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R. ANTONIO RAMOS

  EL PARAGUAYO INDEPENDIENTE - Por R. ANTONIO RAMOS


EL PARAGUAYO INDEPENDIENTE - Por R. ANTONIO RAMOS
EL PARAGUAYO INDEPENDIENTE
 
 
 
 
 
 
EL PARAGUAYO INDEPENDIENTE
 
«Entran en la índole y en el carácter paraguayo el amor más acendrado a la conservación de sus derechos y al sostenimiento de su independencia. Por estos caros objetos ha hecho sacrificios de toda especie, y por lo tanto no ha podido nunca mirar con indiferencia los ataques que hayan podido dirigirle a este respecto». (1) Así se expresaba EL Paraguayo Independiente al justificar en 1859 la reimpresión de sus entregas.

La actitud agresiva de Rosas había rebasado el marco reservado de las comunicaciones oficiales; no sólo se negaba a reconocer la independencia del Paraguay sino que también se oponía a que otros la reconociesen. En sus mensajes a la legislatura de Buenos Aires de los años 1843 y 1844, en la sección, «Interior», se había referido a los gravísimos inconvenientes que no le permitían dar su aquiescencia a los deseos de la república. Estos documentos fueron publicados en la Gaceta Mercantil y en el Archivo Americano y Espíritu de la Prensa del Mundo. En estos mismos periódicos, «representación genuina de las aspiraciones del tirano del Río de la Plata», comenzó una violenta campaña contra la independencia paraguaya, con argumentos falsos y «sofísticas ideas» que podían extraviar a la opinión pública, presentando «a los ojos de la naciones» a la república del Paraguay «como una entidad problemática e infundada». Con ella llevaba la confusión y la duda sobre las justas reclamaciones de este Estado en el ambiente internacional de América y Europa. (2)

La hostilidad de Rosas era manifiesta, llegaba a todas partes, su propaganda en contra de la independencia no sólo se dirigía a las provincias del Río de la Plata sino que se extendía allende las fronteras de la Confederación, como para crear un ambiente desfavorable a la causa del Paraguay, aparte de las múltiples trabas opuestas al comercio de este país. El presidente López se opuso con decisión a las pretensiones del dictador de Buenos Aires. Preparó a su patria para defenderse en todos los terrenos y neutralizar el poder del Restaurador de las Leyes. No descuidó ninguno de los aspectos de la lucha contra Rosas. No se podría continuar tolerando la intensa campaña de agravios de la prensa porteña contra la existencia del Paraguay. Esta campaña injusta y tendenciosa era incompatible «con el silencio aún por vía de menosprecio por cuanto podría tener la interpretación del temor. La independencia de la República del Paraguay es la base y condición indispensable para la felicidad de sus hijos... Sin independencia ya la mirarían subordinada a una voluntad lejana e improvidente cuando no hostil, y sus costumbres, opiniones y destinos esclavizados al arbitrio ajeno: basta sólo la idea para exitar la indignación». (3)
 
Tal era el pensamiento de Carlos Antonio López. Por su parte, Pimenta Bueno interesado en la defensa de la independencia, influyó sobre el presidente respecto de la necesidad de disponer de una publicación que tuviese a su cargo la defensa de la causa del Paraguay. Decía el diplomático imperial al ministro de negocios extranjeros: «Para conocer la historia Política de esta República desde su emancipación de la América Española, estudiar desde su origen la cuestión de la Independencia Paraguaya, exponer el derecho en que está fundada, desmentir a Rosas, interesar a los gobiernos extraños, facilitar a V.E. argumentos valiosos sobre ese asunto, pedí y obtuve del Presidente que se revisase el archivo y se publicase un periódico bajo su dirección». (4)

La sugestión cayó en campo propicio, dada la decisión del Paraguay de no dejarse dominar por las pretensiones de Rosas. Así nació El Paraguayo Independiente, cuyo primer número apareció en Asunción, el sábado 26 de abril de 1845. Su fundador fue Carlos Antonio López, quien en esta forma inauguraba una nueva época, promisoria y fecunda en los campos del espíritu.

