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Historia Política

Gobiernos Coloniales (1780 a 1811) - El proceso de la Independencia
10/06/2010


LOS ÚLTIMOS AÑOS DE LA COLONIA

Por JERRY W. COONEY

 

         El año 1806 fue muy importante en el desarrollo de la historia paraguaya a causa de dos acontecimientos decisivos. El 5 de mayo de 1806 asumió su cargo en Asunción el último gobernador colonial del Paraguay; dos meses después, el virrey del Río de la Plata ordenaba al mismo gobernador enviar milicianos de la provincia para defender Buenos Aires de una invasión británica. Ambos acontecimientos -la toma de mando del último gobernador y la invasión inglesa- habían de afectar al Paraguay más de lo que hubiera podido imaginarse en el momento. Bernardo de Velasco y Huidobro, el último gobernador español del Paraguay, era muy respetado en la provincia y sentía un sincero afecto por sus habitantes. Durante todo su gobierno trató de hacer lo que más conviniera al Paraguay; esa actitud y el respeto de que gozaba incidieron considerablemente en el rechazo del Paraguay a la revolución bonaerense del 25 de mayo de 1810.

         En 1806, muchos paraguayos recibieron de buen grado al nuevo gobernador. Su predecesor, Lázaro de Ribera, se había granjeado demasiados enemigos. Ribera asumió el puesto en 1796 y administró bien la intendencia a su cargo, pues promovió la agricultura, creó una cordelería para la marina española en el Paraguay, apoyó la creación de astilleros para la construcción de embarcaciones, fomentó la educación, abolió la encomienda y dirigió la creación de una nueva milicia, de acuerdo con el Reglamento de 1801. Sin embargo, el mal genio del gobernador le ocasionó demasiados conflictos personales y la malquerencia de sus superiores. Además, su predilección hacia los españoles peninsulares era demasiado irritante y él había fracasado como conductor militar durante la breve participación del Paraguay en la Guerra de las Naranjas entre España y Portugal en 1801. Durante los diez años de su administración, no sólo se ganó la antipatía de asuncenos destacados, sino también la del propio virrey del Río de la Plata, el marqués de Avilés, y de Félix de Azara, quien para entonces se había convertido en un alto funcionario público de Madrid*. Ribera no tuvo reparos en criticar los proyectos de Avilés y de Azara para la liquidación del régimen de propiedad comunal de los indios de los treinta pueblos de las antiguas misiones jesuíticas, considerando que los indios no estaban preparados para gozar del régimen de la propiedad privada. Finalmente, Azara gestionó activamente la destitución de Ribera como gobernador y su reemplazo por Bernardo de Velasco, que por entonces gobernaba los treinta pueblos de las Misiones, aunque todavía con subordinación a la intendencia de Buenos Airesl. Las gestiones de Azara tuvieron éxito: a fines de 1805, Ribera recibió la notificación de que lo reemplazaría Velasco en el gobierno de la provincia del Paraguay.

         El nuevo gobernador, Bernardo de Velasco, había nacido en España, donde siguió una prestigiosa carrera militar, obtuvo el grado de coronel y participó en la campaña del Rosellón (Francia)*. En 1803 llegó a gobernador de los treinta pueblos de las Misiones. Sin duda, la manera en que emprendió la liquidación del sistema comunal fue del agrado de sus superiores, y por eso fue nombrado Gobernador Intendente del Paraguay en 1805, aunque conservando también el mando político y militar de las Misiones, que pasaría a administrar como una circunscripción separada de la provincia del Paraguay. Para evitar un roce con Ribera, Velasco dejó pasar un tiempo prudencial antes de asumir el mando en Asunción a principios de mayo de 18062.

         El nuevo gobernador era muy distinto de su predecesor: además de ser competente, sabía ganarse el respeto y el afecto de quienes gobernaba. Aunque Velasco había hecho una carrera exclusivamente militar antes de llegar al Nuevo Mundo, en poco tiempo supo familiarizarse con los mecanismos de la administración civil y además contó con la eficaz ayuda de su Teniente Asesor Letrado [asesor jurídico], Pedro Somellera; un porteño formado en la universidad de Córdoba y sumamente apto en su materia**.

         Aún más importante que la capacidad del nuevo gobernador fue el sincero afecto que prontamente se estableció entre él y los habitantes de la provincia. Él incluyó en el círculo de sus colaboradores y amigos tanto a europeos como a paraguayos, y en especial a los paraguayos de las grandes familias y con experiencia militar, cuyas opiniones tomaba en cuenta. Después de las permanentes desavenencias del régimen de Ribera, los paraguayos quedaron muy complacidos con Velasco. Éste era un hombre de carácter apacible, cortés, poco inclinado al favoritismo y que siempre tomaba en cuenta los intereses del Paraguay -hasta donde no contravinieran los intereses de la Corona-. Velasco se sentía muy a gusto en su nuevo cargo, como expresó a un amigo en una carta personal:

         Nada le he dicho de mi Paraguay, y ahora no tengo ni tiempo ni juicio para explicarle los motivos de satisfacción que tengo hacia ese país; siendo estos en primer lugar, la obediencia ciega y particular estima y respeto que todas las clases de ese pueblo me manifiestan3.

 

         Ni bien había asumido su puesto en Asunción, Velasco recibió una orden perentoria del virrey Rafael de Sobremonte*. Los ingleses habían desembarcado y tomado Buenos Aires casi sin encontrar resistencia. El virrey había huido de la capital y, desde un pequeño pueblo de los alrededores de la capital, ordenaba a las autoridades del interior del Virreinato movilizar la milicia y enviarla para reconquistar Buenos Aires4. Sobremonte ha sido muy criticado por los historiadores -no sin fundamento- a causa de su actuación en las invasiones inglesas de 1806 y 1807. Aunque se desempeñó muy bien como gobernador intendente de Córdoba antes de ser virrey, sus dotes militares no estuvieron a la altura de las circunstancias cuando debió enfrentar al invasor. El ataque inglés contra las posesiones españolas en América fue una contingencia previsible a partir del momento en que España se alió con la Francia revolucionaria. Por diversas circunstancias, el peligro del ataque contra el Río de la Plata aumentó en 1806. La posesión del Cabo de Buena Esperanza por los holandeses, entonces incorporados al imperio napoleónico, representaba una amenaza a las comunicaciones de Gran Bretaña con la India. Por eso el Almirantazgo inglés organizó la expedición naval que se apoderó de la Colonia del Cabo, en el extremo sur del África. El jefe de la expedición naval, Home Popham, quien contaba con suficientes hombres y embarcaciones, decidió utilizarlos para atacar a otros enemigos de Gran Bretaña en el Hemisferio Sur, aun sin recibir órdenes del Almirantazgo. Considerando que Buenos Aires era un objetivo importante, Popham preparó una flota de guerra para conquistarlo y, el 27 de junio de 1806, unos 1.700 hombres al mando del coronel William Beresford entraron en Buenos Aires sin mayor dificultad5. En los meses anteriores a la ocupación inglesa circularon repetidos rumores sobre los proyectos bélicos de los británicos; en los primeros meses de 1806, el gobernador Lázaro de Ribera recibió órdenes de movilizar la milicia del Paraguay y enviar mil hombres de caballería a Montevideo6. Aquella orden fue prontamente revocada pero en junio, seis días antes del desembarco inglés, el virrey ordenó al nuevo gobernador, Velasco, que enviara trescientos veinticinco hombres a Montevideo7.

         La caída de la capital del virreinato conmovió a toda la región. Mientras que el fugitivo virrey Sobremonte, desde Córdoba, alistaba un ejército para reconquistar la capital, Buenos Aires se preparaba para expulsar a los ingleses, bajo la dirección del influyente comerciante español Martín de Álzaga y otros vecinos destacados, mientras que en Montevideo se organizaba el ejército que se pondría a las órdenes de Santiago Liniers, un oficial francés al servicio de España, para marchar sobre Buenos Aires*. Aprovechando su superioridad numérica, los porteños derrotaron a los invasores [cercados en la actual Plaza de Mayo de Buenos Aires]. Ufanos de la victoria y habiendo perdido el respeto al virrey, decidieron a partir de entonces tomar en sus manos el gobierno de la ciudad capital.

         Sin embargo, el Paraguay movilizaba su milicia en cumplimiento de las órdenes de Sobremonte. Velasco, fiel servidor de la Corona, en poco tiempo reunió una fuerza expedicionaria de seiscientos cincuenta soldados y oficiales, seleccionados entre los efectivos de los dos regimientos de "milicia regulada" de la provincia. La formación de los dos regimientos de caballería (y dos compañías de artillería) había sido autorizada al Paraguay con la reorganización de la milicia de todo el Virreinato en 1801. Cada regimiento tenía una dotación autorizada de 1.200 hombres, con oficiales que recibían un salario relativamente alto y disfrutaban de las prerrogativas del Fuero Militar. Los hombres sin rango de oficial recibían un modesto salario, y habían sido asignados a los dos regimientos sobre la base de las listas de los vecinos sujetos al servicio de milicia. Aunque ni los oficiales ni los soldados prestaran servicio en forma permanente, debían recibir entrenamiento militar de manera regular. El salario y los privilegios del Fuero Militar fueron un incentivo para los miembros de las grandes familias, quienes dominaban el cuerpo de oficiales. Sin embargo, debe señalarse que ambos regimientos estaban muy lejos de haber cubierto el número de 1.200 hombres asignados a cada uno en 18068. Ambos regimientos estaban bajo el mando del coronel José Espínola y Peña, comandante militar y político de Concepción y subinspector de armas de la provincia9. Aunque el destacamento partió de Asunción el 4 de agosto de 1806, su movilización no se dio sin incidentes. Como de costumbre, la milicia regular carecía de efectivos suficientes y equipo adecuado; su moral era baja y se encontraba dispersa por toda la campaña. La elección del jefe de la expedición no fue la mejor, porque Espínola había sido el favorito del ex gobernador Ribera y se lo detestaba en toda la provincia a causa de su gobierno despótico de la zona de Concepción. Desde el primer momento, la formación de aquel contingente militar se vio dificultada por la animosidad contra Espínola, las deserciones y las quejas10. Espínola demostró audacia y competencia en la lucha contra los indios cuando ejerció el cargo de Comandante Militar y Político de Villa Real de la Concepción (hoy simplemente Concepción), pero también fue demasiado duro y poco considerado con sus subordinados. El Comandante de Concepción se quejó a Velasco de la poca aptitud militar de los reclutas y soldados, y de la exoneración del servicio militar que beneficiaba a los cultivadores de tabaco:

         La razón es que el enrolamiento recae sobre los más pobres y miserables, quedando excluidos los de mayor salud y aptitudes, quienes representan la mayor parte de los vecinos de la provincia, aquellos que se encuentran matriculados en la Real Renta de Tabacos, exentos de todo servicio militar11.

