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PASTOR URBIETA ROJAS


  ESTAMPAS PARAGUAYAS, 1942 - Por PASTOR URBIETA ROJAS


ESTAMPAS PARAGUAYAS, 1942 - Por PASTOR URBIETA ROJAS

ESTAMPAS PARAGUAYAS

Por PASTOR URBIETA ROJAS

Prólogo de Enrique De Gandía

Editorial Difusam,

Buenos Aires-Argentina

1942 – 113 páginas

 

 

PRÓLOGO

Hace largos años que tenemos en preparación una historia de la cultura paraguaya. El Paraguay ha sido un país incomprendido en América. Menéndez y Pelayo, en su antología de poetas americanos, no menciona uno solo paraguayo. Hasta se ha dicho que el Paraguay no tiene una historia literaria. En estas afirmaciones hay algo de cierto y mucho de erróneo. El Paraguay, indudablemente, no tiene una cantidad y una calidad de estudiosos como los que existen en otros países americanos; pero, en cambio, tiene una tradición admirable de cronistas, historiadores y juristas. En el Paraguay nació la historiografía del Río de la Plata en tiempos de Domingo de Irala y Álvar Núñez Cabeza de Vaca. Desde entonces, la tradición histórico-literaria no se interrumpe. Cuando llega la Independencia, el Paraguay es un país culto, con una cultura altamente estimable. Los jesuitas habían dejado su herencia. Los leguleyos españoles habían dejado, también, otra herencia. En ningún país de América, como en el Paraguay, se unió la tradición jurídica y legalista de los escribanos y abogados españoles a la tradición teológica, filosófica y religiosa de la Compañía de Jesús. Esto explica por qué los primeros diarios del Paraguay contienen artículos densos de ideas y por qué el Paraguay no ha perdido, en toda su historia, una sola cuestión de límites.

Los límites han sido, en el, Paraguay, un fuerte estímulo para explorar los archivos y componer obras de grandes méritos. En los estudios de límites de los autores paraguayos, los juristas hallan concepciones profundas del derecho internacional; los historiadores, datos insospechados que aclaran innumerables puntos obscuros, y los etnógrafos, infinitas noticias sobre las zonas exactas en que los indios se hallaban distribuidos. No obstante, las obras, monumentales, en que se discuten las cuestiones de límites, son desdeñadas por muchos investigadores como alegatos sospechosos de parte interesada. Error e incomprensión.

No sólo las cuestiones de límites han formado en el Paraguay generaciones de internacionalistas historiadores. La naturaleza maravillosa, los encantos infinitos de un país de ensueño, donde todo parece haber nacido para hacer la vida feliz, han inspirado obras de sutil filosofía y relatos magníficos de la selva, de la vida dura de los trabajadores, del heroísmo -en la historia y de las costumbres en la Asunción. Es una literatura fragmentaria, escrita a saltos, tanto por literatos paraguayos como extranjeros, enamorados del país inolvidable, de sus mujeres dulces y de sus bosques de orquídeas, lapachos y jazmines. Si algún día se editara una biblioteca de obras de viajes y literatura sobre el Paraguay, América contemplaría el espectáculo grandioso de un paraíso con pasiones de fuego. La Asunción, en tiempos de Álvar Núñez, era una ciudad con poco más de quinientos habitantes y quinientas mil turbaciones. Así lo reconocían los propios conquistadores. Andando los siglos, las turbaciones aumentaron. Es uno de los países que ha tenido más revoluciones en el Continente. Revolución significa inestabilidad política; pero también significa independencia de carácter, ambición, ilusión y ansia de, superarse. Las almas fuertes, nobles y puras hacen las revoluciones. Cuando los idealistas se aburguesan, el comercio los engorda y los ideales sucumben bajo el manto del dinero, las revoluciones desaparecen. Es lo que deseamos que ocurra en el Paraguay, definitivamente, sólo que cuando esto suceda los indómitos paraguayos habrán perdido su noble espíritu hispanoguaraní para substituirlo por un espíritu incoloro y monetario. El Paraguay será más rico, sus ciudades multiplicarán el número de sus habitantes; pero no sabemos si los jóvenes paraguayos serán tan soñadores como los de hoy.

