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GÉNERO : ENSAYOS DE ESCRITORES PARAGUAYOS

  HISTORIA DE LAS LETRAS PARAGUAYAS – TOMO II (Estudios de CARLOS R. CENTURIÓN)

HISTORIA DE LAS LETRAS PARAGUAYAS – TOMO II (Estudios de CARLOS R. CENTURIÓN)

HISTORIA DE LAS LETRAS PARAGUAYAS – TOMO II 

Por CARLOS R. CENTURIÓN

EPOCA DE TRANSFORMACIÓN
 
 
BUENOS AIRES-ASUNCIÓN (1948), 434 pp.
 
 
VERSIÓN DIGITAL
 

 
ALGUNOS JUICIOS MERECIDOS POR
 
HISTORIA DE LAS LETRAS PARAGUAYAS
 
 
 
"Aunque el autor trata solamente de los dos grandes períodos de la época precursora y de la época de formación, puede ya vislumbrarse la importancia de este itinerario en su desarrollo general; pues así lo permiten las agudas analogías, los planteamientos inteligentes, las ideas modeladoras, las múltiples circunstancias históricas y sociales derivadas de ellas. En el libro se aprecia una abundante documentación, un sentido de la síntesis muy conveniente y además una objetividad recomendable en esta clase de trabajo. "Historia de las letras paraguayas permite conocer mejor la compleja estructura social de un país de dramática historia, nacido a la conciencia americana con ideales de paz, progreso y libertad." 
 
“La Prensa”
 

"«Tierra incógnita» fue para Menéndez y Pelayo la literatura paraguaya, no mencionada en ninguna de sus recopilaciones, como es, desde luego, escasamente recordada en antologías al uso. El señor Carlos Centurión, distinguido escritor paraguayo, comprueba con su obra Historia de las letras paraguayas, cuyo primer volumen acaba de aparecer en esta capital bajo el signo de Ayacucho, lo injusto del olvido. La falta de difusión internacional de los nombres representativos puede achacarse a otras razones que no a su valía intrínseca. Las letras paraguayas están entre las más intensamente coloreadas de realidad humana y social, y en concatenación estrecha con la historia propia. No aparecen como un fenómeno aislado, flor de invernadero, sino como fruto del dramático devenir de un pueblo. Melpómene imprime su sello pertinaz a los actos de la historia paraguaya y por eso esta literatura es esencialmente política. La suma de labor que representa esta obra, nueva en su género, aquilata su valor y acredita a su autor como un concienzudo investigador, doblemente meritorio si se consideran las circunstancias en que fue realizado el trabajo. «Cinco años de labor constante —dice en el prólogo—, vividos sin treguas ni descansos, ora sobre los caminos del destierro, ora en las soledades de prisiones y confinamientos sufridos en holocausto de ideales democráticos y de ensueños ciudadanos, se han plasmado en este libro»." 
 
"La Razón"»
 
 
 
 
HISTORIA DE LAS LETRAS PARAGUAYAS - Tomo II
 
BIBLIOTECA VIRTUAL DEL PARAGUAY (BVP)
 
HIPERVÍNCULOS

· Capítulos del XX al XXV (306 kb.)
 
· Capítulos del XXVI al XXVIII (356 kb.)
 
· Capítulos del XXIX al XXX (556 kb.)
 
· Capítulos del XXXI al XXXV (132 kb.)
 
 
CONTENIDO DEL TOMO II
 
ÉPOCA DE TRANSFORMACIÓN
 
 
 

XX. – EL GOBIERNO PROVISORIO DE 1869-1870.

XXI. – LOS HOMBRES DE LA CONVENCIÓN DE 1870.

XXII. – LA INICIACIÓN DE LAS LUCHAS DEMOCRÁTICAS Y EL DESARROLLO DEL PERIODISMO.

XXIII. – LOS PRIMEROS GOBIERNOS DE LA TRANS-GUERRA.

XXIV. – LA MUERTE DEL PRESIDENTE GILL Y SUS CONSECUENCIAS.

XXV. – LA INICIACIÓN DEL PERIODO DE HEGEMONÍA POLÍTICA DEL PARTIDO NACIONAL REPUBLICANO.

XXVI. – LA FUNDACIÓN DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS TRADICIONALES.

XXVII. – EL PARTIDO LIBERAL Y LA DEFENSA DEL CHACO.

XXVIII. – EL DESARROLLO DE LAS LETRAS AL FINALIZAR EL SIGLO XIX.

XXIX. – LA EVOLUCIÓN LITERARIA EN LOS COMIENZOS DEL SIGLO XX.

XXX. – EL PERÍODO DE HEGEMONÍA POLÍTICA DEL PARTIDO LIBERAL.

XXXI. – LA ENSEÑANZA PRIMARIA, SECUNDARIA Y SUPERIOR.

XXXII. – LAS ACTIVIDADES COMICIALES DURANTE LA ÉPOCA DE TRANSFORMACIÓN.

XXXIII. – EL ARCHIVO Y LA BIBLIOTECA NACIONAL DE LA ASUNCIÓN.

XXXIV. – LA CULTURA JURÍDICA.

XXXV. – LA MUJER PARAGUAYA A TRAVÉS DE LA HISTORIA.

INDICE ALFABÉTICO
 

 

 

XXVI

LA FUNDACIÓN DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS TRADICIONALES

 

El período presidencial del general Patricio Escobar, que se inicia el 25 de noviembre de 1886, no solamente tiene en su haber la inauguración de la Universidad Nacional. Otro acto de trascendental importancia para los destinos del país en el orden político, a fundación de los dos grandes partidos llamados tradicionales, tuvo lugar apenas iniciado ese gobierno. El 2 de julio de 1887, en un atardecer de invierno, echáronse las bases del Partido Liberal. Fueron sus iniciador José Zacarías Caminos, Fabio Queirolo, José de la Cruz Ayala, Juan Bernardo Dávalos, Víctor M. Soler, Antonio Taboada y Juan Ascencio Aponte. En la casa de la calle AsunciónNº 1, hoy Coronel Bogado, vivienda de Juan Bernardo Dávalos, reuniéronse aqueldía algunos ciudadanos que acordaron fundar un núcleo político con la denominación de "Centro Democrático". El acta definitiva de la fundación fue signada el 10 de julio del mismo año. Formaban parte de esta entidad "gente recia y selecta, que iba a lanzarse con verdadero espíritu de sacrificio a una lucha desigual, y cuyos hombres harían vibrar el ambiente patrio por muchos años, excepción hecha de José de la Cruz Ayala, que moriría prematuramente y en el destierro, como primera víctima propiciatoria de nuestra democracia". (40) He aquí el acta de fundación, redactada por José Zacarías Caminos: "En la ciudad de la Asunción, a los diez días de julio de 1887, por cuanto el pueblo paraguayo, en su constitución política ha acordado a los ciudadanos entre otros derechos como el de la libertadde prensa y el de la palabra, el de la reunión y declarado asimismo inviolable la ley electoral, a fin de que por estos medios, que se consideran los más eficaces, pueda establecerse ara los actos de los gobiernos, no solamente una barrera a sus avances posibles, sino también un medio de ilustrar a los mismos en el examen y resolución de las cuestiones de su competencia que afecten los intereses de la comunidad e intervenir espontánea y libremente en la formación de los poderes del Estado que deban encargarse de los destinos de la República.

"Y considerando que en el derecho de la reunión está comprendido el de la formación de asociaciones políticas para hacer más eficaz el uso de esos mismos derechos, por cuanto la unidad de acción lleva consigo mayor cooperación de inteligencia en los exámenes de los negocios del Estado e imprime mayor autoridad moral en el ánimo de los gobernantes, encaminándolos de este modo por el sendero que les señala la verdadera voluntad del pueblo.

