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IGNACIO TELESCA


  JOSEF SALINAS - Por IGNACIO TELESCA


JOSEF SALINAS - Por IGNACIO TELESCA

JOSEF SALINAS

Por IGNACIO TELESCA

Colección GENTE QUE HIZO HISTORIA N° 6

© El Lector (de esta edición)

Director Editorial: Pablo León Burián

Coordinador Editorial: Bernardo Neri Farina

Director de la Colección: Herib Caballero Campos

Diseño de Tapa y Diagramación: Jorge Miranda Estigarribia

Corrección: Rodolfo Insaurralde

I.S.B.N.: 978-99953-1-379-1

Asunción – Paraguay

Esta edición consta de 15 mil ejemplares junio, 2013

 



CONTENIDO


Prólogo

Prefacio

¿Eran muchos los esclavizados en el Paraguay?

¿Cómo era la vida de una persona esclavizada en la región?

Un punto sobre el lenguaje

¿Quién fue Josef Salinas?

Capítulo I

Una lucha por la libertad

Los amos: Marcos y Tomasa

El esclavo barbero

Las ansias de libertad

El esclavo creyente

El gobernador Pinedo

La Real Audiencia de Charcas

El pardo libre

Capítulo II

El precio de la Libertad

Un nuevo defensor

El nuevo Alcalde

La sentencia

Una lucha sin fin

Postfacio

Cronología

Bibliografía sobre los afro descendientes en Paraguay ordenada cronológicamente

Bibliografía consultada

El autor




PRÓLOGO


         Cuando se estaba organizando esta Colección, el doctor Ignacio Telesca propuso incluir en la misma la historia de vida de un africano esclavizado que vivió en el Paraguay y que luchó por su libertad utilizando las leyes españolas en contra de la voluntad de sus amos.

         La esclavitud es algo que durante muchos años en el Paraguay se ha mantenido coma un fenómeno extraño y abstracto, este libro nos trae el caso concreto de un hombre que luchó por su libertad porque la esclavitud fue y sigue siendo la situación que más ignominia puede causar el ser humano en su afán de lucro.

         Este volumen fue elaborado gracias a la ardua e inteligente investigación del doctor Ignacio Telesca en el Archivo Nacional de Asunción, consultando fuentes inéditas con las cuales elaboró la biografía de Josef Salinas, un esclavo de origen africano y que trabajaba como barbero, un hombre que luchó por años por el deseo más noble e inherente a la naturaleza del ser humano, la libertad.

         Pero este libro no solo trata sobre la vida de Josef sino que permite al lector comprender la vida de los esclavos durante la época colonial en el Paraguay, y cómo era el régimen al que estaban sometidos. Además, permite comprender la entramada red de justicia española que fue movilizada, primero por el propietario de Josef, don Marcos Salinas, y posteriormente por su viuda Doña Tomasa Esquivel, quienes se opusieron a que Josef pudiese comprar su libertad.

         En primer lugar se sitúa al lector en la realidad de los afro descendientes en el Paraguay a fines del período colonial, el porcentaje de población que representaban y las condiciones en la que vivían, que distaba mucho del mito que se construyó, que en el Paraguay eran pocos y "para más se los trataba bien". Josef Salinas, es un libro provocador porque nos interpela como sociedad, nos hace recordar eso que voluntaria o involuntariamente quisimos olvidar, y que hoy el doctor Telesca nos presenta con un detalle exquisito, en el cual se puede vislumbrar lo más importante, la lucha de un hombre que sabía un oficio -fue valorado como uno de los mejores barberos de la ciudad-, que sabía leer y escribir pero al que sus amos no querían concederle la gracia de comprar su tan ansiada libertad.

         El caso de Josef Salinas, en Asunción también demuestra que se estaban produciendo cambios importantes en la sociedad de la época, inspirados en los valores de la Ilustración, pues su abogado, Fernando Antonio de la Mora -padre de uno de los líderes de la Independencia- tomó no solo como una obligación el litigar por conseguir la libertad del barbero esclavo.

         De hecho esos cambios se estaban dando en todo el imperio español, a tal punto que el 10 de febrero de 1795 el rey Carlos IV dictó la Real Cédula de "Gracias al Sacar", mediante la cual los estados de pardo, zambo, quinterón etc., dejaban de tener un carácter infamante y los que pertenecían a dichas castas si tenían el dinero suficiente podían comprar el título nobiliario de Don entre otros privilegios.

         Por tanto es indudable que está obra se constituirá en un hito del historiografía paraguaya al analizar la vida de un hombre y su lucha constante por obtener su libertad.


         Herib Caballero Campos

         junio, 2013




PREFACIO


         Hace poco, conversando con un colega en el Archivo Nacional de Asunción, en tono de entre broma e ironía, me dice: "vos lo que querés es demostrar que todos somos descendientes de negros".

         Reflexionando sobre lo dicho, dos puntos me vinieron a la mente. Primero, nadie me hubiese interpelado, ni en broma ni en serio, si estuviese procurando demostrar que todos los paraguayos descienden de la nobleza española. En segundo lugar, me parece evidente que aún persiste, y bien en nuestras entrañas, ese prejuicio y discriminación ante lo otro considerado como inferior, el indígena o el afro descendiente (también cuesta aceptar que hacia finales del siglo XVIII las dos terceras partes de la población de la Provincia del Paraguay fuese indígena, y no parece que hubiese cambiado mucho en el siglo siguiente, aunque las categorías con los que se los denominaba fuesen distintas).

         Mi intención es comprender la sociedad del Paraguay colonial (y la de los años siguientes) en donde existían personas provenientes de África que llegaron esclavizadas; personas esclavizadas descendientes de esos africanos esclavizados, y otras personas, cada vez más, descendientes de los esclavizados pero libres.

         Surge siempre la pregunta por el ¿dónde están? ¿Qué pasó con ellos que no los vemos?

         Dejando de lado que el ver, el mirar, es una acción eminentemente cultural, la pregunta es sin embargo importante. Pero tenemos que sacarla por un momento del presente para hacerlas en el pasado. ¿Qué estructuras de discriminación existían, durante la Colonia y los primeros años de la República, que obligaron a la población afro descendiente a verse en la obligación de negar "su calidad de tal"? ¿Por qué los intelectuales paraguayos de fines del siglo XIX y principios del XX cuando piensan la identidad del Paraguay resuelven, como dice el Álbum Gráfico del Paraguay de 1911, que "el pigmento negro no ensombrece nuestra piel"?

         No se trata entonces de buscar abolengos africanos, europeos o americanos de la población paraguaya o americana sino comprender la sociedad con sus discriminaciones y exclusiones existentes. Comprendiendo que pasó ayer quizá podamos entender por qué hoy estas estructuras permanecen y por qué la mitad de la población del Paraguay actual vive bajo la línea de la pobreza. Que las poblaciones indígenas y afro descendientes formen parte de esta mitad excluida nos alerta acerca de que la discriminación no solo se producen por cuestiones étnicas sino, y fundamentalmente, por razones económicas y sociales. La vida de Josef Salinas nos puede ayudar a comprender la historia de estas estructuras, quizá no tan visibles hoy pero tan vigentes como en los tiempos coloniales.

         Hace más de cuarenta años que Josefina Plá presentaba su obra Hermano Negro - La esclavitud en el Paraguay, en donde se ponía de manifiesto que personas esclavizadas provenientes de África ya arribaron a nuestras tierras con el mismo Pedro de Mendoza, y no pasaron muchos años para que en 1556 se hiciera la primera venta de estos esclavos en Asunción.

         En otras palabras, desde los primeros tiempos de la Colonia, en la región del Paraguay existían personas originarias de África que habían sido esclavizadas, transportadas en los tristemente célebres buques negreros, marcadas cual ganado en los puertos y vendidas como mercancía.


         ¿ERAN MUCHOS LOS ESCLAVIZADOS EN EL PARAGUAY?


         Los censos comienzan a ser fiables desde mediados del siglo XVIII, y de acuerdo a estas cifras, el porcentaje se mantuvo estable en alrededor del 4%; en 1782, representaban el 4,1%; en 1799, el 4,3%; y en 1846, el 3,8%. ¿Es mucho? ¿Es poco? Solemos comparar con sociedades caracterizadas por la esclavitud como el Brasil o la región del Caribe y sostenemos que un 4% era ínfimo. Sin embargo, si dejamos este tipo de comparaciones y pensemos que existía un 4% de la población que era jurídicamente explotada, entonces la impresión cambia.

         Se suele insistir en que también se explotaba al indígena, y es cierto, pero esto no habla muy bien de una sociedad que para sobrevivir explotaba a la mano de obra esclavizada y también a la indígena. Desgraciadamente solemos escribir la historia desde el punto de vista de los que dejaron documentos, de los grupos poderosos, de los que obligaban a los Indígenas y afro descendientes a abandonar su identidad para dejar de rugir discriminados; y nosotros nos solemos enorgullecer de lo inclusivos que eran nuestros ancestros.

         Hay una realidad que no es fácil de aprehender para la historiografía. Con la Independencia en 1811 se inicia un proceso nuevo, se crea un nuevo Estado y con él se va solidificando una identidad. Sin embargo, los pueblos de indios y esclavos pervivieron tras 1811. Recién en 1848 se suprimieron los pueblos de indios, y la esclavitud en 1869.

         Instituciones como la esclavitud no se vieron afectadas por la Independencia y la pregunta cabe: ¿eran las personas esclavizadas paraguayas?

         Una persona esclavizada era asumida jurídicamente como una cosa. La legislación que se utilizaba en América colonial era por un lado las SIETE PARTIDAS, redactadas por Alfonso X en siglo XIII, y por otro las Leyes de Indias. Las Siete Partidas se seguían utilizando en Paraguay tras 1811, no así las Leyes de Indias.

         Para las Siete Partidas, el señor "tenía poder llano sobre su siervo para hacer de él lo que quisiera", aclaraba ciertamente que no lo podía matar ni lastimar "a menos que tuviese mandamiento del juez de lugar". Sin embargo, sí podía matarlo si "lo hallase con su mujer o su hija". En la misma ley se deja claro también que si el señor fuese tan cruel que lo mate de hambre, le azote o hiriese, el esclavo puede quejarse ante un juez, y si éste corroborase la veracidad de la denuncia entonces obligaría al señor a vender a su esclavo por un justo precio.

         La ley VII del apartado que se refiere a los esclavos establece un punto que nos ha de interesar en nuestro tema. Establece que "todas las cosas que el siervo ganase por cualquier manera que las gane, deben ser de su señor".

         Las Leyes de Indias, en el título V del libro VII, no hacen mucha novedad, salvo aspectos más específicos que se aplican a América. Por ejemplo, "que los negros y negras libres o esclavos no se sirvan de indios o indias" o "que los negros y negras, mulatos y mulatas libres paguen tributo al rey". Importante para nuestro tema es la ley octava en donde estipula "que las Audiencias oigan y provean justicia a los que proclamaren a libertad". La legislación continúa con ítems más específicos como "que los negros no anden de noche por las ciudades", o "que no traigan armas". En 1789 a través de una REAL CÉDULA se introdujo lo que se llamó el CÓDIGO NEGRERO, pero que en la región del Plata no significó mayor cambio. Las personas esclavizadas en el Paraguay tenían una utilidad múltiple y variada. Por lo general no se las utilizaba para ir a cosechar la yerba, cosa que realizaban los indígenas encomendados, pero sí tenían una actividad muy importante en las estancias. Dependía, claro está, de la estancia en que se desempeñaban. En la estancia que el Colegio Jesuita tenía en Paraguarí, donde agrupaba a alrededor de 500 esclavos, además de las actividades con el ganado se dedicaban a la fabricación de tejas, trabajar la caña de azúcar, la miel, el algodón, etc. Tanto varones como mujeres tenían sus respectivas actividades, al igual que los niños y niñas.

         Las órdenes religiosas eran las que más esclavos poseían. Jesuitas, dominicos, mercedarios y franciscanos acumulaban la mitad de la población esclava de la Provincia del Paraguay. La otra mitad se repartía entre los provincianos acaudalados. Casos como los de Antonio de Viana o Joseph Cohene, que poseían más de 40 esclavos en su estancia, no faltaban tampoco en la Provincia.

         Además del trabajo de estancia, muchas personas utilizaban a los y las esclavizadas como personal doméstico, incluyendo, por supuesto, el trabajo en las chacras caseras. Existían también los que usufructuaban del trabajo de la misma persona esclavizada; es decir, el estipendio que ganase el esclavo con su trabajo se lo quedaba también el amo. Un historiador habla de la "naturaleza estipendaria de la esclavitud urbana colonial" como una de sus características más importantes.

 


         ¿CÓMO ERA LA VIDA DE UNA PERSONA ESCLAVIZADA EN LA REGIÓN?


         Los testimonios de la época son variados y contradictorios. Julio Ramón de César, un español que llegó al Paraguay a fines del siglo XVIII acompañando las partidas demarcadoras de límites, afirma en sus memorias que "los que tienen esclavos ostentan su grandeza y poder en tener multitud de ellos, que los mantienen en la mayor inopia, haraganes, desnudos, hambrientos y llenos de miseria, dejándoles a su cuidado el alimentarse y vestirse".

         Sin embargo, Félix de Azara, quien era uno de los encargados de dicha partida demarcadora, en una obra publicada primero en francés en 1809, reconoce:

         "No se conocen esas leyes y esos castigos atroces que se quieren disculpar como necesario para retener a los esclavos en el trabajo. La suerte de estos desgraciados no difiere nada de la de los blancos de la clase pobre y hasta mejor (...) La mayoría muere sin haber recibido un solo latigazo, se los trata con bondad, no se los atormenta jamás en el trabajo, no se les pone marca, y no se los abandona en la vejez (...) se los viste tan bien o mejor que a los blancos pobres y se les da un buen alimento. En fin, para creer la manera de tratar a los esclavos en este país es necesario haberlo visto."

         ¿A quién creerle? Los dos eran españoles que trabajaban en la misma partida demarcadora, que se quedan como veinte años en Paraguay ya que sus contrapartes portuguesas no aparecen, es decir que tuvieron tiempo para observar la misma realidad. Es muy posible que Azara quisiera mostrar con ribetes positivos el accionar de los españoles en sus colonias americanas en contraposición con lo que hacían los portugueses con las suyas. Pero de igual manera, llama la atención la contraposición. No vamos ahora a tratar de dirimir la cuestión, sino que tras acompañar a Josef Salinas en sus avatares podremos formarnos un juicio propio.


