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ARTURO RAHI


  LA DEFENSA DEL CHACO - APORTE DEL CORONEL RAFAEL FRANCO (ARTURO RAHI)


LA DEFENSA DEL CHACO - APORTE DEL CORONEL RAFAEL FRANCO (ARTURO RAHI)

LA DEFENSA DEL CHACO

APORTE DEL CORONEL RAFAEL FRANCO

Disertación del DR. ARTURO RAHI

en el Auditorio Ruy Díaz de Guzmán

Evento organizado con auspicio de la Municipalidad de Asunción,

con motivo de conmemorarse 34 años

del paso a la inmortalidad del legendario

"Parapiti Pora"

15 de Septiembre de 1973

15 de Septiembre de 2007

Editorial del Movimiento F17

Asunción-Paraguay 2007

EDICIONES F1

 

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

Cuando recordamos al coronel RAFAEL FRANCO, normalmente lo hacemos con referencia casi exclusiva a su participación en la guerra del Chaco, en la que obtuvo notas sobresalientes y como ningún otro mostró una aptitud por encima de lo normal llegando a resultados espectaculares con sus victorias que casi decidieron el curso del conflicto o por lo menos abrieron las puertas para decidirlo en términos muy favorables a su patria.

Sin embargo su bien conocido pensamiento a favor de los derechos del Paraguay y su rechazo a entregar un solo centímetro de nuestro territorio, ya se manifestó de diferentes maneras y en más de una oportunidad desde varios años del comienzo de la guerra.

Trataremos de recordarlos a todos echando manos a los pocos documentos o referencias escritas que se pueden encontrar, consecuencia esto de la falta de conciencia histórica que ha prevalecido en nuestro país en las esferas del poder por largos años y porque no, al negociado de nuestros archivos con instituciones extranjeras, que aceptando ofertas han estado comprando grandes cantidades de documentos que debieron permanecer en nuestros archivos, y a las que hoy debemos recurrir venciendo enormes dificultades, para obtener la información documental y no depender de dichos o referencias imprecisas.

La mejor evidencia de esto es nuestro Archivo Nacional, en el que no se encuentran documentos a partir de 1.870, es decir que con la muerte del Paraguay de pre-guerra terminó el nacionalismo histórico y renunciamos, oficialmente por lo menos, a recordar lo que fuimos como una manera de explicar lo que somos. Este criterio de priorizar lo extranjero sobre lo paraguayo entró a ultranza luego de la muerte de Solano López y la instalación de los protegidos de la Triple Alianza en los cargos del gobierno.

A continuación vamos a mencionar, conforme a la información comprobable, los contactos que el muy pronto famoso "Parapiti Pora" tuvo en el Chaco y en donde creemos nació su decisión de defenderlo antes de cualquier consideración y con los medios que las circunstancias pusieran a su disposición y alcance.

ARTURO RAHI

 


 

ÍNDICE

Introducción

El RI 2 Ytororó

El RI Gral. Díaz

Francoreintegrado al ejército

Boquerón

Saavedra

Gondrá

Campo Vía

Yrendagüé

Franco gobernante

 

RAFAEL FRANCO GOBERNANTE

 

Apenas instalado el gobierno de la revolución en febrero de 1936, el coronel Franco se dedicó a aplicar su pasión por la patria, sobre la base de la defensa de nuestros derechos sobre nuestro Chaco y por el pueblo, dictando las primera leyes de carácter social en el Paraguay.

Sobre esto último sobresalen las leyes que privilegian la salud, la educación y el trabajo, completadas con la primera y única ley de reforma agraria que ha conocido el Paraguay en toda su historia. Por esto, el coronel Rafael Franco fue tildado de comunista por una sociedad cerrada, pacata, pequeña y egoísta, poseedora de las grandes fortunas y a la que el pueblo que vivía en la miseria nada le importaba.

En cuanto a los derechos de nuestro país sobre el Chaco, su posición y la de su gobierno fue única e impostergable. Ahí donde había terminado la guerra, de ahí partiría la definición del vencedor de tantas batallas.

1- La línea de hitos era intocable. No se discutirían absolutamente nuestros derechos sobre el Chaco hasta esa línea;

2- Todo el territorio al norte de la línea de hitos y hasta el Parapití, los cerros y el Otuquis debía ser sometido a un arbitraje de derecho. Teníamos documentos suficientes para demostrar que fueron nuestros desde siempre.

Conviene recordar que todo lo acordado hasta el 17 de Febrero de 1936 fue obra del gobierno de Eusebio Ayala y el Partido Liberal. El protocolo del 12 de Junio de 1935 y el del 21 de Enero de 1936 establecían todas las condiciones y crearon toda la situación existente referente a las tratativas en la conferencia de Paz y que fueron heredadas por el gobierno de la revolución de febrero.

El gobierno de Rafael Franco firmó con fecha 9 de enero de 1937 un acuerdo sobre libre tránsito comercial por el camino internacional que une Bolivia con Argentina, y el control por una policía paraguaya a lo largo de la línea de hitos del lado paraguayo.

Como la definición no llegaba, a mediados del año 1937 el gobierno argentino comisionó al coronel Schwiethzer pará preguntar al coronel Franco sobre un posible arreglo de fronteras. La respuesta de Franco fue transmitida al presidente argentino y era consecuente con la firmeza del primer día: “LA LÍNEA DE HITOS Y EL ARBITRAJE DE DERECHO AL NORTE” tal como lo indicamos. Esto consta en el libro blanco de la Cancillería Argentina.

Bien sabemos cómo finalmente terminó todo. Derrocado el coronel Franco se entregó al norte de nuestro la zona petrolífera con un vergonzoso acuerdo secreto. Todo esto último hemos comentado largamente en nuestros tres libros editados por F17 que tratan largamente este tema.

Quisiéramos cerrar este escrito recordando la grata entrevista que tuviéramos en Montevideo allá por 1960 con el Dr. Luis Alberto de Herrera. Cuando mencionamos al coronel Rafael Franco, enseguida comentó: "Recuerdo que yo fui quien le comunicó al coronel Franco que por fin se firmó la paz. Pero cuando le mencioné bajo qué condiciones, se puso a lagrimear y comentó: "¿PORQUÉ NO HABRÉ FIRMADO; YO TUVE LA OPORTUNIDAD DE FIRMAR HASTA LA LÍNEA DE HITOS Y NO LO HICE; PORQUE QUERÍA PARA MI PATRIA HASTA EL RÍO PARAPITÍ, Y AHORA ESTO?".

Y ese recuerdo del coronel Rafael Franco, lagrimeando por lo ocurrido, nos dice de un dolor real, que explotó cuando se enteró de que también fue partícipe de la entrega y del tratado el propio general Estigarribia, al que fulminó justificadamente con el mote de "TRAIDOR A LA PATRIA".

 

 

 

 

 

APORTE DEL CORONEL RAFAEL FRANCO A LA DEFENSA DEL CHACO. Por ARTURO RAHI

LA DEFENSA DEL CHACO: Aporte del Cnel. Rafael Franco. Por ARTURO RAHI





COMANDANTE DEL R.I.2 YTORORO CON ASIENTO EN VILLA HAYES

Rafael Franco, estudiante del Colegio Nacional de la Capital, integrante del primer grupo de cadetes del Colegio Militar del Paraguay del año 1916 e integrante también del primer grupo de egresados con el grado de Tenientes en el año 1918, ya con el grado de Capitán en el año 1926 por Decreto nº 25.580 del 26 de Noviembre fue nombrado Comandante del Regimiento de Infantería nº 2 Ytororó con asiento en la localidad chaqueña de Villa Hayes, en aquel entonces solo una pequeña población.

Entró así Rafael Franco en contacto directo con el Chaco boreal paraguayo, a cuya defensa dedicaría sus mejores esfuerzos por el resto de su vida.

Fue entonces comisionado por el gobierno del Dr. Eligio Ayala y su Ministro de Guerra y Marina el Dr. Luis A. Riart para reforzar con un grupo de soldados la guarnición de “Nanawa”, en aquel entonces un pequeño enclave que aún no tenía importancia ni las dimensiones que tendría pocos años después. Corría por entonces el mes de marzo de 1927.

