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Historia Política

La Junta Provisional encomienda a Belgrano la conquista del Paraguay - Expedición y Derrota (1810 - 1811)
07/04/2012


EXPEDICIÓN DE BELGRANO

 

         Descontento de los aporteñados del Paraguay provocado por las disposiciones de Velasco. - Honrosa resistencia de éste. - La Junta Provisional encomienda a Belgrano la conquista del Paraguay. - Tentativas de la Junta para prestigiar su causa en esta Provincia. - Belgrano inicia su campaña. - Proclama a los pueblos de Misiones. - Invasión de nuestro territorio. - Plan y medidas de resistencia de Velasco. - Avístanse ambos ejércitos: fuerzas y condiciones de uno y otro.

 

         Poco tiempo después regresó el Gobernador a la ciudad con las escasas armas que encontró en Candelaria y demás pueblos jesuíticos, y continuó sus preparativos guerreros1. Pero muy pronto comenzó a revelarse en algunos el disgusto que estas disposiciones les causaban. Los partidarios de Buenos Aires, los que deseaban la sujeción del Paraguay al dominio de aquella su antigua colonia -y los había, aunque parezca inverosímil-, veían con malos ojos las precauciones que Velasco tomaba contra sus antipatrióticas tendencias. El Congreso del 24 de julio autorizó al Gobernador a formar un ejército para resistir a Portugal, y hasta entonces todas sus medidas iban encaminadas a impedir la invasión porteña2: de ahí que nacieran el descontento y la animosidad en aquellos que creían que la felicidad de la Provincia era incompatible con la separación de Buenos Aires, o que la miraban con pesar por razones menos respetables.

         La historia tiene que agradecer al último gobernador español el que, movido de su ambición o de sus buenos deseos, allanara de este modo el camino de nuestra segregación del resto del antiguo Virreinato. Bondadoso, probo, penetrado de grande respeto por los derechos de la Provincia, siquiera haya sido débil en ocasiones para reprimir los abusos de sus allegados: estos títulos de Velasco a nuestro respeto, no valen nada ante la consideración de que dirigió todos sus pasos a disponernos para resistir las miras absorbentes de Buenos Aires. Acaso puedan sus actos parecer interesados y su mérito disminuir ante un criterio histórico de estoica impasibilidad; desnaturalizó, no hay duda, la letra de las resoluciones del Congreso, aunque parece obedeció fielmente su espíritu; pero con entera sinceridad confesemos también que pesan, y deben y han de pesar siempre muy poco en nuestro ánimo, los ocultos propósitos que le guiaban, si alguno abrigó que no fuera digno de aplauso, al tener en cuenta el hecho para nosotros los paraguayos capitalísimo, de que su oposición a la Junta Provisional, en el terreno de la diplomacia en un principio, en los campos de batalla más tarde, echó los primeros cimientos en que había de asentarse el edificio de la independencia nacional.

         La decisión de no someterse al gobierno de Buenos Aires, era en Velasco firme, y vino a robustecerla un oficio en que el gobernador de Montevideo le daba cuenta de cómo el Virrey Cisneros le advertía que eran arrancadas por la violencia las firmas que puso a las circulares de recomendación para el reconocimiento de la Junta, y exhortaba a las autoridades a sostener con todo tacto los derechos del Rey3. Velasco tuvo entonces un nuevo motivo, aparte los votos del Congreso, para mantenerse en la actitud adoptada y negar a la Junta toda superioridad.

         Vigodet, por otro lado, no dejaba de hostigarle en igual sentido, y lanzó el 13 de noviembre de 1810 una proclama a los paraguayos, con el objeto de alentarlos a perseverar en su resistencia. "La fidelidad de vuestra conducta, les decía, en medio de las agitaciones de la Provincia, y el acierto de las disposiciones de vuestro respetable Gobernador, son el asunto de la admiración de este generoso Pueblo, que os felicita, y aplaude en los transportes de su regocijo. La identidad de sentimientos estrechando los vínculos de fraternidad, y unión entre los havitantes de ambas Provincias, producirá recursos para contener á los rebeldes, restablecer el orden, y desempeñar la más sagrada de las obligaciones del juramento de lealtad al mejor de los Monarcas. Seguid, hijos dignos de la Nación Española, seguid valientes la senda de la virtud para entrar triunfantes al templo de la Gloria. Montevideo, este pueblo benemérito, a quien tengo la suerte de presidir, os auxiliará en vuestros trabajos para participar de vuestra dicha, ó sacrificar con vosotros, el último aliento en las aras de la Patria. Que vea el universo que el valor de los Pueblos Americanos tratando de sostener la causa de la Nación, no es inferior al heroísmo de sus hermanos de la Metrópoli, defendiendo su libertad é independencia; y que la Gloria de vuestro nombre escrito en la lista de los héroes sea el patrimonio más brillante de vuestra descendencia"4.

         La Junta Provisional no parecía, sin embargo, resignada a permitir que tan fácilmente se le escapara la suspirada provincia, después de haber creído tenerla ya segura en sus manos. Ni la enseñó nada el fracaso de Espínola, ni los aprestos de Velasco le parecieron otra cosa que alardes de fuerzas, cuya resistencia merecería muy poca consideración, dado caso que llegase a oponer alguna. Espínola, que ansiaba vengarse de Velasco y acarrearle desazones, al propio tiempo que disminuir la mala impresión producida por su torpeza, convenció a la Junta Provisional de que su causa contaba en el Paraguay con numerosos prosélitos, que, oprimidos y atemorizados por el gobernador y los funcionarios españoles, no osaban manifestar sus ideas con franqueza, como lo harían así que contasen con el apoyo de una expedición armadas. Aviváronse con esto los deseos de la Junta, quien el 24 de setiembre de 1810 extendió al Paraguay los poderes que tenía concedidos a su vocal, el licenciado Don Manuel Belgrano, para operar en la Banda Oriental, con orden de iniciar inmediatamente su campaña en nuestro territorio6.

         Lo mismo la Junta que Belgrano y los escritores argentinos que en esta expedición se ocuparon, han intentado siempre negar su objeto verdadero, que no era otro que la conquista de la Provincia. Decía aquella a la del Paraguay en oficio del 28 de agosto de 1811, que convencida de las pérfidas intenciones de las autoridades españolas, enemigas de los derechos de los pueblos americanos, "consideró de su obligación instruirlos con noticias efectivas del peligro que les amenazaba, convidarlos á unirse con ella y ofrecerles fuerza proporcionada para hacer respetar su voluntad contra los impotentes connatos de la tiranía, que intentaba esclavisarlos. Con este destino se destacaron las Expediciones dirigidas al Perú y á esa Provincia. Nada fue más contrario á las intenciones de este Govierno, q.e hostilizar á los Pueblos; y tubo no pequeña amargura quando el Sor. Vocal Representante D. n Manuel Belgrano expuso que le era inevitable emplear la fuerza para disipar las preocupaciones con que el Gov.or Velasco tenía imbuida á esa Prov.a. El resultado es el mejor comprobante de las sinceras intenciones con que obraba este Govierno... Nada ha distado tanto de las intenciones de esta Capital y Govierno provisional como la ambición de dominar á los demás Pueblos"7.

         Mas no eran, ciertamente, éstos los propósitos de aquella Junta. Bien a las claras los denuncian algunas de las comunicaciones de Belgrano. Véanse, si no, los párrafos siguientes, entresacados de las ya publicadas:

         "Desde que atravesé el Tebicuary no se me ha presentado ni un paraguayo, ni menos los he hallado en sus casas; esto, unido al ningún movimiento hecho hasta ahora á nuestro favor, y antes por el contrario, presentarse en tanto número para oponérsenos, le obliga al ejército de mi mando á decir que su título no debe ser de auxiliador, sino de conquistador del Paraguay"8.

         "VE. se convencerá, en vista de cuanto le he referido, que es de precisión decretar la conquista del Paraguay, para que S.M. el Señor D. Fernando VII no lo pierda"9.

         "Quiera Dios que sea feliz, para que pueda venir con todos y entrar á la conquista de los salvajes paraguayos, que sólo se pueden convencer á fuerza de balas.

         "Cuando menos necesito mil quinientos infantes y quinientos de caballería para la empresa de la conquista del Paraguay…"10.

         "...Recuerdo únicamente que VE... dejaba á mi elección la conquista del Paraguay...

"Con este motivo he conferenciado largamente con Rocamora, y convinimos en que la conquista del Paraguay, si acaso no entra por los partidos que he hecho á Cabañas, es obra muy larga..."11.

         Esto en cuanto atañe a la expedición de Belgrano; y cuanto a la constancia con que los gobiernos de Buenos Aires persiguieron este ideal de someternos a su dominación, y a la poca lealtad de que hicieron gala en sus relaciones con el Paraguay, bueno es tener en cuenta que mientras la Junta argentina escribía en las instrucciones de sus comisionados Belgrano y Echeverría esto que sigue: "6°. Se insinuará con sagacidad y destreza sobre... que la provincia del Paraguay debe quedar sugeta al Gobierno de Buenos Aires, como lo están las Provincias Unidas, por exigirlo así el interés común de todas..."12; declaraba a la Junta Superior Gubernativa: "Si es la voluntad decidida de esa Prov.a, governarse por si, y con independencia del Gov.no provisional, no nos opondremos á ello..."13; y que a la vez de manifestarse de todo en todo conforme con que "cualquier reglamento, forma de gobierno ó constitución que se dispusiese en dicho congreso general (de las Provincias Unidas del Río de la Plata), no deberá obligará esta Provincia (del Paraguay) hasta tanto se ratifique en junta plena y general de sus habitantes y moradores"14, oficiaba a sus ya mencionados representantes en estos términos: "...Si el sentido que arroja especialmente la contestación de la proposición cuarta induce á comprender favorablemente en toda su extensión á los intereses de aquella Provincia, EN EL CONCEPTO DE V.S. NO DEBE SUCEDER ASÍ.

