GUSTAVO LATERZA RIVAROLA

Foto de GUSTAVO LATERZA RIVAROLA
Nacimiento:
20 de Septiembre de 1945

LA SOSPECHOSA PATERNIDAD DE LOS AFORISMOS - Por GUSTAVO LATERZA RIVAROLA

LA SOSPECHOSA PATERNIDAD DE LOS AFORISMOS - Por GUSTAVO LATERZA RIVAROLA

LA SOSPECHOSA PATERNIDAD DE LOS AFORISMOS


 Por GUSTAVO LATERZA RIVAROLA



Alguna vez mencionamos que en ningún testimonio histórico conocido consta que la frase "El Estado soy yo" haya sido alguna vez pronunciada por Luis XIV. Que en las obras de Maquiavelo no se encuentra el famoso dicho "el fin justifica los medios", y que el astuto Sherlock Holmes jamás apostrofó "¡Elemental, mi querido Watson!". Alguien los inventó y se los atribuyó.  

 Winston Churchill repitió casi literalmente textos de autores ingleses para expresar en mayo de 1940, ante la Cámara de los Comunes, su archirrepetido "No tengo nada que ofrecer más que sangre, fatiga, lágrimas y sudor". Mientras que Sócrates, en fin, no dijo "Solo sé que no sé nada", sino esto otro: "Me parece, pues, que en esto yo, aunque poco más, era más sabio (que él), porque no creía saber lo que no sabía" (Platón, Apología), confusa frase (al menos en español) que tuvo que ser recompuesta en la forma que ganó popularidad. Remedio similar al que se aplicó a la patética exclamación de Francisco I, "Todo se ha perdido menos el honor", acicalada posteriormente para dotarle de elegancia literaria.   

Bueno, pero ¿y qué? Las frases son buenas y merecen haber sido dichas por los personajes a quienes se atribuyen. De otro modo, muchos aforismos afortunados, creados por personas desconocidas, hubieran sucumbido en el olvido y con ellos perdidas estas especies de cómodas muletas que nos ayudan a avanzar en terrenos empinados.   

Desde luego, leyendo las compilaciones de aforismos acaba uno dudando de que a personajes de vida tan agitada como Napoleón, por ejemplo, les haya sobrado ocio suficiente para bucear ingeniosamente en las profundidades del intelecto, generando tantas expresiones dignas de cita, haciéndolas registrar en el papel para noticia de la posteridad. Aunque el gran general andaba seguido de attachés o edecanes de cuyas charreteras pendían cuerdas doradas con varios lápices.   

Carlos Marx estampó su nombre a una definición notable: "La religión es el opio del pueblo". En un ensayo de Gramsci puede leerse que pertenece a Balzac la afirmación "los juegos de azar son el opio de la miseria", que el novelista se habría inspirado en Pascal, quien demandaba que la religión consiga la popularidad de que gozaba la lotería. Con estos precedentes estaba todo listo para el nacimiento de la expresión "opio del pueblo", que aparece en la "Introducción a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel" de Marx, en 1844.   

¿Y qué?, preguntamos otra vez. ¿Acaso la frase no está justa donde debe estar? ¿Le quedaría acaso mejor a otro pensador?  

En el Paraguay, con una ciencia histórica nebulosa por causa de carencias crónicas de documentación, cada quien puede atribuirle dichos a quienquiera. Las frases cáusticas se atribuyen, por default (según la jerga informática), al Dr. Francia o a Cecilio Báez; las trágicas, a los héroes de guerra; las cómicas, a dos o tres personas de conocido buen humor (cada generación produce las suyas); las místicas, a poetas y beatas; y así sucesivamente.   

Quien lea las notas, fallos y otros papeles del Dr. Francia, por ejemplo, verá que nunca expresó una idea original o digna de registro. En Cecilio Báez que escribió más de 30 obras en una época en que publicar un solo libro era una proeza, no se lee en sus escritos algo mordaz acerca de su país o de sus compatriotas. Eso de que "el Paraguay es un país de cretinos" se extrajo con mala arte de un artículo suyo de prensa, El Cívico (2-II-1903), en que decía: "Los tiempos de las dictaduras (de Francia y los López) han sido tiempos de ignorancia, de pobreza, de abyección, de ignominia y de cretinismo moral".   

No obstante, debemos reivindicar al sarcasmo como una de las más vigorosas picas demoledoras de prejuicios, falsedades, estereotipos y supersticiones. Como por ejemplo este, de Teodosio González (Infortunios): "El paraguayo le teme más al trabajo que a la pobreza", que si no se hubiera puesto por escrito, quién sabe a qué otro se hubiera atribuido.   

Los dichos, citas y proverbios son como las canciones, una vez que gustan y se hacen clásicas, se las usa y disfruta sin reparar ya en quién las compuso. Hoy día, por ejemplo, nadie sabe el origen de las afortunadas sentencias "Ninguna mujer es esposa de su propio héroe" o "Hay que saber sacrificar la barba para salvar la cabeza"; pero sí sabemos quién dijo "Se es café o se es leche; pero no café con leche". Es una injusticia.   


Fuente: ABC Color (Online)

www.abc.com.py

Sección: OPINIÓN

Domingo, 14 de Marzo  de 2010

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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