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BLAS MANUEL GARAY


  LA REVOLUCIÓN DE LA INDEPENDENCIA DEL PARAGUAY. LA JUNTA SUPERIOR GUBERNATIVA. EL PRIMER CONSULADO - Por BLAS GARAY


LA REVOLUCIÓN DE LA INDEPENDENCIA DEL PARAGUAY. LA JUNTA SUPERIOR GUBERNATIVA. EL PRIMER CONSULADO - Por BLAS GARAY

LA REVOLUCIÓN DE LA INDEPENDENCIA DEL PARAGUAY

LA JUNTA SUPERIOR GUBERNATIVA

EL PRIMER CONSULADO

Por BLAS GARAY

 

 

 

© Comisión Nacional de Conmemoración del Bicentenario

de la Independencia del Paraguay

Secretaría Ejecutiva: Avenida República y Chile

Telefax 443-094

Dirección Editorial: Vidalia Sánchez

 Verificación: Margarita Morselli

Diseño de tapa: Celeste Prieto

Diseño gráfico: Mirta Roa

Corrección de pruebas: Beatriz Pompa

Cuidado de la edición: Carlos Villagra Marsal

1a edición SERVILIBRO

Asunción, octubre de 2009

 

SERVILIBRO

Pabellón "Serafina Dávalos"

© 25 de Mayo y México - Plaza uruguaya

Telefax: (595 21) 444-770

E-mail: servilibro@gmail.com

Página web: www.servilibro.com.py

Asunción, Paraguay

ISBN: 978-99953-0-160-6

Hecho el depósito que marca la Ley N° 1328/98

 Reservados todos los derechos

Impreso en Paraguay

 

 

 

NOTICIAS

 

         El Fondo Bibliográfico que hemos denominado COLECCIÓN BICENTENARIO nace del seno de la Comisión Nacional, entre otras actividades, con el objeto de conmemorar los doscientos años de la historia independiente de la Patria, rescatando textos y memorias de lo paraguayo: su ser mismo, su idiosincrasia, su hábitat, su desarrollo, su cultura multifacética, sus letras y sones, su historia en un registro y reservorio de la vida nacional, presentándolas como cosmovisión de lo nuestro, donde a veces el imaginario poético, y más propiamente literario, se vuelve más inquietante y demostrativo que lo social, lo económico o lo histórico.

         La COLECCIÓN es un punto de encuentro con ese sentido de Patria que para nosotros, los connacionales, es una acto de fe, y para los ajenos, una mirada a veces ardiente, a veces serena, de nuestro tiempo -ayer y hoy- inevitables.

         Contiene el conjunto de distintas visiones, unidas en un vertiginoso instante de eternidad de dos siglos; un ayer que es hoy presente maduro y cristalino en sus voces de metal fundido y un mañana desde el crespúsculo del día y un tiempo más para el futuro.

         Al contener el tañido de diferentes puntos de mira, presenta voces singulares pulidas en un coro que abarcó el devenir de los años independientes, e incluso testimonios y registros precedentes. En textos ya agotados, textos inéditos y otros cuya reedición resulta imperativa junto a algunas obras significativas de épocas, tendencias, situaciones y sentimientos que resulta imposible soslayar.

         La colección BICENTENARIO pretende ser representativa de nuestra realidad y nuestro imaginario, de nuestros tiempos medidos en lo social, político, económico, antropológico, cultural, histórico y literario para encausar un diálogo sobre nuestro ser paraguayo: Destino y Representación.

 

         Secretaría Ejecutiva

         Comisión Nacional del Bicentenario

 

 

BLAS GARAY

NUESTRO PRIMER HISTORIÓGRAFO

 

         Todos los pueblos de Hispanoamérica ostentan un pasado casi similar, construido sobre nutridos rasgos de lengua, religión, costumbres, sistemas de dominación social y política que le son tradicionales, y si bien todas las naciones que la integran lucharon contra enemigos comunes desde la primigenia etapa colonial, el inicio estructural de la sociedad y del Estado en cada país presenta peculiaridades e individualidades que justifican sólidamente el análisis histórico de manera especial. Incluso en regiones más homogéneas como el Altiplano, en donde sus prístinas Capitanías Generales y Audiencias integraban el virreinato de Nueva Castilla (Perú), o el Río de la Plata, cuyas antiguas provincias pertenecieron al Virreinato del mismo nombre, revelan desarrollos parecidos de dependencia; sin embargo, al efectuar una investigación exhaustiva de sus procesos, se advierten de un país a otro diferencias muy significativas, especialmente en las revoluciones independentistas que ulteriormente dieron paso a la configuración particular de cada Estado.

         En todo caso, afinidades y diferencias exigen un estudio general y/o específico de las características propias de cada país. Por consiguiente, el contenido que se ha de historiar, ese pasado común o divergente de los Estados iberoamericanos, generalmente está muy subjetivado por enfocarse desde una perspectiva de presente. Los especiales escenarios de explotación y dependencia por parte de algunos imperios coloniales han inducido a dicha situación, agravada además por la persistencia de algunos mitos del romanticismo decimonónico. Desde luego, cualquier proyección coyuntural no objetiva que distorsione la visión del pasado es rechazada por el verdadero especialista1. De ahí que el problema de la objetivación se haya confiado totalmente a la profesionalidad de los historiadores nacionales que la han trabajado y a quienes se ha respetado por la imparcialidad y legitimidad de sus obras.

         El iniciador de la escuela historicista objetiva y autóctona fue Leopold von Ranke2 con su Historia de los Pueblos Romanos y Germánicos (1494-1514), publicada en 1824. Este es el primer libro que incluye el programa ideológico de esa nueva forma de escribir la historia. El tema analiza un conflicto entre la monarquía francesa y la española por los territorios de Italia, sobre la tesis de que Europa surgió a raíz del conflicto entre los pueblos románicos y los germánicos. Pero lo más importante del libro es el método, el enfoque que su autor otorgó al contenido.

         Sus obras obtuvieron una aceptación inmediata y el reconocimiento de la comunidad intelectual europea, que lo calificó como el gran maestro de la Historia, de tal forma que su método posteriormente serviría como punto de referencia para todo el mundo. Para Ranke no debe existir una teoría histórica, con esquemas previos que imponga sobre el pasado, como se hacía anteriormente, que el pasado sea el que hable, el historiador no tiene boca3. Expuso, asimismo, un método distinto hasta ese momento: el filológico, consistente en no prescindir de documentos fidedignos para narrar los acontecimientos.

         Ranke puso énfasis en la narración histórica, inaugurando la técnica de recurrir a la evidencia y a la seguridad de las fuentes primarias y resaltó el compromiso para escribir historia como realmente se sucedieron los acontecimientos de manera objetiva. En el centro de su método, no creyó en las teorías generales que pudieran cortar el tiempo y el espacio. En cambio, manifestó que la aproximación al tiempo histórico se efectuaba por medio de las fuentes primarias.

         Literariamente, las obras de Ranke sedujeron a los lectores del siglo XIX, pues su prosa de cláusulas discretamente medidas, contiene imágenes de un cromatismo acusado, pero sencillo en su fluidez siempre vivaz. Esta virtud vítrea jamás la perdió; ni la condición monótona ni la analogía forzada le poseyeron, y Ranke, octogenario aún, no torció la lógica de sus ideas sino las revistió de cierta generalidad a que lo llevaron los años, sin opacar su clásica mesura. Pero en el historiador germano no ha sido su prosa lo discutido, sino sus ideas sobre la narración objetiva de los acontecimientos, la crítica documental, y su influencia a las nuevas generaciones de hermenéuticos que dio a luz a un género diferente de los historiadores nativos de cada país4.

         Esta nueva forma de elaborar una historia genuinamente nacional y objetiva, basada en un modelo patriótico y escrita por profesionales autóctonos, fue concebida en el Paraguay hace más de un siglo por Blas Garay, una de las mentes más lúcidas y prestigiosas de la generación de la posguerra contra la Triple Alianza.

 

         Blas Garay, el hijo primogénito del matrimonio formado por don Vicente Garay y doña Constancia Argaña, nació en Asunción el 3 de febrero de 1873. Muy pronto, el infausto destino quiso que él y sus dos hermanos menores, Eugenio Alejandrino5 y Juan Jorge quedasen huérfanos de madre. Es así que, al cuidado de la abuela materna, doña Nemecia García de Argaña, bizarra residenta y tullida por las heridas de la guerra, se educaron los tres niños Garay.

         A la edad de siete años, Blas ingresó a la Escuela Municipal, dirigida por el maestro Surga, pero la carestía apremiante que la población paraguaya pasó por aquellos años de la posguerra, obligó a la señora de Argaña a trasladarse con sus nietos a Pirayú, donde un pariente, don Ladislao Argaña, había sido designado jefe de la Estación del Ferrocarril. Esta situación significaba la seguridad del plan cotidiano. En la pequeña escuela de aquel pueblo, los niños prosiguieron sus estudios. En poco tiempo, gracias a su aguda inteligencia y a la seriedad de su carácter, Blas Garay se convirtió en auxiliar de la modesta institución. Simultáneamente aprendió con entusiasmo el arte de la telegrafía, y en breve tiempo sustituyó al titular que ejercía ese menester, convirtiéndose a tan temprana edad en el sostén de la familia. Las asperezas de la lucha por la existencia le enseñaron muy pronto a ser generoso con los necesitados y a servir desinteresadamente a propios y extraños.

         Su figura juvenil empezó a llamar la atención en el ambiente cansino del pueblo y por insistencias de amigos y familiares decidió continuar sus estudios en la Capital. Es un talento que no puede malograrse6, opinaban cuantos lo conocían. Transcurría el año 1887 cuando Blas y su hermano Eugenio se trasladaron a Asunción e ingresaron como internos en el Colegio Nacional. Muy pronto, empezó a gravitar poderosamente en el ámbito estudiantil, y es en esa institución donde inició su invencible vocación periodística con la redacción de una gaceta manuscrita, que él mismo distribuía en las aulas del colegio7. Pero su proclividad para escribir le permitió incursionar en otros escenarios, fuera del educativo. Siendo aún adolescente se interesó por la conducción política del país, y hacia 1889 publicó juntamente con Daniel Codas y Francisco L. Bareiro el opúsculo Nuevas ideas en nuestra política8.

         Pulcro en el vestir, cortés en su conducta y arrogante en sus propósitos, discutía apasionadamente con los alumnos más distinguidos y aún con los más versados maestros, se burlaba sarcásticamente de la imbecilidad o de las faltas de los demás, fueran éstos condiscípulos o superiores. No perdona catálogos para proveerse de los mejores libros de enseñanza y de consulta, es dueño de una inteligencia robusta como su salud; de un espíritu analítico, emprendedor y perspicaz. Su labor es infatigable y metódica; constante su dedicación al estudio, acertada y útil la distribución de su tiempo; vasta y levantada su aspiración; inflexible su voluntad; profundo su desprecio hacia las tendencias mezquinas. Es, en suma, un implacable azote del error, expresa Carlos R. Centurión sobre su personalidad9.

         Si sobresalió como aventajado alumno del Colegio Nacional, también lo hizo como distinguido cultor de las letras. Su perfecta y clara dicción castellana asombraba a cuantos lo conocían, y la vastedad de su cultura maravillaba a quienes lo leían. Durante ese tiempo, en 1891, siendo alumno del quinto año fue invitado a colaborar en el periódico El Tiempo10. Contaba apenas con dieciocho años; era el más joven del grupo integrado por Manuel Domínguez, Fulgencio R. Moreno, Emeterio González, Liberato M. Rojas y Gabriel Valdovinos. A través de sus artículos, con el ingenio que le era característico y la facilidad de su pluma ajena a las vulgaridades literarias, en breve tiempo se convirtió en un experimentado periodista. A más del citado órgano, trabajó en La Patria como jefe de redacción y como notable redactor en La Unión, La Opinión y La Semana11.

         Afiliado a la Asociación nacional Republicana, militó en las filas del general Bernardino Caballero y a través de las columnas de El Tiempo, estimuló, criticó y hostigó a los entes estatales y grupos políticos, sin importar banderías. Emprendió una vigorosa campaña contra el gobierno del presidente Juan Gualberto González (1890-1894) de tal manera que la revolución liberal, liderada por el Mayor Eduardo Vera y Antonio Taboada, que estalló el 18 de octubre de 1891, tuvo la suerte de contar de forma indirecta con la pluma de Garay, significativo instrumento que favoreció al movimiento de opinión que se incubaba en el núcleo de la oposición. Fracasada la sublevación con el trágico saldo de varios muertos, entre los que figuraba el Mayor Vera, la huida a la Argentina de la mayoría de los complotados y el cierre de El Tiempo en 1893, Garay continuó su batalla contra el gobierno de González, a través de otros medios periodísticos12.

         En noviembre de 1892, tras unos exámenes sobresalientes, se graduó de Bachiller, hecho que lo promovió a una rauda carrera universitaria. Ingresó a la Facultad de Derecho, y es durante esta etapa en donde se lo comenzó a conocer por su gravitar en la vida pública. Aún no tenía veinte años y ya estaba en boca de todos. Era el niño prodigio de la intelectualidad, aunque la mordacidad de su temple se disimulaba en consideración a su portentoso talento. Alternaba sus ocupaciones entre el periodismo, la universidad, las investigaciones históricas y sus funciones públicas como subsecretario del Ministerio de Hacienda13. Simultáneamente a sus estudios de derecho se dedicaba con pasión a la lectura de centenares de tratados, escritos por los grandes clásicos, e inició con ellos la posterior Biblioteca Garay, famosa por su riqueza y profusión de temas. Esta afición creció tanto en él que casi todo lo que ganaba lo invertía en la compra de libros. Para ese entonces escribía artículos para los periódicos e investigaba el pasado del país en los antiguos legajos del Archivo Nacional. Conversa, discute, lee, redacta, diserta, expone. Trabaja catorce horas diarias y posee una facultad asimiladora verdaderamente maravillosa y una gran rapidez de concepción, escribe Carlos R. Centurión al referirse a su vida de novel periodista y estudiante14. Su prosa ya denunciaba al escritor de estilo puro y al poseedor de una extraordinaria erudición que lo habrían de convertir en una de las mentes mejor nutridas del país. Los rasgos brillantes de su genio, su estilo natural, ajeno por completo a las vulgaridades literarias y la agudeza de sus frases ya delataban al político de envergadura y al historiador objetivo e innovador en los anales del país.

         En 1895, publicó una reliquia de la literatura histórica paraguaya del siglo XVI, editada bajo el título de Pequeña Biblioteca Histórica - Cartas Históricas y Curiosas, y dio a conocer, a través de una edición de cincuenta ejemplares, la famosa carta de doña Isabel de Guevara, escrita el 2 de julio de 1556, a la Reina gobernadora doña Juana, con respecto a la participación moral y material de la mujer en la primera etapa de la conquista del territorio rioplatense15. La epístola se convirtió en un símbolo, por tratarse del primer testimonio de una mujer que reivindicaba la justicia social y la igualdad de condiciones y de trato en estas regiones. Innumerables literatos, historiadores, periodistas e investigadores se ocuparon del documento a partir de su primera publicación en las Cartas de Indias, en 1877, y la posterior divulgación de Garay en el citado año. Desde entonces, se lo ha analizado de diferentes maneras y en diversos ámbitos.

         Los estudios universitarios no constituyeron en el joven Garay rémora alguna; por el contrario, los seis años de la carrera de abogacía los concluyó en tres y a la edad de veintitrés años, el 6 de febrero de 1896, presentó su tesis doctoral, consistente en un meduloso estudio sobre La Junta Superior Gubernativa16. Algunos de sus maestros reputaron su trabajo por hallarlo impropio y ajeno a los temas del derecho. Sin embargo, Garay rebatió tales opiniones aduciendo que el hecho de alejarse de un tópico abstracto de la ciencia jurídica, para adentrarse en el estudio del derecho constitucional positivo, en un período concreto de la historia paraguaya, en vez de menguar, acrecentaría el acervo del derecho paraguayo17. El mérito de sus esfuerzos se vio coronado por las felicitaciones de la mesa interventora, obteniendo su diploma de doctor en Derecho.

         En el transcurso de ese tiempo, el gobierno a cargo del general Juan Bautista Egusquiza le confió la misión de viajar a Sevilla con el fin de investigar en el repositorio de aquella ciudad todo lo relativo a la historia y límites del territorio paraguayo, especialmente lo concerniente a Bolivia18. Antes de marcharse, contrajo matrimonio con María Antonia Valdovinos, la hermana de su entrañable amigo Gabriel Valdovinos, con quien compartió las primeras horas del periodismo.

         En abril de 1896 llegó a Europa en carácter de Encargado de Negocios en Madrid y Secretario de la Legación Paraguaya en Londres y París. Durante su permanencia en España, visitaba asiduamente el Archivo General de Indias, sitio en el que trabajó incansablemente, hurgando en los distintos legajos datos que arrojasen luz sobre el propósito de su labor.

         En todo ese lapso siguió Garay examinando y clasificando los distintos instrumentos, los más importantes y decisivos sobre las cuestiones limítrofes paraguayo-bolivianas. Devoró libros, hurgó en bibliotecas y archivos e hizo copiar miles de documentos concernientes a la historia nacional. En esa labor vertiginosa y superlativa también editó obras sobre el Paraguay y otras menos conocidas, tales como La relación historial de las Misiones de los indios que llaman Chiquitos del padre Juan Patricio Fernández; Historia del Paraguay y Río de la Plata, de Félix de Azara y la notable Historia de la Provincia del Paraguay de Nicolás del Techo, que se tradujo por primera vez del latín al español; el respecto escribe lo siguiente: Olascoaga me encargó el prólogo de la obra del Techo que va a empezar a imprimirse. Como había dado sobre los jesuitas una conferencia en la sociedad geográfica de Madrid (que fue aludidísima por toda la prensa en sendos artículos enviados por el señor Secretario de la Sociedad que se llamaba por arte de presentimiento ilustre diplomático y doctor historiador paraguayo, siquiera, según confesión propia, no hubiese podido aún leer los ejemplares que le regalé de mis libros); y tengo contraído el compromiso de publicarla. Voy a ampliar y llenarla de muy eruditas notas y convertirla en prólogo (...). Con efecto reunidos como estarán en el prólogo todos los datos necesarios para conocer con exactitud y en cada uno de sus diversos aspectos la organización de sus celebérrimas reducciones, hoy día objeto de la especulación de los sabios, sociólogos y economistas, es posible que con la venta de la obra gane algo y yo tendré el gusto de verme citado por Lavelaye, Gide, Canwes, etc. Y de don Joaquín Costa que es un verdadero sabio, una enciclopedia, obtuve ya esa promesa lisonjerísima19.