         UN PUNTO SOBRE EL LENGUAJE


         ¿Cómo referirse a los que vinieron esclavizados desde África y a sus descendientes? Solemos utilizar la denominación "afro descendiente", aunque es cierto que no utilizamos sus compañeras "europeo descendiente" ni "americano descendiente". No es fácil lidiar esta cuestión satisfactoriamente. En las fuentes coloniales y de las primeras décadas de la Independencia hasta la guerra se utilizan la palabras "negros/as", "mulatos/as", "pardos/as" y "morenos/as". Depende ciertamente de quién escriba el documento para su uso, muchas veces se utilizan indistintamente.

         Interesante es notar que la palabra kamba no se utiliza en la documentación sino recién en los periódicos de trinchera. Aunque para la gran mayoría de la población kamba es un vocablo de origen guaraní, no lo es en su origen. El lingüista jesuita Ruiz de Montoya, en su Vocabulario de la lengua guaraní publicado en 1640, para referirse a una persona negra utiliza la expresión kuña o kuimba'e (mujer y varón en guaraní) acompañado con la palabra hũ (negro en guaraní). Recién en 1722, otro jesuita, Pablo Restivo, en su Lexicon Hispano-Guaranicum, publicado en la imprenta misionera de Santa María, incorpora la palabra camba para referirse a la negra o negro.

         Pero el tema de los nombres y los colores no fue nunca determinante. Conocida es la anécdota de Melo de Portugal cuando es nombrado Virrey del Río de la Plata. Previamente había sido Gobernador del Paraguay y desde Buenos Aires, ya como Virrey, le escribe al superior del convento de los dominicos en Asunción para que le vendiesen dos criados "que debían ser paraguayos y de este convento, y que el uno fuese Juancho el barbero, y el otro de los más blancos, y bien presenciado; y que por estas circunstancias había pensado que el otro fuese Vicente Sabela". Es decir, los colores son relativos.

         Sin embargo, desde la Colonia hasta nuestros días el uso de la palabra "negro" está cargado de discriminación. Cierto es que hay quien lo utiliza de manera cariñosa, el tradicional "mi negrita", pero sabemos que el uso más común es el de discriminar.

         Por eso optamos por utilizar el "afro descendiente" o también el "afro paraguayo/a". Sin embargo, si bien era claro saber quién era afro descendiente cuando las personas acababan de llegar esclavizadas del África, no lo es tanto cuando las generaciones de afro descendientes se fueron sucediendo, y por consiguiente mezclando con el resto de la población.

         ¿Quién es hoy afro descendiente en el Paraguay? ¿Solo los de Kamba Kua o Emboscada, o Kamba Kokue en Paraguarí? Estos grupos se reconocen como tales y crearon una asociación que los nuclea. Sin embargo, no debemos olvidar que de esas constantes mezclas entre afro descendientes, indígenas y europeos surgió casi toda la población americana. Seguramente en algunas personas se noten más unos rasgos que otros, pero de las familias cuya ascendencia en la región se remonta más de doscientos años atrás es casi imposible pensar que sangre africana, europea e indígena no corra pos sus venas.


         ¿QUIÉN FUE JOSEF SALINAS?


         Fue un esclavo que estuvo más de diez años luchando por conseguir su libertad. Vivió en Paraguay de fines del siglo XVIII, y era barbero de profesión.

         ¿Por qué incluir la vida de Josef Salinas dentro de una serie llamada GENTE QUE HIZO HISTORIA? Por dos razones fundamentales. Primero porque es una manera de reconocer el protagonismo de las personas esclavizadas y sus descendientes en la conformación del Paraguay y de su identidad.

         En segundo lugar porque a la sociedad la conformamos todas las personas que habitamos en ella. Y parafraseando un célebre poema de Bertolt Brecht, podemos preguntarnos quiénes construyeron los edificios del teatro, la ópera, las residencias de Benigno y Venancio o el palacio de Francisco Solano López; o quiénes controlaban el ganado en las estancias de la patria; o quiénes abrieron los caminos reales. Sabemos y nos quedamos casi siempre en los que mandaron a hacerlo, pero casi nunca en los que verdaderamente lo hicieron.

         Con Josef Salinas nos adentraremos en la vida del barbero de una buena parte de la elite asuncena. Luchó por su libertad por casi diez años mientras se sucedieron varios pleitos. Del Alcalde de primer voto al Gobernador, de éste a la Real Audiencia en Charcas. Regresa el expediente a Asunción, y el mismo proceso: del Alcalde de segundo voto, al Gobernador y de éste a la Real Audiencia. Y Josef Salinas mientras tanto lo padecía.

         Su historia nos llega por caminos extraños. El expediente se encuentra en la Sección de Testamentos del Archivo Nacional de Asunción (en el volumen 745, el expediente 7, de 1778) y posee 164 fojas, es decir, 328 páginas. Quien hizo la catalogación de los documentos, como vio que dentro del expediente se encontraba el testamento de Marcos Salinas -él amo de Josef- lo ubicó dentro de la Sección de Testamentos, pero como veremos, es mucho más que un simple testamento. Este expediente es una copia de los documentos originales, los cuales no existen más en el Archivo. Es decir, es una copia de 1783, pero una misma mano, o dos, van copiando uno tras otros los documentos que se fueron sucediendo desde 1773 hasta 1783. La ventaja es que al ser una misma mano, y de un letrado, su letra es bien legible y se puede seguir su lectura casi sin problemas. La desventaja es que no tenemos los originales, las letras de los que escriben, las firmas, el tipo de papel, el estado de los mismos. Sabemos, por ejemplo que Josef Salinas sabía leer y escribir y que él mismo redactaba sus escritos, pero no sabemos cómo era su letra, si de un principiante, si de una persona acostumbrada a esos menesteres.

         Descubrimos en otro expediente, esta vez de la Sección Civil y judicial (volumen 1530, expediente 1, de 1784), breve, de siete fojas, en que el caso continúa y ahí se queda. Esta vez sí son los documentos originales, aunque pocos. Desgraciadamente, ningún escrito de Josef Salinas.

         Es claro que el expediente no está armado para que doscientos cuarenta años más tarde venga un historiador a biografiar al acusado, sino que la historia de Josef y sus intríngulis se van sacando de lugares diversos del mismo expediente. Hemos querido ir contando su vida sin adelantar el final. Solo saber que lucha todos estos años por su libertad, si la logra o no, se develará en las últimas páginas.

         Junto con la vida de Josef nos interesa adentrarnos también en la vida cotidiana del Asunción de antaño, por lo que iremos mechando informaciones que permitan comprender su diario trajinar.

         Hay muchos datos que faltan y hubiese sido importante tenerlos, por ejemplo la edad de Josef. No sabemos cuándo ni dónde nació, ni si su amo Marcos Salinas lo compró de pequeño o ya mayor. Datos que explicarían mejor la relación entre ambos, pero de igual manera, la lucha que llevaba a cabo el esclavo barbero para ser libre amerita que nos adentremos en su vida y en el Paraguay previo a la Independencia.

         Cuando se analiza un caso en particular siempre queda la duda de cuán representativo pueda resultar. No es fácil dilucidar la cuestión, pero sí nos puede servir saber que en el último cuarto del siglo XVIII, encontramos en la Sección Civil y Judicial del Archivo Nacional de Asunción 39 casos de en donde se involucran a afro descendientes. De estos 39 casos, nueve se dan entre "españoles": venta, donaciones, y una señora que se opone al casamiento de su hijo con una mulata. Otros 15 casos se dan contra afro descendientes: por deuda, cinco por adulterios, por matar una mula, cuatro por heridas, dos por robo, por fuga, y por falsificación de firma. Finalmente quince demandas por parte de personas esclavizadas: nueve por maltratos, ocho por papeles de venta, uno pide libertad de sus hijas, otro para que no se venda, y de estos 15 casos seis fueron puestas por mujeres. No es, entonces, el caso de Josef Salinas una excepción en el tiempo que le tocó vivir.

         Para escribir este texto hemos hecho uso de estos dos expedientes judiciales. Todas las citas entre comillas serán citas textuales de los mismos. Hemos utilizado la bibliografía que se añade al final de la obra. La hemos subdividido en dos. Primeramente una bibliografía cronológica sobre el afro descendiente en Paraguay. Solo los artículos o libros que se refieran específicamente al tema. Luego sí, el resto de las obras utilizadas, ordenadas alfabéticamente.

         En el transcurso de la escritura de esta obra falleció Lázaro Medina, director del Ballet Camba Cua, un "luchador de la cultura afro" como señaló su sobrino Guido. Mucho le debe la sociedad paraguaya a Lázaro Medina, porque gracias a él y a su padre, y a su comunidad, la presencia afro descendiente está presente y cada vez más visible, obligándonos a todos, a preguntarnos por cuál es la identidad del Paraguay y de América Latina. A su memoria, entonces, este escrito.

         Finalmente, nada de estas investigaciones y escritos se pudieron haber realizado sin la paciencia y el cariño de Paz, mi compañera de vida. Juntos, cada uno en su misión, vamos construyendo también nuestras vidas compartidas.



CAPÍTULO I


UNA LUCHA POR LA LIBERTAD


         El primer dato que tenemos de Josef Salinas es de 1772, el último de 1784. Según los datos que presenta otro demarcador, Juan Francisco de Aguirre, teniendo presente el censo mandado a realizar por el gobernador Melo de Portugal, en 1782 existían en la Provincia del Paraguay 3.953 personas esclavizadas. Esta cifra representa el 4,1% de la población total de ese entonces: 96.266 habitantes.

         El dato que no deja de llamar la atención es que casi una tercera parte de las personas esclavizadas, 1.157 para ser más precisos, vivían en Asunción y sus alrededores. Esto representaba el 23,4% de la población de la capital provincial. Es decir, casi una de cuatro personas que residía en Asunción era esclavizada. Y para completar esta realidad, hay que decir que los "mulatos y negros libres" representaban el 31,3%. En otras palabras, el 54,7% era afro descendiente; la mitad de los asuncenos.

         Más allá de los datos numéricos es importante usar la imaginación y ubicarse que en Asunción, donde vivían 4.941 personas, era común, muy común, cruzarse en las calles, en las chacras, en el río, en las iglesias y en las cárceles con afro descendientes. Esta realidad permaneció en los años siguientes; según el censo de 1799 el porcentaje de afro descendientes en Asunción era el 42,7%. Una de estas personas era Josef Salinas.

         El amo de Josef Salinas era Marcos Salinas; luego le sucedió la viuda de éste, Tomasa Esquivel y Saravia. Una persona esclava hacía uso del apellido de su amo, por eso Josef tiene el apellido Salinas; y luego añadirá el de Esquivel, pasando a llamarse Josef Salinas y Esquivel. Marcos Salinas era Sargento Mayor y vecino de Asunción. Cuando utilizamos la palabra "vecino" no queremos solo decir que viviese en la vecindad de la ciudad, que tuviese casa y hogar allí sino que también formaba parte de la elite provincial, factible de recibir una encomienda o mercedes reales de tierra. Esto último era dado solamente por el Gobernador a personas que considerase beneméritas.

         En sus últimos años de vida tuvo que desempeñar una tarea muy importante. Cuando los jesuitas fueron expulsados de los dominios españoles en 1767 fue designado para administrar los bienes que habían dejado en el Colegio de Asunción. A este conjunto de bienes se le llamaba "las temporalidades". Como eran tantos los bienes que poseían los jesuitas, al margen de las misiones, tuvieron que designar a dos personas para dicha administración. Salvador Cabañas, quien se encargaría de las estancias de Paraguarí y San Lorenzo, y Marcos Salinas, encargado de todos los bienes del Colegio en Asunción. Esto incluía elementos eclesiásticos, libros, edificaciones, instrumentos musicales, imágenes, cuadros, artefactos de labranza y construcción, botica y esclavos.

         El administrador tenía que encargarse de hacer el inventario de esclavos y luego venderlos o hacerlos rendir, y el dinero debía ser enviado a Buenos Aires. Era un proceso largo y complejo con un sinfín de denuncias de malversación. Marcos Salinas permaneció en dicha tarea hasta su fallecimiento, el 24 de noviembre de 1777. E incluso su viuda tuvo que lidiar con las cuentas de dicha administración.

         El Colegio que los jesuitas tenían en Asunción era muy importante a todo nivel; su biblioteca era una de las más importantes de la región; y poseía asimismo alrededor de 500 esclavos.

         Además del edificio del Colegio tenían una iglesia y una ranchería para su población esclava. También contaban con una chacra hacia la zona de Tacumbú. Es decir, un gran trabajo para administrar para una persona que reemplazaba a una comunidad jesuítica.

         Para Marcos Salinas el trabajo, si bien complicado, implicaba un relacionamiento mayor con la elite provincial y con las autoridades. El gobernador Carlos Morphy, por ejemplo, el 22 de abril de 1769 le concedió como merced real un puesto de estancia de una legua de frente y otras tantas de fondo hacia el Río Negro. De igual manera este tipo de funciones generaba enemistades, como ya veremos.

         No sabemos cuándo Marcos Salinas compró a Josef ni dónde. Es claro que no es de los pertenecientes a los jesuitas porque en los documentos del Archivo se aclara que lo compró "enteramente rústico y bozal en la cantidad de doscientos cuarenta pesos de plata, le había hecho costosamente enseñar y había él mismo enseñado de un modo más de padre que de señor las apreciables habilidades", según afirma el abogado de Marcos.

         Según el Diccionario de la Lengua Castellana de 1726 el término "bozal" se aplica al "inculto, y que está por desbastar y pulir. Es epíteto que ordinariamente se da a los Negros, en especial cuando están recién venidos de sus tierras; y se aplica también a los rústicos. Es lo contrario de Ladino". En otras palabras, Josef era un esclavo que recién había llegado de África y a quien seguramente compró cuando aún era niño. No sabemos dónde lo compró, pero puede ser que o en el puerto de Buenos Aires o de algún comerciante.

         Un esclavo bozal era más barato que uno ladino, puesto que tenía que ser enseñado desde cero. Sin embargo, muchos amos preferían comprar un bozal porque no estaban "contaminados" con ninguna de las artimañas de los esclavos.