 

         Espínola decidió recurrir a los enrolamientos forzosos, incorporando al ejército a cuantos hombres aptos pudo encontrar. Al obrar así no tuvo en cuenta la exoneración que otorgaba el cultivo del tabaco, ni las dificultades que causaba a las familias de los enrolados, ni siquiera las protestas manifestadas en Asunción12. Velasco, sometido a una fuerte presión de Sobremonte para que reuniera tropas prontamente, se vio obligado a aceptar los procedimientos impopulares de Espínola, necesarios para acelerar la movilización, aunque también provocaran resentimiento en la provincia e indignaran al propio gobernador.

         El primer destacamento de caballería paraguaya se embarcó en Asunción y llegó a San Nicolás de los Arroyos el 2 de septiembre de 1806, veintidós días después de la reconquista de Buenos Aires. En Buenos Aires, los paraguayos recibieron uniformes y equipos nuevos, para luego ser enviados a prestar servicio en la guarnición de Montevideo. Aunque se había expulsado a los británicos, los funcionarios virreinales sabían que la amenaza no había pasado; que Buenos Aires y Montevideo podían ser atacadas de nuevo. Al regresar de Córdoba, el virrey Sobremonte asumió el mando militar de Montevideo, después de que las autoridades de Buenos Aires le dijeran que no volviera a la ciudad capital. En Montevideo, Sobremonte trató con funcionarios menos levantiscos que los de Buenos Aires, pero ni aun así fue capaz de dirigir eficientemente las tropas de la Banda Oriental, de las que formaba parte la caballería paraguaya13.

         No tardó mucho en llegar la prevista segunda invasión inglesa. Las noticias de la derrota y la captura de Beresford, y quizás también la posibilidad de obtener un botín mayor*, impulsaron a Gran Bretaña a la acción. En Londres se pensó que el viejo proyecto de conquistar una parte de la América española debía llevarse a cabo en el Río de la Plata, y se preparó una segunda expedición, mucho mayor que la primera. En enero de 1807 fuerzas británicas desembarcaron en la Banda Oriental y se prepararon para atacar Montevideo.

         Sobremonte demostró de nuevo su incapacidad como conductor militar. Pidió refuerzos a Buenos Aires, pero los porteños no se los enviaron porque no lo respetaban y preferían reservar sus fuerzas para la defensa de Buenos Aires. La negativa de ayuda de los porteños y la incompetencia de Sobremonte provocaron la caída de Montevideo en poder de los ingleses el 3 de febrero de 1807. Inútilmente, el virrey trató de evitar el desastre llevando sus tropas fuera de los muros de Montevideo, para enfrentar a los británicos en una batalla regular en campo abierto, en la plaza de Buceo, el 20 de enero de 1807. La infantería y la artillería profesionales británicas aplastaron a las tropas de Sobremonte en la batalla de Buceo. En aquella derrota, el contingente paraguayo sufrió grandes bajas y dejó de ser una fuerza operativa. Algunos paraguayos buscaron refugio en Montevideo, que pocos días después fue atacada y capturada por los británicos, pero la mayor parte de la caballería paraguaya se dispersó por la campaña, donde algunos de sus hombres se unieron a las fuerzas irregulares comandadas por José Artigas. Otros paraguayos se volvieron merodeadores; otros desertaron y regresaron al Paraguay, mientras que algunos llegaron hasta Buenos Aires, donde se sumaron a la defensa contra la segunda invasión inglesa14. Después del desastre, los oficiales y soldados perdieron todo respeto a Sobremonte, y además se reavivó la vieja desconfianza de los paraguayos hacia Buenos Aires, que se había negado a enviar refuerzos a la Banda Oriental.

         Es difícil decir con exactitud cuál fue la reacción paraguaya a las invasiones inglesas. Sin embargo, tenemos algunos indicios, y uno de ellos es la carta escrita por un joven oficial de la milicia que prestó servicio en la Banda Oriental, y afirmó que él y sus camaradas fueron traicionados y sufrieron fuertes bajas en la batalla del Buceo15. El joven oficial, Antonio Tomás Yegros, su hermano Fulgencio (gravemente herido en el Buceo) y Fernando de la Mora fueron algunos de los combatientes que, después de la derrota de Buceo, buscaron refugio en Montevideo y lograron escapar de los ingleses cuando éstos conquistaron la ciudad. Los Yegros y Mora iban a tener una actuación decisiva en el movimiento de la independencia paraguaya. Ellos, en vez de desertar y regresar a su tierra o errar por la campiña de la Banda Oriental, cruzaron el estuario para seguir prestando servicio en Buenos Aires, donde se esperaba la llegada de un segundo contingente de paraguayos enviado desde la provincia norteña. En Buenos Aires, los futuros integrantes de la sublevación paraguaya pudieron presenciar diversos acontecimientos relevantes, que presagiaban el derrumbe del poder español en el Virreinato.

         En el Paraguay, el comportamiento de Espínola y el envío de los milicianos para prestar servicio fuera de la provincia tuvieron consecuencias graves. Sobremonte pidió a Velasco un segundo contingente, que Velasco sólo pudo enviarle mediante un gran esfuerzo. Este segundo grupo, también integrado por efectivos de caballería y una compañía de artillería, tenía unos cuatrocientos soldados y oficiales, y llegó a Buenos Aires el 20 de enero de 1807. El reclutamiento había sido muy difícil. Los jefes locales de milicia expresaron a Velasco que, desde que comenzó Espínola con sus odiados reclutamientos, los paraguayos trataron de evitar el servicio militar declarándose cultivadores de tabaco y por eso era recomendable acabar con las exoneraciones. Sin embargo, más grave que los pedidos de exención era el hecho de que algunos se fugaban de la provincia para no ir al ejército; por momentos, era de temerse una resistencia abierta a prestar el servicio militar16. Hacia finales de 1806, la situación se había vuelto tan alarmante que el Cabildo de Asunción obligó a Velasco a prometer que no saldría de la provincia en ningún caso. El Cabildo temía que, si el gobernador partía en cumplimiento de la orden del virrey, la tranquilidad interior se viera seriamente amenazada. Además, debía preverse un aumento de los ataques de los indios, a causa de la partida de muchos milicianos, que fueron a Buenos Aires llevándose consigo una buena parte de las armas de la provincia. Velasco concordaba con qué su presencia en la provincia era necesaria y quedó muy disgustado con la conducta desconsiderada de Espínola17.

         Los sucesos del Río de la Plata obligaron a Velasco a romper la promesa hecha al Cabildo. Después de la toma de Montevideo por los ingleses, el virrey Sobremonte fue destituido por el indignado vecindario de Buenos Aires. Los españoles peninsulares que ocupaban cargos públicos importantes en Buenos Aires, como los miembros de la Audiencia, se dispusieron a reducir la gran influencia de Santiago Liniers, por todos los medios disponibles; disminuyendo a Liniers, querían contener el creciente poder de los criollos*. Finalmente, la Audiencia ordenó a Velasco que se presentara en Buenos Aires. Velasco supuso que se lo llamaba para entregarle el mando de todas las fuerzas militares del Virreinato y partió de Asunción el 13 de marzo de 1807. Para entonces, Liniers tenía ya demasiada autoridad y popularidad entre los porteños como para ser desplazado por ninguna maniobra de los españoles; por eso terminaría siendo nombrado virrey del Río de la Plata. En Buenos Aires, Velasco creyó que la Audiencia no había informado a Liniers de su viaje; sin proponérselo, el gobernador se vio involucrado en las rivalidades políticas de la capital y debió resignarse a aceptar un puesto de subordinado. Sirvió lealmente en la defensa de Buenos Aires contra la segunda invasión inglesa, ocupó el puesto de subinspector de la ciudad de Buenos Aires y fue ascendido al rango de brigadier de infantería. Sin embargo, en privado se manifestaba indignado por la conducta de los porteños, y creía que ni los comerciantes de Buenos Aires ni Liniers actuaron con suficiente firmeza y sensatez en la lucha contra los ingleses18.

