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Historia Política

El fraude del oro: los préstamos al Paraguay de 1871 y 1872
07/03/2012


EL FRAUDE DEL ORO: LOS PRÉSTAMOS AL PARAGUAY DE 1871 Y 1872 (I)

DEL LIBRO DE HARRIS GAYLORD WARREN,

PARAGUAY: REVOLUCIONES Y FINANZAS

(SERVILIBRO 2009),

DAMOS A CONOCER ESTE CAPÍTULO:

 

Londres, la capital financiera del mundo, era el cuartel general de una cofradía de prestamistas cuyas empresas debieron haber enarbolado como distintivo la bandera pirata. Eventualmente sus prácticas arteras, facilitadas por la ilimitada codicia de los inversionistas, llevaron a la promulgación de leyes que fijaron normas estrictas para combatir los excesos de los contratistas e intermediarios financieros. Los créditos internacionales solían comenzar con las gestiones de los funcionarios de los países deudores que buscaban un intermediario o contratista para obtener el dinero, pero a veces —como sucedió en el caso de los préstamos otorgados al Paraguay en 1871 y 1872—, un intermediario proponía el negocio al gobierno, que nombraba un agente financiero para tratar con la empresa emisora de bonos.   

El inevitable día de la verdad llegó para los inversionistas ingleses en 1872, poco antes de que se otorgara el segundo préstamo al Paraguay, cuando préstamos considerables otorgados a Bolivia, Venezuela, Costa Rica, Honduras, la República Dominicana y la Argentina se encontraban en default o suspensión de pagos. Un comité de la Cámara de los Comunes británica investigó el asunto y llegó a la triste conclusión de que tres cosas habían sido especialmente censurables: los contratistas no se informaron sobre la responsabilidad financiera de los prestatarios; los acuerdos secretos entre sindicatos, contratistas prestatarios, que ocultaron hechos esenciales a los inversionistas, y la práctica del buyback o apoyo al mercado con compras simuladas, que engañó al público. Todas estas prácticas resultaban muy evidentes en los préstamos al Paraguay.   
  
En la fantástica historia del Paraguay de posguerra, los préstamos londinenses de 1871 y 1872 son casi increíbles: un país en ruinas, ocupado por los ejércitos de sus conquistadores y sometido al caos político, consiguió la suscripción de bonos por un valor nominal de £1.000.000 y £562.000 en 1871 y 1872 respectivamente. Las dos suscripciones se encontraban en estado de suspensión de pagos de capital e intereses en 1874, mientras los bonos en poder del público alcanzaban la elevada suma de £1.505.400 —dos tercios de ella en Inglaterra—.   

Una persona conocedora de los hechos atribuyó la idea de pedir prestado aquel dinero en Londres al sindicato integrado por “un corredor de bolsa, un empleado bancario, un periodista y un español audaz, por no decir atrevido”. Según esa persona, el sindicato había tomado contacto con un argentino que se encontraba en Londres y quería hipotecar una propiedad de su esposa en Buenos Aires; el argentino era el doctor Máximo Terrero, miembro de una respetada familia de comerciantes. El sindicato no tenía interés en concederle el préstamo hipotecario, pero le indicó que podía obtener el dinero negociando un préstamo para un país extranjero; ese país fue el Paraguay. A partir de entonces, todo resultó fácil.   
   
El audaz español […] fue enviado a Asunción. Cuando presentó el proyecto de obtener, por intermedio de sus relaciones en Londres, la increíble suma de dos millones de libras esterlinas, los insolventes que conformaban el Gobierno quedaron con la boca abierta y se inclinaron a considerar al comisionado un charlatán, pero este no carecía de argumentos y, después de varias reuniones de gabinete, se le informó finalmente que el Gobierno aceptaría gustoso un préstamo de medio millón y que honestamente se creía capaz de pagar los intereses.  

El comisionado convenció al Gabinete de que tomara en préstamo £1.000.000.   

El préstamo paraguayo de 1871 pudo muy bien haber tenido ese misterioso origen. El Congreso, por las leyes del 8 de febrero de 1871 y 21 de mayo de 1871, autorizó el préstamo de £1.000.000. Como agente financiero, el gobierno de Rivarola nombró a Máximo Terrero el 10 de mayo de 1871, y ese misterioso comisionado “regresó a Londres con éxito, llevando plenos poderes para su amigo argentino”.   

El potencial préstamo no despertó el entusiasmo del Brasil. El presidente Cirilo Antonio Rivarola envió a Río de Janeiro a Carlos Loizaga, con instrucciones para negociar cuestiones de límites y pedir al Brasil que saliera de garante del préstamo. El Brasil no estaba dispuesto a ofrecer más que su apoyo moral, especialmente porque las cuestiones de los gastos de la guerra y las indemnizaciones a las personas particulares no se habían resuelto aún. A pesar de aquella negativa, “era creencia generalizada que el Gobierno del Brasil, de algún modo, ha garantizado este préstamo”; de lo contrario, el asunto sólo podría verse en Buenos Aires “como una temeraria e imperdonable aventura”. Los detalles de la transacción mostraron que el ministro británico en Buenos Aires había sido indulgente en su crítica.   
  
En Londres, Bernard Cracroft presentó a Terrero a Charles Waring, socio de sus hermanos William y Henry en la firma Waring Brothers & Cía.; pese a toda su experiencia en bancos y contratos con el extranjero, Waring sabía muy poco del Paraguay. Terrero y Waring firmaron un acuerdo el 21 de noviembre de 1871, para la emisión de un préstamo de £1.000.000 al 8% de interés. El precio de la emisión era de 80 libras esterlinas, pero la Waring se hacía responsable de sólo £64 de cada £100 en bonos. De esa manera, los tenedores de los bonos anticipaban el 10% de la inversión; los contratistas podían embolsarse todo importe superior a £64 y el Paraguay se comprometía a devolver £100 por cada £64 recibidas. Terrero autorizaba a Waring Brothers a sostener el mercado mediante la práctica del buyback, efectuando compras hasta donde lo considerase necesario, y sin que dichas compras debiesen considerarse operaciones de buena fe necesariamente. Waring Brothers a su vez (de acuerdo con la autorización de Terrero) firmó un acuerdo con Robinson, Fleming & Cía., por el cual esta firma debía “recibir suscripciones y dar recibos por las mismas”. Por sus servicios, Robinson, Fleming & Cía. debía recibir una comisión del 1%, aumentada posteriormente al 1,75%. Para compartir el riesgo Waring Brothers, como contratista o emisora de los bonos, formó un sindicato con el barón Albert Grant, de la empresa Grant Brothers & Cía., y Samuel Laing, un miembro del Parlamento. Los beneficios deberían repartirse de la siguiente manera: 55% para Waring Brothers; 25% para Grant y 20% para Laing. Grant pidió una garantía de £5.000, que debía recibir independientemente de los porcentajes convenidos. Y así, mientras Robinson, Fleming & Cía. se presentaba al público como la empresa suscriptora, Waring Brothers hacía efectivo el préstamo.   

Antes de publicar un prospecto basado en las exageraciones de Terrero, George Fleming se informó superficialmente por intermedio de Benjamin Buck Greene, quien había sido cónsul general del Paraguay durante quince años y era entonces vicegobernador del Banco de Inglaterra. Greene, alegando desconocimiento del Paraguay, refirió a Fleming a Alfred Blyth, un pariente cuya firma A. y J. Blyth había sido por muchos años agente de los López. Por otra parte, Fleming aseveró que “había leído toda la literatura publicada sobre el Paraguay, y que existe toda una biblioteca entera de libros publicados sobre el Paraguay”.   

Pese a su ignorancia supina sobre el Paraguay, la firma Robinson, Fleming & Cía. publicó el prospecto del préstamo el 22 de noviembre. Ese asombroso documento presentaba al Paraguay como un país ideal para los inmigrantes: “El país está bien irrigado y el suelo es extremadamente fértil; posee selvas magníficas y los cultivos de gran valor como el tabaco, azúcar, algodón, cochinilla e índigo rinden beneficios considerables. También es muy rico en recursos minerales. El producto principal, sin embargo, es el té sudamericano (yerba mate), muy consumido en Sud América, y que aporta grandes ingresos al Estado”. Dando estadísticas de preguerra sobre la producción, el prospecto recalcaba que el Paraguay no tenía deuda consolidada y que toda la deuda del país era de sólo £213.335. Como garantía del préstamo, el Paraguay ofrecía sus aduanas, ingresos generales, tierras públicas, ferrocarril y todos los edificios públicos. Tenía 20.000 leguas cuadradas de tierra, “de las cuales 14.000 leguas están cubiertas de bosques de rica y variada madera, con innumerables productos de aplicación industrial y vastas extensiones de magníficas tierras aptas para el mate (té indio); 6.000 leguas de tierras de propiedad privada para el cultivo del tabaco, caña de azúcar, arroz, algodón, café, maíz y otros productos agrícolas, y soberbias praderas para la cría del ganado”. Esas tierras, según informes del Ministro de Hacienda, valían cerca de £35.000.000. En cuanto a los edificios públicos, el Gobierno poseía 490 casas, depósitos y arsenales por valor de £400.000. El ferrocarril, con 72 kilómetros de vías hasta Paraguarí, estaba “en funcionamiento”. En su conjunto, aseguraba el prospecto, el país ofrecía “una excepcional garantía para un préstamo al Estado”. El préstamo se debía usar para liquidar la deuda pública, extender el ferrocarril hasta Villarrica, mejorar caminos y obras públicas y desarrollar recursos naturales. El préstamo estaba garantido por un gravamen general “que debía efectuar el mencionado Máximo Terrero, en nombre de la mencionada República, y que afectaba los ingresos, tasas, impuestos, bienes raíces, minas, carreteras, casas, edificios, ferrocarriles y propiedades, y gravaba especialmente los derechos de aduana del Gobierno de la República”. Para pagar intereses y amortización por dos años, el 20% de todo el valor nominal del préstamo, o sea £200.000, debía retenerse en Londres e invertirse en otras garantías.   
  
