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Historia Política

Los Antiguos habitantes de América - Por Helio Vera
08/06/2010


LOS ANTIGUOS HABITANTES DE AMÉRICA

Por HELIO VERA

LA HISTORIA DEL PARAGUAY - ABC COLOR

FASCÍCULO Nº 1 - CAPÍTULO 1

Asunción – Paraguay

2012

 

 

 

         En 1492 comenzó en América un proceso que hoy se define como "encuentro de culturas": el contacto de una serie de pueblos que vivían en este continente, hoy llamado americano, con otros pueblos que llegaron de tierras situadas allende el mar.

 

         Cada una de estas colectividades, de uno y de otro lado del océano, poseía su propia historia, sus costumbres, sus tradiciones y su visión del mundo. Una sola diferencia había entre ellas: la tecnología superior que traían los recién llegados, gracias a la cual pudieron imponerse con suma facilidad en el campo de batalla y conquistar rápidamente todo este inmenso territorio.

         Pero una duda inquieta a los historiadores: ¿De dónde salieron los antiguos habitantes de América? Hoy se acepta que América y Australia fueron los últimos continentes en ser poblados por el hombre, es decir, los antiguos americanos llegaron de otra parte. Pero, ¿cuándo? y ¿de dónde? La primera pregunta solo puede ser contestada por la arqueología, aunque no de manera definitiva. Al respecto, existen teorías para todos los gustos: algunas llevan al momento de la llegada, a 30 mil años a. D.C.; otras, a 10 mil, y aun menos.

 

El "Atlas Novas" del jesuita Henrico Scherer, conservado en el Osterreichische Nationalbibliothek,

Kartensammlung. Reproducción del libro "Zwettler Codex 420",

del jesuita Florian Paucke.

 

         LOS PRIMEROS

 

         Una de las hipótesis más aceptadas es que hubo sucesivas oleadas migratorias provenientes de distintas regiones: la primera habría llegado a través de una lengua de tierra firme, de unos 80 kilómetros -o quizá, una sucesión de islas- que unía a América con Asia en el sitio donde se encuentra el estrecho de Bering. Llegaron detrás de las manadas de grandes mamíferos, de cuya carne se alimentaban. Después esa franja de tierra, llamada Beringia, fue cubierta por el agua y América quedó aislada.

         Los recién llegados eran nómadas, cazadores-recolectores. Aprovechaban directamente lo que les daba la naturaleza. No eran numerosos, porque cuidaban de mantener una relación de equilibrio con el medio. La Escuela Demográfica Histórica de la Universidad de Berkeley estima la densidad de estos grupos en 8 a 12 personas sobre cada cien kilómetros cuadrados. La mayor parte de ellas corresponde al tipo pámpido, así llamado porque habitaban las pampas, sabanas, llanuras o planicies. Se encuentran en las planicies norteamericanas (sioux, comanches) y en distintas partes de Sudamérica; casi todas las etnias chaqueteas (los maka, los antiguos mbaya-guaicuru y los nivakle), los bororo del Mato Grosso, los charrúas del Uruguay y los pampas y patagones de la Argentina.

         En cuanto a su aspecto físico, los pámpidos, también llamados -quizá arbitrariamente- australoides, por su parecido con los antiguos habitantes de Australia, son de estatura elevada y su piel luce tonalidades que van del broncíneo al oscuro. La denominación de "pieles rojas" que los europeos dieron a los aborígenes de las llanuras norteamericanas, habla claramente de ese aspecto. Culturalmente son paleolíticos y generalmente viven de la caza mayor o de la pesca, como los antiguos payagua que dominaban el río Paraguay.

 

Cacique toba, con todo su atavio de guerra 

 

 

         LOS LÁGUIDOS  (*)1

 

         Una segunda oleada llegó, también procedente del Asia, unos tres mil años a. de C., también se dispersó por todo el continente y llegó a asentarse en la Región Oriental del actual Paraguay. Son los llamados "láguidos" o melanésidos. Los láguidos son culturalmente paleolíticos, recolectores y cazadores de animales de menor tamaño, ya que los grandes mamíferos se habían extinguidos Su dispersión incluyó Rio Grande do Sul, Santa Catalina, estado de Paraná, y la zona argentina de Entre Ríos.