Poco después y ya cumplida la misión que se le había encomendado, en Julio de 1927, el capitán Rafael Franco recibió instrucciones del Ministerio de Guerra de efectuar un relevamiento general de vastos sectores del Chaco Boreal. La misión consistía no solo en reforzar los pequeños fortines existentes sino en fundar otros y por sobre todo levantar planos, croquis y detalles de regiones desconocidas y que servirían para la organización que se estimaba necesaria para un futuro próximo.

Durante tres meses el capitán Rafael Franco recorrió el Chaco a pie y a caballo, observando, anotando, levantando planos, haciendo mediciones y de paso aprovechando para fundar los fortines “Mariscal López” y “José Falcón” en lugares accesibles y favorables, y visitando nuevamente el fortín Nanawa al que ya había reforzado antes con hombres y materiales.

El informe que el capitán Rafael Franco presentó a sus superiores, decía claramente y repitiendo sus palabras, que “los llamados pomposamente fortines no sirven para nada” ya que eran unos ranchos miserables, sin comodidad alguna que albergaban a grupitos de cuatro a cinco soldados apenas armados, sin provisiones ni oficiales que los dirigiera. Recomendó cambiar totalmente el sistema de defensa del Chaco y dio opiniones al respecto al Ministerio.

Pero en lo que hace hincapié el capitán Franco, es en rechazar terminantemente el criterio generalizado en el ejército de considerar al Chaco como “el infierno verde” y tenerlo como una región llena de expectativas y posibilidades para el trabajo y con amplios márgenes a favor del progreso, si es que fuera trabajada en forma racional y abierta al esfuerzo productivo.

Rafael Franco en su informe puntualiza y critica a los oficiales haraganes y mentirosos que son enviados a las guarniciones del Chaco y que exageran las dificultades existentes como una forma de justificar su “no hacer nada”, o hacer mal todo lo recomendado.

Este informe nada favorable para algunos de sus propios camaradas del ejército, se encuentra en los archivos que fue el General Manlio Schenoni en donde fue consultado por el Dr. Rogelio Urízar quien lo publicó por primera vez. En realidad debió estar en el archivo del Ministerio de Defensa Nacional, aunque talvez gracias a esta circunstancia irregular se salvó de su pérdida o destrucción como tantos otros documentos a los que ya no podemos tener acceso.

Este documento también, o una copia por lo menos, debiera estar en el legajo personal del coronel Rafael Franco, y su ausencia es sólo una muestra más de las persecuciones que contra su persona realizaron oscuros personajes del Partido Liberal.

 

COMANDANTE DEL R.I. GENERAL DÍAZ DÍAZ CON ASIENTO EN BAHÍA NEGRA. VANGUARDIA.

En agosto de 1928 Rafael Franco fue ascendido a Mayor y luego de un corto período como Director del Colegio Militar como una consecuencia de su informe ya mencionado, fue nombrado comandante del Regimiento de Infantería nº 5 General Díaz con asiento en el norte de nuestro Chaco Boreal, particularmente en Bahía Negra.
Apenas llegado a su nuevo destino y dispuesto a hacer respetar nuestra soberanía en el Chaco, ordenó patrullajes en los sectores bajo control de su Regimiento. Fue así que el 28 de Agosto una patrulla comandada por los Tenientes Antonio Ortigoza y Luis Russo Padín sorprendió a un fuerte contingente de bolivianos comandados por el coronel Victorino Gutierrez en territorio plenamente reconocido como paraguayo, los que fueron de inmediato apresados y trasladados a Bahía Negra.
Avisado el Ministerio de Defensa Nacional de la acción tomada, el gobierno nacional siguiendo con su nefasta política de apaciguamiento y entrega, aún a costa de los intereses del país, ordenó que los bolivianos fueran liberados de inmediato.
Fue la primera experiencia de Rafael Franco con esta clase de situaciones, en que nuestro propio gobierno se negaba a hacer justicia y hacer respetar nuestros derechos.
Apenas liberados estos militares bolivianos, que estaban cumpliendo órdenes bien planificadas, continuaron con sus labores de fundaciones clandestinas en territorio paraguayo por ellos deseados, y así apenas unos días más tarde, el 5 de Septiembre de 1928 fundaron su fortín “Vanguardia” un poco al norte de Bahía Negra.
El Mayor Rafael Franco que jamás aceptó entregar un solo centímetro del territorio nacional, no consintió tan grande afrenta al honor nacional y sin pedir permiso al Ministerio de Defensa porque tal vez intuía la respuesta, y como todo buen paraguayo, decidió atacar y expulsar al invasor boliviano. La vergonzosa orden de no innovar, no responder, no provocar, callar siempre, era la prevaleciente y gracias a esto los bolivianos avanzaban en todo el Chaco y fundaban fortines a su antojo.
Así es como el 5 de Diciembre de 1928 el Mayor Rafael Franco atacó y destruyó el Fortín Vanguardia, tomando prisioneros a todos los miembros de su guarnición, entre los que figuraban los mismos ya apresados anteriormente y luego liberados gracias a la orden de un gobierno timorato y anti-paraguayo.
De inmediato el gobierno de José P. Guggiari desautorizó al Mayor Rafael Franco por haber defendido los intereses paraguayos y aceptó el insulto de que el Paraguay fuera considerado nada menos que como agresor por más que todo lo acontecido fue dentro de territorio paraguayo. Pero esto no fue todo, ya que el gobierno liberal de Guggiari aceptó ejecutar la reconstrucción por cuenta del Paraguay del fortín boliviano y su entrega al invasor. El Mayor Rafael Franco que aceptó el reto de defender a su patria atropellada fue castigado y separado de su mando en el ejército.
El coronel Antonio E. González define claramente el final de este vergonzoso y triste episodio, cuando relata como testigo de la devolución del fortín reconstruido: “Bajo la mirada zañuda e irónica de los oficiales bolivianos y de la indiferencia de los oficiales de las naciones neutrales, es arriada la bandera de Curupayty y sube al mástil el pabellón de Bolivia”.
El coronel González no mencionó como se encontraron los oficiales paraguayos, posiblemente por no decir palabras demasiado dolorosas y duras. Los únicos que en el lugar habrían estado contentos serían los liberales integrantes del gobierno paraguayo, autores de la miserable hazaña. Vanguardia fue una de las “entregas” de nuestra soberanía que complacientes aceptaban y siguieron aceptando por largos años los liberales del gobierno y los que sin estar posicionados en cargos públicos los apoyaban.
Fue uno de los casos, el primero de sus características, que fue jalonando la larga serie de “entregas” de lo nuestro que culminó finalmente el 9 de Julio de 1938.



