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MANUEL PESOA


  ANTONIO TABOADA - FUNDADOR PRINCIPAL Y JEFE DEL PARTIDO LIBERAL PARAGUAYO (1848-1913) - Por MANUEL PESOA


ANTONIO TABOADA - FUNDADOR PRINCIPAL Y JEFE DEL PARTIDO LIBERAL PARAGUAYO (1848-1913) - Por MANUEL PESOA

ANTONIO TABOADA

FUNDADOR PRINCIPAL Y JEFE DEL PARTIDO LIBERAL PARAGUAYO

(1848-1913)

Por MANUEL PESOA

Talleres Gráficos de ORBIS S.A.

Asunción – Paraguay

1979 (93 páginas)

 

INDICE

PORTADA

PROLOGO DEL Dir. ENRIQUE IBARRA

CAPITULO I

Antecedentes familiares

Campana de Río Grande del Sur

Primeras luchas parlamentarias

Revoluciones de 1873 y 1874

CAPITULO II

Impetuoso retorno al Parlamento

Fragmento de una de sus intervenciones

Dos interesantes testimonios

La última experiencia

CAPITULO III

Plan de lucha cívica de don Antonio Taboada

Surgen el "Club Comunal" de Asunción y el "Club Popular" de Villarrica

"No queremos liberales en el Congreso"

El 12 de Junio de 1887 en Villarrica

CAPITULO IV

El Partido Liberal paraguayo

"Viva don Antonio Taboada - El hombre de buen corazón"

Un relato de don Luis Cálcena

"Ese es Taboada, don Antonio Taboada"

CAPITULO V

18 de Octubre de 1891

Muere el Mayor Eduardo Vera

Revolución Libertadora de 1904

Un verdadero nacionalista

CAPITULO VI

La Convención Liberal del 22 de abril de 1906

El 2 de Julio de 1908 y su ostracismo

"Jefatura indisputada en su Partido"

El viejo león plateado

El Partido Liberal está en el poder. Allí lo ha colocado su fundador

Homenaje del Partido Colorado a don Antonio Taboada

Homenaje del poeta Eloy Fariña Núñez

Homenaje de la prensa extranjera

Un anticipo del juicio del porvenir

ANEXO

Datos personales de don Antonio Taboada

Homenaje del Partido Liberal a su Jefe

El porqué de este libro

 


 

PORTADA

"El Partido Liberal ha hecho de la tolerancia un credo: No podía ser intolerante con los suyos propios. La unión era un deber moral y político en los aciagos días que precedieron al movimiento de agosto de 1904. Y la unión se realiza gracias al patriotismo de los hombres dirigentes. La unión es un hecho que debe merecer los plácemes de todos los libe­rales de bien. Ella representa la reintegración del Partido a la plenitud de sus energías y su prestigio. Ella es la vuelta a los tiempos en que el Partido Liberal era incontrastable por el caudal de opinión que le acompañaba, porque tenía en su seno el mayor caudal del país en el orden moral, intelectual y material”.

(Fragmento de la exposición de don Antonio Taboada, Presi­dente del Partido Liberal, a la Convención del Liberalismo del 22 de abril de 1906)


PROLOGO DEL Dr. ENRIQUE IBARRA

Dos modos concomitantes y complementarios propongo para que analicemos y evaluemos la historia contemporánea del Pa­raguay, desde 1870 para acá.

Por una parte, el modo de inserción de personalidades, mo­vimientos, tendencias y estructuras a la luz de la Doctrina del Humanismo Integral,

Por la otra, el modo de impostación de personalidades, mo­vimientos, tendencias y estructuras a la luz de la Dependencia ejercida por la Potencia Dominante de turno de nuestra Amé­rica Latina.

El Humanismo Integral consiste en un triple y armónico entresijo de compromisos. Faltante uno, exagerado el otro, se carece de la faceta que lo engloba en un esfuerzo conjunto y unitario de humanización.

La dependencia de América Latina consiste en la dinámica desagregante y disociadora que sojuzga a nuestros pueblos en función de un polo mundial, históricamente sucesivo, por la

vía de la astucia y de la fuerza, con el finde succionarlos en beneficio propio mediante la perpetuación de una vertebración imperial.

El humanismo Integral, decíamos, implica preocupación y esfuerzo en tres niveles.

El nivel de lo poiético o del hacer material que sirve de fundamento a las necesidades humanas de subsistencia, o, de dominio de la naturaleza al servicio del hombre,

El nivel ético político que se empeña en el desarrollo del sentido del Derecho y en la pasión por la libertad, implicando la construcción de un hombre interior, señor de sí mismo, pro­penso a tender al otro par vocación fundamental.

El nivel de lo noietético o sapiencial en el cual la primacía de la inteligencia, el ímpetu del amor, la búsqueda de embelle­cimiento de la vida adquieren su verdadero sitio y contorno.

Si es el compromiso de nivel poiético el que emerge exage­radamente, el hombre se topa progresivamente atrapado por las leyes mecánicas de la Producción, del Mercado, el Consumo. La Economía reina altanera y una economía centrada exclusivamente en el lucro como su motor esencial y que suprime todo intento de jerarquización de necesidades individuales y sociales.

En ese universo de lo poiético desatado e invertebrado, la técnica se expande alocadamente sometida a las fuerzas del tener, y del tener siempre más.

Cuando es el nivel del politicismo e1 que acaudilla el sis­tema de valores, desplazando al resto de los otros factores necesarios, se cae en la lucha del poder por el poder sea para

dominar a otros hombres sea para instrumentar la conquista del aparato del Estado en función de las apetencias de gloria o del tener.

El compromiso equilibrador de lo típicamente humano, el que se sitúa a nivel sapiencial, queda en aquellos casos relegado a un subdesarrollo crónico que acumula frustraciones de con­ciencia, neurotismos inconscientes, esterilidad espiritual. El hom­bre sabe que tiene más o que puede acceder a tener más pero se siente mortalmente disminuido en su incontenible hambre de ser más por el saber, por el amor, por la belleza, por la ex­periencia mística.

Observando personalidades, movimientos, tendencias y es­tructuras desde el hoy para atrás, en el decurso de nuestra his­toria patria, podríamos afirmar, casi sin temor a equivocarnos, que, como atmósfera envolvente, desde 1940, el Paraguay ha ido acrecentando de más en más un Humanismo incompleto de valorización y contenido francamente poiético.

La construcción creciente de rutas y puentes, de energía y de empresas, de infraestructuras económicas y sociales, de pros­peridad para las clases privilegiadas, ha ido englobando al nivel de lo ético y político poniéndolo en franco sojuzgamiento del afán poiético.

La positividad de su intención creadora y la indiferencia relativa de instrumentación, posible para lo más humano o para lo menos humano, ha sido gravemente empañada por ese sometimiento, inclinando la balanza, en forma peligrosa, por degradación personal de las elites, por marginación de anchas masas populares, por desprecio casi universalizado de recursos y referencias a valores superiores.

El Estado se ha inclinado de más en más a confundir creci­miento económico con Desarrollo, a empujar realización de cosas sin atender adecuadamente el progreso de todo en el hombre y de todo hombre, a aplazar reformas necesaria. El prestigio creciente del acero y el cemento y del asfalto ha subrayado una modernidad exclusivamente enmarcada y definida por el poietismo.

En su homenaje y confiando todos en una suerte de milagro a surgir de su fuerza prestigiosa, se han ido cercenando liber­tades, se han distorsionado todas las opciones diferente culpán­dolas de intenciones y contenido inexistentes, se ha ido montando una estructuración socio-política cuasi totalitaria.

Deber es percatarse de que este movimiento inaugurado hacia 1940 venía motivado por una etapa anterior de olvido, descuido y desmedro, de impotencia tal vez, en cuanto a la construcción de infraestructuras materiales que acompañaran más eficazmente otros proceso.

Las luchas por la Libertad, el Derecho, la Democracia, reales en la intención, encarnadas, con intermitencias largas y lamentables,en la praxis, devinieron una especie de placer del juego por elmismo juego.

Es cierto:no se depredó irracionalmente la naturaleza, no setrató de convertir al hombre en un robot consumidor, no se llegoa los extremos actuales de alienación humana, la co­dicia fue quizás menos agresiva y aparente, pero debemos reconocer que se "pedaleó" bastante en vano, no logro "embra­garse" el motor del crecimiento económico, en intensidad y ex­tensión a la par de las aspiraciones políticas. Se desconoció, por humanismo incompleto también, que lo material receptáculo del espíritu y que las energías de éste deben manifestarse  al través de realizaciones corpóreas, tangibles, individual y social­mente aptas.

Desde 1940 acá hemos construido un aparato social y económico, unas estructuras que se han mostrado incapaces de per­mitir la eclosión de un hombre más total y equilibrado, dados los obstáculos casi insalvables de carácter político en el camino.

De 1870 a 1940, faltando mucho por hacer en cuanto al apa­rato, en cuanto a las estructuras, hemos dilapidado muchos entusiasmos y coyunturas que personalidades destacadas, algunas

egregias, y movimientos dignos y vigorosos, han coñado e in­tentado levantar para su pueblo.

La heroica y gloriosa victoria del Chaco, lograda por pue­blo y gobierno de entonces, fue sin duda la mejor oportunidad ofrecida.

Si de 1940para acá hemos ido idolatrando la Economíasin el Derecho, entre 1870 y 1940 hemos divinizado el Derecho sin la Economía.

Y he aquí la perspectiva segunda que proponía al principio para intentar comprender y evaluar hombres y tendencias, movi­mientos y estructuras en la historia contemporánea del Paraguay.

Me refiero a la coyuntura mundial, como factor dominante.

Si de 1870 a 1940 hemos detectado algunas deficiencias así como las hemos subrayado de 1940 hasta nuestros días, es precisamente porque el factor dominante, la estructura socio­cultural y política mundial no permitieron otra cosa.

Cuando el Imperio Inglés rigió los destinos de nuestros pue­blos latinoamericanos, la democracia y el derecho dieron la ocasión para el manipuleo de la periferia por aquel centro, por razón de nuestras otras debilidades estructurales.

El librecambio internacional y las exigencias de la importación-exportación hacia Londres frenaban nuestro material al inaugurar la época del crecimiento en favor del centro

a expensas del deterioro de los términos de intercambio de nuestros países, sin la super-estructura, tangencialmente equili­brada, de las "ayudas" de hoy en día:

Cuando al final de la Primera Guerra Mundial disminuyó la importancia relativa de la Gran Bretaña en favor de los Estados Unidos, proceso definitivamente consumado hacia 1940, la "libre empresa" norteamericana con el apoyo de su Estado Gendarme en el mundo, comenzó a permitirnos un progreso a costillas de la Libertad, que parece va llegando ahora, por fin, a su término.

¿Y todo este largo prólogo para qué?

Creo que ha llegado la hora en que todos los paraguayos, empezando por sus elites dirigentes, analicemos nuestras cosas con tranquilidad, con la razón en la mano, con amistad.

Yo estimo sinceramente a todos los órganos políticos y so­ciales que durante toda la historia contemporánea se han esfor­zado en función del bien común de nuestra Patria.

Ha habido desde que he sido joven un esfuerzo constante y obcecado de ocultarnos la verdad sobre personajes, tendencias y movimientos de nuestra historia política, cosa que no está bien.

Por eso esta biografía de don Antonio Taboada, fundador principal del Partido Liberal del Paraguay, se concreta como un paso sincero de dilucidación de nuestra historia.

Está escrito con emoción, con cariño.

Su autor, el político y luchador Dr. Manuel Pesoa, merece nuestra admiración porque demuestra tener ideales en una época tan opaca como la nuestra.

