BERNARDO NERI FARINA

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21 de Agosto de 1951

LA REFORMA AGRARIA Y LA CRISIS MUNDIAL DE LA COMIDA - Autor: BERNARDO NERI FARINA - Año 2008

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LA REFORMA AGRARIA Y LA CRISIS MUNDIAL DE LA COMIDA - Autor: BERNARDO NERI FARINA - Año 2008

LA REFORMA AGRARIA Y LA CRISIS MUNDIAL DE LA COMIDA

BERNARDO NERI FARINA


Fernando Lugo estrenó sacerdocio en las localidades ecuatorianas de Guaranda y Echeandía y convivió con la pobreza. Inauguró su obispado en el departamento paraguayo de San Pedro y le sacudió la miseria. Ahora fue electo presidente de la República en un país insólitamente pobre -no debió haberlo sido nunca- y tiene una vía hacia la fecundidad. ¿La transitará montado en la reforma agraria?

Sacerdote y obispo, Lugo no tuvo antes posibilidad alguna de cambiar la realidad de su entorno. Presidente tras derrotar a una historia gris, posee hoy herramientas para impulsar la revolución. Una de esas herramientas es la coyuntura mundial que nos muestra la cara apocalíptica de la crisis alimenticia en el planeta.

Cuando pensábamos que la asombrosa oportunidad que tuvo el Paraguay en los años 70 con la construcción de Itaipú en medio de la crisis del petróleo y la eclosión de los precios del algodón y la soja no se repetiría jamás, hoy de nuevo la vida nos pone ante la perspectiva de valernos de nuestros recursos para salir de pobres de una buena vez por todas. Desperdiciarla, sería criminal.

¿Vale la pena que perdamos el tiempo en las pequeñas miserias de la politiquería criolla, mientras el mundo nos exhibe la grandiosidad de su horizonte?

Qué nos exhibe el mundo. Un encarecimiento sostenido de la comida, que aterra a millones de seres humanos. Y no hablo sólo de los habitantes de la atormentada África. Me refiero a rubicundos norteamericanos a quienes la triplicación del precio del arroz en los supermercados les tiene muy nerviosos.


LA OPORTUNIDAD


Todo indica que esta coyuntura llegó para aposentarse y convertirse en sólida estructura. Economistas de los considerados serios y rigurosos en sus análisis, afirman que se acabó el tiempo de los combustibles y los alimentos baratos.

Recuerdo cómo se conmovió la humanidad el 16 de octubre de 1973 cuando Arabia Saudí, Irán, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Qatar subieron el precio del petróleo en un 17 por ciento. El barril pasó a costar ¡3,65 dólares! Inaudito. Inconcebible. En el momento en que escribo este texto, está a 132 dólares y no tiene visos de parar en su ascenso.

El Paraguay ya tenía en aquel tiempo la hidroeléctrica de Acaray, acababa de firmar (26 de abril del 73) el Tratado de Itaipú y se aprestaba a signar otro igual, el de Yacyretá (3 de diciembre del 73). Teníamos asegurada la energía a futuro. Zafábamos de los efectos a largo plazo de la crisis. Encima, nuestro entonces alabado algodón lograba valores altísimos en los mercados más exigentes y nuestra soja asomaba como factor económico vital.

Aquella movida energética hizo que el mundo se sacudiera y que muchas cosas cambiaran. Se rompieron viejos paradigmas, como les gusta decir a ciertos opinólogos. Aquí también se movió el tablero y en los 70 tuvimos crecimientos económicos hasta hoy no superados.

En comparación con la del 73, la crisis de hoy es peor aún: a la par del petróleo, está subiendo de manera curiosa y extravagante el precio de la comida.


POR QUÉ SUBE EL PRECIO DE LA COMIDA


El mundo -especialmente algunos países emergentes- demanda cada vez más comida y ésta se encarece porque la producción no alcanza. Parece simple. Pero hay causas complejas.

Para examinar lo que pasa con los alimentos, desechemos en primer lugar las dogmáticas explicaciones de analistas ideologizados (de un extremo y de otro) que simplifican la cosa echándole la culpa o al libre mercado o al Estado según el hemisferio político que fatigan.

Ban Ki-moon, secretario general de la ONU, dice que hay varias causas de la crisis alimentaria actual, incluyendo el cambio climático, largos periodos de sequía, patrones de consumo cambiantes en los países en vías de desarrollo más grandes (China, India), la disparada del petróleo y las cosechas para biocombustibles.

