El coloradismo enriqueció a sus paniaguados: contrabando, licitaciones, manejo discrecional de entes estatales, acceso a binacionales, robo impune al erario; todo estaba reglado en favor del “correligionario” que en tren de depredador se convertía en “dilecto amigo”, en cómplice.
Para durar en el poder, Stroessner se rodeó de angurrientos compinches que terminaron blindándolo con ferocidad.
Luego de la caída de Stroessner en 1989, la corrupción y el saqueo se “democratizaron” y dejaron de ser privativos de los colorados, pues se extendieron al otro partido tradicional, el Liberal, y también prendieron en grupos políticos de muchísimo menor caudal, pero igualmente voraces.
En vez de ganar en calidad tras el derrocamiento del régimen autoritario, el Partido Colorado perdió aún más solvencia cívica por la irrupción en su dirigencia de individuos de lúgubre vulgaridad. En esa degradación, la ANR arrastró a los liberales que también sucumbieron ante la mediocridad, la insolvencia moral y la mera codicia como contexto político. De esta manera, se frustró la esperanzadora transición a la democracia iniciada en febrero de 1989.
“La calidad de la democracia depende de la calidad de los partidos y movimientos políticos, y estos dependen de la calidad moral e intelectual de sus líderes”, afirmó días pasados monseñor Adalberto Martínez, arzobispo de Asunción y presidente de la Conferencia Episcopal Paraguaya (CEP), al colega Última Hora.
Martínez fue más allá aún y puso gran parte de la responsabilidad de las elecciones sobre los hombros de la ciudadanía que apoya a esos políticos, a esos mismos que le niegan a nuestro país la posibilidad de salir del marasmo ético, económico y social en que se encuentra.
Y he aquí algo esencial. El drama no solo está en la degradación de la política, sino también en la de la ciudadanía que vota y elige. Porque extirpar el sistema de indignidad que reina en los partidos mayoritarios será labor de la sociedad y no de los políticos propiamente. Lo políticos viven de la deshonestidad.
En este contexto ¿cómo entran los jóvenes? Para las municipales del 2021 estuvieron habilitados poco más de 1.450.000 individuos entre 18 y 29 años. Para el 2023 serán algo más. ¿Sabrán exigir calidad en la oferta electoral? ¿Serán sus pechos la muralla contra los candidatos de la mafia?
La poderosa ANR se ufana de su “estructura”, esa misma que mantiene al Paraguay pobre, atrasado, dominado por políticos viciosos, narcos, que lavan sus fechorías con la sangre de gente inocente.
Los jóvenes deben rescatar a la política. La vieja maquinaria anquilosada y tramposa debe dar paso a un nuevo aliento.


