DEL AMOR QUE SE HABLA
Tema trajinado, el del amor. ¿Quién no lo sabe? Y, sin embargo, inagotable. Un personaje novelístico del gran Anatole France describía a alguien de este modo: "Se sentía que a lo largo de su larga existencia había amado mucho al amor. No se limitó a permanecer como debutante tímido y voluptuoso. ¿Pero qué amor había amado? A propósito de los celos, un día me confió: No puedo decir que nunca estuve enamorado. Pero jamás conocí el gran amor".
¡Tremenda confesión!
Pero los escritores de letras de canciones no suelen bucear a tanta profundidad. En sus composiciones avanzan uncidos a bueyes literarios de muy diverso vigor. Desde el poeta de boleros, jardinero celoso del verbo y del ritmo, hasta el letrista que junta cuatro frases desmadejadas para vender rápido sus baratijas musicales, se extiende una larga cadena de intentos y ensayos más o menos creativos para erigir homenajes al sentimiento humano fundamental. Se puede venir desde la fisiológicamente discutible metáfora de Emiliano R. Fernández "Mi pecho enfermo en ti piensa", hasta la muy gastronómica (y muy francesa, por ende) de Charles Aznavour: "Hay que saber levantar la mesa después de que el amor fue servido".
En efecto, facilita mucho la tarea del poeta el que las sempiternamente idénticas venturas del amor puedan decirse de mil maneras distintas. Una ruptura tanguera se expresa de este modo: "Lo nuestro terminó, dijiste en un adiós, de azúcar y de hiel". O de este otro: "Abandoná la catrera que voy a quemar el colchón".
Deben considerarse asimismo otros aspectos. Como ahora todo evoluciona muy rápidamente, desaparecen antiguas y afianzadas costumbres y creencias. Antes era popular la paradoja "El hombre corre detrás de la mujer hasta que esta lo atrapa". Hoy, con las novedades posmodernosas, tales dichos pasan a estar mal vistos; son calificables como machistas, sexistas y cosas así.
Hasta no hace mucho, el noviazgo formal y el matrimonio se tenían por remedios prodigiosos contra la vagancia masculina o el excesivo regocijo femenino; para los mujeriegos, las hombreriegas y todo el catálogo restante. Lo explicaba bien este epigrama: Tiempo es que tomes mujer/ dice su padre a Ventura/ No hay para tu travesura/ otro remedio a mi ver./ El remedio bueno está/ Responde Ventura al punto/ Pero decidme, os pregunto:/ ¿La de quién tomo, papá?
Actualmente, también tal remedio es inocuo; ni siquiera hay diagnósticos ni recetas certificadas. El matrimonio declina. El noviazgo deviene un estado vaporoso y efímero. No se dan ni se piden garantías de fidelidad o perennidad. Los príncipes pueden casarse con cenicientas y las princesas con palafreneros; de hecho, algunos ya optaron por hacerlo, con suertes dispares, ciertamente; mas, en general, en esta materia no le va mejor ni peor a la nobleza que al campesinado.
Además, la tecnología modificó casi todos los hábitos amorosos, haciendo público lo que era privado, convirtiendo en antigualla el dicho de Noel Clarasó, por ejemplo, acerca de que "el amor es el único deporte que no se suspende por falta de luz", tal vez rememorando al escéptico Plutarco, que aseguraba que "cuando se apagan las velas todas las mujeres son bellas". Ellas, por su parte, que tienen mucho que sentenciar en este tema, no lo hacen a menudo, tal vez porque prefieren practicarlo que hablar sobre él. Cuando hablan, no obstante, suelen tratarlo con menos cinismo que nosotros.
Queda pendiente de debate la cuestión del proceso de aggiornamento sexual y amoroso que estamos viviendo. En algunos de estos seminarios que suelen titularse "El desafío de
" habría que analizar si el nuevo régimen sexual de todos con todos, democrático y progresista, que impulsamos en la actualidad, ha de insertarse exitosamente en el estado social de derecho, de signo constitucional representativo, incluyente y participacionista, según el número de amadores incluidos y sus respectivos tipos de sexo, tendencia, opciones, posiciones, verticalidades, inclinaciones, sinergias y transversalidades. Nada de esto es sencillo. Pero tampoco tan aburrido como en tiempos de nuestros abuelos ¡pobres!, que se las tenían que arreglar con apenas dos sexos y una variante.
Fuente: ABC Color (Online)
www.abc.com.py
Sección: OPINIÓN
Domingo, 13 de Febrero de 2011
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