GUSTAVO LATERZA RIVAROLA

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Nacimiento:
20 de Septiembre de 1945

EL LENGUAJE DEL TURISMO - Por GUSTAVO LATERZA RIVAROLA - Domingo, 01 de Junio de 2014

EL LENGUAJE DEL TURISMO - Por GUSTAVO LATERZA RIVAROLA - Domingo, 01 de Junio de 2014

EL LENGUAJE DEL TURISMO

 

 Por GUSTAVO LATERZA RIVAROLA

Viajar devino frenesí mundial; antes lo hacían pocos y por motivos especiales, hoy nadie necesita justificarse; el porqué es el viaje en sí mismo; el turismo es un placer y un negocio estupendo, de esos pocos en el que todos ganan.

Hay turismo de verano y de invierno, en jornadas diurnas y vespertinas; de playa, de montaña, de mar, de hielo; de ciudades o de selvas, desiertos, sabanas y tundras; en fin de vuelos aéreos, de cavernas y de exploración submarina; se viaja para observar mamíferos feroces o enormes, aves raras, peces, reptiles, helechos, orquídeas; y para recoger hongos. Se ofrece turismo religioso, político, empresarial, cultural, ecológico, deportivo o sexual; hay de shoppings, de museos o de estancias, para jóvenes o para la tercera edad, para jugar en casinos, para asistir a un concierto de rock, a un congreso o a un circo.

Recientemente, a esta lista inagotable se incorporó un nuevo rubro. Ricos morbosos o hastiados desean experimentar vivir (un tiempo corto) en pésimas condiciones. Unos van al desierto, a la selva inhóspita o a la montaña helada a aplicar técnicas de sobrevivencia. Otros van a Corea del Norte, a una aldea miserable de África, a un feudo fundamentalista islámico o a zonas de grandes conflictos, a “ver qué pasa”, corriendo el riesgo de ser golpeados, secuestrados, apresados, asesinados o expulsados, siguiendo la moda actual del culto drogadicto a la adrenalina. Y falta todavía el turismo espacial, que está en pañales.

Recientemente, en un corto trayecto aéreo, entre no muchos pasajeros, escuché hablar seis lenguas diferentes y un dialecto. La tripulante que daba instrucciones empleaba solamente inglés y, al parecer, todos le entendían lo suficiente. Nadie duda de que el inglés es la lingua franca del mundo globalizado, como fue el latín durante tantos siglos, como es el mandarín en la China y el guaraní entre los indígenas paraguayos; mas no todo es traducible sin más, de modo que subsisten numerosos problemas para el viajero actual.

¿Qué decisión tomaría Ud. si, por ejemplo, le ofrecieran viajar a Burma, o a Birmania, o a la República de la Unión de Myanmar? Después de enterarse no sería difícil escoger, porque los tres son el mismo país. ¿Qué tal con Lviv, Hvar y Brac?

Si decide ir a Lviv cuide su pronunciación ya que podría acabar en Tel Aviv; tome nota que aquella está en Ucrania y se pronuncia “luvif”. Las deliciosas islas croatas, Hvar y Brac suenan algo parecido a “hofar” y “brotch”. Olvidése de Ceilán, Costa de Marfil, Rodhesia, Checoeslovaquia, Yugoslavia, pues ya no se llaman así o desaparecieron. ¿Le gustaría ir a Bazaruto? Queda muy cerca de Vilanculo. Mas no se deje engañar por esos nombres ni por las rimas que con ellos se le ocurra hacer. Se trata de un destino turístico espectacular, en el Océano Índico.

Un nombre que siempre me agradó fue Bophuthatswana; suena algo así como “¡váyase a la mierda!”, en africano; pero es un país y su capital es Mmabatho (que bien podría ser la respuesta a lo anterior). No menos sugestivas son las actuales provincias moldavas de Bucovina y Besarabia, que hacia 1940 los soviéticos se las tragaron, después de seducir a los rumanos, de seguro diciéndoles algo así como “dame una besarabia en la bucovina.”

¿Todavía no consigue diferenciar Estonia, Eslovaquia y Eslovenia? ¿O Ruanda de Uganda? ¿O Bali de Malí? No se preocupe, ellos tampoco diferencian Paraguay de Uruguay ni Costa Rica de Puerto Rico. A Pekín nos exigen los chinos rojos que le llamemos Beijing; los chinos democráticos piden Taiwán y no Formosa para su isla. Los indios ahora reclaman que a Bombay se le diga Mumbay, y a Calcuta, Kolkata. Los georgianos pretenden que a su vieja capital, Tiflis, le digamos Tblisi, y así en otros casos. Pero, ¡por favor! A ver si a nosotros se nos ocurre demandar al mundo que pronuncien Quyquyhó correctamente.

En lo escaso que me concierne, seguiré diciendo Pekín, Bombay y Calcuta; a los holandeses no les llamaré “neerlandeses” y jamás diré República Bolivariana de Venezuela sino simplemente Venezuela, aunque me acusen de oligarca contrarrevolucionario al servicio del imperio. Es cuestión de principios turísticos.


Fuente: ABC Color (Online)

www.abc.com.py

Sección: OPINIÓN

Domingo, 01 de Junio de 2014

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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