Este Paraguay invicto e indomable, que jamás ha cometido un crimen y sólo se rebela -errado o no errado- por lo que cree la más alta justicia, cuenta con un elemento estudiantil digno de admiración y con una serie de jóvenes militares, diplomáticos, profesores e historiadores como no hay otros en América. El Paraguay es el país de los hombres más jóvenes en las más altas posiciones. Es una tradición que arranca desde los tiempos de la conquista. Los héroes españoles que llenaban páginas de asombro, apenas pasaban los veinte años. Los héroes de la guerra del Chaco, incluso los generales, eran de una juventud sorprendente. Estos jóvenes escriben en su patria una historia de sobresaltos y de gloria. El porvenir les pertenece. También les pertenece el presente por sus obras de gobierno, de armas, de diplomacia y de letras.

**/**

Pastor Urbieta Rojas, joven paraguayo, es universitario, político, tribuno y escritor. Realidad y esperanza de su país. Ha vivido la guerra con Bolivia y ha escrito, -en colaboración con el doctor José S. Villarejo, una BREVE RESEÑA DE LA CAMPAÑA DEL CHACO. Más tarde, en colaboración con su padre, editó un estudio sobre LOS CONTRATOS EN LA JUSTICIA DE PAZ. Tiene en preparación un libro sobre ALBERDI. Ahora publica ESTAMPAS PARAGUAYAS. El balance de su obra es el de sus estudios y de su alma. La guerra, el derecho, la historia y las letras.

Estas ESTAMPAS PARAGUAYAS son, como dice su título, recuerdos y esbozos del Paraguay. Apuntes de temas que podrían convertirse en libros. Páginas claras, sintéticas. Tal vez parezcan, a algún crítico, demasiado nítidas. El autor escribe como piensa y como habla: con precisión, sin una idea superflua, sin una palabra inútil. Ignora los artificios, detesta la retórica. Los comentaristas habituados a decir que en las regiones tropicales o subtropicales los literatos abundan en florilegios fracasan con este autor y, en general, con los escritores paraguayos. Su mentalidad es distinta a la de los literatos que se han nutrido de romanticismo europeo. Los estilos no los hace la tierra -entiendan bien esto algunos señores críticos- los hace el cerebro de cada artista, y los cerebros se van formando de acuerdo con la cultura en que viven y algo misterioso que sólo nace y se desarrolla en cada ser. El Paraguay fué uno de los pocos países de América, tal vez el único, que no recibió las influencias románticas de Europa. Los paraguayos no tuvieron un romanticismo literario ni fueron, nunca, como en otras partes de América, románticos, de imitación. Vivieron grandes períodos de heroísmo y, después de cada período, los evocaron en páginas literarias que tienen, a su vez una característica especial: el recuerdo objetivo. En otros términos: el escritor paraguayo no crea una leyenda sobre las figuras de sus héroes ni los desnaturaliza en la sensiblería de un romanticismo de ocasión. Siente otros sentimientos: la emoción, la admiración. Por ello sus relatos -y un ejemplo palpable lo hallamos en este libro- son escuetos, exactos, y contienen frases cortas de emoción y admiración. Es posible que en este modo de expresarse intervenga la síntesis del pensamiento guaraní. No entramos en más explicaciones. Sólo presentamos el hecho como distintivo de una literatura que se diferencia fundamentalmente de las literaturas recargadas, lujosas, de otros países de nuestra América.

Pastor Urbieta Rojas hace desfilar en su libro recuerdos, episodios y figuras del Paraguay. Unas son del tiempo viejo; otras, del tiempo actual: lo que él ha visto y ha vivido. Todo parece sencillo, casi humilde. No lo es en la grandiosidad de los hechos, sino en la forma de referirlo, libre de opulencias y orgullos. El paraguayo es modesto por naturaleza, digno y reverente. Soldados que habían cumplido acciones sobrehumanas daban cuenta de ellas con una sencillez e indiferencia que sólo habrían correspondido a, actos insignificantes. Es la grandeza, en tantas partes incomprendida, de esta tierra que es noble por la triple herencia de los indígenas que la habitaban, los conquistadores que la colonizaron y los héroes que en infinidad de luchas la engrandecieron. La alusión a la nobleza de los indios tiene su fundamento: el pueblo guaraní fué el único en América que mereció por parte de los españoles el honor de una información de testigos para acreditar su nobleza e impedir que los indios fueran obligados, como hijosdalgos, a ciertos trabajos. Caso sin repetición.

