GUSTAVO LATERZA RIVAROLA

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Nacimiento:
20 de Septiembre de 1945

OTRA OPORTUNIDAD PARA ASUNCIÓN - Por GUSTAVO LATERZA RIVAROLA - Domingo, 13 de Diciembre de 2015

OTRA OPORTUNIDAD PARA ASUNCIÓN - Por GUSTAVO LATERZA RIVAROLA - Domingo, 13 de Diciembre de 2015

OTRA OPORTUNIDAD PARA ASUNCIÓN


  Por GUSTAVO LATERZA RIVAROLA

Algunos de los problemas de Asunción son de alrededor de 478 años atrás; otros, de hace cincuenta; los peores, de hace meses. Las dificultades con agua pluvial, socavones, arenales, vegetación invasora, termitas y algunas más, datan de la época precolombina, cuando aún no había ciudad pero su asiento edáfico y su entorno ecológico estaban ya constituidos.  

Los problemas que vinieron junto con el crecimiento edilicio y demográfico comenzaron a juntarse a principios del siglo XX e hicieron crisis al final del periodo. El auge caótico del automóvil fue como un forúnculo cuya cúspide de pus la puso el auge caótico de la motocicleta. Los cambios perniciosos de hábitos de vida, la estrepitosa derrota de la frugalidad ante el consumismo, la incultura cívica, la negligencia general, son el origen de las toneladas de desechos que pasean por la ciudad para acabar, finalmente, en “la plateada bahía de los kariós”.

Si se les agrega la ineptitud burocrática, el desinterés en la ciudad y el grosero predominio del electoralismo sobre la conveniencia urbanística, el cuadro se completa. La Asunción que tenemos hoy se fue construyendo durante casi cinco siglos; la destrucción no data de más de medio.

Hay quien gusta de comparar la gestión de los intendentes que nombraba Stroessner con los que vinieron después, electos popularmente, contraste en el que los primeros suelen salir favorecidos. Desde luego, bajo una dictadura la gestión personal casi siempre es diligente, de trámite sencillo porque se recibe la orden y solo se la cumple; no hay que realizar sondeos de opinión, consultas o relevamiento de deseos; ni pasar por dilatadas deliberaciones y estudios previos; ni conciliar egoísmos, satisfacer demandas oportunistas, contentar clientelas electorales o cumplir promesas demagógicas.

Actualmente, todos los proyectos de obras públicas, incluso las más obviamente urgentes y favorables para todos, deben sortear previamente el obstáculo de los “contreras”, de los que se hicieron peritos en el arte de meter el palo en la rueda, de aquellos que en cada iniciativa de estas ven la oportunidad de dar un mordisco al erario.

Esto es real: ya ni siquiera se puede decidir cambiar de lugar un semáforo sin tener que negociar con los que se descubren “perjudicados” por la iniciativa, que aparecen como por arte de encantamiento, liderados por los profesionales del zarpazo. Se entiende, pues, que los proyectos de obras públicas más importantes para Asunción y alrededores estén atascados en el pantano del populismo salvaje instalado en estas últimas dos décadas de degradación política (del que, ciertamente, nos costará mucho escapar).

No obstante, la flamante administración comunal que Asunción inaugurará en estos días parece contar con talentos y medios suficientes para avanzar en la dirección que señala el interés general, sin dejarse detener por las pandillas de los resarcimientos, indemnizaciones y subsidios. Parece que dispondrá de la autoridad necesaria para hacer primar el interés general por sobre el particular, un principio tan elemental y, sin embargo, de tan poco arraigo en nuestro país. Se verá, pues, si logran hacerse con las riendas de las masas.

Como se sabe, las masas sociales son, por naturaleza, inertes; están privadas motu proprio; se mueven de acuerdo a los vientos y según qué manos las dirijan. Si están bajo las equivocadas, perpetrarán todos los crímenes y errores que estas les hagan cometer. Pero esto no es lo peor que puede sucedernos, sino que seamos incapaces de ver el peligro encerrado en esos fenómenos. Cuentan que cuando Mussolini convocó a la célebre marcha sobre Roma y las milicias fascistas copaban la ciudad, quien era entonces embajador estadounidense allí, informaba a Washington: “Estamos teniendo una hermosa y joven revolución aquí. No hay peligro. Rebosa de entusiasmo y de color. Todos la disfrutamos”.

En Asunción no esperamos tanto como una hermosa y joven revolución; con que se ejecuten una cuantas reformas principales todos nos daríamos por bien servidos. Creemos todavía que iniciamos otro intento, con un intendente que, pese a provenir de las urnas, podría lucir tanto empuje y ejecutividad como aquellos que actuaban en nombre de una autoridad omnímoda; lo creemos simplemente por aquello que decía Lincoln: que ninguna persona puede ser tan buena como para gobernar a otras sin el consentimiento de estas.

 

Fuente: ABC Color (Online)

www.abc.com.py

Sección: OPINIÓN

Domingo, 13 de Diciembre de 2015

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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