GUSTAVO LATERZA RIVAROLA

Foto de GUSTAVO LATERZA RIVAROLA
Nacimiento:
Asunción, Paraguay
20 de Septiembre de 1945

AISLADOS EN TIEMPO Y ESPACIO - Por GUSTAVO LATERZA RIVAROLA - Domingo, 19 de Agosto de 2012

AISLADOS EN TIEMPO Y ESPACIO - Por GUSTAVO LATERZA RIVAROLA - Domingo, 19 de Agosto de 2012

AISLADOS EN TIEMPO Y ESPACIO


 Por GUSTAVO LATERZA RIVAROLA

Extranjeros me hacen notar que las nociones paraguayas de tiempo y espacio de ordinario no coinciden con las que posee el resto del género humano. Respondo que es por nuestro enclaustramiento secular, que nos hizo adoptar un sistema diferente.

Es que los paraguayos crecimos solitos, como niños en la calle. Durante los siguientes 20 años de fundada Asunción, no arribó a su puerto un solo barco de Europa. Luego transcurrirían otros 20 para asomarse el segundo. En cierta época, durante el siglo XVII, pasaron más de 40 años sin recibir alguno. Durante 250 años no hubo aquí otro calendario que del santoral católico; nadie sabía su fecha de nacimiento y, por tanto, su edad cierta, por tanto, no se celebraba el cumpleaños sino el santo’ára.

Al cabo de siglos de incomunicación, resultó natural que ni midiéramos ni contáramos el tiempo y la distancia como el resto del mundo. Lo descubrió Félix de Azara en sus viajes por el Paraguay, refiriendo que “Al preguntar en las estancias por las leguas que había de ellas a otras, jamás respondían la verdad ni cosa que se le pareciese; y admirándome de los disparates, me dediqué a investigar la causa, y es esta: como estas gentes jamás han visto una vara de medir, ni oído un reloj, no tienen idea de las distancias absolutas, ni de las relativas que solo pueden expresarse por la velocidad y el tiempo; pero como conocen la velocidad o el andar de sus caballos, miran los que llevan el que pregunta, y si son flacos o poco vigorosos dicen que hay muchas leguas, y a los que ven al contrario dicen pocas”.

El Dr. Francia, con paranoia muy avanzada, no toleraba ya actividades en las que se juntase mucha gente y hubiera bullicio. Prohibió las fiestas patronales, las guitarreadas, el truco, los festejos sociales y hasta las procesiones. Entonces pareció como que el país se paralizó en una cámara criogénica. En el silencio y la quietud absolutos proseguimos con una forma de existencia larval. Nadie nos visitaba, no visitábamos a nadie. Entonces daba igual un día o cien, un kilómetro o diez leguas. Así se fueron formando nociones muy peculiares, como la de “víspera” y “octava”, celebraciones que se realizan el día anterior a la fecha oficial, o que se repiten siete días después, aunque en este caso no se llaman “séptimas” sino “octavas”. La puntualidad en el Paraguay, como es lógico, no equivale a la de otras latitudes. “Un paraguayo puntual es más difícil de encontrar que un parrillero budista” me decía un británico mordisqueando nerviosamente el pico de su pipa. “Es que aquí el tiempo transcurre de otro modo –le dije–. Anote Ud. esta guía del horario paraguayo: Hora académica: 45 minutos. Hora motel: 90 minutos. Hora tipo consulta médica: 30 a 60 minutos después del convenido. Día y hora tipo audiencia judicial: en cualquier fecha, pero dos horas después de Ud. haya llegado. Hora de cierre de los locales comerciales: 15 minutos antes que el indicado en el cartel. Hora de llegada y partida a reuniones sociales: 30 a 60 minutos después de la fijada en la invitación. Hora de retirarse de la fiesta: dos más que la indicada; en caso de no indicarse, dos más que la razonable”.

Hace pocos días, un donativo reunido con aportes de congresistas y destinado a los damnificados por las inundaciones que hubo en el Chaco hace varios meses, quedó finalmente habilitado para serles distribuido. Los beneficiarios lo aprovecharán para adquirir agua, pues ahora el problema es la sequía. Pero ya están reclamando nuevos donativos para encarar las inundaciones del próximo año. Gente previsora.

En otro orden de cosas, nuestros vecinos mercosurianos nos dicen ahora que el Paraguay está completamente aislado en el espacio. ¡Buuuu! Esperan que nos estremezcamos de miedo. Y no nos asustamos –vean ustedes– porque en realidad nos da igual. Hace unos 470 años que estamos solitos aquí, en el corazón de América del Sur (o el páncreas, tal vez, ya que los bolí también reclaman ser el corazón sudamericano).

Sabrán disculpar nuestros vecinos que no nos aterroricemos pero, de tan habituados, no nos damos cuenta de que estamos aislados. Aunque es bueno que lo sepan de una buena vez: no llegamos a tomarle el gusto a vuestra compañía, de tanto andar solos por la Historia.


Fuente: ABC Color (Online)

www.abc.com.py

Sección: OPINIÓN

Domingo, 19 de Agosto de 2012

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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