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DAVID ZOOK


  LA CONDUCCIÓN DE LA GUERRA DEL CHACO - Por DAVID ZOOK - Año 1998


LA CONDUCCIÓN DE LA GUERRA DEL CHACO - Por DAVID ZOOK - Año 1998

LA CONDUCCIÓN DE LA GUERRA DEL CHACO

Por DAVID ZOOK

Prólogo del Dr. Charles W. Arnade,

de la Universidad de Florida

 

Traducción castellana del profesor

Pablo Max Ynsfrán de la Universidad de Texas

Colección de Historia Nº 30

Tapa: ROBERTO GOIRIZ

Editorial El Lector,

Asunción-Paraguay

1998 – 318 páginas

 

 

PRÓLOGO

 

Entre las naciones más pobres de la América española figuran Bolivia y el Paraguay; pero son también de las que más colorido tienen. Pedazos del planeta empapados en violencia, sus historias se leen como cuentos henchidos de fantasía. En la primera mitad del presente siglo ambas naciones chocaron iracundas con motivo de un pleito de fronteras. Fue imposible refrenarlas, y se produjo el conflicto armado más grande de la América meridional: la Guerra del Chaco. Unos americanos llamados bolivianos se trabaron en lucha obstinada y sangrienta contra otros llamados paraguayos. La historia probablemente dará el fallo de que fue una de las guerras más innecesarias. Pero pueblos como Bolivia y el Paraguay, cuya forma de vida se caracteriza por un continuo estallido emocional, apenas podrían haber abandonado este temperamento para resolver sus disputas pacíficamente.

La Guerra del Chaco constituye un acontecimiento crucial -acaso el más crucial- de la historia boliviana, aunque en la paraguaya ella no tenga la misma trascendencia. Bolivia perdió la guerra a despecho de contar con un ejército superior. La derrota conmovió la conciencia del país y sirvió de punto de partida al gran trastorno popular del decenio pasado, que se convirtió en la segunda revolución social de Hispano América. El victorioso Paraguay entró en un período de satisfacción consigo mismo que lo llevó a atenerse a su tradicional modelo político y de ordenamiento social característico de la América española del siglo XVIII. De ahí que el Paraguay aparezca en Sud América como el solo país que no ha seguido un ritmo acelerado de progreso. En él todavía predomina el caudillismo. Tanto el vencedor como el vencido deben ver por igual en la Guerra del Chaco la generadora inicial de sus respectivas situaciones. La Guerra del Chaco debe ser imparcialmente esbozada en la historia hispanoamericana, paraguaya y boliviana.

La historia de Bolivia se hunde en la penumbra de sus obscuros orígenes. En el siglo XIII los Incas conquistaron lo que es actualmente ese país; pero mucho antes de esa conquista floreció allí un gran imperio, cuyas misteriosas ruinas se alzan en Tiahuanaco. Los Incas llamaron Kollasuyo a la región e impusieron su lengua quechua: a los aborígenes. En 1535 aparecieron los primeros españoles, y en 1538 fundaron la ciudad de La Plata, posteriormente conocida cómo Chuquisaca o Sucre. En 1545 se descubrieron los estupendos yacimientos de plata de Potosí. Pronto esta importante provincia del vasto Imperio español, empotrada en la historia y denominada Charcas hoy día, se convirtió en la colonia más estimada y valiosa.

La explotación sistemática de las minas por los españoles creó una rígida jerarquía social que redujo a los naturales a la categoría de masa obrera barata. Se montó un aparato administrativo. La Audiencia situada en Chuquisaca fue erigida en centro político y judicial de Charcas, con el cercano Potosí como pivote económico de la provincia. Pero a medida que el territorio -sea en el rumbo que fuere- se alejaba del núcleo Chuquisaca-Potosí, el arquetipo de la colonización española se iba debilitando. Nadie realmente sabía dónde quedaban las lindes de Charcas. Este hecho, sin importancia en aquella época, contenía la simiente de las disputas de límites del futuro, que germinaría cuando las antiguas unidades administrativas consumaran su independencia. Una de las controversias de fronteras relegadas entonces a un futuro distante tornóse, en nuestro siglo, en la Guerra del Chaco.

En Charcas, región de rudos contrastes, la armonía y la transigencia se esfuman ante la fragosidad del terreno y la hirviente sangre de su pueblo, y fue allí donde se oyeron los primeros fragores del levantamiento contra la dominación de los amos españoles. En 1809 estalló la rebelión, pero Charcas no alcanzó su independencia como República de Bolivia hasta 1825. La nueva nación heredó todos los problemas del régimen colonial y muchos más. La independencia significaba el fin de la burocracia española con su política paternalista. Los criollos se hicieron cargo del poder y, dominados por un provincialismo de miras estrechas, dejaron sin solución numerosos problemas sociales.