         "El Gobierno del Paraguay, no penetrado aún de los verdaderos intereses que deben dar impulso á sus resoluciones, nos estrecha á la concesión de ventajas, que después de no estar á los alcances de nuestras facultades, son egoísticas e interesadas, aprovechándose aún de las que reportó anteriormente. En su consecuencia, se deja al discernimiento de V.S. el que sin perder de vista los principios adoptados en la instrucción que le confirió la Junta al tiempo de su misión, se maneje en este asunto de un modo diestro y con toda política, teniendo presente los intereses de nuestro territorio y llevando por objeto principalmente el no despertar dudas ni desconfianzas entre los paraguayos..."15. Alguien que no puede ser sospechoso de afección a nuestra causa, el General Mitre, ha dicho de "estas nuevas instrucciones... que por su doblez hacen poco honor al Gobierno ejecutivo"16.

         Al mismo tiempo que decretaba el Gobierno de Buenos Aires someternos por la fuerza, acordaba también el 27 de setiembre enviarnos un comisionado con encargo de ilustrar al pueblo sobre la justicia de su causa. La elección recayó en "Don Juan Fran.co Agüero natural de la Ciudad del Paraguay y residente en esta Capital (Buenos Aires); autorizando en forma competente su persona para que pasando á su Provincia, instruya á sus paisanos del origen, motibo y obgeto de la instalación de esta Junta; les manifieste ser su establecimiento enteramente conforme á los principios de fidelidad a nuestro augusto Monarca el Señor D.n Fernando 7° y el único medio de conservar su amable dominación de estos dominios atacados de mil modos por las intrigas y asechanzas de los Estrangeros: que les refiera el fomento que el País recive con rapidez, el aprecio con que se miran sus naturales, la distinción que se dispensa á la virtud y á el mérito, el respeto que se tributa á las Leyes, y la guerra que se ha declarado á los perversos que antes sofocaban los principios de nuestra felicidad. Que les recomiende las ventajas de nuestra unión, y los males á que el Paraguay quedará expuesto, si continua dividido, pues aislado y sin su comercio sufrirá una ruina sin otro término que caer en la dominación de los portugueses, que se aprovecharán de su indefensión"17.

         Cumpliendo Belgrano las órdenes que se le dieron, emprendió inmediatamente sus operaciones, convencido como la Junta de que hallaría en el Paraguay un fuerte partido porteño, que le ayudase a llevar a feliz término la conquista que le encomendaron18. Acompañaban, en efecto, a Belgrano algunos paraguayos, en quienes tuvieron más fuerza que las naturales inspiraciones del patriotismo, otros menos respetables y dignos sentimientos; pero erró al creer que todos pensarían y obrarían de semejante vituperable manera, inmolando sacratísimos deberes en aras de sus pasiones y concupiscencias. El mismo Belgrano confiesa que en tanto que muchos de sus soldados desertaban19, ningún paraguayo abandonó su puesto para engrosar las filas de los invasores20. Los únicos que en el ejército de Buenos Aires se contaban, habían entrado con él en nuestro territorio, y era su número, para honra nuestra y mayor mengua suya, bien pequeño: Don José y D. Ramón de Espínola, hijos del Coronel y edecanes de Belgrano21, el intendente de ejército D. José Alberto de Cálcena y Echeverría 22, D. José Ildefonso Machain23, etc.

         A fin de desorientar a las fuerzas, que creía iban a oponérsele en el Paraná, ordenó Belgrano desde Curuzú-Cuatiá al gobernador de Corrientes, D. Elías Galván, que le situara 300 milicianos en el Paso del Rey o de Itaty, cercano a la confluencia con el Paraguay24. Y ya más adelante, para estimular el entusiasmo de que a sus imaginarios adeptos creía poseídos, dirigió el 29 de noviembre de 1810 un manifiesto a los naturales de Misiones, declarándoles su propósito de libertarlos del despotismo "de los que han tratado únicamente, les dice, de enriquecerse á costa de vuestros sudores y aún de vuestra propia sangre... Pedid lo que quisiéredes, manifestándome vuestro estado, y sin perder instantes contraeré mi atención á protejeros y favoreceros, conforme á las intenciones de la Excma. Junta; pero guardáos de faltar al respeto debido á sus justos y arreglados mandatos y de contribuir á las sugestiones de los enemigos de la Patria y del Rey, pues así como trabajaré por vuestra utilidad y provecho, si cumpliereis con vuestras obligaciones, del mismo modo descargaré la espada de la justicia sobre vosotros, si, olvidados de lo que debéis á la Patria, al Rey y á vosotros mismos, siguiereis las huellas de esos Mandatarios que sólo tratan de la ruina de estos fieles y leales dominios del amado Femando séptimo y de cuantos hemos tenido la fortuna de nacer en ellos"25. Esta medida política fue completada más tarde con la publicación de un reglamento para el gobierno de aquellos antiguos pueblos jesuíticos, expedido a 30 de diciembre de 1810 desde el cuartel general de Tacuary26.

         El 4 de diciembre llegó a Belgrano con su tropa, constante ya de más de mil plazas, a la costa del Paraná, frente a la isla de Apipé27, de donde se proponía pasar a San Cosme, proyecto que abandonó por carecer de embarcaciones en que atravesar el río28. Encaminóse, pues, a la estancia de Santa María de la Candelaria con el propósito de arbitrar allí los medios de transporte, y hallándose en este punto, sin dar de mano a sus preparativos, deseoso de evitarse la enérgica resistencia que temía encontrar, tomó el acuerdo de apelar, antes de requerir la espada, a los medios pacíficos, para ver de conseguir sus propósitos. Atraíale más la diplomacia que no el ejercicio de las armas, y a fe que era su preferencia justificada, porque la duplicidad de sus manejos le daba en aquel terreno inmensa ventaja sobre los sencillos y leales paraguayos. Dirigióse, pues, el 6 de diciembre al Gobernador, al Obispo y al Cabildo de la Asunción, invocando su patriotismo para evitar la lucha por medio de la subordinación a Buenos Aires30, y el mismo día escribió al Comandante Pablo Thompson y a los otros jefes de los nuestros en la opuesta orilla, incitándolos a no resistirle: "traigo la paz, la unión, la amistad en mis manos para los que me reciban como deben; del mismo modo traigo la guerra y la desolación para los que no aceptaren aquellos bienes"31. Terminaba pidiendo una suspensión de armas mientras se recibía la respuesta de la capital.

         Ofreciese a llevar los primeros pliegos su secretario, el teniente coronel D. Ignacio Warnes, "por el conocimiento y atenciones que había debido á su casa el expresado gobernador Velasco"32. Mas las autoridades paraguayas con quien topó se condujeron con él de muy reprobable manera. El capitán D. Fulgencio Yegros, comandante de las partidas de observación de la derecha, le arrestó, según parece, valiéndose de una felonía injustificable, y despojóle de cuanto llevaba 33; y aunque Velasco hubiera deseado reparar el atropello, no pudo impedir que Warnes fuera conducido bajo custodia a la capital y después enviado a Montevideo con otros prisioneros 34. Thompson, el comandante de las partidas de la izquierda, recibió al otro emisario con todo género de precauciones y se apresuró a hacerle regresar, enviando a Velasco los papeles de que había sido portador35.

         Belgrano había entrado en el pueblo de Candelaria sin ninguna oposición el 15 de diciembre36. El armisticio que había pedido existía de hecho, pues como aquellas tropas paraguayas tenían orden de no atacar y sí la de ir replegándose al núcleo principal de nuestro ejército a medida que avanzara el enemigo, mas sin perderle de vista nunca, de manera que Velasco pudiese conocer siempre todos los movimientos de los invasores37, no podía haber ruptura de hostilidades, como no las iniciase Belgrano. Pasáronse, pues, varios días de esta suerte, hasta que a consecuencia de una incursión que hicieron los nuestros el 12 de diciembre en el territorio ocupado por el conquistador argentino, éste abandonó sus negociaciones diplomáticas, y el 1738 declaró que "iba á pasar el Paraná, y que el europeo que tomase con las armas en la mano ó fuera de sus hogares, sería inmediatamente arcabuceado, como lo sería igualmente el natural del Paraguay ó de cualquier otro país que hiciese fuego sobre las tropas de su mando".39 Así lo había dispuesto la Junta, cuyas instrucciones cumplía Belgrano puntualmente, mandando fusilar a los que cayeron en su poder, mientras los "salvajes paraguayos" trataban humanamente a los prisioneros enemigos40.