Valgan estas líneas, desde la pluma de quien no está ins­cripto en la corriente del liberalismo doctrinario ni político del Paraguay, como un testimonio de una exigente tarea de amistad cívica, necesaria entre compatriotas, capaz de refundar una Pa­tria Libre, Fraterna, Solidaria, afianzada en un Humanismo completo, internacionalmente menos dependiente.

Estaría feliz si en el libro del Dr. Pesoa y mucho más aún en este sencillo prólogo se hurgara más que en la obra en sí misma, en el amor y el respeto convivencial que los han hecho surgir del alma.

Dr. ENRIQUE IBARRA

 

 

 


CAPITULO II

IMPETUOSO RETORNO AL PARLAMENTO

FRAGMENTO DE UNA DE SUS INTERVENCIONES

DOS INTERESANTES TESTIMONIOS

LA ULTIMA EXPERIENCIA

 

IMPETUOSO RETORNO AL PARLAMENTO

Don Antonio Taboada forjó en Villarrica electorado propio y en 1880 entró por sus fueros en la Cámara de Diputados de la Nación, siendo desde entonces el Par­lamento el escenario natural de sus luchas, práctica­mente hasta el fin de sus días.

A inspiración de don Antonio Taboada, Diputados y Senadores de ideas liberales, constituyeron en aquel período legislativo un calificado bloque parlamentario en ambas Cámaras del Congreso Nacional, aunque en minoría, para fiscalizar la administración del Presiden­te Cándido Bareiro. Fue éste el primer núcleo en que se incubó la idea, que iría tomando cuerpo en el septenio comprendido entre 1880 y 1887, de fundar un gran par­tido de oposición.

Don Antonio Taboada comprendió en 1882 que el ge­neral Caballero, luego de su provisoriato (1880-1882) en que había afianzado su influencia personal en los cuar­teles, era un aspirante incontrastable a la Presidencia de la República por el IV° Período Constitucional (1882­-1886), que cerraba el camino a una candidatura civil.

El general Caballero por su parte, queriendo gran­jearse el apoyo de los mejores, manifestaba un presunta propósito de rodearse de hombres capaces, para hacer un buen gobierno en ese cuadrienio. Fue así que varios futuros fundadores del Partido Liberal dieron su adquies­cencia a la candidatura del citado general, en el en­tendimiento de que don Antonio Taboada, desde una alta función pública, imprimiría una orientación civil ­lista y democrática al nuevo gobierno.

Pero una vez en posesión de la primera magistratura, con el nombramiento de su cuñado, el coronel Juan Alberto Meza, como Ministro del Interior y otras designaciones similares, el general Caballero dio la pauta de lo que sería su administración. Un año después, se­ñala Freire Esteves, la Cámara de Diputados "rompe la inercia bajo la acción fogosa de dos de sus miembros mas caracterizados: los Diputados José María Fretes y Antonio Taboada" y agrega que "aquella batalla par­lamentaria (sesiones de octubre y noviembre de 1883) tuvo inmensos resultados, no previstos por nadie, en la política paraguaya: Desde entonces va nuclearse una sorda disidencia que mas tarde, según lo abonen las circunstancias, dará origen a la fundación de un partido netamente opositor".

"Don Antonio Taboada había dejado de ser Diputa­do desde que las Cámaras Legislativas habían sido disueltas en 1871 por un audaz golpe del presidente Rivarola -refiere el Dr. Cecilio Báez - pero fue reelecto después de una decena de años. Lo era en 1883 cuando inició su campaña moralizadora en la Cámara pidiendo rendición de cuenta de la inversión de los fondos públi­cos. Largas y borrascosas fueron las interpelaciones, que duraron los años 1883 y 84 en las que Taboada trató de ladrón al Ministro de Hacienda Giménez".

"Llegó un momento -explica Freire Esteves- en que el espíritu del joven representante (don Antonio Taboada tenía en ese entonces treinta y cinco años) se encontraba sin estímulos de parte del régimen y animado a campear por sus fueros, pletórico de valor y elevadas finalidades, antes que complicarse con los ma­los manejos notorios de la Administración".

La prensa de la época se hizo eco de aquellas céle­bres interpelaciones y se produjo un movimiento de opi­nión que convirtió a don Antonio Taboada en figura política nacional de primera línea. La corriente liberal iba a encontrar en él a un líder idóneo para las luchas del porvenir.

 

FRAGMENTO DE UNA DE SUS INTERVENCIONES

He aquí un fragmento de la exposición de don Anto­nio Taboada en la sesión extraordinaria de la Cámara de Diputados del 8 de noviembre de 1883:

"Diputado Taboada (don Antonio) : Parece increíble, señor Presidente, que después de lanzada en plena asam­blea la denuncia que se ha lanzado, y que por todo cuan­to se ha dicho durante la interpelación, se desprende haber duda que existen graves desfalcos, se ande todavía con paliativos, como se pretende.

El Poder Ejecutivo hará lo que quiera y probará lo que le de la gana, porque como están en sus manos los libros y demás comprobantes de Tesorería y Contaduría, repito que probará lo que le venga en gana.

Qué mas pruebas que existen esos desfalcos, que la conciencia de todo el pueblo? ... Qué digo de todo el pueblo ... ? Hasta en este mismo recinto, en la primera interpelación, se lanzaron por el Diputado don Ignacio Ibarra estas terribles frases que no fueron contestadas por nadie para rebatirlas, sino para aplaudirlas: "Todos los Ministros de Hacienda del Paraguay son unos la­drones; todos ellos han entrado en ese Ministerio sin camisa y han salido al poco tiempo millonarios, que­dando el pueblo siempre en la miseria". Y se ...

Ministro de Hacienda Giménez (Interrumpiendo): Exceptuando, señor Diputado, al que está presente!

Diputado Taboada (don Antonio) (Continuando): Ni en aquella época cuando se dijeron estas palabras se exceptuó a nadie, ni ahora lo exceptúo yo! Y se quieren mas pruebas para demostrar que existen esos desfalcos, estando como están, en la conciencia de todos! Que se nombre pues una Comisión Investigadora y en­tonces se hará la luz de una vez. Pruebas! ... Pruebas! ... Queréis mas aún? ... Pues voy a darlas, ya que no quedáis satisfechos con lo que se ha dicho. No son prue­bas fundadas en hipótesis las que voy a dar; serán pruebas basadas en los hechos mismos. El señor Mi­nistro de Hacienda, que está presente, no hace mas que unos meses que desempeña ese cargo. Tiene el sueldo de 250 pesos mensuales. Entró en ese Ministerio pobre, tanto que la misma casa que habita la tenía impaga. Y hoy ... miradle! ... Con ese mezquino sueldo se da una vida de príncipe, compra magníficas casas, estan­cias, etc., dándose una vida de lujo y abundancia que choca con la miseria espantosa porque atravesamos! ...

Ministro de Relaciones Decoud (Interrumpiendo): Señor Presidente, pido a esta Cámara que haga respetar a los miembros del Poder Ejecutivo y que se llame al orden al Diputado Taboada. Esas no son mas que im­putaciones de mala ley!

Diputado Taboada (don Antonio) : Si, "imputaciones de mala ley", porque no ando con rodeos! ... Si el señor Ministro de Hacienda tiene "cola de paja" como suele decirse, no tema que se nombre esa Comisión Investi­gadora. Al contrario, debería pedirla y exigirla! Ese sería su deber!

Si señores, mostremos de una vez rectitud y energía y desaparecerá del Paraguay la historia de esos Minis­tros de Hacienda, levantando a esta Nación del decai­miento en que está y enseñando al mundo entero que sabemos hacernos justicia!". (Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados de la Nación. Año 1883).

 

DOS INTERESANTES TESTIMONIOS

Un testigo presencial de aquellas interpelaciones, el señor Pablo J. Garcete, ha dejado escrita la siguiente narración

"Un día es llamado a interpelación el Ministro de Hacienda, el favorito, el mas mimado del gobierno. Los interpelantes son dos: Fretes y Taboada. En la hacien­da pública hay manejos enredados, cosas turbias. Fre­tes, de educación europea, plantea valiente pero pausa­damente la interpelación, la plantea bien. No es sin embargo orador; no tiene palabra fácil; sus ideas salen en orden, pero hay que esperar las palabras, casi com­pletarlas, y cansa. Pero está ahí su formidable reserva, ese Diputado venido de Villarrica, Antonio Taboada, alma de contextura recia como su cuerpo. Su voz tonante, sus palabras cálidas, claras y precisas, caen como torrentes sobre el engreído Ministro. Va recto al obje­tivo. Salen a reducir las partidas y los números cantan claros. La defraudación queda probada, se impone cla­ramente a las conciencias. Los defensores quedan per­plejos, trabados: el Ministro cae anonadado de su alto puesto.

En el seno del mismo Parlamento surgirán otros coadyuvadores, otros y otros actos irregulares se descu­bren y las interpelaciones se suceden. Discusión amplia dela cosa pública, luz, honestidad en la administra­ción, responsabilidad, libertad electoral, idoneidad en los puestos públicos, aplicación inteligente y honrada de laConstitución. Tales son los principios, la bandera Levantada, despertando simpatías, moviendo intensa­mente los espíritus".

Otro testigo presencial, el señor Alfredo Duarte, se produce en estos términos: "En esos momentos difíciles fue cuando don Antonio Taboada, valiente e ilustre tribuno, protegido con la sola cota de su austeridad, supo en pleno Congreso quemar con brasas de fuego el rostro de un Ministro prepotente, que burlándose de la ignorancia y la miseria de su pueblo, hacía alarde encendiendo su cigarro con billetes de banco".

Estos testimonios, elegidos de entre otros muchos, dan usa idea de lo inusitada resonancia de aquellos debates parlamentarios. Así se fue forjando la presti­giosa personalidad política de don Antonio Taboada. Muy pronto nuevos sucesos vendrían a impulsar el mo­vimiento que él había puesto en marcha.

 

SE SUMAN LOS PERIODISTAS, LOS ESTUDIANTES Y LOS OBREROS

"En 1883 -evoca el Dr. Cecilio Báez- no había más que dos órganos de publicidad: «La Reforma» y «La democracia»; pero del Colegio Nacional acababan de egresar los primeros bachilleres, es decir, unos dieci­siete jóvenes instruidos, capaces de hacer propaganda y soliviantar el espíritu público. En 1884 se renovaron las interpelaciones al gobierno del general Caballero, Este año apareció «El Heraldo», diario francamente opo­sicionista, amparado por la minoría parlamentaria acau­dillada por Taboada. Este nuevo órgano de publicidad levantó roncha y sacudió fuertemente los espíritus. Mas tarde surgieron «El Imparcial», «El Independiente», «El Látigo» y otros periódicos, que reivindicaron la libertad de prensa. Taboada bregaba por la honradez adminis­trativa, por la verdad del sufragio, por el ejercicio re­gular de las instituciones".

Por su parte, el ya mencionado don Pablo J. Garcete manifiesta: "La onda recorre toda la República; viejos y jóvenes, los mismos afines a la situación se sienten atraídos. Llega un poderoso refuerzo: «El Heraldo» y sus formidables atletas, Giménez Martín y Curutchet. La juventud estudiosa, alentada, trae su contingente de entusiasmo y esperanzas, sus sacrificios. Aparece el vibrante Alón, aquel austero e inolvidable Alón; Fran­cisco Fernández, aquel que algo profano, despide con un «Viva!» en la Recoleta a los compañeros que acaban de caer en los comicios; Abdón Alvarez, Queirolo y otros".

Explica luego como se logró la adhesión de los obre­ros organizados en la "Sociedad de Artesanos Paragua­yos": "La idea cunde, se encarna en el corazón de los humildes. Ah! aquellos artesanos abnegados, valientes, desinteresados, desaparecidos ya, que se llamaron Lam­piño, Modesto Pereira, Santos Fernández y cientos mas".