RAFAEL FRANCO REINTEGRADO AL EJÉRCITO NACIONAL
En enero de 1930 el Mayor Rafael Franco fue reincorporado como comandante de su antiguo regimiento el RI2 Ytororó con asiento en Campo Grande.
Durante Marzo de 1931 fue muy comentada la existencia de una supuesta conjura del ejército en los cuarteles precisamente de Campo Grande.
Durante Marzo de 1931 fue muy comentada la existencia de una supuesta conjura del ejército en los cuarteles precisamente de Campo Grande. La verdad es que nunca se pudo probar absolutamente nada pese a que mucha gente del ejército fue involucrada. Igualmente se dijo que no se pretendía derrocar al presidente José P. Guggiari sino concienciar al gobierno nacional de la necesidad de adoptar una política general de defensa de nuestra soberanía.
El propio comandante en Jefe el General Manlio Schenoni fue involucrado e inclusive se lo mencionó como posible candidato reemplazante de Guggiari.
También, cuando no, el Mayor Rafael Franco fue involucrado y considerado como participante de la conspiración, aunque nunca se pudo tampoco comprobar ni tan siquiera su adhesión al supuesto movimiento. Sencillamente Franco nunca comulgó ni fue partidario del liberalismo y el gobierno aprovechaba cualquier circunstancia para sacarlo del camino.
Pero lo increíble de que pudiera ocurrir, es que al ser citado Franco por el Ministro de Guerra este le notificó que había sido seleccionado para una misión a Francia. Es decir que lo acusaban de conspirar para derrocar al gobierno, y en vez de ser castigado lo premiaban con una visita a Francia. La delicadeza y la decencia de Rafael Franco no le permitió aceptar tal ofrecimiento, respondiendo al Ministro que “cómo era posible que un militar que estaba siendo acusado de sublevación fuera a ser premiado en vez de sancionado”. Su entereza moral y su delicadeza personal se mostraban en toda su grandeza.
El general Schenoni también falsamente acusado solicitó su retiro en abril de 1931. El Mayor Rafael Franco no fue dado de baja pero si privado de todo mando en el ejército paraguayo.
Una situación muy parecida al ofrecimiento ya mencionado se le presentó al mayor Franco apenas unos meses más tarde, cuando recibió del gobierno de Guggiari el ofrecimiento de lo que el mismo Franco ya calificó como una “comisión de placer”. El problema para el gobierno, evidentemente era la presencia del Mayor Rafael Franco en el país y nada más que eso.
Gracias al número del diario “La Unión” del 4 de Octubre de 1931 que se encuentra en poder de sus familiares, podemos enterarnos de la carta que Franco envió al Ministro de Guerra. El diario encabeza la publicación de la carta con este sugestivo título: “EL MAYOR RAFAEL FRANCO AL PEDIR SU RETIRO DICE QUE ACEPTAR COMISIONES DE PLACER SERÍA QUEBRANTAR LA MORAL MILITAR. ANTES QUE PRESTARME A INDIGNIDADES PREFERIRÍA ROMPER CON MIS PROPIAS MANOS LA ESPADA QUE LA PATRIA ME CONFIÓ PARA SU DEFENSA”.
Nunca se ha repetido un ejemplo similar en nuestro ejército. La carta con ser muy extensa la transcribimos íntegramente porque representa un título de honor para quien la escribió.
“Asunción, 2 de Octubre de 1931.
A su excelencia el Señor Ministro de Guerra y Marina.
Tengo en honor de dirigirme a usted solicitando me conceda el retiro del Ejército Nacional.
He tenido oportunidad de exponer verbalmente a Vuestra Excelencia los motivos que me imponen esta determinación y en los que me cabe ahora rectificarme.
La forma en que se efectuó mi separación del comando del regimiento Ytororó de Infantería número 2, la forma en que esta medida fue preparada y las manifestaciones con que Vuestra Excelencia acompañó la notificación que de ella me hizo personalmente, constituyen una ofensa para mi dignidad de Jefe del Ejército paraguayo, dignidad que no puedo consentir sea desmedrada en mi persona, por modesta que ella pueda ser.
Llegado a esta ciudad, después de meses de ausencia por motivos relacionados con la defensa nacional y con la institución a que pertenezco, fui enseguida citado por Vuestra Excelencia en su despacho, cuando en cumplimiento de la orden me presenté en el Ministerio. VE después de una serie de consideraciones de diverso género, me comunicó que el Gobierno había resuelto enviarme a Europa, enana misión oficial. Me permití exponerle entonces la extrañeza con que recibía esa designación que me alejaba del país en momentos de peligro inminente para la patria. Mi puesto, le manifesté, como el de todos los jefes paraguayos, está en momentos al frente de las tropas que se hallan casi en contacto permanente con el enemigo que ha invadido, en son de conquistar nuestro territorio.
En tales circunstancias le dije que no puedo aceptar ese nombramiento. Carezco de competencia especial para la misión que se quiere encomendarme y hay en Europa varios jefes del Ejército que podrían cumplirla con más capacidad que yo. Con designarlos el estado ahorraría algunos centenares de pesos oro que podrían emplearse en adquirir algunos elementos de los cuales nuestro ejército está tan necesitado. También le dije y lo repito a mis soldados y compañeros de armas, que ir a un paseo de placer me deshonraría a mis propios ojos. Pero –concluí- tal como lo dan a entender las palabras con que me recalca la conveniencia de ese viaje, lo que se busca es mi alejamiento del ejército por considerar que mi permanencia en él es incompatible con la tranquilidad del gobierno o de su partido, puede el señor ministro contar desde ya, con mi retiro absoluto y definitivo de la institución. Y se me dijo entonces que en el transcurso de una semana se resolvería debidamente mi situación.
Creo del caso reproducir las manifestaciones que preceden porque ellas explican los antecedentes de esta presentación y determinan con precisión su alcance y significado.
Tengo el honor Señor Ministro de ratificarme en todas y cada una de las consideraciones que me fue dado exponerle.
No me es lícito aceptar la misión que me quiere confiar ni otros que impliquen mi retiro injustificado y por eso mismo, deprimente, del puesto que en estos momentos tengo derecho a reclamar como un honor y una responsabilidad que me corresponden.
Aceptar hoy viajes u comisiones de placer sería apartarme de la norma a que he sujetado inflexiblemente mi vida profesional, sería quebrantar la regla de moral militar sobre cuyo respeto absoluto reposan exclusivamente la autoridad y el mando de un jefe del ejército.
El ejército, la institución que me formó y con la que me identifiqué desde mi adolescencia, fue siempre para mi, fundamentalmente, el defensor de la integridad territorial, del honor y de la soberanía de la patria. Cuando, poco después de lucir las presillas de oficial se actualizó y recrudeció el peligro boliviano, ese convencimiento se hizo mi idea fija, la obsesión de mi vida. Por él para hacerme digno de la misión que me tocaba como soldado, para contribuir en la medida de mis escasas fuerzas a poner al ejército en el pie impuesto por las circunstancias, en condiciones de responder a las esperanzas y a los sacrificios del pueblo, me impuse con profunda satisfacción, con íntima alegría la dedicación y la consagración absoluta a la tarea, con renuncia deliberada a todo lo que no fuera ese deber sagrado. Pospuse a su cumplimiento hasta el cuidado del modesto hogar que me había formado y mis legítimas preocupaciones por la suerte de los míos.