El prospecto omitía hechos muy importantes. No mencionaba las indemnizaciones de guerra [exigidas al Paraguay]; ni los ejércitos aliados que ocupaban el país; ni que el comercio —excepto el efectuado para la provisión de las fuerzas de ocupación— era casi inexistente, mientras que los ingresos del Estado no alcanzaban siquiera para solventar los gastos de un gobierno honesto. El ferrocarril necesitaba reconstruirse; sus vehículos se veían reducidos a unos pocos vagones en pésimas condiciones —no más de tres locomotoras de funcionamiento dudoso— y difícilmente se lo podía considerar “en funcionamiento” a lo largo de 72 kilómetros de vías. Los productos mencionados podían rendir grandes cosechas, pero no en las circunstancias existentes. Las personas que compraron los bonos confiadas en aquel engañoso prospecto corrieron a la aventura con los ojos vendados.   

El sindicato de Waring no tuvo dificultades en colocar los bonos, en parte porque apoyaba el mercado con compras simuladas. Waring Brothers, Grant y Laing “compraron” bonos por £570.500 en el mercado, que vendieron antes del 27 de abril de 1872, obteniendo una ganancia de £8.465 sobre el precio de emisión de 80. El script o certificado se vendía en diciembre con un premio de 3; o sea que los compradores pagaban £83 por un bono de £100. Después de registrarse los bonos en la Bolsa, el premio fluctuó por encima de 80, hasta que llegó a 17,5 el 15 de abril de 1872, cuando los bonos estaban a 2,5 puntos de su valor nominal [valían £97,25]. Aquella espectacular suba del precio se explica solamente por la especulación. Para agosto, una persona suficientemente irreflexiva para comprarlos podía comprarlos con un descuento de 68 puntos por debajo del precio de emisión; a poco los bonos quedaron casi sin ningún valor. Para 1876, es probable que el Paraguay hubiese podido comprar todos los bonos ¡por unas £30.000! Pero tanta agudeza no podía esperarse en el Paraguay de posguerra.   

Robinson, Fleming & Cía. debía responder a Waring Brothers por £800.000. De aquella suma, £40.000 se retuvieron para pagar dos cupones vencidos, quedando £760.000, menos algunas sumas pequeñas como descuento sobre pagos anticipados. Waring Brothers presentó dos rendiciones de cuentas a Máximo Terrero, quien aprobó ambas. La primera, de fecha 27 de abril de 1872, arrojaba el siguiente saldo: (Cuadro 1)

La segunda, presentada el 26 de septiembre de 1872, mostraba la utilización del saldo de £ 218.074. (Cuadro 2)

 


  
Terrero efectuó el balance el 30 de septiembre de 1872 y cerró la cuenta; el 11 de enero de 1872 mandó todos los comprobantes al Paraguay. El gobierno de Jovellanos aprobó la cuenta y le envió un recibo por el primer envío de £100.000.   

El sindicato obtuvo grandes ganancias: de las £760.000 restantes después de haber deducido £40.000 para pago de cupones, la parte del Paraguay eran £640.000, quedándole así £120.000. El sindicato había obtenido una ganancia de £8.465 en los bonos vendidos por más de £80, y así percibió £128.465. Aquella suma se dividió según el acuerdo previo entre las partes. Robinson, Fleming & Cía. recibió £14.000 como comisión; Grant Brothers cobró su garantía de £5.000; el saldo de £189.465 se dividió así: 55% (£60.205) a Waring Brothers; 25% (£27.366) a Grant Brothers y 20% (£ 21.893) a Samuel Laing.   
  
La noticia del éxito de Terrero con el préstamo de 1871 corrió rápidamente y despertó profundos recelos entre quienes conocían la situación del Paraguay. El ministro británico en Buenos Aires protestó enérgicamente contra el modo temerario en que se habían concedido en Europa préstamos para beneficio de gobiernos sudamericanos. El préstamo paraguayo era indefendible. El país, postrado por la guerra, tenía sólo 12.000 hombres adultos para 180.000 mujeres adultas y el crédito se veía en Buenos Aires “como una temeraria e imperdonable aventura”.  

Si Solano López pudiese levantarse de su tumba a orillas del Aquidabán, ¡con cuánto asombro hubiera oído la noticia de que el Douro navega ahora con dirección al Plata con cien mil libras esterlinas para el Paraguay! Apenas han pasado dos años desde su muerte y ahora se realiza el sueño de su vida […] Por cinco largos, él se sostuvo contra todas las adversidades, aferrándose a la esperanza de que podría negociarse un préstamo, y la ayuda llegaría desde el extranjero; él cayó cuando, aparentemente, el país estaba irremediablemente destruido. El Paraguay era una inmensa tumba, los pocos compatriotas famélicos que le sobrevivieron cayeron, o en la miseria desesperada en el país, o en la servidumbre en el extranjero. El país no tenía ninguna industria; su población estaba exhausta; la hierba crecía en las calles de Asunción y el único comercio de la plaza era un tráfico indecoroso para mantener a las tropas de ocupación. Sin embargo, es este el país que ha entrado en el mercado de Londres y conseguido en un día lo que López no pudo conseguir cuando estaba en el cenit de su prosperidad. Un préstamo de un millón de libras esterlinas.  

Muy complacido con los esfuerzos de su agente comercial Terrero, el presidente Jovellanos lo ascendió al rango de cónsul general. Una ley del 9 de febrero de 1872 asignó 3.000.000 de pesos oro a la cancelación de la deuda pública ($1.500.000), reparación del ferrocarril ($100.000), fomento de la agricultura ($300.000), promoción de la educación pública ($50.000) y fundación del Banco Nacional ($500.000).  Esas asignaciones excedían en $1.000.000 el monto del préstamo, pero aquello no tuvo mayor importancia, porque casi nada del préstamo se usó para tales propósitos.   
  
El primer envío de £100.000 llegó al Paraguay a mediados de febrero de 1872; los otros envíos llegaron probablemente en julio; el destino de aquel montón de monedas de oro es materia de disputa hasta hoy. El ministro de Hacienda, Francisco Soteras, informó que había recibido £394.940, que se aplicaron a propósitos del Estado. Existen informaciones contradictorias sobre tales “propósitos”. José Segundo Decoud, al censurar el régimen de Jovellanos, lo acusó de que muy pocas de aquellas libras esterlinas se emplearon para redimir el papel moneda; menos de $5.000 se gastaron en el ferrocarril y hubo una corrupción escandalosa en el “fomento” de la agricultura. El Gobierno decidió comprar 20.000 bueyes en Corrientes pagando $7 por cabeza, pero sólo recibió novillitos y hacienda de cría; la compra de 80.000 arrobas de maíz a $2 por arroba —siendo el precio de mercado $0,25— significó un fraude de $140.000, como sucedió con la compra de 80.000 arrobas de porotos para usarse como semilla. La irrisoria suma de $50.000 destinada la educación se empleó para comprar tres cajones de cartillas y panfletos inútiles —entre los últimos unos textos sobre cómo adquirir la virilidad—. Ese montón de basura costó $1.000. El Banco Nacional, obviamente, nunca se fundó.   

Muchos años después, un cónsul británico informó: “Cuando llegó el dinero metálico, se lo depositó en la Casa de Gobierno, donde durante varios días los ministros y otras personas privilegiadas tuvieron licencia para llenarse los bolsillos antes de que la ya muy disminuida cantidad se colocase en un banco para destinarse a los usos del Estado”. Eso, por supuesto, era un rumor y probablemente procedía de las críticas de los liberales. Cualquiera que haya sido el destino de las £400.000 recibidas por el Paraguay, no hay duda de su escandaloso desvío hacia los bolsillos de Jovellanos, sus ministros y probablemente algunas otras figuras encumbradas: “Cada ministro gastaba sin consultar a sus colegas, apropiándose de cuanto podía mediante contratos dolosos, o haciendo regalos caprichosos a sus amigos”. Sin ninguna autorización del Congreso, se benefició todo el equipo de Jovellanos: Benigno Ferreira, Eduardo Aramburu, Pedro Recalde, Carlos Loizaga y Gregorio Benites. Juan Bautista Gill, presidente del Senado cuando llegó la primera remesa de dinero, pronto fue obligado a exiliarse; ninguna prueba se presentó para implicarlo en la repartija.   

El préstamo de 1872. Entusiasmado con el éxito del primer préstamo, el presidente Jovellanos recomendó recurrir de nuevo a la fuente de oro de Londres. Charles Ohlsen llegó de Inglaterra con la propuesta que aprobó Gill, presidente del Senado. El 7 de marzo, el Congreso autorizó un préstamo de £2.000.000. La mitad del importe neto debía utilizarse en la construcción de ferrocarriles regionales, caminos, canales y puentes, la promoción de la inmigración y la colonización de las tierras públicas, así como el establecimiento de una línea de vapores. La otra mitad debía aplicarse a obras de interés general del país —ferrocarriles nacionales, caminos públicos, puertos, aduanas y bancos—. El Presidente estaba autorizado a nombrar un comité en Londres para la venta de tierras públicas, con lo cual podrían obtenerse fondos para pagar intereses y cuotas de amortización. Los intereses y cuotas de amortización, hasta el 1 de abril de 1874, debían retenerse en Inglaterra. El 9 de marzo, Jovellanos autorizó a Terrero a emprender las negociaciones.  