El lector atento, que quiera estudiar las modalidades de la actual literatura paraguaya, tiene en este libro una muestra original y valiosa. Debe leerlo sin olvidar las características de estos escritores precisos como las leyes y exactos como la historia. Si tiene un poco de comprensión y sensibilidad sentirá vibrar en las páginas de Pastor Urbieta Rojas una emoción inexplicable. Es el alma paraguaya, difícil de conquistar, pero imposible de separarse de ella cuando penetra en el corazón. Voz de ensueño en los campos verdes y dorados. Color de crepúsculo y de amanecer en el río silencioso y enigmático. Lloro de guitarras en las noches claras, palpitantes de azahares, de la Asunción. Más allá, el Chaco de los héroes de árala y Estigarribia. Pastor Urbieta Rojas hace un bien a su Patria con estas páginas al viento sobre la extensión inmensa de nuestra América. Es un mensaje de amistad y comprensión. Lectores de América: aprendan a conocer el Paraguay: en la Asunción empieza el Paraíso del Mundo.

ENRIQUE DE GANDIA.

 

INDICE

DEDICATORIA

PRÓLOGO

BOGADO Y LOS SIETE GRANADEROS (Una visión del Cerro de la Gloria)

TRES FOLKLORISTAS Y LA CANCIÓN OLVIDADA (Episodio de la época francista)

EL TESORO DE LA RESIDENTA (Heroínas de la guerra grande)

SARMIENTO Y SU SUENO IRREALIZADO (Una anécdota del gran sanjuanino)

HÉROES HUMILDES (Notas sobre la guerra del Chaco)

ALAS INTRÉPIDAS (Precursores de nuestra aviación)

MELODÍA POPULAR (Nuestra música nativa)

DESTELLOS DE LUZ (Tres altas expresiones de la lírica paraguaya)

PROEZA ADMIRABLE (Por la ruta de Juan de Garay)

 

 

 

EL TESORO DE LA RESIDENTA

(HEROÍNAS DE LA GUERRA GRANDE)

 

"Durante la guerra de la Triple Alianza, la mujer paraguaya colaboró con toda decisión en la defensa: tejió el uniforme del soldado con su huso familiar; trabajó en la chacra; entregó sus alhajas al Tesoro Nacional y curó a los heridos. Cuando sonó la hora de la trágica retirada, en lugar de quedar en la casa, alistó sus escasas posibilidades y acompañó al ejército en la dura marcha hasta Cerro Corá. Este éxodo se llama, en nuestra historia, "LA RESIDENTA". El pueblo en masa siguió a su enseña tricolor y soportó indecibles padecimientos, que no lograron abatir su patriotismo. Los aliados sólo encontraron pueblos desiertos y casas abandonadas.

JUSTO PASTOR BENÍTEZ.

 

 

MUJERES DE LEYENDA

 

Doña Natividad.

Así se llamaba aquella viejecita de voz suave, ademanes sobrios y porte distinguido, testigo mudo de otras épocas...

No había mozalbete del barrio que no la conociera.

Era querida y respetada de todos. Y aún los escolares más traviesos se inclinaban reverentes a su paso.

Es la aureola de las almas engrandecidas por el dolor y la bondad.

Todas las mañanas se la veía llegar a la Iglesia de la Encarnación. (La sabíamos una sincera y devota creyente).

Un día dejó de aparecer en el barrio. Tampoco la vimos al día siguiente. Y cundió la noticia. Y se averiguó en todas partes.

¡Que triste comprobación: La anciana residenta había emprendido el viaje sin retorno!

 

**/**

 

Pasó una semana. Luego otra.

Y no hacía un mes que había desaparecido la viejecita, cuando el barrio amaneció alborotado con la noticia de un importante hallazgo.

Se trataba de un "entierro".

¡Y muy importante! - repetía la gente. ¿Qué extraño misterio encerraba esa noticia que venía a turbar la quietud de aquel barrio asunceño?

¿De qué tesoro se trataba?

¿Cómo se lo descubrió? ¿Y a quién pertenecía?

He aquí la versión

Peones que trabajaban en la demolición de una pared que sobresalía a la calle e impedía la construcción de la vereda, fueron los descubridores. Y los cimientos de la casa que perteneció en otra época a la venerable residenta, fallecida días antes, el lugar del "entierro".

Llegó la siesta.