En ese orden de ideas, y a medida que el peligro se hacía más grave y patente, asaltaron mi espíritu hondas preocupaciones, serios cuidados y gravísimas inquietudes.
Nunca se alabará demasiado la alta moral profesional, el espíritu de abnegación y sacrificio, la laboriosidad y el patriotismo de la oficialidad joven de nuestro ejército, que lucha y se esfuerza, en medio de obstáculos de toda clase, por cumplir honrosamente su papel. Todo eso hice llegar, muchas veces, a mis camaradas y superiores, en conversaciones y presentaciones verbales y escritas.
Esas fueron las inquietudes y preocupaciones que compartí con mis compañeros de armas y esas fueron las aspiraciones que juntamente con otros jefes y oficiales expresé en las oportunidades que se presentaron, haciendo resaltar la inmensa responsabilidad que ante la patria y ante la historia caería sobre el Ejército si este resultara en la hora de la prueba, incapaz para la misión que le corresponde.
Si esos sentimientos y preocupaciones son los que han despertado recelos e intranquilidades en los hombres del gobierno o de su Partido, si por ellos representa un peligro, para estos, es para mi un honor confirmarlos y ratificarlos en este momento que para mi es de honda emoción, al alejarme para siempre de las filas en que me hice hombre, en que viví mis mejores años en el culto del deber y de la patria, y en cuyo seno esperé que me cabría el galardón supremo de contribuir al restablecimiento de las fronteras nacionales, o de caer al frente de mis tropas, como corresponde a un militar paraguayo.
No ignoré, desde el principio, que con mi actitud iba contra mis intereses y conveniencia personales, que con callar y soportar todo, con ponerme incondicionalmente del lado de los que mandan y disponen, tendría la seguridad de alcanzar como otros, bienestar y honores. Pero yo tengo otro concepto del deber y de la patria. ANTES QUE PRESTARME A IRREGULARIDADES PREFERIRÍA ROMPER CON MIS PROPIAS MANOS LA ESPADA QUE LA PATRIA ME CONFIÓ PARA SU DEFENSA.
Me retiro con el espíritu lleno de tristes presentimientos. Pido a Vuestra Excelencia excusarme las consideraciones que anteceden. He creído necesario formularlas, como un último deber para el ejército y el gobierno de mi patria.
Al pedir a V.E. se sirva acceder a mi solicitud, salúdole con todo respeto y consideración.
RAFAEL FRANCO-MAYOR”
Si sólo rescatáramos tres cortas frases de esta carta, estaríamos ya mostrando la inmensa grandeza del Coronel Rafael Franco:
1) “que ir a un paseo de placer me deshonraría a mis propios ojos”.
2) “Con ponerme incondicionalmente del lado de los que mandan y disponen, tendría la seguridad de alcanzar como otros, bienestar y honores”.
3) “Antes que prestarme a irregularidades preferiría romper con mis propias manos la espada que la patria me confió para su defensa”.
Tampoco deberíamos olvidar sus claras afirmaciones de que su ida a Francia significarían gastos innecesarios para esos momentos de necesidad nacional. Como lo dice Rafael Franco en su carta, se “ahorraría algunos centenares de pesos oro por mes, que podrían emplearse en adquirir elementos de los que nuestro ejército está tan necesitado” precisamente para la defensa del Chaco, que era su obsesión permanente.
Todas las afirmaciones que detallamos, que el después coronel Rafael Franco las siguió al pie de la letra. Fue perseguido, destituído, calumniado precisamente por ello. Nunca pudo alcanzar la cumbre de su carrera, pese a todos los méritos acumulados, porque nunca se convirtió en un servil sirviente de los políticos reaccionarios que tenían en sus manos el gobierno de la República.
Y como otras cosas que ya hemos mencionado, esta carta no figura en los archivos del Ministerio de Defensa ni menos en su legajo personal. La persecución tenía largas manos y pensaba en el futuro. Había que borrar todos los antecedentes que revelaran las virtudes de este gran paraguayo.
Todo ese año de 1931 fue realmente tumultuoso. La juventud no se callaba y pedía a gritos la defensa del Chaco. Por su parte el gobierno liberal de José P. Guggiari seguía con su política entreguista y anti-nacional.
Fue así que durante el mes de Junio el pueblo paraguayo se enteró casualmente de un nuevo retroceso que dio lugar a otro avance boliviano. Esto ocurrió porque Bolivia protestó oficialmente aduciendo que una patrulla paraguaya que intentó ingresar en su Fortín Masamaklay fue repelida a tiros. Dicho fortín, fundado por el Paraguay fue abandonado como otros y ocupado de inmediato por el invasor boliviano; pero de esto no se dio ninguna información al pueblo.
La explicación que vino después de que esta noticia llegara al pueblo era que el abandono fue decidido por falta de agua, pero que el fortín sería visitado por patrullas. De cualquier manera y sin perder la ocasión, con agua o sin ella, los bolivianos lo ocuparon y lo hicieron suyo.
Entonces fue que empezó la efervescencia estudiantil, secundaria y universitario, que tomó las calles con repetidas protestas que en vez de ser atendidas por el gobierno dando alguna explicación razonable, optaba éste por la represión.
Octubre fue realmente un mes explosivo, en el que la prensa tomó decididamente una posición similar a la del pueblo estudiantil y obrero que se agregó también a las protestas. La defensa del Chaco era el único pedido general.
Un poco antes, durante Septiembre, el gobierno de Guggiari desmintió las afirmaciones de que Masamaklay ya había sido ocupado por los bolivianos.
¿Qué pretendía el gobierno liberal de Guggiari con esta clase de mentiras? No lo sabemos. Pero sí sabemos muy bien que la consecuencia interna fue la MASACRE DEL 23 DE OCTUBRE y la consecuencia internacional de cualquier manera y a costa de cualquier mentira fue la guerra.
El 22 de Octubre los estudiantes y obreros comenzaron a manifestarse. El 23 de Octubre una caravana en la que también se encontraban directores de diarios capitalinos se dirigió al Palacio de Gobierno a pedir aclaraciones al presidente de la república sobre la no defensa de nuestro territorio.
José P. Guggiari no los recibió ni quiso escucharlos. La respuesta del viejo régimen oligárquico liberal fueron las descargas de las ametralladoras y fusiles de la guardia pretoriana. El resultado de tal recepción fue de seis muertos y sesenta y cuatro heridos.
José P. Guggiari afirmó no haber dado la orden de disparar. Que era inocente del horrible crimen. La pregunta que queda flotando hasta hoy día es de ¿quién entonces ordenó la matanza? Jamás se dijo quién dio la orden. Nunca hubo presos ni menos condenados. Entonces la única respuesta para nosotros es que José P. Guggiari es el que lo hizo.
Sobre este tema hemos escrito una historia completa que fue publicada con el nombre de “La Masacre del 23 de Octubre” en la misma colección editorial de F17.
Ya dijimos que el Mayor Rafael Franco había solicitado su retiro el 2 de Octubre de 1931. Pese a no ostentar un cargo público ni militar, la población se agolpó frente a su casa y tuvo que dar repetidos mensajes sobre su opinión en el problema del Chaco. Lo que dijo era repetición de su íntimo deseo de encarar una defensa decidida de nuestro Chaco. Ya había actuado estando en Villa Hayes y luego en Bahía Negra. Ya sabemos que su informe al Ministerio de Guerra ni tan siquiera tuvo un lugar en el archivo oficial y luego por expulsar a invasores fue dejado sin cargo alguno en el ejército.