Antes de que pudiera llegarse a un acuerdo sobre el segundo préstamo, tanto Waring

Brothers como Robinson, Fleming & Cía. trataron de que se nombrara un representante británico en el Paraguay con rango de cónsul. Charles Waring había “enviado un considerable número de ingenieros civiles y otras personas, todos súbditos británicos, y se encuentran ahora trabajando en ese país en los estudios para la construcción de ferrocarriles y otras obras públicas; muy pronto comenzarán los trabajos y será enviado a ese país, para llevarlos a cabo, un gran número adicional de súbditos británicos”. Los inmigrantes ingleses iban a dedicarse a la agricultura. Pero el Foreign Office, debidamente cauteloso, contestó que por el momento no había razón para efectuar tal nombramiento.

22 de Enero de 2010

Suplemento Cultural del 24 de Enero 2010

Publicado por LUIS VERÓN

Diario ABC COLOR

 

 

EL FRAUDE DEL ORO: LOS PRÉSTAMOS AL PARAGUAY DE 1871 Y 1872 (FINAL)

 

Terrero cumplió la misión que se le había encomendado y, el 27 de mayo de 1872, firmó con Robinson, Fleming & Cía. el acuerdo para lanzar el llamado Préstamo de Obras Públicas de 1872, por el valor nominal de £2.000.000. El acuerdo gravaba los “ingresos generales, propiedades, tasas, impuestos, bienes raíces, minas, canteras, casas, edificios, ferrocarriles y en particular los ingresos de aduana de la República (sujetos sólo al gravamen del Préstamo de Obras Públicas de 1871)”. Los inversionistas iban a pagar £85 por cada bono de £100, que le darían al Paraguay £75, o sea que las condiciones eran más favorables para el Paraguay que las del préstamo de 1871, porque el mercado era mejor. Waring Brothers, de nuevo, se encargaría de la emisión y pagaría a Robinson, Fleming & Cía.    2 libras y 5 chelines de la diferencia de £12 entre el precio de emisión de £85 y las £73 debidas al Paraguay. De nuevo (como sucedió con el préstamo de 1871), Waring podía apoyar el mercado, y lo hizo “comprando” £1.500.000 de la emisión para impedir las maniobras tendientes a bajar el precio de los bonos. Waring, por su parte, revivió el sindicato de 1871 y convino en compartir los beneficios o pérdidas en la proporción del 40% para sí, 40% para Grant Brothers y 20% para Samuel Laing.   

El prospecto, de fecha 31 de mayo y publicado al día siguiente, era de nuevo una entusiasta exageración de las posibilidades reales del Paraguay. Mencionaba la asignación de fondos hecha por el Senado en febrero de 1872 para el empleo del préstamo de 1871, y repetía las afirmaciones básicas del prospecto de 1871, pero omitía toda mención de la deuda interna y cualquier dato sobre los ingresos corrientes del país. Aparentemente, el préstamo tuvo un exceso de suscripción, pues se recibieron solicitudes por valor de £3.800.000, pero Waring Brothers “compró” £1.308.000 entre el 31 de mayo y el 21 de junio, el día fijado para la cotización. Robinson, Fleming & Cía. certificó que “el monto total de Préstamo de Obras Públicas de la República del Paraguay, con interés de ocho por ciento, emitido por nosotros, por el valor nominal de £2.000.000, ha sido plenamente suscrito por el público y colocado sin reserva, y pagada en depósito una cuota de 15 por ciento sobre el monto”. Eso resultaba engañoso —si no una perfecta mentira—, porque todos los bonos “comprados” por el sindicato y Robinson, Fleming & Cía. eran para el gobierno paraguayo y de ningún modo podía creerse que estuviesen en manos del público.   

A los financistas londinenses les había ido demasiado bien demasiadas veces, pero los créditos para América Latina se habían desprestigiado tanto para fines de junio, que la colocación del préstamo de 1872 se volvió difícil. El resultado fue que el público tenía en su poder bonos por un valor nominal de £562.000; de dicha suma, 73%, o sea £410.436 pertenecían al Paraguay. Aunque las ganancias del sindicato y Robinson, Fleming & Cía. no se hicieron públicas, una contabilidad simplificada muestra lo siguiente (cuadro 3).

Por supuesto, el Paraguay no recibió las £410.406 del préstamo de 1872; muy poco quedó de él después de cancelarse varias cuentas.   

Deplorables como fueron las circunstancias del préstamo de 1872, fue peor aún el proyecto de inmigración, que significó más gastos para el Paraguay y sufrimientos innecesarios para numerosas víctimas. El 17 de junio de 1872, Terrero firmó un acuerdo que autorizaba a Robinson, Fleming & Cía. a reclutar hasta 500 familias ó 1.500 adultos de Inglaterra y 1.000 de Europa continental para enviarlos como emigrantes al Paraguay. El coronel Wisner de Morgenstern, jefe de la Oficina de Migración del Paraguay, redactó una descripción demasiado idealizada de los recursos del país y formuló a Terrero numerosas promesas en las llamadas “Concesiones”, que otorgaban a cada colono pasaje gratis al Paraguay, un terreno, instrumentos de trabajo, medicinas y atención médica gratuita, así como el uso gratuito del ferrocarril durante un año.  

Mientras que Waring Brothers vendía bonos, Robinson, Fleming & Cía. promocionaba el proyecto de inmigración; sus prospectos contenían tantas exageraciones, que hasta el Foreign Office se alarmó. Pero el reclutador, John Williams Billiatt, logró reunir cerca de 888 emigrantes, que fueron enviados en tres viajes el 30 de septiembre y 27 de octubre de 1872, y en enero de 1873. El director de la colonia, Walter R. Seymour, descubrió que nadie esperaba a los inmigrantes en el Paraguay, ni tampoco se habían hecho preparativos para recibirlos; aunque pudo asentarlos en dos grupos cerca de Villarrica, pronto desistieron todos. Con la ayuda de contribuciones caritativas de Buenos Aires y préstamos de un banquero español de Asunción, la mayoría de los sobrevivientes había escapado del Paraguay para noviembre de 1873.   

El colapso del proyecto de colonización no hizo más que confirmar los recelos de los observadores imparciales. Por cierto, el Paraguay era un bello país “y si tuviera una población honesta e inteligente, su progreso podría ser más rápido que el de cualquier otra región de la América meridional”. Otro crítico condenó los prospectos mentirosos, porque la parte del país situada al este del río Paraguay tenía cerca de 40.000.000 de acres, de los cuales sólo la cuarta parte era de propiedad del Estado. El prospecto había afirmado que el Gobierno poseía más de 100.000.000 de acres, pero aquella cifra podía considerarse acertada solamente si la misma comprendía los territorios reclamados por la Argentina y Bolivia. Los funcionarios de Río de Janeiro también estaban preocupados. El Paraguay ni siquiera había podido pagar sus deudas por el primer préstamo, y su gobierno debía ser advertido de que las aventuras temerarias de ese tipo le causarían complicaciones con los aliados “cuyos derechos a la indemnización entrarían con conflicto con los de los acreedores”. El Ministro brasilero en Asunción no debía comprometerse en el asunto de los préstamos en ningún caso.  

La misión Benites, 1872-1873. Cuando quedó en claro que el Paraguay iba a recibir mucho menos de lo esperado del préstamo de 1871 y que el producto del préstamo de 1872 debía quedar en Londres, el presidente Jovellanos decidió enviar a Gregorio Benites para investigar el asunto. Aunque la misión en Londres era de capital importancia, Benites también fue nombrado ministro ante los gobiernos de Alemania, Francia, Italia y el Vaticano. No sólo se le encargó que investigara los préstamos, sino también que resolviera varias reclamaciones contra el Paraguay. A Benites no le resultaba extraña Europa, habiendo sido como fue encargado de negocios en Gran Bretaña y Francia hasta fines de 1871. En 1869 se encontraba en Washington y pidió a los Estados Unidos “que mandara algunas embarcaciones de guerra a Asunción para permitir el escape de su digno amo, el presidente López”. Edward Thornton, entonces ministro británico en Washington, y que había prestado servicio diplomático en la Argentina, llamó a Benites y sus acompañantes “canallas de marca mayor”.  