Una muy respetada columnista del diario El País de Madrid, Ana Carbajosa; ensaya una teoría que pareciera primaria pero que puede no ser muy errada. "China ya come proteínas y Occidente desprecia la grasa", dice la española para significar que existe hoy una suma de gestos individuales que ha cambiado los hábitos del mundo.

Los chinos y los indios empiezan a beber leche y a comer carne de vaca, porque ahora son más ricos y su sociedad es más permeable a todo lo que vaya de Occidente, incluidos los hábitos alimenticios. "Los nuevos jóvenes urbanos hoy piden yogures, ajenos a la tradición china", apunta Carbajosa.

Por otra parte, sostiene que en Europa y Estados Unidos cada vez se come más pechuga de pollo y menos alitas, porque la gente está más preocupada por combatir la obesidad o los infartos que en llenar el estómago. Y esto también causa impacto en el mercado mundial:

Los cambios en las costumbres alimenticias de China e India afectan a todos, pues ambos países conforman el 40 por ciento de la población mundial, es decir, 2 mil 300 millones del total de 6 mil millones de personas que habitamos el planeta.

La globalización hace que el golpe de la suma de decisiones individuales se sienta con fuerza en todas partes. Y si se trata de China o si las preferencias culinarias se ex tienden en un continente entero como el europeo, las consecuencias llegan a ser devastadoras como sucedió con la actual subida del precio de los alimentos. El incremento de la demanda asiática, ante una oferta mundial relativamente reducida, fulminó además la demanda de granos para alimentar al ganado, lo que a su vez generó una potente presión en los stocks mundiales de cereales y soja.

Los chinos han pasado de consumir 9,5 litros de leche por persona y año en 1997 a casi 32 litros per cápita en el 2007; los indios incrementaron su consumo de 73 litros en 1997 a 91 en la actualidad, según datos de la FAO, y se calcula que el consumo seguirá creciendo un 15 por ciento cada año en los dos gigantes. Esto ha contribuido a que el precio de la leche se multiplicara por cinco en un lustro.


DE PURO RICOS


La crisis alimenticia actual se debe en gran medida a la riqueza emergente en regiones del mundo. Hay mucha gente que ahora puede y quiere consumir comida de calidad y su deseo hace que ésta se encarezca y arrastre consigo el peligro del desabastecimiento de todo aquello que se pueda comer. Sea de calidad o no.

Por otra parte, el drama de los alimentos ha puesto a los productores intensivos, agricultores europeos y norteamericanos, ante una realidad que no se imaginaban. Su política agraria desde hace cuarenta años tendía a frenar la producción mediante cuotas o barbechos obligatorios (dejar tierras fértiles sin cultivar durante uno o dos años). Así manejaban a su antojo la producción y los precios. Y producían cada vez menos.

Hoy, por ejemplo, la Unión Europea enfrenta esta crisis desprovista de reservas de granos o de capacidad para producir la leche que demanda el mercado internacional.

La FAO advierte que el almacenaje de los cereales está bajo el mínimo. Los grandes productores no tienen excedentes para inyectar los mercados, y el Banco Mundial percibe que la crisis va para largo; por lo menos hasta el 2015. El presidente de la entidad, Robert Zoellick, clama por "profundos cambios en las políticas de producción alimentaria para garantizar el suministro de granos básicos a la población". Lógico, los ricos compran todo lo que pueden y a los pobres ya no les sobra nada. Todo es caro. Y para más, no hay.


CÓMO ENCAJAMOS EN ESTO


Qué hacemos los paraguayos ante este escenario. Nuestro país tiene todas las condiciones para convertirse en copioso productor y proveedor de alimentos. De hecho ya lo es, en buena escala.

El Paraguay es el noveno país en el mundo en producción de maíz, el quinto en producción y exportación de aceites de origen vegetal, sexto en la producción mundial de soja y cuarto en exportación de este producto, según cifras del Ministerio de Agricultura y Ganadería.

Y esto, sin afectar radicalmente la calidad de la tierra, pues somos de los primeros en el mundo en cuanto a producción orgánica en siembra directa, una técnica introducida aquí por el inmigrante japonés Akinobu Fukami, de la colonia Yguazú.

