GUSTAVO LATERZA RIVAROLA

Foto de GUSTAVO LATERZA RIVAROLA
Nacimiento:
20 de Septiembre de 1945

LA ÚLTIMA DIVA - Por GUSTAVO LATERZA RIVAROLA - Domingo, 27 de Marzo de 2011

LA ÚLTIMA DIVA - Por GUSTAVO LATERZA RIVAROLA - Domingo, 27 de Marzo de 2011

LA ÚLTIMA DIVA


 Por GUSTAVO LATERZA RIVAROLA

Liz Taylor fue una mujer extraordinariamente bella, de rostro y de cuerpo, aunque con 1,63 m de estatura hoy no calificaría en la mayoría de las audiciones. Además, algunos buenos directores supieron sacar de ella mucho talento dramático. Era excéntrica, escandalosa y temperamental, como convenía a su condición de diva; en algún momento se dio a la bebida y en otro se bautizó judía; coleccionaba joyas carísimas, aunque las más valiosas las recibió de regalo. Vendió su famoso diamante de 70 quilates para edificar un hospital en Bostwana y acabó sus días dedicada a sostener la lucha médica contra el VIH.   

Se casó seis o siete veces, peripecia hasta hace poco moralmente mal calificada y que hoy apenas se considera trámites fútiles. Es que su época fue la postrera de la dictadura puritana en el cine anglosajón; y quizás, simultáneamente, la primera de la era libertina del mundo del espectáculo actual. Ya se podía cambiar de pareja con cierta frecuencia entonces, aunque todavía no acordar etapas experimentales previas, como las que hoy son tan comunes.   

El auge económico posterior a la segunda guerra mundial impulsó esta nueva etapa del cine, al tiempo que cambiaba muchas cosas en las costumbres norteamericanas. De lo moralista o sentimental se transitaba a lo escéptico y a lo pragmático. Si antes, por ejemplo, los ejecutivos viajaban haciendo pasar a la secretaria por esposa, después, y considerando viáticos y gastos de representación, viajaban haciendo pasar a la esposa por secretaria. Fue una metamorfosis sucedida a lo largo de los 50, cuando coexistían las películas tontuelas como las de Doris Day, Rock Hudson o Tony Curtis, con las dramáticas de Liz Taylor, Paul Newman, Burton o Brando.   

Liz era inglesa, lo que duplica el valor de su belleza, pues Britannia nunca fue muy mimada de Afrodita y la calipedia no es allá un don nacional. A causa quizás de la mala comida, de la floja cerveza o de la persistente niebla vaya uno a saber, lo empíricamente comprobado es que no abundan mujeres bellas en aquella isla. Mas la naturaleza hace excepciones; y, cuando se decide a hacerlas, nace una Liz Taylor, en demostración prepotente de su talante y poderío.   

No sé si la prodigiosa tonalidad de sus ojos se hubiera convertido en leyenda si no hubiera sido por el technicolor. De otras bellas, como por ejemplo Greta Garbo, no conocemos el color de los suyos, que sin duda habría valido la pena; otra estrella, Vivien Leigh, nació a tiempo para que su rostro hundiera profundamente sus huellas en la pantalla. He aquí uno de los puntos cruciales de inflexión histórica inducido por la tecnología en la estética, que vale la pena apuntar.   

Pasará mucho tiempo al decir lorquiano, pasará mucho tiempo para que nazca, si es que nace, otro ejemplar humano como Elizabeth Taylor. Hubo mujeres hermosas en el cine posterior al suyo; y las hay ahora –¡quién lo duda!; pero no se las recordará por uno o dos detalles, como a ella, sino por otras cosas. Ni los ojos de Liz ni su rostro corren el riesgo de ser olvidados por un motivo sencillo: eran naturalmente sencillos y perfectos. Que hoy día todo eso se puede conseguir en el quirófano o con prótesis sencillas de quita y pon. Pero, admítanlo o no, hombres y mujeres, cierto es que la sensación que produce lo artificial es deprimente.   

He aquí, supongo, por qué los cables hablan de Liz como de "la última reina", o "la última diva" de Hollywood. La palabra última surge espontáneamente, inconscientemente tal vez, para despedir a una beldad en estado de pureza física y química.   

Continuará habiendo beldades, posiblemente en mayor copia, pero ya no serán anónimas como las monumentales catedrales góticas, en las que sus arquitectos ni siquiera sintieron la necesidad de dejar inscriptos sus nombres. La belleza actual, la del Photoshop, las siliconas, las dietas científicas y la modelación gym, la que se diseña y esculpe, tiene sus marcas registradas.   

 

Fuente: ABC Color (Online)

www.abc.com.py

Sección: OPINIÓN

Domingo, 27 de Marzo de 2011

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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