"Y teniendo presente la necesidad sentida de un tiempo a esta parte, de una, agrupación semejante nos, los abajo firmados, nos hemos reunido espontáneamente y constituido por resolución unánime en una sociedad política que denominamos "Centro Democrático", para hacer uso de los derechos que nos acuerda la Constitución Nacional y las leyes de la República en la forma que se determinará en los Estatutos respectivos. Cirilo Solalinde, I. Benegas, José Ayala, F. Soteras, Octaviano Rivarola, Pedro J. Alarcón, Florencio Quintana, Juan Filisbert, P. P. Domecq, F. Ramírez, S. Ibarra Legal, Manuel Paradeda, Evaristo Torres, Pedro V. Gill, Rosendo Fernández, Eduardo D. Doria, Emilio Cabañas, José Franco, Cornelio Escobar, Mariano Riquelme, Simeón Irigoitia, Pedro Antonio López, Victoriano Palacios, Guillermo González, M. Fleitas, Rafael A. García, J. C. Mendoza, A. S. Echanique, Adolfo R. Soler, Liborio Palacios, L. Rivarola, G. Viveros, José M. Fretes, Avelino Garcete, Patricio Gadea, F. Torrens, M. Ávila, Diego Téllez, Teófilo Manzano, José F. Fernández, F. Bogado, Z. González, Pedro P. Caballero, D. Candia, Cecilio Báez, Miguel G. Ortiz, Juan B. Dávalos, Luis Caminos, Genaro Pérez, P. Bobadilla, M. Rodas, Juan I. Vargas, E. Giménez, Sinforiano Cano, José Z. Caminos, F. Queirolo, J. G. Gómez, Venancio León, Vicente F. Espínola, A. Zayas, Liberato M. Rojas, J. Mena, A. Fernández, A. Gaona, A. Taboada, F. Fernández, Evaristo Román, Ignacio Ibarra, José Z. Ibarrola, Víctor M. Soler, Juan A. Jara, Pastor Idoyaga, J. M. Collar, José J. Goiburú, E. Núñez, J. Martínez, Tomás Armoa, Jesús María Carrillo, P. Ríos, José Astigarraga, H. Gayoso, Salvador Fernández, Faustino Díaz, Juan A. Aponte, Juan J. Alvarenga, Juan de la Cruz Ayala, R. Decamilli, Manuel I. Frutos, Silvano Castelví, E. Fernández, José M. Ortellado, Jaime Téllez, Fernando Franco, Apolinario Ortiz, José Vera, Lucas Amarilla, Onofre Romero, Elías Maldonado, José M. Delvalle, Serapio Méndez, F. E. Mena, Antonio Peralta, Donato Ugarte, Victoriano López, Juan B. Villalba, M. Urdapilleta, Anselmo Mareco, José C. Ríos, Pedro R. Ortiz, Juan Martínez, Lorenzo Palacios, Enrique Regis, Lino Bogado, Juan A. Duarte, Manuel Sosa, Ignacio Astigarraga, Francisco Sosa, José María Meza, Félix Rodríguez, José Domingo Gayoso, José Valiente, Valentín Gómez, Sebastián Báez, Miguel Castro, Lino Vergara, Manuel Velázquez, Antonio González, C. Talavera, Marcos Riera, Juan B. Ayala, Constantino Arrúa, Doroteo Trujillo, J. A. Alfaro, Benjamín Moliné. (41)

Días después, el 25 de agosto de 1887, constituyóse el bando adverso. El nombre de la nueva agrupación política era "Asociación Nacional Republicana". El 11 de setiembre, en el teatro "Olimpo" de la Asunción, realizóse la primera asamblea del "Partido Colorado", en cuya reunión aprobáronse los estatutos y programa del mismo. El acta de su Constitución, redactada por José Segundo Decoud, dice: "En la ciudad de la Asunción, a los once días del mes de setiembre de mil novecientos ochenta y siete, reunidos en Asamblea General los socios y los que se adhieren al patriótico pensamiento de la Asociación Nacional Republicana, a invitación de la Comisión Provisoria nombrada en la primera reunión del25 de agosto del mes próximo pasado con el objeto de discutir y aprobar los Estatutos y el Programa confeccionados por dicha Comisión; abierta la sesión, y dada lectura a cada uno de los expresados documentos, fueron aprobados sucesivamente por aclamación y sin modificación alguna. "En seguida y a moción del socio señor Carlos Rojas, fueron propuestos y electos para componer la Junta Directiva los ciudadanos siguientes: Presidente, Bernardino Caballero; Vicepresidente 1º, José Segundo Decoud; Vicepresidente 2º, Higinio Uriarte; Secretario, Juan G. González; Pro-secretario, Remigio Mazó; Tesorero, Santiago Cardozo; Vocales, Miguel Alfaro, Angel Benítez, José González Granado, Juan C. Centurión, Zacarías Samaniego, José R. Mazó, Federico Muñoz, Juan de la C. Giménez, Germán Miranda, Cantalicio Guerreros, Esteban Rojas, Miguel Viera, Félix de los Ríos y Jaime Peña.

"Acto continuo se resolvió por aclamación que todos los socios presentes recorrieran en procesión cívica las calles Palma y Progreso hasta la quinta del general don Bernardino Caballero, como una manifestación de la importancia de esta asociación y la popular y general aceptación del patriótico pensamiento que le sirve de credo y de norma para sus futuros trabajos políticos.

"Con lo que terminó el acto firmando a continuación todos los ciudadanos presentes. Bernardino Caballero, Presidente; José Segundo Decoud, Vicepresidente 1º; H. Higinio Uriarte, Vicepresidente 2º; Juan G. González, Secretario; Remigio Mazó, Pro secretario; Santiago Cardozo, Tesorero; Vocales: Miguel Alfaro, Angel Benítez, José González Granado, Juan C. Centurión, Zacarías Samaniego, José R. Mazó, Federico Muñoz, Juan de la Cruz Giménez, Germán Miranda, Cantalicio Guerreros, Esteban Rojas, Miguel Viera, Félix de los Ríos, Jaime Peña. (Siguen las firmas). (42)

Desde ese instante, ya frente a frente los adversarios, trabaráse la lucha que habría de prolongarse en el tiempo, con ardor y fe. En los atrios, en la prensa, en el parlamento, en los campos de batalla, los dos rivales emularánse en el esfuerzo que exige la pugna sin treguas, la lidia varonil, recia y ardiente y no siempre exenta de épicas bellezas.

Al comentar la fundación de los partidos políticos tradicionales, dice un escritor contemporáneo: "El civismo paraguayo está nuevamente en pie; la siesta de Cerro Corá toca a su fin. De ahí en más, ese civismo hará correr torrentes de sangre preciosa y útil; de ahí en más, el paraguayo que vota en las urnas, o lucha en los combates fratricidas, será liberal o colorado; todos los demás "ismos", fracciones y desprendimientos no serán sino episodios de tránsito, o producto de una pasajera descomposición. Cualquier amago de formar nuevos partidos políticos resultará estéril, porque en el alma cívica sólo habrían arraigado dos convicciones profundas y definidas: liberalismo y coloradismo. Y para hace todavía más visible aquella separación, los nuevos partidos adoptan una divisa de color: azul los liberales, y rojo los colorados". (43)

Al referirse al origen de tales divisas, el periodista F. Arturo Bordón – hijo de Bernardino Bordón, cofundador del Partido Liberal y protagonista de los sucesos que se recuerdan en seguida – dice en carta que conservamos en nuestro archivo: "En las elecciones del 12 de junio de 1887, elClub Popular, de Villarrica, sostuvo las candidaturas de los señores Esteban Gorostiaga y Antonio Taboada, para senador y diputado, respectivamente. El día de la elección como era de costumbre, los contendientes formaron filas aparte. Los oficialistas llevaban, como distintivos, pañuelos y cintillos rojos. Para diferenciarse de ellos, los delClub popular lucieron pañuelos y cintillos azules. Todo género de este color quedó agotado en la ciudad. Tomados presos los dirigentes políticos, a raíz de los tiroteos de la banda encabezada por Santiago Gómez Sánchez y otros, apostados cerca de los atrios, fueron conducidos a la capital y alojados en la Policía, donde ejercía la jefatura el coronel Zacarías Jara. Las damas asuncenas, al saber este apresamiento, se apersonaron en la jefatura de Policía, llevando a los presos ramilletes de flores y medallitas atadas con cintas azules. Fundado, días después, el Centro Democrático o Partido Liberal, como consecuencia de estos incidentes, adoptó oficialmente, como divisa partidaria, el distintivo azul".

Ambos partidos adoptaron también su himno: laPolca Liberal yColorado.

