PIONERAS DEL DESENFADO
La cantante mejicana Thalía, que tiene un programa de radio en su país, entrevistando a un actor conocido en su medio, le requirió se sacara la camisa para evaluar su estado muscular.
Un poco más lejos avanzó una animadora de la TV italiana, llevando ante las cámaras a David Beckam, futbolista y divo inglés.En cierto momento ella pidió licencia para poner su mano sobre el pubis del entrevistado; se proponía comprobar empíricamente si cierta versión periodística acerca de la magnificencia de aquello que esperaba palpar y que debía yacer debajo de la cremallera era una información veraz, responsable y ecuánime. No me llegó el informe acerca de si quedó confirmada la hipótesis que la colega pretendía demostrar. Pero otra cosa sí se demuestra: que la desfachatez femenina va cobrando vuelo en los medios, y que promete grandiosas novedades.
Es que hasta hace poco el descaro en público era una especie de monopolio del varón; hoy las cosas van cambiando y debe prestarse atención, porque los que manejan la TV argentina, imitadores vocacionales de todo lo que se inventa en otras partes, muy pronto incorporarán estas experiencias a su repertorio y entonces tendremos animadoras porteñas metiendo manos a cuanta bragueta famosa consigan aproximarse. Y como aquí en Paraguay consumimos todo de tercera mano, desde automóviles hasta entretenimientos, aquellos que suelen ser invitados a los programas locales deben prepararse para ser examinados por una conductora local curepizada, o sea desenfadada. Al menos deberán tomar la precaución de revisar el estado de sus calzoncillos antes de concurrir a una entrevista.
¿Por qué la vulgaridad y la grosería venden tanto en los medios de comunicación actualmente? Escuchamos muchas explicaciones; que las represiones de la educación religiosa, que las inhibiciones femeninas causadas por una sociedad pacata, que el falso pudor, que la rebeldía contra el "sistema", que el sentido de liberación de los nuevos tiempos, y otros numerosísimos qués.
Los argentinos, por ejemplo, que se enorgullecen legítimamente de haber dado al mundo excelsos escritores y músicos, que descuellan en América con ilustres científicos, juristas, directores y artistas de cine y teatro, deportistas y periodistas de talla mayor, también producen los que han de ser los programas de entretenimiento televisivo más mediocres, chocarreros y grasientos de Latinoamérica (con sus escasas excepciones, naturalmente).
En la TV argentina ya se exhibió todo lo que en el mercado actual puede conseguirse de morboso, de chocante, de pervertido, de impúdico o simplemente de banal y cretino. El que tenga alguna aberración que exhibir, algo vergonzoso que destapar ante el público, un retorcimiento vicioso de la personalidad, cultiva alguna modalidad depravada o lleva una conducta transgresora en cualquier ámbito, tiene un lugar asegurado en los sets porteños, con gran éxito en rating. De esa gran olla de desperdicios se alimenta hoy gran parte de nuestros televidentes, reforzado el menú con los irrisorios calcos de nuestros creativos, guionistas, productores, conductores, animadores, etc.
No comento esto creyendo instruir a los lectores, pues bien sé que están mejor enterados que yo de tales novedades, sino pensando en quienes dentro de cincuenta o cien años revisarán los diarios actuales, reflexionando: "Con que así comenzó todo aquello".
Queda por presentir qué viene después en el negocio del espectáculo. Con la velocidad del desarrollo de la ciencia y la tecnología médicas supongo que habrá que prepararse para ver gente relatando cómo se implantó dos penes, tres orejas, cuatro senos, o el sexto dedo. O varones embarazados; o mujeres casadas con animales y reclamando el "derecho inalienable" a adoptar cachorros en igualdad de condiciones legales que los bebés humanos. Algo de esto se tendrá que hacer si se quiere estar en la TV que se avecina. En fin, temo que con mi escuálida imaginación no logro anticipar siquiera un ápice de lo que se verá.
Supongo, esto sí con mayor certeza, que en el futuro sucederá que la locutora italiana que se interesa en el arte de la mensura ornitológica masculina, o Thalía, y quienes más progresen con este talante del desenfado, serán recordadas como tímidas pioneras que desafiaron a una sociedad machista, retrógrada, cuadriculada, moralista, rígida, despótica. Serán heroínas celebradas, seguramente. Hasta, quizás, alguna arteria urbana lleve sus nombres. ¡Asegúreme usted que no!
Fuente: ABC Color (Online)
www.abc.com.py
Sección: OPINIÓN
Sábado, 06 de Febrero de 2010
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