LOCURA Y RELIGIÓN
Estaba previsto que tarde o temprano Francia sufriría las consecuencias de haber sido displicente con los inmigrantes islámicos que fueron instándose en sus mayores ciudades, durante décadas, bajo su mirada distraída e indiferente. La masacre de periodistas en el semanario satírico parisino Charlie Hebdo es, pues, la concreción de un vaticinio. En nombre de Mahoma, asesinaron siete redactores y dibujantes, un corrector, un policía y un invitado.
Los guetos islámicos que se van formando en las grandes ciudades europeas reciben, generan o sirven de carpa acogedora a bandas armadas de militantes, de esos que proclaman ser el brazo armado de Alá, llamados a imponer su fe y su dictadura teocrática. Actualmente, en Francia residen unos 6.500.000 musulmanes; en Alemania, como 2.500.000; en España hay poco más del millón; en Argentina unos 400.000; en Brasil cerca de 27.000; en Chile son unos 3.200; son 800 en Bolivia y alrededor de 500 en Paraguay. Según estas cifras, suponemos que en Sudamérica todavía no hay condiciones para que prosperen células terroristas islámicas del tipo que se están activando en Europa.
No es correcto, no obstante, ver al Islamismo como una confesión por esencia inclinada a la intolerancia y a la guerra; en sus textos sagrados la violencia no está más presente que en la Biblia o en otros similares. Es preciso considerar que todos los dioses primitivos fueron brutales e implacables, y que las religiones que se fundaron bajo su inspiración no pudieron haber sido menos. Los crímenes y atrocidades que a lo largo de la historia se cometieron en nombre de dioses, creencias, supersticiones, votos y juramentos, fueron innumerables. Excepto las confesiones indochinas, a las que su talante sereno e introvertido les dio vocación para ser pacíficas y respetuosas de la vida.
Entretanto, el Cristianismo, después de unos trece siglos de ensayar la opresión y la intolerancia, logró ir despojándose lentamente de ellas para, finalmente, arrinconarlas entre los malos recuerdos del pasado. Una gran parte del islamismo no siguió este bello ejemplo, persistiendo, ciega y sorda, en el mandato de la Azora V del Corán (La Mesa): No toméis a los judíos y a los cristianos por amigos; algunos de ellos son amigos de los otros, y quien se amista con ellos, ciertamente es de ellos. En verdad, Alá no encamina al pueblo de los inicuos”.
La paz y hermandad universales no fueron ideas de origen religioso. Es el Liberalismo el que, saltando por encima de ellas, las erigió como un faro luminoso para la humanidad. Las sociedades humanas deben convivir en libertad, en igualdad y fraternalmente, para lograr ordenarse, prosperar y construir un mejor futuro para todos; la opción alternativa es lo que se tenía antes: la guerra de exterminio. Occidente fue, y continúa siendo, ese faro luminoso.
Sin embargo, todavía hay que escuchar con repugnancia a esos “progresistas” que, ante hechos como el reciente de París, intentan justificar a los terroristas islámicos describiéndolos como víctimas de la discriminación. Estos “progres” (periodistas, políticos, intelectuales) conforman esa vieja fracción suicida que siempre anidó, oscuramente, en medio del esplendor de la cultura europea.
Pero si procurar civilizar con las reglas de la tolerancia y la no discriminación, en convivencia con ideas y gustos disímiles, es ya harto fatigoso, enfrentando fanatismos y fundamentalismos es, directamente, imposible. Por suerte, las creencias que se practican actualmente en el orbe civilizado tienden forzosamente a la simbiosis, a una asociación tal que sus participantes, los simbiontes, obtienen el máximo provecho de la vida en común.
¿Subsistirá mucho tiempo más la brutalidad que generan los núcleos enquistados de fanáticos y fundamentalistas, así como las crueldades producidas por supersticiones y supercherías? Sin duda el avance de la civilización las irá desechando; pero no será tan velozmente como querríamos. Habrá todavía, mal que nos pese, muchos mártires de la civilización liberal, en Francia y en otros países.
En las calles de las ciudades francesas ya circula el primer ejemplar de Charlie Hebdo posterior a la tragedia, en cuya portada trae un póster que muestra a Mahoma tomándose la cabeza con ambas manos y exclamando: “¡Qué difícil es ser amado por los boludos!”
Fuente: ABC Color (Online)
www.abc.com.py
Sección: OPINIÓN
Domingo, 11 de Enero de 2015
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