         A causa de su incompetente conducción militar, el segundo ataque inglés contra la capital del Virreinato fue rechazado con fuertes bajas; con la firma de la capitulación, los ingleses se vieron obligados a retirarse y además devolver Montevideo. Sin embargo, las consecuencias de la lucha contra los británicos en el Río de la Plata fueron decisivas; para muchos historiadores, ellas marcan el comienzo del movimiento de la independencia de la región. Los paraguayos que regresaron a su tierra quedaron más convencidos que nunca de lo inconveniente de participar en guerras fuera de su provincia. Al regresar, llevaban consigo la experiencia de la destitución de Sobremonte por los porteños y ejemplares de La Estrella del Sur. Aquel periódico, publicado en castellano y en inglés durante la ocupación de Montevideo, difundía ideas subversivas, como la rebelión de América contra España y la libertad de comercio. Aunque algunos historiadores del movimiento independentista del Río de la Plata hayan exagerado la influencia del periódico, no deja de ser significativo el interés que despertaba, hasta el punto de que un joven oficial paraguayo regresó a su provincia con varios ejemplares de La Estrella19. Los paraguayos percibieron otro hecho notable: el abarrotamiento del Rio de la Plata con las mercaderías baratas y de calidad superior llegadas con los comerciantes ingleses que siguieron la flota de Su Majestad Británica. Para los partidarios del libre comercio con el resto del mundo, el activo comercio desarrollado durante el tiempo de las invasiones era una muestra de los beneficios que podría brindar al Rio de la Plata la libertad comercial.

         Los milicianos regresaron a un Paraguay sumido en la confusión y el desorden social. El contrabando había aumentado como nunca, a causa del ingreso de las mercaderías inglesas; los funcionarios se negaban a cumplir las órdenes de los gobernadores interinos que reemplazaron a Velasco durante su estadía en Buenos Aires; los indios atacaban las fronteras, tal cual lo había anticipado el Cabildo en 1806. La moral de los milicianos paraguayos había decaído tanto, que el gobernador interino Manuel Gutiérrez ordenó que devolvieran al arsenal de Asunción todas las armas que se les habían entregado20. Resulta evidente que muchos desertores de la defensa de Montevideo habían regresado al Paraguay con las armas que se les habían entregado. Como habitualmente, las armas entregadas a los milicianos estaban en pésimas condiciones, en 1807, los milicianos no mostraron mayor interés en conservarlas en buen estado que el mostrado en 1801, cuando Félix de Azara deploró la falta de espíritu y formación militar de los paraguayos21. La moral militar de los disciplinados que regresaron al Paraguay en 1808 era un constante motivo de preocupación para el gobernador interino Gutiérrez. Los dos regimientos no estaban integrados en su totalidad, y el reclutamiento para cubrir las plazas vacantes se efectuaba con alarmante lentitud22.

         En 1808, el virrey Liniers ordenó al ex gobernador del Paraguay, Lázaro de Ribera, qué presentara un informe sobre el estado de la defensa del Paraguay. El informe de Ribera, sumamente negativo, pronosticaba serios problemas para el caso de que los portugueses decidieran atacar las fronteras de la intendencia del Paraguay. Ribera propuso la creación de un ejército profesional, permanente y pagado, para reemplazar a la milicia, poco digna de confianza23. La propuesta bien fundamentada, que recibió la aprobación de las personas familiarizadas con la situación del Paraguay, no fue tomada en cuenta, como sucedió con otras tantas propuestas de reforma en aquellos años. La agitación del sur del Virreinato impedía a las autoridades tomar las decisiones adecuadas -suponiendo que realmente quisieran reformar la milicia-. En 1809 Velasco, de nuevo en Asunción y en su cargo de gobernador, informó al virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros que, por falta de disciplina y buenos oficiales, no podía reunir uno de los dos regimientos de la provincia para pasar revista; que a menudo los hombres de la milicia se escondían en los montes para evitar el servicio militar24. El hecho de que las fuerzas activas de ambos regimientos se encontraran dispersas en un área demasiado extensa dificultaba enormemente la coordinación de las actividades de las distintas unidades. Como si todo aquello fuera poco, diversos abusos afectaban el normal funcionamiento de la milicia, y era evidente el desagrado provocado en los paraguayos por el servicio militar. Además, parece que Velasco tenía serias dudas sobre la competencia de los coroneles y teniente coroneles de la milicia; había visto la pobre actuación de algunos de ellos durante la segunda defensa de Buenos Aires, y con seguridad constató la desorganización que siguió a la batalla de Buceo.

         Velasco se creyó obligado a reiterar la necesidad de reformar el sistema de defensa de la provincia. Ya al asumir el cargo de gobernador de las Misiones notó la necesidad de contar con un ejército profesional y de modificar o abolir el injusto sistema de servicio militar. Entre 1804 y 1810, en repetidas ocasiones, propuso crear un cuerpo de caballería profesional y pagado para la defensa del Paraguay; ese cuerpo podía pagarse con los ingresos de la provincia una vez que la situación del Río de la Plata volviera a la normalidad25. Para 1810, las autoridades superiores de Buenos Aires se convencieron de la pertinencia de las propuestas de Ribera y Velasco y estaban a un paso de optar por la reforma cuando la revolución de mayo de 1810 disgregó el virreinato26. Podemos hacer conjeturas acerca de qué hubiese pasado si se hubiese organizado ese ejército profesional en el Paraguay antes de los sucesos de mayo de Buenos Aires: quizás con ello se hubiera demorado el estallido de una rebelión contra las autoridades coloniales en Asunción. De cualquier manera, la reforma del ejército nunca llegó a realizarse; en 1810, Velasco y el Paraguay sufrían las consecuencias del sistema militar ineficiente que tanto había agitado la provincia en 1806 y 1807.

         El regreso de Velasco a Asunción apaciguó los ánimos en la provincia. Los conflictos entre españoles y criollos, que agitaban el estuario del Plata y el Alto Perú en 1809, no se manifestaron en el Paraguay. En otras cuestiones administrativas, con excepción del servicio de milicias, el gobernador pudo imponer su autoridad con firmeza y sin enfrentar resistencia. El Cabildo de Asunción y otras autoridades que habían contrariado a los reemplazantes interinos de Velasco depusieron su actitud combativa. Con el regreso del gobernador, se mejoró la defensa contra las incursiones indias; se iniciaron programas para combatir el contrabando; se notó un gran aumento de las exportaciones paraguayas hacia el sur; se enviaron embarcaciones río arriba, en previsión del inicio de hostilidades de los portugueses; se volvió a tomar en cuenta el fomento de la agricultura y el comercio y quienes huyeron para evitar el servicio de milicia se persuadieron de la conveniencia de regresar a sus hogares y sus cultivos27.

         Una medida que sin duda complació a Velasco fue la destitución del coronel José de Espínola. Las quejas de los vecinos de Villa Real de la Concepción contra el comandante militar y político Espínola por su injusta distribución de la tierra, su querella con el diputado consular de Concepción a causa de una cuestión de competencia, las quejas de los milicianos a su cargo contra él y el juicio negativo del Cabildo de Asunción hicieron que el virrey Liniers destituyera al resistido Espínola a principios de 180928.

         Al verse despojado de toda autoridad en el Paraguay, Espínola inmediatamente viajó a Buenos Aires, para pedir insistentemente la revocación de la medida. Tanto el Cabildo de Asunción como Velasco insistieron a Buenos Aires acerca de lo inconveniente de reponer a Espínola en sus funciones; Velasco llegó a caracterizarlo como un funcionario que, para compensarse de su excesiva sumisión a sus superiores, abusaba de sus subordinados29. Muchos paraguayos temieron que las gestiones de Espínola llegaran a tener éxito; sin embargo, cuando Espínola regresó a la provincia en 1810, no lo hizo por mandato del virrey, sino a causa de circunstancias enteramente distintas30.

         Además de las invasiones inglesas, otro acontecimiento alarmó seriamente a las autoridades del Virreinato en el periodo de 1806-1810, y fue el siguiente. La Corte de Portugal, en un cambio de sede colonial sin precedentes, llegó a Río de Janeiro en 1808. Aquel desplazamiento colectivo, consecuencia de la invasión de Portugal por las tropas de Napoleón*, aumentó considerablemente la importancia del Brasil, que se convirtió en el Imperio portugués por más de una década. Aquello fue motivo de preocupación para los funcionarios españoles del Río de la Plata31. El virrey Liniers pidió informes sobre el estado de la defensa de las fronteras; advirtió a sus subordinados que debían prepararse para posibles ataques portugueses, y reforzó las defensas fronterizas. Se tomaron especiales precauciones en el norte del Paraguay, defendido por el Fuerte Borbón [hoy Fuerte Olimpo] y el puesto de avanzada de San Carlos del Apa. Aun así, los funcionarios encargados del asunto mostraron gran pesimismo acerca de la posibilidad de que el Paraguay pudiera rechazar una invasión portuguesa32. Afortunadamente para España, la Corte de Río de Janeiro se encontraba demasiado confundida por el largo viaje marítimo y el desplazamiento del centro del poder; demasiado absorbida por las rencillas internas y la influencia moderadora de sus aliados los ingleses, opuestos a cualquier aventura portuguesa en territorio americano. Además, para fines de 1808 España y Portugal eran aliadas en la lucha contra Napoleón. Sin embargo, aquella alianza en el territorio europeo tendría poca influencia en los dominios portugueses y españoles del Nuevo Mundo33.

         El gobernador Velasco era muy consciente de la posibilidad de que surgieran disputas de fronteras entre Portugal y el Paraguay. Por eso, al regresar al Paraguay a comienzos de 1809, se abocó de lleno a la tarea de reorganizar el núcleo de las fuerzas defensivas del Paraguay: los dos regimientos de "disciplinados". Aunque hubiera deseado la creación de un cuerpo de ejército profesional, se resignó a operar con lo que tenía: soldados de medio tiempo, si bien con el mejor entrenamiento que permitían las armas y los recursos de la provincia.

