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OSCAR PINEDA


  CAPO MAFIA - Narrativa de OSCAR PINEDA


CAPO MAFIA - Narrativa de OSCAR  PINEDA

CAPO MAFIA

Narrativa de OSCAR  PINEDA

 

La brisa soplaba fresca sobre esa verde campiña de colinas suaves. Estaba amaneciendo y la luz que se derramaba generosa ya permitía ver a lo lejos el caserío de paredes blancas y laberínticas callejuelas que se incrustaban como pétalos desordenados en la parte más baja del valle florido. Sin embargo la construcción, que más llamaba la atención en esa región, estaba ubicada en el lugar más alto del terreno, el punto focal orográfico de la zona. Se trataba de un enorme palazzo de estilo clásico, de dos pisos, con torreones de más de diez metros de altura, desde donde se asomaban guardias armados y alguna que otra cámara que, las 24 horas, escudriñaba curiosamente los alrededores. Era la casa de il capo di tutti capi Fredo Alpio Cannavaro quien, en ese momento, dormía plácidamente su quinto sueño en la habitación de tamaño monumental, que había en la segunda planta del edificio.

De pronto comenzó a sonar con fuerza inusitada en el equipo de sonido de la habitación, que era tan grande como una casa de clase media, el aria "Di Provenza il mar, il suol ", del segundo acto de "La Traviata" de Giussepe Verdi y el capo mafia, algo adormilado todavía, se comenzó a mover en la enorme cama de más de dos metros de largo por otros tres de ancho. A Cannavaro le gustaba tanto la ópera que cada mañana se levantaba con una parte

distinta de cada una de sus preferidas, que casi siempre eran italianas. Así el día anterior había sido el aria "Nessun Dorma" de "Turandot", de Puccini y antes de esa, había sido "Una vote poco fa" de "El Barbero de Sevilla", de Donizetti, los que habían alegrado los primeros instantes de la mañana del capo mafia.

Ya completamente despierto y disfrutando hasta la última nota del aria de barítono, Cannavaro, se dispuso a salir de su mullida cama, con sábanas de color gris perla, en la que bien podían dormir unas cuatro personas sin molestarse, ni rozarse en toda la noche. Presionó uno de los botones azules que se ubicaban en la mesita de noche de caoba marrón, del lado derecho, y al poco tiempo entró en la habitación su camarero particular trayéndole en bandeja de plata el sustancioso desayuno estilo americano. Atrás venía el discreto valet, con los diarios del día y que lo ayudaría a vestirlo con su salto de cama estampado y cuadriculado con motivos bordó. En ese día no tenía nada planeado de modo especial por lo que siguió remoloneando en la moqueta de cuero repujado verde oscuro que se encontraba cerca de su cama, mientras se dedicaba a saborear los manjares y a enterarse de las últimas noticias. Para ello comenzó a hojear los diarios y, cuando acabó la porción de la ópera del día, con el control remoto que estaba en la mesita próxima, prendió el ciclópeo televisor de plasma de 52 pulgadas que tenía en frente a la moqueta. Inmediatamente el sonido tipo teatro invadió toda la habitación.

Fue cuando sonó en su celular, de última generación, El Toreador de "Carmen", de Bizet,-raramente una ópera francesa exactamente cinco segundos, en modo polifónico.

¡Ah! Ese artefacto del demonio -se dijo.

,se trataba de un diminuto teléfono gris de una reconocida marca finlandesa, que tenía todo en uno, la cámara para sacar fotografía y la que servía para filmar y otros muchos adminículos, frutos todos, de lo último en nanotecnología.

Cannavaro, anticuado como era, no quería tener semejante aparato estrafalario consigo, pero su capo regime, Albert Lucattone, le había convencido de que solo la implementación de los avances tecnológicos permitirían que los "empresarios" como ellos subsistan, con ingentes beneficios, en el nuevo milenio.

Acercó la minúscula pantalla, de cristal líquido multicolor que decía que había recibido mensaje de texto a su rostro al tiempo que ajustaba mejor sus anteojos de lectura y apartaba el periódico. Pulsó el botón ergonómico para acceder al mensaje y allí leyó:

 

BUENOS DÍAS SR/A.

AQUI EL SERVICIO

DE HOROSCOPO VIA

MENSAJE DE TEXTO

DE SU SERVICIO

DE TELEFONIA CELULAR.

¡ENVIENOS SU FECHA DE

NACIMIENTO Y LE DIREMOS

COMO SERÁN SUS

PROXIMOS DÍAS!

