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MOISÉS SANTIAGO BERTONI


  TERCERA CONFERENCIA - PREHISTORIA Y PROTOHISTORIA DE LOS PAISES GUARANÍES (Por MOISÉS BERTONI)


TERCERA CONFERENCIA - PREHISTORIA Y PROTOHISTORIA DE LOS PAISES GUARANÍES (Por MOISÉS BERTONI)

PREHISTORIA Y PROTOHISTORIA

DE LOS

PAISES GUARANÍES

 

 

TERCERA CONFERENCIA

 

Honorables caballeros:

Queridos jóvenes y alumnos del Colegio Nacional:

Permitidme que os conteste, con palabras muy sencillas la manifestación de que he sido objeto. Digo muy sencillas porque los grandes sentimientos no se pueden expresar sino con frases muy concisas.

Yo conozco todo el valor de esta manifestación y os la agradezco infinitamente, no porque se dirige a mi humilde persona, sino por su significación: tal vez alguno de vosotros se haga ilusión a este respecto, pero lo que significa es el pensamiento en el porvenir de la patria.

Las palabras que pueda haber pronunciado este vuestro servidor, os han entusiasmado, no por ellas mismas, un por la persona que las pronunciara, sino por el objeto que encerraban.

Habéis comprendido lo provechoso que puede ser para vuestra patria el estudio de las cosas del pasado, que tanta luz reflejan sobre el presente y permiten un pronóstico para el porvenir; habéis comprendido el valor que los estudios científicos pueden tener en todas las discusiones, y en solución de los más grandes problemas nacionales; os habéis entusiasmado y os lo agradezco mucho y bien sinceramente, porque ese era mi objeto, el fin que yo me proponía, y no solamente veo que lo he conseguido, sino que lo he conseguido más allá de mis esperanzas. Esto es una promesa para el porvenir; en vuestras manos está el porvenir del país, por vuestra boca habla el porvenir de la patria.

Y bien; lo que ésta espera es que muchos de vosotros os dediquéis con el mayor cariño y con el entusiasmo de hoy, con ese santo entusiasmo, que yo deseo no decaiga nunca, al estudio de las cosas del país, de los documentos vivos, y los del pasado; de todo lo que pueda traer luz y abrir camino a la verdad; y especialmente de lo que pueda ayudar a la solución de los problemas sociales e históricos de la patria que nos es común, ya sea natural, ya adoptiva. Una vez más os lo agradezco por lo que significa y os felicito por las grandes esperanzas que eso despierta para el porvenir. (Grandes aplausos).

Olvidaba decir que esta manifestación y este obsequio son para mí el mayor estímulo para que yo persista sobre la vía que desde un cuarto de siglo me he trazado, y persiga la solución de los problemas que he abordado, si es que mis fuerzas me ayudan, para desarrollar todo el plan que me he propuesto al pisar esta hermosa tierra. Este es el mayor estímulo que he tenido y no deseo otro, porque no puede haber otro que toque más el corazón.

Me habéis pedido para que en esta ocasión continuara explayándome sobre el mismo argumento o argumento parecido al de mi conferencia anterior.

Con el mayor gusto lo hago y me apercibo, después de haberme trazado un programa, que muy poco sería una conferencia para hablar de todo lo que no he dicho al respecto.

En apoyo de la tesis que he presentado, existen tantas pruebas o tantos indicios vehementes, que es imposible desarrollarlos todos en una ni en dos conferencias, ni tal vez en mayor número de ellas. Sin embargo, como no tengo esa pretensión, ni puedo tenerla, porque una cosa es una obra completa y otra una conferencia, seguiré el mismo sistema, trazando a grandes rasgos los capítulos que constituyen en mi obra la parte referente a la antropología del Paraguay.

En la última conferencia, he presentado numerosas pruebas al respecto de la existencia de una verdadera civilización guaraní, en tiempos más o menos remotos, la cual se ha prolongado bajo ciertas formas en tiempos muy recientes, y aún persiste hasta cierto punto en la actualidad.

No siendo posible en estas conferencias exponer detalladamente todos los hechos comprobantes, no puedo prever todas las objeciones que podránse hacer, y contestarlas. No obstante, creo conveniente rebatir de antemano algunas que seguramente podrían presentarse a esta tesis. Se puede objetar, por ejemplo (cosas verdaderamente de no mucha importancia, y por ahí empiezo) la no existencia de grandes ciudades, como las que suele haber en todos los pueblos civilizados.

De esta no existencia he dado una explicación en la conferencia pasada. Depende en parte del ambiente en que se había desarrollado la mentalidad y la civilización guaraní, y en parte, de una fatal creencia religiosa. Sin embargo, esta ausencia deja mucho de ser completa, como se cree. Estudiando atentamente los documentos antiguos, y sobre todo las memorias de los primeros exploradores del continente sudamericano, ya que los exploradores posteriores no han podido encontrar a veces sino ruinas, consultando esos documentos primitivos, se encuentra que existían en la región habitada por los guaraníes centros de poblaciones que bien se podían comparar con las ciudades que existen en la época actual. Así encontramos, que, tanto en la costa como en el interior del Brasil, en Amazonas, Matto-Grosso, Alto Paraná, y hasta en el mismo Paraguay, existían poblaciones a las que los primeros descubridores atribuíanles una población de 5, 10, 15 hasta 20 mil habitantes. Tenemos algunos datos sobre la construcción de los edificios, la distribución y el alineamiento de las calles, muy regular, y otros que demuestran que aquéllas debían considerarse como ciudades verdaderas, y no eran un amontonamiento de casas o ranchos, sino verdaderas poblaciones urbanas, trazadas sobre un plan preconcebido y siguiendo órdenes y leyes preestablecidas. Lo cual prueba que, a pesar de las preocupaciones religiosas, que obligaban frecuentemente a mudar de residencia cuando fallecían los hombres más o menos importantes de la tribu, no obstante eso, las necesidades de la vida social ya venían imponiéndose y ya venía preparándose una evolución, la que, habiendo podido durar unos siglos más, os hubiera presentado ciudades como las había en aquella época en el resto del mundo civilizado. Así es que esa ausencia es más aparente que real [9]. Desgraciadamente aquellas desaparecen en una época asaz lejana de nosotros, la época que empieza con el descubrimiento. Las ciudades representaban entonces el mayor peligro para los indios. Durante la guerra por la esclavitud, durante la cacería de esclavos, que atrozmente persistió durante dos siglos, toda población densa, y peor la ciudad, debía constituir el punto más vulnerable, la situación más peligrosa para los guaraníes y para todos los indígenas en general.