         El mismo año en que Rio de Janeiro se convirtió en capital del Imperio portugués, una gran conmoción sacudió a toda España. Napoleón traicionó a esa nación hasta entonces aliada al ocupar militarmente su territorio, capturar a Carlos IV y su hijo Fernando VII (a favor de quien había abdicado Carlos) e imponer como rey de España a su hermano, José Bonaparte. Repentinamente, la oposición contra el extranjero se extendió por toda España*. Las Juntas de los pueblos y ciudades iniciaron una guerra de guerrillas, que contaba con el apoyo de la Iglesia, la nobleza, los vecinos acaudalados y el pueblo, leales al cautivo Fernando VII. Posteriormente las Juntas locales se pusieron bajo la autoridad de la Junta Suprema Central, que gobernó la España rebelde en nombre de Fernando. En poco tiempo, el país se convirtió en "la úlcera de Napoleón" y Gran Bretaña se alió con la Junta Suprema Central. Desde España llegaron al Nuevo Mundo exhortaciones a conservar la fidelidad a la Madre Patria y a Fernando VII, en medio de la mayor crisis nacional surgida desde la muerte de Carlos II. También Napoleón mandó emisarios a las colonias americanas, en una infructuosa tentativa de volcarlas a la causa de su hermano José. Aquellos agentes -franceses o españoles renegados- fueron rechazados altivamente, y Napoleón comprendió que debía trazar una nueva política para tratar con las colonias españoles. Entonces trató de provocar la rebelión americana contra la Junta Central, considerando que debilitar su autoridad era una manera de favorecer los intereses franceses34. Pero toda aquella estrategia napoleónica resultó pueril e infectiva.

         La noticia de que una Junta gobernaba en nombre de Fernando VII se recibió con entusiasmo considerable en el Río de la Plata, donde se prefirió reconocer la autoridad de la Junta en vez de la de Carlota Joaquina, hermana de Fernando VII y esposa de don Juan de Portugal, el príncipe regente llegado a Río de Janeiro. Ni bien recibió la noticia del cautiverio de Fernando VII, la Corte portuguesa se preguntó de qué manera el hecho favorecería los intereses lusitanos en el Río de la Plata. Aunque hoy se considera que Carlota Joaquina era sincera en su intento de preservar el Imperio español, no hay duda de que el conde de Linhares (ministro de Relaciones portugués) y otras personas de la Corte de Río de Janeiro se propusieron aprovechar las gestiones de la princesa para apoderarse de territorio español35. Carlota envió notas a los funcionarios coloniales españoles para exigirles el reconocimiento de su autoridad real en ausencia de la de su hermano Fernando VII; en caso de que Fernando no regresara de su cautiverio, a ella le correspondería sucederlo en el trono de España. Las notas fueron recibidas respetuosamente, aunque pocos súbditos españoles en América dudaran de que se tratara de otra argucia portuguesa para apoderarse de más territorio en el Nuevo Mundo. La misma actitud se manifestó en el Paraguay, por mucho tiempo expuesto a la amenaza portuguesa36.

         En el Paraguay se juró fidelidad a Fernando VII sin vacilar, porque el Cabildo de Asunción, la Iglesia y los funcionarios de la intendencia avivaron el entusiasmo patriótico37. El Cabildo de Asunción, que anteriormente había recolectado dinero para contribuir a la defensa de Buenos Aires, mostró su lealtad de nuevo enviando fondos para la defensa de España. Contraviniendo una prohibición legal, el Cabildo recogió 8.019 pesos de los "propios de la ciudad" y los envió a Buenos Aires para que el virrey dispusiera de ellos. También se envió a Buenos Aires dinero procedente de contribuciones privadas38. A fines de 1809, la Intendencia del Paraguay y el Cabildo de Asunción fueron informados de que la Junta Suprema Central había decidido reunir en España a las Cortes, con participación de representantes de las colonias de ultramar. El virrey Liniers ordenó a la intendencia del Paraguay elegir un representante y enviarlo a Buenos Aires, donde se realizaría la selección final del representante del Río de la Plata en las Cortes. Siguiendo las instrucciones del virrey, el Cabildo eligió por sorteo a uno de sus miembros, el doctor José Gaspar Rodríguez de Francia39. Aquella distinción se vio malograda a causa de la acusación malevolente de un enemigo político: Francia había falsificado la información relativa a su filiación al prestar juramento en el curso de la selección. De cualquier manera, la elección seguía siendo válida, pero los acontecimientos del Río de la Plata impidieron el viaje de Francia a la capital virreinal40.

         Como si aquello no fuese suficiente motivo de inquietud, el gobernador fue alertado (como otros colegas suyos del Rio de la Plata) sobre el peligro de la subversión francesa. Aunque la admiración por la Revolución Francesa de parte de los criollos hubiese desaparecido a causa de los excesos de 1793 y el surgimiento de Napoleón, los altos funcionarios del Río de la Plata mostraron un temor paranoide de la agitación francesa después de 1808. A pesar de la repugnancia que inspiraba la Revolución Francesa a los criollos por su violencia, a fines de 1809 el virrey Cisneros ordenó que se reuniera y enviara a Buenos Aires a todos los franceses residentes en el Paraguay (y en otras intendencias). Para el Paraguay, aquella decisión resultaba absurda, porque sólo había cinco o seis franceses en su territorio; algunos habían residido en él por muchos años, todos estaban bien arraigados y uno llegó a ocupar un alto cargo de la milicia. Por lo tanto, aquellos extranjeros no podían representar ningún peligro desde el punto de vista político41. Pero el Virreinato conoció un exceso de celo realista porque, en febrero de 1810 Velasco, cumpliendo instrucciones, formó un Juzgado de Vigilancia, cuya función consistía en observar e informar sobre cualquier persona que sostuviera "las detestables máximas del partido francés, y las de cualquier otro sistema contrario o perjudicial a la conservación de estos dominios en unión y dependencia de la Metrópoli"42. Aquellas medidas fueron injustificadas e inútiles. Cuando la autoridad española se desmoronó en el Paraguay y el Río de la Plata, su caída no se debió a la subversión francesa.

         Sin embargo, aunque exista muy poca documentación sobre las ideas políticas que influyeron en la provincia como consecuencia de las invasiones inglesas de 1806 y 1807 y la agitación provocada por ellas en el Río de la Plata, es razonable suponer que algunas ideas liberales (e incluso la misma doctrina liberal) cobraron fuerza en el Paraguay debido a la participación en la defensa de Buenos Aires y Montevideo en 1807. Por cierto, las formas de pensamiento y de conducta tradicionales sobrevivieron a los acontecimientos que precipitaron el cambio en aquellos años; con todo, un reducido pero influyente grupo de paraguayos se dejó ganar por las ideas políticas que se afianzaban en el resto de la América española, y particularmente en Buenos Aires.

         En 1810, cualquier residente del Virreinato del Río de la Plata hubiera podido asombrarse de la calidoscópica mutación de los acontecimientos a partir de 1806. Una somera reseña nos muestra la invasión extranjera y la lucha contra ella; la destitución del virrey del Río de la Plata por los bonaerenses; la renovada amenaza portuguesa; la explosión de animosidades de españoles y criollos; la abdicación del rey Carlos IV; el secuestro de aquel rey y de su sucesor; la invasión francesa y la resistencia de España bajo la dirección de la Junta Central de Sevilla; la disolución de la Junta Central y la formación del Consejo de Regencia, nuevo Gobierno en la Madre Patria, aliada de Inglaterra. Para 1810, se engañaba quien creía que la mayoría de los americanos del Plata deseaba la calma y la paz. Aquellos cuatro años agitados pusieron de manifiesto demasiados problemas del Imperio mantenidos ocultos por demasiado tiempo. El estado de ánimo de muchos habitantes del Río de la Plata era de alerta y expectativa; de anticipación de los nuevos cambios y acontecimientos que harían parecer pacíficos los años de 1806-1810. La situación no era distinta en la norteña provincia del Paraguay: resentida, vigilante y aún recuperándose de los infortunios de 1806 y 1807, ella sólo quería vivir en paz. Los acontecimientos habían de mostrarle que sólo alcanzaría la paz después de asumir una postura combativa.

         Un día de junio de 1810, llegó a Asunción un mensajero con la noticia de que, a fines de mayo, el Cabildo y los vecinos de Buenos Aires se habían sublevado contra sus amos, los españoles peninsulares, en nombre de Fernando VII. Incitando a todos los americanos a unírsele en la oposición al nuevo y dudoso gobierno español, el Consejo de Regencia, y a reconocer solamente a Fernando VII como rey legítimo, la flamante Junta de Buenos Aires ordenó a las provincias del interior y a sus funcionarios que la reconocieran como legítima sucesora del depuesto virrey Cisneros43. Entonces el Paraguay se vio obligado a tomar una de las decisiones decisivas de su historia.

 

 

NOTAS

 

*        Gabriel de Avilés y del Fierro, virrey del Río de la Plata de 1799 a 1801. El 18 de febrero de 1800, Avilés dispuso que se entregaran tierras, bueyes e instrumentos de labranza a 323 familias de indios de las Misiones (ANA, SH 206). La idea de Avilés era convertir, en forma gradual, la propiedad comunal de las Misiones en propiedad privada de los indios misioneros. (N. del T.)