         Importantes hallazgos arqueológicos se hicieron en la zona de Eldorado, Misiones, Argentina, y del lado paraguayo de la costa del Paraná, así como en los alrededores del lago Ypoá, donde fueron encontrados varios esqueletos, que permiten reconstruir sus medidas básicas. Particularmente relevantes son los hallazgos de Eldorádo ("complejo eldoradense"). No "desaparecieron del todo -algunos grupos existían hasta hace poco- pese a haber quedado aislados en enclaves étnicos por la gran migración de los amazónides. Los yerbateros conocían las etnias de los guayaná, ingaín e yvytyrokái.

 

1* La denominación de "láguidos" proviene de que numerosos esqueletos de individuos de este grupo fueron encontrados por un arqueólogo danés, Peter Wilhelm Lund, en las cuevas de Lagoa Santa, en Minas Gerais, Brasil, de 1835 a 1844.

 

Gráficos de armamento e instrumentos indígenes.

Dibujos elaborados por el jesuita Florian Paucke

y reproducidos en libro "Zwettler Codex 420"

 

         LOS PROTO-MALAYOS O AMAZÓNIDES

 

         Más adelante aparecieron otros grupos, llamados genéricamente por los estudiosos avá amazónides. Se volvieron sedentarios, hecho histórico que se vincula con el comienzo, del cultivo de algunas plantas de la región: el poroto, el maíz, la papa, la yuca (mandioca) y otras especies. El maíz llegó a cultivarse desde el actual territorio de los Estados Unidos hasta el sur de Chile. La agricultura permitió el aumento sostenido de la población, aunque con las dificultades propias de la técnica de la roza, que consiste en quemar un espacio del bosque para aprovechar la extraordinaria fertilidad del humus. Estamos ante la revolución neolítica (neo=nuevo; liaos piedra), caracterizada por la aparición de las primeras prácticas de agricultura y por el uso de la piedra pulimentada. La palabra neolítico se usa por oposición a paleolítico (paleo= antiguo o primitivo; tilos= piedra), cultura dentro de la cual el hombre era exclusivamente cazador y recolector y utilizaba útiles de piedra sin pulir. Pero la tierra se agota a los tres años y la población se ve obligada a emigrar.

         En algunos casos la agricultura fue beneficiada con la adopción de tecnologías más avanzadas, como el regadío y hasta ciertas formas de fertilización. Sobre este superávit nacieron verdaderos estados, que se expandieron mediante guerras de conquista y de sometimiento de otros pueblos. Es el caso de los imperios maya, inca y azteca. Las manufacturas, incluso el laboreo del metal, recibieron un gran impulso, y la organización política y económica dio lugar al surgimiento de magníficas ciudades, salpicadas de estupendos monumentos.

         Aparecieron el comercio, las clases sociales y la jefatura permanente entregada a un rey o emperador. Su tipo físico, totalmente distinto del pámpido y del láguido, es proto-malayo (por alusión a los antiguos o primitivos malayos) o mongoloide. El amazónide tiene estatura de mediana a baja (Canals Frau dice que la estatura promedio del varón es de 160 cm. y la de las mujeres, 147 cm.), cráneo braquicefálico (de cabeza ancha o redonda), el torso y la espalda anchos, extremidades superiores más largas que las inferiores y tez amarillenta. El nombre de amazónide se debe a que este tipo físico fue hallado en toda el área de la cuenca del Amazonas y sus afluentes (el Xingú, Araguaya, Tocantins, etc.) y al norte del Amazonas. José Imbelloni los llama amazónides y Salvador Canals Frau, brasílidos.

         Esta migración se esparció por las actuales Colombia y Venezuela. En algún momento, hacia el 2000 a. C., una serie de cambios climatológicos muy graves, con sequías de cuatro y cinco años de duración, además de vastos incendios destruyeron la capa de humus del bosque tropical y, por ende, la ecología de la sabana sustituyó a la selva. En suma, era un medio ambiente totalmente distinto al preferido por el amazónide, de cultura neolítica.