Benites partió prontamente y se detuvo en Buenos Aires para entrevistarse con Joaquim Maria Nascentes d’Azambuja, el nuevo ministro brasilero en el Paraguay, y luego se embarcó para Río de Janeiro. Llegó a Londres el 13 de septiembre, presentó sus credenciales al Foreign Office e inmediatamente trató con Máximo Terrero; exigió una detallada rendición de cuentas y ordenó a Terrero que enviara £200.000 a Asunción. Sus tratativas con Terrero y George Fleming fueron completamente insatisfactorias, pues ellos habían decidido no enviar los fondos del préstamo de 1872 al Paraguay, sino retenerlos en Londres para pagar varios emprendimientos contemplados en la ley que autorizaba el préstamo, la del 7 de marzo de 1872. Robinson, Fleming & Cía. se negó a rendir cuentas a Benites; Terrero se le mostró desafiante y reacio a obedecer sus órdenes de parar los proyectos de Waring Brothers y Fleming. Después de una corta estadía en Londres, Benites fue a París, donde libró un giro de £15.000 contra Terrero, quien no tenía fondos para cubrirlo, y siguió el consejo de Fleming: no aceptarlo. Cuando Benites regresó a Londres, Terrero le dijo que no podía aceptar ningún gasto del producto del préstamo que no estuviese aprobado por ley. George Fleming —con la aprobación de Terrero— se manifestó dispuesto a enviar £100.000 al Paraguay       -si Waring Brothers lo aprobaba-. Benites le replicó que “él quería aquello para otros propósitos”, así que el anticipo nunca se efectuó. Terrero, solemnemente, proclamó su probidad: “He sido comerciante por más de 30 años, mi firma goza de una sólida reputación en Sud América, y considero que mi buen nombre se verá deslucido si, de algún modo, me comprometo en la utilización de los fondos para propósitos distintos de los contemplados en la ley o en el prospecto”.  Benites destituyó a Terrero y nombró cónsul general y agente financiero del Paraguay al doctor Leone Levi, un abogado inglés.   

El 17 de diciembre de 1872, Benites instruyó a Levi para que presentara una demanda judicial para obligar a Robinson, Fleming & Cía. a rendir cuentas de los dos préstamos; la demanda se convirtió en una más de las muchas presentadas en contra y a favor del Paraguay, como consecuencia de la Guerra de la Triple Alianza. Un proceso mayor fue el de Blyth versus Fleming, iniciado a fines de 1872, en el cual Alfred Blyth trató de recuperar cerca de £48.000, que representaban el capital y los intereses compuestos del 12% sobre el dinero perteneciente a Francisco S. López y entregado a Cándido Bareiro (representante diplomático de López), más el precio y los gastos de depósito del panteón de mármol para Carlos Antonio López y otras expensas. Porque Blyth era querellado por el administrador de López, George Whiffin, Blyth exigió a Terrero fondos del préstamo de 1871; Terrero prometió pagar. A principios de 1872, el misterioso Charles Ohlsen llevó la cuenta de Blyth al Paraguay, donde fue reconocida por un monto superior a £37.015, pero sin que se pagara a Blyth. Para complicar aún más las cosas, Blyth presentó una demanda contra madame Lynch, la señora Juana Carrillo de López, Whiffin y la República del Paraguay para determinar los derechos de cada una de las partes en mayo de 1872. Para no dificultar la obtención del préstamo de 1872, Blyth llegó un acuerdo extrajudicial el 5 de junio: el Paraguay pagaría £12.000 a Blyth, quien entregaría la suma a la herencia de López; las otras partes desistirían de sus reclamaciones contra el Paraguay y Blyth. Este último adelantó a Terrero más de £7.150, que se devolverían con el producto del préstamo, pero ni Terrero ni Benites deberían pagar a Blyth sin la autorización del gobierno paraguayo. George Fleming reservó £50.000 para pagar las reclamaciones de Blyth, pero Fleming pagó el dinero a Waring Brothers. Para cuando llegó Benites a Londres, la reclamación de Blyth se acercaba a la suma de £48.000; esa reclamación se arrastró por muchos años, pero nunca fue satisfecha en su totalidad.   

Gregorio Benites no parecía confundido con las demandas y contra demandas, sobre todo porque contaba con el asesoramiento de Leone Levi, aunque el historiador sería muy ingenuo si creyera a pies juntillas en la versión de cualquiera de las partes que —tanto en el Paraguay como en Londres— se ingeniaron para confundir los asuntos financieros del Paraguay más allá de lo concebible. Benites comprobó que George Fleming no era un hombre de dejarse impresionar por amenazas para entregar los fondos que tenía en su poder, porque los abogados le habían aconsejado conservarlos en previsión del resultado de las acciones legales pendientes. Fleming formuló varias propuestas para arreglar el asunto extrajudicialmente y Benites, el 12 de marzo de 1873, aceptó una de ellas, que se formalizó para su admisión en la Court of Chancery [Corte de la Cancillería]. Los enemigos de Benites y Jovellanos criticaron el acuerdo declarándolo una traición a los intereses paraguayos, pero el acuerdo obtuvo considerables ventajas para el país, pues consiguió la suspensión del contrato de ferrocarril que Terrero había dado a Waring Brothers (bajo condición de que Asunción lo aprobara); Robinson, Fleming & Cía. convino en pagar a Benites el saldo de las £562.000, una vez deducidos los intereses y amortizaciones correspondientes a dos años. Benites convalidó las cuentas del proyecto de inmigración y varios gastos efectuados para la obtención del préstamo; los contratos hechos por los supervisores de los inmigrantes serían válidos. Un burdo malentendido, quizás deliberado, se dio con relación al acuerdo de Benites para que Robinson, Fleming & Cía. pudiera vender £437.800 de bonos a £75, correspondiendo al Paraguay todo importe superior a esa suma. Fleming podía recibir 4% de comisión sobre los bonos vendidos a £75-79, y 5% sobre los bonos vendidos a más de £80, y el producto de dichas ventas podía ser retenido para pagar los préstamos de 1871 y 1872 por el año 1874-1875. Las £1.000.000 de bonos no vendidos deberían destruirse. Benites convino en persuadir a Blyth y Richard Lees que desistieran de sus demandas contra Robinson, Fleming & Cía. Desafortunadamente, los bonos no se vendieron de acuerdo con lo pactado.   

Cuando Benites logró el acuerdo del 12 de marzo de 1873, el público aún tenía en su poder £1.505.400 de bonos caídos en default o incumplimiento: £957.100 del préstamo de 1871 y £548.300 del préstamo de 1872. Los tenedores de bonos habían recibido £286.534 en intereses y £56.800 pagadas a la par o como amortización. El dinero para pagar esos intereses y amortizaciones provenía de los mismos tenedores. De acuerdo con el convenio del 12 de marzo, Robinson, Fleming & Cía. presentaron un saldo de £416.000 a favor del Paraguay, pero de dicho saldo debían deducirse varios gastos, quedando así la suma reducida a £239.687.48 (cuadro 4).

Benites aprobó esa rendición de cuentas y, el 10 de abril de 1873, aceptó £242.889, 14 chelines y 11 peniques en bonos y valores para el arreglo de ambos préstamos, y dispuso de garantías por £249.617, 9 chelines y 7 peniques.   

No hay razón para cuestionar esa cuenta pero ¿qué hizo Benites con el dinero? Según sus críticos, envió £100.000 a una empresa inglesa en Buenos Aires para que los entregara a Jovellanos, se compró una fastuosa casa en Río de Janeiro y ocultó una gran suma. Todo lo que los investigadores pudieron descubrir más tarde es que dejó £3.000 en su cuenta de banco londinense, además de que adelantó dinero en pago de los servicios legales de Levi. Después de sufrir la prisión y posiblemente la tortura en el Paraguay, Benites escribió dos relaciones: la primera, dejándose guiar en lo básico por la memoria; la segunda, teniendo a mano algunos documentos recuperados. La segunda ofrece cuentas muy precisas (cuadro 5).

Desafortunadamente, Benites no tenía recibos para justificar esos gastos.   

La cuenta de Benites incluye £50.000 para el pago del préstamo de 1871 desde el 15 de septiembre de 1873 hasta el 15 de mayo de 1874. Sólo £200.000 se habían retenido para el pago del préstamo de 1871, pero para el 15 de mayo de 1874, se habían pagado intereses y amortizaciones por alrededor de £240.000. Aparentemente, £40.000 de ese importe provenían de las £50.000 consignadas en la cuenta de Benites. ¿Qué pasó con la diferencia de £10.000? No lo dicen Benites ni tampoco los financistas londinenses. No se mencionan esas £50.000 en los extractos de cuenta del acuerdo de Benites del 12 de marzo de 1873, pero uno puede pensar que Benites entregó al menos £40.000 como pago del préstamo de 1871. En cuanto al pago de £10.000 al doctor Méndez Gonçalvez por los rifles, un crítico afirmó tiempo después que fue un invento. Méndez Gonçalvez era un vivandero portugués casado con una paraguaya y enriquecido con el comercio en yerba. En vez de emplearse en la compra de rifles, las £10.000 se entregaron a los brasileros por la ayuda que prestaron a Jovellanos en la represión de la revuelta de Gill, Bareiro y Caballero en 1873. El mismo crítico asegura que los tres científicos recibieron muy poco de los       $ 60.480 que supuestamente se les pagaron; sólo uno de ellos, Benjamín Balansa, viajó efectivamente al Paraguay, donde casi no recibió ninguna ayuda. Ninguna de esas acusaciones prueba la deshonestidad de Benites, aunque uno pueda hacer especulaciones sobre el uso de las £10.000. Jovellanos y Ferreira, ciertamente, no hubieran querido que se supiera que habían pagado $50.000 [o sea £10.000] a los brasileros, ni tampoco los representantes del Emperador querían ver desvirtuada su apariencia de neutralidad.   

Cuando los préstamos al Paraguay y otras repúblicas latinoamericanas cayeron en incumplimiento en 1874, los tenedores de bonos formaron asociaciones para protegerse. En respuesta a sus quejas, la Cámara de los Comunes realizó una investigación en abril y mayo de 1875. El comité investigador, después de criticar a los financistas por engañar al público, censuraron especialmente su falta de conocimiento de las posibilidades financieras de los países prestatarios, que “de haberse investigado, hubieran mostrado ser totalmente insuficientes para hacer frente a las obligaciones asumidas”. Charles Waring, George Fleming y Albert Grant se limitaron a invocar el caveat emptor latino; defendieron lo que habían hecho, demostraron un absoluto desconocimiento del Paraguay y no se esforzaron en lo más mínimo en informarse sobre los recursos del Paraguay.  