Ciertamente, los campos atrincherados, los pueblos fortificados como los había en el Paraguay, constituían una barrera bastante seria; pero ante el armamento europeo, ante el uso de las armas de fuego, ante ejércitos militarmente organizados, y el fácil aprovisionamiento que permitían sostener sitios muy largos, mientras las poblaciones desprevenidas, tomadas por sorpresa, se encontraban sin elementos suficientes para sostenerlos, estos baluartes poco valían. De manera que los indios llegaron a este extremo: que tuvieron que apelar al desbande en el monte, a las selvas vírgenes como único baluarte posible para su defensa contra los invasores y los cazadores de esclavos. He ahí cómo las primitivas ciudades y los pueblos guaraníes desaparecieron muy pronto. Todas, no. Hasta los últimos tiempos, me refiero al siglo antepasado, han existido fuertes poblaciones esparcidas en varios puntos, principalmente del Brasil, y cuya existencia se mantenía bajo la mayor reserva posible. De una de ellas (en el interior del estado de Bahía) seguramente, han existido todavía las ruinas durante este siglo. Sus últimos restos, ciertamente, no fueron hallados durante muchos años de exploraciones. De esta ciudad misteriosa se ha hablado muchas veces, combatiendo su existencia. Lo que no se puede probar en ciencia, debe ser puesto en duda. Pero la reunión de datos e indicios para mí hacen su existencia casi segura, pues se han encontrado ciertos documentos y hasta restos que prueban, en mi concepto, haber aquella existido (15).

Hay aun más: es muy posible que una de esas ciudades – si es que todavía se le puede dar el nombre de ciudad, pero que, cuando menos, desempeñando el puesto de capital tiene el rango de tal – es muy posible, digo, que exista todavía; y no solamente es posible, sino sumamente probable.

En toda la región forestal del Paraguay, del sur del Brasil, de Matto-Grosso, y probablemente del centro del Brasil, cada año las tribus guaraníes mandan una delegación o un representante a una capital misteriosa de toda la confederación, capital cuya ubicación no me ha sido posible hasta ahora establecer siquiera aproximadamente. A esta ciudad es severamente prohibido llegar, no solamente a los blancos, y a otra clase de indios, sino a la mayor parte de los mismos indios guaraníes, si estos no van especialmente delegados o autorizados para el efecto. A cierta distancia alrededor, están permanentemente colocadas varias guardias que impiden todo acceso a las personas no autorizadas o portadoras del pase necesario. Solamente así se concibe que hayan podido mantener la ubicación de ellas completamente secreta. Sólo sabemos que existe, pues consultando diferentes tribus alejadas unas de otras, hablando con personas que nunca han tenido comunicaciones entre ellas y mal pueden haber concertado un plan de mentiras, o con otras con las cuales se llega a confidencias, y han llegado como «parejára» o estafetero a esa capital misteriosa, los datos que dan de ellas son tan concordantes, aun en ciertos detalles, que no es posible dudar de su existencia. Si no es exactamente como la pintan, cuando menos será bajo una forma muy parecida.

Es este uno de los problemas más curiosos y más apremiantes, cuya solución, sin embargo, dependerá, sobre todo, de mucha paciencia y prudencia, visto que por la fuerza y por la violencia, cuyo empleo sería además una nueva infamia, será muy difícil resolverlo. Dadas las medidas con que los guaraníes rodean el último y misterioso baluarte de sus antiguas libertades y costumbres, no sólo habrá que proceder con tino y cordura, sino animados por aquel espíritu de justicia que faltó en otros tiempos, y de un deseo muy sincero de hacer obra de reparación generosa.

Ese pueblo central, que llaman los indios Mbaéverá Guazú [Mba'evera Guasu], se encuentra seguramente en territorio brasileño, a una distancia tal vez notable de la frontera paraguaya, pues los delegados que van a ella y los indios en general están contestes en que el viaje lleva meses.

Verdad que un indio pretendió haber ido en un mes. Supuesto que sea cierto, hay que recordar que el indio andarín sabe viajar muy rápidamente, y en casos de apuro, hacer hasta veinte leguas en un día y por más que se detenga en el camino, para cazar y hacerse de elementos, en un mes hace seguramente un camino muy largo. Es todo lo que puedo decir de la capital misteriosa, salvo los detalles de su construcción, del alineamiento de sus calles, de los edificios destinados al cacique, a las reuniones de los ancianos, al cuerpo de guardia y depósito de armamento, de la vida social, fiestas y otras costumbres, detalles cuya exactitud nadie conoce y que me llevarían muy lejos.

Otra objeción que se puede hacer a la existencia de una verdadera civilización guaraní, es la falta de un sistema numeral. Confieso que es la más seria que se puede hacer. Se dice generalmente que la numeración guaraní llegaba solamente hasta el 4 y a lo mucho hasta el 5. Si la cosa fuera verdaderamente así, la objeción sería muy grave. Efectivamente, no se concibe cómo un pueblo que ha llegado a una mentalidad relativamente superior, se quede con el sistema numeral de un pueblo inferior.

Felizmente me será fácil desvirtuar esta objeción a la luz de documentos antiguos, y aun mejor, tal vez, a la luz de modernos, o de los documentos vivos, que son los propios indios, y de los estudios hechos aquí, o que se han venido haciendo en otras partes de Sudamérica. Y bien, omitiendo los detalles, que el cuadro no permite dar, lo que resulta es lo siguiente: que no existía en el sistema numeral una uniformidad completa, como existió en otros pueblos: cada una de las naciones o grandes tribus de que se componía el mundo guaraní tenía un sistema numeral diferente. Decircada una, tal vez sea exagerado; pero lo cierto es que existieron, cuando menos, unos seis sistemas diferentes, y probablemente habrá habido mayor número.

Esta confusión hubiera sido muy perjudicial para las relaciones con los europeos. Los conquistadores, los europeos en general, los tratadistas del guaraní, sobre todo los sacerdotes, que se ocuparon desde el principio de poner al alcance de los guaraníes los misterios de la religión, han necesitado valerse de un sistema único; y no pudiendo adoptar exclusivamente el sistema numeral de una tribu que probablemente no sería aceptado por otra, optaron por el único medio que se presentaba, el de usar el sistema español desde el 5 para adelante. De ahí que la numeración antigua haya desaparecido del uso común, y quedado hasta ahora la presunción de que no existiera un verdadero sistema numeral guaraní y no haya existido nunca.

Hay otro punto, que si no es más grave, parece serlo.

Varios etnólogos han admitido que entre los guaraníes existiese la detestable costumbre de la antropofagia. Esta acusación injusta ha prosperado y se ha abierto camino dada la circunstancia en que se ha producido.