         Por su parte, el 18 expidió Velasco un bando, que denunciaba su firme propósito de rechazar con la fuerza la invasión porteña: "Todos sabéis, decía, que entre las Tropas de la desgraciada Ciudad de Buenos Ayres, vienen varios hijos espurios de esta Provincia. ¿Qué fundamentos tiene esa Junta turbulenta para deducir que sus honrados parientes y paisanos habrán de seguir sus detestables ideas? Ellos son los primeros que vengarán la injuria que se les hace dando una prueba al Mundo entero de los fieles sentimientos que les animan. Sabed mas, esa cábala de facciosos en sus sesiones sanguinarias ha resuelto y maquinado el asesinato de vuestro Gobernador. ¿Acaso porque Yo dejara de existir se acabaría vuestra fidelidad? ¿Faltaría un caudillo que os condujera á la victoria y exterminara á ese conjunto de salteadores, que invocan á nuestro desgraciado Rey D.n Fernando séptimo, y atacan infamemente sus Derechos, y los de sus fieles vasallos?... Moriré con gusto en medio de vosotros, y tendré la gloria de acabar mis cansados días al frente de una Provincia heroica y de unos súbditos amables, en cuya defensa me parece un corto sacrificio el de mi vida".41

         El mismo día que en la Asunción se promulgaba este bando, tomaba Belgrano sus disposiciones para vadear el Paraná. El 19, a las tres y media de la mañana, empezó el pasaje del ejército argentino, y al alba estaba colocada su mayor parte en la banda opuesta42. Cumpliendo la orden de no resistir, dada por el gobernador, la corta partida de 13 hombres situada en el Campichuelo llamado de Candelaria, al mando del capitán de urbanos Domingo Soriano del Monje, cedió después de disparar algunos tiros de cañón, y Thompson, que estaba con 40 soldados en Itapúa, abandonó su puesto sin combate aquel mismo día.43

         De Candelaria salió Belgrano embarcado el 20, y a las seis de la tarde, después de un viaje de poco más de dos horas, llegó a Itapúa44. Ilusionado con la falta de resistencia, creyese ya dueño de todo el país. A los pocos pasos dados hasta entonces, atribuyó excepcional y capitalísima importancia: eran los primeros de su carrera militar45, y la aparente felicidad con que los dio le sedujo, y no le permitió ver, detrás de aquella pacífica ocupación de posiciones desamparadas, los desastres de Paraguarí y Tacuary. "Las fuerzas paraguayas que guarnecían el Paraná desde Ñeembucú hasta Itapúa, eran simples divisiones de observación. El general de los paraguayos era un militar bastante entendido para cometer el error de pretender cerrar con tropas bisoñas la barrera del Paraná, exponiéndose por la larga línea que tenía que abrazar, o á ser batido en detall, o á tener que combatir en un campo elegido por el enemigo... Él comprendió desde luego que cuanto más se internase el ejército patriota (quiso decir el autor porteño) y más se alejara de su base de operaciones, mayores serían las dificultades que tendría que vencer y más desastrosa sería su retirada ó su derrota... La línea natural de operaciones del ejército paraguayo era el Tebicuary-Guazú, y ésta fue precisamente la que meditó ocupar el gobernador Velasco; pero careciendo de medios de transporte para ello, reconcentró su defensa, y se situó en el punto llamado Paraguarí, antiguo colegio de los jesuitas, á diez y ocho leguas de la Asunción"46.

         En su alucinación, no pudo Belgrano hacerse cargo de este sabio plan de resistencia. Parecióle llano el camino y le siguió, confiado, más que por valor, por ignorancia, y sin reflexionar en lo que le esperaba después. La guardia del Tebicuary huyó en cuanto se aproximó la primera división del ejército de Buenos Aires, mandada por Machaín, que atravesó el río el 5 de diciembre, y el 7 estaba Belgrano con la segunda a tres leguas del paso47. Las poblaciones que iba dejando atrás estaban desiertas, y el enemigo no aparecía por ningún lado48. Había llegado a Itaipá, a veintisiete leguas de la Asunción, el 11 de enero, y aún ignoraba la situación de Velasco, mientras éste conocía todos los movimientos de los porteños49. Así fue para aquel una sorpresa el enterarse, a la tarde del 15, de que sólo se hallaba a dos leguas del campamento paraguayo. Apresuró su marcha y se adelantó con su escolta en la extensa llanura que llega hasta el Yuquerí. A dos millas de distancia, en el cerro Mbaey ó Rombado, cerro Porteño hoy día, se colocó Belgrano, y desde él pudo divisar, legua y media más adelante, a nuestro ejército, que le aguardaba en confusa aglomeración, pero alentado del fogoso entusiasmo que le infundía la santidad de su causa. Los soldados de Buenos Aires establecieron en el Rombado su campamento, esperando la hora de entrar en batalla50.

         Grande desproporción existía en el número de ambos combatientes51. Pero los hombres de Belgrano eran de tropa escogida, disciplinada, habituada ya al olor de la pólvora; tenían oficialidad numerosa y selecta52; traían armamento abundante y bueno; venían animados por la felicidad con que hasta entonces marchaba la campaña, en tanto que los 6.000 soldados de Velasco, de los cuales 2.000 eran voluntarios y casi todos novicios reclutados apresuradamente, carecían por completo de educación militar y habían sido pertrechados con el escasísimo y viejo armamento que se consiguió recoger aquí y allá, sin que en este particular, ni en el de la disciplina, pudieran ser comparados con las fuerzas de Buenos Aires53. No lo ignoraba Belgrano: "no son en su mayor parte sino bultos, decía de los paraguayos; los más no han oído aún el silbido de una bala".54

 

 

 

NOTAS

 

1Descripc. Prov. Parag., pág. 42

2Descripc. Prov. Parag., págs. 42 y 43.

3MS. del Archivo Nacional: nota de Velasco al Venerable Deán y Cabildo Eclesiástico en 10 de octubre de 1810, notificándolos de esta comunicación.

4En mi Colección figura un ejemplar, impreso en hoja suelta en aquella época, de este manifiesto, encabezado así: Proclama. El Gobernador de Montevideo á los havitantes del Paraguay. A él me refiero.

5Descripc. Prov. Parag., pág. 43; Memoria de Belgrano, ya citada, en la Descripc. Prov. Parag., pág. 85; Nota del argentino General Paz a la Memoria anterior, en la misma, pág. 95; Mitre, ob. cit., tomo I, pág. 352.

6Mitre. Historia de Belgrano, tomo I, pág. 351. La resolución de enviar un ejército al Paraguay había sido adoptada en el mes de agosto, según refiere Belgrano en su Memoria (17 de marzo de 1814), publicada en la Descripción de la Provincia del Paraguay (véase pág. 85).

7MS. del Archivo Nacional.

8Oficio del 16 de diciembre de 1811, copiado por Mitre, ob. cit., tomo I, pág. 373. No puede haberse pronunciado más honrosa apología de los paraguayos que la contenida en las palabras transcriptas.

9Oficio a la Junta, datado el 24 de enero de 1811. Está reproducido en la Descrip. (V pág. 70).

10Carta confidencial del 31 de enero al Presidente de la Junta (V. la Descripc., págs. 79 y 80, y Mitre, ob. cit., tomo 1, págs. 582 y 583).

11Oficio del 14 de marzo a la Junta. Descripc., págs. 83 y 84, y Mitre, ob. cit., tomo I, págs. 593 y 596.

12Instrucciones que deberá observar el Representante de este Superior Gobierno con la Asunción del Paraguay. V. Descripc., pág. 97; Mitre, ob. cit., tomo II, pág. 689.

13MS. del Archivo Nacional; El Paraguayo Independiente, tomo I, pág. 12; Poucel, Le Paraguay Moderne, pág. 85.

14  El Parag. Indep., tomo I, pág. 10. Ésta es la cuarta de las condiciones exigidas por la Junta Superior Gubernativa en su oficio celebérrimo del 20 de julio de 1811. Después de mucha resistencia, el triunvirato argentino se decidió a declarar: "Este gobierno ha considerado las cuatro proposiciones de V.S. como resultado de un libre y justo discernimiento de los derechos de los pueblos, Y CREE QUE JAMÁS DEBE DUDARSE DE LOS PRINCIPIOS UNIVERSALES QUE FUNDAN LA CUARTA PROPOSICIÓN..." (Oficio del 1°. de octubre de 1811, inserto en la Descripc. Prov. Parag., pág. 98).

15Oficio reservado del 1° de octubre de 1811, en Mitre, ob. cit., tomo II, pág.23, y en la Descripc. Prov. Parag., pág. 97.

16Ob. cit., tomo II, pág. 24

17MS. del Archivo del Gobierno de Buenos Aires. Puede además verse el Registro Nacional Argentino, que lo publica en el tomo I, pág. 75.

18Véase su Memoria en la Descripc., pág. 85.

19Memoria de Belgrano ya citada (Descripc. Prov. Parag., págs. 87 y 91).

20Mem. (Descripción, pág. 92), y oficio cit. Mitre.

21Cítalos Belgrano en su Memoria y en varias comunicaciones oficiales con reiteración. En la carta confidencial dirigida al Presidente de la Junta Provisional desde Santa Rosa a 31 de enero de 1811, dice así: "el gobierno debe mirar á Espínola y los suyos como á sus hijos predilectos, que han perdido todo por la patria: se agrega á esto que don José ha hecho servicios muy particulares" (Descripc., pág. 80; Mitre, ob. cit., tomo I, pág. 584). Véase también El Parag. Indep., tomo II, pág. 515, nota.