         Su estancia en Sevilla le consumió gran parte de su tiempo, ya por su condición de diplomático o por sus investigaciones históricas. Trabajaba más de diez horas diarias en el Archivo de Indias, tanto que el Director del citado local habilitó un horario extraordinario para que los copistas, unos once en total, trabajasen en doble turno y pudiesen concluir las funciones encomendadas. No me concreto -expresaba Garay al referirse a su encomiable tarea investigativa-, sólo a la cuestión de límites, sino que hago sacar todo lo que hay de más interesante para nuestra historia y llevo obtenidos así documentos preciosísimos y curiosos, y datos para conocer perfectamente el estado social del Paraguay en lo antiguo.20 En setiembre de 1896, de Sevilla se trasladó a Madrid, y en esa urbe siguió trabajando, investigando y editando varios volúmenes.

         Gracias a su infatigable tarea de investigar y escribir, logró publicar, durante su corta estada en el viejo continente, cuatro volúmenes: Compendio elemental de Historia del Paraguay, edición especial, Madrid, 1896. La Revolución de la Independencia del Paraguay, El Comunismo de las Misiones de la Compañía de Jesús en el Paraguay y Breve resumen de la Historia del Paraguay, fueron editados en la misma ciudad en 1897.

         Afines de diciembre de ese año, regresó al país después de haber visitado Londres, Bruselas, París y otras ciudades europeas, trayendo consigo una considerable cantidad de manuscritos21. En el transcurso de los meses siguientes a su llegada, Garay siguió recibiendo copias de los documentos que fueron, en su totalidad, remitidos a la Cancillería Nacional.

         Su estancia en Europa lo había transformado admirablemente: gracias a la lectura de los grandes clásicos de la historiografía europea, del perseverante cuidado de escudriñar y seleccionar documentos y de la edición de sus volúmenes. Sus ideas sobre los hechos humanos se volvieron más claras y precisas. El novel historiador volvía con más conocimientos del mundo y con su patriotismo reconfortado en la ausencia de la patria, ahora convertido en un hombre de gobierno, en un estadista precoz con actitud de llegar a la cumbre y dominar el escenario cultural del país.

         Incorporado a ese quehacer siguió escribiendo en varios órganos de prensa y en la Revista del Instituto Paraguayo22, se interesó además en fundar un diario que estuviese al servicio del pueblo; así concibió la aparición de La Prensa, periódico nacido el martes 1° de febrero de 1898, en los momentos en que se agitaba apasionadamente la cuestión presidencial. Era el fin del mandato del presidente Juan B. Egusquiza.

         A través de los editoriales y diversas columnas, su director y demás colaboradores se ocupaban de la educación cívica popular. Si se pretende incluir lo esencial de su producción intelectual, debería agregarse a sus libros los artículos escritos entre 1898 y 1899, que evocan cuadros de costumbres, escenas de la cotidianeidad colonial, aspectos de su economía, además de críticas literarias, entre ellas, la diatriba sobre un libro de Alejandro Audibert. Algunos títulos fueron reeditados en la década del '30 por la Revista Guarania como:

         Hernandarias de Saavedra. Breves comentarios sobre el gobierno de Hernandarias23.

         El león de nuestro escudo. Describe el origen de la imagen del león y que desde el año 1600 formó parte del sello nacional24.

         A pasado de gloria presente de ignominia se refiere a los principales hitos de nuestra historia a partir de 1810 hasta la guerra contra la Triple Alianza25.

         Dos paraguayos ilustres, artículo en donde evoca a Hernandarias y a su medio hermano, el Obispo Hernando de Trejo y Sanabria, fundador de la Universidad de Córdoba26.

         El Capitán Page, comandante del vapor Water Witch, que navegó por aguas territoriales paraguayas27.

         De la Dictadura al Consulado. Refiere a los gobiernos intermedios desde la muerte del doctor Francia hasta el advenimiento del Segundo Consulado28.

         La moneda en el Paraguay. Trata de la historia monetaria desde 1779 hasta 184729.

         El cultivo de la vid. Indica el proceso de la siembra y la cosecha de la vid en la provincia del Paraguay durante los siglos XVI hasta mediados del siglo XVIII30.

         Gondra y el Catecismo de San Alberto se refiere a las ideas predominantes en Gondra31.

         Crónicas de antaño. El paseo del estandarte real32. Publicada también en el Anuario de la Academia de la Historia33.

         Bolivia y el Chaco. Discurre sobre las pretensiones bolivianas en 189734.

         Blas Garay, poseedor de una personalidad peculiar de múltiples aspectos, fue al mismo tiempo historiador, periodista, bibliógrafo, político y filólogo. Su actividad fue intensa. Sin ser precisamente apologético, pretendió desagraviar la figura del doctor Francia que en ese tiempo se mantenía latente aún el juicio impopular sobre el Dictador, que los libelos acusatorios se encargaron de propagar en la ciudadanía. En 1898, publicó Descripción de las honras fúnebres que se hicieron al Excmo. Señor Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia, supremo dictador perpetuo de la República del Paraguay.

         Después de recibir la mayor parte de la documentación consultada en los archivos españoles, dio a conocer, en 1899, la monumental e inédita Colección de Documentos Relativos a la Historia de América y particularmente a la Historia del Paraguay. La edición, de 750 páginas, posee un valor incuestionable para el investigador, porque conserva inalterada su ortografía, y al decir de su Director, ha parecido mejor y más científico, sin agregación de notas ni comentarios con el fin de dejar plena independencia al que de ellos deberá de servirse, para juzgar e interpretarlos según el propio criterio35. Otra importancia de la obra radica en la inclusión de un minucioso índice de los temas tratados.

         Consagrado el doctor Garay en su constante tarea de rendir al país el máximo de su preclaro talento y de su poderoso vigor, trabajaba día y noche con pasión extralimitada, pero su intransigencia con la falta de justicia e irregularidades en la administración pública, las que denunciaba diariamente con su acerada pluma, le había ganado no pocos enemigos. Herido a consecuencia de una bala homicida, falleció el 18 de diciembre de 1899, truncándose así su brillante carrera. Dejó dos hijos, el primogénito Blas Manuel Garay, filósofo y jurista, y el segundo próximo a nacer, Juan Manuel Garay, quien sería posteriormente jefe del Estado Mayor General en la guerra del Chaco.

         Como un fulgente meteoro, en sus cortos veintiséis años Blas Garay dejó un notorio impacto en todos los sectores de la vida pública paraguaya. En sus honras fúnebres, realizadas en el Cementerio de la Recoleta, Manuel Gondra lo había despedido con una pieza oratoria que se ha vuelto clásica en la literatura paraguaya. Al finalizar ésta, Gondra expresaba que... el doctor Garay estaba llamado a llenar muchas páginas de sus anales futuros. Había en él la poderosa virtualidad de los que hacen historia.

         ¡Qué gran escritor era!

         ¡Cuánto han perdido el país y las letras de América Latina!

         Más aún, admirando las magnificencias que nos ha ofrecido la falda del empinado monte que el sol iluminó, pienso con mayor dolor en las bellezas invisibles de la falda de la montaña que ha quedado del lado de la sombra.

         A los 26 años había ocupado un lugar importante en la cultura del país. Su muerte a tan temprana edad tuvo ribetes dramáticos36.

 

         De las cuatro obras publicadas en Madrid, que posiblemente antes de viajar las tenía preparadas, aunque no concluidas, se infiere que su Breve Resumen de la Historia del Paraguay y su Compendio Elemental de la Historia del Paraguay las escribió preocupado por la insuficiencia de textos escolares y alarmado porque los preceptores de las escuelas debían copiar algunos de ellos para completar la dotación de sus alumnos37, pero sobre todo por la necesidad de proveer contenidos más fehacientes y objetivos de los acontecimientos sucedidos en el Paraguay a partir del siglo XVI hasta la guerra contra la Triple Alianza; de esta manera, como él mismo lo señaló, se propuso llenar un vacío que dañaba a la formación cultural de las nuevas generaciones de su patria38.

         Algunos tratados distribuidos en forma gratuita por el gobierno, en ese entonces no eran precisamente de autores nacionales como Elementos de Historia y Geografía del Paraguay del extranjero Enrique Alliot, publicado en 1884, y Compendio de Geografía e Historia del Paraguay, de Leopoldo Gómez de Terán, napolitano, y Próspero Pereira Gamba, colombiano. Este libro, editado en 1882, sirvió por mucho tiempo como reglamentario en los colegios y escuelas de todo el país. Garay anotó con frecuencia los errores incluidos en dicho texto39.

         Si bien los dos trabajos primeros de Garay, según la crítica, fueron los más endebles, pues deben corregirse algunos datos que posteriores investigaciones dieron como inciertos40, El Comunismo en las misiones de la Compañía de Jesús y La Revolución de la Independencia del Paraguay son en cambio obras de contextura extraordinariamente sólida, que han resistido al tiempo; difícilmente serán invalidadas sus conclusiones, porque cada una de ellas está cimentada en fuentes documentales que evidencian la legitimidad de los hechos allí descritos. Esta producción, aunque breve, tiene sin embargo un significado fundamental, porque principia taxativamente la Historiografía en el Paraguay y, desde una perspectiva morfológica, ofrece un modelo erudito de escribir la historia.

         Blas Garay fue el primero que articuló un discurso histórico sobre la concepción de que la Nación precede al Estado. Para él, la independencia se funda sobre la soberanía de la Nación. En esa temática, pretendió escribir una historia completa sobre el Estado paraguayo, desde su instauración en 1811 hasta su tiempo, denominada Los organismos políticos del Paraguay. Su inconclusa colección se iniciaría con La Revolución de la Independencia, ya editada en Madrid, a continuación incorporaría La Junta Superior Gubernativa, obra con la cual obtuvo su título de doctor en Derecho y completaría su producción con El Primer Consulado, De la Dictadura al Consulado, temas que aparecieron en la Revista del Instituto Paraguayo, además de otros capítulos que posiblemente abarcarían el gobierno de don Carlos A. López, Francisco Solano López, la guerra contra la Triple Alianza, el inestable período de la posguerra y los Gobiernos posteriores erigidos al amparo de la Constitución liberal de 1870. Un ambicioso propósito truncado por su temprana e injusta desaparición.

         Con relación a La Revolución de la Independencia del Paraguay, al parecer tanto el plan de la obra como los materiales para su redacción debieron haber sido acopiados por Garay antes de viajar a España41. Al respecto, para corroborar este alegato se nos presentan algunas evidencias: la primera es que el texto distribuido en seis vigorosos capítulos y dos apéndices (A y B), se sustenta en 284 citas documentales procedentes de copiosas fuentes paraguayas y argentinas y ninguna de los registros españoles. En segundo lugar, en la carta enviada desde Sevilla el 27 de junio de 1897, señala que no pudo contestar de inmediato la misiva porque estaba terminando La Revolución de la Independencia y concluye diciendo que como en todo lo que hago, me faltó a última hora tiempo para añadir algunos datos más que tenía acotados, desde antes y ni siquiera le tuve para limpiarla de estilo tanto como lo deseaba al corregir sus pruebas42. Otra constatación de lo expuesto es que Garay contaba con la amistad y colaboración del historiador y jurista argentino Estanislao Zeballos, quien anudó vínculos culturales con el grupo de jóvenes paraguayos de finales del siglo XIX: posiblemente éste le haya suministrado algunos documentos para redactar su obra. Prueba de ello es el intercambio epistolar mantenido entre los integrantes de aquella pléyade de intelectuales y el historiador argentino. En 1896, Blas Garay y Enrique Solano López le escribieron desde Buenos Aires rumbo a Europa: Agradecemos a usted las importantes informaciones y datos que ha tenido a bien facilitarnos para abreviar la búsqueda de documentos en los diferentes archivos de España referentes a la historia y límites del Paraguayo43.

         Este tratado y su obra El Primer Consulado se constituyeron en el cimiento de la nueva corriente historiográfica implantada por Garay en el Paraguay a fines del siglo XIX, fundamentalmente por plasmar la historia como proceso y por apoyarse en cuantiosas referencias provenientes del citado repositorio documental paraguayo, de periódicos antiguos como El Paraguayo Independiente y de un importante corpus bibliográfico de autores rioplatenses, como las respectivas ediciones de los volúmenes de Bartolomé Mitre, Historia de Belgrano y de Vicente Fidel López, Historia de la República Argentina. Ambos textos tienen, por lo tanto, una fuerza heurística trascendental, teniendo en cuenta el nivel de desarrollo de los estudios históricos en el Paraguay y el perfil del historiador, que siendo tan joven, con solo veintitrés años, era Doctor en Derecho, notable investigador, conferencista y Ministro Plenipotenciario de su país. En ese sentido es que se está ante una obra moderna, que conectaba directamente con los nuevos paradigmas historiográficos de ese período, liderados por Kart Lamprecht en Alemania y por Frederick J. Turner en los Estados Unidos, ambos pertenecientes a la escuela rankeana, quienes postulaban la necesidad de la erudición y la crítica documental como base de la investigación histórica 44.

         A más de la ilustración, otras líneas cardinales de La Revolución tienen que ver con los principales argumentos que configuraban la visión del proceso de la Independencia. El mismo Garay expresa que está muy satisfecho con su obra, pues con ella quiso revelar cómo se procesaron los acontecimientos que dieron fin al colonialismo y que convergieron en el nacimiento del Estado paraguayo: al mismo tiempo, con este trabajo, pretendió brindar una idea de cómo se escribiría la historia en el futuro45.

         Un rasgo fundamental que no debe omitirse es la valorización positiva que introduce su autor sobre el accionar de José Gaspar Rodríguez de Francia como protagonista vital e indiscutible del movimiento emancipador. La resonancia en la sociedad paraguaya de tal innovación queda patentizada en las siguientes expresiones de Garay en el Apéndice de la obra: no se me oculta que al sostener que fue obra en gran parte de Francia la revolución del 14 de Mayo, lastimo muchas arraigadas convicciones (...) no obstante el respeto grande que me merecen todas las opiniones, por escasa autoridad que tengan, he de reivindicar para el Dr. Francia lo que a mi parecer le corresponde por legítimo título, la que sus actos posteriores pueden haber empañado, más no destruido y esgrime su postura al indicar que fueron tantos los anatemas que han ido acumulándose en el transcurso del tiempo sobre el nombre del Dictador celebérrimo, que ya no rigen con él, las reglas de la crítica, todo lo malo que se achaque lo creemos a pie juntillas, lo bueno que de él quiere decirse ha menester de ir bien documentado, para que no lo neguemos sin examen 46.

         Garay también pone de manifiesto las lealtades que se encarnaban en los diferentes grupos asunceños en los prolegómenos revolucionarios: los que sostenían la idea de seguir dependiendo de España, los que bregaban por la emancipación total y la de aquellos que adherían al separatismo hispano pero a su vez propendían a la unión con Buenos Aires. Y aunque deja muy bien sentado su descrédito por esta última posición, sobre todo en el capítulo III de su obra, en el que califica a tales ideas de antipatriotas, su discurso histórico se mantiene, a su vez, distante de cualquier apriorismo nacionalista. Este es un rasgo meritorio, porque si bien en el presente existe concordancia respecto a que en América Latina el Estado procedió a la Nación, que las naciones americanas modernas como unidades políticas en función de fronteras culturales no existieron hasta mediados del siglo XIX, los especialistas han superado las interpretaciones clásicas de la Independencia fundadas sobre el presupuesto de la emancipación nacional, en el sentido de relacionar la identidad cultural y la aspiración al ejercicio pleno de la soberanía como una evidencia que no necesitaba justificación. Nada de esto ocurría en dichos países en aquellos años, cuyos historiadores iban a buscar en el estudio de la independencia la gesta originaria, las virtudes de los héroes fundadores y los modelos que había que seguir para asegurar la grandeza de la Nación.

         Con respecto a La Junta Superior Gubernativa, es un estudio poco conocido, publicado en 1942, cuando J. Natalicio González recibió los originales y creyó necesaria su edición en memoria del ambicioso tratado sobre Los organismos políticos del Paraguay que su autor deseó escribir. Es de advertir que, cuando Garay presentó su tesis doctoral, eran tiempos muy difíciles en cuanto a finanzas de refiere y los representantes de la cultura daban a conocer sus trabajos a través de columnas periodísticas, revistas, entregas en fascículos y pequeños opúsculos. Además, eran impresiones de escasos números. Así por ejemplo, en sus primeras ediciones El Comunismo47 tuvo sólo 102 ejemplares y La Revolución48 alcanzó a 108. Por consiguiente, su ensayo sobre La Junta debió también tener un escaso tiraje.

         En cuanto al ensayo El Primer Consulado, que también hace parte de este segundo volumen de la Biblioteca Bicentenario, a cargo de la respectiva Comisión Nacional, no es difícil determinar el tiempo y el porqué se escribió la obra, ya que ésta fue disertada por el joven Garay para obtener el grado de Doctor en Derecho. Es de advertir que las exigencias de la época difieren substancialmente de las requeridas en la actualidad para la defensa de una tesis doctoral y, como es de suponer, ésta no posee los elementos de forma, incluyendo el marco teórico, la hipótesis, los objetivos, la justificación, etc. Tampoco está seccionada en capítulos ni contiene la bibliografía que sirvió de soporte al trabajo. Al cotejar la monografía de Garay con la tesis presentada

por Cecilio Báez, tres años antes que la suya, titulada La Libertad Civil, se observan las mismas características mencionadas.

         Con todo, este trabajo posee una valoración indiscutible por tratarse de la primera tentativa importante para la reivindicación de los personajes que dirigieron el primer organismo político del Paraguay como Estado soberano, y si bien hay más carencia de fuentes documentales, que en las otras obras anteriormente citadas existen en abundancia, éstas se hallan subyacentes en cada una de sus páginas. Amerita subrayar algunas disposiciones escritas entre comillas como la nota del 20 de julio de 1811, dirigida a la Junta de Buenos Aires; el Tratado del 12 de octubre, con los delegados porteños; instrucciones de carácter administrativo-militar; diversas comunicaciones, etc.