Primeramente os diré que la acusación de antropofagia, así a secas y sin entrar en detalle sobre las causas, no constituiría por sí misma, una prueba de no existencia de un estado de notable civilización. Aun diré mejor: que una civilización, no digo como la civilización cristiana, pero sí una civilización adelantada, pudo existir aun con esa costumbre; y no solamente pudo existir, sino que, cosa aparentemente absurda, ha existido. No tengo nada más que recordar los mejicanos. Como todos sabéis, en Méjico ha existido una civilización, la cual había llegado a un alto grado de adelanto en la época de la conquista. Se habían desarrollado admirablemente allí las artes, los conocimientos de la civilización en general, las ciencias principales, la administración pública, la constitución política, en fin, un conjunto de instituciones sociales que daban al pueblo mejicano un puesto muy honorífico entre los pueblos civilizados. Aun más: desde ciertos puntos de vista, los mejicanos habían dejado atrás a los pueblos de su propio tiempo, inclusive los europeos.

No puedo entrar en detalles sin prolongar demasiado esta conferencia; pero bastará que haga notar unos puntos. Tenían los mejicanos un concepto y un sentimiento de la justicia, al cual seguramente no ha llegado ningún pueblo de la tierra. Los tribunales mejicanos no tenían solamente la obligación de castigar, y la policía no tenía sólo la obligación de buscar al delincuente, sino que los administradores de la justicia tenían igualmente la misión de buscar a los que eran acreedores a un premio, por acciones generosas o servicios desinteresadamente prestados al país.

De manera que el tribunal mejicano no se limitaba, como los nuestros, a castigar, sino que tenía también la misión de premiar. Este concepto tan completo de la justicia no conozco que haya existido en ningún pueblo civilizado.

Otro dato interesante, asombroso: el primer jardín botánico de América ha sido establecido en Méjico, y allí también se vio el primer jardín zoológico. Y no se crea que tales institutos se redujesen a modestos planteles.

El jardín zoológico tenía una superficie tan grande, una serie tan rica de especies, tal número de empleados y tan buenas instalaciones, que seguramente era comparable a los mejores jardines actuales.

Aún podría agregar más: en cuanto al calendario, los mejicanos estaban ya antes de la reforma gregoriana más adelantados que los mismos europeos. Habían llegado a calcular el tiempo de la revolución solar de una manera más exacta que los astrónomos europeos, tan exactamente, que muchos años antes del descubrimiento de América hubo una conferencia de astrónomos mejicanos para resolver cómo se haría para salvar un error de 24 horas que por acumulación paulatina se iba a producir al cabo de unos cuantos siglos.

He dicho todo esto para poner en clarísima evidencia que se trataba de un pueblo altamente civilizado. Sin embargo, ese pueblo, debido a sus creencias o supersticiones, sacrificó a la detestable costumbre de la antropofagia. Varios otros ejemplos hay, a cual más elocuente, de pueblos relativamente adelantados, y más o menos antropófagos a la vez.

Pero no necesitamos apelar a ese argumento. Pues la antropofagia nunca ha existido entre los verdaderos guaraníes que constituían, como he dicho, la aristocracia del grupo guaraniano. Esta afirmación se puede sostener con un gran número de pruebas. Hasta es el caso de preguntar: ¿cómo ha podido suceder tamaña equivocación, es decir, que se atribuyera a los guaraníes tal costumbre?

Primeramente, diré que había cierto interés en deprimir a la raza indígena, interés unánime entre los europeos que habitaban estos países.

Los civiles y el gobierno civil tenían un interés especial desde el punto de vista de la esclavitud, en el Brasil y otros países, y de las «encomiendas» en el Paraguay. Cuestión de intereses.

Se sabe que ordenanzas especiales establecían, o las costumbres admitían como lógico, que el indio antropófago podía ser sometido por la fuerza, reducido a esclavitud y matado sin compasión si se resistía. Por tanto había un interés inmenso en poder acusar a todos los pueblos de Sudamérica de ser antropófagos. Como consecuencia, se hizo de esta tacha un abuso evidentísimo.

Es lo que ha pasado poco más o menos en todas partes. Con excepción de muy pocos, todos los pueblos de Sudamérica han sido acusados de antropófagos y agrego los de Centro América. En todas partes existía ese interés, difícilmente confesable, pero, con todo, explicable, y que ha tenido una influencia muy grande sobre las creencias que han quedado entre las personas que no van a la fuente, que no averiguan el origen de las cosas.

Las mismas autoridades religiosas, durante la fundación de las Misiones y tiempos después (no me refiero precisamente a las autoridades religiosas del país, ni mucho menos a los apóstoles que con tanto sacrificio realizaron la obra muy humana, en todo caso, y desde el punto de vista católico muy santa, de la reducción de los guaraníes) se dejaron ir a exagerar los defectos del estado de civilización de los guaraníes, por una debilidad muy natural, o una sugestión que no implica mala fe, sino imperfecto conocimiento o mala interpretación de hechos y escritos.

Es claro que, proclamando a estos guaraníes como pueblos bárbaros, salvajes y antropófagos, el mérito de aquellos apóstoles quedaba aparentemente muy aumentado. Es en Europa, desgraciadamente, donde los apologistas, no obstante tener mucha razón de ensalzar los méritos de estos apóstoles, han ido a exagerar los defectos que podían tener los pueblos guaraníes, confundiéndolos frecuentemente con otros, no solamente respecto a la antropofagia, sino a otras cosas también.

Esto se explica muy naturalmente. Poro cuando se recurre a las fuentes, se lee y estudia a Montoya, Lozano y otros que sólo relatan lo que han visto, queda uno perfectamente convencido de que tal acusación pierde su valor y no puede resistir al estudio de todos los documentos antiguos, anteriores a Ruiz de Montoya.

Los primeros descubridores del Brasil hacen referencia a la antropofagia, pero generalmente no se refieren a los pueblos verdaderamente guaraníes, sino a otros pueblos, de los cuales, algunos, seguramente, han hablado el idioma guaraní. Pero ya os he explicado que una cosa es raza y otra cosa es pueblo y lengua.

Pertenecían o eran dominados por los guaraníes, pueblos que ahora se llaman guaranizantes, de otra raza, de índole distinta y que tenían otras instituciones sociales, pero que habiendo sido sometidos por guaraníes, ya sea por la fuerza, ya por el influjo natural de una civilización relativamente superior, habían adoptado el idioma guaraní.