 

Cannavaro miró intrigado por un momento, pero luego pensó que debía distenderse un poco, dedicarle algo de tiempo a cosas sin mayor importancia ni trascendencia, luego de tantos días de tensión y de trabajo. Así que

decidió seguir el juego que en la distancia le proponían y envió, no sin poco esfuerzo lo siguiente:

MI FECHA DE NACIMIENTO ES 15 DE JUNIO DE 1942 QUISIERA SABER MI FUTURO.

Luego, sin esperar una respuesta rápida, se dispuso a seguir leyendo detenidamente el apartado deportivo del diario. ¡Ufa! ¿Cuándo será que ganaremos un maldito partido? Parece que ahí habría que intervenir -farfulló.

Estando en esas denostaciones, volvió a sonar el celular para anunciar que se había recibido la respuesta:

 

LO SENTIMOS

MUCHISIMO SEÑOR/A

PERO TODOS

NUESTROS ESTUDIOS

ASTRALES INDICAN QUE USTED

MORIRÁ EL DÍA DE MAÑANA

 

¡Qué!, ¡Esto no puede ser! -estalló Cannavaro- ¡Se trata evidentemente de una broma de mal gusto! ¿Quién estará detrás de todo esto? ¿Cómo mis enemigos se enteraron tan pronto de mi número particular? ¡Y Luccatone que me había dicho que el número se mantendría en secreto! ¡Maledetto!

Su mente comenzó a funcionar a mil por hora preguntándose quién era el o los que estaban detrás de ese mensaje, que con justa razón o no, le sonaba a velada amenaza. Primero pensó en el Capitán Malore, de la División Antierimen Organizado, que hacía más de tres años le seguía la pista como sabueso amaestrado que era. Aunque no era propio de él el hacer esta especie de guerra psicológica -pensó.

Inmediatamente después, tuvo que remontarse al pasado, en donde para convertirse en el jefe máximo del crimen organizado tuvo que liquidar o hacer pasar por las armas a un buen numero de capos mafiosos para así apropiarse también de sus respectivas ramas de negocios. A don Luca Salvatore Matterazi, las apuestas ilegales, a don Albert Cafassa el sindicato de estibadores, a don Tito Nazzaria, los casinos clandestinos, a don Torcuato Mancusso, el tráfico de estupefacientes, a don Enio Malatesta, la trata de blancas….etc., ya no recordaba más. ¡Ah! Ese Enio Malatesta había sido un hueso durísimo de roer. La única forma de apoderarse de sus negocios fue liquidándolo a él y a todos los miembros varones de su familia...

Mucho tiempo había pasado desde que era un simple matón de los bajos, al servicio de la familia Lucania cuarenta años atrás. Y había sabido abrirse paso a través del enrevesado sistema jerárquico de las familias y de los clanes mafiosos. Poco tiempo después llegó a ser capo regime y luego a capo y por último a todopoderoso capo di tutti capi que fue cuando terminó al fin de absorber a su antigua familia y consiguió mediante una sangrienta purga el reconocimiento y respeto de las otras cinco grandes familias mafiosas. Desde hacía ocho años era un verdadero padrino y absolutamente nadie osaba enfrentársele en ningún modo posible. Sus ingresos eran incalculables y el número de sus guardaespaldas solo era superado por el del presidente de la nación. En ese mismo momento había por lo menos una treintena de hombres armados hasta los dientes dentro delpalazzo, en los jardines o en los torreones. Aparte de esos hombres armados, la nómina de individuos que tenía bajo su mando directa o indirectamente mediante el chantaje, la extorsión o la simple compra de conciencias era asombrosa: 1.127 policías, 56 fiscales, 22 altos cargos aduaneros, 18 jueces, unos 12 parlamentarios, y el bufete de sagaces abogados judíos más caro del país, estaban entre los que mensualmente recibían ingentes cantidades de dinero del inescrupuloso e indiscutido jefe de los bajos fondos. El palazzo donde vivía era una verdadera fortaleza, los enormes ventanales vidriados que daban hacía el valle estaban blindados y eran capaces de resistir sin mayores problemas impactos directos de fusiles de francotiradores. El resto de la construcción, debajo de los revoques ornamentales, escondía en realidad una impresionante estructura de hormigón armado reforzado, del tipo bunker y podía aguantar hasta disparos de granadas de alto poder. El sistema electrónico monitoreado por satélites daba a las instalaciones una seguridad que iba de los portones principales, de metal revestido y cuatro metros de altura, en el frente, hasta las caballerizas -donde estaban varios purasangre de precio incalculable y que harían la envidia de cualquier jeque árabe -que quedaban al fondo de la propiedad de varias hectáreas, pasando por la casa de huéspedes de 20 habitaciones, la bodega de vino de 50.000 botellas, el helipuerto con luces propias, las 3 piscinas con cascadas - una de ellas climatizada -, las fuentes con estatuas, el quincho multiuso, el almacén principal, las dos canchas de tenis y la de fútbol de salón, el área de baño turco, el estacionamiento donde estaban una docena de vehículos último modelo y de conocidas marcas, hasta el bosquecito y el jardín donde Cannavaro cuidaba personalmente susrosales. Censores de movimiento, verjas con empalizadas electrificadas, bravos perros doberman y un nutrido arsenal que incluía fusiles de asalto AK-47, pistolas 9mm Parabellum, y chalecos antibalas, completaban el estricto ,- impenetrable sistema de seguridad. Tres mucamos, doscamareros, un mayordomo, un valet, un cadi, dos cocineros, cinco ayudantes de cocina, 10 empleadas de limpieza, dos jardineros, tres caballerizos, un somelier eran el personal de servicio no adscrito necesariamente a seguridad.