         El precio en que lo adquirió era el normal para la región. Josefina Plá dice que para esta época el precio "para un esclavo jovencito -de doce a quince años- era de 400 a 500 pesos". Según los inventarios de los esclavos que pertenecían a los jesuitas, los mejor tasados en la estancia Paraguarí eran las mujeres jóvenes, sean casadas o solteras, por 215 pesos de plata o 550 pesos del país. En Asunción encontramos que algunos esclavos varones jóvenes eran tasados en 225 pesos de plata o 600 pesos del país, pero muy pocos. Incluso existe un esclavo llamado Blas Ignacio de 24 años que fue tasado en 375 pesos de plata o 1.000 pesos del país. Seguramente tendría algún oficio, pero éste no se especifica.

         En el Paraguay colonial se utilizaban varias monedas; existía el peso de plata, compuesto de ocho reales, y cada real de 34 maravedíes; pero el que se utilizaba era el peso del país, o el peso hueco. A principios del siglo XVIII un peso de plata equivalía a tres pesos huecos, pero no siempre la relación fue 3 a 1. Además, hasta que no entró el Estanco Real del Tabaco a fines de dicho siglo, no circulaba moneda metálica sino que se utilizaban los frutos de la tierra; ya sea la yerba mate para las transacciones grandes, ya sea el tabaco para las pequeñas. Veamos un par de ejemplos. Según los impuestos de 1721, un peso de plata era igual a tres pesos huecos; una arroba de yerba era igual a seis pesos huecos; una arroba de azúcar, a 12 pesos huecos; y una fanega de cualquier cereal a nueve pesos huecos. Con estos parámetros se podían entonces recoger los impuestos, no en moneda, sino en productos de la tierra. Cuando se hizo la venta del ganado de las estancias jesuíticas se estableció la siguiente tabla: primeramente se estableció que tres pesos cuatro reales del país eran igual a diez reales de plata. Luego los precios para cada animal: vaca igual a tres pesos cuatro reales del país; buey, seis pesos del país; oveja, un peso del país; cabra, un peso del país; caballo, ocho pesos del país; potro, tres pesos del país; yegua cría de mula, dos pesos cuatro reales del país; yegua cría de caballo, dos pesos del país; burro hechor, 12 pesos del país; burro chúcaro, tres pesos del país; mula mansa, 14 pesos del país; mula chúcara, ocho pesos del país. Como vemos, lo más costoso era la mula mansa, es que dicho animal se utilizaba para transportar la yerba desde los yerbales.

         Cierto es que Marcos le enseñó, o le hizo enseñar, a Josef a leer y escribir y lo introdujo además en la profesión de barbero. Respecto a si se comportó más como un padre que como un señor con Josef no lo sabremos, y puede ponerse en duda, puesto que en este pleito no pareciera que se diese una relación paterna. Claro que ser padre en el siglo XVIII no es lo mismo que en el siglo XXI.

         Que pudiese leer y escribir no es un dato menor. La alfabetización era muy escasa en el Paraguay colonial y de hecho, por ejemplo, Tomasa, la esposa de Marcos, no sabía siquiera firmar.

         Lo mismo se puede decir de la enseñanza de la profesión. Cierto es que el abogado de Josef dirá que "el método que utilizó el amo para enseñarle a barbear fue el hacerle sentar a cuanto viniera de la campaña para que Josef lo afeitase... que si algo sabe lo aprendió a costa del dolor de otros y riesgos que padecieron". Sin embargo, es claro, por la lista de clientes, que era un barbero respetado. Como Marcos y Tomasa solo tuvieron una hija mujer, podemos imaginar que Marcos asumió a Josef como su hijo y le enseñó a leer y escribir. Es una posibilidad, sin embargo Josef no era el único esclavo que poseía.


         LOS AMOS: MARCOS Y TOMASA


         Para comprender el bienestar de Marcos Salinas, vamos a detenernos brevemente en los testamentos que dejaron tanto él como su esposa Tomasa Esquivel. Marcos era hermano de la tercera orden de San Francisco y había pagado las luminarias anuales. Esto era importante para que la Tercera Orden lo acompañe en su entierro. Mandó hacer un novenario y pidió que se pagase más de lo normal a los curas, y que éstos fuesen pobres. Repartió a los pobres la cantidad de cinco mil pesos del país, "si posible fuese en ropa de la tierra y lienzo". La cantidad no era poca monta y llama la atención entonces sobre el por qué insistió tanto en la esclavitud de Josef. Podemos intuir que la cosa iba más allá de lo económico. Pero digamos con el testamento de Marcos.

         Tenía y poseía una capellanía laica, sobre la estancia del Paraje de Mandiho con la pensión de veinticinco misas anuales. Una capellanía era una fundación de carácter religioso hecha por una persona con el fin de obtener un provecho espiritual, por lo general misas, a cambio de un rédito. En este caso, si bien no se especifica en el testamento, pero seguramente esté en el documento de la fundación, fue a cambio de cierto porcentaje de lo producido. Muchos sacerdotes se mantenían en base de capellanías, rezaban las misas por la intención del fundador y recibían lo estipulado. Hoy, una persona católica va a la iglesia y pide una misa por una intención particular, y por lo general deja un estipendio. Antiguamente, eso se dejaba estipulado a través, por ejemplo, de una capellanía.

         En el Paraguay de la Colonia, y en el independiente también, la vida religiosa de las personas era muy importante y en especial que le recen tras su muerte. Marcos impuso otra capellanía en el convento de San Francisco sobre mil arrobas de yerba "con la pensión de treinta misas anuales". Es decir, de manera perpetua deberían rezar en dicho convento las treinta misas; recibían a cambio mil arrobas de yerba. Una arroba es igual a 11,502 kilogramos, lo que significa que dejó once toneladas y media de yerba al convento.

         La religiosidad de Marcos iba mucho más allá. También instauró otra capellanía, en el convento de San Francisco de Corrientes, sobre dos mil arrobas de yerba con la pensión de cincuenta misas. Y una cuarta capellanía sobre la casa de teja nueva que tenía y había mandado edificar en la ciudad de Corrientes, con pensión de que se digan 12 misas rezadas anualmente a favor de don Josef Baltasar Casajús, clérigo presbítero de aquel domicilio. Seguramente el sacerdote cobró por el alquiler de la casa, pero lo interesante es que se nombró un capellán determinado. No es que tenga más valor la misa de uno que de otro, sino que a través de esta institución también se iban tejiendo los entramados de la elite. Un punto para señalar también es la relación constante que existía entre Asunción y Corrientes. A su hija, doña Ana Salinas, casada con el alcalde provincial Bernardino Robledo, le dejó "una sala con su correspondiente aposento de sobre corredor y su sitio respectivo en la casa nueva que está sobre el Río y la otra sala y aposento y oficinas correspondientes a la misma casa a la parte del este a doña María Clara Robledo hija del dicho alcalde provincial".

         A María Clara, le dejó también una esclavita llamada Isabel, de 12 años de edad y otra esclava, que tenía en la ciudad de Corrientes, llamada Beatriz. A doña María Josefa Robledo, otra nieta, le heredó una esclava llamada María de edad, de 11 años, y otra que también de Corrientes llamada también María.

         A su esposa Tomasa le dejó la chacra del Campo Grande con sus edificios y todo el terreno que contiene, cercados y plantíos a excepción de los bienes muebles que hay en dicha chacra. Lo mismo de la casa de la ciudad que se compone de tres lances y dos sobre corredores con el claustro de oficinas y patio correspondiente, de igual suerte la estanzuela del Salado.

         Interesante lo que le heredó a Luciano Francisco, quien le sirviera como mayordomo en la administración de los bienes de los jesuitas, 500 arrobas de yerba; pero a condición que concluya las cuentas del tiempo de la administración. Esto último es más que importante, puesto que él respondía con sus bienes por cualquier mala administración.

         Si en el testamento de Marcos nos topamos con una cultura religiosa bien aceitada, en el testamento de Tomasa Esquivel, de 1790, estaremos frente a la cultura material de una casa de elite del Paraguay de fines de la Colonia.

         También era ella Hermana de la tercera orden franciscana y cofrade de Nuestra Señora del Rosario. Declaró como sus bienes en primer lugar "tres lances de casas cubiertas de tejas dentro de la ciudad en la calle de San Francisco con su correspondiente sitio y oficinas con más un sitio vacío contiguo a dicha casa a la parte del poniente".

         La calle de San Francisco, según confirma Margarita Durán, sería nuestra actual Caballero, desde Eligio Ayala hacia el río y un lance de sitio representa casi siete metros de frente, o sea, estamos hablando de una propiedad amplia de 21 metros de frente. A esto se suman:

         "...16 candelabros, cuatro de ellos algo más grandes; 17 fuentes, 4 azafates (especie de canastillo), dos ollas de cazoleta (cazuela pequeña), dos docenas de platillo, una pava obra del Perú; una cafetera, dos bacinicas (bacín pequeño), un tacho, dos palanganas, una cuchillera, dos docenas de cucharas y dos de tenedores,... una salvilla (especie de bandeja); un mate chapeado con bombilla; un marco chapeado en que está una imagen de Nuestra Señora de Belén y una pileta. Todo lo dicho es, y se entienda ser de plata. Cuatro espejos grandes... Declaro por bienes siete cajas de guardar ropa, la una de ellas sin cerradura, un escaparate con los géneros que en éste existen... Declaro tres cortinales de cama, uno de ellos de Damasco carmesí...".

         Para una provincia que tenía el mote de "pobre", las pertenencias de Tomasa nos hablan de un alto nivel económico. Lo que se ve mejor aún con las estancias que poseía.

         "Declaro por bienes la estancia del Salado con 3.000 cabezas de ganado vacuno más o menos, caballos, yeguas y bueyes... Declaro la estancia de Catigua con 4.000 más o menos cabezas de ganado vacuno, caballos, yeguas y 50 mulas más o menos."

         A las estancias había que sumarle "la chacra de Campo Grande con casas y oficinas y oratorio cubiertas de tejas y oficinas de cosechar caña así mismo cubiertas de tejas y en ellas tres fondos de cobre y un recado de trapiche con los demás aperos, y una manada de ovejas y algunas cabalgaduras".

         Una casa grande y confortable, estancias y chacra con suficientes cabezas de ganado, y lo que no podía faltar, "un coche bien tratado con cortinaje de Damasco carmesí y demás aperos, una calesa bien tratada (un carruaje de dos ruedas), un carricoche usado, un carretón, dos carretas de carga, dos romanas corrientes, la una más chica, y una balanza con su marco de 4 libras, cinco sillas de hierro, tres tachos medianos de cobre, otro de metal amarillo, y cuatro barretas de hierro".

         Como si esto fuera poco, también declaró a sus esclavos.

         "...declaro por mis bienes 34 piezas de esclavos a saber: Ignacio, Martín, Antonio, Vicente el mayor, Pablo, Vicencia y su hijo de pechos nombrado Pedro Alcántara, Escolástica, María y sus dos hijos, José Alejo y Celedonio, Rudesindo, Manuel, Aniceto y su mujer llamada Ignacia Xaviera, Protacio, Ramón, Petrona y su marido Francisco, Agustín, Pío, Vicente el menor, José Alejo el mayor, Matías, Juana, Candelaria, Juana Rosa y sus dos hijas llamadas Petrona y Tomasa, Bartolomé, Marcelina y su hijo Francisco Paula, Baltazar y Pedro Pablo."

         Lo que Tomasa no añade en su testamento es la encomienda originaria que en 1780 tenía en Asunción.

         Lo que nos preguntábamos con Marcos Salinas lo podemos repetir una vez más tras este largo inventario, ¿por qué tanta preocupación por el esclavo Josef?

         Si bien estos inventarios son extensos, nos sirven para ubicarnos un poco en un sector, minoritario por cierto, de la sociedad asuncena, y en la familia en donde se ha de desarrollar nuestro caso.

 


         EL ESCLAVO BARBERO


         A Josef le enseñaron a afeitar y esto resultó ser su calamidad.

         Marcos Salinas le autorizó a su esclavo Josef a barbear a personas de afuera y cobrar por dicho servicio. Según el abogado de Marcos, esta enseñanza se ofreció "con el fin solo de ponerlo en proposición de serle útil y de rendirle algún alivio en un tiempo en que dedicado todo al cuidado de vuestros reales haberes de temporalidades de los expatriados Jesuitas, hasta había mudado su habitación al real colegio librando el cuidado de su casa en el de dicho su esclavo...". Es claro que al abogado le interesa resaltar el oficio de Marcos, quien estaba haciendo un servicio a la Corona, el cual para hacerlo bien hasta tuvo que mudarse de casa. No era un servicio gratuito sino que cobraba el 5% de lo administrado. Vimos además por los testamentos que no iría a necesitar en un futuro, ni en el presente, lo que ganase su esclavo Josef para vivir.

         Con lo colectado por Josef, éste podía comprarse para su vestimenta. A nadie se le esconde que con dicho oficio iría a sacar más dinero que el necesario para vestirse. Es de entrada raro este permiso tan delimitado sabiendo que le sobraría dinero. No es que Marcos necesitase el dinero generado por su esclavo para sobrevivir, pero esa nebulosa del no saber qué hacer con el resto del dinero, le jugó una mala partida al barbero africano.


         LAS ANSIAS DE LIBERTAD


         Las leyes de la Siete Partidas, como vimos, expresaban claramente que todo lo que consiguiese el esclavo era del amo, incluso la ropa que tirase. Pero Josef fue ahorrando y en 1772 le pidió a su amo que quería comprar su libertad con sus ahorros. No le cayó bien la propuesta a Marcos y lo mandó poner preso el 5 de septiembre de ese año.

         Esta primera parte del juicio no la tenemos y solo nos vamos enterando por lo que los abogados en la Real Audiencia de Charcas discutieron (Charcas es la actual ciudad de Sucre en Bolivia y la Real Audiencia era la última instancia donde se apelaba un caso judicial).

         La disputa es doble. En primer lugar a quién pertenece el dinero adquirido por Josef; y en segundo lugar, si el amo puede ser compelido a vender a su esclavo. Lo primero es claro, según las leyes vigentes: todo le correspondía al amo. Referente al segundo punto, ciertamente no podía ser obligado a vender a su esclavo salvo que el amo le hubiese prometido tal libertad o que lo haya tratada con sevicia. El argumento del abogado de Josef en Charcas hizo hincapié en este último punto.

         El caso en Asunción fue iniciado, a pedido de Josef, por el Protector de Naturales, y seguido luego por don Pedro Josef Recalde.