Tales pueblos habían conservado naturalmente una parte de sus costumbres antiguas, y entre ellas algunas malas. Así los Charrúas se mutilaban las manos cada vez que moría un miembro de su familia. Otras costumbres bárbaras conservaban en el Brasil los pueblos que sólo eran guaranizantes, considerados por los otros como de una clase inferior. Es posible que ciertas tribus, que eran guaraníes verdaderos, pero considerados por los otros como más atrasados, hayan tenido en ciertas épocas la bárbara costumbre de la antropofagia, pero nunca la ha tenido el grupo de pueblos que en la pasada conferencia me he permitido llamar laaristocracia de la raza guaraní, los cuales constituían el núcleo intelectual que nos interesa.

Pero, aun donde verdaderamente parece haber existido, es decir, entre los aludidos pueblos guaranizantes, la antropofagia no llegó nunca a ser costumbre. De entre todos los guaranianos (no digo guaraníes) la nación que más generalmente fue acusada de haberse dejado llevar hasta la antropofagia, es la caraíbe, y tan lejos la leyenda fue que varios escritores emplearon la voz «caribe» o caraíbe, como sinónimo de antropófago, aplicándola como calificativo a varios pueblos de Sudamérica y aun de las cercanías del Paraguay, acusados de ser tales.

Felizmente, «es de todo punto probable – según Washington Irving, el historiador de Colón – que tal pintura que se ha hecho de esta raza singular, haya derivado su triste colorido del miedo de los indios y de las preocupaciones de los españoles. Eran los caraíbes el horror de aquéllos y la pesadilla de éstos. Las pruebas que se presentan de su canibalismo deben juzgarse con mucha circunspección... Era usanza general entre los naturales de muchas islas y varias partes del Nuevo Mundo, conservar los restos de los difuntos, a veces todo el cuerpo, otras la cabeza o algún miembro disecado. Estos restos, cuando se encontraban en las moradas de otros indios contra quienes no existía semejante preocupación, se miraban regularmente como reliquias conservadas por afecto o reverencia, pero si se hallaban entre los caraíbes, se miraba con horror, como prueba de canibalismo.»

Pasando a otro asunto, diré que cierto público no estará lejos de insinuar una objeción, que no sería tal, primeramente por ser un argumento sin valor, y en segundo lugar por ser hija de preocupaciones «nostratocéntricas» poco serias. Esta tocaría al tipo físico, tan poco y generalmente tan mal conocido fuera de aquí.

Existía en toda la serie de pueblos que constituyeron el grupo guaraniano, como en la serie de pueblos que formaron parte del grupo y de la confederación guaraní, una multiplicidad de tipos físicos. Esto existe en todas las razas humanas, por diferentes razones. Primeramente, porque ninguna raza actual está constituida por un tipo único, debido a los cruzamientos que han sido más o menos numerosos desde épocas remotas. En segundo lugar, por la razón de que en toda raza existe una serie de fisonomías que es error tomar por tipos, y por fin, en el mismo tipo o raza, aparecen formas diferentes, por mutación, reversión o atavismo, que pueden alejarse mucho del tipo normal.

No obstante, en la serie de naciones y tribus que constituyeron la aristocracia del pueblo guaraní, el tipo físico ha sido reputado como uno de los más hermosos de América.

Los primeros descubridores y mas entendidos observadores del Brasil, y precisamente los primeros que con especialidad estudiaron las razas indias de ese gran país, declararon que existían entre los guaraníes tribus cuyo tipo físico igualaba y hasta podía aventajar en algo al de los europeos. Los que menos, conceden que había en esa población mujeres hermosas y hombres bien puestos y de facciones regulares. El principal de aquellos exploradores ha dicho que en una ciudad o gran pueblo que acaba de visitar, había visto mujeres cuya belleza podía rivalizar con la de las más hermosas de Lisboa.

Los europeos que visitaron la región del Guairá, reconocen que en esas regiones existían pueblos guaraníes que, si no fuera por la situación geográfica, y no existir ninguna memoria protohistórica, se hubiera dicho venidos de Europa, por la semejanza de tipo con ciertos europeos meridionales, particularmente con los españoles.

En el Norte del Paraguay ha sido siempre reputado el tipo físico de los itatines y tobatines, de sus descendientes actuales del Paraguay y los chiriguanos, que son los descendientes de ellos en Bolivia y en el extremo occidental del Chaco. Es evidente, por lo que se dejó escrito, que entre los carios del centro de este país, no obstante su mezcla étnica, había hermosos tipos.

En Matto Grosso existían los jarayés, los guarayos y varias otras poblaciones guaraníes de semblante nada afeado. Los guarayos a que me refiero, pertenecían a la aristocracia de los pueblos guaraníes, por más que se haya dalo también el nombre de guarayos a una parcialidad de guayanáes, han sido alabados por su tipo físico hermoso.

Hay otros argumentos que apoyan la existencia de una civilización guaraní, y estos son mucho más poderosos que lo que podían ser las objeciones referidas: primeramente extensión de la lengua.

Es imposible concebir que la lengua de un salvaje se extienda a todo o a la mitad de un gran continente, como es el sudamericano.Es imposible, digo, porque no existió ningún otro ejemplo ni en el mundo antiguo ni en el mundo moderno. Al contrario: todos los idiomas de los pueblos verdaderamente primitivos, de los pueblos inferiores en estado de civilización, se habla por un número de tribus muy reducido, o por una sola, al punto que el número de las lenguas llega, en otras regiones de América, y en partes de África y en Asia, a un número enorme. Todo lo contrario pasa con la lengua guaraní, que no solamente se ha extendido a una gran parte del continente, sino que a pesar de las grandes distancias, se ha mantenido en una unidad admirable: es un signo de antigua civilización muy elocuente.

Otro signo, más elocuente aún, es la influencia que esta lengua ha tenido sobre las otras naciones no guaraníes ni guaranianas, de raza completamente distinta, como los pampeanos de D’Orbigny, los goyatacás, tapuyas, «gucks », «grens» y hasta los botocudos, indios del centro del Brasil, y otros de Venezuela, Amazonía y Guayanas, que no pertenecían a la raza guaraniana, y hasta a otros indios del mar de Caribes y las Antillas. Esta influencia se revela en palabras de mucha importancia que se deslizaron en el idioma de esos pueblos, como son aquellas que expresan algo relacionado a religión, a costumbres, trabajos, agricultura, indumentaria y, en general, a civilización.

Así, el nombre guaraní del Dios Supremo, Tupâ, se ha extendido a un número elevado de pueblos no guaranianos, pertenecientes a otras razas, como los koropós, machaculí, cumanochós, pañames, macuníes, puris, coroados, malalis, cocos y muchos otros, incluyendo a los mismos botocudos, antropológicamente tan alejados. Y, como se comprende, no era el nombre sólo el que se trasmitía, sino el concepto correspondiente con las ideas religiosas fundamentales, que esos bárbaros comprendían bien o mal.

