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REMBERTO GIMÉNEZ

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Don Remberto (Jorge Báez)
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Don Remberto (Jorge Báez)

REMBERTO GIMÉNEZ

Pareciera paradójico que hayamos mencionado el nombre de este joven maestro entre los animadores de la música folklórica, porque Giménez posee una cultura musical más bien clásica que nativista. Pero tanto es el interés que siente por ennoblecer la música popular que su actividad dirige resueltamente al arreglo de tales músicas conforme al canon.

Desde el alejamiento voluntario de Fernando Centurión de nuestros principales conservatorios de música, Giménez quedó solo espigando en el campo escasamente pródigo de esta actividad, que él pudo, sin embargo, abonarlo con el esfuerzo perseverante de su voluntad indoblegable. Se rodeó o se dejó rodear de los mejores, aunque escasos valores de nuestro ambiente musical, para ir formando escuela y habituando al público metropolitano a gustar de la buena música, la hasta ayer menospreciada por la prevalencia del Tango y del Fox Trot. Giménez es una capacidad en marcha, su deseo de aprender corre paralelo con el de enseñar los ideales que alienta que de su propio valer actual. Como paraguayo nato participa de todos los sentimientos populares y recoge en el pentagrama las notas ya briosas, ya acongojantes del alma nacional.

Bajo Giménez de su alcor nativo de Coronel Oviedo, con un cúmulo de ilusiones en la mente y una flauta bajo el brazo. Con estos bagajes, llegó a la capital, para lanzarse a la conquista de la vida. Era entonces un adolescente, e infaltable "bartolino" en serenatas y jolgorios familiares.

En cierta ocasión asistió a un concierto de Dalmau, y la emoción que le produjo el prodigo que hacía del violín el virtuoso concertista, le tentó a cambiar la flauta por el instrumento de Paganini. Así nació en él el violinista.

Más tarde le tocó hacer su conscripción en la Banda de Policía, donde los maestros Pellegrini y Déntice, no solamente forman el espíritu musical de los jóvenes conscriptos, sino que también les educan para la vida útil. Una vez cumplida su conscripción, Giménez se trasladó a Buenos Aires para ingresar en el conservatorio "Williams", de donde volvió al país con una medalla honorífica y su diploma de profesor superior de violín.

Pero todavía le sonreía la suerte. Y tras algunos triunfos que obtuvo como profesor de orquesta en los conciertos asuncenos, consiguió lo que otros ambicionan: ¡una beca para Europa! Sucesivamente allá, ingresó en los conservatorios de París y Berlín; se acercó a los grandes maestros de la música contemporánea, y tomó lecciones de ellos con su instrumento favorito. Al cabo de un par de años retornó a la patria, y desde entonces acá, Giménez ha recorrido un largo trecho por los caminos del arte, desarrollando en nuestro medio la verdadera cultura musical, diré mejor, una campaña musical, bien como concertista de violín, bien como director de orquesta, o como profesor y compositor.

La maledicencia pública, siempre en acecho y con el arco tenso para herir reputaciones con su flecha envenenada, ha pretendido ridiculizar a Giménez con ideas retrógadas, diciendo de él que vino de Europa con música de Beethoven, Schubert, Lizt, etc. para marearnos con el clasicismo musical. Nada menos, ni más cierto. Pues Giménez, sigue siendo, como en sus primeros tiempos, un admirador de la música nativa. La prueba está en que cuando era estudiante en Europa compuso para violín y piano su sentida polka "CUARAHY OIKÉ YAVÉ", que es toda una añoranza por la patria lejana.

Verdad es que su cultura musical es netamente clásica, y en este orden de música su composición más renombrada es "RAPSODIA PARAGUAYA". Música de gran elevación y de instrumentación complicada, cuyo final es una sublime invocación a los héroes de la patria.

Pero fuera de la docencia musical, Giménez es un animador de la música folklórica. No sólo persigue enriquecer los "aires nativos", sino arreglarlos y adaptarlos a la orquesta. Y eso es todo. Claro está que quien no ha estudiado, ni interpretado a Beethoven, Schubert y a otros clásicos maestros, mal podría ennoblecer la música popular, corrigiendo sus pobrezas y defectos técnicos, para ser ejecutadas en conciertos. Pues la técnica musical no se adquiere no más por intuición; ni la combinación de notas musicales es mero gusto arbitrario del compositor, sino una ciencia basada en el estudio y, como tal, regidas por leyes y normas rigurosas.


-III-

Desde que adquirió fama Giménez, en nuestro ambiente musical, ha escrito y arreglado una serie de música de carácter folklórico, algunas de ellas gozan todavía de gran popularidad, por haberse publicado por la casa Manuel Villadesau.

De esa serie recordamos: "TAQUÉ MI NDE POJHEI" de autor desconocido, cuya música está arreglada por Giménez y se la canta con letras de Fernán Riva. De su propia cosecha son "CONSCRIPTO", "NACITA BLANCA", "CORONEL OVIEDO", "VERDE OLIVO", "NDE RATY PYCUÁ", etc. últimamente se trasladó a Buenos Aires para grabar en discos el Himno Nacional con el arreglo que ha introducido en él por autorización del gobierno; y también la "MARCHA PRESIDENCIAL", la que sustituirá a la ejecución del Himno, en los actos en que se rindan honores al Presidente de la República.

Giménez ha sabido aprovechar útil y noblemente su juventud, persiguiendo una finalidad puramente artística. No ejerce el arte de la música como oficio, sino como sacerdocio, porque comprende que el artista que se asegura una posición material, se priva de las condiciones de lucha, que es la maestra de la vida, y se corta las alas a sus facultades creadoras. Su labor es silenciosa, pero perseverante, ya como director de música en el Ateneo Paraguayo (1) o de la orquesta Sinfónica; ya componiendo o escribiendo partituras u organizando orquesta para todos los conciertos.

La indiferencia pública no le arredra; siempre va en vanguardia, confiado en sí mismo y en lo porvenir. Mientras otros abandonan la pista, tal vez impacientados o acobardados por el medio asfixiante, Giménez se aferra al terreno, como cuadra al luchador que se encariña con el puesto de sacrificio que le tocó en suerte.

El Paraguay aún se halla en los comienzos de su período artístico y ya forman legión los que se sienten torturados por el desengaño de su tierra. Por eso el artista que triunfa entre nosotros será siempre el más fuerte e inflexible en el carácter o el más amante del ideal.

(1) -   Hace apenas un año que el señor Giménez abandonó la Dirección de la Sección de Música del Ateneo Paraguayo, para pasar a dirigir un conservatorio particular, con la denominación de "Escuela Normal de Música"

Fuente: ARTES Y ARTISTAS PARAGUAYOS. PERIODO RENACENTISTA. Conferencia de JORGE BÁEZ - Biblioteca Nacional. Agencia Paraguaya del ISBN - 1ª Reedición, con el apoyo de la Cooperativa Universitaria Ltda. Asunción – Paraguay, Noviembre, 2007 (91 páginas)


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