El magnífico tesoro procedente de Londres, £125.000 en monedas de oro, tocó Buenos Aires hacia finales de mayo de 1873 y llegó a Asunción en junio, durante la segunda fase de las revueltas de Gill, Bareiro y Caballero de 1873-1874, sofocadas por Benigno Ferreira. El dinero se puso a buen recaudo en la cañonera brasilera Princesa. Una vez terminada la revuelta, las cajas de oro fueron llevadas en secreto a las casas de Jovellanos, Ferreira y Soteras, y se emplearon para pagar la represión de los rebeldes. Nadie sabe cuánto de aquel metálico fue a los bolsillos de Jovellanos y sus dos ministros, aunque es acusación corriente que nada llegó al Fisco. De todos modos, cuando llegó la hora de pagar al Brasil una deuda de $67.991 por el ferrocarril en noviembre de 1873, el Paraguay no tenía ese dinero.  

Desafortunadamente para Gregorio Benites, los brasileros le retiraron su apoyo al presidente Jovellanos y colocaron a Juan Bautista Gill en la presidencia. Aun antes de su toma de mando, Gill hizo apresar a Benites y envió dos agentes a Londres, en un vano esfuerzo para descubrir dónde estaban las enormes sumas supuestamente escondidas por Benites. Gill mandó después a Cándido Bareiro para buscar un entendimiento con el Consejo de Tenedores de Bonos Extranjeros. El acuerdo gestionado por Bareiro comprendía la obtención de £150.000 de nuevo capital para la creación del Banco Nacional del Paraguay, que debería tener pleno control sobre las finanzas paraguayas. Afortunadamente para el Paraguay, los inversionistas ingleses habían tenido experiencias demasiado desagradables, así que el acuerdo no se concretó. Finalmente, José Segundo Decoud viajó a Londres en 1885 y resolvió la cuestión mediante un acuerdo complicado que redujo el capital en 50%, hasta la suma de £850.000; autorizó la creación de un banco, dio al Consejo el control del ferrocarril y cedió a los tenedores 2.177.344 acres (500 leguas cuadradas) como pago por la cancelación de la mitad de los bonos. La Anglo Paraguayan Land and Cattle Company, organizada para explotar la concesión de tierra, se creó y recibió los títulos a medida que se completaba el estudio de los terrenos. La compañía llegó a ser una de las grandes empresas del Paraguay. Caído de nuevo en el incumplimiento de la deuda reducida de aquella manera, el Paraguay logró un nuevo acuerdo en 1895 y, para 1910, debía más de £800.000 de los préstamos de 1871 y 1872.  

El Paraguay obtuvo un beneficio insignificante de aquellas aventuras financieras. Los descuentos excesivos, aparentemente justificados por la precaria situación del Paraguay, impusieron al país una carga muy pesada. Mientras que uno puede simpatizar con los crédulos compradores de los bonos, nadie —excepto el más cínico— puede aprobar los manejos de los emisores, aunque los mismos no violaran la ley. Solamente los financistas y algunos políticos corruptos ganaron con los bonos, aunque los tenedores recuperaron eventualmente una buena parte de su inversión a través de las operaciones de la Anglo Paraguayan Land and Cattle Company. Retrospectivamente, uno puede maravillarse de la ineptitud brasilera para aprovechar magníficas oportunidades, pero eso puede explicarse considerando la política interna del Brasil y su rivalidad con la Argentina, que llevó el asunto a un punto muerto. Incapaz de obtener ayuda financiera del Brasil y la Argentina, era comprensible que el Paraguay la buscara en Londres. Si la honestidad hubiera guiado la conducta de las personas involucradas, los préstamos hubieran servido para financiar la reconstrucción del Paraguay después de la desastrosa guerra.

31 de Enero de 2010

Suplemento Cultural del 31 de Enero 2010

Diario ABC COLOR

Publicado por LUIS VERÓN

Fuente digital: http://www.abc.com.py/

 

 

 

LA POBREZA FISCAL Y SUS CAUSAS

CAPÍTULO VII

DILAPIDACIÓN DEL DINERO PROVENIENTE DE LOS EMPRÉSTITOS EXTERNOS

 

Sección A) Generalidades.

"        B)      Breves datos históricos.

"        C)      Empréstito de 1871.

"        D)     Empréstito de 1872.

"        E)      Primeros arreglos de estos dos empréstitos.

 

 

A)     Generalidades. -La Constitución establece en el Artículo 4°., que «el Gobierno provea los gastos de la Nación con los fondos del Tesoro Nacional formado por el producto de los impuestos fiscales, de la venta y locación de tierras públicas, de la renta del Correo y Ferrocarriles, de los empréstitos y operaciones de crédito y demás arbitrios que disponga el Congreso por leyes especiales». Entre estos arbitrios se cuenta el de emitir papel moneda (Art. ?, inciso 5°.).

Estudiaremos el uso que los gobiernos paraguayos hicieron de estos recursos y arbitrios y el destino que dieron a su producido, durante la época de la post-guerra.

Principiaremos pelos empréstitos externos, seguiremos con el patrimonio fiscal o sean los bifes privados del Estado, para concluir con la rentaproducida por los impuestos y los fondos provistos por la emisión del papel moneda.

En este estudio, nos serviremos de los datos suministrados por los escritores nacionales que se han ocupado de esta cuestión: los Drs. Cecilio Báez, César López Moreira y Freire Esteves y D. José Segundo Decoud.

B)      Breves datos históricos. -Antes de la guerra, el Estado no tuvo necesidad de recurrir al crédito externo ni interno, porque los recursos provenientes de los impuestos aduaneros y de las ventas y productos de su patrimonio privado, le sobraban para atender los gastos de la administración del país.

Por ley de 7 de marzo de 1865, en vista de la situación de guerra, se autorizó al Presidente Don Francisco Solano López a contraer un empréstito externo de 25.000.000 $ oro. Por decreto del 15 del mismo mes y año, se autorizó al Sr. Cándido Bareiro, Encargado de Negocios del Paraguay en Francia e Inglaterra, a realizar el mencionado empréstito, hasta 4.000.000 de pesos oro. Pero las gestiones del señor Bareiro, no tuvieron éxito.

Ya hemos visto el estado en que se encontraba el Paraguay al inaugurarse la era Constitucional: 1º de enero de 1871.

Materialmente no era sino un fantasma de país que aparecía tras la hecatombe, hambriento, desnudo, postrado, desmayado. Pero financieramente, su situación no era desesperante y se ofrecía apta para una pronta resurrección económica. No debía un centavo a nadie (las deudas de la guerra vinieron después) y poseía en tierras, yerbales, ferrocarril de Asunción a Paraguarí, edificios, cantidad de manzanas de las más centrales de la Capital, y otros bienes y recursos, más que suficientes para reponerse rápidamente y llenar con holgura todas las necesidades del Gobierno tocante a los gastos de la Nación.

En los primeros años del nuevo gobierno (1869 y 1870), los ingresos fiscales, no dieron para cubrir los gastos públicos, no obstante ser éstos muy reducidos. El pueblo no estaba en condiciones de pagar impuesto alguno y las entradas de la Aduana, único recurso disponible, nada producían, porque los comerciantes extranjeros, entendiéndose con los proveedores aliados, introducían sus mercaderías como destinadas al ejército de ocupación.

El papel moneda emitido durante la guerra, completamente desvalorizado, había desaparecido de la circulación.

El Gobierno provisorio, por decreto del 20 de diciembre de 1869, autorizó la contratación de un empréstito de 2.000.000 de pesos oro, con garantía hipotecaria de todas las propiedades fiscales de la Asunción, incluso el Ferrocarril y comisionó a financiarlo en Buenos Aires al triunviro D. José Díaz de Bedoya.

No tuvo éxito.

Seis meses después, en virtud de otro decreto de fecha 11 de mayo de 1870, autorizó otro empréstito de 500.000 pesos oro, con las mismas garantías que el anterior y comisionó a gestionarlo en Buenos Aires o Montevideo, a Don Salvador Jovellanos. Tampoco tuvo éxito.

Se pensó en buscar ese empréstito en Europa, pero mientras, el Gobierno se vio obligado a recurrir al arbitrio de emergencia más indicado y más socorrido, para salir del apuro: la emisión. Se hizo la primera emisión de papel moneda, poco tiempo después de la jura de la Constitución, en diciembre de 1870.

Esta emisión era de pesos 100.000 (nominalmente oro), convertibles a la vista dentro del año, bajo garantía de fincas valiosas existentes en la Capital (las manzanas que hoy rodean a las plazas Independencia y Uruguaya, las cercanas al puerto, etc.).

Siete meses después, en julio de 1871, se lanzó otra emisión de 300.000 pesos, con garantía del Ferrocarril de Asunción a Paraguarí. Además el Gobierno emitía abundantemente para el pago de sus deudas en plaza, vales de tesorería y órdenes de pago, que, al finalizar el año 1871 ya ascendían a pesos 1.648.301 (nominalmente oro), que fueron consolidados, en títulos llamados de deudas de Crédito Público Nacional.

Al pago de estos bonos se afectó, el producto de las ventas de las propiedades fiscales, pero en realidad, se destinaba a su solventación el producido de un empréstito en Londres, que se estaba ya tramitando, desde los primeros meses de ese año (autorizado por ley del 9 de febrero de 1871) por un millón de ₤ o sea, cinco millones de pesos oro.

