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HERMINIO GIMÉNEZ (+)

  HERMINIO GIMÉNEZ: A 25 AÑOS DE UN REGRESO HISTÓRICO - Por ANTONIO V. PECCI - Sábado, 22 de Febrero de 2014


HERMINIO GIMÉNEZ: A 25 AÑOS DE UN REGRESO HISTÓRICO - Por ANTONIO V. PECCI - Sábado, 22 de Febrero de 2014

HERMINIO GIMÉNEZ: A 25 AÑOS DE UN REGRESO HISTÓRICO

 

Por ANTONIO V. PECCI

 

Periodista e investigador

antoniopeccipy@yahoo.com

Un día de febrero de 1989 retornaba al país, cargado de gloria, el consagrado músico, luego de 42 años de exilio, recibiendo el afecto de sus compatriotas y ofreciendo recordados conciertos. Creador de más de 100 temas de música popular y 8 sinfonías, es junto a Agustín Pío Barrios y José Asunción Flores uno de los pilares de nuestra cultura.

Un día de febrero de 1989, a pocas jornadas de la caída de la dictadura, se daba el regreso de una figura fundamental de la música, la cultura y la lucha por la libertad y la democracia paraguaya. El maestro Herminio Giménez cruzaba caminando, sonriente, desde la aduana de Clorinda a la de Puerto Falcón, despojado de equipaje, acompañado de un grupo de amigos y de periodistas que acudimos a cubrir su retorno. Regresaba por el mismo sitio por donde había emprendido el camino al exilio en 1947 tras la fatídica Guerra Civil de ese año.

Quiso hacer a pie ese tramo corto que marca la frontera de los dos países, como un ciudadano más, de los miles que volvían luego de años o décadas de prohibición. Caminando con pasos firmes a sus 84 años.

El maestro ingresaba dialogando, haciendo chistes, su rostro resplandeciente de alegría, por esa oportunidad que le había dado la vida de volver a pisar su tierra sin tener que pedir permiso.

Quizá quería celebrar su cumpleaños en su tierra, a la que había cantado en tantas composiciones que recorrieron el mundo, ya que había nacido un 20 de febrero de 1905 en el pueblo de Caballero, Departamento  de Paraguarí, hijo de madre soltera. Herminio no llegó a conocer a su madre, Artemia Giménez, ya que a los 6 meses de vida un rayo acabó con la vida de ella, pasando el niño a ser criado por las tías en Asunción. Muy pronto, de la mano de su tío, Manuel Giménez, miembro de la Banda Militar de la Artillería en Paraguarí, iniciaría su carrera bajo la docencia del director de dicha agrupación, el alemán Emil Laskowsky. Tenía 10 años.

Unos años después, ya con estudios y  la formación básica musical adquirida, se trasladó nuevamente a Asunción donde ingresó como intérprete contratado por la Banda de Músicos de la Banda de Policía. Allí conocería a otros músicos inquietos como él por el progreso artístico de un país que vivía postrado tras la guerra del 70 y las sucesivas revoluciones cuarteleras de colorados y liberales. Compartiría sus desvelos y trabajos con José Asunción Flores, Darío Gómez Serrato, Mauricio Cardozo Ocampo, Félix Fernández, Manuel Rivas Ortellado, Gerardo Fernández Moreno, entre otros, quienes sentaron las bases de la música popular moderna en el país con una racha de creaciones e interpretaciones musicales que abarcó cuatro décadas y se dio en llamar 'la época de oro'. En ese lapso nacería, en 1925, la guarania, en el seno de dicha agrupación, de la mano de José Asunción Flores. Senda musical a la que contribuiría con logradas creaciones Herminio, así como los otros compañeros de la agrupación.

