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  ARS LONGA, 2004 - Por VICKY TORRES


ARS LONGA, 2004 - Por VICKY TORRES

ARS LONGA

Por VICKY TORRES

Arandurã Editorial

Asunción-Paraguay 2004

(429 páginas)

 

 

 

 

ARS TONGA, PERO NO TANTO

 

El dicho latino asegura que, si la vida es breve, el arte, en cambio, permanece. Ahí están para confirmarlo las pinturas de Lascaux o de Altamira con mayor antigüedad que la memoria histórica. Si algo sabemos de la vida de aquellos cazadores magdalenienses es, entre otras cosas, gracias al arte. El arte, en efecto, permanece. ARS TONGA.

El arte no es un simple dato. No es lo «dado» (datum, dato), sino lo creado, aquello que la persona a quien llamamos artista ha convertido en «algo» que no existía previamente y que, sin embargo y a todos los efectos, no sólo existe, sino que tiene una realidad que trasciende la materia con la que fue creado y la forma que el artista le ha impreso. Sólo a los especialistas puede interesar la materia geológica en las estatuas de mármol o la calidad de aceites y pigmentos en un cuadro o en un mural. En buena cuenta, sólo a ellos interesan realmente la disposición de los colores, la perspectiva y calidad del trazo, los ritmos y las técnicas usadas para lograr un efecto. También interesan al verdadero artista, que conoce estas cosas y las domina, pero no al espectador. Lo que al espectador del arte interesa, lo que afecta su sensibilidad, es única y exclusivamente el efecto que el artista haya logrado. De ahí que la interpretación del objeto artístico parta del efecto y no de las causas y que trate de encontrar en el efecto las razones que hacen de un objeto creado un objeto de arte, una obra artística. El camino de la interpretación artística es un camino de vuelta. Desde el momento en que lo creado existe y afecta la sensibilidad del espectador, el objeto artístico pasa a ser un «dato» y, como tal, puede ser interpretado.

La interpretación de la obra de arte es un punto de vista o trata de serlo. Como punto de vista, es una opinión de alguien sobre algo. El que ese «alguien», usualmente llamado crítico, se sitúe entre el espectador y el artista con el objeto de manifestar un parecer que puede o no afectar la comprensión que el primero tiene de la obra de arte y el segundo de su propio quehacer como artista es, ante todo, un fenómeno relativamente reciente en la historia del arte y, además, un reto asumido con muchos riesgos. El arte puede existir sin el crítico, puesto que cada espectadores o puede ser un intérprete, pero el crítico no puede existir sin el objeto de arte. ¿Qué utilidad tiene, entonces, la crítica de arte, si es que tiene alguna? Suele el así llamado «crítico» situarse en una posición especial: de riesgo y, al mismo tiempo, de poder. Hay poder, porque existe el riesgo y, si se vence, el poder aparece. No es, por cierto, el poder en sus manifestaciones más perversas, pero puede llegar a serlo, si el crítico lo ejerce para obtener de su autoridad (la manifestación primera del poder), potestad o dominio sobre las conciencias de los espectadores en beneficio de alguien o en su propio beneficio. El ejercicio de la crítica de arte es, en consecuencia, un ejercicio moralmente comprometido.