         Los abogados de Josef, tanto en Asunción como en Charcas, hicieron hincapié por un lado en que:

         "...dicho Don Marcos le permitió y concedió licencia y venia a su esclavo para que pudiese con su oficio de barbero ganar para vestirse, haciendo dichas barbas a ratos escusados de su servicio (...) que con semejante permiso todo lo que adquiría mi parte por su oficio de barbero era incontrovertiblemente suyo propio sin obligación ninguna de restitución a su amo, aun en el caso de no emplearlo todo en vestirse."

         Pero por otro insistieron en "la suma sevicia con que le ha tratado su ama". Se lo trata de ladrón y ebrio. Es más:

         "...por haber dicho mi parte demandándole tan justamente su libertad, se lo hizo arrestar a éste a la cárcel pública y le mandó poner grillos en la que se ha mantenido por el largo tiempo [...], sin que en todo este largo espacio le haya merecido a su amo una gota de agua, ni un pedazo de pan para su sustento, antes sí todo rigor y asperezas y ninguna conmiseración y es innegable que por estos hechos así de palabra, como es decirle ebrio y ladrón, siendo así que mi parte ha sido un negro sumamente sobrio, fiel y honrado y que le ha dado con su servicios muchos lucros e intereses a dicho su amo".

         Aquí también el abogado de Josef exageró el punto. Cierto es que Marcos había acusado a Josef de haberle robado un alhaja y de tomarse una botija de vino, pero esto estaba muy lejos de considerarse sevicia, es decir, crueldad excesiva. El abogado de Marcos aclaró:

         "...cuando más podría únicamente titularse injuria en el caso de que una persona de condición tan vil, cual es un Negro esclavo, pudiese padecerla por palabra que le dice su propio Señor, ya por regular desahogo de sus sentimientos o ya por portar sospechas y causas que le asisten, porque a graduarse crueles los Señores por las malas palabras que dicen de ordinario a sus esclavos, no habría uno que se contara libre de tal nota."

         Nos encontramos, lo veremos repetirse más de una vez, los conceptos con los cuales las personas esclavizadas eran discriminadas en la sociedad colonial, como ser lo de "una personas de condición tan vil, cual es un negro esclavo".

         Lo de haberlo puesto preso y sin ninguna ayuda se adecuaría más a la acusación. Sin embargo el abogado de Marcos sostuvo que quien puso en la cárcel a Josef fue el juez de la causa, y que Marcos solo pidió que no fuese el abogado defensor quien lo asegurase en su casa. Es más, el mismo menciona:

         "...habiendo el alcalde mandado arrestarle en cinco de septiembre de setecientos setenta y dos [...] a los nueve días del inmediato noviembre pidió mi parte [...] que se le soltase de la cárcel y se le entregase para estar a su servicio. Y cuando es asimismo constante que no habiendo dicha mi parte héchole poner grillos ningunos sino el mismo Juez para su seguridad solo se mantuvo en la cárcel por el espacio de un año y veinticuatro días [...] hasta el 29 de octubre de setenta y tres [...] Y siendo así que desvanece el rigor de la prisión que intenta exagerar el contrario, el hecho sólo de permitírsele salir de la cárcel a fin de afeitar a su marchantes y aún dirigir la procesión de los Negros en la única Semana Santa de su prisión."

         Una vez más vemos como con tal soltura al abogado de Marcos no le parece de mucha monta el haber estado un año en la cárcel. Y la razón no tira otra que por querer comprar su libertad.

         Se puede discutir si según las leyes en vigor lo que ganara Josef le correspondía a Marcos y si se le podía obligar a Marcos a vender a Josef; pero lo que no se puede discutir, y también según las leyes, es que el deseo de Josef era más que digno. Si los abogados de Josef lo han de defender a capa y espada es también porque veían en su causa la esencia de la condición humana, el ser libres.

         La razón de su larga estadía en la cárcel fue porque el proceso tuvo idas y vueltas. El 17 de septiembre de 1773 se leyó la sentencia por "el Señor Maestre de Campo General Don Sebastián Fernández Montiel, vecino feudatario y alcalde ordinario de primer voto".

         Comienza Fernández Montiel ubicando el caso: "queriéndole compeler [a Marcos Salinas] y apremiar a otorgar la libertad a su negro esclavo Josef, ofreciendo la hacienda agenciada por el mismo Esclavo [...] que pretende hacerse libre, e ingenuo contra la voluntad de su Señor, juzgando que éste pueda ser compelido a recibir el dinero en precio y retorno de su Esclavo."

         Pero después de analizar las leyes argumentadas por una y otra parte pronunció el fallo:

         "que ningún esclavo de singular señor, sin ser crudelizado y tiránicamente tratado, puede pedir jamás su venta ni su rescate o libertad contra la voluntad de su Señor, ni debe ser oído en juicio por el mismo caso de no poder ser el amo apremiado a vender lo suyo, ni privado contra su gusto del dominio de su siervo perpetuo [...] declarando igualmente sea propio del Señor del Esclavo todo el dinero que éste adquiriese en su esclavitud [...] Y en su conformidad se le entregue toda la hacienda embargada y depositada de cuenta suya [...] de la cual hacienda se pagarán las costas procesales."

         Por las dudas, el Alcalde le advirtió al amo: "con prevención que el dicho Don Marco no ha de castigar a su negro por esta su pretensión, considerando haberla hecho engañado y usando de la acción que por error creyó tener, llevado de algunos ejemplares poco y mal contestados antes de ahora".

         Parecía dura la sentencia, especialmente porque no había por dónde entrarle, la legislación ayudaba muy poco y el defensor en ese momento no había mostrado pruebas de sevicia. Tanto la presión con grillos y las acusaciones de ladrón y borracho ocurrieron durante el juicio. Sin embargo, y en palabras del abogado de Marcos en Charcas, "como el nombrado para la defensa de éste [de Josef] se había apoderado del asunto con un ardor que pasaba los límites de la racionalidad y de la moderación", el defensor apeló a la siguiente instancia que era el Gobernador.

         El gobernador Agustín Fernando de Pinedo le pasó a Marcos Salinas los autos para que volviese a presentar las razones y el 27 de octubre de 1773 ya el gobernador dictó sentencia.

         Es interesante notar que ya desde los considerandos, Pinedo nos muestra su propia interpretación y afirma: "alegando el defensor [de Josef] los favores y privilegios de la libertad, con la circunstancia de que su amo le concedió facultad de adquirir para sí, y se allanó desde el primer pedimento a darle la libertad".

         Finalmente, revocó la sentencia de Fernández Montiel:

         "...atento a que las leyes y doctrinas aducidas por parte de don Marcos Salinas, no son de este caso especial y circunstanciado, y en consecuencia mando que ponga precio al esclavo y siendo ajustado reciba la yerba embargada, pagando por mitad las costas procesales y en caso de ser exorbitante se nombre tasadores, que aprecien al esclavo y recibido su justo valor le otorgue la correspondiente escritura de libertad."

         El Gobernador falló a favor del esclavo y cuando Marcos Salinas quiso apelar, el mismo le previno que no se entregase el testimonio de Autos, hasta que la sentencia revocatoria estuviese mandada a la ejecución. Es decir, primero tuvo que ponerse firme su sentencia y para luego pasarle los Autos para poder apelar en la Real Audiencia de Charcas.

         Sin embargo, no terminaron ahí los padecimientos para Marcos ya que éste pedía 375 pesos de plata por Josef, lo que se consideró exorbitante y le sacaron a la luz que había presentado tachas al esclavo, tratándolo de borracho e infiel. El tasador lo valuó, teniendo en cuenta las tachas en 150 pesos de plata. Pero si bien tenía que nombrarse un tercero en discordia, se suspendió esta diligencia. La razón fue estratégica: quién tenía que nombrar dicho tercero era justamente el Alcalde ordinario de primer voto, quien antes había fallado en contra de Josef. Entonces se esperó que pasase el año ya que cada enero se cambiaban las autoridades, y al mudarse el alcalde ordinario de primer voto, el nuevo nombró un tercero que sin citación de partes lo tazó en 187 pesos y cuatro reales de plata, de cuya manera se declaró dirimida la discordia. El abogado de Marcos Salinas en Charcas acusó al gobernador Pinedo de haber procedido "en odio de mi parte".

         En lo que respecto Josef Salinas, quedó en libertad desde aquel 27 de octubre de 1773 en que el gobernador Pinedo falló a su favor, y al año siguiente pagó su precio con yerba.


         EL ESCLAVO CREYENTE


         Antes de seguir avanzando con el caso, ya en la circunscripción de la Real Audiencia de Charcas, es importante que nos detengamos en ciertos aspectos que surgen de las declaraciones. Primeramente en la vida religiosa de Josef.

         Seguramente, Josef ya libre de servidumbre, por el momento, seguiría participando en las fiestas religiosas, quizá a través de la Cofradía de San Baltasar que fue erigida con autoridad eclesiástica a "favor de los negros, pardos y demás gente de servicio de este vecindario" y funcionaba en la Iglesia de San Blas, destinada justamente a los pardos y naturales de Asunción.

         Incluía esta cofradía también a los esclavos, "con tal que consientan sus amos y protesten no impedirles la debida contribución y la asistencia a los ministerios que como tales cofrades sean obligados", según rezan las constituciones en su Artículo 14. En esta situación estaría Josef mientras estaba al servicio de Marcos Salinas. Estas constituciones las tenemos en el Archivo Nacional de Asunción gracias a la labor de un obispo franciscano.

         Fray Luis de Velasco y Maeda, le envía al Rey la relación de la visita general que había practicado en su diócesis. Entre otras cosas le comunica que en su obispado existen veinte cofradías pero que salvo una, la del Augusto Sacramento del Altar establecida en la Catedral, el resto carece de la aprobación real que era necesaria para su subsistencia. El mismo pastor había resuelto darles un año de plazo para que solicitasen dicha aprobación, y mientras tanto podrían seguir funcionando. El Consejo de Indias aprobó lo actuado por el obispo insistiendo en encargar al gobernador-intendente del Paraguay no permitir que continuasen cumplido el año si no se obtenía la real aprobación.

         Las cofradías, según el diccionario de la época, era una "congregación o hermandad que forman algunos devotos para ejercitarse en obras de piedad y caridad". A esta definición habría que añadirle que necesitaban, al menos en el siglo XVIII, autorización del Obispo del lugar. Estas obras de caridad fungían especialmente como un seguro ante la enfermedad y para la muerte. Vimos ya en los testamentos de Marcos Salinas y de Tomasa Esquivel cómo ellos señalaban su pertenencia a la tercera orden franciscana para que se le dijesen las misas respectivas, ya que habían aportado el estipendio correspondiente.

         En el Archivo solo se han podido encontrar dos cofradías pidiendo dicha autorización real: la de Nuestra Señora de la Soledad y Santo Entierro de Cristo, que funcionaba en el convento de la Merced en Asunción, y la del Santo Rey Baltasar en la iglesia de San Blas, también en la ciudad capital. De las restantes cofradías se encuentran referencias en otros documentos de años posteriores, pero no solicitando dicha aprobación.

         De la cofradía de San Baltasar, el encargado de presentar las constituciones fue José Antonio Aponte, oficial de la misma. Como introducción a las reglas, le comenta al gobernador-intendente Pedro Melo de Portugal que la misma fue erigida con autoridad eclesiástica a "favor de los negros, pardos y demás gente de servicio de este vecindario". La misma funcionaba en la iglesia de San Blas que no tenía territorio material específico, sino que la "jurisdicción del párroco [de dicha parroquia] se extiende a todos los indios, mulatos y negros así esclavos como libres, moradores en todo el distrito de la Catedral y la Encarnación [en Asunción]".

         Esta cofradía funcionaba, de acuerdo al oficial Aponte, desde 1650, año en que se instituyó, y su finalidad principal era, además de la devoción al San Baltasar, la de asistir a los cofrades tanto durante su enfermedad como en su muerte.

         La constitución que presenta consta de 16 artículos, los primeros seis se refieren a las autoridades, los oficiales (un mayordomo, un procurador, dos enfermeros que visiten a los cofrades enfermos, dos limosneros, dos vocales, un secretario), los artículos siguientes son referentes a las elecciones anuales, dar el aviso al cura de dicha elección, que la festividad central será el 6 de enero, la figura del Alférez, las misas que deberán realizarse cada seis de cada mes, el asistir al entierro de los hermanos cofrades, respecto al estipendio de la misa, sobre los miembros, las contribucciones (dos reales para los oficiales y uno para los cofrades simples), y las nuevas constituciones. Melo de Portugal aprueba esta constitución el 3 de julio 1787. En Buenos Aires por esos años también existía una Cofradía de San Baltasar y las Ánimas que funcionaba en la parroquia de Nuestra Señora de la Piedad, "a devoción de los negros y esclavos que en ella [Buenos Aires] residen".

         Un el Archivo General de la Nación en Buenos Aires, se conservan dos cartas anuas escritas por el padre rector del colegio jesuita de Asunción, Antonio Miranda, correspondientes al período 1758-1765. A través de ellas podemos apreciar como los jesuitas del colegio, además del trabajo en su propia Iglesia, realizaban ministerios apostólicos tanto en la Iglesia de la Encarnación como en la de San Blas, esta última destinada, como ya vimos, a los naturales y pardos de la ciudad. Según estas cartas, nos enteramos que algunos jesuitas, antes de su expulsión en 1767, desempañaban la función de prefectos de la cofradía de negros, y que incluso de acuerdo a los inventarios, existía una cofradía de negros dependiente del Colegio.

         Más llamativo, incluso, es el hecho que en todos estos años entre los que recibían los ejercicios espirituales de San Ignacio se encontraban tanto esclavos como pardos libres. Por ejemplo en 1761 de las 156 mujeres que hicieron los ejercicios espirituales, 42 eran criadas; en 1763 "los españoles y españolas, mulatos y mulatas, y entre todos fueron 328 personas los que los hicieron, y todos, a lo que se pudo colegir, con mucho fruto".

         Los franciscanos, por su parte también tenían su cofradía para "gente de servicio" en su convento de Asunción. De hecho en la cofradía del cordón de Santa Ana, se admitía "todo género de personas, en especial la gente de servicio".

