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BRANISLAVA SUSNIK


  RESISTENCIA ACTIVA DE LOS GUARANIES - Por BRANISLAVA SUSNIK


RESISTENCIA ACTIVA DE LOS GUARANIES - Por BRANISLAVA SUSNIK

EL INDIO COLONIAL DEL PARAGUAY

 
 
Asunción-Paraguay, 1965. 243 pp.
 
Versión digital:
 
 
 

CONTENIDO DEL LIBRO

INTRODUCCIÓN

1 – El primer servicio y el yanaconato.

2 – El mitazgo.

3 – Extracción de indios. Oficios. Salarios.

4 – El pueblo guaraní colonial.

a) Formación

b) Tierras, bienes comunales y potencialidad económica de los pueblos

c) Las inquietudes de los pueblos guaraníes por las hostilidades "guaycurúes"

d) Particularidades de algunos pueblos y los Guaraníes monteses.

e) Indio libre y mestizo

f) El gobierno del pueblo.

5 – La resistencia activa de los guaraníes.

APÉNDICE:

Decreto declarando ciudadanos libres a los Indios naturales de toda la República. 7 de Octubre de 1848.

Indice de citas

Abreviaciones

 

 


RESISTENCIA ACTIVA DE LOS GUARANIES.

 

"Hoy son reputados los guaraníes por los indios más pusilánimes y sin embargo estan demostrando eran antiguamente de los más guerreros de estas regiones. Daban la ley y en verdad que el arrojo y disposición con que recibieron las descargas españolas y luego estrecharse cuerpo a cuerpo, los distingue tanto que no sabemos lo hiciesen otras naciones..." (577), dice Aguirre, y en otra parte constata también "Irala, Cabeza de Vaca y los más de los Gobernadores nos acreditan todavía con sus firmas los sensibles que les eran los trabajos, las vejaciones y la misería de los indios; pero creyéndose fué su destino el de servir a los españoles por todos los lados se veían acabar por la muerte, por la guerra y más que todo porque las familias o chusmas cuyo servicio era el más estimable, breve daban fin a sus naturales generaciones" (578). Las dos citas de Aguirre interpretan una verdad: el esforzado y guerrero cario que acompañaba «los conquistadores en todas sus jornadas transchaqueñas, el rebelde guarambarense, el altivo y belicoso paranáense, el resistente aracayense, el orgulloso itatín, todos estos caracteres del siglo XVI volviéronse pronto en pasivos, resignados o dóciles, aglomerados en sus nuevos pueblos, sufriendo el impacto de vejaciones por una explotación de brazos a medida que lo exigían las necesidades de los nuevos dueños de la tierra; y como el guerrerismo guaraní siempre estuvo íntimamente asociado con la agitación shamánica en función de respaldo mágico, los naturales quedaron desposeídos del acondicionamiento esencial para ofrecer una resistencia activa contra los españoles. Es verdad que los primeros contactos de los guaraníes con los españoles fueron pacíficos y ya hemos indicado en detalles las razones y los efectos; la configuración etnopsicológica de los guaraníes en los comienzos de la conquista podría resumirse en los factores siguientes: la conceptuación antropodinámica como fundamental motivo de la plasmación racial de los culturalmente neolíticos; la lucha contra sus enemigos de cultura paleolítica, enemigos más que tribales propiamente dicho, culturales; el mito del Candiré andino como correspondencia a El Dorado soñado por los conquistadores; la amistad-alianza política basada en la reciprocidad social de las obligaciones; la apreciación del hacha de metal; el temor al caballo; el poder del arcabuz; el relumbre de algunos nuevos elementos culturales que se introdujeron; la estimación misma del poder de los primeros conquistadores. Pero, estas condiciones convergentes pronto adquirieron una nueva faz, manifestándose la divergencia en razón de la falta de una estructura socio-política de los guaraníes, la que precisamente llevaba a una sujeción absoluta al nuevo orden establecido. Con numerosas jornadas pacificadoras, los españoles tenían que sujetar a los dispersos y valerosos pueblos guaraníes antiguos, y solamente la segregación de los guaraníes en los pueblos permitió finalmente la seguridad del dominio.