El Paraguayo Independiente es el monumento más sólido que el preclaro gobernante levantó no sólo a la independencia sino también a la cultura nacional, monumento que continuará mostrando a las generaciones del presente y de lo porvenir, que los derechos e intereses de la patria, así como se defienden con la acción de las armas, también se defienden con la acción no menos poderosa de la inteligencia.
 
No podría escapar a la penetración del presidente López, el papel que desempeña la prensa en la vida de los pueblos, la influencia imponderable del periodismo como factor educativo o como agente determinante en el desarrollo de los acontecimientos. Con este convencimiento e impulsado por el amor al progreso de su país, incorporó a la vida nacional aquel fecundo instrumento de la civilización moderna. Introdujo una imprenta, la primera en la república, para cuyo funcionamiento contrató los servicios de un técnico extranjero. Una vez establecida, por ella se publicó El Paraguayo Independiente. Este periódico, a su vez, fue el primero que vio la luz en el Paraguay. Su creación tuvo por objeto «rebatir las pretensiones exorbitantes del gobernador de Buenos Aires contra la nacionalidad paraguaya» y en este sentido hizo una brillante y documentada defensa de la independencia nacional. (5)
 
Según el mismo presidente López, El Paraguayo Independiente debía además «demonstrar palpablemente: 1º Que el Paraguay, desde el Congreso general de 1810 quedó libre de Buenos Aires; y que la Independencia paraguaya fue reconocida esplicitamente por el gobierno de las Provincias Unidas del río de la Plata en 1811. – 2º Que el gobierno de Buenos Aires, postergando el derecho de las gentes y la sagrada Fé pública, violó manifiestamente todas las condiciones convencionadas por el tratado de alianza del 12 de Octubre de 1811; que el Gobierno paraguayo lo declaró roto y se desprendió en 1813 de dicho tratado, y de todas las relaciones con Buenos Aires, y se declaró independiente de todo poder extraño. – 3º Que en 1842 nada más hizo que renovar y ratificar esa declaración absoluta y definitiva de su independencia y soberanía nacional, para el único fin de pedir el reconocimiento general de las naciones; y que sólo por un acto de deferencia y amistad con el gobierno argentino, lo incluyó en esa generalidad no obstante su anterior reconocimiento. – 4º Que virtual y espresamente desde su primer pronunciamiento ha sido, y es considerado el Paraguay por las diferentes y principales naciones, como un Estado soberano. – 5º Finalmente: que tiene incuestionable derecho de mantener, y sustentar su independencia y su derecho tradicional derivado del régimen español para recorrer el Paraná con su pabellón nacional; y que Buenos Aires no tiene título alguno a oponer». (6)

Pimenta Bueno remitió a su gobierno los primeros números, prometiendo el envío de los posteriores, «El Paraguayo Independiente fue muy bien recibido por el pueblo – decía a Ferreira França. El himno nacional y la proclamación publicados en los números 2 y 4 despertaron mucho entusiasmo... La República del Paraguay tiene pues su periódico! Nunca el Dictador pensara tal cosa!». De esta vez remitió diez ejemplares de cada número, «para el caso – agregaba – que V.E. quiera transmitir algunos a los Ministros Extranjeros y a nuestras Legaciones de Uruguay y Buenos Aires». (7) Pocos días después remitía también otros ejemplares al Instituto Histórico y Geográfico Brasileño, «del periódico que se publica en esta República y que describe parte de su historia política, desde la época de su Emancipación». (8)