"Aquellas agitaciones, aparentemente superficiales -comenta Freire Esteves- denotan la exaltación de los ánimos y eran el preludio de borrascosas etapas en la vida cívica de la República. «La Reforma», el órgano ponderado de la situación, decía de ellos: dibujase la silueta de un partido de oposición".

 

 

LA ULTIMA EXPERIENCIA

 

Rumores trascendidos de círculos palaciegos indi­caban que el general Caballero, con apoyo de los cuarteles proponía modificar la Constitución, para ha­cerse reelegir presidente. Tales rumores llenaron de alarma a la ciudadanía y los hombres responsables decidieron que había que actuar rápido y pronto.

Fue así que a principios de julio de 1885, faltando todavía algo mas de un año para la expiración del man­dato del general Caballero, calificados ciudadanos de diversas tendencias, entre ellos don Antonio Taboada, el Dr. Benjamín Aceval, don Fernando Saguier, don Cirilo Solalinde, don Rosendo Carísimo y don José Urda­pilleta, comenzaron a estudiar públicamente las con­diciones políticas del momento, con miras a la suce­sión presidencial.

Luego de barajarse varias posibilidades, se pensó que si se postulara al general Patricio Escobar, llevando éste como Vice-Presidente a un personaje civil de re­levancia, dicha fórmula podría significar una solución transaccional, para salvar al país de las ambiciones dic­tatoriales atribuidas al general Caballero.

Consultado el general Escobar, adelantó su palabra de honor en el sentido de cumplir la Constitución y garantizar la libertad electoral. Esta solemne promesa causó satisfacción a quienes tenían la intención de pres­tigiar su candidatura. Pero el tiempo, a muy corto plazo, iba a encargarse de demostrar lo poco que valían tales palabras y compromisos frente a la prueba ineludible de los hechos.

Pero por lo menos se logró, como anota Freire Esteves, que el general Caballero quedara "conminado a no resistir la fórmula presidencial del general Escobar, por un lado su viejo compañero de tradición, y por otro, uno de sus allegados más próximos e insospechables". No obstante, la sombra del general Caballero siguió proyectándose en cada uno de los actos de gobierno de su sucesor.

Para los opositores, la Presidencia del general Es­cobar fue la última experiencia de contemporización con un hombre del régimen; en lo sucesivo, la lucha sería abierta e implacable.


 

CAPÍTULO III

PLAN DE LUCHA CÍVICA DE DON ANTONIO TABOADA

SURGEN EL “CLUB COMUNAL" DE ASUNCIÓN Y EL “CLUB POPULAR" DE VILLARRICA

“NO QUEREMOS LIBERALES EN EL CONGRESO"

EL 12 DE JUNIO DE 1887 EN VILLARRICA

 

 

PLAN DE LUCHA CÍVICA DE DON ANTONIO TABOADA

Una de las primeras medidas del nuevo gobierno presidido por el general Escobar fue el Decreto del 9 de diciembre de 1886, por el cual se convocaba a elec­ciones de renovación parcial de ambas Cámaras Legis­lativas para el domingo 13 de febrero de 1887.

Don Antonio Taboada expuso entonces a sus amigos el plan de lucha cívica a seguir ante dicha convo­cación : Movilizar las fuerzas populares para derrotar al gobierno en las elecciones legislativas de 1887 y con­quistar la mayoría en ambas Cámaras del Congreso Nacional. La Constitución de 1870 ponía en manos del Congreso eficaces resortes institucionales para controlar la gestión del Poder Ejecutivo; sus atribuciones iban desde la interpelación a los Ministros hasta el Juicio Político al Propio Presidente de la República. Con tales: factores de poder a su disposición -expresaba don An­tonio Taboada- un Congreso no comprometido con el oficialismo, de mayoría opositora, podría cambiar el curso de la vida política del país, sin salirse del marco de las instituciones y operar la ansiada regeneración nacional tantos años postergada por los hombres del régimen.

Y en el curso de la acción propuesta -sostenía don Antonio Taboada- surgiría con seguridad un gran par­tido popular, democrático y liberal, que en 1890 estaría habilitado para asumir íntegramente el poder político, con motivo de las elecciones presidenciales de ese año. He aquí, muy a grandes rasgos, el plan de don Antonio Taboada, que tenía como condición "sine qua non" la decisión del pueblo de ejercer sin cortapisa sus derechos electorales en los comicios de 1887, en los cuales los dirigentes debían ser los primeros en dar el ejemplo, aún a riesgo de la propia vida..

El oficialismo por su parte, consciente de lo que podía ocurrir, resolvió a su vez apelar a la coacción electoral, al fraude e inclusive a la violencia, para impedir el triunfo de la oposición.

Dos voluntades estaban pues frente a frente. Aquel iba a ser el enfrentamiento del destino. Hay que com­prender muy bien la naturaleza del problema, pues aquí está en germen lo que va a suceder en los próximos veinte años: El 18 de Octubre, para hacer respetar la voluntad del pueblo manifestada en los comicios; y la Revolución Libertadora de 1904, para emprender el ex­perimento democrático.

 

SURGEN EL "CLUB COMUNAL" DE ASUNCIÓN Y "CLUB POPULAR" DE VILLARRICA

Aceptado el plan de don Antonio Taboada, el 12 de diciembre de 1886 se constituyó el "Club Comunal" de Asunción, a iniciativa del Diputado José María Fretes. De este modo, la fuerza opositora de la Capital daba el primer paso para disputar al gobierno el triunfo en los comicios.

Enseguida el oficialismo hizo pública la nómina de sus candidatos, conociéndose así que el general Bernar­dino Caballero presentaría su candidatura a Senador por Villarrica. El jefe del partido oficialista jamás se hubiera imaginado en aquellos días, las extraordinarias consecuencias políticas que resultarían del hecho, apa­rentemente simple, de haber escogido aquel escenario.

Porque don Antonio Taboada, sabedor del lugar ele­gido, se propuso derrotar personalmente al general Ca­ballero en aquel mismo distrito. El ciudadano, recono­cido ya como abanderado de la causa liberal, iba a en­frentar al hombre fuerte del régimen en el bastión de Villarrica, para ejemplo entero del país.

El diario "La Democracia" del 28 de diciembre de 1886 adelantó la noticia: "Se ha organizado en Villa Rica un centro político denominado «Club Popular» para trabajar en pro de la candidatura de don Antonio Taboada en el 8° distrito electoral". En Villarrica, pues, era la cita con el destino.

"Villarrica, escribe el periodista don Gregorio Glitz Fernández, presente en la cita, frente a su pendón azul nunca abatido, escoltado por sus huestes ciudadanas, varonesejemplares y altivas mujeres que dicen al via­jero que la espera fue larga, que los sufrimientos fueron muchos, pero que la guardia montada en torno a la histórica figura de don Antonio Taboada no flaqueó jamás y que nadie rindió armas ni decayó el corazón ante la adversidad".

Tal era el escenario del cercano holocausto, como si la historia quisiera ennoblecer el vigoroso surgimiento del Partido Liberal paraguayo, con la sangre gene­rosa de los nuevos mártires de la Libertad.

 

"NO QUEREMOS LIBERALES EN EL CONGRESO"

El diario oficialista "El Paraguayo", en su edición del 13 de febrero de 1887, día del comicio, da la consigna, del momento: "NO QUEREMOS LIBERALES EN EL CONGRESO". En un clima de violencia, en que se cometen las mayores arbitrariedades, se realizan las elecciones parciales de renovación de ambas Cámaras del Parlamento. He aquí algunos ejemplos.

En las Parroquias de la Catedral y de la Recoleta, enfrentando obstáculos insuperables, triunfa el candi­dato liberal don Felipe Torrents. En cambio, en las Parroquias de la Encarnación y Lambaré es arrollado por  la fuerza don José María Fretes.

Pese a los heroicos esfuerzos de los Miltos, los Que­vedo y los Gómez de Concepción, y los hermanos López de Villa de San Pedro, la oposición es aplastada en el 1º y en el 2° distrito electoral. Pero don Remigio Yegros lograimponerse, pese a la coacción oficial, en Ybytymí, Valenzuela, Itacurubí de la Cordillera y San José de los Arroyos, al igual que don Bernardo Dávalos, en con­diciones similares, en Yuty, Bobí y San Pedro del Paraná. Según "La Democracia" del 17-II-87, en Pilar "las elecciones fueron escandalosas como en ninguna otra parte" en desmedro de don Fernando Saguier. Sin em­bargo, don José M. Urbieta ganó la elección en Villeta, Villa Oliva y Villa Franca. En San Lorenzo del Campo Grande, los partidarios del oficialista don Rufino Mazó, dispersan mediante sucesivas descargas de fusilería a los que iban a votar por don Enrique Soler. Idéntica cosa ocurre en Carapeguá, Tabapy y Paraguarí.

Y "La Democracia" del 16-II-87 da la noticia que en Villarrica tuvieron que suspenderse las elecciones a úl­timo momento, por haber desaparecido el Juez de Paz suplente, don Cipriano Ocampos, llevando consigo los padrones: "La ausencia de este funcionario ya se presu­mía en Villa Rica como efecto de una necesidad para el bando que sostiene las candidaturas del general Ca­ballero como Senador y don Claudio Gorostiaga como Diputado, en razón de no contar con elementos bastan­tes para contrarrestar a los del "Club Popular" cuyos candidatos son don Esteban Gorostiaga para Senador y don Antonio Taboada para Diputado".

Corno primeros resultados de estos comicios, la opo­sición logró equilibrar fuerzas en la Cámara de Dipu­tados; conmover al país con sus consignas; poner en evidencia de propios y extraños los desafueros del ofi­cialismo; y levantar el espíritu público como basamento de un futuro gran partido que debía concretarse pronto. Villarrica sería el último eslabón de la cadena.

 

 

EL 12 DE JUNIO DE 1887 EN VILLARRICA

 

La crítica situación que le habían creado al oficia­lismo los comicios del 13 de febrero de 1887, aumentaba sus temores de perder el control en la Cámara de Diputados. Tanto es así que el diario "El Paraguayo", vocero del gobierno, del 14 de abril de 1887, no disimula el hecho que comenta así: "El día de ayer, 13 de abril, a las 8a.m. tuvo lugar la reunión de los señores Con­gresales, entre los cuales se contaban doce Señores Representantes caballeristas y once liberales", habiéndose levantado casi enseguida la reunión por retiro de los primeros.

Conscientes del carácter decisivo de la elección complementaria convocada para el 12 de junio de 1887 en Villarrica, ambos bandos se pusieron inmediatamente en acción para hacer frente a los acontecimientos.

El día domingo 12 de junio, con sus dirigentes a la cabeza,  el pueblo guaireño en mayoría se aprestó a votar por don Antonio Taboada, formándose una multitudinariacaravana de sufragantes que se encaminó hacia el atrio de la Iglesia Catedral, donde debía realizarse el comicio.

Luego de varios ruidosos incidentes, un hermano de don Claudio Gorostiaga hizo sonar un silbato, señal convenida de antemano por lo visto, pues de inmediato el núcleooficialista abrió fuego contra los ciudadanos del "Club Popular". Y como si esto no fuera suficiente, las; tropas regulares hicieron repetidas descargas de víctimassobre el pueblo guaireño, cayendo un tendal de víctimas como consecuencia de la masacre. Los dirigentesliberales engrillados y apresados, fueron remitidos a la Capital.

El 16 de junio de 1887 llegaron a Asunción los presos, políticos guaireños. Por la tarde el pueblo se lanzó a la calle y una gran manifestación con la enseña patria y banderas azules recorrió la ciudad coreando estas consignas ­"Democracia-Libertad" y "Queremos justicia" y portando carteles que decían "Loor a los liberales", "Queremos ser libres" y otras parecidas.

