)    "La Argentina", 11 de marzo de 1930, Buenos Aires.

62)    Baldrich, Alfonso, "El problema del petróleo y la guerra del Chaco", cit., p. 31.

63)    "El Orden", Año IX, No 2.654, 10 de octubre de 1932, p. 5.

64)    "El Diario", Año XXIX, No 8.752, 3 de enero de 1933, p. 1.

65)    Bedoya, Manuel, opus cit., p. 7.

66)    Idem, pp. 83/84,

67)    Idem, p. 85.

68)    Rivarola, Vicente, "Memorias Diplomáticas", II, cit., pp. 340/41.

69)    Idem, p. 341.

70)    Rivarola Coello, Vicente, opus cit., p. 172.

71)    Idem, pp. 189/90.

72)    Kullak, Wilfrido, referencias personales al autor.

73)    Zarza, Alfonzo H., referencias personales al autor.

74)    "El Orden", Año XI, No 2.970, 26 de octubre de 1933, p. 3.

75)    Bedoya, Manuel, opus cit., p. 99.

76)    Rivarola Coello, Vicente, opus cit., p. 238.

77)    Eusebio Ayala a Vicente Rivarola, 24 de febrero de 1935, en Rivarola Coello, Vicente, opus cit.,

78)    Idem, opus cit., p. 296.

79)    "La política argentina en la guerra del Chaco", cit., p. 289.

80)    Fernández, Carlos J., "La guerra del Chaco", El final de la lucha, Imprenta Militar, Asunción, 1976, pp. 148/51.

81)    "El Diario", 27 de octubre de 1909.

82)    Seiferheld, Alfredo M., "El alcohol como combustible en el Paraguay", en ABC Color Revista, 25 de enero de 1981, pp. 14/15.

83)    Bedoya, Manuel, opus cit., p. 83.

84)    Documentos para una historia de la guerra del Chaco, III, cit., pp. 25/ 28.

85)    Rivarola, Vicente, opus cit.,11, p. 379.

86)    "La Razón", 29 de noviembre de 1933, Reproducido en "El Diario", Dominical, Año I, No 13, 14 de enero de 1934, p. 2,

87)    "El Diario", 14 de marzo de 1934, La Paz. Reproduc. en "El Diario", Dominical, Año I, NO 26, 15 de abril de 1934, p. 3.

88)    Zook, David H., opus cit., p. 266.

89)    Documentos para una historia de la guerra del Chaco, IV, cit., p. 318.

90)    Valencia Vega, Alipio, opus cit., pp. 464/65.

91)    "Patria", Año I, No 15,24 de noviembre de 1932, p. 2.

92)    Idem, ídem.

93)    "El Diario", Año XXIX, No 8.804, 5 de marzo de 1933, p. 7.

94)    Idem, Año XXIX, No 8.822, 29 de marzo de 1933, p. 1.

95)    Consulado del Paraguay en Formosa, documento citado.

96)    Braden, Spruille, cit. por Chiavenato, Julio José, opus cit., pp. 109/ 110.

97)    Idem, ídem.

98)    Zook, David H., opus cit., p. 343.

99)    "El Diario", Dominical, Año I, No 22, 18 de marzo de 1933, p. 7.

100)  Marof, Tristán, opus cit., pp. 171/72.

101)  "Congressional Record", Seventy Third Congress, Second Session, Vol. 78, N° 120, p. 10.262, en "Exposición de la causa del Paraguay en su conflicto con Bolivia", cit., pp. 361/67.

102)  "La Nación", 4 de junio de 1934, Buenos Aires.

103)  "El Diario", Dominical, Año I, No 38/40, 8 al 22 de julio de 1934, pp. 5, 5/7 y 4.

104)  Idem, Año I, No 40, 2 de septiembre de 1934, p.6.

105)  Idem, Año I, No 34, 10 de junio de 1934, p. 5.

106)  Zook, David H., opus cit., p. 285.

107)  Rivarola Coello, Vicente, opus cit., pp. 269/70.

108)  Idem, pp. 273/74.

109)  "Vanguardia", 21 de enero de 1935, Barcelona (España). Citado por "El Orden", Año XII, No 3.357, 15 de febrero de 1935, p. 3.