Si El Paraguayo Independiente fue bien recibido por el pueblo de la república también en el Brasil su aparición celebróse favorablemente. Jornal do Comercio publicó este comentario: «Recibimos por vía de Río Grande el primer número de un diario que comenzó a publicarse en el Paraguay con el título de El Paraguayo Independiente. – La aparición de un diario político en la ciudad de Asunción, en la capital de un Estado que por treinta y cinco años se conservó segregado de la comunidad de las naciones y que por tantos años estuvo sujeto a un régimen excepcional que doblegó a grandes y pequeños, pero que libró al país de la invasión de las ideas revolucionarias y de la anarquía debía despertar la atención pública en cualesquiera circunstancias, como señal de una modificación en la política rigurosa que estableció el dictador Francia y como prueba del progreso de la opinión pública y de la civilización de aquel país. – Ahora que el gobierno argentino aparece con pretensiones al dominio del Paraguay por el simple hecho de haber pertenecido esta república al antiguo virreinato de Buenos Aires; ahora que el gobierno argentino intenta impugnar una independencia proclamada hace 35 años y afirmada por dos victorias, con el pretexto de nunca haberla reconocido, no puede dejar de ser del mayor interés para todos los pueblos conterráneos y especialmente para el Brasil, que ya reconoció la independencia del Paraguay, la aparición de un periódico destinado principalmente a fijar los derechos incontestables de aquel Estado a su independencia y probar con documentos eficientes e irrecusables el reconocimiento expreso y solemne de esa independencia por el gobierno de Buenos Aires, el año de 1814. – (sic) En la sección exterior transcribimos el primer artículo de E1 Paraguayo Independiente, que prueba evidentemente que el Paraguay, desde los primeros pasos de su revolución, se separó de Buenos Aires y que su independencia fue solemnemente reconocida por el gobierno argentino. Es un documento importante, es la historia de la revolución del Paraguay, de sus luchas y de su independencia, alcanzada a costa de la sangre de sus hijos en los campos de Paraguarí y Tacuarí, donde las fuerzas argentinas que iban a subyugar al nuevo Estado fueron completamente derrotadas por las armas paraguayas». (9)

El Paraguayo Independiente aparecía semanalmente los sábados, pero desde el número 51, sólo cuando las circunstancias lo reclamaban y se disponía del material necesario. Fueron lanzados en total 118 números, siendo el último el del sábado 18 de setiembre de 1852, con el cual dio terminada su misión, ya que Rosas había caído y el gobierno del general Urquiza reconoció en nombre de la Confederación Argentina la independencia del Paraguay.

La hoja era vendida por cuenta del Estado, lo que se contabilizaba rigurosamente. En el Archivo Nacional existen asientos ilustrativos sobre el particular. Tomemos al azar uno de ellos: «junio 11 (1845). Su cargo 35 $ 2 reales corrientes que ha entregado en la Colecturía General el Encargado de la Imprenta del Estado ciudadano Ildefonso Machaín valor de 282 periódicos del Paraguayo Independiente que el Exmo. Sr. Pte. de la República hizo imprimir y vender de cuenta del Estado y para constancia firma con nosotros. Benito Varela. Mariano Gonzalez. Ildefonso Machaín» Y así otros como el del 3 de setiembre de 37 $ 3 reales por 294 ejemplares del mismo periódico; el del 18 del mes citado de 50 $ 5 reales por 400 ejemplares y el del 20 de noviembre de 41 $ 5 ½ reales por 326 ejemplares. (10)

Grande fue la importancia atribuida a este periódico por el propio presidente López, que siete años después de haber dejado de aparecer, el mismo mandatario dispuso una nueva impresión de la colección completa. Esta segunda edición apareció en dos tomos, en 1859, por la Imprenta de la República. El primero, en un volumen de 759 páginas, contenía además del prefacio, 74 números; el segundo de 740 páginas, reproducía los números restantes, a los cuales se agregaba un apéndice con documentos sobre los acontecimientos posteriores a la desaparición de El Paraguayo Independiente, tales como el reconocimiento de la independencia por la Confederación Argentina, la mediación del Paraguay en el conflicto suscitado entre la misma Confederación y Buenos Aires, la mediación de Francia e Inglaterra en la cuestión Argentina, y las relaciones entre el Paraguay y los Estados Unidos de América.

En este siglo se hicieron nuevas ediciones. Una emprendida por el periódico El Orden, en esta capital, que llegó a lanzar 18 números en facsímil; otra, ordenada por ley del 5 de junio de 1928, en cuyo cumplimiento sólo pudo entregarse un primer tomo, en 1930, tomando como base la segunda edición de 1859. La comisión que tuvo a su cargo los trabajos de impresión estaba formada por los diputados nacionales Justo Pastor Benitez, César Vasconsellos y Eusebio A. Lugo. En virtud del decreto Nº23. 694 del 24 de julio de 1962 apareció un primer tomo de los cuatro que se darán a la estampa, tomando como base la reimpresión de 1859. Este volumen contiene la reproducción de los 25 primeros números del importante periódico.