Como otro ejemplo muy elocuente, y no conocido, puedo citar un pueblo muy alejado, el araucano, que habita en Chile, y, por más que se haya extendido sobre la Pampa, siempre se encontró a una gran distancia de los centros guaraníes. En el idioma de ese pueblo, las palabras cama, casa, perro, tabaco y otras que indican algo que tiene referencia con el estado social, o conocimiento de cosas de la naturaleza, o algún adelanto en la vida y la evolución, son de origen guaraní.

Es evidente que el influjo de la civilización relativamente superior de la raza guaraní ha ido extendiendo poco a poco los conocimientos y algo de la lengua, por consecuencia, a todos esos pueblos inferiores.

Otros ejemplos muy elocuentes, y que se refieren al estado social o adelanto en un sentido cualquiera de la raza guaraní, expondré en un trabajo más extenso.

No puedo omitir, no obstante, otra prueba evidente, en lo que respecta a lo que acabo de citar. He hablado de varios pueblos que han ocupado una vasta extensión en esta América y que han constituido una confederación guaraní cuyos rastros aún existen. Y este es unejemplo muy elocuente de una verdadera civilización. Esta es prueba tan seria como la que se refiere a la lengua, y se completa por este dato: que no podríamos citar ejemplo de un pueblo salvaje que haya podido imponer su lengua a otros pueblos más civilizados y sobre una extensión muy grande en función de espacio y de tiempo, o de una manera definitiva.

Otro argumento es la perfección de la lengua. Esto se prestó a muchas discusiones, en las cuales, desgraciadamente, no todos terciaron con un caudal de datos serios y el previo estudio indispensable. Muchas discusiones han tenido lugar y tendrán todavía. Pero para juzgar de la lengua guaraní el mejor medio es indudablemente remontar a las mejores fuentes, y dejando de insistir sobre los defectos que pueda tener un dialecto, naturalmente imperfecto e incompleto, como todos los dialectos locales o provinciales, consultar lo mejor que se ha escrito, ya sea en el Brasil, ya sea en el Paraguay, ya en Europa. No hay que olvidar que el rústico de ningún país habla con perfección, pues el habla vulgar no constituye, ni mucho menos, la lengua clásica o perfecta de ningún pueblo. No hay que oír las opiniones de las personas que no hacen caso de estos principios, o denuncian graves imperfecciones por falta de datos suficientes y no haberse especializado en estos estudios, sino el parecer de los gramáticos y lingüistas, principalmente a los primeros como los Padres Anchieta, Ruiz de Montoya, Restivo y Lozano, los cuales hablaron con los guaraníes primitivos, con los guaraníes que todavía no habían tenido contacto alguno con los europeos en esa época, o habían conservado pura su bella lengua, que aquellos Padres trataban de conocer profundamente para los fines que se proponían. También el de los lingüistas modernos, que pueden comparar todos los documentos vivos y muertos, y completar, reconstituir con ellos lo que el pasado verdaderamente fue. Y bien, todos los que han estudiado a fondo la lengua guaraní, están contestes en que es de la mayor perfección; todos ellos la califican de admirable, o cuando menos, muy rica, suave, muy armoniosa, y sobre todo, muy expresiva, clara y concisa. Por otra parte, todos están conformes en que una lengua superior, por sus cualidades, estado evolutivo y riqueza de expresiones, no pudo ser hablada sino por un pueblo que hubiese tenido una civilización correspondiente, y esto podemos decir de la lengua guaraní.

Bien sé que algunos han creído hallar un carácter de inferioridad en una supuesta ausencia de nombres y voces para indicar ideas abstractas y ciertos conceptos generales de orden más o menos elevado. Pero este errar vino también de haber confundido el hablar del vulgo con la lengua intelectual, que son dos cosas muy distintas, por más que existan paralelamente en el mismo pueblo y en la misma época. Pasa lo mismo entre todos los pueblos europeos. El príncipe de la lingüística, Max Muller, ya hizo notar lo pobre que es el habla de los campesinos de Europa, los que no hacen uso en la práctica sino de un número de voces muy reducido.

Los guaraníes tenían también su lengua intelectual, la que diríamos clásica, con las voces, locuciones y formas que generalmente sólo usa el hombre notable para expresar conceptos elevados. Y esas voces son precisamente las que más pronto desaparecieron entre los mestizos y aldeanos, o que los españoles no necesitaron o no supieron aprender, pues, sobre ser para ellos difícil el comprenderlas bien, estaban demás para las relaciones exclusivamente materiales que tenían con los indios. Con excepción de los religiosos, no me consta que un solo español, en cuatro siglos, haya destinado unas horas al estudio de la religión y moral guaraní, o con el fin de compenetrarse de la mentalidad, de alma, de los sentimientos íntimos de la raza con la cual con fundía su sangre. El mismo Azara, uno de los raros observadores de la naturaleza, un coloso a este respecto, despreció olímpicamente todo eso y haciendo suyas las preocupaciones e ideas más vulgares, perdió de enriquecer su grande obra con un capitulo que la importancia del tema y el poder de su inteligencia hubieran hecho espléndido.

Con todo, las voces y expresiones a que me refiero están lejos de haber desaparecido completamente. Aun más diré, que la mayor parte vive todavía entre las tribus independientes, siendo además bastante numerosas las que el olvido no ha borrado completamente en nuestras campañas donde esperan la acción del estudioso que las libre del polvo de los siglos y les dé nueva vida. Esta será tal vez obra muy patriótica, será seguramente obra científica de mucha importancia; pero sólo podrá ser la obra de muchos o de mucho tiempo, pues se trata de una mina difícilmente agotable. Pero desde ya se puede afirmar que no falta al guaraní casi ninguna de las voces que se necesitan para la comunicación de las ideas abstractas, y esto sin apelar a los idiomas extranjeros ni a palabras convencionales, como hacen otros pueblos.

Ahora bien, el desarrollo de la lengua, como todos bien sabéis, va paralelamente con el desarrollo de la mentalidad: las palabras, las expresiones, se buscan, se inventan, se crean, a medida que hacen falta. Los pueblos inferiores no las tienen, porque en su mentalidad limitada no necesitan sino un reducido número de expresiones; pero los superiores se ven obligados, por la evolución de su propio estado social, a embellecer, a enriquecer su propia lengua. Así que tal vez mejor prueba no pueda existir de la civilización de un pueblo que el desarrollo muy adelantado de su lengua.