BOQUERÓN

Bien sabemos que el capitán Abdón Palacios, en Julio de 1932, recuperó por la fuerza nuestro Fortín Carlos Antonio López que fuera ocupado en Junio por los bolivianos y al que estos bautizaron como Fortín Pitiantuta. Los invasores como supuesta represalia ocuparon nuestros fortines Corrales, Toledo y Boquerón.
Muy pronto los bolivianos abandonaron los dos primeros, pero no así Boquerón el que fue ampliado y rodeado de formidables defensas que tuvo que ser demolido en veinte días de continuos combates que mucho sacrificio en vidas nos costó.
Precisamente el 10 de Septiembre de 1932, apenas iniciados los combates en Boquerón, el Mayor Rafael Franco recibió órdenes de presentarse al Comando en Jefe de nuestro ejército. Así se le presentaba la oportunidad de defender en una guerra su amada tierra, el Chaco Boreal Paraguayo.
El día 11 de Septiembre se hizo presente en el Comando, partiendo de inmediato para el Chaco, en donde llegó a su destino el día 14, siendo de inmediato nombrado en el estado Mayor del Primer Cuerpo de Ejército.
En su diario de campaña, refiere día a día los acontecimientos más importantes de la batalla, dejando escrito su disconformidad por el puesto oficinesco que ocupaba, afirmando que él estaba hecho para dirigir hombres en la batalla y no para escribir y enviar informaciones, pero que cumplía con las órdenes recibidas hasta que se le presentase su oportunidad. Y muy pronto se le iba a presentar esta oportunidad.
SAAVEDRA
Terminada la batalla de Boquerón, nuestro ejército comenzó su reorganización. Fueron capturados los fortines Ramírez, Yujra y Castillo que formaban el anillo protector de Boquerón. El avance de nuestros soldados fue contínuo; el 22 de Octubre de 1932 cayó el fortín Arce, incendiado por los bolivianos antes de huir en retirada, aunque los nuestros pudieron recuperar un gran botín.
El 23 de noviembre el Mayor Rafael Franco fue nombrado comandante del Regimiento 24 de mayo. El 3 de Diciembre de 1932 fue ascendido a Teniente Coronel y el 24 de diciembre fue nombrado comandante de su antiguo regimiento el 2 de Infantería Ytororó. Volvió así a comandar y dirigir soldados en el combate, cual era su deseo y para lo que estaba profesionalmente preparado.
En el ínterin y ante el fracaso de los ataques del Teniente Coronel Carlos Fernández y de la inactividad de Estigarribia, el coronel boliviano Bilbao Rioja reorganizó las fuerzas que pudo salvar y aglutinar y fortificó el kilómetro 7 de Saavedra con formidables defensas.
Los ataques de Carlos Fernández se iniciaron el 30 de Noviembre pero fracasaron con fuertes pérdidas. Fernández pidió retirarse porque se encontraba en situación difícil pero Estigarribia no lo aceptó, y ordenó mantenerse en las posiciones ocupadas en el momento.
Sin embargo y considerando la fuerte presión boliviana, una reunión de comandantes a pedido de Fernández decidió la retirada y al decir del coronel Rafael Franco “la noche del 17 de Marzo de 1932, los 3.000 hombres de la I División, la división de hierro, bajo mi dirección, nos retiramos a Pirizal por el camino apresuradamente abierto desde el Kilómetro 21 de Zenteno-Saavedra, llegando a este último punto el día 20 de marzo, después de desprendernos al enemigo y efectuar una retirada ordenada, salvando la totalidad de su personal y de su material, a pesar de las precarias disponibilidades de transporte que se contaba en ese momento”.
Y entonces, con esta magnífica retirada en que nada se perdió y en donde todo el material pasado fue transportado por los soldados, comenzó a ascender la estrella de Rafael Franco.
Esta fue su primera participación en los frentes de combate del Chaco Boreal. Su oportunidad de acción directa en plena guerra le dio buenos resultados. Había empezado a emprender la defensa armada del territorio paraguayo.
Un poco antes mencionamos al Coronel Bilbao Rioja como organizador de la defensa y contra-ataque de Saavedra. Al respecto recordamos las afirmaciones del caazapeño Teniente Coronel Antonio Oddone Sarubbi quien decía que fue una suerte para el Paraguay la falta de unidad en el Comando boliviano, porque esta desunión dejó fuera de los cargos y oportunidades a los coroneles Bilbao Rioja y Angel Rodríguez, los mejores jefes del ejército enemigo, sencillamente porque no integraban el grupo de Peñaranda y Toro. Y recordaba Oddone Sarubbi que los únicos contrastes, pequeños pero contrastes al fin, que tuvimos en la guerra, que fueron kilómetro 7 Saavedra y Strongest, fueron obra de Bilbao Rioja.
Y precisamente y con relación a Bilbao Rioja y a nuestro coronel Rafael Franco, el general Aquiles Vergara Vicuña, chileno al servicio de Bolivia durante toda la guerra escribió:
“Así quedaron frente a frente estos dos jefes, Franco y Bilbao, que aunque hoy encanecidos y aún malogrados para y por sus patrias, a fuerza de un doloroso y común destino, propio de los grandes caudillos, la conciencia de esa historia eterna, que no sabe de mentirillas ni de sobornos, los colocará ciertamente en la venidera y para siempre, como las espadas más ilustres y ejecutorias que tuvieron durante la campaña del Chaco los ejércitos de Paraguay y Bolivia”.
“sea dicho esto en nombre de la verdad y de la justicia, y con la garantía inapelable de los hechos y de la más rigurosa criba y discriminación documentada”.
“Bilbao y Franco fueron héroes de la guerra y de la defensa nacional y mártires de la estulticia y de la ingratitud que predomina en las sentinas de la politiquería y de las ambiciones de los hombres. Ellos conocieron el sol resplandeciente de la victoria en las batallas, para sentirse acongojados y vilipendiados más tarde por la conjura crepuscular y fermentada de los intereses creados, que son poderosos, a veces, pero que tienen nada de heroísmo ni de paradigmático”.
Hermosas expresiones de un extranjero que vio la realidad de la conducción de la guerra y reconoció más tarde la realidad vivida por ambos héroes.
GONDRA
La orden recibida por el Teniente Coronel Rafael Franco fue retirar las tropas hasta Gondra si este lugar fuere defendible o de lo contrario seguir la retirada hasta encontrar el lugar más accesible a la defensa.
Pero quien dio esta orden, el Comandante del Ejército Estigarribia, al parecer no conocía el pensamiento de Franco. Para éste, entregar un centímetro de tierra patria era igual o peor que perder un hijo. Contestó el Comando en Jefe que allí se quedaba y que convertiría a Gondra en un bastión impasable de nuestro sistema defensivo juntamente con Nanawa, Toledo y Corrales.
Contaba Franco con solamente seiscientos hombres que constituían la dotación de su regimiento “Ytororó”. Tenía que enfrentar a la IV División boliviana con una dotación de tres mil efectivos. Pero como dejó dicho Franco, “se arraigó en mi profunda conficción de que Gondra constituiría un punto estratégico de primer orden” y “opté por conservarlo y defenderlo en forma tenaz”.
El 11 de abril de 1933 el Teniente coronel Rafael Franco fue designado como Comandante de la I División de Infantería, que fue la comandada por Estigarribia al comienzo de la guerra.
La batalla de Gondra duró casi todo el primer semestre de 1933. Repetidos ataques bolivianos fueron rechazados y en medio de la larga batalla ocurrieron algunos hechos dignos de mencionar:
1) El túnel de Gondra. Fue una idea del Cabo Bernabé Ferreira que la presentó a su comandante de batallón y este al comandante del Fortín, que la aprobó con entusiasmo. Los trabajos se hicieron día y noche hasta salir en la retaguardia de las líneas bolivianas. Una vez consumado esta salida, los soldados de Gondra destruyeron todo lo que pudieron causando muchas bajas al sorprendido enemigo.
2) El mástil de Gondra. Fue confeccionado por los soldados del R.I. 2 Ytororó. A su pié la guarnición completa juró que el pabellón nacional no sería jamás arriado. Y así aconteció. Era el 18 de junio de 1933.
Durante los días 11 al 15 de Junio de 1933 se libraron los combates más violentos con rechazo total de los atacantes. Franco tomó la iniciativa y paso a la ofensiva que lamentablemente no culminó con la destrucción del enemigo pudo escapar apenas. El pa-í Pérez Acosta recuerda en sus memorias que Franco, un poco triste, le comentó: “A javy grande por un punto”, al referirse al escape de la IV División boliviana. Pero su fin de todos modos estaba cercano. En Diciembre la IV y la IX División serían sus prisioneras.
CAMPO VÍA
A partir de entonces la dirección total de las operaciones estuvo a cargo del general Estigarribia. La ofensiva que este iniciara el 17 de Octubre finalizó en un fracaso. A raíz de esto Estigarribia suspendió toda la operación y ordenó sólo contactos con el enemigo para evitar su retirada.
El 4 de diciembre de 1933 se reúnen Estigarribia y Franco y entonces éste plantea una operación que cree será exitosa por su amplio conocimiento del terreno y la posición que ocupaba.
Estigarribia aleccionado por el fracaso reciente y sin estudiar a fondo la propuesta, y esto será evidente muy pronto, no la aceptó y ordenó seguir con un aferramiento tenaz.