Lo es en todas partes, en todos los países y en todas las culturas, pero tal vez lo sea de manera especial en nuestros países y en nuestras culturas. Suele decirse -y es cierto- que el desarrollo económico, social o tecnológico nada o poco tienen que ver con el del arte y la cultura. Para probarlo, se cita al bisonte de Altamira, una de las expresiones más elevadas y logradas del arte con una antigüedad superior a los doce mil años. Aun cuando esto es cierto, desde que aparece el arte realmente moderno con las vanguardias, han existido -y siguen existiendo, pese a todo cuanto se diga en contrario- centros de desarrollo artístico normalmente coincidentes con los centros de poder económico y político. Hoy, esos centros se extienden especialmente por los países a los que solemos denominar desarrollados, desde Nueva York o San Francisco a París, Londres, Roma o Barcelona. Quienes estamos al otro lado de esa frontera divisoria podremos, sin duda, crear un gran arte, pero no cabe la menor duda de que siguen siendo los centros citados los que consagran a los artistas, los que establecen pautas y los que trazan los caminos por los que el arte discurre. Que en el futuro esto pueda ser cuestionado es un asunto de muy distinta naturaleza. Querámoslo o no, son esas pautas y esos caminos los que han de seguir -y siguen- con más o menos fortuna nuestros artistas, pues, aunque el arte tiene una trayectoria genésica que va de dentro hacia fuera, de la idea madurada en la mente del artista a la creación del objeto que la contiene y la expresa, hoy más que nunca esas ideas primeras están siendo modeladas en los centros de poder artístico de los que hablamos. La posibilidad de un arte particular, idiótico, no contaminado por las ideas dominantes, es remota y cada vez lo es más. La planetización, mundialización o, si se prefiere, globalización del arte, es un hecho. Las artes de fuertes rasgos nacionales o regionales o, simplemente, personales siguen constituyendo una maravillosa excepción no siempre bien comprendida. Al fin y al cabo, también las sensibilidades se han vuelto globales. Cada vez más -y pese a la calidad de muchos artistas- el mundo del arte se torna un popurrí (de pot pourri, adaptación francesa de la hispanísima «olla podrida» en el sentido de mezcolanza, batiburrillo, cajón de sastre) de corrientes y tendencias muy diversas, pero un popurrí, al fin, similar en las más diversas latitudes del planeta. Lo queramos o no, nuestros artistas bucean en estos tiempos de globalización en esa «olla podrida» planetaria, pues no les queda otro remedio. Se adecuan. Se ajustan a norma. Los verdaderamente originales, raros o fascinantes son cada vez más escasos.

No está mal la globalización del arte, siempre y cuando el espíritu cosmopolita que nos invade sea asumido con seriedad y desde una perspectiva que no impida al artista, ni la expresión más acabada de sus ideas, ni el mantenerse fiel a sí mismo. En otras palabras, siempre y cuando el artista sea capaz, en este maremágnum de corrientes encontradas, de producir arte: objetos capaces de trascender la materia y la forma que los constituye.

Esto no siempre es así, naturalmente. Cuando llegué a Paraguay, hacia finales del año 1991, el arte paraguayo, pese a todo, parecía mucho más claramente diferenciado que hoy de las corrientes que se han impuesto. No significa esto que la modernidad no se diera desde, al menos, los años cincuenta. Se daba y daba magníficos resultados. Eran muchos los que habían incursionado en corrientes en boga desde hacía varias décadas y con fortuna: de la abstracción al neofigurativismo, el impresionismo abstracto, el pop o las más recientes tendencias hiperrealistas. Muchos otros experimentaban con nuevos materiales y nuevas formas o incursionaban en la creación de objetos e instalaciones. Existía en esos primeros años noventa un entusiasmo que, pasados más de diez años, ha menguado. Los jóvenes artistas, recién salidos de sus escuelas, soñaban con cambios y con propuestas cada vez más novedosas. Los artistas ya consagrados esperaban, quizá con impaciencia, estas novedades y ellos mismos no dejaban de experimentar cuando la oportunidad se les Presentaba propicia. Hoy, unos y otros, parecen estar más atentos a lo que viene de fuera, a las novedades que los centros de poder artístico les ofrecen. Hoy más que nunca, la dynamis genésica del fenómeno artístico parece estar fuera del propio artista, fuera de su ser, ajena a él. Todos los objetos de arte comienzan a parecerse entre sí. Hay un peligroso aire de familia en el que la idea propia de cada artista parece que se pierde. Si este es un signo de los tiempos posmodernos que corren, la monotonía será uno de los signos de un futuro en el que el arte corre el peligro de ser canibalizado por el mercado y el gusto impuesto por el instrumental mediático manejado por los gurúes del marketing desde los centros de poder artístico.