 

El primer alzamiento conocido de los guaraníes se manifestó entre los guarambarenses, o sea indios habitantes entre los, ríos Ypané y Jejuí, en los años 1542-1543. En su carta al rey, Irala anotó que, volviendo de la jornada chaqueña, recibió la orden de Alvar Núñez para castigar al cacique principal Aracaré, motivo del alzamiento de los guarambarenses (579). Respecto al cacique "Aquere del susodicho lugar Diquerery", dice U. Schmidl: "...por lo cual despues se ha originado una gran guerra por los Carios contra nosotros los cristianos, por causa del susodicho indio al cual se lo ha ahorcado..." (580). El enjuiciamiento de Aracaré fue atribuido a diferentes causas (581); Alvar Núñez se basaba en el informe de 3 lenguaraces, y en consejo con Cabrera, Dorantes y Cáceres hizo constar la sentencia del rebelde Aracaré ante escribano, aunque los contrarios a él lo acusaron de injusticia (582). En las jornadas transchaqueñas, las tropas guaraníes eran empleadas generalmente como avanzadas y exploradoras; así fueron destinados 800 indios guarambarenses a pasar al otro lado del río Paraguay y adquirir noticias, siendo su jefe Aracaré y yendo con él 3 lenguaraces, los que se mencionan en dicha acusación como testigos; los guaraníes no quisieron cumplir con órdenes y volvieron, al parecer, por instigación y amotinamiento fomentados por el mismo Aracaré. Significaba este hecho la primera negación guaraní del servicio militar auxiliar a los españoles; las entradas guaraníes ocasionaban bajas considerables; no menor problema constituía la falta de bastimento, si el camino guiaba por las zonas poco capaces subsistencialmente y en vista de los ataques sorpresivos de los belicosos cazadores chaqueños; la ausencia de hombres perjudicaba también la economía misma de los pueblos en aquel entonces aún dependiendo del cultivo por rozado y de la cooperación comunal. El ahorcamiento de Aracaré contribuyó a la inquietud de los guaraníes; sus parientes, caciques Guarambaré y Tabaré pretendían vengarlo; el alzamiento volvióse más abierto, cuando Gonzalo de Mendoza por orden de Alvar Núñez arribó a las tierras del río Jejuí en busca de nuevos bastimentos, necesarios para otra proyectada expedición chaqueña de los españoles; este continuo abastecimiento con víveres que debían soportar los guaraníes en los primeros 30 años de la conquista, desintegraba su potencialidad económica y a la vez disminuía el antiguo interés en el cultivo. Las noticias del alzamiento de Tavaré llegaron a los carios de la comarca asunceña y lo pretextaban en su respuesta a Alvar Núñez, cuando fueron convocados por él para participar en la jornada chaqueña. Fue enviado nuevamente Irala como pacificador con españoles y carios amigos comarcanos. Schmidl describe la fortificación del lugar de concentración de los guarambarenses rebelados: "... ellos habían fortificado grandemente su localidad mediante una empalizada, esta es un muro hecho de palos; (también) la localidad tenía en su deredor tres muros de palos y muchos grandes fosos que eran muy hondos y había hincadas en la tierra grandes lanzas de madera; de estos (fosos) había muchisimos y estaban cubiertos muy prolijamente con paja y ramitas y hierba asentada encima, para que no se creyese que eran fosos" (583). Azara rechaza la veracidad de la existencia de empalizadas, influenciado como era por la imagen del guaraní pusilánime de su tiempo y la idea sobre la incapacidad del indio (584); el sistema de empalizadas era conocido por los guaraníes y tupinambáes neolíticos y empleado en presencia de los enemigos, indios o blancos. Con cierto esfuerzo vencieron los españoles el 24 de julio de 1543, penetrando en el pueblo de Guarambaré, y, "... matamos a todos cuantos encontramos y cautivamos muchas de sus mujeres que nos fué una gran ayuda, y los hombres en su mayor parte se habían escapado...", dice Schmidl (585) y a continuación deja entrever la importancia de disponer de mujeres-rehenes: "... vinieron entonces los Carios, el Tabaré con su gente, y pidieron perdón que se les concediese perdón y que se les diese a él y a los suyos las mujeres y niños; por lo mismo el quería servir también a nosotros los cristianos y estarnos sometido". Los guaraníes tenían ya las experiencias nefastas de las acostumbradas rancheadas de los primeros conquistadores y la consiguiente enajenación de mujeres de sus pueblos y asimismo de niños; no es así extraño que la devolución de las mujeres influyera poderosamente en el sometimiento de los rebeldes y a la sujeción de las pequeñas comunidades guaraníes.

