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TOMÁS L. MICÓ


  LEYENDAS DEL PARAGUAY - Por TOMÁS L. MICÓ


LEYENDAS DEL PARAGUAY - Por TOMÁS L. MICÓ

LEYENDAS DEL PARAGUAY - MITOLOGÍA GUARANÍ

TOMÁS L. MICÓ

Instituto Paraguayo de Ciencia del Hombre

Asunción - Paraguay

1982 (93 páginas)

 

 

En el centenario de Narciso R. Colman

-Rosicrán -

 

 

 

PRÓLOGO

 

            Hace cien años, nace en Valle-í el hombre cuyo centenario celebramos, pues el 29 de octubre de 1880, ve la luz Narciso Ramón Colmán en un villorio del actual municipio de Caballero del Departamento de Paraguarí. Su nombre ha trascendido la frontera de nuestro país y no creo equivocarme al afirmar que es un eminente americanista, según se deduce del análisis de sus obras y del reconocimiento internacional que las mismas merecieron.

            No creo necesario exponer in extenso toda la tarea realizada por Don Narciso Ramón Colmán, pues las mismas son de público conocimiento; me limitaré tan solo a una que otra nota traída como colación de lo que se afirma en estas líneas.

            Eximio cultor de la lengua guaraní, la utilizó para expresar su poema “Ñande Ypy Cuera”, el cual fuera presentado en el Congreso americanista celebrado en Río de Janeiro en 1922. Tanto fue el éxito del poema sobre los aborígenes del Paraguay, que mereció una gran medalla; además, se recomendó su publicación a través de los anales del Congreso, lo cual se llevó a efecto en una separata en 1932, es decir diez años después; finalmente, nuestro recordado poeta fue alentado para que vertiera su obra al español, lo cual hizo con tanta solvencia como probidad; para que a través de la lengua de la Madre Patria pudiera ampliar el círculo de sus lectores.

            El nombre de nuestro recordado poeta es inmortal y no podrá ser olvidado mientras exista La Historia, aún en el caso de hacerse un resumen de ella, porque N.R.C. es figura señera tanto en la defensa de la lengua vernácula como en el cultivo de la misma, en prosa y en verso, en los más variados géneros. La persona cuya gloria rescatamos, hizo su entrada a la inmortalidad el año 1917 cuando publicara "Ocara Poty"; y por si alguien dudara de su condición diferente al de los demás mortales, compuso su ya nombrado poema "Ñande Ypycuera". Pero hay más: N.R.C. nace como poeta en 1917 y cuando publica su primera obra se inmortaliza, según se puede constatar por la crítica; es que un poeta como Rosicrán, cuyo es el seudónimo del vate guaraní, nace inmortal, porque su primera obra tiene carácter de tal.

            Un aspecto resaltante de la ilustre personalidad objeto de nuestra evocación, es el valor humano de aquel representante del hombre paraguayo; humilde, sencillo y leal. Los valores morales cultivados por Rosicrán están en correspondencia con sus logros literarios, y por qué no decirlo, por sus interesantes aportes a la etnología y filología guaraní.

            Una vida tan polifacética exige el uso de toda nuestra capacidad para extraer de ella las lecciones que sin duda atesora. Mucho se ha dicho de la obra de N.R.C. y aún queda mucho por decir, pero esto exigirá un estudio más profundo y sistemático de tan preciada existencia.

            Este gran señor, dotado de cualidades singulares ha sido capaz de afianzar el destino de una literatura gracias a su excelente producción en lengua guaraní, sin que esta situación afectara su natural modestia. Conocedor profundo de la vida, psicólogo nato, se mostró siempre amable y atento con los demás, confirmándose una vez más que lo artístico deja traslucir algunos aspectos de la cultura de su creador.

            Su vida siempre estuvo a la altura de su obra y en ningún momento desentonó con su propia filosofía de la vida, razón por la cual sus contemporáneos encontraron en su noble proceder una norma de conducta acorde con sus ideales. Conocedor profundo de la vida, utilizó su rica experiencia para expresar su visión del mundo, dándole forma poética a los mitos, leyendas, sátiras, refranes y tantas otras producciones del saber humano.

            Es proverbial que los poetas no viven de la poesía y Rosicrán no ha sido una excepción según se pudo comprobar, debiendo dedicar su talento a las profesiones, destacándose como Telegrafista y Magistrado.

            Iníciase como telegrafista del F.C.C.P en la Estación de su municipio natal, llegando a ocupar en esta profesión el cargo de Jefe de Telégrafo Nacional. Incorporándose a la Administración de Justicia, comenzando desde el cargo de escribiente y culminando su carrera como Juez de Paz en lo criminal. Autor de las más importantes obras poéticas guaraníes, fue merecedor del reconocimiento de la crítica con elogiosos comentarios sobre su estilo en prosa y en verso.

            Como poeta aporta las más fecundas producciones en una variedad casi infinita, lo cual solo es explicable por su extraordinario dominio del idioma y por su capacidad innata de expresión a través de la metáfora. Su producción poética es un material valioso para la investigación de la Poesía Guaraní Contemporánea.

            La poesía Guaraní del Paraguay tiene en N.R.C. a uno de sus más geniales cultores. Utilizó con notable sutileza el género satírico, siendo en éste campo muy profundas sus elucubraciones e importantes sus contribuciones.

            Antes de él, solo pueden citarse algunas figuras significativas, dentro de la Poesía Guaraní Nacional, comenzando por Don Natalicio Talavera, quien resucitara el género épico ya utilizado por los poetas aborígenes. N. Talavera tenía fibra de polemista, con una vertiente satírica. Fue denominado el Tirteo del Paraguay por Olegario Andrade; ninguno como él para relatar las hazañas de nuestros héroes, dejando en ridículo a los de la Triple Alianza, reflejando una de las características típicas más típicas de la Introversión Paraguaya: la explosión risueña aún en los momentos más críticos de la vida nacional, dejando en la picota a los enemigos de Nuestra Patria.

            Podríamos seguir por Don Marcelino Pérez Martínez, quien sin ninguna duda está consagrado como el creador del género lírico con su inmortal Rohechaga'ú. Creador de toda una escuela lírica guaraní, sus versos se repiten y cantan, se plagian y se reinventan; son en verdad, inspiradores.

            No hemos olvidado a Ignacio A. Pane y a Leopoldo A. Benítez, de quienes nos ocuparemos en otra ocasión con más extensión. Baste decir que en 1916 publicó Don Quijote Avañe'ëme y el segundo en 1917 dió a la luz Marandú. Por aquel año de 1917, N.R. Colmán publica su primera poesía guaraní titulada ¡Pe Jhendúke!, donde ya apunta su vocación parnasiana, velando por la pureza en la composición de los versos guaraníes, reforzando su posición literaria con Ca'aguay Póra, canción que describe las delicias de la nueva vida de un poeta, cerca de la naturaleza y lejos de la gran urbe, con la necesaria dosis de panteísmo, siendo imposible separar la forma del fondo, pues el autor recurre a todos los medios disponibles para lograr su objetivo: la pureza y la belleza de la idea.

            Podríamos seguir enumerando las cualidades del poeta y su poesía, pero debemos referirnos a sus aportes en el campo de la etnología, a través de sus mitos, cuentos y leyendas, los cuales han sobrevivido hasta hoy. Como Rosicrán interpreta estos componentes de la etnografía guaraní, invade el campo de la Etnología, con notable suceso.

            Narciso R. Colmán había recogido las tradiciones más genuinas de nuestros antepasados, gracias a la colaboración de veraces informantes paraguayos, depositarios de tan precioso legado. Los elementos recopilados por el insigne poeta, se salvaron definitivamente del olvido gracias a su genio singular. Mis estudios sobre la Mitología Guaraní me han permitido comprobar que el distinguido estudioso de nuestro pasado ha procedido con gran honestidad, distinguiendo el fondo de nuestra Protohistoria. En efecto, cito a modo de información que el Poema de Rosicrán denominado Ñande Ypy Cuera, consta de tres capas bien definidas: un substratum originario como base; sobre éste un estrato posterior como consecuencia de la aculturación de los guaraníes en épocas precolombinas y finalmente una carpeta de sabor hispánico. No olvidar que los datos fueron recopilados en el presente siglo, de boca del campesino paraguayo, descendiente de la estirpe primigenia y portador de los elementos físicos y culturales de aquellos que posteriormente se han afianzado en éste suelo.

            Rechazó categóricamente las hipótesis de que de tanto en tanto se tejen sobre la autenticidad de las fuentes recogidas por N.R.C. llegando algunos a rodar el dicho de que el poeta fue el "inventor de los mitos". Un estudio de las fuentes primigenias, conservadas por las parcialidades guaraníes aún vivientes, nos ha permitido dilucidar la cuestión en lo referente al substratum; las traducciones de las inscripciones rúnicas realizadas por especialistas del Instituto de Ciencia del Hombre de Buenos Aires, facilitaron la identificación del estrato, influencia nórdica ciertamente; el conocimiento del modus operandi de las Doctrinas Jesuíticas han permitido identificar las características de la carpeta, pues las divinidades guaraníes aparecen dentro de las acepciones de la Teología.