La historia de Bolivia se convirtió en una sangrienta lucha entre los que usufructuaban el poder y los excluidos de él: todos los miembros de la clase dirigente. Poca o ninguna atención recibieron los múltiples problemas de la nación. La carencia de facilidades de comunicación y las diferencias étnicas hicieron que las alejadas zonas fronterizas fuesen fácil presa de la conquista de los países que rodeaban a Bolivia. A menudo esas regiones tendían a gravitar, por propia voluntad, en dirección opuesta de Bolivia, y demostraban mayor inclinación hacia las capitales más próximas de otras naciones. La imposibilidad de determinar las fronteras coloniales de Charcas estimuló este movimiento centrífugo. Bolivia empezó a perder sus derechos de soberanía, sobre pedazos de territorio colindantes con sus vecinos. La pérdida más grave fue la de su costa del Pacífico a favor del enérgico Chile. Tan irreparable amputación se debió, más que a ninguna otra causa, a la languidez boliviana originada por las pequeñeces de su politiquería doméstica, que descuidó su litoral. Aunque surgieron en Bolivia muchos hombres honestos, dotados de altas cualidades, ninguno pudo resolver los dos problemas principales: la implantación de una justicia social ecuánime para todos, mediante la cual se quebrantara la corrompida dominación de la aristocracia criolla, y la consolidación de la unidad del país.

Incuestionablemente, la conciencia de la nación sintióse sacudida cuando Bolivia se vio obligada a abandonar en manos de Chile, en 1884, su región costanera. Ello dio comienzo a una profunda reorientación social, política y geográfica. Estaba por producirse una era de prosperidad que siguió el rumbo este y sudeste. El vecino más débil, más ineficaz y menos conocido de Bolivia era el Paraguay, que también acababa de perder una terrible guerra contra el Brasil, la Argentina y el Uruguay. Su porvenir estaba en el noroeste, en el Chaco. Un choque entre los dos frustrados países se volvió inevitable y, en efecto, culminó en una guerra total en 1932, la llamada Guerra del Chaco. Pero hasta ahora la historia no había logrado darnos un esbozo imparcial de ese conflicto.

El Capitán Zook es el primer investigador, escritor y experto militar que nos ofrece un estudio enteramente aceptable del asunto. Este libro, aparte de ser una excelente relación de la campaña bélica en sí misma, también examina el aspecto político y diplomático de la Guerra del Chaco. Constituye el mejor y más imparcial análisis que se haya hecho de esa guerra hasta el presente. El Capitán Zook escudriñó toda la historiografía de la guerra y así adquirió el más definitivo conocimiento de todas las fuentes pertinentes. Tamizó los datos -muchos de ellos muy parciales-con verdadera maestría académica, y creó un libro de primera clase, no sólo exento de prejuicios sino extremadamente agradable como lectura.

Es posible que el Capitán Zook sea acusado, sobre todo por los amigos de Bolivia, de haber mostrado mayor preferencia por el Paraguay. Pero Zook dice la verdad. La conducción de la guerra por Bolivia, llena de desaciertos, fue seguida por los actos más torpes. Esto lo comprenden muchos miembros de la nueva generación boliviana, testigos y veteranos de la guerra. En los campos de prisioneros del Paraguay ellos echaron las bases de nuevos cambios políticos, sociales y económicos. Esos hombres están hoy día en el poder, destruyendo el viejo orden. Fue la revoltosa conciencia de la Guerra del Chaco la que creó la nueva Bolivia.

LA CONDUCCIÓN DE LA GUERRA DEL CHACO, por el Capitán Zook, es uno de los más importantes libros sobre historia hispanoamericana que hayan salido recientemente a luz. Creo que es una obra de consulta indispensable para todo estudioso de la América española.

CHARLES W. ARNADE

The University of Florida.

 

 

INTRODUCCIÓN

 

La Guerra del Chaco es el más enigmático de todos los conflictos americanos. Han surgido acerca de ella tantas ideas y conceptos equivocados, que refutar cada uno de estos errores sería trabajo interminable. Hasta el nombre de la guerra aparece en ocasiones desfigurado, porque muchos no están seguros ni de su ámbito geográfico.