         Comenzó entonces una migración hacia el sur, siguiendo la ruta de los grandes ríos, que eran como grandes avenidas que, a través de sus múltiples ramificaciones, permitían adentrarse en el corazón del continente. La dispersión abarcó buena parte de América del Sur, incluyendo casi todo el Brasil, la Región Oriental del Paraguay, el este de Bolivia, la selva ecuatoriana y peruana, Colombia y Venezuela. El amazónide tiene tres grandes familias lingüísticas: la arawak, la karibe y la tupi-guaraní.

         Al encontrar las nacientes del río Paraguay, llegó a la actual Región Oriental de nuestro país una migración del tronco lingüístico arawak, llamado también paleo-amazónide. Es la primera migración neolítica que llega hasta lo que hoy es nuestro país, expandiéndose hacia el Paraná, el Uruguay y hasta la costa atlántica. Estos grupos no utilizaban la técnica de la roza, sino la elevación de túmulos artificiales, de tierra, en zonas pantanosas. Vestigios arqueológicos de esta cultura fueron encontrados en Ybytymí, cerca del lago Ypacaraí y cerca del Ypoá.

 

Dibujo de un Cacique y su familia realizado por el jesuita Florian Paucke

y reproducidos en libro "Zwettler Codex 420"

 

 

         LOS GUARANÍ

 

         Después de los arawak, llegaron los tupi-guaraní, en dos oleadas sucesivas: primero, los proto-mbya y después los proto-cario. Todos siguieron la misma vía fluvial de penetración. Son los ascendientes de los tupi-guaraní.

         Vivían en aldeas, más o menos grandes, cultivaban varios productos, aunque su alimentación estaba centrada en el maíz. Utilizaban una cerámica decorada con los dedos y algunos tintes naturales. Para el guaraní, la palabra ava, -desnaturalizada por el guaraní paraguayo, que la usa para caracterizar a alguien torpe, huraño y rústico-, significaba el hombre, en el sentido de identidad étnica y, como tal, una expresión de la máxima dignidad.

 

         POLIGAMIA

 

         Los guaraní practicaban la poligamia, entendida como un medio de establecer alianzas políticas: El tovaja, voz que quiere decir "cuñado" en el guaraní paraguayo, era aquel aliado incorporado por la vía de la poligamia, con quien se establecía un acuerdo de reciprocidad, donde cada parte aportaba algo. El tovaja fortalecía políticamente al grupo. Por eso, la entrega de las mujeres, interpretada después como un signo de sumisión, para el guaraní tenía un significado totalmente distinto: era asegurar el ingreso de más hombres al grupo.

 

Caza de saltamontes y preparación de "charque".

 

Gráficos de gorros, vestimentas y abalorios indígenas.

Dibujos elaborados por el jesuita Florian Paucke

y reproducidos en libro "Zwettler Codex 420"

 

         ANTROPOFAGIA

 

         Era una práctica asociada a determinados rituales. En un proceso ordenado hacia fines del siglo XVI, en el Alto Perú (actual Bolivia), por el virrey Toledo, con asiento en Charcas (hoy llamada ciudad Sucre), contra varios caciques chiriguanos, estos revelaron que no podría haber ninguna luna nueva, ni cosecha nueva, ni roza nueva, ni siquiera ningún ceremonial colectivo con chicha, sin ser acompañados de un festín antropofágico. En algunos casos era un método de terror contra etnias a las que se pretendía someter; en otros, una práctica que se cumplía incluso dentro de los mismos grupos guaraní.

 

         TERRITORIO

 

         Habitaban gran parte de la costa atlántica de América del Sur y amplios espacios de la tierra interior, incluyendo buena parte del Paraguay Oriental. Su presencia se advierte hasta hoy en la toponimia brasileña, que contiene predominantemente voces de este tronco lingüístico. Su expansión geográfica y humana era tan vasta que los europeos adoptaron el tupi-guaraní como la "lengua general"; es decir, como la lengua de uso más generalizado entre los indígenas y, por consiguiente, la más apta para los fines de dominación de los conquistadores.

 

Mujeres lenguas en su toldería

 

         EL LIDERAZGO

 

         El liderazgo político no provenía de la fuerza, sino de la persuasión lograda con la oratoria. Era obligación del líder la distribución de los alimentos a cambio de lo cual recibía la adhesión política y eventualmente militar de los hombres jóvenes y adultos (mboja). La magia cumplía un papel muy importante en la vida del grupo y se suponía que los chamanes podían utilizar a su gusto las fuerzas sobrenaturales. Era clave, en este sentido, el concepto del payé, voz que designa tanto al chamán como a la fuerza dominada por él.