110)  "El Orden", Año XII, No. 3.372, 8 de marzo de 1935, p. 3.

111) "Exposición de la causa del Paraguay en su conflicto con Bolivia", cit. p. 85.

112)  Pastore, Carlos, "La lucha por la tierra en el Paraguay", cit. (Ver texto en introducción de nuestra obra).

113)  Rivarola Coello, Vicente, opus cit., p. 293.

114)  Braden, Spruille, citado por Chiavenato, Julio José, opus cit., p. 120.

115)  "Pra-Memoria de J. L. Tejada Sorzano a Enrique Peñaranda". En Rivarola Coello, Vicente, opus cit., pp. 372/73.

116)  "Patria", Año I, No 5, 24 de febrero de 1936, p. 1.

117)  Chaves, Francisco C., cit.

118)  Idem, ídem.

119)  Idem, ídem.

120)  Idem, ídem.

121)  "El País", 23 de junio de 1938, Asunción.

122)  "La Tribuna", 3 de mayo de 1938.

123)  Canelas, Amado O., opus cit., p. 294.

124)  Idem, pp, 294/95.

125)  Almaraz, Sergio, opus cit., p. 114.

126)  Chacón, Gustavo, opus cit., p. 205.

127)  "La Prensa", 22 de enero de 1937, Buenos Aires.

128)  "El País", 2 de octubre de 1937, p. 4.Cita de Guillermo E. Feliu, Revista Hoy, Santiago de Chile.

129)  Idem, ídem.

130)  Velilla de Arréllaga, Julia, "Paraguay, un destino geopolítico", cit., p. 217.

131)  "El Diario", Año XXXIV, No 10.134, 14 de abril de 1939, p. 1.

132)  Idem, Año XXXIV, No 10.144, 26 de abril de 1939, p. 1.

133)  Grow, Michael, "El buen vecino en el Paraguay: José Félix Estigarribia y los Estados Unidos". Capítulo del libro "The good Neighbor Policy and authoritarianism

in Paraguay". En ABC Color, Suplemento Cultural, 4 de abril de 1982, pp. 4/5.

134)  Idem, Idem.

135)  "The New York Times", miércoles 14 de junio de 1938, pp, l y 12.

136)  "El Tiempo", Año I, Nº 58, 6 de mayo de 1939, Asunción, p. 1.

137)  Idem, Año 1, Nº 59, 8 de mayo de 1939, p. 1.

138)  Idem; Año I, N° 61, 10 de mayo de 1939, p. 1.

139»"Patria", Año 1, No 20, 18 de mayo de 1939, pp. 1/2.

140)  Idem, ídem.

141)  Mauro, Luis Alberto, "Repsa, el negociado del siglo", I tomo, Editorial El Foro, Asunción, 1981, pp. 274/95.

 

(*) "El Paraguay", Año III, Nº 742, 13 de julio de 1902, Asunción, p.2. Esta y otras

referencias en nuestro comentario "El alcohol como combustible en el Paraguay", ABC Revista, 25 de enero de 1981. pp.14115.

(**)   Las referencias sobre Huey Pierce Long provienen íntegramente de la documentada obra "La política del cataclismo" (La era de Roosevelt) de Arthur M. Schlesinger, Jr., traducción al español de José Meza Nieto, primera edición, Unión Tipográfica Editorial Hispano Americana, UTEHA, México, D.F., 1968, pp. 708. Título original: “The polities of upheaval”.

(***)  Schlesinger, opus cit., p. 43.

(****) Idem, opus cit., pp. 47 y 50.

(*****) Confusos son los datos respecto de este incidente, pero resulta esclarecedor rememorar la última etapa de la vida de Long. Schlesinger, cuya obra trata con bastante dureza a Long, le concede en cambio que a pesar de su gobierno autoritario y vertical en el que nadie podía conservar el puesto sin su aval personal, "el pueblo de Luisiana tuvo un gobierno estatal que hacía más a su favor que lo que había hecho cualquier otro gobierno en la historia del estado. La fuerza de la oligarquía, que por tanto tiempo había explotado al pueblo hasta agotarlo, había desaparecido ya. Las escuelas, hospitales, carreteras y servicios públicos en general eran mejores que nunca. Los blancos pobres y aun los negros tenía oportunidades sin precedentes..".(opus cit, p.54)