1.      Félix de Azara, Memorias sobre el estado rural del Río de la Plata en 1801: Demarcación de límites entre el Brasil y el Paraguay a último del siglo XVIII, e informes sobre varios particulares de la América Meridional española (Madrid: Imprenta de Sánchez, 1847), p. 132. John Lynch, Spanish Colonial Administration, 1782-1810. The Intendant System in the Viceroyalty of the Río de la Plata (London: University of London, Athlone Press,1958), pp. 297-298. Una explicación del reemplazo de Ribera es que un grupo de asuncenos descontentos decidió rebelarse contra él en 1804. Pero el doctor Francia, el futuro dictador, los convenció de que no les convenía adoptar una medida tan drástica, pues sería mejor enviar un informe sobre los desaciertos de Ribera al virrey (informe redactado por el propio Francia). No existe ninguna prueba documental de que tal informe hubiera provocado la remoción de Ribera y es dudoso que los vecinos de Asunción tuvieran poder suficiente para influir en el gobierno de la metrópoli. De cualquier manera, no se ha encontrado dicho informe ni en los archivos de Asunción ni en los de Buenos Aires. La remoción del gobernador se debió más bien a sus malas relaciones con los superiores. La versión de la participación de Francia en el asunto se encuentra en Francisco Wisner, El dictador del Paraguay: José Gaspar de Francia (segunda edición; Buenos Aires: Editorial Ayacucho, 1957), pp. 21-22.

* También llamada Guerra del Rosellón, conflicto que enfrentó a España e Inglaterra contra la Francia revolucionaria entre 1793 y 1795. (N. del T)

2.      Lynch, Spanish Colonial Administration, p. 300. Del Cabildo de Asunción al Virrey, marqués de Sobremonte, Asunción, 19 de mayo de 1806, Archivo General de la Nación (Buenos Aires), IX-5-5-Nº 1. En adelante citado como AGN. El mejor estudio de la administración de Velasco es el de Mary Monte de López Moreira, Ocaso del colonialismo español: El gobierno de Bernardo de Velasco y Huidobro, su influencia en la formación del Estado paraguayo (1803-1811).

** Después de mayo de 1810, Pedro Somellera (1774-1854) entabló comunicaciones secretas con la Junta de Buenos Aires y participó activamente en la formación de la Junta de Asunción en 1811. Sin embargo, en septiembre de 1811 fue expulsado del Paraguay. Ha dejado un testimonio de la revolución paraguaya en sus comentarios al libro de Rengger sobre el doctor Francia. (N. del T)

3.      Del gobernador Velasco a Buenaventura, desde BuenosAires, 12 de julio de 1807, en Charles William Vane (editor), Correspondence, Despatches, and Other Papers of Viscount Castelreagh, Second Marquess of Londonderry (Londres: H. Coburn, 1851), VII, 396-403.

*        Sobremonte fue virrey del Río de la Plata de 1804 a 1807; como se verá, fue destituido por sus propios súbditos a causa de su deficiente actuación en las invasiones inglesas. (N. del T.)

4.      Del virrey, marqués de Sobremonte al gobernador Velasco, Cañada de la Cruz, 1 de julio de 1806, AGN IX-5-5-N° 1.

5.      Existen varios estudios buenos de las invasiones inglesas al Río de la Plata. Entre ellos están los de Carlos Roberts, Las invasiones inglesas del Río de la Plata (1806-1807): Y la influencia inglesa en la independencia y organización de las provincias del Río de la Plata (Buenos Aires: 1938) y el coronel Juan Beverina, Las invasiones inglesas al Río de la Plata (1806-1807) (Buenos Aires: Círculo Militar, 1939), dos volúmenes.

6.      Del gobernador Ribera al coronel José de Espínola, Asunción, 12 de enero de 1806, AGN IX-5-5-N° 1.

7.      Del Virrey marqués de Sobremonte al gobernador Velasco, Buenos Aires, 21 de junio de 1806, en "La intendencia del Paraguay en las invasiones inglesas", Anuario de la Sociedad de Historia Argentina, II (Buenos Aires: 1940), 319.

* Santiago Liniers (1753-1810) sirvió desde muy joven en el ejército y la marina españoles. Venció a los ingleses en 1806 y 1807 y fue virrey del Río de la Plata (1807-1809). Se rebeló contra la Junta bonaerense de mayo de 1810 y fue ejecutado en Córdoba en agosto del mismo año. (N. del T.)

8.      Juan Beverina, El Virreinato de las Provincias del Río de la Plata: su organización militar (Buenos Aires: Círculo Militar, Biblioteca del Oficial, 1935), pp. 311-317.

9.      Del gobernador Velasco al coronel Espínola, Asunción, 11 de julio de 1806, en "La intendencia del Paraguay en las invasiones inglesas", 320.

10.    Del gobernador Velasco al virrey marqués de Sobremonte, Asunción, 8 de agosto de 1806, Archivo Nacional de Asunción, Sección Histórica, volumen 205. En adelante citado como ANA, SH. Del gobernador Velasco al virrey marqués de Sobremonte, Asunción, 19 de octubre de 1806, ANA, SH 205. Del gobernador Velasco al virrey marqués de Sobremonte, Asunción, 14 de junio de 1806, AGN IX-5-5-N° 1. Juan Francisco Pérez Acosta, "Repercusiones de las invasiones inglesas en el Paraguay", Boletín del Instituto de Investigaciones Históricas, XVII (Buenos Aires: 1935), 142-150, pássim.

11.    Del coronel Espínola al gobernador Velasco, Concepción, 18 de julio de 1806, Archivo Nacional de Asunción, Nueva Encuadernación, volumen 3403. En adelante citado como ANA, NE 3403.

12.    Del gobernador Velasco al virrey marqués de Sobremonte, Asunción, 19 de octubre de 1806, ANA, SH 205. De los ministros de la Real Hacienda del Paraguay José de Elizalde y Pedro de Ozcaris al gobernador Velasco, Asunción, 28 de julio de 1806, ANA, NE 3403.

* El 14 de agosto de 1806 (dos días después de la derrota de Beresford) un cabildo abierto celebrado en Buenos Aires decidió conferir el mando militar a Santiago Liniers y el mando político a la Audiencia. Así se rebajó la autoridad del virrey, a quien además se le dijo que no volviera a Buenos Aires. (N. del T.)

13.    Juan Francisco Pérez Acosta, "Los contingentes paraguayos en las invasiones inglesas de 1806 y 1807", en Boletín del Instituto de Investigaciones Históricas, XXVI (Buenos Aires: 1942), 150-191, pássim. Beverina, Las invasiones inglesas, II, 116-117,151-157.

* Antes de su derrota, Beresford hizo llegar a Londres una considerable cantidad de monedas de plata del Virreinato, cuya exhibición entusiasmó al público londinense. (N. del T.)

14.    Beverina, Las invasiones inglesas, II, 151-157. Del Cabildo de Montevideo al virrey marqués de Sobremonte, Montevideo, 22 de enero de 1807, en Ludovico García de Loydi, S.J., El Virrey marqués de Sobre Monte: Su actuación durante las invasiones inglesas (Buenos Aires: 1930), pp. 145-146.

15.    Del cadete Antonio Tomás Yegros a su tío en el Paraguay Juan Tomás Yegros, desde las afueras de Montevideo, 22 de enero de 1807, en Jesús L. Blanco Sánchez, El capitán don Antonio Tomás Yegros: Prócer de la independencia nacional (Asunción: 1961), p. 8.

16.    Blanco Sánchez, El capitán don Antonio Tomás Yegros, pp. 8-9. Del gobernador

Velasco al virrey marqués de Sobremonte, Asunción, 22 de noviembre de 1806, ANA, SH 205. Del Cabildo de Asunción al gobernador Velasco, Asunción, 14 de enero de 1807, ANA, SH 204. Bando del gobernador Velasco, Asunción, 15 de enero de 1807, ANA, SH 204.

17.    Bando del gobernador Velasco, Asunción 15 de enero de 1807, ANA, SH 204. Del gobernador Velasco al virrey marqués de Sobremonte, Asunción, 6 de febrero de 1807, ANA, SH 204.

*        Aunque siempre fue leal a España, Liniers gozaba de una gran popularidad entre los criollos, que representaban la gran mayoría de las fuerzas armadas del Virreinato. Álzaga y otros españoles de Buenos Aires eran enemigos políticos y personales de Liniers. (N. del T.)

18.    Del gobernador Velasco al Cabildo de Asunción, Asunción, 11 de marzo de 1807, ANA, SH 204. Del gobernador Velasco a Buenaventura, Buenos Aires, 12 de julio de 1807, en Vane (editor), VII, 396-403. El servicio de Velasco bajo las órdenes de Liniers pudo haber sido conflictivo, porque Velasco había reemplazado al concuñado de Liniers, Lázaro de Ribera, como gobernador del Paraguay, a consecuencia de ciertas rencillas políticas, y al mismo Liniers como gobernador de las Misiones.

19.    Blanco Sánchez, El capitán don Antonio Tomás Yegros, p. 9.

20.    Bando del gobernador interino Manuel Gutiérrez, Asunción, 1 de abril de 1808, Coleção Nacional Visconde de Río Branco (Río de Janeiro) I-29, 21, 30. En adelante citado como CRB.

21.    Azara, Memorias, p. 160.

22.    Del gobernador interino Manuel Gutiérrez al gobernador y capitán general Santiago Liniers, Asunción, 17 de marzo de 1808, ANA, SH 207.

23.    Del ex gobernador Lázaro de Ribera al virrey Santiago Liniers, San Nicolás de los Arroyos, 25 de abril de 1808, en Diego Luis Molinari (editor), Antecedentes de la revolución de mayo, I, (Buenos Aires: 1930), XXVIII-L.