Actualmente es raro dar con una colección completa de El Paraguayo Independiente. La única que existe en la república, de los 118 números primitivos, es la de la Biblioteca y Museo Godoy. Su cuidado y conservación es un deber del gobierno y de todo paraguayo amante de la cultura y del pasado de la patria.

La cuestión fundamental que El Paraguayo Independiente debía defender dentro «de las exorbitantes pretensiones de Buenos Aires» era la relacionada con la independencia nacional y otras correlativas como la navegación del río Paraná y la cuestión de límites. De todas se ocupó con altura, capacidad y conocimiento profundo de los asuntos tratados. Nunca descendió al terreno bajo de los voceros de Rosas, por más que la violencia de la polémica, muchas veces, le obligó a usar adjetivos fuertes y calificativos duros. Siempre se colocó en un plano superior, en concordancia con los principios que rigen la vida de los pueblos cultos.

Los argumentos de los cuales se valió para fundamentar y defender la independencia nacional pueden sintetizarse en la forma siguiente:
 
Los hombres, naturalmente libres, para cumplir su fin social, velar por su seguridad y propender a la felicidad general, se unen por pactos más o menos expresos y delegan el poder de la soberanía originaria en una autoridad o gobierno común. Cuando este gobierno, por circunstancias especiales, no puede cumplir más aquel fin, queda de hecho y de derecho anulado y disuelto. Esto fue lo que ocurrió con el rey de España. Invadido este país por los ejércitos de Napoleón y destituido el monarca, se rompieron los vínculos que unían la madre patria con sus dominios americanos, extinguiéndose, como consecuencia, toda delegación o pacto político.

«Revertieron a los pueblos sus poderes soberanos, imprescriptibles e inalienables. Ellos tenían la necesidad y el derecho de ser felices, y por tanto el de cuidar de los medios necesarios a ese fin. La elección era libre: prefirieron su independencia».

Así se constituyeron en Estados autónomos, el Paraguay y Buenos Aires, y los demás países americanos, cada uno de los cuales tenía el derecho de organizarse y vivir en la forma más adecuada a su progreso y bienestar.

Por la misma causa toda división territorial creada por el rey de España, quedó «sin valor y sin existencia». La voluntad libre y espontánea de los pueblos es la que decidió del destino de las naciones americanas y no la división territorial de la colonia. El Paraguay desde un principio manifestó su voluntad de gobernarse por sí mismo, sin sujeción alguna a Buenos Aires. Así lo declaró en el Primer Congreso del 17 de junio de 1811, resolución que comunicó al gobierno porteño en la nota del 20 de julio, a la que éste accedió expresa y formalmente.

Rosas tampoco podía alegar a favor de sus pretensiones el derecho de fundación ni el de posesión.

La fundación era un derecho inherente a la corona de España que quedó sin efecto con el grito de la independencia, y, de consiguiente, toda pretensión apoyada en él.

En cuanto a la posesión no era menos inconsistente y falsa la argumentación del Restaurador de las Leyes. Buenos Aires, jamás ejerció posesión alguna sobre el territorio y pueblo paraguayos, admitir lo contrario sería una falsedad histórica. Sólo tenían relaciones administrativas, pero estaban sujetos a la Suprema Autoridad del Rey de España.

Por otra parte, la república, desde su pronunciamiento en 1811, fue reconocida por todas las naciones, como un estado libre y soberano, incluso por la misma Buenos Aires.

La independencia del Paraguay era, pues, un hecho consumado, «patente, notorio y conocido por todo el mundo», y siendo así tenía el derecho de proclamarla y «el más sagrado de mantenerla y sustentarla. El lo hará a costa de los mayores sacrificios».

Aniquilado el poder de España, el Paraguay, por ese hecho quedó libre de todo vínculo con cualquier sociedad y sólo a él le correspondía «asentar las bases del edificio social en que debía pasar sus días, y trabajar para obtener su propia felicidad».

«Nadie tenía, ni tiene facultad de interrumpir su paz y deseos, o de oprimir la voluntad libre y los derechos soberanos que Dios le dio: la mano osada que temeraria se atreviere a tocar en la Arca Santa de su libertad, ha de ser cortada como sacrílega, brutal e impía».