LaPolca Liberal fue compuesta por un violinista, Miguel de los Santos, en 1888. Su autor la dedicó a Nicolás Vargas, el famosoLampiño, a José Santos Fernández, Rudecindo Duarte yCala-í San Francisco, nombre de batalla este último de un caudillo de los tiempos heroicos del liberalismo. La primera ejecución de la polca la realizó su autor – Santo Jhú –, con acompañamiento de guitarra a cargo de Teófilo Ochoa, músico nativo de San Lorenzo del Campo Grande. (44)

Coloradoes obra de un extranjero, el italiano Antonio Guerresi, maestro integrante de la Banda de Policía de la Asunción, quien la compuso durante la época presidencial del general Patricio Escobar, en 1887. (45)

En 1891, laPolca Liberal fue sustituida, espontáneamente, por la18 de Octubre. Su origen es popular, anónimo. Se le atribuye, sin embargo, a Buenaventura González. Cuando los sucesos políticos ocurridos en la capital, el 18 de octubre de aquel año, el general Juan Bautista Egusquiza, luego de someter a los rebeldes y de dominar la situación, llevado por el entusiasmo, llamó a unos músicos callejeros y les mandó ejecutar la polca nueva, sin nombre, que por entonces era recién conocida. Fue ésa la ocasión de su bautizo. Desde entonces se llama18 de Octubre. (46)

Ha de agregarse a esto que, desde el punto de vista puramente intelectual, la fundación de los partidos políticos y sus luchas, contribuyeron en manera fecunda para la evolución cultural del Paraguay. De aquel tiempo datan, en realidad, el progreso notorio de la prensa nacional, el desarrollo de la oratoria parlamentaria, la forense y la tribunicia o popular, que se exhibía en las bocacalles y en las plazas públicas. De aquella época emerge la rivalidad en la mejor enseñanza docente, la emulación entre intelectuales colorados y liberales en la multiplicidad del producir, en el afán de superación integral en el noble comercio de las letras. De este tiempo, en verdad, debe contarse la vida intelectual del Paraguay contemporáneo.

Pertenece también al período presidencial del general Patricio Escobar la fundación delDiario Oficial, creado por ley del5 de octubre de 1889, publicación de innegable importancia, sustituto del antiguoRepertorio Nacional y delBoletín Oficial de la Nación.

Durante la época de gestación de los dos grandes partidos políticos tradicionales, en las filas del Partido Liberal surgieron, en la prensa, además de Ignacio Ibarra, otros valores intelectuales. Citaremos a ALEJANDRO AUDIBERT, JOSÉ DE LA CRUZ AYALA y JUAN MANUEL SOSA ESCALADA.

El primero era oriundo de Acahay. Nació en el año 1859. Cursó estudios en Buenos Aires. Fue alumno del Colegio del Caballito, del Colegio Nacional y de la Universidad de aquella capital, donde obtuvo el grado de doctor en jurisprudencia, en 1883. En ese mismo año fue designado por el gobierno paraguayo para desempeñar la fiscalía en lo criminal, cargo en que actuó hasta 1884, y que renunció para cumplir el de miembro adjunto del Superior Tribunal de Justicia. En 1887, ocupó la presidencia de ese alto poder del Estado. Durante su permanencia en esa función emprendió una campaña moralizadora, sosteniendo con verdadera independencia y firmeza de carácter, los fueros judiciales contra los avances de la Cámara de Diputados. Ésta, en 1885, decretó el arresto de Manuel Curuchet y otros redactores deEl Heraldo, por desacato a su autoridad, y el Superior Tribunal dictó auto dehabeas corpus a favor de los detenidos.

"Los diputados resolvieron formar causa contra el doctor Audibert y el señor Mateo Collar, por desconocimiento de los privilegios de la Cámara.

"El presidente de la República, entonces, general Bernardino Caballero, buscó una solución amistosa al conflicto. El señor José Tomás Sosa, presidente de la Cámara de Diputados, propuso retirar la acusación a condición de que los miembros del referido Superior Tribunal se comprometiesen a reconocer los privilegios de la Cámara para arrestar por desacato de la Prensa.

"El Dr. Audibert respondió:"La Cámara de Diputados puede producir las acusaciones que estime oportunas y el Poder Ejecutivo puede dirigir sus cañones contra el despacho del Poder Judicial; por mi parte, iré a pronunciar el fallo que me dicta la conciencia".

"La Cámara acusó ante el Senado, y los magistrados fueron absueltos.

"En 1889 se produjo el mismo hecho contra el señor Marcelino Fleitas, cronista del diarioEl Independiente. Interpuesto por éste el recurso dehabeas corpus, el Superior Tribunal de Justicia, presidido por el doctor Audibert, declaró ilegal, nula y sin ningún valor la prisión decretada por la Cámara de Diputados, por las publicaciones hechas por la prensa, ordenando la inmediata libertad del reo.

"La Cámara de Diputados acusó a los tres miembros del Superior Tribunal de Justicia por violación de sus privilegios. La defensa del doctor Audibert fue un verdadero proceso de la situación. Esta vez el Senado los destituyó; pero quedó afianzada la libertad de la prensa. La sentencia fue notable y se impuso a la opinión de los poderes públicos.

"Desde entonces las Cámaras Legislativas no volvieron a pretender usar una facultad contraria al texto y espíritu de la Constitución del Paraguay.

"El Dr. Audibert profesa esta doctrina: la ley debe ser sostenida en los puestos públicos hasta ser destituidos. El que tiene la conciencia tranquila por el deber cumplido, no debe temer a las publicaciones de la prensa ni a los juicios políticos. Sobre la injusticia de los magistrados está el poder invisible de la verdad". (47)

Alejandro Audibert, en 1884, dictó lecciones de derecho romano en las aulas de la Escuela de Derecho, anexa al Colegio Nacional de la Asunción. Suspendiéronse dichas clases el año siguiente, por carencia de recursos. Audibert ofrecióse entonces para dictar todas las que fueran necesarias, gratuitamente, hasta tanto se salvaran los inconvenientes. De esta manera, desde 1888 hasta 1891, enseñó derecho comercial, penal, internacional público, economía política, estadística y procedimientos judiciales.

En política, actuó principalmente en la oposición, y era su fuerte el periodismo. RedactóEl Independiente. Desde este diario combatió vigorosamente la candidatura presidencial oficialista de Juan G. González. También atacó duramente los proyectos de tratados de límites con Bolivia – desde dicho diario yLa Opinión – el de 1879 y el de 1887, y, más tarde, desdeLa Democracia y El Pueblo, el de 1894, hasta llevarlos al fracaso total.

En 1890, a pedido del gobierno, escribió una exposición de los derechos del Paraguay sobre el Chaco y, posteriormente, hallándose en el exilio, editó en Buenos Aires, en 1893, su obra intituladaLos límites de la Antigua provincia del Paraguay. Este trabajo le valió su designación como miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia de Madrid.

En el año 1894, fue nombrado catedrático de derecho constitucional y derecho administrativo en la Universidad Nacional. Y el año siguiente ocupó, por primera vez, una banca en la Cámara de Diputados. Después fue decano de la Facultad de Derecho, presidente del Partido Liberal, ministro plenipotenciario en Buenos Aires, canciller de la República.

Alejandro Audibert fue catedrático, periodista y orador. Su verba era fluente, castiza, grávida de conceptos, salpicada de ironías. Falleció en Yabebyry, en el año 1919.

JOSÉ DE LA CRUZ AYALA venía también de lejanas campiñas. Oriundo de Mbuyapey, nació en 1864. Su niñez fue mecida entre dramas y tragedias. Los primeros años de su vida fueron velados por los episodios candentes y dolorosos de la guerra de la triple alianza y por el recuerdo de su padre y su hermano Juan Bautista, bárbaramente asesinados, en 1869.

Aprendió las primeras letras en su pueblo natal. Como becario de Mbuyapey fue, en 1877, interno del Colegio Nacional de la Asunción, donde hizo amistad con Cecilio Báez. En 1882 integró el grupo de bachilleres de aquella promoción. "Sus compañeros recuerdan la afición de Ayala a los estudios clásicos. Paseó su mente juvenil en la evocación del Foro Romano y templó su entusiasmo en la lectura de Plutarco. Grecia le seducía a través de los siglos". (48)

Ganó, por concurso, la cátedra de historia griega en el Colegio Nacional, a pesar de habérsele herido con una injusticia.

