Esta reflexión surge ante la proximidad del Día Internacional del Libro (23 de abril) y los nuevos intentos de transformar nuestro sistema educativo, en un medio en el que la lectura no es prioridad como factor de aprendizaje, y en el que se desdeña la cultura del libro para sacralizar la tecnología sin percibir que la eficacia de tal tecnología depende del caudal intelectual del ser humano que la maneja.
La relación directa con estudiantes me permitió explorar sus limitaciones expresivas, pero me posibilitó comprobar su interés en superar sus lindes a poco que se les motivara: enseguida adquieren avidez por cultivarse.
Inauguré la costumbre de sortear un libro por clase (obras literarias). Al final del semestre todos llevaban un ejemplar. Al principio no entendían de qué se trataba. Hasta que algunos comenzaban a comentar el libro ganado y eso promovió que otros jóvenes comentaran también el suyo. Y se iba produciendo una acción sinérgica. Se les revelaba un universo nuevo. Para muchos era una primera experiencia con un libro; hasta tenían problemas para diferenciar ficción de realidad. Ahí requerían la intervención del docente. Pero lo importante estaba hecho: los propios estudiantes originaban circuitos de lectura. El entendimiento que entonces adquirían provocaba que les fuera más fácil aprehender lecciones complejas. Ahora sorteo semanalmente un libro en twitter, y la respuesta es igualmente gratificante.
Hoy, con los cambios vertiginosos, es imposible enseñar a los jóvenes todo lo que deberían saber para desempeñarse en la vida de manera eficaz. Se debe formar estudiantes que aprendan a aprender, es decir, estudiantes cultos. Y la única vía es la lectura, con su herramienta indispensable: el libro, ese instrumento transmisor de la sabiduría humana.
El maestro de este mundo actual es aquel que motiva a pensar, que ayuda a adquirir una visión crítica merced al razonamiento particular y la capacidad de comprensión. Un maestro culto formará estudiantes cultos que sabrán utilizar sus conocimientos.
Una persona culta es aquella capaz de desarrollar todo su potencial más allá de cuál sea el gobierno. No va a esperar pasivamente que algún gobierno solucione los problemas del país. Ella saldrá a luchar por lo suyo y suscitará una sinergia actitudinal en la sociedad.
Nuestro sistema educativo actual está lleno de nomenclaturas nuevas que ocultan vicios viejos. Y se piensa poco en lo esencial: en saber abstraer ideas, en razonar, en desentrañar complejidades, en expresarse con precisión, en saber entender el mundo. En suma: no se piensa en leer, que es el único medio para lograr el conocimiento pleno y la habilidad para seguir aprendiendo durante toda la vida.


