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Historia Política

La España que encaró la conquista de América (Por Margarita Durán Estragó)
15/09/2012


LA ESPAÑA QUE ENCARÓ LA CONQUISTA DE AMERICA

MARGARITA DURÁN ESTRAGÓ

LA HISTORIA DEL PARAGUAY - ABC COLOR

FASCÍCULO Nº 2

Asunción – Paraguay

2012

 

 

 

            Hacia finales del siglo XVI España y Portugal llevaron a cabo una serie de viajes marítimos cuyo destino final era el Oriente. Ese emprendimiento abrió el camino hacia la expansión europea por los continentes.

 

            EN BUSCA DE NUEVAS RUTAS

 

            Desde mucho tiempo antes de la conquista de América, los europeos mantenían un importante comercio con el Oriente. De allí adquirían sedas, perfumes, joyas, condimentos, artículos de belleza y farmacia. Ese comercio no les aportaba mayores beneficios debido a que lo hacían a través de intermediarios árabes y a través de rutas terrestres.

            La búsqueda de nuevos caminos se volvió más necesaria especialmente cuando en 1453 los turcos cerraron las rutas por donde pasaban los productos orientales rumbo a Europa. Portugal tomó la iniciativa en la carrera hacia el Oriente y en sucesivos viajes logró su objetivo bordeando el continente africano.

            Cuando Cristóbal Colón presentó sus planes a Portugal, el Rey no estaba interesado en la búsqueda de rutas por el oeste. España, en cambio, no tenía nada que perder apoyando la aventura.

           

 

 

            LA SITUACIÓN DE ESPAÑA A FINES DEL SIGLO XV.

            LA UNIDAD POLÍTICA DEL REINO

 

            La suerte que correrían los pueblos de América a partir de la conquista española tuvo mucho que ver con los cambios que se verificaron en España a fines del siglo XV. Con el matrimonio de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón -los llamados reyes católicos- se logró la unidad de España, luego de la Conquista del reino moro de Granada (1492). También se fortaleció la unidad espiritual en torno a la Iglesia Católica con el establecimiento de la Inquisición (1483) y la expulsión de los moros y los judíos (1492).

            El triunfo de España sobre los musulmanes tras casi ocho siglos del proceso de reconquista, fortaleció los planes de Cristóbal Colón y los posteriores viajes de conquista y colonización de las Indias Occidentales, territorios que luego recibirían el nombre de América. Portugal había conquistado las costas africanas en su intento por hallar un camino para llegar a Oriente. España, por su parte, deseaba llegar a Oriente, pero navegando hacia el oeste.

 

 

 

 

 

            NUEVAS TIERRAS PARA LA LABRANZA

 

            Ni la caída de Constantinopla en manos de los turcos ni el comercio con el Oriente fueron factores determinantes de la expansión europea hacia otros continentes. Podría decirse que la conquista de las Indias Occidentales fue debida principalmente a la gran crisis social y económica vivida en Europa en el siglo XV. Los europeos necesitaban nuevas tierras para aprovisionarse de alimento y madera, que les serviría de combustible y material de construcción. Las tierras europeas estaban gastadas y sobre explotadas por la ganadería, hecho que significaba carne para los ricos y escasez de cereales para los pobres. Europa había vivido un gran florecimiento económico entre 1150 y 1300, seguido de un tremendo retroceso por las innumerables muertes ocasionadas por diferentes epidemias, como la peste bubónica; o la desnutrición y el hambre que sufrían los pobres de Europa.

 

            LA DIFUSIÓN DE LA RELIGIÓN CATÓLICA

 

            La religión católica también favoreció la expansión europea del siglo XV. Los europeos estaban convencidos de que la religión católica era la única religión verdadera y que era su deber enseñar esa verdad a todos los pueblos. Para propagar su fe estaba permitido incluso el uso de armas. La violencia sobre otros pueblos y culturas, y la expansión de su dominio hacia otros continentes no constituían falta o pecado si se justificaban con la conversión de los infieles al cristianismo.

 

Escudo de Armas de FELIPE II. Conservado en la Basílica

del Monasterio del Escorial.