            Está claro pues que como etnólogo N.R.C. rescató para la posteridad las tradiciones míticas paraguayas, expresándola en forma poética. Como buen parnasiano, sabe que la forma verdadera es la idea verdadera, lo cual le obliga a preservar la verdad de la tradición, sin desvincularla. Esta es una prueba más, de que Rosicrán se identificó con las tradiciones nativas y las cantó como un redivivo Etiguará. Para comprobar que Colmán hace etnología, es decir interpreta, nos falta citar al autor, en la introducción de Ñande Ypy Cuéra: "Al través de todas las hipótesis que hemos formado y que podrán formarse nuestros lectores, surge una realidad abrumadora; y ahí tenemos las fotografías de aquellos documentos pétreos, que nos están hablando de un algo indiscutiblemente real, positivo y duradero.

            Si bien es cierto que con el solo mito es imposible develar el pasado, Rosicrán señaló uno de los caminos posibles, por el cual es necesario transitar, además de otros, con el fin de llegar a las diversas fuentes, las cuales analizadas en conjunto darán la mejor aproximación a la Protohistoria.

            Es necesario citar a Rosicrán como lingüista, pues conocedor profundo de la lengua como era, hizo gramática al describir algunas formas de vocablos, indicando las pautas ortográficas y las de diccionarización; al reseñar la historia de algunos vocablos, estaba haciendo filología y al incursionar en el significado de las raíces formadoras de los vocablos guaraníes, hacía sin duda, etimología, y todo esto, fuera del texto. Y no se crea que el autor no tenía conciencia de ello; al contrario, su obra se cierra con el párrafo "Y, las Notas Explicativas constituirán en lo sucesivo UNA FUENTE DE CONSULTA para los lingüistas, arcaisantes, los estudiosos o simples curiosos, para descifrar algún punto dudoso de la etnografía, filología, etimología y también la mitología de los guaraníes"

VICENTE PISTILLI S.

 

 

OBJETIVOS DE ESTA EDICIÓN

 

            Cien años se cumplen del natalicio de Narciso R. Colmán. Una centuria que invita a evocar sus obras para reverdecerlas y hacer que echen nuevas y profundas raíces, flores y aroma, por donde el pueblo de nuestra joven nación se mueva a cultivar las tradiciones, continuando, al decir de un autor: "Por la senda que transitó el más denodado y eficiente servidor del idioma guaraní, el poeta y publicista Narciso R. Colmán (Rosicrán) de inmutable memoria".

            Estamos pues en plena conmemoración. Con espíritu festivo traemos al lector una secuencia mitotemática con brotes o adherencias de raíz rosicraniana en la jardinería popular. Las palabras pueden ser nuevas pero los motivos son los mismos que tan hábilmente manejara este fecundo poetizador Guaraní, celebrado narrador de los grandes temas de nuestra mitología. Puede afirmarse que nada hay en esos campos de la epopeya cultural que no lleve su impronta; todo cuanto se trabaja hoy en mitometámica y folklore proviene de su cuño y crisol, de donde nuestra deuda con él será pues siempre grande, debiendo en pago hacer que sus obras envueltas en la mayor pureza mitopoética regrese al pueblo al cual tan insigne maestro las destinara.

            Se impone así presentar una versión completa y representativa de las obras de este egregio imaginador poniendo de relieve los apremios y trabajos de una época exigentemente apta para el florecimiento de héroes culturales de su talla. Se hace necesario adelantar acerca de este extraordinario varón que se distinguiera en las escalas de la forja sensibilizadora del hombre, de donde provenía su bien ganado pan, cuales fueron: la administración de justicia, la transmisión de mensajes y el afán cultural, logrando destacarse con notas de relieve en tan impar, honrosa y constante brega, tanto en su país como en el extranjero. Así ha merecido alta consideración de sus connacionales, como también de círculos cultos de allende las fronteras del terruño. Produjo dos memorables tomos de "Ocara Poty" -Flores silvestres- conteniendo canciones nativas; editó también, hace de esto medio siglo, un volumen conteniendo mil refranes guaraníes, con ese título, exponiendo allí los frutos de su personal observación en esa floral línea del decir paraguayo, tan rica y variada.

            Su dedicación al folklore le permitió cuantiosa cosecha del saber popular, lograda directamente en el chispeante ruedo junto al fogón campesino donde aún se encuentran temas de inigualado sabor e incontaminada pureza, trasladándolos a las cuartillas con pasión y respeto de investigador. Publica en el año 1929 "Ñande Ypycuera" -Nuestros Antepasados- describiendo con visión antropoética el origen de la gran familia Guaraní; publicación cuyo impacto lo mantiene en lo más granado de las folklorizaciones nativas con áureo engarce, reeditándose en el mismo año por la Sociedad Científica del Paraguay, llegando a la edición internacional. Años después, aquella primera edición vierte su contenido, de la lengua autóctona, a estructuras castellanas, conservando la esencia del poemario vernáculo en apasionante versión que la hace lectura obligada de tan inusitado tema en todo el Río de la Plata, concitando además el interés informativo de círculos etnográficos de la nación Azteca, como también de la brasílida. Su inquieta pluma llega incluso a producir un guión para la cinematografía.

            La edición que consultamos de "Ñande Ypycuera" lleva prólogo del poeta Francisco Ortíz Méndez, quien delinea la personalidad de Rosicrán con escultórico celo y calor emotivo. Narciso R. Colmán forjó en el maleable y untuoso ña'ú telúrico la terracota en pie de la temática legendaria logrando erigir vertical y robusta la hipótesis mitopéyica y dar pie a la epopeya folklorizada para componer una ley de contrastación de la narrativa en paralelos ancestrales y contemporáneos; para estudiosos una y para curiosos otra. De allí fueron tomando los seguidores la modelación prototípica que delinea versiones no por nuevas alejadas del conformador original que con la feliz intuición de Rosicrán se hizo patrón de forjadores de leyendas, haciendo suya -mérito de por medio- la tácita cátedra mitotemática. La evidencia más oportuna y próxima la tenemos en el Museo Mitológico asentado en Capiatá, que ha concretado, idea y forma mediante, las figuras insinuadas por este insigne dramatizador de colosales sicomorfos.

            Narciso R. Colmán, inolvidable, egregio mitologista, tiene en cada escultura, en cada libro de relación legendaria la inscripción de su nombre en tal relieve que se intuye, se palpa, se paladea al nombrar la idea matriz, la figura, la versión impresa de su mitoprimogenitura poética que engalana en modo gayo y elocuente la rica vena de la narrativa popular en que se redime de ataduras de tiempo y lugar la epopeya de los diocecillos -mitopeya- que solaza la vida siempre festiva y optimista del paraguayo que hace gala de su perurritmia, relato que será siempre rociado de gracia, tono y sabor rosicraniano.

            El centenario de nacimiento de este feliz relator de epopeyas y mitopeyas, es propicio a la evocación y homenaje, y a la valoración de sus obras cuyos resplandecientes kilates engalanan la cultura popular de donde rebasando el orden nacional se ha hecho parte vital de la mitocomparativa de América. Otros trabajos que resaltan la obra de Narciso R. Colmán se encuentran en proceso y van destinadas a perpetuar su nombre como expositor magistral de mitofolklore paraguayo. Reveladora fue la obra de Narciso R. Colmán, dice el Prof. Guillermo Tell Bertoni, auténtico pionero del movimiento de redención de uno de los más caros atributos de la nacionalidad, cuyas obras han sentado una posición perdurable en las letras guaraníes y han trascendido al exterior donde han sido consagradas por la crítica científica y literaria".

            Comenzar a vivir después de los cien años, es aquella otra vida de evocación, donde cual estrella de nuestro firmamento brillará Rosicrán, no por reflejos de humanos elogios, sino por luces propias que emanan de sus admirables obras, folklóricas, poéticas y mitodescriptivas, que lo ubican en el pedestal de fundador de la escuela mitologista paraguaya.

Encarnación, setiembre de 1980

 

 

 

LA IDEA Y LA FORMA

 

            Los noreuropeos tienen sus gnomos de jardín -sus duendes del bien- y les hacen lugar en diminuta floresta palaciega. En las noches festivas alguno hay que le vierte rubia cerveza o fragante vino. ¿No son acaso Blanca Nieves y los Siete Enanitos, trasuntos de una narrativa gustada por los mayores y celebrada con encanto por los chicos?. Son leyendas humanizadas y logradas cabalmente para llevar a los pequeños la idea naciente de otros seres, en otras órbitas, preparándolos a considerar las faustas narrativas de Ulises en torno a cuya barca cantaban las sirenas en el trastiempo de aquellos hechos linderos de la historia y la leyenda, flotando entrambos términos -entrambos mundos- en una protohistoria jamás desentrañada. Allí están abrillantando de cánticos y loas que han hecho pie en la lírica universal con rumbo, dimensión y perpetuidad evidente.

            Nos asaltará seguramente una pregunta ¿Por qué dar forma a las leyendas? Pero no seamos ahora iconoclastas en cuanto a literatura oral y ancestral compete. Las figuras ayudan a formar ideas. Son materialización gráfica y liberación de sueños en maduración. Esta onirigénesis es pues liberadora. Otros pueblos, otras culturas han plasmado la fisonomía de sus genios del bien y del mal y de la versión oral los han llevado a lograda literatura y aún a la admirable versión musical y pluscuansimbólica como la del genial Wagner, ejemplo que nos falta acometer en intento de encausar las energías nativas hacia una vida útil a través de una cultura -además de técnica- humanística.