Con estas patéticas palabras terminaba El Paraguayo Independiente uno de sus artículos, palabras cuyo sonido broncíneo continuará repercutiendo al través de las edades, como una advertencia a la política agresiva de los dictadores, y como ejemplo edificante de energía y amor a la patria. (11)

El Paraguayo Independiente defendió también, con elocuencia, la libertad de los ríos. Para la república era una cuestión fundamental la navegación del Paraná, cerrada esta caudalosa arteria fluvial, aquella quedaba aislada, sin mayores posibilidades para comunicarse con el mundo y sin vía por donde dar salida a sus productos. Rosas, así lo comprendió e impidió que el Paraguay se sirviese de esa ruta. Nuevamente el intento de dominación por la asfixia comercial.
 
La navegación de los ríos constituía la base de nuestra independencia económica, indispensable a su vez para alcanzar la política. El «río libre» tenía y tiene una relación directa con la existencia misma de la república. Los primeros gobernantes del Paraguay prestaron preferente atención a esta cuestión, cuya solución sólo fue posible después de la caída de Rosas.
 
La naturaleza hizo transitables los «vastos y bellos canales» del Paraná y Paraguay. La libre navegación de los mismos ofrece tantas ventajas y es de tanta importancia «que en menos de diez años mudará la faz... de estas regiones, y volverá las montañas en ciudades, y las disiertas orillas de tantos rios en... ricas poblaciones... cuántas villas, cuántas ciudades no se levantarían sobre las raíces de nuestros corpulentos bosques?... El Río de la Plata, nuevo Mediterráneo, se volverá uno de los mayores, y de los más ricos emporios del comercio del mundo. Las ciudades asentadas sobre sus márgenes serían los almacenes de su inmenso tráfico»... (12)
 
Sabias y proféticas palabras, dignas de figurar en las páginas de Bases, de Juan Bautista Alberdi. Las afirmaciones de El Paraguayo Independiente estaban inspiradas en un sentido profundo de la realidad. El tiempo se encargó de darle la razón. Abierto el Paraná al comercio del mundo, el Paraguay y las provincias argentinas explotaron con provecho sus ingentes riquezas, impulsando vigorosamente su progreso, y Buenos Aires, se convirtió en la populosa capital, cuyo movimiento y potencialidad económica, no sólo es orgullo de la Argentina sino de América.

No podía olvidar El Paraguayo Independiente, en su campaña contra el dictador Rosas, de referirse a las ventajas de la civilización, como «grande y sublime esfuerzo de la inteligencia... capaz de perfeccionar y hacer felices las sociedades y los hombres».

En el orden internacional proclamaba el principio de la interdependencia de los países, la solidaridad, la ayuda mutua y el predominio del poder moral sobre el puramente físico de la fuerza, como medio para llegar a la prosperidad.
El Paraguayo Independiente no sólo se ocupó de las cuestiones anteriormente mencionadas, sino, también, de la vida de los grandes estados europeos. Desde su número 94 no descuidó las relaciones del Paraguay con el Imperio del Brasil, cuya política con respecto a la cuestión de límites con la república, calificó de equívoca y misteriosa.

Con motivo de la ocupación sorpresiva del cerro Pan de Azúcar por fuerzas brasileñas de Mato Grosso, expresaba con todo énfasis: «En esta emergencia, defenderemos a un tiempo nuestra independencia política, y la integridad de nuestro territorio nacional; así cumpliremos el juramento solemne que hemos prestado a Dios y a la Patria».
Solucionado satisfactoriamente este entredicho, el Paraguay firmó con el Imperio del Brasil, en 1850, un tratado por el cual las altas partes contratantes se comprometían a concurrir con sus medios para alcanzar la paz y la tranquilidad en esta parte del continente, la conservación del statu quo de las naciones que la componen, prevenir a éstas de cualquier ataque a su independencia o invasión de sus territorios. El acuerdo fue concertado teniendo en cuenta la agresividad de Rosas, quien con sus procedimientos violentos inquietaba a los países vecinos. De ahí que en la lucha contra el dictador de Buenos Aires, los intereses de la república y los del Imperio se identificaban. «En el día, expresaba El Paraguayo Independiente en abril de 1851, para nosotros, son idénticas las causas del Paraguay, del Brasil, y del Estado Oriental». (13) Esta causa común alentó la campaña redentora de Caseros.