         De ágil y elocuente lectura, la exposición empieza con el Congreso celebrado el 17 de junio de 1811, vale decir con las ponencias de los diferentes delegados en tan memorable asamblea. Con la integración del primer Gobierno y el consecuente accionar de sus miembros, Garay inicia la defensa del doctor Francia al afirmar que era parte de este organismo un hombre de voluntad inflexible, que plegaba a la suya y arrollaba y anonadaba todas las demás; que unía a su bien templado carácter, talento y luces superiores, que le aseguraron desde el primer día un ascendiente que nadie fue osado a disputarle; que impuso respeto por su honradez y la severa austeridad de su vida, y se hizo admirar por la energía con que defendió los derechos del pueblo, proclamando los principios de avanzada democracia. En todo el trabajo se advierte la ingente asistencia de Francia en cada una de las obras de la Junta, sean éstas de orden económico, político, militar o educativo y, al mismo tiempo, objeta el proceder de los demás integrantes en diversas cuestiones administrativas, causales de los retiros transitorios de la Junta por parte del vocal Francia.

         Así como deja traslucir su encono hacia las pretensiones anexionistas de Buenos Aires, Garay también exterioriza su ideología liberal. Un ejemplo es el relato sobre abolición del cargo del Subdelegado de la inquisición que el Tribunal de Lima había nominado para el Paraguay, que coartaba el libre pensamiento del pueblo. Al respecto, escribe: El paso más feliz y glorioso que dio la Junta fue el de asociar su nombre a una reforma importantísima y de carácter eminentemente liberal. Su estudio sobre la labor de la Junta se vigoriza con el análisis crítico, y a veces implacablemente adverso, que hace de sus falencias, aunque imprime algunos logros importantes, gracias a la intervención precisa del doctor Francia. No obstante, considera a esta administración como la de mayor incidencia, por ser la primera en el proceso histórico de la vida independiente del Paraguay. Concluye con la convocatoria del siguiente congreso a celebrarse el 30 de setiembre de 1813, que instauró al segundo gobierno: el Consulado.

         Cuando Garay publicó El Primer Consulado en 189949 señalaba en su presentación que se trataba de un estudio modulado que formaba parte de un trabajo más extenso, escrito cuatro años atrás y que por falta de tiempo para completarlo y modificarlo quedó postergado por investigaciones posteriores50. Se refería indudablemente a la pieza mencionada sobre Los organismos políticos. Es así que con admirable erudición, característica de todas sus obras, Garay inicia la reseña con el Reglamento de Gobierno aprobado el 12 de octubre de 1813, que otorgó al Paraguay la categoría de ser la primera República de Sudamérica, hecho que marca la intención de su trabajo. Tal como en su Revolución de la Independencia se valió de un significativo corpus documental, procedente de fuentes inéditas del Archivo Nacional de Asunción y del Archivo de Buenos Aires, a más del recurso de considerables estribos bibliográficos no menos importantes, como El Paraguayo Independiente, La América de Buenos Aires y las obras de Guido, Estrada, Rivera Indarte, Molas, Rengger y Longchamp, Zinny y otros volúmenes todos consignados al pie de página.

         Es conveniente puntualizar que, en este artículo, Garay incluye notas explicativas y copiosas observaciones sobre algunos acontecimientos y personas sin extraviarse de su lógica, que de hecho enriquecen a la obra. Con esta modalidad y con el hábil manejo de su pluma, este gran historiador paraguayo dejó entrever en cada línea su amor incondicional por la patria y por la         libertad, su pasión por el bien público y su alto valor cívico.

         En ese contexto, coincidimos plenamente con la historiadora argentina Liliana Brezzo51 cuando afirma que este entusiasmo celebraticio de los bicentenarios iniciados en casi toda Hispanoamérica y los breves comentarios compartidos sirven de estímulo para evaluar la obra de Blas Garay, y sin lugar a dudas una de las más valiosas fuentes para quienes deseen acometer la grata tarea de plantear novedosas revisiones de la Independencia del Paraguay en sintonía con los más recientes y originales postulados historiográficos.

 

         Mary Monte de López Moreira

         Setiembre, 2009

 

 

NOTAS

 

1Lucena Salmoral, Manuel.1992. Historia de Iberoamérica. Tomo II. Madrid. Editorial Cátedra, p.14

2Leopold von Ranke, alemán, uno de los más importantes historiadores del siglo XIX y considerado comúnmente como el padre de la historia "científica".

3Expresiones de Leopold von Ranke sobre sus teorías. Cf. en Biblioteca de Wikipedia.

4Anido, Gastón. 1952. Leopold Ranke. Revista cubana de Filosofía. Vol. II N° 10. La Habana. Enero-junio, pp. 38/40.

5Eugenio Alejandrino Garay fue, con posterioridad, un esclarecido periodista y heroico militar de la Guerra del Chaco. Falleció el 17 de abril de 1937.

6Centurión, Carlos R. 1935. Blas Garay. Asunción. Imprenta Militar, p. 9

7González, J. Natalicio. 1942. Blas Garay. Tres ensayos sobre Historia del Paraguay. Asunción. Guarania, p. 12

8Centurión, Carlos R. 1961. Historia de la Cultura Paraguaya. Asunción. Biblioteca Ortiz Guerrero, p. 502

9Centurión, Carlos R. 1935. Blas Garay... Opus cit. pp 10/11

10El Tiempo, periódico fundado por Manuel Gondra, tuvo una efímera vida.

11Nuestro Trabajo. 2000. Biografía de Blas Garay en Forjadores del Paraguay. Buenos Aires. Distribuidora Quevedo de Ediciones, pp. 276/277

12Ver editoriales de El Tiempo (1891-1893), de La Opinión y de La Unión.

13El 29 de enero de 1895 fue nombrado Subsecretario de Hacienda, siendo Ministro Agustín Cañete, integrante del gabinete del presidente Juan Bautista Egusquiza (1894-1898).

14Centurión, Carlos R. 1935. Blas Garay... opus cit. pp. 16/17

15Doña Isabel de Guevara llegó al Río de la Plata con la expedición de don Pedro de Mendoza. Cuando el gobernador Domingo Martínez de Irala decretó la despoblación de Buenos Aires en 1541, arribó al Paraguay con el resto de la expedición.

16Cartillas políticas. N° 20. Publicación de la Junta de Gobierno de la Asociación Nacional Republicana. Asunción, 15-V-1959, p. 3

17González, J. Natalicio.1942. Blas Garay. Tres ensayos... opus cit. p.13

18Decreto del Poder Ejecutivo del 3 de marzo de 1896.

19Carta de Blas Garay a Manuel Franco. Sevilla el 27 de junio de 1897. Publicada por la Revista Guarania bajo el título Gondra y el Catecismo de San Alberto. Año II. N° 24. 20-X-1935, p. 28

20Centurión, Carlos R. 1935. Blas Garay... opus cit. p. 25

21Las copias alcanzaron una totalidad aproximada de 4.000 pliegos con más de 20.000 documentos, a más de los mapas que, según el propio Garay, eran 12 de los más valiosos. Carta a la Cancillería. 18-V-1897.

22 Institución fundada el 26 de junio de 1895 por un grupo de jóvenes intelectuales junto a otras figuras influyentes de la sociedad asuncena, en donde la fuerza de la palabra se convertiría en fuente de prestigio.

23Guarania. Año III. N° 33. 20-VIII-1936, pp. 23/24

24Guarania. Año III. N° 32. 20-VI-1936, p. 31

25Guarania. Año III. No 36. 20-X-1936, pp. 28/32

26Guarania. Año II. No 35. 20-VII-1936, pp. 5/6

27Guarania. Año III. No 28. 20-II-1936, pp. 17/18

28Guarania. Año III. No 29. 20-III-1936, pp. 19/31

29Guarania. Año II. No 21. 20-VII-1935, pp. 17/18

30Guarania. Año II. No 23. 20-IX-1935, pp. 9/13

31Guarania. Año II. No 24. 20-X-1935, pp. 27/31

32Guarania. Año I. No 11. 20-X-1934, pp. 21/26

33Historia Paraguaya. Anuario del Instituto Paraguayo de Investigaciones Históricas. 1956. Asunción, p.13

34Guarania. Año II. No 14. 20-XII-1936, pp. 15/17

35Nota preliminar de la edición de la Colección de Documentos Relativos a la Historia de América y particularmente a la Historia del Paraguay. Asunción, 1899.

36Anuario del Instituto Paraguayo de Investigaciones Históricas. 1956. Asunción, p. 13

37La Democracia, 15 de abril de 1889.

38González, J. Natalicio. 1942. Blas Garay. Tres ensayos... opus cit. p. 17

39Centurión, Carlos R. 1961. Historia de la Cultura. Opus cit, p. 362

40En el Compendio Elemental de Historia del Paraguay, p. 23, Blas Garay presenta a Juan de Ayolas como el fundador de Asunción.

41Brezzo, Liliana. Blas Garay y la Independencia del Paraguay. Diario ABC Color. Suplemento Dominical. 8-VI-2008.

42Carta de Blas Garay a Manuel Franco. Sevilla, 27 de junio de 1897. Publicada por la Revista Guarania bajo el título Gondra... opus cit. p. 27

43Ciudad de Luján, provincia de Buenos Aires, Archivo Estanislao Zeballos, Buenos Aires, 15 de mayo de 1896.

44Brezzo, Liliana. Blas Garay y la Independencia del Paraguay. Diario ABC Color. Suplemento Dominical. 8-VI-2008.

45Carta de Blas Garay a Manuel Franco. Sevilla, 27 de junio de 1897. Publicada por la Revista Guarania bajo el título Gondra... opus cit. p. 31

46Garay, Blas. 1897. La Revolución de la Independencia del Paraguay. Apéndice A.

47El Comunismo de las Misiones fue reeditado por la Biblioteca Paraguaya del Centro de Estudiantes de Derecho, con prólogo de Silvano Mosqueira en 1921.

48La Revolución de la Independencia, se volvió a editar en 1996 por El Lector, con prólogo de Roque Vallejos.

49El Primer Consulado, publicado en la Revista del Instituto Paraguayo. Tomo 3. Año 1899.

50Ibídem. Ver nota al pie de página. Reeditado por J. Natalicio González. 1942. Blas Garay. Tres ensayos sobre Historia del Paraguay. Asunción. Guarania.

 

 

 

 

CAPÍTULO V

LA GÉNESIS REVOLUCIONARIA

 

Nuevas medidas preventivas del Gobierno. -Ingratitud de Velasco hacia el ejército. - Empréstito patriótico. - Remisión de los prisioneros a Montevideo. - Ocupación de Corrientes por el Paraguay. - Fermento revolucionario: conspiraciones fracasadas: terreno propicio que encuentran las nuevas ideas en esta Provincia. - Opiniones favorables a la anexión a Buenos Aires.

 

         Aunque el aspecto que la lucha empeñada con Buenos Aires presentaba, era completamente favorable al Paraguay, así por la ninguna simpatía que el ejército invasor encontró en la Provincia, como por el entusiasmo con que se hizo el alistamiento de las tropas que habían de oponérsele y el éxito de la primera batalla, no por eso Velasco y el Cabildo cesaron en sus previsoras disposiciones. El 7 de febrero de 1811, a raíz del triunfo de Paraguarí, publicó el gobernador un bando para que fuesen entregadas todas las armas de fuego que poseyeran los habitantes, y en particular las tomadas al enemigo el 19 de enero1; y el 12 de marzo el Ayuntamiento, que interinamente ejercía el gobierno, ordenó a todos los corregidores, cabildos y administradores de los pueblos de indios y a los jueces comisionados, jefes militares y demás autoridades de los pueblos de la campaña, que prestaran todos los auxilios que les pidiese, a D. Agustín María Antunes, encargado de establecer una fábrica de pólvora, por ser necesario que la Provincia se proveyese a sí misma de aquellos elementos indispensables a su defensa, que no podía recibir del exterior, aislada como estaba a causa de su fidelidad al Rey.2

         El mismo día 13 de marzo, que se supo en la Asunción la noticia de la última victoria, partió Velasco "á poner en orden la frontera del Paraná y los pueblos de Misiones"3, y llegado á Tacuary, licenció al ejército sin paga alguna; se hizo tributar honores que no merecía, á costa de los arruinados municipios, y únicamente recompensó á D. Fulgencio Yegros, á quien, por su acendrado realismo, ascendió y nombró gobernador de Misiones, dejándole con 200 hombres en Itapúa, mientras él, Velasco, volvía á la capital4. Una vez aquí, expidió un bando (18 de abril) en que, después de felicitar por sus triunfos a los paraguayos, les decía: "Vivid contentos: reposad en el seno de vras. familias, y no temáis padecer la suerte de vuestros vecinos los correntinos q.e arrastrados de los insurgentes, han ido á ser víctimas en la Campaña del Uruguay; á la sazón q.e su capital abandonada la tiene á discreción el Comand.te de nra. Esquadra D.n Jaime Ferrer que se halla fondeado en el Puerto de aquella Ciudad. Esta Provincia es ilustrada y fuerte, y la divina Provid.a  que vela sobre su conservación, cada día nos depara medios que la hacen inaccesible. No penséis q.e vro. mérito ha de quedar en el olvido; todos mis esfuerzos desde este momento se reducen á elevarle al Gov.no Soverano de las Cortes que en nombre de Nro. Monarca el Sor. D.n Fern.do 7° rige España y sus Indias. Todos serán dignam.te recompensados: dedicaos entre tanto al cultivo y cuidado de vras. haciendas. Ocurrid á mi si alguno os oprime, y hallareis la justicia de un padre que os ama, y que no quiere más premio que acabar sus días de simple particular entre vosotros, cuio valor, docilidad, y amable carácter nos ha proporcionado el maior galardón y gloria que pueden dar las naciones más poderosas del mundo. No sois mis esclavos como dicen los infames Livelos de Buenos Ayres; sois mis hijos compañeros y amigos. Ellos son verdaderam.te los esclavos de un Govierno arvitrario, tiránico y despótico"5.

         El 19 de abril convocó Velasco a las autoridades, para que el 27 de mañana concurriesen a la Casa de Gobierno a jurar de nuevo por único y legítimo Rey D. Fernando VII, y por él a la Soberanía de la Nación, representada por los Diputados de las Cortes Generales de enero y junio de 1810, ordenando al propio tiempo los festejos con que se solemnizaría este suceso, así en la capital como en las villas y demás poblaciones de la Provincia6, e hizo pregonar que para mantener el estado de defensa del Paraguay "desde este día se abre en Caxas un empréstito patriótico, baxo la Hipoteca de las fincas y Ramos de Real Hazienda que elijan los prestamistas, así para la seguridad de sus capitales como para el pago del seis por ciento que se les abonará religiosamente, quedando á su arbitrio sacar los principales luego que tranquilizadas las cosas, tenga esta Thesorería fondos bastantes, ó bien continuar percibiendo el expresado premio, cuya satisfacción se hará á los interesados en las Reales Caxas, donde presenten los documentos ó cartas de crédito que se darán á los capitalistas por los Ministros de Real Hazienda con arreglo á lo resuelto por su Magestad en Real Orden de doce de marzo del año pasado de mil ochocientos nueve"7.

         No obstante que Cabañas prometió a Belgrano la libertad de los prisioneros porteños8, Velasco no se curó de esta promesa, y los hizo trasladar a la Asunción, en donde los empleó en las obras públicas y los tuvo en un barco en medio del río, mientras se preparaban los que habían de llevarlos a Montevideo9. Contratóse la conducción con D. Francisco Fornell10, que ajustó en 2.700 pesos la de seis oficiales y 195 de tropa, entre sargentos, cabos y soldados11; y al mismo tiempo despachó el gobernador al sargento mayor D. Carlos Genovés12 con una misión ante el Virrey Elío, que, llegado a Montevideo el 12 de enero de 181113, se había dado prisa a restablecer la comunicación fluvial con el Paraguay y a socorrerle con cinco oficiales, fusiles y municiones, enviados a la Bajada del Paraná con un bergantín y dos faluchos armados en guerra14.

         Respondiendo, además, a las hostilidades iniciadas por Buenos Aires, y para precaverse contra una segunda agresión, Velasco ordenó, después de la capitulación de Tacuary y consiguiente retirada de Belgrano, que fuese ocupada la ciudad de Corrientes, como hacía ya tiempo lo aconsejaba el Capitán D. Jaime Ferrer, Comandante de Ñeembucú15. Éste se presentó con catorce buques delante de Corrientes, y el 17 de abril de 1811 intimó al teniente gobernador, D. Elías Galván, que en el término de dos horas contestase si se declaraba aliado de la Provincia del Paraguay, "reconociendo como ella reconoce á la Soberanía de España, é Indias en el Congreso de las Cortes, y al Señor Don Francisco Eliu por Virrey del Río de la Plata", y prometiendo a los habitantes "defenderlos por las armas del Paraguay, contra qualquiera tentativa de Buenos Aires en el concepto que si dan Usia lugar con su obstinación á que use de mis fuerzas para reducirlos á su deber y si no se aprovechan de este último requerimiento que hago, decía, conducido de los principios de humanidad, y deseoso de que se restablesca el antiguo orden, y sosiego, esperimentaran el más sebero castigo, y serán tratados como rebeldes"16.

         No fue posible hallar en ninguna parte a Galván, que había huido en cuanto se presentó el peligro, y el Cabildo, inmediatamente convocado para resolver lo que debía hacerse en tan apurado trance, viéndose sin fuerzas con que oponer resistencia, contestó aquel mismo día a Ferrer su intimación de reconocimiento de D. Fernando VII, declarando que "resulta que este es el principal objeto de ambos goviernos, y que todos seguimos a un fin con protexta por nuestra parte de nunca bariar de propósito; sin embargo, si Usia no es conforme con la conducta de este Pueblo puede disponer lo que sea de su agrado en el supuesto de que hallándose indefenso y sin fuerza alguna, no tiene Usia que temer oposición, ni resistencia alguna á las disposiciones que estime justas, y combenientes, y para qualesquiera que fuesen este Ilustre Cavildo interpone á Usia sus respetos para que providencie la mayor moderación, y quietud en sus gentes asegurándole de la docilidad y sosiego de este Pueblo"17. En mérito del pacífico sometimiento de las autoridades de la Ciudad, desembarcaron en ella las tropas paraguayas por el puerto de La Rosada, y la ocuparon el mismo día 17, y el 20 fue formalmente jurado el Supremo Consejo de Regencia del Reino, después de lo cual, estando el Cabildo reunido, a las cinco de la tarde, se presentó Ferrer en su sala, pidió que se le enseñaran dos tomitos que envió la Junta de Buenos Aires, y resultando ser ellos el Contrato Social, de Rousseau, se acordó quemarlos18.