 

 

 

 

 

ROSICRAN Y LA AUTENTICIDAD DE LOS MITOS

 

            Podríamos preguntarnos acerca de la pureza y autenticidad de estos mitos, de su originalidad étnica, puesto que es libre dudar acerca de su cuño y factura, por ello se los analiza, coteja, buscando homologarlos para tener la certeza de su origen y el grado de su pureza manteniendo el real de su prístina y auténtica originalidad. Pero es consenso general, entre los estudiosos: Moisés Bertoni, Tomás Ozuna, Juan Francisco Recalde, León Cadogan y otros investigadores de que se trata de una versión de raíz Guaraní. Citemos al respecto lo que menciona Curt Nimuendayú en su libro: "Los Mitos de la creación y la destrucción del mundo": En su conjunto no podemos detectar ningún motivo extraño a pesar de que muchos se hubieran podido introducir y conservar con mucha facilidad. El diluvio, el incendio universal, los animales demonios, la danza pai'e, la subida al cielo, todo es originario indígena y presenta mucha analogía con otras tribus".

            Esto puede brindarnos la apertura de un estudio de la Mitología Comparada de las parcialidades Guaraní y las restantes, de diverso asentamiento y nominación tribal. La universalidad Guaraní de estos mitos también es una prueba de que son auténticos, pues en toda la comarca guaranítica se mantienen coincidentes estas mitoversiones, con muy pocos factores agregados o defoliados. En este caso la tradición deviene en un grado de pureza aceptable, o más que ello, excelso, podemos, pues confiar en la calidad narrativa de nuestros mayores. Poetas y estudiosos de nuestra tierra como E. Fariña Núñez, Darío Gómez Serrato, Ortíz Guerrero, Antonio E. González y otros, avalan la labor de Narciso R. Colmán, al fijar en moldes imperecederos estos mitos tan caros a la cultura Guaraní. Por supuesto que un estudio más profundo dará más nombres y testimonios que agregar a éstos, pero es labor que dejamos para más adelante, cuando regresemos a profundizar en la senda. Damos pues por aceptada la veracidad de la esencia y de la forma de estos mitos y leyendas paraguayas que se mantienen coherentes aún más allá de sus fronteras, hasta donde llega la toponimia Guaraní a través de cuatro naciones americanas.

 

 

TUPÄ

 

            Tupá es el Dios guaraní. Es llamado: Nuestro Padre; Nuestro Gran Padre; Nuestro Primer Padre, es decir: Ñande Rú, Ñanderuvusú, e igualmente Ñanderú tenondé, amén de otras nominaciones respetables y similares, concebidas por los aborígenes. Es representado en forma impresionante, sentado sobre un apyká, asiento tribal, de rústica factura, donde se ubicó para crear la tierra, el sol y la luna que muestra en sus manos. Sus luengas barbas indican la infinita profundidad de los tiempos de su existencia. Su rostro es apacible; su cabeza presenta rayos de luces onduladas.

            Es parte de la alta religión Guaraní que contempla un Dios de poder y bondad residente en un sitio especial desde el cual protege a la nación Cari'ó-guaraní. Su voluntad basta para crearlo todo, sostenerlo o destruirlo con su solo deseo. Se debe señalar que los conceptos que se relacionan con Tupá guardan camino opuesto a los seguidos para la intuición mitológica por los propios Guaraní -señal de su avanzada ideación-. El Guaraní reserva a Tupá especial respeto. Ninguna deidad llega a su primogenitura. Este aspecto es parte sorprendentemente clara en las manifestaciones, manteniendo una pureza de conceptos que permitiera la adopción del mismo nombre guaranítico Tupá para designar al Dios de los Cristianos traído por los primeros misioneros llegados al Paraguay, Brasil y Río de la Plata de hoy, donde imperaba un mismo uso lingüístico de vasta dispersión y de claros y precisos vocablos conceptuales y descriptivos.

            A los efectos de la claridad de lo enunciado se debe dejar sentada la existencia de campos coincidentes de admirable ajuste a la idea del Dios de la nueva religión; circunstancia que permitió la aceptación y pronta asimilación del credo nuevo y sobre todo, la permanencia y vigencia del nombre de Tupá para identificar al Dios verdadero.

 

 

 

LA GENERACIÓN MITOLÓGICA DE TAU Y KERANA

 

            El origen de la mitología Guaraní se remonta al encuentro de Taú y Keraná. Taú era un espíritu maléfico. Keraná era una niña de extraordinaria belleza que se pasaba los días durmiendo, por eso le pusieron por nombre Keraná (dormilona) y era la simpática personificación de la tribu. Taú se había enamorado de la joven doncella y pretendiendo conquistarla se había transformado en un apuesto joven. Al séptimo día consecutivo de sus visitas intenta raptar a la niña interviniendo Angatupyry -espíritu del bien- para evitar tan triste suceso. Este se traba en lucha con Taú durante siete días, pero las artimañas del mal pretendiente hacen que logre ventaja, dándose por vencido Angatupyry. Taú, ya dueño de la situación procede a raptar a Keraná, lo cual causa profunda tristeza e indignación en el clan de nuestros primigenios antepasados –ñande ypykuera- pidiendo un castigo ejemplar al raptor. Angatupyry hace a Taú objeto de una terrible maldición según la cual todos sus hijos se convertirán en monstruos. Así nacieron sucesivamente: 1) Teyú-Yaguá; 2) Mboi-Tuí; 3) Moñái; 4) Yacyyateré; 5) Curupí; 6) Aó-Aó y finalmente; 7) Luisón. Todos ellos nacidos a destiempo (sietemesinos).

            Al sobrevenir el último de estos cuitantes engendros con la aparición del séptimo monstruo. Luisón, surge en los cielos –como una advertencia de que los hombres deberán cuidarse de éstos duendes- la conformación estelar de Las Siete Cabrillas, pertenecientes a las constelaciones del Hemisferio Sur. También en ese momento surgieron los azotes de la humanidad -que son siete- en sus categorías diversas; entre ellas se encuentran las siete grandes penas: El miedo, el dolor, el llanto, el hambre, la sed, la enfermedad y la muerte. También los siete vicios: La envidia, la pereza, la gula, la avaricia, la embriaguez, el odio y la ira. Siete los insectos y alimañas que perjudican e impiden el trabajo del hombre: La hormiga, el gorgojo, la mosca, el mosquito, la langosta, el alacrán y la serpiente. Y entre otras más, siete son las causas de grandes aflicciones a la humanidad entera: El robo, la injusticia, la miseria, las pestes, el terremoto, el incendio y la guerra.

            Estas son, en síntesis, las desgracias que significan la presencia sobre la tierra de los siete monstruos engendrados por Taú, el espíritu maléfico y la bella indiecita que llamaran Keraná (dormilona).

 

TEYU YAGUA

 

            Este era un gigantesco lagarto con cabeza de perro que merodeaba -según el mito original- en torno al cerro de Yaguarón, estando su guarida y merendero en uno de los abismos del lugar. Algunas versiones -incluso Rosicrán- le conceden siete cabezas. La versión popular sólo habla de una (con la cual le basta). Fue el primer engendro del maldecido vínculo de Taú y Keraná. Dominaba en las cavernas, a las que según algunos dichos arrastraba a sus víctimas para devorarlas, pero no es esto generalmente aceptado entre los grupos tribales Guaraní, quienes afirman que éste duende solo se alimentaba de frutas y miel, siendo protector y beneficiador de los frutos dorados de la selva.

            Se lo menciona también como genio protector de las riquezas yacentes en el suelo Guaraní: Su piel adquirió brillo revolcándose en el oro y las piedras preciosas de Itayú. No había llegado a adquirir ferocidad. Refiere la etnonarrativa que un indiecito lo llevaba del collar a beber a la cristalina corriente de un arroyo de la comarca. Al respecto agrega Rosicrán que este indiecito era el hermano menor de Teyú; Yacyyateré quien gustaba de llevarlo al lago hoy llamado Ypacaraí, ya al Ypoá, o al arroyo Avay.

            Cabe agregar por ser oportuno, que la ciencia cree hallar fundamento a este mito en la existencia del Teyú Pytá, lagarto colorado, cuya existencia se ha comprobado en esta área subtropical, hasta el río de la Plata.

 

MBOI TUI

 

            En torno al Cerro Cavayú, junto a las selvas de Tobatí se recuerda de antiguo, la existencia de un animal con cuerpo de reptil cabeza de loro y angulosas patas de lagarto terminadas en tres potentes garras y cola rematada en dos venenosas púas. Lanzaba ensordecedores chirridos de loro con el consiguiente terror de la población aborigen, como también, centurias después, de los pueblos hispano-guaraníes. Era difícil distinguirlo entre los árboles, como en los pastizales, siendo ambos su medio favorito, su color lo confundía con el follaje. Este era Mboi-Tuí. Por decadencia e impropiedad también llamado Mboi-lorito. Monstruo que no se acercaba a las personas; sin embargo cuando pasaba por las aldeas los habitantes huían aterrorizados. Se alimentaba exclusivamente de frutas.

            Una versión que nos ha tocado rehacer señala que en el principio de los tiempos Mboi-Tuí era un hermoso loro que habitaba en la tierra sin mal -versión Guaraní del paraíso- que tenía una sola entrada celosamente guardada por Rupave. A este recinto de la vida inocente, tenía acceso Mboi Tuí, conociendo un sendero secreto de arribo. Algunos Malucos o "mamelucos" hicieron beber miel lechiguana a este loro, emborrachándolo, por lo que se puso a hablar mucho, dando a conocer la senda secreta de la tierra sin mal, por la cual pudieron colarse los malvados.