24.    Del gobernador Velasco al virrey Cisneros, Asunción, 16 de marzo de 1810, en "Estado de defensa de la provincia del Paraguay en 1810", Revista del Instituto Paraguayo, III (Asunción: 1899), 234-237. Del gobernador Velasco al virrey Cisneros, Asunción, 19 de marzo de 1810 en Fulgencio R. Moreno, Estudio sobre la independencia del Paraguay. I. (Asunción: H. Kraus, 1911), pp. 230-231.

25.    Del gobernador Velasco al virrey Cisneros, Asunción, 16 de marzo de 1810, en "Estado de defensa de la provincia del Paraguay en 1810", 234-237. Del virrey Cisneros al gobernador Velasco, Buenos Aires, 15 de mayo de 1810, en "Estado de defensa de la provincia del Paraguay en 1810", pp. 246-247.

26.    Del virrey Cisneros al gobernador Velasco, Buenos Aires, 15 de mayo de 1810, en "Estado de defensa de la provincia del Paraguay en 1810", pp. 246-247.

27.    Del gobernador Velasco al Cabildo de Asunción, Asunción, 7 de septiembre de 1809, CRB 1-29, 23, 16. Del gobernador Velasco al Cabildo de Asunción, Asunción, 17 de abril de 1810, ANA, SH 212.

28.    Del gobernador interino Eustaquio Gianinni Bentallol al comandante de la Villa Real de la Concepción Dn. Francisco María Rodríguez, Asunción, 16 de marzo de 1809, ANA, SH 209.

29.    Del coronel Espínola al virrey Liniers, Concepción, 15 de junio de 1809, Archivo General de la Nación (Buenos Aires) Legajo IX-5-5-N°1. En adelante citado como AGN 1X-5-5-N° 1. Del gobernador Velasco al virrey Cisneros, Asunción, 19 de mayo de 1810, MGC.

30.    Del Cabildo de Asunción al virrey Cisneros, Asunción, 7 de mayo de 1810, MGC. El traslado de la Corte a Río de Janeiro se decidió en 1807, cuando las tropas del general Jean Junot amenazaron Lisboa. El viaje fue posible mediante la intervención de la marina inglesa, que llevó al Brasil a la familia real y miles de personas más. (N. del T)

31.    Del virrey Liniers a Miguel Finagala, Buenos Aires, 3 de abril de 1808, ANA, NE 3405. Del ex gobernador Lázaro de Ribera al virrey Liniers, San Nicolás de los Arroyos, 25 de abril de 1808, en Molinari (editor), I, XXVIII-L.

32.    Del capitán Pedro Antonio Mier al coronel Manuel Gutiérrez, Borbón, 29 de marzo de 1808, ANA, SH 363.

33.    Julián María Rubio, La infanta Carlota Joaquina, y la política de España en América (1808-1812) (Madrid: Imprenta de Estanislao Maestre, 1920), pp. 9-37.

* La insurrección comenzó con el levantamiento del pueblo de Madrid contra las tropas francesas del 2 de mayo de 1808, al que siguió la formación de una Junta en el pueblo de Móstoles, al sur de Madrid. En poco tiempo se multiplicaron las Juntas en España. (N. del T.)

34.    William Spence Robertson, "The Juntas of 1808 and the Spanish Colonies", English Historical Review, XXXI (London: 1916), pp. 573-580. William Spence Robertson, France and Latín-American Independence (Baltimore: Johns Hopkins Press, 1939), pp. 72-104.

35.    Efraím Cardozo, "La princesa Carlota Joaquina y la independencia del Paraguay", Revista de Indias, XIV (Madrid: 1954), pp. 360-361.

36.    De la princesa Carlota Joaquina de Borbón al Cabildo de Asunción, Río de Janeiro, 14 de mayo de 1809, ANA, NE 815. Sin embargo, no debe suponerse que la Corte de Río de Janeiro tuviese mucho interés en el Paraguay en aquel momento. Como anteriormente, el gran interés de Portugal se centraba entonces en la Banda Oriental.

37.    Acuerdo del Cabildo de Asunción, Asunción, 13 de octubre de 1808, ANA, NE 1035. Del gobernador interino Gianinni Bentallol al Cabildo de Asunción, Asunción, 11 de febrero de 1809, CRB I-29, 23, 16.

38.    Acuerdo del Cabildo de Asunción, Asunción, 17 de octubre de 1808, ANA, NE 1035. Del gobernador interino Manuel Gutiérrez al Cabildo de Asunción, Asunción, 11 de noviembre de 1808, ANA, NE 1793. Del gobernador Velasco al Cabildo de Asunción, Asunción, 13 de noviembre de 1809, ANA, NE 1793.

* Las Cortes de Cádiz, que iniciaron sus sesiones en 1810, fueron la asamblea constituyente que redactó la Constitución liberal de 1812, suprimida por Fernando VII en 1814, cuando el cautivo regresó a España, como rey absoluto. (N. del T.)

39.    De Francisco de Saavedra al virrey Liniers, Real Palacio del Alcázar de Sevilla, 22 de enero de 1809, copia entregada al Cabildo de Asunción, 27 de mayo de 1809, ANA, NE 3405. Elección de delegado por el Cabildo de Asunción, Asunción, 4 de agosto de 1809, ANA, NE 3405.

40.    Informe sobre el doctor José Gaspar de Francia por el Cabildo de Asunción, Asunción, 18 de agosto de 1809, ANA, NE 3405. Francisco Wisner, El Dictador del Paraguay, pp. 24-25. Julio César Chaves, El Supremo Dictador. Biografía de José Gaspar de Francia. 4º ed. (Madrid: Ediciones Atlas, 1964), 85-89. El libro, escrito en la década de 1940, sigue siendo una obra maestra de la literatura paraguaya. Sobre la selección del Dr. Francia, ver también "Acta de la elección", Cabildo de Asunción, Asunción, 4 de agosto de 1809 y del Cabildo de Asunción al Virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, Asunción, 18 de agosto de 1809, ambos en Francia. Volumen I, 1762-1817. Edición comentada, aumentada y corregida de la Colección Doroteo Bareiro del Archivo Nacional de Asunción (Asunción: Tiempos de Historia, 2009), 56-57 y 57-58 respectivamente.

41.    Del gobernador Velasco al virrey Cisneros, Asunción, 15 de diciembre de 1809, AGN IX-5-5-N°1. Tres súbditos franceses, probablemente comerciantes, pudieron haber sido enviados a Buenos Aires. Monte, Ocaso del colonialismo español, p. 192.

42.    De Bernardo de Haedo del Cabildo de Asunción al gobernador Velasco, Asunción, 1 de marzo de 1810, ANA, SH 212. Una muestra del miedo a la subversión se puede ver en la fuerte reacción de las autoridades provinciales al ridículo rumor de que un "rey inca" viajaba al Paraguay para asumir el gobierno de la provincia en 1809. Jerry W. Cooney, "Un rey inca para el Paraguay: Guarambaré en 1809", en Thomas Whigham y Jerry Cooney, Campo y frontera. El Paraguay al fin de la era colonial (Asunción: Servilibro, 2006), pp. 171-178.

* El Consejo de Regencia, que reemplazó en enero de 1810 a la Junta Suprema Central o Junta de Sevilla, disuelta a consecuencia de sus fracasos militares, que hicieron creer en la victoria definitiva de Napoleón en España. Creyéndose en la caída de España se formaron movimientos revolucionarios en Caracas, Bogotá, Quito, Santiago, Buenos Aires y Dolores en 1810. (N. del T.)

43.    Circular de la Junta Provisional Gubernativa de la Capital de Buenos Aires, Buenos Aires, 27 de mayo de 1 810, CRB 1-29, 22, 1-2.

Fuente: EL PROCESO DE LA INDEPENDENCIA DEL PARAGUAY 1807 – 1814. Por JERRY W. COONEY © INTERCONTINENTAL EDITORA S.A., Asunción - Paraguay 2012 (325 páginas)

 

 

 

 

 

ESTADO Y SOCIEDAD A FINES DEL ANTIGUO RÉGIMEN

LAS REFORMAS BORBÓNICAS

 

Son conocidas como Reformas Borbónicas las medidas adoptadas por la Monarquía Española desde que la Familia Francesa de los Borbones, reinó en España luego de la Guerra de Sucesión (1701-1714).

Las principales medidas reformistas fueron realizadas bajo el reinado de Carlos III (1759-1788), quien a través de sus ministros impulsó decididamente algunas medidas reformistas tanto en la península como en América con el objetivo de reafirmar el centralismo monárquico, inspirado en el Despotismo Ilustrado.

Para algunos autores dichas reformas implicaron una reconquista de América por parte de los Reyes de España, pues como sostiene Brading, “...en cada provincia del imperio, la administración había llegado a estar en manos de un pequeño aparato de poder colonial, compuesto por la élite criolla -letrados, grandes propietarios y eclesiásticos-, unos pocos funcionarios de la península con muchos años de servicio y los grandes mercaderes dedicados a la importación”, para más los principales cargos eran vendidos para generar fondos a la Corona, institucionalizando la patrimonialización de los cargos públicos por quienes los remataban.

Pero a pesar de que los primeros Borbones, tenían ministros quienes planteaban que la grandeza de España sólo se lograría reformando el sistema en España, dichas reformas no pudieron implementarse inmediatamente debido a las pretensiones de la reina Isabel Farnesio en lograr en Italia estados para sus hijos.