Reproducido del Catálogo "FELIPE II. UN MONARCA Y SU ÉPOCA"

 

 

            ESPAÑA: UN PAÍS DE GRANDES DESIGUALDADES SOCIALES

 

            Tanto España como el resto de Europa, era un país de grandes desigualdades sociales y económicas. Estaba gobernado por una aristocracia que representaba solo el 2% de la población. Esta alta nobleza, dueña de tierras y riquezas, estaba seguida por una nobleza inferior integrada por los hidalgos o segundones. Había también un pequeño número de altos dignatarios eclesiásticos que gozaban de privilegios y de una importante posición económica. Las órdenes religiosas se hallaban bien organizadas, con abundante número de religiosos. El resto apenas sobrevivía. El 80% de la población estaba formado por campesinos sin tierras que vivían en situación de servidumbre y que trabajaban para los dueños de las tierras. Estas grandes diferencias sociales y económicas explican por qué los españoles buscaban con tanto ahínco una salida a tan angustiosa situación. Para muchos, esa salida fue América.

            Los jefes de la conquista eran en su mayoría hidalgos o segundones. La tripulación se componía de campesinos y soldados. Los que venían a América -salvo algunas excepciones- eran unos desconocidos al salir de España. La gente pobre, que nacía y -casi siempre- moría en la misma clase social, vio en las Indias Occidentales una formidable posibilidad de conseguir poder, fama, gloria y prestigio. Los conquistadores llegaron a adoptar la costumbre de anteponer a su nombre el título de Don, usado entonces solo por la clase alta y privilegiada.

 

Vista de Sevilla durante el siglo XVI.

Trabajo realizado por Antonio de Brambilla, conservado

en la Fundación Focus de la capital española

y reproducido del catálogo "FELIPE II. Un monarca y su época"

 

 

            EL ORO DE LAS INDIAS

 

            El motivo de aquellos viajes inciertos y penosos fue el oro, con el que después "todo se doraba", liberándose del trabajo, considerado humillante para los nuevos "nobles". El deseo insaciable de conseguir oro a como fuese, vino acompañado de la inevitable carga de violencia que produjo tantas "muertes que, por estas partes, están engastadas en este oro y esmeraldas que los demás buscan y los menos gozan".

            Bartolomé de las Casas fue un religioso dominico que defendió a los indígenas de la ambición de los conquistadores. Acerca de la condición económica de los españoles que venían a América y de la sed desmedida de riquezas que traían, el padre Bartolomé de las Casas nos dice en uno de sus libros:

            "Todos los que pasaron a las Indias, van y son hombres pobres y codiciosos y no los mueve ir allá otro fin sino la sola codicia y el ansia de salir no solamente de pobreza, pero de ser ricos y no como quiera ricos, sino con más opulencia rica que en los tiempos pasados nadie pudo tanta riqueza ser en el mundo posible pensar ni soñar".

            Es posible especular que sin el oro y la plata de América, la conquista española se habría retrasado algunas décadas más.

 

            LA CONQUISTA: UNA EMPRESA PRIVADA

 

            España no estaba en condiciones económicas de llevar adelante la conquista de las indias Occidentales. Lo que hizo fue designar un territorio determinado y ofrecerlo a alguna persona interesada en conquistarla y poblarla a su costa. Los gastos de viajes y conquista corrían por cuenta del jefe de la expedición, quien también tenía la obligación de llevar consigo a funcionarios reales. Estos debían levantar acta de la soberanía del Rey de Castilla sobre las tierras conseguidas. Una quinta parte -el quinto real- debía reservarse al Rey.

            Los gastos de la expedición eran muchos: compra de barcos, alimentos, instrumentos náuticos, etc., por lo que el jefe de la expedición recurría a los prestamistas de dinero establecidos en Sevilla.

            Cuando se conseguían oro y demás metales preciosos, el jefe separaba de su botín el quinto real correspondiente al Rey; otra parte iba al bolsillo de los prestamistas. Como cada soldado había puesto una parte del capital representado por su trabajo personal y las armas; recibía una parte proporcional de las riquezas: parte sencilla el peón y parte doble el caballero. Resultaba así que los soldados de la conquista eran, a la vez, socios de dicha empresa.