La lucha se desarrolló en el Chaco Boreal, es decir, en la parte situada al norte del río Pilcomayo de lo que en conjunto se llama Gran Chaco. Esta última denominación, por lo tanto, no es apropiada cuando se habla de esa guerra. Al oeste, hasta el meridiano 59° poco más o menos, la región consiste en extensos palmares, altos pastizales y pequeños bosques. Las poblaciones de más allá no eran sino pequeños grupos de ranchos de barro, a pesar de sus nombres atractivos. En el extremo occidental, a lo largo de las estribaciones de los Andes, la tierra es fértil, con más humedad, y está cubierta de bosques. La zona intermedia, en cambio, es un desierto árido, a menudo revestido de espesos montes bajos y malezas espinosas. Aquí el jugo del cacto reemplaza al agua y los insectos chupadores de sangre pululan por millones. Cuando llega la estación de las lluvias, en verano, los toscos caminos se convierten en ciénagas. En la estación seca levantase el polvo fino y penetrante del suelo, que queda flotando en el aire como grandes masas de nubes.

Ninguna guerra está desprovista de enseñanzas, ya sea profesionalmente para el militar, o en general para el historiador y el estudioso de los asuntos humanos. Como la lucha más grande del hemisferio desde la Guerra de Secesión en los Estados Unidos, el conflicto del Chaco tiene en verdad mucha importancia. La controversia diplomática que precedió y acompañó a la guerra destaca la necesidad básica de asumir en la defensa nacional una posición vigorosa y eficaz. Esto no sólo es justo, sino constituye el deber de todo estado, independientemente de su tamaño. Huelga decir que en semejante pugna la victoria corresponde a la parte que emplea mejor la plenitud de los recursos nacionales-axioma brillantemente confirmado en la historia del Chaco.

Situada entre las dos conflagraciones globales de nuestro siglo, la Guerra del Chaco se sirvió de la una como fuente de inspiración y, en ciertos casos, señaló algunas lecciones a la otra. Era de necesidad en aquella época, como lo es hoy día, poseer una adecuada preparación, para capacitar a las fuerzas armadas a apoyar la política de la nación. El descuido de la esencia real del poderío militar en obsequio a una economía mal entendida, hace de lo militar una mera fachada, impotente para una acción agresiva y decisiva. La victoria se asegura únicamente con el empleo sin restricciones de los recursos totales del estado.

Las lecciones de la primera Guerra Mundial -particularmente la superioridad de la potencia de fuego en la defensiva y la necesidad vital de los camiones en la movilidad estratégica- fueron de nuevo subrayadas en el Chaco. El retorno a la maniobra genuina en la guerra marcó al general José Félix Estigarribia como precursor del mariscal Erwin Rommel. Pero la guerra entre Bolivia y Paraguay fue una guerra de infantería. Así lo impuso el terreno; por necesidad la caballería peleó a pie; los tanques resultaron de poco valor; en aquellas selvas con matorrales tupidos la artillería fue menos útil que los morteros; por carencia de doctrina se empleó deficientemente la aviación.

Sin embargo, entre las grandes potencias la que mejor apreció las lecciones de la guerra fue Alemania, según reveló un artículo de la Militar Wochenblatt, influyente revista de Berlín, artículo reproducido en mayo de 1935 por la Revista Militar (argentina) y en el que se afirmaba:

Las enseñanzas que se pueden recoger de la Guerra del Chaco son algunas sólo una confirmación de principios ya conocidos, pero se han recogido también nuevas enseñanzas que son también de aplicación para el continente europeo. Sería un grave error pasar por alto las experiencias de la Guerra del Chaco, empleando frases huecas como "Sudamérica ", "pequeña guerra" o "circunstancias coloniales" ... La guerra del Chaco es la primera guerra de la Historia Universal en que se emplea en forma exclusiva la tracción mecánica y en que, también por primera vez, se manifiesta la importancia insospechada de la pistola ametralladora ... (que) ha influido en forma extraordinaria en el modo de combatir de las armas a pie.

El autor alemán reconoció la probada importancia del reconocimiento aéreo, de la sorpresa, de las maniobras de limpieza, del empleo del tanque sólo en masas, de la infantería motorizada, de las unidades técnicas y del concepto de la nación en armas.