         Por otro lado, también nos encontramos con el hecho que muchos de los españoles participaban de las actividades de la cofradía de los negros de San Baltasar. Cuando el oficial Aponte le comentaba al gobernador-intendente los beneficios de la cofradía que funcionaba en la iglesia San Blas, añade que todos estos favores concedidos por el Santo Rey Baltasar "ha sido irresistible aliciente para haber muchos sujetos españoles de primera calidad mezclándose (como olvidados de ella y su abatimiento) entre nosotros, pujándonos a porfía, o arrebatándonos en cierto modo el culto al santo, en cumplimiento de sus humildes votos".

         Como podemos ver, no se puede comprender la sociedad colonial sin tener en cuenta su aspecto religioso, del cual todos estamentos participaban por igual.

         Sabemos que Josef Salinas dirigió la procesión de los Negros en la Semana Santa cuando estaba en la cárcel, en 1773. Podemos presumir que la hubiese dirigido antes y después de dicho año. Y si a pesar de estar preso lo autorizaron no es difícil especular sobre su importante rol en la misma.

         Las fiestas populares con participación de afro descendientes eran relativamente comunes en las épocas coloniales. Carlos Colombino recoge en su obra fiestas desde fines del siglo XVII con participación de los kamba ra'anga. Permanecieron también durante los primeros años de la República hasta que el Doctor Francia las hiciera suspender.

         Francisco Wisner de Morgenstern, húngaro de nacimiento, pero que vivió en Paraguay, nos dejó un relato sobre los tiempos del Doctor Francia a pedido precisamente del mariscal Francisco Solano López. Para la redacción de su obra se valió fundamentalmente de los recuerdos de las personas que habían vividos en aquellos tiempos. De dicho relato extraemos los siguientes párrafos:

         "Estas fiestas de San Baltazar han tenido origen en un pueblo de campaña porque consideraban al santo muy milagroso, de manera que toda persona atacada de malas enfermedades, al rendir culto al santo, aseguraban que sanaría totalmente de las dolencias.

         En la víspera de la fiesta los iniciadores acompañados de la mayor parte de la gente del pueblo, al son de una murga, se dirigían al lugar a donde se encontraba la imagen del santo, conduciéndolo en procesión hasta el templo y al día siguiente, volvían todos al templo por la mañana, a donde se celebraba una misa solemne y, terminada ésta, regresaban con gran solemnidad llevando al santo en procesión, colocándolo otra vez en su capilla. Después de esta ceremonia, empezaban las diversiones del pueblo con grandes disfraces, con los que se originaban los bailes que degeneraban en grandes inmoralidades, y concluyendo con hechos licenciosos, rindiéndole también el respectivo culto a Baco. Estas fiestas empezaban el 6 de enero, festejando el natalicio del Dictador y duraban generalmente hasta el último día del carnaval. Tales eran las fiestas que hacía estragos en todas las clases sociales y que el Dictador prohibió."

         No es que la sociedad asuncena estuviese de procesiones o fiestas todo el año, pero al menos nos dan una imagen más viva de un mundo Al que nos acostumbramos a mirar lleno de comerciantes, militares y revolucionarios.





CAPÍTULO II


EL PRECIO DE LA LIBERTAD


         Habíamos visto que el 14 de agostó de 1776 la Real Audiencia dictó Sentencia.

         "...confirmando la sentencia dada por dicho Alcalde Ordinario, revocándose la pronunciada por dicho Gobernador, con declaración que la yerba y bienes adquiridos por el negro Josef y los que en adelante adquiriere hasta el día en que se verifique la libertad en los términos que se expresarán, toca y pertenecen a su amo Don Marcos Salinas. Y en atención a la oferta y promesa que de los Autos aparece haber hecho éste de que siempre que dicho Esclavo manifieste propio caudal habido por términos legales y correspondiente a su valor, le otorgará la libertad, se la concedería prontamente y podrá demandarla el referido Josef con la yerba prestada que con su trabajo no la devengó o adquirió todavía, o con otra, o con el dinero que por cualquier persona se le diere o prestare precediendo para ello nueva tasación con atención a los oficios, ejercicios y habilidades del referido esclavo."

         Esta sentencia llegó a Asunción, casi dos años más tarde, el 1 de junio de 1778, la recibió, por ausencia del Gobernador, el Alcalde Ordinario de Primer Voto y Justicia Mayor, Josef Fortunato Ruiz de Arellano. Señalan los archivos que "enseguida la tomó en la mano, la besó y la puso sobre su cabeza diciendo que la obedece y acata".

         Al día siguiente se ordena se le notifique a Josef "a fin de que con arreglos a su decisión solicite su libertad". Lo que se hace el 4 de junio, en la Real Cárcel frente a los capitulares Don Fernando Mora y Don Miguel Aguayo. También se le notificó a Doña Tomasa Esquivel, ya viuda de Marcos Salinas quien había fallecido el 24 de noviembre del año anterior. Tomasa Esquivel y Saravia, conjuntamente con don Bernardino Robledo, Alcalde de la Santa Hermandad, albaceas de Marcos Salinas, solicitaron saber qué decisión había tomado Josef, puesto que "se nos sigue grave perjuicio por carecer de la utilidad del servicio personal a que se halla constituido".

         Éste será un "caballito de batalla" de esta parte. Insistir en que se resuelva el caso ya que o quieren que Josef compre su libertad o que vuelva corno esclavo a su casa. Nunca perder su dinero.

         El 16 de junio el Alcalde de Primer Voto le notificó a Josef "a fin de que a dentro de tres días exponga si tiene dinero o yerba que le hayan dado o prestado a efectos de rescatarse con arreglo su decisión; con apercibimiento que pasado el término asignado se dará permiso a los albaceas del finado Marcos Salinas para que dispongan del citado esclavo Josef según tuvieran por conveniente".

         A partir de este proceso podemos seguir el devenir de los acontecimientos día por día, o mejor dicho, escrito por escrito. En ese tiempo aparece un escrito de Josef, donde nuestro protagonista se presenta como "Josef Salinas y Esquivel preso en cárcel pública y con prisiones", pero aclaraba que tras la sentencia del Gobernador, a su favor, fue "judicialmente tasado y justificado y satisfice mi valor con yerba que me suplieron en especial el Señor Doctor Don Dionisio de Otazú que me suplió trescientas diecisiete arrobas de yerba, sin entrar en pagamento".

         Ahí fue cuando se inició el pleito y se embargó la yerba a pedido de Marcos, y si bien tenía que ser depositada en lo de Martín de Azuaga, el amo Salinas "la hizo conducir al Colegio de su residencia y la hizo tirar en uno de sus corredores, donde se mantuvo a las inclemencias del tiempo dos años poco más o menos". Cuando Pinedo falló a favor de Josef, ya Marcos no quiso recibir la yerba porque estaba podrida. Por lo que tuvo que volverle a pedir a Otazú más yerba "y el resto busqué en otra parte".

         "De que es visto que yo me liberté con yerba que me suplieron, no con la que gané siendo esclavo. Las trescientas diecisiete arrobas de yerba todavía debo al señor doctor, y ni mi difunto ama ni sus albaceas o herederos les han devuelto (...) en esta inteligencia se ha de servir o declarar mi libertad o mandar se devuelva dicha yerba al señor doctor, quien, siendo tan notoriamente generoso y piadoso no dudo me la suplirá otra vez."

         La posición de Josef era clara, toda la yerba que recibió Marcos Salinas no fue conseguida por él como fruto de su trabajo, sino que le fue prestada. Por lo tanto, ya tendrían que darle su libertad.

         La situación parecía, en cierta medida, clara. Pero no lo fue así para Tomasa y esto significó siete años más de indefinición y, lo que es más terrible, siete años más de vida en prisión para Josef.

         Tomasa afirmaba que la yerba la "adquirió el negro en tiempo de esclavitud" por lo que le pertenece al amo. ¿Cómo contradice Tomasa entonces lo que afirmó Josef? Muy sencillo, dijo que lo que su esclavo había hecho fue darle la yerba conseguida con su trabajo a sus amistades para que luego se la presten, "que ya tenía recogida y sigilosamente puesta en los sujetos, que se la tenían el año de setenta y dos en que comenzó sus demandas con oblación de la hacienda", por lo tanto, esa yerba era de su amo, con la que no podía entonces rescatarse su esclavo. La testamentaria también pedía que se le entregue:

         "...toda la demás hacienda que hubiese ganado y debido ganar desde el día de su presentación hasta el de su aseguración por la Provisión compulsoria de su Alteza, que fue desde diecinueve de agosto de setenta y dos, hasta trece de noviembre de setenta y cinco en que fue preso y entregado al Alcalde Provincial Don Bernardino Robledo, en que intercedieron tres años y tres meses que gozó de su libertad y anduvo ganando dinero contra la voluntad de su señor."

         Es muy extraño el argumento de Tomasa. No tiene ninguna prueba que justifique el rechazo de lo dicho por Josef. Sin embargo complicó el asunto, quizá con causa, puesto que pone sobre el tapete lo que haya conseguido Josef durante el ínterin en que gozó de la libertad. Vimos que la Real Audiencia había revocado la sentencia de Pinedo, pero nada dijo sobre este particular. ¿A quién le correspondía lo ganado por Josef? Todo queda a la interpretación, y en este juego de interpretaciones es donde Tomasa hace su entrada. En los escritos de Tomasa, o de su abogado Xavier Arévalo (quien firma ya que la Señora no sabe escribir), se mezclan cuestiones legales con el menosprecio hacia las personas esclavizadas vigentes en la época. Desechaba toda palabra de Josef "conociendo su mala intención y odio que tiene a su amo y gran desenfrenado apetito a su libertad". Insistía además que él no podía recibir prestado nada de nadie sin permiso de su amo, permiso que ahora sí tenía.

         Entonces pedía la señora que Josef diga si tenía o no cómo pagar su libertad, porque "no seré obligada a estarme en suspensión esperando entretenimientos y enredos que un negro que ha hecho gastar más plata de lo que valen dos esclavos como él, y causado más perjuicios que todos los demás esclavos juntos con la ansia extraordinaria de su libertad."


         UN NUEVO DEFENSOR


         A Josef se le nombra un defensor, Fernando Antonio de la Mora; padre de Fernando de la Mora.

         En su primer escrito, se presenta Mora como "Defensor nombrado de Josef Salinas preso y engrillado en esta real cárcel por dementado" y pide que si sirva "declarar a mi parte por libre de grillo, cárcel y esclavitud". Expresó además que los 750 pesos en yerba que recibió Marcos Salinas cuando le salió la sentencia de Pinedo, éstos le fueron prestados a Josef caritativamente por varios sujetos, y éste no la pudo pagar o devolver, porque pronto lo pusieron en prisión. Insistirá el defensor que se debe tasar al esclavo teniendo en cuenta la demencia presente, para ver cuánta yerba debe devolver la señora viuda. El argumento de Mora es claro: se le pagó a Marcos Salinas con yerba prestada, pero que el valor de Josef como esclavo ha disminuido por los rigores de los castigos sufridos en la estancia de Robledo. Es decir, su valor es menor, así es que es Tomasa la que debe devolver dinero.

         Al igual que en Charcas, los escritos van y vienen. Por momentos se presentan reiterativos y se convierte en un diálogo de sordos. Ambas partes se toman muy a pecho la defensa de sus intereses, pero mientras tanto Josef sigue preso y con grilletes.

         Ante el pedido de Mora, Tomasa Esquivel respondió con energía. Antes que nada afirmó que Marcos aceptó esa yerba "contra su voluntad, compelido y apremiado de la sentencia apelada y no consentida y de los demás autos violentos y sistemáticos del juez que contra derecho quiso favorecer al esclavo". Aseveró así mismo que el pedido del defensor carece de "todo fundamento legal", e insiste en que "ya tenía recogida y agenciada en muchos años antecedentes secretamente la hacienda que juzgó necesaria para su rescate".

         "Después que su señor difunto quiso averiguar las fuentes y origen de la adquisición clandestina porque reconocía fallas en las cosas de su tienda procuró el negro dar a entender que la hacienda era prestada o dada adelantadamente por su trabajo futuro lo que no pudo probarse como correspondía". Incluso, dice Tomasa, si le prestaron a Josef, pues es su problema por hacer tratos con un "sujeto que por sí era intratable, inhábil para toda negociación como esclavo perpetuo, que no tenía acción, derecho ni jurisdicción sobre sí o sobre su persona".

         "Dirán acaso [insiste la nueva ama] que el dicho negro tenía licencia de su amo para ganar por afeitar; pero esta razón es debilísima y falsa en el sentido perjudicial.

         - Lo primero porque a ninguno le consta tal licencia.

         - Lo segundo, que esa licencia después de sabida no fue más que para ganar, no al fiado, sino de contado, cobrando el negro lo devengado y ganado, y no lo por ganar.

         - Tercero, que esa licencia fue para ganar cosas de vestir, no para adquirir hacienda para libertarse contra la voluntad de su dueño y así, esa licencia para este asunto fue lo mismo que si no fuera.

         - Porque además de las razones aquí alegadas, todo lo que sobrase de su preciso vestuario era perteneciente al Amo y aún su mismo vestuario así ganado o de otra suerte adquirido, porque el esclavo nada tiene y nada adquiere conforme a Derecho que no sea de su Amo, y para su Amo y a la disposición de su Amo."

         Es más, sin autoridad alguna, le dieron un plazo de quince días para que presente su yerba: "desde hoy veinticuatro de julio hasta ocho de agosto, porque no debemos privarnos de los servicios y jornales de este Negro, que sabe fingir de loco, cuando le tiene cuenta haciendo acciones muy prudentes, y astutas, ordenadas a su intento y dirigidas a sus fines".

         Luego, Tomasa arremetió contra el defensor y con ironía le dijo:

         "No sabemos a qué fin el defensor del negro viene haciendo veces de los imaginarios interesados o comodantes de la hacienda alegando que les debemos devolver, la que prestaron, no siendo defensor de esos fiadores o emprestadores de hacienda sino sólo del negro enloquecido por su voluntad y dementado de habilidad."

         Si bien los escritos de ambas partes son muchas veces largos y reiterativos, son por lo general muy gráficos, casi como reproduciendo un lenguaje oral. A diferencia de los abogados en Charcas, los defensores de ambas partes no eran leguleyos sino que hacen la función de ellos, pero al no manejar toda la legislación no hacían tanto uso de las Leyes de las Siete Partidas o de las Leyes de Indias, sino que utilizan el sentido común y la ironía como forma de ataque y defensa.