 

En contraste con este alzamiento de los norteños, localizado, la revuelta de los guaraníes en la época de las inquietudes Irala-Cabeza de Vaca-Salazar de Espinosa debe considerarse como una respuesta general de los guaraníes a las vejaciones recibidas por los conquistadores; los guaraníes buscaban hasta la alianza con sus antiguos enemigos, los agaces-payaguáes, y los españoles viéronse obligados a hacer paces con dos tribus chaqueñas, los yapirúes y guatatáes, pescadores-canoeros, para contar con su ayuda en la represión de la revuelta cario generalizada. El foco de la rebelión fue la misma comarca de Asunción; los guaraníes rebeldes acamparon a 3 leguas de la ciudad, suponiéndose debiera ser el pueblo de Areguá, en varias ocasiones mencionado como propio de los mongoláes-guaraníes; era este grupo tribal el más dócil y pacífico a la llegada de los españoles; sus asientos indican por los hallazgos arqueológicos de los alrededores, que a la clásica urna funeraria guaraní habría precedido la cerámica alto-paraguayense, pudiendo suponerse una plasmación algo particular de este grupo guaraní. Considerando los negativos efectos de la política indiana antes de la organización de encomiendas, la libertad de procedimientos individuales de los conquistadores, la posesión de los solares y tierras, la falta de mujeres en las comunidades guaraníes por causa de la saca de las mismas por los españoles, el problema de los "sobrinos mestizos" y "nietos mestizos", los trabajos forzados bajo el título del servicio por parentesco, no es de extrañar que los carios comarcanos iniciaran una rebelión y esto en el momento oportuno en que observaban las luchas intestinas de los asunceños. El combate con los guaraníes reunidos en el primer campamento no duró mucho: ellos se retiraron pronto hacia un lugar fortificado que Schmidl llama La Frontera; la lucha en este lugar fue más encarnizada (586); los yapirúes podían proveerse de muchos scalps guaraníes. La siguiente retirada de los guaraníes tenía por su centro el lugar llamado por Schmidl "Carahiba" o "Acaraiba" según Ruy Díaz; varias posteriores jornadas de pacificación se realizaron en "la provincia de Acaraíba"; Aguirre identifica a los acaraíbas con los guaraníes de los parajes de Itá, Cañabé, Añagatí, Carapeguá, Aguaí, Acaay y Tapabuy (587), es decir, de la zona próxima a la tebicuarense, donde los indios siempre mantenían contactos estrechos con los paranáes, a quienes se atribuía que influyeron en el alzamiento de los carios (588). En este foco sureño, los guaraníes no mantuvieron las mujeres en los pueblos sino que las tenían en los bosques vecinos a 4 leguas, previniendo así a que cayeran rehenes como lo acostumbraban hacer los conquistadores. Irala perseguía a los rebeldes, pero su victoria se debía en gran parte a que uno de los caciques conglomerados en esta revuelta plegóse a los españoles, descubriendo el camino en el bosque para atacar el campamento de los guerreros, exigiendo a condición. "... que no se quemara ni devastara su localidad; el quería comunicarnos e indicar a nuestro capitán la manera como se podía ganar el lugar..." (589); la figura de tales caciques traidores era frecuente en el siglo XVI; esto demuestra la falta de la unión socio-política de los guaraníes y un cierto ethos de exclusividad de cada comunidad pequeña o aldeana, una estrecha conciencia de "oréva" (nosotros exclusivamente), pero apenas una aceptación conveniente de "ñandéva" (nosotros inclusivamente); al cacique traidor le interesaba preservar su asiento, su comunidad, su gente, de la devastación por los españoles y los yapirúes y mantener la integridad de su linaje. Los españoles vencieron, pero un gran número de los guaraníes se retiraron huyendo hacia el norte, en donde tenía su pueblo de Hieruquizába el cacique Tabaré. Los rebeldes se nuclearon así en la zona de los tobatines y guarambarenses, el foco de la primera revuelta; el mismo pueblo de Hieruquizába servía de "puerto" para la emigración de los guaraníes hacia las tierras andinas. Irala, luego de su victoria en Acaraíba, volvió a Asunción para seguir a los fugitivos rebeldes por vía del río Paraguay; por otra parte, muchos pueblos guaraníes en la provincia de Acaay fueron desbandados y devastados, no dando seguridad de abastecimiento para las tropas españolas. Al llegar los españoles al paso del río Jejuí, Tabaré negó el libre paso en son de proteger a los rebeldes; "... en eso, cuando quisimos, cruzar el río Xexuy, los susodichos carios, el Tabere con su gente, estaban al otro lado del río con su paradero y nos hicieron grandisimo daño al cruzar..." (590); según Azara, la lucha habría tenido lugar al borde del pueblo Atyrá, es decir del emplazamiento que este pueblo tuvo en aquella. época (591). Pocos rebeldes escaparon; los yapirúes y guatatáes volvieron con nuevos trofeos de cabelleras de los guaraníes; Tabaré y otros caciques participantes se sometieron; para que Irala "... les devolviese sus mujeres e hijos, ellos querían ser otra vez buenos amigos como antes y servirnos, como entonces nos habían servido..." (592); la paz fue señalada así con el mismo pretexto que en el alzamiento anterior. Regresó Irala a Asunción en la mitad del año 1546. Este movimiento rebelde de los guaraníes no tenía características de ataques masivos; se limitaba a la resistencia en 3 centros, focos de inquietud para los nuevos pobladores. En las Relaciones anti-iralistas de la época se mencionan las revueltas indias, atribuyéndose su causa a las desmesuradas rancheadas que los españoles luego del grito de "libertad" comunera realizaban por las zonas con numerosa población india; los indios, "... pareciéndoles que estando los xpianos divisos que sería parte para matarlos y echarlos de la tierra... y empezaron a matar algunos cristianos de los que andaban haciéndoles este agravio..." (593). La revuelta contra el primer servicio y contra las vejaciones de la época pre-encomendera no tuvo éxito.