            El carácter privado de las expediciones explica en parte la codicia desmedida de los conquistadores, quienes lucharon por recuperar, multiplicadas sus inversiones y reducir sus deudas. Los misioneros se embarcaban en esas expediciones como capellanes de Su Majestad. La Iglesia nunca organizó un viaje por cuenta propia, de ahí que los religiosos llegaban, preferentemente, adonde los conquistadores tenían puestos sus intereses.

            Mientras algunos misioneros hacían planes para la cristianización pacífica de los indígenas y defensa de sus derechos, los conquistadores se dedicaban a recoger el precio de sus empresas mediante el apropiamiento de los naturales y sus posesiones milenarias.

 

            REGIO PATRONATO INDIANO

 

            La conquista española resultó ser una empresa al servicio de Dios y de Su Majestad. El primero de los servicios correspondía a la religión católica, romana, en su versión española. El catolicismo fue como el adhesivo ideológico que unió los diversos reinos y feudos españoles, tan diferentes unos de otros. Fue por eso que la Corona española controló esa institución, aunque la Iglesia no fue un simple aparato de la misma.

            Donde mejor se percibe esa recíproca dependencia es en el llamado Patronato Real, algo así como un pacto o acuerdo entre los reyes de España y el Papa, que colocó a los monarcas como patronos de la Iglesia en las colonias y vicarios del Papa en materia eclesiástica. El Patronato Real que funcionó en la América española fue establecido en 1508 mediante bulas o documentos pontificios. Estos concedían a los reyes de Castilla la autoridad de establecer y organizar la Iglesia en las colonias de ultramar. Los reyes gozaban del derecho de presentar candidatos para los diferentes obispados, nombrar a los párrocos y doctrineros de los pueblos de indios, autorizar o denegar la fundación de conventos, seminarios, etc. A cambio de este control, la Corona otorgaba a los religiosos y clérigos medios de subsistencia, privilegios y autoridad.

 

 

            VENTAJAS Y DESVENTAJAS DEL PATRONATO

 

            Esta protección resultó beneficiosa para la Iglesia en momentos en que tenía que enfrentar la división que trajo la Reforma Protestante. También posibilitó la propagación del catolicismo entre los pueblos indígenas de las tierras conquistadas. Como la Iglesia debía favorecer a los reyes, no pudo anunciar libremente el mensaje cristiano. Calló muchas injusticias cometidas contra los indígenas y sus bienes y, salvo algunas excepciones, legitimó los métodos de la conquista española. En las puertas del nuevo milenio, el papa Juan Pablo II pidió perdón por el silencio culposo de la Iglesia ante el sometimiento de los pueblos indígenas y demás sectores desprotegidos de todos los tiempos.

 

            LEGITIMACIÓN RELIGIOSA DE LA CONQUISTA

 

            La conquista y colonización de las Indias Occidentales plantearon desde un principio la necesidad de los "justos títulos" que posibilitaron la legitimación de la "empresa de Indias". El problema de los títulos que pudieron justificar la dominación española, sumado a la condición de los indígenas y a la licitud del sistema de encomiendas, fue el tema central de una serie de juntas de consulta convocadas por la Corona durante toda la primera mitad del siglo XVI. Muchos teólogos y juristas intervinieron en aquellas discusiones, de las cuales ha quedado abundante documentación doctrinaria.

            Las "bulas alejandrinas" otorgadas a los reyes católicos en 1493 por el papa Alejandro VI resultaron de suma importancia para resolver el problema de los "justos títulos". Aquellas habían cedido a los reyes de Castilla y a sus sucesores el dominio de las tierras e islas descubiertas y por descubrirse en la zona del océano que lindaba con los derechos de Portugal. Este "obsequio" del Papa a España tenía como fundamento la doctrina medieval referente al poder espiritual y temporal del vicario de Cristo sobre todo el orbe.

            Aunque esa donación papal provocaría muchas discusiones, lo cierto es que ella fue considerada como título jurídico suficiente para exigir y legitimar el vasallaje de los pueblos indígenas al reinó de Castilla.