         Long con otros seguidores había creado un "Movimiento Para Compartir la Riqueza" y a comienzos de 1935 se pensaba seriamente en la posibilidad de un tercer partido para las elecciones generales de 1936. Si bien sus partidarios hablaban de 7 millones de votos, podía concedérsele una cifra inferior, pero muy respetable a pesar de ello. Acusado de fascista, Schlesinger afirma: "En el fondo, Huey Long no se asemejaba a un Hitler o a un Mussolini, sino a un dictador latinoamericano, un Vargas o un Perón. En muchos aspectos Luisiana era una región colonial y una zona subdesarrollada; sus tradiciones criollas le daban un carácter que era casi latinoamericano. Como Vargas y Perón, Long se rebelaba contra el colonialismo económico, contra la oligarquía, contra el pasado engreído y anticuado; en forma confusa apoyaba la modernización económica y la justicia social. Como ellos, estaba más amenazado por su propia arrogancia y su codicia, por su debilidad por la buena vida y su rabia de poderío personal". (cit. p. 63)

         El 8 de septiembre de 1935, habiendo abandonado Long con sus guardaespaldas una sesión en la Cámara de Diputados en Luisiana un joven médico, Carl Austin Weiss, se le acercó sorpresivamente al amparo de la oscuridad y disparó desde muy próximo a él provocándole una herida mortal. La guardia de Long reaccionó tarde derribando al criminal y causándole a su turnó 51 heridas de bala. En las primeras horas del 10 de septiembre moría Long. Su crimen, como tantos otros donde juegan los intereses del poder político y económico, nunca fue del todo resuelto. El recuerdo de Long subsiste sin embargo en el Paraguay por su actitud de denuncia, a pesar de que la misma estuvo enmarcada en determinadas circunstancias de la política interna norteamericana.

(******) En conversación mantenida por nosotros con el entonces Ministro de Economía ingeniero Albino Mernes, éste nos refirió que ocupando él dicha secretaría de Estado se contrató con ANCAP del Uruguay (Administración Nacional de Combustibles, Alcohol y Portland) los servicios del geólogo Serhiesco, que había trabajado con la Standard Oíl en Camiri. Este hombre, proveído por la Standard según Mernes, creyó detectar petróleo en la región de San Bernardino y más tarde editó un trabajo con Guillermo Tell Bertoni. Posteriormente, trabajó en el Ministerio de Obras Públicas.

(*******) Buenos Aires, 23 de abril de 1938: De Higinio Arbo a Cecilio Báez. Publicada con otra documentación del archivo del Dr. Félix Paiva en "La Paz del Chaco", Documentos para el estudio de las tratativas que concluyeron en el tratado de paz, amistad y límites con Bolivia, compilación de Félix, Paiva Alcorta, "Instituto Paraguayo de Estudios Geopolíticos y de Relaciones Internacionales'' (Documentos para la historia), Edit. El Lector, Asunción, 1983, pp. 146/50.

(********) Sobre este particular hemos conversado con el Dr. Gustavo Chacón, quien reside en Asunción desde 1974. El ex-canciller, ex-ministro de Economía y coautor de la Ley Orgánica de creación de Y.P.F.B. aclara: "La contradicción es aparente. Ocurre que en ese mismo gobierno no habían ideas claras en materia petrolera, de modo que las que llevamos al Jefe de Estado Mayor Germán Busch fueron impuestas al gobierno de Toro sin mayor dificultad. En Asunción habíamos estudiado, como prisioneros, el problema con otros miembros de la logia `Razón de Patria' creada por Elías Belmonte, Jorge Calero, Antonio Ponce y Clemente Inofuentes, los tres primeros más tarde miembros de la Junta de Gobierno del Mayor Gualberto Villarroel, a la cual también pertenecí".

(*********) El Dr. Dionisio Foianini, en la citada conversación mantenida con nosotros en Asunción afirmaba: "La idea del oleoducto Transchaco ha sido exclusivamente de Gustavo Chacón, como es ahora suya la del gasoducto, en complementación de aquél".

 

 

 

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