SÍ AL "PRIMERO" Y NO AL "UNO"
Empeñados como están, algunos periodistas de prensa oral y escrita, en decir "el uno de marzo" en vez de primero de marzo, abril, etc., como se dijo siempre y aún se dice en América hispana, requerí a varios el motivo del cambio. Me dieron una respuesta unánime y sorprendente: "el primero no es lógico, porque no hay el segundo o el tercero". ¡Caramba!
Les pregunté otra vez: ¿Por qué entonces dicen las veintiuna horas, si no hay las veintidosa? Solo la estupefacción explicaba el silencio subsecuente. La misma Lógica aquí no funcionaba, lo que es comprensible, porque no es ella la encargada de poner nombre a las cosas, sino los usos y costumbres sedimentados en la tradición de los pueblos.
La palabra maíz proviene del nombre que le daban a este cereal americano los indígenas haitianos. Lo tomaron los españoles del primer suelo que conocieron y ocuparon en el Nuevo Mundo. La voz se esparció por Hispanoamérica, pero no pasó a Europa, pues cuando llegó el maíz allá, los españoles le llamaron trigo de Indias, y los italianos grano de Turquía o Trigo turco, por parecerse mucho a otro que conocían: el mijo. Por este parecido, en Canarias y en Portugal le llamaron millo y milho. En Brasil adoptaron este nombre, nada americano y, menos aun, lógico.
Al ají, los aztecas lo conocían por chili. Para poder pronunciarlo, los de habla anglosajona lo escribieron chile. Ahora aquí le decimos chile y los anglosajones, conservando el original, lo escriben y pronuncian chili.
Ananá, voz guaranítica que designa a una conocida fruta sudamericana, es empleada en casi todo el mundo, menos en Paraguay, donde la llamamos piña, porque así la bautizaron los conquistadores debido a su parecido –muy imaginativo, por cierto– con la fruta del pino. ¿Qué ilógico, no?
Al durazno le decimos así en América por una voz derivada del latín –duracinus– que, por cierto, no la emplean los españoles. Ellos distinguen las variedades: el melocotón, el albaricoque, el prisco y la paraguaya. A esta última no la conocemos aquí ni en fotografía. ¿Lógico?
Es el mismo fenómeno recientemente ocurrido a la palabra Al Qaida, que para pronunciarla fielmente los anglosajones la escriben Al Qaeda y los loros latinoamericanos repetimos "al caeda". No entendemos aún que no es necesario transitar por el puente del inglés para llegar a otras lenguas.
"El primero de enero, febrero" y otros es del uso más antiguo y arraigado en el español americano; deriva del modo como se fechaban las cartas: "En Asunción, a primero de junio del año del Señor de 1780". Ahora, según algunos, esto es "ilógico"; por lo que debe decirse "el uno". Supongo que la coherencia nos exigirá nombrar a la canción patriótica y a la avenida: "Uno de Marzo". Y anunciaremos la celebración de los asados del "Uno de Mayo".
Si uno de enero es más "lógico" que primero de enero, ¿qué será más lógico: chili o chile, durazno o melocotón, Al cáida o Al caeda, piña o ananá, veintiún horas o veintiuna horas?
La "lógica" a la que los del uno de enero se afilian nos llevará por caminos extraños, en cuyos abrojos y peñascos iremos dejando los jirones del habla paraguaya y latinoamericana. Acabaremos hablando de forma extraña, pareciéndonos… a todos y nadie, como aquel personaje de "El Nombre de la Rosa", que para hablar encadenaba voces de muchos idiomas latinos, de tal suerte que no hablaba en ninguno de ellos en particular y que por eso nadie sabía quién era ni de dónde venía.
Fuente: ABC Color (Online)
www.abc.com.py
Sección: OPINIÓN
Domingo, 06 de Marzo de 2011
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