En aquella época apareció en la Asunción un periódico de combate:El Heraldo. Sus fundadores fueron el periodista español Domingo Jiménez Martín, profesor de historia, y el argentino Manuel Curuchet, dos espíritus de recio temple. José de la Cruz Ayala se unió a ellos y comenzó a escribir artículos terribles, fustigando sin piedad al gobierno allí donde él creía hallar un desacierto. Adoptó el seudónimo deJosé de la Concepción. Más tarde lo sustituyó por el deAlón, con el cual perdura en la historia del periodismo paraguayo.

Una de las campañas deEl Heraldo molestó a la Cámara de Diputados, algunos de cuyos miembros promovieron acusación pública. El director del periódico fue llevado al recinto "como culpable del delito de predicar la libertad". Domingo Jiménez Martín, sentado en el banquillo, escuchaba un tremendo libelo. Próximo a ser condenado, una voz resonó virilmente en toda la sala:¡Ese hombre es inocente! ¡Yo soy Alón!" Vióse, entonces, a José de la Cruz Ayala erguirse sobre la multitud, airado, altivo. Reclamaba para sí la sanción. No era hombre esquivo de responsabilidades. Esta actitud le ganó el afecto de las masas populares. Pero también le conquistó el odio del pretorio. Fue reclutado juntamente con José Tomás Legal y Carlos Marchaín. Se le envió al Chaco. Sirvió de custodio, en esas planicies, al agrimensor Antonio Codas. Mientras tanto, aprendió el manejo del teodolito y la práctica de la mensura.

De regreso a la capital, escapó gracias a la colaboración de Avelino Garcete, y se internó en el Chaco argentino. Visitó Buenos Aires con el propósito de proseguir sus estudios. Trabajó modestamente en aquella capital en la redacción de un diario. Más tarde, retornó al Paraguay. Fue candidato a una banca de diputado. Las elecciones, teñidas en sangre, a usanza de la época, le favorecieron. Pero se opuso el sable corvo del cuartel de caballería. Ayala fue procesado por rebeldía. Se ocultó, entonces, en la casa de Juan Antonio Jara, fundador también como Alón, del Partido Liberal. Desde su escondite escribió y mandó publicar enLa Democracia una serie de artículos que conmovieron a la opinión pública. Se intitulabanCartas del Infierno. Después desapareció de la Asunción. Disfrazado, se embarcó una noche en un barco que hacía viajes a Buenos Aires. De esta ciudad se trasladó a Paraná donde contaba con la amistad de un ilustre paraguayo, el doctor Justo Román Pérez. Falleció en dicha ciudad, el 29 de enero de 1892.

"Alón es ante todo y sobre todo un periodista, expresa Justo Pastor Benítez. Apenas terminado el bachillerato se lanza a la palestra. Escribe y combate, critica y censura con insólita valentía en aquellas horas primarias de la democracia paraguaya. Su juventud es un desafío, su talento una provocación, su altivez la guerra cruel, larga, que sólo tiene que terminar con la muerte o la proscripción. Es el destino de los que abren picadas en la selva virgen. Allí hay víboras, fiebre maligna y también fieras.

"Su estilo es fogoso, sin matices, incorrecto, como arma de una lucha primitiva. La selva sólo se desbroza con armas de esa laya.

"Confusamente diseña sus ideales. Casi no los puede concretar en otra forma que en la libertad de prensa, comicios limpios y honestidad administrativa. No es un maestro sino un combatiente. Ni un pensador que predica, sino un demócrata que escribe y habla, porque tal es su derecho y en su defensa puede morir.

"Su verdadera obra fue su vida, justificada por la forma de gastarla, dignificada por el sacrificio. La vida del hombre sería un capítulo de zoología si un fin superior no lo elevara.

"Una de las pocas páginas literarias que le sobreviven es laLeyenda del Urutaú, promesa de escritor no cultivado suficientemente.

"Sería falsear su personalidad buscar en ella el artista, que se encuentra en civilizaciones ya firmes, en horas menos tumultuosas y en espíritus más cultivados. A la primavera no se le puede pedir frutos.

"Alón es un hombre de guerra del medioevo. Sólo que en lugar de lanza usa la pluma y su palenque lo constituyen las siete columnas de su periódico". (49)

JUAN MANUEL SOSA ESCALADA nació en la villa de San Pedro de Ycuámandyyú, en 1860, y fue educado en Buenos Aires, en cuyo Colegio Nacional obtuvo diploma de bachiller. También estudió derecho en la universidad de aquella ciudad. Varios años después de Cerro Corá, regresó al Paraguay. Hizo vida política desde las filas del Partido Liberal. Ocupó una banca en el Senado. Fue también juez en lo civil e intendente municipal de la Asunción. En 1904 actuó, decididamente, en las acciones revolucionarias que llevaron a su partido al gobierno de la Nación. Desde 1908 se radicó en Buenos Aires, ciudad en la que halló la muerte en 1939.

Juan Manuel Sosa Escalada fue periodista de pluma ágil e incisiva. Redactó y colaboró en numerosos órganos de publicidad aparecidos en el Paraguay y en el extranjero. Entre sus obras, cabe citarConferencias sobre limites paraguayos, Asunción, 1895;Caballero, Asunción, 1911;El Paraguay Occidental, Buenos Aires, 1934;La fundación de las ciudades de Asunción y de Buenos Aires, Buenos Aires, 1938;El Pilcomayo como límite argentino-paraguayo, Buenos Aires, 1939; yBreves apuntes sobre el Chaco Boreal.

Al grupo de que nos ocupamos han de agregarse los nombres de ERCILIA LÓPEZ DE BLOMBERG Y ARTURO Y OVIDIO REBAUDI.

La primera, nacida en la Asunción, era hija del coronel Venancio López y, en consecuencia, nieta de Carlos Antonio López. Siendo muy niña fue llevada a Buenos Aires, ciudad en la que se educó y donde se halla radicada desde la terminación de la guerra contra la triple alianza.

Ercilia López de Blomberg ha colaborado enLa Prensa, de la capital argentina, y en diversas revistas aparecidas en dicha ciudad. Ha escrito cuentos, ensayos literarios y novelas breves.

También ha vertido al español poesías escritas en la lengua de Shakespeare. En el año 1942 presentó al Concurso de Novelas Americanas un trabajo ingenioso, escrito en prosa correcta y galana.Don Inca se titula la novela. Se halla inédita hasta la fecha.

Ercilia López de Blomberg es madre del conocido escritor argentino, Héctor Pedro Blomberg.

ARTURO REBAUDI, nacido en la Asunción, en 1859, educóse en Italia. Fue alumno del "Colegio Carlos Alberto" y del "Royal College", de Pisa. En Florencia graduóse de médico, en 1883.

Poco tiempo permaneció en el Paraguay, luego de su regreso de Europa. Fijó su residencia en Buenos Aires. En esta ciudad escribió y publicóGuerra del Paraguay, La Conspiración, El Lopizmo, en 1913; Vencer o Morir, editado en 1920, y Un Tirano en Sud-América – Francisco Solano López, en 1925. En las citadas obras, sobre el valor literario o histórico que pudieran tener, exáltase una pasión, casi morbosa, contra la memoria del mariscal Solano López.

Arturo Rebaudi falleció en Buenos Aires, en 1926.

Hermano del anterior era OVIDIO REBAUDI, doctor en química, egresado de la Universidad de Pisa. Autor de numerosos trabajos en su juventud, valiéronle ellos para que la Universidad de Chicago le otorgase el diploma de doctor en ciencias. Radicado en Buenos Aires, cursó estudios superiores en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. En el año 1905 fue designado profesor de química analítica en la Universidad de La Plata. Abandonó dicha cátedra para regresar al Paraguay, donde ejerció el cargo de rector de la Universidad Nacional en 1908. Durante el tiempo que estuvo en la Asunción, fundó la Oficina Química y representó a nuestro país en varios congresos internacionales, como el realizado en Buenos Aires y Viena, en 1910. En 1915, fue nombrado profesor de biología y de química médica en la Facultad de Medicina del Paraguay. En 1924, el gobierno del Perú invitó a Ovidio Rebaudi, teniendo en cuenta su grande labor científica, para asistir al Tercer Congreso Científico Panamericano, y el gobierno paraguayo le confió el cargo de miembro de su delegación ante dicha asamblea.