         Mientras de esta manera rechazaba Velasco al enemigo exterior y procuraba ponerse a cubierto de nuevas tentativas suyas, no perdía tampoco de vista a los que desde el Paraguay intentaban dar en tierra con su poder. Las ideas revolucionarias, que germinaban entonces casi espontáneamente en toda la América, tenían terreno más propicio en el Paraguay que en ninguna otra de las colonias españolas. Hallábase el gobernador empeñado en los preparativos de la guerra, cuando descubrió ciertos planes subversivos, y para ahogarlos en su cuna "confinó á Borbón algunos ciudadanos y á un religioso eclesiástico, que se habían insinuado adictos al sistema de Buenos Aires", o sea a reformar el gobierno y hacer que tuviese origen en la voluntad nacional19. Pero no fueron suficientes estos riesgos para concluir con sentimientos e ideas tan tenazmente arraigados. Velasco llegó a recibir noticia de que se conspiraba en su contra, y el 7 de enero de 1811, en Yaguarón, donde estaba su cuartel general, "informado que el Administrador de este Pueblo D.n Juan Manuel Granze, á intentado seducir á varios individuos, inclinándoles á seguir el partido de los insurgentes", mandó que se le procesara. De las informaciones practicadas por el Capitán D. José Teodoro Fernández, Ayudante de órdenes, resultó Grance culpable de haber predicado la necesidad de rendirse sin resistencia a Belgrano, "que viene á sacarnos del cautiverio, y opresión en q.e nos tienen los europeos"20, con lo cual se mejoraría el estado de la provincia y podrían tener mando los paraguayos.

         Grance fue preso y remitido a la Asunción a mediados del mismo mes de enero, y hallándose en la cárcel, el 4 de abril, se denunció otra nueva conjuración, fraguada por D. Manuel Pedro Domeque, D. Manuel Hidalgo y D. Marcelino Rodríguez, para "atropellar la Guardia del Cuartel, matando á los que se resistiesen y apoderarse de todos los presos que hay en él haciéndose dueños así mismo de las armas y municiones que existen en el Parque de Artillería existente en dicho Cuartel y con ellas y su gente apoderarse á viva fuerza del Barco en que se hallan los prisioneros... y reunidos todos pasar á la casa de los Señores Jueces, y después á la del Señor Obispo á sacarlos á todos sin decir con qué objeto"21, para lo cual tenían designada la madrugada del 6 de abril. Pero uno de los comprometidos en la empresa, José Antonio Agüero, retrocedió en los últimos momentos y dio parte de lo que se fraguaba al Alcalde de primer voto, a las diez de la noche del día 4, y en la mañana siguiente el Cabildo Gobernador envió a D. Francisco Fornel, al Capitán de Artillería D. Antonio Zavala y otros, a prender a Domeque, como lo hicieron, sometiéndosele a un proceso, que instruyó el regidor Don Francisco Riera.

         El mismo día de la delación de Agüero, el Dr. D. Juan de la Cruz Vargas comunicó al regidor D. José García del Barrio noticias que había recibido de un atentado que se proyectaba contra el gobierno, y a la vez para dar libertad a los prisioneros porteños, mezclando en sus deposiciones el nombre del alférez abanderado D. Vicente Ignacio Iturbe, como la persona por quien lo supo, aunque haciendo constar que éste no entraba en el complot. La denuncia produjo el encarcelamiento de varios de los conjurados22.

         Mientras así se conspiraba en la capital, Don José de María, notado por su estrecha amistad con Domeque, buscaba prosélitos a la conjuración en la Villa Real, teniendo de auxiliares en este empeño al cura D. José Fermín Sarmiento y al Dr. D. José Mariano Báez, quienes sostenían "que la Junta de Buen.s Ay.s no podía reconocer á la Regencia por suprema autoridad, y que el fin de aquella era libertar de la esclavitud á los americanos, y que el Sor. Gobernador Intend.te D.n Bernardo de Velasco p.r sus fines particulares no había dexado obrar con libertad al pueblo el día veinte y quatro de julio del año próximo pasado en el Colegio, para si se debía ó no reconocer dha. Junta de Buenos Ayres, la que con razón y justicia se había instalado; y que la causa de no haber sido reconocida por la Provincia del Paraguay, no era otra más que de quatro pícaros que se habían asociado con el Sor. Gov.or para sostener sus empleos, sin que ninguno de estos fuesen capaces de libertar á dicho Sor. Gov.or de la próxima ruina que le amenazaba"23.

         Pero no consiguieron estas ideas abrirse paso en aquella conservadora población; tuvo Velasco noticia de la propaganda que en ella se hacía, y el 29 de abril dio comisión al Dr. Don José García Oliveros, abogado de la Real Audiencia de Buenos Aires, para procesar a los culpables, a la vez que ordenaba al cura Sarmiento que se presentase ante él inmediatamente, y escribía al Comandante de Villa Real, D. Francisco de Quevedo, que si no lo verificara con la prontitud mandada, lo enviase preso bajo segura custodia 24. La revolución de Mayo concluyó con todas estas causas.

         Estos hechos desmienten por completo a cuantos piensan con Somellera que "la única verdadera é inmediata causa que influyó (en los paraguayos, para que la revolución se produjera), fue la inoculación que recibieron en Tacuary, dos meses antes que se sintiera su efecto", y que "puede decirse, y se dirá con verdad que el General Belgrano en Tacuary en marzo de 1811 preparó la revolución, que estalló en la capital en mayo del mismo año"25. Contrariamente a tal afirmación, atestigua la historia que las ideas revolucionarias tenían ya abierto camino, y constituían materia de desazones para el Gobierno, mucho antes que Belgrano se comunicara con los oficiales paraguayos. No se había dado aún ninguna batalla contra los invasores, cuando ya opinaba y sostenía el Dr. Francia en la asamblea del 24 de julio de 1810 "que había caducado el gobierno español"; cuando eran deportados a Borbón algunos patriotas que deseaban implantar en el Paraguay el mismo sistema por que se regía Buenos Aires; cuando caía preso Grance, porque predicaba la alianza con los porteños, que vienen a redimirnos "del cautiverio, y opresión en q.e nos tienen los europeos"; cuando el R. P. Fr. Francisco Caballero, hombre recto y sabio, tío de Francia, llegado recientemente de la capital del Virreinato, no ocultaba su entusiasmo por la bondad del nuevo régimen, y fomentaba las nacientes aspiraciones de los patriotas26; cuando en la Villa Real de la Concepción de María, el P. Sarmiento y el Dr. Báez propagaban que la Junta de Buenos Aires tenía el sublime propósito de "libertar de la esclavitud á los americanos". Y si hubo todos estos conatos, en los cuales no entró por nada la propaganda de Belgrano, puesto que son anteriores a ella; si las ideas que se efectuaron el 14 de Mayo tenían prosélitos antes de Tacuary, y el profesarlas era causa de prisiones y confinamientos, ¿es justo conceder sólo al General porteño el honor de haber preparado con su prédica los espíritus de los patriotas para aquella grande obra? No, por cierto: la historia imparcial sabrá dar a aquellos hechos toda la grande importancia que tienen, como precursores de la revolución, y restringir la influencia de la propaganda de Belgrano a los estrechos límites que la corresponden en justicia.

         Ya lo ha dicho además un eminente historiador argentino, el Dr. D. Vicente F. López, apreciando con imparcialidad rarísima en sus compatriotas la situación y espíritu de nuestro país en aquella época: "Nosotros no podemos participar de la entusiasta leyenda con que se ha atribuido la revolución del Paraguay á las conferencias del general Belgrano con Cabañas y con los hermanos Yegros.

         "Los hombres, repetimos otra vez, no hacen milagros. Los que se pasman de admiración delante de los resultados que atribuyen á las negociaciones de Tacuary, prescinden de que las condiciones naturales del país, y las del pueblo paraguayo, tenían preparado ese resultado, como una consecuencia forzosa del tiempo, de la oportunidad y de los hombres mismos que contribuyeron á él. Abandonado á su propio declive, el Paraguay se habría declarado independiente de todos en 1811, sin la expedición y sin las negociaciones del general Belgrano"27.

         El pueblo paraguayo no necesitaba que nadie le inculcase los sentimientos de libertad, porque los tenía más profundamente arraigados que ningún otro. La deposición de Cisneros le hizo comprender que había llegado el momento de conquistarla, y a ello se dispuso, sin esperar a que viniese Belgrano a despertarle.

         Como corroborante de cuanto dejo dicho, puedo todavía citar los siguientes párrafos de un compatriota, Peña, que se refieren al período preparatorio de la revolución, y a época también anterior a Tacuary: "El gobernador se consideraba como impotente, notando el fermento de los patricios: no olvidaba los acontecimientos ocurridos en el Paraguay durante y después de la gobernación de Don Diego de los Reyes y Balmaceda, y sabía la altura en que se podía colocar el pueblo de la Asunción al recobrar sus derechos.

         "Preveía que se presentaba la ocasión de revivir el germen sofocado por tantos años, pues notaba que la idea no se había extinguido, y parecía que los paraguayos despertaban con la revolución del 25 de Mayo de 1810...

         "Recuerdo que oía decir á mi padre años después que en vano había sido querer privar á los verdaderos patricios del pensamiento y voluntad que expresaron; que hicieron traslucir su proyecto; que buscaron su apoyo en la voluntad pública; que fue mucho lo que bullía en aquellos espíritus la idea de la soberanía del pueblo; que simpatizaron enteramente con los propósitos de Buenos Aires; que les abrumaba el centralismo; que su aspecto no les asustaba ni temían la cólera y aborrecimiento de los absolutistas cabildantes"28.

         Desgraciadamente, si había quienes acariciaban la idea de constituir al Paraguay en total independencia de todo ajeno dominio, tampoco faltaban partidarios de la anexión a Buenos Aires, siquiera estos mismos la propusiesen sobre la base de una estricta y completa igualdad de los derechos de ambas provincias. Hácese notar por la elocuencia y el bello estilo en que está concebida la extensa comunicación reservada que el 8 de marzo de 1811 dirigió un Europeo despreocupado al gobernador y los vocales españoles del Cabildo, refutando uno a uno todos los reparos puestos a aquella alianza, y exhortando a que fuese llevada a efecto, dejados a un lado intereses transitorios y de poca monta, y prevenciones y rivalidades que no debían subsistir. "¿Qué victoria podrá lograr esta Providencia sobre la de Buenos Aires, decía, ni aquella sobre ésta, que no sea un mal trascendental p.a todas las de esta América? ¿Qué otra cosa puede resultar de esta desunión, sino es franquear las puertas de nuestra misma casa al enemigo? Recordemos de una vez del emponzoñado letargo en que vivimos; y si no nos mueve el legítimo interés de nuestra causa común, muevanos siquiera el desfavorable concepto q.e tendremos entre todas las Naciones cultas, al ver que, siendo una misma la causa que todos defendemos, p.r varios insubstanciales incidentes, vamos á perder el goze de nuestra libertad, en el que están comprendidos el suabísimo yugo á nuestras leyes, el apreciable vasallaje que tributamos al mejor de los Monarcas, y quizás también la posesión de nuestra religión santa.

         "Con efecto no podía escogitarse un medio más efectivo p.a dejar de ser españoles, que el de la desunión, ó el de la guerra civil en que por desgracia hemos sucumbido...

         "La fortuna, agregaba después, haga que estos descargos sean oídos con la misma disposición imparcial con que yo los he referido, pues está por demás la mejor razón fundada, quando la pasión dirige el alvedrío...". Y procurando excitar el propio interés de los españoles: "Aún quando los europeos pudiésemos por algún tiempo sostener esta trasmitida superioridad, al fin la razón y la fuerza nos la ha de hacer declinar. En la ipotesi de subsistir España, y conservando la población arreglada á su extensión, no ha de poder emigrar más número de sus naturales que hasta el presente: p.r el contrario, la vastedad de estos países hace un aumento progresivo todos los días: el mayor número en todas partes constituye las fuerzas; y así aunque nuestra pretensión fuese fundada, al fin tendrá que ceder á esta"29.

         "No faltaban verdaderos patriotas, escribía á su vez la Junta del Paraguay á la de Buenos Aires en 20 de julio de 1811, que deseasen esta dichosa unión en términos justos y razonables"30; pero ni eran de esta índole las pretensiones que por entonces reveló Buenos Aires, quien buscaba su preponderancia absoluta y solas sus particulares ventajas, ni estaban todas las voluntades encaminadas en el mismo sentido.

 

 

 

NOTAS

 

1MS. del Archivo Nacional.

2Con efecto: la fecha del bando original (MS. del Arch. Nac.), subscripto por el triunvirato de Haedo, Bedoya y Caríssimo, es la del 12. No obstante, del oficio del Cabildo a Elío, ya tantas veces traído a cuento, se colige que Velasco no salió de la capital hasta el 13, y que el día anterior comunicó al Ayuntamiento la llegada del Virrey a Montevideo.

3Oficio del Cabildo a Elío (Descripc., pág. 77).

4 Descripc. Prov. Parag., págs. 77 y 78; Somellera (Rengger, Ensayo histór., págs. 194 y 196). Conviene establecer con exactitud la verdadera jerarquía militar de Yegros, a quien comúnmente se cree General; pero el grado más alto a que llegó fue el de Brigadier, con que, a la par de Francia, le agració en 12 de octubre de 1813 el Congreso inaugurado el 30 de setiembre, al nombrarle cónsul (Veáse mi Comp. Elem. De Hist. del Parag., pág. 176).

         Ya queda dicho que en setiembre de 1810 Yegros era un simple teniente. Después de Paraguarí le hallamos de capitán, y de teniente coronel en las actas del Congreso del 17 de junio de 1811. Lo que falta es saber si este grado le obtuvo en una sola vez por los méritos hechos en Tacuary, o si fue precedido del ascenso a comandante. Lo primero es inverosímil, porque importaría haber saltado un punto del escalafón, y ni consta que Yegros se distinguiera particularmente en la última batalla, ni parece creíble que Velasco, que escatimó las recompensas al extremo de no premiar los servicios del jefe que la dirigió, Cabañas, ni de otros muchos meritísimos oficiales, se mostrara con Yegros tan injustificadamente pródigo (por muy fervoroso realista que fuese), a trueque de suscitar descontentos, más peligrosos entonces que nunca.

         Estas consideraciones, reforzadas por la partida que sigue, tomada del Libro Mayor varias veces citado, constituyen una casi prueba completa a favor de la segunda hipótesis:

Abril 6.- Importe de los víveres q.e se han comprado y remitido al pueblo de Itapúa p.a gasto y consumo de la tropa q.e, se halla en aquel destino al mando del Comand.te en Xefe D.n Fulgencio Yegros y gente de marina situada en la misma altura sobre el río Paraná .................. 398,2 1/2

5MS. del Archivo Nacional.

6MS. del Archivo Nacional: bando.

7MS. del Archivo Nacional.

8Carta de Cabañas a Belgrano, en 10 de marzo (Descripc., pág. 47).

9Descripc., pág. 47; Somellera (Rennger, ed. cit., pág. 195). Consta que se les destinó a las obras de la Ribera en el Libro Mayor cit., partida del 9 de abril.

10N. Fournier, catalán y capitán de urbanos, dice Somellera (Reng., pág. 193); pero el nombre auténtico, según documentos oficiales, es el que doy yo.

11Libro Mayor cit., partida del 9 de abril.

12Libro Mayor cit., partida del 29 de marzo.

13López, ob. cit., tomo III, pág. 371.

14Oficio cit. del Cabildo de la Asunción al Virrey (Descripc., pág. 77).

15Ya en el oficio del 6 de octubre de 1810, dirigido a Gracia, decía Ferrer: "Es muy importantísimo q.e se tome Corrientes p.r muchos motibos con el fin de que quede toda la costa sin rriesgo alg.° p.a lo q.e se intente hacer ó mand.r de Montevideo, obligándome, el tomarla sin costo casi alguno y quitar alg.os traidores que hay en aquella Ciud.d de manera que tomada que sea tomaran estos las armas en nro. fabor, q.e est.n con mucho deseo de estar sugetas a la Provincia..." (MS. del Arch. Nac.).

16MS. del Arch. Nac. Véase además El Paraguayo Independiente, tomo I, pág. 5, y Zinny, ob. cit., pág. 224.

17MS. del Archivo Nacional.

18MS. del Archivo Nacional.

19Descripc. Prov. Parag., pág. 42. El escritor paraguayo Peña dice igualmente en una de sus cartas a La Tribuna de Buenos Aires, la del 9 de octubre de 1866: "El último gobernador español del Paraguay, el Brigadier D. Bernardo de Velasco, destinó (á Olimpo) como á presidio á varios ciudadanos notables de Asunción, entre ellos un reverendo religioso porteño franciscano, apellidado Vaca, por haberse declarado adictos á la revolución de Buenos Aires del año de 1810". La petición de Belgrano anteriormente transcripta robustece estos testimonios.

20MS. del Archivo Nacional. Véase también la Nueva Revista de Buenos Aires, año IV, tomo XII, entrega 47, pág. 456.

21MS. del Archivo Nacional. Véase también la Nueva Revista de Buenos Aires, tomo XII, entrega 48, correspondiente a marzo de 1885, pág. 622.

22MS. del Archivo Nacional: proceso original de la conspiración. Véase también sobre ella Rodríguez, Revista Nacional de Buenos Aires, dirigida por Carranza, tomo XIII, pág. 177, año 1891.

23MS. del Archivo Nacional.

24MMSS. del Archivo Nacional.

25Nota al Ensayo histórico de Rennger, editado en Buenos Aires, pág. 194.

26Descripc., pág. 59; Somellera, loc. cit.; Peña, nota a la Descripc., pág. 59.

27López, Historia Argentina, tomo III, pág. 366.