         Esto hace que sus palabras nos ahorren mayor comentario. Por ejemplo, Tomasa -aunque siempre sea el abogado quien escriba- no tuvo piedad para referirse a Josef:

         "Sobre que decimos que al loco o demente no se le debe libertar porque no haga locuras o demencias, antes debe tenérsele sujeto y aprisionado, como es de Ley y costumbre, pues por ser locos se pone en prisión a los que son libres por naturaleza (...) Habiendo enloquecido el negro, no habrá quien le supla el dinero, porque como dice el Defensor, no habrá quien ponga su barba en su mano ni quien fíe de él encargo alguno y por consiguiente será corto su valor si se consiente el ardidoso fraude que el negro hace, ignorando que al loco no debe libertarse."

         Pidió que se venda al esclavo por el precio fijado, pero que si está loco no lo han de vender, no sea que por loco se quiebre el precio, sino requería que se lo entreguen para llevarlo a la estancia para que trabaje "engrillado como loco". Que en 15 días demuestre lo que tiene para rescatarse que en caso contrario se lo llevarán y lo entregarán cuando tuviese juicio y dinero.

         El defensor de Josef ni lerdo ni perezoso comentó la razón de la locura de su defendido, el haber querido confesarse varias veces en un mismo día "y para este tipo de locura no hace falta cárcel ni grillos, ni casa de locos, porque si no hacen daños se usa que se los deje libre por las calles". Insistió también en que los 750 pesos dados, prestados en la buena fe de la sentencia pasada y aclaró a quién se le debía: 771 pesos en estas tres partidas a saber: el Doctor Don Dionisio de Otazú, 317 arrobas de yerba que le suplió para su libertad; 92 pesos a Don Benito Viñalez para lo mismo, y tres tercios de yerba a Don Manuel Matiauda.

         "Con que es cierto que el Negro no les ocasiona pleitos sino que al pobre Negro es a quien por todos términos le pretenden hacer padecer y que compre su libertad muchas veces."

         Recordemos que una arroba era igual a 25 libras, o sea, 11,34 kilogramos y un tercio se componía de ocho arrobas, 90,72 kilogramos. Es decir, que lo recolectado por Josef era casi cuatro toneladas de yerba mate.

         Si bien defensa iba y acusación venía, Josef seguía engrillado en la cárcel pública.

         El alcalde Ruiz de Arellano resolvió que se reciba a prueba la causa con término de nueve días comunes. En esta instancia es donde las partes presentaban las pruebas que avalaran sus presentaciones.

         Iniciaba el defensor de Josef pidiendo que se cite a Dionisio Otazú, cura rector de la Iglesia Catedral, y que se le pregunte si es cierto que le prestó a Josef 317 arrobas de yerba y si hasta el presente se las debe. También que se llame a Manuel Matiauda, que le habría presentado tres tercios, y a Benito Viñalez, quien le habría prestado 92 pesos.

         Respecto a la salud de Josef, señala el abogado que el 2 de octubre ya había solicitado que se le alimentase a Josef, cosa que aún no se había producido, y vuelve a insistir sobre el mismo punto, "antes que muera de hambre", y que se le saquen los grilletes.

         Al ser sacerdote Otazú, tenía que tener la autorización del Obispo -o del Vicario en caso que no haya Obispo- y a este siempre se le consultaba por escrito. El fiscal entonces pidió que se libre carta política al Provisor y Vicario General de la Diócesis y que se notifique a los albaceas, es decir a Tomasa Esquivel y a Bernardino Robledo, para que le den alimentos a Josef. Esto fue en fecha 3 de diciembre de 1778.

         Dionisio Otazú se presenta el 22 de diciembre y declaró, por cierto, que le prestó y suplió dicha yerba en dos partidas:

         "...la una que Luciano Franco a punta de barrena sacó y recibió de su almacén por orden del finado Don Marcos Salinas, la otra por libramiento del declarante entregó don Esteban Hugüet en el tiempo que éste vivió en las casas del que declara, y cuando por sentencia del señor gobernador y capitán general se declaró la libertad del negro y que tiene entendido que esto mismo el mismo Negro declara a pedimento de su Amo, siendo alcalde don Rafael Tullo (...) y que esta cantidad no la ha pagado y le debe hasta el presente el negro, o en caso de negársele a éste la libertad, los bienes del finado, su amo."


         EL NUEVO ALCALDE


         El año 1779 trajo sus sorpresas. Bernardino Robledo es elegido Alcalde de primer voto, entonces el defensor pide que se le pase el caso al de segundo voto, Francisco Xavier de Azevedo, lo que el gobernador Pedro Melo de Portugal acepta, pero ya fue en marzo.

         Sigue la declaración de Viñalez que sostiene que Josef Salinas le debe 87 pesos y en mayo declara Matiauda quien afirma que le dio un tercio de yerba en calidad de limosna y que le debe 46 pesos y dos reales.

         Una vez terminado el testimonio de los testigos, se inicia una nueva presentación del defensor Mora y narra una periodización de los sufrimientos de Josef Salinas:

         "Preso y engrillado en esta real cárcel más de un año hace, que con tres años y siete meses antecedentemente estuvo en dicha real cárcel, hace cerca de cinco años que padece el insufrible embodegamiento de un calabozo y cargado de fierro; pero no es todavía lo más monstruoso dicha injustísima prisión, sino es que en el tiempo que estuvo fuera de ella padeció en la estancia aun mayor rigor ¡Gran providencia divina, que en el golfo de tanta pena mantenga a este infeliz la vida!"

         Llama la atención sobre la malicia de los herederos que a pesar de la provisión lo habían vendido, "y que apenas le dan comida recientemente, en escasa cantidad, que pareciera quieren que se muera en prisión antes que darle la libertad". Pide nuevamente que se libere a Josef de los grilletes, del calabozo y de la prisión, e incluso demanda a los albaceas por sus jornales perdidos.

         No era fácil para la parte de Tomasa y Bernardino desarmar estas pruebas. De hecho, tuvieron dos estrategias aunque sin mucho predicamento. La primera era hacer hincapié en lo ganado por Josef en su tiempo de libertad, haciendo uso de la libreta de marchantes que ya hemos citado. Sin lugar a dudas, esos dos años serán constantemente traídos a colación, es que desde la Audiencia de Charcas no se dijo nada al respecto, y al revocar la sentencia de Pinedo no quedó claro si lo ganado en el tiempo de libertad le corresponde a Josef o al amo. Es decir, no se sabía si la sentencia de Charcas tiene retroactividad o se aplica desde el momento en que se formula la misma.

         Por otro lado, como segunda estrategia, Tomasa y Bernardino insistieron en que esos préstamos son puras artimañas de Josef con sus acreedores.

         En el escrito de Tomasa arremetió una vez más contra el "defensor de mi negro esclavo Josef Salinas". No deja de ser importante ese pronombre posesivo "mí", dejando en claro la pertenencia de Josef. Respecto a la yerba indica Tomasa que "la mayor parte de ella la tenía en la casa de su refugio, que fue la del Doctor Don Dionisio de Otazú, como es público y notorio". Este Otazú, decía Tomasa, fue "su protector y abogado que le defendió y apadrinó en la causa con su empeño y valimiento, que por tal no vale". Respecto a Benito Vinales y Manuel Matiauda pesa lo mismo, que quieren ser testigos y demandantes.

         Como podemos ver, no es mucho el descargo que puede realizar Tomasa. El defensor Mora es consciente de ello y en agosto de 1779 el defensor volvió a pedir la libertad de Josef. También solicitó que se le tome testimonio a don Esteban Huguet, así como se formule una serie de preguntas para Tomasa:

         "1.- Si sabe o tiene noticias que Luciano Franco (hoy difunto) de orden del dicho Salinas y en cuenta de la libertad del negro Josef, que se le mandó dar, pasó a casa de dicho Señor Doctor y recibió partida de yerba que se almacenó en almacén viejo de junto a su vivienda,

         2.- Si antes que se hiciese saber al Negro la real Provisión cabezalera, ella lo vendió al Señor Canónigo Doctor Don Josef Cavezales, diga por qué volvió a deshacerse del trato.

         3.- Si en las mismas circunstancias trató de embarcar al Negro con Don Pedro Molas para las provincias de abajo.

         4.- Ratificarse en que el negro Josef, mi parte, hubiese percibido los 1.007 pesos que se suman al margen del testimonio autorizado, que dicha señora últimamente ha presentado."

         En primer lugar el alcalde citó a don Esteban Huguet, que era facultativo de Medicina, a quien se le tomó declaración el 25 de septiembre de dicho año. El médico dijo "que es cierto que a cuenta de los alquileres de la casa del Doctor don Dionisio de Otazú, donde vivió, entregó a Josef Salinas partida de yerba por orden de dicho doctor".

         Luego sigue la declaración de Tomasa: a la primera pregunta, dijo que ignora, pero que lo que se le obligó a recibir a Marcos, y que fue más tierra que yerba, según le dijo su esposo; a la segunda, respondió que es falsa, "atento que la ignora" (se refiere a por qué se deshizo el trato); a la tercera, contestó que es cierto, pero que fue antes de saber de la real provisión, que una vez sabida lo suspendió; a la cuarta, mencionó que ya se tiene presentada (lo que implica que se reafirma).

         Entre prueba y contra prueba aparece un pedimento al gobernador Pedro Melo de Portugal de parte de Josef Salinas y Esquivel:

         "...pobre Negro engrillado, anillado, hambriento, sediento y recluso en un oscuro calabozo de esta real carcelería, postrado a las puertas piadosas del magnánimo corazón de VS digo que además de hallarse suspenso mi pleito sin giro alguno y sin saber a quién recurrir para saber su estado, me hallo en los términos calamitosos, que expongo a la piedad de VS en la cabeza de este pedido, además de estar como un Adán en el paraíso, sin un trapo para tapar mis pobres carnes como estoy a la vista. En cuya virtud acurro a la rectísima intención de VS como el sediento a la fuente del último consuelo suplicándole por quien es, se sirva mandar al juez de la causa que se le dé a ésta incesante progreso hasta la definitiva pues solo por medio del superior mandato de VS conseguiré lo que no he conseguido en dieciocho meses de prisión y engrillado, que hace estoy sufriendo en esta carcelería sin consuelo más que el de Dios y la esperanza del fervoroso cristiano celo de VS.

         Pues aunque VS dijo, para que Doña Tomasa Esquivel viuda del finado Don Marcos Salinas (mi amo que fue) en el acto de visita de carcelería que me mantuviera del sustento necesario, hasta ahora no he podido conseguir un bocado de su mano, sólo sí del Señor Alcalde de primer voto [Bernardino Robledo] he merecido de veinticuatro a veinticuatro horas un corto sustento. Por tanto volviendo a reclamar sobre todo al superior respetuoso y brillante obrar de VS con la instancia más esforzado.

         A VS pido y suplico se sirva haberme por presentado proveyendo en justicia, según llevo deducido, la que para ello imploro el nobilísimo oficio de VS. Josef Salinas y Esquivel".

         El Gobernador le pasa al Alcalde de segundo voto, juez en la causa con el añadido: "sin pérdida de tiempo". Y ya estamos en noviembre de 1779.

         En noviembre de 1779, don Francisco Xavier de Arévalo, apoderado de doña Tomasa Esquivel y Saravia, presentó:

         "...un cuaderno en cuarto con dieciséis fojas tres de ellas en blanco, fuera de las dos de la tapa, que están escritas y a la última tiene por cabeza 'Razón de la venta del sebo de don Vicente Ferrer', y otro, renglón más abajo donde dice 'Marchantes de la Barbería' que empieza por don Manuel Miguel Domecq, y subsiguiente el señor doctor don Dionisio, junio primero de año de setenta, cuarenta pesos por año, y concluye dicha plana con Señor Pantaleón, y a fojas siete vuelta del mismo cuaderno se encuentra otra partida del tenor siguiente: El señor don Dionisio de Otazú, el primero de junio me paga cuarenta pesos por año, de mil setecientos setenta, cuyo cuaderno según parece es escrito de letra y puño de Josef Salinas, esclavo del finada don Marcos de Salinas."

         Desgraciadamente no se transcribe la totalidad del cuaderno, pero tiene las mismas características que vimos en el ya transcripto. Lo interesante es la fecha, es del año 1770, cuando aún estaba bajo el dominio de Marcos Salinas. Es clara que la intención de Tomasa es mostrar como Josef ya hacía sus cuadernos de su barbería y uno de los clientes era el mismo Otazú.

         Es lo que manifiesta claramente Tomasa cuando dijo en su presentación:

         "...su rescate era la que había ganado y agenciado en su esclavitud antes de pedir su manumisión, pretendiendo tenerla por suya propia y no de su amo, por haberle dado éste permiso de ganar para vestirse. Como toda esta hacienda así ganada declaró por propia del amo la sentencia del alcalde ordinario de 17 de septiembre de 1773 (...) Ya quiere el negro y su defensor que esta misma yerba hubiese sido prestada toda y no ganada durante su esclavitud (...) Porque es cierto que esta cantidad tenía ganada el negro por barbear a las 36 personas contenidas en las 31 partidas de dicho libro de barbería y sus salarios."

         Pero insistía en que Josef tenía mucho más "porque de los que afeitaba el negro faltan algunos en esta lista y me acuerdo que el Regidor Don Antonio Caballero le pagaba 24 pesos por año y el Doctor Dionisio Otazú le pegaba 40 pesos por anuales". Tomasa insistía en que seguro tiene más yerba oculta en otras casas. Además dijo que ganó más yerba porque hacía de cobrador de muchos mercaderes, que la yerba que tenía Otazú se la había dado Josef y la tenía en los corredores interiores, pero luego se hace más incisiva y señalaba:

         "Si los hombres de bien buscan yerba prestada no la encuentran y hay quien quiera creer que la prestaron a un Negro. Veamos, por qué no le prestan ahora ni un tercio ni una arroba? Porque era del mismo negro aquella de entonces, que ahora dicen prestada (...) se le entregue sin demora la persona del esclavo para disponer de él como mejor corresponda a la testamentaria de su difunto amo, antes que se pierda o se aniquile o muera en la prisión en que él ha querido estar por la enemistad que tiene con la esclavitud de la casa". Es claro que los argumentos de Tomasa tienen sentido y lógica, pero carecen de pruebas que le den fuerza. Añadía también una nueva actividad de Josef, la de cobrador. Esto implica que era acreedor de la confianza de los miembros de la elite asuncena, como para confiar en su honestidad. Esto lo agregó Tomasa, justamente para mostrar la probabilidad de lo que afirma.