"Fue una escena desbordante de emoción civil.... evoca Freire Esteves ... con sus diademos de flores y suspalabras de aliento a los cruzados de los comicios; guaireños. Desde aquel momento, el proceso de forma­ción del Partido Liberal se precipita".

En el histórico Manifiesto del Partido Liberal de 18 de Octubre de 1891, se lee este párrafo sobre aquellos sucesos:

"Biento pronto un hecho luctuoso y sangriento, con que se inauguró el funesto gobierno del general Escobar, vino a demostrar que poco o nada halagüeño iba a ser y que era necesario poner un freno al desbocado poder de los mandones. Nos referimos a los sucesos del 12 de junio de 1887, en Villa Rica, en que con motivo de tener que procederse a la elección de un diputado al Congreso, la fuerza pública hizo fuego contra el pueblo reunido en los comicios, con el fin de dispersarle e im­pedirle elegir sus representantes, sin que tan grave crimen fuera reprimido por el gobierno, que mas bien otorgó recompensas a la autoridad local culpable del atentado, demostrando así que no era su propósito es­tablecer la justicia y garantir a los ciudadanos sus derechos e intereses, sino continuar el reinado de la fuerza con todas sus criminales abominaciones. Fue entonces cuando nació el Partido Liberal, con el fin de poner un freno a las demasías del poder arbitrario y encaminar al gobierno por el buen sendero, del que se había separado, como esta declarado en su acta de fun­dación".


CAPITULO IV

EL PARTIDO LIBERAL PARAGUAYO

“VIVA DON ANTONIO TABOADA EL HOMBRE DE BUEN CORAZÓN"

UN RELATO DE DON LUIS CALCENA

“ESE ES TABOADA, DON ANTONIO TABOADA"

 

 

EL PARTIDO LIBERAL PARAGUAYO

Corolario del sistema liberal democrático instituido por la Constitución Nacional de 1870 y resultado del proceso político que transcurre entre 1880 y 1887, es la fundación de los dos partidos tradicionales del Pa­raguay.

Tras un breve período formativo (1880-1887) en que se van dibujando orientaciones, programas, tradiciones y símbolos; en que tienen lugar memorables debates parlamentarios, agitadas polémicas periodísticas y co­micios heroicos que pasan a la historia como ejemplos de valor cívico, en los cuales surgen jefaturas genuinas, aguerridas huestes y bautismos de sangre, ambos parti­dos van integrándose en su respectiva ubicación final, dentro del esquema político paraguayo de la época.

Así, en las asambleas del 2 y 10 de Julio de 1887 se funda el Partido Liberal paraguayo, "para hacer uso de los derechos que nos acuerdan la Constitución y las leyes de la República", como dice su Acta de Fundación definitiva, sin que entre sus fundadores se registre la firma de ningún "legionario".

Una Asamblea General reunida el 24 de Julio de 1887 aprueba sus estatutos y elige Presidente del Partido a don Antonio Taboada, a quien acompañan el Capitán de Navío don Pedro V. Gill, don José de la Cruz Avala, don Fabio Queirolo, don Juan Bernardo Dávalos, don Cirilo Solalinde, don Mateo Collar, el Coronel Florentín Oviedo, don Ildefonso Benegas, don Cecilio Báez, el Mayor Eduardo Vera, el Dr. José Zacarías Caminos, don Juan Ascensio Aponte, don Remigio Yegros, don Manuel Fernando Mora, don Víctor M. Soler, don Bar­tolomé Yegros, don Francisco Soteras, don Antonio Zayas, don Avelino Garcete, don Felipe Torrents, don José Joaquín Goiburú, don Juan Machaín, don Ignacio Ibarra y otros muchos dignos ciudadanos.

Como réplica al advenimiento del Partido Liberal y para combatirle, el 25 de agosto del mismo año, "a in­dicación del general D. Bernardino Caballero y propo­sición del señor D. José Segundo Decoud", se estructura la Asociación Nacional Republicana (Partido Colorado), con el elemento humano que viene gobernando al país desde la revolución de 1874, "para propender al afian­zamiento de las libertades públicas consagradas por la Carta Fundamental de la República", como reza el acta respectiva.

Una Asamblea General reunida el 11 de setiembre de 1887 sanciona sus estatutos y elige Presidente del Par­tido al general Caballero, a quien secundan entre otros, don José Segundo Decoud, don Higinio Uriarte, don Juan Gualberto González, general Juan Bautista Egus­quiza, don Dionisio Loizaga, coronel Juan Alberto Meza, don Zacarías Samaniego, don Santiago Cardozo, don Esteban Rojas, don Agustín Cañete, don Remigio y don Rufino Mazó, don José G. Granado, don Cantalicio Guerrero, don Héctor Carvallo y el entonces Presidente Patricio Escobar. Figuran entre los fundadores de este partido prominentes miembros de la "Legión Paraguaya".

El Partido Liberal y el Partido Colorado se organi­zan pues en el año 1887, con el compromiso de hacer efectivos los derechos y garantías proclamados por la Constitución Nacional de 1870, como norma fundamen­tal de convivencia. Y a partir de entonces, hasta el 17 de febrero de 1936, la forma en que cumplan o dejen de cumplir ellos las prescripciones constitucionales, será uno de los temas centrales que polarizará las discusio­nes de la vida política paraguaya.

 

"VIVA DON ANTONIO TABOADA - EL HOMBRE DE BUEN CORAZÓN"

"El régimen imperante -rememora don Pablo J. Garcete- de base tan sólida, que parecía destinado a perpetuarse y formar una dinastía, con todo, se siente conmover; pronto perderá su centro de gravedad, verá venir la nueva fuerza y tendrá que emplear mil artifi­cios para conseguir la mayoría de un voto en la Cámara de Diputados, que se dividía en dos bandos. La nueva tendencia está esbozada; falta organizarla: se funda el Centro Democrático. Es su presidente don Antonio Taboada. En toda su evolución, desde su punto inicial, él es el eje, es la voluntad, es la acción. En las asambleas, en los comicios, en la rebelión misma mas tarde, él está presente, afrontando todos los peligros, todas las consecuencias".

Corroborando lo anterior, en los rasgos biográficos del Prócer de nuestra democracia, publicados en "El Nacional" del 17 de mayo de 1913, se lee

"Hombre de un carácter diamantino y de una altivez insuperable, desde un principio don Antonio Taboada se impuso entre sus contemporáneos por la fuerza de sus virtudes y la grandeza de su alma magnánima, ha­llándose formado desde temprano, un sólido prestigio. Idolatrado de las masas populares, aquel joven apóstol de las libertades públicas, abadonaba el sosiego de la villa indiferente para ponerse al frente de los oprimi­dos y reclamar de los poderosos el respeto de los atri­butos de los ciudadanos de una patria libre, llevado de su temperamento imposible de congeniar con un régimen de injusticia. Cuando se encontró en medio del pueblo, que lo aclamaba como su más querido jefe, a los treinta y nueve años, echó los cimientos del partido político que representa en el Paraguay la encarnación más pura de los principios, y de los esfuerzos supremos por el bien. Don Antonio Taboada fue, en efecto, el fundador del Partido Liberal en 1887. Desde entonces, nuestro ilustre jefe, en compañía de sus bravos com­pañeros, luchó por la bandera inmaculada del Libera­lismo".

"Don Antonio Taboada -ratifica don Manuel Benítez, Ministro de Estado de los ex-Presidentes general Ferreira y Dr. Eligio Ayala- fundó y presidió el Par­tido Liberal cuya historia es conocida, conquistó además la libertad de la palabra, hablada y escrita, y la seguridad individual. Mil mártires coronan la jornada. Los comicios siempre tuvieron en él un paladín conven­cido. Fue él quien organizó al frente del Partido Li­beral las primeras huestes populares que llegaron a los comicios. Las sangrientas refriegas que manchaban los atrios fueron nuevos estímulos para nuevas tentativas. El fuerte del gran patricio era acaudillar huestes po­pulares en la conquista del sufragio. El pueblo lo ha tenido siempre a su frente, cuando ha ido a ejercer su derecho soberano".

Con motivo de su muerte, exclamaba muchos años después estas palabras, el señor Carlos Luis Isasi :

Las ideas se atropellan, los sucesos se presentan tan varios y tan atrayentes todos que dejan en suspenso el alma y no sabe decidirse cuál de ellos puntualizar primero. En ese tren de fenómenos psíquicos que la muerte del llorado jefe provoca en nosotros, tentado está uno de repetir, con el cantar popular de nuestros troveros criollos: "VIVA DON ANTONIO TABOADA - EL HOMBRE DE BUEN CORAZON".

 

UN RELATO DE DON LUIS CÁLCENA

"Era la mañana del 23 de diciembre de 1888. El Par­tido Liberal, el partido tan valiente, y que nunca ha tenido miedo a nada, iba a ser otra vez víctima de la saña oficial. Fiado de la promesa del gobierno, asistía en masa a ejercitar el derecho del voto, llevando desple­gada su bandera y en ella iba inscrito el nombre de don Avelino Garcete, como candidato a Senador. Iba a ser un torneo, donde los dos partidos colosos entablarían lucha cuerpo a cuerpo.

Yo era niño y no me daba cuenta de lo que signi­ficaban los partidos, no conocía personalmente a sus hombres, pero ya mis ojos habían visto teñirse de san­gre azul, había visto cráneos abiertos por la filosa moruna de la policía. En mi casa, que quedaba casi frente al juzgado, un hombre con las costillas rotas, se metió violentamente para escapar con vida a los bár­baros garrotazos de hombres que llevaban pañuelo coloradoal cuello. Aun resuenan en mis oídos, los golpes cavernosos, como los de una alfombra que se sacude a varazos.

Todoeso me impresionó poderosamente y mi espíritu atraído magnéticamente por esos sangrientos espectácu­los, me llevó donde creía se iba a pelear recio. Mil contra mil. Quise ir a los atrios, como se desea ir a una plaza de toros.

En el camino lo encontré a don Pablo Garcete, mi vecino, y con mi entonación más expresiva le rogué me llevara a ver las inscripciones de la Encarnación. Nos fuimos y entramos en una casa cuyos fondos quedaban al lado casi del cuartel de caballería. Todos estaban correctamente vestidos, muchos con el ceremonioso chaquet, que se refugiaban en una casilla de madera y actocontinuo vi apearse de soberbio caballo al entonces jefe de Policía, coronel don Zacarías Jara, hombre que gozaba de indiscutible prestigio de valor.

Frente a él vi a un hombre de figura imponente y hermosa (don Antonio Taboada, según supe después), cuyos ojos azules se habían vuelto negros de coraje y valor, quien con imponente voz y varonil talante increpaba a la autoridad. En un momento dado, ambos hom­bres se agarraron las manos, se estrujaron con rabia y de sus bocas salían palabras que herían como chispas.

Sus brazos parecían de acero, los tendones tensos como cuerdas de ciclóneo instrumento, encorvaban sus potentes bustos hacia adelante, como si los corazones quisieran salirse del valeroso pecho; manos que apretaban por la voluntad imperiosa de imponerse al adversario. Subidos en la muralla, contemplamos a la derecha, la muchedumbre colorada, compacta, imponente, movible y bullanguera, detenida apenas por un cordón de vigilantes.

Frente a frente, estaba el pueblo liberal, grave, ce­ñudo, desconfiado, aglomerado y nervioso, como presin­tiendo lo que se esperaba.

De cuando en cuando recorría la calle una patrulla de caballería, donde se destacaba la hermosa figura del capitán Cáceres, custodiado por dos soldados armados de entonces poderosos winchester.