Por fortuna creo -y confío- que no ocurrirá nada semejante. El «fin del arte» ha sido profetizado muchas veces a lo largo de las últimas décadas, y siempre los artistas han sabido responder al reto con nuevas formas de expresión para hablarnos de lo que siempre habla el arte: del hombre y del mundo, de las infinitas formas de entender la condición humana en tránsito hacia no se sabe dónde. Si el arte no desaparece es porque lo necesitamos para vivir, para sabernos seres humanos, pues vivir sin arte equivaldría a vivir sin la capacidad evocadora de mundos nuevos y siempre renovados y renovándose que el arte -y sólo el arte en sus diversas manifestaciones- nos ofrece. El que hoy los artistas de todo el mundo se vean sometidos a algunos imperativos ajenos al hecho artístico y condicionados por ideologías uniformadoras del mismo no significa que no sean capaces, como lo han demostrado siempre, de superar esos inconvenientes. En el Paraguay sigue habiendo artistas originales y apareciendo nuevas figuras que pretenden serlo y en ello se esfuerzan.

A lo largo de casi diez años hemos visto cómo se ha desarrollado este proceso. Vemos hoy algún desconcierto en los menos advertidos, servil imitación en los más ambiciosos y apresurados y molestia en cuantos, habiéndose formado en las técnicas y corrientes de décadas pretéritas, ven que los resultados que obtienen con su trabajo no son valorados como deberían serlo. Enfrentamos tal vez, una crisis, pero una crisis que, sin duda, será superada. La crisis se oculta tras los velos convencionales de las modas al uso que los centros de poder artístico nos imponen. Algunos sucumben a su encanto; otros hacen suyas las corrientes de moda y las ponen al servicio de su genio y sus ideas y muchos más no saben qué hacer en este mundo de desconcierto en el que todo vale y el objeto del arte se ha convertido en mercancía. Al fin y al cabo, el mundo del arte no está ajeno a cuanto sucede fuera de él. No puede estarlo.

En estos escasos diez años he conocido lo mejor de la producción artística plástica paraguaya y he tratado de dar cuenta de ella. Lo he hecho centrándome en los artistas y, con alguna frecuencia, también en los artistas no paraguayos que residían o residen en Paraguay y con artistas cuyas obras pudieron ser expuestas en el país, aunque ellos no siempre estuvieran presentes. También he dado cuenta de los hechos artísticos y de las remembranzas que consideré importantes. En conjunto, cuanto escribí no tiene la unidad que me hubiera gustado, pero creo que vale la pena contar con un registro como este y, por esta razón, he decidido publicar los artículos que a lo largo de los últimos diez años fueron apareciendo en ABC Color, La Nación, la revista jazmín y en diversos catálogos especialmente preparados para alguna exposición.

Nada de esto hubiera sido posible sin el apoyo de amables galeristas, periodistas que me cedieron gentilmente en sus medios el espacio que necesitaba, estudiosos dedicados, compañeros de crítica y artistas que aceptaron mis opiniones sobre sus obras. A todos ellos, muchísimas gracias. Mi agradecimiento especial para los directivos y periodistas de ABC Color, en cuyas páginas aparecieron muchos de los artículos aquí recogidos y sin cuya comprensión nada de ello habría sido posible. A los encargados de la página de Arte y Espectáculos de ABC Color, que confiaron en mí. A ellos, mi agradecimiento más sincero. Muchas han sido las satisfacciones alcanzadas en este trabajo, muchos también los encuentros con artistas magníficos y personas de gran calidad intelectual y humana con quienes hoy me unen lazos de amistad. Este, tal vez, es mi mayor logro.

Asunción, 25 de febrero de 2004

 

 

 

 

 

PRÓLOGO

 

A Vicky le debo más a su generosidad que a mi idoneidad el privilegio de figurar mi nombre en este libro, una recopilación de sus trabajos que informaron, orientaron, enriquecieron al público acerca del arte, gracias a su sensibilidad y conocimientos. Pero sobre todo, a su coraje de ejercer la crítica en un medio donde escasea la voluntad, y muchas veces el talento, para desentrañar los laberintos de la creación.

Sobre la función de la crítica han caído, en todos los tiempos, raudales de improperios. Sartre escribió: «La mayoría de los críticos son hombres que no han tenido suerte y que en el momento en que estaban en los lindes de la desesperación encontraron un modesto y tranquilo trabajo de guardián de cementerios». Se salvaron las mujeres, porque al parecer la crítica, como profesión, ha estado siempre en manos de los varones. Nuestro país cuenta con tres: Josefina Plá, Olga Blinder y la autora de este libro.

