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Sebastián Díaz

  MELÓN


MELÓN

Óleo sobre tela

Colección privada

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COMENTARIO SOBRE EL ARTISTA

Fuente: http://www.sebastian-diaz.com/huguenet.html

 

LA TIERRA DEL PARAGUAY ES SU PALETA.

** Que el vegetal es la forma primordial de la vida, de la punta de su pincel y desde el fondo de su paleta, Sebastián Díaz nos lo recuerda en cada una de sus telas. Con una fuerza cada vez más austera y luminosa todo a la vez. Lo que estaba ya latente en las primeras obras que vi de él en Paris, hace cerca de tres años, esas granadas listas a hacer reventar sus semillas, esos pomelos enormes y suficientes como prevaricadores a hitos sonados (o tal vez pesaclillados!?) por Botero, esas manzanas en dialogo mudo con una guitarra sin maestro, adquieren ahora una fuerza sublime, como si fueran aún más seguras de sí mismas y mas dominadoras en las telas que últimamente nos presenta el artista de Concepción, en la Galería Belmarco de Ñane Retã Guasu Porã.

Esta vez, sacando ventaja de dimensiones más vastas, tal un general encontrando su mesura en la desmesura de las grandes batallas, las que aportan una respiración acrecentada a su "locura de pintar", Sebastián Díaz nos hace saborear con la vista melones lunares cuyo cuarto faltante parece haber sido proyectado hasta el fin del firmamento, mangos obesos contemplando desde su propio cuadro en los cuadros, en forma de palco real, humildes pomelos doblegados bajo sus ponderables sobrecargas, y se atreve - al fin - a lograr un salto sin elástico del vegetal al mundo de la vida acuática. Permaneciendo fiel a su sed de naturaleza muerta, esta vía obligada del axesis pictorica que siguieron antes que él, en sus bodegones, Zurbarán, Chardin, Corot, Picasso y todos los grandes holandeses del siglo de oro. No está su anchoa - un nombre que en español tiene múltiples significaciones para un Paraguayo - tanto como su piraña (un vocablo guaraní de resonancia universal, esta vez), suspendido de un hilo de pescar que hace al mismo tiempo de cuerda de ahorcado! Ahora bien, se sabe desde lo más profundo de la Edad Media, que trae la suerte a quien posee uno de sus jirones. Como que la vida pasa siempre por la muerte de los otros, no es eso cierto, Sebastián?

Todo esto, y aún mucho más, está contenido en la obra que se está elaborando del más telúrico de los pintores Paraguayos concebido entre Bahía Negra y Paso de Patria. Un artista nacido de esta tierra arcillosa de Horqueta, arriba cerca de Concepción, que a su vez da vida con la mano y el saber, transmitido de generación en generaciones de escultores, a estas humildes y puras vasijas, que ya creaban los Guaraníes sin ayuda mecánica, nace dos mil años, y que Sebastián Díaz hace resurgir hoy en sus telas con su pincel inspirado. Marcando así el paso del vegetal hacia el mineral sublimado por el gran talento de un hombre sencillo. Tal es el sentido, según mis ojos y sin duda también de los suyos, de esta singular tela bautizada "Guinea", en donde de un violín sin cuerda convertido en simple vegetal silvestre por un tiempo, surgió por la esclusa prosaica de un pomelo formando puente entre los dos elementos de la obra, una gran "gallina" guaraní, cuyas patas parecen raíces, en tanto que su pico está ya listo a tocar las estrellas del Crucero, o aún más arriba, la de la Bonanza que adorna el escudo del Paraguay entre palma y olivo..

Asombroso Sebastián Díaz, cuyo nombre evoca las flechas que atraviesan un mártir y el apellido del mas gigante de los mitos ibéricos, ese Cid que supo ser más peligroso para sus enemigos muerto que vivo! Como la piraña de la tela de nuestro pintor, quién sabe!? De toda evidencia, hay ya una parcela de genio en este artista y está en ofrenda a los que serán aptos para descubrir hay merecerla. Es esta cimiente que se visualiza en las heridas de sus grandes frutos con los costados abiertos sobre un futuro teñido de melancolía y de alegría a la vez. Aquí están en la calle Brasil de la ciudad de Asunción, cuadros hechos para paredes de cal austera de residencias coloniales y de reducciones jesuíticas - el Dr. José Gaspar de Francia los hubiera apreciado, estoy seguro - más que para los palacios de brocato de los ricos improvisados. En fin, esas suntuosas telas son como las mujeres, las mas naturalmente bellas, ellas se bastan a sí mismas! Por su pureza sensual y su liricismo salvaje. Como esta tierra del Paraguay, que constituye la paleta de Sebastián Díaz, riega su fascinante belleza a los rayos de un sol omnipotente y capricorniano. ( Mathieu HUGUENET - Asunción, Noviembre de 1993 )