Tras la GUERRA DE LOS SIETE AÑOS, contra Inglaterra, parecen caer en cuenta la Corte de Madrid, que las reformas no pueden ser postergadas, por tal motivo se inicia en primer lugar un relevamiento de los estados defensivos en materia militar en el Caribe principalmente. Fue así que según Brading por primera vez la Monarquía Española tuvo una política expansionista propia de una potencia colonial. Es así que eliminó los principales puntos débiles de sus fronteras desde Florida hasta el Río de la Plata. En el marco de esta política se envió una expedición de 8500 hombres al mando de Pedro de Cevallos para recuperar la colonia de Sacramento de manos de los portugueses en el actual territorio del Uruguay.

Pero las Reformas también abarcaron otros aspectos vinculados a la administración de los territorios con la creación de dos Virreinatos el del Río de la Plata y el de Nueva Granada, además de la creación de la Capitanía General de Venezuela.

Además de estas jurisdicciones que pretendían una mejor administración y más eficiente, se procedió a reformar las Reales Audiencias, máximo tribunal integrado en su mayoría por criollos, quienes por lazos de parentesco pertenecían a las oligarquías locales llegando al cargo las más de las veces por el sistema de compra de cargos.

En los últimos años del siglo XVIII, específicamente bajo el mandato del ministro de Indias José de Gálvez, de treinta y cuatro nombramientos para Reales Audiencias sólo en dos ocasiones fueron españoles americanos.

Además se restableció el sistema de "Visita General", una especie de auditoría general de todos los ramos del gobierno en los Virreinatos.

Por otro lado se implantaron los Intendentes al mando de las diversas Provincias. Esta nueva figura creada en la Francia absolutista, fue un funcionario que concentró un mayor poder en nombre de la Corona.

Así mismo en el marco de las mencionadas Reformas, en 1767 se dispuso la expulsión de los Jesuitas de la jurisdicción de la monarquía hispana al igual que años antes en el Reino de Portugal. Así mismo se reafirmó el Patronato Real sobre la Iglesia Católica.

Por último pero no por ello menos importante fue la implantación del Régimen de Libre Comercio en dos etapas para un número reducido de posesiones en 1765 y el Decreto de Libre Comercio el 2 de febrero de 1778. Con esto se superaron las medidas monopólicas provenientes del régimen de flotas y Galeones, creada para defenderse de los Piratas y para un "mejor control fiscal". Además se estableció un nuevo arancel que simplificó el sistema impositivo del comercio. El levantamiento de las trabas monopólicas desarrolló el mercado interior.

Estas reformas estaban orientadas como sostiene el historiador Manuel Lucena Giraldo- a la deconstrucción del estado de criollo, la implementación en América, como había ocurrido en la Península, de una «Nueva Planta» que suprimiera leyes locales y jurisdicciones particulares y sometiera corporaciones, estamentos y repúblicas seculares y eclesiásticas al poder de la Monarquía y de sus directos representantes. No iba a ser un objetivo fácil de lograr.

 

LA INTENDENCIA

 

Una de las principales medidas adoptadas por el Reformismo Borbónico fue la implantación del RÉGIMEN DE INTENDENCIAS, que en el Río de la Plata luego de un proceso de verificación y adaptación se implantó en 1782. A fines de 1783 se entregaron los títulos a los gobernadores que hasta ese entonces ejercían el mando en las diversas jurisdicciones. En el Paraguay Pedro Melo de Portugal, pasó de gobernador y Capitán General a Gobernador Intendente del Paraguay.

Según Pedro Pérez Herrero, la política de las intendencias tenía por objetivo la recomposición de la administración regional. En ese sentido el intendente era un individuo de confianza en sintonía con las directrices de la nueva política borbónica, nombrado directamente por el monarca, se tenía que ocupar de recuperar el control de las gestiones locales, reducir en la medi-da de lo posible la capacidad de acción de los grupos indianos, promover el crecimiento económico sin entrar en competencia con los productos elaborados en la Península.

 

 

TABLA: ÚLTIMOS GOBERNANTES ESPAÑOLES DEL PARAGUAY 1780-1811

Título  / Nombre y Apellido  / Período de Gobierno

-. Gobernador y Capitán General : Pedro Melo de Portugal y Villena / 1-02-1778 al 21-08-1787

-. Intendente: Joaquín de Alós y Brú / 21-08-1787 al 8-04-1796

-. Intendente: Lázaro de Ribera y Espinoza de los Monteros / 8-04-1796 al 5-051806 los Monteros

-. Intendente: Bernardo de Velasco y Huidobro / 5-05-1806 / 1806- 05-1807 / 19-06-1809 al 9-06-1811

-. Intendente: Manuel Gutiérrez y Varona / 05-1807 al 14-11-1808

-. Intendente: Eustaquio Giannini y Bentallol / 14-11-1808 al 19-06-1809

 

La Monarquía se reservó el derecho de designar los intendentes, quedando entre las atribuciones del Virrey designar a un intendente provisorio en caso de fallecimiento del titular. Además para garantizar la honestidad y eficiencia de los intendentes se les asignó una remuneración de 6000 pesos mensuales y también se les exigió que dieran una fianza de 10.000 pesos. Asimismo se establecieron los juicios de Residencia a los intendentes salientes, de modo a permitir que las personas que se sintieran agraviadas por su actuación pudiesen presentar cargos.

Los Intendentes tenían jurisdicción en las cuatro causas: Justicia, Gobierno, Real Hacienda y Guerra.

Con estas atribuciones se centralizó la autoridad administrativa en los intendentes que duraban en sus cargos por un período determinado.

En cumplimiento de sus fines los principales conflictos se dieron con el Cabildo de Asunción.

En este sentido la Real Ordenanza daba atribuciones al Intendente para aprobar las elecciones anuales que realizaban los miembros del Cabildo. Así mismo disponía dicha normativa que el Alcalde de Primer voto pasaba al año siguiente a ocupar el de Segundo Voto por lo que se elegiría alcalde cada dos años Esta medida fue considerada gravosa por los miembros del Cabildo pues afirmaban que la mayor parte de la gente importante tenían sus haciendas y residencia en el campo, por lo que no podían ausentarse de sus negocios particulares por dos años.

Al igual que otras ciudades, los cabildantes de Asunción, Villarrica y Curuguaty argumentaron a favor de darle la posibilidad de elegir alcaldes cada un año. Como ejemplo está el pedido de José Antonio Talavera y Pedro García González -citado por Edberto Acevedo- del Cabildo de Villarrica, que argumentaron "nosotros somos por lo común, ganaderos o beneficiadores de yerba" y esas tareas sin su asistencia "deben ser suspensas todo el tiempo; de ese tráfico dependen nuestra subsistencia".

Dicho pedido fue concedido finalmente por Real Cédula del 11 de septiembre de 1799, por lo cual se autorizó a elegir a los alcaldes anualmente, a los que se denominó "cadañero".

Además de estos inconvenientes legales, las relaciones de los Intendentes con el Cabildo dependieron por sobre todo del modo de desempeñarse de los mismos.

Las relaciones entre Melo de Portugal y el Cabildo fueron buenas al igual que con Lázaro de Ribera en gran parte de su gobierno. Pero las relaciones con Alós no fueron las mejores.

El Cabildo de Asunción a través de su Alcalde de Primer Voto Juan Valeriano Zeballos le solicitó a don Félix de Azara le haga entrega de una copia manuscrita de la Descripción Histórica del Paraguay y de un Mapa de la Provincia que confeccionó. En su escrito a Azara el Cabildo Asunceno mencionó "esta ciudad se halla cerciorada de las particulares noticias que el celo infatigable de Vuestra Señoría tiene adquiridas de la situación extensión ríos, bosques, lagunas, montes, pueblos, villas y lugares, que contiene esta vasta Provincia; a cuyo efecto ha tomado Vuestra Señoría las molestias de viajar por toda ella, y reconocerla en persona; y no satisfecho con esto sabe la ciudad, que Vuestra Señoría con incesante fatiga ha procurado orientarse muy a fondo de cuanto va referido, unas veces leyendo los monumentos antiguos con particular aplicación, y otras inquiriendo de personas inteligentes, cuantas noticias ha conceptuado VS pueda conducir á los mismos fines de forma que"

Al ser entregadas dichas "alhajas" como las llamó Azara, el Cabildo Asunceno le otorgó el título honorario de ser reconocido como "uno de sus primeros republicanos y compatriotas, bajo el respeto y estimación y benevolencia a que es acreedora la persona de Vuestra Señoría".

Una vez enterado que dicha Descripción y Mapa estaban en la Sala del Cabildo, Alós se presentó a dicho cuerpo para exigir que se les entreguen los mismos aduciendo que estaba prohibido que el Señor Azara los confeccionara sin su autorización. El 16 de enero de 1794, Alós le informó al Virrey Nicolás de Arredondo, que uno de los motivos de su actitud, fue el hecho que no consideró "decente" vulgarizar el conocimiento sobre la Provincia.

Además de indicarnos las tensas relaciones entre el Intendente y la élite capitular, este hecho nos da la pauta de que existía un deseo en parte de la élite en conocer su historia como provincia y ampliar sus conocimientos sobre la geografía de la misma.

 

TABLA: ATRIBUCIONES DE LOS INTENDENTES

CAUSAS / ACCIONES

 

JUSTICIA: Se creó un Teniente Letrado que debía asesorar al intendente en esta causa. El intendente era el Presidente de los Cabildos. Debía controlar que los trámites judiciales se hagan de forma breve y regular. Extirpar la parcialidad, la pasión y la venganza en los magistrados locales Supervisar el desempeño de los mismos. Realizar periódicamente visitas a los pueblos de su jurisdicción para escuchar el reclamo de los habitantes. Se establece una Junta Superior de Real Hacienda. La obligación de transparentar y reglamentar el manejo de los propios y arbitrios.