         De este recurso es consciente el defensor Mora; por eso, en su escrito insiste en los 750 pesos entregados en yerba a Marcos Salinas con los tres préstamos. Pide también que se ordene la libertad de Josef. Cuenta que la yerba dada, se depositó en lo de Martín de Azuaga:

         "...que fue depositario de nombre, y dicho Salinas fue el que se hizo cargo de la yerba y la hizo llevar al colegio, la hizo tirar en uno de los corredores del primer patio, donde estuvo tanto tiempo hasta que se adicionó y se echó a perder, y la desechó toda el mencionado Salinas, de suerte que cuando empezó a pretender su libertad, no tuvo más yerba adquirida con su trabajo que la que se embargó y se desechó. Durante el pleito no pudo adquirir más yerba porque estuvo preso hasta que salió la sentencia a su favor. Entonces, como la yerba adquirida se la desecharon, pagó con la que le prestaron, o si no veamos la prueba que Salinas, o doña Tomasa haya dado".

         Afirmaba que no se demuestra que el negro haya obtenido los mil pesos, y no se puede decir que el cura Otazú sea un "banco de fraudes". Respecto al dinero obtenido durante su libertad, lo tuvo que utilizar Josef para su diario vivir. Vuelve a insistir sobre lo irrespetuosa de Tomasa de desprestigiar a Otazú, que no son demandantes en este caso, puede serlo en otro, sino solo testigos, y que no fue Otazú quien defendió a Josef sino que se le nombró abogado. Por todo lo cual, el defensor solicita que se declare por concluso el período de pruebas. Estamos ya en 1780 y el que se encarga del caso es el nuevo Alcalde ordinario de segundo voto, Don Josef Antonio de Zavala y Delgadillo.


         LA SENTENCIA


         A fines de julio el Alcalde Don Josef Antonio de Zavala y Delgadillo declaró por conclusa la causa y el 2 de agosto de 1780 pronunció su sentencia, en que declara por bien probada la parte de Josef, y no probada a lo de Tomasa y las costas del juicio tiene que pagarlas la parte de Tomasa y Bernardino.

         "En consecuencia debo declarar y declaro que la yerba que recibió don Marcos Salinas, difunto, hasta la cantidad setecientos cincuenta pesos no fue adquirida o devengada con el trabajo personal de dicho negro en tiempo de su esclavitud, sino prestada para el fin de rescatar su libertad y recibida ésta, devolver o pagar. Por tanto y para el debido cumplimiento de la real provisión, mando se proceda a nueva tasación del negro como lo previene su alteza..."

         Como es de esperar, Mora aceptó la sentencia pero Tomasa Esquivel "apela de su tenor para ante el Señor Gobernador y Capitán General".

         Viendo que sus argumentos no tienen tanto peso, doña Tomasa Esquivel recurrió a una nueva artimaña. Se quejó que si bien en 1779 llevó el caso el Alcalde de segundo voto, en 1780 le correspondía regresar el caso al de primer voto. Por lo tanto pidió que se declare nula la sentencia y todo lo actuado por el Alcalde de segundo voto de este año de 1780 por la falta de jurisdicción. Se quejó también de las costas, que son por culpa del negro esclavo "y de los jueces ejecutores". También insistió que de Charcas vino la sentencia para que se cumpla, no para que se abra nuevamente el caso. Sin lugar a dudas, no es que se haya abierto el caso, sino que lo que estaba en disputa era si la yerba que recibió Marcos Salinas había sido ganada por Josef, entonces le correspondía a Marcos, o si se la habían prestado, entonces ya el precio estaba pagado y solo restaba que lo dejasen libre. Eso es lo que entendió el Alcalde de segundo voto.

         Pero doña Tomasa insistía, y para mostrar que era mentira lo del préstamo, presentó la licencia del gobernador Pinedo para ir a las provincias de abajo "como libre y sin que ninguno le demandase dinero que le hubiese prestado ni le impidiese el viaje y transmigración de esta provincia, que si hubiese debido a alguno no le hubiera dejado ir". Una vez más, las razones de Tomasa son de peso pero carecen de probación.

         En el año 1781, se siguieron los escritos de una parte y de otra. Tomasa dijo que no le había dado poder a su apoderado para recibir los partes del alcalde de segundo voto. Mientras tanto, y aunque parezca de no creer, Josef seguía en la cárcel pública.

         Hicieron comparecer al apoderado de Tomasa para dilucidar lo del poder, pero como bien señala el defensor Mora, si Tomasa no le hubiese dado poder a su abogado, don Francisco Xavier Arévalo, se tendría que, comenzar todo de nuevo, desde el inicio.

         Tomasa insistió una vez más en el pedido de nulidad de lo actuado por el alcalde de segundo voto y se lanzó contra todo lo esgrimido por el defensor sobre la yerba: "sino que quiere hacer burla del difunto su amo, como se la hizo, desde que comenzó su demanda al abrigo y protección de muchos poderosos e interesados". Le señaló al defensor que "tampoco responde a la otra segunda crecida cantidad ganada por el negro en el tiempo de su alzamiento, y en los años que gozó violentamente de su libertad acogido en la poderosa casa del señor gobernador, Don Agustín de Pinedo, haciendo burla de su amo...".

         De estas últimas declaraciones de doña Tomasa, quizá más a despecho, se desprenden los conflictos al interior de la elite que mencionábamos previamente, incluido, claro está, el anterior gobernador Pinedo.

         Finalmente, Mora "defensor ad litem del esclavo Josef, arrestado y con prisión e la cárcel pública con notoria crueldad de su señora Doña Tomasa Esquivel y Saravia", solicita que se confirme la sentencia del Alcalde de segundo voto.

         El gobernador Melo de Portugal citó a las partes y el 27 de junio de 1782 confirmó la sentencia del alcalde de segundo voto del 12 de agosto de 1780. Mandó que se haga nueva tasación, atendiendo también a sus vicios y enfermedades, y que cada parte pague sus costas, "con dictamen de su asesor general, don Pedro Vicente Cañete, abogado de las reales audiencias de Chile y Charcas".

         Pedro Vicente Cañete es una figura singular que ha sido estudiada por Herib Caballero. Asunceno de nacimiento, en 1751, estudió en Córdoba y luego en Santiago de Chile donde se doctoró. Desde 1781 ocupó el cargo de Asesor Letrado en la Provincia del Paraguay. No solo fue una de las personalidades más cultas en lo que a Derecho se refiere en la Provincia, sino también en el Virreinato del Río de la Plata. Su presencia en este caso fue importante para señalar que la sentencia de Melo no fue inconsulta o al azar, sino con el asesoramiento de una persona más que instruida en la materia.

         Como era de esperar en julio del 82 doña Tomasa apela la sentencia del Gobernador al Superior Tribunal, y de manera instantánea. "instanter, instantius, et instantissime". Ella quiso prevenirse para que no le pase como a su marido, al que le hicieron primero cumplir con la sentencia el gobernador Pinedo antes de poder apelar. El defensor de Josef se opuso y pidió que no se acepte la apelación, que se tase a Josef y se le dé soltura y libertad. Sin embargo, Melo le da vía libre a la apelación.






 




POSTFACIO


         Varias conclusiones podemos extraer del caso y de la vida de Josef Salinas. Antes que nada, y creo que lo más importante, no podemos seguir escribiendo la historia del Paraguay colonial e independiente sin incluir a la población afro descendiente, esclava y libre.

         Sin lugar a dudas, la población mayoritaria hasta fines del siglo XVIII era la indígena, las dos terceras partes. Pero de esa tercera parte, una tercera parte era afro descendiente, y el resto "español". Haciendo un uso primario de las matemáticas, podemos afirmar que 6/9 (seis novenos) de la población era indígena, 2/9 español y 1/9 afro descendiente.

         Nunca vamos a dar cuenta a cabalidad de la realidad paraguaya si continuamos centrándonos en la población española, en esos dos novenos de la población. Cierto es que de ese grupo salía la elite económica, política y social. ¿Pero es que hemos de escribir la historia desde la elite? Y no por una cuestión ideológica, o de posicionamiento historiográfico, sino por querer dar cuenta de la realidad, de acercarnos un poco más a la "verdad".

         La historia de Josef Salinas nos invita también a no mirar el pasado solo desde los que tienen el poder dejando como masa inerte a los que lo sufren. Salinas era una persona esclavizada, que sufría todos los vejámenes de la esclavitud, pero al mismo tiempo tenía la suficiente energía para defender sus intereses, lo que él creía era justo.

         Ya vimos que no era el único, que en el Archivo Nacional se encuentran más casos de personas esclavizadas reclamando sus derechos o denunciando abusos y sevicia.

         Es cierto que este tipo de documentación no es común, porque suele ser los que detentan el poder los que dejan documentos escritos. Pero a menos nos tienen que servir como alerta, de no considerar al resto de la población como sometida y pasiva sino como agentes también de sus vidas.

         Las desavenencias de Marcos Salinas y de Tomasa Esquivel también nos muestran que si bien podemos en forma general referirnos a un elite, o a un grupo subalterno, siempre tenemos que tener la suficiente apertura para comprender que no eran bloques cerrados y sin fisuras. En este caso estamos en presencia de acusaciones dentro del mismo grupo dirigente de odio y oposición.

         Nos topamos con un gobernador desautorizando a un Alcalde ordinario de primer voto, e incluso a un yerno y nieto contradiciendo a su suegra y abuela política. A veces quedan claras las razones. Sabemos que Bernardino Robledo no quería que Tomasa gastase todo el dinero de la testamentaria en un caso sin ton ni son, cuidaba sus intereses. En otros casos no nos es tan transparente el motivo.

         Seguramente del lado de Josef Salinas ocurriría lo mismo. No todas las personas esclavizadas de la casa de Marcos Salinas estarían de acuerdo con Josef. No lo sabemos, pero teniendo en cuenta lo que ocurre en otros casos, sabemos que muchas veces compañeros de sufrimiento se alineaban con el amo.

         Cuando uno acerca la lupa a la sociedad los contornos se borronean y nos obligan a ser menos dogmáticos y a generalizar menos.

         Relacionado con el ítem anterior, otro aspecto que nos llama la atención es el peso que tenía la cuestión del "honor". La actitud de Bernardino Robledo y su yerno es la que uno tradicionalmente espera: privilegiar el interés económico sobre cualquier otro aspecto.

         Sin embargo, la actitud de doña Tomasa Esquivel es diferente. No le interesa perder dinero si es el honor lo que se ha de defender, y no solo el honor de su marido y el de ella, sino también de la clase, del grupo al cual representa y pertenece, el de los dueños de esclavos.

         Hay mucha literatura sobre la importancia del honor y la honorabilidad en las sociedades del Antiguo Régimen y este caso lo evidencia claramente.

         ¿Dónde están los descendientes de las personas que llegaron esclavizadas al Paraguay? ¿Cuándo desaparecieron? ¿Por qué?

         No desaparecieron. ¿Se integraron? Si lo vemos desde arriba, desde la sociedad dominante la respuesta es afirmativa, se integraron. Si lo vemos desde abajo, desde los afro descendientes e indígenas, la respuesta es negativa, les obligaron a renunciar a su  identidad para no ser discriminados y oprimidos.

         ¿Cómo puede ser que si en 1761 la población indígena representaba el 66% de la población, y en 1846 dicho porcentaje no llegase ni al 1%? No hubo ningún genocidio indígena, en cuerpo; pero sí en identidad.

         Tanto los indígenas como los afro descendientes comprendieron que si querían dejar de ser explotados y discriminados tenían que renunciar a su identidad, a reconocerse como indígena o como afro descendiente.

         ¿Nos habla esto de una sociedad abierta? No. Nos habla de una sociedad que discriminaba y explotaba. La experiencia de Josef Salinas es más que evidente. Desde 1772 hasta 1784 luchando para ser libre, y no sabemos si lo logró. Ni siquiera eran cuestiones económicas lo que lo sometían, sino una concepción del honor.

         Marcos primero y Tomasa después no podían permitir que un esclavo se saliese con la suya. No importa si tenían o no razón, lo importante era demostrar quién tenía la "sartén por el mango", y mientras tanto Josef Salinas se iba consumiendo en su sudor.

         Si la historia del Paraguay no se puede escribir sin tener en cuenta a las poblaciones indígenas y afro descendientes, el presente y el futuro del Paraguay tampoco. Si en nuestra sociedad el 50% de la población vive bajo la línea de la pobreza, lo que solo estamos haciendo es cambiar nombre a los oprimidos y explotados; aunque también estén presentes entre ellos los indígenas y afro descendientes.

         Recuperar la historia de los olvidados, de los Josef Salinas, no es una mera herramienta historiográfica á la mode, es un compromiso de luchar por una sociedad que no excluya, que no oprima, que no olvide.



 



CRONOLOGÍA


1766.- Asume como Gobernador Carlos Morphy.

1767.- Expulsión de los jesuitas del territorio español. En el Colegio de Asunción se efectúa el 30 de julio. De administrar los bienes de los jesuitas expulses se encargan Salvador Cabañas, de la estancia en Paraguarí, y Marcos Salinas del Colegio y la estancia en San Lorenzo.

1772.- Asume con Gobernador Agustín Fernando de Pinedo. Es arrestado Joseph Salinas al pedir su libertad (5/9).

1773.-Se funda Villa Real de Concepción Sentencia del alcalde ordinario de primer voto en contra de Joseph Salinas (17/9). Sentencia del gobernador Pinedo a favor de Joseph Salinas (27/10) y éste queda en libertad.

1775.- Es puesto preso Joseph Salinas (13/11).

1776.- Creación del Virreinato del Río de la Plata con capital en Buenos Aires. Hasta dicha fecha se pertenecía al Virreinato del Perú con capital en Lima. Sentencia de la Real Audiencia de Charcas en contra de Joseph (14/8).

1777.- Fallece Marcos Salinas (24/11)

1778.- Se recibe en Asunción la sentencia de la Real Audiencia (1/6) Joseph seguía preso y expresaba que había ya cumplido con estipulado por la Real Audiencia. Se reinicia el caso.

1780.-  El alcalde de segundo voto falla a favor de Joseph Salinas (2/8). La contraparte apela.

1782.- El gobernador Melo de Portugal falla a favor de Joseph Salinas (27/6). La contraparte apela, Joseph aún sigue preso.

1782-1783.- Real Ordenanza de Intendentes del Río de la Plata.