C)      Empréstito 1871.- Este primer empréstito fue realizado en Londres, por un millón de libras esterlinas.

Los bonos fueron emitidos en noviembre de 1871, al tipo de cotización del 80% e interés del 8%.

Eran los tipos de colocación más ruinosos que, hasta esa fecha, se habían ofrecido en ese mercado y completamente injustificables, para un país que no debía un centavo a nadie (las deudas de la guerra vinieron después). .

Actuaron en la operación de agente financiero del Paraguay D. Máximo Terrero, ciudadano argentino, emparentado con paraguayos, que eventualmente ejercía el cargo de Cónsul General del Paraguay en Londres y de intermediarios unos contratistas de obras públicas los señores Baring Brothers, quienes se comprometieron a entregar líquido 640.000 ₤, cobrándose por lo tanto una comisión del ¡16%! sobre el total de bonos emitidos.

El Paraguay de entrada perdía el 36% del importe del empréstito, a saber:

20% Cotización del empréstito .................................... ₤ 200.000

16% Comisión a Baring Brothers ................................ ₤160.000

Entregado el resto, o sean las 640.000 ₤ al Sr. Terrero, éste remitió al Paraguay solamente 403.000 ₤, reteniendo el resto en su poder arbitrariamente, y acompañando aquella remesa con la siguiente cuenta de liquidación:

Amortización de la deuda retenida para dos años ........ ₤         40.000

Comisión de Máximo Terrero del 3% sobre 640.000....... ₤       19.200

Remuneración del intermediario Carlos H. Olsen (?)

ley del 12 de marzo de 1876..................................................... ₤       1.500

Sellos ingleses, fletes y seguros ........................................... ₤       4.001:3:6

Comisión por servicio, intereses y amortización (?) ......... ₤       2.000

Pagado por publicación folleto el Paraguay de M. Kaly (?) . ₤       100

Vino remitido por cuenta de Cirilo Antonio Rivarola

(Pte. de la Rpca.) ........................................................................... ₤      53:11:10

Administración de los bienes de Don Francisco

Solano López (!!) ........................................................................... ₤       8.129:18:0

Útiles de imprenta (?) .................................................................. ₤      397:18:8

Gastos de Legación (?) ............................................................... ₤      32:18:4

Otros gastos (?) ............................................................................ ₤      1.504:9:8

En efectivo ...................................................................................... ₤  403.000

Esta cuenta que quedó anotada en los libros de la Contaduría de la Nación, pinta al tal Terrero, como un perfecto sinvergüenza.

¿Qué bienes del Mariscal López, serían los que administraba el Sr. Terrero y por la cual cobraba más de cuarenta mil pesos oro en un año? Y luego ¡pasar cuentas a D. Cirilo Antonio Rivarola, por deudas del Mariscal López!!... era un sarcasmo.

Y los demás gastos que aparecen en la cuenta ¿quién los ordenó o autorizó? Pasemos.

Por ley del 23 de febrero de 1872, se autorizó la inversión del producto líquido del primer empréstito en la siguiente forma:

Para extinguir la deuda interna................................................. $ oro 1.500.000

Para amortizar el papel moneda en circulación .................. $ oro    500.000

Para dar impulso a la agricultura ............................................. $ oro   300.000

Para reparación del ferrocarril .................................................. $ oro   100.000

Para instrucción pública .............................................................. $ oro      50.000

Para obras públicas ...................................................................... $ oro     50.000

Para la fundación del Banco Nacional ...................................... $ oro   500.000

El monto de los gastos autorizados, a imputarse al primer empréstito ascendía pues a tres millones de pesos oro pero el producto líquido del empréstito afectado a su pago apenas alcanzaba a dos millones.

D)     Empréstito 1872. -No siendo así suficiente el dinero obtenido del primer empréstito para llenar los fines que el Gobierno se proponía, se autorizó por ley del 8 de marzo de 1872 un segundo empréstito de 2.000.000 ₤.

El tipo de colocación convenido fue 85% y 8% de interés anual. Aunque parezca increíble, se encomendó la negociación a los mismos Baring Brothers y Máximo Terrero, agregándoseles los banqueros Robinson Fleming y Cía., que resultaron unos ladronazos peores que aquéllos.

De este empréstito no ingresó ni un centavo en arcas fiscales, como se verá enseguida.

El nuevo empréstito fue lanzado en Londres y, según noticias que tenía el Gobierno, colocado íntegramente. Pero los comisionados de Londres, comunicaban no haberse colocado sino medio millón, cuyo producido tampoco remitían y quedaba allí retenido a las resultas de un contrato de colonización, que se había agregado a las condiciones del empréstito, por el cual, los banqueros Robinson Fleming y Cía. debían recibir 10 libras por cada inmigrante inglés que enviasen al Paraguay, para lo cual se ocupaban en reclutar por las calles de Londres cuanto vago, borracho y mal entretenido, ambulasen en esa gran ciudad cosmopolita.

Ante las noticias de tan escandaloso saqueo al país, consumado por Terrero y sus cómplices los banqueros ingleses, el Gobierno resolvió enviar a Don Gregorio Benítez en misión especial, para exigir de Terrero aclaración de las operaciones y rendición de cuentas.

El Sr. Benítez partió para Londres en agosto de 1872 acompañado de su secretario Don José Tomás Sosa. El Presidente Provisional de la República Don Salvador Jovellanos le entregó, del producido del primer empréstito, 3.000 ₤ o sea 15.000 pesos oro, para su viático.

Llegado a Londres, el Sr. Benítez se dio cuenta de todos los escándalos habidos en el asunto. Supo que un millón y medio de libras en bonos del segundo empréstito, estaban retenidos por los mismos banqueros Robinson Fleming y Cía., que especulaban con su alza y baja, según los momentos, bajo la falsedad de haber el mismo gobierno paraguayo, hecho retener esos títulos del mercado pagándolos. Constató la veracidad, del arreglo doloso de Terrero con los banqueros Robinson Fleming y Cía., sobre el beneficio de diez libras esterlinas, que cobrarían de ese empréstito por cada inmigrante inglés que enviaren al Paraguay, y comunicó al Gobierno que iba a proceder judicialmente a desbaratar tan atroz maquinación. (Palabras de su carta).

En efecto, quitó el poder a Don Máximo Terrero y, patrocinado por un abogado judío de nombre León Levi, promovió pleito a los banqueros Robinson y Fleming. El señor Terrero aparecía como insolvente.

El pleito llevaba camino de un resultado completamente favorable para el Gobierno del Paraguay, pero, de la noche a la mañana, de un modo inexplicable, el enviado Benítez cambió de conducta y, en ejercicio de los poderes amplisímos de que estaba investido, celebró con los banqueros Robinson Fleming y Cía., en fecha 12 de marzo de 1873, una transacción la más desastrosa para el país que pudo darse (Freire Esteves, obra citada, pág. 23).

Según esta transacción, se admitía, que, del segundo empréstito se había colocado un millón de ₤, de los cuales correspondían al Paraguay, neto, solo 526.200 ₤, o sea el 52%. Los títulos del millón restante colocado, debían ser devueltos al Paraguay completamente cancelados. Se reconocían todas las cuentas presentadas por Robinson Fleming y Cía., sobre la inversión del saldo de los fondos del primero y segundo empréstitos, incluso su beneficio por los inmigrantes ingleses y las costas del juicio recordado pagaba cada parte las que les correspondían.

Tenemos pues que, en virtud de los empréstitos de 1871 y 1872 el Paraguay emitió bonos por valor de dos millones de libras esterlinas o sean diez millones de pesos oro, de los cuales debió recibir 640.000 ₤ por el primer empréstito y 562.200 por el segundo o sea, en total la suma de libras 1.202.200 = 6.011.000 pesos oro.

El Sr. Benítez despachó enseguida para la Asunción, 125.000 ₤ = 625.000 pesos oro.

Este cargamento llegó a la Asunción en junio de 1873, conducido en dos partidas, una en el vapor «John Elder» y otra en el «Ebro».

Como la llegada de estos cajones de libras esterlinas, coincidió con el estallido de la primera revolución del General Caballero para derrocar el Gobierno de Jovellanos esos cajones fueron depositados en el vapor de guerra brasilero «Princesa».

«De allí, durante la noche, fueron esos cajones desembarcados y llevados ocultamente en diversas partidas, a la casa particular del Presidente Jovellanos y de sus ministros Ferreyra del Interior y Soteras de Hacienda. La Tesorería de la Nación no recibió ni un real, de estos fondos». (José S. Decoud-Folleto titulado: La Historia de una administración).

Quedaba todavía un saldo no entregado, del 1°. y 2°. empréstito de 674.200 ₤ = 3.371.000 pesos oro, descompuesto en esta forma:

Del primer empréstito 237.000 ₤     =1.185.000 $oro

Del segundo empréstito 437.200 ₤ = 2.186.000 $ oro

------------------------- Total                         3.371.000 $ oro

Veamos, cómo se invirtió esta suma, según escritos publicados por la prensa por el mismo Sr. Benítez, recordados por los escritores nacionales que se ocuparon de esta cuestión el Dr. Cecilio Báez y Don José S. Decoud.

A) Retenido por los banqueros Robinson Fleming y Cía. en concepto de pagos al agente financiero del Paraguay, a los negociadores del primero y segundo empréstito, agentes de inmigración y gastos del envío de una colonia de inmigrantes ingleses al Paraguay: ¡¡318.416 ₤ = 1.592.080$ oro!!