**/**

THE EARTH OF PARAGUAY IS HIS PALETTE

** With the tip of his paintbrush and from deep in his palette, Sebastian Diaz reminds us that the vegetal is the primeval form of life . With a force evermore austere and luminous, all at once.

What was already present in he first works of him that l saw in Paris, some three years ago, these pomegranates ready to burst into seed, those enormous, satisfying grapefruit, as surfeited prevaricators in dreams (or nightmares, perchance?) of Botero, those apple in silent dialog ue with a guitar lacking a virtuoso, now achieve a sublime force, as if more sure of thems elves and more dominant that the artist from Concepcion now presents us at the Belmarco Gallery from Nane Beta Guasu Pora, (Asuncion, in the guarani language). This time, drawing advantage from the much larger dimensions of his paintings, like a general finding his own greatness in the enormity of great battles which give a quicker breath to his "painting mad ness", Sebastian Diaz makes us taste with our eyes moonlike melons whose missing quarter seems to have been launched to the end of space, fat mangoes gazing from their own place in the paintings as if from the balcony of royalty, humble grapefruit bent down to earth by their perceptible overload, and he dares — at last- to venture into a springless leap from vegetal to aquatic life. Keeping faith in his thirst for still life, he probes the appointed path of pictorial aegis followed, before him,

by Zurbarán, Chardin, Corot, Picasso and all the great Dutch of the Golden Age ls not his anchovy — a name that, in Spanish, has multiple meanings for a Paraguayan-, as much so as his piranha (a guarani word with universal resonance this time) suspended from a thread that may, at the same time, be a hangman's rope'? Now, it is a well known fact from the depth of the Middle Ages, that it brings good fortune to him who possesses a shred. As life always passes by the death of others, Isn't it so, Sebastian?

All ofthis, and much more, is contained in the work that is burgeoning from the most telluric of all Paraguayan painters conceived between Bahia Negra and Paso de Patria. An artist born from the clayey soil of l-lcrq ueta, close to Concepcion, which itselfgives life by head and hand, passing on from generation to generation of scuptors those humble and pure vessels that, in their time, the Guaranies crated without mechanical help, more that two thousand years ago, and that Sebastian Diaz today brings forth on his canvasses with his inspired paintbrush.

And so marking the passage from vegetal to mineral, sublimated by the great talent of a plain man.

That, to my eyes. and undoubtedly to his as well, is the sense of this singular painting titled "Guinea", in which a cordless violin converted

fora time into a simple wild plant, breaks outthrough the lock ofa prosaic grapefruit to lay a bridge between the two elements ofthe paintings, a greatGuarani Chickenwhose feet resemble roots while its beakis setto pickon the stars ofthe Southern Cross, or beyond, that of Tranquillity that embellishes the coat of arms of Paraguay, between palm and olive branches.

Amazing, Sebastian Diaz, whose name brings to mind the arrows that irnpale a martyr and his surname that ofthe greatest of l berian myths, that Cid who became more dangerous to his enemies dead that alive. Like the piranha from our painter's canvas, who can tell'?

Evidently, there is a parcel of genius in this artist, and that is offered to those who are able to discover and deserve it, That is the seed to

be seen inthe wounds of the great fruits whose sides have been opened to a future tinted with melancholy and happiness at the same time, Here, at Calle Brasil ofthe city of Asuncion, are paintings made for the lime covered walls of colonial residences and Jesuit settlements.

Doctor Jose Gaspar de Francia would have appreciated them, I feel assured , more than forthe brocaded palaces of the nouveau riche.

ln sum, they are like the most naturally beautiful women, they are sufficient into them selves Fortheir sensual purity and their savage liricism!

Just as the soil of Paraguay, which Sebastian Diaz uses as his palette feeds its fascinating beauty from the rays of a Sun all powerful and capricornian. ( Mathieu HUGUENET - Asunción, November, 1993)

 

 

 

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