En el año 1900, Ovidio Rebaudi descubrió un glucósido, parecido a la sacarosa, que él extrajo de una planta paraguaya descubierta por el naturalista Moisés S. Bertoni. Los laboratorios de Berlín y Viena confirmaron el descubrimiento y denominaronRebaudiana al nuevo glucósido.

Entre las obras publicadas por Ovidio Rebaudi deben citarse: La presencia del ácido nitroso en las aguas potables no es siempre sinónimo de contaminación, La goma de la palma negra, El mechoacá y su principio activo, Las aguas del río Paraguay, Las aguas del consumo de la ciudad de Asunción, Depuración biológica de las basuras, Las ruinas del comercio, Nuevo procedimiento para el dosaje del tanino activo para el cuero, Procedimiento para la separación de la materia colorante de las pastas alimenticias, La materia es un estado transitorio de la energía, – confirmado, medio siglo después, por la energía atómica –Minería paraguaya, El agua, El extracto de carne y la Industria de la refrigeración y otras más. Entre las numerosas conferencias pronunciadas por Rebaudi, se recuerda una, muy interesante, dada en la Sociedad Italiana, en la Asunción, en la cual exaltaba la labor gubernativa de Carlos Antonio López.

Fue también director de la Revista de Magnetología. Ovidio Rebaudi nació en la capital paraguaya, en 1860, y falleció en Buenos Aires, en 1931.

Deben ser también nombrados entre los periodistas de esta época que venimos estudiando, primigenia del diarismo de la transguerra, Fabio Queirolo – político de noble alcurnia –, Abdón Alvarez, Bernardino Wasmosy, Fernando Antolín Carreras y Constantino Arrúa, paraguayos, y José Sienra Carranza, Matías Alonso Criado, Eduardo Anaya, orientales, redactor este último deEl Paraguay; Antonio Aguayo, español, redactor deLa Reforma; Ricardo Brugada, español también, fundador, director y redactor de El Comercio; Plácido Casajús, español, redactor de El Látigo Inmortal; y Antonio Ruiz Hernández, argentino, redactor de El Paraguayo.

 

 

 

EL ARCHIVO Y LA BIBLIOTECA NACIONAL DE LA ASUNCIÓN

 

OTRAS INSTITUCIONES SIMILARES

 

Por acuerdo capitular del 25 de noviembre de 1596 fue creado él "Archivo Nacional de la Asunción" (1)

 

Teníasele, al promediar el siglo XIX, como el más rico del Rio de la Plata. La inminencia de la caída de la capital paraguaya en poder de las fuerzas aliadas, en el año 1868, obligó su traslado a Pirivevui. Cuando esta plaza fue conquistada por el ejército de la tríplice, el riquísimo archivo quedó también en poder del vengador. Es así que gran parte de su antiguo contenido integra ahora colecciones extranjeras o se halla en poder de particulares.

Terminada la guerra del 1864-1870, el gobierno de la república encomendó a José Falcón la reorganización del "Archivo Nacional". Fue, pues Falcón -primer director de ese instituto-; quien comenzó la gran tarea que hoy, casi a un siglo de distancia prosigue todavía.

Consta el Archivo Nacional con un total de siete mil cuatrocientos setenta y siete volúmenes, de doscientas a trescientas páginas documentales cada uno, inéditas en su gran mayoría. Hállanse estos volúmenes ordenados en secciones. La "Sección Historia" consta de cuatrocientos cuarenta y nueve volúmenes catalogados en forma incompleta por Doroteo Bareiro. La "Sección Civil" posee mil doscientos setenta y tres volúmenes, catalogados regularmente, y contiene títulos de propiedad, codicilos, testamentos, etc. La "Sección Asuntos Criminales" se halla integrada por dos mil doscientos cincuenta y nueve volúmenes, no catalogados. La "Sección Nueva Encuadernación" (altos), tiene tres mil cuatrocientos diecisiete volúmenes, sin catálogos. La "Sección Límites" dispone de diez volúmenes catalogados y copiados especialmente para el Ministerio de Relaciones Exteriores de la nación Finalmente, la "Sección Contabilidad de Ministros Tesoreros", consta de sesenta y nueve volúmenes, no catalogados. El director Doroteo Bareiro, ha organizado el fichero, el cual tiene más de catorce mil títulos, inclusive los correspondientes al año 1710. Los trabajos continúan realizándose metódicamente.

Manuel Domínguez ha editado, en 1899, El Archivo Nacional. A pesar de su actividad reconocida, el ilustre historiador no pudo dar a dicho periódico sino muy corta vida.

Blas Garay ha dado a publicidad numerosos documentos inéditos y el citado Doroteo Bareiro ha compuesto y entregado a la publicidad un "Catálogo de testamentos y codicilos" existentes en el departamento de su dirección.

En el año 1943, también el nombrado Bareiro ha solicitado del ministerio de educación la ampliación del Archivo Nacional, con la creación de nuevas secciones en las que puedan guardarse, ordenadamente, todos los documentas oficiales que hoy se hallan esparcidos en las diversas oficinas públicas del estado.

Débese también a Doroteo Bareiro la gestión inicial de la ley que prohibe la salida del país de todo documento histórico que pueda ser considerado como parte constitutiva del patrimonio paraguayo.

La "Unesco" ha enviado últimamente al Paraguay, una misión especial para la microfilmación de los documentos que se guardan en el "Archivo Nacional" de la Asunción. El experto de esa misión, Francisco Sevillano Colom, entre otros trabajos importantes, ha dejado una lista del contenido de los volúmenes microfilmados.

 

Precediendo dicha lista, aparece un informe sintético explicativo en el que, además de dar el número de los volúmenes existentes, la indicación de las secciones respectivas y las características de la documentación que integra la rica colección del archivo, expresa que "han sido microfilmados más de cuatrocientos volúmenes que son: I) La mayor parte de la sección Historia: II) Algunas de la Nueva Encuadernación y de Testamentos, seleccionados por contener documentos del siglo XVI, que parecían estar en mayor peligro".

Además se han microfilmado los periódicos El Paraguayo Independiente (1845-1852), El Semanario (1853-1855), y Cabichuí, (1867-1868).

El total de páginas manuscritas fotografiadas, sigue diciendo el informe, es de más de ciento ochenta mil y el de páginas de periódicos, cerca de cinco mil La unidad móvil de microfilm de la "Unesco", concluye, dejará microfilmadas más de doscientas mil páginas.

En 1o referente a la "Biblioteca Nacional", su creación data de 1869. Fue, primeramente, como lo dijimos antes de ahora, "Biblioteca Municipal". Se encomendó su organización .a Jaime Sosa Escalada. Posteriormente fue constituida una comisión especial para tomar a su cargo la dirección de tales trabajos. Dicha comisión la integraron Benjamín Aceval, Alejandro Audibert y José Tomás Sosa.

La Biblioteca Nacional hállase hoy a cargo de un director, y funciona en el local del "Museo y Biblioteca Americana Godoy". Se aguarda su traslado a su local propio, obsequio del gobierno argentino.

Consta de, diez mil volúmenes catalogados y de tres mil fuera de catálogos. Existe, además, una sección de museo artístico e histórico, en la que se exhiben cuadros de Juan A. Samudio, Durán Brager, Santiago Rusiñol, Antonio Parodi, Guido Boggiani y Andrés Campos Cervera; esculturas de José Belloni; recuerdos de toda índole de la guerra contra la triple alianza y los trofeos devueltos por el Uruguay, en 1885.

En 1882 fue creado el "Archivo General de los Tribunales". 'Dicho organismo cuenta con cinco secciones: "Sucesiones", "Documentaciones", "Filiaciones", "Varios Civiles y Comerciales" y `Registro de Escribanos Públicos". Cada volumen archivado contiene de veinte a cuarenta expedientes. Los protocolos notariales son registrados por año y por materia.

El Archivo General de los Tribunales constaba en 1946 de más de doscientos mil expedientes distribuidos convenientemente.

No es posible olvidar en esta revista de los valores culturales del Paraguay, dos instituciones de renombre: El "Museo Histórico y de Bellas Artes", de Juansilvano Godoy, y el "Museo Histórico y Artístico", de monseñor Juan Sinforiano Bogarín. El primero fue creado en 1885. Su fundador y propietario hallábase entonces en Buenos Aires, emigrado por causas políticas. Aquel exilio de Juansilvano Godoy duró casi veinte años. En su palacio de la callé Santa Fe, el ilustre proscripto comenzó a seleccionar los cuadros y objetos de valor histórico y artístico que hoy constituyen el museo de bellas artes que, justamente, lleva su nombre.