            Cuando Rupavé se dió cuenta de la entrada de extraños al paraíso Guaraní donde abundaban las frutas, halló a este loro totalmente ebrio, hablando sin cesar. Entonces, conociendo que él era el culpable, lo maldijo, condenándolo a perder la facultad de volar, sus alas atrofiadas convirtiéronse en patas; el parlero se convirtió en un reptil, una serpiente con pico de loro, siendo su alimentación en adelante los frutos de la naranja agria, conocidas en Guaraní como Apepú.

            Esta versión, está centralizada en torno al Parapané, con extensión al Ybytyrusú y como límite el río Paraguay; las versiones más puras se encuentran con algunas variantes en torno a Yaguarón.

            Evidentemente, fue esquematizado en versiones autóctono -secundarias- no prístinas dado la variante para destacar la irrupción de las "malocas" en busca de indios para el mercado de esclavos de que fueron víctima los Guaraní de las reducciones jesuíticas por grupos esclavizantes comandados por Raposo Tavares, por ejemplo.

            Mboi Tuí, en la diéresis tiene pronunciación nasal    Tuí, no indica que todas las especies de loro se denominen así, precisamente.

            En el diseño grabado, dibujo de la edición de Rosicrán de 1929; se observa una sierpe, que ostenta pequeñas alas. Alguna libertad de interpretación y concreción formal, siempre queda a favor de los artistas que intervienen en esta mitotemática.

 

 

 

MOÑAI

 

            Moñai es tenido como serpiente de extraordinarias dimensiones, afilados dientes y dos púas en la cabeza. Tercer hijo de Taú y Keraná, amo de los aires y de los vientos, es duende protector de la rapiña y toda suerte de pillerías. Habitaba en enmarañados esteros y profundos cauces de arroyos cuyas riberas oscurecía la vegetación, en sus correrías llegaba hasta los pirizales de las lagunas. Su lugar favorito era un precipicio cercano a Yaguarú. En varios lugares pantanosos circunscriptos por la mesopotamia que conforman los ríos Paraná y Paraguay se cuenta haber una madriguera que perteneció a este mostruo-fidio. Las gentes llaman a esos lugares "Moñai cuaré", incluyendo en ellas profundos zanjones conocidos como "salamanca", grietas de la tierra, de difícil acceso.

            Tantos habitáculos señalan el don de ubicuidad de los seres mitológicos que no hallan cómodo ceñirse a una estrecha geografía. Uno de los posibles escondederos de este hórrido seres conocido cerca de Yaguarón, lindero con el lago Ypoá, en cuyos contornos han sido hallados varios lugares que acreditan ser guaridas del temido engendro. En Apepú -San Antonio- de la jurisdicción de Rosario afirmase haber vestigios de su presencia, como también en el camino viejo de Arazapety, en San Estanislao, al norte del Tapiracuai los viajeros afirman existir aún este espantajo en tupidos matorrales. En general, no se conoce un lugar inhóspito que no sea tenido como antiguo -y aún moderno- refugio de esta serpiente fabulosa que al moverse producía pavoroso ruido en medio de la fronda lacustre, estremeciendo las aguas. Se dice que aún la tierra temblaba; las personas huían aterrorizadas, los animales eran presa del espanto y las aves se echaban a volar alborotadas. ¡A mucha gente había devorado en la comarca y los animales desaparecían día a día...!; ¡huir era el único recurso! si quedaba tiempo. Su especial alimento eran hasta hace poco los cazadores y pescadores que lograba sorprender por más sigilo que usaran en sus andanzas por las cercanías de su guarida. Los arrastraba hasta su cueva que se teñía de rojo con la sangre de sus víctimas. Aseguraba su presa inmovilizándola con la mirada, las atraía con su aliento. ¡Nadie se le escapaba! Rosicrán detalla con lujo las andanzas de Moñai, una de las figuras más horripilantes de su literatura mitológica.

            Moñai murió al fin quemado por manos de Porasy, doncella Guaraní que de esta suerte salvó a su raza de las acechanzas del monstruo, incinerándolo en su propia cueva usando de algún encantamiento. Se cree que su espíritu deambula y acecha en la vastedad de los campos y territorios en los cuales se mantiene viva la cultura Guaraní.

            La versión modernizada pretende haber sido muerto Moñai por una bala bendecida que le disparara una niña. Cualquiera sea la versión, su solo nombre, su figura, su temida fama aún se respeta en la campiña donde la soledad de los campos proporciona el escenario de sus legendarias correrías; referencias actualizantes del mito agregan objetos y efectos de escenografía dramática y aterrorizadora.

            Conocidas sus variantes, debemos regresar al relato más antiguo y probablemente auténtico, fijándolo en modeladora versión no corregida, aumentada ni disminuida, la cual concluye aseverando que siempre -aún hoy- Moñai aguarda a sus víctimas acechando debajo de la verdosa espuma que cubre las aguas de lagos y esteros de la dilatada comarca tetrafronteras que cubre el idioma Guaraní.

 

JACY YATERE

 

            Es el más simpático de los duendes, el más popularizado; su silbo-mimetofónico, cual canto de ave, agita las siestas del hogar campesino. Magnetiza a las madres, que acometen al oírlo desesperados esfuerzos por reunir a sus hijos que juegan bajo la enramada; es decir, los más chicos, por que los otros...

            Este duende travieso de la siesta, de deslumbrante belleza, cautiva con su gracia, los niños lo siguen; jugando y gustando frutos y miel se alejan de sus padres, algunos nunca vuelven, otros pierden la voz, otros, la memoria. Se dice que este duende que se presenta como un enanito rubio, de ojos azules, busca niños para llevarlos a su mundo maravilloso escondido en la espesura. En la mano porta un cetro de oro en el cual reside todo su poder. Juega desnudo a la luz del sol, trazando con su sombra mágicas figuras que hechizan. Al verse descubierto se convierte en ave. En su afán de hacerse amigo de los niños, si llega a besarlos en la boca, éstos pierden la voz y a veces hasta el juicio, entonces YacyYateré los deja para buscar otros niños con quienes jugar en la interminable travesura de su vida. Al ser perseguido por personas mayores, se torna invisible.

            Las leyendas que refieren sus andanzas son interminables, pero estas apuntadas bastan para tener idea de sus atributos. Su poder, su fonomimetismo, lo relaciona muy estrechamente con un ave que raramente se deja ver, pero que ronda las casas de campo. (1). Dicen que imitar su silbo acarrea la ruina mental si se hace para engañar a las gentes sencillas. Yacy Yateré, sin embargo no causa daño a nadie, es una deidad traviesa que puede llegar a convertirse en buen amigo. Pero, por las dudas, las madres se cuidan de fomentar sus visitas. Se dice que solamente deambula retozón en el tiempo en que maduran las sandías, en lo más ardiente del verano, que es cuando los niños al escuchar su silbo invitador escapan de sus casas, para aventurarse en las chacras a hartarse de frutos almibarados. Algunos no vuelven.... para desencanto de los suyos.

 

 

(1) Véase "Aves en la Mitología Guaraní", de próxima aparición.

 

 

CURUPI

 

            Curupí es el sátiro del mundo Guaraní. Nuestros familiarizados mitoengendros comprenden un factor del mal, infatuado, fascineroso de favores que por su cuenta se las toma haciendo extraorbital su desempeño. Rarezas debe tener un ser onírico para justificar su presencia en el catálogo de convidados sicohumanoides. Pero ¿a qué sorprendernos? mitosumando hallaremos extravagantes de dispar oficio. ¿No tienen los pueblos pastoriles a Pan, con flauta y aún con pandero, retozando en recónditos valles del viejo mundo?... Pues Curupí tiene lo suyo. Estamos ante un mundillo de singulares características sobresaltados de curiosidad; nada pues nos sea extraño. Curupí tiene larga historia a falta de luengas barbas; pero no por ello deja de ser bárbaro. Su oficio es serlo. (1).

            Los Guaraní integran un pueblo mitómano. ¿Qué pueblo no lo ha sido?. Los enigmas nos inducen a buscar sicomotivos, causales -diríamos mejor ancestrocausales- hondas motivaciones homologables para satisfacer primarios interrogantes. Aquí tenemos uno de ellos. Uno de los siete monstruos de la más antigua temática antropomórfica Guaraní merece todo un estudio en premio a su larga permanencia en la escala anarmónica de las siete figuras primigenias.

            Agreguemos a este decir que Curupí, con el largo falo de que estaba provisto, enlazaba a las niñas y las poseía, era aficionado a raptar mujeres y niños, según la versión auténtica. Era duende protector de los animales silvestres, especialmente de sementales. Una liana rugosa que se encuentra en las selvas lleva el nombre de este duende. Su rótulo botánico-guaraní es Curupí rembó. El monstruo ha desaparecido, empero la liana queda. Y la narrativa alusiva a Curupí permanece vigente.

            Aún se aplica este mote a individuos lujuriosos.

 

 

(1) Dicen algunos exagerados que Curupí es falomorfo.