Durante el periodo de 1845 a 1852, no disminuyeron ni el vigor ni la consistencia de la prédica de El Paraguayo Independiente, orientada en defensa de los principios de la civilización, de la concordia internacional, del respeto a las nacionalidades, e inspiradas por un intransigente patriotismo.

Su influencia se hizo sentir dentro y fuera del país; se difundía profusamente en el interior como en los Estados vecinos; «el Gobierno ha hecho correr con profusión este papel en la República y en el exterior», decía Don Carlos en uno de sus mensajes. (14)

Desde Río de Janeiro, Juan Andrés Gelly, se encargó de distribuirlo en los países de América y Europa, haciéndolo llegar principalmente a Montevideo, Inglaterra, Francia, y España, aparte de hacerlo conocer en la capital y territorio del Imperio. El presidente López tenía especial cuidado de remitir al citado diplomático en la Corte de San Cristóbal, los ejemplares necesarios. (15) A Metternich envió una colección completa con motivo del reconocimiento de la independencia por Austria. (16) Igualmente se leía El Paraguayo Independiente en Buenos Aires y en las provincias de la Confederación. (17)

Su reputación de órgano serio y bien documentado le dio autoridad para imponerse a la consideración de la prensa continental. A este respecto decía Juan Andrés Gelly a Carlos Antonio López, desde Río de Janeiro: «Este Periódico escrito con un decoro, y lenguaje tan distinto del de los Periódicos, que se han visto hasta ahora en esta parte de América, goza de una reputación, que honra al Paraguay». (18) Y el Comercio del Plata, por su parte, expresaba: «El Paraguayo Independiente es devorado por todas las clases, en las que hay una sed ardiente de conocimientos e industrias». (19)

Muchos de sus artículos fueron reproducidos en diarios de la importancia de Jornal do Comercio, Comercio del Plata y El Nacional. El primero, de bien merecida reputación en la capital del Imperio; el segundo, editado en Montevideo y dirigido por Florencio Varela, cuya pluma ágil y acerada fue como un dardo lanzado al corazón del tirano de su patria. Varela fue alevosamente asesinado una noche, pagando con su vida el haber puesto las luces y las potencias de su espíritu al servicio de la libertad y de la civilización; y, el tercero, también órgano del periodismo uruguayo, en el cual la prosa valerosa de Rivera Indarte Eustigaba al dictador de Buenos Aires. Rivera Indarte, defensor esclarecido de nuestra independencia, murió en el destierro, firme en su puesto de combate... (20)

La prensa desempeñó un papel principalísimo en la formación de la opinión pública internacional contra Rosas, fue ella la que le atrajo la hostilidad de Europa y América, y la que más contribuyó a dar en tierra con su dictadura. En esta obra de redención, El Paraguayo Independiente tuvo, como se ha visto, una participación activa y una indudable influencia.

Es así como el primer periódico de la república está ligado a uno de los acontecimientos más memorables del Río de la Plata, la caída de Juan Manuel de Rosas, con la que se inicia una época de mayor comprensión entre los países de esta parte del continente.

Rosas tenía poderosos enemigos dentro y fuera de la Confederación. En 1851, el general Justo José de Urquiza, gobernador de la provincia de Entre Ríos, encabezó un vasto movimiento contra aquél, en combinación con el Imperio del Brasil y el Estado Oriental. El 3 de febrero de 1852 derrotó al dictador de Buenos Aires en la batalla de Caseros. Rosas se alejó para siempre de tierras americanas y Urquiza fue designado Director Provisorio de la Confederación Argentina y Encargado de sus Relaciones Exteriores. En el orden internacional, el 17 de julio de 1852, reconoció solemnemente la independencia del Paraguay, por intermedio de su representante diplomático, Santiago Derqui.
Desaparecían así los motivos que provocaron la creación de El Paraguayo Independiente con el triunfo de la causa que defendía. El éxito coronó la prédica de siete años.

El sábado 18 de setiembre de 1852 apareció por última vez. «Nuestro papel concluye en este número, – expresaba con ese motivo – y al cerrarlo tenemos la íntima complacencia de felicitar a nuestros compatriotas, por la consecución de los tres grandes objetos de nuestras tareas: el reconocimiento de la Independencia de la República: el acuerdo definitivo de sus límites con la Confederación Argentina; y la libre navegación de nuestro pabellón por el río Paraná y sus afluentes». (21)
La misión de El Paraguayo Independiente había terminado, al dejar el campo lo hizo con la satisfacción del deber cumplido y con la gloria de una ejecutoria que fue, es y será fuente fecunda de enseñanza para servir a la patria.

