DESPUÉS DE MUERTO, HERMANO
Se atribuye a Al Pacino esta analogía: “El éxito es genial. Lo malo es que se junta con la fama y se confunden”. Cuya virtud se prueba en este caso que tizna la cara de la mayor organización del mundo, la FIFA, que es el primer escándalo globalizado de la historia y que, sólo por esto, se asegura un lugar en ella. Porque, en lo demás, es un cuento vulgar, como cualquier otro referido a la humana ambición.
Estas acusaciones por venalidad seguramente van a constituir las exequias de la buena fama de muchas celebridades de ese ámbito. Ídolos caerán de sus pedestales, apartados de la estima general; mas, en fin, sabemos que así es siempre la adversidad, y que, cuando llega, no queda mejor amigo que una cuenta bancaria en Suiza o en Islas Caimán.
Se asegura que los más altos dirigentes del fútbol mundial están en la mira de la investigación de los sabuesos. Tan decididos parecen, que cabe preguntarse si el largo tentáculo de la justicia alcanzará al pulpo Paul, que también andaba arreglando resultados en el mundial del 2010. Un dato notable de este episodio y lo que lo hace tan global, es que la nacionalidad, camiseta deportiva o confesión religiosa de los protagonistas es lo que menos importa. Uno de los dirigentes más señalados es oriundo de una isla de la que no se sabe siquiera que se practique fútbol, aunque es célebre como paraíso fiscal. Por cierto, antigua colonia del imperio británico, cuyos portavoces suelen propagar que la corrupción es un mal natural del Tercer Mundo, un clisé del que también suelen echar mano los suizos, anfitriones de esta jarana de las coimas deportivas.
La gente que cree en estereotipos escoge a gusto su villano preferido: el Imperialismo, la CIA, la KGB, el Vaticano, la Masonería, el Sionismo, el Opus Dei, Wall Street, alguna mafia local o internacional, las fuerzas diabólicas, en fin…, los extraterrestres. Aunque se equivoquen siempre, lo conveniente para los ingenuos que se sirven de estereotipos es que toda cosa mala que suceda pueden atribuir rápidamente a alguien. A esa lista acaba de incorporarse la FIFA.
Por eso, en el frontispicio de su edificio bien podría inscribirse el mismo proverbio evangélico que alguna vez propuse para el de la Dirección Impositiva del Ministerio de Hacienda: “Porque a cualquiera que tuviere, le será dado y tendrá más; y al que no tuviere, aun lo que tiene le será quitado” (Mateo 25, 29). Pero también de frontispicios y placas habrá nombres que quitar, como los que se dan en homenaje a personas que aún existen, práctica harto riesgosa, porque si los humanos vivientes siempre somos moralmente corruptibles, los muertos sólo lo son en sentido material. He aquí por qué debe preferirse a estos últimos para honras públicas y nomenclaturas; es que la buena fama de un difunto ofrece muchas más garantías de durabilidad.
Mientras Alfredo Stroessner regía omnímodamente, su nombre le fue puesto al estadio del Club Libertad. Después de la noche de ña Candé y el amanecer de don Blá, se eclipsó el cartel que llevaba la denominación imperial. Aquí el proceso fue inverso, pues un año antes de morir Stroessner, al remodelarse el estadio gumarelo, en 2005, se lo desahució a Stroessner y se entronizó la denominación “Dr. Nicolás Leoz”, honor que seguramente, en este álgido momento, durará el tiempo que demande el juicio que le acaban de promover al titular del nombre, anécdota suficiente para demostrar que el justiciero exhorto de Charles González Palisa, “En vida, hermano, en vida”, tiene excepciones muy dignas de atención.
Cabe preguntarse, en este punto, si el estadio del Club Libertad tuviese que cambiar nuevamente de nombre, ¿Se le bautizaría “Horacio Cartes”, afrontando el previsible riesgo de otro brutal desplome en la bolsa de créditos y reputaciones? Hay que meditarlo serenamente.
Ya se ve, pues, que esa manía paraguaya de bautizar todo lo que hay con nombres de personas va a tener que sufrir restricciones severas; sólo los muertos; y aun entre estos, los que ya estén libres de sospechas. Porque, aquí, la buena fama es como ciertos whiskies, que antes de disfrutar de ellos se los debe observar muchos años para asegurarse de que no se hayan estropeado.
Fuente: ABC Color (Online)
www.abc.com.py
Sección: OPINIÓN
Domingo, 07 de Junio de 2015
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