Como en toda actividad humana, tal vez existan guardianes de cementerios entre los críticos. Pero ya no es posible poner en entredicho la tarea y la importancia de las opiniones autorizadas acerca de los trabajos literarios y artísticos. Sin una oportuna palmadita en el hombro -o un necesario tirón de orejas- muchos creadores no tendrían una voz autorizada que les alentase o aconsejase en su labor. Se podría decir -lo que se dice siempre- que basta a un autor la aceptación o el rechazo del público para sentirse realizado o fracasado. Esto no es así. La experiencia de todos los tiempos más bien dice lo contrario. Gracias a la crítica muchas creaciones artísticas y literarias entraron en la inmortalidad. Las buenas obras se imponen por sí mismas, es cierto, pero alguien tiene que decirnos por qué son buenas, por lo menos para contrastar opiniones.

Nos dice Vicky: «El dicho latino asegura que, si la vida es breve, el arte, en cambio, permanece. Ahí están para confirmarlo las pinturas de Lascaux o de Altamira con mayor antigüedad que la memoria histórica. Si algo sabemos de la vida de aquellos cazadores magdalenienses es, entre otras cosas, gracias al arte. El arte, en efecto, permanece. Ars longa».

En este punto nos acordamos de José María de Quinto, quien nos dice: «Otra cuestión es la que plantea el hecho de que el arte alcance a sobrepasar sus propios condicionamientos, que tenga capacidad bastante para sobrevivir a la época en que fue compuesto. Desaparecen, en efecto, civilizaciones y culturas, organizaciones económicas y formaciones sociales, pero el arte que a ellas se refiere continúa asombrosamente en pie». (El teatro y la sociología)

La autora sabe que «El ejercicio de la crítica es... un ejercicio moralmente comprometido». Esto es así porque -ella también lo dice- el crítico, que tiene poder, puede utilizarlo «en beneficio de alguien o en su propio beneficio». Es decir, un crítico no sólo debe saber de lo que habla, sino también, y sobre todo, ser honesto. Conocimiento e integridad son los valores que guían y alientan a Vicky Torres en su vocación -¿alguna vez será profesión en nuestro país?- de guiar al público y prolongar las obras artísticas.

Como todo trabajo crítico en serio, el de Vicky está apoyado en lo que suele estar ausente en muchos que ofician la misma tarea: la mesura. No hay un solo párrafo en este libro ni siquiera el intento de aparecer como sabiendo más que el autor. Esta soberbia - generalmente injustificada, como todas las soberbias- suele ser el pecado frecuente de quienes se acercan a una obra de arte sólo para demostrar su dominio sobre aquello que, en el fondo, ignoran. Pero aunque lo supiesen, es siempre de pésimo gusto situarse por encima de la obra y del autor. Si saben más, la elegancia de los entendidos reside en su comprensión y en su tolerancia, lo que no equivale a decir que deben derramar elogios inmerecidos. La verdadera elegancia es aquella que no se nota. La crítica ordinaria es chillona, exhibicionista, procaz.

Los ojos certeros de Vicky se detienen en lo bueno de una obra para hacerla trascender. Al hablar de una creación de Edith Jiménez, por ejemplo, nos dice: «Sus pequeñas casas campestres azotadas por el viento se hacen manchas indefinibles en un torbellino de colores salidos de un centro solar que parece esencial y omnipresente y que convierte la escena representada en una abstracción cargada de sentidos casi infinitos. No hace concesiones, ni al pintoresquismo fácil, ni a las modas. Pintura libre. Libre escritura del universo».

Tampoco la autora de este libro hace concesiones, en el sentido folclórico de ver sólo lo censurable en la creencia ingenua de preservar la independencia de criterio. Se es independiente justamente cuando se tiene la actitud, y la aptitud, de hacer la crítica como otro acto de creación. Este libro lo demuestra suficientemente.