 

 

         LA TIERRA SIN MAL

 

         La meta del grupo era alcanzar el teko pora (vida buena), que expresa la abundancia de medios para la subsistencia, mediante tierras aptas para la roza. En el otro extremo estaban el temido yvy mara (la tierra mala) y el teko mara (la vida mala). Cada cierto tiempo, los guaraní emigraban masivamente en busca del yvy maraney, mito fundamental para su cultura. En contraste con la religión católica, cuyo paraíso requiere la muerte como requisito para el ingreso, al yvy maraney se podía llegar en vida, mediante la migración, la danza y la oración. Una de las versiones más difundidas lo definía como una isla donde el maíz se acumula espontáneamente y las flechas salen a cazar solas, y nunca falta el kawgy, la bebida ritual de los guaraní.

         Cuando cundía la impresión de que se aproximaba el mbaé megua, marcado por vastos cataclismos, acompañados de nubes de murciélagos gigantescos y la aparición del tigre azul (jagua hovy) capaz de devorar la luz cósmica, las migraciones se volcaban hacia los senderos que llevaban al mar. Una de las últimas migraciones, en los comienzos del siglo XX, fue acompañada por el alemán Kurt Unckel, quien documentó este relevante acontecimiento cultural.

         El conocimiento de la religión guaraní ha quedado oscurecido por una serie de versiones elaboradas con fines de catequización religiosa. En realidad, los guaraní tenían una religión politeísta, con una deidad principal y otras secundarias. La denominación del dios principal cambia según sea la etnia: Ñanderuvusu entre los pai tavytera; Ñanderuete o Ñanderu papatenonde entre los mbya.

         Es difícil encontrar una similitud con el Creador de la religión cristiana. Mientras Jehová es un ser increado, para los guaraní, Ñanderuvusu se crea a sí mismo, a partir de una especie de neblina, y coloca la Tierra sobre un firme soporte. ¿Cómo es esa misteriosa materia preexistente a toda otra, e incluso a la deidad principal?

         La identifican con el relente de las noches serenas, la neblina de la madrugada, el humo de las rozas, las gotas que caen de las hojas del ygary (cedro), árbol sagrado.

         Ñanderuvusu mantiene una relación mágica con Ñandesy (nuestra madre), la madre procreadora, quien también mantiene relación -en este caso física- con Mbaékuaa (el que sabe). De la unión con Ñanderuvusu nacen la Luna y el Sol. La religión guaraní se halla conservada en relatos de un bello contenido poético, transmitidos por tradición oral a lo largo de milenios. Su texto fundamental, en la versión mbya, fue rescatado del olvido gracias al eminente etnógrafo León Cadogan: el Ayvu rapyta (el asiento de las palabras-almas). En él se describe el papel de Ñamandu y de los demás personajes. En cuanto a Tupi era una de las deidades secundarias, dueña del trueno y de las tormentas, pero fue seleccionada por los misioneros como la versión guaraní del Dios cristiano.

 

 

Pintura corporal de chamacocos

 

India chamacoco con el cuerpo pintado

 

 

         DINAMISMO CULTURAL

 

         Es de destacar que todos estos pueblos americanos no se desarrollaban estáticamente, desvinculados unos de otros. Por el contrario, había un notable dinamismo en los vínculos que establecían entre sí. Estos pueblos comerciaban, guerreaban o celebraban alianzas, y frecuentemente se desplazaban hacia otros territorios. La expansión neolítica se detuvo ante el río Paraguay, ya que del otro lado no había tierras aptas para la agricultura. Por otra parte, la expansión del imperio Inca desplazó hacia el Chaco a numerosas etnias pámpidas. Al mismo tiempo, un considerable grupo guaraní cruzó el Chaco y se instaló en lo que hoy es Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia. Sus descendientes son los guarayo o chiriguano.