Y como dos de las principales escuelas de Asunción están en ese barrio, el lugar del hallazgo se convirtió en romería de escolares, unos que venían habitualmente por allí y otros atraídos desde lejos por la noticia.

Supimos después que uno de esos escolares encontró una onza de oro al remover con los pies la tierra acumulada en el sitio señalado como el del descubrimiento.

También se nos dijo -ya aquí en Buenos Aires- que la codiciada moneda es hasta hoy conservada por la familia del niño afortunado.

La versión del "entierro" fué repitiéndose de boca en boca, para llegar a oídos de Taní, la vieja mulata, que había ido a recogerla en el Mercado.

-Madre santísima... habría exclamado Taní.

-Pero si éste es el tesoro que perteneció a la familia de doña Natividad:, recalcó asombrada.

-Cómo es posible que Pedro haya dejado enterrados aquí los cántaros y cofres de alhajas, las vajillas de plata y las onzas de oro, agregó luego.

Y así fueron atándose los cabos, para reconstruir el drama.

Pedro (así se llamó el esclavo redimido, el leal servidor de la familia, a quien se le encomendara la custodia del tesoro de la residenta), debió ir en el convoy de carretas que partió bajo la vigilancia de las autoridades.

Nada más se supo de él.

Su nombre había quedado, como el de muchos, en la impenetrable sombra de aquella larga noche ...

¿Habían pasado cincuenta años!

Después de medio siglo se venía a dar con el hilo de luz de un episodio, que bien podía llamarse la misión inconclusa.

 

 

LA QUIMERA DORADA

 

El éxodo siguió el largo camino de la retirada...

Primero Luque, después Piribebuy ... hasta el Aquidabán rumoroso.

¿Y las carretas cargadas de oro? ¿Fueron ellas quedando en el camino?

¿Dónde?

Es la interrogante siempre indevelada ...

Pero la pasión febril se transmite de generación en generación.

Los buscadores de entierro, no se dan por vencidos.

¡Cuantas voluntades ya destruidas por esa pasión!

Unos creen que los carretones colmados de oro, están enterrados en la Cordillera.

Hay quienes aseguran que han ido más allá del Yhagüyguazú.

Y otros, que habrían arribado a la frontera con el Brasil, cerca del Mbaracayú.

La verdad es que la leyenda de los carretones cargados de oro, sigue rodando en la imaginación de mucha gente.

Conocemos a este respecto anécdotas curiosas.

Hay una que tiene indudablemente un gran fondo de tragedia.

¿Será porque conocimos al protagonista? Quizás.

Es la de aquel ejemplar agricultor que abandonó su arrozal para lanzarse en pos de la quimera del entierro de oro.

Los cordilleranos conocen este caso.

A aquel hombre lo perdimos de vista. Nunca más supimos qué fué de él.

Pero mucho tememos que haya malogrado todo el fruto de su esfuerzo, todo el empeño de largos y fecundos años de labor.

Lo notábamos cambiado.

Iba perdiendo el hábito al trabajo.

Su voluntad se había quebrado, golpeada por las largas veladas en que quemó las horas reservadas al descanso.

Era, repetimos, notorio el cambio que se había producido en su carácter.

De jovial, afable y bueno, se volvió hermético. Casi huraño.

Era otro.

¡Es que vivía deslumbrado por el brillo quimérico de una quimera dorada!

 

**/**

 

El tesoro descubierto en el barrio de la Encarnación, habría hecho rico a más de uno.

Ésa era al menos la voz popular que corrió en alas de la fantasía.

Pero nadie supo jamás qué era lo que se sacó de ese lugar.

Nadie -aparte de los felices descubridores- pues en este caso, como en todos los semejantes, el que encuentra un "entierro" se cuida muy bien de denunciarlo.

 (Por eso se dice en el Paraguay que a ciertas personas y a  los jabalíes, no se les conoce la gordura sino después de muertos).

Recordamos que todo el mundo volvió a hablar en esos días de la viejecita de voz suave, ademanes sobrios y porte distinguido.

Empero, era ya muy tarde desgraciadamente para reparar una injusticia.

¡La vieja residenta había muerto en la miseria, sin saber que sus alhajas, sus onzas de oro y sus vajillas de plata, estuvieran enterradas -durante medio siglo- en los cimientos de la casa que la viera nacer!

¡Y pensar que eso era suyo!