 

 

AO - AO

 

            Este monstruo tenía cuerpo similar a la oveja, cabeza de oso y patas terminadas en grandes y potentes garras. Su aspecto era terrorífico. Perseguía y devoraba a los cazadores y personas que se aventuraban en la selva. El único modo de salvarse de su acometida era trepando a un cocotero, árbol sagrado, dado por Tupá a Rupavé para nutrición y auxilio de la gran familia Guaraní; (diluvio, por ejemplo). De subirse a otra especie, los Aó-Aó los acorralaban y hacían caer el árbol excavando las raíces con sus potentes garras mientras emitían ladridos. Vivían en manadas en bosques y serranías de la región Oriental.

            La denominación de Aó-Aó es de origen onomatopéyico. La tendencia agudizante carga la emisión tónica en la partícula final. Trocándola logramos reconstruir el eco de un lejano ladrido -el que proferían estos seudo duendes- según la versión del mitogénesis. Pero también Aó-Aó refiere a un ser vestido, excesivamente cubierto. La relación dice parecer una oveja. El nombre tanto acomoda a la onomatopeya como a la pelambre. El animal existe en la realidad zoológica, según afirman serios investigadores. En todo el país y los de habla Guaraní, este animal es conocido como ovechá-caaguy. Aún debe procederse a su clasificación científica en la fauna de la América mesopotámica, especialmente en Paraguay.

            Se han ocupado de este raro espécimen Moisés Bertoni y León Cadogan, dicendo este últim que aún devora personas entre las piedras del Yvytyrusú. Es comprensible que aún no se haya logrado echar mano a este animal peregrino, la bestia ignota del solar Guaraní. Saben de él los Chulupí y los Mby'á de las selvas del Monday y Mbaracayú.

            Con las referencias recogidas en el terreno, se ha logrado plasmar una aproximación mitozoomórfica. Su conformación se presta magníficamente a una tesitura legendaria, como la que acertadamente propusiera Rosicrán.

 

 

LUISON

 

            Luisón es el séptimo y último hijo de Taú y Keraná, sobre él cayó la mayor maldición que pesaba sobre sus progenitores. Su sólo nombre aterroriza. Este ser espeluznante se halla ubicado en la encrucijada de los caminos de la vida y de la muerte. Como puede exornar el ánima en sus andares, es el monstruo más temido y aborrecido de los engendros malditos.

            Otros mitos emparentados traen justicia y venganza, castigos a los que se exceden; protegen la flora y la fauna; otros devoran hombres y mujeres, otros roban niños, silban y merodean. Luisón daña más que todos estos penantes. Hace imposible la vida del más allá. Juega con el destino del alma, que se vuelve irredimible una vez que él interviene en el colmo de su obrar maléfico. Por eso es tan temido.

            Se dice que los días viernes -y los martes también- al comenzar las sombras de la noche a adueñarse de pueblos y comarcas en su avance penumbroso, Luisón pierde sus formas humanas para transformarse en un perro de horrible aspecto, quizá un lobo de diente afilados y de diabólico intento que busca los cementerios para revolcarse encima de los cadáveres y alimentarse de ellos. A la media noche, con ojos relampagueantes sale en busca de seres humanos para convertirlos en otros malditos luisones, lo que logra asustándolos y pasando por debajo de las piernas de los hombres que sorprenden en su maléfico paseo nocturno. A veces jaurías de perros lo persiguen y ladran sin acercársele. Un olor nauseabundo le acompaña, su aspecto hiela la sangre en las venas y enloquece a los hombres que se dejan sorprender.

            Su andar termina al clarear el nuevo día, retomando sus humanas formas regresa a sus ocupaciones, donde se lo ve sucio, cansado, esquivo, de mirar doliente y melena desgreñada. Las gentes no saben si tenerle lástima o sentir repulsión ante la duda hiriente de que sea o no Luisón.

            Es similar el caso de los vampiros, al presentirlo todos se santiguan y callan. Es el hombre-lobo temible y de hábito atroz, capaz de hacer perder al hombre su condición humana transformándolo en penante bestia y demonio. Devora la carne de los muertos y el alma de los vivos. No conocen los Guaraníes mayor desgracia que ésta, por eso huyen de él.

            Dice la mitoreferencia que al nacer Luisón brilló en los cielos la conformación de estrellas conocidas como "Las Siete Cabrillas" en señal de que la maldición que afligía a Taú y Keraná había cesado. Según la Mitología Guaraní este monstruo y sus seis hermanos deambulan sobre la tierra.

            En diversos países, incluso India, y los de Europa, este supuesto es conocido.

 

 

VERSIONES FOLCLORIZADAS

 

OTRAS LEYENDAS GUARANIES

 

            Estas precedentemente enumeradas y desarrolladas, consideradas hijos de aquellos protoseres mitológicos, no son las únicas figuras de la mitonarrativa Guaraní. Existen otros seres que se reparten dispares cualidades y especiales atributos que los proponen notablemente como objeto de una mitocasuítica cuyo andar se hace desentrañable a través de la fluida narrativa popular cuyos moldes se guardan en el cofre de las tradiciones memorables. Tampoco estos traídos a continuación constituyen los nombres finales, ni lo son todo. Son simplemente algunos más, para la diversidad onomástica mencionando aquellos más socorridos por la memoria del pueblo, aplicados a amenizar después del yantar, las ligeras reuniones donde se reeditan las andanzas de estos duendes que han dejado rastros en la tradición secular y aún, redivivos, avivan la imaginación de los narradores quienes con el lento paso de los años, van agregando -o quitando- detalles, sin apartarse de lo fundamental a fin de que no se vuelva manido y trivial y por sabido se nieguen a escucharlo: Estas versiones "corregidas y aumentadas" se deben salvar con buena voluntad, también son necesarias al juego de la inventiva, brindando así minúsculos detalles que hacen la innovación necesaria para captar nuevamente la atención del mismo público -vecinos o familiares- que ya algo habían escuchado acerca del tema.

            Detrás de las mamparas del tiempo, arriba, costados y debajo de él, afloran sarmientos de una ramazón antigua, la cepa narrativa que va tomando cuerpo como el vino añejo, que cuando más viejo sabe mejor. Estos pocos fisonomitos que presentamos a continuación dan una idea más aproximada del vasto y complejo escenario en el que desfilan bajo penumbra y color cambiantes estos seres de untura mítica que son la sal de las agrestes veladas y charlafamilias de fin de cosecha que escapan a través de las rendijas y hendiduras de viejas paredes para discurrirse en forma de leyendas por los florecidos campos, como también la periferia y endoferia de los pueblos de cuño Guaraní, campos todos que pertenecenle por igual.

            Estos nombres de vera nombradía van a cuenta de mayor cantidad como reserva de un rubro por demás inagotable en la cual es rica la inventiva de antaño y hogaño la tava Guaraní llamada Paraguay. Deben ser los duendes que llevan al desliz la mano para agregar el adjetivo de: Capital de la Leyenda.

            Estos mitos corresponden a la creativa popular no a la profunda mitología Guaraní que comprende la primera edad de los mitotemas de cuño exclusivamente étnico. Los mitos son etnooriginales, en tanto que las leyendas -forja popular- devienen de una segunda época y circunstancia. Es evidente que los relatorios de la primera divinidad permanecen puros respetándose su ancestral origen y pristinidad. Puede hallarse en la valiosa referencia de León Cadogan, Marcial Samaniego y Curt Nimuendayú, por ejemplo, cuya temática es otra y sus objetivos también. Catálisis de épocas y temarios que corresponde a un trabajo de mayores proporciones que tenemos en forja, del cual extractamos algunas propuestas para estas consideraciones contemplándolas en Cuatro Edades de la Mitología Guaraní, abundante en profundizaciones que coinciden con las versiones de los primeros expositores que enriquecen las vivenvicas de los estudiosos y hacen de llave de los arcanos a los cuales van dirigidas nuestras interrogaciones y cotejos con las remembranzas tribales y campesinas en sus versiones tipificadas con ajuste a estas cuatro témporas creadoras o proporcionadoras de mitotemas.

            Con esfuerzo actual se ha logrado una ilustrativa obra, rica muestra de cuanto es acertado recoger. Algunas son inéditas y corresponde en plenitud el mérito de rescate de la obscuridad integrándolas engarzadas a la corriente de las leyendas vivas que se deslizan entre uno y otro mate en los plácidos atardeceres del campo, de donde han salido, relatados por narradores nativistas, arcones ricos en tradiciones y leyendas que Rosicrán ha motivado.

            Una tentativa de compendiar -cuanto puede hacerse sin mutilar en el afán de hacerlo breve- fue intentado con mucho ánimo por estudiosos de relieve, pero estas acometidas pre-editoriales hallaron grandes dificultades, muchas se inician en el campo de la investigación y cotejo, algunas se ven frenadas ante la dispersión que presentan las veinte familias y sub familias tribales que pueblan recónditos lugares de ambas márgenes del río Paraguay. De cuanto sabemos que se encuentran en tan larga brega y rastrillada han manifestado no avizorar el término de sus afanes; siempre hay algo nuevo que escuchar y meditar. Son tantas las versiones que no se vislumbra el final de tan llevada investigación; ni creemos que pueda hallarse fin. Los intervinientes siempre le han dedicado toda la vida como prueba de trabajo serio y voluminoso. Esto se comprende al transitar las interminables sendas de la etnoinvestigación y llevar el peso de los impedimentos que conducen a las esquivas letras de molde, meta de tantos afanes.