Igual que en todo conflicto bélico, aquí se revelaron claramente las cualidades que distinguen a un gran comandante y conductor, civil o militar, de su opositor incompetente. Pero poquísimas veces, en la historia militar, estas cualidades contrapuestas alcanzaron los extremos a que llegaron en los umbrosos campos del Chaco Boreal. Contrastan brillantemente las características de los soldados de una tierra sobre los de la otra. A todas luces, el soldado de un país libre, enérgico y capaz de iniciativa individual es infinitamente superior al producto de una dictadura oligárquica, que lo tiene sumergido política, social y racialmente. Las hazañas realizadas por los soldados en medio de las más agotadoras privaciones pertenecen a las más altas tradiciones del hombre libre que lucha por una causa considerada por él como justa.

Y con la conclusión de la guerra, cuando los combatientes fraternizan unos con otros en un alivio mutuo y los diplomáticos vuelven a ocupar el centro del escenario, la disputa del Chaco ofrece importantes enseñanzas en la negociación. Porque en este raro caso el estado cuyas armas lograron repeler al agresor, mantuvo su triunfo militar en la mesa de la paz.

 

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ÍNDICE GENERAL

Nota del Traductor

Biografía del autor

Reconocimiento

Prólogo por Charles W. Arnade

Introducción

I* Antecedentes Diplomáticos – Notas

II* Conferencias Internacionales: La Conferencia de Buenos Aires // Vanguardia // La Conferencia del Pacto de No Agresión // Notas

III* Culminación del diferendo: Preparativos militares // Pitiantuta // La crisis // Notas

IV* Boquerón. La primera ofensiva paraguaya: La estrategia militar paraguaya // La estrategia militar boliviana // Boquerón // Crisis en el comando boliviano // La derrota de los neutrales // Notas

V* Nanawa. La ofensiva boliviana:  El General Kundt marcha al ataque // El Acta de Mendoza // Alihuatá // El Paraguay declara la guerra // El segundo ataque a Nanawa // Notas

VI* Campo Vía. La segunda ofensiva paraguaya: Campo Vía (Zenteno-Gondra) // El armisticio // Reanudación de las operaciones // La crisis política boliviana // Cañada Strongest // Notas

VII* El Carmen -Yrendagüé. La tercera ofensiva paraguaya: Renovación de la iniciativa paraguaya // Renovada tensión en el comando boliviano // Cambio del frente diplomático // Prepárase la maniobra // El Carmen // Caída del presidente Salamanca // Yrendagüé //  Ybybobo // Notas

VIII* La contraofensiva boliviana: Las negociaciones del armisticio // Notas

IX* La conferencia de paz: Notas // Ensayo bibliográfico // Bibliografía

 

APÉNDICES

Apéndice I,- José Félix Estigarribia como General en Jefe, por el Capitán H. Zook, Jr.: Boquerón // Campo Vía // El Carmen-Yrendagüé // La evaluación

Apéndice II, - El poder aéreo en la guerra del Chaco, por los capitanes David H. Zook, Jr. y William M. Crabbe, Jr. // Antecedentes // Bilbao Rioja // Guerra Aérea // Evaluación  // Notas

 

OPINIONES SOBRE LA OBRA

·         Del Coronel (S.R.) Juan Manuel Garay

·         Del Profesor Harris Gaylord Warren, de Miami University, Oxford, Ohio

·         Del General de Brigada Aérea René Barrientos Ortuño

·         Dos desplazamientos diferentes

·         Equidad expositiva

·         Concepto del soldado boliviano

·         Del Profesor Leo B. Lott, de la Universidad de Ohio

·         Del Teniente Coronel Alberto A. de Cardoso

 

 

JOSÉ FÉLIX ESTIGARRIBIA COMO GENERAL EN JEFE

 

La Guerra del Chaco de 1932-35 creó al victorioso comandante paraguayo, José Félix Estigarribia, una reputación de genio militar de primer orden. La extraordinaria habilidad desplegada en el mando de las fuerzas de un país con población de menos de un millón de personas y con una economía y capacidad industrial insignificantes, le permitió superar al ejército de Bolivia -nación tres veces más grande que el Paraguay y con muchos más recursos. Estigarribia nunca pudo contar con más de 30.000 hombres. Careció de transporte terrestre y de apoyo aéreo y hasta la escasez de agua le negó el uso de su caballería. La logística era una pesadilla, ya que la pobreza de su país hacía necesario el empleo más económico posible del material de guerra. A pesar de estos obstáculos logró una serie de victorias sobre un oponente numéricamente superior.