         El Coronel Espínola había muerto ya, cuando salió de Buenos Aires la expedición que tanto fomentó con sus falaces promesas. Así al menos lo cuentan Somellera (nota a Rengger, pág. 189), la Descripción de la Provincia del Paraguay (pág. 40), Zinny (Historia de los gobernantes del Paraguay, pág. 223), etc. El Paraguayo Independiente, cuya autoridad sería sin duda alguna decisiva, no es explícito en este respecto, y se contrae a decir del Coronel que "en junio de 1810 hizo fuga precipitada de esta ciudad para Buenos Aires, y allá murió: sus hijos José y Ramón acompañaron á Belgrano..." (loc. cit.). Y bien pudiera ser que Espínola, aunque no viniese con los invasores, no hubiera muerto tan pronto como se dice. Inspírame esta duda un expediente que existe en nuestro Archivo Nacional, del cual consta que "D. José Espínola" estaba en 1812 en el Paraguay, y fue obligado a devolver 69 cabezas de ganado vacuna, que llevó indebidamente de la estancia fiscal de San Antonio. En el expediente consta la firma de este D. José Espínola, que no presenta diferencia con los que del Coronel he visto en muchos documentos.

         Dato que puede contribuir a esclarecer el punto dudoso: el Espínola de 1812 tenía un cuñado de nombre Vicente Roa, a quien dio su representación.

21Belgrano pidió a la Junta que le enviase a Echeverría, de cuyo supuesto prestigio en el Paraguay esperaba sacar gran partido (MS. del Arch. Gobno. Buenos Aires); pero no le sirvió de nada en este respecto. En Curuzú-Cuatiá le nombró intendente. (Mem. Cit., en la Descripc., pág. 87).

22Machaín era sobrino de Echeverría (Descripc., pág. 45; Carranza, nota a la Descripc., pág. 43). Incorporóse a Belgrano en San Nicolás de los Arroyos, como sargento mayor del regimiento de caballería de la Patria, destinado al Paraguay, y aquel le nombró su mayor general (Mem., en la Descripc., pág. 86), carácter en que concurrió a la campaña hasta caer prisionero en Tacuary.

         Con un ensañamiento cruelísimo se complace Belgrano en negar a su segundo todo género de buenas cualidades. Véase lo que de él nos dejó escrito:

         "He sido desgraciado en tener un Mayor General enteramente ignorante de la facultad, y no sé si me atreva á decir cobarde, y oficiales y soldados con la última calidad en abundancia...

         "Seguramente hubiera sido realizado, si el Mayor General, á quien mandé á contenerlo, no se hubiera emboscado del modo más ridículo y puesto á las tropas que llevaba en disposición de ser tomadas" (Oficio dirigido a la Junta desde Candelaria a 15 de marzo de 1811: Descripc., pág. 85; Mitre, ob. cit., tomo I, págs. 597 y 598).

         Carranza (nota de la Descripc., pág. 44) opina que estas censuras son hijas de un momento de despecho. No debe de ser, sin embargo, cierta la suposición, cuando tiempo después, el 17 de marzo de 1814, seguía juzgándole de la poco benigna manera que revelan estos párrafos que siguen:

         "También fui engañado en el parte con referencia al mayor general y sus ayudantes, como el resto de oficiales, que nada hicieron, los unos porque se quedaron dentro del bosque, y los otros porque se extraviaron...

         "...Un cobarde... dice: ¡que nos cortan! Esto solo bastó para que sin mayor examen el mayor general tocase retirada, no se acordase de la gente que había mandado avanzar y se pusiese en marcha hacia nuestro campamento, abandonando cuanto se había ganado...

         "Sea que hubo cobardía de nuestra parte, ó sea que el mayor general no se animó, ello es que no cumplió mi orden, y regresó nuestra tropa al campamento sin haber hecho nada de provecho.

         "...En su semblante vi el terror, y no menos observé que lo había infundido á todos los oficiales, comenzando por el mayor general" (Mem. en la Descripc., págs. 91, 93 y 94). Y cuenta que la Memoria termina en vísperas de Tacuary. Cómo hubiera salido parado el segundo de Belgrano del relato de esta acción, se colige por los juicios transcriptos en primer término, posteriores al 9 de marzo.

         No debió de merecer el mayor Machaín opinión mucho más favorable a sus oficiales, que únicamente obedecían sus órdenes cuando lo tenían a bien. El mismo Belgrano y el P. Arboleya, capellán del ejército porteño, nos refieren algunos actos de gravísima insubordinación contra el mayor general, que hubo de soportarlos, y quedaron sin castigo. (Descripc., págs. 70 y 90). Finalmente, el general Paz se maravilla de la docilidad y mansedumbre de carácter de Machaín (Descripc., 96).

         Respecto de las opiniones de Belgrano, debe advertirse que quien juzgue de sus compañeros de armas del Paraguay por lo que de ellos dice, ha de creer que el general en jefe fue el único valiente, siquier no lo haya demostrado mucho en Paraguarí, al manifestar tanto apego á sus carretas y arraigarse en ellas, cosa que ya chocó á Paz (Descripc., pág. 96). He aquí lo que pensaba de sus oficiales: "tienen sus ideas muy ajenas á la carrera, y el honor y el patriotismo no lo conocen" (Oficio del 15 de marzo de 1811: Mitre, ob. cit., tomo I, pág. 598; Descripc., pág. 85).

24Memoria de Belgrano, en la Descripción, pág. 87. Mitre, ob. cit., tomo I, pág. 358, opina que la orden a Galván fue dada el 20 de diciembre; pero esta aseveración improbada no puede subsistir contra el expreso testimonio contrario del primero.

25El Paraguayo Independiente, tomo II, pág. 124. "Se ha querido, se lee en seguida (pág. 125), reservar á la historia la fecha y lugar do fue escrito ese malhadado papel; pero entendemos que ha sido en Candelaria el 29 de noviembre de 1810, siendo esta data la de su recibo original, diligenciado en aquel punto con la expresión de Por recibido en este día... ". Han incurrido, pues, en error, el General Mitre, al decir (Hist. Belgrano, tomo I, pág. 358) que esta proclama es posterior al 4 de diciembre y aún al 20, y Washburn al copiarle (Historia del Paraguay, en la Revista del Paraguay, año I, núm. 11, pág. 487).

26Puede verse este Reglamento en la Descripc., pág. 81, y en Mitre, ob. cit., tomo I, pág. 586.

27Mitre, ob. cit., tomo I, págs. 357 y 358; Washburn, Historia del Paraguay (Véase año I, núm. 11, pág. 487 de la Rev. Parag.).

28Mem., en la Descripc., pág. 88.

29Mem., loc. cit.

30Mitre, ob. cit., tomo I, pág. 363; Washbum, ob. cit. (Rev. Parag., pág. 488); Memoria de Belgrano (Descripc., pág. 88).

31Mitre, loc. cit.; Washburn (pág. 489).

32Mem., en la Descripc., pág. 88

33Mem. Belg. en la Descripc., pág. 88, y nota del general Paz; parte oficial de Velasco sobre la batalla de Paraguarí (Descripc., pág. 74); Somellera, nota a Rennger, ed. Buenos Aires, 1883, pág. 195, nota; Destripe. Prov. Parag., pág. 47: "Yo vi, dice Belgrano, su sable y cinturón en don Fulgencio Yegros... después de la acción del Tacuary".

         En el Libro Mayor de la R.1 Caxa del Paraguay... para la Cuenta del año de 1811 (Arch. Nac.), se lee, entre los "Gastos ordinarios y extraordinarios de Guerra", esta partida en pesos y reales:

Enero 8. Entregados al ofiz.1 de guardia del Quartel D.n Fran.co Díaz y Ferrer

p.a entregar al oficial D.n Ign.Warnes por igual cant.d que le decomisaron

al tiempo que lo prendieron ........... 92.5 1/2

34Somellera y Paz, notas citadas. Véase también del último la de la página siguiente de la Descripc. - Mitre, ob. cit., tomo I, pág. 363.

35Parte oficial de Velasco sobre la batalla de Paraguarí, loc. cit., y proclama de "El Gov.or del Paraguay á sus Habitantes", fecha en 18 de diciembre. (MS. del Arch. Nac.). Este último documento dice: "el intrépido Xefe de la Expedición á la Ciudad de Corrientes, les ha dado una prueba de que no los tememos y los valerosos Comandantes de las Partidas del Paraná D.n Fulgencio Yegros y D.n Pablo Thompson han recibido á los Emisarios de los rebeldes de la manera más propia para convencerlos, que aquí no tiene lugar la intriga y la falasía, únicos medios con que han pensado suplir la debilidad de sus fuerzas". Véase además a Mitre, ob. cit., tomo I, págs. 363 y 364.

36Memoria de Belgrano en la Descripc., pág. 89.

37Parte ya citado de Velasco (Descripc., pág. 74).

38Belgrano, en su Memoria, dice expresamente que esta notificación fue hecha el 18 (Descripc., pág. 89) y Mitre le rectifica "con presencia del oficio original, en que da cuenta de ello al Gobierno y que existe en el Archivo General" (Ob. cit., tomo I, pág. 364, nota). El error de un día en que cayó aquel se extiende al de ciertas experiencias de tiro de cañón desde la banda izquierda, que da como efectuadas en la tarde del 19 (loc. cit.), con el propósito de amedrentar a los soldados paraguayos de la derecha.

39Parte de Belgrano a la Junta desde Candelaria, en la Descripc., pág. 66; Mitre, ob. cit., tomo I, pág. 364; Washburn, loc. cit.

40Oficio de Belgrano a 7 de enero de 1811 (Descripc., pág. 68) y su Memoria (pág. 87); Mitre, ob. cit., tomo I, pág. 369; Washbum, ob. cit. (Rev. Parag., pág. 490).