 

No duró mucho la quietud; bajo el gobierno de Ortiz de Vergara estalló otro movimiento rebelde, considerado por Aguirre como la principal rebelión de los indios. El núcleo de los rebeldes fue formado por los guaraníes auxiliares que volvieron de la expedición de Xarayes con el grupo de los españoles que no siguió a N. Chaves; encabezaban el movimiento dos hijos del cacique Curupiratí, Pablo y Nazario (594), los que proclamaban "la vuelta a las antiguas costumbres", palabras que para los guaraníes significaban: libertad. Las circunstancias, empero, eran distintas ahora; los indios habían estado ya integrados en las encomiendas de mitayos y yanacona y el control de los españoles sobre los pueblos encomendados vecinos más directo, inmediato y eficaz. Y si bien el movimiento interpretaba esencialmente la negación del nuevo sistema encomendero, no se plegaron a el los guaraníes comarcanos de Asunción; el movimiento se generalizó en las zonas más apartadas y por lo tanto también fuera del directo centro de los conquistadores. Las experiencias de castigos, el miedo al yanaconato, la resignación, una tendencia pacifista siempre manifiesta entre los carios de la comarca asunceña, influyeron en su no participación en esta revuelta. Los rebeldes mataban a los españoles que vivían dispersos por la campaña y tampoco perdonaban a los mismos guaraníes, cuando se resistían a ellos; el punto de su concentración fue nuevamente en la revoltosa provincia de Acaay y Tebicuary; los pueblos indios quedaban desiertos en dicha zona, y las mujeres retiradas en los bosques vecinos. Se indica en las fuentes que los guaraníes hubieran traído del Chaco las flechas envenenadas como arma capaz para luchar contra los españoles; esto no obstante, ocurrida la lucha, no se mencionaron casos de muerte por efecto de tales flechas. La expedición punitiva se dividía en dos bandas, una bajo el mando del mismo gobernador y la otra bajo F. Cáceres, uniéndose en Acaay; formaban parte de la expedición contra los rebeldes los guaraníes "amigos comarcanos", además de algunos guaycurúes. Varios combates en las orillas de los ríos Yaguarí y Aguapeí terminaron con la resistencia de los rebeldes, habiéndose algunos desbandado. En esta revuelta de 1560 no se mencionan los guaraníes norteños específicamente.

 

La agitación y las inquietudes siguieron hasta el fin del siglo XVI; las causas directas eran el servicio de mitazgo, el comienzo de las estancias con ganado y la formación de los pueblos de los encomenderos; las provincias de Acaay y Jejuí-Guarambaré demostraron su resistencia activa. En estas revueltas, siempre solamente locales, manifestábase ya la importancia de las agitaciones shamánicas con sus proclamas de vuelta a las antiguas costumbres y a los montes; en los documentos de la época, estas agitaciones e inquietudes indícanse como rebeliones de indios por sus antiguas costumbres y supersticiones. En la jornada de pacificación de 1575 se reconoció: "... siendo notoria casi por entero la rebelión de los indios de la provincia y que con palabras infaman al Sto. Bautismo y Fé Católica que han abrazado por causa de los paiyes y hechiceros qye les hacen cometer grandes maldades y supersticiones..." (595). La situación era parecida en Acaay y Tebicuary; en 1589, Vera y Aragón requirió el servicio militar de los encomenderos, "... porque dichos indios andan revueltos por causa de ciertos cantores que con sus cantos los hacen cometer algunas ceremonias y ritos que se apartan del servicio de Dios y no vienen a servir a los encomenderos..." (596). De estas pacificaciones ya hemos hablado en detalles al tratar la oposición activa de los guaraníes al nuevo sistema de mitazgo y de pueblos.