         Cuando los europeos llegaron al actual Paraguay, existía un conflicto muy grande entre los guaraní del litoral del río Paraguay con los payagua, que presionaban desde el río, y con los guaicurú, desde el Chaco, ambos grupos pertenecientes al tronco lingüístico guaicurú. Al mismo tiempo, la invasión de grupos guaraní a la actual Santa Cruz de la Sierra había creado grandes expectativas sobre el imperio incaico, cuya existencia era bien conocida por los indígenas.

         Los guaraní carecían de lo que llamaríamos un sentido nacional. Estaban divididos en varias parcialidades, cada una de las cuales ocupaba un territorio -el guara-delimitado por grandes ríos. El guára, con algún sufijo, designaba también a sus habitantes. No hay mucha claridad con respecto a las parcialidades, aunque Branka Susnik afirma que al comenzar la conquista española había 14 de ellos. Uno de esos guára -el de los cario o cariyo- alcanzó gran relevancia para la posterior historia paraguaya. Sus límites eran el río Manduvirá (norte) y el Tebicuary (sur). Dentro de ese territorio había numerosas aldeas (teko'a), a veces separadas por tres a cuatro leguas de distancia, cada una de ellas con tres a seis grandes casas comunales, con una población que podía llegar a 1.800 almas.

         Al norte del guara de los cario se hallaba el de los tobatine, delimitado por los ríos Manduvirá y Jejuí. Más al norte se hallaba el guára de los guarambarense, delimitado por los ríos Jejuí y Blanco, más al norte del Apa. Muchos de ellos acompañaron a Alejo García en su expedición hacia el Alto Perú. Cuando los guaicurú domesticaron el caballo, ya en pleno siglo XVII, dispersaron totalmente a sus habitantes y se instalaron en su territorio.

         En la región del Mbaracayú se hallaban los mbaracayuense, en un guára rodeado de etnias culturalmente láguidas: los kaingangue. Entre los ríos Monday y Acaray se hallaban los mondayense a quienes trataron de catequizarlos jesuitas, en el siglo XVII. Entre los ríos Tebicuary y Paraná se hallaba el guára de los parana, a quienes pertenecía el famoso cacique Itapúa. La costa del Paraná era dominada por los paranaygua, con hábitat principal en la isla de Yacyretá, hábiles canoeros que realizaban expediciones de pillaje casi hasta Santa Fe. Desde una especie de fuerte, defendido por una empalizada, controlaban la confluencia del Paraná con el Paraguay.

         Más al este, entre los ríos Tieté e Yguazú, se hallaban los guaira, quienes sufrieron el violento impacto de los bandeirantes. Su destaque en la historia paraguaya deviene del hecho de que, hacia 1630, acompañaron a los jesuitas en un éxodo gigantesco, a lo largo del Paranapanema y el Paraná, bajo la dirección del célebre padre Ruiz de Montoya. Con ellos se organizaron las Misiones jesuíticas del Paraguay.

         Los guaraní que permanecieron en enclaves selváticos eludieron la dominación española y lograron conservar su identidad. De ellos, conocidas durante la colonia como "molieses" descienden las tres etnias que aún existen en la cuenca del Paraná: los pai tavytera, los chiripa (llamados ellos a sí mismos como ava katuete) y los mbya guaraní.

         De los muchos testimonios con que se cuenta de lo que eran los guaraní de la época, uno de ellos sobresale por provenir de uno de los principales evangelizadores: Ruiz de Montoya.

         "Vivían y hoy viven los gentiles en poblaciones muy reducidas, pero no sin gobierno. Tenían sus caciques, en quienes todos reconocen nobleza, heredada de sus antepasados, fundada en que habían tenido vasallos y gobernado pueblos. Muchos se ennoblecen con la elocuencia en el hablar (tanto estiman su lengua, y con razón, porque es digna de alabanza y de celebrarse entre las de fama) con lo cual agregan gente y vasallos, y así quedan ennoblecidos ellos y sus descendientes. A estos sirven los plebeyos de hacerles rozar, sembrar y coger las mieses, hacerles casas y darles sus hijas cuando ellos las apetecen, en que tienen libertad gentílica. Conocimos algunos destos que tenían a 15, 20 y 30 mujeres. Las del hermano muerto toma a veces el hermano vivo, y esto no muy comúnmente... del (pecado) nefando huyen como de la muerte: ayuda a la naturaleza para evacuación por la vía, antes se morirán que admitirla".