Sólo que el destino le tenía deparada otra suerte, pues esperó que ella emprendiera el viaje hacia la eternidad, para descubrir su tesoro a los ojos de la ambición, o -puede que también- a la mera suerte del que develó el misterio.

 

**/**

 

MELODÍA POPULAR

(NUESTRA MÚSICA NATIVA)

 

…………………..

Resuenen siempre las nativas arpas

cuyas cuerdas heridas por hermosos

dedos cuajados de oro y pedrería

vibran con honda y sugestiva música,

rememorando bíblicas salmodias

y molicies de asiáticos festines.

Instrumento sagrado, tiene el tono

de las místicas odas primitivas

y las modulaciones sacrosantas.

………………………

Es voluptuosa en la Habanera lenta

y en el cielito Santa Fe excitante.

Y es de tal modo nacional su acento

que un arpa inmensa el Paraguay parece.

ELOY FARIÑA NÚÑEZ.

(Canto Secular).

 

El autor de INDIA es un creador. Él le dio ritmo nuevo a nuestra música nativa. Encontró en las más simples manifestaciones de la naturaleza y en el espíritu sencillo, recio y sobrio de su pueblo los motivos que popularizaron la GUARANIA.

La GUARANIA es la música evocadora que viene de la selva virgen. Es el torrente y el deslizar suave de los arroyos. Tiene mucho del arrullo de las aves canoras y de la sonrisa siempre fascinadora de la mujer sencilla. Es cadenciosa y a veces sincopada, como los reflejos variantes de ese pueblo de pastores, guerreros y trovadores.

Con la GUARANIA se estilizó el arte nativo paraguayo. Cobró personalidad en el folklore americano, como lo intuyó Ortiz Guerrero en estos versos truncos de su lira inmortal:

 

El ave parlante

que canta y solloza

de noche y de día,

la guarania alada

de la melodiosa

selva guaraní.

 

Presa en seis por ocho

como un homenaje

de agreste armonía,

traigo la guarania,

bella Buenos Aires,

traigo para ti...

 

Su gorjeo arpado

te trae la cadencia

de nuestras florestas,

que amarán tus niñas,

tus músicos vagos,

tu pueblo gentil;

cruzará llorando

tu calle Florida,

entrará en tus fiestas

a dejar los ecos

de alguna silvestre

romanza en tu atril...

 

El autor de SURGENTE había descubierto el arte de Flores.

Y le dio el aliento y las pulsaciones de su estro vigoroso.

Es que veía en la GUARANIA a la mensajera alada que hoy cruza el cielo de estos países con el despliegue magnífico de su armonía.

 

**/**

 

Flores no solamente produce; también nuclea.

Día a día se va superando. Y hay fe en su obra.

Si él corresponde a esta confianza, hará obra duradera.

Se le tiene buena voluntad. Todos colaboran con él.

Así nació la AGRUPACIÓN FOLKLÓRICA GUARANÍ, una gran esperanza en marcha.

La labor de la Agrupación es tesonera y útil. Organiza festivales, propicia conferencias, forma conjuntos de indudable mérito y estimula la labor de los artistas.

Francisco Alvarenga es otro de los valores representativos de la música nativa paraguaya en Buenos Aires.

Es un profundo conocedor del arte folklórico, y tiene especial disposición para dirigir conjuntos orquestales. Su aparición al frente de la Orquesta Sinfónica de la Agrupación en reciente festival, lo señala a la consideración y el respeto de sus compatriotas.

 

**/**

 

Las cuerdas del arpa de Félix Pérez Cardozo, tienen una mágica vibración. Están pulsadas por un temperamento extraordinario que les comunica la reciedumbre de su arte.

Pérez Cardozo es el intérprete más genial que tiene la música nativa paraguaya, en este momento.

Nuestro "idioma confidencial" (el guaraní) -al decir de Justo Pastor Benítez- parece más expresivo y dulce cuando lo acompaña su arpa maravillosa.

¡Es el arte del intérprete!

También la música.

Y, porque no repetirlo, el idioma.

"LOS PARAGUAYOS, ESTUDIAN, PIENSAN Y RAZONAN EN ESPAÑOL; PERO SE INDIGNAN, AMAN Y PELEAN EN GUARANÍ".

En estas tres figuras del folklore guaraní, tiene la música popular paraguaya su mejor representación en el Río de la Plata.

 




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