Otra prueba siempre tangible de la existencia no solamente, sino del poder de un estado social, está en su influencia sobre la constitución política. En Sudamérica, cuando se estudia la historia oficial, se ve que los autores atribuyen todos los acontecimientos, los movimientos políticos, las invasiones, guerras y conquistas, en fin, todas las vicisitudes internacionales, o interprovinciales, a la acción inicial y directa de los gobiernos y a la intervención de los europeos, sin hacer generalmente mención de la influencia que hayan tenido en ellos los pueblos indígenas.

Ciertamente la influencia que han tenido en la constitución política internacional la mayoría de los pueblos sudamericanos ha sido muy débil. La de los más es nula o apenas notable; la de los mismos incas no sólo podemos ponerla en duda, sino darla por negativa, pues el pueblo de los incas no ha podido ejercer una influencia sobre la distribución política de las naciones sudamericanas, su delimitación y poder en el concierto de las naciones actuales, sino que él mismo quedó dividido en fragmentos. Todo lo contrario pasa con el conjunto de los pueblos guaraníes.

Se puede decir, que si todo el Amazonas perteneció a Portugal, y actualmente al Brasil – está reconocido por historiadores brasileros – es debido a la fuerza armada y sobre todo al mando de un jefe indio guaraní. Ejércitos guaraníes, o tupíes, levantados de sus pueblos, del interior del Brasil, son los que han repelido a otros pueblos que se hubieran tal vez apoderado de la mitad del Brasil, puesto que ya tenían en sus manos casi todo el Amazonas. Un general guaraní no solamente ha mandado su ejército de indígenas, sino al de los portugueses también. Este fenómeno, de jefes indígenas mandando a fuerzas mixtas o soldados europeos, ha sucedido en estos países en varias ocasiones, en las guerras o defensa contra los franceses, ingleses, normandos, holandeses, y en las largas luchas que han sostenido durante mucho tiempo los pueblos europeos que se disputaban el dominio de este continente.

La intervención, no solamente de los contingentes guaraníes, que eran muy superiores en número al de los españoles o portugueses, sino también de capitanes indígenas, jefes enérgicos e inteligentes y capaces de arrastrar en pos de sí a todo un pueblo, han tenido su parte de influencia en la delineación del mapa político del continente.

A todo esto podríamos agregar, que la existencia misma del Paraguay en el mapa sudamericano es debida, sobre todo, a la existencia de un espíritu guaraní; es debida a que el alma de la raza no se había perdido, a pesar de todas las amargas vicisitudes por las cuales habían tenido que pasar los pueblos guaraníes, desmembrada su confederación y destruidas sus poblaciones por los cazadores de esclavos y demás interesados en el desmembramiento para poblar las encomiendas. Después de tantas amarguras aún persistía un núcleo suficiente de poblaciones para representar a aquellos pueblos. Es debida al despertar y a la constancia del pueblo guaraní, que exista como una necesidad histórica, la independencia política del Paraguay. Porque es para mí evidente que, si el Paraguay hubiera sido poblado de españoles exclusivamente y no hubiese tenido un carácter especial desde los primeros tiempos, no se hubiese mantenido siempre como una entidad más o menos separada de las demás.

Ni hubiera tenido fuerzas suficientes la acción de las personas que encabezaron la lucha para defender la independencia de todos los esfuerzos que, por un derecho natural, los pueblos vecinos hacían por redondear sus limites y ensanchar sus fronteras.

Esto me trae a la cuestión de la influencia de la raza. Poniéndome en el punto de vista del naturalista, que me parece, es donde se debe estar, todo lo que veo y todos los hechos observados me imponen la persuasión de que la influencia de la raza es absolutamente preponderante en la mentalidad de los pueblos y guía sus acciones. Se ha discutido, y existen diversas opiniones al respecto; sin embargo, los hechos reales, bien observados, prueban que ninguna condición pudo haber influido como la de raza.

Por ejemplo, las condiciones económicas pueden modificar el aspecto exterior, las condiciones de vida, hasta durante siglos, de un pueblo o de todo un continente – el Paraguay y la América latina durante el coloniaje y ahora mismo, son ejemplos – pero no modificar verdaderamente el fondo. Cuando esas condiciones económicas desaparecen o se cambian, vuelven otra vez las cosas a presentarse como antes, y el espíritu de la raza vuelve a dominar como si no hubiera existido en las condiciones que lo habían mantenido aparentemente deprimido.

Las condiciones religiosas pueden influir mucho sobre la mentalidad e influyen siempre, a veces profundamente; sin embargo, no borran las huellas de la raza. Un católico alemán y un católico español siempre presentarán en su mentalidad, aun creyendo absolutamente en los mismos dogmas, diferencias tales, que pondrán en evidencia el poder de la raza.

Las condiciones del clima ejercen seguramente una gran influencia, pero por ser condiciones físicas que influyen sobre el organismo. Efectivamente el clima ha demostrado en varias ocasiones, que puede modificar hasta cierto punto los caracteres de la raza, sobre todo modificar los más aparentes. Los caracteres fundamentales los modifica difícilmente si otros factores no entran en juego.

Ahora, si estos factores se presentan reunidos, son mucho más poderosos. Si por ejemplo, hay un cambio total de ambiente, no solamente de clima, sino de condiciones de vida en general, entonces el nuevo ambiente puede ejercer una influencia poderosa sobre la mentalidad y operar verdaderas transformaciones. Tenemos de estos varios ejemplos: podré citar como el más reciente el descubrimiento hecho en el extremo norte de Norte América y en la zona polar, de una tribu esquimal, que es nada más que una tribu escandinava, constituida por europeos puros, que se han establecido seguramente en los primeros tiempos del descubrimiento normando, en el siglo XI y hoy día se encuentran hablando el esquimal, sin conocimiento de otro idioma, con todos los hábitos de los indígenas y con toda su mentalidad, reducidos a verdaderos esquimales, y, cosa curiosa, sin recuerdos de su origen. Esta tribu es sumamente interesante de estudiar, porque su mentalidad se ha atrasado hasta el nivel de la de los indígenas, que constituyen indiscutiblemente la tribu más atrasada de Norte América. Habrán ido a ese país siendo ellos muy civilizados, hace ocho siglos próximamente, y ya han perdido totalmente la [10]civilización que tenían los europeos, han perdido hasta el recuerdo de su emigración, y se encuentran hoy reducidos a nivel de pueblo inferior. Esto prueba lo que puede el medio ambiente, cuando es alterado en todas sus partes, y confirma lo dicho de la raza, pues a un cambio físico exterior completo, corresponde un gran cambio interior; el organismo se modifica y con él una parte de los caracteres de la raza.