El Paraguay exporta hoy productos agrícolas a más de 90 países, y productos pecuarios a 31 naciones.

Por otra parte, la carne paraguaya es de las mejores del mundo, y la propia Unión Europea ha certificado su confiabilidad.

Todo esto es producción del agro. Un verdadero logro si pensamos que nuestra productividad rural sigue siendo sumamente pobre. ¿Qué pasaría con una reforma agraria eficiente? ¿Y cómo sería la reforma agraria de Lugo?


QUÉ ES REFORMA AGRARIA


El concepto de reforma agraria, tras tanta mención por parte de gobiernos populistas o autoproclamados "progresistas", se ha vaciado de contenido en las últimas décadas.

Generalmente se entiende por reforma agraria un cambio profundo y generalizado en la tenencia de la tierra que se produce por decisiones políticas. Algunos analistas entienden que el objetivo de toda reforma agraria es repartir la propiedad rural, evitando la existencia de grandes latifundios improductivos que coexisten, normalmente, con un número considerable de minifundios.

Por la experiencia sabemos que las reformas agrarias en América no colmaron las expectativas, no elevaron la productividad del agro ni detuvieron la migración hacia las grandes ciudades. Algunos autores atribuyen esta debilidad en los resultados, a la forma parcial en que se realizaron y a la carencia de inversiones públicas en el campo.

Una reforma agraria revolucionaria en nuestro país debe apuntar a posicionar a la tierra como fuente de riqueza productiva. Los sujetos de esta reforma debieran ser -entonces- aquellos que realmente estén dispuestos a salir de pobres por esfuerzo propio, disponiendo de tierras y aprovechando al máximo el apoyo tecnológico y logístico que el Estado les brinde en los momentos iniciales.

Un error fatal de nuestras "reformas agrarias" anteriores (además de la corrupción que las rodeó) fue haber dado tierras indiscriminadamente a campesinos por el solo hecho de serlo, sin asegurarse de que realmente irían a producir. Infinidad de esos campesinos -abandonados a su suerte- terminaron vendiendo su posesión a brasileños e integrando la masa de sin-tierra manejada por dirigentes (o presuntos dirigentes) campesinos (varios de ellos pillos aprovechadores de la necesidad del prójimo), para pasar a servir de carne de cañón en las invasiones, muchas de éstas programadas por caciquillos políticos locales para provecho propio.

La única reforma agraria válida en estos tiempos será aquella que convierta a los productores rurales beneficiados, en verdaderos empresarios.

Para esto, el Estado debe trabajar duro en la educación intensiva con miras al cambio de mentalidad y de actitud del hombre rural, imbuido ancestralmente por el pensamiento fatalista respecto a su pobreza y a su destino de pobre ("Chéko mboriahumi ránte voi'). La diferencia entre productores brasileños y Mennonitas respecto a los paraguayos es cultural (antropológicamente hablando) y no genética.

Las empresas agro exportadoras también deben entender que su contribución con sus vecinos pobres es fundamental para ellas mismas. Su propia seguridad está en juego. Las diferencias sociales exageradas son caldo de cultivo para los conflictos.

La globalización -que hay que aprovecharla antes que satanizarla por prejuicios ideológicos- ofrece al Paraguay un escenario indespreciable: nuevo Gobierno, situación mundial que es una oportunidad y un panorama interno abierto a las iniciativas positivas.

El Paraguay tiene tres elementos fundamentales para ser rico: energía, agua y condiciones físicas para producir alimentos. Justo lo que el mundo necesita en estos tiempos. No vamos a alimentar a todos los chinos ni a todos los indios. Pero sí podemos hacer buenos negocios a partir de una reforma agraria racional para la producción agrícola, ganadera, avícola, piscícola y agroindustrial que tienda al mundo.

A los elementos para ser rico, el Paraguay antepone carencias que lo atan a la pobreza: sinceridad de propósitos (traducida en mentiras y corrupción), conocimientos y eficacia. Todo esto se conjuga en una sola noción: necesidad urgente de un cambio de actitud. Este es el cambio final que necesitamos como país.

Fernando Lugo desarrolló su sacerdocio y su obispado en medio de la pobreza extrema. Eso avivó su sensibilidad. Ahora, como Presidente tiene la vía abierta con miras a promover la acción necesaria para que los campesinos pobres dejen de pensar como pobres y se sientan ciudadanos capaces de crecer y producir por sí mismos apenas sean apuntalados en lo necesario.

