CORRUPTOS: LOS MÍOS, LOS TUYOS, LOS NUESTROS
nerifarina@gmail.com
—No le podés votar a ese; es un corrupto. —Por eso mismo le voy a votar. Péa omondáta ha omondykýta ñandéve (Ese robará y nos hará “gotear” de lo que robe).
Este contundente diálogo no es una fantasía literaria. Existió en la perversa realidad en un barrio de Asunción. He aquí una clave de las victorias electorales de tantos sinvergüenzas: roban, reparten un puchito a sus paniaguados, pagan alguna receta medicinal y quedan como héroes de esa masa de votantes domesticados. Montan el espectáculo del “político generoso”, siguen escalando y continúan robando.
Este es el panorama electoral en “la parte baja”, donde votan los embrutecidos por dádivas baratas que no hacen otra cosa más que perpetuar su pobreza. En la “alta” política la relación corruptos-votos es similar. El aparato partidario lanza las candidaturas no de los mejores sino de los más corruptos, porque así lo impone el sistema para que el sistema siga funcionando.
Vean nomás ustedes la conformación de nuestras “honorables” cámaras legislativas, que deben de tener la mayor cantidad de imputados por corrupción en comparación con Legislativos regionales. Y la inmoralidad no es privativa del bando carmesí. Las huestes azules se sumaron fervorosas al régimen de saqueo estatal a discreción.
En su artículo titulado Tiros en el Paraguay (La Razón, 2 de octubre de 1909), Rafael Barrett afirmaba: “Se parecen tanto unos a otros los partidos políticos en el Paraguay, que la única manera de distinguirlos es ponerles un color”.
De aquel tiempo a esta parte, la organización de truhanes es mucho más sólida y multipartidaria. Se ha llegado a la estrafalaria situación de prestarse corruptos unos bandos a otros para votar por algún botín o para proteger al político de algún partido coyunturalmente “fraterno” que cometió una fechoría. Tal como ocurrió con el gobernador de Central, el colorado Hugo Javier, salvado de un pedido de intervención de su Gobernación por el concejal liberal Mario Aguilera. Para qué están los hermanos; los hermanos de leche que maman de las tetas estatales.
En el Congreso hay variados ejemplos de protecciones interpartidarias. Y no precisamente por buena voluntad, sino para pagar favores pasados o futuros. La corrupción solo fructifica cuando el entramado que la sostiene es amplio y macizo. Esto incluye a una “justicia” metódicamente pervertida, presta para blanquear bandidajes. La tarifa está en el código de barras que acompaña a cada resolución.
Los tres poderes del Estado son plataformas de la corrupción “democratizada” que todo lo contamina. La ciudadanía decente, a su vez, observa abrumada cómo el Ejecutivo guarece a sus corruptos, el Legislativo a los suyos y el Judicial a todos por igual.
Con tal de que hagan gotear algo de lo que tragan, los corruptos —los míos, los tuyos, los nuestros— estarán siempre muy bien protegidos. Todos para uno y uno para todos, dirían los mosqueteros de Dumas.
Fuente: ABC Color (Online)
www.abc.com.py
Sección: OPINIÓN
Domingo, 18 de Julio de 2021
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