En la otra nómina, la que llamaban negra, tenía a su servicio a un centenar de peligrosos asesinos, cada uno de ellos, con frondosos antecedentes que harían palidecer hasta a un condenado a la pena de muerte. Cuando alguien poco inteligente osaba desafiar su autoridad, estos hombres se presentaban y solucionaban el problema de forma rápida, sangrienta y por sobre todo discreta. El o los que habían puesto la traba, generalmente no amanecían al día siguiente y pasaban, casi siempre de modo inmediato, a "mejor vida".

¿Quién? ¿Quién? ¿Quién es el miserable que se atreve a desafiarme con este juego de morondanga? - bramaba el Don. Enseguida comenzó a sospechar también de su entorno, porque una de las claves que lo habían colocado en la cima de la pirámide criminal había sido la de no confiar absolutamente en nadie, "ni en tu propia sombra" agregaba para sí. Los secretos eran para permanecer como tales y ni siquiera un iniciado en la "omerta" - el código de silencio entre mafiosos - era digno de ser depositario de él.

Será el juego de unas criaturas inconscientes, se preguntó. No saben acaso que soy "señor de vida y de muerte". Que casi nadie puede vivir más de una semana desde el momento en que decido su ejecución. Que no vacilo cuando ordeno el golpe fatal y que me basta un chasquido de los dedos para que se cumpla. Que no estoy aquí por mi cara bonita sino porque he sido capaz de llevar a la tumba a un centenar de peligrosos mafiosos en la última guerra de los bajos fondos...

Pero - se dijo        ¿por qué me inquieto? Basta con saber de dónde viene el mensaje y asunto acabado.

Oprimió los botones del aparato hasta encontrar lo que buscaba: el apartado de registro de llamadas donde pudo descubrir el número pero que cuando se llamaba atendía una contestadora que hablaba un idioma extraño, posiblemente japonés. No se saldrán con la suya bramó - Mañana ubicaré a los responsables en la compañía de celulares y les daré su merecido. Mientras tanto vamos a continuar jugando el jueguito para que no sospechen nada y se echen a correr antes de tiempo.

Pulsó una vez más, no sin dificultad, los botones con número y letras para escribir y enviar:

 

BUENO, YA QUE

VA A SER MI ÚLTIMO DÍA

AGRADECERÍA MUCHO

QUE ME DIJERAN COMO VOY A MORIR,

Y SI ES ASESINATO

QUIÉN ME MATARÁ.

 

Pasaron nuevamente unos tensos minutos y a pesar de que Cannavaro quería en principio tomar todo el asunto como una broma, en realidad lo había alterado lo suficiente como para no interesarle más en absoluto las noticias de la televisión ni tampoco los últimos informes deportivos en donde su equipo de fútbol no la estaba pasando tan bien Porque había perdido su cuarto partido seguido. De pronto el mensaje llegó y Cannavaro, el hombre todopoderoso, leyó inmediatamente el contenido.

 

ESTAMOS ESTUDIANDO.

NOTENEMOS DETALLES.

SOLO SABEMOS

EN ESTE MOMENTO

ES QUE NO SERÁ

NADIE DE SU CASA, SR/A.

 

Eso no contestaba su inquietud más importante y acentuaba su peor sospecha por lo que volvió a preguntar: ¿SERÁ ASESINATO?

La respuesta vino rápida, en forma lacónica y sin dejar lugar a dudas:

LO SENTIMOS MUCHO

SR/A. PERO

LA RESPUESTA ES SI

A continuación sin embargo un dejo de esperanza en la mortal sentencia:

 

PERO NO SE PREOCUPE.