 

Los altivos itatines siempre miraban a los españoles como intrusos; cuando los restos de la malograda expedición de Chaves en 1564 volvían al Paraguay, debiendo ir por tierra ya que traían ganado, los itatines los atacaron y recién desde el río Jejuí abajo, los españoles pudieron contar con alguna gente guaraní menos rebelde. En esta época cae la agitación shamánica de Overá entre los guaraníes asentados en la zona del río Ypané y Jejuí; Azara presta poca atención a esta revuelta y reprocha al mismo Lozano de desfigurar la realidad por influencia de la poesía de Barco de Centenera (597), pero admite que un guarambarense Overá y su hijo Guiraró agitaban a los indios, exigiendo obediencia y "rebautización ", es decir, la imposición de nuevos nombres en sustitución de los cristianos. La agitación socio-religiosa de Overá no era nueva al concepto de los guaraníes; basta comparar el rol de los shamanes en la lucha de los guaraníes del Guayrá por la integridad frente a los invasores, o de los shamanes en la provincia uruguayense de los guaraníes. Hay que considerar los siguientes factores: la influencia de los payés andantes por las aldeas guaraníes y tupinambáes en la época de la cultura neolítica; el poder de su oratoria; el concepto siempre vivo de una extraposición de las almas de los shamanes; su poder mágico basado en el principio de los "tupichuá", un poder derivado del dominio de las fuerzas malignas y negativas como garantía de un destino seguro de la comunidad; la misma idea de la búsqueda de "una tierra sin mal", de "yvy mara’ey", de una tierra sin peligros cataclísmicos y de una tierra parecida al destino de las almas definitivamente externadas, creaba una predisposición psicológica para que los guaraníes, viéndose amenazados por las vejaciones continuas de los nuevos conquistadores, recurrieran a sus "cantores y hechiceros"; y aún no creyéndoles, como lo sucedió con frecuencia en dichas provincias norteñas, representaba tal agitación un desahogo y creaba una psicosis colectiva por la persistencia del ceremonial de danzas. En el caso de Overá, el antiguo pathos [17] shamánico se conjugó con algunas ideas mal interpretadas y mal difundidas del cristianismo. Overá se proclamó "hijo único de dios" en el sentido de un mesianismo guaraní nuevo, pero su hijo "Guiraró" llevaba el nombre de uno de los tupá mirí mitológicos de tormenta y destrucción, netamente de conceptuación neolítica; su garantía para la victoria de los rebeldes guaraníes sobre los españoles se basaba en el cataclísmico cometa, el jaguar astral, el destructor de la luz y del mundo, el "yaguareté hovy" cataclísmico, el máximo "mbaé meguá" de la mitología guaraní (598); su mujer proclamada "ñandé sy" correspondía a la conceptuación de la mujer en correlación con el héroe cultural del cultivo. La imposición de los nombres antiguos significaba restablecer la creencia en las almas reencarnadas de los antepasados y el dominio del propio shaman por cuanto a él correspondía el rol de identificar el nombre del alma reencarnada. La quema de vacas y perros simbolizaba el rechazo guaraní de la nueva cultura hispana; al hablar de la formación de los nuevos pueblos, ya hemos indicado los desórdenes producidos en las comunidades guaraníes por la vecindad de las nuevas estancias, siendo sus sembrados, base de sus subsistencia, en constante peligro de destrucción. Tales agitaciones shamánicas solían provocar una psicosis general e inducir a las sublevaciones o a la búsqueda de nuevas tierras; la organización de la sublevación armada dependía de los caciques, jefes de las comunidades, agrícolas y guerreros a la vez. En las juntas guerreras no todos los jefes coincidían en los intereses, y su misma reacción a la agitación de Overá resultó dividida por la irregularidad periódica de acciones rebeldes. Disentían los jefes Curemó y Urumbiá, representando el uno a "tapyy mirí" y el otro a "tapyy guasú", comunidades, al parecer, idénticas con Tanimbú mirí y Tanimbú guasú que constan en el acuerdo de Ortega con los oficiales reales (599). Las disidencias de los jefes se debían en gran parte a que algunos grupos guaraníes preferían amistad con españoles con tal de no ser devastadas sus comunidades, y por esto no incurrieron en rebelión en armas, aunque eran participantes del ceremonial exigido por Overá. Los rebeldes bajo el mando del jefe guerrero Guaycará fueron vencidos en Ypanenté por la expedición de Garay; en esta ocasión se aglomeraron varias "casas-pueblos" en los nuevos pueblos.