Errancias y exilios

Pronto el inquieto Herminio formaría su propia agrupación y se trasladaría, todavía en la década de 1920, a la Argentina, donde actuaría con singular éxito, llegando a grabar los primeros discos cantados, como dúo Pucheta-Giménez, en Bs. As. Allí completaría su formación musical e integraría varias orquestas, pasando luego al Brasil. Luego sería la Guerra del Chaco y, posteriormente, Nueva York, actuando en la radio NBC. Y giras por distintos países americanos y europeos, tocando y haciendo amistad con figuras como Jorge Amado, Getulio Vargas, Jesualdo, Astor Piazzolla, Atahualpa Yupanqui, Cástulo Castillo, Aníbal Troilo, Horacio Guarany y tantos otras personalidades.

Lo conocí en la ciudad de Corrientes un día de febrero de 1977. Estaba instalado allí gracias a la gestión de un gobernador local que lo admiraba como músico y le ofreció la dirección de la Orquesta y Coro de la Provincia de Corrientes, con la que realizó giras por toda la Argentina.  Lo traté durante tres días con el fin de elaborar un amplio reportaje sobre quien era ya una leyenda viviente gracias a temas como  Che trompo arasa, Lejanía, Choli, Mi oración azul, Cerro Corá,  y su magistral  El canto de mi selva.

Frecuenté su amplio departamento en un tercer piso en la zona céntrica de dicha ciudad, donde vivía junto a su inseparable compañera y musa inspiradora, Victoria Miño de Giménez, y su simpático loro Lorenzo Catán, que lo acompañaba en muchas de sus giras cercanas. Caminando por las calles la gente se acercaba, lo saludaba con cariño y respeto, expresiones a las que él respondía con una salida chispeante. Sencillo y carismático, estaba dotado de una gran disciplina para el trabajo diario como compositor, director, arreglador, musicalizador de películas y temas de ballet. A sus 72 años, entonces, irradiaba una gran energía para la labor y una alegría permanente, que solo se ensombrecía cuando se refería a la situación de falta de libertades en que vivía sumida su patria y el lamentable nivel de deterioro a que había llegado la música popular. 'Bajo una dictadura no puede florecer el arte y así surgen expresiones mediocres como el purahéi jahe'o, un pueblo que ha producido la Guarania...', me decía con tristeza.

Al llegar a la sala de ensayos de la orquesta, por las tardes, gastaba chascarrillos con los músicos y las coreutas y antes de tomar la batuta me indicaba: "Antes de empezar el ensayo me gusta bromear con la gente, pero una vez que subo a la tarima soy un toro". Exigente y decidido guiaba a la orquesta hacia el nivel sonoro y la intención musical que él la tenía claramente definida, interrumpiendo el ensayo para hacer una acotación suave pero firme a algún instrumentista que no se ajustaba a la línea orquestal. Y así obtenía un sonido orquestal de prístina sonoridad y riqueza musical con el repertorio hecho de música correntina, paraguaya y latinoamericana básicamente, con autores europeos cuando la circunstancia lo requería. Era conocida su devoción por Chaikovsky, el gran creador de sinfonías y oberturas como 1812, y de temas para ballet.

A la mañana, conversaba en el desayuno con quienes fueran sus acompañantes y luego se sentaba a trabajar sobre sus partituras hasta el mediodía, en que almorzaba y realizaba una ligera siesta, para luego a la tarde salir a caminar, tomar un café, reunirse con algún músico o poeta correntino, hasta ir al ensayo. Luego, la vuelta al departamento, la cena con Victoria y el loro, a quien daba de comer mientras le prodigaba cariñosas palabras. Era el hijo que no habían tenido. Y luego a reposar. 

Le preguntaba cómo hizo para ganarse el cariño de la gente del lugar y me decía: "Me acosté en la cama de la cultura correntina". Así se empapó de sus ritmos y aires y creó algunos chamamés, pero, sobre todo, brindó renovados arreglos de temas del repertorio correntino debidos a creadores como Tránsito Cocomarola y otros.