ALCIBÍADES GONZÁLEZ DELVALLE

 

 

 


Índice / Prólogo: Alcibíades González Delvalle / Ars tonga, pero no tanto

ARTISTAS PARAGUAYOS:

·         Fabiola Adam: Las formas imposibles de Fabiola Adam / Los mitos contados por Fabiola

·         Pedro Agüero: Pasión de Pedro Agüero en el «Josefina Plá»

·         Carlos Almeida: Reelaboraciones

·         Renatta Ávila: Las llaves del paraíso

·         Gustavo Beckelmann: Vuelos y mitos

·         Eneide Boneu: La mujer y su sombra

·         Gabriel Brizuela: Realismo absoluto y virtualidad

·         Osvaldo Camperchioti: Génesis de Camperchioli

·         Lisandro Cardozo: La infinitud de los espacios cerrados /  Ictiofauna en el Miguel Acevedo

·         Oscar Centurión: Tuss

·         Mercedes centurión: Zoología del espacio

·         Ceuppens: Las sedas al viento

·         Carlos Colombino: Las manos de Colombino / Una vida para el arte

·         Enrique Collar: Signos de realidad

·         María Gloria Echauri: Perfiles urbanos

·         Hernán Escurra: Una visión urbana

·         Sila Estigarribia: Sila Estigarribia

·         Gerardo Farías: Escultor de cincel, maza y lentes

·         Celso Figueredo: Alambre y herrumbre

·         Luis Fraccihia: Naturaleza peregrina

·         Alejandra García: Juegos y formas

·         Benito García: La cosmogonía de Benito García

·         Engelberto Giménez: ¿Con qué objeto?, pregunta Giménez

·         Adriana González Brun: Instalaciones creadas con pedazos de vidrio

·         Hermann Guggiari: Un paraguayo en Dachau

·         Bernardo Ismachoviez: «Paisajes Humanos»

·         Edith Jiménez: La belleza de la verdad

·         Bernardo Krasniansky: Retrospectiva / Transparentes de Krasnianáky

·         Ilma Laterza: Topografía del espíritu

·         María C. López Aquino: El retorno de las aves

·         Gladys Mas: Fingimientos

·         Graciela Mayor: Arcanos y misterios / Las cajas de Graciela Mayor

·         Ricardo Migliorisi: Esplendor de Migliorisi / El color de una fiesta / Muestra de antología en la Manzana

·         Hernán Miranda: El amor a la geometría

·         Juan Montes: Imágenes del Supremo / El teatro y el artista

·         Roberto Morelli: El secreto de la línea

·         Margarita Morselli: Tiempo de Paisaje / Evocaciones hierosolimitanas

·         Gladys Nieva de Fadul: Valle de Lágrimas

·         Jorge Ocampos: Oniromantes, de Jorge Ocampos

·         Cristina Paoli: Ángeles /  De espíritus y sueños

·         Alicia Perito: Geológicas

·         Pindú: Pindú en el recuerdo

·         Hugo Pistilli: Maternidades / Los signos de la compasión

·         Josetina Plá: Los payaguá

·         Carlos Federico Reyes: Mita'i Churi

·         Osvaldo Salerno: Impresiones de Salerno / Relecturas

·         Rubén Sotelo Cano: Homenaje a tres grandes ceramistas

·         Félix Toranzos: Teorema y arte

·         Miguela Vera: Miguela Vera, grabadora

·         Roberto Vera: Tiempos circulares

·         Marité Zaldívar: El arte como representación

MUESTRAS COLECTIVAS DE ARTISTAS PARAGUAYOS:

Grupo 6x6. Poesía y plástica en la Manzana / Los Novísimos / Arte Jesuítico. El revés de la trama / Los «Guggiaris». Una exposición de Guggiari / La feria de «El bosque de los artistas» / Lisandro Cardozo, Manuel Mosteiro y Ramón Rojas. Tres dibujantes / Carlos Colombino, Ricardo Migliorisi, Hernán Miranda, Susana Romero, Osvaldo Salerno, Félix Toranzos. Desnudos en Asunción / El Aleph. Última muestra / Exposición de productos metálicos. La metalurgia y la cerámica / Lisandro Cardozo y José Kura. Novedades en Multiarte / Grupo 6x6. Oré Poteí / Joven plástica paraguaya. Primavera y arte / Osvaldo Camperchioli, Lisandro Cardozo, Celso Figueredo, Alejandra García, Jorge Ocampos, Cristina Paoli. «Angapy», ágape de arte para el hombre. / Colectivo de escultores. Escultores en el CCPA / Feria en el Aleph / Grupo 6 x 6 / La historieta, una historia sin final / Muestras diferentes en el Banco Central / Una muestra paraguaya / Celso Figueredo, Cristina Paoli, Jorge Ocampos. Tres jóvenes valores / Primera bienal interparlamenta ría de pintura del MERCOSUR. Tres lenguajes. / Eneide Boneu, Graciela Nery Huerta y William Paats. Tres visiones del Guernica / Tres jóvenes promesas