Pero muy pronto, apenas un par de días después, la situación se pone tan favorable que Franco decide cambiar de táctica. A partir del 6 de Diciembre inicia su cautelosa aproximación al enemigo. El 7 sus fuerzas asaltan las línas bolivianas, las rompen e inician su cerco total. El 8 se completa el cerco y los bolivianos contra atacan para salir durante los días 9 y 10, pero sin resultados favorables. Se quedan encerrados y el 11 de Diciembre de 1933 se rinden las divisiones IV y IX del Ejército boliviano con todos sus jefes, oficiales y soldados. Un total de casi diez mil hombres con un inmenso material de guerra son capturados.
El parte de la victoria es enviado al comando en Jefe. Estigarribia, incrédulo, según lo recuerda el coronel Antonio E. González, pide la repetición del parte no una sino tres veces antes de convencerse que las fuerzas enemigas que el creía firmemente se habían escurrido, eran sin embargo prisioneras del coronel Rafael Franco.
Más aún, Estigarribia envió al mayor Sigifredo Melgarejo para confirmar la realidad sobre el terreno.
Y cuando todo hacía pensar que el desastre boliviano acercaría el final de la guerra, se produjo el desgraciado armisticio que con fecha 19 de Diciembre paralizó todas las operaciones. Este gravísimo error que fue cometido por el presidente Eusebio Ayala y consentido por el General Estigarribia, sin consulta alguna con sus comandos superiores, creó una delicada situación entre la oficialidad. El coronel Carlos Fernández recuerda en su Historia de la Guerra del Chaco, que los oficiales llegaron a comentar que se trataba de una verdadera traición a la patria.
Al respecto el coronel Rafael Franco dice en sus memorias: “Me quedé sencillamente anonadado. El contraste entre mi profunda convicción de que la guerra estaba virtualmente terminada, y el hecho consumado de que acababa de enterarme tan repentinamente, fue tan imprevisto y tremendo que me quedé sumido en una perplejidad desconcertante”.
No olvidemos que ese gran error costó al Paraguay más de quince mil muertos y un enorme consumo de riquezas.
Terminada la batalla de Campo Vía el coronel Rafael Franco fue ascendido a coronel, condecorado con la Cruz del Chaco y nombrado comandante del II Cuerpo de Ejército.
RESTAS AL SEGUNDO CUERPO
Con el fin de asegurar las operaciones sobre “El Carmen”, el II Cuerpo se vio muy disminuido en su número de hombres. La totalidad de la dotación no pasaba de 2.500 soldados y oficiales, ínfimo para ser un Cuerpo de Ejército. El resto fue trasladado al frente del II Cuerpo que encaraba seriamente su maniobra envolvente sobre el mencionado fortín boliviano.
Finalmente la magistral maniobra de nuestro I Cuerpo culminó con un rotundo éxito. Cerca de 10 mil bolivianos y un inmenso material de guerra fueron capturados. Los bolivianos luego de este desastre comenzaron a abandonar precipitadamente toda la rivera del Pilcomayo y otros fortines que basaban su existencia en el soporte que les daba EL Carmen. Así también cayó en nuestro poder lo que el enemigo consideraba como la Capital Bolivana en el Chaco, el fortín Ballivián.
Así ocurrió lo que Estigarribia contestó en una entrevista, “Ballivián caerá en su hora”. Y así fue. El abandono de este fortín fue tan precipitado y desorganizado que el enemigo tuvo un par de cientos de soldados muertos por ahogamiento al intentar escapar hacia la Argentina por un Pilcomayo que estaba muy crecido.
El Segundo Cuerpo en el interín participó en diversas acciones, siempre exitosas. Así la destrucción de un regimiento boliviano de mil hombres en Cañada Tarija. También la toma de Ingavi, la primera captura de Yrendagüé, de 27 de Noviembre, el ataque a Carandayty base del comando de Toro, que también caerá en su hora.
Con pocas fuerzas el II Cuerpo avanzaba paralelamente con los cuerpos amigos, pero el enemigo se daba cuenta de la realidad y comenzó a planear cortar al cuerpo y dejarlo colgado en el extremo derecho a nuestro amplio frente. Ese era el sueño de Toro, comandante del poderoso cuerpo de caballería que operaba en ese sector casi como una fuerza expedicionaria, ya que dicho jefe boliviano, díscolo, altanero, dio muchas muestras de indisciplina que eran perdonadas por el Comando boliviano por pertenecer al grupo de élite de militares del Altiplano. Lo peor era que su capacidad nunca estuvo a la altura de su pretensión de mando, y cometió grandes errores que para nada influyeron en su posición dominante en el alto mando boliviano.
Nos dice el coronel Franco que “haciendo una apreciación general sobre la zona de Carandayty y encontrándola favorable para Bolivia, el coronel Toro envió a su comandante superior, general Peñaranda, el siguiente telegrama: “Carandayty, 4-IX-34. Situación actual en esta se puede decir que está virtualmente salvada y que es más bien favorable”.
La altanería de Toro y su ya conocido deseo de actuar independientemente, sin control alguno, le hicieron cometer grandes errores. Con su comando en Carandayty, muy lejos de Peñaranda, hacía y deshacía a su antojo. Conociendo muy bien que el Segundo Cuerpo de Franco estaba muy disminuido a raiz del traspaso de fuerzas al I Cuerpo para la maniobra de “El Carmen”, organizó varias maniobras tratando de sacar ventajas de su gran superioridad.
Fue así que entre Septiembre y Noviembre de 1933 se produjeron los cercos de Ybamirante, Algodonal e Yrendagüé, en que grandes formaciones del Cuerpo de Caballería del coronel Toro logran encerrar a porciones de nuestro famélico II Cuerpo y repitiendo así la palabra del Coronel Franco.
La verdad es que en todos los casos mencionados, nuestros efectivos lograron escurrirse sin mayores consecuencias. Recuerda el Coronel Franco que en el primero de los cercos “el enemigo, que aún ignoraba en la mañana del 9 de Septiembre el escurrimiento de la VI División, desde sus aviones seguían arrojando en ese sector volantes que decían: “Soldados paraguayos, habéis abandonado vuestros hogares para luchar por vuestra patria, pero no para morir por un hombre. Vuestro General Estigarribia ha declarado que, con tal de tomar Ballivián no le importaba sacrificar diez mil hombres porque esa sería su plataforma política”.
Precisamente sobre el último cerco, el de Yrendagüé, Ramiro Rodríguez Alcalá, joven combatiente del II Cuerpo que hacía de radio transmisor , de apenas 17 años, nos dejö el siguiente relato que se transcribe parcialmente:
“Las dos maltrechas divisiones del II Cuerpo colgadas en el extremo más apartado e inhóspito del Chaco había roto el cerco de Algodonal y vuelto a caer nuevamente en el corral de Yrendagüe, la tenaza boliviana se había cerrado precisamente sobre los vitales pozos de agua que cavó Fraugnaud en el desierto”.
El aire caliente cargado de sombríos presagios y los mensajes radiales que llegaban de los sitiados, apenas audibles por el “fading” daban cuenta de la extrema situación”…
“Pasó un día más, cuando una columna de polvo anunció la llegada de vehículos desde Garrapatal; refuerzos. La luz de la esperanza, una débil llama vacilante, volvió a brillar.
Llegaron los camiones y descendió la tropa. No alcanzaban a noventa los soldados que venían en socorro del II Cuerpo”.
“Franco pasó revista a los recién llegados, conformados por rancheros, camilleros, heridos convalecientes y algunos ancianos de las últimas levas. Ni siquiera faltaban chicos de menos de diez y seis años reclutados en sus valles por incansables yagua-perós”(perros pelados, mote despectivo).
“Traían fusiles oxidados, ni una sola automática –carecían de bolso de víveres, los proyectiles abultaban en sus bolsillos. No todos venían con calzados. El coronel Franco recibió el parte, hizo que les diesen más proyectiles y dio la orden…”
“La columna queda bajo su mando directo-dijo Franco”.
“Se llenaron las caramagnolas –de los que tenían-. El Coronel Franco se puso al cinto, la pistola FM de reglamento y recontó sus proyectiles…” La columna emprendió la marcha y se perdió de vista… Todavía alcancé a ver al coronel Franco trasponer la altura rengueando”.
“Fue en ese momento cuando el cabo ayudante del radio-telegrafista llegó gesticulando como poseído y gritando a voz de cuello: ¡Ahí sale la sexta…!”
“El coronel Franco dio la columna al oficial al mando de la columna de auxilio que siguió la marcha hacia Mister Long mientras el comandante del II Cuerpo de Ejército regresaba a su puesto de comunicaciones…”
Rotunda afirmación de decisión y valor de soldado, la demostrada por el coronel Franco. Siendo comandante de un cuerpo de ejército, se situó en la posición de un teniente al mando de una patrulla para prestar ayuda a sus propios soldados en caso de emergencia. Nunca durante toda la Guerra del Chaco se tuvo ejemplo similar adoptado por ningún jefe y menos aún por uno que ocupaba el más alto cargo de Comandante en Jefe.
Como afirma el coronel Franco en sus memorias, “en la guerra también uno se divierte” y esto refiriéndose, evidentemente, al lanzamiento de volantes dentro de un cerco vacío.
El coronel Toro en el asiento de su comando en Carandayty a muchos kilómetros del frente de batalla, no pudo recibir una sola palabra,una noticia sobre captura de soldados paraguayos. Todos los informes recibidos fueron alentadores al comienzo pero negativos al final. No pudo obtener un solo triunfo en su enfrentamiento con el II Cuerpo del coronel Franco.
Vale la pena también recordar las expresiones de un comandante de Regimiento del II Cuerpo, el capitán Rogelio Benítez, que cuando fue informado de que habían sido cercados dijo a sus oficiales y soldados “Ñande nda-yahei vaca pytá hagüé coraje”. Ordenó el asalto y salieron todos con un sargento herido y ninguna otra baja.