En junio y julio de 1932, cuando las fuerzas bolivianas tomaron los puestos paraguayos que protegían la vagamente definida y frecuentemente disputada frontera del Chaco, el comandante regional era el Teniente Coronel Estigarribia. De pequeña estatura, modo apacible y característicamente introspectivo, había comenzado su carrera militar en 1908. Ni su manera de ser ni sus austeros uniformes de campaña -cuyas mangas eran invariablemente demasiado cortas- lo diferenciaban de su estado mayor. Sin embargo, sus logros intelectuales lo colocaron en lugar aparte. Se había graduado en 1927 en la École de Guerre (Francia), donde recibió el influjo de las ideas europeas y la doctrina francesa. Favorito de Foch, estaba destinado a superar a su maestro.

Los conceptos estratégicos de Estigarribia llenaron el vacío entre las dos guerras Mundiales. Comprendió no solamente la importancia vital del énfasis le hoch en la moral, sino también de su uso en combinación con el casi olvidado arte de la maniobra. Aprendió tempranamente la importancia de la superioridad de la potencia de fuego revelada en la Primera Guerra Mundial. Para sobreponerse a ésta empleó la movilidad, la rapidez y los movimientos indirectos, que fueron característicos en las tácticas empleadas en la Segunda Guerra Mundial. Habiendo previsto la posibilidad de una guerra en el ambiente del Chaco,  la estudió de tal manera que cuando el conflicto comenzó, él estaba completamente preparado.

El escenario de la guerra fue el Chaco Boreal central y occidental, en la confluencia de los ríos Paraguay y Pilcomayo El área estaba cubierta por espesos matorrales con pastizales intercalados ocasionalmente. La aridez. del terreno aumenta gradualmente hacia el oeste. Existe agua en abundancia únicamente en la temporada de las lluvias, durante la cual todas las primitivas carreteras se convierten en arroyos de fango sin fondo, desde diciembre basta marzo. Las guarniciones enemigas se unían con la estación ferroviaria de víveres y municiones boliviana más próxima por medio de 1.125 kilómetros de tales carreteras. En cambio, las fuerzas paraguayas lo transportaban todo hasta Puerto Casado por el río Paraguay, y desde allí hacia el interior por un ferrocarril de una sola vía de 160 kilómetros de largo.

Estigarribia inmediatamente comprendió que le favorecían las ventajas del tiempo y del espacio, así como la oportunidad de emprender operaciones en el interior. Opinando que una concentración de fuerzas bolivianas requeriría por lo menos tres meses, y con esperanzas de comenzar las operaciones antes de que las fuerzas enemigas pudieran congregarse, exigió una rápida movilización general. La administración nacional le dio todo su apoyo, expandiendo el ejército y colocando a la nación en pie de guerra. El pueblo respondió con entusiasmo.

 

BOQUERÓN

La información (inteligencia) paraguaya indicaba que Bolivia emplearía de 12.000 a 15.000 hombres en el teatro de operaciones principal dentro de 60 días; en julio de 1932 el Ejército Paraguayo estaba integrado por 4.100 hombres. Por consiguiente, el Estado Mayor General proyectó una defensa estratégica y una ofensiva táctica enlazadas estrechamente con el ferrocarril. Pero Estigarribia comprendió que hasta en las selvas del Chaco central y oriental, el transporte motorizado haría posible la movilidad y la flexibilidad. De esta manera creía poder alcanzar en el combate su objetivo principal - la destrucción del ejército enemigo. Según su criterio, la atracción recíproca de las fuerzas le permitiría, una vez alcanzada la superioridad local por medio de una temprana concentración, atraer al enemigo hasta un sector de su elección y destruirlo.

Al escoger su centro de gravedad y ruta de avance, Estigarribia astutamente consideró las comunicaciones y la disponibilidad de agua, factores que él sabía podrían ser tácticamente decisivos en los espesos matorrales del abrasante Chaco. Por lo tanto, seleccionó un eje a través del punto de resistencia enemigo, Boquerón-Arce. Este punto no era solamente el cuartel general avanzado boliviano, sino también el fortín más cercano con abundante abastecimiento de agua. Con la atención fija en la estación del año, Estigarribia notó que la cercana temporada de lluvias limitaría la duración de su ofensiva.

La rendición de Boquerón el 29 de septiembre fue la primera batalla importante de la guerra, ya que brindó al Paraguay una enorme ventaja moral, a la cual nunca renunció. El optimismo se apoderó del país, a la vez que la moral del pueblo boliviano decaía. Concentrando con todo éxito fuerzas superiores (cerca de cinco a dos) en el punto decisivo, Estigarribia atraía las unidades enemigas destinadas para operaciones ofensivas y las derrotaba totalmente, apoderándose así de la iniciativa estratégica. Los morteros Stokes Brandt de Estigarribia probaron ser tácticamente superiores, pero la potencia de fuego de las armas automáticas bolivianas en fortificaciones de campaña paralizó los ataques frontales paraguayos.

