EL CONGRESO, EN BUSCA DEL RESPETO PERDIDO
nerifarina@gmail.com
Revisando documentos sobre la composición del Congreso Nacional en diversas épocas, encontré nombres notables. De los dos partidos tradicionales. Había mucha gente ilustre e ilustrada. Muy diferente de lo que ocurre en la actualidad, en la que prevalecen los atorrantes y los ignorantes.
Ricardo Brugada, Ignacio A. Pane, Juan José Soler, Tomás Appleyard. Estos, en 1911. Víctor Abente Haedo, José P. Guggiari, Manuel W. Chaves, Eusebio Ayala (1915).
Del 28 al 32, Emilio Aceval (sobreviviente de Acosta Ñu), Jerónimo Riart, Luis de Gásperi, César López Moreira, Justo Pastor Benítez, César A. Vasconsellos, Justo P. Prieto, Bernardino Gorostiaga, Roque Gaona, Luis Ruffinelli.
Y más acá en el tiempo, de 1968 a 1973: Bacón Duarte Prado, Juan Carlos Moreno González, Gustavo Adolfo Riart, Rafael Eladio Velázquez, Efraím Cardozo, Víctor Natalicio Vasconsellos, Carmen de Lara Castro.
Personas íntegras. Uno podía tener divergencias políticas con ellas, pero eran capaces de discutir ideas y no perder la compostura ni la decencia en la discusión por más apasionada que esta fuese.
Y hoy, ¿cómo se llega al Congreso? La respuesta lógica es: a través de los partidos y movimientos políticos. ¿Y qué “atributos” debe tener una persona, además de pertenecer a un partido o movimiento, para ser candidato al Legislativo? ¡Dinero, mucho dinero!
Y he aquí un tema central. Las elecciones en el Paraguay son de las más caras en el mundo en términos relativos. Para integrar una lista de legisladores se necesita caudal económico, pues pese a que los partidos reciben subsidios electorales del Estado, estos no bastan para llenar el barril sin fondo de los requerimientos de una campaña.
Entonces, los partidos ya no integran sus listas con los mejores, con los más aptos, con quienes tienen solidez moral, sino con quienes pueden conseguir los recursos necesarios para pagarse su actividad preelectoral.
De esta manera, los partidos terminaron “loteados” entre quienes tienen recursos, propios o de gente que los apoya para luego exigirles (nadie financia a un político por amor al partido o a la patria: siempre hay un beneficio particular detrás). Las listas se llenan con quienes pagan (no importa si tienen deudas con la justicia). Hay quienes en su campaña gastan mucho más de lo que ganarían en cinco años como parlamentarios. En el Congreso no es la dieta lo importante, sino el poder para generar mucho más dinero.
¿Cómo se romperá este esquema perverso? Solo con una ciudadanía bien formada ética y culturalmente. Una ciudadanía sana que se involucre y exija y haga que la política vuelva a ser para los mejores y no para los mediocres, los corruptos, los que han hecho del Paraguay uno de los países más pobres y atrasados del continente.
Sueño ver otra vez nombres ilustres integrando el Congreso Nacional. Gente verdaderamente honorable que con rectitud y gestión eficaz recupere el respeto que hoy no tiene nuestro Legislativo.
Fuente: ABC Color (Online)
www.abc.com.py
Sección: OPINIÓN
Domingo, 22 de Agosto de 2021
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