 

Las inquietudes continuaron todavía en los primeros 20 años del siglo XVII; las diferentes interpretaciones de las ordenanzas de Alfaro motivaron algunas inquietudes también entre los guaraníes comarcanos de Asunción; en las tierras más lejanas, las agitaciones eran más libres. Las jornadas de pacificación entre los tebicuarenses y paranáes continuaban; rompieron finalmente los españoles la resistencia activa de los guaraníes de Acaay y Tebicuary; muchos pueblos se despoblaron, muchos se retiraron a los montes, otros grupos fueron incorporados a los pueblos ya establecidos según el nuevo orden hispano-guaraní, dándose así también el origen de los pueblos de Yuty y Caazapá; éstos siempre mantuvieron su carácter levantisco; Hernandarias, según la carta de 1607, preparaba una jornada de castigo contra ellos, pero medió F. L. de Bolaños, comprometiéndose a sosegar a los guaraníes y obtener que los retirados en los montes volvieran a las nuevas reducciones establecidas (600).

 

Los pueblos de "Río arriba" seguían inquietos y ofrecían una resistencia pasiva a los nuevos pueblos con sus retiradas periódicas y parciales a los montes, según consta en el informe de P. Hurtado de 1616, cuando visitó Ypané, Guarambaré, Jejuí, Atyrá y Pericó de los Ñuguáras. Agitaba a los guaraníes otro shaman, llamado en los documentos "santillo Paytará" (601); aunque su agitación era bastante intensa y generalizada, no provocó una sublevación con armas. El nuevo agitador shamánico proclamaba que habría resucitado un antiguo shaman Tanimbú, hablando desde vientre de una india y que sería "dios bajado del cielo", reclamando la vuelta a las antiguas costumbres; el concepto de almas reencarnadas de los shamanes y el concepto del "feto parlante" o "del alma parlante" según el mito de los Gemelos, se conjugaron con cierto matiz de la idea cristiana del Dios encarnado. El P. Ruíz de Montoya en su Conquista espiritual también habla de los shamanes muertos a quienes se atribuía "el hablar"; debe así interpretarse que estos conceptos fusionados y heterogéneos representaban un "arma" casi general en la resistencia que los shamanes ofrecían a la nueva realidad socio-culturo-religiosa. Como todas las agitaciones, también ésta implicaba la costumbre de "retos, sermonías, bailes, fuegos y cantos", que es, incitación, magia de oratoria y psicosis colectiva por medio de las danzas "sagradas". La imposición del nuevo nombre se coligaba con el rito de la perforación de labios y el uso de labrete, interpretándose como una expresión externa de la "guaranidad" en aquellos tiempos que los guaraníes sujetos ya a los españoles abandonaron el labrete y aceptaron nombres cristianos. Para contraponerse a los matrimonios concertados bajo el dominio hispano-cristiano, Paytará empleaba el método de cambiar mujeres casadas, también a título de vuelta a las antiguas costumbres. No faltaba a su agitación shamánica la garantía evocada de los seres mitológicos de diluvio, rayos y seres animales que interpretaban cataclismas cosmogónicos. La sublevación armada no se produjo. La dispersión de los itatines por los ataques de los bandeirantes y luego los asaltos continuos de los chaqueños rendían inútiles los esfuerzos de resistencia e implícitamente obligaban a los guaraníes a buscar la amistad de los españoles.

Una vez aglomerados los guaraníes en los pueblos administrados, difíciles fueron los alzamientos, aunque no faltaron algunos alborotos. Cuando el gobernador Blazquez de Valverde realizó su visita a Caazapá y Yuty en 1657, los guaraníes se alborotaron, protestaron contra el empadronamiento y tomaron armas; los dominaba el temor de la saca de indios de los pueblos para diferentes obras públicas y beneficios de yerba; el cura doctrinero logró aplacar el alzamiento y el pueblo no sufrió castigo alguno, hecho que luego se mencionaba como negativo y de mal ejemplo en ocasión del alzamiento de los guaraníes de Arecayá (602).

 