SINO RECIBE A NADIE

PUEDE QUE NO

PASE NADA MALO

 

Conque esas tenemos -gruñó Cannavaro. Una máxima para sobrevivir en este negocio es saber que todo hombre tiene su precio por lo que continuó:

 

NECESITO SABER

QUIEN ES LA PERSONA

QUE PIENSA

ATENTAR EN MI CONTRA.

PAGO ESA INFORMACIÓN.

DIGAME SU PRECIO.

 

La respuesta tan esperada, tardó algo en llegar, como si fuera que dudaran de la que iban a dar:

 

NO TENEMOS NOMBRES, SR/A.

SI LO TUVIERAMOS YA SE LO

HUBIERAMOS DICHO.

LO ÚNICO QUE HASTA

AHORA NOS SALE

EN NUESTRAS CARTAS

ES QUE NO PERTENECE

A SU CASA.

 

Con que se hacen los difíciles - gruñó el viejo -. Esto puede ser el inicio de una nueva guerra en los bajos fondos. Sería bueno que tome las precauciones necesarias para estos casos - se dijo, mientras, se trasladaba a su despacho en la planta baja y encendía el intercomunicador que lo puso en contacto inmediato con el jefe de su guardia personal, Beto Bacigaluppo.

-Diga señor- chirrió el aparato.

-Solo por precaución, necesito que se refuerce mi guardia las próximas 24 horas.

-A su orden señor, elevaré el número de guardias que ahora se encuentra en 34 hombres armados a 53. Será efectivo en 30 minutos, Don Fredo.

-Muy bien, Bacigaluppo, y haz que mañana a primera llora se presente Mateucci.

-¿Nuestro técnico en redes computarizadas?

-Así es, necesito que me rastree por Intemet, unos mensajes de texto, que vienen de un número que desconozco.

-¿De celular, Señor?

-Sí, de celular y no preguntes más. Sólo abócate a tu trabajo.

-Mateucci está aquí, Don Fredo, se quedó a dormir en la casa de huéspedes.

-Entonces que venga ya mismo para aquí.

-Sí, don Fredo. Una última pregunta, Señor. ¿Va a salir? ¿Mando a preparar las camionetas blindadas?

No, no saldré hasta mañana y mándame a Mateucci a mi despacho cuanto antes.

-A su orden, Señor - fueron las últimas palabras del fiel perro guardián de Cannavaro.

Treinta minutos después, el genio de la electrónica al servicio de la mafia Rogelio Mateucci estaba al tanto de todos los mensajes y hasta tenía el número del cual venía la llamada. Rápidamente se instaló en el despacho, muy cerca del capo que se había vestido con impecable traje gris, y con una notebook de última generación conectada a Internet, comenzó a rastrear las posibles conexiones del número.

Mientras tanto, Cannavaro, trabajando unos metros más allá, estaba volviendo a las prácticas habituales. Como era su costumbre ya estaba de vuelta monitoreando dos cargamentos de contrabando, una de drogas y a un grupo de osados pandilleros que había que poner en vereda cuanto antes. Cerca del mediodía, Mateucci ya tenía los primeros indicios y le comunicó al capo.

-Parece que se trata de algo internacional, Don Fredo -informó -, de seguro no viene del país. Es del extranjero. ¿Quiénes serán? -preguntó más para sí el capo mafia -¿Serán los carteles colombianos, o mexicanos, o los maras centroamericanos, o las triadas chinas, o los yakuzas japoneses o la mafia rusa? Cualquiera de ellos podrían ser. Todos ellos envidian un imperio como el mío pensaba Cannavaro.

En ese momento, golpearon a la puerta de su despacho para indicarle que Josefo M. Clarasó, el muchachito de 7 años, que subía cada jueves, desde hacía más de un año, del pueblo para lustrarle sus zapatos de fino cuero argentino ya estaba allí. A Cannavaro, a diferencia de otros capos mafias, le encantaba verse bien vestido, con trajes de casimir inglés, corbatas de seda china, y los zapatos brillantes como espejos y ese muchachito de cara dulce y modales suaves tenía la cualidad de conseguir como el primero esto último.

Le hizo un ademán para que entre y el muchachito empezó a andar sobre la mullida alfombra del enorme despacho arrastrando su caja de lustrabotas que parecía más pesada que de costumbre y se sentó en el suelo frente a donde estaba cómodamente ubicado el Don. Este seguía enfrascado en sus negocios y en las informaciones que cada tanto le facilitaba Matteucci. Josefo empezó el lustre con la eficiencia de siempre que era lo que tanto había agradado al capo.