28Peña, nota a la Descripc., pág. 59.

29MS. del Archivo Nacional

30MS. del Archivo Nacional: está publicado con algunos errores en la Descripc., pág. 63. Véase también el oficio de 16 de setiembre de 1811 a Casa-Irujo.

 

 

 

El PRIMER CONSULADO

 

         El Reglamento de Gobierno sancionado a 12 de octubre de 1813 introdujo alguna claridad en la confusión en que hasta entonces habíase desenvuelto la vida política del país. Fue la primera Constitución que se dio la República del Paraguay, constitución singularísima, que únicamente se mostraba preocupada de fundar un poder fuerte, concentrando en sus solas manos cuanto medio coercitivo era posible concederle, otorgándole facultades de todo género, haciéndole a un mismo tiempo legislador, juez que aplica las leyes que dicta y poder ejecutor de esas mismas leyes; y olvidando por completo defender a los ciudadanos contra los desmanes y desafueros de tan temible cuanto ilimitada autoridad.

         Por virtud de dicho estatuto quedaba la administración política del Paraguay establecida de esta manera: "Continuarán en el superior gobierno de la Provincia solamente los dos ciudadanos, don Fulgencio Yegros y don José Gaspar de Francia, con la denominación de Cónsules de la República del Paraguay, y se les confiere la graduación y honores de Brigadiers de ejército...(art. 1°.). "Tendrán jurisdicción y autoridad en todo igual, la que ejercerán unidamente y en conformidad. Por consecuencia, todas las providencias de gobierno se expedirán precisamente firmadas por los dos" (art. 2°.). "Su primer cuidado será la conservación, seguridad y defensa de la República, con toda la vigilancia, esmero y actividad que exigen las presentes circunstancias" (art. 3°.). "La presidencia quedará en adelante reducida solamente a lo interior del tribunal que han de componer unidamente los dos cónsules. Por consiguiente será limitada a la economía y régimen interior del tribunal..." (art. 4°.). "La comandancia general de las armas de la Provincia se ejercerá por la jurisdicción unida de los dos cónsules" (art. 5°.). "No obstante esta disposición, la fuerza viva y efectiva, esto es, la tropa veterana de cualquier clase que sea, así como el armamento mayor y menor, pólvora y municiones de toda especie, se distribuirán por mitad al mando y cargo particular de cada uno de los dos cónsules, y éstos tendrán su respectivo parque o almacén en el lugar o alojamiento de sus cuerpos respectivos para su debida custodia" (art. 6°.). "Los oficiales y demás individuos de estos cuerpos serán a satisfacción de sus respectivos comandantes los sobredichos cónsules; pero los despachos de oficiales de cualquiera de ellos se librarán en unión por los dos cónsules a propuesta y elección de aquel a quien corresponda; y del mismo modo las causas particulares de cualesquier individuos de los expresados cuerpos de una y otra comandancia deberán ventilarse y juzgarse por la jurisdicción unida de los cónsules" (art. 8°.). "La presidencia interior del tribunal en los términos expresados rolará de aquí en adelante alternando los dos cónsules por cuatro meses cada uno. El que la ejerza sólo se titulará cónsul de turno, y de ningún modo cónsul presidente... En esta conformidad entrará ahora de turno para este efecto el cónsul Francia. La traslación de esta presidencia cumplido el tiempo respectivamente al turno de cada cónsul, se extenderá por diligencia firmada por los dos en el Libro de Acuerdos y de ello se pasará noticia al cabildo de esta ciudad para su inteligencia" (art. 9°.). "En los casos de discordia, en cuanto no se oponga á lo determinado en el presente Reglamento, la dirimirá el Secretario, y si hubiesen dos lo ejecutará aquel á quien corresponda actuar en los negocios de la clase que ocurrió la discordia" (art. 11°.). "Se deja al arbitrio y prudencia de los dos cónsules el arreglar de común consentimiento y conformidad todo lo concerniente al mejor despacho y expediente de todos los negocios de gobierno en todos sus ramos; así como la conservación de uno ó dos secretarios y del mismo modo la creación de un tribunal superior de recursos que deberá conocer y juzgar en última instancia conforme á las leyes, según la naturaleza de los dos casos y juicios que se dejase á su conocimiento" (art. 12). "Los cónsules con audiencia y consulta del mismo cabildo de esta ciudad arreglarán también el sueldo que deban tener así ellos como los secretarios, y miembros del nuevo tribunal ó cámara de recursos, si se crease" (art. 13). "Si alguno de los dos cónsules faltase absolutamente del gobierno por muerto ó total retiro, procederá el que quedase á convocar dentro de un mes á congreso general de la Provincia en la forma, método y número de mil sufragantes elegidos popularmente en toda la comprehensión de la Provincia como al presente, y sin perjuicio de esta deliberación, se establece también como ley fundamental y disposición general perpetua é invariable que en lo venidero se celebrará anualmente un congreso general de la Provincia al propio modo, con la misma formalidad, número y circunstancias, señalándose á este efecto el día 15 de cada mes de octubre, en cuya conformidad se expedirán puntualmente las correspondientes convocatorias á mediados de setiembre, con el justo fin de que la Provincia oportunamente y al menos una vez al año pueda congregarse á tratar, como pueblo libre y soberano, lo más conducente á la felicidad general, á mejorar su gobierno, si fuese necesario, y á ocurrir á cualesquier abusos que puedan introducirse, tomando las disposiciones, y haciendo los establecimientos más bien meditados con el conocimiento que da la experiencia" (art. 14). "Se observará el presente Reglamento hasta la determinación del futuro congreso..." (art. 15). "Queda adoptado por la Provincia el método y número de sufragantes del presente congreso, y por lo mismo se prohíbe al gobierno el que sin deliberación de otro semejante congreso pueda variar ó mudar esta forma y número de sufragantes" (art. 17)1.

         Pronunciada la aprobación del Congreso, fue diputado el ciudadano don Sebastián Antonio Martínez Sáenz para comunicar a los Cónsules su elección e intimarles que se presentaran a prestar el juramente de obediencia a la constitución sancionada; y habiendo ambos prometido "observar y hacer observar exactamente... todo lo contenido en todos y cada uno de los artículos del mismo Reglamento... el Presidente les dijo: Si así lo hiciereis, Dios os ayude, y si no os lo demande: con cuya diligencia y sin otra ceremonia quedaron los dos posesionados en los mismos oficios de Cónsules para que han sido nombrados, y el Cónsul Francia quedó recibido del turno de la Presidencia interior del Tribunal2.

         Aquel mismo día juraron también el nuevo Reglamento de gobierno y la autoridad en él constituida todos los oficiales del Cuartel General, según lo había dispuesto el Congreso, quedando así los cónsules en ejercicio del poder. Sólo uno, el teniente don Manuel Iturbe, se excusó de hacer dicho juramento, alegando que iba a solicitar su exoneración3.

         A la una de la tarde del 12 dio el Congreso por terminadas sus sesiones, en el curso de las cuales "confirmó la declaración de la independencia nacional, y además con sobrada razón consideró rota la alianza en otro tiempo celebrada con Buenos Aires"4, e "hizo cambios decisivos e importantes. El pabellón nacional flameaba hasta entonces: el sello era el escudo español: todo se hacía a nombre de Fernando VII. El Congreso cambió el pabellón y el escudo de armas... y proclamó la República, haciéndose independiente"5.

         Así fue el Paraguay el primer pueblo de la América meridional que declaró categórica y solemnemente su independencia absoluta, no ya de la dominación de Buenos Aires, a la cual no estuvo nunca sujeto, "nunca estuvo incorporado a la Asociación Argentina"6, sino aún de la antigua metrópoli, España, o de cualquier otro país. Arrojó el manto con que sus hermanas, las otras provincias revolucionadas, encubrían sus verdaderas intenciones; renunció al dictado de "leal" defensor de los derechos de Fernando VII, y afirmó que quería ser libre y que rompía los lazos de la sujeción a la madre patria.

         Por esto pudo el Paraguay, cuando las demás naciones de la América meridional invocaban todavía el nombre del monarca español, titularse "la primera República del sud, suponiéndose -decía el enviado de Buenos Aires, Herrera- el único pueblo libre"7. Tal era con efecto su aspiración, y no es maravilla que la tuviese el pueblo que medio siglo antes que la revolución americana adoptara los principios de los enciclopedistas y llevase a la práctica la soberanía popular, conmovía rudamente, haciéndole vacilar sobre sus robustas bases, el poder español, proclamando que "la autoridad del común no reconoce superior. La voluntad del monarca y todos los poderes que de ella derivan, otras tantas fórmulas del mismo principio, todos le están subordinados. La autoridad de los comunes es elemental, permanente, inalienable. Preexiste a todas las modificaciones de la monarquía, y es la forma y como el molde primitivo del Estado"8.

         No empecé esto a que, como se ve en el mismo Reglamento de Gobierno, se usara en ocasiones el nombre de Provincia, a la par del de República, como aconteció en otras partes de América9, y en la Argentina también. Pero, aparte de que ello duró muy poco, el espíritu de la Constitución y la interpretación que se le dio por el poder que ella creaba, fue el de una independencia total, que no reconocía limitaciones de ningún género ni se subordinaba a ninguna extraña voluntad.

         El 21 de octubre se dieron a conocer al pueblo por bando las resoluciones tomadas por la Asamblea Soberana y que "los Cónsules condescendiendo a la renuncia que ante la misma Magestad del Congreso tenía hecho el anterior Secretario de Gobierno: ha nombrado para este oficio al Ciudadano Capitán de Milicias don Sebastián Antonio Martínez Sáenz, quien ha entrado a su exercicio con las formalidades de estilo: advirtiéndose finalmente que en acta de este día se ha acordado que en cualquiera causa de justicia, en que estubiese legalmente impedido alguno de los Cónsules ha de hacer de conjuez con el otro, el Secretario de Govierno"10.

         El Enviado de Buenos Aires, cumpliendo instrucciones que tenía recibidas, procuró, ya que no le era posible conseguir la incorporación del Paraguay, intento en que según hemos visto le habían los cónsules desahuciado, que por lo menos contribuyese con su contingente a las guerras que los argentinos estaban sosteniendo. En este sentido, dirigió sus gestiones en la conferencia que la concedió el 19 de octubre el gobierno paraguayo, "quien -dice Herrera en la nota en que da cuenta de ella al Poder Ejecutivo de las Provincias Unidas- convencido de mis observaciones me ha contextado, que va á consultar con el Cavildo sobre dar algún auxilio de tropas o dinero y que dentro de quatro ó seis días tendré la contestación. Con este motivo demoro á este término mi salida"11.

         Era, sin embargo, poco cuerdo pretender que el Paraguay accediese a socorrer a Buenos Aires, mientras subsistiesen las causas del rompimiento, y mientras con notoria violación del tratado del 12 de octubre de 1811 mantuviese aquel gobierno los exorbitantes derechos aduaneros que arruinaban nuestro comercio, y especialmente el de tabacos, que estaban declarados "como de la clase de Provincia separada de la jurisdicción de este Gobierrno"12. Las esperanzas que los Cónsules daban al diplomático porteño no podían, pues, ser otra cosa que medios dilatorios, empleados en el deseo de obtener un cambio favorable en dicha situación; pero de ninguna manera indicaban falta de resolución para continuar manteniéndose en una cabal independencia por grandes que fueren los males que ella pudiese ocasionar. Bien lo probaron los sucesos posteriores: el mismo Herrera cuenta que ocho días después de aquella conferencia13, fue Francia a visitarle y departió con él largamente sobre la necesidad de suprimir el nuevo impuesto del tabaco, a lo cual correspondería el Paraguay con subsidios de gente, o si no fuera éste posible, de dinero, "arrancándolo -proponía al emisario porteño- de los europeos para que esta contribución en ningún sentido fuese gravosa á los hijos del País". Pero ya decía el mismo Herrera: "Yo creo no sin fundamento que las proposiciones de Francia no tienen otro objeto que ganar tiempo, y gozar sin pesadumbre de las ventajas de la independencia"14.

         Concluida esta conferencia15, recibió Herrera una comunicación del gobierno consular, en que se le participaban las resoluciones adoptadas con respecto a la prestación de auxilios: que "en el estado actual no podía ni juzgaba conveniente tomar medidas extraordinarias, como sería necesario para que el Paraguay se presentase en el teatro con la dignidad que corresponde: que sería una injusticia imaginar por esto indiferencia, debilidad ó desvío en la grande obra que se propuso de su emancipación, pues que él ama la libertad y se ha hecho idólatra de su independencia...: que vendría tiempo en que sin ninguna perturbación podría manifestar su energía, y hacer sacrificios dignos de admiración; que entre tanto el Govierno á quien estaba encargado por primer cuidado la conservación de la República y su seguridad, haría cuanto fuese compatible con las circunstancias". Y concluía: "pero á fin de restablecer más fácilmente la concordia, y desechar motivos de aprensión, sería muy conveniente alzar el gravamen de nuevos derechos impuestos á la introducción de los frutos paraguayos. De este modo podrá más seguramente conservarse la armonía entre una y otra Provincia, y consolidarse nuestra anterior alianza"16.

         Eran, como se ve, estas declaraciones una reproducción exacta de las que había hecho Francia. El primer Cónsul seguía haciendo predominar su voluntad, francamente contraria a toda idea de sometimiento a Buenos Aires; continuaba desarrollando sus planes, entre los cuales, como primero, estaba el de "alejar el Paraguay de sus alianzas históricas y romper todo vínculo tradicional"17; pero no sólo hubo de precaverse contra el porteñismo, sino que le fue menester además dominar al partido metropolitano español, tan influyente y poderoso que a sus miembros los consideraba Herrera como a "los únicos directores de la opinión pública"18, circunstancia de que el futuro dictador supo valerse para vencer más fácilmente a los porteñistas. Y aún parece que hubo momento en que corrió nuestra independencia grave riesgo, del que la salvó el respeto que la palabra de Francia inspiraba: por eso pudo éste decir al enviado del Poder Ejecutivo de las Provincias Unidas, que lo repite en su nota del 7 de noviembre de 1813, que "en el momento que por medio de una revolución, u otro motivo se le despoje del mando, la Provincia se unirá a Montevideo como ya se pensaba en el Congreso, y cuyo proyecto pudo destruir en fuerza de su opinión"19.

         No ha faltado, sin embargo, quien acusase a Francia de abrigar sentimientos radicalmente contrarios a los que constituyen su gloria. Ha sido el primero en lanzar esta acusación un escritor argentino, el señor Guido, que dice a este propósito: "Entre los manejos practicados por la Corte de Río de Janeiro, que no ha desdeñado adular en su día la ambición de los tiranos más adustos, cuando creía convenir así á sus intereses, merece una mención especial la misión muy poco conocida del doctor Cloiria al Paraguay el año 13, encargado de negociar con el doctor Francia la anexión á Portugal de la provincia que gemía bajo su férreo yugo, proponiéndole se le erigiría en ducado, naturalmente, gobernado por él. Francia nombró á don José Zamboráin, hijo de Buenos Aires quien partió á Borbón á entenderse con Cloiria. Avanzando la negociación, á más de los fueros y exenciones propuestas al dictador en cambio de que se apartase de la causa de América, entonces tan calorosamente defendida, ponía éste por condición de su aquiescencia, se le otorgase el privilegio de una constitución particular. A tales términos llegó este grave asunto, que excitado el patriotismo del señor Zamboráin, acabó por no querer autorizar ningún arreglo de esta especie, lo que dio margen á que Francia le hiciese embarcar en una canoa que descendió el Paraná, custodiado por un oficial, quien en el Paso de la Patria le comunicó la orden que tenía de fusilarle en ese punto. Zamboráin pudo mover el noble corazón de su guarda, fugándose ambos a Santa Fe, viniendo en seguida á Buenos Aires, en donde dieron inmediatamente aviso de lo sucedido al triunvirato que gobernaba entonces. Alarmados los triunviros, oficiaron á Artigas y otros sostenedores de la independencia, instruyéndoles, á fin de que estuviesen á todo evento prevenidos de las maquinaciones en que había entrado el Paraguay"20.

         Puede perdonarse lo extenso de la copia en mérito de que de esta manera aparecen mucho más patentes los errores y las inverosimilitudes en que incurre el señor Guido; errores e inverosimilitudes que, sin embargo, no han sido parte a impedir que algunos otros publicistas aceptasen esta relación, y la tuviesen por verdad puesta fuera de toda duda.

         El "ciudadano paraguayo" don Manuel Pedro de Peña, en su carta del 9 de octubre de 1866, al redactor de La Tribuna de Buenos Aires, reproduce casi textualmente, haciéndolo propio, el párrafo trascripto, y en Guido se inspiró también después el erudito Zinny para su Historia de los Gobernantes del Paraguay21, obra plagada de crasísimas falsedades y de inexplicables contradicciones y huérfana de todo espíritu crítico.

         ¿En qué testimonios descansa la acusación lanzada por el señor Guido y acogida bajo la simple fe de su palabra por Peña y Zinny? En ninguna que yo sepa; no los invocó por lo menos nadie hasta ahora, y a fe que de existir, bien valía la pena de no callarlos por la importancia del hecho y por la grande pugna en que está con los antecedentes de quien demostró en todos sus actos un acendrado patriotismo.

         La historia no debe tener partida que no lleve quitanza, ha dicho quien fue en ella tan grande maestro como Mariana. Bastaba el que no presentasen los que achacan al doctor Francia propósitos tan criminales y abiertamente reñidos con los sentimientos que acreditó y aún con sus egoístas intereses, para que no tuviésemos en cuenta lo que dicen; pero como no todos, antes de aceptar por verdadero un hecho, aquilatan juiciosamente el crédito que debe concederse a quien lo refiere, precisa impedir de manera más eficaz que los errores se propaguen, mostrando la debilísima base en que tienen aparente fundamento. Por esto, aunque pienso que cuantos conozcan algo del Dictador otorgarán a la versión transmitida por el señor Guido sólo el escasísimo valor que tiene, presentaré aquí las consideraciones más simples que la desautorizan completamente.