POLICÍA / GOBIERNO:  A través de ingenieros realizar relevamientos topográficos de su jurisdicción. Fomentarla prosperidad y progreso de sus jurisdicciones. Equidad Política entre los miembros del gobierno. Promoverla Industria, el comercio. Fomentarla agricultura mediante el reparto de tierras. Conocer las costumbres sociales y castigar a vagos mal entretenidos. Sobre carteles en los caminos así como mantenerlos en buen estado al igual que a los puentes. Informar sobre estado de los cultivos. Asegurarla limpieza, las normas de edificación y el ornato en las poblaciones. Controlar la seguridad de la población. Perseguir a los falsificadores de monedas plata y oro

REAL / HACIENDA: Debían supervisar la recaudación del Ramo de Real Hacienda. Debía designar un subdelegado en los lugares que por el numeroso vecindario así lo exigiese. Entendía en forma contenciosa en los asuntos de Real Hacienda así como en la de las rentas de tabaco, pólvora y otras. Se le autoriza a designar escribanos en los lugares donde no hubiere. Se establece los procedimientos para realizar los pagos en nombre del Rey. Se reglamenta el monte pío militar. Lo concerniente al cobro de impuestos.

Le autoriza a establecer el número de pulperías que puedan habilitarse en cada población de su jurisdicción.

GUERRA: Se refiere a proveer todos los rubros financieros necesarios para la tropa, principalmente lo concerniente al pago del sueldo de la tropa. Se equipara al Intendente al Mariscal de Campo del ejército, en cuanto a prerrogativas y honores. Debían asegurarse que la tropa cumpla con su función sin molestara la población civil. En el Paraguay organizar a las milicias.

 

PEDRO MELO DE PORTUGAL

 

Nació en Badajoz, el 29 de abril de 1733, hijo de José Francisco Melo de Portugal y Villena, Marqués de Villesca, Conde de Azumar y Señor de Barajas y de Ana de la Rocha Calderón.

Asumió el cargo el 1 de febrero de 1778 y gobernó por nueve años hasta el 20 de agosto de 1787. Fue el primer Gobernador-Intendente a partir de 1783 hasta 1787 en que regresó a España. Fue ascendido a Teniente General y regresó al Río de la Plata como Virrey en 1795. Falleció en Buenos Aires el 15 de abril de 1797.

En el primer año de su gobierno se estableció la Real Renta de Tabacos y Naipes, que permitió la introducción de moneda metálica en forma sistemática.

Durante su gobierno fundó la Villa de Nuestra Señora del Pilar de Ñeembucú, la villa de San Pedro del Ycuamandiyú y la Población de Nuestra Señora del Rosario del Cuarepotí. Dichas poblaciones permitieron un acrecentamiento del dominio del territorio de la Provincia.

Reorganizó las milicias en tres o cuatro regimientos para la cobertura de los presidios, los mismos fueron de Dragones y los estableció en Asunción, Tapuá, Quyquyhó y la Cordillera.

En 1783 se habilitó el Real Colegio Seminario de San Carlos, que sería la institución de educación superior más importante que funcionó durante el período colonial. En sus aulas se formarían muchos de los protagonistas de la Independencia y la primera república paraguaya.

Dictó una serie de Reglamentos en diversos aspectos como la Ganadería, costumbres de Semana Santa, moderación en los escritos judiciales entre otros.

Al concluir su mandato el Cabildo Asunceno escribió al Rey el 13 de septiembre de 1787, informándole que había gobernado durante nueve años de paz y justicia, período durante el cual además de levantar varias poblaciones, construir nuevos fuertes y presidios , incrementó la agricultura, el comercio y habían cesado las invasiones de los indígenas chaqueños.

 

 

 

JOAQUÍN DE ALÓS Y BRÚ

 

El segundo gobernador intendente del Paraguay, nació en Barcelona el 27 de enero de 1746, solicitó su ingreso a la Orden de Santiago. Por su línea paterna pertenecía a una familia noble de Cataluña. Su padre fue Antonio Alós y Riu, era Marqués de Alós, Gentil hombre de Su Majestad y Capitán General de Mallorca y estaba casado con Teresa Brú y Samso. Fue nombrado como Corregidor de Chayanta en el Alto Perú en donde fue denunciado por sus abusos que motivaron una rebelión indígena. Fue declarado inocente en el proceso, fue ascendido a Teniente Coronel y designado como gobernador Intendente del Paraguay. Tras dejar el gobierno del Paraguay fue designado como Gobernador de Valparaíso en Chile donde estuvo hasta 1810. Posteriormente huyó al Perú por su condición de realista.

Durante su gobierno realizó una visita a los Pueblos de las Misiones de la que elaboró un informe pormenorizado, además formuló un nuevo Reglamento de Milicias, estableciendo un nuevo sistema de turnos para las guardias de los Presidios. Igualmente estableció el Fuerte Borbón en el norte del Chaco a fines de 1793. Con dicha fortificación se trató de hacer frente a la presencia portuguesa en los fuertes de Coimbra y Albuquerque.

Envió en 1794 una expedición al mando del Coronel José Espínola y Peña por el Chaco para abrir un camino a Salta y Tucumán. Si bien la expedición logró su objetivo el camino y el plan no se concretó.

En cuanto a las normas sociales dictó al igual que su antecesor un Bando de buen gobierno, además dispuso destruir los alambiques que había en los diversos pueblos de indios por el incremento del vicio del alcohol entre los habitantes de dichas poblaciones.

Al concluir su mandato fue sometido a Juicio de Residencia a cargo de Vicente Martínez Fontes, quien era el contador de la Real Renta de Tabacos.

 

 

 

LÁZARO DE RIBERA Y ESPINOZA DE LOS MONTEROS

 

 

Nació en España, fue militar. En 1784 se encontraba en Montevideo, había venido con las expediciones Demarcadoras de Límites con Portugal. Fue nombrado gobernador de Mojos.

Luego fue ascendido a Gobernador Intendente del Paraguay en 1796. Tras dejar el gobierno del Paraguay en 1806, cumplió algunos servicios en Buenos Aires, entre ellos el de Secretario

del Virrey, para finalmente ser designado como Intendente de Huancavélica en el Perú en 1812.

Durante su gobierno intentó varias veces el ascenso al grado de Capitán, pero le fue negado dicho ascenso.

Entre acciones se puede mencionar la supresión de las encomiendas que aún estaban en funcionamiento, estableció una Escuela Central para indígenas.

Además fomentó el desarrollo de la Industria naval a través de propiciar los astilleros particulares que se establecieron a fines del siglo XVIII al igual que la Fábrica de Cuerdas y Cala-brotes.

Además fundó la población de San Juan Nepomuceno con los indios Charavanas.

Fue sumamente polémico, tanto en sus escritos como en su actuación gubernativa y no tenía inconveniente de enfrentarse con sus superiores. Es célebre su polémica con el Virrey Avilés sobre la supresión del régimen de comunidades.

Además cuando el director general de la Real Renta de Tabacos y naipes, Francisco Ortega y Barrón llegó al Paraguay, se opuso al privilegio de otorgar la exoneración del Servicio Militar a quienes firmen contratas con dicha renta para la provisión de tabacos.

En dicha ocasión Ribera sostenía que con dicha medida surgían "dos inconvenientes: Primero que el Presidio de su Distrito queda sin fuerza: Segundo que los infelices soldados tendrían que conducirse de lugares remotos sufriendo triplicada fatiga, porque si antes les correspondía una guardia de dos en dos meses; ahora tendrían que hacerla cada veinte días por la falta de soldados", y además muchos soldados se comprometieron con cantidades de tabaco que no podrán entregar, todo con tal de librarse del servicio militar.

Esta polémica llegó hasta la Corte, pero la posición de Ribera no fue aceptada, para la Corona era más importante lo que pudiera recaudar en el monopolio del tabaco.

Finalmente luego de varias quejas y cargos levantados por el Cabildo, fue relevado del cargo, sin dársele un nuevo destino.

 

 

TABLA: ALCALDES ORDINARIOS DE ASUNCIÓN 1800-1811

Año / Alcalde de Primer Voto / Alcalde de Segundo Voto

1800: José González de los Ríos / Francisco Cavañas de Ampuero

1801: Francisco Cavañas de Ampuero / Antonio Cabrera

1802: Antonio Cabrera / Gregorio Tadeo de la Cerda

1803: Gregorio Tadeo de la Cerda / José Castelví

1804: José Castelvi / Juan Manuel Grance

1805: José Fortunato de Roa / Bernardo de Jovellanos

1806: Sin datos / Sin datos

1807: Juan Valeriano Zeballos / Sebastián Martínez Sáenz

1808: José Gaspar Rodríguez de Francia / José Carísimo

1809: José de Astigarraga / Juan Antonio Fernández

1810: Bernardo de Haedo / Antonio de Recalde

1811: Bernardo de Haedo / Antonio de Recalde

1811(desde junio): Juan Valeriano Zeballos / Juan José Montiel

 

Enlace de lectura recomendada

EL PROCESO DE LA INDEPENDENCIA.

Fuente: EL PROCESO DE LA INDEPENDENCIA DEL PARAGUAY 1780-1813. Por HERIB CABALLERO CAMPOS © Editorial El Lector, Asunción – Paraguay 2010.

 

 

Lectura recomendada: LOS BANDOS DEL BUEN GOBIERNO DE LA PROVINCIA DEL PARAGUAY 1778 – 1811. Por HERIB CABALLERO CAMPOS. Arandurã Editorial - www.arandura.pyglobal.com . Primera edición con apoyo del FONDEC, 2007 - 2ª Edición ampliada y Revisada 2012. Asunción – Paraguay 2012 (186 páginas)


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