Poco tiempo después se publicó el  reportaje con gran despliegue en la revista Ñandé, gracias al entusiasmo de su jefe de redacción, José María  Pitoto  Troche, un apasionado de la música paraguaya, desafiando la censura oficial. La respuesta de los lectores fue encomiosa. Don Herminio me envió una linda tarjeta postal de agradecimiento desde París. Dicha nota fue una de las razones para que sufriera una nueva prisión que, junto a otros compañeros del Movimiento Independiente, la cumplí en el penal de Emboscada por haber infrigido la Ley 209.

La vida me depararía el honor, en 1987, de que por decisión del autor de la obra, José Fernando Talavera,  del director de la Editorial Histórica, Alfredo Seiferheld, y del colega Luis Alberto Mauro, me tocara presentar la excelente biografía del primero de los nombrados en el Centro Juan de Salazar. La desgastada dictadura tuvo que acceder y otorgó un permiso de una semana para que el maestro pudiera venir  a Asunción y estar en la presentación del libro que lo tenía como protagonista. Fue una noche apoteósica, de un público jubiloso rebosante de alegría que estalló en aclamaciones cuando un sonriente Herminio hizo su ingreso a la sala y pese a los tironeos de la gente echó varios chistes y pudo llegar hasta la mesa donde con emoción contenida participó del acto. El "pan celeste de la música", como solía decir, había traspasado la censura y el artista se había abrazado con su público. Una noche que sería reeditada numerosas veces desde su vuelta en 1989 hasta su final en junio de 1991, a los 86 años.

 

Anecdotario

*Ortiz Guerrero. Herminio sentía enorme admiración por el poeta guaireño, a quien conoció. Sabía de memoria varios poemas del vate como Remember, que se lo escuchamos recitar.

*Mangoré. Recordaba como una de las emociones más intensas de su vida, el que siendo niño pudo asistir –llevado por su tío Manuel Giménez–  a un concierto en una sala capitalina de Agustín Pío Barrios, quien lo deslumbró por el talento que exhibía.

*Flores. Tenía una estrecha amistad con el creador de la guarania, con quien ofreció numerosos conciertos, bajo el patrocinio de la Agrupación Folclórica Guaraní, difundiendo la música y la cultura paraguaya en Buenos Aires.

*Atahualpa. A la muerte del gran arpista Félix Pérez Cardozo, días después el destacado compositor e intérprete Atahualpa Yupanqui le haría llegar la letra de Canción del Arpa Dormida, dedicada al gran mitã guasu. Con base en dicho texto, Herminio crearía una de las más intensas guaranias.

*Con Getulio. El mandatario brasileño era un gran admirador de la música paraguaya. Tanto que en algunas oportunidades, al finalizar el programa Horas paraguayas, que Herminio dirigía en Radio Nacional, solía invitarlo Getulio Vargas al Palacio do Catete, para cenar y charlar.

*Chaikovsky. Uno de los momentos más emotivos de su vida, contaba, fue cuando pudo visitar en Moscú el sitio donde vivió el gran compositor ruso. Herminio se arrodilló ante la puerta de entrada de la casa-museo para expresar su admiración.

*Con los migrantes. Sensible al drama de los migrantes paraguayos, en varias ocasiones, acudió a las celebraciones de diciembre en honor a la Virgen de Caacupé, en la provincia de Buenos Aires, al frente de una gran orquesta para deleite de miles de compatriotas que acudían a dicho acto.

*En el cine. Fue autor de la banda sonora de unos 12 filmes como Alto Paraná (1950), El viejo Tala (1961), premio Sadaic a la mejor banda sonora; Codicia (1953) y Las aguas bajan turbias (1966).

*Obra sinfónica. Fue reunida en dos cedés y editadas por el Ateneo Cultural José Asunción Flores. Comprende las sinfonías y una selección de sus temas populares como Renacerá el Paraguay. Fueron grabadas por la OSCA.


 




 

Fuente: ULTIMA HORA (ONLINE)

Sección CORREO SEMANAL

Sábado, 22 de Febrero de 2014

 www.ultimahora.com


 

 

 

 

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