El Paraguayo Independiente no puede confundirse con una simple hoja sin transcendencia ni sentido histórico. Con él se inicia el periodismo en la república; su campaña constituye una de las páginas más interesantes de un período de nuestra historia; su influencia se confunde con el reconocimiento de la Independencia.

La aparición de este periódico señaló una nueva época en el desarrollo de nuestra cultura. Desde entonces, el poder de la inteligencia llegó hasta los lejanos confines del territorio iluminando las consciencias. Con El Paraguayo Independiente nuestro pueblo aprendió que no sólo se defiende a la patria con la acción de las armas sino que también se la defiende con las virtudes de la inteligencia.

Como si esto no fuese suficiente para que el hebdomadario ocupase un sitio preferente en el recuerdo de las generaciones, sus páginas encierran un rico archivo político y diplomático, al cual necesariamente deberán recurrir los estudiosos para conocer y apreciar nuestro pasado. Ya el prefacio de la edición de 1859, expresaba: «es en fin el monumento más sólido sobre el que tiene que descansar la historia moderna de la República del Paraguay».

La fundación y existencia de El Paraguayo Independiente están estrechamente vinculadas a la gloria de Carlos Antonio López. No sólo fue su creador, sino el inspirador de su prédica y su redactor principal. En cada uno de sus números dejó impresos la reciedumbre de su carácter, la elevación de sus aspiraciones, la clara visión de su talento y el fuego de su patriotismo. Juan Andrés Gelly, uno de los paraguayos más eminentes de aquel tiempo, también dejó en sus páginas los rasgos de su vasta ilustración. (22)
 
Si grande es la figura de Carlos Antonio López como hombre de acción y paladín de la independencia nacional, grande es también como propulsor y animador de nuestra cultura. En este sentido, El Paraguayo Independiente, es la sólida columna en que descansa su imperecedera memoria. (23)
 
 
 

 

