EMPATE TÉCNICO
Razones teníamos quienes nos absteníamos de manifestar repudio público al secuestro de Fidel Zavala. No escribimos sobre el tema, no pegamos ni hicimos flamear una cinta blanca, no integramos cadenas de oración, no hicimos circular correos ni llamamos a la radioemisoras a asentar nuestra indignación en los asientos virtuales de plagueos anónimos. Intuíamos que eso era precisamente lo que los militantes secuestradores deseaban se hiciera. Había que evaluar: si se mantenía a la víctima en la noticia y en el recuerdo, también se sostendría en ellos a sus secuestradores. Cada cinta blanca recordaba a Zavala, pero también al EPP. Publicidad indeleble y gratuita para la organización; negocio redondo para el terror.
De la publicidad, el dinero y el poder, que son tres objetivos principales del secuestro extorsivo político, los noventa y más días de cautiverio de Zavala dieron al EPP el primero, con creces. Respecto del dinero, al parecer el rescate satisfizo cabalmente las expectativas de la banda. En cuanto al poder exhibido, sin duda hicieron una demostración convincente.
No obstante las falencias, las vacilaciones, las demoras, las viejas fisuras institucionales haciéndose más visibles, el Gobierno sale bien parado del episodio gracias al manejo confidencial, sensato, cauto, profesional, de un tipo de crimen singularmente delicado en el que la racionalidad tropieza y vacila en el cenagal de las emociones, en el que el interés de las víctimas suele confrontar brutalmente con el interés público.
El desenlace, feliz para las víctimas y para quienes nos solidarizábamos, en buena parte feliz para el Estado y para el EPP; y, a mi criterio, completamente infeliz para la izquierda local en su heterogéneo e indeterminado conjunto. Porque, fuese o no intencional, el EPP logró desacreditar a la izquierda local, esta izquierda que, según un reciente artículo de prensa, se divide en dos grupos: el radical, con siete organizaciones, y el moderado, con ocho; un verdadero festival de siglas que se reunirán, circunstancialmente, bajo cuatro: AFDP (Alianza de Fuerzas Democráticas y Progresistas), tornándose seguramente un poco más radicales los moderados y moderándose un tanto los radicales.
"¿Quiénes son hoy los izquierdistas en nuestro país? preguntaba curioso un viejo exiliado. ¿Las organizaciones campesinas, los sintecho, los sintierra, los desempleados, los sindicalistas, los directivos y consultores de ONG, los jesuitas, los columnistas de diarios, los que escriben en la revista "Acción"? ¿O los de la Pastoral Social católica? ¿Será esa juventud que a veces limpia las calles o los jóvenes que llevan camisetas con la efigie del Che y rompen cristales de automóviles al volver del estadio de fútbol? ¿O son acaso los que publican análisis políticos antes, durante y después de las campañas electorales? ¿Quizás los ecologistas, los párrocos rurales, las maestras que no cobran sus salarios?".
No lo sé respondí. Pero, por si le valiera el dato le conté que Duarte Frutos se define de izquierda, como muchos diputados, algunos senadores, unos cuantos gobernadores e intendentes, varios locutores de radio y hasta dirigentes comunistas. "Entonces, ¿a quiénes incluir en la clasificación? indaga ¿A todos ellos?" Bien, en este caso se arriesga uno a incurrir en el principio lógico que prescribe que a mayor comprehensión, menor comprensión; vale decir, cuanto más cosas se intente abarcar con un solo término, más equívoco e incomprensible será este.
La gente que no está interesada en estas sutilezas una mayoría abrumadora hace lo que la lógica recomienda no hacer: meter a todos los citados en un mismo compartimento. Las casillas clasificatorias simplifican enormemente la visión del mundo y, aunque falsean la realidad, casi a nadie le importa. De modo que para ella los crímenes del EPP son ahora crímenes de la izquierda. Quien quiera entrar al malezal político conceptual a desbrozar e intentar precisiones, adjudicar condenas y absoluciones, puede intentarlo, mas no se otorgan garantías contra la inanidad del esfuerzo.
Los espectadores aguardan ver qué hará el Gobierno para arrancar la cizaña de raíz. Imagino a la inteligencia policial encarada a los ralos bosques norteños que alojan a los terroristas, repitiéndose, como Josué frente a las murallas de Jericó: "Sé que se puede entrar, pero no veo por dónde". Tal vez ojalá los secuestradores de Zavala estén todavía allí, diciendo a su vez, como Minos en el laberinto de Dédalo: "Sé que se puede salir, pero no veo por dónde".
Ojalá, digo. Al menos esta vez estaríamos ante un empate técnico para usar términos muy en boga entre la civilización y la selva.
Fuente: ABC Color (Online)
www.abc.com.py
Sección: OPINIÓN
Sábado, 23 de Enero de 2010
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