Pero nada de eso ha sucedido con los guaraníes y los españoles del Paraguay. Los guaraníes no han salido de su continente ni de su país y no han cambiado de medio ambiente. Los españoles, si bien han sufrido algún cambio, ha sido en muy poco, puesto que se han trasladado a un clima muy parecido, y a un medio que no les imponía mayor cambio en su manera de ser. En estas condiciones, la influencia del medio ambiente no puede por tanto ser tenida en cuenta para estudiar la mentalidad actual de los elementos que constituyen el pueblo paraguayo, sino que debemos buscar su génesis en otros órdenes de ideas.

Se ha tratado de explicar ciertos aspectos de la mentalidad paraguaya, por la influencia de la educación política y religiosa. La verdad es que el Paraguay, bajo este doble punto de vista, ha estado por mucho tiempo en condiciones muy especiales. La organización de las misiones jesuíticas primero, más tarde los gobiernos dictatoriales de la primera fase de la independencia, son seguramente hechos históricos importantísimos, y es justificado el pensar que hayan ejercido una influencia notable en cierto orden de cosas. Pero esta influencia no puede haber ido hasta modificar la índole natural de la nación. Me bastan dos pruebas; la uniformidad del carácter moral e intelectual, o sea de la mentalidad paraguaya, en las diferentes regiones del país, y la gran semejanza, si no identidad de carácter, entre los guaraníes del Paraguay y los de otros países, confirmada por lo poco que difieren a este respecto los nacionalizados de los independientes.

Por tanto, eliminados esos factores como determinantes fundamentales, no nos queda, absolutamente, más que la influencia de la raza. En esto, como en otras cosas, el criterio del naturalista tendrá que imponerse: las funciones el órgano son inseparables. Desde luego, si admitimos, como es forzoso, que la raza es establecida por una serie de caracteres físicos fundamentales, completados de una serie de modificaciones orgánicas, tendremos, como consecuencia necesaria, que la raza puede también ser establecida por una serie de funciones. Que la mentalidad queda íntimamente ligada a lo físico, es algo que ya no se discute, hasta el punto que hoy día muchos se han preguntado si es que existe una constitución psicológica verdaderamente independiente de una constitución fisiológica, la cual, ella misma no depende sino de una constitución morfológica. Si no se puede, de una manera terminante, contestar a este problema con una afirmativa, cuando menos, la tendencia de los estudios científicos conduce a ella. De manera que nos vemos forzados a decir que, cuando menos en una gran proporción, las acciones importantes del individuo o la nación, antropológicamente hablando, tienen lugar bajo la presión constante de la influencia de raza.

Esta no desaparece sino aparentemente. En este orden de ideas, tenemos pruebas muy fehacientes de la resistencia del espíritu de raza a todos los embates. Se pueden citar muchos ejemplos, no citaré más que uno en obsequio a la brevedad: el pueblo egipcio.

Una de las más célebres civilizaciones antiguas ha sido la egipcia. Quizá el mundo antiguo no tenga nada comparable, ni en elevación de ciertos conocimientos, ni en el conjunto, ni por la duración extraordinaria, con la civilización egipcia. No obstante de que el pueblo egipcio ha sido invadido y sometido por pueblos bárbaros en más de tres o cuatro épocas, durante su larga vida, de que algunas veces ese pueblo ha tenido que sufrir la brutal dominación de aquéllos, el espíritu y la mentalidad de la raza reaparecía cada vez que los invasores han tenido que retirarse. Poco a poco, como un fermento latente que no aparecía, pero que vivía, se desarrollaba lenta, pero segura y eficazmente; el espíritu de raza llegaba a recobrar el predominio y el pueblo invasor tenía que sucumbir ante el despertar del alma nacional. ¿Y cómo se ha producido ese pueblo después de haber expulsado a los invasores bárbaros?

De la misma manera y con la misma mentalidad que había tenido anteriormente a la invasión. En los últimos tiempos el Egipto ha sido sometido por los árabes.

Pocos son los pueblos que han tenido el poder de influenciar a los pueblos conquistados como el árabe. El árabe ha impuesto su lengua al Egipto; también impuso su civilización, su religión y en parte sus costumbres, pero nunca pudo imponer su alma a los egipcios. Ha impuesto su mentalidad en otras partes de Africa sobre las poblaciones árabe-negras, que apenas tienen una cuarta o una octava parte de sangre árabe; pero no ha podido, no obstante largos siglos, cambiar el alma ni imponer la mentalidad árabe sobre el Egipto, porque los egipcios son descendientes de un pueblo superior, y el descendiente de un pueblo superior conserva su mentalidad, aun cuando sea oculta y deprimida, pero en realidad, tal vez intacta, y esa mentalidad no espera nada más que un momento favorable para reaparecer en toda su plenitud.

Los egipcios actuales, no obstante la dominación muy larga de un pueblo que no era bárbaro, sino que poseía una verdadera civilización, y tenía sus letras, sus artes y sus ciencias, hoy día se despiertan, el alma de la raza empieza a conmoverse, y seguramente en un próximo porvenir aparecerá por quinta o sexta vez la civilización egipcia con nuevos caracteres y ese barniz cosmopolita que es común a todas, pero sobre la base de la mentalidad nacional.

La ley universal obliga a los naturalistas a admitir que todos los organismos nacen, crecen y mueren. Cuando se dicetodos los organismos, no se refiere únicamente a losindividuos, sino también a los organismoscomplejos ocolectivos, como sería, por ejemplo, un pueblo. Un pueblo, una raza también, tienen que someterse a esa ley general, y por tanto desaparecer como todos los organismos. Cierto; la ley es así. No quiero aludir a una excepción, parque tal vez no exista. Si bien los últimos descubrimientos de la ciencia dejan abierto cierto campo a las especulaciones ultra científicas, por el momento debemos limitarnos a la de la ley general de que todo nace, vive y muere. Pero hay lugar para una excepción aparente, y siquiera de un alcance relativo. Los pueblos, y hasta cierto punto las razas, pueden seguir viviendo casi sin límite y las actuales hasta una época muy remota en lo futuro. Es que existen otros medios, la naturaleza tiene otros recursos y estos son el cruzamiento y el cambio de ambiente.

El cambio de ambiente es un medio natural, poderoso, para regenerar a los pueblos y las razas, para levantar de nuevo a los pueblos que, debido a condiciones económicas desastrosas, a catástrofes nacionales, plagas terribles, epidemias, invasiones o a cualquier acontecimiento de esa gravedad, han tenido que sucumbir momentáneamente o se han visto echados de sus países.