Según Freire Esteves, aparecía la cuenta de inmigrantes ingleses en 40.873 ₤ = 204.365 pesos oro.

Vale decir que, a razón de ₤ 10, por cada inmigrante, habían, esos banqueros, enviado 4.000 inmigrantes ingleses:

Cuenta Don Segundo Decoud, que, efectivamente, durante el Gobierno de Jovellanos, llegaron alrededor de cien inmigrantes de la peor especie, a la orden de un capataz llamado Seymour. Abandonados por completo por el Gobierno y por los banqueros de Londres, estos desgraciados estaban a punto de perecer de hambre y de miseria, cuando un comerciante argentino de nombre Segovia, proveedor del ejército aliado, les suministró víveres, sobre giros contra Robinson Fleming y Cía. Esta casa no pagó los giros y la colonia se disolvió, pasando la mayor parte de los colonos a la Argentina. El señor Segovia entabló entonces un pleito contra los señores Robinson Fleming por el importe de aquellos suministros, pero la justicia inglesa falló, exonerando de toda obligación sobre ese asunto a los banqueros y declarando responsable de ello, exclusivamente al Gobierno del Paraguay. Éste reconoció la cuenta y la abonó después.

Tuvo pues el Gobierno que pagar todavía este clavo, con lo cual aquella colonia inglesa mitológica de 4.000 cabezas, le costó alrededor de 300.000 pesos oro.

Sigamos la rendición de cuentas del Sr. Benítez:

B) Cuentas pagadas a los acreedores del Mariscal López, .........161.195 pesos oro.

Curioso: un gobierno de legionarios, pagando las cuentas del Mariscal López, de cuyos bienes había ordenado la confiscación total como primera providencia de gobierno.

C) A Don Ricardo Méndez Gonçalvez por fusiles Chasepot destinados al ejército nacional, ............ 50.000 pesos oro.

Los fusiles Chasepot, que llevaron los franceses en el año 1870 en la guerra franco-alemana, que también se llamaban de aguja, eran en su tiempo (desde el 60 al 70) de los mejores para el arma de infantería, habiendo sido desalojado después de 1870, por el nuevo fusil alemán remington.

En las postrimerías de la guerra del Paraguay, el ejército aliado, particularmente el brasilero, ya tuvo de este fusil.

He llegado a conocer y hasta tratarme de amigo con Don Ricardo Méndez Gonçalvez, caballero portugués de grata memoria, que vino a la guerra como vivandero del ejército brasileño y quedó después en el país, donde, casado con una dama paraguaya, formó una familia bien conocida y, dedicándose al comercio yerbatero, llegó a amasar una de las primeras fortunas de esta República.

Como no me pareciese que don Ricardo Méndez Gonçalvez se hubiese jamás metido en negocios de compra y venta de armas de guerra, consulté con un amigo conocedor de aquellos tiempos sobre esta partida de las cuentas de Don Gregorio Benítez y me dijo mi amigo:

«Puede Ud. tener la completa seguridad que ni Don Gregorio Benítez compró, ni Don Ricardo Méndez Gonçalvez le vendió, fusiles Chasepot, por valor de 50.000 pesos oro».

«Después del año 70, los fusiles de aguja se vendían en Europa al barrer a 100 francos (20 pesos oro). Cada fusil con 1.000 tiros. Al Paraguay jamás han llegado los 2.500 fusiles Chasepot, que importarían los 50.000 pesos

oro de esta partida. Más todavía: el año de 1873, en que aparece pagada esta partida, no disponía la nación del número de los soldados que habían menester de tantos fusiles, fuera de que, lo que sobraba en el país eran armas de todas clases, estando sembrados de ellos la capital y los departamentos cercanos, desde Villeta hasta Paraguarí. El Gobierno del Paraguay estuvo defendido hasta 1874 por el ejército brasilero, al mando del Barón de Yaguarón General

Guimaraes puesto a las órdenes del Ministro del Brasil, que era el verdadero gobierno».

Y así, según mi informante, pudo suceder, que el giro por 50.000 pesos oro sellado, que pagó Benítez, haya sido librado por Don Ricardo Méndez Gonçalvez, pero el dinero ha sido recibido por el Ministro del Brasil, y el General Guimaraes, en pago del sostenimiento del gobierno del Paraguay, contra sus enemigos de adentro Gill, Bareiro y Caballero.

D) Pagado, al abogado, contadores y corredores de la Legación, en el pleito que tuvo el Ministro Benítez, con los banqueros Robinson Fleming y Cía., ...................... 40.000 pesos oro.

En la asignación al abogado aparecía éste con sus honorarios adelantado, hasta el año 1875. Y el pleito había terminado en marzo de 1873.

E) Pagado a tres sabios naturalistas Balanzá (francés) y Twites y Johnston (ingleses) para estudiar el suelo paraguayo, .................. 60.480 pesos oro. Uno de éstos, Balanzá, llegó al Paraguay y aquí vivió el resto de su existencia, donde formó una familia honorable y bien conocida en el país. Fue el introductor en la República de la industria del petit-grain.

De los otros dos sabios no tengo noticias de haber llegado al país.

En cuanto al Sr. Balanzá, se me asegura no haber recibido del Sr. Benítez, sino auxilios pequeños, muy por debajo de los veinte mil y pico de pesos oro, que éste le asignara en la repartición de esta partida.

F) Por anticipo de amortización o intereses de los dos empréstitos, ................... 250.000 pesos oro

El primero ya estaba pagado por dos años hasta 1874, como ya hemos visto.

G) Por gastos de un viaje del Ministro a Roma, ........ 65.405 pesos oro. Según referencias de actores de aquella época, una vez arreglada por Don Gregorio Benítez la cuestión del empréstito, en la forma que queda relacionada, pasó en mayo de 1873, a París donde permaneció hasta fines de julio. De allí pasó a Roma, para llevar a cabo la gestión que le había encomendado el Gobierno, ante el Santo Padre, de arreglar una embrolla, promovida aquí, sobre el gobierno eclesiástico del Paraguay, por el sacerdote italiano fray Fidelis de Avola, capellán del ejército brasilero, en cuya cuestión le salió al encuentro el padre Maíz y cuyos incidentes el lector conocerá de seguro. (Padre Maíz Etapas de mi vida).

Allí permaneció, hasta fines de octubre, sin haber conseguido nada. De allí vino directamente al Paraguay.

Por lo que se ve, el Sr. Benítez pasó como cuenta de gastos de esa misión a razón de 22.000 pesos oro mensuales.

Es fama, que el Sr. Benítez fue el Ministro más rumboso, más paquete, más charro y más mani-roto que había pisado la Corte Pontificia.

Cuentan que el Santo Padre concedió al Sr. Benítez consideraciones especiales y hasta llegó a bautizar en la basílica de San Pedro, personalmente, a un hijo del Ministro Benítez, el finado Don José Wenceslao, escribano muy conocido en la República. Consideraciones por las que el Santo Padre, recibió, según contaban, regalos considerables cartuchos de libras esterlinas sonantes y contantes.

Hasta aquí las cuentas del Sr. Benítez presentadas por él mismo, aparecidas en un diario de Montevideo en 1876.

A esta rendición, falta agregar, según el Sr. Decoud, una partida de 100.000 pesos oro, que el Sr. Benítez pagó sobre un giro de una casa inglesa de Buenos Aires, por orden del Presidente Jovellanos.

Según el historiador Freire Esteves, el Sr. Benítez dijo también haber gastado (pero no aparece en su rendición de cuentas), durante su misión a Europa las siguientes partidas:

Gastos de representación durante un año y pico... $   oro    47.185

Propaganda en los diarios .............................................. $oro    43.000

Gastos varios .................................................................... $  oro    36.195

Total............................................................................. $         oro    126.375

Los que agregados a los 65.405 pesos oro que gastó en la misión a Roma y los 15.000 pesos oro que le entregó antes de su partida el Presidente Jovellanos, hacen que la misión a Europa de Don Gregorio Benítez, desde septiembre de 1872 a noviembre de 1873, costó al país nada más, que en gastos de representación y propaganda, la friolera de: ¡¡ 207.140 pesos oro!! Por supuesto que todas esas partidas no fueron acompañadas de comprobante alguno.

Ahora bien, dando de barato, que todas las partidas, a que alude el Sr. Benítez en su informe sobre los manejos en el exterior, de los fondos provenientes del 1°. y 2°. empréstito fuesen ciertas, siempre quedará completamente en el misterio, el destino del saldo restante, que asciende a la suma colosal de 825.460 pesos oro que jamás llegó al país.

¿Qué se hizo de este caudal enorme? Solo Dios sabe. El Sr. Benítez llevó ese secreto a la tumba. Y en cuanto a él, parece indudable que no lo guardó. En efecto, Don Gregorio Benítez, desde que volvió de Europa en 1873, nunca demostró tener dinero; vivió y murió pobre, no obstante los altos cargos que más tarde, con olvido de su pasado, le volvió a confiar el Gobierno. Y cuando, al poco tiempo de su llegada al país, a principios de 1874, fue su casa allanada por la policía en busca de rastros de esos fondos, nada se encontró digno de atención, a no ser la cantidad extraordinaria de uniformes, tricornios y espadines de lujo, de su vestimenta de diplomático, que atestiguaban el boato con que había desempeñado su cargo en Europa, de Ministro del Paraguay.

