GUSTAVO LATERZA RIVAROLA

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Nacimiento:
20 de Septiembre de 1945

LA TESIS DEL COMISARIO - Por GUSTAVO LATERZA RIVAROLA - Domingo, 23 de Junio de 2013

LA TESIS DEL COMISARIO - Por GUSTAVO LATERZA RIVAROLA - Domingo, 23 de Junio de 2013

LA TESIS DEL COMISARIO


 Por GUSTAVO LATERZA RIVAROLA

Un jefe policial revela a la prensa una información que, bien comprendida, mete en crisis antiguas certezas y tesis de respetabilidad sociológica. Cuenta que la gran mayoría de los tortoleros (jóvenes que rompen vidrios de automotores para robar lo que haya adentro) “son de clase media; son estudiantes universitarios; buscan la plata fácil”.

Se suma esta noticia a cuanto ya se sabía de chicas estudiantes que se prostituyen durante el día, reservando la noche para las clases del cole o la facu, el chateo con el grupo whatsapp, la vida familiar alrededor de la TV, etc. Como también puede suceder, por ejemplo, que alumnos de colegios religiosos se concierten para violar a una chica en el Club Centenario, al tiempo que otros hacen cosas similares en los andurriales del bañado.

Estas novedades vienen a reventar las categorías sociológicas tradicionales de manera escandalosa, obligándonos a revisar todo lo que entendíamos, o creíamos entender, respecto a los valores predominantes y al modo adecuado de clasificarnos en el seno social.

La modalidad de dividir la sociedad en clases altas, medias y bajas comenzó siendo una herramienta de la Economía con pretensiones científicas, parámetros para efectuar cálculos, explicar fenómenos y predecir comportamientos. Fracasó porque las extensas zonas grises que mediaban entre ellas las hacían inservibles. Se quiso mejorar su precisión subdividiéndolas, y apareció lo de media-baja, media-media y media-alta, compartimentos a los que la movilidad social cada vez más veloz y las crisis económicas cada vez más recurrentes, también inutilizaron rápidamente.

De modo que ahora sabemos poco o nada sobre clases y movilidad sociales. ¿Es acaso la condición de universitario un indicador infalible de pertenencia a la clase media, como sostiene el comisario? Para responder a la cuestión hay que comenzar por tener en cuenta que, dado el nivel de las nuevas universidades, con uno o dos robos callejeros ya es posible obtener el importe de la matrícula anual y las cuotas, en la mayoría de ellas.

Es preciso, pues, replantear tal tesis con dos preguntas: ¿Son jóvenes universitarios los que se convierten en tortoleros; o son los tortoleros quienes ahora pueden ingresar a la universidad? ¿Son chicas universitarias las que se prostituyen, o son las jóvenes prostitutas quienes ahora pueden ingresar a la universidad? En ambos casos me inclino por las segundas opciones. No me cabe duda alguna de que la mayoría de las universidades que últimamente se abrieron están óptimamente preparadas para acoger esta clase de alumnos.

Sea como fuere, queda claro que si tortoleros y prostitutas de clase media invaden y se apropian de territorios que tradicionalmente pertenecen a clases bajas, estamos frente a un fenómeno inverso al que teníamos como natural y constante en las personas: el deseo de promoción social. El que pervertidos novatos escojan un distinguido club para cometer sus primeras fechorías, algo nuevo debe significar. Se suponía que todos ambicionábamos ascender socialmente; ahora hay quien quiere y logra descender. ¿Cómo se explica?

Por otra parte, habrá que sondear metódicamente la siguiente cuestión: si alguien puede elegir entre ser saqueado por tortoleros del bañado o por alumnos del Colegio “Los Siete Dolores del Sagrado Corazón de María”, ¿a cuál escogería? O, buscándose una chica para momentos de solaz y esparcimiento íntimo, ¿se escogería a una rústica mariposa nocturna y callejera, o a una alumna matriculada en la Universidad Polisistémica, Tecnocientífica y Ecológica del Suroeste de América Meridional? ¿Se elegiría acaso a la que mientras cumple su amorosa faena relata cómo fue que su sobrinito se ahogó en el pozo, o a la que recita el primer capítulo del programa de Contabilidad Financiera?

En fin, como se ve, la tesis del comisario que mete en crisis viejas y esclerosadas categorías sociológicas está reclamando un debate que de ningún modo podría agotarse en espacios mezquinos como los que nos provee la prensa; merecerá seguramente un simposio, un seminario, un congreso, un  taller analítico; o al menos un “conversatorio”.

Sirve, no obstante, para ratificar algo que sabíamos: en el Paraguay nunca hubo ni hay otra aristocracia que la muy iletrada y efímera que construye el dinero. El que aquí pretenda blasones tendrá que hacer como aquel magnate irlandés de principios del siglo XX, que cuando se mofaban de él por su origen plebeyo respondía: “Cuando quiera un título de nobleza me lo compraré; como hace la gente decente”.

Fuente: ABC Color (Online)

www.abc.com.py

Sección: OPINIÓN

Domingo, 23 de Junio de 2013

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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