Veinticinco años después de su creación, ya instalado en la capital paraguaya, entre otros visitantes preclaros, llegó hasta sus salones Ramón del Valle Inclán. Al despedirse, estampó en su álbum este recuerdo: "Quiero dejar aquí el testimonio de la profunda impresión artística de mi visita al Museo, donde resaltan dos joyas del arte antiguo: del maestro de Venecia, el rudo Tintoretto; y del  seráfico sevillano Bartolomé Esteban Murillo. Valle Inclán, Asunción, setiembre de 1910".

La historia de estos cuadros y la de sus respectivas adquisiciones están llenas de anécdotas curiosas e interesantes.

 

La sección escultura posee obras antiquísimas, como aquel busto de mujer en mármol, procedente de las excavaciones de Roma, y las imágenes talladas en madera y policromadas, originarias de las misiones jesuíticas. Hay también obras en bronce como el busto del caudillo y prócer de la independencia del Uruguay, José Amigas, burilado por José Belloni; el busto de Manuel Pedro de Peña, abra de Agustín Querol, y muchos otros.

Existe, además, la sección de miniaturas, numismática y curiosidades históricas.

El "Museo Histórico y Artístico" de monseñor Juan Sinforiano Bogarín hallábase ubicado en tres salones del Palacio Episcopal. Hoy se halla en el local del "Seminario Conciliar", de la Asunción:

Fue formado por su propietario, en trabajosa e inteligente búsqueda, en el transcurso de más de cincuenta años.

Apenas egresado del Seminario Conciliar, el entonces presbítero Bogarín inició el acopio de medallas y objetos históricos que constituyen la base de su riquísima colección.

La sección numismática es una de las más completas y valiosas que se tiene en el país. La componen medallas, monedas, etc., paraguayas y extranjeras. La sección jesuita y franciscana es interesante por su valor rigurosamente histórico. Hay allí imágenes talladas en madera, de una sola pieza y con pintura centenaria, todavía fresca al parecer. La que corresponde a los próceres de la independencia posee objetos de notable riqueza evocativa, tal la mesa escritorio que perteneció a Pedro Juan Cavallero.

La sección de la época de la dictadura cuenta con colecciones de cuadros al óleo, recordativos de aquel tiempo; trajes y menesteres domésticos de usanza común en el Paraguay en la primera mitad del siglo XIX, medallas, libros, documentos privados y públicos de indudable autenticidad.

La colección que corresponde a la guerra contra la triple alianza es del más noble valor. Armas; municiones, trajes, condecoraciones, sillones, como el que; fundido en Ybycuí, perteneció a Elisa Alicia Linch; los sables que portaban los hijos del mariscal; el usado por José Díaz; la cartera del mariscal con fotografía de la Linch; el revólver del coronel Jorge Thompson; el libro en que se anotaron las contribuciones del pueblo; los sables corvos de la caballería; los fusiles de avancarga; los platos del servicio de mesa del "Marqués de Olinda", etc.

La sección que condensa los recuerdos del período que se inicia en 1870 y llega .hasta la guerra del Chaco, es tan interesante como las anteriormente citada.

La que corresponde a la tragedia que vivió el Paraguay en su conflicto con Bolivia constituye una revelación.

Todas estas reliquias se hallan numeradas y ordenadas. El catálogo fue hecho pacientemente por monseñor Bogarín. Es un manuscrito del ilustre prelado cuyo valor a través del tiempo, tendrá que ir en aumento ponderable.

Otras bibliotecas existían, además de las ya nombradas, en la época que nos ocupa. Citaremos la del Colegio Nacional de la Asunción, que es la más antigua entre las de su género. Consta de más de siete mil volúmenes. Síguele en orden de mérito la biblioteca de la Facultad de Derecho, que posee más de seis mil volúmenes; la de la Escuela Normal de Profesores, con más de tres mil volúmenes; la de la Dirección General de Escuelas; la del Superior Tribunal de Justicia; de la Escuela Militar; la de los colegios nacionales de Villarrica, Concepción, Encarnación y Pilar. Son también ricas y antiguas la del "Seminario Conciliar" de la Asunción y la de la "Curia Metropolitana". Entre las bibliotecas pertenecientes a institutos particulares cabe recordar la del "Ateneo Paraguayo", con más de tres mil volúmenes; la del "Colegio de San José", la del "Colegio Monseñor Lasagna" y la del "Colegio de La Providencia".

 

Y entre las bibliotecas de pertenencia privada, además de la de Juansilvano Godoy, deben nombrarse las que fueron o todavía lo son de Manuel Gondra, Enrique Solano López, Cecilio Báez, Alejandro Audibert, Manuel Domínguez, Arsenio López Decoud; Juan E. O'Leary, J. Wenceslao Benítez, Víctor M: Soler, Adolfo Aponte, Viriato Díaz Pérez, Balando A. Godoy, José Marsal, Fulgencio R. Moreno, Eusebio Ayala, Ignacio A: Pane, Antolín Irala, Ricardo Brugada (h), Rodolfo Ritter, Marcial Sosa Escalada, José Segundo Decoud y otros.

Entre los archivos particulares son también dignos de mención las de Juansilvano Godoy, monseñor Juan Sinforiano Bogarín, Enrique Solano López, Fidel Maíz, Juan E. O'Leary, Manuel Domínguez, José Segundo Decoud, Juan Francisco Pérez Acosta, José Falcón, Ricardo Brugada (h), Héctor F. Decoud y otros. Mención especialísima merece entre las citadas bibliotecas la de Juansilvano Godoy, adquirida por el Estado. Su denominación es "Biblioteca Americana". Fue creada también en Buenos Aires,  en 1885. Consta de más de trece mil títulos y sus ejemplares superan a veinte mil. La colección es riquísima desde el punto de vista de la antigüedad y rareza de los libros que guarda.

Avelino Rodríguez Elías, en un trabajo cuya edición fue autorizada por el ministerio de instrucción pública del Paraguay, y publicado en la Asunción en 1940, anota los principales volúmenes.

Hay también en la Biblioteca Americana Godoy, colecciones de periódicos de todas las épocas de la imprenta paraguaya; incluyendo publicaciones oficiales como los "Mensajes del Supremo Gobierno de la República del Paraguay al Soberano Congreso Nacional", desde 1842 hasta 1857.

Como complemento de sus informaciones, el nombrado Rodríguez Elías trae este dato interesante: ". No es posible dedicar un libro como el presente al Museo y Biblioteca Godoy, sin mencionar algo que allí se guarda y que, desde el punto de vista histórico tiene interés innegable. Nos referimos a los tres libros donde están registradas las aportaciones de joyas de las damas paraguayas, para contribuir al sostenimiento de la guerra de 1865-1870 contra la triple alianza.

"Varias veces habíamos oído hablar y no pocas habíamos leido algo acerca de esas aportaciones pero hasta que en la Biblioteca Americana Godoy, tuvimos ocasión de examinar los libros donde esas contribuciones están anotadas con toda clase de detalles y circunstancias, no pudimos apreciar la verdadera importancia de esa actitud de las damas paraguayas ante la patria en peligro.

"Son tres esos libros, de cuyo contenido puede juzgarse por los siguientes datos El primero mide 54 centímetros de alto, 37 de ancho de las tapas y 15 de grueso. Consta de unas mil quinientas páginas, en hoja de grueso papel. El segundo libro es enteramente igual al primero. Y el tercero mide 54 centímetros de alto, 36 de ancho y 7 de grueso. Este último tiene 740 páginas, también en papel grueso. En el primero y en el segundo están totalmente cubiertas de nombres, cantidades y conceptos las mil quinientas páginas respectivas y en el tercero, de 740, sólo están cubiertas 362. "A manera de portada, contienen el primero y el segundo tomos esta inscripción, escrita a pluma: "Libro Registro de las manifestaciones de joyas y alhajas de las ciudadanas paraguayas para aumentar los elementos de la defensa de la patria. Asunción, julio 24 de 1867.

