GUSTAVO LATERZA RIVAROLA

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Nacimiento:
20 de Septiembre de 1945

NOVEDADES DE PRENSA - Por GUSTAVO LATERZA RIVAROLA - Domingo, 08 de Mayo de 2011

NOVEDADES DE PRENSA - Por GUSTAVO LATERZA RIVAROLA - Domingo, 08 de Mayo de 2011

NOVEDADES DE PRENSA


 Por GUSTAVO LATERZA RIVAROLA

Los acontecimientos noticiables, como las golondrinas, pueden aparecer en bandadas o ninguna asomarse. En estos días hicieron feliz a la global media. Locutores y comentaristas, entre imágenes, relatos, lectura de cables y primicias, saltaban alborozados como niños en un parque de diversiones.   

Primero, hace unas dos semanas, se nos fue al cielo el conocido gurú Sai Baba, donde hará seguramente una breve estadía antes de la metempsicosis, como en él mismo operó su antecesor, Sai Baba de Shirdi, fallecido en 1918 y reencarnado 8 años después. Sai Baba fue uno de los empresarios de religión más exitosos de los tiempos actuales. Logró producir e imponer mercaderías espirituales de diverso tipo, muy bien adaptadas al gusto del consumidor occidental que desea satisfacer sus apetitos filosóficos y religiosos en forma sencilla, rápida y barata.   

Reunió millones de seguidores, que le atribuían las facultades sobrenaturales habituales, como prever los sucesos, hacer aparecer objetos, curar enfermedades terminales, etc., poderes que, finalmente, no funcionaron para sí mismo. "Siento que estoy por irme a la Puttaparthi", confesó pocos días antes a un discípulo, refiriéndose a la localidad donde había nacido y donde efectivamente dio el último suspiro.  

 El gurú Baba apreciaba a varones, niños y jóvenes; en particular rubitos occidentales. Fue varias veces acusado de pederastia y abuso de menores, publicándose denuncias de ex devotos y víctimas, aunque sin resultados. Si hubiera sido cura católico, con la cuarta parte de tales licencias ya se hubiera armado un escándalo descomunal; pero era hindú; y esto, para la prensa anglosajona, no tiene gracia.   

Poco después, se produjo el espectáculo largamente anunciado: la boda principesca. Se dice que unos dos mil millones de televidentes siguieron los detalles de esta puesta en escena que la monarquía británica realiza cada cierto tiempo para solaz de sus súbditos, pero que, actualmente, "gracias a la magia de la TV", es susceptible de idiotizarnos incluso a los republicanos.   

Mientras el alborozo de la boda iluminaba las pantallas, en Argentina fallecía uno de sus más preclaros literatos. La muerte de don Ernesto Sábato no recibió el destaque merecido; pasó casi desapercibida ante sus compatriotas, hipnotizados por Kate, la beyísima plebella, celebrada al unísono por los locutores porteños de TV, con esa moda que tienen ahora de hablar entre seis o siete, todos al mismo tiempo.   

Cuando nos quedábamos sin novedades, se puso el colofón a estos días maravillosos para el periodismo mundial: Osama bin Laden fue finalmente sacado de circulación. Le hacen pagar la factura que tenía pendiente con la humanidad y le dan un golpe singular a su siniestra Al Káida. De esa banda siniestra ahora ya solo resta Zawahiri, el de la barba en remojo.   

Preocupa sobremanera a los medios que no se haya exhibido el cadáver acribillado de Bin Laden. "¿Por qué no nos dan aunque sea unas fotografías?", se quejan. Pero Obama está sentado sobre ellas y no las va a soltar, al menos por ahora. A no perder las esperanzas, no obstante, porque puede que Julien Assange las consiga en el mercado negro y las ponga en "Wikileaks".   

Pero, sea que se den o no se den a publicidad los detalles del operativo militar, no por eso se evitarán las especulaciones invariablemente tejidas alrededor de las muertes violentas de los famosos. Los mismos que hasta hace poco veían a Hitler pasear por pueblecitos argentinos y a John Kennedy reposando en una playa secreta del Caribe, verán a Osama bin Laden caminando por suburbios de Peshawar, peregrinando en Medina o regando el jardín en una mansión de la banlieu parisina. Alguien, aunque no lo haya conocido, lo verá vivo; a él o a su hermano.   

Tal como la anécdota que se cuenta en un antiguo y concurrido café en el Madrid de los Austrias, en el que, en una ocasión, un parroquiano comentó a sus contertulios: "Por aquella puerta debió entrar muchas veces Felipe IV". Y el camarero, que como los ajedrecistas participa en simultáneo de las conversaciones de todas las mesas, terció: "Yo no lo he visto; pero su hermano creo que viene por las tardes".   

Fuente: ABC Color (Online)

www.abc.com.py

Sección: OPINIÓN

Domingo, 08 de Mayo de 2011

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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