            Una de las grandes satisfacciones de Narciso R. Colmán fue ver agotadas sus publicaciones de tema mitológico y reimpresas con el auspicio de representativas entidades científicas y culturales, lo que avala la calidad de sus obras.

 

 

MBOI YAGUA

 

            Este motivo mitológico tiene matices náuticos, deviene probablemente de una misma concepción etnolegendaria de hombres de dispersa fraternidad. Las versiones tienen escasas variantes en gran parte del subcontinente americano, conservando imagen tangible en las moles mayas donde cabezas de serpiente adornan -arman y jalonan- las gruesas paredes de su arquitectura.

            La amazonia trae rastros de serpientes superdimensionales como premio y castigo del hombre sílvido. Cuando éste abusa de sus prerrogativas la gran serpiente lo devora -o desaparece de una u otra manera. Castiga especialmente depredaciones y también cuida del hombre -y a veces lo nutre- le acerca provisiones cuando su obrar coopera al orden de la naturaleza.

            La serpiente es el anillo universal del saber étnico, así en Europa como en la Polinesia y en toda el África, especialmente en los países cálidos se nota su simbólica influencia; vayan como ejemplo India y Egipto. En cuanto a la tradición marinera de la serpiente debemos anotar que la gran serpiente emplumada Texacoalt vino del mar.... La primera historia de la navegación ultramarina evoca figuras de serpientes atacando naves y devorando hombres. Solamente se salvan los que deben narrar el cuento. Testigo imaginario, se entiende.

            El cuento "Anaconda" de Horacio Quiroga, es una extracción sub-amazónica labrada en buena madera; estudiada y plasmada en las proximidades del legendario Paraná. Nuestras lenguas la propalan, el Zoológico la exhibe en gran serpentario, sola, en ámbito de ofidio real, majestuosa e indiferente. Nuestros arrieros la oyen silbar -roncar, dicen- en sus largos sueños de digestión pos-manducar venados, terneros, hombres sorprendidos por su mimetismo... ¡Tantos han desaparecido!. Hay observadores de las costumbres de esta serpiente que podemos llamar gigantesca; llega a medir ocho metros por lo general, aunque lugareños refieren de dimensiones notablemente mayores.

            La Anaconda existe. Por eso se ha introducido hasta la profundidad de la leyenda, para que se vaya haciendo en el subconsciente una permanente noción del peligro que representa esta acechadora de la cual no es posible librarse una vez acometido. Se oculta bajo mantos de vegetación acuática y ataca cuando alguien se acerca a beber, o lo aprisiona mientras nada desprevenidamente.

            Se comprende así que hablar de grandes serpientes tiene sentido en Paraguay, como también en otros países de su proximidad dado que permite prevenir sus peligros y seguir viviendo. ¿Qué más se puede pretender de una ciencia de la seguridad que la proporción de una noción de precauciones a adoptar en los campos, lagunas, o grandes ríos donde el peligro acecha- Y en el mar también. Las extendidas velas de las naos batalladoras que se atrevían en los lindes de la mar ignota tenían un dragón con alas, echando fuego por -qué digo fosas nasales- las troneras de la nariz tonante. Así en la noreuropa como en la China que calza milenios; sus recuerdos se guardan en respetuosa narrativa actual y se conservan evidencias de su fantasmagoría bélica.

            Mucho puede decirse de la Anaconda -la Mboi Yaguá- la de cabeza de perro; la que se supone ladrar inclusive para aterrorizar a sus perseguidores o presuntos captores. Esta serpiente se abisma a descansar en cuevas subterráneas a digerir su presa, teniendo

también madrigueras subacuáticas. Bástenos lo apuntado para señalar que las leyendas no siempre, no en todo momento se hilan y tejen con suposiciones. Veces hay -como ésta- en que las leyendas son ecos magnificados de sucesos reales, reflejos de escenas aleccionadoras, evocaciones cultivables, en memoria fértil. Su nombre varía con la conformación geográfica, y su habitáculo también, pero sus hechos, formas y dimensiones en gran parte del globo se mantiene idéntico y aterrador: ¡La gran serpiente!.

            Esta serpiente aparece en grandes crecientes. La de esta narrativa mítica tiene dos púas en la cola, cualquiera sea su tamaño. Logra gran flotabilidad, tal vez por órganos natatorios, o vejigas de aire. En su aparición circunstancial o accidental avanza con la cola delante semejando un raigón arrastrado por las aguas, su aspecto es rugoso como corteza vegetal al que ascienden pequeños mamíferos o avecillas erradicados por la creciente, circunstancia de que se vale la serpiente para atrapar y devorarlos.

            Refiérese que en esterales de Itacurubí del Rosario, río Jejuí, se ven estos ejemplares cuya dimensión más adecuada sería de dos metros, mediana longitud que señala tratarse de colosales viboreznos cuya juventud no le permite hacer fuerza en relación necesaria al fluir torrentoso de las aguas, siendo desalojados de sus cubiles o escondederos. Los ejemplares plenamente desarrollados no serían tan fácilmente arrastrados, siendo por ello menos visibles. Con la "salida" de estos "bichos" cunde el pánico en las comarcas afectadas, a la vista de la serpiente, o tan solo al oír su terrorífico nombre.

            Las gentes que refieren sus acechanzas no están lejos de haberla visto -o presentido- en gran número de casos. Zoológicamente, estos ofidios tienen fauces de fácil dilatación que les permite ingerir -tragarse en el decir popular- hombres, terneros, cabras, venados y similares, estrujándolos por presión de sus anillos constrictores, que aún como serpiente joven posee tremenda fuerza estranguladora.

            La muestra escultórica realizada por Elías tiene dos metros -dos brazas cortas- semejando un raigón mal formado en el cual al apoyarse engañados sucumben aves, roedores y diversos ungulados lacustres.

 

LEYENDA DE KAA - PORA

 

            Kaa -porá es el mito que responde a la necesidad de imponer una ley moral a la sociedad para reprimir el instinto destructor del hombre. Kaa -pora es el protector de los árboles, de las aguas, de los animales, de todos los moradores de la región selvática. Persigue a los que ensucian inútilmente las aguas de los arroyos, a los que secan un manantial, a los que matan animales por puro instinto sanguinario. El indio -y sus descendientes- sabe en qué épocas del año y bajo qué faces de la luna puede cortar los árboles; sabe que la madera obtenida sin violentar las sabias reglas impuestas por la naturaleza, de las que Kaa-pora es custodio, duran largos años sin podrirse ni apolillarse.

            Kaa -pora disimula su verdadera esencia tomando forma de ramas de árbol de particular fisonomía, distinta a cualquier especie. Se muestra a muy pocos hombres, tan sólo a aquellos que ganaron su amistad por la vía del amor al bosque y el cariño a los animales. Estos privilegiados guardan el más absoluto secreto de sus relaciones con Kaa -pora; se los reconoce por su serenidad y parquedad en la cacería y por el especial cuidado con que apartan las ramas que les cierran el paso, en vez de romperlas o cortarlas. El cazador que no mata sino los animales necesarios a su alimento encuentra la protección espontánea de este genio de la selva. Kaa -pora le facilita la obtención de las mejores presas. Pero infeliz del depredador de árboles o del que se complace en la inútil muerte de los animales. Kaa -pora le hará sentir su acción protectora saliendo al paso de los perros cazadores, que chillarán como si hubieran recibido golpes, quedando tullidos para siempre. El talador inconsciente de los árboles quedará sordo por el fragoroso ruido de los golpes de su propia hacha.

            Algunos dicen que Kaa -pora devora los animales cazados que no logra hallar el victimario. Se tiene por verdad que éste duende de los bosques los recoge llevándolos al cementerio de los animales que nadie logrará nunca descubrir.

            Kaa -pora es implacable en su castigo justiciero y a la vez es genio amable que juega en los claros del bosque con mariposas multicolores. Salva de la muerte a los pequeños animales que han perdido a su madre por obra de algún cazador desalmado. Defiende los nidos de la furia de los vientos tormentosos, impide que se sequen los manantiales que alimentan a los arroyos donde sacian su sed por igual animales y plantas; gracias a ello es eterna la vida de la selva y los ríos pueden renovar sin tregua el caudal burbujeante de sus aguas.

            Muchas veces, los mensú de los obrajes se han topado con él, aprendiendo de esta suerte a respetar la vida vegetal que proporciona maderas útiles al hombre y refugio a los animales. Este duende protector de la floresta, es cíclope, su único ojo en la frente irradia luz en la noche. Su aspecto es de planta carnívora, los escasos dientes de su boca bastan para indicar la agresividad de su espíritu justiciero para lograr el equilibrio de la naturaleza en que se desarrolla la vida.

 

POMBERO

 

            Pombero es llamado un genio nocturno que avanza por los campos alumbrados por luciérnagas. Es el duende más travieso que los Guaraní conocen; y el más curioso. Llegó a gustar del alcohol y del tabaco regresando todas las noches a recoger los "regalos", a cambio de los cuales se vuelve protector de aquella familia o persona amiga que le rinde tamaña pleitesía.

            Sus velludos pies le proporcionan silencioso andar; los animales domésticos tampoco lo sienten. Contrahecho, de brazos muy largos, manotea los objetos que encuentra colgados en las paredes y los desparrama, solo para que los de la casa se den cuenta que él ha andado rondando la vivienda y que deben dejarle en lugares secretos caña y tabaco, a los que se ha aficionado.