         Ni entre los documentos del Archivo Nacional22 ni en los historiadores que escribieron acerca de aquella época, cuando sus recuerdos estaban aún más cercanos y merecían por consiguiente mayor fe, hay el menor rastro de las supuestas negociaciones con Cloiria. Consérvanse las comunicaciones del Comandante de Borbón, don Francisco Bartolomé Laguardia, que se entendía con la Junta Superior Gubernativa principalmente por conducto del Comandante en Jefe de Villa Real, don Juan Manuel Gamarra. He examinado cuidadosamente las que pertenecen al año de 1813, en que dice el señor Guido que se llevaron a cabo estas gestiones, y parte de las de 1814, en que pudieran tener más visos de verdad; pues bien, no he hallado el más leve dato que haga siquiera presumible su existencia, ni nada que se refiera a Cloiria, cuya llegada no hubiera callado ni podido callar Laguardia, ni a Zamboráin; y cuenta que el Comandante de Olimpo pecaba de minucioso, y tenía con Gamarra tan grande confianza para enviarle abiertas las notas que a la Junta escribía, a fin de que él se enterase de su contenido antes de despacharlas a su destino23, la cual circunstancia me indujo a revisar con el mismo negativo resultado la correspondencia del jefe de Villa Real. He aquí lo único que Laguardia refiere de los portugueses: poco, pero bastante para colegir que más que cordiales, eran acaso un poco hostiles las relaciones paraguayo-lusitanas:

         "La misma hora que estaba por despachar á esta gente, llegó el Alférez don Joaquín José Rodríguez de Coimbra conduciendo los pliegos que acompaño á Vd. para esa Superioridad. Por su conducto me avisa el Comandante de Coimbra la derrota de los Indios establecidos en aquellas inmediaciones, á quien le contesté cumplimentándole, y tuve que suspender el despacho de mi Gente hasta que se retiró dicho embiado el qual trajo miras de pasar hasta esa Villa, lo qual no verificó, por no haverle yo consentido..." (Oficio a Gamarra datado el 13 de febrero de 1813)24.

         "Igualmente he recivido el Pliego dirijido á Coimbra al qual despacharé luego que mande componer una de las canoas como se pudiere, pues están casi inútiles y no tengo caraguatá como le tengo prevenido" (Carta al mismo, fechada el 15 de abril).

         "Compré diez sacos entre mais y fariña de los portugueses que ayer día llegaron á este Fuerte en seguimiento del desertor que le destino, y fueron prontamente despachados, y aún satisfechos de su comisión, sin embargo no haverla logrado" (Oficio del 16 de junio).

         "Con el objeto de dar á Vd. mejores conocimientos sobre las anteriores novedades que le comuniqué, dispuso despachar á Coimbra al Alférez de esta Guarnición, para que observando aquel punto, viese si podía traslucir algo de las ocurrencias presentes. Pero éste habiendo regresado de su comisión me asegura que no ha conocido cosa de nuevo, ni señales por donde se pueda fundar idea alguna de sospecha" (Oficio del 15 de noviembre).

         Igual resultado se deduce del estudio de los autores que sobre Francia han escrito: ninguno da noticia de un hecho, cuya notoria importancia hace inverosímil que fuera callado de los que le conociesen, y menos siendo enemigos del Dictador. No son tampoco mayores las luces que sobre Zamboráin poseemos: únicamente suena este apellido en el Clamor de un paraguayo" como el de un conspirador "hijo de Buenos Aires", fusilado allá por 1821. Huelga decir que, si fuese el mismo personaje de esta novela, importaría semejante circunstancia una prueba contraria más, irrefragable.

         No es pues muy aventurado rechazar la tradición del señor Guido, ya que ni éste ni los contadísimos escritores que la prohijaron la han robustecido con el más ligero testimonio. La crítica de los párrafos que copié demostrará mejor el grado de fe que merece.

         Data el señor Guido la misión de Cloiria en el año de 1813, en que el Paraguay "gemía bajo el férreo yugo" de Francia. Pero sea que aluda al período anterior al 12 de octubre, en que empezó el gobierno consular, o al posterior, de todos modos es esto de la tiranía completamente falso. En el primer caso supuesto, porque Francia no tenía entonces cómo poner a la naciente república yugo ninguno, ni poder bastante para ejercer actos despóticos. Por el contrario, tan a merced estaba de sus colegas en el gobierno, que cuando cedió a las apremiantes instancias que se le dirigieron para reincorporarse de nuevo a la Junta, de la que se había separado por segunda vez el 15 de diciembre de 181126, impuso como condición y la hizo constar en el acuerdo del 16 de noviembre de 181327, que se había de formar un nuevo batallón, igual en todo al existente y sujeto a sus exclusivas órdenes, sin que la Junta tuviese facultad de disponer de él sin su venia. De este modo quería Francia asegurarse el acatamiento que la razón y el derecho no le habían dado28; pero la promesa no llegó a ser nunca cumplida, y así le vemos ofrecer al enviado argentino, doctor don Nicolás Herrera, en la conferencia del 25 o del 27 de octubre de 1813 que "luego que tuviese formado su batallón y se hallase en estado de sostener sus resoluciones con la fuerza, decretaría auxilios de gente, o un equibalente pecuaniario"29 a favor de Buenos Aires, que estaba siempre reclamando la asistencia del Paraguay.

         Paréceme ésta cumplidísima prueba de que el doctor Francia en 1813 distaba mucho de tener la influencia decisiva que suponen las palabras del señor Guido. Más aún admitiendo que la tuviese, no era él en aquella situación capaz de usarla de mala manera y de perjudicar su causa con actos arbitrarios. Francia "era demasiado hábil para mostrar antes de tiempo disposiciones que le hubiesen impedido conseguir el poder que ambicionaba"30; por eso, en el Consulado, lo mismo que en la Junta, en la Dictadura temporal lo mismo que en el Consulado, ejerció el mando con mesura y se acreditó de gobernante severo, pero justo.

         Los actos de tiranía o lo que se ha dado en llamar el reinado del terror fue cosa que no empezó hasta que el Dictador estuvo bien seguro de que su autoridad descansaba en bases inconmovibles, y para esto, hubo menester de algunos años y de que el Congreso de 1° de octubre de 1816 le invistiera del título de Dictador Perpetuo31.

         Es además muy extraño en la corte portuguesa y contrario a todas las tradiciones de tan sutilísima diplomacia, el entenderse con Francia, que había demostrado un tenaz empeño por la total independencia del Paraguay de todo poder extranjero y había por ella reñido grandes batallas y vencido tendencias anexionistas de tanto relieve como lo fueron las de Yegros hacia Buenos Aires32. Francia era así el menos señalado, para que le viniesen proponiendo deshacer lo que había logrado a costa de tanta lucha, y por otra parte bien sabían todos que su autoridad era en un principio precarísima por la arbitrariedad de sus colegas militares, que tenían concentrado en sus manos todo el poder material. Las retiradas de Francia demostraban a las claras que no era el más fuerte, por mucho que el pueblo estuviese de su parte, y el astuto gobierno portugués entendía bastante la manera de llevar a cabo sus planes para fiarlos a quien podía ser arrollado por sus poco reverentes compañeros.

         Todavía es más inverosímil que Francia se sirviese para conducir esta negociación de un porteño, él, que odiaba todo lo argentino, que no ignoraba las intenciones de Buenos Aires y que debía desconfiar naturalmente de los hijos de ese pueblo. La circunstancia de que durante buena parte del año de 1813 estuvo en la Asunción un diplomático argentino, el doctor Herrera, agrava la inverosimilitud de semejante elección en Francia, y en Zamboráin, a quien se atribuye tan ardiente patriotismo, el no haber denunciado al propio Herrera lo que se tramaba.

         Si hubiera de ser cierta la narración del señor Guido, no habría político más torpe que Francia. Tirano que oprime a su pueblo con "férreo yugo", amigo de hacerlo todo, aún lo más insignificante, por sí mismo, se sirve de un individuo sospechoso para arriesgadísima negociación, y pone en sus manos credenciales y papeles comprometedores, que divulgados hubiesen causado su ruina: todo por darse el gusto de tener a Cloiria en el mal provisto hospedaje de Olimpo y por no hacer lo que cualquier otro, que traería a la capital al emisario portugués para entenderse con él sin necesidad de indiscretos y peligrosos intermediarios. Y luego, engañado por éste y deseoso de castigarle, en vez de hacerle desaparecer por uno de los mil medios poco peligrosos y rápidos que tendría, para evitarse el riesgo que corría en cada minuto y satisfacer su venganza, le introduce en un bote con un oficial, capaz de traicionar a quien fía en su fidelidad, encargado de darle muerte así que lleguen al límite de las aguas paraguayas, a fin de que pueda más fácilmente escapar a territorio argentino con su desleal custodio. Desdichada mano la del doctor Francia para escoger los servidores de sus más importantes designios; ¡menguadísimo ingenio el suyo para discurrir el modo de realizarlos!

         Para convertir en ducado portugués al Paraguay, que ya había empezado a gustar de las dulzuras de la independencia, precisaba un poder grandísimo. Si el ambicioso Francia le tenía, ¿iba a emplearle en obra tan criminal y odiosa, en vez de usarle de manera más conforme con su patriotismo y más provechosa para su vanidad, haciéndose con menos trabajo dictador absoluto? ¿Es preferible, aparte de la ignominia que tal conducta habría de acarrear necesariamente sobre su nombre, ser jefe de un ducado sometido a extraña potencia, a serlo de una república independiente?

         Y si no tenía ese poder, ¿pondría en él sus ojos el gobierno portugués para empresa que demandaba bríos y autoridad tan extraordinarios?

         Tampoco es creíble que el triunvirato ejecutivo de Buenos Aires apelase, para desbaratar los planes de Francia, a Artigas. El heroico caudillo oriental no gozaba entonces de la confianza de los triunviros porteños, y menos para obrar contra Francia, con quien se le acusaba de estar en secreta inteligencia para proclamar la independencia de la Banda Oriental. En oficio del 19 de enero de 1812, la Junta Superior Gubernativa del Paraguay decía al gobierno argentino: "Estamos pronto á la confederación y ataque, para cuya rectificación hemos enviado al capitán graduado don Francisco Bartolomé Laguardia, por cuyo órgano y conducto se podrá tratar y arreglar el proyecto con conocimiento de los puntos, parajes y localidades, cuyas dificultades no es fácil vencer, y concertar por medio de cartas oficiales"33. Lo que fue en estos términos contestado el 24 de marzo: "La llegada del capitán Laguardia al ejército del general Artigas, ha empezado á inducir en muchos de sus oficiales y tropas una especie de desconfianza inspirada por la maledicencia de muchos descontentos, hasta el extremo de manifestar sus sospechas á este gobierno, y que han sido despreciadas como sus autores...; para precaver estos inconvenientes convendrá mucho que en lo sucesivo los comisionados que envíe V.S. á estas provincias ó los de este Gobierno que pasen á esa del Paraguay con cualquier motivo que sea, se entiendan directamente con los respectivos Gobiernos en todo lo concerniente á sus encargos y relaciones de dar pábulo á la intriga y mordacidad de los seductores34.

         En oficio reservado del 8 de julio, el triunvirato ejecutivo decretaba con motivo del envío del capitán Martín Bazán a Montevideo que "se veía en la necesidad de manifestar ciertos reparos que por su gravedad no han podido serle indiferentes y sobre lo que desea una contestación categórica". Estos eran: "... 5°. El envío del capitán Laguardia al ejército de Artigas. 6°. Las sujestiones de Laguardia para que el dicho Artigas se sustrajese de la dependencia del Gobierno Argentino"35.

         Y el enviado de Buenos Aires, doctor don Nicolás Herrera, cuyas credenciales llevan la fecha de 4 de marzo de 1813, tenía en sus instrucciones una cláusula para requerir nuevas explicaciones sobre la misión del capitán Laguardia y las intrigas de Artigas36.

         Si, pues, Francia inspiraba sospechas al gobierno argentino, tampoco estaba exenta de ellas la conducta de Artigas, y mal podía entonces fiarle la misión de cerrar los pasos de aquel. Y esas sospechas eran tan poderosas y tan inverosímiles, por consiguiente, lo que nos cuenta el señor Guido, que poco después, por decreto de 11 de febrero de 1814, el Supremo Dictador de las Provincias Unidas del Río de la Plata, don Gervasio A. Posadas, declaró al caudillo oriental traidor a la patria y mandó que como tal fuera "perseguido y muerto en caso de resistencia", ofreciendo "seis mil pesos al que entregue la persona de don José Artigas vivo ó muerto", porque, entre otras causas, "él escribió al Paraguay ofreciendo pasar con su gente á la dependencia de aquel Gobierno para unirse contra esta Capital"37. Ocho días más tarde, el 19 de febrero, el gobernante argentino decía en una nota oficial a los paraguayos: "Hoy después de la salida de correo he recibido varias cartas interceptadas á Artigas, en que induciendo á toda la campaña á una sublevación general contra el ejército sitiador y esta capital, se vale atrevidamente del nombre de V.E. para dar á la seducción un aspecto de seguridad y de importancia. El proclama á todos los Orientales que sus proyectos destructores están abiertamente protegidos por la República del Paraguay..."38

         No creo que teniendo en cuenta las pruebas y los razonamientos que preceden, se atribuya a la noticia del señor Guido en que me ocupo más valor que el de una novela. Pero conviene reproducir estos párrafos cuya intención fue herir a Francia, pero que a los ojos de todo paraguayo son su más honroso elogio, a la vez que el más respetable por venir, de quienes tan mala voluntad le tenían. Francia, decía Herrera, "ha en 1813, persuadido á los paraguayos que la provincia sola es un imperio sin igual:

que Buenos Aires la adula y lisongea porque la necesita: que con el pretesto de la unión trata de esclavisar el continente: que los pueblos han sido violentados por el embio de sus representantes: que todas nuestras ventajas son supuestas: y hasta en sus contestaciones manifiesta su rivalidad, pues jamás se me ha reconocido como el Embiado del Supremo Poder Ejecutivo de las Provincias del Río de la Plata, sino como á un Diputado del Govierno de Buenos Aires ni á V.E. se le atribuye otra autoridad"39.

         Francia, dijo también Somellera, "fue el primero y único á quien ocupó la idea de no unión con Buenos Aires, la idea de una República independiente.

         "A pesar de ser Francia (olin Franza) un Vocal de la Junta Gubernativa, nadie pensó como él: ni un eco tuvo su grito. Todos despreciamos su loco capricho; pero pocos son los que no han pagado bien caro ese desprecio"40.

         Entretanto, seguía Artigas en inteligencia con el gobierno paraguayo, encaminando sus pasos hacia la independencia de su patria, y lisonjeándose de conseguirla con nuestra alianza. Entendióse particularmente con el Jefe del Departamento de Candelaria, D. Vicente Antonio Matiauda, que manifestó desde un principio las más favorables disposiciones para auxiliar al caudillo oriental. Apercibido de esto el Comandante General de Entre Ríos, D. Hilarión de la Quintana, ofició el 21 de octubre de 1813 al triunvirato ejecutivo, a quien comunicó que, careciendo de toda noticia sobre el movimiento de nuestras tropas al mando de Matiauda con dirección al pueblo de Belén, de que dio aviso al gobierno en 26 de agosto el Teniente Gobernador D. Bernardo Pérez Planes, había comisionado a un oficial para que pasara a explorar las intenciones de este jefe, en el caso de que se dirigiera a territorio argentino41. El Teniente Gobernador Planes decía también, en nota de 6 de diciembre de 1813, al Poder Ejecutivo de Buenos Aires: "Figúraseme por documentos que á la mano tengo, habrá dicho Comandante General del Paraguay Mathenda difundido la zizaña por los pueblos fácilmente susceptibles de ella"42; y el 25 agregaba: "Ratifico todos mis anuncios repetidos á V.E. y documentados con los que ahora sobre el nuevo incluyo á su acendrada prudencia y consideración, acerca de los siniestros movimientos de nuestra hermana la Provincia del Paraguay. No dude V.E. un instante que es una necesidad absoluta que la supremacía de las Provincias Unidas del Río de la Plata se haga respetar con el mejor decoro y espera de sucesos"43. En otra comunicación de esta misma fecha daba cuenta de que "un hermano de D. Fulgencio Yegros que gobierna en clase de Cónsul la Provincia del Paraguay, andubo por estos pueblos de mi inmediato mando fingiéndose loco, y seduciendo estas buenas gentes con la mayor execlavilidad en compañía del consabido Comandante fronterizo Matiauda con solo el objeto de que de ningún modo se reconociera á V.E. y las autoridades, que emanan del S.P.E. de las Provincias Unidas del Río de la Plata"44.

         Pero éste, a quien ocasionaba ya hartos disgustos la situación en que contribuyó a colocar al Paraguay con su política poco generosa, no entendió del mismo modo las conveniencias de ella, y el 3 de febrero de 1814 ordenó al Teniente Gobernador "que dexe obrar en el territorio extraño con tal que no hostilizen el nuestro o advierta que se disponen á executarlo, en cuio caso y otros que ocurran no omitirlo y dar cuenta prontamente al Comandante de Entre Ríos de todos los movimientos que observe obedeciendo sus órdenes como se le ha prevenido anteriormente"45.

         Poco después de tales sucesos, el 26 de enero, "Artigas escribió a Matiauda una carta desde el campo de Basobí, para avisarle de que con parte de sus fuerzas iba á atacar á Quintana, mientras con otra iría á destruir a Planes, y que había escrito oficialmente á Yegros solicitando la alianza y auxilios de esta "sabia república" y el envío de un diputado para concluir las negociaciones, con lo cual, si el Paraguay se mostraba propicio, podían ambos ejércitos atacar combinados á Montevideo"46. Matiauda transmitió copia de dicha carta a los Cónsules, con otra suya de 12 de febrero, en que manifestaba su adhesión a este pensamiento y decía: "Con algo más de energía y actividad, podemos hacernos de armamento y abanzar nuestros límites hasta donde nos haga cuenta. Todo se puede conseguir sin mayor costo ni peligro. También á nuestras relaciones mercantiles y epistolares es muy ventajosa la destrucción del resto de enemigos porteños que corre desconcertado en el Entre Ríos. La superioridad de este enemigo no se puede temer porque sus últimos contrastes lo ha puesto en la mayor consternación; y el Exercito de Rondeau se halla imbécil". Avisaba, además, que, si derrotado Planes, sé introducía en nuestro territorio para escapar a Corrientes, le despojaría de todo su armamento mayor y menor, y que con este objeto convocaba las tropas fronterizas47.

