VIDA, PASIÓN Y RIQUEZA DEL SEÑOR POLÍTICO
nerifarina@gmail.com
Apenas finalizada la Guerra Guasu, los líderes de la nueva era estrenaron la más recurrente práctica de los políticos vernáculos: apoderarse de la cosa pública para provecho propio. De los préstamos londinenses de 1871 y 1872 —3 millones de libras—, llegaron 528 mil, en sucesivas entregas. La última caja fue saqueada en el puerto y solo quedaron descoloridos ejemplares del Almanaque Bristol que acompañaban al dinero.
A partir de ahí se desplegó una tradición solo cortada durante algunas etapas en que emergieron ciertos karai guasu en la política.
El robo al Estado fue omnipresente, pero se sistematizó entre 1954 y 1989 y se “democratizó” desde el 89. Ya no solo robaban los políticos de la situación sino también los de la “oposición”. Ante nuestra escasa educación cívica, los políticos instalaron que la política es asunto privativo de ellos y que partido, Gobierno y Estado son una misma cosa. También patrimonio de ellos. Los partidos, especialmente los tradicionales, fueron la plataforma para abordar el Estado y cumplir la “tradición”.
El Estado sigue siendo la mayor fuente de riqueza de los políticos, salvo excepciones, que no son demasiadas. Los políticos inundaron el Estado y lo vaciaron de sus objetivos para convertirlo en su caja de manutención. Y de tanto protagonismo que han alcanzado en el mal uso de los bienes estatales —comprobado patéticamente durante la pandemia— nos pasamos hablando más de los políticos que de la política en cuanto atañe a la ciudadanía.
La ciudadanía ha cedido su legítimo lugar en la política para que los políticos decidan de manera exclusiva en nuestra vida ciudadana. Solo nos asomamos a la política en las elecciones. Los partidos decisivos —por su organización— han prescindido a su vez de ciudadanos políticos y están llenos de políticos sin visión de ciudadanía. De ahí la cada vez más pobre oferta electoral y la sombría conformación del Congreso.
El año 2023, cuando tantas cosas definirán el futuro del Paraguay, se acerca vertiginosamente. La ciudadanía debe utilizar las herramientas legítimas a su alcance para ser protagonista de la política. El voto es un instrumento, pero de poco sirve si los partidos nos ofrecen candidatos que son los mismos escombros de siempre.
Debemos comenzar a hablar de esto. Si no lo hacemos, en poco tiempo más en las arcas del Estado —vida, pasión y fuente de riqueza de nuestro señor político— no encontraremos ya ni siquiera un descolorido ejemplar del Almanaque Bristol.
Fuente: ABC Color (Online)
www.abc.com.py
Sección: OPINIÓN
Domingo, 04 de Julio de 2021
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