1778.- Asume como Gobernador Pedro Melo de Portugal

1783.- Asume como Gobernador-Intendente Pedro Melo de Portugal.

1784- 19 de junio.- Último documento del expediente judicial en donde se llega a un acuerdo entre las partes, pero a ser refrendado por la Real Audiencia.





BIBLIOGRAFÍA SOBRE LOS AFRO DESCENDIENTES EN PARAGUAY ORDENADA CRONOLÓGICAMENTE


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EL AUTOR


         Ignacio Telesca, estudió historia en la Universidad de Oxford, donde obtuvo el Bachelor in Arts y el Master of Arts in Modern History. Se doctoró en Historia en la Universidad Torcuato di Tella, en Buenos Aires. Entre los años 2010 y 2012 fue Fellow de la Fundación Alexander von Humboldt en la Universidad de Colonia (Alemania).

         Actualmente es Investigador Adjunto del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET, Argentina), siendo su lugar de trabajo el Instituto de Investigaciones Geohistóricas (IIGHI) en Resistencia, Chaco (Argentina).

         Se ha desempeñado como docente universitario tanto en la Universidad Católica "Nuestra Señora de la Asunción", en la Facultad de Filosofía, como en la Maestría en Historia de la Universidad Nacional de Asunción. Es miembro de la Academia Paraguaya de la Historia.

         Tiene numerosos artículos publicados tanto en revistas nacionales como internacionales y entre sus libros podemos destacar: Ligas Agrarias Cristianas, 1960-1980. Orígenes del movimiento campesino en Paraguay (Asunción: CEPAG, 2004); Pueblo, curas y Vaticano. La re-organización de la Iglesia en Paraguay después de la Guerra contra la Triple Alianza (Asunción: FONDEC, 2006); Los documentos jesuíticos del siglo XVIII en el Archivo Nacional de Asunción (Asunción: CEPAG, 2006); Tras los expulsos. Cambios demográficos y territoriales en el Paraguay después de la expulsión de los jesuitas (Asunción: CEADUC, 2009); La Provincia del Paraguay. Revolución y Transformación, 1680-1780 (Asunción: El Lector, 2010).

         Fue editor, conjuntamente con Silvia Mallo, de, "Negros de la patria". Los afro descendientes en las luchas por la independencia en el antiguo Virreinato del Río de la Plata (Buenos Aires: SB, 2010); coordinador de, Historia del Paraguay (Asunción, Taurus, 2010, 4º edición de 2012); y últimamente, editor junto con Gabriel Insaurralde, de Meliá. Escritos de Homenaje (Asunción: CEPAG, 2012).


 

 

 

ARTÍCULOS DEL DIARIO ABC COLOR SOBRE EL LIBRO



UNA VISIÓN DE LA ESCLAVITUD Y LA VIDA COLONIAL EN PARAGUAY

“Josef Salinas”, el libro de Ignacio Telesca que contiene el relato de un esclavo africano que luchó jurídicamente durante diez años por su libertad, constituye un aporte para la historiografía nacional. Esta obra aparecerá el domingo 16 con el ejemplar de nuestro diario. A través de esta historia, Ignacio Telesca describe el contexto general de la sociedad paraguaya, específicamente la asuncena, durante la Colonia.

“Josef Salinas” es la sexta entrega de la Colección Gente que hizo Historia, publicada por la editorial El Lector y ABC Color.

En esta segunda entrega de la entrevista mantenida con él, Ignacio Telesca se refiere a aspectos de su texto y del protagonista del mismo.

–Además de la lucha de un hombre por su libertad, en el libro se puede observar cómo funcionaba la sociedad asuncena de la época.

–Exactamente, eso es lo interesante de los expedientes judiciales; que nos hablan no solo de un caso, sino de toda la sociedad afectada por el mismo. En este caso en particular, que duró más de diez años, aparecen muchos datos, como por ejemplo los dos testamentos, tanto de Marcos Salinas como el de su esposa Tomasa de Esquivel.

–La justicia demoró mucho para dar un fallo definitivo. ¿Se debió a que el litigante era un esclavo o a que su contraparte una familia poderosa?

–A ambas cosas, y diría, también, a las internas de la élite asuncena. El caso fue a la Real Audiencia, que era la última instancia donde apelar, lo que sería la Corte Suprema de Justicia. Y esto llevó su buen tiempo, como ocurre hoy en día también.

–El abogado que defendió a Josef Salinas, ¿lo hizo por convicción?

–El segundo abogado defensor de Josef Salinas fue el padre de Fernando de la Mora. Es muy difícil descubrir las reales motivaciones a partir de sus escritos.

–¿Y qué piensa usted?

–Leyendo los escritos, uno piensa que es la causa de la libertad lo que lo motivaba, pero puede ser también que estuviera en la vereda de enfrente a los Salinas (amos de Josef) en las luchas intraélite. O ambas cosas al mismo tiempo.

–¿Hasta cuándo hubo esclavitud en nuestro país?

–La esclavitud perduró en el Paraguay hasta 1869, en que se la abolió por decreto, y luego en la Constitución de 1870. Siempre se mantuvo constante en 4% de la población.

–¿Cambió la situación de los esclavos con la independencia nacional?

–Las condiciones jurídicas de las personas esclavizadas no cambiaron tras la independencia, y ciertamente el diario vivir de una persona esclavizada era menos duro que en los cañaverales antillanos. Sin embargo, no eran dueños de sus vidas, y en el caso de Josef vemos sus consecuencias.

–¿Qué lecciones deja la vida de Josef Salinas?

–Su historia deja muchas enseñanzas. Desde lo más existencial, su lucha constante e inclaudicable por la libertad, hasta el nivel historiográfico, que nos llama la atención sobre la importancia de asumir también en nuestros relatos una visión desde los y las de abajo, desde las personas excluidas y marginadas del sistema.

–Sin dudas, este libro es un gran aporte a nuestra historiografía.

–Si creemos y estamos convencidos de que la sociedad la construimos entre todas las personas, pues vayamos a la Historia para ver a toda la sociedad en acción, con sus procesos y sus luchas, y no nos detengamos solo en lo ficticio de los “grandes héroes”.

Publicado en fecha: 14/junio/2013

Fuente en Internet: ABC COLOR DIGITAL / PARAGUAY


LAS PERIPECIAS DE UN AFRICANO PARA CONSEGUIR SU LIBERTAD

“Josef Salinas” es el título que pondrá a disposición del público la Colección Gente que hizo Historia. La obra escrita por Ignacio Telesca narra las peripecias de un africano que luchó por su libertad, durante la época colonial en el Paraguay. El libro aparecerá el domingo 15 con la edición de ABC del día.

Investigando sobre los afrodescendientes en Paraguay, Ignacio Telesca halló los rastros de su historia, que a la vez refleja la de los africanos en estos lares y de una buena parte de la sociedad colonial asuncena.

En esta entrevista, Telesca señala que la vida de los afrodescendientes ha sido obviada por varias razones. “Primero porque el relato historiográfico heredado de la última dictadura hacía hincapié en una sucesión de grandes personalidades que llevaron el país adelante como queriendo legitimar el poder y la autoridad de Stroessner, sucesor, según él y sus escribas, de esas personalidades.

-¿De los héroes?

-Lo que no fuera historia de “héroes” no se tenía en cuenta. Nada que diera cuenta de la sociedad. No es usual ver a los afrodescendientes, como tampoco a las mujeres (salvo si se las convierte en heroínas), los campesinos o los indígenas (salvo los de la conquista). A mí me interesa comprender la sociedad del Paraguay entre los siglos XVIII y XIX. Desde hace tiempo he tomado como puerta de entrada la población afrodescendiente para de esta manera acercarme al resto de la sociedad.

-¿Cómo se encontró con el tema?

-En estas idas y vueltas con los documentos me topé con el caso de Josef Salinas, un expediente de 8 fojas, incompleto y que mucho no me decía, por lo que fui a ver quién era Marcos Salinas, el amo de Josef.

-¿Y con qué se encontró?

-Vi que en el Archivo Nacional estaba su testamento. Confiado en que algo podría sacar de ese documento, me encontré sin quererlo con todo el caso de Josef contra Marcos por su libertad.

-¿Quién fue Josef Salinas?

-Josef Salinas fue un esclavo que había sido comprado por Marcos Salinas. Había venido de África, por lo que tuvo que haber pasado todo el proceso de esclavización. Con su amo aprendió a leer y escribir y también el oficio de barbero y en un momento dado decidió comprar su libertad.

Publicada en fecha: 13/Junio/2013

Fuente en Internet: ABC COLOR DIGITAL / PARAGUAY


CRÓNICA SOBRE LA REALIDAD DE LOS AFRODESCENDIENTES

La Colección Gente que hizo Historia, de El Lector y ABC Color, presentará el domingo próximo su libro número 6: “Josef Salinas”, de Ignacio Telesca.

El libro constituye una magistral crónica sobre una realidad poco conocida: los afrodescendientes en el Paraguay, específicamente a fines del período colonial.

Hérib Caballero Campos señala que el porcentaje de población que representaban y las condiciones en las que vivían, distaba mucho del mito que se construyó: que en el Paraguay eran pocos y “para más se los trataba bien”. “Josef Salinas”, que relata la vida de un esclavo que luchó jurídicamente durante diez años para lograr su libertad, es un libro provocador porque nos interpela como sociedad, nos hace recordar eso que voluntaria o involuntariamente quisimos olvidar, y que Ignacio Telesca nos presenta con un detalle exquisito, en el cual se puede vislumbrar la lucha de un hombre que sabía un oficio –fue valorado como uno de los mejores barberos de la ciudad–, que sabía leer y escribir, pero al que sus amos no querían concederle la gracia de comprar su tan ansiada libertad, de acuerdo con el prólogo de Caballero Campos.

El caso de Josef Salinas en Asunción también demuestra que se estaban produciendo cambios importantes en la sociedad de la época, inspirados en los valores de la Ilustración, pues su abogado, Fernando Antonio de la Mora –padre de uno de los líderes de la Independencia– tomó como obligación el litigar por conseguir la libertad del barbero esclavo.

De hecho –dice Hérib Caballero– esos cambios se estaban dando en todo el imperio español, a tal punto que en 1795 el rey Carlos IV dictó la Real Cédula de “Gracias al Sacar”, mediante la cual los estados de pardo, zambo, quinterón, etc., dejaban de tener un carácter infamante y los que pertenecían a dichas castas, si tenían el dinero suficiente, podían comprar el título nobiliario de Don.

Ignacio Telesca afirma en la introducción del libro que su intención es comprender la sociedad del Paraguay colonial donde existían personas provenientes de África que llegaron esclavizadas; personas esclavizadas descendientes de esos africanos esclavizados, y otras personas, cada vez más, descendientes de los esclavizados pero libres.

Sigue Telesca: “Surge siempre la pregunta ¿dónde están? ¿Qué pasó con ellos que no los vemos? Tenemos que sacar estas preguntas del presente para hacerlas en el pasado. ¿Qué estructuras de discriminación existían, durante la Colonia y los primeros años de la República, que obligaron a la población afrodescendiente a verse en la obligación de negar “su calidad de tal”? ¿Por qué los intelectuales paraguayos de fines del siglo XIX y principios del XX cuando piensan la identidad del Paraguay resuelven, como dice el Álbum Gráfico del Paraguay de 1911, que ‘el pigmento negro no ensombrece nuestra piel’?”.

Manifiesta que la intención es comprender la sociedad con sus discriminaciones y exclusiones. “Comprendiendo que pasó ayer quizá podamos entender por qué hoy estas estructuras permanecen y por qué la mitad de la población del Paraguay actual vive bajo la línea de la pobreza”.

Publicado en fecha: 12/junio/2013

Fuente en Internet: ABC COLOR DIGITAL / PARAGUAY



LA LUCHA POR LA LIBERTAD DE LOS AFRODESCENDIENTES

El domingo 16, la colección de libros presentará una obra verdaderamente inusual o muy poco frecuente en nuestra historiografía: la vida de los afrodescendientes durante la colonia en el Paraguay.

Lo hará a través del libro titulado “Josef Salinas”, de Ignacio Telesca. Mediante la vida de Josef, un esclavo africano que luchó duramente por su libertad, el autor traza una visión como pocas veces se dio respecto a la sociedad del Paraguay de aquellos tiempos.

El director de Gente que hizo Historia, Herib Caballero Campos, recuerda que cuando se estaba organizando esta colección, Ignacio Telesca propuso incluir en la misma la historia de vida de un africano esclavizado que vivió en Paraguay y que luchó por su libertad, utilizando las leyes españolas en contra de la voluntad de sus amos.

La esclavitud es algo que durante muchos años se ha mantenido en Paraguay como un fenómeno extraño y abstracto. Este libro –dice Caballero Campos– nos trae el caso concreto de un hombre que luchó por su libertad, porque la esclavitud fue y sigue siendo la situación que más ignominia puede causar el ser humano en su afán de lucro.

De acuerdo con Caballero Campos, “este volumen fue elaborado gracias a la ardua e inteligente investigación del doctor Ignacio Telesca en el Archivo Nacional, consultando fuentes inéditas con las cuales elaboró la biografía de Josef Salinas, un esclavo de origen africano y que trabajaba como barbero, y que luchó por años por el deseo más noble e inherente a la naturaleza del ser humano, la libertad”.

Pero este libro no solo trata sobre la vida de Josef sino que permite al lector comprender la vida de los esclavos durante aquella era, y cómo era el régimen al que estaban sometidos. Además, se interna en la entramada red de justicia española que fue movilizada, primero por el propietario de Josef, don Marcos Salinas, y posteriormente por su viuda doña Tomasa Esquivel, quienes se opusieron a que Josef pudiese comprar su libertad.

La colección Gente que hizo Historia está compuesta por 17 biografías de personalidades paraguayas, que dejaron un legado para nuestro país.

Son biografías de referentes civiles que incidieron en la sociedad. Todas las obras son inéditas y están elaboradas exclusivamente para esta biblioteca por autores de reconocida solvencia profesional. La colección está dirigida por el doctor Herib Caballero Campos, con la coordinación editorial de Bernardo Neri Farina, quien expresó que son 17 nombres “que surcaron la memoria del Paraguay, dejando huellas que no se borrarán jamás; son biografías que sacudirán nuestra emoción y nuestro sentimiento patriótico”.

Publicado en fecha: 11/junio/2013

Fuente en Internet: ABC COLOR DIGITAL / PARAGUAY

 

 

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