YRENDAGÜE
Sin pensar en las consecuencias del desastre de “El Carmen” el coronel Toro siguió presionando a nuestro II Cuerpo del Coronel Franco, el que estaba recibiendo la devolución de los regimientos transferidos al I Cuerpo para la maniobra que le permitió obtener la victoria citada.
La reorganización de sus fuerzas y la puesta a punto para reiniciar su ofensiva, coincidió con la visita del general Estigarribia que mantuvo una reunión con el comandante del II Cuerpo a la que asistió también el coronel Garay. Esta reunión se efectuó en el kilómetro 137 del camino a López el día 22 de noviembre de 1934 y en ella Estigarribia ordenó a Franco preparar un ataque sobre Yrendagüé que nos diera nuevamente el dominio sobre los pozos de agua y nos abriera el camino para un avance general sobre Carandayty y el Parapití.
El coronel Rafael Franco de inmediato comenzó a delinear el plan de ataque distribuyéndose sus fuerzas conforme a las necesidades de la operación en ciernes.
La VIII División conforme al plan de Franco cargaría con la decisión de la batalla y su comandante el coronel Eugenio A. Garay fue visitado por su jefe el 4 de Diciembre a primera hora para detallarle su proyecto de ataque y entregarle en propias manos la orden de operaciones dictada el día 3 e indicarle lo perentorio que era iniciar el ataque para anticiparse al comando boliviano que nada estaría esperando visto el estado de nuestras fuerzas que él conocía, y la distancia que nos separaba.
Era tan poco probable hacer esta operación visto el terreno en que se encontraban, un inmenso desierto, sin agua, cubierto por arenales y yuquerís achaparrados, que nadie que no fuera Rafael Franco la hubiera creado y llevado a cabo con éxito. Dejó dicho el mayor Lorenzo Medina, que llegó hasta Charagua con el RI 16 Mariscal López, que el coronel Garay le hizo este comentario: “Mirá, Medina, dicen que del genio a la locura hay un solo paso, y este nuestro jefe, tiene cierta chispa fuera de lo común. Sus argumentos son serios e irrebatibles y se ajustan a la realidad”.
El coronel Garay ya estaba convencido de que el proyecto era posible aunque difícil. No perdió tiempo, se movió, movilizó su gente y al amanecer del 5 de Diciembre de 1934, la VIII División a sumando inició las operaciones que le correspondían e inició su avance conforme a los cálculos pre-establecidos.
Pero para el día 6 a mediodía, el coronel Garay envió un parte a su jefe comunicando que le era imposible continuar adelante por deficiencias en el abastecimiento de agua. Al decir del coronel Franco, un hombre que en la guerra no había vacilado nunca, tuvo un minuto de vacilación.
La respuesta de Franco fue inmediata: “Inmediatamente que reciba esta orden, reanudará la marcha hacia su objetivo. Si Dios quiere, usted y sus tropas beberán suficientemente en Yrendagüé”.
Enterado de la orden, conforme lo recuerda el pa-í Pérez Acosta, el coronel Garay comentó: “Peina co añamemby ono entendeme ñanderandivé. Jajhá katú lo mitá ikatú ko cierto la jehiva”.
Y de inmediato reinició la marcha seguido de sus oficiales y soldados.
Todo el día 7 siguieron avanzando y el 8 de Diciembre de 1934 dieron la gran sorpresa apareciendo frente a Yrendagüé y conquistando los pozos. Tuvieron agua a montones y bien valió el sacrificio.
El cuerpo de Caballería del coronel Toro se desintegró. Dice el coronel Franco: “Fueron salvados de una muerte segura, cerca de trece mil bolivianos con nuestras reservas de agua y el resto expiró en medio de los más dramáticos suicidios provocados por el espantoso tormento de la sed y un sol a plomo que era difícil sortear, incluso en la sombra”.
Fue, dejó dicho en sus memorias Franco, “la maniobra táctica más audaz de la guerra”. Y lo dice el más glorioso comandante de nuestro ejército en el Chaco.
Recordamos que el coronel Franco también dejó dicho en sus memorias: “Al mismo tiempo, nos fueron entregadas las insignias de esas condecoraciones a mí y al coronel Garay, comandante de la VIII División, que ya habíamos sido distinguidos con dichas condecoraciones en otra ocasión, por otras acciones victoriosas”.
El coronel Franco se refiere a la “Cruz del Chaco” y la del defensor, que él ya había recibido sobre el campo de batalla luego de su gran victoria en Campo Vía.
CARANDAYTY
Apenas capturado Yrendagüé y destruído el orgulloso cuerpo de Caballería de Toro, Franco ordenó el avance hacia Carandayty, que era la sede del comando de Toro desde hacía mucho tiempo y desde donde y a mucha distancia pretendió dirigir las operaciones de su tropa, con el resultado desastroso que ya conocemos.
Apenas capturado Yrendagüé, el coronel Franco ordenó el avance del II Cuerpo hacia Carandayty. El 16 de Diciembre de 1934 los destacamentos a cargo de Caballero Irala y Juan Martincich, avanzaron sin tropiezos y el 17 ya ocuparon Algodonal, haciéndolo también con Santa Fe que fue incendiada por los bolivianos en su huída. Toda resistencia boliviana fue destruída con la toma de muchos prisioneros. El avance de nuestros soldados continuó incontenible y fueron ocupando posiciones para el asalto final.
Aquí quisiéramos intercalar las palabras del Dr. Salvador Villagra Maffiodo, un íntimo colaborador de Estigarribia durante la guerra y durante la implantación de su dictadura fascista, que al reconocer la verdadera grandeza del coronel Franco recuerda:
“Repitiendo a Julio César, Veni, vidi, vici y sin perder las proporciones, podría parangonarse con este famoso parte militar el del coronel Franco al general Estigarribia sobre la toma de Carandayty, en los siguientes términos: Esta mañana entramos en Carandayty. Esta tarde seguimos adelante”. Y seguir adelante dice Villagra Maffiodo, “significaba nada menos que ir a cortar el importante camino de Villa Montes a Santa Cruz de la Sierra”.
Como nota de interés vamos a recordar que el Teniente Coronel Caballero Irala menciona en su libro “Los zapadores en la guerra del Chaco” que el avance hacia Carandayty se hacía, con las avanzadas por lo menos, en camiones y que en un momento dado la cabeza de la columna detuvo su marcha sin motivo aparente. Hechas las averiguaciones con la rapidez del caso, la respuesta fue que el camino estaba literalmente cubierto de cuerpos de soldados bolivianos muertos de sed al huir de Yrendagüé.
El terrible dilema de la guerra tuvo que prevalecer y la orden vino de inmediato: “Sigan adelante”. Naturalmente que nuestros camiones tuvieron que pasar por encima de todos esos cuerpos muertos, estamos seguros, sin saber porqué. No olvidemos que todos eran “indios”, despreciados y abandonados por sus propios oficiales mientras ellos huyeron en camiones. Estos indios fueron usados como carne de cañón para satisfacer la ambición de unos pocos políticos y militares de Bolivia.
Finalmente la orden de asalto fue dada para el día 23 de Enero de 1935 a primera hora. Para antes del mediodía Carandayty había sido conquistada. El enemigo que logró salvarse huyó como pudo hacia Boyuibé.
En Carandayty fue firmado un acta por los oficiales del II Cuerpo, encabezados por el coronel Rafael Franco en el que se decía que ese pedazo de tierra volvía al dominio de la patria y que nunca más se lo volvería a perder. Que lejos quedó ese juramento cuando un poco después, el régimen traidor que mandaba en este país entregó al vencido invasor, incluso Carandayty, que ya nunca más fue paraguayo, salvo el nombre.