El cambio de ambiente puede atrasar a pueblos, hasta el punto que he indicado como ejemplo, sólo cuando ese ambiente es completamente adverso, desde el punto de vista físico y negativo a todo lo que es progreso, a toda evolución favorable en lo intelectual y moral. Pero si en vez de eso, el ambiente es tal, que sólo siembra el camino de dificultades superables que estimulan la energía del hombre, como el medio sudamericano, que es en cierto modo parecido al europeo, no solamente las razas no sufren cambios en el sentido regresivo salvo, a veces y por cierto tiempo, alguna dejadez o retraimiento en los refinamientos de la educación, sino que se mejoran notablemente.

Refiriéndome especialmente al Paraguay, recordaré que Azara fue el primero en indicar que la misma raza española, considerándola independientemente de todo cruce con la raza indígena, presentaba un tipo físico más aventajado, comparándola con los pueblos del reino. Desde el punto de vista intelectual, el cambio fue tal vez igualmente favorable al desarrollo de una sana y fuerte mentalidad.

Existe otro medio, como he dicho, que tiene la naturaleza para prolongar la existencia de la raza con buena parte de sus caracteres físicos y morales, y bastante capacidad para renacer a la civilización, después de las mayores catástrofes y largos eclipses: es el cruzamiento.

Mediante el cruzamiento de los pueblos, forman, se puede decir, pueblos nuevos, que conservan la mentalidad de los que los han originado, en proporciones que varían según las condiciones respectivas de los elementos generadores. Es decir, que, si por ejemplo, la población de la raza A, ha sido mucho mas numerosa, su influencia sobre los caracteres dominantes de la nueva raza será mucho más eficaz que la de la raza B. Parece, no obstante, que si ha habido gran diferencia en el desarrollo intelectual, lo resultante, desde el punto de vista mental, puede ser diferente de lo que indicaría la proporción numérica; este es un problema complejo. En el Paraguay, de ambos lados ha habido una influencia fuerte, puesto que en el pueblo que hoy ocupa este país aparece en proporción muy notable tanto el tipo antropológico guaraní como el europeo, y sobre todo el español. Sin embargo, es evidente que la raza guaraní ha tenido mucha mayor población, ha tenido mayor influencia que los españoles en la formación de la población actual. El estudio antropológico lo probará bien claramente. Para quien no haya estudiado la cuestión desde el punto de vista especial antropológico, la influencia de la raza guaraní no siempre es visible.

Existe, como ya he dicho al principio, en cuanto al tipo físico de los indios, un criterio errado, consecuencia de vulgar preocupación. Cuando hablamos deindios, nuestra imaginación, generalmente, nos presenta un físico inferior, un ser bastante afeado, con algo o mucho de brutal en su semblante, no obstante lo regular del cuerpo y hasta cierta perfección en las proporciones, que muchos le conceden. En suma, un cuadro deprimente.

En realidad, y ya lo hemos visto, entre los tipos físicos de los diferentes indios guaraníes, se ha encontrado toda la serie hasta los tipos superiores más hermosos, predominando las facciones regulares. En la cruza de guaraníes con españoles sucede frecuentemente que los descendientes parezcan en su mayoría españoles. Es debido sobre todo a que del lado guaraní ha habido un tipo que por su desarrollo físico, ya presentaba cierto parecido con las razas europeas, y esto ha sucedido con frecuencia, tanto más cuando los españoles daban naturalmente la preferencia a los tipos más hermosos.

En resumen, el pueblo paraguayo, tal como está constituido actualmente sobre la base del pueblo guaraní, mirado por todos los lados, tanto por su primitivo origen y el ambiente en que se ha desarrollado, como por los componentes principales de la raza, se encuentra en condiciones excelentes para la formación y desarrollo de una mentalidad nacional, que no solamente posee todas las condiciones naturales favorables, sino que está sobre la buena vía, para llegar, mediante el esfuerzo educativo, a un grado indiscutiblemente superior.

Efectivamente, estamos notando en este país un verdadero despertamiento de la intelectualidad. Este fenómeno es general en Sudamérica, cuando menos en buena parte de las naciones que la componen; pero como quiera que sea, es más notable en el Paraguay, considerada la inmensidad de la catástrofe que sobre este pueblo ha pesado. No existe ningún ejemplo en la historia moderna, difícil es también encontrarlo en la antigua, de un pueblo que haya sido destruido al punto de no sobrevivir sino la cuarta o quinta parte de la población. Una catástrofe tan grande, naturalmente ha producido una inmensa depresión, que para otras razas que no fueran tan viriles, y no tuvieran una energía indómita y una serenidad especial para arrostrar todas las dificultades, seguramente hubiera producido el aniquilamiento total. El aniquilamiento no se ha producido, sino que a poco andar, al cabo de pocos lustros, desde que la campaña ha empezado a poblarse, desde que la capital ha llegado a ser realmente una ciudad, con una vida social, a medida que iban desapareciendo las condiciones deprimentes que pesaban como una losa terrible sobre toda la nación, el desarrollo de la intelectualidad se ha producido y ha hecho los más rápidos progresos. Así es que, queridos jóvenes y honorables caballeros: el presagio que puedo sacar de todo eso para el porvenir de nuestra patria natural o adoptiva, es completamente halagador. Yo no traigo todos mis pensamientos, pero vosotros los comprendéis, y estoy seguro que vuestra generación y las generaciones sucesivas, los comprobarán y confirmarán completamente.– He dicho.

(Grandes aplausos).

 

NOTAS

15- Esto decía yo el 21 de Agosto. Por una feliz casualidad, el 23 de Septiembre, por los diarios del Plata, llegaba a la Asunción la noticia de haberse, por fin, descubierto las ruinas de la misteriosa ciudad de Bahía, verdadera ciudad, como lo prueban los restos y monumentos encontrados. El feliz descubridor, Lindolfo Rocha, tuvo la suerte de arrancar a la selva la misteriosa presa. Pero si en un Estado tan poblado y adelantado como el de Bahía, una ciudad o sus ruinas pudieron permanecer ocultas por varios siglos, desafiando a la constancia de los buscadoresy a la curiosidad pública estimulada, por un largo y animado debate – ¿no es natural pensar que las inmensas soledades e interminables selvas que van desde el Paraguay hasta las Guayanas; todavía nos reservan muchas sorpresas?

 

NOTAS DE LA EDICION DIGITAL

 

9] Tal vez los guaraníes, que construyeron una civilización "botánica", se dedicaron a estudiar y a proveerse de una naturaleza embriagantemente rica que encontraron y veneraron; jamás habrían seguido la misma evolución de quienes se han "impuesto" a ella, arrasándola.

10] La trascripción taquigráfica reemplazada: ...la totalización de...

 

 

Fuente :
 
 
Asunción: EDICIÓN A CARGO
 
DE JUAN E O´LEARY, 1914. 180 pp.
 
Ensayos de MOISÉS BERTONI
 
 
 
 
 

 


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