            Tiene el cuerpo completamente cubierto de gruesa pelambre, como las palmas de las manos y de los pies. Es antropomorfo. Su nombre se dice ser impronunciable porque aparece a quien lo nombra.

            Le gusta asustar a los animales castigándolos cuando los dueños de la casa no atienden sus reclamos. A veces oculta objetos útiles, solo para dejarlos más allá, en lugares desconcertantes. Se divierte en enredar las cosas para confundir a las gentes. Es juguetón o travieso; pero se lo considera espíritu no afecto a causar daño.

            Toda la campiña se cree visitada por este duende de hábitos nocturnos.

 

KAA IARY

 

            Kaa -iary es el Hada protectora de la yerba mate, la leyenda es guaranítica, anterior a la llegada de los españoles, y aún del mismo paí Sumé. Cuida de la vida de esta planta milenaria y obliga a respetarla. Persigue a los que destrozan los yerbales, lo queman, maltratan o cosechan antes de estar sazonadas las hojas.

            Es una hermosa joven, vestida de blanco resplandeciente, en el Alto Paraná se cuenta que su vestidura es hilada con el sedoso samuhú. Su carácter es de custodio y su temperamento amable. No asume la tarea de cosechador de la yerba mate sino que la aligera, le hace hallar las mejores zonas, las robustas plantas cuyas hojas han reunido el aroma de la selva y poder vitalizador del sol, concentrado en la sazonada hoja del Kaá-hierba, o yerba, en el decir popular.

            A pesar de ser genio benefactor de esa preciada planta, es Hada amable y protege a los hombres que cuidan de ese árbol singular, enseñándoles sus virtudes y propiedades y sobre todo, la fórmula de colección y laboreo. Quienes no siguen sus consejos encuentran la yerba-mate "picada", de áspero sabor y en castigo, la yerba les resulta excesivamente diurética y en algunos casos los engaña haciéndoles usar una yerba más oscura que es vomitoria. Pero a quienes ella protege a cambio de la promesa de cuidar de la yerba-mate, les hace la tarea fácil, le acorta las distancias, aliviana el

pesado "raído", bolsón de cuero que llevan a la espalda sostenido en "vincha" por la frente.

            Ella entregó al indio la calabaza y le enseñó a curarla hasta perder el amargo sabor propio del porongo. Le indicó las propiedades de la yerba-mate diciendo que le quitaría el cansancio, serviría de alimento y le conservaría la salud, manteniéndolo joven mucho tiempo.

            Cuéntase que Kaa-iary, convertida en una hermosa indiecita hizo probar a los españoles el mate prendándose éstos de sus cualidades sedantes y medicinales. Así se extendió su uso a toda la vasta comarca del antiguo Paraguay, incluso el Perú y el Río de la Plata. Indicó además que todos los que la bebieran vivirían en paz y se tratarían como hermanos.

            Ella cuida de los almácigos de Yerba-mate, con su aliento acelera la germinación, apaga el fuego en la inmediación de los yerbales para que estas plantas no resulten destruidas.

            Quienes no gozan de sus favores hallan la labor de beneficiar la yerba mate, tediosa y difícil, en extremo agotadora e insalubre; dañados en la salud deben retirarse condenados a vivir del fruto de otras actividades, si se mantienen en labores de yerba, su andar es lento y su rendimiento pobre, siendo continuamente molestados por insectos y alimañas. En cambio el buen cortador de yerba-mate la invoca, sabedor de que el Hada de los yerbales está allí junto a la planta, como un espíritu periférico de la especie vegetal; lo considera no el alma de la planta sino el humor de ella. Antes de iniciar su cotidiana tarea pide ayuda y se compromete a cuidar del árbol como si fuera el Hada misma y le promete amistad. Ella le lleva a hallar la zona más propicia, ayuda a hacer su fardo, lo que logra el cortador con extraordinaria facilidad y al cargarlo su peso es leve y la distancia se hace corta. El genio de la yerba-mate, siempre le asiste, ayuda, acompaña... Tocado por el Hada, el polvo de oro se toma tonificante y devuelve la juventud a quienes la beben a la mañana y a la tarde. Donde haya un grupo de hombres en torno al mate que corre de mano en mano, después del trabajo, siempre habrá amistad y Kaá-iary, invisible pero cercana, hará que la cebadura sea de rico sabor y coronada de blanca espuma.

            Muchas leyendas se han originado en torno a Kaá-iary. Cada comarca tiene la suya, de trama tejida con la hilambre de sus atributos protectores. Su origen es antiquísimo. Era uno de los genios amables de la selva, ofreció la yerba-mate a los primeros indios Guaraníes y extendió su benéfico uso en la vasta comarca. Es uno de los motivos más profundos de su cultura, origen de notables aciertos en medicina aborigen.

            Su pronunciación debe ser iary, nombre que indica alma, dueña, madre de la planta. Yaryi, o Yaryhi, como algunos lo usan, no corresponde; mucho menos: Yarihi, como otros pretenden, especialmente extrafronteras, donde el habla guaraní es aligerado como la leche o como el vino para hacerla más comercial, menos agotable; impropio recurso que para ductilizar un idioma lo hacen maleable, mal expresado; malo, finalmente.

            El sabio Bertoni, en un estudio meduloso acerca de la denominación de Kaá-iary, señala la incongruencia de llamarlo con apelativo de abuela, o Yaryi, proponiendo la voz iary, por ser más propia y adecuada.

 

MALA VISIÓN

 

            Pora, significa "alma en pena". Es el espíritu que vaga por el lugar donde ha vivido la persona. PORA se manifiesta de varias maneras: Como un hombre o mujer de cuerpo indefinido vestido de blanco; como una sombra negra; un ruido; un reflejo; una casa no identificada o algo que se presiente.

            Entre los Chiríguanos del Oriente boliviano y los Chané del Chaco, Pora es denominado Añá. Añá es un alma errante fugitiva, que suele encarnarse en aguará (zorro). Las almas de los muertos sufren esta reencarnación momentánea hasta que se pasan definitivamente al añaretá, (Añá: alma que fué; retá, país). De ahí que los Guaraní occidentales del Chaco sientan temor al aguará-añá y el campesino paraguayo a Pora.

            El Paraguay está lleno de árboles, caminos, casonas con poras. Cuando algunas personas rezan por esa alma en pena, las "luces", "ruidos", "movimientos" desaparecen y es como si el alma obtuviera su salvación.

            La Mala Visión se hace sentir al toque de campana que anuncia el momento de la oración, al final del día útil, más o menos a las seis de la tarde y las gentes se encierran a orar por el alma en pena, errabunda en la figura de Mala Visión.

            Cuéntase que en un lugar llamado Curuzú Yovai apareció la figura de Mala Visión en desesperada búsqueda de la salvación de su alma. El lugar, Curuzú Yovai fue bendecido y así el alma en pena llegó a obtener su salvación. Nuestros antepasados refieren que Mala Visión se presenta a los seres humanos en desfigurada imagen -deforme- semejante al humo, desapareciendo también de este modo por muy breves instantes.

            Mala Visión es similar a la que los pampeanos -no los pámpidos- llaman " la luz mala" que en las noches oscuras persigue a los jinetes solitarios. Allá es luz que deambula, fastidiosa en la noche, acá es una sombra que se mueve durante el día, especialmente en las últimas horas de la tarde. Es tenida como anuncio de algún suceso; muchas veces ha hecho cambiar de rumbo al guatapora -andariego- de nuestros valles y lomas, evitando el encuentro con sus adversarios apretujados en un morral. Entonces se vuelve visión premonitora. No guarda inquina contra nadie, simplemente quiere causar compasión por su suerte y obtener oraciones. Es -se supone- ser femenino -ninfa- por la blanca vestidura ceñida con que se muestra. Pero no causa daño, es más el susto que el escozor... En la orilla de los ríos precede en la mañana a la formación de la neblina. Los pescadores la respetan y tratan de lograr su amistad. En tierra, protege los campos y el ganado y asusta a los ebrios ocasionales que se aventuran por los caminos solitarios. Más de uno se ha curado con tan oportuna aparición; otros disparan sus armas de fuego a la magra figura que burlonamente sisea mientras se aleja levantando los brazos que parecen agitadas ramas de arbusto.

            Los vientos calmos del Norte la pasean por toda la comarca Guaraní y se divierte en confundir a los viajeros que sorprende fuera de los pueblos y ciudades, envolviéndolos en un torbellino de humo en el cual transporta al desprevenido viandante a varias leguas de distancia, dejándolo entre caraguatá y plantas espinosas de las que sale abriéndose camino con un cuchillo o machete, totalmente desatinado -desorientado- al cabo de cuatro o cinco días de penurias sin cuento.

 

 

DE LAS NUEVAS LEYENDAS

 

PLATA YVYGUY

 

            Esta versión folklorizada pertenece a la inventiva popular nacida con posterioridad a la Guerra del Setenta, la cual refiere haber en todo el país tesoros ocultos. La corriente más fuerte toma raíces firmes en el hecho de que durante la llamada Guerra Grande, iniciada en 1865, las familias paraguayas debieron poner en salvo sus caudales, grandes o pequeños, para impedir que los invasores se apoderaran de ellos. Estos generalmente se enterraban cerca de algún punto de referencia mediante el cual fuera posible ubicar y recuperarlo más tarde.