         "Conocen el tiempo por los inviernos, que llaman roy (ro'y). Su numerar no llega a más que cuatro, y de allí con confusión alguna hasta diez... Conocen el tiempo de las sementeras por el curso de las cabrillas. Tenían por muy cierta doctrina que en el cielo hay un tigre o perro muy grande, el cual en ciertos acontecimientos de enojo se comía la luna y el sol, que son los que llamamos eclipses".

         "El cautivo que cogen en guerra lo engordan, dándole libertad en comidas y mujeres que escoge a su gusto; ya gordo lo matan con mucha solemnidad, y tocando todos a este cuerpo muerto con la mano, o dándole algún golpe con un palo, se pone cada cual su nombre, por la comarca reparten pedazos de este cuerpo, el cual pedazo cocido con mucha agua, hacen unas gachas (sopa) de que tomando un bocado, toma cada cual su nombre; las mujeres dan a sus hijos de teta un poquito de esta mazamorra, y con eso les ponen el nombre; es fiesta muy célebre para ellos, que hacen con muchas ceremonias".

 

Mujeres Tobas

 

Indios Guaicurúes, uno de los grupos nativos que más resistieron

y combatieron a los españoles.

 

Toldo y familia Toba en el Chaco, hoy Argentina.

 

         LOS MBAYA Y GUAICURU (*1)

 

         Pero no solo los guaraní habitaban el actual territorio paraguayo en el momento de la llegada de los españoles. El litoral Norte del río Paraguay ya había quedado bajo el control de los payagua, imbatibles piratas fluviales. Vivían en las costas del Chaco y en las islas del río Paraguay y presionaban cada vez con más fuerza a los guaraní. El temor que inspiraban era tan grande que la costa se había vuelto una franja insegura y la pesca se había vuelto riesgosa. Este hecho explica, en buena medida, la rapidez con que los españoles llegaron a una alianza táctica con los cario de la zona de Asunción. Ayolas primero y después Irala y Alvar Núñez se beneficiaron de esta situación.

         Del otro lado del río, en el Chaco, en la primera línea de contacto con los guaraní, estaban los enemigos ancestrales: los temibles eyigua-yegi o yiqui-guaicuru, cazadores nómadas, con un orgulloso instinto guerrero. De gran estatura y piel más oscura que la de los guaraní, eran paleolíticos, nómadas y cazadores. Atacaban a los guaraní neolíticos para cautivarlos o imponerles rescates.

         Ya en el siglo XVI domesticaron el caballo y se convirtieron en un pueblo ecuestre. Con ese medio de desplazamiento, ocuparon el norte de la Región Oriental y muchos lugares de los actuales departamentos de Concepción y de Amambay fueron rebautizados con nombres guaicurúes. El impulso guerrero de esta etnia fue constante y logró mantener en jaque a los guaraní y a las poblaciones mestizas. Dentro del territorio paraguayo no quedan vestigios de esta etnia, que combatió ferozmente contra la presencia occidental hasta el siglo XIX.

         Los payagua, los indómitos piratas fluviales que mantuvieron en vilo a la navegación hasta el siglo XVIII, se sometieron finalmente, cuando su número los había reducido a la mínima expresión. Algunos de ellos se instalaron en los bajos de la Chacarita, bajo la protección del doctor Francia. Durante la Guerra prestaron eminentes servicios al Paraguay, como exploradores y combatientes. La última payagua falleció a comienzos de este siglo.

 

1* De los guaicurú se conservan algunos descendientes en territorios brasileños del Alto Paraguay.

 

Combate de Lambaré, según dibujo de Ulrico Schmidl,

reproducido en el libro "Historia General del Paraguay", Vol. 1,

de Julio C. Chávez.

 

 

"Mapa General del Paraguay y el de la Provincia de Buenos Aires",

elaborados por D. Félix de Azara en el último cuarto de siglo

XVIII y publicados por el autor en "Voyages dans L´Amerique Maridionale". París, 1809.

 

 

Para adquirir el presente material debe contactar con ABC COLOR

Fuente digital: www.abc.com.py

Registro: Setiembre del 2012


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