El mayor triunfo de Lugo -en la esfera rural y económica en general- será que los agro- productores paraguayos evolucionen y vean el mundo con las oportunidades que les presenta. Y las aprovechen. Como en esta coyuntura planetaria en que la comida escasea y es cara mientras nosotros tenemos la capacidad cierta de elaborarla y exportarla sin descuidar el mercado interno.

Es una ocasión histórica más. O nos subimos al tren o nos quedamos para siempre rumiando nuestras miserias, en este valle de lágrimas.



FUENTE:

 

 

LOS DILEMAS DE LUGO – ANÁLISIS INÉDITOS

COLECCIÓN SOCIEDAD Y POLÍTICA

de EDITORIAL EL LECTOR,

Director editorial: Pablo León Burian.

Coordinador editorial: Bernardo Neri Farina .

www.ellector.com.py

Asunción-Paraguay 2008

 

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PRESENTACIÓN

La Editorial El Lector ha reunido a una docena de periodistas y escritores, agudos observadores de la realidad nacional, para analizar el escenario que encontrará el Presidente Fernando Lugo al asumir la primera magistratura del país luego de su impactante victoria electoral del 20 de abril del 2008.

LUIS BAREIRO, periodista de ABC Color, Canal 13 y Radio Cardinal; EDWIN BRÍTEZ, columnista y editor de la sección Internacionales de ABC Color, ANDRÉS COLMÁN GUTIÉRREZ, analista y referente esencial del diario última Hora; NATALIA DAPORTA, especialista en temas educativos en ABC Color; Marta Escurra, editora de la Revista Dominical de ABC Color; BERNARDO NERI FARIÑA, periodista y escritor; LUIS MARÍA FLEITAS, ingeniero agrónomo y colaborador de ABC Color en temas energéticos y ambientales; PEDRO GARCÍA, nombre insoslayable en el periodismo deportivo y redactor de última Hora; ALCIBÍADES GONZÁLEZ DELVALLE, maestro del periodismo nacional, columnista y editor del Suplemento Cultural de ABC Color; ROBERTO PAREDES, periodista y escritor; FRANCISCO PÉREZ-MARICEVICH, escritor, MABEL REHNFELDT, periodista de investigación de ABC Color, conductora de programa en Radio 1° de Marzo, y JUAN AUGUSTO ROA, corresponsal de ABC Color en Itapúa, fueron convocados por esta editorial para escribir el presente libro que será una contribución sumamente valiosa no sólo para Fernando Lugo, sino también para toda la ciudadanía.

En estos textos inéditos, elaborados exclusivamente para este volumen, hay una gran carga de experiencia y un profundo conocimiento de lo que pasa en el país y de lo que percibe la ciudadanía respecto al singular cambio que comenzamos a vivir el 20 de abril del 2008.

Este es otro notable emprendimiento bibliográfico que enorgullece a la Editorial El Lector.

No es un título más. Es nada menos que una visión ecuánime y honesta desde la prensa, desde la responsabilidad profesional de doce figuras del periodismo paraguayo reunidas para analizar el paso de una situación a otra, e investigar los conductos factibles para el cambio real que tanto anhelamos y que esperamos se plasme por fin. – PABLO LEÓN BURIÁN. EDITOR

 