Dimensiones mayores tuvo la revuelta del pueblo Arecayá, cuando estaba de visita el gobernador Sarmiento de Figueroa en 1660. En el juicio de Residencia que se formulaba al mencionado gobernador, la pregunta Nº 20 se refería a los suceso de Arecayá en el tono siguiente: "si ocasionó el tumulto de los indios con sus tratamientos o dió lugar a algunas personas de las que le acompañaron a que ocasionasen con demasías a dichos indios..." (603). Unicamente se anotó la respuesta del testigo cap. G. Rivas Gavilán, ya que el oidor de la Audiencia, Lic. P. de Roxas y Cuna, dio orden de suspender dicha pregunta; Rivas Gavilán expresó respecto los arecayenses lo siguiente: "... que los dichos indios tenían de muchos años antecedentemente prevenido el dicho motín y que se prueba vastamente con que en el se hallaron gran número de indios de otros pueblos muy distantes y Monteses que menos estando prevenidos con tiempo no se pudieran haber hallado en la ocasión del dicho alzamiento..." (604). Los arecayenses siempre fueron considerados rebeldes y levantiscos por los mismos pueblos comarcanos guaraníes. El procurador general de la ciudad, J. de Vallejo Villasanti, al objetar la cédula real que prohibió el castigo de los arecayenses con yanaconato, cita sus frecuentes retiradas a los montes y el esfuerzo que F. Zorilla del Valle tuvo para hacerlos volver al pueblo (605); también en una certificación de méritos para la obtención de la encomienda del Srgt. M. Duarte consta la referencia a tres alzamientos de este pueblo, debiendo ser influidos por las agitaciones shamánicas (606). En 1650, el gobernador Garabito de León trató de poner fin a su rebeldía por medio de trasladar a los arecayenses cerca de la ciudad, pero ninguno de los pueblos comarcanos accedió a aceptar su incorporación (607). En la defensa de la desnaturalización del pueblo, el gobernador aludió a que "...de guerra se levantaron y conspiraron, tomaron las armas, mataron e hirieron muchos españoles...", y, "... porque los dichos indios de Arecayá han hecho muchas conspiraciones contra los españoles y naturales de la dicha provincia, muertes y robos..." (608). La revuelta de Arecayá tuvo su importancia; aunque local, suponía la combinación con los independientes monteses, creando el estado de alarma por la influencia que pudiera tener la revuelta sobre otros pueblos, especialmente Caazapá, Yuty y Atyrá, pueblos que más sufrían por la Continua saca de indios. El mismo corregidor del pueblo Areacayá, Rodrigo Yaguariguay, fue el jefe de la revuelta, luego de haber sido castigado con muerte el cacique Ñambuaí, considerado como el primer instigador a la rebelión. Los guaraníes defendían en esta ocasión la integridad ya del nuevo pueblo, del "táva" colonial con la economía basada en la agricultura; rechazaban las obligaciones que causaron la dispersión de los indios fuera de su natural; negáronse trabajar en la construcción de presidios, como el de Tapúa, en aquellos años de constante peligro "guaycurú", y negábanse también a prestar el servicio de mita por haber sido muertos varios indios en el camino hacia las casas de sus encomenderos. Algunos caracteres propios de las anteriores agitaciones shamánicas se reflejan en la negación de matrimonios cristianos y confesión; los arecayenses querían la libertad económica basada en la familia social guaraní antigua y libertad de sus prácticas ceremoniales, de donde el miedo a delaciones. La última resistencia activa de los guaraníes fracasó; el gobernador Sarmiento de Figueroa dio orden de yanaconizar a los comunes de Arecayá, "... por falta a la fidelidad y obediencia Real y a la obligación de cristianos..." (609). Los caciques responsables de la revuelta fueron ajusticiados; en Asunción se celebró "el feliz suceso de Arecayá" (610).

Desde entonces, la resistencia de los guaraníes solamente pudo ser pasiva: huidas de la provincia, dispersiones por los montes, omisiones del servicio, ineficiencia en los trabajos; las inquietudes que se manifestaron ocasionalmente en alguno que otro pueblo, tenían ya el simple carácter de tumultos pueblerinos.

 

NOTA: Los capítulos: Educación, Doctrina, Psicología, serán incluidos en el tomo 4: "Fundamentos de la plasmación cultural hispano-guaraní".

 

NOTAS:

577) Aguirre, Juan Francisco: "Diario del Capitán de Fragata de la Real Armada"..., en RBNB; ts. 18 y 19; año 1949, 1950. Buenos Aires. I; p. 158.

578) Aguirre, Juan Francisco: "Diario del Capitán de Fragata de la Real Armada"..., en RBNB; ts. 18 y 19; año 1949, 1950. Buenos Aires. I; p. 199.

579) Correspondencia y órdenes del gobernador Domingo Martínez de Irala., Carta de Irala a S.M. el Rey; 1 de Marzo de 1545; Lafuente-Machain; p. 453.

580) Schmidl, Ulrico: Crónica del viaje a las regiones del Plata, Paraguay y Brasil. Versión del Manuscrito de Stuttgart. Buenos Aires, 1948; p. 203.

581) Datos de los cronistas.

583) Schmidl, Ulrico: Crónica del viaje a las regiones del Plata, Paraguay y Brasil. Versión del Manuscrito de Stuttgart. Buenos Aires, 1948; p. 207.