            Pueblos enteros, como Luque, Piribebuy, Caacupé y muchos otros (casi todos los del Paraguay del 1800) tienen alguna tradición que referir respecto a estos caudales. La campiña en estos relatos no se queda atrás sumando detalles de su propia cosecha y abundosa inventiva. Así hay gentes que en sus referencias insisten haber visto luces en el campo, resplandores fugaces, que son para ellos seña cierta y valedera de haber joyas y metales preciosos bajo tierra en cofres de cedro o vasijas de barro.

            Se dice que un perro blanco, sin cabeza, ronda esos depósitos ocultos, custodiándolos y que pocas personas están en condiciones de hallarlos y disfrutar de ellos, pues estas advenedizas dotes van destinadas a premiar las prendas morales de los hombres. Estos favorecidos de la suerte, generalmente -en la leyenda- dan con los tesoros enterrados fácil y ocasionalmente, en tanto que los ''profesionales", asiduos buscadores, muchas veces resultan burlados.

            Cabe señalar que la gran familia Guaraní no trae estas referencias, al menos en cuanto a metales preciosos o bienes materiales, a los cuales no eran afectos. La leyenda de los tesoros ocultos, tan expandida, tan fundamentada por los narradores es útil sicométricamente para sopesar el influjo de una idea clara y determinada. Esto prueba el impacto subliminal, su arraigo, influjo popular y dispersión geográfica, como también estratográfica. La temática es apta para un estudio de mayores alcances en sicología pura y aplicada.

            El afloramiento legendario demarca todo el área de habla Guaraní, hasta donde ha llegado con el chisporroteo de la natural codicia humana. Pero lo interesante es notar y destacar que los Guaraníes desconocen estos asertos dentro de la narrativa autóctona. Es una superposición de reciente data. Un siglo a lo más. Pero no por ello deja de ser interesante. Más de uno ha contado buenas piezas... a pesar de los ruidos que se dice acompaña al hallazgo y del perro sin cabeza que custodia estos caudales fabulosos que enriquecen al Paraguay legendario.

 

 

P A Y E

 

            Ava-payé era el sabio médico o invocador de la antigua familia Guaraní. Poseía o lograba poderes extrafísicos para proteger al pueblo aborigen de acechanzas y de fuerzas desconocidas. Hoy Payé es concretamente un medio, un modo de obrar síquicamente contra algunas personas, cual fuerza maléfica obrada por espíritus perversos para dañar a terceros.

            El vocablo Payé tiene alta significación en las costumbres nativas, trasbordadas a gran parte del uso y saber popular, ocupando lugar preponderante entre los temas del folklore Guaraní. En el decir común refiere exclusivamente a los efectos visibles y no a los causales que se tienen por secretos, pero uno y otro hacen parte, si bien no mencionada, en las consejas populares. El Payé se dice, es un encantamiento que obra a distancia inclusive menguando las fuerzas, la salud física y aún mental de las personas que son víctimas de este oficio que daña, afea y aún obnubila la mente. Es recurso muy socorrido y mentado en la campiña, llegando a usarse a veces -en el extremo de la iracundia- como amenazas. Se dice que es un saber que se desprende de la antigua ciencia chamánica, que curaba el espíritu y el cuerpo del Guaraní. Equivale al "ensalmo" de las brujas medievales.

            Superstición es por cierto; sicomagnetismo, sin duda; elemento sicotransformador que obra primeramente por sicoimpacto llegando a producir la frustración mental, luego va hasta las dolencias y la deformidad física, así de personas o de animales. Veces hay en que se atribuye a este sicoespécimen obrar sobre los frutos y los sembradíos. La cura por palabras pretenden algunos derivar de esta ciencia payeoperativa.

            El pueblo entiende que tan solo otro conocedor y obrador de estas artes y ocultos oficios puede actuar con éxito para contrarrestar el maleficio que se deja ver y se reconoce por sus características muy peculiares como una dolencia extraña difícil de domeñar por medios galeno-químicos, o terapéuticos.

            En síntesis, payé es una acción concreta para un fin determinado. El talismán con que a veces se lo confunde, es una suerte de protección contra presentidos influjos o temores morbosos.

            Payé es en otro aspecto de cosas, dentro del decir propiamente étnico el médico tribal que goza de gran predicamento, por su parte Payé-mirí es el aprendiz de médico. Viene luego el avambohá, que se ocupa de encantamientos y sortilegios, lo cual conserva notable distancia con la medicina chamánica. Payé era también el más antiguo nombre que se daba al jefe o cacique. Si hoy la voz payé indica maleficio no es más que vulgarmente, puesto que el decir correcto en la lengua vernácula indica dentro de la estructura cultural Guaraní una condición respetable.

            Los payéapó tienen reconocido su oficio de obrar cosas extraordinarias a las personas y aún a los simples objetos físicos. Ciertamente, los hombres payé tenían noción de una dimensión de magnetismo animal y también de la fuerza o virtud emanada del alma periférica de las plantas y en especial de las propiedades botánicamente medicinales.

 

 

CONCLUSIÓN

 

            Hemos abierto -recordando a Rosicrán- algunas puertas conducentes a las sendas de la Mitología, vedadas por las colgaduras de los tiempos, cooperando en el esfuerzo iniciado por estudiosos que ostentan en su haber calificados trabajos; tratando de proporcionar al lector que desea informarse, material cercano a lo mejor que en su homenaje se pueda lograr. Esto no significa hallarse agotado el tema, sino tan solo que hemos tentado algunos pasos iníciales para introducimos en inusuales laberintos. Se trata de una ligera mirada en torno a dos aspectos relevantes de la cultura Guaraní: La Mitología Pura y La Leyenda, quedando aún otros estratos que proponer. Era importante comenzar a hacerlo con el manejo de figuras que permiten una mejor mitoambientación, para suponer factible una progresión sistemática, cuya prosecución nos permita asegurar al lector, tener homologada su condición de "iniciado" en Mitología Guaraní; introducción que requirió una serie de esquemas a manera de escalas para aproximamos metódicamente -y serenamente- a atisbar en un terreno de desusada incursión, a fin de movernos con respeto hacia el saber que proporciona la Humanística en la especialidad etnológica dentro de la disciplina concerniente a la Antropología, en la cual se llega a grandes satisfacciones, derivadas de la investigación, o especulación científica, o de la narrativa destinada al "simple esparcimiento.

            Se hace un deber continuar en éstas manifestaciones que señalan algunos aspectos de la mitología, la leyenda y el folklore Guaraní, en los cuales el inolvidable Narciso R. Colmán hiciera una valiosa prospección, resumen del cual es "Ñande Ypycuera", joya matriz de la literatura nativista. En siguientes trabajos, Aves en la Mitología Guaraní, y Mitología Comparada, de cercana edición, volveremos a exponer temas relacionados muy de cerca con los puntos de vista y estimaciones de éste gran maestro, en cuyo homenaje reeditamos esta publicación como un pequeño estímulo que recuerda el centenario de su nacimiento en Ybytymí en el año 1880.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Narciso R. Colmán, Ñande Ypycuera.

Moisés S. Bertoni, La Civilización Guaraní.

Curt Nimuendayú, Los Mitos de la Creación y la Destrucción del Mundo.

José Cruz Rolla, Folklore, Ritos y Costumbres del Pueblo Guaraní.

J.N. González, Proceso y Formación de la Cultura Paraguaya.

Gral. César Ramón Bejarano, Caraí Vosá.

A. Roa Bastos, Las Culturas Condenadas; Recop.

Alfonso Borgognon, Leyendas Guaraníes, ABC Color.

León Cadogan, publicaciones y entrevistas personales.

Gral. Marcial Samaniego, Mitología y Leyendas de los indios Ca'ynguá.

Branislawa Susnik, El Hombre y lo Sobrenatural.

Miguel Ángel Fernández, conferencias.

Darío Gómez Serrato, Yacyyateré.

Dr. Egon Schaden, Curso de Antropología Cultural.

Eudoro Acosta Flores, Cuentos Nacionales.

Justo P. Prieto, Leyenda y Protohistoria.

Benjamín Vera, entrevistas personales.

Maurice Elbaz, "Cuéntanos abuelito".

José Laterza Parodi, entrevistas personales.

Josefina Plá, entrevistas personales.

Oscar Ferreiro, Neomitología; conferencia.

Fortunato Toranzos Bardel, Alma Guaraní

Centro Cultural Juan de Salazar, Curso de Antropología.

  

 

 

INDICE

 

Prólogo

Objetivos de esta edición

Rosicrán en la Mitología

Mitología y Lenguaje

Mitoámbito

Ciencia de extrañas

Gran poesía

Mitofisonomía

El mundo de las leyendas

Mito y fauna

Mitocreación

Las cosas y sus nombres

Mito y Religión Guaraní

Un Museo rosicraniano

No todos son monstruos

La idea y la forma     

Rosicrán y la autenticidad de los mitos        

Tupä

La generación mitológica de Taú y Keraná 

Teyú yaguá

Mboi Tui

Moñai

Yacy yateré

Curupí

Aó-aó

Luisón

Versiones folklorizadas - Otras leyendas

Mboi yaguá

Leyenda de Kaa-póra

Pombero

Kaa iary

Mala visión

Plata yvyguy

Payé

Conclusión

Bibliografía

 

 

 

 

 

 

 

GALERÍA DE MITOS Y LEYENDAS DEL PARAGUAY

(Hacer click sobre la imagen)

 

 




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