PREPOSICIONES Y POSPOSICIONES
Sabemos muy bien los paraguayos que la preposición gramatical es posiblemente el clavo más duro de extraer de nuestros zapatos de multiparlantes. Causante de la mayor parte de nuestras comunes pifias locales, como "no escribir por la pared" o "vino en mi casa para verme". Y a medida que nos aproximamos a una frontera, la cosa empeora radicalmente. "Me voy en Pedro Juan Caballero, de ónibus".
Pero aun en el decir cultivado, las trampas que las preposiciones arman son de temer. Hace pocos meses, un cardenal mexicano de nombre Barragán declaró algo así como que los homosexuales y transexuales no tienen entrada posible al Cielo. Voceros de Roma le recordaron que el Vaticano tiene asumida la posición de que a esas personas hay que tratar "con solidaridad y compasión". Como yo no leía esta noticia sino que la escuchaba, entendí que el Vaticano recomendaba tratar a los homosexuales "con solidaridad y con pasión". "Esto último no le va a gustar al cardenal Barragán", pensé en ese momento.
Luego de un examen más minucioso emergió el gazapo: el redactor del cable o el locutor radial, al tragarse la segunda preposición con, produjo el error. La fórmula papal era "con solidaridad y con compasión". Aunque, presumo, los homosexuales preferirán la versión del locutor, a despecho de lo que opinen Benedicto XVI, monseñor Barragán o el señor prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe.
Uno de los secretos de escribir y hablar aceptablemente bien es, como todos saben, hacerlo sin prisa, lujo que a los periodistas casi nunca les está permitido. "El principal enemigo de la buena literatura enseñaba Thomas S. Eliot es que los escritores tengan que ganarse la vida con lo que escriben. Porque el resultado de esta necesidad es que todos sucumben a los tres demasiados: empiezan a escribir demasiado pronto, escriben demasiado rápido y escriben demasiado". Parafraseable fácilmente sustituyendo escribir por hablar.
Cuando los varones españoles y las mujeres kario-guarani se fundieron en el solemne abrazo carnal que trasfundió las nobles virtudes de ambas razas, creando así la maravillosa síntesis antropológica del mestizo paraguayo (no se asuste, muchos dijeron cursilerías peores), no ocurrió lo mismo con las respectivas lenguas. El español aportó 19 preposiciones, además de unas 40 conjunciones, 13 clases de adverbios y de los afijos, prefijos y sufijos, comparativos y superlativos. El guaraní fue tan violentamente sobrepasado que tuvo que reducir esta multitud a sus tres o cuatro variantes: chehegui, peême guarã, cherehe, cherógape y alguno que otro más.
Así se formaron los "dijo por mí", "se dedica en comercio", "quiero para mi moto", "escribir por la pared", "voy a venir el lunes entre el martes" y demás paraguayismos que provocan el asombro de los extranjeros, la desesperación de las maestras y las delicias de los humoristas.
Desde luego, no puede ir uno por ahí corrigiendo el hablar ajeno sin exponerse a convertirse en eso que Joaquín Sabina denomina "el fantoche que va en romería con la cofradía del santo reproche"; o en algo peor, en el maestro de Siruela, que no sabía leer y puso escuela. Escuchar, dolerse y callar, es lo aconsejable. Y ocasionalmente meter baza tímida y vergonzante, como a quien se le escapa un pedillo.
Habrá que posponer el trabajo que reclama la regularización del empleo de los paraguayismos, de tal suerte a saber qué debemos conservar como propiamente valioso para nuestra identidad, y qué desechar como pernicioso o culturalmente alienante. Se pospone porque nadie quiere ocuparse seriamente del habla paraguaya, excepto nuestras agencias publicitarias y medios de comunicación masiva, que dando preeminencia a "creativos" rioplatenses, los convierten en los verdaderos y efectivos maestros de Siruela del habla de nuestra juventud.
No estamos previendo qué hacer por la conservación de nuestra identidad. Todo está pospuesto; tal vez porque a los paraguayos nos agrada permanecer en el inacabable proyecto del "voy a ir a venir". Y bueno, tal vez sea atendible el dicho de Oscar Wilde: "es una gran ventaja no haber hecho nada; pero no hay que abusar de ella".
Fuente: ABC Color (Online)
www.abc.com.py
Sección: OPINIÓN
Domingo, 06 de Febrero de 2011
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