ARTISTAS EXTRANJEROS

Livio Abramo: Las líneas de Livio Abramo - In Memoriam - 133 obras restauradas / Georg Baseiitz: Artista radicalmente auténtico / Yonne Bergamaschi: Fuerza del color en Yonne Bergamaschi  / Miguel Bergasa: Miguel Bergasa, fotógrafo / Fernando Bertazzoli: Intuiciones de Bertazzoli / José Caballero: El espíritu del 27 busca su camino / Víctor Chab: La última exposición del Museo del Barro / Martín Crespo: Paso a paso / Isabel de Anda: Pintando flores / Willem de Kooning: De Kooning ha muerto / Juan Gaja: Expone sus obras en Belmarco / Benito García: La cosmogonía de Benito García / Clara Greenlee: El predominio de la curva  / Maura Grespan: Las formas de la tierra  / Francisco de Goya: Goya en Asunción. / Osvaldo Guayasamín: El dolor ausente / Felipe Hernández Cava: Tebeos de España / María José Jiménez: Interminable búsqueda de belleza y humanidad / Ana Judkins: Estética y vida / Max Klinger: Una de las personalidades artísticas más importantes de su época / Jorge Melo: Luz y color de Jorge Melo / Eida Merei: Oscuridades en la Galería Fábrica / La interacción de nuevas búsquedas e inquietudes / Norberto Moretti: Pincel de sombras / Picasso: La sombra de un genio  / César H. Piedrahita B.: Paisajes urbanos de Piedrahita / Christian Petersen: Frenesí y pasión de Petersen  / José Resende: Representante de las más modernas tendencias escultóricas brasileñas / Susana Romero: Los ritos de Susana Romero / Graciela Soria: Orígenes / Pilar Suárez: Una tradición que no cesa - La búsqueda de Pilar Suárez / Francisco Torné G.: Paraguayo de vocación / José Ostria: Un pintor y poeta boliviano / Martha Vargas: Nostalgias / Velázquez: Cuatrocientos años del nacimiento de un genio español / Claudia Vivero: El lenguaje simbólico de Claudia Vivero - Las circunvoluciones de Vivero en Fábrica / Cecilia de Zamora: Volúmenes y sombras

MUESTRAS COLECTIVAS DE ARTISTAS EXTRANJEROS

150 años de fotografía en España / El afiche polaco / Las fuentes de la memoria / Colores de Kenia / Con ojos de inocencia / Desde San Fernando. Seis realistas españoles / Gráfica alemana de los 80. Tradición y ruptura / Jóvenes pintores del Perú / Máscaras africanas en toda su gran fuerza expresiva / Peruanos después de Szyszlo / Plásticos de Ecuador / Textiles precolombinos en Paraguay / Grabados chinos en Asunción

ARTÍCULOS GENERALES

El arte del siglo XX / Thánatos / El arte y los pueblos / Artecon '98/  ¿Adónde va el arte? / Integración por el arte / Luces y sombras en el arte / La libertad de expresión / La humanidad al margen / Qué es el genio / Maternidad en el arte / Instalaciones / Arte y cultura de masas / Los juegos y el arte / Maison d'art / Arte y sociedad / Arte, fotografía y sociedad / El artista es testigo / El barro guaranítico / Iberoamérica pinta / Imágenes del pasado / Imaginería barroca / La conciencia en el arte / La encrucijada del arte / La estética del gesto / La humanidad al margen / Los terrenos comunes de las formas / Máscaras / Pandorgas en los cielos del Mercosur / Presencia del arte / Primera Bienal de Pintura del Mercosur . Verano en el arte / El objeto de arte / Teatro: Kuña Rekove.

 

 

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