Mis ojos recorrían todo eso y esperaba la pelea, por­que yo creía que allí se iba a pelear, cuando de improviso siento una detonación de revólver a mi derecha, doy vuelta la cabeza y veo una gresca, cuyos protagonistas aumentaban por momento.

Aquello fue una batahola de gritos y tropel, interrum­pida por descargas cerradas de los winchester y corea­da por los tiros de revólver. Una guerrilla de vigilantes de vereda a vereda, roleaban los sables y a machetazos hacían retroceder a los liberales.

Mis ojos abiertos a mas no poder por este espectáculo que deseaba abarcar en una sola mirada en toda su extensión, quedaron clavados un momento en un hom­bre caído (Vázquez, liberal), que se apoyaba en los brazos para no tenderse en la arena. Estaba herido y el costado de la camisa tenía tinta en sangre.

Yo sentía unos silbidos agudos y el chasquido de algo que agitaba las hojas de un naranjo, pero absorto, y en medio de mi asombro, no sabía que eran balas.

Frente mismo veo un grupo de hombres crujir de dedos insensibles al dolor por la presión, que hallaban energías para cerrarse en crispaciones galvánicas. Ese león era don Antonio Taboada. Allí le vi, le conocí y le respeté. Ese día mi corazón fue liberal. Fue ganado por la gallardía y el valor de su jefe y quedó teñido de azul como protesta contra la violencia del adversario".

 

"ESE ES TABOADA, DON ANTONIO TABOADA"

También el señor J. Flaminio Pedrazza nos brinda un relato de su niñez: "Yo, siendo muy niño, lo vi por primera vez allá por 1890. Era un día triste; no se veía

a nadie por la calle; casi todas las puertas permanecían cerradas; a nosotros los chicos de casa nos prohibían salir a la vereda.

Por qué todo esto? Porque era un domingo de eleccionesde aquella época.

Y lo vi caminar a la cabeza de una columna de hombres, hacia la Catedral. Supe su nombre porque mi padre, mostrándonoslo, nos dijo: "Ese es Taboada, don Antonio Taboada".

Visión de mi infancia, pura, divinizada por mi co­nocimiento de su realidad, como brilla en mis recuerdos iluminando mis zozobras por la patria, haciendo desfilar en mi mente, como promesa de un momento no remoto, a todo el pueblo paraguayo moviéndose como un solo hombre en la realización de sus ideales, al impulso de los sentimientos que encarnó ese hombre.

Porque la historia de don Antonio Taboada es la historia del Partido Liberal".

"Los fuertes sacudimientos electorales provocaron de inmediato la ocupación militar de los comicios", ma­nifiesta don Manuel Benítez. Y efectivamente, luego de los fusilamientos electorales de 1887 y 1888, se pro­curó a través de negociaciones políticas conocidas en la historia como "conciliación de los partidos", canali­zar el proceso por las vías del acuerdo; pero el oficia­lismo, mientras de un lado pretendía apaciguar con el halago, ofreciendo "proposiciones y ventajas", de otro lado faltó abiertamente a su palabra, reincidiendo en la violencia: Entonces, usando palabras del esclarecido ex­Ministro de Estado, don Adolfo R. Soler, "don Antonio Taboada desoyó esas proposiciones y ventajas, para ju­garse gentil la vida en la jornada del 18 de Octubre de 1891".


CAPÍTULO V

18 DE OCTUBRE DE 1891

MUERE EL MAYOR EDUARDO VERA

REVOLUCIÓN LIBERTADORA DE 1904

UN VERDADERO NACIONALISTA

 

18 DE OCTUBRE DE 1891

"Cuando ya era imposible pensar en los recursos le­gales para bregar por el imperio de la ley, se gestó aque­lla soberbia explosión del alma nacional que mostró los contornos de un verdadero sacrificio de los nuestros, que se llamó Revolución del 18 de Octubre de 1891, cuyo jefe y alma era don Antonio Taboada, que en me­dio del combate mantenía el orden y el entusiasmo de las masas estrelladas contra los cuarteles en la memo­rable noche del 18". ("El Nacional", 17-V-13).

Don Antonio Taboada suscribió el famoso Manifiesto al Pueblo de la Nación Paraguaya, redactado por el Dr. Cecilio Báez, conjuntamente con el Mayor Eduardo Vera, don Pedro P. Caballero y don Juan B. Rivarola.

Una anécdota publicada en "La Democracia" del 24 de junio de 1893, con motivo del prematuro fallecimien­to de su primera esposa, doña Adelia Larramendi, re­vela el sentido heroico de la vida que profesaba la gente de aquel tiempo: "Un hecho basta para caracterizar a la dama que acaba de sucumbir. El señor Taboada le comunicó en la tarde del 18 de Octubre, que esa noche iba a, tomar parte en el asalto a los cuarteles. Ella que se encontraba todavía en cama, después de un re­ciente alumbramiento, contestóle sin inmutarse: Vete, ya que así te lo exige tu deber".

En la acción del 18 de Octubre participaron varios grupos, cada uno de ellos con objetivos bien definidos. El primero, al mando del Mayor Eduardo Vera, debía atacar el Regimiento de la Escolta. El segundo, al man­do de don Pedro P. Caballero, el Regimiento de Infan­tería. El tercero, al mando de don Antonio Taboada, tenía que apoderarse de la Policía de la Capital. El cuarto, al mando del comandante José del Carmen Pérez, procedería a apresar al general Caballero. El quin­to, al mando de don Juan Ascencio Aponte, estacionado en la actual Plaza Uruguaya, actuaría como reserva. El sexto, al mando de don Fabio Qpeirolo, debía instalar un cantón en las proximidades de la Escolta. Y otros grupos, tales como el de don Juan Bautista Rivarola, don José Santos Fernández y don Juan Machaín, de­bían cumplir misiones de apoyo.

Formaban parte del grupo de don Antonio Taboada, como sub-jefes, don Dionisio Godoy y los hermanos Francisco y Vicente Ortiz de Villarrica.

 

MUERE EL MAYOR EDUARDO VERA

En la embestida al Cuartel de la Escolta cayó muer­to el Mayor Eduardo Vera, mientras los otros grupos se lanzaban sobre sus respectivos objetivos, dentro del plan general de ataque. Informado don Antonio Taboada de la tragedia, concurrió personalmente al lugar del hecho, asumiendo la jefatura del alzamiento.

'Taboada atropella los cuarteles -relata don Ma­nuel Benítez- y procura tomarlos por asalto para de­rribar a los enemigos de la libertad. ¡Qué noche inolvi­dable! Taboada vio caer a su lado, al pie de la Bastilla, a casi todos sus compañeros en aquella heroica demanda del 18 de Octubre. Fue el último en retirarse. La bala que le respetó en cien encrucijadas electorales, le res­petó también en la terrible jornada. Con él sobrevivie­ron los principios, su bandera y su formidable empuje".

"El señor Taboada se retiró del cuartel cerca de las 12 de la noche, seguido de una parte de la gente, to­mando la dirección de Paraguayo Independiente, hasta doblar en 15 de Agosto hacia arriba, habiendo sido hostilizado por las tropas del cantón en el trayecto hasta doblar". ("Revista del Paraguay" editada en Bue­nos Aires. Febrero y marzo de 1892 ).

"El esfuerzo había sido tronchado por la derrota -señala Freire Esteves- pero quedaban en el campo de batalla los caídos de la revolución, inmolados por el credo, de una manera poco común en la historia de las agitaciones civiles de Sud América: Vera, Machaín y demás compañeros; fuera del territorio nacional los jefes civiles del movimiento; presos los demás, en poder del gobierno.

La situación estaba asegurada; la paz, inconmovible. Pero el gesto debía rebasar los estrechos límites del cuarto de hora y hasta el escenario en que se produjo más hondo que el alcance de sus armas, el eco de la re­volución penetraría en el alma popular y va a presidir desde entonces, con la sugestión irresistible del mar­tirio, todos los sacudimientos generosos de la naciona­lidad y llegará al extranjero mismo magnificado por el heroísmo de la jornada.

La derrota material iba a afianzar al régimen por algunos años de forzosa inacción, pero la moral del movimiento quedaba sedimentada en la República, para forjar de ella, una fuerza futura mas popular e incontrastable, como la que llevó al triunfo definitivo, en 1904, a la causa vencida el 18 de Octubre".

 

REVOLUCIÓN LIBERTADORA DE 1904

"La Revolución de Agosto de 1904 -consigna la cró­nica del diario «El Nacional» del 17 de mayo de 1913 - fue también la obra del partido que don Antonio Ta­boada fundara bajo el fuego de la persecución y que dirigiera hasta sorprenderlo la muerte. Desde el triunfo de la santa revolución de 1904, el Partido Liberal se hizo cargo exclusivo del gobierno de la República y don Antonio Taboada desde la presidencia del Senado seguía dirigiendo el partido austeramente, sin ambicio­nes, trabajando constantemente por la felicidad de la patria".

Corresponde a esta época el Manifiesto del Partido Liberal del 29 de Mayo de 1905, que dice

"Correligionarios: La comunidad de una tradición gloriosa, sumada a la consecución de idénticos fines, determinó a los hombres dirigentes de las dos fracciones del Partido Liberal a unirse con el objeto de llevar a cabo la revolución que acaba de redimir al país del sis­tema de desquicio y corrupción en que se hundía.

Como el lazo de unión, mas que el peligro común, han sido los propósitos de restablecer el imperio de nuestras instituciones holladas y de regir los destinos de la patria por el sendero de la libertad y el progreso, los directores de las antiguas fracciones han creído que, terminada la contienda civil, debían desaparecer para siempre los rasgos de anteriores desavenencias a fin de entrar de lleno, con la misma responsabilidad, en la labor de reconstrucción en que todos estamos empeña­dos ahora.

Para extinguir esas desavenencias, los miembros de las dos comisiones directivas sellaron la unión con el siguiente documento:

En la ciudad de Asunción, a los trece días del mes de abril de mil novecientos cinco, reunidos los suscri­tos, miembros de las dos comisiones directivas de las antiguas fracciones del Partido Liberal, hoy unidas, acordaron lo siguiente:

1°. - Declarar disueltas las dos comisiones directi­vas mencionadas, constituyendo un Comité Provisorio que deba regir los destinos del Partido, compuesto de los señores doctores Manuel Benítez, Félix Paiva, José Tomás Legal y Gualberto Cardús Huerta, Adolfo Soler y Adolfo Riquelme, bajo la presidencia del señor An­tonio Taboada.

2°. - Este Comité queda encargado de la dirección del Partido y de proponer un proyecto de reforma a los estatutos a la Convención General que será oportu­namente convocada para nombrar la única comisión directiva central del Partido Liberal.

En fe de lo cual firman en dos ejemplares de un mismo tenor en la fecha ut supra.

Antonio Taboada, Cecilio Báez, Emiliano González Navero, Manuel Benítez, Ildefonso Benegas, Carlos Luis Isasi, Luis A. Riart, Juan Molinas, Genaro Pérez, Mar­celino Rodas, Eduardo Amarilla, Cirilo Mendoza, Pe­dro T. Rolón, Adolfo R. Soler, Amancio Insaurralde, Modesto Yakisich, Alejo M. Carrillo, José Antonio Pé­rez, Pedro Talavera, Pedro P. Caballero, Eduardo Schaerer, Adolfo Riquelme y Liberato M. Rojas.

El Comité Provisorio ha resuelto en su primera sesión ­nombrar secretario al señor Adolfo Riquelme y tesorero al Dr. Félix Paiva y llevar a vuestro conocimiento la constitución del único gobierno que regirá los destinos del Partido, hasta que sea convocada la convención general, a cuyo efecto serán organizadas previamente las comisiones departamentales a fin de quepuedan designar a sus respectivos delegados.