"Comienzan las anotaciones por las damas del barrio de la Catedral, de esta Capital, y siguen a éstas las de los barrios de la Encarnación, San Roque, Santísima Trinidad, Recoleta y Lambaré.

"A continuación están todos los pueblos, pueblecillos y demás núcleos de población del Paraguay, cuyas damas, concurrieron sin faltar una, a entregar sus aportaciones.

"Esas aportaciones comprenden toda clase de alhajas, como collares, pendientes, anillos, pulseras, relojes, clavillos, pinjantes, y otras de uso personal, así como otra de devoción o de intercambio comercial, como rosarios, monedas, etc. La falta de sumas parciales o generales en los libros, no nos ha permitido conocer el total de oro y piedras preciosas entregados. Pero a juzgar por las listas contenidas en los tres libros, ese total debió de ser enorme, y su valor cuantiosísimo.

"La primera dama que en esos libros aparece inscripta, es la señora doña Dolores Vázquez de Acosta, con sus hijas Basilina, Cecilia; Rosa Cándida, Balbina y Valeriana Acosta Vázquez, del barrio de la Catedral, y la aportación hecha por estas damas fue de dos rosarios y una cadena de oro.

"A continuación, como queda dicho figuran hasta la página 362 del tercer libro, todas las damas del Paraguay; lo cual quiere decir que allí están anotados los apellidos más distinguidos y los más modestos de la República; las abuelas y las bisabuelas de las paraguayitas de hoy.

"De donde se desprende que los libros a que nos estamos refiriendo, tienen no sólo auténtico valor histórico, sino también familiar". (2)

 

(1) Archivo Nacional de la Asunción. Acta capitular.

(2) El museo de Bellas Artes y la Biblioteca Americana Juansilvano Godoy, Asunción, 1940.

 
 
 

XXXV
LA MUJER PARAGUAYA A TRAVÉS DE LA HISTORIA

 
A Kala, ensueño de mi vida.
 
 
Un naufragio en las costas del Brasil llevó a Alejo García a tierras nuevas, habitadas por indios guaraníes. Trabó relación con éstos, se hizo amigo de caciques y principales de las tribus, aprendió el autóctono lenguaje y se impregnó de las costumbres primitivas de los aborígenes.

Pleno de esperanzas, el nauta lusitano dejó un día el suelo de la vetusta Europa en pos de fortunas imaginadas y de horizontes aurorales. Cruzó el océano, con Juan Díaz de Solís, columpiando sus anhelos sobre las ondas fugitivas; soñó bajo los cielos del Atlántico anchuroso con días de fantásticas grandezas y vivió la honda melancolía de la añoranza, canción de los recuerdos que atormenta el espíritu y llora en el corazón.

Varios años esperó – prisionero de su destino – la hora de realizar incursiones hacia el interior de la selva. Ya que el mar no le ofrecía la posibilidad amable del retorno a la patria, se ocupó en penetrar en el misterio del boscaje. Lo ignoto le atraía. Y la maraña virgen, inexplorada del continente, aparecía para Alejo García plena de sugestiones promisoras de quién sabe cuántas realidades impensadas. Fue así que, escudado en su fe y sin más armas que su propio coraje, el audaz europeo, un día se internó en el boscaje tupido, inhóspito y grandioso del Brasil, con rumbo hacia las tierras de occidente. Corría el año 1524. Fatigosa fue la marcha, dura la lucha con la naturaleza, cruenta la lidia con los selváticos señores; pero el orgullo y la ambición del temerario portugués vencieron en la jornada estupenda.

Llegado a la región que hoy ocupan las misiones argentinas, se descubrió a su vista el solar guaraní. El Alto Paraná, la región maravillosa, se tendía allí amplia, magnífica, en la policromía de sus encantos. Alejo García cruzó el caudaloso río con la visión siempre fija hacia occidente, hacia las tierras del rey blanco, hacia las zonas del oro y las riquezas fabulosas. Trasponiendo cordilleras, vadeando esteros, venciendo a la fatiga, arribó un día a las costas del río Paraguay. La corriente epónima reflejó en sus aguas la imagen vigorosa del soldado. Alejo García, dejándola hacia atrás, prosiguió su marcha incesante hacia el poniente. El Chaco se sintió hollado por sus plantas, ese Chaco misterioso y enorme destinado a ser, en el tiempo, teatro de epopeyas asombrosas, como los viajes de la "flecha humana" – Ñuflo de Chaves – y la tragedia reciente e inenarrable del "desierto de esmeralda".

Así, en 1524, el Paraguay dejó de ser la tierra desconocida para el mundo civilizado. Desde entonces se abrió, amable, a la corriente de todos los pueblos y a la influencia de todas las culturas; desde entonces es tierra fecunda para nobles realizaciones. Cuna, de una estirpe cuya aleación – bronce y oro – se fundió en el crisol de todos los sacrificios, cuyo espíritu es un surtidor de sentimientos insospechados, cuya alma canta en el dolor, como el ruiseñor cegado por el alfiler de oro, este pedazo de suelo americano digno marco es de la hazaña de su descubrimiento y de la historia, de quienes lo hicieron el centro principal de la conquista.

Y en este escenario grandioso que iluminó Alejo García, en medio de tantos protagonistas del drama de la civilización americana, un actor humilde, poco estudiado aún por historiadores y sociólogos, llama nuestra atención. Es la india. Un poeta paraguayo – Manuel Ortiz Guerrero – llamó a la aborigen "bella mezcla de diosa y pantera". Cantó sus formas y evocó su espíritu, señalando al investigador del pasado la página todavía blanca de su historia.

La india es un elemento del que se valió el conquistador para vencer a la barbarie; pero también es la leal compañera del señor autóctono en la defensa ciclópea de su reino salvaje.

Acompañó a los suyos en la lucha contra el blanco que venía a hollar el hogar de sus mayores, la tierra de sus antepasados, el altar de sus creencias. Manejó el arco y preparó la flecha envenenada. Estimuló al guerrero en las horas difíciles. Estuvo a su lado en el asalto de todos los "malones", y sufrió el holocausto de su raza, como actora rebelde en ora, resignada a veces, taciturna siempre. ¿Es posible, acaso, describir a la india, emperatriz de los toldos aborígenes, en aquel escenario virgen, en el que la naturaleza aparece exenta de toda artificialidad, en la estupenda eclosión de todas sus bellezas y en la suprema maravilla de todos sus misterios? Transportaos al pasado. Poneos en el corazón de aquellas mujeres, vivid sus pasiones y sus sentimientos, sus esperanzas y sus desengaños. Auscultad el alma primitiva de aquel eslabón de historia, perdido en el tiempo, y reviviréis un mundo desaparecido en las brumas pretéritas.

Pero lo que hoy nos toca recordar es su obra como forjadora de pueblos. En el taller del hogar primigenio, ella fue modeladora de la estructura de su estirpe. En su espíritu, en su voluntad, en sus virtudes y en sus defectos se funda la unidad étnica más poderosa y más conquistadora de la América. ¡La india guaraní es un crisol del que salió el metal eterno de una raza eterna!

En la primera mitad del siglo XVI apareció un nuevo tipo femenino: la mestiza. El amor del fiero hispano, del conquistador blanco con la aborigen, floreció en un tipo de mujer original. Morena de ojos negros y de carácter dulce, plena de gracia y plena de serena energía. En ella se basamenta el hogar paraguayo. Constituye la piedra angular de una institución civilizadora. Mientras, en la colonia, los hombres trabajaban, ella tejía el ñandutí del espíritu racial. El siglo XVII la encontró afanada en las labores del agro. Sabía cultivar la tierra. Pero también aprendía y enseñaba. En su choza aparecieron los primeros elementos domésticos traídos de países lejanos, efluvios de la cultura europea llegados con el conquistador. En su alma se acunaron sentimientos que desconocieron o no supieron expresar sus antepasados autóctonos. Ya no vestía ni se conducía como india. Denotaba garbo en su andar, elegancia en su maneras, sencilla espiritualidad en su trato.