-¡Eureka! -gritó Mateucci, al tiempo que sonaba el reloj de pie indicando que se estaba pasando el mediodía -Parece que tenemos algo Don Fredo.

-¿Sí? ¿Tan pronto? Soy todo oídos Mateucci.  Dijo el Don mientras se aprestaba a escuchar lo que había descubierto su mejor carta en redes computarizadas.

-Se trata de un mensaje generado en Japón, Sr., o sea exactamente del otro lado del mundo. Es una empresa, Yoshida S.R.L., subdivisión "Futuromanía S.A." que se dedica a hacer horóscopos, leer cartas astrales, descubrir el futuro en bolas de cristal, etc. Son contratados por varias empresas de telefonía móvil en todo el mundo por lo que envían sus mensajes a millones de personas en 98 países, en una docena de idiomas diferentes. Ganan dinero con los mensajes que uno envía preguntando acerca de su futuro.

-¡Majaderos! -bramó Don Fredo -. ¡Encima ganan dinero diciendo esas sandeces! ¡Tendríamos que apoderarnos nosotros de ese negocio!

-Hay un problemita, Don Fredo... -¿De qué se trata?

-Bueno... depende de cómo se lo mire y el grado de credibilidad que tenga usted en esto...

-¡Ya suéltalo!

-Sí Señor. Bueno, como los mensajes son generados en Japón donde tienen su sede central, el horario que manejan para sus mensajes es el de ellos...

-¿Sí? ¿Y qué?

-Tenemos 12 horas de diferencia con Japón, Señor, por lo que allá, ahora que aquí pasamos el mediodía, ya es en realidad mañana.

-¡Ah! ¿Sí?

Cuando terminó de decir esto sonó con inusitada violencia su celular anunciando que había llegado un nuevo mensaje. Lo acercó a la cara para leerlo:

 

SR/A.,

¡¡¡ALERTA!!! ¡¡¡PELIGRO!!!

¡¡¡INMINENCIA DE MUERTE!!!

¡¡¡SU ASESINO ESTÁ CON USTED!!!

 

Eran sólo tres en la habitación. Levantó la vista para ver a Mateucci quien continuaba buscando nueva información en su notebook, por lo que pensó que él no podía ser, principalmente porque era alguien a quien conocía desde que era un mocoso y a quien había costeado sus estudios en la politécnica, hasta convertirle en un genio de las computadoras. Miró luego hacía abajo donde estaba su lustrabotas. Un mechón de cabello negro salía por entre la gorra por lo que tiró de ella y un puñado de pelo largo y desgreñado cayó por los hombros del muchachito. Lo miró fijamente e inmediatamente, con esa sagacidad que tanto le caracterizaba, se dio cuenta que algo no andaba bien. La cara del muchachito tenía formas tan suaves y la nariz tan respingada, los labios tan carnosos, los ojos tan almendrados que parecía más bien una muchachita y ya no sostenía el trapo de lustrar, en cambio en sus bracitos tenía algo negro que no distinguía bien sin sus anteojos por lo que se los puso mientras preguntaba:

Josefo, ¿Inicial de qué nombre es la M que llevas antes de Clarasó?

-¡De MALATESTA, Don Fredo! - gritó la criatura al tiempo que empuñaba con más fuerza lo que tenia en sus manos.

-¡Ah! - dijo Cannavaro, mientras lo comprendía absolutamente todo. Se trataba de Josefa Malatesta Clarasó, la hija menor de su archi rival Enio Malatesta a quién él había hecho asesinar cinco años atrás con todos

los miembros varones de la familia, dentro de las guerras de mafias.

-¡Por los MALATESTA! - gritó la niña al tiempo que disparaba la lupara, la escopeta doble caño recortada de los mafiosos, sobre la humanidad de Don Fredo.

Un impacto tremendo, un sonido ensordecedor y 50 perdigones se habían incrustado en el pecho y en la cara de Cannavaro y el poderoso Don, el señor de vida y de muerte, el rey de los bajos fondos, había dejado de existir en menos de un segundo.

El sonido del arma apagó el repiqueteo del celular que había recibido otro mensaje, el último:

 

SR/A.,

¡¡¡ALERTA!!!

¡¡¡MUERTE INMINENTE! ¡!

¡¡¡SALGA CORRIENDO!!!

¡¡¡SU ASESINO FRENTE A USTED!!!  

¡¡¡NO ES DE SU CASA!!!

 

 

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IV ÉPOCA Nº 22 – JULIO, 2012

 

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Diseño de tapa: Carolina Falcone Roa

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