Subsiguiente a su victoria, Estigarribia avanzó cautelosamente en un frente extenso. Operaba con suma prudencia, ya que sabía que a su país, debatido en la pobreza, le sería muy difícil reemplazar las pérdidas causadas por una derrota. Para mediados de noviembre, la ventaja en el tiempo que él había logrado fue superada con el arribo de fuertes refuerzos enemigos, que detuvieron el avance paraguayo, restableciendo el equilibrio. Cuando las lluvias comenzaron en diciembre de 1932, el continuo atascamiento de los convoyes de camiones del coronel Estigarribia paralizó su logística. Por consiguiente, adoptó una defensa ofensiva, durante la cual dio descanso a sus tropas y las reorganizó. Sabía que la ventaja de la defensa le permitiría aprovecharse, sin sufrir muchas bajas, de todos los fracasos, descuidos o errores del enemigo.

En diciembre, Bolivia trajo del exterior al general Hans Kundt, boliviano naturalizado, en quien muchos tenían gran confianza. Estigarribia había estudiado la conducta de Kundt como comandante de una brigada alemana y sabía que era enérgico, seguro de sí mismo, partidario fanático de las, operaciones ofensivas, y que a menudo luchaba sin reservas o sin apoyo de artillería.

Tranquilamente, Estigarribia trazó sus planes para conseguir que Kundt se derrotara a sí mismo, y que sus métodos  -precursores de las técnicas de la Segunda Guerra Mundial-  superaran a las técnicas anticuadas usadas por Kundt en la Primera Guerra. En ataques frontales contra Nanawa, Fernández, Corrales y Toledo -fortines de discutible valor estratégico-, Kundt derramó la sangre de por lo menos 12.000 hombres, corroborando así lo que Estigarribia había anticipado. Este prodigioso gasto de hombres y material bélico fue sólo recompensado por una saliente en la línea y la reocupación de Alihuatá.

 

CAMPO VÍA

Cuando Estigarribia creyó haber logrado ya el máximo beneficio de la defensiva, comenzó a considerar posibles operaciones ofensivas. Su ejército había demostrado, en pequeña escala, la extraordinaria habilidad del bisoño soldado paraguayo para ejecutar extensas maniobras que requerían la iniciativa y coordinación usualmente logradas por medio de un extenso y cuidadoso adiestramiento. Estigarribia, que comprendía a la perfección el mérito de la moral y la maniobra, ahora estaba decidido a hacer uso de estos factores en gran escala.

Conocedor del dicho de Clausewitz de que "el éxito de la batalla completa consiste en la suma total de los éxitos en todos los encuentros parciales", comenzó a convertir la acumulación de victorias locales en una gran batalla de aniquilación. Entretanto, en setiembre de 1933, Estigarribia fue ascendido; después de un año de guerra, los 25.000 hombres del ejército paraguayo estaban por fin bajo el mando de un general.

Mediante el traslado de tropas de otros sectores, Estigarribia organizó su ejército en tres cuerpos de ejército, logrando con esto superioridad local. El 23 de octubre de 1933, comenzó a atacar en un frente de 120 kilómetros, con el fin de inmovilizar las líneas enemigas y hacerlas extenderse hasta que se hubieran empleado todas las reservas bolivianas. Sabiendo que Kundt no retrocedería ni aun cuando su línea estuviera a punto de romperse, Estigarribia decidió lanzar un envolvimiento doble de gran envergadura.

Para consumar su plan, el 3 de diciembre tomó el mando personalmente e impuso su poderosa voluntad para dominar la inercia y la fricción. Tres días más tarde las divisiones bolivianas  4ª y 9ª fueron cercadas; la rendición de sus 8.000 hombres (11 de diciembre) en Campo Vía, quebró la espina dorsal del Ejército de Bolivia. Kundt fue relevado del mando. Una vez más Estigarribia había logrado una impresionante victoria mediante la retención de la iniciativa y el empleo de fuerzas superiores locales en hábil maniobra.