41MS. Arch. Nac.: el Gobernador del Paraguay a sus habitantes. Centurión, Reminiscencias históricas, tomo I, pág. 12, lo reproduce íntegramente.

42Parte de Belgrano a la Junta desde Candelaria (Descripc., pág. 67); Mem. cit. (Id., pág. 90); parte de Velasco ya cit. (Id., pág. 74). El parte de Belgrano aquí mencionado aparece en la Descripción con la fecha del 1° de diciembre; pero la verdadera debe ser el 19. En efecto, dase ya en él noticia del pasaje del Paraná, efectuado ese día, y del documento que le sigue (oficio desde Itapúa, del 21) se infiere que aquel es anterior a la retirada de Thompson, que tuvo también lugar el 19.

43Véanse los tres documentos aludidos en la nota anterior.

44Oficio de Belgrano a la Junta desde Itapúa, data del 21 de diciembre.

45Paz, nota de la Mem. de Belgr. (Descripc., pág. 96).

46Mitre, ob. cit., tomo I, pág. 366. También Washburn, ob. Cit. (Rev. Parag., pág. 491); Parte oficial de Velasco a Vigodet, ya mencionado (Descripc., pág. 74).

47Oficio de Belgrano a la Junta en 7 de enero de 1811 (Descripc., pág. 67).

48Memoria de Belgrano (Descripc., pág. 91), y oficio del 11 de enero (pág. 68); Washbum, ob. cit. (Rev. Parag., año I, número 11, pág. 490).

49Oficio del 11 de enero cit. (Descripc., pág. 68); Mitre, ob. cit., tomo I, pág. 370.

50Parte de Velasco cit. (Descripc., pág. 74); Mitre, ob. cit., tomo I, pág. 371); Memoria de Belgrano (Descripc., pág. 92).

51Rindiendo parias a su amor propio, Belgrano, a la vez de exagerar extraordinariamente el efectivo del ejército contrario, sisó no poco del suyo para hacer más notable su heroísmo. En la Memoria tantas veces citada (pág. 92), le hace ascender únicamente a 460 hombres (Descripc., pág. 92); en el oficio que desde el cerro de Mbaey escribió a la Junta el 16 de diciembre, dice así: "he llegado á este punto con poco más de quinientos hombres" (Mitre, ob. cit., tomo I, pág. 372), a los que debe añadirse el contingente de 200 soldados que después se le incorporó (Mitre, ob. y tomo cits., pág. 373); y en el parte de la batalla de Paraguarí cuenta que únicamente las dos columnas de ataque sumaban 460, además de 130 de caballería, destinados a proteger los flancos (Mitre, ídem, pág. 375), 78 con que se dejó estar en las carretas (Mem. en la Descripc., pág. 93), una partida exploradora, y la gente empleada en la custodia del tren, la cual hubo de entrar también en fuego (Mem. en la Descripc., pág. 93). Resulta, pues, que la fuerza de Belgrano pasaba de 700. La Descripción de la Provincia del Paraguay (pág. 44) la hace subir a 1.200.

         Cuanto a Velasco, el general porteño, después de haber escrito a la Junta que tenía, según unos, 5.000, y según otros, 9.000 (Mitre, ob. y tomo citados, pág. 373), dijo en su Memoria (Descripc., pág. 92) que llegaba a 12.000. Somellera, compatriota de Belgrano, y, según confesión propia, culpable de una ignominiosa traición cometida contra Velasco, le atribuye solamente 7.062 hombres (nota al Ensayo Histórico de Rennger, ed. cit., pág. 192). Parécenme más dignos de crédito los testimonios de Velasco (véase Descripc., pág. 74); Demersay (Hist. phys. économ. et polit. du Parag., tomo II, pág. 347); Famin (Provinces Unies del Río de la Plata: Buenos-Ayres, Paraguay, Uruguay, pág. 39), Rennger et Longchamp (Essai hist. sur la révol. du Parag., págs. 2 y 3); el P. Arboleya, capellán del ejército invasor (Descripc., pág. 70); la Descripc. Prov. Parag., y hasta el mismo Belgrano (oficio cit.), quienes fijan el número de esta fuerza en poco más de 6.000 hombres. Y es de advertir que cuanto dice Velasco merece mucho respeto, porque huye de toda exageración: su palabra es la palabra de una persona honrada, exenta de vanidad.

52Belgrano salió de Buenos Aires "con cien hombres, los más oficiales" (Descripc. Prov. Parag., pág. 43).

53 Parte de Velasco al Virrey Elío, fecha del 28 de enero (Descripc., pág. 75); Mitre, ob. cit., tomo I, pág. 375.

54Mitre, ob. cit., tomo I, pág. 372; Mem. Belgr. en la Descripc., pág. 92.

 

 

 

DERROTA DE BELGRANO

 

Ineficaces tentativas de Belgrano para atraerse a los paraguayos. - Situación de nuestro ejército en Paraguarí. - Batalla del 19 de enero: sus peripecias: cobardía de Velasco: victoria alcanzada por los paraguayos: alarma en la capital. – Retirada de Belgrano: es perseguido: fuerte posición, en que se coloca, sobre el Tacuary: batalla del 9 de marzo: sus accidentes: capitulación y retirada de Belgrano: sus incitaciones revolucionarias. - Daños causados a la Provincia por esta expedición.

 

 

         Tres días pasaron en su actitud expectante ambos ejércitos, contemplándose, uno enfrente de otro, sin iniciar ninguno el ataque formal, y ensayando sus fuerzas y entreteniendo sus impaciencias en estériles e insignificantes escaramuzas. Sólo Belgrano intentó aprovechar este tiempo para propiciarse la voluntad de los "nobles, fieles y leales paraguayos", haciéndoles repartir en la noche del 171 una hipócrita proclama, preñada de dulces palabras y de lisonjeras promesas. "Vengo, decía, de representante de la Exma. Junta Provisional Gubernatiba de las Provincias del Río de la Plata q.e á nombre de S.M. el Sor. D. Fernando 7mo rige dhas. Provincias, y de General en Gefe del Exército que á vista de vuestros clamores ha dispuesto p.a livertaros de la opresión en que os tienen y restituiros á vuestros dros. á fin de que logréis la tranquilidad, el sosiego y goze de vuestros bienes y todas las franquicias que muy de antemano os tenía concedidas, arrancándoos todos los impedimentos que hasta aquí os han estorvado adquirir el grado de prosperidad á que por la naturaleza y nuestras sabias leyes estáis dispuestos; pero q.e no han querido q.e obtengáis, á pesar de la voluntad del Rey, los que han estado encargados de vuestro gobierno, p.r haber disfrutado de vuestros sudores con sus comercios y monopolios, y con las intrigas de que se han valido aún sus parientes, amigos y comensales: respirad ya y pedid lo que queráis de útil, de provechoso, de benéfico á vuestra Provincia, y proponedlo q.e p.a todo ello me hallo con facultades"2. Mas queda ya demostrado cuál era el verdadero fin de la expedición: "Belgrano traía orden positiva de aquella Junta, que se había abrogado la superioridad sobre los demás pueblos que componían el virreynato del Río de la Plata, de que vencida la oposición de Velasco, se apoderase del mando de la provincia, la gobernase dependiente del arbitrio de aquella superioridad, como representante de ella, y enviase diez mil hombres á la disposición de aquel gobierno"3.

         He aquí en qué ordenación estaban nuestras tropas distribuidas desde el 15: él centro, situado entre el arroyo de Yuquerí y la capilla de Paraguarí, ocupábalo con 2.000 hombres el coronel del 2° regimiento de milicias regladas de Costa Arriba, D. Pedro García; cubría su flanco izquierdo el teniente coronel del mismo regimiento, D. Manuel Atanasio Cabañas, colocado á la cabeza de 1.000 hombres en la banda norte del mencionado arroyo, y en la del sud estaba, protegiendo el flanco derecho, el comandante de escuadrón, D. Juan Manuel Gamarra. En tal nuevo orden, adoptado en vista del camino que llevaba el enemigo, encontróle éste4.

         Extraña coincidencia: cuando los generales beligerantes se decidieron á poner término á aquella situación, el mismo día adoptaron este acuerdo, la misma hora eligieron para llevarle á cabo y la misma ventaja procuraron conseguir sobre el contrario: la sorpresa. Desvanecidas todas las esperanzas de engrosar su ejército con los desertores del nuestro, y recibido un refuerzo de 200 hombres que esperaba, reunió Belgrano, en la tarde del viernes 18 de diciembre, un cónclave compuesto del mayor general y los capitanes, y consultó con él sobre la conveniencia de acometer a los paraguayos. La conformidad fue unánime, y resuelto el ataque para la madrugada del día siguiente, el vocal de la Junta Provisional proclamó a sus soldados y los distribuyó en dos divisiones, constantes la primera de 220 hombres y dos cañones de a 2, y la segunda de 240 con dos cañones de a 4, quienes debían ser precedidas de una columna exploradora y protegidas en sus flancos por 130 de caballería, mientras 78 hombres y algunos milicianos, con el general a la cabeza y dos piezas de a 4, quedaban guardando las carretas5.