 
NOTAS
 
1- Prefacio de la 2ª edición de el Paraguayo Independiente. Asunción, 1858.
2- Ib. Ib. Ib.
El Paraguayo Independiente Nº 1. Articulo: Independencia del Paraguay. R. Antonio Ramos. O Paraguaio Independente. Revista do Instituto Histórico y Geográfico Brasileiro. Volumen 192, pág. 40.
3- El Paraguayo Independiente Nº1.
Ramos, ob. cit., pág. 40.
4- A.H.I. Assunção – Ofícios – 1846. Pimenta Bueno a Ferreira França. Asunción, 22 de mayo de 1845. Autógrafo.
Cecilio Báez. Resumen de la historia del Paraguay. Asunción, 1910, pág. 77. Ferreira França, ob. cit. págs. 74, 75 y 108.
Julio César Chaves. El Presidente López. Buenos Aires, 1955, págs. 75 y 76.
5- Ramos, ob. cit.
Mensajes de Carlos Antonio López. Asunción, 1931, págs. 60 y 61. Mensaje de 1849.
6- Ib. Ib. Ib., pág. 61. Mensaje cit.
7- Nota del 22 mayo cit. El subrayado es nuestro.
8- Instituto Histórico y Geográfico Brasileño. L. 179 – Ms. 4165. Pimenta Bueno al canónigo Januario da Cunha Barbosa.
9- Jornal do Comércio – Setembro de 1922. Edição Comemorativa do 1º Centenario da Independencia do Brasil.
10- A.N.A. Libro de caja de la tesorería general de la República. 1845-1851. Estos datos debemos a la gentileza del Dr. Mariano Luis Lara Castro.
11- Nº 24.
12- Nº 32.
13- Nº 101.
14- Mensaje de 1849, cit.
15- Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la Argentina. Cartas del presidente López a Juan Andrés Gelly, del 28 de octubre y 19 de diciembre de 1846, Caja Nº 31 – Nº 56; del 8 de febrero de 1847, en la que el primer mandatario decía en la P.D.: «Va una colección completa del Paraguayo Independiente» Caja Nº 31 – Exp. Nº 64; del 20 de setiembre de 1848, Caja Nº 31 – Exp. Nº 70.
16- A.N.A. Vol. 277. Carlos Antonio López al Príncipe Metternich. Asunción, 24 de diciembre de 1847.
17- A.G.N.A. Arch. Gral. Paz. Leg. Nº 6. Joaquín Madariaga a Paz. Corrientes, 2 de mayo de 1845: «Remito a V. el Parto de los Paraguayos «El Independ.te». Ya hoy deven tener la noticia del suceso dela India Muerta, no les gustará mucho, pero tampoco nada espero de ellos, si nosotros somos vencidos se dejaran apretar el pescueso». El subrayado es del original, José Inocencio Márquez a Paz, 1º setiembre de 1845: «Por un Comerciante del Paraguay el S.or Saguier Frances, sabemos q.e Geli tiene gran influencia con el Presidente q.e todos los días esta dos, o tres horas con el, y esto viene bien con algunas plumadas q.e hemos estrañado en el Paraguayo respecto a la historia arg.na...» Leg. Nº 7. El subrayado es igualmente del original.
18- A.N.A. Vol. 1410 – N.E. Gelly a Carlos Antonio López. Río de Janeiro, 29 de diciembre de 1846.
19- Nº 331, citado por Chaves, en El Presidente López, pág. 76.
20- El mismo Gelly decía también en la nota citada al presidente López: «El Comercio del Plata, Periódico, que p.r dignidad, buen juicio, y critica con q.e esta escrito, ha acquirido en poco tiempo un gran credito, y circulacion, y el Jurnal do Comercio, de esta Ciudad, han reproducido, y continuaran reproduciendo todos los artículos importantes del Paraguayo Independiente». Los subrayados son del texto. EL Pacificador, periódico que aparecía en Corrientes los domingos, martes y jueves, reprodujo en sus Nºs. 9 y 10, del 25 y 27 de enero de 1846, el artículo publicado en El Paraguayo Independiente, Nº 36, con el titulo de Intervención.
21- Nº 118.
22- El presidente López decía a Gelly en la P.D. de la carta citada del 8 de febrero de 1847: «En cuanto V. tuviere lugar espero que se ocupe de redactar algunos artículos, ó números conducentes a nuestras circunstancias con concepto a la marcha de los sucesos, y me los incluya en su correspondencia».
Carlos Oneto Viana, al comentar la influencia del Imperio del Brasil en el Paraguay, afirma maliciosamente, refiriéndose a El Paraguayo Independiente, que Pimenta Bueno se vio «obligado a colocarse personalmente a su frente», como el presidente López «no contara con un hombre de alcances bastantes para redactarlo». La Diplomacia del Brasil en el Río de la Plata. Montevideo, 1903, I, págs. 20 y sgts. La aseveración es falsa. Si bien el diplomático imperial influyó en la aparición del periódico, su dirección y redacción principal estuvo siempre a cargo de Carlos Antonio López. Se ha dado en decir que el representante brasileño fue uno de los redactores del aludido hebdomadario, pero no se conocen pruebas al respecto. Justo Pastor Benítez comenta: «cuando se retiró del país Pimenta Bueno, el periódico siguió en el mismo tono y aún con mayor vigor, lo cual revela que era Don Carlos Antonio su alma y pluma». Carlos Antonio López. Buenos Aires, 1949, pág. 68. Igual cosa ocurrió durante la ausencia de Gelly. Pimenta Bueno regresó a su patria el 11 de febrero de 1847. En Río de Janeiro se encontró con el diplomático paraguayo. Este abandonó en abril de 1849 la capital del Imperio hacia donde partió la tarde del 21 de setiembre de 1846. Durante este lapso Gelly estuvo en el Paraguay, de fines de 1847 a agosto de 1848. Y El Paraguayo Independiente nunca cambió la orientación de su campaña ni la solidez de sus argumentos.
23- Ramos, ob. cit., pág. 45.
 
 
 
 
Fuente:
Publicación conjunta de
CONSELHO FEDERAL DE CULTURA E DO
INSTITUTO HISTÓRICO E GEOGRÁFICO BRASILEIRO
Rio de Janeiro - Brasil (1976)
 
 
 
 


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