Una determinación mayor pudo haber resultado en el envolvimiento estratégico de la restante 7a División boliviana, pero Estigarribia no lanzó a su cansado ejército en una persecución vigorosa. A esto siguió una tregua que Bolivia usó para organizar apresuradamente un nuevo ejército, y las hostilidades se reanudaron el 6 de enero de 1934. Inmediatamente, Estigarribia comenzó una persecución lenta debido al lodo creado por las lluvias, y el enemigo se retiró gradualmente. Expulsado de su antigua línea de fortines a lo largo de la frontera, el enemigo boliviano ahora se encontraba en la defensiva.

Prontamente, Estigarribia ideó un nuevo y osado plan para aniquilar al enemigo. Consideró construir una carretera hacia el oeste hasta el río Pilcomayo para envolver al enemigo estratégicamente contra el río. Si este plan tuviera éxito, los bolivianos se verían obligados a rendirse -o a cruzar a la Argentina, donde serían internados. Desgraciadamente, el enemigo, con los excelentes métodos de reconocimiento que le brindaba su absoluta supremacía aérea, descubrió la carretera cuando ésta solamente tenía 160 kilómetros de largo. Con el fin de penetrar las líneas bolivianas que encontraba a su paso, en mayo de 1934 Estigarribia intentó un envolvimiento cerca de Cañada Esperanza. El enemigo se adelantó, y con tropas frescas lanzó su propio envolvimiento doble, tomando cerca de 1.500 prisioneros de dos regimientos paraguayos.

 

EL CARMEN-YRENDAGÜÉ

Decidido y enérgico, Estigarribia tomó rápidamente las medidas necesarias para negar al enemigo los frutos de la victoria, que así resultó de poca importancia. Sabiamente continuó considerando que la única solución viable al estancamiento existente era abrirse paso hasta el Pilcomayo. Cambiando de planes, decidió lanzar un aparente ataque estratégico bien profundo en territorio enemigo, con el empleo de infantería motorizada. Al exagerar su apreciación del alcance de tal amenaza, el ejército boliviano comenzó a remover tropas de su sector principal, causando esto, por consiguiente, que su posición se debilitara.

Una vez que estas fuerzas -el nuevo cuerpo de caballería- lograron superioridad sobre la ligera columna paraguaya, Estigarribia ordenó que sus tropas se retirasen lo más lentamente posible, atrayendo al enemigo y manteniendo ocupada la atención de su comando. Luego se preparó para una de las batallas más perfectas que jamás se hayan ejecutado en el Hemisferio Occidental.

El Paraguay se encontraba en serias dificultades. Su economía se tambaleaba y su condición financiera era desesperante. Estigarribia sabía que era imprescindible obtener una victoria decisiva inmediatamente. Después de atraer la atención principal boliviana a un sector secundario, retornó a su antiguo plan: tratar de abrirse paso hasta el río Pilcomayo. Al localizar aberturas en el frente de combate de Cañada El Carmen, ordenó al coronel Carlos J. Fernández, comandante de su Primer Cuerpo de Ejército, que atacara con una división a través de cada abertura y que las tropas fueran abriendo un camino en los matorrales a medida que avanzaban. Como resultado de esta acción, el 15 de noviembre de 1934, se completó un perfecto envolvimiento doble contra el Cuerpo de Reserva boliviano. Una vez más, despojando otros sectores, Estigarribia había logrado superioridad local (11.000 a 9.000). Nuevamente su elección del punto decisivo y centro de gravedad había sido intachable. La maniobra ejecutada por el coronel Fernández fue tan excelente que al fin las tropas paraguayas lograron una penetración estratégica y se derramaron hacia el Pilcomayo.

El comando boliviano inició una retirada general, tratando de salir antes de que los paraguayos llegaran al río. En el momento crucial, Estigarribia careció de movilidad. Ciertas consideraciones humanitarias excedieron a otras en importancia. A pesar de su escasez de camiones, Estigarribia usó los pocos con que contaba para transportar hacia la retaguardia a los sedientos, hambrientos y moribundos prisioneros de guerra. Incapacitado de poder cortar la retirada al enemigo, desvió su atención hacia su flanco derecho. Allí se encontraba, en una posición avanzada, el cuerpo de caballería del enemigo, que no contaba sino con un lugar para conseguir agua -los pozos en Yrendagüé, un pequeño poblado en el desierto. Habiendo siempre apreciado la importancia del agua, Estigarribia nuevamente ordenó a una de sus divisiones que se deslizara a través de los matorrales y atacara a los bolivianos en su punto más vulnerable.