         A hora de las tres de la mañana el mayor general Machaín, que dirigía la empresa, puso su tropa en movimiento. La noche antes Velasco habíalo también todo dispuesto para asaltar a los invasores al amanecer, por manera que se vieron los nuestros en los primeros instantes de su marcha, a las cuatro de la mañana, sorprendidos por las partidas de exploración de los porteños, que inmediatamente iniciaron el fuego. Este tropiezo inesperado causó en el centro de las fuerzas paraguayas, que recibió la arremetida del enemigo, el más desastroso efecto. Velasco, que estaba en él, cediendo a su propio terror o al de los oficiales que le acompañaban, perdió la cabeza, y olvidando las promesas del 18 de diciembre, precedido del mayor general Juan Cuesta, "abandonó su puesto, huyó ignominiosamente, y fue por parajes extraviados a ocultarse en la Cordillera llamada de los Naranjos, de donde no volvió hasta que se le avisó, que los nuestros habían ganado la acción. A su ejemplo se dexa comprehender lo que executarían otros, especialmente sus más adheridos, fatalidad que pudo ocasionar nuestra derrota.... "6.

         Gracias a la confusión que así se produjo, los soldados de Buenos Aires, introduciéndose en el campo paraguayo, vencieron la principal batería nuestra, desbaratando a los que la guardaban, aunque sin capturarles ningún cañón, y llegaron hasta el pueblo de Paraguarí, en donde se apoderaron de los carros de municiones de guerra y de boca, que tenía allí Velasco, y hasta de la escribanía de éste, que la abandonó, al huir, con todos sus papeles7. Mas disipada la primera impresión de sorpresa por el inopinado ataque ocasionado, comienzan los paraguayos a reaccionar: Gamarra y Cabañas, con sus divisiones, envuelven al enemigo y le hacen numerosas bajas; Machaín, poco dueño de sí, procura en vano reorganizar su tropa, ya completamente desmoralizada, y antes precipita, que no retarda la derrota, un auxilio que Belgrano envía a su segundo, pues tomándole por fuerzas nuestras destinadas a cortarle la retirada, Machaín, perdida completamente su serenidad, no puede impedir la fuga de los suyos, porque el terror ha hecho presa en todos. Más de cuatro horas duró el combate, que costó a nuestro ejército treinta y nueve o sesenta y tantas bajas de toda especie, y al argentino 120 prisioneros y 10 muertos, quedados en el campo, aparte de los heridos, salvados en hombros. Entre los prisioneros hallábase un sargento santafesino, Estanislao López, llamado a ser gobernador de la provincia de su nacimiento y a desempeñar importante papel en las luchas civiles argentinas8.

         La principal gloria de la jornada le cupo, en primer término, al comandante de escuadrón D. Juan Manuel Gamarra. Por eso Velasco, a pesar de la parquedad en elogios que se nota en sus partes oficiales, en los cuales no hace especial mención de nadie, cita, sin embargo, a Gamarra, de quien escribe que "mandó bizarramente una división en Paraguari"9, y Cabañas, al pedir refuerzos desde Tacuary para atacar de nuevo a Belgrano, recomienda especialmente al gobernador que se los envíe con Gamarra10. Por eso también el célebre Presbítero Amancio González y Escobar, en el sermón de gracia que predicó en la Iglesia Catedral con motivo de esta victoria, dice... "los dos insignes y valientes héroes, Yegros y Gamarra, movidos de un mismo espíritu y celo, defendieron la provincia del Paraguay del general Belgrano, que quería subrogarla a la sinagoga de Buenos Aires"; y más adelante añade: "el valeroso capitán don Manuel Gamarra acometió intrépido al ejército contrario, lo derrotó y venció, mereciendo por tan célebre triunfo el ilustre epíteto de vencedor y azote de los contrarios".11

         La inesperada cobardía que Velasco mostró en Paraguay fue fatal para su causa12: habíase anunciado a sí mismo en sus proclamas como un héroe, que sólo deseaba se presentara la ocasión oportuna para hacer a sus provincianos el sacrificio de su vida; sus antecedentes militares daban fundamento a la fe con que se acogían estas protestas; el cariño y respeto de que gozaba, constituían alicientes poderosos para procurar no desmerecer en el concepto de los paraguayos; y, sin embargo, llegado aquel instante, fue la pusilanimidad la nota característica de su conducta, y su fuga vergonzosa y el abandono cobarde de su puesto en los momentos de mayor peligro, las hazañas únicas que pudo inscribir en su hoja de servicios.

         Por eso fue tan fecunda en resultados la acción de Paraguarí: no estaban todavía extirpadas las profundas raíces que echaron en la conciencia del pueblo las doctrinas y la revolución de los comuneros; aún recordaba el Paraguay los gloriosos días de su historia y aquellas liberales instituciones, que le fueron arrebatadas en castigo de la novedad y la audacia de sus concepciones políticas; el sentimiento de la independencia renacía con mayores bríos en el corazón de los patriotas, y la victoria de Cerro Porteño exaltó esas ideas, dando a la provincia la medida de sus fuerzas, enalteciéndola a sus propios ojos, con la convicción de que podía realizar sus aspiraciones y sustentarlas con el vigor de sus armas, tan feliz y honrosamente ensayadas, con ser bisoñas e inexpertas y con haberlas faltado en el más difícil trance el ánimo sereno, que las encaminara por el camino más llano a conquistar el triunfo.

         El prestigio que el gobernador pudo conseguir con este motivo, y de que tan necesitado se iba viendo, recayó íntegro en los jefes paraguayos. Así, en el momento trascendental en que la revolución hubiera de operarse, Velasco iba a encontrarse abandonado del único apoyo con que quizá contara, a no existir aquella circunstancia para él desdichadísima: el apoyo del ejército, que le despreciaba por su falta de valor, y respetaba a aquellos jefes en quienes miraba a los salvadores de la patria y a los defensores de sus hogares.

         La capital sufrió también terribles momentos de consternación al saber cómo había empezado la batalla. El mayor general Cuesta, que huyó antes que Velasco, trajo a ella aquel mismo día13 la noticia de que nuestra derrota era total, y comunicada tan fatal nueva por persona a quien su cargo obligaba a no abandonar el campo de la acción sino después de perdida toda esperanza,         "se alarmó la ciudad, y los capitulares se embarcaron, y muchos de los españoles con sus caudales, con intento de pasar a Montevideo"14. "Diez y siete buques se cargaron de familias y propiedades: todo era llanto y congoja; las personas que no podían embarcarse, se internaban en los bosques, y éste fue el método que siguieron las gentes de la campaña, sorprendidas de las primeras noticias, a pesar del lenguaje de Belgrano... "15. El pueblo de la Asunción, mientras tanto, lejos de abatirse ante la inminencia del peligro, invadía el cuartel de armas y municiones, y extraía de él las que hallaba a la mano, preparándose a defender la libertad de su Provincia hasta donde pudiera hacerlo16.

         Belgrano "tuvo ocasión y tiempo de retirarse y retroceder sin oposición ninguna hasta Misiones, porque nuestro Exército, aunque victorioso estaba sin General, y sin Cabeza que tomase disposición alguna"17. A las tres y media de la tarde, a la vista del enemigo, que no pensó en hostilizarlas, emprendieron la marcha las reliquias del ejército invasor18, dirigiéndose al Tebicuary, en cuya línea pensaba Belgrano hacerse fuerte19. Tres días empleó en pasarle, y ya en la otra banda, se le reunieron 150 hombres más y un escuadrón de caballería. Después de dos jornadas de descanso, trasladó su campamento a Santa Rosa, a donde llegó a fines de enero, y de Santa Rosa, la persecución cada vez más activa de los paraguayos, y las noticias recibidas de Buenos Aires, le determinaron a acercarse todavía más al Paraná, atravesando entonces el Aguapey y el Tacuary, en cuya margen del Sud, en posición estratégica ventajosa, que él creía inexpugnable, se estableció con 400 hombres que le quedaban, después de una nueva desgraciadísima distribución que de sus tropas hizo20.

         Entre tanto, Velasco había sido generosamente llamado por sus oficiales y reintegrado en el mando del ejército, sin embargo de haberse mostrado tan indigno de él21. Ofrecíasele de este modo excelente ocasión para lavar la deshonrosa mácula de Paraguarí, yendo en persona contra los fugitivos; pero "lejos de marchar a esta empresa, se retiró al pueblo de Yaguarón, donde se mantuvo entretenido en diversiones..."22, hasta que le llegó la nueva de nuestra segunda victoria. Limitóse, pues, a destacar en persecución de Belgrano la vanguardia de nuestro ejército, al mando del capitán D. Fulgencio Yegros, protegido en su retaguardia por la división de Cabañas23. Sea porque Yegros no se diese mucha prisa, o porque Belgrano pusiera demasiada en su retirada, no pudo aquel divisar a éste sino después de haber ya cruzado el Tebicuary, y entonces resolvió esperar la reunión de Cabañas; y cuando la reunión tuvo lugar, todavía perdieron ambos jefes algunos días en dar descanso a sus soldados, refrescar la caballada y componer el montaje de un cañón, mientras nuestros botes cañoneros, mandados por el comandante D. Ignacio Aguirre, ocupaban el Paraná y cerraban los pasos de Itapúa y Candelaria24. Continuando Cabañas su marcha, llegó también al Tacuary, y al observar las ventajas naturales de la posición del enemigo, no quiso aventurar un ataque de dudoso éxito y pidió refuerzos a Velasco, y que se los enviase con Gamarra. El gobernador vino entonces de la capital a Yaguarón, desde donde el 25 de febrero despachó a Gamarra con 400 hombres, de caballería en su mayor parte, y tres cañones al mando de D. Pascual Urdapilleta, contingente que, gracias a una rápida marcha, pudo incorporarse el 7 de marzo a Cabañas25.