         Pero los Cónsules no creyeron prudente en aquella situación intervenir de un modo abierto en las contiendas de Artigas con Buenos Aires, lo cual sería destruir toda posibilidad de éxito en las negociaciones pendientes. Escribieron, pues, el 4 de marzo a Matiauda: "Nos debemos reducir á conservar la paz, la quietud y la tranquilidad interior y exterior evitando en quanto sea posible una guerra civil, que debe mirarse como el mayor de todos los males especialmente en el período actual de la revolución; pues nada desean tanto los enemigos de nuestra causa como el que los mismos pueblos libres se deviliten y aniquilen mutuamente para poder volver á plantar sobre sus ruinas el estandarte de su despotismo". Se le recomendaba, pues, una estricta neutralidad, mientras no fuera atacado nuestro territorio48.

         Pero antes que esta comunicación llegara a su destino, la república fue invadida, y el 5 de marzo avisó Matiauda que tomaba la ofensiva, resuelto a morir antes que quedar burlado y deshonrado49. Estaba ya introducido en posesiones argentinas, cuando le fue entregada la nota de los Cónsules, a la cual contestó el 8 explicando las razones que le obligaron a obrar de aquella manera. "Si yo no opero á tiempo, y con astucia, se hechaban sobre mí, me desarmaban, y destruían mi territorio. V.E. seguramente ignora de todo punto el comportamiento y intrigantes ideas de estos hombres", decía; anunciaba que iba a acometer a Planes, sólo para vencerle y desarmarle; y concluido todo, añadía, pasaré á dar cuenta de mis actos á ese gobierno "para que me juzgue, y me decapite si merezco, que á mucho honor lo tendré"50. Poco después, el 25, nombró al Capitán D. José Mariano Aquino, Comandante político y militar de todo el departamento de Yapeyú, quien fue reconocido en tal carácter el mismo día por el pueblo de la Cruz; el 27 en el de Yapeyú y el 29 en Santo Tomé51.

         A pesar del evidente deseo de los Cónsules de contemporizar con Buenos Aires, a pesar también de que el comisionado D. Francisco Antonio González informaba de Matiauda que parecía haber hecho alguna alianza con Artigas y que en sus actos "todo es conducente á favorecer al enemigo de nuestra causa, el europeo, y aniquilar y destruir el Govierno Provinciano de Buenos Aires; haciendo para este efecto un tratado formal que V.E. no ignorará según estoy informado del Parte que le ha dado el Matiauda"52; el gobierno paraguayo no desaprobó la conducta por éste observada y no obstante haber sido Artigas puesto fuera de la ley el 11 de febrero de 1814 por el Supremo Director de las Provincias Unidas D. Gervasio A. Posadas, que mandaba que fuera como traidor a la patria, "perseguido y muerto en caso de resistencia" y prometía recompensar "con seis mil pesos el que entregue la persona de D. José Artigas vivo ó muerto", a causa, entre otras, de que "él escribió al Paraguay ofreciendo pasarse con su gente á la dependencia de aquel Gobierno para unirse contra esta Capital"53, el caudillo de los orientales continuó disfrutando de la buena amistad de Francia. Y esto era precisamente lo que ocasionaba mayores desazones al gobernante argentino, que al comunicar a los del Paraguay las medidas fulminadas contra Artigas, decía en su nota del 19 de febrero de 1814: "Hoy después de la salida del correo he recibido varias cartas interceptadas á Artigas, en que induciendo á toda la campaña á una sublevación general contra el ejército sitiador y esta capital, se vale atrevidamente del nombre de V.E. para dar á la seducción un aspecto de seguridad y de importancia. Él proclama á todos los orientales que sus proyectos destructores están abiertamente protegidos por la República del Paraguay, comprometiendo de este modo los respetos de la autoridad de V.E ."54.

         Mientras tanto, el consulado, que, gracias a Francia y mal que pesara a las inclinaciones anexionistas de Yegros, había logrado triunfar del partido porteñista, encaminaba sus providencias a dominar también al poderoso partido español. El mejor camino para conseguirlo, era privarle de aquellas personas que por su posición y los respetos que merecían, estaban señaladas como sus jefes y directores. Resolvieron, pues, los cónsules alejarlos del país, y el 3 de enero de 1814 pasaron un oficio al Teniente Gobernador de la ciudad de Corrientes, D. José León Domínguez, preguntándole si no admitiría en su territorio una partida de cien ó doscientos de ellos55. Contestó Domínguez el 6 que no podía resolver por sí solo la contestación, por ser muy rígidas las órdenes que tenía de su gobierno para no permitir la entrada ni permanencia de ningún español europeo en su jurisdicción; pero que si le autorizaban los Cónsules, lo consultaría con su gobierno56.Y sin esperar esta conformidad, dio aviso el mismo día 6 de los deseos del Paraguay al Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata 57, quien el 15 le ordenó que "contexte sin pérdida de instantes al Gobierno del Paraguay que serán admitidos en nuestros territorios quantos españoles europeos quieran extrañar de aquella Provincia... cuyos confinados serán destinados al interior para que no puedan causar recelos al dicho Gobierno"58. No nos consta que esta deportación llegara a efectuarse, pero no por eso fueron menos crueles las persecuciones que tuvieron que soportar los españoles.

         En efecto, antes de recibir la contestación del Teniente Gobernador de Corrientes, expidieron los Cónsules su célebre bando de 5 de enero, y en él, invocando la circunstancia de que "muchos celosos patriotas han reclamado ya una providencia ejecutiva, que conteniendo á tan turbulentos huéspedes, afiance la tranquilidad, y preserve al pueblo y al gobierno del cuidado de una conmoción europea, que ya se está presintiendo..., se ordena irrevocablemente que todos los españoles europeos, que no hayan tenido el avecinamiento legal en esta provincia, y se hallen morando actualmente en esta ciudad y sus arrabales, se presenten en esta plaza pública á la hora después de haberse publicado este bando, á fin de formarse un padrón de todos ellos, y darles el destino más conveniente en las circunstancias, con el objeto de asegurar la quietud general, pena al que no lo cumpliese, de que será inmediatamente pasado por las armas59. La orden fue inmediatamente cumplida: todos los españoles citados se reunieron en la plaza, y en ella hubieron de estar, bajo un sol ardientísimo, soportando los insultos del secretario Martínez Sáenz, hasta concluir el empadronamiento60.

         Terminó con estas ocurrencias el primer turno del Consulado, y el 17 de febrero entró Yegros a ejercer el suyo61, conforme estaba dispuesto en el Reglamento de Gobierno; pero no así concluyeron las persecuciones contra los españoles, que poco después, el 1° de marzo, fueron heridos con una medida de terrible hostilidad. "Para cortar y precaver la perniciosa influencia que tiene contra la causa común de la libertad, la conexión y relaciones que han contraído y contraen incesantemente los españoles europeos con los ciudadanos de la República, por cuyos medios se enseñorean y someten a las familias a sus perversas miras y obstinada oposición, induciéndolas contra los defensores que exponen su bienestar, sus fortunas, sus mismas ideas por la libertad de la patria", los Cónsules acordaron en aquella fecha "que no se autorice matrimonio alguno de varón europeo con mujer americana conocida y reputada por española en el público desde la primera hasta la última clase del estado, por ínfima y baja que sea, so pena de extrañamiento de su persona y confiscación de bienes á favor del erario público, á los párrocos y cualquier eclesiástico que autorice ó mande autorizar tal matrimonio; y al europeo contrayente se aplicará la pena de confinación de su persona en prisión segura en el fuerte de Borbón por espacio de diez años é igualmente confiscación de todos sus bienes con igual aplicación á los fondos públicos; y con la reserva de disponer el gobierno de su persona cumplido dicho plazo"; que la tentativa de celebrar uno de estos matrimonios prohibidos sea castigada en los europeos "con la misma pena arriba expresada de destierro y confiscación de bienes; que los párrocos, sus tenientes y otros sacerdotes que con su licencia administren el sacramento del bautismo, no permitan que sirvan los europeos de padrinos de pila, ni aún en el suplemento de la sagrada ceremonia, ni en la recepción del sacramento de la confirmación á los hijos de americano y americana y solamente podrán serlo, siendo también europeo el padre del bautizado; y que también no consientan que los europeos sean testigos o padrinos en ningún matrimonio: extendiéndose esta disposición bajo la misma pena de extrañamiento de su persona y confiscación de bienes á los párrocos y sacerdotes que bautizasen ó autorizasen el matrimonio: como igualmente á los padrinos europeos la pena de prisión y destierro con confiscación de todos sus bienes, previniéndose en conclusión, que únicamente se permite á los europeos el casarse con indias de los pueblos, mulatas conocidas y reputadas públicamente como tales y negras"62.

         Esta ley, verdaderamente draconiana, fue primero publicada en la capital, y el 1° de julio se ordenó que fuera promulgada en toda la campaña, mandando que se cumpliese fielmente63.

         Fácil es concebir la terrible situación en que el gobierno consular colocaba por este modo a los europeos españoles: imposibilitados de casarse con mujeres blancas bajo penas tan severas, estaban condenados a eterna soltería, ya que su orgullo y el desprecio con que toda la gente blanca miraba a las de color, hacía imposible hasta el pensamiento de que se unieran con las únicas mujeres con quienes no les estaba vedado el matrimonio. Impidiéndoles además contraer ningún parentesco espiritual con personas que no perteneciesen a su misma raza, se procuraba la localización de sus sentimientos subversivos, e impedir que por la influencia que esas relaciones dan, se propagasen y pusieran en peligro la libertad de la naciente república. Ya que no les era posible extirpar las ideas contrarias a la independencia, se propusieron concentrarlas en un grupo determinado, que había de ser el único que las profesara, ejerciendo así a manera de monopolio de ellas: se adelantaban en esto, pues, a los criminalistas, que con M. Tarde ven un motivo de regocijo en el monopolio, en la localización del crimen, convertido en profesión.

         Tuvo esta ley inicua un pernicioso resultado para la moral de la familia, porque "las personas que se hallaban comprometidas por esa medida, comprendiendo que nunca llegarían á casarse, adoptaron la práctica ilícita del concubinato, y como los más orgullosos é inteligentes fueron los primeros en dar el ejemplo, con el tiempo la ilejitimidad dejó de ser una cosa vituperable y escandalosa"64, o por lo menos, y esto es lo más verdadero, se hizo disculpable y se templó mucho la severidad con que pudo condenársela.

         Aparte de esta exagerada persecución, que no era necesaria para conseguir un fin que pudo lograrse por medios menos violentos y arbitrarios, el gobierno consular fue notablemente mejor que el de la Junta y los demás que le precedieron. Cesaron los abusos cometidos por los empleados del antiguo régimen, que habían continuado bajo la Junta: la hacienda pública, antes descuidada, se regularizó65, terminando los fraudes que la empobrecían y aplicándosela honradamente en bien de la república; la más escrupulosa honradez presidía los actos de todos los funcionarios, porque ni era Francia capaz de olvidarla ni de tolerar que nadie la olvidase.

         El Cabildo tuvo un funcionamiento más regular y provechoso 66: recuperó atribuciones que le habían sido arrebatadas; ejerció sin trabas las que le correspondían como a tribunal de primera instancia y desempeñaban algunos de sus miembros, y fue escuchado en los casos en que lo mandaban las antiguas leyes, mantenidas en vigor hasta entonces sin más modificación que las ya señaladas como consecuencia del cambio de gobierno. Así, obedeciendo también una prescripción del "Reglamento" del 12 de octubre de 1813, se dirigieron a él los Cónsules el 24 de mayo para pedirle que manifestara francamente su juicio en el particular de los sueldos que debían tener ellos y su secretario, y el 2 de junio informó al Ayuntamiento, que tenga "el señor Cónsul de turno actual don Fulgencio Yegros el goce de tres mil pesos anuales; el señor Cónsul doctor don José Gaspar de Francia, con consideración al mayor peso que sufre por razón de las otras varias Comisiones de que se halla encargado á mas de las respectivas al común, la suma de tres mil y quinientos pesos; y el Secretario don Sebastián Martínez Saénz la de mil y quinientos también pesos cada año: cuyas asignaciones le parecen á este Ilustre Cuerpo conformes á los objetos que ha tenido á la vista para su computación, salvando en todo los que le parescan más arreglados á esa Superioridad"67.

         Las autoridades políticas de la campaña hubieron también de ver harto mermadas las atribuciones que se había ido arrogando68, hasta llegar a erigirse en verdaderos dictadores; pero no fue este mal tan fácilmente extirpado, ni tan radical el remedio, que se concretaran en lo sucesivo a su ministerio de recibir órdenes y cumplirlas, y velar porque fuesen las leyes obedecidas, sino que algunas las decretaban según las inspiraciones de su caprichoso albedrío. El advenimiento del gobierno consular no podía tener tanta virtud como precisaba para hacer cesar súbitamente abusos en que la ignorancia de las autoridades y el hábito de la arbitrariedad tenían mucha parte y que habían echado profundas raíces. No es, pues, de extrañar que el Comandante Militar y Juez político de Villa Concepción y sus dependencias, don Romualdo Agüero, teniente del regimiento de voluntarios de costa arriba, expidiera el 16 de julio un notable bando, que decía así: "... en cumplimiento del encargo de mi Exmo. Superior Gobierno, de procurar y conservar la tranquilidad de este pueblo, ordeno y mando, que ningún europeo sin escepción alguna se atreba á hablar contra el Supremo Gobierno de esta República, directa ni indirectamente soltando expresiones ofensibas y burlescas contra los que adactan y abrasan el sistema de la Libertad política, ni se junten a confabulaciones sospechosas, unos con otros, sino que cada uno al toque de oraciones se recoja en su casa, y de día no trate, sino de sus negocios particulares, vajo la pena de que será expulsado, y confiscado sus vienes cualquiera que en adelante fuese notado en lo más mínimo contra el Gobierno Republicano, ó las disposiciones de esta Comandanzia contraviniendo á lo arriba expresado. Igualmente por los muchos desórdenes, daños y perjuicios que ocasionan al público los que andan asotando las calles á desoras de la noche, mando generalmente que dado el toque de la queda, se recojan todos, so pena de ser aprehendido y tenido por sospechoso el que fuera de la hora se encontrase por las calles, que siendo de vaja esfera será castigado con pena corporal y pecuniaria el que no lo fuere, como igualmente el que, sin expresa licencia de esta Comandancia hiziese vailes ó fandangos, aliciente de los haraganes y mal entretenidos"69. Este curioso documento da a conocer las ideas que en la época se tenían acerca de la autoridad y cómo se entendían los derechos individuales, que, lo repetimos, habían sido completamente olvidados en el Reglamento de Gobierno.

         Pero lo que concentró en mayor grado la atención de Francia, fue la reorganización del ejército. Le hemos visto, durante el gobierno de la Junta, exigir y obtener como condición para reincorporarse de nuevo a ella, que se pusiese bajo sus órdenes un batallón de que fuera jefe único. No se le cumplió el compromiso. Le vemos luego en los comienzos de este Consulado, diferir todos sus proyectos para cuando se realizara el precepto del "Reglamento" que le daba el mando de la mitad de las tropas. No sin sostener alguna lucha con Yegros, fue al cabo esta disposición obedecida70; y desde aquel momento "el doctor Francia consagró su tiempo y sus cuidados á ejercitar á sus soldados y atraérseles"71. Gracias a esto ganó considerablemente la organización de la tropa de línea y de la milicia; pero fue también el camino por donde subió Francia a su terrible y sangrienta dictadura.

         El turno de la presidencia había pasado otra vez a Francia desde el 18 de junio72, y supo aprovechar esta favorable coyuntura para preparar la reforma del gobierno y convertirse en el único amo. No le gustaba compartir con nadie al poder, y mucho menos compartirlo con Yegros, de quien le separaban profundas divergencias en el pensar, y que por su ignorancia, que no tenía siquiera la atenuante de la sencillez y la modestia, le resultaba insoportable. Apoyado en las fuerzas militares que le obedecían, estaba ahora en disposición de desenvolver su política sin zozobras ni peligro de que un atropello diese al traste con su autoridad. Los desaciertos de la Junta Gubernativa, mientras no siguió las inspiraciones del futuro Dictador, y la relativa bondad del Gobierno Consular, en que la influencia suya fue la preponderante, hacían ver que sin su concurso no podían los negocios públicos marchar derechamente. Así, pronto sucedió que en el discernimiento de los elogios y de las censuras, que recaían sobre los actos de los cónsules, todos los primeros tocaban a Francia y únicamente las segundas a Yegros. El Cabildo, su aliado tradicional, le distinguía con una especial consideración, y a pesar de que el Reglamento de gobierno estableció entre los colegas perfecta y entera igualdad, háse dicho ya cómo señaló aquel ilustre cuerpo sus preferencias en su dictamen sobre los sueldos de que uno y otro debían disfrutar. Las cuestiones diplomáticas con las Provincias Unidas que ocurrieron a consecuencia de los actos de Artigas y de la complicidad en ellos de que el gobierno de Buenos Aires acusaba al del Paraguay, y las complicaciones que podían producirse de la guerra que el caudillo de los orientales sostenía en nuestras fronteras meridionales con los portugueses, cuyos planes de absorción de nuestro territorio no habían sido abandonados73, eran otros tantos peligros que favorecían por modo admirable los proyectos ambiciosos de Francia, haciendo necesaria la constitución de un poder ilustrado y fuerte, capaz de resistir y vencer todas esas dificultades. El ejercicio del turno en aquel último período ponía por otra parte a Francia en aptitud de influir de un modo decisivo, no solamente en las elecciones de los diputados de los pueblos, sino también en las deliberaciones y acuerdos del Congreso. Y no desperdició por cierto ninguna de estas ventajas.

         En tales circunstancias, se expidieron a principios de setiembre74 las convocatorias para el Congreso, que se había resuelto celebrar anualmente, fijando para su reunión en el Templo de las Mercedes, el día 3 de octubre, a pesar de que el art. 14 del Reglamento de Gobierno mandaba que se hiciera el 15.