Este documento se encontraba en exhibición en el Museo de Historia Militar del Ministerio de Defensa Nacional. Es de suponer que ahí seguirá.
PARAPITI
El avance hacia nuestros límites ancestrales en realidad se inició el 9 de Diciembre de 1934 y los resultados fueron culminados el 16 de Enero de 1935 cuando los tenientes José Vicente González y Domingo Bañuelos, comandantes de batallones del RI14 Cerro Corá alcanzaron las orillas del río Parapití, cumpliendo así a aquel clamor del gran Manuel Domínguez quien decía: “NI MAS ALLÁ NI MÁS ACÁ DEL PARAPITÍ”, el Parapití es nuestro.
El cruce se verificó de inmediato y varias poblaciones bolivianas fueron ocupadas ante el desbande de sus defensores. El 17 de Enero cayeron Santa Fe y Casa Alta. Un poco después, el 21, cayeron Tiguipa, Timboy, Machareti. Finalmente nuestro RI 16 Mariscal López a cargo del Mayor Lorenzo Medina capturó Charagua.
Fue entonces que los cables ponían en conocimiento el mundo entero, que los habitantes de Santa Cruz comenzaron la evacuación de la ciudad. Estaban seguros que las fuerzas del Coronel Franco capturarían la tercera ciudad boliviana. Sin embargo no se aprovechó el momento psicológico de pánico que se vivía en Bolivia. El coronel Franco pidió al general Estigarribia la devolución de las fuerzas del II Cuerpo prestadas al I Cuerpo para las operaciones frente a Villa Montes. Pero esto no ocurrió.
Franco planteó mayores operaciones en su sector a fin de cortar las comunicaciones de Villa Montes con el resto del país y liquidar sus fuentes de abastecimiento. Así Villa Montes quedaría aislada y caería sola. Pero Estigarribia una vez más se negó a seguir las sugerencias de Franco, y el resultado desastroso de las operaciones frente a Villa Montes ya es bien conocido.
El general boliviano Querejazu Calvo en su Historia de la Batalla de Villa Montes afirma que el primer asalto del I Cuerpo fue efectuado con seis mil hombres. El segundo con cinco mil y el tercero con solamente cuatro mil. Esto dice este señor, muestra las enormes pérdidas que los atacantes paraguayos tuvieron en esas acciones. Exageradas o no esas afirmaciones, bien sabemos que esos ataques fueron verdaderamente suicidas al asaltar con infantería a posiciones perfectamente artilladas.
Como la VIII División no fue devuelta al II Cuerpo, las fuerzas paraguayas ampliamente superadas en número, tuvieron que retroceder sus líneas para detener la ofensiva boliviana, lo que se consiguió y se estabilizó el frente.
Apenas después y terminado con las tratativas iniciadas por Chile y Argentina en enero de 1935, se llegó a la firma del protocolo del 12 de Junio de 1935 por el que se acordó el cese de los fuegos a partir del día 14 al medio día. La guerra que había empezado en Junio de 1932 con la conquista boliviana de nuestro fortín Carlos Antonio López (Pitiantuta) y finalizaba así en Junio de 1935.
En esos momentos los bolivianos bien habrían pensado, ¿Y para qué iniciamos esta guerra? Muy diferente fue su situación una vez consumada la infame traición de nuestros representantes con la firma del Acuerdo Secreto del 9 de Julio de 1938 por el que Bolivia ganó lo que perdió en la guerra.
Para cerrar, valgan las expresiones de José María Rivarola Matto:
SI EL DESTINO HUBIESE QUERIDO QUE RAFAEL FRANCO COMANDASE TODO EL EJÉRCITO EN CAMPAÑA, QUIEN SABE SOBRE QUÉ PICACHO ANDINO SE HUBIESE FIRMADO LA PAZ.
RAFAEL FRANCO GOBERNANTE
Apenas instalado el gobierno de la revolución en febrero de 1936, el coronel Franco se dedicó a aplicar su pasión por la patria, sobre la base de la defensa de nuestros derechos sobre el Chaco y por el pueblo, dictando las primeras leyes de carácter social en el Paraguay.
Sobre esto último sobresalen las leyes que privilegian la salud, la educación y el trabajo, completadas con la primera y única ley de reforma agraria que ha conocido el Paraguay en toda su historia. Por esto, el coronerl Rafael Franco fue tildado de comunista por una sociedad cerrada, pacata, pequeña y egoísta, poseedora de las grandes fortunas y a la que el pueblo que vivía en la miseria nada le importaba.
En cuanto a los derechos de nuestro país sobre el Chaco, su posición y la de su gobierno fue única e impostergable. Ahí donde había terminado la guerra, de ahí partiría la definición del vencedor de tantas batallas.
1) La línea de hitos era intocable. No se discutirían absolutamente nuestros derechos sobre el Chaco hasta esa línea;
2) Todo el territorio al norte de la línea de hitos y hasta el parapití, los cerros y el Otuquis debía ser sometido a un arbitraje de derecho. Teníamos documentos suficientes para demostrar que fueron nuestros desde siempre.
Conviene recordar que todo lo acordado hasta el 17 de Febrero de 1936 fue obra del gobierno de Eusebio Ayala y el Partido Liberal. El protocolo del 12 de Junio de 1935 y el del 21 de Enero de 1936 establecían todas las condiciones y crearon toda la situación existente referente a las tratativas en la conferencia de Paz y que fueron heredadas por el gobierno de la revolución de febrero.
El gobierno de Rafael Franco firmó con fecha 9 de enero de 1937 un acuerdo sobre libre tránsito comercial por el camino internacional que une Bolivia con Argentina, y el control por una policía paraguaya a lo largo de la línea de hitos del lado paraguayo.
Como la definición no llegaba, a mediados del año 1937 el gobierno argentino comisionó al coronel Schwiethzer para preguntar al coronel Franco sobre un posible arreglo de fronteras. La respuesta de Franco fue transmitida al presidente argentino y era consecuente con la firmeza del primer día: “La línea de hitos y el arbitraje de derecho al norte” tal como lo indicamos. Esto consta en el libro blanco de la Cancillería Argentina.
Bien sabemos cómo finalmente terminó todo. Derrocado el coronel Franco se entregó al norte de nuestro la zona petrolífera con un vergonzozo acuerdo secreto. Todo esto último hemos comentado largamente en nuestros tres libros editados por F17 que tratan largamente este tema.
Quisiéramos cerrar este escrito recordando la grata entrevista que tuviéramos en Montevideo allá por 1960 con el Dr. Luis Alberto de Herrera. Cuando mencionamos al coronel Rafael Franco, enseguida comentó: “Recuerdo que yo fui quien le comunicó al coronel Franco que por fin se firmó la paz. Pero cuando le mencioné bajo qué condiciones, se puso a lagrimear y comentó : “¿Porqué no habré firmado; yo tuve la oportunidad de firmar hasta la línea de hitos y no lo hice; porque quería para mi patria hasta el río Parapití, y ahora esto?”.
Y ese recuerdo del coronel Rafael Franco, lagrimeando por lo ocurrido, nos dice de un dolor real, que explotó cuando se enteró de que también fue partícipe de la entrega y del tratado el propio general Estigarribia, al que fulminó justificadamente con el mote de “TRAIDOR A LA PATRIA”.

fin

 

 

 

Esta disertación del Dr. Arturo Rahi

también está accesible en el sitio web

establecido por el movimiento F17:

http://F17digital6.blogspot.com 

LOS EDITORES

 

 

 




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LA GUERRA DEL CHACO (PARAGUAY - BOLIVIA) AÑOS 1932 - 1935
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