         Belgrano había sabido sacar partido de todos los accidentes del terreno para hacerse más fuerte. Su frente era el arroyo, o mejor dicho, río Tacuary, profundo e impetuoso, y le defendió con cuatro piezas, que barrían completamente con sus fuegos el camino que conducía al vado, el cual camino, por ser estrecho y flanqueado de bosques espesísimos, no dejaba lugar, para que se desplegaran las tropas; antes bien, las obligaba a marchar como por un tubo. Protegía su derecha vasta selva virgen, impenetrable trinchera; a su izquierda tenía un bosquecillo, en que puso en emboscada dos cañones para impedir el acceso de la escuadrilla paraguaya, y a su espalda se extendía una planicie, sembrada de isletas, que constituían otros tantos puntos de apoyo. Cerca del paso se elevaba un montículo, centro de las defensas, llamado desde entonces el Cerrito de los Porteños, lo mismo que el de Paraguarí26.

         Cabañas, el jefe de los nuestros, había comprendido la imposibilidad de vencer, acometiendo sólo por el frente, a un enemigo colocado en tan poderosa posición, y ordenó la apertura de un sendero en el bosque y la construcción de un puente a una o dos leguas más arriba del campamento contrario, obra llevada a cabo en dos jornadas por el comandante general de caballería, D. Luis Caballero, quien murió por consecuencia de las fatigas de este trabajo, hecho en medio de los ardientes calores del verano y sin tomarse punto de reposo. Y esto concluido, el 8 de enero hizo que los botes de fuerza se situaran convenientemente para obrar, y lo dejó todo preparado para el ataque del día siguiente.

         El 9, antes de amanecer, 1.000 hombres, mandados por Cabañas, Gamarra y Yegros y el comandante Urdapilleta, con seis piezas de artillería, pasaron el puente para llevar el ataque por la retaguardia, y al venir el día, una pequeña partida dejada a las órdenes del comandante D. Juan Antonio Caballero en la banda septentrional, frente al campamento enemigo, rompió contra éste, para distraerle, vivo fuego de cañón, que fue con igual energía contestado. Pero Belgrano advirtió pronto el avance de los paraguayos por la espalda, y despachó en su contra, con dos piezas y 150 hombres, al mayor Machaín, que se emboscó en una isleta, en donde después de empeñada resistencia fue tomado prisionero con toda su tropa. Al mismo tiempo avisaron a Belgrano de que cuatro botes con gente armada subían el río para atacar su flanco izquierdo, y entonces envió a rechazarlos al mayor del detall, D. Celestino Vidal, y al capitán de arribeños, Campos, cosa que consiguieron fácilmente, y ocasionando a los nuestros numerosas bajas, mediante la posición ventajosa en que aquellos estaban.

         Para ver de contener al grueso del enemigo, así como supo que éste se había apoderado de la división de Machaín, Belgrano dejó en el campamento 26 milicianos al mando del sargento Raigada, por haber "huido cobardemente los oficiales que estaban á la cabeza de esta tropa"27, y con 235 hombres y cuatro cañones salió en persona al encuentro de los atacantes, después de hacer quemar todos sus papeles; cruzase nutridísimo fuego de fusilería, y como Cabañas intimara a Belgrano la rendición, contestéle, dice éste, "que las armas de S.M. el Sr. D. Fernando VII no se rinden en nuestras manos, y que avanzase cuando gustase". Y avanzaron, en efecto, los paraguayos en tal manera, que Belgrano optó por volverse atrás, y haciendo replegarse al cerrito a sus soldados, envió a su intendente Echeverría a solicitar una capitulación, prometiendo repasar inmediatamente el Paraná con su ejército y no volver a molestar a esta Provincia. Consultó Cabañas el caso con Velasco, que le autorizó a otorgársela, como lo hizo, imponiéndole la cláusula de que al día siguiente se pusiera en marcha; entraron así en relaciones los oficiales paraguayos y argentinos, y éstos aprovecharon la oportunidad para inclinar el ánimo de aquellos en el sentido de una revolución, que privase de todo poder al gobernador, semilla que fue a unirse a la que ya estaba germinando en el Paraguay.

         La batalla de Tacuary costó a Belgrano considerable número de muertos y heridos y 130 prisioneros, entre ellos el mayor general y seis oficiales, y a nuestro ejército 16 heridos y 14 muertos, entre los cuales se contaba el comandante de caballería, D. Gervasio Acosta, que cayó heroicamente al pie de los cañones enemigos28.

         La capitulación fue un acto honroso para los vencidos, que hicieron con el valor respetable su desgracia, y lo fue también para los vencedores, que con noble generosidad la concedieron. Véase lo que acerca de ella dice un ilustre guerrero argentino: "Efectivamente, no debió escapar ninguno, ni el general mismo. Los paraguayos, á quienes las ideas de libertad é independencia habían penetrado algo; que, por otra parte, no estaban enconados con el ejército, porque no había cometido desórdenes, no quisieron un triunfo completo y otorgaron una capitulación, que no podían esperar los vencidos".29

         Quiso Cabañas conocer las proposiciones que Belgrano le ofreció, para que sirvieran de base a una sólida unión del Paraguay y las Provincias del Río de la Plata, y Belgrano se las sometió el 10 de marzo en ocho artículos. He aquí los más importantes:          "3a. Elegido el diputado (para el Congreso de que ya se habló), deberá la ciudad de la Asunción formar su Junta de Gobierno, según previene el reglamento de 10 de febrero último, que acompañó en la Gaceta de Buenos Aires del 14, siendo su presidente el gobernador D. Bernardo Velasco;

         "5a. Pido que no se siga perjuicio alguno a las familias de esta provincia, que siendo de la causa sagrada de la patria y del amado Fernando VII, se han constituido a vivir con el ejército auxiliador de mi mando, ni se les tenga en menos;

         "7a. En atención a que cesan ya todas las hostilidades, pido a usted se ponga en libertad a mi oficial parlamentario D. Ignacio Warnes;

         "8a. Que igual favor merezcan todos los prisioneros que se hallan en Borbón y demás presidios por haber sido de la causa de la Excelentísima Junta de las Provincias del Río de la Plata"30.

         El 11 de marzo, a las tres de la tarde, se puso Belgrano en marcha, después de haber tenido ocasión de experimentar que era la conquista del Paraguay empresa larga y difícil. Al pasar por delante de nuestro ejército, recibió los honores que las almas elevadas no escatiman nunca al infortunio, y Cabañas, Gamarra y toda la oficialidad paraguaya le acompañaron por espacio de una legua y le despidieron cariñosamente. Pero no correspondió Belgrano de igual modo a tan noble comportamiento.

         Su correspondencia con Cabañas rebosa, es cierto, de amor por "los paraguayos, sus hermanos", y de celo e interés por su suerte, y en elogios evidentemente inmerecidos e interesados para aquel: "le amo, le decía, como al mejor de mis enemigos"; "repito una y mil veces, le escribía el 18, que soy suyo, que lo reconozco por el iris de paz, que la patria admirará, y nuestro monarca atenderá, y el Dios de los ejércitos conservará, como se lo pido, para el bien general de estos dominios". Y cuanto al Paraguay: "haré cuanta especie de sacrificios sean necesarios por la paz y la unión de esta Provincia con las demás del Río de la Plata: nada me importaría morir el día que diese esta gloria a la Patria"31. Pero ésta era una sola faz de las dos de su política: la segunda se revela en lo que escribe a Buenos Aires, en donde piensa que es de todo punto necesario "conquistar á los salvajes paraguayos...", a "esa canalla" a quien se debe impedir que tenga que comer para someterla más fácilmente, y acusa a nuestros oficiales y soldados de un desmedido interés, sólo comparable con su ignorancia 32.

         La noticia de la acción de Tacuary fue recibida en la capital el 13 de marzo. El Cabildo Gobernador, satisfecho, con razón, por esta nueva victoria de nuestras armas, publicó inmediatamente un bando, en que invitaba al pueblo a iluminar de noche sus casas durante tres días, contados desde aquel; a concurrir al siguiente a la iglesia catedral a dar gracias a Dios por el triunfo, y el 18 a las exequias que por los muertos "Libertadores de la Patria" se iban a celebrar33.

         La invasión de Belgrano sirvió para dar la medida del denuedo y decisión con que los nuestros saben combatir por su libertad, cuando la ven amenazada. Belgrano mismo, con hallarse tan dominado de la pasión, hubo de reconocerlo, bien que no fuera menester su patente para probar lo que saltaba a la vista. "V E. no puede formar una idea bastante del estado de ceguedad en que se halla la Provincia, escribía á la Junta el 14 de marzo: igual es la ignorancia de los primeros hombres de ella, que arrastran la multitud, siempre más ignorante que aquellos, como en todas partes, y a qué grado de entusiasmo han llegado, bajo el concepto de que, oponiéndose a las miras de VE, defienden la patria, la religión y lo que hay de más sagrado.