Los paraguayos, después de abrir una senda de 40 kilómetros de largo, a principios de diciembre de 1934, atacaron los pozos y los tomaron. A pesar de que el comandante del cuerpo de caballería intentó reconquistar la plaza, sus hombres estaban tan sedientos que se le hizo imposible controlarlos. La moral boliviana nunca se había recobrado de la derrota sufrida en Boquerón, y la larga serie de derrotas sucesivas la había hecho decaer aún más. Miles murieron por falta de agua, y el cuerpo de caballería boliviano fue destruido.

Este era el tercer año sucesivo en que Estigarribia obtenía victorias importantes poco antes de comenzar la temporada de las lluvias; la brillante maniobra del general Estigarribia -ejecutada por medio de la excelente capacidad del soldado individual paraguayo- y por la hábil explotación de la ventaja en la moral, le había permitido derrotar a un ejército dos veces mayor que el suyo. Sus combinados triunfos de El Carmen-Yrendagüé marcaron el punto culminante de la Guerra del Chaco. Más tarde, la ofensiva paraguaya se agotó rápidamente en su empeño de continuar avanzando.

Reabastecido con el inmenso botín, el ejército de Estigarribia se preparó para una invasión de los departamentos bolivianos. Pero él y el presidente Ayala sabían que ésta era una amenaza superficial en apoyo de una ofensiva diplomática. Ahora las vías de abastecimiento se extendían en algunos sitios a unos 1.125 kilómetros, y el enemigo, no Estigarribia, era el que operaba en líneas interiores. El sistema logística paraguayo era inadecuado para mantener al ejército en sus posiciones avanzadas, con las dificultades que crearía la próxima temporada de lluvias.

El enemigo, sin embargo, se había convencido de su propio fracaso. La aspiración de Estigarribia de aniquilarlo fue posible en situaciones tácticas, pero, debido a la ventaja boliviana en población, este propósito, a la larga, estaba destinado al fracaso. El enemigo meramente organizó nuevos ejércitos con un efectivo mayor.

 

LA EVALUACIÓN

José Félix Estigarribia poseía la determinación requerida por un gran general. Mediante una constante reevaluación propia, había logrado crear una gran flexibilidad de pensamiento. Era la personificación de la combinación de la teoría sabia y el carácter, lo que, según Jomini y otros han afirmado, es esencial en un gran capitán.

Estigarribia poseía una completa comprensión de los temas políticos en la guerra. Se le consultaba en asuntos diplomáticos y sus relaciones con el gobierno eran muy armoniosas: proveía el apoyo militar inmediato para los movimientos diplomáticos. Adquirió firmes conceptos sobre alta estrategia y participó activamente en su formulación.

Como general en campaña, Estigarribia comprendió la importancia de operar por líneas interiores, tener una logística adecuada y un apropiado centro de gravedad, seleccionar el punto decisivo, unificar los éxitos locales en grandes triunfos, retener la iniciativa, concentrar la potencia de combate Y conservar los recursos. Su adhesión a todos lo, principios de la guerra generalmente aceptados fue muy notable y se manifestó en cada una de sus victorias. Era un maestro para la sorpresa ofensiva. Su única flaqueza significativa era su inhabilidad para efectuar persecuciones fructuosas; en parte esto emanaba de su sentido de humanidad -sentido poseído solamente por los grandes.

Algunos podrían discutir que, considerando el tamaño de sus fuerzas. Estigarribia fue, a lo más, un hábil comandante de ejército. Por el contrario, la extensión del Chaco -especialmente considerando el tiempo y el espacio con relación a los primitivos métodos de comunicaciones- realmente lo convirtió en un comandante de teatro de operaciones de gran capacidad. Como innovador, definitivamente ocupa un punto intermedio entre las dos Guerras Mundiales, con su comprensión de la primera y la anticipación de los métodos a emplearse en la segunda. Como tal, su conducción de uno de los conflictos principales del hemisferio merece un estudio más profundo y un lugar más prominente en la historia militar.

(Military Review, octubre de 1960, tomo XL, N° 7)

 

 

 

ENLACE INTERNO RECOMENDADO A LA PRIMERA EDICIÓN DEL LIBRO


(Hacer click sobre la imagen)

 

LA CONDUCCIÓN DE LA GUERRA DEL CHACO

Por DAVID H. ZOOK JR.

Bs. As. - Asunción:

EDITORIAL LITO, 1962. 463 pp

 

 

 

 

 

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Avda. San Martín c/ Austria

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EDITORIAL EL LECTOR
LA
LA GUERRA DEL CHACO (PARAGUAY - BOLIVIA) AÑOS 1932 - 1935
REPÚBLICA
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