El Comité Provisorio confía en todos los liberales de la República, como en los demás ciudadanos, para la reorganización del Partido que, hoy como ayer, solo aspira a servir los intereses del país, sin odios ni pasiones exclusivistas, fiscalizando los actos de sus hombresen el gobierno para que estén encuadrados siempre en los límites de la legalidad y el orden.

El Partido Liberal se ha impuesto la misión de educar al pueblo en la escuela de la democracia, aplicando y prestigiando los principios de una sana política, que

imponen la tolerancia de las opiniones como condición del régimen de la libertad; el Partido Liberal que ahora se impone la misión del buen gobierno, abre como siem­pre sus filas a todos los hombres que quieran aportar su concurso para la realización de los ideales de orden, moralidad y progreso que informan su programa.

Terminada la contienda, en la que todos los buenos paraguayos han probado su decisión por la santa causa de la regeneración de la patria, toca ahora unirnos estrechamente para dar cima a los ideales que alentaron los mártires de nuestra incipiente democracia.

La suma de esfuerzos y de voluntades ha coronado de triunfo a nuestra revolución y el mismo factor co­ronará de éxito a las labores de la reconstrucción nacional.

Antonio Taboada, Presidente. Adolfo Riquelme, Se­cretario".

 

 

UN VERDADERO NACIONALISTA

 

Así como la primera preocupación de don Antonio Taboada ni bien fue electo del recientemente fundado Partido Liberal, en 1887, consistió en que el Bloque Li­beral en la Cámara de Diputados de la Nación promo­viera a través del Diputado don Juan Ascencio Aponte, una interpelación al Ministro de Relaciones Exteriores, sobre la penetración boliviana en el Chaco paraguayo; después de 1904, con el Partido en el gobierno, dio un paso patriótico en defensa de las tierras públicas, reivin­dicación inscrita en el primer programa liberal.

El Dr. Teodosio González en su libro "Infortunios del Paraguay", capítulo titulado "Malbaratamiento del patrimonio fiscal", expresa que "en las condiciones y forma en que el gobierno del Paraguay dispuso esta operación (antes de 1904), constituyó uno de los desas­tres mas tremendos sufridos por la economía nacional y de los negociados mas sucios y escandalosos, de la averiada historia financiera del país. Se fijaron a las tierras precios unitarios de venta directa, tan bajos, que eran irrisorios. La forma de pago en cuatro cuotas, la primera al firmarse la escritura y las demás en tres anualidades iguales, quedando hipotecada la propiedad en garantía, era peligrosa e inconveniente, como se vio después. Los favorecidos del gobierno, Ministros, Sena­dores, Diputados, empleados públicos, caudillos y es­peculadores en general, se abatieron como cuervos a comprar por medio de testaferros, tierras fiscales ofre­cidas a tan bajo precio, para enseguida revenderlas en Buenos Aires, Montevideo y Europa o aquí mismo, con ganancias colosales. Modestos empleados públicos, con sueldos mensuales que no pasaban de 150 pesos papel, adquirían decenas y centenas de leguas de los mejores campos y yerbales, pagaban la primera cuota con dinero que, por recomendación de personajes políticos, obte­nían en préstamo del Banco Nacional y revendían sus derechos a especuladores extranjeros, que vinieron al país como nunca, atraídos por ese banquete. Según cálculos fehacientes, hasta el advenimiento del gobier­no del general Egusquiza, en que amainó la venta de tierraspúblicas y yerbales, el gobierno había enajenado, en campos y montes, alrededor de doce mil quinientos leguas en el Chaco, cinco mil leguas en la parte Oriental y mas de mil leguas de yerbales. Ahora lo que se

por esas tierras y sobre todo en que fue invertido su importe, solo Dios sabe. No ha quedado rastro alguno. La venta de tierras públicas fue suspendida por la ley del 25 de junio de 1904".

Y agrega que "llegado al poder el Partido Liberal, el Senador don Antonio Taboada, conocedor profundo del sinnúmero de fraudes vergonzosos, cometidos en las concesiones municipales y en la titulación de los bienes fiscales por título supletorio, alegando la prescripción treintenaria, inspiró la ley del 2 de noviembre de 1906, declarando imprescriptibles las tierras fiscales y municipales, salvando así para siempre, de las garras de la rapiña, lo poquísimo que aún quedaba del patrimonio fiscal, impidiendo que su apoderamiento por sim­ple posesión, pudiera consolidarse con la prescripción".

Tal el genuino nacionalismo de don Antonio Ta­boada, de quién dijo con razón el Dr. Rogelio Urízar que "era de los antiguos paraguayos que morían por su patria para legar a sus hijos una tradición de heroís­mo, que vivían y morían pobres después de haber ser­vido en los puestos mas elevados", agregando el Dr. José Antonio Pérez que "jamás buscó preponderancias, ni calculó los halagos del poder: Sirvió a su país con verdadero desinterés y patriotismo. Tales los bellos atributos del gran ciudadano don Antonio Taboada".


CAPÍTULO VI

LA CONVENCIÓN LIBERAL DEL 22 DE ABRIL DE 1906

EL 2 DE JULIO DE 1908 Y SU OSTRACISMO

“JEFATURA INDISPUTADA EN SU PARTIDO"

 

 

LA CONVENCIÓN LIBERAL DEL 22 DE ABRIL DE 1906

La Convención Liberal del 22 de abril de 1906 es un hito especialmente glorioso en la vida de don Antonio Taboada: El Partido Liberal está unido y en el gobierno. Había cumplido la misión que se impusiera a si mismo.

He aquí el texto de su exposición ante los represen­tantes del pueblo liberal:

"Vengo a daros cuenta del estado de nuestro Partido y de los transcendentales acontecimientos qué he lle­vado a término desde la última Convención.

Voy a procurar ser breve, y sobre todo, parco en apreciaciones. Los liberales tienen conocimiento de los principales hechos, y el país ha pronunciado ya el fallo que puede llamarse histórico.

La tolerancia política

Han pasado los tiempos y nuevos horizontes se abren a la acción de los partidos. En la República no hay ya oprimidos ni opresores, porque el Partido Liberal rea­liza en el poder los principios de gobierno predicados durante veinte años.

Fundador y antiguo Presidente de la asociación, me siento feliz al asegurar en este solemne acto, que asiste hoy el país a un completo resurgimiento de sus institu­ciones. Veinte años de luchas y sacrificios han enseñado que la tolerancia política debe ser la base de los par­tidos de orden y progreso. Y la tolerancia política tiene como corolario la coparticipación en el gobierno, el acceso de todos los ciudadanos de bien, la fiscalización común en el manejo de la cosa pública.

La tolerancia política es uno de los lemas de nuestra bandera desde el año 1887. Sobre esta base hemos luchado en la paz y en la guerra; y esta es la base que ha servido a la organización del gobierno de la Repú­blica desde el Pacto del Pilcomayo.

Planteada resueltamente como sistema, la tolerancia ha dado felices resultados. ¡Qué hermoso ejemplo ofrece hoy el Paraguay! Comparten la dirección del país, desde los mas altos destinos, los dos partidos en que se divide la opinión nacional; y se ayudan, se fiscalizan y se contrapesan mutuamente. Este hecho es muy signifi­cativo y por si solo entraña todo un programa de go­bierno que honra al Partido Liberal.

 

LA UNIÓN LIBERAL

Las disidencias que dividieron a nuestro Partido han desaparecido afortunadamente; y ahora no hay ni cívi­cos ni radicales, sino liberales; todos unidos por los fuertes lazos de un ideal común y de comunes aspira­ciones. 

Como anuncié a los correligionarios en el Manifiesto del 29 de mayo de 1905, las dos fracciones se unieron para emprender un movimiento de resistencia armada, por juzgarlo indispensable a los supremos intereses de la República.

El Partido Liberal ha hecho de la tolerancia un credo, no podía ser intolerante con los suyos propios. La unión era un deber moral y político en los aciagos días que precedieron al movimiento de Agosto de 1904. Y la unión se realizó gracias al patriotismo de los hom­bres dirigentes, aunque se mantuvo en secreto al prin­cipio por razones de circunstancia.

La unión es un hecho que debe merecer los plácemes de todos los liberales de bien. Ella representa la reinte­gración del Partido a la plenitud de sus energías y su prestigio. Ella es la vuelta a los tiempos en que el Partido era incontrastable, por el caudal de opinión que le acompañaba, porque tenía en su seno el mayor caudal del país en el orden moral, intelectual y material.

La unión ha señalado una nueva era en el proceso ,de nuestra política interna. Ella ha abierto el camino de la revolución. Ella es la base de la cruzada que ha dado en tierra con el pasado. De la unión parten los grandes hechos que han traído el advenimiento de la actual situación política. Hoy, en la paz, la unión es un deber tan sagrado como ayer en los campamentos. No debemos perder de vista que nuestro Partido se encuentra en el poder, con las graves responsabilidades nacidas de su pasado, de la revolución y de las excep­cionales circunstancias en que se ha hecho cargo del mando.

Yo saludo la unión de todos los buenos y declaro que no tengo mas enemigos que los que atentan contra ella, porque ellos son los únicos enemigos de nuestro Partido, los únicos que buscan su descrédito en el gobierno, los únicos que pretenden eliminarlo del escenario político.. La REVOLUCIÓN DE 1904

Realizada la unión, pensóse en el movimiento arma­do. Los primeros pasos fueron muy felices; todo augu­raba un completo éxito. La parte verdaderamente difí­cil de la empresa estribaba en la obtención de fondos. El país estaba pobre y la campaña requería un sacrificio grande. Ello no obstante, se preparó la revolución y se la llevó a feliz término mediante el decidido apoyo de la opinión pública y el concurso de todos los hombres de bien, sin distinción de nacionalidad ni de comunión política. La revolución se hizo a base del Partido Liberal, pero sin bandera partidista. Acaso esta sabia medida haya constituido su principal fuerza. En la revolución pudieron alistarse liberales, colorados y neutros, nacio­nales y extranjeros; todos los que perseguían un mismo ideal de regeneración.

Arriada la bandera partidista, en una obra eminen­temente nacional, obra en que debían tener derecho de concurrir todos los elementos sanos, muchos colorados de alta y merecida significación contribuyeron de moda eficacísimo al triunfo de la causa, unos con su persona, otros con sus intereses y todos con su prestigio moral y político.

Me hago el deber de recomendarlos a la considera­ción de esta Asamblea, por la lealtad y el desprendi­miento con que han procedido en todos los momentos de tan delicada empresa. Son nuestros compañeros de ansiedades y de sacrificios desde la génesis revolucio­naria. Entre ellos merecen especial mención los señores ,don Guillermo de los Ríos, don Emilio Aceval y don Francisco Campos, quienes tuvieron a su cargo de ma­nera muy principal la parte financiera de la campaña.

Los señores Aceval y Campos fueron Tesoreros de la Junta Revolucionaria y fuertes contribuyentes, y el señor de los Ríos fue miembro de la Junta de Guerra establecida fuera de la Asunción y también uno de los mas fuertes contribuyentes.

Son pues estos ciudadanos que cooperaron con la revolución, eminentes servidores de la causa del pueblo. El Partido Liberal debe mirarlos como de los suyos, porque lo son realmente y lo han acreditado en las horas de angustia. La Comisión Central Provisoria del Partido así lo entendió y los declaró como afiliado can gracias a los importantes servicios prestados a la re­volución.