Pasemos ahora a ver, en qué invirtieron en el interior del país, los gobernantes del primer período presidencial, las 403.000 ₤ única partida que, de los dos millones de los empréstitos del 71 y 72, según acabamos de ver, ingresaron en la Tesorería de la Nación, en los últimos meses del año de 1871.

Según la ley del Congreso de fecha 9 de febrero de 1872, el producido de los empréstitos contratados en Londres tenía que ser convertido en la forma siguiente:

Extinción de la deuda nacional interna................. $    oro    1.500.000

Amortización del papel moneda ........................... $   oro    500.000

Para dar impulso a la agricultura .......................... $   oro    300.000

Para la reparación del Ferrocarril ......................... $   oro    100.000

Para el fomento de la instrucción pública ............. $   oro    50.000

Fundación de un Banco Nacional ......................... $   oro    500.000

Don José S. Decoud, que fue testigo y actor prominente en la política del país desde 1870 hasta 1890, cuenta cómo se cumplió la ley a que aludimos sobre la forma de inversión de sus tres millones y pico de pesos oro sellado.

 

HABLA EL SR. DECOUD:

«Extinción de la deuda interna.- Esta deuda ascendía poco más o menos, a un millón sesenta y cinco mil pesos oro en 1872»

«No se extinguió sino en una mínima parte».

«Los favoritos del Gobierno compraban órdenes de pago a ínfimo precio y los convertían a oro en Tesorería prontamente».

«Los demás tenedores de créditos de la Nación, acudían al Ministerio inútilmente: no recibían un peso».

«La amortización del papel moneda también se atendió en muy pequeña escala».

«Para la reparación del Ferrocarril de Asunción a Paraguarí se destinaron cien mil pesos oro. No se gastó ni cinco mil».

«Para dar impulso a la agricultura: se acordó comprar diez mil yuntas (20.000) bueyes, arados, porotos y maíz para semillas, cal para construcciones etc.

«Los agricultores no recibieron un centavo de protección».

«Se hizo el contrato en Corrientes de la adquisición de los 20.000 bueyes. Pero no se hizo entrega sino de la mitad y no de bueyes sino de novillitos y hacienda de cría, pagados a razón de 7 pesos oro aquéllos y 4 pesos ésta, p por yunta».

«Se compró 80.000 arrobas de maíz y 50.000 arrobas de poroto para repartirlas en la campaña para bastimento y semillas».

«El Gobierno pagó 2 pesos oro la arroba de maíz, siendo así que, en plaza se compraba a dos reales y medio (0.25 céntimos) la arroba».

«Con el poroto pasó igual y el mismo Presidente Jovellanos lucró en estos negocios de maíz y porotos, 150.000 pesos oro».

Para el fomento de la instrucción pública se destinaron 50.000 pesos oro. Esta suma se invirtió, dice el Sr. Decoud, «en hacer traer de Buenos Aires, tres cajones de cartillas y de folletos inútiles, entre los cuales, para mayor escarnio, venían unos libritos que se repartían gratis en las boticas, cuyo título era remedio eficaz para adquirir la virilidad».

«Por aquella partida de basura no se había gastado más de mil pesos oro».

«El Banco Nacional, ni se pensó fundarlo».

Tan escandalosas dilapidaciones dieron lugar a dos revoluciones, levantadas por el General Caballero, como jefe ostensible. La primera en 1873, fracasó, gracias al ejército brasilero. La segunda en los comienzos de 1874, triunfó, gracias a la neutralidad complaciente de la Legación del Brasil, entrando los revolucionarios a compartir el gobierno sobre la base de una conciliación. (Pacto del 12 de febrero 1874).

Como ya dijimos, Benítez llegó a la Asunción, de vuelta de su misión, a Europa, a fines de 1873.

El pueblo deseaba conocer el resultado de sus gestiones. Pero él no dio cuenta de ellas a nadie, ni el Presidente se la pidió. Paseaba tranquilamente por las calles de la ciudad. Pero, cuando triunfó la revolución, el nuevo Ministro de Hacienda Don Juan Bautista Gill, le llamó a rendir cuenta de las inmensas sumas que todavía faltaba entregar, de los empréstitos de Londres del 71 y 72.

El señor Benítez, por toda contestación, se asiló en el Cuartel del ejército brasilero. Reclamado por el Gobierno, fue entregado y puesto a la disposición de la autoridad, siendo alojado en el Departamento de Policía.

Aquí vino el Ministro Gill en persona a exigir a Benítez la entrega de los caudales que faltaban declarar, dónde, o en poder de quién se encontraban, contándose por entonces, que para obligarle a decir la verdad, había empleado Gill hasta los azotes. Pero nada se pudo obtener en limpio del señor Benítez ni de su cuñado D. Eduardo Aramburú, que también fue con él sometido a prisión y tortura, por vía de esa investigación.

 

E) Primer arreglo de los empréstitos de 1871/72. -En el año 1885, la deuda externa completamente abandonada, ascendía ya, en amortización e intereses impagos, a cerca de 3.000.000 ₤ (15.000.000 pesos oro).

La cotización de estos bonos había llegado a bajar en Londres hasta el 7%.

Se comisionó a don José S. Decoud a hacer un arreglo con los tenedores de bonos, por conversión a base de reducción del capital y de los intereses y aceptación del pago de una parte en especies.

El convenio fue firmado en Londres el 4 de diciembre de 1885 y aprobado por ley del 20 de mayo de 1886.

Por este convenio, se fijaba el capital de la deuda de los dos empréstitos del 71 y del 72 en ₤ 1.505.400 de bonos antiguos y más 97.000 ₤ en bonos nuevos para gastos de la conversión. Total ₤ 1.602.000.

El monto de los intereses impagos se fijó en ₤ 1.500.000 redondo. Sin embargo, según un informe del Consejo de Tenedores de bonos extranjeros publicado en 1924, el monto de los intereses impagos de la deuda paraguaya de los empréstitos de 1871 y 1872, el 1 ° de julio de 1886, es decir, siete meses después de la firma del convenio Decoud, era de solo de 1.306.217 ₤ (Dr. López Moreira. - La deuda pública del Paraguay).

Vale decir, que hubo aquí una filtración, en contra del Paraguay, 193.783 ₤

Total de deuda reconocida en bonos viejos y nuevos e intereses atrasados el 4 de diciembre de 1885: libras 3.102.400.

Por ese arreglo, quedó el capital de la deuda reducido a 850.000 ₤, y rebajado el interés en esta forma: 2% durante los primeros cinco años, 3% durante los subsiguientes y en adelante el 4%.

Por intereses atrasados se pagaría en tierras públicas a razón de 3.000 ₤ por legua a elegir de las tierras fiscales. En esta forma cubrió el Gobierno, 1.512.000 ₤ o sea, pesos oro 7.560.000.

Con esta operación la deuda se redujo a poco más o menos el 50 % de su cuantía nominal.

Por esa época se consideró el arreglo ventajosísimo. Se pagó, según se dijo, al Sr. Decoud, por gratificación, 80.000 pesos oro.

Sin embargo, yo lo considero desastroso. Con lo que el Gobierno sacó el primer año de la venta de tierras públicas y yerbales (alrededor de un millón trescientos mil pesos oro), que coincidió justamente con la época del arreglo (1885-1886), el Gobierno pudo, subrepticiamente, haber retirado todos esos bonos del mercado de Londres al 8%, en que se ofrecía en esa época, sin compradores.

Se perdió pues una hermosa oportunidad, que la Providencia brindó al pobre Paraguay, para desquitarse siquiera en parte, de las vergonzosas dilapidaciones de que fue víctima en las negociaciones de esos empréstitos, que vimos hace un momento,

En vista de nuevos atrasos en el servicio de los intereses de la deuda de Londres, el gobierno del General Eguzquiza, celebró el 14 de agosto de 1895, un nuevo arreglo con el representante de los tenedores de bonos de esa deuda, en virtud del cual, se pagarían los atrasos con nuevos bonos y se modificarían los intereses.

En virtud de este nuevo arreglo, aprobado por ley del 16 de noviembre del mismo año, la deuda proveniente de los empréstitos del 71 y 72 quedó fijada en ₤ 1.001.920.

Desde 1896 hasta 1904, el servicio de intereses y amortización de los empréstitos 1871 y 1872 sufrió varias interrupciones.

Por fin, fue objeto de un nuevo arreglo celebrado el 4 de septiembre de 1924, aprobado por ley N°., 721 del 4 de junio de 1925, ampliado por ley 795 del 6 de mayo de 1926, del que hablaremos después.

En la fecha de la celebración del arreglo, el monto de la deuda en capital e intereses atrasados oscilaba alrededor de 994.540 ₤.

Según cálculos hechos por el Dr. César López Moreira, profesor de Economía Política de la Universidad Nacional, en su trabajo sobre la deuda pública del Paraguay, publicado en la Revista de la Universidad en octubre de 1927, los empréstitos de 1871 y 1872, de los cuales, como ya hemos visto, no entraron en arcas fiscales sino 403.000 ₤, costaron al país, hasta el 1 ° de enero de 1927, alrededor de 3.222.059 ₤ o sea, ocho veces más.

En la historia financiera del mundo, no se ha visto escándalo semejante, saqueo igual.

Fuente: INFORTUNIOS DEL PARAGUAY. Por el Dr. TEODOSIO GONZÁLEZ. Ex Senador, Ex Ministro de Estado del Paraguay, Buenos Aires. Talleres Gráficos Argentinos LJ Rosso 1931 (577 páginas)


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