         En atención a que esa misma ley adoptó para los Congresos sucesivos "la forma, método y número" del de 1813 sin permitir que se introdujese en ellos ninguna alteración, el gobierno consular mantuvo las condiciones establecidas para el voto y la elegibilidad, y ordenó que se siguiese en la elección el mismo procedimiento ya anteriormente observado; pero no fue tan escrupuloso su respeto, que no estableciera una incapacidad más sobre las decretadas por los representantes de la república, disponiendo que "tampoco deberán ser llamados, ni tendrán sufragio los eclesiásticos; pues á más de que su mismo Estado é Instituto los separa de mezclarse en negocios seculares, muchos, ó acaso los más de ellos pueden hacer falta para el mejor servicio de los oficios en que se hallan empleados"; prohibición que no por ser provechosa y plausible, habida en cuenta la situación del país, era menos atentatoria contra el mandato terminante de la constitución establecida. Igual juicio merece la última parte de esta otra disposición, que negaba la soberanía del Congreso y se adelantaba a anunciar una obediencia condicional a sus resoluciones: "En la misma conformidad no deberán ser convocados, ni tendrán voz activa, ni pasiva en las Juntas los que estén notados ó indicados de opuestos ó desafectos á la Causa de la Livertad, ó que sean faccionarios de los enemigos de ella; pues el Gobierno no los admitirá en el Congreso general; y aún quando llegasen á ser tolerados, sería nulo, é insubsistente quanto llegasen á ser tolerados, sería nulo, é insubsistente quanto por su siniestra, ó depravada influencia se llegase á deliberar, por razón de que el Congreso, lejos de propender á la ruina de la Provincia, ó pérdida de su Livertad, debe dirigir su atención al mejor servicio de la causa común, y al sostenimiento de la República".

         Esta convocatoria fue la última medida importante que puede llamar nuestra atención en el gobierno de los cónsules. Rengger lo ha sabido definir con acierto, diciendo de él que "siquiera se cometiesen siempre actos arbitrarios por magistrados cuyo poder estaba tan mal determinado, se procuraba hacerlo guardando las formas; de suerte que para un país como el Paraguay este Consulado podía pasar por un gobierno bastante tolerable"75.

 

 

 

NOTAS

 

1M.S. del Archivo Nacional que contiene esta ley y las diligencias de sus juramentos. Fue publicado como apéndice núm. 24 de la obra atribuida a Molas (pág. 100); y de ahí le tomó Zinny para reproducirle con algunos errores más de los contenidos en la primera copia.

2M.S. citado del Archivo Nacional.

3M.S. citado.

4El Paraguayo Independiente, tomo I, pág. 58.

5El Paraguayo Independiente, tomo II, pág. 36; tomo I, pág. 58.

6Rivera Indarte, pág. 5.

7M.S. del Archivo del Gobierno de Buenos Aires: oficio de 7 de noviembre de 1813. Este tratamiento estuvo en uso durante mucho tiempo, usado por el gobierno, el Cabildo y demás autoridades, como se ve en los documentos del Archivo Nacional.

8Estrada, Revolución de los Comuneros, pág. 146.

9Rivera Indarte, pág. 13.

10M.S. Archivo Nacional, bando de 21 de octubre de 1813.

11M.S. Archivo del Gobierno de Buenos Aires, nota del 19 de octubre.

12M.S. Archivo del Gobierno de Buenos Aires, nota del 19 de octubre de 1813.

13Es lo que se lee en la nota de 7 de noviembre, pero debe de ser una equivocación de Herrera. En efecto, más adelante dice: "concluida la sesión (habla de la entrevista con Francia), y habiendo recibido el oficio original que acompaño, emprendí mi viaje..." Este oficio no puede ser otro que el de 25 de octubre, la última comunicación pasada a Herrera; y habiendo sido celebrada el 19 la conferencia de los cónsules a que alude el enviado argentino, es claro que entre ella y la visita de Francia no han podido mediar los ochos días dichos.

14M. S. Archivo del Gobierno de Buenos Aires, nota de Corrientes del 7 de noviembre de 1813.

15M.S. Archivo del Gobierno de Buenos Aires, oficio de Herrera, fechado en Corrientes el 7 de noviembre.

16El Paraguayo Independiente, I, 60.

17Estrada, Revolución de los Comuneros, 231.

18Oficio del 7 de noviembre ya citado.

19M.S. cit.

20Guido, El Gobierno y la Alianza. Consideraciones políticas. Buenos Aires, 1866, parág. 22, pág. 88. Este trabajo apareció por primera vez, con alguna pequeña diferencia en la distribución de los capítulos o párrafos, pero con la misma extensión que tiene en el folleto citado, en La América, diario de Buenos Aires, que empezó a publicarle el martes 20 de marzo de 1866, año I, núm. 38, y le concluyó el domingo 25 del mismo mes, núm. 43. En Ráfagas, Buenos Aires, 1879, del mismo autor, fue reproducido (tomo I, págs. 359 a 418) con una fecha distinta, la de abril de 1866.

21Buenos Aires, 1887, pág. 258. Zinny cita expresamente a Guido como la fuente de donde tomó esta noticia, en la nota de la pág. 259.

22 Se ha dicho de los papeles del Archivo que Francia los mandó quemar antes de su muerte por medio de un incendio, provocado por su orden para destruir los que le comprometían. Existe, sin embargo, en nuestro archivo muy buena copia de documentos relativos a la dictadura, y algunos de ellos de tal naturaleza, que quien destruye con el propósito de ocultar sus actos y sus más secretos designios, no podía olvidarlos. La tradición relativa al incendio de los papeles de la secretaría del Dictador merece escaso crédito, primero, porque algunos decían y dicen que fue casual y otros que deliberado; segundo, porque no ha sido recogida por los escritores más cercanos a aquella fecha ni consta en las actas oficiales, siendo suceso de bastante bulto para no pasar inadvertido. La actual pobreza del Archivo debe, pues, atribuirse a las pérdidas que sufrió en sus peregrinaciones cuando la guerra y por virtud de los robos que se hicieron después y del descuido con que se le custodió. A muchos he oído referir que cuando se trajeron de nuevo los papeles del Archivo a la Asunción, durante el gobierno provisorio del señor Rivarola, estuvieron largos días abandonados en los corredores de su antiguo edificio, y que no fueron escasos los que así se perdieron o se sustrajeron. Esto explica cómo hay en el Brasil y en la República Argentina tanto documento que fue del archivo paraguayo, y la facilidad con que hasta ahora se encuentran no pocos en poder de personas particulares. Mi amigo don Enrique Solano López tiene una buena cantidad y la Revista del Paraguay publicó varios en el núm. 12 del año II, y núm. 1 del año III.

23"El adjunto oficio que incluyo á Vd. avierto para el Superior Gobierno se servirá Vd. cerrarlo; y destinarlo luego que se entere de su contenido. Por él sabrá Vd. la ocurrencia que se ha ofrecido en este Establecimiento, y doy á Vd. de nuevo" (Oficio del 16 de mayo de 1813). Es de pensar que la ocurrencia de que habla Laguardia sería la urgente necesidad de ser provisto de víveres, pues pasaba por esta causa serios puros aquella guarnición. Mas aunque así no sea, tampoco sería la llegada de Cloiria con el propósito de entrar en negociaciones con Francia, ya que el oficio no se dirige a éste sino a la Junta.

24La gente a que alude Laguardia son 20 individuos de la Guarnición de aquella plaza, los más débiles, a quienes despedía por la grande escasez de mantenimientos.

25Publicado como apéndice de la Descripción de la Provincia del Paraguay, obra atribuida a Molas. V. pág. 348.

26M.S. Archivo Nacional. Sobre este retiro de Francia y el anterior (1° de agosto de 1811) se conservan curiosísimos documentos inéditos y casi completamente desconocidos.

27Este documento existe en el Archivo Nacional en copia que lleva la firma autógrafa de los tres individuos que entonces (Francia inclusive) constituían la Junta, pues Bogarín había sido destituido el 2 de setiembre de 1811 y Mora estaba ausente, en Villa Real, adonde fuera enviado a castigar a los mbayaes, que la habían asolado.

         En la Revista del Paraguay, año III, núm. 6, pág. 165 está reproducido este acuerdo con mucha exactitud en los conceptos; pero caprichosamente alterada su ortografía.

28La primera retirada de Francia (1° de agosto de 1811) fue provocada por los actos de violencia que contra él se cometieron por la gente de espada y que no fueron osados a reprimir sus colegas. Abundantes pruebas de esto suministran los documentos de nuestro Archivo:

         En la nota que el día 6 del mismo mes dirigieron a Francia sus colegas de la Junta instándole para que volviese a incorporársele, se leen estas palabras: "Bien satisfechos de la grandeza de su corazón, no tememos caer en la nota de temerarios en la presente súplica. El arrepentimiento, tribulación y promesas para lo sucesivo de los Oficiales del Cuartel ponemos presente bajo la delicada penetración de Vmd.".

         A la cual contestando escribía Francia el día siguiente: "Me es sumamente doloroso el que á pesar de todo mi amor á la Patria, y del tesón con que entre riesgos, dificultades y contiendas he trabajado por su libertad, por su lustre y felicidad: me vea ahora reducido á la fatal circunstancia de horrorizarme desconfiando de la empresa, y de tener aún que callar, y sofocar mis sentimientos, consultando mi propia seguridad".

         Y por último, en el oficio que el 15 de diciembre de 1811 pasó a la Junta, al retirarse por la segunda vez, dice a propósito de la primera: "De resultas del desorden, que experimenté con el amago de una extorción y violencia de unos pocos prevalidos de las armas: me vi forzado á retirarme".

29V. la ya citada nota del 7 de noviembre de 1813 (M.S. Archivo del Gobierno de Buenos Aires).

30Demersay, Histoire physique, économique et politique du Paraguay, tomo II, pág. 355.

31Rengger et Longchamp. Essai historique sur la Révolution du Paraguay, París, 1827, parte I, cap. IV; Demersay, ob. cit. tomo II, págs. 350 y 362; Estrada, Ensayo histórico sobre la Revolución de los Comuneros, pág. 233; Clamor de un paraguayo (apéndice de la Descripción del Paraguay, ed. 1868, págs. 339 y 347); Zinny, ob. cit., págs. 300 y 301.

32Aunque no le han faltado a Yegros entusiastas apologistas que le revistieran de cualidades que no está ni con mucho probado que poseyese, son muy pocos los que desconocen o niegan que deseaba la anexión del Paraguay a la Confederación Argentina. Alguno de sus defensores ha creído que esta tradición era una calumnia inventada por Terán; pero viene de mucho antes y de autores de respetabilidad mucho mayor. Las pruebas son tan concluyentes que no puede vacilarse para pronunciar con ellas juicio.

33MS. Archivo Nacional Paraguayo.

34El Paraguayo Independiente, tomo I, pág. 30.

35El Paraguayo Independiente, tomo I, pág. 32.

36M.S. Archivo del Gobierno de Buenos Aires: "Instrucciones para el Embiado al Paraguay".

37Registro Nacional Argentino, pág. 261.

38El Paraguayo Independiente, tomo I, pág. 62; tomo II, pág. 36.

39Oficio del 7 de noviembre ya citado (M.S. Archivo del Gobierno de Buenos Aires).

40Somellera, Documento importante para la ilustración de algunas de las cuestiones de territorio entre la República Argentina y el Paraguay, publicado en Buenos Aires, en la Gaceta Mercantil del 11 de febrero de 1851. Corrientes, 1855; pág. 36; El Paraguayo Independiente, tomo II, pág. 393.

41M.S. Archivo del Gobierno de Buenos Aires.

42M.S. Archivo del Gobierno de Buenos Aires.

43M.S.

44M.S. Archivo del Gobierno de Buenos Aires.

45M.S. Archivo del Gobierno de Buenos Aires.

46M.S. Archivo Nacional.

47M.S. Archivo Nacional.

48M.S. Archivo Nacional: oficio del 5 de marzo.

49Archivo Nacional.

50M.S. Archivo Nacional.

51M.S. Archivo Nacional.

52M.S. Archivo Nacional.

53Registro Nacional Argentino, t. I, pág. 361.

54El Paraguayo Independiente, I, 62; II, 36.

55M.S. Arch. Gbno. Bs. As. V. también Zinny, Gobernantes del Paraguay, pág. 259.

56M.S. Archivo del Gobierno de Buenos Aires, Zinny, ob. y lug. cit.

57M.S. Archivo del Gobierno de Buenos Aires, Zinny, ob. y lug. cit.

58M.S. Archivo del Gobierno de Buenos Aires, Zinny, ob. y lug. cit.

59M.S. Arch. Nac., copiado por Zinny, ob. cit., pág. 260 y Revista Nacional (Carranza), t. I, entrega III, pág. 190, año 1886.

60Zinny, ob. cit., pág. 262

61M.S. Arch. Nac., oficio del Cabildo.

62Zinny, ob. cit., pág. 263. V. además Rengger, Ensayo histórico, pág. 24.

63Zinny, ob. cit., pág. 266.

64Washburn, ob. cit. en la Revista del Paraguay, año II, núm. 3, pág. 117. V también Zinny, ob. cit., pág. 260.

65Rengger ob. cit., p. 24. Demersay, Hist. del Parag., t. II, p. 356. Intentóse establecer relaciones comerciales directas con la Gran Bretaña, valiéndose Francia para esta misión de un súbdito inglés, don Juan Robertson, que aprovechó las ventajas que por ella se le concedieron y no dio ningún paso en el sentido de obtener el objeto que se le encomendó; combatió con energía y severidad la corruptora influencia del clero, tan perniciosa, al decir de un historiador, como su ejemplo, "pues los que lo formaban eran personalmente escandalosos y disolutos, á tal punto que con el tiempo la sotana y la capa eran consideradas como encubridoras de licencia", por los cuales motivos principalmente eran odiados pero sobre todo por su vida holgazana y disoluta, pues la moral del pueblo les importaba poco.

66 Washburn, ob. cit., en la Rev. del Parag., II, 3, 119.

67M.S. Arch. Nac.

68Rengger, ob. cit., pág. 24.

69M.S. Arch. Nac.

70Rengger, ob. cit., pág. 23.

71Rengger, ob. cit., pág. 24. V además Demersay, ob. cit., p. 356.

72M.S. Arch. Nac.: oficio al Cabildo en esta fecha.

73Rengger, ob. cit., pág. 25.

74M.S. Arch. Nac.: orden de convocación para el pueblo de Atyrá, dirigida al Comisionado General de ese partido.

75Rengger, ob. cit., pág. 25.

 

 

 

 

INDICE

Noticia

Blas Garay, nuestro primer historiógrafo

La Revolución de la Independencia del Paraguay

 

CAPÍTULO  PRIMERO

REVOLUCIÓN DE BUENOS AIRES

Situación crítica de España. - Noticia que de ella se tiene en el Río de la Plata. - El Virrey Cisneros: su manifiesto del 18 de mayo. -Agitación pública. - Convocación del Cabildo abierto del 22: deposición del Virrey e institución de una Junta de Gobierno por él presidida. - Descontento con que se la recibe. -El Cabildo la exhorta a que mantenga su autoridad. - Definitiva destitución del Virrey: establecimiento de la Junta Provisional Gubernativa.

 

CAPÍTULO II

RESISTENCIA DEL PARAGUAY CONTRA

LA JUNTA PROVISIONAL

Resistencia opuesta por algunas provincias al reconocimiento de la Junta Provisional de Buenos Aires. - Actitud hostil del Paraguay: misión de Espínola: odiosidad de este personaje: su torpeza: su fracaso. - Convocación y reunión de la Junta General de la Provincia: sus acuerdos: comunicación hecha de ellos a la Junta Provisional. -Preparativos bélicos del Gobernador del Paraguay. - Tentativas e intimaciones de la Junta de Buenos Aires para hacerle acatar su autoridad. - Supremacía del Cabildo de la Asunción. - Disposiciones de resistencia contra Buenos Aires. - Negativa de reconocimiento de la Junta Provisional por parte del Perú.

 

CAPÍTULO III

EXPEDICIÓN DE BELGRANO

Descontento de los aporteñados del Paraguay provocado por las disposiciones de Velasco. - Honrosa resistencia de éste. - La Junta Provisional encomienda a Belgrano la conquista del Paraguay. - Tentativas de la Junta para prestigiar su causa en esta Provincia. - Belgrano inicia su campaña. - Proclama a los pueblos de Misiones. - Invasión de nuestro territorio. - Plan y medidas de resistencia de Velasco. - Avístanse ambos ejércitos: fuerzas y condiciones de uno y otro.

 

CAPÍTULO IV

DERROTA DE BELGRANO

Ineficaces tentativas de Belgrano para atraerse a los paraguayos. - Situación de nuestro ejército en Paraguay. - Batalla del 19 de enero: sus peripecias: cobardía de Velasco: victoria alcanzada por los paraguayos: alarma en la capital. - Retirada de Belgrano: es perseguido: fuerte posición, en que se coloca, sobre el Tacuary: batalla del 9 de marzo: sus accidentes: capitulación y retirada de Belgrano: sus incitaciones revolucionarias. - Daños causados a la Provincia por esta expedición.

 

CAPÍTULO V

LA GÉNESIS REVOLUCIONARIA

Nuevas medidas preventivas del Gobierno. - Ingratitud de Velasco hacia el ejército. -Empréstito patriótico. - Remisión de los prisioneros a Montevideo. - Ocupación de Corrientes por el Paraguay. - Fermento revolucionario: conspiraciones fracasadas: terreno propicio que encuentran las nuevas ideas en esta Provincia. - Opiniones favorables a la anexión a Buenos Aires.

 

CAPÍTULO VI

EL 14 DE MAYO

Progresos que hace la revolución: circunstancias que la favorecen. - La conspiración dirigida por Francia. - El 14 de Mayo. - Sometimiento de Velasco. - Modificación que se introduce en el gobierno. - Medidas tomadas por el triunvirato. - Esfuerzos de Francia por nuestra total independencia. - Evacuación de Corrientes.

 

CAPÍTULO VII

EL 9 Y EL 17 DE JUNIO

Contrarrevolución meditada por los españoles. - Relaciones de Velasco y los portugueses. - Descubrimiento de estos planes: prisión del Gobernador y de los cabildantes el 9 de junio. - Reunión del Congreso General de la Provincia el 17 de junio: establecimiento de la Junta Superior Gubernativa: bases para la alianza con Buenos Aires: otros acuerdos. Inauguración del nuevo Gobierno.

Apéndice A 

Apéndice B

La Junta Superior Gubernativa

El Primer Consulado

 

 

 

 

 

 

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