 

SITUACIÓN ACTUAL DEL PAÍS

La contienda armada terminó con un acuerdo sus­crito a bordo del acorazado "El Plata", en Pilcomayo. Restablecida la paz sobre la base del triunfo de la re­volución, nuestro Partido asumió la responsabilidad del gobierno, en primer término porque a él le quedó la hegemonía política por la fuerza de los acontecimien­tos. El Pacto del Pilcomayo ha depuesto las armas, y lo que es mas, los odios y rencores. Desde el día si­guiente no había vencidos ni vencedores. No hubo nin­guna persecución; todos los habitantes eran respetados en sus personas y en sus propiedades. Y renació la con­fianza en el orden y en la efectividad de las institu­ciones.

Creo de mi deber insistir en que no hay odios ni rencores que dividan por hoy al país y a la familia paraguaya. Este hecho indiscutible constituye acaso la mejor recomendación de la política que sigue nuestro Partido. Es menester una política casi providencial por la prudencia, la moderación y la tolerancia, para que la guerra civil no deje sus hondas huellas que hacen la desgracia de algunos países hermanos. Este ejemplo es excepcional en América y no es jactancia el recla­marlo para el Paraguay en honor de nuestra cultura cívica.

A raíz de la paz, el primer deber era fijar la aten­ción en reponer la economía y las finanzas de la Nación, Este deber no se ha descuidado en medio de las cala­midades que han azotado a toda la campaña.

Voy a ser mas explícito sobre este punto en laMe­moria que presento a la mas alta autoridad del Partido.

El país estaba exhausto a la terminación de la con­tienda; el tesoro público, vacío; la deuda interna enor­memente aumentada; la contabilidad con diez meses de atraso, inhábil para dar el monto de las obligacio­nes; el Presupuesto, impago por varios meses; los im­puestos sin recaudar, o mal recaudados, o malbaratados. Y por otro lado la campaña sin agricultura y sin cosecha, sin hacienda, sin ninguna industria. Y la paz se ajustó después de la época de la siembra, de modo que no era posible recuperar el tiempo perdido.

Inaugurado el gobierno que surgió de la revolución, la confianza pública ha esperado a la medida, de las necesidades del pueblo y no a medida de los recursos del país, frente a los contratiempos naturales que han puesto a prueba nuestra vitalidad. No obstante todos los inconvenientes, sigue regularmente el período que puede llamarse de liquidación de la contienda armada, con los recursos ordinarios, gracias al manejo limpio de los caudales del Estado.

Con esta gestión honrada, la confianza pública acom­paña al gobierno presidido por nuestro Partido, a pesar de las voces aisladas de algunos descontentos que en el día de la prueba no han sabido cumplir con su deber.

 

EL NUEVO GOBIERNO DEL PARTIDO

La unión hizo necesario organizar un nuevo gobier­no en el Partido, que tuviera a su cargo la dirección política hasta la convocatoria de esta Honorable Con­vención.

Obedeciendo a la fuerza de las circunstancias, cons­tituyóse una Comisión Provisoria compuesta de este modo: Presidente, Antonio Taboada; Secretario, Adolfo Riquelme ; Tesorero, Félix Paiva. Vocales, José Tomás Legal, Adolfo R. Soler, Gualberto Cardús Huerta y Ma­nuel Benítez.

Esta Comisión Provisoria reemplazó a la Comisión Central de las fracciones y presidió la elección para representantes conforme a los Estatutos de 1895. Es también la que ha convocado a esta Convención.

Su constitución ha sido anunciada a los correligio­narios en el Manifiesto del 29 de mayo pasado. Llamado posteriormente a formar parte del gabinete del Excmo. Señor Presidente de la República, el señor Soler, éste dimitió el cargo que tenía en la Comisión Provisoria, la cual quedó así compuesta de seis miem­bros, tal como está constituida hasta la instalación de este congreso de nuestro Partido.

Haciendo votos por el acierto de vuestras delibera­ciones, declaro instalada esta Convención.

Antonio Taboada".

 

EL 2 DE JULIO DE 1904 Y SU OSTRACISMO

El 2 de julio de 1908 se produjo una rebelión enca­bezada por el entonces mayor, después coronel Albino Jara, contra la situación política instalada como resul­tado de elecciones generales realizadas para cubrir el Décimo Período Constitucional (Presidente, Ferreira - Vice Presidente, González Navero).

Refiere don Adolfo R. Soler que don Antonio Ta­boada, "después del 2 de julio de 1908, muy enfermo ya, arrojó de su presencia a los traidores (referencia al coronel Albino Jara y otros), que le ofrecieron la Pre­sidencia de la República y la dirección omnímoda del partido oficial y prefirió el ostracismo con la integri­dad de su credo y su bandera".

"Don Antonio Taboada no decayó ante esta des­gracia nacional -expresa el Dr. José Tomás Legal, incorruptible dirigente liberal- y por el contrario, su incontrastable civismo lo arrastraba nuevamente a la lid y desde el ostracismo nos alentaba a estrechar filas, guiándonos en la lucha democrática., con la bandera del Partido desplegada, que supo levantarla en alto e incólume, legándola inmaculada a sus correligionarios".

"Expulsado del teatro de sus glorias ciudadanas -es­cribía en aquellos días el Dr. Cecilio Báez - don Antonio Taboada comporta con resignación el destierro y vive allá en Corrientes, como siempre pobre, atendido y es­mulado por los extraños, y desdeñado aquí por una ge­neración injusta, a la que él abriera, con la enseñanza de sus grandes virtudes, las puertas de su redención moral. Pero la generación venidera no olvidará ni este bien ni aquella angustia, y levantará al abnegado após­tol de la democracia paraguaya un monumento que perpetúe su nombre en la memoria de la posteridad. Esta es la única recompensa que suele reservarse a los bienhechores de los pueblos".

 

"JEFATURA INDISPUTADA EN SU PARTIDO"

"Fue don Antonio Taboada -a juicio del Dr. Carlos Luis Isasi- un enamorado del ideal democrático. Fue en todo momento el hombre de la concurrencia a elec­ciones. Allí, en la fragua del comicio que él conoció y adonde guio al pueblo con gesto sereno de caudillo, es­taba la transcendental escuela donde quiso que sus con­ciudadanos ingresaran para aprender el catecismo de la libertad y el derecho. Fue invariable en su fe y entu­siasmo por la lucha electoral, no por huir del peligro, sino todo lo contrario, puesto que es sabido que en los comicios a que concurrió al frente de los primeros li­berales, ellos eran teatro de verdaderos combates. Prefirio don Antonio Taboada en todo momento, a cual­quier otro cargo, aquella jefatura indisputada en su partido, compatible a lo más con funciones de diputado o senador, todos ellos venidos del pueblo, de quien tomó aquella fortaleza de carácter y de convicción que tem­pló su alma ciudadana hecha de austeridad y desinterés".

Ensorberbecido el coronel Jara, provocó el derroca­miento de don Manuel Gondra, quien también fue en­viado al ostracismo; y en su carrera plena de iniqui­dades, cometió actos criminales que concitaron el re­pudio de la ciudadanía entera, como por ejemplo, sableó personalmente al venerable Senador Francisco Campos ex-Convencional de 1870; redujo a un obscuro calabozo a los Diputados Víctor Abente Haedo, Ramón Lara Castro y Gerónimo Zubizarreta; ordenó tormentos y azotes para el joven dirigente estudiantil Gerónimo Riart y sus compañeros Manuel Bedoya, Carlos Frutos y Lorenzo Casanello ; culminando esta serie de vanda­lismos con el asesinato, disfrazado de fusilamiento, de don Adolfo Riquelme, uno de los dirigentes mas que­ridos del Partido Liberal, y de sus compañeros Leonardo Daveggia, José Félix Guerrero y Edmundo Maldonado.

Toda la civilidad paraguaya, unida en un vasto mo­vimiento popular contra aquel régimen siniestro, pro­dujo la caída de la tiranía del coronel Jara.

Don Antonio Taboada, cada vez mas enfermo, pero sin declinar jamás en sus luchas por la democracia, se instaló en su ciudad natal de Villarrica, donde iban los hombres mas caracterizados del país a escuchar su auto­rizada opinión sobre los problemas nacionales y parti­darios. Ejercía serenamente y con entera dignidad "aquella jefatura indisputada en su partido" -usando palabras del Dr. Isasi - que conservó incólume hasta el último aliento.


CAPÍTULO VII

EI VIEJO LEÓN PLATEADO

EL PARTIDO LIBERAL ESTÁ EN EL PODER. ALLÍ LO HA COLOCADO SU FUNDADOR

HOMENAJE DEL PARTIDO COLORADO A DON ANTONIO TABOADA

HOMENAJE DEL POETA ELOY FARIÑA NÚÑEZ

HOMENAJE DE LA PRENSA EXTRANJERA

UN ANTICIPO DEL JUICIO DEL PORVENIR

 

EL VIEJO LEÓN PLATEADO

Ya a principios de 1913, don Antonio Taboada pen­saba que debía estar preparado para el desenlace final y aguardaba esa hora con la espléndida serenidad de los grandes caracteres estoicos.

El Dr. Luis De Gásperi, ilustre jurisconsulto liberal, que le conoció en aquella época, nos ha dejado esta referencia

"Viene irresistible a la memoria, la romántica figura: de don Antonio Taboada, a quien conocimos en la ve­nerable ancianidad de sus postreros días, pero todavía en plena afirmación de si mismo, mirándonos con aque­lla apacible claridad azulosa de sus ojos, todo hirsuto y plateado como un viejo león adormecido al recuerdo de recios y gloriosos combates".

Su fallecimiento se produjo el 16 de mayo de 1913. "Ayer a las 3 p.m. dejó de existir en su ciudad natal. -se lee en el diario «El Nacional» que viene enlutado­ el hijo mas preclaro de nuestra tierra, el ilustre jefe de nuestro partido, don Antonio Taboada.

La muerte de don Antonio Taboada satura de dolor inmenso a la Nación entera y especialmente cubre de intenso luto el corazón de los liberales de la República, que en estos momentos lloran sin consuelo la eterna ausencia del jefe irreemplazable, padre fundador del Liberalismo paraguayo.

Baja a la tumba el venerable anciano después de haber cumplido el ciclo de la vida con el mas ardiente patriotismo, como el mas patriota entre los patriotas, consagrando todo el fuego de su energía extraordinaria a la consolidación de las instituciones patrias y a la efectividad de los derechos del pueblo, que siempre le contó entre sus mas preclaros defensores, tanto en la hora siniestra de la acción, como en los torneos tran­quilos de los consejos de gobierno".

 

EL PARTIDO LIBERAL ESTÁ EN EL PODER. ALLÍ LO HA COLOCADO SU FUNDADOR      

En nombre de los liberales de la República, el Dr. Cecilio Báez le rindió este homenaje:

"Para comprender toda la trascendencia de la obra de Taboada, no hay que detenerse en la contemplación de los hechos de que fue actor, aun cuando ellos revistan la nota épica de la lucha armada y el carácter heroico de los sacrificios humanos; hay que considerar el efecto moral que produjeron en los ánimos y el impulso que imprimieron a los progresos de la razón pública en medio de una sociedad amodorrada por el beleño de un largo despotismo y anquilosada e inhabilitada para la vida democrática por la inacción.

La democracia como el derecho es la vida. No se encuentra ella en las constituciones políticas, ni en las leyes que dictan los Parlamentos. La democracia eslabor, es acción, es abnegación.

La democracia es Washington que liberta a su pue­blo de ajena servidumbre. La democracia es Lincoln, que cual mártir del cristianismo, derrama su sangre por la redención del esclavo. La democracia es el verbo de Mirabeau, que aboga por el derecho humano. La de­mocracia es Antonio Taboada que galvaniza a un pue­blo narcotizado por el despotismo, lo anima con su palabra cálida y fulgurante, lo alienta con el ejemplo de sus virtudes cívicas y lo conduce a la reivindicación de los derechos usurpados.