         "Así es que han trabajado para venir á atacarme de un modo increíble, venciendo imposibles que sólo viéndolos pueden creer: pantanos formidables, el arroyo a nado, bosque inmenso e impenetrable, todo ha sido nada para ellos, pues su entusiasmo todo les ha allanado. ¡Qué mucho! si las mujeres, niños, viejos, clérigos y cuantos se dicen hijos del Paraguay están entusiasmados por su patria... "34

         Pero si reportó la Provincia mucha gloria de su triunfal campaña, ella le ocasionó igualmente grandes perjuicios, que la fueron más sensibles que pudieron serlo a ninguna otra, por la pobreza en que siempre estuvo... "Sería difícil hacer á V.E., dice la Junta en su oficio del 26 de setiembre de 1811 al Marqués de Casa-Irujo, el quadro de los males, ruinas y perjuicios que la ha ocasionado. Se gastaron sobre cien mil pesos de la Real Hacienda, se puso en movimiento, y se hizo marchar á más de diez mil hombres, todos á costa de ellos mismos y con total abandono de sus particulares ocupaciones y atenciones, pues aunque se formaron algunos cuerpos á sueldo, nunca se les efectuó la paga. El transporte y mantenimiento de tanta gente, y de los aprestos de guerra, se hicieron también á expensas de los demás vecinos. Ganados, cavalladas y carruages, todo se tomaba y quitaba por fuerza, ó de grado, y todo se consumía, ó se perdía sin paga, sin compensación, y sin arbitrio. Si á todo esto se agregan los daños inevitables, que forzosamente debía causar el Excto. contrario, y al mismo tiempo la falta de todo comercio con los muchos frutos del país estancados sin giro, ni esperanza ó medio de tenerlo: puede VE. figurarse á qué apuro y desolación llegaría la Provincia"35.

         En el bando del Comandante y Oficiales del cuartel de esta plaza (9 de junio) se lee también: "la Provincia ha tenido que sufrir los muchos daños y males consiguientes á una guerra civil, y el comercio de sus muchas producciones y frutos ha quedado obstruido y aniquilado. Se han consumido y desparecido más de cien mil pesos de la real hacienda. Las tropas se han dejado privadas del justo y debido estipendio de muchos meses... "36.

 

 

NOTAS

 

1Mem. Belgr. (Descripc., pág. 92).

2MS. del Arch. Nac. con la firma autógrafa de Belgrano. Su texto es distinto del publicado en la Descripción de la Provincia del Paraguay, pág. 70; pero tienen ambos muchas frases semejantes.

3Descripc., pág. 44; Peña, carta del 25 de octubre de 1866 al redactor de La Tribuna.

4Descripción de la Provincia del Paraguay, pág. 44; parte oficial de Velasco a Vigodet (Descripc. págs. 74 y 75). No pudiendo Velasco ir a cerrar el paso del Tebicuary por la falta de medios de transporte, reconoció el 4 de diciembre el terreno de Yaguarón, a donde llegó ese día, y resolviese a esperar a Belgrano en esa posición, que era la entrada del valle y estaba resguardada con el Caañabé y sus pantanos. Repartió, pues, su ejército en tres divisiones, y situó la primera, mandada por Gracia, en Apuai; la segunda, mandada por Cabañas, en Paraguarí, y la tercera, mandada por Gamarra, en la falda del cerro de Aruai. Mas como supiera el 11 que el enemigo marchaba por el camino de Ybycuí a caer sobre Cabañas, hizo que aquella misma noche acudiera Gracia a sostenerle; y cuando se enteró de su establecimiento en el cerro Mbaey, dispuso también la concentración de Gamarra, que la llevó a cabo el mismo día 15 (Véase el parte citado).

5 Parte de Belgrano a la Junta y su Memoria (Descripción, págs. 69,92 y 93); Mitre, ob. cit., tomo I, págs. 373 y siguientes.

6MS. del Arch. Nac.: oficio dirigido por la Junta Superior Gubernativa en 26 de setiembre de 1811 al embajador español en Río de Janeiro, Marqués de Casa-Irujo.

7 MS. del Arch. Nac.: oficio de 19 de febrero de 1812, ya citado.

8Consulténse, sobre la batalla de Paraguarí, el parte oficial de Velasco (Descripc., pág. 75), y el de Belgrano (pág. 69) y su Memoria (pág. 93); a Mitre, ob. cit., tomo I, págs. 375 y siguientes; la Descripc. Prov. Parag., págs. 44 y 45; Demersay, ob. cit., tomo II, pág. 347; López, Historia de la República Argentina, tomo III, págs. 349 y siguientes; Washburn, ob. cit., en la Rev. del Parag., año I, núm. 11, págs. 493 y siguientes; Famin, ob. cit., pág.40; Arcos, La Plata, pág. 271; Somellera, notas y obra citadas, págs. 192 y siguientes, etc., etc. No quiero insistir en rectificar ciertas absurdas exageraciones; pero he de reproducir una opinión que, por venir de quien viene, merece entero crédito, cuando no es contraria al Paraguay. Aludo a Washbum, quien dice de la acción de Paraguarí: "Esta batalla era importante, como que afectaba el porvenir del Paraguay; pero cuando consideramos la pequeña cantidad de muertos y heridos, parece una cosa muy insignificante y les hace muy poco favor a los invasores. Estando mejor armados y mejor disciplinados que los paraguayos, que tenían para oponer a ellos poco más que el valor audaz y su experiencia, era de suponerse que hubieran dejado un gran número de sus enemigos muertos o heridos sobre el campo de batalla" (Rev. Parag., pág. 494).

9Oficio al Virrey, datado el 23 de marzo (Descripc., pág. 76).

10Parte citado (Descripc., loc. cit.).

11Centurión, Reminiscencias históricas, tomo I, págs. 374 y 377.

12Zinny, ob. cit., pág. 226; Famin, ob. cit., pág. 40.

13MS. del Archivo. Nacional: bando del Cabildo gobernador en 23 de enero, ordenando se devuelvan las armas y municiones que se extrajeron del cuartel "en la confusión de las infaustas noticias esparcidas en esta Ciudad el día 19 del corr.te".

14Descripc., pág. 45; Mitre, ob. cit., tomo I, pág. 376.

15Parte de Velasco a 28 de enero (Descripc., pág. 75).

16MS. del Archivo. Nacional, ya citado.

17MS. del Archivo. Nacional: oficio a Casa-Irujo.

18Mem. de Belgr. en Descripc., pág. 94; Mitre, ob. y tomo cits., pág. 380.

19Oficio de Belgn, del 19 de enero, ya cit. (Destripe., pág. 69), y su Mem. (Descripc., pág. 94); Mitre, ob. y tomo cits., pág. 381; López, ob. y tomo cits., pág. 354.

20Mitre, ob. cit., tomo I, págs. 380 y 381.

21Descripc., pág. 45.

22MS. citado: oficio a Casa-Irujo.

23Partes de Velasco a Vigodet y a Elío (Descripc., págs. 75 y 76); Mitre, ob. y tomo cits., pág. 386; Descrip. Prov. Parag., pág. 45.

24Parte de Velasco al Virrey, Descripc., pág. 76; Mitre, ob. y tomo cits., pág. 381; Mem. Belgr. en Descripción, pág. 94.

25Parte de Velasco citado (Descripc., pág. 76); Mitre, ob. y tomo cits., pág. 386.

26Mitre, ob. cit., tomo I, pág. 384.

27Mitre, ob. y tomo cits., pág. 391.

28Ver la narración de la batalla de Tacuary en el parte de Velasco al Virrey Elío y en el oficio que el Cabildo dirigió a éste último el 23 de marzo (Descripc., págs. 75 y 77 respectivamente); en los oficios de Belgrano a la Junta, de fecha 11 (Descripc., pág. 71) y 14 de marzo (Mitre, ob. y tomo cits., pág. 592; Descripc., pág. 83); en Mitre, López, Washbum, Arcos y la Destripe. Prov. Parag., partes ya citadas.

29Paz, observaciones a la Mem. Belgr. en la Descripc., pág. 95.

30Mitre, ob. y tomo cits., págs. 397 y siguientes; Destripe., pág. 46.

31Cartas citadas de Belgrano (Descripc., pág. 72).

32Véase especialmente la carta del 31 de enero, escrita desde Santa Rosa.

33MS. del Arch. Nac. En el primer aniversario de Tacuary, los oficiales y tropa del cuartel solicitaron para celebrarlo permiso de la Junta Superior Gubernativa, que lo concedió el mismo día 9 de marzo, y mandó que, para conmemorar mejor tan plausible acontecimiento, fueran puestos "en libertad dos presos que no sean de mayor consideración de los que se hallan arrestados por orden de esta Junta Superior, y otros dos de cuenta de los Alcaldes ordinarios... ", y que además se iluminaran la gradería del Ayuntamiento y los corredores del Palacio de Gobierno.

34Descripc., pág. 83: oficio de Belgrano a la Junta Gubernativa de Buenos Aires en 14 de marzo de 1811. Veáse también Zinny, ob. cit., pág. 226.

35MS. del Archivo Nacional.

36MS. del Archivo Nacional, copiado en la Destripe., pág. 51.

Fuente: LA REVOLUCIÓN DE LA INDEPENDENCIA DEL PARAGUAY. LA JUNTA SUPERIOR GUBERNATIVA. EL PRIMER CONSULADO. Por BLAS GARAY. Biblioteca Bicentenario Nº 2. Editorial Servilibro. Asunción - Paraguay 2009 (238 páginas)

 

 

Enlace recomendado: BICENTENARIO DE LA BATALLA DE TACUARY (TUPÂRA’Y). 9/3/1811 – 9/3/2011. Por MARGARITA DURÁN ESTRAGÓ


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