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ÍNDICE

·         POBREZA, DESEMPLEO, TIERRA E INVERSIÓN PÚBLICA - LUIS BAREIRO

·         LUGO Y LA INSTITUCIONALIDAD DE LA REPÚBLICA - EDWIN BRÍTEZ

·         ¿QUIÉN LE PONE EL CASCABEL A LA MAFIA EN LA TRIPLE FRONTERA? - ANDRÉS COLMÁN GUTIÉRREZ

·         EL ESCENARIO EDUCATIVO: CAOS, INEFICIENCIA, CORRUPCIÓN - NATALIA DAPORTA

·         CONTRAPODER: NI PRENSA AMIGA NI ENEMIGA - MARTA ESCURRA

·         LA REFORMA AGRARIA Y LA CRISIS MUNDIAL DE LA COMIDA - BERNARDO NERI FARIÑA

·         ENERGÍA Y MEDIO AMBIENTE - LUIS MARÍA FLEITAS

·         EL DEPORTE MERECE PELOTA - PEDRO GARCÍA GAROZZO

·         ¿CUÁNTAS SERÁN LAS SORPRESAS PARA LUGO? - ALCIBÍADES GONZÁLEZ DELVALLE

·         FORTALEZAS Y DEBILIDADES DE FERNANDO LUGO - ROBERTO PAREDES        

·         LA CULTURA COMO REALIDAD POLÍTICA Y SOCIAL - FRANCISCO PÉREZ – MARICEVICH

·         MIL Y UN DÍAS DE CORRUPCIÓN. PEQUEÑA GUÍA PRÁCTICA PARA LUCHAR CONTRA ELLA - MABEL REHNFELDT

·         ITAPÚA: ENTRE EL PRIMER MUNDO Y LA EXTREMA POBREZA - JUAN AUGUSTO ROA

IDEAS FUERZA DE ESTE LIBRO

EPILOGO

 

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EPÍLOGO:

Decía Jorge Luis Borges que los libros no debieran tener prólogo sino epílogo, pues nadie analiza una obra antes de leerla. En ese contexto va este cierre.

Las ideas expuestas aquí tienen la cualidad de ser puras, no contaminadas con ninguna segunda intención ni sesgadas por intereses personales, políticos, ideológicos o dogmáticos. Pueden ser equivocadas, cómo no. Pero con seguridad, son sinceras.

Estos escritores son periodistas de alma, de oficio y de profesión. Son gente acostumbrada a escuchar a la gente, y por ello su propia percepción está nutrida por la percepción diversa de un público diverso. Y eso enriquece su conocimiento de la realidad.

He aquí una ventaja del periodista sobre el político. Éste, en su legítima búsqueda del poder, generalmente pierde la noción de la verdad al encerrarse en sus propias obsesiones y sus particulares intereses, o al tratar de acomodar la realidad a su privativa concepción de los hechos, con lo que su visión queda distorsionada y alejada de las necesidades ciudadanas.

Quienes concebimos, elaboramos y editamos este libro, unimos nuestro anhelo de país al que creemos es el de la inmensa mayoría de los paraguayos y las paraguayas. Hay un Paraguay que debemos construir juntos. El Paraguay serio, institucionalizado, libre, habitado por ciudadanos y no por súbditos, confiable, predecible, eficaz, honesto, culto, respetable, respetuoso y respetado; productivo, creativo, optimista, exigente consigo mismo; proactivo ante el futuro, soberano y digno; altivo en su identidad particular y solidario en su inserción en el mundo. Un país donde la excelencia sea una constante aspiracional y concreta, donde la eficiencia se haga tradición, donde hacer bien las cosas sea una costumbre cotidiana.

Este Paraguay es el opuesto al que tenemos hoy. Un Paraguay donde priman los deshonestos, los sinvergüenzas, los mediocres, los incapaces, los ineptos, los traficantes de maletines y de influencia; los políticos voraces, los violadores de la Constitución, los vendedores y compradores de conciencia, los coimeros y los coimeados, los estafadores, los criminales que se roban la leche, la galleta y los libros de los niños; los que se enriquecieron a costa del empobrecimiento de la educación, la salud y la dignidad de la ciudadanía; los funcionarios públicos convertidos en potentados sin pudor; los que hurtan los medicamentos de los hospitales públicos, los que cobran y pagan por caminos que no existen, los que malgastaron nuestras riquezas naturales, los que mercaron con la soberanía nacional.

El 20 de abril del 2008 hubo un voto ciudadano consciente y maduro, que eligió el cambio. Si el gobierno electo no inicia el proceso evolutivo para revolucionar el contexto actual del país, simplemente cometerá un acto de traición a la confianza de la gente.

Pero hay otro aspecto insoslayable. Ningún cambio radical se dará en el Paraguay, si paraguayos y paraguayas no adoptamos la condición de ciudadanía, es decir, la de seres conscientes, racionales, cumplidora de sus obligaciones y preservadores de sus derechos, miembros plenos e igualitarios de una comunidad nacional.

Al mismo tiempo de exigir al Gobierno, exijámonos nosotros. Asumamos nuestra responsabilidad particular en el ámbito en que nos toque actuar. Así será más fácil reconstruir el Paraguay. - BERNARDO NERI FARINA. Coordinador editorial



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25 de Mayo esq./ Antequera

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Asunción - Paraguay.

 

 

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