584) Lozano, P. Pedro: Historia de la Conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán. Buenos Aires, 1873-1874., 1, 2, c. 9; Ruy Días de Guzmán: Historia argentina [Anales...] del descubrimiento, población y conquista del Río de la Plata. Buenos Aires, 1943., 1. 2, c. 2; Az-H; p. 285.

585) Schmidl, Ulrico: Crónica del viaje a las regiones del Plata, Paraguay y Brasil. Versión del Manuscrito de Stuttgart. Buenos Aires, 1948; p. 209/211.

586) Schmidl, Ulrico: Crónica del viaje a las regiones del Plata, Paraguay y Brasil. Versión del Manuscrito de Stuttgart. Buenos Aires, 1948; p. 305.

587) Aguirre, Juan Francisco: "Diario del Capitán de Fragata de la Real Armada"..., en RBNB; ts. 18 y 19; año 1949, 1950. Buenos Aires. I; p. 169.

588) Rev. "El Archivo Nacional"; a. I; Nos. 17; 1900-1902. Juan Gallegos es condenado en 6 cuñas por haber quebrantado los bandos del gobernador. Oct. 17, 154.. ; I/12. p. 426 ctd.

589) Schmidl, Ulrico: Crónica del viaje a las regiones del Plata, Paraguay y Brasil. Versión del Manuscrito de Stuttgart. Buenos Aires, 1948; p. 311.

590) ibidem, p. 321.

591) Lozano, P. Pedro: Historia de la Conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán. Buenos Aires, 1873-1874., 1. 2; c. 13; Az-H, p. 301.

592) Schmidl, Ulrico: Crónica del viaje a las regiones del Plata, Paraguay y Brasil. Versión del Manuscrito de Stuttgart. Buenos Aires, 1948; p. 323.

593) Colección Garay. Colección de documentos relativos a la historia de América y particularmente a la historia del Paraguay. Asunción, 1899. Relación de las cosas que han pasado en la Provincia del Río de la Plata desde que prendieron al Gobernador Cabeza de Vaca; 1556; p. 261.

594) Lozano, P. Pedro: Historia de la Conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán. Buenos Aires, 1873-1874., 1. 3; c. 3; Ruy Días de Guzmán: Historia argentina [Anales...] del descubrimiento, población y conquista del Río de la Plata. Buenos Aires, 1943., 1. 3, c. 8.

595) Aguirre, Juan Francisco: "Diario del Capitán de Fragata de la Real Armada"..., en RBNB; ts. 18 y 19; año 1949, 1950. Buenos Aires. I; p. 199.

596) ibidem, p. 210.

597) Lozano, P. Pedro: Historia de la Conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán. Buenos Aires, 1873-1874., 1. 3, c. 10; Az-H; p. 361.

599) Aguirre, Juan Francisco: "Diario del Capitán de Fragata de la Real Armada"..., en RBNB; ts. 18 y 19; año 1949, 1950. Buenos Aires. I; p. 170.

600) Cartas y Memoriales de Hernandarias de Saavedra. Informes del primer gobernador criollo del Río de la Plata al Rey de España y al Consejo de Indias. RBNB; t. I, año 1937; Carta de Hernandarias al Rey; 4 Mayo de 1607; p. 131.

601) Documentos del Archivo Nacional de Asunción. Sección: NUEVA ENCUADERNACIÓN-229; f. 4.

602) Documentos del Archivo Nacional de Asunción. Sección: NUEVA ENCUADERNACIÓN-478; f. 123; y Documentos del Archivo Nacional de Asunción. Sección: HISTORIA-24; Número 3; f. 7.

603) Documentos del Archivo Nacional de Asunción. Sección: NUEVA ENCUADERNACIÓN-263; f. 1-15.

604) ibidem, f. 12.

605) Documentos del Archivo Nacional de Asunción. Sección: HISTORIA-24; Nº. 3; f. 7.

606) Documentos del Archivo Nacional de Asunción. Sección: NUEVA ENCUADERNACIÓN-23; f. 44.

607) Aguirre, Juan Francisco: "Diario del Capitán de Fragata de la Real Armada"..., en RBNB; ts. 18 y 19; año 1949, 1950. Buenos Aires. II; p. 409.

608) Documentos del Archivo Nacional de Asunción. Sección: HISTORIA-24; Nº. 3; f. 3.

609) Documentos del Archivo Nacional de Asunción. Sección: NUEVA ENCUADERNACIÓN-23; f. 44 ctd.

610) Documentos del Archivo Nacional de Asunción. Sección: HISTORIA-24; Nº. 2; f. 3.

 




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