El siglo XVIII escribe en la historia americana un capítulo de gloria y sacrificio: la revolución de los comuneros. La rebeldía nativa, valiéndose de la experiencia de las luchas populares españolas, anima un drama en el corazón del continente de Colón. La protesta de Toledo, la actitud varonil de Juan de Padilla, sus consecuencias en Avila, Soria y Segovia; el incendio y ruina de Medina del Campo, tragedia que floreció después en aquellas cartas cambiadas entre los comuneros de Medina y de Segovia, cartas que son hoy un fragmento magnífico de la severa y noble lengua castellana; todo esto, y los primeros gritos de libertad que conmovieron el ambiente cansino de la vida asuncena, en los días de Irala y Suárez de Toledo, contribuyeron a alentar la revolución que tuvo por numen y guía a José de Antequera Enríquez y Castro.

Y esta epopeya, digna de la que tuvo su trágico fin en los campos de Villalar, se nutrió también con el esfuerzo, con la inteligencia y con los sentimientos de la mujer guaraní. La hija de Juan de Mena que se vistió de blanco y se presentó al pueblo engalanada, "porque no era bien llorar la vida de su padre con tanta gloria tributada a la patria", es todo un símbolo. Es la mujer guaraní del siglo XVIII. Es la que dará vida a los hombres que, en la noche del 14 de mayo de 1811, debían de escribir, para siempre, la página de la emancipación paraguaya de todo poder extraño. De ese bronce era la madre de las Cavallero y de los Iturbe, de los Yegros y de los Mora, de los Acosta y de los Aristegui, de los Montiel, Rojas, Recalde y Rivarola. Ese es el metal del que venía, sombrío y enigmático, vigilante y taciturno, el solitario de Ybyray.

El siglo XIX, que nos trae la libertad, nos trae también la dictadura. José Gaspar de Francia exige silencio. Las fronteras se transforman en murallas insalvables. Fuera de ellas, prosperan la anarquía, el crimen, las persecuciones. Dentro de ellas, hasta 1840, la voluntad omnímoda de un hombre misterioso, la disciplina impuesta por el miedo, el orden rigurosamente controlado.

Desde 1811 hasta 1840, la mujer cuidó el hogar. Su labor consistió en coadyuvar modestamente en la obra de liberación. Sin palabras, sin ruidos, prosiguió en la tarea de forjar caracteres, de preparar la simiente para un porvenir mejor. Y advino el período patriarcal de Carlos Antonio López: veinte años de grandezas, veinte años de florescencia magnífica en los que el pueblo paraguayo construyó su destino cantando la canción de la esperanza.

Pero en un recodo del camino acechaba la fatalidad. La muerte que rondaba, invisible, conminaba a los dichosos. No era posible tanta idílica ventura en esta tierra. Y lo llevó a don Carlos en un día primaveral de 1862, enlutando el alma guaraní.

Melpómene, la musa de la tragedia, vino después. Tras ella aparecieron los jinetes del Apocalipsis. La guerra, con su cortejo de miserias y dolores, irrumpió en el solar paraguayo, cruel y esplendorosa. Tendió su ígneo manto sobre los hogares; pero la fulgidez de su desplante no consiguió amenguar la reciura de quienes se disponían a defender la patria. El diamante del alma ciudadana necesitaba otro diamante para rayar su dureza. Es que la madre, la esposa, la amada, en los días de luz y de alegrías, no olvidaron que el destino tiene sus sorpresas, y prepararon a los hombres para todas las horas, buenas o malas, amables o trágicas que podría depararles el porvenir. Y así se formaron aquellos cuadros que se batieron en Yataí y Corrales, en Sauce y Curupayty, en Lomas Valentinas y en Piribebuy, en Azcurra, Acosta-ñú y Cerro Corá.

Y si la epopeya escrita con la sangre, el esfuerzo gigantesco, la abnegación sin paralelo del soldado es digna de un marco esquiliano, el drama del martirio que nos legaron las mujeres de la guerra sólo es posible sentirlo.

En holocausto del amor a la patria sacrificaron el fruto de sus amores: el hijo; dejaron ir al padre, al esposo y al hermano; dieron sus joyas y abandonaron sus hogares y se transformaron en obreras de todos los talleres. Duras en el sacrificio, sólo lloraban, pudorosas, en las horas en que – cristianas de fe inconmovible – ofrecían a Dios sus oraciones. Cinco años vivieron así, bebiendo, sorbo a sorbo, infinitas amarguras...
Pero en Cerro Corá no terminó su calvario. Tras el desastre, solas, abandonadas, les aguardaba la obra grandiosa de la reconstrucción. Apoyadas en el recuerdo, inspiradas en el cariño pretérito, todavía fatigadas por el largo andar de la "residenta", comenzaron el trabajo de reedificar el hogar común, deshecho por el vendaval terrible.

Piedra sobre piedra fueron colocando con solicitud maternal. Ni una queja, ni una protesta, ni una actitud de rebeldía contra la suerte adversa. En silencio, con amor, cumplieron el doble deber: el del padre, que guía y sostiene; el de la madre, que educa y anima. ¡Benditas sean las mujeres que reconstruyeron la patria!

El siglo XX, el tiempo que vivimos, se nutre también con sus virtudes. Las luchas internas, de aprendizaje democrático, que tanto conmovieron a la Nación, les arrastró en el torbellino. Doloroso es recordar el sufrimiento de tantas madres cuyos hijos, llevados por las circunstancias, formaron bandos adversos en pugnas cruentas entre hermanos. Pero la historia política del Paraguay no puede olvidar el sacrificio de las mujeres en holocausto de ideales, buenos o malos, pero ideales al fin, que forman el sustractum de la cultura nacional.

La guerra del Chaco, página de contornos broncíneos, capítulo dantesco de la epopeya de los siglos, halló a la mujer paraguaya en su sitio habitual: el hogar. Atareada en la faena de hacer amable el presente y de preparar el porvenir, le sorprendió el llamado angustioso del clarín, en las horas inciertas de Pitiantuta. Dejó el trabajo de todos los días, un poco temerosa, al principio, pero serena y firme en seguida, para preparar el "avío" al padre, al hermano, al hijo o al esposo. Acompañó al "reservista" hasta el "acantonamiento", sin alharacas inconvenientes, sin exhalar siquiera un suspiro de tristeza, y lo dejó ir, tal vez para siempre, río arriba, en pos de la gloria, del sacrificio o de la muerte. La hemos visto en el puerto despedir al guerrero, con sus grandes ojos negros, abiertos desmesuradamente, como si quisiera aprisionar en ellos la imagen del hombre que se iba, vestido de verde olivo (111), con un fusil al hombro, a cumplir el deber supremo de defender la heredad común. Consciente de su misión y de su responsabilidad, animaba, estimulaba. Nunca lloraba en público. Para el llanto se hizo el misterio de la noche. Y a ella, el destino siempre la deja, con su dolor a solas.

¿Y no recordáis, acaso, su obra de colaboración en la defensa? Sus huellas se tienden de confín a confín del territorio. Sustituyó al varón en todas las labores, mitigó dolores y penurias del soldado y forjó el Alma de la Victoria con su fe en Dios y en los destinos de la Patria.
Terminada la contienda, el Paraguay desembocó en un régimen de fuerza.

La dictadura se irguió, proterva, audaz, irresponsable. Los hogares fueron atracados, los hombres libres perseguidos hasta más allá de las fronteras patrias. En nombre de una monstruosa concupiscencia los personeros del mal se adueñaron de los destinos de la Nación.

Fue entonces la hora de la mujer democrática, de la señora de la dignidad ciudadana. Sin abandonar el hogar, organizó sus huestes, y no solamente estimuló la lidia contra la opresión, sino salió a la plaza pública a enfrentar al despotismo. Desafió gallardamente al pretorio, retó a duelo a la tiranía, y cantó, en su audacia patriótica y humana, el himno eterno de la libertad.

La historia pudo verla, así, al pie de la enseña nacional, en brava guardia de las virtudes esenciales de la raza, bella en su actitud airada y siempre digna de sus nobles tradiciones.
 
 
 
 
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DOCUMENTO (ENLACE) RECOMENDADO:
 

HISTORIA DE LAS LETRAS PARAGUAYAS – TOMO III

Por  CARLOS R. CENTURIÓN

EPOCA  AUTONÓMICA

EDITORIAL AYACUCHO S.R.L

BUENOS AIRES-ARGENTINA (1951), 500 pp.

Fuente: BIBLIOTECA VIRTUAL PARAGUAYA (BVP)

 

(Hacer click sobre la imagen)

 

 

 

 


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