La unión hizo la fuerza del Partido Liberal, de tal ­manera que fue capaz de desalojar del poder al Partido Colorado, que se había encaramado de él desde 1874. El Partido Liberal está en el poder. Allí lo ha colocado su fundador. Inclinémonos ante la tumba del gran caudillo civil de la democracia paraguaya". (Fragmento del homenaje rendido por el Dr. Cecilio Báez, publicado en "El Nacional" del 4 de junio de 1913).

 

HOMENAJE DEL PARTIDO COLORADO A DON ANTONIO TABOADA

Por nota firmada por su Presidente, el Dr. Pedro Peña, y sus Secretarios, Enrique Solano López y Teléma­co Silvera, fechada el 21 de mayo de 1913, la Asociación Nacional Republicana (Partido Colorado), se dirigió al Partido Liberal en estos términos:

"La Comisión Directiva de la Asociación Nacional Republicana, que tengo el honor de presidir, en su sesión celebrada ayer, me ha encomendado manifestar a la Comisión que Ud. preside, el profundo sentimiento que experimenta al ver desaparecer del escenario político al señor Antonio Taboada, cuya actuación en la vida democrática nacional ha contribuido a afianzar la prác­tica de las instituciones que nos rigen.

Acojo esta dolorosa oportunidad para agregar mis pésames personales y suscribirme de Ud. muy atento y seguro servidor.

Pedro Peña, Presidente. Enrique Solano López, Se­cretario. Telémaco Silvera, Secretario".

 

 

HOMENAJE DEL POETA ELOY FARIÑA NÚÑEZ

 

"Sea cual fuere el campo en que haya caído el viejo luchador, yo he de inclinarme ante su sombra y he de decir sobre su tumba: He allí un varón que luchó por un ideal, que encarné un estado de conciencia de su país y que ha muerto en santa pobreza, legando a las nuevas generaciones la perdurable ejecutoria de sus virtudes cívicas.

Vidas ejemplares y representativas son éstas, con­sagradas al servicio de una filosofía política con la ilu­minación interior del mártir o del héroe.

Demócrata, yo pongo el recuerdo de su modestia re­publicana sobre la austera significación de su figura civil.

Paraguayo, admiro la trascendencia histórica de su acción pública.

Liberal, yo saludo en la vieja bandera del Liberalismo paraguayo que se va, el tremolar de las nuevas banderas liberales que vienen.

Hijo de mi siglo, veo en él un soldado de la guardia vieja que va extinguiédose, después de haber rehecho la nacionalidad rota sobre los escombros del desastre.

Non omnis moriar, canta el poeta latino en la oda excelsa. En verdad, algo subsiste y concurre con nosotros de estas vidas sintéticas que compendiaron tendencias colectivas e inquietudes civiles. Y de don Antonio Ta­boada quedará la memoria de sus luchas en pro de la causa del Liberalismo verdaderamente digno de ese nombre, y en el suelo paraguayo el recuerdo de una época interesante de la historia nacional".

 

HOMENAJE DE LA PRENSA EXTRANJERA

La prensa extranjera se hizo eco del fallecimiento de don Antonio Taboada, en términos que emocionen a los paraguayos. De entre numerosos artículos, puede seleccionarse éste, publicado en el diario "La Prensa" de Buenos Aires, del 18 de mayo de 1913:

"Acaba de fallecer en el Paraguay, a una edad avanzada, una de las figuras legendarias de ese país, con una acción sobresaliente desde la época de la guerra de la triple alianza.

El señor Antonio Taboada fue fundador del Partido Liberal. En todos sus cargos se desempeñó con correc­ción digna de aplauso y su honradez acrisolada y la austeridad ascética de su vida le valieron gran respeto y la veneración que le profesaron las generaciones que se han sucedido en los últimos cincuenta años.

De carácter sencillo, de una modestia llevada al ex­ceso, el señor Taboada prefirió su retiro de Villarrica a las comodidades de la Capital y su actuación de con­ductor de pueblos, a las mas altas posiciones oficiales que pudo ocupar".

 

UN ANTICIPO DEL JUICIO DEL PORVENIR

"A los veintiún años de su muerte -expresa «El Diario» del 17 de mayo de 1934 en plena guerra del Chaco- don Antonio Taboada es reconocido como pa­triarca de la democracia y padre del liberalismo para­guayo.

Sus cejas espesas y juntas subrayaban su frente abanderada y eran como la rúbrica de su pensamiento cívico tenaz, poniendo a sus ojos avizores un alero de honradez.

Su maciza figura de hombre de acción se agigantaba en los atrios calientes del estrujamiento popular. Su vida toda es una larga lucha, altivamente pobre y em­papada de pueblo.

Hoy don Antonio Taboada es indiscutiblemente uno de los próceres de la instauración institucional del país".


ANEXO

DATOS PERSONALES DE DON ANTONIO TABOADA

HOMENAJE DEL PARTIDO LIBERAL A SU JEFE

EL PORQUE DE ESTE LIBRO

 

 

HOMENAJE DEL PARTIDO LIBERAL A SU JEFE

"Caracterizaba a Taboada el don de la simpatía, in­dispensable a los hombres que tienen que ejercer el man­do de la sociedad. Una actuación parlamentaria con­vencióle de la esterilidad de los esfuerzos individuales y le indujo a pensar en la formación de un partido que nucleara diversas fuerzas opositoras, como contrapeso al régimen creado por Cándido Bareiro y Juan B. Gill, .y continuado por los generales Caballero y Escobar.

Desde entonces Taboada no conoció descanso. Vivió entregado a sus ideales. Levantó los espíritus. Educó a las masas populares, agitó conciencias, acudió a los atrios, organizó mitines y plasmó después de inauditos esfuerzos el vigoroso organismo del Partido Liberal.

El pueblo reconoció en él, su mandatario natural. Era sencillo, abnegado, pobre. No tuvo tiempo de cuidar su cultura y la riqueza no pudo figurar entre las preo­cupaciones de su destino. Su personalidad irradiaba prestigio; su nombre era una bandera. Derrotado, per­seguido, volvía con nuevos bríos a los comicios.

Si las grandes causas humanas como la libertad y la democracia, no contaran con obreros como Taboada, que entregan a su consecución la fecunda energía de su espíritu, nunca llegaría a la realidad social. Perma­necerían en el limbo de los ensueños o dormirían en las páginas de los libros. La Enciclopedia no sería mas que un monumento libertario sin la palabra de Mirabeau, la audacia de Danton y el sacrificio de los Girondinos.

Así Taboada, Vera, González Navero y Riquelme dieron realidad social a la Constitución de 1870.

Como todo verdadero caudillo, Taboada nació de las entrañas del pueblo; fue su representante y su encar­nación. Sus convicciones tienen algo de mito; es más sentimiento que razonamiento; un impulso hacia ade­lante ; un ansia de progreso social. Taboada fue el símbolo del Liberalismo opositor en la primera etapa.

Machaín fue el precursor, como lo fue Alón. El Li­beralismo necesitaba un conductor, un caudillo, un jefe para convertirse en partido orgánico. Ese hombre fue don Antonio Taboada".

("Precursores, Estadistas y Caudillos", publicación de la Comisión de Prensa y Propaganda del Partido Liberal, 1938).

 

EL PORQUE DE ESTE LIBRO

Desde bastante tiempo atrás empecé a reunir datos históricos, con miras a escribir algo sobre la fundación y los fundadores del Partido Liberal; pero por circuns­tancias de la vida política, que no viene al caso men­cionar, debí suspender esa tarea en numerosas ocasiones, lo que motivó serios retrasos en mi propósito.

Al cabo de los años pude reunir no obstante, material suficiente para dos libros, ya concluidos pero aun inédi­tos, sobre tan interesantes temas.

Al primero de ellos lo he denominado "Orígenes del Partido Liberal paraguayo" y en él hago la crónica de los hechos, tal como ocurrieron en el septenio com­prendido entre 1880 y 1887.

El segundo lleva por título "Fundadores del Partido Liberal del Paraguay" y en él procuro reconstruir la vida de cada uno de los que suscribieron las actas fun­dacionales del 2 y 10 de Julio de 1887 y de los que, con categoría de fundadores, se incorporaron al Partido en la Asamblea General del 24 de Julio de 1887, que aprobó sus primeros estatutos.

Demás está decir que ambos trabajos son bastante extensos y espero una ocasión propicia para publicarlos.

Pero queriendo brindar a mis correligionarios y ami­gos una idea de su contenido, he desglosado partes correspondientes a don Antonio Taboada, que ahora les ofrezco, como anticipo de ambos libros.

Admito profesar una gran admiración hacia la per­sona del fundador principal y jefe del Partido Liberal, que se basa en su espíritu de sacrificio, desinterés personal y absoluto desapego a ocupar cargos públicos, pues en su tiempo, nadie como don Antonio Taboada pudo llegar a desempeñar las mas altas funciones na­cionales por derecho propio.

Y sin embargo, en todos los casos él demostró en la práctica que no turbaba la serenidad de su espíritu la figuración en primeros planos, a que era legítimamente acreedor; sobresaliendo en cambio, en su consagración integral al servicio de la causa del pueblo paraguayo, con verdadera pasión democrática y nacionalista, en el mejor sentido que tienen ambos conceptos.

Es que en el Partido Liberal paraguayo, la jefatura, la genuina jefatura, ha revestido siempre característi­cas muy especiales.

Los jefes liberales que se sucedieron luego en la con­ducción nacional y partidaria, siguiendo el honroso precedente sentado por don Antonio Taboada, se dis­tinguieron por altas virtudes cívicas, amplitud de es­píritu para comprender inquietudes de bien público, permanente búsqueda del consenso popular, sensibili­dad para el ejercicio de facultades aglutinantes, y como atributo ético fundamental, por ser los primeros en dar el ejemplo en la hora del sacrificio.

Para mencionar a los jefes partidarios aclamados por la ciudadanía, puede citarse al Mayor Eduardo Vera, al Dr. Cecilio Báez, a don Adolfo Riquelme, a don Eduar­do Schaerer, al Dr. Lisandro Díaz León y al Dr. José P. Guggiari, quienes en su oportunidad respaldaron la obra de estadistas de la talla del General Benigno Fe­rreira, de don Manuel Gondra, de don Manuel Franco, del Dr. Eligio Ayala, del Dr. Gerónimo Zubizarreta y del Dr. Eusebio Ayala y sus respectivos ministerios, que constituyen honra y gloria del Paraguay democrático.

De ahí también que ciertas dirigencias artificiales, creadas al amparo de situaciones puramente circuns­tanciales, no han podido prosperar, naufragando en la mas completa indiferencia, que es el modo como el pueblo liberal sanciona a los usurpadores.

Serán jefes del Partido Liberal aquellos capaces de levantarse y caer con sus principios; aquellos que asu­man responsabilidades en momentos en que está en juego la propia vida; aquellos que sepan apreciar co­rrectamente la hora de la presencia activa y la del retiro patriótico; en una palabra, serán los jefes del Liberalismo auténtico aquellos que como don Antonio Taboada, consagren su existencia al Partido y no pre­tendan jamás ponerlo al servicio de sus intereses per­sonales.

Esos serán los jefes.

La trayectoria política de don Antonio Taboada con­tiene una profunda lección moral y es todo un mensaje para los hombres de nuestro tiempo. Ella nos da la clave del poderoso resurgimiento del Liberalismo paraguayo, que emerge de las fecundas entrañas de nuestro pueblo.

Por ley biológica, los jefes tendrán nuevos nombres, que a su vez vendrán a enriquecer la heroica tradición de nuestro Partido. Y me congratulo que así sea.

Pero el gran protagonista será siempre el mismo el pueblo liberal, a quien dedico este trabajo.

 

 



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