 

            EL REQUERIMIENTO

 

            Los abusos de los encomendadores de La Española (actuales República Dominicana y Haití), hacia 1511, dieron lugar a la primera impugnación del título papal. Fueron los sacerdotes dominicos de aquella isla los que sostuvieron que los indígenas eran los dueños y señores de sus tierras. En 1512 la junta confirmó la validez de las bulas pontificias y al año siguiente formuló un Requerimiento escrito. En él se exponía la doctrina vigente en Europa desde el siglo XIII que permitía supeditar los derechos de los "infieles" a la autoridad cristiana; derechos que en las Indias Occidentales el Papa delegaba a los reyes católicos. Por medio del Requerimiento, procedimiento utilizado durante varias décadas por los conquistadores, estos exigían a los indígenas el reconocimiento de la Divina Trinidad, el poder del Papa sobre la Tierra, la concesión de las Indias Occidentales hecha por el Pontífice a los reyes de Castilla y, en consecuencia, la soberanía legítima del Rey y sus sucesores sobre todas las tierras e islas de las Indias.

            En caso de que los indígenas rechazaran el Requerimiento, la guerra contra aquellos se tornaba justa y el capitán español, libre de culpa y pena, volcaba toda su artillería contra los "rebeldes".

            El Requerimiento contenía nueve puntos, según Fernández de Oviedo en su libro "Historia General y Natural de las Indias". En los siete primeros se exponían los fundamentos teológico-jurídicos del documento; en el octavo, los beneficios que obtendrían los indígenas en caso de someterse voluntariamente; y en el noveno, los castigos que sufrirían de oponerse a tal solicitud. Este último señalaba cuanto sigue:

            "IV Si no lo hiciéreis y en ello maliciosamente dilación pusiéreis, os certifico que con la ayuda de Dios yo entraré poderosamente contra vosotros y os sujetaré al jugo y obediencia de la Iglesia y a Sus Altezas y tomaré vuestras personas, mujeres e hijos, los haré esclavos y como tales los venderé y dispondré de ellos como Sus Altezas mandaren; y tomaré vuestros bienes y os haré todos los males y daños que pudiere, como a vasallos que no obedecen ni quieren recibir a su señor y le resisten y contradicen. Y protesto que las muertes y daños que de ello resultaren sea vuestra culpa y no de Sus Altezas ni mía, ni de estos caballeros que conmigo vinieron. Y de cómo lo digo y requiero, pido al presente escribano me lo "dé por testimonio signado".

            Ha quedado para la posteridad la voz de los vencedores, mas no así la reacción de los indígenas ante el Requerimiento. No obstante, podemos darnos una idea de lo que habría sido la otra cara de la moneda al leer el relato que reprodujo Marín Fernández de Enciso en la "Suma Geographia" acerca de la respuesta que le dio el cacique Sinú (Colombia) cuando aquel trató de lograr su sometimiento mediante la lectura del Requerimiento:

            "Que en lo que se decía que no había sino un Dios y que este gobernaba el cielo y la tierra, y que era Señor de todo, que les parecía bien y que así debía ser: pero que en lo que decía él Papa era Señor de todo el Universo en lugar de Dios y que él había hecho merced de aquella tierra al rey de Castilla, dixeron que el Papa debiera estar borracho cundo lo fizo, y que el rey que pedía y tomaba tal merced debía ser algún loco, pues pedía lo que era de otros y que fuese allá a tomarla, que ellos le ponían la cabeza en un palo, como tenían otras que me mostraron, de enemigos suyos, puestas encima de palos cabe el lugar. Dixeron que ellos eran señores de su tierra y que no había menester otro señor".

            La lectura del Requerimiento era tan solo el preámbulo de una formal toma de tierra practicada delante de sus legítimos dueños. No cabe duda de que los conquistadores sabían que los indígenas no comprenderían y menos aún que aceptarían la teología política de tal petición.

 

Para adquirir el presente material debe contactar con ABC COLOR

Fuente digital: www.abc.com.py

Registro: Setiembre del 2012


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